Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 11001310301019990759002

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Jose Elio Fonseca Melo.

Fecha: 2004-05-25

Sujetos procesales: MANUEL RÓMULO VARGAS ORTIZ / RICARDO ANAYA ANGULO, CECILIA MERIZALDE DE ANAYA Y NUBIA PINZÓN DE HOYOS

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Dec�dese el recurso de apelaci�n interpuesto por las partes contra la sentencia de 06 de diciembre de 2001, proferida por el Juzgado 10 Civil del Circuito de la Ciudad, dentro de este proceso.

ANTECEDENTES: Mediante escrito integrador de la demanda, Manuel R�mulo Vargas Ortiz cit� a juicio por el sendero del proceso ordinario de mayor cuant�a a Ricardo Anaya Angulo, Cecilia Merizalde de Anaya y Nubia Pinz�n de Hoyos, seg�n los hechos que resumidos son: 1. El 11 de febrero de 1995 a la hora de las 7:15 p.m., el demandante y su esposa se encontraban en el sardinel de la calle 103 con carrera 15 costado oriental, habiendo salido de una reuni�n de car�cter social. 2.

En forma repentina el demandante fue atropellado por el veh�culo de placas FUJ-344, color blanco, marca Honda, modelo 1981, conducido a alta velocidad por Ricardo Anaya Angulo. 3. Atendido en la Fundaci�n Santa Fe logr� salvar la vida, empero luego de varias intervenciones quir�rgicas qued� con graves quebrantos de salud y secuelas que se resumen en deformidad f�sica permanente con par�lisis facial derecha, cicatriz con hundimiento de siete cent�metros retroauricular derecha y perturbaci�n funcional del sistema nervioso perif�rico de car�cter permanente. 4.

Los gastos hospitalarios y m�dicos sufragados para reparar la salud del demandante, tomados de sus propios recursos, ascendieron a la suma de $10.000.00,00. 5. Desde la fecha del accidente el demandante � no volvi� a realizar sus actividades laborales quedando incapacitado hasta el final de los d�as �. Los hechos copiados le permiten al demandante elevar las siguientes s�plicas: Que se declare que los demandados Ricardo Anaya Angulo, en su condici�n de autor directo, Cecilia Merizalde de Anaya, en su condici�n del propietaria del veh�culo, y Nubia Pinz�n de Hoyos, en su condici�n de propietaria actual del mismo, son civilmente responsables de las lesiones causadas al demandante.

Que consecuencialmente se condene a los demandados a pagar los perjuicios morales y materiales en los conceptos de da�o emergente y el lucro cesante, este �ltimo equivalente al 5.6% mensual liquidado � sobre los valores del da�o emergente contados a partir de la fecha de las lesiones y hasta el d�a del pago total y efectivo �, todo junto con la correcci�n monetaria y los intereses sobre las anteriores sumas.

Admitida como fue la demanda de ella se corri� traslado a los demandados, as� que Nubia Pinz�n de Hoyos Lesmes se notific� el 29 de noviembre de 1999 (fl. 47 cuad. 1), Ricardo Anaya Angulo el 03 de diciembre siguiente (fl. 48 Ib.) y Cecilia Merizalde de Anaya, seg�n auto de 14 de febrero de 2000 (fl. 62 vto.), por conducta concluyente. Nubia Pinz�n de Hoyos al replicar la demanda dijo no constarle ninguno de los hechos, se opuso a las pretensiones y en su defensa propuso la excepci�n de m�rito que denomin� �Falta de legitimaci�n en la causa por pasiva�, fundada en que de acuerdo con el certificado de tradici�n allegado con la demanda solo hasta el 09 de junio de 1998 aparece como propietaria del veh�culo con el cual se ocasion� el accidente, de manera que es ajena a estos hechos.

Ricardo Anaya Angulo en consideraci�n del Juzgado no contest� la demanda, pues a pesar de haber presentado un escrito con ese fin, siendo abogado y actuando en causa propia no firm�. Cecilia Merizalde de Anaya por su parte al responder el libelo dijo no constarle la mayor parte de los hechos, neg� que el conductor del veh�culo hubiese atropellado al demandante y que en la fecha del accidente hubiese sido internado en la cl�nica al igual que el lesionado, y en su defensa propuso la excepci�n de �Cosa Juzgada�, apoyada en el art�culo 57 del C�digo de Procedimiento Penal, pues en su decir esta acci�n no pod�a iniciarse ni proseguirse dado que en el respectivo proceso penal la Fiscal�a dict� resoluci�n de preclusi�n de la investigaci�n a favor de dicho conductor.

Agotada la etapa conciliatoria, negada en la pertinente audiencia la excepci�n de �Cosa Juzgada� propuesta al igual como previa por Cecilia Merizalde de Anaya, recogidas parcialmente las pruebas, surtido el traslado para alegar, el Juzgado 10 Civil del Circuito de la Ciudad, el que por reparto le correspondi� conocer del proceso, mediante sentencia de 06 de diciembre de 2001 decidi� el litigio de la siguiente manera: Declar� probada la excepci�n de falta de legitimidad en la causa por pasiva y la terminaci�n del proceso en relaci�n con las demandadas, neg� la excepci�n de cosa juzgada con respecto del demandado, y en consecuencia, lo conden� a pagar la cantidad de 10 salarios m�nimos legales mensuales por concepto de da�os morales, y por �ltimo, impuso costas proporcionales a favor de las partes que salieron avantes.

Contra esa decisi�n se alzaron todos los protagonistas del proceso, excepto Cecilia Merizalde de Anaya, de suerte que tramitado en instancia la Sala procede a resolverlo SE CONSIDERA: Presupuestos procesales. Los consabidos presupuestos procesales demanda en forma, capacidad de parte, capacidad procesal y competencia se hallan actualizados en el presente caso, motivo por el cual el proceso se ha desarrollado normalmente, y por ende, se impone una decisi�n de fondo.

Desde el punto de vista de la actuaci�n tampoco observa la Sala causal de nulidad que pueda invalidar el proceso, de modo que ello aunado a lo anterior, conlleva a esa decisi�n de m�rito. El fallo del A quo. Tras historiar los antecedentes del proceso, ubicado en el campo de la responsabilidad civil extracontractual, el Juzgado aborda uno a uno los elementos que estructuran este tipo de acci�n, y luego de referirse al da�o como elemento fundante de la responsabilidad y a la culpa del causante del mismo, expresa que en trat�ndose de actividades peligrosas, al tenor de la doctrina elaborada por la Corte en este sentido, la victima se halla relevada de probarla dado que es objeto de una presunci�n legal.

De esta manera el A quo de entrada analiza la excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa por pasiva en relaci�n con Nubia Pinz�n de Hoyos y con fundamento en el certificado de tradici�n del veh�culo allegado con el libelo, de cuyo texto se desprende que el traspaso a su favor se realiz� el 09 de junio de 1998, concluye que la excepci�n encuentra aplicabilidad dado que para la �poca del accidente no tenia la condici�n de propietaria del automotor.

En segundo lugar, en relaci�n con la demandada Cecilia Merizalde de Anaya el Juzgado arriba a la misma conclusi�n que en el caso anterior, pues citada al juicio en su calidad de propietaria del rodante tal condici�n no se demostr�, hecho que por igual raz�n conduce a declarar probada la excepci�n en alusi�n. Dentro de esta secuencia contin�a el Juzgado analizando las excepciones, as� que con respecto a Ricardo Anaya Angulo aborda la de cosa juzgada propuesta de igual manera como de fondo, y luego de glosar el art�culo 57 del C�digo de Procedimiento Penal, vigente para la �poca en que ocurri� el accidente, expresa que no opera en este caso dado que � est� plenamente establecido que el hecho si ocurri�, que quien conduc�a el veh�culo era el demandado, ocasionando el hecho por razones distintas al cumplimiento de un deber legal, o en operancia de la legitima defensa �.

Finalmente, en punto a la responsabilidad del demandado en la producci�n del accidente, el Juzgado se detiene en los elementos de este tipo de acci�n, de suerte que relevado el actor de probar la culpa en trat�ndose de una actividad peligrosa como la conducci�n, en el empe�o de liberarse al demandado le correspond�a acreditar la causa extra�a, la que relacionada con las subespecies de caso fortuito o fuerza mayor, culpa exclusiva de la victima o de un tercero, aquel en ning�n momento la acredit�.

Seg�n esta l�gica, contin�a el Juzgado, cobijado el demandado por la culpa presunta es responsable del accidente, de suerte que a falta de pruebas demostrativas del da�o emergente y lucro cesante porque � al respecto existe orfandad probatoria �, se impone condenarlo a pagar los perjuicios morales subjetivos, equivalentes en su criterio a 10 salarios m�nimos mensuales, seg�n el criterio del arbitriun judicis.

En estas condiciones el sentenciador declara probada la excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa por pasiva en relaci�n con las demandadas y opta por condenar al demandado a pagar los perjuicios morales en la forma ya descrita. El recurso. Tal como se dijo arriba los demandados, excepto Cecilia Merizalde de Anaya, al un�sono formularon recurso de apelaci�n contra el fallo en cuesti�n, todo de acuerdo con los siguientes planteamientos: La parte actora se separa de la sentencia debido a que, de una parte, la excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa no procede con respecto de Cecilia Merizalde de Anaya, pues en su decir en el proceso que se adelant� en la Fiscal�a solicit� la entrega del automotor causante del da�o alegando la condici�n de propietaria, y de otra parte, la condena impuesta al demandado es irrisoria, y por dem�s, no contempla el da�o moral objetivo � que se puede sufrir con las incapacidades ps�quicas y f�sicas �, as� como tampoco los perjuicios materiales en los conceptos de da�o emergente y lucro cesante.

La demandada Nubia Pinz�n de Hoyos censura el fallo por cuanto que se neg� a fulminar condena por temeridad y mala fe contra el actor, pues en su opini�n la medida cautelar solicitada con la demanda se enmarca dentro de estos conceptos, dado que el traspaso del automotor se realiz� a su favor tres a�os despu�s del accidente. Por �ltimo, Ricardo Anaya Angulo apela para insistir en el �xito de la excepci�n de cosa juzgada, porque al declarar la Fiscal�a la preclusi�n de la investigaci�n por las lesiones personales infringidas al actor en el accidente de tr�nsito, a la luz del art�culo 57 del C. de P. P. ello significa que no cometi� el hecho, y por esta v�a, la acci�n civil no pod�a iniciarse ni proseguirse.

Siendo en l�neas generales estos los t�rminos del recurso de apelaci�n en relaci�n con cada uno de los litigantes la Sala lo aborda uno a uno a continuaci�n: 4. El caso concreto. En punto al recurso de apelaci�n por sentado se tiene que corresponde al censor se�alar los temas de su disconformidad con el fallo, porque inmerso a�n dentro del criterio dispositivo que irradia el procedimiento civil, el terreno sobre el cual ha de moverse el Ad quem es el se�alado por aquel.

No empece el anterior postulado, cuando el recurso proviene de la parte y su contraparte el Ad quem puede moverse dentro un campo holgado, al punto que est� facultado para resolver sin limitaciones. Entonces, puesto que el recurso en este asunto se ha formulado por ambas partes, la Sala lo aborda con la amplitud necesaria. Empero, como quiera que el aspecto medular en este juicio est� constituido por la responsabilidad que le cabe al conductor del veh�culo en el accidente, puesta en duda a ra�z de la preclusi�n de la investigaci�n que adelant� en su contra la Fiscal�a, esta circunstancia obliga al juzgador a examinar de entrada el punto porque toca con el tema de la causa extra�a, �nica forma de liberar al demandado de responsabilidad en este caso. 4.1.

Desde el punto de vista conceptual jurisprudencia y doctrina han establecido que los da�os causados en ejercicio de actividades peligrosas, si bien es cierto que la culpa se presume en el agente que los ocasiona, tambi�n lo es que en la perspectiva de liberarse ha de demostrar la causa extra�a, integrada como de todos es sabido por las subespecies de fuerza mayor o caso fortuito, culpa exclusiva de la v�ctima y el hecho exclusivo de un tercero. La figura de la causa extra�a es en s� sencilla, m�s sin embargo, la cuesti�n adquiere cierta complejidad cuando se trata de relacionar la causa extra�a con los efectos de la cosa juzgada penal absolutoria, de relativa frecuencia en trat�ndose de accidentes de tr�nsito, dado que el legislador en referencia al �ltimo fen�meno contempl� los casos en que la acci�n civil ��no podr� iniciarse ni proseguirse�� cuando en el proceso penal se ha declarado, por providencia en firme, que el hecho causante del perjuicio no se realiz�, o que de haberse realizado el sindicado no lo cometi�, o que obr� en estricto cumplimiento de un deber legal o en leg�tima defensa (art. 57 C. del P. P.). 4.2.

En este sentido, en la inteligencia que con esta norma el legislador pretendi� evitar fallos contradictorios en materias civil y penal, parece que ninguna duda queda en cuanto que la cosa juzgada penal subsume el concepto gen�rico de la causa extra�a, integrada como ya se dijo por las mencionadas subespecies, pues a ella refiere la circunstancia relacionada con que el hecho causante del da�o no haya sido cometido por el sindicado.

Con la advertencia que el fallo penal absolutorio, en la perspectiva de asimilarse a la causa extra�a no ha de dejar ninguna duda en torno a la configuraci�n de las subespecies que la integran, la Corte recientemente sobre el particular puntualiz�: �Evidentemente, llegarse a la absoluci�n porque se estima que medi� el caso fortuito o la fuerza mayor, o el hecho de un tercero, o la culpa de la v�ctima, es tanto como asegurar que el hecho generador de la responsabilidad que se imputa al procesado no lo cometi� �ste.

Obs�rvese bien que la ley, al referirse al hecho, no habla a secas, como para que entonces no pudiera hablarse m�s que de una participaci�n f�sica o material del sindicado, sino que alude es al hecho �causante� del perjuicio, para aludir as� al hecho jur�dicamente relevante en la producci�n del da�o� (Sala Civil, sentencia de 12 de octubre de 1.999). 4.3.

Dentro de este contexto, en raz�n de que el A quo pas� por alto la incidencia de la resoluci�n de preclusi�n de la investigaci�n en la responsabilidad que se le endilga al demandado, la Sala en el entendido que esa providencia guarda relaci�n con la causal de exoneraci�n de responsabilidad relacionada con la causa extra�a, acomete el estudio de ese material con especial rigor, a fin de establecer si en realidad oper� o no dicha forma de liberaci�n. 4.4.

En la tarea de demostrar los supuestos f�cticos sobre los cuales apoya la excepci�n de cosa juzgada, a instancia del demandado se alleg� copia de la resoluci�n que data del 09 de julio de 1998, proferida por la Fiscal�a para precluir la investigaci�n que adelant� en su contra por el delito de lesiones personales culposas, seg�n la cual esa decisi�n se impuso porque, definitivamente, el �nico testigo presencial del accidente en su versi�n sostuvo que el demandante se tropez� con el sardinel y cay� a la v�a cuando pasaba el carro que lo atropell�, declaraci�n que el Fiscal sopesa como � la que m�s se ajusta a lo ocurrido y que le merece al Despacho plena credibilidad, sin que haya podido ser desvirtuada siquiera en alguna de sus partes, pues ni la esposa del lesionado ni el mismo sindicado pudieron percatarse de lo que ocurri� �. 4.5.

En este orden de ideas, no ofrece duda que si el motivo que indujo al Fiscal para precluir la investigaci�n fue el hecho de que, seg�n el �nico testigo presencial del accidente, el demandante se tropez� y cay� sobre la v�a cuando el carro que caus� el accidente se desplazaba, esta circunstancia es determinante en la perspectiva de establecer la responsabilidad del conductor del veh�culo, pues al rompe se advierte que se halla amparado por la causal de exoneraci�n tocante con la causa extra�a, en este caso relacionada con la culpa exclusiva de la v�ctima, y por qu� no decirlo con amplitud, con la fuerza mayor o caso fortuito. 4.6.

En realidad, en verdad, en puridad, no existe en el expediente una sola prueba que desvirt�e la anterior conclusi�n, entre otras cosas porque en materia probatoria el presente negocio es emblema de orfandad, pues la parte actora se limit� a exponer desde su punto de vista los hechos desatendiendo el tema probatorio, al punto que ni siquiera demostr� algo tan elemental como la propiedad del rodante para el 11 de febrero de 1998, d�a en que tuvo lugar el fatal accidente. 4.7.

Dentro de esta secuencia, no podr�a decirse que, a intento de destruir la causa extra�a en las modalidades enunciadas, el conductor en ese instante ha debido avistar al peat�n, y consecuentemente con ello, aprestarse a detener la marcha del automotor, porque tal como aparece en el texto de la resoluci�n de preclusi�n de la investigaci�n el golpe ocurri� de manera s�bita e instant�nea, al punto que � ni la esposa del lesionado, ni el mismo sindicado pudieron percatarse de lo que ocurri�. 4.8.

Pues bien, elucidado el punto de la responsabilidad del conductor, en relaci�n con el recurso interpuesto por Nubia Pinz�n de Hoyos, dirigido a obtener que se condene al demandante, se recuerda, por temeridad o mala fe conforme al art�culo 74 del C. de P. C., la Sala sobre el particular sostiene que, as� como lo advirti� el A quo, no hay lugar a tal condena, porque de un lado, la recurrente ten�a la posibilidad de alcanzar el levantamiento de la medida prestando cauci�n, y de otro lado, frente a la tesis que sostiene que, independientemente de su propietario, el automotor en todo caso es garant�a para resarcir los perjuicios causados a la v�ctima, en este prop�sito el demandante solicit� la medida cautelar. 5.

Conclusiones. Puestas as� las cosas, dado que la excepci�n de cosa juzgada coincide en este caso con la causa extra�a, debe declararse probada no obstante que fue materia de decisi�n negativa como excepci�n previa, en el entendido que el demandado no cometi� el hecho �causante� del da�o a que alude el art�culo 57 del C. de P. P., precepto vigente para la fecha del accidente.

Secuela de lo anterior es que el recurso interpuesto por el demandante cae al vac�o, pues el �xito de la excepci�n de cosa juzgada, como de todos es sabido, conduce a la absoluci�n del demandado. En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Bogot� D.C. en Sala Civil de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,

RESUELVE

Primero. Revocar los numerales cuarto, quinto, sexto, s�ptimo y octavo de la parte resolutiva de la sentencia de 06 de diciembre de 2001 proferida por el Juzgado 10 Civil del Circuito de la Ciudad dentro de este proceso. Segundo. Confirmar los numerales primero, segundo y tercero de la parte resolutiva de la misma sentencia. Tercero. Declarar probada la excepci�n de cosa juzgada propuesta como de m�rito por la demandada Cecilia Merizalde de Anaya, en relaci�n con Ricardo Anaya Angulo, en su condici�n de conductor del automotor causante del accidente.

Cuarto. Negar la condena por temeridad o mala fe solicitada por Nubia Pinz�n de Hoyos. Quinto. Condenar en costas de ambas instancias al demandante.

NOTIFIQUESE Fallo discutido y aprobado en Sala Civil de Decisi�n seg�n acta No. 14 de 6 de mayo de 2004. JOSE ELIO FONSECA MELO Magistrado. ALVARO FERNANDO GARCIA RESTREPO Magistrado. JOSE ALFONSO ISAZA DAVILA Magistrado. PAGE  PAGE 2 ./0���/123fh��� � �4�C"0��Co$S%J'(E(�(�(�)�)e,�,z0�0�2�2�78�;Z>�B�C�I�I�L�L�M�M�O�OvR�R�RS S-SdSeS������������������������������������������������ɿ���������������̳ j0JUmH sH 6�CJ 6�CJ ]�CJ 5�CJ 6�OJQJ]�^J OJQJ^JCJOJQJ^J5�OJQJ\�^J5�CJOJQJ\�^JF./0qr��123[f��P���������������$a$ $$Ifa$X$$If�F����{��0�������6��������4� Fa� $$Ifa$dS}S��fgh������� � � � � � x y -. � � OP��78jk����������������������������$a$$a$k  _d*+��/0no()BCHI  ��������������������������$ & Fa$$ & Fa$$a$$a$ �!�!##R%S%I'J'�(�(�)�)�)�)�*�* - -S.T.�/�/y0z0�0�0�1���������������������������$a$$ & Fa$$a$�1�1�2�233�4�4z6{6/969�:�:�;�;]>_>4@5@�C�C F F�G�G�I�I�L�L�����������������������������$a$�L�L�L7N8N�N�N�O�O�O�O�P�P�P�P�Q�Q6R7RuRvR�R�R�R�R�R�R�R�R����������������������������$a$$a$�RS S S S S S-S9S:S;S<S=SWScSdSmSnSoSzS{S|S}S~S������������������������h]�h����&`#$$a$eSkSlSmSoSpSvSwSxSySzS}S~S����������5�CJ 0JmHnHu j0JU0J * 00 &PP��/ ��I!�� "��#��$��%� i8@��8 NormalCJ_HaJmH sH tH 8@8 T�tulo 1$$@&a$5�CJ FA@���F Fuente de p�rrafo predeter.Z @�Z Pie de p�gina �C�"5$7$8$9DH$CJaJmH sH 0)@�0 N�mero de p�ginaHBH Texto independiente$a$5�CJ HP@"H Texto independiente 2$a$CJ 0>@20 T�tulo$a$ 5�CJ \�~Ol����./0qr��123[fgh������������xy-.� � O P � � 7 8 j k  _d*+��/0no()BCHI��R!S!I#J#�$�$�%�%�%�%�&�& ) )S*T*�+�+y,z,�,�,�-�-�.�.//�0�0z2{2/565�6�6�7�7]:_:4<5<�?�? B B�C�C�E�E�H�H�H�H7J8J�J�J�K�K�K�K�L�L�L�L�M�M6N7NuNvN�N�N�N�N�N�N�N�NO O O O O O-O9O:O;O<O=OWOcOdOoOzO{OO�0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0��0���0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M� 0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M� 0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M�0�M� 0�M�0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���@0���@0���@0�� 0 eS~S,5fk �1�L�R~S-/01234}S. !�!���'��F T  ,!5!�$�$�$�$dO|OO-��)B�%�%�K�K�LM�M�MWOcOdOyOzO|OO��CONSEJO SUPERIOR JUDICATURA5C:\archivo jose\RESP.

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