Micelio

AUTO — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 2011 - 00384

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Luís Roberto Suárez González

Fecha: 2013-03-14

Sujetos procesales: HUMBERTO DUARTE Y CIA / SEGUROS COLPATRIA S.A

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Acta 8. Bogot� D. C., catorce de marzo de dos mil trece. Se decide el recurso de apelaci�n interpuesto por el apoderado de la pasiva, contra el auto proferido el seis de febrero de dos mil doce, por el cual el Juzgado Veintid�s Civil del Circuito de esta ciudad declar� no probada la excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa por activa.

I.

ANTECEDENTES 1. Reclama la demandante que se declare que la Sociedad Seguros Colpatria S.A incumpli� el contrato de seguros contenido en la p�liza No. 8001068659 y que �sta se encuentra en mora de pagar el monto de la indemnizaci�n debida en virtud del contrato de seguro, para que, como consecuencia de ello, �sta sea condenada, como pretensi�n principal, al pago del lucro cesante correspondiente a la p�rdida econ�mica respecto de la inutilizaci�n del veh�culo de placa SPO 011, � subsidiariamente se le condene al pago de intereses de mora liquidados sobre el capital de $143.055.000 desde el 24 de abril de 2010.

Como fundamentos f�cticos de la acci�n se plante�, en apretada s�ntesis, que el demandante celebr� contrato de arrendamiento financiero con la sociedad Leasing del Valle, S.A cuyo objeto era el veh�culo de placa SPO011, que fue asegurado, a su vez, mediante convenci�n celebrada con Seguros Colpatria S.A, en la cual se amparaba el rodante por la p�rdida total por un valor m�ximo de $168.300.000.

Refiri� que el 24 de marzo de 2010 se present� la incineraci�n total del veh�culo objeto del arrendamiento financiero, lo cual acarre� la concreci�n del riesgo amparado por la perdida total, habida cuenta que los da�os irrogados al veh�culo superaron el 75% del valor asegurado, motivo por el cual present� la correspondiente reclamaci�n en la aseguradora siendo esta objetada por la demandada, a juicio del actor de forma extempor�nea, arguyendo que se hab�a violado la cl�usula de garant�a expresada en el numeral 3.1.1, sin tener en cuenta que Humberto Duarte y C�a. es un tercero de buena fe exenta de culpa, en el entendido de que obra como locatario del veh�culo antes referenciado mientras que el propietario del mismo es la Sociedad Leasing del Valle, quien no intervino en la expedici�n de la matr�cula del referido automotor.

Expuso finalmente que, aunque la p�liza del contrato de seguro fue expedida por Seguros Colpatria, �sta no especific� en la car�tula las condiciones generales que reg�an tal negocio, raz�n por la que deb�a atenerse a lo dispuesto en la reglamentaci�n fijada en la p�liza radicada en la Superintendencia Financiera para el seguro de autom�viles.

Notificada personalmente, la pasiva se opuso al �xito de las aspiraciones procesales formulando para el efecto la excepci�n previa de falta de legitimaci�n en la causa por activa. II. LA DECISI�N DEL A-QUO Al resolver la excepci�n previa formulada, el Juez de instancia, mediante auto del 13 de abril de 2012, la declar� infundada, arguyendo que el inter�s para demandar las prestaciones de la relaci�n aseguraticia no se desprend�a �nicamente de la calidad de beneficiario, y que, en todo caso, al momento resultaba apresurado tomar una decisi�n con respecto a la legitimaci�n de la actora habida cuenta de las especiales circunstancias del caso concreto.

III. IMPUGNACI�N Contra dicha decisi�n se alz� el apoderado de la pasiva reiterando que s�lo quien funge como beneficiario del contrato de seguro goza de legitimaci�n en la causa por activa para reclamar para si la indemnizaci�n derivada del contrato, y que, por lo tanto, no puede pasarse por alto que la sociedad demandante, aunque le asiste un l�gico inter�s asegurable en virtud del negocio jur�dico celebrado con Leasing del Valle S.A, no es a�n el propietario del veh�culo envuelto en el siniestro, raz�n que justifica, en su sentir, declarar probada la excepci�n previa de legitimaci�n en la causa propuesta.

CONSIDERACIONES 1. Sea lo primero relievar que con la expedici�n de la ley 1395 de 2010, se reform� la regulaci�n de las excepciones previas prevista en el inciso final del art�culo 97 del C�digo de Procedimiento Civil al punto que se puede alegar como previas excepciones de fondo como la falta de legitimaci�n en la causa, la cual, en caso de prosperar, ha de resolverse mediante sentencia anticipada y de fracasar por medio de auto.

A ese respecto, valga resaltar que, aun cuando nada se dijo con respecto a la naturaleza del prove�do que revoca el auto por medio del cual se declar� no probada la excepci�n previa propuesta, lo cierto es que, aun en el tr�mite de segunda instancia y no obstante que el a quo haya decidido por auto, debe fallarse mediante sentencia anticipada cuando se declaran probados los supuestos sobre los que se soporta el medio de excepci�n propuesto, pues la diferencia en punto de la naturaleza del prove�do no representa apenas una discusi�n sem�ntica o terminol�gica que denote un capricho infundado sobre la denominaci�n de la providencia, ya que, por el contrario, ello entra�a consecuencias de orden jur�dico que no pueden ser desconocidas por el juzgador sobre quien pesa el inaplazable deber de materializar derechos de linaje constitucional como el derecho de defensa, que inocultablemente se ver�a menguado por decidir a trav�s de auto lo que, por ley, debe ser resuelto mediante sentencia, la cual, eventualmente admitir�a casaci�n. 2.

En desarrollo de la previsi�n normativa citada, el demandado Seguros Colpatria, fund� su defensa en la ausencia de legitimaci�n en la causa por activa del demandante para reclamar como tomador - asegurado las prestaciones derivadas del contrato de seguro por los da�os sufridos por el bien sobre el cual se detentaba la tenencia en virtud del contrato de leasing celebrado con la Sociedad Leasing del Valle S.A, arguyendo, en ese sentido, que por el hecho de detentar esta �ltima la calidad de beneficiario del seguro es �sta y no otra quien puede accionar para reclamar de la aseguradora el desembolso de lo prometido a t�tulo de indemnizaci�n. 3.

Con el prop�sito de resolver la cuesti�n que se somete a consideraci�n del Tribunal, cumple decir, que la legitimaci�n en la causa consiste en la facultad o titularidad que le asiste a una determinada persona para exigir de otro el derecho o la cosa controvertida, por ser justamente quien debe responderle, no siendo por ello, en palabras de la Corte Suprema de Justicia, �una excepci�n sino que es uno de los requisitos necesarios e imprescindibles para que se pueda dictar providencia de m�rito, ora favorable al actor o bien desechando sus pedimentos� En tal virtud, por ser aquella una cuesti�n propia del derecho sustancial, su ausencia, por activa o por pasiva, conduce forzosamente a un fallo adverso a las pretensiones perseguidas en el libelo introductorio, situaci�n apenas l�gica ya que �si se reclama un derecho por quien no es su titular o frente a quien no es llamado a responder, debe negarse la pretensi�n del demandante en sentencia que tenga fuerza de cosa juzgada material, a fin de terminar definitivamente ese litigio, en lugar de dejar las puertas abiertas, mediante un fallo inhibitorio para que quien no es titular del derecho insista en reclamarlo indefinidamente, o para que si�ndolo lo reclame nuevamente de quien no es persona obligada, haci�ndose en esa forma nugatoria la funci�n jurisdiccional cuya caracter�stica m�s destacada es la de ser definitiva�. 4.

El contrato de leasing es un negocio jur�dico bilateral, sinalagm�tico, consensual, at�pico, oneroso, conmutativo, y de tracto sucesivo, por medio del cual una persona moral habilitada legalmente para la celebraci�n de este tipo de acuerdos se obliga para con otra a transferir la tenencia de un bien por un plazo determinado y bajo ciertas condiciones, a cambio de un precio ordinariamente pagadero por instalamentos que, a la vez de remunerar el uso de la cosa, tiene la virtualidad de amortizar la inversi�n realizada conteniendo un componente de capital adicional, con el fin de que, una vez cumplidos los t�rminos del negocio convenido, el arrendador financiero pueda ejercitar la opci�n de compra, pagando la suma convenida en el contrato para esos efectos, a fin de hacerse due�o de la cosa transferida en tenencia, para ejecutar sobre la misma todas las prerrogativas de uso, goce y disposici�n que acompa�an el dominio de los bienes.

Usual resulta que, como elemento accidental del contrato de leasing, se convenga la posibilidad de que sea el arrendatario quien contrate la celebraci�n de un seguro con el fin de amparar los riesgos que puedan derivarse de la responsabilidad civil frente a terceros, o de la afectaci�n total o parcial de la cosa cuya tenencia detenta el locatario, y que, aunado a ello se estipulen una serie de condiciones que propenden por garantizar que aun cuando se autorice la celebraci�n de la aseguranza por cuenta de otro, en todo caso, el patrimonio del arrendador �quien sin perjuicio de la peculiar naturaleza del contrato de arrendamiento financiero, funge como propietario hasta tanto no se haga uso de la opci�n de compra- permanezca indemne frente a los futuros avatares que puedan ocurrir durante la ejecuci�n del acuerdo, representativo de un perjuicio del que, por intermedio del seguro, quiere quedar a salvo.

As� las cosas, se abre paso la posibilidad de que a trav�s de un seguro de da�os, en el que son parte el asegurador y el tomador, se ampare el inter�s que un tercero detenta sobre la cosa, dejando a �ste como beneficiario, pues la reglamentaci�n legal del seguro prev� diversas formas de contrataci�n, en el entendido de que se puede tomar a nombre propio pero tambi�n por cuenta ajena -con o sin representaci�n-, cuando no coincide la figura del tomador � asegurado con la de beneficiario, en el que �el tomador es quien estipula con el asegurador y el beneficiario es quien, en su condici�n de titular del inter�s, porta el derecho a la percepci�n de la indemnizaci�n�, modalidades reguladas de manera expresa en la legislaci�n patria por los art�culos 1039 y siguientes, que habilitan su contrataci�n �por cuenta de un tercero, determinado o determinable�, el cual est� �destinado a cubrir, b�sica y, las m�s de las veces, prioritariamente, un inter�s asegurable �ajeno�, el inter�s de �un tercero� en la cosa asegurada o a la cual se hallan vinculados los �riesgos� del contrato.

En trat�ndose del seguro de da�os, entonces, tendr� legitimaci�n en la causa para demandar las prestaciones derivadas de la relaci�n aseguraticia, independientemente de si contrat� a nombre propio o por cuenta de otro, aquel que con ocasi�n de la concreci�n del riesgo asegurado sufra una merma patrimonial, una aminoraci�n econ�mica, un detrimento derivado de la afectaci�n que sufre el bien objeto de la aseguranza como resultado del acaecimiento de un hecho da�ino que le arrebata total o parcialmente, temporal o definitivamente, la posibilidad de servir para aquello que estuviera destinado, o simplemente, lo perturba en alguno de los elementos o caracter�sticas tenidos en cuenta para evaluar su justi-precio, sean estos funcionales o meramente ornamentales, pero integrantes del valor de la cosa en el mercado.

Tal es la condici�n del beneficiario quien al detentar una relaci�n jur�dica con la cosa y encontrarse dentro de su patrimonio, verbigratia, el derecho de dominio, es el llamado a reclamar, la mayor de las veces, excluyentemente y para s� mismo la indemnizaci�n cuando la condici�n futura se concreta, pues la afectaci�n del bien que ve s�bitamente disminuido su valor, redunda en detrimento del patrimonio al que el derecho pertenece.

En este estado de cosas, resulta pertinente precisar que si bien el art�culo 1083 del C�digo de Comercio se�ala que tiene inter�s asegurable toda persona cuyo patrimonio pueda resultar afectado directa o indirectamente por la realizaci�n de un riesgo, ello no quiere decir que todos los eventos y perjuicios que puedan derivarse de la concreci�n de un da�o queden cobijados bajo el amparo de un seguro, como si todo inter�s por ser asegurable, estuviera de suyo asegurado, y que, entonces, todo aquel que se juzgue con un inter�s abstracto en el que el siniestro no acaezca pueda, por ese solo hecho, demandar, pues la verdadera intelecci�n de la norma deja entrever que se trata de dotar a la regulaci�n del seguro de una amplitud que permita asegurar, si es del caso, diversos y muy variados intereses, incluso, el de personas respecto de las cuales la realizaci�n del riesgo solo llega a afectarlos indirectamente, es decir, la norma en cita permite estimar que existe inter�s asegurable, como uno de los elementos esenciales del negocio, a pesar de lo tangencial de la afrenta prevista, pues, y en ello debe ponerse particular acento, la legitimaci�n en la causa no proviene in situ de la norma sino de la titularidad de una relaci�n sustancial que es legada por el contrato que, disciplinando los intereses particulares en juego, dir�, en el momento oportuno, quien puede forzar la ejecuci�n de un comportamiento relevante para el negocio, de conformidad con las estipulaciones que, en concreto, se han consignado en el acuerdo.

Lo anterior, en trat�ndose del contrato de leasing, no quiere decir que se niegue a priori la existencia de un inter�s asegurable en cabeza del arrendatario pues, en sentido adverso, debe memorarse que esa relaci�n con la cosa puede generar, por su deterioro, destrucci�n, etc, un perjuicio para el locatario, el cual puede ser objeto de aseguranza, pues no en vano �desde la perspectiva propia del contrato de seguro, en una operaci�n de arrendamiento financiero pueden observarse diversos intereses en relaci�n con el bien entregado: de una parte el de la sociedad arrendadora, como titular del derecho real de dominio y, de otra, el del arrendatario como tenedor del bien obligado a su restituci�n.� �En ambos casos, el objeto de dicho inter�s es el mismo y la perdida eventual que puede sufrir el due�o del bien es correlativa al perjuicio que surgir�a para el arrendatario en el evento del siniestro dada su obligaci�n de restituir el bien, con lo cual se puede se�alar que el inter�s del arrendatario esta subsumido en el inter�s del titular del derecho de dominio, lo que no implica que haya identidad entre uno y otro y, por lo mismo, cada uno puede asegurar el bien por cuenta propia�.(subraya intencional) �Puede suceder igualmente, que el inter�s asegurable del arrendatario se encuentre protegido por el mismo contrato de seguro, en cuyo caso el arrendatario tambi�n asume el car�cter de asegurado, entendi�ndose que el seguro es por cuenta ajena y vale a favor del tomador hasta concurrencia de su inter�s, como lo establece el art�culo 1042 del C�digo de Comercio.

De esta manera a la ocurrencia del siniestro el arrendatario derivar� a su favor la extinci�n de su obligaci�n.�(Subraya intencional) Corolario de lo expuesto, debe se�alarse que la definici�n del inter�s asegurado es, en definitiva, una cuesti�n que demanda del juez una actividad proactiva de auscultaci�n, exploraci�n o reconocimiento, que debe partir de considerar que �el contrato de seguros debe ser interpretado en forma similar a las normas legales y sin perder de vista la finalidad que est� llamado a servir, esto es comprobando la voluntad objetiva que traducen la respectiva p�liza y los documentos que de ella hacen parte con arreglo a la ley (arts. 1048 a 1050 del C. de Co.), los intereses de la comunidad de asegurados y las exigencias t�cnicas de la industria; que, �en otras palabras, el contrato de seguro es de interpretaci�n restrictiva y por eso en su �mbito operativo, para determinar con exactitud los derechos y las obligaciones de los contratantes, predomina el texto de la que suele denominarse �escritura contentiva del contrato� en la medida en que, por definici�n, debe conceptu�rsela como expresi�n de un conjunto sistem�tico de condiciones generales y particulares que los jueces deben examinar con cuidado, especialmente en lo que tiene que ver con las cl�usulas atinentes a la extensi�n de los riesgos cubiertos en cada caso y su delimitaci�n, evitando favorecer soluciones en m�rito de las cuales la compa��a aseguradora termine eludiendo su responsabilidad al amparo de cl�usulas confusas que de estar al criterio de buena fe podr�an recibir una inteligencia que en equidad consulte mejor los intereses del asegurado, o lo que es todav�a m�s grave, dejando sin funci�n el contrato a pesar de las caracter�sticas propias del tipo de seguro que constituye su objeto, fines �stos para cuyo logro desde luego habr�n de prestar su concurso las normas legales, pero siempre partiendo del supuesto, valga insistir, de que aqu� no son de recibo interpretaciones que impliquen el r�gido apego literal a estipulaciones consideradas aisladamente y, por ende, sin detenerse en armonizarlas con el esp�ritu general que le infunde su raz�n de ser a todo el contexto contractual del que tales estipulaciones son parte integrante�; agreg�ndose que �En armon�a tambi�n con las orientaciones generales ofrecidas en el numeral anterior, la Corte ha deducido como requisito ineludible para la plena eficacia de cualquier p�liza de seguros, la individualizaci�n de los riesgos que el asegurador toma sobre s� (CLVIII, p�g. 176), y ha extra�do, con soporte en el art�culo 1056 del C�digo de Comercio, la vigencia en nuestro ordenamiento �de un principio com�n aplicable a toda clase de seguros de da�os y de personas, en virtud del cual se otorga al asegurador la facultad de asumir, a su arbitrio pero teniendo en cuenta las restricciones legales, todos o algunos de los riesgos a que est�n expuestos el inter�s o la cosa asegurados, el patrimonio o la persona del asegurado�. 5.

En la situaci�n que se juzga, el demandado alega que del demandante no se puede predicar la presencia de la legitimatio que se comenta, en tanto que �ste no funge como beneficiario dentro del contrato de seguro ni es propietario en raz�n del contrato de leasing celebrado, argumentaci�n que fue desestimada por el se�or juez de instancia, quien afirm� que no puede, prima facie, descartarse de plano, sin mayor consideraci�n, la legitimaci�n en la causa para demandar, al menos parcialmente, la indemnizaci�n generada por la incineraci�n del bien materia de leasing, decisi�n cuestionada por el recurrente, que habr� de ser revocada de acuerdo con las siguientes reflexiones.

Dentro de las estipulaciones contenidas en el contrato de arrendamiento financiero celebrado por las sociedades Leasing del Valle S.A y Humberto Duarte y Cia S. en C, se convino, en la cl�usula d�cimo tercera, la opci�n para que sea el locatario directamente quien contrate los seguros previstos en el clausulado del negocio, se�alando como condiciones de ello que i) Se celebre el contrato con una compa��a de seguros debidamente autorizada por la Superintendencia Bancaria de Colombia y previamente aceptada por Leasing del Valle. ii) ampare el bien y su funcionamiento contra todo riesgo de p�rdida y da�os imputables a actos del hombre o de la naturaleza y a los riesgos de responsabilidad civil durante la vigencia del contrato y hasta el ejercicio de la opci�n de compra. iii) que el �nico beneficiario de los seguros sea LEASING DEL VALLE.

De ello se desgaja que el inter�s asegurado, in casu, y sin desconocer que pueda detentarse de parte del demandante �arrendatario leasing- inter�s asegurable, emerge de quien funge como beneficiario dentro de la p�liza allegada como prueba del negocio base de reclamaci�n, y no s�lo porque salga a relucir del texto insertado all�, sino porque del contrato de leasing, que finalmente es el que impone la carga de asegurar el objeto de arrendamiento, resalta con refulgente claridad que la intenci�n de las partes era asegurar el inter�s que detentaba el arrendador de la cosa, como propietario, en que la misma no sufriera menoscabo como consecuencia de un siniestro mientras estuviera vigente el negocio jur�dico celebrado, esto es, hasta que se hiciera uso de la opci�n de compra � esta se rehusara, o terminara por cualquier otra causa, lo cual pone de manifiesto, como se dijo, que lo asegurado no es un inter�s in abstracto sino uno particular, concreto y determinado, que es, se itera, el del arrendador que procuraba proteger su patrimonio mientras estuviera vigente el arrendamiento y, en pendencia, la transferencia de la propiedad, la cual, adicionalmente, y de conformidad con los hechos de la demanda, no ha llegado a concretarse.

En efecto, t�ngase en cuenta que algunas de las diversas estipulaciones contenidas en el contrato de leasing, refieren directamente a las cargas impuestas al locatario en derredor de la aseguranza, exigencias que adquieren sentido en un contexto en el que se parta de considerar que es el arrendador quien tiene un inequ�voco inter�s en proteger su patrimonio y no el de otro, pues nada distinto puede inferirse de haber supeditado la continuaci�n del contrato de arrendamiento a la oportuna acreditaci�n del pago de la prima, de haber exigido la expedici�n de un certificado en que se exprese que Leasing del Valle es la primera y �nica beneficiaria de los seguros, comprometiendo a la aseguradora a notificar por escrito cualquier modificaci�n en el contrato as� como en su vigencia, valor y amparos, cl�usulas todas estas que, como se ve, tienen por cometido asegurar a la sociedad leasing cierto control sobre un contrato, en el que no es parte, pero que le interesa en grado sumo, en tanto y en cuanto, su tranquilidad, el cimiento de su posici�n dentro del arrendamiento, su estabilidad y eventualmente su patrimonio, se ver�an comprometidos de verse frustrado un negocio en el que al insertarlo como beneficiario se tutela el inter�s l�cito en que la cosa, de la cual es propietario, no se vea afectada, y que, cuando ello suceda, tenga la posibilidad de acceder prioritariamente a la indemnizaci�n. Por ello, ha de se�alarse que, en l�nea de principio, no puede el arrendatario, en casos como el que ocupa la atenci�n del Tribunal, demandar para s� una indemnizaci�n concebida con el prop�sito de amparar el inter�s del arrendador mientras se hace uso o no, de la opci�n de compra, pues, se itera, la teleolog�a de los negocios celebrados llevan indubitadamente a colegir, que el motivo de la celebraci�n del seguro no es otro que el de reforzar la posici�n del arrendador en el leasing, asegur�ndolo contra sucesos inciertos que escapan a su control, al margen de que pueda arg�irse que el pago a la arrendadora, por rebote, beneficia al locatario, pero ello no lo habilita a demandar en su favor las prestaciones derivadas de un seguro de da�os celebrado bajo esas condiciones. 6.

Por �ltimo, valga resaltar, como se ha sostenido a lo largo de esta providencia, que si el locatario de la cosa entregada en virtud del contrato de arrendamiento financiero detentaba un inter�s concreto, leg�timo e incluso convergente con el del arrendador en la conservaci�n e indemnidad de la cosa, debi� pactarse expresamente la aseguranza en ese sentido, ora directamente, o bien por un tercero a su favor, tal y como se hizo en beneficio del propietario, pues, aunque pueda arg�irse que sobre el mismo bien, al mismo tiempo y sobre el mismo hecho, ten�an ambos inter�s, lo cierto es que �ste no es coincidente, ni se superpone en una identidad que permita reclamar indistintamente la prestaci�n para uno o para el otro, pues as� como no se podr�a negar que ambas partes del contrato tienen inter�s en que la cosa no se pierda, tampoco se puede aseverar, sin temor a equivocarse, que la ventaja asegurada es la misma para el arrendador o el arrendatario, habida cuenta que del contraste que existe en las relaciones con el rodante indubidamente emergen intereses simult�neos, pero, se insiste, no necesariamente coincidentes.

Ahora bien, si se juzgare que el �nimo del arrendatario-demandante se dirig�a a amparar las secuelas que la extinci�n o p�rdida de la cosa tuviera en su contra en virtud de las obligaciones derivadas del contrato de locaci�n, lo cierto es que no puede exigir en su favor la indemnizaci�n desconociendo el derecho del beneficiario, pues tales prerrogativas no se infieren de la p�liza ni de la operaci�n econ�mica, en la que qued� en claro que el inter�s asegurado pertenec�a excluyentemente al beneficiario.

En efecto, en este sentido no puede perderse de vista que a ra�z de las estipulaciones contenidas en el contrato de leasing, �ste feneci� como consecuencia de la destrucci�n de la cosa objeto del arrendamiento, lo que habilita la consideraci�n de que, fulminada la relaci�n contractual de la que derivaba la tenencia de la cosa, su inter�s, como otrora locatario, se concentra en procurar la extinci�n de las obligaciones pendientes, para lo cual, puede tener inter�s en que se pague el seguro, pero, se insiste, no con destino a su patrimonio particular, sino al del beneficiario, pretensi�n esta que en el sub judice, no se hizo valer en esa direcci�n. De acuerdo con lo expuesto, la Sala Civil del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogot� D. C., RESUELVE:

PRIMERO: REVOCAR el auto proferido el trece de abril de dos mil doce, por el Juzgado Veintid�s Civil del Circuito de Bogot�.

SEGUNDO: DECLARAR PROBADA la excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa alegada por la demandada Seguros Colpatria.

TERCERO: DECLARAR terminado el presente proceso como consecuencia de la prosperidad de la excepci�n previa de falta de legitimaci�n en la causa.

CUARTO: CONDENAR en costas en ambas instancias al demandante a favor de Seguros Colpatria S.A. T�sense. El Magistrado Sustanciador fija como agencias en derecho, para este grado la cantidad de $1.000.000. Notif�quese. LU�S ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado Sustanciador Rad. 1100013103022201100384 - 01 ANA LUCIA PULGAR�N DELGADO Magistrada Rad. 1100013103022201100384 - 01 HILDA GONZ�LEZ NEIRA Magistrada.

En permiso. Rad. 1100013103022201100384 - 01 2. Primeramente ha de se�alarse que el contrato de leasing es un negocio jur�dico bilateral, sinalagm�tico, consensual, at�pico, oneroso, conmutativo, y de tracto sucesivo, por medio del cual una persona moral habilitada legalmente para la celebraci�n de este tipo de acuerdos se obliga para con otra a transferir la tenencia de un bien por un plazo determinado y bajo ciertas condiciones, a cambio de un precio ordinariamente pagadero por instalamentos que, a la vez de remunerar el uso de la cosa, se encuentra afectado a amortizar la inversi�n realizada conteniendo un componente de capital adicional, con el fin de que, una vez cumplido los t�rminos del negocio convenido, el arrendador financiero pueda optar por la opci�n de compra, pagando la suma convenida en el contrato para esos efectos, a fin de hacerse due�o de la cosa transferida en tenencia, para ejecutar sobre la misma todos las prerrogativas de uso, goce y disposici�n que acompa�an el dominio de los bienes.

En ese estado de las cosas resulta inocultable que quien detenta la tenencia de la cosa funge como titular de un inter�s cierto y leg�timo en que �sta no sea vea afectada total o parcialmente por da�os imputables a terceros, habida cuenta de la ventaja que representa para el arrendador el uso del bien entregado en arriendo, m�xime cuando el mismo se utiliza en actividades econ�micas de las cuales se espera reporten un beneficio expresado en ganancias tangibles que dejan de recibirse por la sustracci�n, temporal o definitiva, del bien de la operaci�n productiva a la que se encuentra destinado.

Ello adquiere un especial tamiz cuando se tiene en cuenta, adicionalmente, que la funci�n que mide el respaldo de la finalidad buscada por las partes en el contrato de leasing no es otra que la de financiar, mientras se provee al contratante del uso de la cosa, la adquisici�n de la misma, raz�n por la cual en la determinaci�n del inter�s no puede perderse de vista que el objetivo final del contrato, si todo se ejecuta de conformidad con lo estipulado, es depositar en cabeza del arrendatario el derecho de propiedad del bien sobre el cual se detenta en principio una tenencia, que as� concebida, resulta apenas temporal e instrumental en el cometido de adquirir el dominio. 3.

Desde otra perspectiva, el art�culo 1037 del C�digo de Comercio, expresa que en el contrato de seguro fungen como partes el asegurador y el tomador quien, al mismo tiempo puede detentar las condiciones de asegurado y beneficiario, sin embargo esas calidades -as� mismo reconoce la ley-, pueden radicarse en diferentes personas. 3.1. As� mismo, la reglamentaci�n legal prev� diversas formas de contrataci�n de la aseguranza, pues se puede tomar a nombre propio pero tambi�n por cuenta ajena, -con o sin representaci�n- cuando no coincide la figura del tomador � asegurado con la de beneficiario, en el que �el tomador es quien estipula con el asegurador y el beneficiario es quien, en su condici�n de titular del inter�s, porta el derecho a la percepci�n de la indemnizaci�n�, modalidades reguladas de manera expresa en la legislaci�n patria por los art�culos 1039 y siguientes, que habilitan su contrataci�n �por cuenta de un tercero, determinado o determinable�, el cual est� �destinado a cubrir, b�sica y, las m�s de las veces, prioritariamente, un inter�s asegurable �ajeno�, el inter�s de �un tercero� en la cosa asegurada o a la cual se hallan vinculados los �riesgos� del contrato. 3.2.

Igualmente, de revisar la p�liza base del llamado se desgaja que con �l se pretende amparar la responsabilidad extracontractual del asegurado y al veh�culo mismo por p�rdida total y parcial por da�os y hurto, pluralidad de intereses asegurables �con pleno respaldo en el art�culo 1056 comercial-, que se inscriben tanto en el marco de un seguro de responsabilidad civil �la del asegurado-, como tambi�n en uno de car�cter real con el que se ampara la cosa; por aquel la obligaci�n del asegurador recae sobre la indemnizaci�n de los perjuicios patrimoniales que cause el asegurado a las v�ctimas, mientras que en el seguro real su beneficiario lo ser� el titular del inter�s asegurado en raz�n a que su patrimonio es el que est� expuesto a la afectaci�n potencial, cuyos efectos nocivos se pretenden amparar. 4.

En la situaci�n que se juzga, el demandado alega que del demandante no se puede predicar la presencia de la legitimatio que se comenta, en tanto que �ste no funge como beneficiario dentro del contrato de seguro ni es propietario en raz�n del contrato de leasing celebrado, argumentaci�n que fue desestimada por el se�or juez de instancia, quien afirm� que no puede prima facie descartarse de plano, sin mayor consideraci�n, la legitimaci�n en la causa para demandar, al menos parcialmente, la indemnizaci�n generada por la incineraci�n del bien materia de leasing, decisi�n cuestionada por el recurrente, que habr� de ser confirmada de acuerdo con las siguientes reflexiones. 4.1.

De entrada comporta recordar que no existe duda alguna en torno a que demandante es parte en el contrato de seguro que le sirvi� de puntal para demandar; tampoco es objeto de cuestionamiento que esa aseguranza tiene dentro de sus amparos la p�rdida total por da�o parcial o total y que, adem�s, en el contrato de leasing el actor se comprometi� a que el veh�culo objeto de locaci�n estuviere asegurado.

As� las cosas importa memorar, que en casos semejantes al de ahora en �que se debate la legitimaci�n para demandar las prestaciones del contrato de seguro de da�os, cuando el beneficiario y el asegurado son personas distintas� la Corte Suprema de Justicia �ha se�alado c�mo no resulta extra�o en la pr�ctica �que el tomador contrate un seguro no por cuenta propia (art. 1040 C. de Co.), caso en el cual �sin confundirse o desaparecer- converger�an en �l, como m�nimo, dicha calidad y la de asegurado, sino que lo haga por cuenta ajena, hip�tesis �igualmente v�lida- que presupone que es un tercero quien tiene �de manera prevalente, prioritaria o principal- inter�s asegurable (nral. 2 art. 1037 C. de Co.), sin que por ello, per se, se excluya de ra�z el propio, salvo que medie pacto o estipulaci�n en contrario, seg�n lo impera expresamente el art�culo 1042 del C�digo de Comercio�.

De este modo es de destacar que en casos como el que ocupa la atenci�n del Tribunal en los que el demandante no funge como beneficiario del contrato de seguro se impone dilucidar cu�l es el inter�s que respaldan los reclamos elevados por �l de forma que se pueda determinar, con base en las estipulaciones del contrato, si existe o no derecho a la indemnizaci�n y, en caso positivo, precisar, de conformidad con el inter�s comprobado, hasta d�nde asciende el derecho que lo asiste para demandar, sin que por la mera condici�n de asegurado-tomador, pueda entenderse fulminada la posibilidad de exigir las prestaciones de la aseguranza, habida cuenta que, como se dijo, el inter�s del tomador puede confluir con el del beneficiario, sin excluirse.

Entonces, descendiendo al caso sub examine, recalca esta Corporaci�n que cuando en virtud de una operaci�n econ�mica como la imbuida en el contrato de leasing, el arrendatario contrata como tomador y asegurado el amparo de los riesgos derivados de la responsabilidad civil extracontractual, incluyendo la p�rdida total o parcial por da�o o hurto del bien asegurado, aunque el beneficiario sea la sociedad arrendadora, aqu�l detenta un inter�s asegurable propio, cierto, leg�timo y convergente con el del propietario, habida cuenta que, en �ltimas toda afectaci�n del bien que le arrebate temporal o definitivamente el uso de un bien que detenta con miras a hacerse al dominio del mismo lo afecta en modo tal que nada emerger�a contundente para negar a priori que le asista legitimaci�n en la causa para demandar, el cubrimiento de los riesgos amparados, en l�nea de principio, por v�a de la relaci�n aseguraticia. De conformidad con lo anterior fluye, adem�s, que para resolver el tema de la legitimaci�n en la causa no es acertado recurrir, exclusivamente, a la calidad de beneficiario o tomador dentro del contrato de seguro pues, como ya se explic�, esta legitimaci�n se dirime con el descubrimiento de un inter�s patrimonial protegido, que en el contradictorio, si bien no se puede desconocer, no est� probado de manera coruscante, lo cual obliga a su posterior estudio en la sentencia, en tanto que esa falencia demostrativa obedece al recorte que en materia probatoria impuso el legislador en el tr�mite de las excepciones previas, razones que justifican la confirmaci�n del auto recurrido.  Corte Suprema de Justicia. Abril 23 de 2007.

Exp. 1999-00125-01  Corte Suprema de Justicia. Junio 3 de 1997, CXXXVIII, p�gs. 364 y siguiente. Sentencia citada en el expediente No. 7804 de junio 21 de 2005.  Stiglitz Rub�n. Derecho de Seguros. P�gina 145.  Numeral 2, capitulo 3, titulo 3, de la circular externa 007 de 1996, b�sica jur�dica, Superintendencia Financiera.  CSJ. Sentencia S-089 del 24 de mayo de 2005.  Stiglitz Rub�n. Derecho de Seguros.

P�gina 145.  Corte Suprema de Justicia, Sentencia del 16 de mayo de 2008. Expediente: 06332-01.  CPC. Art�culo 98.     PAGE  PAGE 14 LRSG 2011 - 384   678CXYstu�����������˿��˿������m\mKm!h)&5�@�CJ^JaJmH $sH $!h �5�@�CJ^JaJmHsH'hH+Eh �5�@�CJ^JaJmHsH#hH+Eh �5�CJOJQJ^JaJ hH+Eh �CJOJQJ^JaJh�xVh �CJOJQJ^Jh#/�CJOJQJ^Jh�R`CJOJQJ^Jh�xVh�xVCJOJQJ^Jh�xVh �CJ^Jh�R`CJ^Jh�xVh�xVCJ^Jh�D�CJ^J8Ytu�����B C t u � � � �  �������������������� $dha$gd�p\$a$gd;5n  ��*$1$gd �dhgd � $dha$gd � $dha$gd �$a$gd �$a$gd ���% A B C L M P Q s u � � � � � � � � � � � ���ǹ������yiYiyIiIiI9h�t�@���CJOJQJ^JaJh#/�@���CJOJQJ^JaJh�>�@���CJOJQJ^JaJh �@���CJOJQJ^JaJ$hH+Eh �@���CJOJQJ^JaJh�l3CJOJQJ^JaJh� nCJOJQJ^JaJ hH+Eh �CJOJQJ^JaJh �CJOJQJ^JaJ h� �h;5nh;5nCJOJQJ^JaJ h| �h;5nCJOJQJ^JaJ$hH+Eh �@�CJ^JaJmHsH�  B � � � � � � � � % � � � � � � � � 5 G q   ����������r�dVdVdVdVdVdVHh'ECJOJQJ^JaJh�oCJOJQJ^JaJh�r)CJOJQJ^JaJh0v CJOJQJ^JaJh �CJOJQJ^JaJh3X�5�CJOJQJ^JaJ#h�V�h �5�CJOJQJ^JaJ#h�V�h�>�5�CJOJQJ^JaJh�>�CJOJQJ^JaJh�b�CJOJQJ^JaJh�b�@���CJOJQJ^JaJ$hH+Eh �@���CJOJQJ^JaJ  ����2345������678��������������������dhgd�s� $dha$gd � 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