Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 11001 3103 001 2015 00851 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Oscar Fernando Yaya Peña

Fecha: 2017-02-15

Sujetos procesales: GLORIA PATRICIA, FABIO Y GUSTAVO ANDRÉS CAÑÓN MEDINA, MYRIAM ESPERANZA SALAZAR DE CAÑÓN Y CARLOS JULIO CAÑÓN SÁNCHEZ / IGLESIA CRUZADA CRISTIANA

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ANTECEDENTES

1. LA DEMANDA (SUBSANADA). Pidieron los libelistas que se declare que su contraparte es civil y extracontractualmente responsable �de los perjuicios patrimoniales ocasionados con la construcci�n de la obra colindante al edificio de propiedad de los demandantes (con matr�cula No. 50C-420034)� y que, en consecuencia, se le condene a pagar, �a t�tulo de da�o emergente, la suma de 800 salarios m�nimos, legales, mensuales vigentes (que equivalen a $515�480.000)�.

Relataron los actores que �el 8 de junio de 2009, el Curador Urbano No. 3 concedi� (a la demandada) licencia de construcci�n para obra nueva y demolici�n total respecto del predio ubicado en la carrera 15 No. 70 A � 69/83 (�), incluyendo en dicho proyecto tres inmuebles que fueron englobados para tal fin�; que �con la obra adelantada por la Iglesia Cristiana, se produjeron graves da�os en la estructura del bien colindante de propiedad de los demandantes, afectaci�n que no se detiene ya que el edificio, a�n hoy en d�a, contin�a inclin�ndose� y que �han requerido el reconocimiento de los perjuicios en forma directa y extrajudicial, pero ante las propuestas tan irrisorias y alejadas de lo solicitado, no se ha llegado a ning�n acuerdo sobre los da�os causados que siguen repercutiendo en la estructura de la edificaci�n de los demandantes�. 2.

LA OPOSICI�N. Adem�s de objetar el juramento estimatorio que se efectu� en la demanda, la opositora excepcion� �inexistencia de la obligaci�n�; �cobro de lo no debido�; �culpa exclusiva de los demandantes�; �falta de comprobaci�n de los perjuicios ocasionados� y �prescripci�n�.

3. EL FALLO APELADO. El juez a quo deneg� las pretensiones y conden� a los demandantes a asumir las costas del proceso, y la sanci�n que, para el caso de un juramento estimatorio infundado, contempla el art�culo 206 del C. G. del P. Sin embargo, tambi�n conden� a la demandada a pagar a los actores la suma de $10�000.000, en consideraci�n a que dicha litigante �reconoci� desde el principio del proceso que caus� da�os hasta por esa suma, por cuestiones est�ticas, da�os menores en cuanto a mamposter�a y fisuras del edificio�.

Para denegar las pretensiones, sostuvo el aludido juzgador que �aqu� si se demostr� que los demandantes han sufrido una afectaci�n de su propiedad, en tanto que las mediciones que hizo el top�grafo Lemus, evidencian que efectivamente se est� produciendo un hundimiento del edificio�; que �si bien la demandada ha tratado de poner en tela de juicio la labor que desempe�� el se�or Lemus, hay que tener en cuenta que si es cierto que no se demostr� que los equipos por el utilizados estuvieran calibrados, tampoco est� demostrado que no lo estuvieran�; que �as� tambi�n lo concluy� el ingeniero Tamasco, quien, aunque dijo que actualmente el edificio de los demandantes no presenta fallas estructurales, reconoci� que en el futuro, a largo plazo, si las presentar�; que �esa afectaci�n no se trata de una cuesti�n menor o de simple mamposter�a, o de las grietas por las que la demandada reconoci� en su momento deber $10�000.000.

Agreg� que, pese a todo lo anterior, �no se reconocer�n las pretensiones, porque no se prob� el da�o; en la demanda los actores se limitaron a se�alar que se caus� perjuicios por valor de $ 515�480.000, pero no hay una sola prueba que permita establecer que esos perjuicios valen esa suma de dinero, y los da�os no se pueden presumir�; que �la parte demandante se�al� que hay una culpa y un nexo causal derivada del ejercicio de la actividad peligrosa de construcci�n, pero hay que tener en cuenta que tambi�n los demandantes desarrollaron una actividad peligrosa cuando construyeron su edificio, por lo que eso queda neutralizado, pero aun as�, aqu� si se puede establecer que hubo fallas en la construcci�n de la iglesia Cristiana, y tambi�n se puede dar por demostrado el nexo causal, pero no el da�o, porque realmente no hay ni una sola prueba a esos respectos (�), sin que tampoco pueda usarse para esos efectos solamente el juramento estimatorio, porque all� ni siquiera se detall� de d�nde sacaban los demandantes la cifra que se reclam� como perjuicios�. 4.

LA APELACI�N. La parte actora aleg� que �el despacho sostiene que se verific� una concurrencia de culpas entre demandantes y demandada, pero en el tema de las actividades peligrosas, como lo es la construcci�n, existe una responsabilidad objetiva, en la que, habi�ndose demostrado el da�o y el nexo causal, la contraparte debe desvirtuar su culpa y con las pruebas aqu� practicadas se demostr� que la demandada no cumpli� con las especificaciones t�cnicas requeridas para un edificio de esa dimensi�n�; que �no se demostr� que la demandada hubiera actuado con diligencia (�) que es lo que llev� y sigue llevando a los da�os que se est�n presentando actualmente en el edificio de los se�ores Ca��n�.

A�adi� que, �en cuanto a la condena de los $10�000.000, es importante precisar que la misma fue un ofrecimiento hecho a trav�s de un proceso de pago por consignaci�n que se promovi� hace ya bastante tiempo, es decir que ese valor no est� actualizado�; que �si bien no existe aqu� un dictamen ver�dico que constante que no hay da�os en las estructuras, era a la demandada a quien correspond�a desvirtuar la culpa presunta� y que �la cuant�a o el quantum del proceso se fund� en varios documentos aportados incluido el aval�o comercial del inmueble de los demandantes (�) y a esto se le aplic� el resultado del informe estructural y topogr�fico de asentamiento, aspecto negativo que ha vulnerado y devaluado el valor integral del bien, en raz�n a la afectaci�n vecina colindante de la pasiva�.

CONSIDERACIONES 1. Verificada la ausencia de irregularidades que impidan proferir decisi�n de fondo, anuncia la Sala que, salvo lo atinente a la sanci�n que se le impuso a los demandantes con fundamento en el art�culo 206 del C. G. del P., se confirmar� el fallo apelado, por no encontrar de recibo ninguno de los argumentos que esbozaron los recurrentes como sustento de su apelaci�n, que son los �nicos asuntos sobre los que el Tribunal se puede pronunciar en esta oportunidad (art. 320 y 328, C. G del P.).

Por virtud de esa misma normatividad, y salvo algunas precisiones que adelante se efectuar�n, la Sala no emitir� mayores pronunciamientos en punto a la legalidad de la condena que el juez a quo le impuso a la demandada, pues dicha litigante no apel� el fallo de primera instancia, s�lo lo hizo su contraparte. 2. Tambi�n el Tribunal anticipa que las alegaciones que formularon los recurrentes, con miras a poner en evidencia la �negligencia� en que habr�a incurrido su contraparte, o la �presunci�n de culpa� que sobre ella recaer�a por haber construido la edificaci�n que colinda con su propiedad, carecen del vigor requerido para enervar los fundamentos principales de la sentencia de primera instancia. En ese fallo, se desestim� la demanda, en �ltimas, porque la parte actora no demostr�, como a ella correspond�a, la existencia y extensi�n de los perjuicios, vale decir, seg�n el libelo incoativo de este proceso, los graves �da�os estructurales� que se habr�an ocasionado en el inmueble de los hoy recurrentes. 3.

Frente a este espec�fico asunto, los demandantes �nicamente reprocharon (i) que, por tratarse (la construcci�n de inmuebles) de una actividad peligrosa, era a la demandada a quien correspond�a desvirtuar que los da�os causados sobre el predio de los hoy apelantes, no era de naturaleza estructural y (ii) que, en todo caso, la existencia y extensi�n del perjuicio s� deb�a tenerse por probada a partir de los dos dict�menes periciales que ellos allegaron con su libelo incoativo: uno concerniente al �aval�o comercial� del edificio de su propiedad (fls. 19 a 51) y el otro atinente al �informe estructural y control topogr�fico de asentamientos� de ese mismo inmueble, documentos que, seg�n los recurrentes, demuestran la depreciaci�n del predio, a causa de la construcci�n del edificio de la opositora.

Sin embargo, ninguna de esas afirmaciones la encuentra de recibo el Tribunal, por las siguientes razones. 3.1 As� se asumiera que le asiste raz�n a los apelantes en cuanto sostuvieron que en este litigio era factible aplicar, en contra de la parte opositora, el r�gimen de responsabilidad por actividades peligrosas, ni siquiera en ese escenario los demandantes hubieran quedado eximidos de demostrar la causaci�n (y la cuant�a) del perjuicio, cuya indemnizaci�n reclamaron en su libelo incoativo.

Ciertamente, en todos los sub-reg�menes de responsabilidad civil en los que, por distintos factores sociales, la jurisprudencia ha puesto un especial empe�o en proteger a un espec�fico sector de la poblaci�n (entre ellos, el de las actividades peligrosas), lo que se modifica para ofrecer condiciones m�s favorables a ese grupo que se considera vulnerable, es el factor de imputaci�n (objetivo o subjetivo) y, con la alteraci�n de ese �presupuesto�, de lo �nico que se podr�a entender eximido de probar el demandante, sea porque se presume, o porque resulta irrelevante, es de la culpa de su contraparte (pues s�lo para la configuraci�n �que no la extensi�n- de ese requisito es que la conducta del demandado resulta trascendente), pero no el �perjuicio�, elemento que, salvo lo que sucede con el r�gimen de intereses en materia de obligaciones pecuniarias (num. 2�, art. 1617, C. Civil), no se presume y, por lo tanto, se ha de abordar a partir de las reglas probatorias generales que previ� el legislador, entre ellas, la prevista en el otrora vigente art�culo 177 del C. de P. C., por cuya conformidad, �incumbe a las partes probar el supuesto de hecho de las normas que consagran el efecto jur�dico que ellas persiguen�. 3.2 Tampoco les asiste raz�n a los recurrentes en cuanto pidieron tener demostrado la existencia y extensi�n de los da�os materia del reclamo, a partir de las dos �experticias� que se allegaron con la demanda. a. V�ase, de un lado, que en el �aval�o comercial� que efectu� Jos� Germ�n Garz�n Vanegas, no se vislumbra ninguna referencia a la �depreciaci�n� a que aludieron los recurrentes, a cuyo inmueble (de 589.64 mts2) all� se le asign� un precio comercial de $2.193�191.803, con base, �nicamente, de conformidad con ese mismo documento, en el valor del metro cuadrado promedio de inmuebles similares ($3�719.713,39), m�s no en las �deficiencias� o �anomal�as� que se hubieran podido generar en el edificio de los actores, por cuenta de la construcci�n del inmueble de su contraparte (tema sobre el que nada se dijo en esa experticia, fls. 33 y 34).

No olvida la Sala que, con posterioridad, el mismo avaluador Garz�n Vanegas elabor� un �informe de depreciaci�n�, en el que sostuvo que �para el inmueble ubicado en la carrera 16 No. 70 A � 74, la depreciaci�n debe ser del 43,64% (es decir, equivalente a $957�152.542) debido a la clase (es decir, el �estado de conservaci�n�) en que se encuentran las instalaciones y estructura del edificio� (fl. 65).

Sin embargo, para el Tribunal no es de recibo tal conclusi�n, principalmente porque el perito no expuso, siquiera tangencialmente, las valoraciones o estudios t�cnicos que tuvo en cuenta para efectuar dicha manifestaci�n. Y es que, a diferencia de lo ilustrativo de su dictamen inicial, en este �ltimo informe (que no supera las dos p�ginas) el perito Garz�n Vanegas (quien no anunci� ser profesional en asuntos topogr�ficos, de ingenier�a civil, o de un campo an�logo) simplemente se�al�, en t�rminos un tanto escuetos, que, de conformidad con un �estudio de topograf�a� (que no referenci�, y que no puede corresponder a la otra experticia que se alleg� con la demanda, en tanto que esta �ltima ni siquiera se hab�a llevado a cabo cuando el perito en cita elabor� su �informe de depreciaci�n� adicional), el edificio de propiedad de los aqu� demandantes �ha sufrido hundimiento de la cimentaci�n y da�os estructurales� y �tiene una baja del nivel 0.0 del edificio en toda la zona suroriente del lote que es m�s del 50% del �rea construida�.

Sin embargo, el experto en cita no precis� cu�les fueron los an�lisis que efectu� para arribar a esas conclusiones, ni indic� las razones que lo llevaron a asegurar que tales �irregularidades� se generaron espec�ficamente �por la construcci�n contigua realizada a partir del a�o 2010� y no, por v�a de ejemplo, por el normal asentamiento o deterioro de la edificaci�n (de m�s de 25 a�os de vetustez, fl. 26) o por las dem�s construcciones que se erigieron alrededor del predio de los actores.

No sobra destacar que, en su �informe de depreciaci�n�, el se�or Garz�n Vanegas sostuvo que el predio de los demandantes se encontraba en la �clase 3� de conservaci�n, lo cual, seg�n all� se explic�, implicaba que el inmueble apenas �necesita reparaciones sencillas, por ejemplo en los pisos o pa�etes� (fl. 64). De ah� que resulte sorpresivo, y un tanto ambivalente, que el mismo perito hubiera concluido, apenas unos renglones m�s adelante, que el �valor porcentual a descontar por depreciaci�n del valor calculado�, era superior a un 43%, m�xime si se tiene en cuenta que el experto ni siquiera indic� cu�les eran (y a qu� valor podr�an ascender) esas obras o trabajos de ingenier�a que requer�a la edificaci�n y que, por su dificultad, duraci�n, etc., ten�an tan desfavorable repercusi�n en su precio comercial.

En ese escenario, no es factible acoger las conclusiones plasmadas en el �informe de depreciaci�n� en comento, pues, como lo precis� la jurisprudencia, en fallo del 2 de agosto de 2006 (exp. 6192), �uno de los requisitos sine qua non que debe ofrecer todo dictamen pericial para que pueda ser admitido como prueba de los hechos sobre que versa, consiste en que sea debidamente fundamentado�, orientaci�n que recientemente retom� esa misma corporaci�n al pronunciarse respecto de los trabajos t�cnicos aportados con fundamento en el otrora vigente art�culo 183 (inc. 2�) del C. de P. C., oportunidad en la que precis� que �dichos dict�menes, como es l�gico entenderlo, deber�n sujetarse, claro est�, en lo pertinente, a las previsiones que ese mismo ordenamiento jur�dico (C. de P. C.) consagra, por una parte, para la prueba pericial y, por otra, para los informes t�cnicos y peritaciones de entidades o dependencias oficiales� y que �entre otras exigencias, deben satisfacer las siguientes: a) �Ser claros, precisos y detallados�, am�n que explicativos de �los ex�menes, experimentos e investigaciones efectuados� (num. 6�, art. 237, C. de P.C.). b) Contener �los fundamentos t�cnicos, cient�ficos o art�sticos de las conclusiones� o, con otras palabras, �ser motivados� (num. 6� del art. 237 e incisos 2� y 4� del art. 243, C. de P.C.)� (sent. de 28 de noviembre de 2011, exp. 2005 00099). b. Tampoco el �informe estructural y control topogr�fico de asentamientos� a que aludi� la censura, aporta mayores luces sobre el �presupuesto� que ech� de menos el juez de primera instancia. Aunque en ese dictamen el perito Juan Tamasco Torres sostuvo que �un an�lisis cuantitativo� del predio de los demandantes le permiti� �observar que la estructura podr�a verse afectada en un 35% de las condiciones iniciales de dise�o� (fl. 96), lo cierto es que ni ese documento, ni ninguna otra probanza, permiten colegir cu�l ser�a la verdadera repercusi�n econ�mica que esas �afectaciones� podr�an generar a los demandantes.

No manifest� el experto, y menos en forma sustentada, si es posible reparar ese �detrimento estructural�, ni cu�l ser�a su costo. Tampoco afirm� el perito si esa disminuci�n en la resistencia de la estructura del edificio comprometer�a su normal utilizaci�n, ni tampoco si es de la trascendencia necesaria como para comprometer (y en qu� monto) su valor comercial.

De hecho, el se�or Tamasco Torres nada dijo sobre cu�l era (y cu�l deb�a ser) el valor comercial del inmueble sobre el que vers� su experticia, ni tampoco ofreci� mayor ilustraci�n sobre ninguno de estos temas en la audiencia en que expuso su dictamen. Tambi�n asever� el perito Tamasco Torres que �del an�lisis de los elementos no estructurales y acabados presentados se estima que su costo se habr�a reducido en un valor del 28%�.

Sobre este tema, ha de memorarse que la condena indemnizatoria que reclamaron los demandantes, se finc�, �nicamente, en el �detrimento estructural� que, seg�n ellos, presentaba la edificaci�n de su propiedad (ver hecho 4� de la demanda, fl. 112), por manera que, en virtud del principio de congruencia que contempla el art�culo 281 del C. G. del P., el Tribunal no est� facultado para habilitar un resarcimiento por un concepto distinto, contingencia que tambi�n impide que la Sala entre a estudiar la viabilidad de la �actualizaci�n� a que aludieron los recurrentes, respecto del monto que, por da�os no estructurales, reconoci� el juez a quo (sin protesta de la demandada).

As� se dejara a un lado que el perito Tamasco Torres no manifest� las razones por las cuales desech� de tajo la posibilidad de que el detrimento en �los elementos no estructurales� pudiera atribu�rsele a la vetustez de la edificaci�n (de m�s de 25 a�os, fl. 26), en todo caso habr�a que verse que, como lo sostuvo el juez de primera instancia, ni en esa experticia, ni tampoco en las dem�s probanzas ac� recogidas, hay manera de establecer el alcance, la necesidad, y el costo de reparaci�n de esos �acabados�.

Adem�s, el perito Tamasco Torres destac� que s�lo cuando el deterioro de un �elemento no estructural� es superior a un 40%, es necesario �reemplazarlo�. En los dem�s casos, basta con su �reparaci�n� (fl. 90), debi�ndose agregar que las probanzas que se recaudaron no muestran, y menos fehacientemente, que el valor de las refacciones que pudieran requerir los �muros de mamposter�a� del edificio de los demandantes (afectados en apenas un 28%, seg�n el �informe� en comento), excede el reconocimiento econ�mico que (sin protesta de la demandada) efectu� el juez de primera instancia a favor de los actores, por este concepto. 4.

Visto, entonces, que ninguna de las experticias a que aludieron los recurrentes contienen elementos de juicio suficientes para dar por acreditada, ni la entidad, ni la extensi�n del perjuicio materia del reclamo (que, se insiste, fue el presupuesto sobre cuya ausencia se finc� el fallo absolutorio de primera instancia), se desestimar�, sin m�s, la apelaci�n, en cuanto con ella se insisti� en el reclamo indemnizatorio que se formul� en la demanda.

Ahora, al haber insistido en la viabilidad de esa condena pecuniaria (con base en la misma argumentaci�n que esgrimieron al efectuar el juramento estimatorio que consignaron en su libelo incoativo), asume la Sala que los actores tampoco estuvieron conformes con la sanci�n que el juez de primera instancia les impuso con fundamento en el art�culo 206 del C. G. del P. Tal condena la revocar� el Tribunal, en tanto que por su ausencia brilla el elemento subjetivo (temeridad o negligencia crasa, seg�n se precis� en la sentencia de constitucionalidad C-157 de 2013) en la acreditaci�n de los perjuicios denunciados bajo juramento, o en la estimaci�n de su cuant�a. Seg�n lo precis� la jurisprudencia constitucional en el fallo reci�n citado, la imposici�n de esa condena econ�mica, como ocurre con cualquier otra medida de car�cter sancionatorio, debe estar precedida de un an�lisis de la conducta de la parte procesal a la que se le impone (la cual es determinante para establecer la viabilidad de ese castigo), por manera que no basta simplemente con advertir (como ocurri� en esta actuaci�n) que el expediente no refleja la extensi�n del perjuicio cuya reclamaci�n se pretende (que fue en lo �nico en que repar� el juez de primera instancia. Cabe a�adir que, en cuanto a la estimaci�n de los perjuicios, la foliatura no permite colegir una actitud dolosa o culposa de los demandantes, a quienes tampoco cabe atribuirles una reclamaci�n ostensiblemente exagerada o temeraria que, por lo mismo, hubiera habilitado la sanci�n prevista en el art�culo 206 del C.G.P., lo cual, dicho sea de paso, impon�a derribar la presunci�n de buena fe que consagra el art�culo 83 de la Carta Pol�tica.

Como lo sostuvo la Corte Suprema de Justicia, en fallo de casaci�n civil del 14 de diciembre de 2006 (exp. 1995 20893), �es regla general en cualquier campo del derecho, desde una perspectiva integral y humanista del mismo, la premisa de que las sanciones, entendidas como penas, correctivos, multas o condenas pecuniarias similares, deban aplicarse en forma restringida y no imponerse por analog�a, am�n de que las sanciones tampoco proceden de manera objetiva, vale decir, que es razonable la exigencia de que la conducta se ejecute con alguno de los ingredientes subjetivos antes mencionados: culpa, obrar negligente, mala fe, deslealtad o dolo�. 5.

Las precedentes consideraciones, que involucran un despacho general frente a todos los reparos de tipo jur�dico y probatorio que formularon los recurrentes contra la sentencia de primera instancia, contienen, a su vez, las razones por las cuales el Tribunal confirmar� el fallo apelado, salvo en lo atinente a la condena impuesta a los actores con fundamento en el art�culo 206 del C. G. del P., la cual se revocar� de conformidad con los argumentos que se esgrimieron en la consideraci�n precedente.

Con soporte en el numeral 5� del art�culo 365 del C. G. del P., la Sala no impondr� condena en costas de segunda instancia, dado el �xito parcial de la apelaci�n. DECISI�N Por lo expuesto, la Sala Civil de Decisi�n del Tribunal Superior de Bogot�, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley REVOCA el numeral 2� de la sentencia que el 19 de septiembre de 2016 profiri� el Juzgado Primero Civil del Circuito de Bogot�, en el proceso ordinario de la referencia, de conformidad con lo expuesto en la cuarta consideraci�n de esta providencia. En lo dem�s, el fallo permanece inc�lume.

Sin costas de segunda instancia, dado el �xito parcial de la apelaci�n. Devu�lvase el expediente al juzgado de origen. Notif�quese Los Magistrados, �SCAR FERNANDO YAYA PE�A MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA GERM�N VALENZUELA VALBUENA  �Cualquiera de las partes, en las oportunidades procesales para solicitar pruebas, podr� presentar experticios emitidos por instituciones o profesionales especializados�.     OFYPZG 2015 00851 01  PAGE 12 ;w~����������������  3 K ` h � � � � � � �����������������񨘨�t�t�b�t�t"hgdh[5�CJOJQJ\�aJ"hgdh=W�5�CJOJQJ\�aJ"hgdhcM�5�CJOJQJ\�aJhgdhcM�5�CJOJQJaJhgdh=W�5�CJOJQJaJ$hgdhcM�CJOJQJaJmH $sH $hgdh=W�CJOJQJaJhG_UCJOJQJaJhgdhcM�CJaJhgdhcM�CJOJQJaJ ;<Ohi������q r  � ����������������gdgd  �0��`�gd� L ���`��gdgd$��dh`��a$gd� Lgdw`�$a$gd� L$a$gdw`� $dha$gd� L  �C�"gdw`� �gd� Ldhgd� L�  K R n p q r  � � � � � � � � � � � � � � � �   � � � � 1 ���ܺʫ������p�`p�p��p`P`�p�p�phgdhh,�CJOJQJ\�aJhgdh� �CJOJQJ\�aJhgdh� �CJOJQJ\�aJhgdh[CJOJQJ\�aJhgdhcM�CJOJQJ\�aJhgdhcM�CJaJhgdhcM�CJOJQJaJhgdhcM�5�CJOJQJaJ"hgdhcM�5�CJOJQJ\�aJ"hgdh=W�5�CJOJQJ\�aJ"hgdhs5�CJOJQJ\�aJ1 P Q S T U Z k n 9�����������Ͽ���}�m��]�K�K9K9"hgdh�h5�CJOJQJ\�aJ"hgdh"O5�CJOJQJ\�aJhgdh�(65�CJOJQJaJhgdhjX.5�CJOJQJaJhgdh[5�CJOJQJaJhgdh[7r5�CJOJQJaJhgdh� �5�CJOJQJaJ"hgdhcM�5�CJOJQJ\�aJhgdhcM�CJOJQJ\�aJhgdh� �CJOJQJ\�aJhgdh[CJOJQJ\�aJhgdhsCJOJQJ\�aJ� T U ������}~��gh� � � � ������������������dhgd��gdgd$��dh`��a$gd��$��dh`��a$gd� L $��`��a$gdgd$��dh`��a$gd�|l $��`��a$gdgd $dh1$7$a$gd� L������ ������DN���ʸ�����o����]K]9]9"hgdh^6 5�CJOJQJ\�aJ"hgdh[w@5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�h5�CJOJQJ\�aJ"hgdhRMM5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�$t5�CJOJQJ\�aJ"hgdh'/5�CJOJQJ\�aJ%hgdh-_5�6�CJOJQJ\�aJ"hgdh-_5�CJOJQJ\�aJ"hgdhcM�5�CJOJQJ\�aJ"hgdh"O5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�K�5�CJOJQJ\�aJz�������������CEs��dor���ʸ���p^�p�pL:L�L"hgdh:zK5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�5�CJOJQJ\�aJ"hgdhT!z5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�Z�5�CJOJQJ\�aJ"hgdhcM�5�CJOJQJ\�aJ"hgdh-_5�CJOJQJ\�aJ"hgdh[w@5�CJOJQJ\�aJ"hgdh:A�5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�jm5�CJOJQJ\�aJ"hgdhRMM5�CJOJQJ\�aJ"hgdh�H�5�CJOJQJ\�aJrs� � � � � � � � @!w!" 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