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El contenido total y fiel de la decisi�n debe ser verificado en la respectiva Secretar�a. PENSIONES / PENSI�N DE SOBREVIVIENTES / BENEFICIARIOS / CONYUGE SEPARADA / MALTRATO F�SICO O PSICOL�GICO PENSI�N DE SOBREVIVIENTES � Beneficiarios. � la Ley 797 de 2003, que en su art�culo 13, modificatorio del art�culo 47 de la Ley 100 de 1993, establece que son beneficiarios de la pensi�n de sobrevivientes: �a) en forma vitalicia, el c�nyuge o la compa�era o compa�ero permanente o sup�rstite, siempre y cuando dicho beneficiario, a la fecha del fallecimiento del causante, tenga 30 o m�s a�os de edad.
En caso de que la pensi�n de sobrevivencia se cause por muerte del pensionado, el c�nyuge o la compa�era o compa�ero permanente sup�rstite, deber� acreditar que estuvo haciendo vida marital con el causante hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no menos de cinco (5) a�os continuos con anterioridad a su muerte. (�)�. MALTRATO F�SICO O PSICOL�GICO � Se flexibiliza la interpretaci�n del requisito de convivencia en raz�n a la omisi�n legislativa.
Por otra parte, la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia a partir de la sentencia SL2010-2019 -05 de junio de 2019- ha consolidado una l�nea jurisprudencial clara en la que determin� que la ausencia de convivencia se justifica jur�dicamente como un ejercicio leg�timo de conservaci�n y protecci�n cuando quien pretende la pensi�n de sobrevivientes se separ� de cuerpos de su c�nyuge y, por tanto, no conviv�a con �l, debido a los malos tratos y la violencia a la que fue sometida � M�s recientemente, en sentencia SL1130-2022, la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia determin� que la valoraci�n de los motivos que llevan a la separaci�n deb�a tenerse en cuenta no solo en los casos en que el matrimonio continu� vigente, sino aquellos en los que el divorcio se debi� precisamente a la violencia de g�nero al que fue sometida la reclamante e, incluso ante compa�eros permanentes al estimar que �el presupuesto de convivencia exigido legalmente no se puede desechar por la ausencia de cohabitaci�n f�sica del c�nyuge o de los compa�eros permanentes cuando el presunto(a) beneficiario(a) ha sido sometido a maltrato f�sico, psicol�gico y a cualquier tipo de violencia, pues (�) ser�a un absoluto contrasentido y violatorio de todo rozamiento l�gico y humano, exigirle a quien es sujeto de vej�menes contra su integridad f�sica y moral, someterse a una continua tortura, con el �nico objeto de obtener el reconocimiento de un derecho prestacional, pues ello resulta una intelecci�n aislada, exeg�tica e inversa a los principios constitucionales y legales que gobiernan la garant�a fundamental de la seguridad social� Radicaci�n No.: 66001310500120210040901 Proceso: Ordinario laboral Demandante: Sonia Pineda G�mez Demandado: Protecci�n S.A. Juzgado de origen: Juzgado Primero Laboral del Circuito de Pereira Magistrada ponente: Dra. Ana Luc�a Caicedo Calder�n TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE PEREIRA SALA CUARTA DE DECISI�N LABORAL Magistrada Ponente: Ana Luc�a Caicedo Calder�n� � Pereira, Risaralda, primero (01) de abril de dos mil veinticinco (2025) Acta No. 47A del 27 de marzo de 2025 La Sala de Decisi�n Laboral No.4 Presidida por el Magistrado JULIO C�SAR SALAZAR MU�OZ del Tribunal Superior de Pereira, integrada por la Magistrada ANA LUC�A CAICEDO CALDER�N, quien en esta oportunidad actuar� como Ponente, y el Magistrado GERM�N DARIO GOEZ VINASCO, procede a proferir la siguiente sentencia escrita dentro del proceso Ordinario Laboral instaurado por SONIA PINEDA G�MEZ en contra de la ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A., en el que tambi�n se encuentra vinculada la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA en calidad de tercera ad excludendum.
CUESTI�N PREVIA El proyecto inicial presentado por el Magistrado Julio C�sar Salazar Mu�oz no fue avalado en su totalidad por el resto de la Sala y por esa raz�n la Magistrada que le sigue en turno, Dra. Ana Luc�a Caicedo Calder�n, presenta frente a los puntos de disenso la ponencia de las mayor�as, advirtiendo que, por econom�a procesal,�dentro del proyecto� se acogieron varios ac�pites redactados en la ponencia original.�� AUTO Despu�s de haber proferido el Juzgado Primero Laboral del Circuito la sentencia que pon�a fin al curso de la primera instancia, el fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A., estando dentro del t�rmino otorgado en la Ley, interpuso y sustent� adecuadamente el recurso de apelaci�n en contra de esa decisi�n, el cual fue admitido por esta Corporaci�n en auto de 28 de junio de 2024 -archivo 3 carpeta segunda instancia-.
Sin embargo, dicha entidad remiti� memorial el pasado 16 de julio de 2024 -archivo 8 carpeta segunda instancia- en el que manifiesta textualmente que �desistimos del recurso de apelaci�n interpuesto frente a la indexaci�n de la condena, con base en el art�culo 316 del C�digo General del Proceso, aplicable por analog�a en materia laboral seg�n el art�culo 145 del C�digo Sustantivo del Trabajo y de la Seguridad Social (sic).�; solicitando a continuaci�n que, luego de aceptarse el desistimiento, se le exonere de condena en costas procesales.
En ese sentido, el art�culo 316 del CGP establece: �Las partes podr�n desistir de los recursos interpuestos y de los incidentes, las excepciones y los dem�s actos procesales que hayan promovido. No podr�n desistir de las pruebas practicadas. El desistimiento de un recurso deja en firme la providencia materia del mismo, respecto de quien lo hace.
Cuando se haga por fuera de audiencia, el escrito se presentar� ante el secretario del juez de conocimiento si el expediente o las copias para dicho recurso no se han remitido al superior, o ante el secretario de este en el caso contrario. El auto que acepte un desistimiento condenar� en costas a quien desisti�, lo mismo que a perjuicios por el levantamiento de las medidas cautelares practicadas.
No obstante, el juez podr� abstenerse de condenar en costas y perjuicios en los siguientes casos: 1. Cuando las partes as� lo convengan. 2. Cuando se trate del desistimiento de un recurso ante el juez que lo haya concedido. 3. Cuando se desista de los efectos de la sentencia favorable ejecutoriada y no est�n vigentes medidas cautelares. 4.
Cuando el demandado no se oponga al desistimiento de las pretensiones que de forma condicionada presente el demandante respecto de no ser condenado en costas y perjuicios. De la solicitud del demandante se correr� traslado al demandado por tres (3) d�as y, en caso de oposici�n, el juez se abstendr� de aceptar el desistimiento as� solicitado.
Si no hay oposici�n, el juez decretar� el desistimiento sin condena en costas y expensas.� As� las cosas, conforme con lo dispuesto en la norma en cita, al tener la facultad para ello, se acepta la solicitud del desistimiento del recurso de apelaci�n en contra de la sentencia de primer grado que realiza el fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A.; sin embargo, como en este caso no se presenta ninguna de las cuatro causales de exoneraci�n de condena en costas, atendiendo estrictamente lo dispuesto en el art�culo 316 del CGP, no es dable aceptar la solicitud que hiciere la entidad accionada en ese sentido y, en consecuencia, se le condena en costas procesales en un 100%, en favor de la interviniente ad excludendum.
PUNTO A TRATAR Por medio de esta providencia procede la Sala a resolver el grado jurisdiccional de consulta el grado jurisdiccional de consulta dispuesto en favor de la demandante SONIA PINEDA G�MEZ en la sentencia proferida por el Juzgado Primero Laboral del Circuito el 26 de abril de 2024. Para ello se tiene en cuenta lo siguiente:
1. LA DEMANDA Y LA CONTESTACI�N DE LA DEMANDA Pretende la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ que la justicia laboral declare que es beneficiaria de la pensi�n de sobrevivientes generada con el deceso del afiliado OLVER C�RDENAS CASTA�O y con base en ello aspira que se condene al fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A. a reconocer y pagar la prestaci�n econ�mica desde el 6 de julio de 2020, los intereses moratorios del art�culo 141 de la Ley 100 de 1993, lo que resulte probado extra y ultra petita, adem�s de las costas procesales.
Refiere que: Contrajo matrimonio por el rito cat�lico con el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O el 8 de agosto de 1987, procreando cuatro hijos que responden a los nombres de David, Jennifer, Claudia Lorena y Mauricio C�rdenas Pineda, todos ellos mayores de edad para el 6 de julio de 2020 cuando su progenitor falleci�; luego de elevar la solicitud de reconocimiento de la pensi�n de sobrevivientes, el fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A., por medio de comunicaci�n de 19 de marzo de 2021, decidi� negar su reconocimiento al existir controversia entre potenciales beneficiarias, ya que la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA tambi�n reclam� el mismo derecho.
La demanda fue admitida en auto de 4 de noviembre de 2021 -archivo 6 carpeta primera instancia-. La ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A. respondi� la acci�n -archivo 12 carpeta primera instancia- manifestando que no se opone al reconocimiento de la pensi�n de sobrevivientes que reclama la demandante en la medida en que acredite la convivencia exigida en la Ley con el afiliado fallecido, pero acotando que en este caso no hay lugar a emitir condena por concepto de intereses moratorios, ya que al existir un conflicto entre posibles beneficiarias, esa administradora pensional se abstuvo de resolver el asunto, esperando que sea la jurisdicci�n ordinaria laboral quien zanje dicha situaci�n. Formul� como excepciones de m�rito las que denomin� �Incertidumbre acerca del derecho reclamado y falta de competencia para dirimir el conflicto entre beneficiarias�, �Prescripci�n�, �Inexistencia de la obligaci�n de pagar intereses o indexaciones�, �Innominada o gen�rica�.
La se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA contest� la demanda -archivo 15 carpeta primera instancia- oponi�ndose a la prosperidad de las pretensiones de la actora, manifestando que los efectos del matrimonio que celebraron la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ y el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O el 8 de agosto de 1987 cesaron el 25 de febrero de 2019, quedando disuelta y liquidada la sociedad conyugal que ellos hab�an conformado, como se ve en sentencia judicial emitida en esa fecha por el Juzgado �nico de Familia de Dosquebradas radicado con el n�mero corto 2017-00141.
Propuso como excepciones de fondo las de �Inexistencia de la obligaci�n�, �Mala fe�, �Prescripci�n�, �Innominada o gen�rica�. Posteriormente, la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA formul� demanda de intervenci�n excluyente -archivo 25 carpeta primera instancia- solicitando que se declare que es ella quien tiene derecho a que se le reconozca la pensi�n de sobrevivientes causada con el deceso del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, en atenci�n a que ellos, en calidad de compa�eros permanentes convivieron durante m�s de los �ltimos cinco a�os anteriores al deceso del afiliado ocurrido el 6 de julio de 2020, raz�n por la que pide que se condene a PROTECCI�N S.A. a reconocer y pagar la prestaci�n econ�mica desde esa calenda, as� como las costas procesales.
La ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A respondi� la intervenci�n excluyente -archivo 27 carpeta primera instancia- no se opuso a las pretensiones elevadas por la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA, correspondi�ndole acreditar los requisitos previstos en la Ley para acceder al derecho que reclama. Plante� como excepciones las de �Incertidumbre acerca del derecho reclamado y falta de competencia para dirimir el conflicto entre beneficiarias�, �Prescripci�n�, �Inexistencia de la obligaci�n de pagar intereses o indexaciones�, �Innominada o gen�rica�.
La demandante inicial, SONIA PINEDA G�MEZ, respondi� la intervenci�n excluyente -archivo 28 carpeta primera instancia- manifestando que es cierta la cesaci�n de efectos civiles de su matrimonio con el causante, as� como la disoluci�n y liquidaci�n de la sociedad conyugal, pero que se encuentra adelantando el proceso con el objeto de que se le reconozca la pensi�n de sobrevivientes, dados los maltratos y violencia intrafamiliar de la que fue objeto por parte del se�or Olver C�rdenas Casta�o durante el v�nculo matrimonial que sostuvieron.
Se opuso a las pretensiones de la se�ora Mar�n Ospina. No propuso excepciones de m�rito.
2. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA En sentencia de 26 de abril de 2024, la funcionaria de primera instancia determin� que el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, fallecido el 6 de julio de 2020, dej� causada la pensi�n de sobrevivientes a favor de sus beneficiarios, ya que dentro de los tres a�os anteriores a su deceso ten�a cotizadas un total de 51.71 semanas al sistema general de pensiones, cumpliendo de esa manera con el requisito exigido en el art�culo 46 de la Ley 100 de 1993 modificado por el art�culo 12 de la Ley 797 de 2003.
En torno al derecho pensional reclamado por la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ, determin� que en el proceso se encontraba demostrado que ella y el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O contrajeron matrimonio por el rito cat�lico el 8 de agosto de 1987, pero sus efectos cesaron el 25 de febrero de 2019 por sentencia judicial emitida por el Juzgado de Familia de Dosquebradas; agregando que, al interior del proceso la demandante no logr� acreditar que la separaci�n de hecho que dijo haber tenido con el causante en los a�os 90, seg�n lo expuesto en el interrogatorio de parte, se haya presentado por maltratos y violencia intrafamiliar por parte del se�or C�RDENAS CASTA�O; razones por las que concluy� que la demandante no se constituy� como beneficiaria del afiliado fallecido y, en consecuencia, neg� la totalidad de sus pretensiones.
De otro lado, respecto al derecho que reclama la interviniente ad excludendum, luego de valorar las pruebas allegadas al plenario, concluy� que el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O y la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA tuvieron una convivencia continua e ininterrumpida en calidad de compa�eros permanentes superior a los �ltimos cinco a�os de vida del causante, motivo por el que declar� que ella es beneficiaria de la pensi�n de sobrevivientes a partir del 7 de julio de 2020, en cuant�a equivalente al 100% del SMLMV y por 13 mesadas anuales, procediendo a condenar al fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A. a reconocer y pagar el retroactivo pensional generado desde ese momento, el cual no se encuentra afectado por la prescripci�n, en la suma definida en el ordinal quinto de la sentencia, autoriz�ndola a descontar el porcentaje correspondientes a los aportes al sistema general de salud.
A continuaci�n, sostuvo que la tercera excluyente no solicit� el reconocimiento y pago de los intereses moratorios, a los que tampoco tendr�a derecho en la medida en que la AFP PROTECCI�N S.A. no ten�a elementos de juicio para zanjar la discusi�n entre beneficiarias y por tanto hizo bien en dejar en suspenso el reconocimiento de la prestaci�n hasta que la jurisdicci�n ordinaria laboral definiera el asunto.
No obstante, como el paso del tiempo afecta el valor adquisitivo de la moneda en Colombia, de manera oficiosa le orden� a PROTECCI�N S.A. indexar cada una de las mesadas pensionales que se han generado en favor de la se�ora MAR�N OSPINA al momento que proceda con el pago de esa obligaci�n. Finalmente conden� en costas procesales a la parte actora, en favor de la AFP PROTECCI�N S.A. y la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA; absolviendo a continuaci�n a la administradora pensional accionada de las costas procesales en favor de la interviniente ad excludendum, en atenci�n a que no se opuso a la prosperidad de sus pretensiones.
3. GRADO JURISDICCIONAL DE CONSULTA El apoderado judicial de la AFP PROTECCI�N S.A. interpuso recurso de apelaci�n en contra de la condena por concepto de indexaci�n, del cual desisti� el 16 de julio de 2024, siendo aceptado en auto que antecede la presente sentencia. De conformidad con el art�culo 69 del C�digo Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social, es procedente el grado jurisdiccional denominado consulta, cuando la sentencia de primera instancia fuere totalmente adversa a las pretensiones del trabajador/beneficiario y la misma no hubiere sido recurrida, como ocurri� en el presente asunto.
4. ALEGATOS DE CONCLUSI�N / Analizados los alegatos presentados por la demandante, mismos que obran en el expediente digital y a los cuales nos remitimos por econom�a procesal en virtud del art�culo 280 del C.G.P., la Sala encuentra que los argumentos f�cticos y jur�dicos expresados concuerdan con los puntos objeto de discusi�n en esta instancia y se relacionan con los problemas jur�dicos que se expresan a continuaci�n. Los restantes sujetos procesales guardaron silencio y el Ministerio P�blico no emiti� concepto en el presente asunto. 5.
PROBLEMAS JUR�DICOS/ Le corresponde a la Sala determinar si SONIA PINEDA G�MEZ acredita los requisitos legales y jurisprudenciales para ser beneficiaria de la prestaci�n de sobrevivencia, para lo cual, como primera medida, deber� establecerse si, en efecto, la actora fue v�ctima de malos tratos por parte del causante y, en caso positivo, si tal circunstancia influye en la valoraci�n del cumplimiento de los requisitos necesarios para el reconocimiento de la pensi�n de sobrevivientes reclamada.
Finalmente, en caso de acreditarse el derecho en favor de la actora, le corresponde a la Sala revisar si hay lugar a imponer condena por concepto retroactivo pensional, intereses moratorios y costas procesales. 6. CONSIDERACIONES Pensi�n de sobrevivientes para la c�nyuge separada �requisitos cuando la presunta beneficiaria ha sido sometida a maltrato f�sico o psicol�gico.
Es bien sabido que la normatividad aplicable para el reconocimiento de la pensi�n de sobrevivientes es la que se encuentre vigente al momento del fallecimiento del pensionado o del afiliado al sistema de Seguridad Social; y, adem�s, quien alegue la calidad de c�nyuge o compa�ero o compa�era permanente del causante deber� cumplir ciertas exigencias de �ndole subjetivo y temporal para acceder a la pensi�n de sobrevivencia, lo cual, como ha se�alado este Tribunal �constituye una garant�a de legitimidad y justicia en el otorgamiento de dicha prestaci�n que favorece a los dem�s miembros del grupo familiar, potencialmente beneficiarios de la misma prestaci�n�.
Para el presente caso, dada la fecha del fallecimiento del se�or OLVER C�RDENAS CASTA� (6 de julio de 2020), la normatividad con arreglo a la cual se debe resolver la presente controversia no es otra que la Ley 797 de 2003, que en su art�culo 13, modificatorio del art�culo 47 de la Ley 100 de 1993, establece que son beneficiarios de la pensi�n de sobrevivientes: �a) en forma vitalicia, el c�nyuge o la compa�era o compa�ero permanente o sup�rstite, siempre y cuando dicho beneficiario, a la fecha del fallecimiento del causante, tenga 30 o m�s a�os de edad.
En caso de que la pensi�n de sobrevivencia se cause por muerte del pensionado, el c�nyuge o la compa�era o compa�ero permanente sup�rstite, deber� acreditar que estuvo haciendo vida marital con el causante hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no menos de cinco (5) a�os continuos con anterioridad a su muerte. (�)�. Conforme a la norma en cita, tanto a la compa�era permanente como a la c�nyuge sup�rstite les corresponde demostrar la convivencia efectiva por no menos de 5 a�os anteriores al fallecimiento del afiliado o pensionado.
No obstante, ha adoctrinado la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 29 de noviembre de 2011, radicado 40055, que en el evento en que, luego de la separaci�n de hecho de un c�nyuge con v�nculo matrimonial vigente, el causante establezca una nueva relaci�n de convivencia y concurra un compa�ero o compa�era permanente, la convivencia de los cinco (5) a�os de que habla la norma para �l o la c�nyuge potencialmente beneficiario (a) de una cuota parte, puede ser cumplida en �cualquier tiempo�.
Cabe agregar que en sentencia m�s reciente, propiamente la SL 5169 del 27 de noviembre de 2019, que rememora las sentencia CSJ SL 41637, 24 en. 2012, CSJ SL7299-2015, CSJ SL6519-2017, CSJ SL16419-2017, CSJ SL1399-2018, CSJ SL5046-2018, CSJ SL2010-2019, CSJ SL2232-2019 y CSJ SL4047-2019, la Corte Suprema de Justicia concluy� que el alcance que se le da a la norma contenida en el art. 47 de la ley 100 de 1993 tiene como finalidad proteger a quien desde el matrimonio aport� a la construcci�n del beneficio pensional del causante, en virtud de la solidaridad que rige el derecho a la seguridad social, por lo que es desafortunado y contrario a los principios de igualdad y de equidad de g�nero entender que el derecho no ampare a quien concluy� su relaci�n de tal forma que no mantenga los lazos de afecto, pues la norma no prev� como requisito dicho lazo afectivo.
Es decir que, para la m�s reciente interpretaci�n de la Corte Suprema de Justicia, al c�nyuge sup�rstite le basta demostrar que convivi� con el causante 5 a�os en cualquier tiempo, sin distinci�n entre quienes continuaron conservando los lazos de afecto y los que no. Esta postura ha sido igualmente compartida por la Corte Constitucional en la sentencia C-515 del 30 de octubre de 2019.
Por otra parte, la Sala de Casaci�n de la Corte Suprema de Justicia ha tenido oportunidad de pronunciarse para aclarar que la hip�tesis de la norma aplica para el c�nyuge separado de hecho con sociedad conyugal y con cinco (5) a�os de convivencia con el causante en cualquier tiempo, sin importar si al momento del fallecimiento no exist�a compa�era o compa�ero permanente.
Dicho todo lo anterior, cabe recordar que el art�culo 42 de la Carta Pol�tica establece que una familia, como la que se conforma entre compa�eros permanentes, surge de la decisi�n libre, espont�nea y reciproca de dos personas dispuestas a unir sus vidas a efectos de brindarse auxilio econ�mico y asistencia mutua, y bien sabido es que la convivencia constituye un elemento fundamental para la configuraci�n del derecho a la pensi�n de sobrevivientes, y este elemento ha sido definido como el v�nculo afectivo entre dos personas mediante el auxilio mutuo, entendido como acompa�amiento espiritual permanente, apoyo econ�mico y vida en com�n. Conforme a la anterior definici�n, ha de recalcarse que la cohabitaci�n bajo el mismo techo no es el �nico rasgo distintivo de una relaci�n de convivencia e incluso su ausencia o interrupci�n se puede excusar bajo razones de fuerza mayor o caso fortuito, como salud, trabajo, situaciones legales o econ�micas, discusiones o desacuerdos temporales, entre otros.
Dichas razones deben aparecer acreditadas en los procesos donde se persigue el reconocimiento de una pensi�n de sobrevivientes, pues el juzgador deber� examinar y ponderar en cada caso concreto la razonabilidad de la justificaci�n que explica la falta de cohabitaci�n y adem�s verificar si la consunci�n de ese elemento caracter�stico atenu� las dem�s expresiones de la vida en com�n, esto es, el acompa�amiento espiritual permanente, un proyecto familiar en com�n, apoyo econ�mico, vida de pareja, etc.
(Ver entre otras, sentencia CSJ SL, 10 May. 2007, rad. 30141, CSJ SL, 14 jun. 2011, rad. 31.605 y CSJ SL803 de 2022). Por otra parte, la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia a partir de la sentencia SL2010-2019 -05 de junio de 2019- ha consolidado una l�nea jurisprudencial clara en la que determin� que la ausencia de convivencia se justifica jur�dicamente como un ejercicio leg�timo de conservaci�n y protecci�n cuando quien pretende la pensi�n de sobrevivientes se separ� de cuerpos de su c�nyuge y, por tanto, no conviv�a con �l, debido a los malos tratos y la violencia a la que fue sometida.
As� lo explic� en aquella primera oportunidad: �Bajo esa l�nea de principio, la Corte estima que el presupuesto de la convivencia exigido legalmente no se puede descartar por la pura y simple separaci�n de cuerpos de los c�nyuges, espec�ficamente en contextos en los que el presunto beneficiario ha sido sometido a maltrato f�sico o psicol�gico, que lo lleva forzosamente a la separaci�n, como en el caso de la demandante.
En escenarios de este tipo, no se puede culpar al consorte v�ctima de renunciar a la cohabitaci�n y castigarlo con la p�rdida del derecho a la pensi�n de sobrevivientes, pues, adem�s de que la separaci�n es un ejercicio leg�timo de conservaci�n y protecci�n al derecho fundamental a la vida y la integridad personal, el legislador no lo puede obligar a lo imposible o establecerle cargas irrazonables, como lo reclam� la demandante en el texto de la demanda.
Aunado a lo anterior, lo cierto es que nuestro ordenamiento jur�dico establece una gama de reglas y principios encaminados a prevenir, remediar y castigar cualquier forma de maltrato intrafamiliar, adem�s de proteger de manera integral y efectiva a las personas violentadas. Igualmente, teniendo en cuenta que, tradicionalmente, la v�ctima de dichas formas de violencia ha sido la mujer, envuelta en un contexto de ��relaciones de poder hist�ricamente desiguales entre mujeres y hombres� que conduce a perpetuar la discriminaci�n contra �sta y a obstaculizar su pleno desarrollo�� (CC T-338 de 2018), nuestro ordenamiento jur�dico se ha preocupado especialmente de prevenir y castigar cualquier forma de violencia en su contra, a trav�s de normas como el art�culo 43 de la Constituci�n Pol�tica, la Ley 294 de 1996, la Ley 1257 de 2008 y, entre otros, la Convenci�n Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convenci�n de Bel�m do Par�).
Siendo ello as�, no ser�a posible entender, bajo ninguna circunstancia, que una v�ctima de maltrato pierde el derecho a la pensi�n de sobrevivientes de su c�nyuge, por el solo hecho de renunciar a la cohabitaci�n y buscar leg�timamente la protecci�n de su vida y su integridad personal. Pensar diferente ser�a, ni m�s ni menos, una forma de revictimizaci�n contraria a los valores m�s esenciales de nuestro ordenamiento jur�dico, al derecho a la igualdad y no discriminaci�n y al art�culo 12 de nuestra Constituci�n Pol�tica, de conformidad con el cual nadie puede ser sometido a ��tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes�� Igualmente, implicar�a reproducir patrones y contextos de violencia contra la mujer, negarle el derecho a oponerse al maltrato y condenar a otras mujeres a soportarlo, con tal de no perder beneficios jur�dicos como el de la pensi�n de sobrevivientes.
Conforme a todo lo expuesto, en este caso la Corte debe tener por cumplido el requisito de la convivencia exigido legalmente, pues, adem�s de que la demandante convivi� con el causante desde la fecha del matrimonio � 3 de junio de 1993 -, aproximadamente hasta el mes de marzo de 1997 (fol. 76), la falta de cohabitaci�n desde ese momento y hasta la muerte del pensionado � 7 de septiembre de 2004 - se origin� en los malos tratamientos que este le dispensaba a su esposa.
Como consecuencia de lo dicho, para la Corte el juzgador de primer grado acert� al concebir que la demandante ten�a la condici�n de beneficiaria de la pensi�n de sobrevivientes, a pesar de que no conviv�a con el causante en el momento de la muerte�. Siguiendo este mismo pensamiento, en la providencia SL1727-2020 enfatiz� la Corte que como el legislador no ha abordado, para el reconocimiento de prestaciones econ�micas derivadas de la seguridad social, el supuesto de las mujeres v�ctimas de violencia de g�nero, la jurisprudencia no puede ser ajena a esta realidad y, por ello, precis� los fundamentos tenidos en cuenta en la sentencia SL2010-2019 para otorgar el beneficio pensional, con el fin de que sean considerados cuando se presenten casos similares: �(i) que la accionante interrumpi� la convivencia con su c�nyuge debido a los actos de violencia a los que �ste la somet�a;
(ii) que el requisito de convivencia para el reconocimiento de la pensi�n de sobreviviente no es exigible cuando se pruebe, siquiera sumariamente, que la separaci�n fue culpa exclusiva del c�nyuge causante; (iii) que de acuerdo con la jurisprudencia de la Sala, los 5 a�os de convivencia exigidos para la sustituci�n pensional pod�an darse en cualquier tiempo, mientras se mantuviera el v�nculo del matrimonio;
(iv) que el requisito de convivencia no se pod�a considerar incumplido solamente por la separaci�n de cuerpos, cuando la beneficiaria fue sometida a maltrato f�sico y psicol�gico; y (v) que existen reglas y principios en el ordenamiento jur�dico colombiano que obligan al Estado a prevenir, remediar y castigar cualquier forma de maltrato intrafamiliar�.
M�s recientemente, en sentencia SL1130-2022, la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia determin� que la valoraci�n de los motivos que llevan a la separaci�n deb�a tenerse en cuenta no solo en los casos en que el matrimonio continu� vigente, sino aquellos en los que el divorcio se debi� precisamente a la violencia de g�nero al que fue sometida la reclamante e, incluso ante compa�eros permanentes al estimar que �el presupuesto de convivencia exigido legalmente no se puede desechar por la ausencia de cohabitaci�n f�sica del c�nyuge o de los compa�eros permanentes cuando el presunto(a) beneficiario(a) ha sido sometido a maltrato f�sico, psicol�gico y a cualquier tipo de violencia, pues (�) ser�a un absoluto contrasentido y violatorio de todo rozamiento l�gico y humano, exigirle a quien es sujeto de vej�menes contra su integridad f�sica y moral, someterse a una continua tortura, con el �nico objeto de obtener el reconocimiento de un derecho prestacional, pues ello resulta una intelecci�n aislada, exeg�tica e inversa a los principios constitucionales y legales que gobiernan la garant�a fundamental de la seguridad social�.
Por todo lo anterior, en la sentencia SL2308-2023 el Alto Tribunal concluy� que, al momento de evaluar el cumplimiento de los requisitos para acceder a la pensi�n de sobrevivencia, debe tenerse en cuenta que la conformaci�n de una familia corresponde a un desarrollo evolutivo, complejo y din�mico y, por ello, la jurisprudencia debe adaptarse a las realidades sociales cambiantes como �un criterio de convivencia con identidad propia�, en el que se debe considerar lo siguiente: �1) Hechos que actualizan ese concepto, como por ejemplo, las �circunstancias especiales de salud, trabajo, fuerza mayor o similares�, entre los miembros de la pareja, que les impiden llevar una vida en com�n tradicional, pero, que no conllevan el desconocimiento del �nimo y la voluntad responsable de perseverar en el sostenimiento de la familia (CSJ SL, 22 jul. 2008, rad. 31921;
CSJ SL, 30 ag. 2011, rad. 37006 y CSJ SL3813-2020). 2) Elementos axiol�gicos del Bloque de Constitucionalidad, como la igualdad, la solidaridad, la dignidad humana, la prohibici�n de discriminaci�n por razones de g�nero o la proscripci�n de la violencia en contra de la mujer (Art�culos 1�, 13, 93 y 95 de la CP; 7� de la Declaraci�n Universal de los Derechos Humanos;
Convenci�n contra la Eliminaci�n de todas las formas de discriminaci�n contra la mujer), que permiten: 2.1) Concebir de forma amplia a la familia, incluyendo las parejas del mismo sexo, cuando conforman la uni�n como una manifestaci�n libre y con vocaci�n de estabilidad y permanencia (CC C577-2011; CSJ SC17162-2015 y CSJ SL5524-2016). 2.2) Aplicar la norma contextualmente, es decir, con enfoques diferenciadores, reconociendo que en las relaciones de pareja tambi�n pueden presentarse situaciones ��[ ] de poder hist�ricamente desiguales entre mujeres y hombres� que conduce a perpetuar la discriminaci�n contra �sta y a obstaculizar su pleno desarrollo�, motivo por el cual, cuando el requisito de la convivencia no se verifica por la existencia de violencia o maltrato en contra de la mujer, ello no le ha impedido a esta el acceso a la pensi�n, debido a que no es posible obligarle a permanecer al lado de quien desat� esos hechos, por la simple raz�n de ostentar la condici�n de esposa (CC T388-2018 y CSJ SL2010-2019).
Por tanto, en la definici�n del beneficiario de la pensi�n de sobrevivientes, el juez tiene la obligaci�n de consultar la realidad (es decir, los hechos), en la que se desarroll� la convivencia y si en ese ejercicio, avizora que existen situaciones de discriminaci�n o asimetr�as injustificadas, aplicar los elementos axiol�gicos de igualdad, en vista que de acuerdo con lo explicado en la sentencia CSJ STC2287-2018 rememorada en la CSJ SL3429 de 2021 y, m�s recientemente, en la CSJ STC1150-2022, tiene los siguientes deberes: (i) desplegar toda actividad investigativa en aras de garantizar los derechos en disputa y la dignidad de las mujeres;
(ii) analizar los hechos, las pruebas y las normas con base en interpretaciones sistem�ticas de la realidad, de manera que en ese ejercicio hermen�utico se reconozca que las mujeres han sido un grupo tradicionalmente discriminado y como tal, se justifica un trato diferencial; (iii) no tomar decisiones con base en estereotipos de g�nero; (iv) evitar la revictimizaci�n de la mujer a la hora de cumplir con sus funciones; reconocer las diferencias entre hombres y mujeres;
(v) flexibilizar la carga probatoria en casos de violencia o discriminaci�n, privilegiando los indicios sobre las pruebas directas, cuando estas �ltimas resulten insuficientes; (vi) considerar el rol transformador o perpetuador de las decisiones judiciales; (vii) efectuar un an�lisis r�gido sobre las actuaciones de quien presuntamente comete la violencia;
(viii) evaluar las posibilidades y recursos reales de acceso a tr�mites judiciales; (ix) analizar las relaciones de poder que afectan la dignidad y autonom�a de las mujeres� 6.2. Caso concreto No es objeto de controversia en esta sede, ya que no hubo ning�n reproche en ese aspecto por parte del fondo privado de pensiones PROTECCI�N S.A., respecto a lo siguiente: i) que el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, fallecido el 6 de julio de 2020 como se ve en su registro civil de defunci�n -p�g.2 archivo 4 carpeta primera instancia- y; ii) que dej� causada a favor de sus beneficiarios la pensi�n de sobrevivientes al tener cotizadas 51.71 semanas al sistema general de pensiones dentro de los tres a�os anteriores a su deceso.
Tampoco se encuentra en discusi�n en esta instancia que la interviniente ad excludendum DIANA MILENA MAR�N OSPINA es beneficiaria de la pensi�n de sobrevivientes generada con el deceso del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, en el entendido que esa decisi�n tampoco fue controvertida por los interesados -AFP PROTECCI�N S.A. y SONIA PINEDA G�MEZ-, puesto que dentro del t�rmino de ejecutoria de la sentencia de primera instancia guardaron silencio, lo que gener� la firmeza de esa determinaci�n. Lo que corresponde entonces verificar, en atenci�n al grado jurisdiccional de consulta dispuesto en favor de la parte actora, es si la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ acredita los requisitos legales y jurisprudenciales para acceder a la pensi�n de sobrevivientes que reclama.
En ese aspecto, es del caso recordar que, al iniciar la presente acci�n, la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ, alegando la calidad de c�nyuge sup�rstite del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O y con quien dice haber procreado cuatro hijos que responden a los nombres de David, Jennifer, Claudia Lorena y Mauricio C�rdenas Pineda, solicit� el reconocimiento de la pensi�n de sobrevivientes, sin hacer ninguna otra menci�n frente a la forma en la que se ejecut� ese v�nculo matrimonial; sin embargo, una vez instaurada la demanda de intervenci�n excluyente por parte de la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA, quien sostuvo, entre otros aspectos, que el v�nculo matrimonial entre los contrayentes hab�a cesado el 25 de febrero de 2019 por sentencia judicial; la accionante inicial, dando respuesta a la intervenci�n ad excludendum, acept� ese hecho, pero asegurando que adelantaba el ordinario laboral de primera instancia para que se le reconociera la pensi�n de sobrevivientes en atenci�n a los maltratos y violencia intrafamiliar que le propin� el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O. Con el objeto de conocer las circunstancias que rodearon la relaci�n que sostuvo con el se�or Olver C�rdenas Casta�o, se escuch� el interrogatorio de parte de la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ y, por petici�n suya, el testimonio de la se�ora DIANA PATRICIA L�PEZ CORRALES.
La demandante SONIA PINEDA G�MEZ manifest� que contrajo matrimonio cat�lico con el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O el 8 de agosto de 1987, como efectivamente se reporta en el registro civil de matrimonios emitido por la Notaria Segunda del C�rculo de Pereira -p�gs.7 y 8 archivo 4 carpeta primera instancia-, habiendo procreado cuatro hijos que responden a los nombres de David, Jennifer, Claudia Lorena y Mauricio C�rdenas Pineda.
Afirm� que la convivencia entre ellos se extendi� hasta el a�o 1995, dado los maltratos y violencia intrafamiliar que ejerc�a el se�or C�RDENAS CASTA�O, aseverando que particularmente en ese a�o �l la propin� fuertes golpes que le lesionaron su mand�bula, razones que la llevaron a separarse de �l a partir de ese momento. Expres� que, a pesar de esa separaci�n, el causante la continuaba buscando y le dec�a que, si no estaba con �l, no le entregaba el dinero de los alimentos para sus hijos, por lo que tuvo que demandarlo en varias oportunidades para que respondiera por los menores.
Asegur� la actora que el causante siempre dud� de la paternidad del �ltimo de sus hijos, pero que ella sabe que s� es hijo de �l, por lo que no est� de acuerdo con la decisi�n judicial que se tom� frente a la paternidad de su hijo David consistente en que el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O no es su progenitor. Finalmente manifest� que solo tuvo conocimiento del proceso de cesaci�n de efectos civiles del matrimonio con el causante, luego de su deceso.
La se�ora DIANA PATRICIA L�PEZ CORRALES manifest� que conoci� a la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ en el a�o 1996, ya que una hermana de la actora era su vecina y que en esa �poca supo que la demandante se hab�a casado a�os atr�s con el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, pero para el momento en el que la conoci� -a�o 1996-, la accionante solamente viv�a con sus hijos y su progenitora.
Sostuvo que, en el a�o 2002, la demandante empez� a ser su vecina en la casa en la que antes viv�a su hermana, d�ndose cuenta de que el se�or OLVER iba de vez en cuando a la casa, pero seg�n le dec�a la actora, era para llevarle la plata de los alimentos de sus hijos, pese a lo cual, le coment� que tuvo que demandarlo en varias oportunidades ya que no cumpl�a con sus obligaciones econ�micas frente a sus hijos.
Refiri� la testiga que en aproximadas 5 oportunidades vio al causante, siendo la �ltima vez alrededor del a�o 2005 cuando lo vio all� con sus hijos tom�ndose unas fotos. Finalmente, a respuesta realizada por el apoderado judicial de la AFP, contest� que no sabe nada sobre un divorcio entre la pareja, porque la demandante nunca le habl� de eso, ni tampoco sabe si en alg�n momento la pareja se reconcili�.
De otro lado, al plenario fueron allegadas las siguientes pruebas documentales: Constancia emitida el 1� de febrero de 1995 por la Inspecci�n Cuarta de Dosquebradas -p�g.19 archivo 28 carpeta primera instancia- en el que se manifiesta que �la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ formul� denuncia penal por lesiones personales de consideraci�n ante �ste despacho en contra de su esposo OLVER C�RDENAS CASTA�O, correspondi�ndole al quinto turno del Permanente del Martillo, avocar y resolver la situaci�n jur�dica del encartado.
Se deja constancia tambi�n que la citada se�ora varias veces se hizo presente para denunciar los continuos maltratos y varias veces los mismos agentes de la polic�a eran testigos de las lesiones recibidas. y (sic) los agentes no pod�an hacer nada porque �l se encontraba encerrado en su pieza. La denuncia la formul� en enero 16 de 1995.�. (Negrillas y subrayas por fuera de texto) Remisi�n hecha el 16 de enero de 1995 por la Inspecci�n Sexta de Polic�a de Dosquebradas, en la que le solicitan al m�dico legista que le sea practicado examen m�dico legal a la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ con el objeto de determinar las lesiones sufridas y sus posibles secuelas -p�g.20 archivo 28 carpeta primera instancia-.
En comunicaci�n de 13 de julio de 1995 -p�g.21 archivo 28 carpeta primera instancia- el Fiscal Local Seis de Dosquebradas le solicita al Juzgado Penal Municipal de Dosquebradas que se oficie al Hospital Universitario de Manizales en su secci�n de psiquiatr�a, para que remita la valoraci�n efectuada a la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ, as� como al Hospital San Marcos de Chinchin� donde fue atendida por primera vez, como pruebas en contra del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O; pidiendo tambi�n la incorporaci�n de las actuaciones surtidas en contra del se�or C�RDENAS CASTA�O en la Fiscal�a Local Nueve de Dosquebradas, en donde se le investiga por el delito de lesiones al inter�s jur�dico de la moral y la familia.
Por otra parte, en atenci�n a las facultades oficiosas que en materia de pruebas se le conceden al juez, la sentenciadora de primer grado orden� que se oficiara al Juzgado de Familia de Dosquebradas con el objeto de que se remitieran las sentencias de los procesos de impugnaci�n de paternidad de DAVID C�RDENAS PINEDA y de la cesaci�n de efectos civiles adelantado por el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O en contra de la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ.
Atendiendo lo dispuesto por la a quo, el Juzgado de Familia de Dosquebradas remiti� tales actuaciones -archivo 24 carpeta primera instancia-, en los que se evidencian los siguientes aspectos: Por medio de sentencia de 18 de noviembre de 2014, el referido despacho judicial, determin� que David C�rdenas Pineda no es hijo del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, dado que con la prueba cient�fica de ADN �se encontraron 13 no concordancias en los sistemas gen�ticos analizados� lo que llev� al sentenciador a concluir que se hab�a desvirtuado la presunci�n de paternidad por el hecho del matrimonio entre los contrayentes.
Con base en la sentencia judicial en la que prosper� la referida impugnaci�n de paternidad y en consecuencia alegando la configuraci�n del numeral 1� del art�culo 154 del C�digo Civil, el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O inici� proceso contencioso de cesaci�n de efectos civiles del matrimonio cat�lico que contrajo con la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ, la cual obtuvo sentencia a su favor el 25 de febrero de 2019 cuando el Juzgado de Familia de Dosquebradas accedi� a las pretensiones del actor, decretando la cesaci�n de los efectos civiles del matrimonio contra�do entre ellos el 8 de agosto de 1987, declar�ndose disuelta la sociedad conyugal que se hab�a conformado entre ellos.
Al valorar en conjunto las pruebas relacionadas anteriormente, no cabe duda que el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O y la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ contrajeron matrimonio por el rito cat�lico el 8 de agosto de 1987. Sin embargo, las certificaciones emitidas por las Inspecciones de Polic�a de Dosquebradas a principios del a�o 1995 dan cuenta que la se�ora PINEDA G�MEZ formul� denuncia en varias ocasiones por lesiones personales en contra del se�or C�RDENAS CASTA�O, que los propios agentes de polic�a eran testigos de los maltratos recibidos por la denunciante y que las lesiones eran de tal gravedad que hac�an necesaria la valoraci�n del m�dico legista, como en su momento lo pidi� la inspecci�n sexta de esa localidad.
Asimismo, qued� demostrado que los comportamientos violentos del se�or C�RDENAS CASTA�O en contra de su c�nyuge eran repetitivos, toda vez que el Fiscal Local 6 de Dosquebradas pidi� la incorporaci�n al plenario, no solo de las valoraciones por psiquiatr�a que se le hicieren a la demandante en el Hospital Universitario de Manizales y en el Hospital San Marcos de Chinchin�; sino tambi�n las actuaciones surtidas ante la Fiscal�a Local 9 de Dosquebradas en donde se le investiga por el delito de lesiones al inter�s jur�dico de la moral y la familia.
As� las cosas, conforme con lo dicho, es dable otorgarle alcance probatorio a la afirmaci�n hecha por la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ consistente en que ella en el a�o 1995 sufri� maltratos y violencia intrafamiliar por parte del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, e incluso en fechas anteriores, raz�n por la que en esa anualidad decidi� separarse de hecho de su c�nyuge, aseveraciones que tambi�n concuerdan con lo expuesto por la testiga DIANA PATRICIA L�PEZ CORRALES, quien en un relato espont�neo, claro y coherente, sostuvo que ella hab�a conocido en el a�o 1996 a la demandante, debido a que una hermana de aquella era su vecina, raz�n por la que supo que la demandante se hab�a casado con el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, pero que, desde el momento en que la conoci�, ella viv�a sola con su progenitora e hijos.
En el anterior orden de ideas, conforme con lo definido por la Sala de Casaci�n Laboral, no queda duda que la decisi�n adoptada por la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ consistente en separarse de cuerpos del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O, debido a los maltratos y violencia intrafamiliar a la que fue sometida por parte de su c�nyuge, estaban dirigidas a salvaguardar su vida, integridad f�sica y psicol�gica, situaci�n que, aun cuando el v�nculo matrimonial entre la pareja se extinguiera el 25 de febrero de 2019 al acceder el Juzgado de Familia de Dosquebradas a las pretensiones del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O relativas a la cesaci�n de efectos civiles del matrimonio cat�lico, no conlleva a la p�rdida del derecho que aqu� reclama, por las siguientes razones: La cesaci�n de efectos civiles del matrimonio cat�lico se fundament� en la causal 1� del art�culo 154 del C�digo Civil -relaci�n sexual extramatrimonial-, al haberse declarado en proceso anterior que David C�rdenas Pineda no era hijo del causante, lo que, en principio, podr�a indicar que la ruptura definitiva del v�nculo matrimonial que se produjo el 25 de febrero de 2019 fue por causa imputable a la demandante -.
Sin embargo, como el nacimiento del hijo -22 de abril de 1998- fue posterior a la separaci�n de hecho -1995- que tuvo como g�nesis los maltratos y violencia intrafamiliar ejercida por el causante en contra de la accionante, exigirle fidelidad a la actora, despu�s de que decidi�, en salvaguarda de su vida e integridad, cortar con la relaci�n, equivaldr�a a revictimizarla, oblig�ndola a permanecer atada jur�dica, moral y sentimentalmente a su victimario.
Por otra parte, en este caso, para la Sala Mayoritaria el acontecimiento verdaderamente relevante es la separaci�n de hecho en 1995 y la causa de esta, m�s no el motivo que adujo el se�or C�RDENAS CASTA�O para obtener la ruptura del v�nculo matrimonial ante el Juzgado de Familia de Dosquebradas, puesto que, si se tiene en cuenta que conforme se encontr� probado en primera instancia por la declaraci�n extra juicio rendida por el propio causante, este conviv�a con la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA desde el a�o 2003; tanto �l como la demandante incurrieron en la causal invocada por el se�or C�RDENAS CASTA�O y, por ello, tampoco puede imput�rsele a la accionante la ruptura del v�nculo, pues, si se quieren buscar culpables de relaciones extramatrimoniales, ambos consortes lo fueron, pero solo una fue v�ctima de violencia. La jurisprudencia del Tribunal de cierre de la especialidad laboral no puede limitarse �nicamente a los casos en que la mujer maltratada emprende las acciones legales para obtener el divorcio o la cesaci�n de efectos civiles del matrimonio religioso, toda vez que, aunque este deber�a ser el ideal de una v�ctima de violencia intrafamiliar; restringir la jurisprudencia en ese sentido, equivale a desconocer la realidad social de las mujeres dentro de una cultura machista, en la que por desconocimiento de sus derechos no acuden a los mecanismos legales o, peor, cuando por miedo a las represalias econ�micas frente a sus hijos, prefieren mantener el v�nculo matrimonial vigente, �ltimo caso que es razonable colegir que aconteci� para la demandante, pues recuerde que la actora narr� que el causante lleg� a exigirle encuentros sexuales para cumplir con la cuota alimentaria, lo que pudo llegar a generar en la actora una creencia razonable de que si persegu�a la disoluci�n del matrimonio, el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O se desligar�a por completo de sus obligaciones paternas.
As� pues, se insiste que, como lo ha decantado la Sala de Casaci�n Laboral de la Corte Suprema de Justicia e, incluso fue referenciado por la a-quo, pero sin darle aplicaci�n alguna, en casos de violencia el requisito de convivencia debe flexibilizarse y analizarse en su contexto particular, pues no es posible exigirle a la c�nyuge agredida la permanencia en una relaci�n que le pueda significar poner en riesgo su vida e integridad, toda vez que, de hacerlo, la administraci�n de justicia revictimizar�a a la mujer y demostrar�a una clara falta de sensibilidad frente a los patrones socioculturales discriminatorios.
De esta manera, es evidente el error de la jueza de primera instancia que no juzg� con enfoque de g�nero y, por ello, valor� la prueba con un rigor que no correspond�a a las circunstancias de la actora, en la medida que pas� por alto que m�s all� de la ruptura formal del v�nculo matrimonial, en este caso el hecho relevante era la separaci�n en 1995, como consecuencia de los malos tratos y violencia que le propinaba el causante a la demandante.
En ese orden, para la Sala Mayoritaria la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ acredit� la calidad de beneficiaria para acceder a la gracia pensional, como quiera que entre el 08 de agosto de 1987 -fecha del matrimonio- y el 16 de enero de 1995 -fecha de la denuncia por lesiones personales- transcurrieron m�s de los cinco (05) a�os de convivencia exigidos en la Ley 797 de 1993.
En vista de lo anterior, quedan sin peso las razones de orden legal y f�ctico bajo las cuales la jueza de primera instancia neg� el derecho a la demandante y, por ello, se revocar� el numeral primero de la sentencia de primera instancia y, en su lugar se declarar� que la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ, tiene derecho al reconocimiento a la pensi�n de sobrevivientes causada por el deceso del se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O a partir del 07 de julio de 2020.
Ahora, para establecer el monto de la prestaci�n, debe precisarse con exactitud los hitos de dicha convivencia de ambas reclamantes con el causante, con miras a establecer el porcentaje de la cuota parte que le corresponde como beneficiarias de la prestaci�n reclamada. As�, se tiene que, conforme a lo considerado en precedencia, la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ convivi� con el causante entre el 08 de agosto de 1987 - y el 16 de enero de 1995 equivalente a 2718 d�as, mientras que, atendiendo las consideraciones de la jueza de primera instancia, la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA convivi� con el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O desde el 25 de agosto de 2003 -por la declaraci�n extrajuicio rendida por la pareja el 25 de agosto de 2008 en la que indicaron que conviv�an desde hac�a 05 a�os- y hasta el fallecimiento, es decir que la convivencia se extendi� por 6160 d�as.
En ese orden, en proporci�n al tiempo convivido a la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ le corresponde el 30.62% de la prestaci�n y a la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA el 69.38% restante, sobre la base de un salario m�nimo y 13 mesadas anuales. Previo a liquidar el retroactivo correspondiente, en cuanto a la excepci�n de prescripci�n propuesta por PROTECCI�N S.A., es del caso advertir que ninguna mesada pensional se vio afectada por el fen�meno prescriptivo, como quiera que, entre la fecha del fallecimiento y la demanda, no trascurri� el t�rmino trienal.
As�, efectuadas las operaciones aritm�ticas correspondientes, por el retroactivo generado entre el 07 de julio de 2020 y el 28 de febrero de 2025, PROTECCI�N S.A. deber� reconocer y pagar a las se�oras SONIA PINEDA G�MEZ y DIANA MILENA MAR�N OSPINA las sumas de $20.096.590 y $45.535.643, respectivamente, sobre las que proceden los descuentos para el sistema de seguridad social en salud, tal como se observa en las siguientes tablas descriptivas: Finalmente, en cuanto a la pretensi�n de intereses moratorios, debe decirse que, por regla general, estos se generan desde el momento en que, vencido el t�rmino de gracia que tienen las administradoras de pensiones para resolver la solicitud de pensi�n y proceder a su pago, no lo hacen.
Sin embargo, en este caso, no puede desconocer la Sala que al reclamar la prestaci�n tanto la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ como la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA, se present� un conflicto entre beneficiarias que obligaba a la administradora a suspender el reconocimiento y someter a la justicia laboral la determinaci�n de a quien le correspond�a percibir la prestaci�n., por lo que en realidad PROTECCI�N S.A. no incurri� en mora.
En ese orden, se negar�n los intereses moratorios y, en su lugar, ante la p�rdida del poder adquisitivo de la moneda como hecho notorio que no debe ser soportado por la beneficiaria, se condenar� a PROTECCI�N S.A. a efectuar el pago de cada mesada debidamente indexada entre su causaci�n y el pago efectivo en favor de ambas reclamantes. En cuanto a la condena en costas, se revocar� el numeral s�ptimo de la sentencia de primera instancia, en tanto las impon�a en contra de la demandante y en favor de la AFP y, en su lugar, ante el conflicto entre beneficiarias que imposibilitaba el reconocimiento en sede administrativa, se abstendr� la Sala de imponer costas en contra de PROTECCI�N S.A. En esta sede no se causaron por conocerse el proceso en virtud del grado jurisdiccional de consulta.
En m�rito de lo expuesto, Sala Cuarta De Decisi�n Laboral�del Tribunal Superior de Pereira, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,/ / � / / � RESUELVE/ / � PRIMERO. REVOCAR los numerales primero y s�ptimo de la sentencia proferida por el Juzgado Primero Laboral del Circuito el 26 de abril de 2024dentro del proceso Ordinario Laboral instaurado por SONIA PINEDA G�MEZ en contra de la ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A., en el que tambi�n se encuentra vinculada la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA en calidad de tercera ad excludendum y, en su lugar: DECLARAR que la se�ora SONIA PINEDA G�MEZ tiene derecho a la pensi�n de sobrevivientes causada por el se�or OLVER C�RDENAS CASTA�O a partir del 07 de julio de 2020, en cuant�a del 30.62% del salario m�nimo legal mensual vigente y por 13 mesadas anuales, sin perjuicio del derecho de acrecimiento.
SEGUNDO. MODIFICAR los numerales segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y octavo de la sentencia consultada, los cuales quedar�n as�:
SEGUNDO: DECLARAR que la se�ora DIANA MILENA MAR�N OSPINA, en condici�n de compa�era de compa�era permanente del se�or OLBER C�RDENAS CASTA�O, tiene derecho a la pensi�n de sobreviviente causada por aquel, en cuant�a del 69.38% del salario m�nimo legal mensual vigente y por 13 mesadas anuales, sin perjuicio del derecho de acrecimiento.
TERCERO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA DE FONDO DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCIONES S.A reconocer la pensi�n de sobreviviente en favor de las se�oras SONIA PINEDA G�MEZ y DIANA MILENA MAR�N OSPINA bajo los par�metros de la ley 797 del a�o 2003, desde el 7 de julio del 2002, en cuant�a del 30.62% y 69.38%, respectivamente, del salario m�nimo mensual legal vigente en forma vitalicia y con derecho a 13 mesadas pensionales al a�o, pensi�n que deber� incrementarse a partir del a�o 2021 conforme lo dispone el gobierno nacional.
CUARTO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A a pagar en favor de las se�oras SONIA PINEDA G�MEZ y DIANA MILENA MAR�N OSPINA las sumas de $20.096.590 y $45.535.643, respectivamente, por concepto de retroactivo pensional causado entre el 07 de julio de 2020 y el 28 de febrero de 2025, las cuales deber�n ser canceladas debidamente indexadas a la fecha efectiva de pago.
Sin perjuicio de las mesadas que se causen a partir del 01 de marzo de 2025.
QUINTO: AUTORIZAR a la ADMINISTRADORA DE FONDO DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCI�N S.A. a descontar del retroactivo pensional a reconocer a favor de las se�oras SONIA PINEDA G�MEZ y DIANA MILENA MAR�N OSPINA, el porcentaje que por concepto Aportes al Sistema de Seguridad Social en Salud corresponde, en la forma indicada en la parte motiva.
SEXTO: Conceder a la ADMINISTRADORA DE FONDO DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCION S.A. el t�rmino de un mes para el reconocimiento de la prestaci�n y la inclusi�n en n�mina a las nuevas�T U � $ & C ( / 0 � &'(�������nZ�F/,hhL30JCJOJQJ^JaJmH sH &h�1�0JCJOJQJ^JaJmH sH &hAD�h� �$��9D[$\$a$gdA>�$��9D[$\$a$gd� �$dh�9Da$gdA>� $�9Da$gdA>�$��9D[$\$a$gdA>� $d�a$gdA>� $��� � $%noyz{����������ͱ͛�kXH5XHXHX$h֘�h�Ê30JOJQJ^JmH sH h,J%0JOJQJ^JmH sH $h֘�h�#�0JOJQJ^JmH sH,hh�r�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $1hhY �B*CJOJQJ^JaJnH $phtH $+h�1�B*CJOJQJ^JaJnH $phtH $7hh��5�B*CJOJQJ\�^JaJnH $phtH $7hh�1�5�B*CJOJQJ\�^JaJnH $phtH $,hh�u�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $������� 9;NX������ʷ������{jYH7H7H7 h� � $dh�a$gdA>� $dh�a$gd ^K$��dh�`��a$gdA>�$�-��dh��9D[$\$]�-`��a$gdA>�$dh��9D[$\$a$gdK:J$dh��9D[$\$a$gd֘� ���mnwx������'@fghy����������̻�̻̻��zeP;P(hL3h�6?@���CJKHOJQJ^JaJ(hL3h? �@���CJKHOJQJ^JaJ(hh? �@���CJKHOJQJ^JaJ#hh? �5�CJOJQJ^JaJ&h5GrCJOJPJQJ^JaJnH $tH $4h� �h XvCJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $ h� hL3hL30JB*CJOJQJ^JaJfHphq� ����FhL3hl� k0JB*CJOJQJ^JaJfHmH phq� ����sH FhL3hL30JB*CJOJQJ^JaJfHmH phq� ����sH (hL3hL3@���CJKHOJQJ^JaJ"hL3@���CJKHOJQJ^JaJ(hL3h@���CJKHOJQJ^JaJ(hL3h? 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OCTAVO: ABSOLVER a la ADMINISTRADORA DE FONDO DE PENSIONES Y CESANT�AS PROTECCION S.A. del Pago de las costas procesales a favor de las se�oras SONIA PINEDA G�MEZ y DIANA MILENA MAR�N OSPINA, por las razones expresas en la parte motiva.
SEGUNDO. Sin costas en esta sede. / / � Notif�quese y c�mplase. La Magistrada, Con firma electr�nica al final del documento ANA LUC�A CAICEDO CALDER�N Los Magistrados, Con firma electr�nica al final del documento GERMAN DARIO GOEZ VINASCO Con firma electr�nica al final del documento JULIO C�SAR SALAZAR MU�OZ Salvo voto Archivo 04, p�gina 21, cuaderno de primera instancia P�gina 20, archivo 15, cuaderno de primera instancia Radicaci�n No.: 66001310500120210040901 Demandante: Sonia Pineda G�mez Demandado: Protecci�n S.A. �l�l�l�l7m nBnRnXnZn\n^n�n�����nS84h�Hh�ECJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4hh�u�CJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $.h�ECJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4hh�ECJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4h�u�h�HCJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4h�u�h�ECJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $7h�u�h�E5�CJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $h�u�h�X�OJQJ^J ^n�n�n�nooopo�o�o�o�op p(p)p*p+pbp������������������% $dh�a$gd��sd $dh�a$gdA>�$d��*$a$gd�H d��gd�H $d��a$gd��sd d��gd��sd dh�gd�H $d��a$gd�H�n�n�noooonopo�ʱ�z_D,.h�u�CJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4h��sdhٛPfCJOJPJQJ^JaJmH nH $sH tH $4h�u�5�CJOJPJQJ\�^JaJmH nH $sH 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666666666666666666666666666666666666�666666666666hH66666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666p62����&6FVfv������2(��&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv��8X�V~�������� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@6600 OJ PJ QJ _HmH $nH $sH $tH $J`��J o_�Normal d��CJ_HaJmH $sH $tH NA`���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0 Tabla normal �4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista `^@�` �;�0 Normal (Web)d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $D�@D �;� P�rrafo de lista ^��m$���� �;�pTabla con cuadr�cula7:V�0������ d��2�O�!2 �;� normaltextrunZ�O2Z �;� paragraphd��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $ �O�A �;�eopJ RJ 0Texto comentariod�CJaJX�/��aX 0Texto comentario CarCJOJ PJ QJ ^JaJD' ��qD 0Ref. de comentarioCJaJV��V &�0Texto de globo d��CJOJQJ^JaJT�/���T &�0Texto de globo CarCJOJPJ QJ^JaJLjQRL &�0Asunto del comentario5�\�h�/���h &�0Asunto del comentario Car 5�CJOJ PJ QJ \�^JaJZ�`���Z �1� Sin espaciado $CJOJPJQJ_HaJmH sH tH ^�/���^ �1�Sin espaciado Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH j>@�j �1�T�tulo dh�1$7$8$H$a$'5�CJOJPJQJ^JaJmH sH tH T�/���T �1� T�tulo Car'5�CJOJPJQJ^JaJmH sH tH F @F !,f�0 Encabezado d���C�"D�/��D,f�0Encabezado CarOJ PJ QJ ^JL "L #,f�0 Pie de p�gina"d���C�"J�/��1J ",f�0Pie de p�gina CarOJ PJ QJ ^J��o��B� oq Por omisi�n|$$��d$d����%d����&d����'d����(d����)f����N���������O���������P���������Q���������R���������S���������`��a$BB*CJOJPJ QJ^J _HaJeh����mH phr���������sH tH J @RJ &�0Texto nota pie %d��CJaJT�/��aT %�0Texto nota pie CarCJOJ PJ QJ ^JaJ&`��q ��Ref. de nota al pie,Texto nota pie Car2,Texto nota pie Car Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car2,Footnote Text Char Char Char Char Car2,FA Fu Car2,Footnote Text Char Car2,FC,Ref,f,Texto de nota al pie,Appel note de bas de page,BVI fnr,4_GH* *B*phc�NV ���N �X�0Hiperv�nculo visitado >*B*ph�OrZ��Z �X� msonormal*d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $f��f �X�font5+d��d�d[$\$+5�B*CJOJPJQJ\�^JaJphtH $P��P �X�xl65,d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $���� �X�xl66I-d��d�d9DN��O��P��Q��[$\$a$CJOJPJQJaJtH $���� �X�xl67I.d��d�d9DN��O��P��Q��[$\$a$CJOJPJQJaJtH $���� �X�xl68V/d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$CJOJPJQJaJtH $��� �X�xl69I0d��d�d9DN��O��P��Q��[$\$a$CJOJPJQJaJtH $��� �X�xl70O1d��d�dM� ���N��O��P��Q��[$\$CJOJPJQJaJtH $P�"P �X�xl712d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $Z�2Z �X�xl723d��d�d[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $��B� �X�xl73R4d��d�dM� ���N�"+5O�"+5P�"+5Q�"+5[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $��R� �X�xl74G5d��d�dM� ���N�"+5O�"+5Q�"+5[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $��b� �X�xl75B6d��d�dN��O��P��Q��[$\$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $��r� �X�xl76V7d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$!B* CJOJPJQJaJphatH $���� �X�xl77V8d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $���� �X�xl78V9d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $���� �X�xl79V:d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $���� �X�xl80V;d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$CJOJPJQJaJtH $���� �X�xl81K d��d�d9DM� ���N��O��P��Q��[$\$a$ 5�CJOJPJQJ\�aJtH $���� �X�xl84K?d��d�d9DM� ���N��O��P��[$\$a$!B* CJOJPJQJaJphatH $��� 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