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DEFINICI�N. SIMULACI�N DE CONTRATO DE COMPRAVENTA DTES: ALVARO H. AVENDA�O R. Y OTRO. DDOS: LUIS GILBERTO AVENDA�O R. y OTRA APELACION DE SENTENCIA 35-00-67 TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOTA SALA CIVIL Magistrado Ponente: LUIS ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Bogot�, trece de julio de dos mil cuatro. Proyecto discutido y aprobado en Sala de Decisi�n del 30 de junio de 2004, acta 25.
A decisi�n de la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante respecto de la sentencia que puso fin a la primera instancia, proferida por el Juzgado Treinta y Cinco Civil del Circuito de Bogot� el d�a 1 de abril del a�o en curso, dentro del presente proceso ordinario de simulaci�n instaurado por ALVARO HERNAN y JORGE ENRIQUE AVENDA�O RINCON contra LUIS GILBERTO AVENDA�O TERREROS y ARMIDA ALVIRA ZAMBRANO.
ANTECEDENTES Reclamaron los actores se declare judicialmente que es absolutamente simulado el contrato de compraventa que obra en la escritura p�blica 1210 del 24 de abril de 1996 por el que los demandados dijeron comprar el inmueble ubicado en la calle 46 sur, n�mero 24 A 71-, debidamente alindado en el hecho quince de la demanda. Present� como fundamentos de hecho de su petitum, los que la Sala procede a sintetizar as�: 1.
Los actores son herederos del se�or Luis Felipe Avenda�o, vendedor en el contrato atacado. 2. El vendedor es el abuelo de uno de los compradores, quien al momento de efectuarse la compraventa ten�a 86 a�os de edad y no gozaba de plena salud f�sica y mental. 3. Fallecido el vendedor en el a�o de 1999, los demandantes tuvieron conocimiento de la existencia del censurado negocio al pretender adelantar el proceso sucesoral de su finado padre. 4.
El vendedor ten�a una situaci�n econ�mica s�lida, por lo que no le era necesario vender el inmueble a tan bajo precio. 5. Se se�al� como fecha de la entrega del inmueble la misma de la celebraci�n de la promesa, con una incre�ble anticipaci�n de cuatro a�os, teniendo en cuenta el estado de enfermedad del vendedor. 6. A la muerte del vendedor este no ten�a dinero en efectivo ni tampoco en los bancos, lo que demuestra que no existi� el referido pago del precio por parte de los compradores.
A lo anterior agregaron que el valor comercial del inmueble era muy superior al declarado. Trabada la litis, los demandados contestaron los cargos privados y propusieron las excepciones de �Falta de causa o inter�s jur�dico para demandar� y �falta de personer�a para actuar�; transcurrida sin �xito la etapa de conciliaci�n, el proceso continu� su curso procediendo el decreto y pr�ctica de las pruebas pedidas por las partes; vencido el t�rmino probatorio ambas partes presentaron alegatos de conclusi�n de manera oportuna.
En su momento el Juzgado de conocimiento resolvi� el conflicto declarando el fracaso de las pretensiones izadas por la parte actora, rest�ndole valor al factor edad en el vendedor, fundado en que en el proceso se recibieron testimonios que demostraban el dominio de sus capacidades mentales; igualmente le reconoci� eficacia a la forma como se pag� el precio y a la publicidad que se le dio al contrato por parte del vendedor a los arrendatarios de parte del inmueble.
Inconforme con lo resuelto, el apoderado de los demandantes, cuestion� las contradicciones en que incurrieron los demandados en el interrogatorio de parte; la salud mental del vendedor; la forma como se pretendi� justificar el pago del precio; la falta de valoraci�n de algunos testimonios, por lo que solicit� la revocaci�n de la decisi�n impugnada.
CONSIDERACIONES: 1. En torno a la pretensi�n de declaraci�n de simulaci�n y dado que los sujetos de derecho en sus manifestaciones de voluntad pueden presentar ante propios y extra�os negocios fingidos como si fueran reales, distorsionando la expresi�n de autonom�a declarada con la que realmente circunda al negocio, priv�ndole los efectos �que le son propios a dicha declaraci�n -la visible-, pues si no existe negocio jur�dico y por ello se aparenta su existencia, lo que en realidad se persigue es que no se altere la situaci�n patrimonial a que el negocio se refiere, que permanezca tal cual se encontraba antes de la virtual celebraci�n del mismo, evento conocido en la jurisprudencia y la doctrina, de anta�o, con el nombre de simulaci�n absoluta; y, si se disfraza -o cobija- bajo la forma y sustrato propios de un negocio, otro diferente, entonces se configura la simulaci�n relativa, ya en cuanto a la naturaleza misma del contrato, ya respecto del contenido o de los sujetos intervinientes� (CSJ.
Sent. 183 de 2000), posibilidad legal que igualmente habilit� la procedencia del descubrimiento judicial del negocio realmente realizado. 2. En este sentido y dado que el negocio que se hace valer frente a la comunidad tiene la suficiente aptitud para afectar derechos de las partes simulantes y de terceros, la jurisprudencia patria, apoyada en el art�culo 1766 del C�digo Civil, desarroll� el instituto de la simulaci�n, otorg�ndoles la posibilidad de esgrimir la pretensi�n declarativa con el loable fin de que los afectados por el acto ostensible, �puedan desenmascarar tal anomal�a en defensa de sus intereses, y obtener el reconocimiento jurisdiccional de la realidad oculta, en pos de combatir el prenotado acuerdo simulatorio, de factura mentirosa o tramposa, tal y como lo tilda un importante sector de la doctrina patria y comparada�.
(Sent. Feb. 11 de 2000, exp. 5438). A este prop�sito y comprendiendo que los simulantes, para otorgarle el viso de realidad al negocio aparente act�an con un calculado sigilo, cuid�ndose de dejar huellas que pongan en descubierto el fingimiento presentado ante los dem�s, se abandon� el sistema tarifario que alguna vez se acept� respecto del fen�meno en comento, cuando los sujetos trenzados en el litigio fung�an como parte de �l, para que fuera el juez el que, de manera ponderada, y de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica, se formara su propia y libre convicci�n despu�s de analizar toda clase de medios probatorios con la teleolog�a de descorrer el velo de irrealidad que cubre la negociaci�n urdida por los enga�osos negociantes, advirti�ndose que la prueba de mayor usanza para estos fines es la indirecta, esto es, la indiciaria. 3.
De otra parte, el triunfo de la pretensi�n simulatoria invocada en un proceso exige siempre unos presupuestos, referidos a que quienes promueven la simulaci�n tengan un inter�s actual y leg�timo en su declaraci�n; la existencia de un contrato aparentemente eficaz y que se presume lo es y la comprobaci�n por parte del actor de que hubo un fingimiento total en ese contrato, pues las partes tienen el pacto secreto, frente al ostensible, de que no se celebr� negocio alguno. 3.1 Respecto del primer presupuesto, el del inter�s de los herederos en la remoci�n de los efectos del negocio simulado, no existe duda alguna en que estos tienen derecho a que se establezca cu�les son los bienes que constituyen el acervo partible y que a su vez conforman la herencia que se les ha deferido, entre los que necesariamente se deben incluir aquellos que salieron subrepticiamente, facultad de disposici�n que puede controvertirse mediante la acci�n de simulaci�n cuando, fingiendo un negocio, se acomoda un bien propio al margen, aparentemente, del haber sucesoral; punto sobre el que se ha afirmado que la acci�n por ellos ejercida �no la derivan de su causante, sino que emerge del perjuicio que para ellos representa el negocio simulado; es decir, que su inter�s nace de modo semejante al que surge para cualquier tercero, en cuanto ha de ten�rseles como titulares de una situaci�n jur�dica que en su contenido econ�mico resulta afectada en la medida en que se conserven las transferencias patrimoniales que tuvieron su causa en el negocio simulado�.
(Corte Suprema de Justicia, Sentencia Octubre 30 de 1998) En orden a establecer la presencia de este presupuesto sustancial, observa la Sala que de la documentaci�n anexa al libelo demandatorio se colige con meridiana claridad que los demandantes acreditaron su calidad de herederos lo que pone de presente su inter�s que los habilita para atacar el evocado contrato, pues la acci�n la ejercieron en esa condici�n de herederos. 3.2 No obstante el inter�s de los actores, observa la Sala que los cuestionamientos en los que se apoya el actor no tienen el suficiente valor demostrativo respecto de la reclamada simulaci�n, y por el contrario de la sistem�tica valoraci�n de la prueba recaudada no se logra concluir sobre la materialidad del acuerdo simulatorio; quedando en claro que la conexi�n entre los indicios es apenas aparente, equ�voco, la que no justifica la revocatoria de la decisi�n cuestionada, tal como se procede a analizar: A. De entrada se advierte la presencia de un defecto argumental que da al traste con la pretensi�n de declaraci�n de simulaci�n referido a la salud mental del vendedor simulante, pues si este no expres� de manera libre su consentimiento no es posible que judicialmente se declare que las partes del contrato atacado presentaran ante propios y extra�os una ficci�n de negocio de cara a una voluntad oculta que se pretende descifrar, toda vez que en sentido contrario, el acto simulatorio parte del supuesto de que las partes �obren bajo el rec�proco entendimiento de que no quieren el acto que aparecen celebrando, ni desde luego sus efectos, d�ndolo por inexistente.� (CSJ.
Sentencia de mayo 21 de 1969) (subrayado ajeno al original), de donde es dable concluir que para que exista simulaci�n debe igualmente preexistir el acuerdo simulatorio. Con esta orientaci�n debe recabarse que si el vendedor actu� con un consentimiento viciado y por tanto la expresi�n de voluntad existente en el negocio atacado no corresponde con lo que �l quiso hacer valer, no se estar�a en presencia de una simulaci�n, sino de un vicio del consentimiento o de una inocua reserva mental, etc.
B. En cuanto al otro hecho indiciario presentado, relacionado con el tiempo que precedi� a la extensi�n de la escritura p�blica de cara a la celebraci�n de la promesa y la avanzada edad del vendedor, este supuesto, rectamente entendido, no encarna un indicio desestabilizador de la negociaci�n, pues en caso de que aquel hubiera fallecido en el interregno, el negocio le ser�a oponible a sus continuadores jur�dicos, quienes, en l�nea de principio, estar�an obligados a cumplirlo en su nombre.
Por el contrario, la ausencia de af�n en la culminaci�n de la negociaci�n, puede calificarse como demostrativa de la realidad del negocio celebrado. C. Tampoco puede aceptarse como elemento contaminante de la real intenci�n de voluntad, la forma c�mo se pact� el precio y la modalidad de su pago; por el contrario si este se convino que ser�a satisfecho intermediando un plazo, elemental resulta concluir sobre la conveniencia de que se difiera la extensi�n de la escritura para cuando este se hubiere cancelado totalmente, previsi�n que en sentido adverso a lo que expresan los actores, apunta m�s a la realidad de la negociaci�n que a su falacia. D. En cuanto a la ausencia de veracidad sobre las personas que habitaban la casa objeto de negociaci�n, si �lvaro Hern�n ocupaba parte del inmueble, no constituye un hecho trascendental demostrativo de la simulaci�n; igual afirmaci�n se realiza sobre los testimonios que los actores denunciaron no fueron valorados por el juez de conocimiento pues las versiones de estos apuntan a hechos ocurridos con posterioridad a la negociaci�n que en nada desdicen de la realidad del negocio atacado.
En este orden y de aceptar el abandono y el maltrato que los compradores le dieron al octogenario vendedor en los �ltimos a�os de su vida, no se explica la Sala la raz�n por la que este no procur� deshacer el negocio en esa �poca o pedir la ayuda de sus sol�citos descendientes, quienes en su sentir, siempre estuvieron ajenos a esa negociaci�n hasta la muerte de su progenitor, no obstante el desliz en que, al efecto, incurri� �lvaro Hern�n en su interrogatorio de parte (fl. 88 cdno. 1).
E. Igualmente en el proceso qued� sin descubrir el m�vil de la simulaci�n absoluta que se reclama, modalidad para cuya estructuraci�n se exige que debajo de esa apariencia no exista otra expresi�n de voluntad, la cual no se justifica en un vendedor de edad tan avanzada, ante la ausencia de necesidad de presentar el bien por fuera de su patrimonio, a pesar de que �l contin�a siendo su propietario, elemento que si bien no es de rigurosa presencia en los negocios de esta estirpe, sin embargo la �causa simulando� es decir �el motivo, el prop�sito, la finalidad de las partes para encubrir o disimular el acto realmente querido�, se acepta �con toda l�gica, que la misma s� es un valioso instrumento para arrojar luz sobre lo que de manera cierta hubieren acordado las partes".(CSJ.
Sentencia del 12 de marzo de 1992). As� las cosas y dado que los indicios que informan al proceso se inclinan m�s por la demostraci�n de la realidad del negocio que por su apariencia, la decisi�n habr� de confirmarse, debi�ndose recordar que las inferencias indiciarias m�s que verdaderos elementos de prueba por percepci�n o por representaci�n son fuentes intelectuales de convicci�n que, por v�a del razonamiento l�gico, se deducen de determinados hechos que a cabalidad aparecen acreditados en el proceso� (Casaci�n civil de 5 de diciembre de 1975).
En armon�a con lo expuesto, la Sala Civil de Decisi�n del Tribunal Superior de Bogot�, Administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por Autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO. CONFIRMAR en su integridad la sentencia impugnada proferida por el Juzgado Treinta y Cinco Civil del Circuito de Bogot� el d�a 1 de abril de 2004.
SEGUNDO. Costas en esta instancia a cargo del apelante. T�sense. Notif�quese. LUIS ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado Ponente Rad. 11001310300419980107-02 GERM�N VALENZUELA VALBUENA Magistrado Rad. 11001310300419980107-02 RICARDO ZOP� M�NDEZ Magistrado Rad. 11001310300419980107-02 PAGE 2 PAGE 3 LRSG. 4-98-107-02 g���O�S`a���� �x;`K��ij��� �"�"�"1#E$F$�$�%D&E&S(Y(x(�*G1A5h6;7o8���������������žžŷŲ�������������Ł}�����>*aJ>*@���]�CJOJQJ^JmH sH \�aJ \�]�aJ]�aJ@���]�aJaJmH sH aJ@���aJ@���mH sH @���mH $sH $@���6�OJQJ\�]�^JOJQJ\�^JmH sH OJQJ\�^JOJQJ\�mH sH CJaJmH sH CJaJ1>?@ABg���������������������dh$dha$$dha$X$$If�F����� � �0�������6��������4� Fa� $$Ifa$$a$�:;�����!"#MNO����RS`a��� _ ` � ��������������������������dhdh$dha$$dha$� � <> ������wx_`��hj�"������������������������ $dh*$a$$dha$ $ �0�dh*$a$$dha$dh�"�"E$F$D&E&�)�)�*�*`-a-V/W/B1G12333h6i6p8q8999������������������������ $��dh*$`��a$dh$dha$ $dh*$a$o8p8q899"9$9�9�9�9:::E:a:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:;;;;�������������������Ǽ����Ǽ�Ĺ�OJQJQJ0JmHnHu0J j0JUCJaJ\�^JaJaJ6�mH $sH $CJOJQJ\�^JCJOJQJ\�^JmH sH 6�aJ$9"9#9$9�9�9�9::::::2:E:b:c:d:e:�:�:�:�:�:�:������������������������dh$dha$$dha$dhdh$dha$�:�:�:�:�:�:�:�:;;;;;;;;;�����������������h]�h����&`#$dh$dha$+ 0&Py��/ �"I!�� "��#��$��%��7�7 i@@��@Normal CJOJQJ_HaJmH sH tH J@JT�tulo 1$$d�@&a$OJQJaJmH sH B@BT�tulo 2$$d�@&a$aJmH $sH $DDT�tulo 3$���<@&5�CJ\�^JaJFA@���FFuente de p�rrafo predeter.nC�nSangr�a de t. independiente$��dh`��a$^JaJmH sH ZB@ZTexto independiente$d�a$OJQJaJmH sH bP@bTexto independiente 2$d�a$CJOJQJaJmH $sH $0)@�!0N�mero de p�ginaR @2R Pie de p�gina �C�"CJOJQJaJmH $sH $tSBtSangr�a 3 de t. independiente$��dh`��a$5�6�aJmH sH <R<Texto nota pieCJ\�aJ:&@�a:Ref. de nota al pieH*PQrPTexto independiente 3$dha$6�]�4�4 Encabezado ��8!7P����>?@ABg��������!"#MNO����RS`a���_`��<> � � ��� � wx_`��hj��E F D"E"�%�%�&�&`)a)V+W+B-G-2/3/h2i2p4q4555"5#5$5�5�5�566666626E6b6c6d6e6�6�6�6�6�6�6�6�6�6�6�67777777�0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���0���0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0�� 0�@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0�� 0,,/2o8;%�� �"9�:;
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