Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 110013103025201300195 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Juan Pablo Suárez Orozco

Fecha: 2015-04-28

Sujetos procesales: JOSÉ RAMIRO LEÓN SUÁREZ / MARIA ESTRELLA RONCANCIO Y OTRO

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No acredit� que la posesi�n desplegada por el anterior poseedor. Rep�blica de Colombia Rama Judicial  TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOT�, D.C. SALA CIVIL DE DECISI�N Bogot�, D.C., veintiocho de abril de dos mil quince. MAGISTRADO PONENTE: JUAN PABLO SU�REZ OROZCO. RADICACI�N: 110013103025201300195 01 PROCESO: ORDINARIO. DEMANDANTE: JOS� RAMIRO LE�N SU�REZ DEMANDADO: MARIA ESTRELLA RONCANCIO Y OTRO ASUNTO: APELACI�N SENTENCIA. Discutido y aprobado por la Sala en sesi�n del 15 de abril de 2015, seg�n Acta N� 17 de la misma fecha.

S�NTESIS: Es labor imputable exclusivamente al prescribiente, acreditar que las personas que le cedieron la posesi�n a acumular, hubiesen pose�do el bien por el tiempo m�nimo exigido. Decide el Tribunal el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante contra la sentencia que en este asunto dict� el Juzgado Veinticinco Civil del Circuito de Bogot�, D.C. el 16 de septiembre de 2014.

ANTECEDENTES: Jos� Ramiro Le�n Su�rez, obrando por conducto de apoderada judicial, promovi� demanda de pertenencia contra Mar�a Estrella Roncancio, Eduardo Roa Garz�n y dem�s personas indeterminadas, para que previos los tr�mites del juicio, �se declare en sentencia definitiva que haga tr�mite a cosa juzgada, la prescripci�n adquisitiva extraordinaria de dominio�, respecto del lote y la casa ubicados en la carrera 93 No. 128-58 �EL RECUERDO� de esta ciudad, con las declaraciones consecuenciales que tal reconocimiento apareja.

Las afirmaciones de hecho, en las cuales el extremo activo apoy� sus pretensiones, son las siguientes: Ver�nica Robayo estuvo poseyendo el inmueble identificado y alinderado en el escrito introductorio, por compra que le hizo a la se�ora Mar�a Estrella Roncancio, mediante escritura p�blica No. 4923 del 9 de octubre de 1969, de la Notar�a 2� del Circulo de Bogot�, quien, a su vez, vendi� �los Derechos y Acciones� a Mar�a Hermencia Espejo de Carranza, por escritura p�blica No. 2699 del 5 de junio de 1973 de la Notar�a 2� del Circulo de Bogot�, que transfiri� a Humberto Useche Montero, por escritura p�blica No. 0428 del 16 de febrero de 1979, a t�tulo de venta real y enajenaci�n perpetua, los derechos herenciales que le correspond�an como cesionaria de la se�ora Robayo.

Miguel Antonio Cujabante y Bernarda Ni�o de Cujabante, le compraron al se�or Useche, los derechos herenciales que le pudiesen corresponder como cesionario de Mar�a Hermencia Espejo de Carranza, negocio que se efectu� por escritura p�blica No. 424 del 14 de febrero de 1980 de la Notar�a 7� del Circulo de Bogot�; posteriormente, por sucesi�n intestada respecto de los mentados compradores, se adjudic� tanto el lote como el inmueble a los se�ores: Carlos Julio, Carmen Rosa, Bernarda, Gladys, Fabiola Cuajavante Ni�o y Judith Cujabante de Guezgual, actuaci�n que qued� protocolizada en escritura p�blica No. 2285 del 8 de septiembre de 2010.

Finalmente, el 10 de junio de 2011, los referidos adjudicatarios, le transfirieron a t�tulo de compraventa al se�or Jos� Ramiro Le�n Su�rez, �los Derechos y Acciones� que les correspond�an respecto del lote e inmueble aludidos, quien ha estado en posesi�n de los mismos desde dicha data, momento desde el cual ha ejercido actos de se�or y due�o, sin que hasta la fecha se haya interrumpido la explotaci�n econ�mica que ha desarrollado sobre aquellos, circunstancia que, sumada al hecho de que no existe un due�o con derecho real, habida cuenta que los actos registrados corresponden a falsas tradiciones, respaldan las pretensiones de su demanda.

DE LA ACTUACI�N PROCESAL El a-quo admiti� la demanda, orden� correr traslado de la misma y emplazar a las personas indeterminadas, a la vez que dispuso su inscripci�n en la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos (fl. 92, C.1). A los demandados y a las personas indeterminadas se les cit� edictalmente de conformidad con lo previsto en los art�culos 318 y 407 del C�digo de Procedimiento Civil, y como no comparecieron en el t�rmino concedido, se procedi� a nombrarles curador ad-litem, con quien se surti� la diligencia de notificaci�n personal el d�a 16 de julio de 2013 (fl. 111, ib�dem), auxiliar que contest� la demanda sin proponer excepciones (fls. 113 a 115, ib.).

Abierto el proceso a pruebas, se decretaron las pedidas por las partes (fl.121, C. 1). Vencido el per�odo probatorio, se dio oportunidad para presentar los alegatos de conclusi�n, derecho que no utiliz� ninguno de los extremos procesales (fl. 164, ib.).

FUNDAMENTOS DE LA SENTENCIA APELADA: El juzgador de primer grado puso fin a la primera instancia, mediante sentencia de fecha 16 de septiembre de 2014, en la cual resolvi�: �PRIMERO: NEGAR las pretensiones de la demanda, de conformidad con lo expuesto en la parte motiva de esta providencia� �SEGUNDO: ORDENAR la cancelaci�n de la inscripci�n de la demanda.

Of�ciese.� Para arribar a la precedente decisi�n, luego de relatar los antecedentes, encontrar reunidos los presupuestos procesales, y ausente cualquier causal de nulidad, se ocup� el juzgado de la acci�n de pertenencia, especialmente de la prescripci�n adquisitiva extraordinaria de dominio e indic� que los elementos de la usucapi�n son: la posesi�n del prescribiente durante el tiempo se�alado por la ley, y el no ejercicio del derecho por parte del propietario, as� como las caracter�sticas que la estructuran: que el bien o el derecho sobre el cual recae la posesi�n sea susceptible de adquirir por prescripci�n; que dicha posesi�n sea material, por el lapso de 10 a�os para el presente caso y en forma ininterrumpida.

Consider� no cumplido el primero de los requisitos exigidos para esta acci�n, habida cuenta que de las pruebas recaudadas, no se logr� advertir, las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que ejercieron la posesi�n los antecesores poseedores del inmueble, lo que sumado al hecho de que las personas que rindieron testimonio dentro del proceso se encontraban impedidas para declarar, toda vez que no son terceros respecto de la suma de posesiones, sino que por el contrario, son presuntas poseedoras del bien, llevaron al juzgador a despachar desfavorablemente las pretensiones de la demanda.

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACION: Cifr� su inconformidad el censor en que el juzgador, al momento de practicar los testimonios dentro de las actuaciones objeto de estudio, �tuvo la oportunidad de hacerles las preguntas pertinentes y conducentes a fin de que tuviera los elementos de juicio necesarios para probar la continuidad de las posesiones y no manifestar como razones para negar las pretensiones de mi poderdante, que los testigos se limitaron a mencionar sus posesiones, m�s no a probar la suma de estas y que adicionalmente no eran terceros� pues, en su sentir, era deber del juez decretar de oficio las pruebas que considerara pertinentes y conducentes, a fin de que quedase acreditada la continuidad de las posesiones �y no esperar hasta el final del proceso para considerarlo en la sentencia, en donde igualmente manifiesta que no son terceros� (fls. 183 a 185, C. 1).

CONSIDERACIONES DEL TRIBUNAL: Reunidos como se encuentran los denominados presupuestos procesales y al no advertirse vicio alguno capaz de invalidar lo actuado, resulta imperioso emitir fallo que resuelva el fondo de esta controversia. Atendiendo a los hechos expuestos en libelo introductorio, la causa eficiente para impetrar se declare que el inmueble relacionado en ese escrito le pertenece en dominio pleno y absoluto al demandante, est� constituida por una suma de posesiones a trav�s de un acto de cesi�n, que seg�n el recurrente, desconoci� el juez de la causa, dado que, ante la ausencia de material probatorio que permitiese advertir el tiempo que lleva poseyendo el bien, omiti� decretar de oficio las pruebas que acreditasen dicha circunstancia. El principio general expresado en nuestro C�digo Civil se apoya en que la posesi�n no se transfiere ni se transmite, por lo que quien entra a gozar de una cosa con �nimo de se�or y due�o �inicia una posesi�n que le es propia, y no adquiere la de su antecesor�; sin embargo, y como igualmente se ha entendido, el poseedor cuando invoca la prescripci�n tiene la facultad de a�adir a la suya la posesi�n propia de una serie no interrumpida de antecesores (art�culo 2521, en armon�a con el 778 del C�digo Civil); no obstante, para ello es menester que pruebe que es sucesor de �stos a t�tulo universal o singular y que ellos tuvieron tambi�n la posesi�n ininterrumpida de la cosa.

En tal sentido, para la declaratoria de pertenencia mediante la suma de posesiones es necesario que se re�nan los siguientes presupuestos: a) La existencia de un v�nculo jur�dico entre el actual poseedor y su antecesor; b) Que las posesiones que se suman lo sean sucesivas y de manera ininterrumpida; y c) Que haya operado la entrega real y material del bien, de suerte tal, que se contin�e con la realizaci�n de los actos de se�or�o configurativos de la posesi�n que detentaba el antecesor.

En diversas oportunidades, se ha sostenido en torno al primero de los requisitos, que al prescribiente le corresponde acreditar con sujeci�n a los medios de prueba pertinentes, que es sucesor, ya sea a t�tulo singular o universal, de las personas a quienes se�ala como antecesores de su posesi�n, es decir, le compete �acreditar la manera como pas� a �l la posesi�n anterior, para que de esta suerte quede establecida la serie o cadena de posesiones hasta el tiempo requerido.

Y generalizando, se puede afirmar que el prescribiente que junta a su posesi�n la de los antecesores, ha de demostrar la serie de tales posesiones mediante la prueba de los respectivos traspasos, pues de lo contrario quedar�an sueltos y desvinculados los varios lazos de posesi�n material.� Ahora, para que se predique la suma de posesiones en los t�rminos de la normativa en cita, adem�s de probar el apoderamiento de la cosa, es necesario acreditar la posesi�n material desplegada por cada uno de los anteriores poseedores integrantes de la cadena, a efecto de establecer el tiempo exigido para ello.

Sobre dicho aspecto, la Corte Suprema de Justicia ha puntualizado: �Para asumir este cometido ha de fijarse la atenci�n en la pretensi�n formulada por los demandantes, que, como se vio, est� dirigida a obtener una declaraci�n de prescripci�n adquisitiva extraordinaria del dominio, a partir de una posesi�n ejercida en las condiciones impuestas por la ley, como lo pregona el art�culo 2518 del C�digo Civil.

Particularmente, a fin de lograr el �xito de sus aspiraciones, los demandantes invocaron no solo la posesi�n desplegada personalmente por ellos, puesto que tambi�n se han valido de la de sus antecesores, esto es, de la figura de la uni�n o suma de posesiones �accessio possessionem o accessio temporis�, que para la doctrina jurisprudencial consiste en �autorizar que el poseedor, si as� conviene a sus intereses, complete el tiempo necesario, bien sea para la consumaci�n de una prescripci�n adquisitiva en curso o ya para abrirle paso a las acciones posesorias de �mantenimiento� � (G.J., t. CCXXVIII, p�g. 40).

(�) �Como es patente, entonces, dentro del conjunto de exigencias que deben conjugarse para hacer posible la agregaci�n de posesiones descuella, por lo que al cargo concierne, el relativo a la cabal demostraci�n de la posesi�n ininterrumpida ejercida tanto por el demandante, como por su antecesor� (Sent., sep. 21/2001, Exp. 5881, no publicada aun oficialmente). �Se muestra as� que los demandantes desatendieron la carga demostrativa que manda la ley, pues, en esta especie de asuntos, como lo ha pregonado la doctrina jurisprudencial, �adem�s de requerirse prueba del v�nculo jur�dico entre el actual poseedor y su antecesor, tambi�n es necesario acreditar que este �ltimo tambi�n posey� el bien� (G.J., t. CLIX, p�g. 357), cuesti�n esta que, como qued� explicado, no se cumpli� en la medida y extensi�n necesarias para determinar el buen suceso de la usucapi�n. No en vano ha dicho esta corporaci�n que �cuando se trata de sumar posesiones, la carga probatoria que pesa sobre el prescribiente no es tan simple como parece, sino que debe ser �contundente en punto de evidenciar tres cosas, a saber: Que aquellos se�alados como antecesores tuvieron efectivamente la posesi�n en concepto de due�o p�blica e ininterrumpida durante cada per�odo; que entre ellos existe el v�nculo de causahabiencia necesario; y por �ltimo, que las posesiones que se suman son sucesivas y tambi�n ininterrumpidas desde el punto de vista cronol�gico (G.J., t. CCXXII, 19, sent. de ene. 22/93)� (Sent. de jul. 29/2004, Exp. 7571, no publicada aun oficialmente; se resalta).� Siendo as� las cosas, en todas aquellas controversias en que se invoque suma de posesiones, le corresponde probar al prescribiente, adem�s del v�nculo jur�dico frente a su antecesor, que los actos que le otorgan el derecho a la suma de posesiones se estructuraron, que se reflejaron en hechos p�blicos inequ�vocamente demostrativos de haberse pose�do con �nimo de se�or y due�o por el antecesor, y que dicha posesi�n continu� siendo ejercida de la misma manera por el sucesor que la invoca, ya que s�lo a trav�s de esa demostraci�n puede el juzgador obtener la certeza de la existencia de las diferentes posesiones sucesivas y del derecho a unirlas por parte del actual poseedor, circunstancias que no afloran en este asunto, como as� se explicar�.

En el caso bajo estudio, para acreditar la posesi�n se adujeron al proceso las siguientes pruebas: a) DOCUMENTALES - Escritura P�blica No. 2285 del 8 de septiembre de 2010, por la cual se les adjudica, con ocasi�n de la sucesi�n de los causantes: Miguel Antonio Cujabante y Bernarda Ni�o Cujabante, el inmueble objeto de este litigio, a Carlos Julio, Carmen Rosa, Bernarda, Gladys, Fabiola Cujabante Ni�o y Judith Cujabante de Guezgual (fls. 4 a 13, C. 1). - Escritura P�blica No. 02699 del 5 de junio de 1973, por la cual Ver�nica Robayo transfiri�, a t�tulo de venta, �los derechos herenciales que a la exponente vendedora le correspondan o puedan corresponder en su calidad de CESIONARIA de MAR�A ESTRELLA RONCANCIO, quien a su vez lo fue de MIGUEL RODR�GUEZ CANTOR, en la sucesi�n il�quida e intestada de VICTORIANO TENJO y MAR�A INDALECIA CABIATIVA DE TENJO, padres que fueron del primitivo cedente JOSE LISANDRO TENJO (�)� (fls. 14 a 17, ib). - Escritura P�blica No. 0428 del 16 de febrero de 1979, en la que se protocoliz� la �venta real y enajenaci�n perpetua a favor del se�or HUMBERTO USECHE MONTERO los (sic) derechos herenciales que a la exponente vendedora le correspondan o puedan corresponder en su calidad de cesionaria de Ver�nica Robayo quien a su vez fue cesionaria de Mar�a Estrella Roncancio (�) en la sucesi�n de Victoriano Tenjo y Mar�a Todalecia Caviativa de Tenjo� por parte de Mar�a Hermencia Espejo de Carranza (fls. 18 a 20, C.1). - Escritura P�blica No. 424 del 14 de febrero de 1980, en la que Humberto Useche Montero cedi� a t�tulo de venta que hizo en favor Miguel Antonio Cujabante y Bernarda Ni�o de Cujabante �todos los derechos y acciones herenciales que le corresponden o puedan corresponderle en su condici�n de cesionario de Mar�a Hermencia Espejo Carranza (�)� (fls.21-26, ib). - Escritura P�blica No. 4923 del 9 de octubre de 1969, por medio de la cual Mar�a Estrella Roncancio le transfiri� a Ver�nica Robayo, �a t�tulo de venta real y enajenaci�n perpetua (�) los derechos y acciones que le correspondad (sic) o puedan corresponderle, en su calidad de cesionaria, en la sucesi�n intestada e il�quida de los se�ores VICTORIANO TENJO Y MAR�A INDALECIA CABIATIVA DE TENJO (�)� (fls. 27 a 29, C. 1). - Escritura P�blica No. 1196 del 10 de junio de 2011, por medio de la cual Bernarda, Carmen Rosa, Carlos Julio, Gladys, Fabiola Cujabante Ni�o y Judith Cujavante de Guezguan, le transfirieron �los derechos y acciones� sobre el referido inmueble (fls. 53 a 63, ib). - Recibo de pago de impuesto predial correspondiente al a�o 2013, efectuado el d�a 7 de febrero de 2013, cancelado por Jos� Ramiro Le�n Su�rez (fl. 74, ib). - Certificaci�n Catastral, expedida el 22 de enero de 2013, en donde figura como propietario del aludido bien, Jos� Ramiro Le�n Su�rez (fl. 75, ib).

Los anteriores documentos, prueban con suficiencia el hecho de haber recibido la posesi�n por acto voluntario, es decir, que no fue violenta ni de mala fe, o que el actual poseedor no es un usurpador; sin embargo, no es suficiente para probar el tiempo de las anteriores posesiones. b) TESTIMONIOS Se recepcion� el de BERNARDA CUJABANTE NI�O el 27 de noviembre de 2013, quien manifest� que conoce al demandante desde hace 30 a�os �porque el ten�a una fama ah� al pie de la casa donde viv�amos.

Adem�s porque le vendimos la propiedad a �l de una casa Rinc�n Suba de la carrera 93 pero no la recuerdo la direcci�n�, negocio que se llev� a cabo en el 2011, y que no le consta que el aqu� demandante hubiese realizado mejoras en el inmueble dado que no le dieron licencia para construir (fl. 127, C.1). GLADYS CUJABANTE NI�O manifest�, bajo la gravedad del juramento, que conoce al se�or Le�n toda vez que fue �l a quien sus hermanos y ella le vendieron el bien ubicado en la carrera 93 No. 128-58, que actualmente hay una nueva construcci�n en dicha direcci�n, pero desconoce si la misma fue ejecutada con dineros del demandante (fl. 129, C. 1). c) INSPECCI�N JUDICIAL Se practic� por el a-quo el 27 de noviembre de 2013, atendida por el aqu� demandante, en la cual, seg�n se lee en el acta respectiva, se identific� el inmueble con la direcci�n, con la composici�n de la edificaci�n y sus linderos, se consign� que en el inmueble funciona un local comercial, un consultorio odontol�gico y el tercer y cuarto piso est�n destinados a vivienda familiar. d) DICTAMEN PERICIAL Por �ltimo se recibi� el dictamen pericial por el auxiliar designado, quien manifest� que se trata de una casa ubicada en la localidad de Suba, barrio Suba Rinc�n, de cuatro pisos destinados a uso comercial y vivienda familiar, con nomenclatura oficial hoy carrera 93 No. 128-58/56 y que est� registrado en la Oficina de Instrumentos P�blicos de Bogot� con el folio de matr�cula inmobiliaria No. 50N-150749.

Describi� igualmente los linderos, y afirm� que cuenta con servicios p�blicos de acueducto, alcantarillado, energ�a el�ctrica y tel�fono, que se le han realizado mejoras, se encuentra el predio en buen estado de conservaci�n y determin� su aval�o comercial en la suma de $503.196.514,oo. (fls. 156 a 162, C. 1). Valorado en su conjunto el precedente material probatorio, de conformidad con la sana cr�tica, pronto se advierte la sinraz�n del recurrente, pues si bien, la inspecci�n judicial, los testimonios y los documentos recaudados dan cuenta del tiempo que lleva ejerciendo la posesi�n, lo cierto es que no se desprende de all� las circunstancias ni el lapso durante el cual, quienes lo antecedieron en ella, ejercieron actos de se�or�o respecto de aquel.

N�tese que el censor, en su escrito de apelaci�n, manifest� su inconformidad frente a la posici�n del sentenciador de tener por insuficientes los testimonios de los anteriores poseedores, dado que aquellos no eran terceros frente a la suma de posesiones que se buscaba acreditar. Al respecto, es preciso memorar lo dispuesto por la Corte Suprema de Justicia, atinente a que �con arreglo al principio universal de que nadie puede hacerse su propia prueba, una decisi�n no puede fundarse exclusivamente en lo que una de las partes afirma a tono con sus aspiraciones.

Ser�a desmedido que alguien pretendiese que lo que afirma en un proceso se tenga por verdad, as� y todo sea muy acrisolada la solvencia moral que se tenga. Quien afirma un hecho en un proceso tiene la carga procesal de demostrarlo con alguno de los medios que enumera el art�culo 175 del C. de P. C., con cualesquiera formas que sirvan para formar el convencimiento del Juez.

Esa carga, que se expresa con el aforismo onus probandi incumbit actori, no existir�a si al demandante le bastara afirmar el supuesto de hecho de las normas y con eso no m�s quedar convencido el juez� , aparte jurisprudencial que confrontado al caso sub judice, permite inferir que aun cuando aquellos se hubiesen tenido como declaraciones rendidas por terceros, lo cierto es que �stas no fueron precisas al momento de esclarecer los hechos que constituyeron las respectivas posesiones, as� como tampoco los actos de se�or y due�o que exige el art�culo 762 del C�digo Civil, pues quienes rindieron los mencionados testimonio se limitaron a dar fe de la posesi�n material en cabeza del aqu� demandante, y nada dijeron respecto de la que ellos mismos ejercieron.

Ahora, en lo que ata�e al deber legal que, alega el recurrente, le asiste a todos los jueces para decretar de oficio los medios probatorios que conduzcan a esclarecen los hechos del litigio y, para el caso concreto, acrediten la suma de posesiones que se pretende, debe esta Sala memorar, que a la luz del actual sistema que rige el proceso civil, el cual equilibra los reg�menes inquisitivo y dispositivo, no solo corresponde a la parte interesada desplegar la actividad probatoria, sino que tambi�n, es necesario que el juzgador, �cuando las considere �tiles para la verificaci�n de los hechos relacionados con las alegaciones de las partes�, decrete pruebas de oficio, ello, sin desconocer el principio de la carga de la prueba dispuesto en el art�culo 177 del Estatuto Procedimental Civil, seg�n el cual, �incumbe a las partes probar el supuesto de hecho de las normas que consagran el efecto jur�dico que ellas persiguen�, regla que imperiosamente debe aplicarse ante la ausencia de pruebas, como quiera que, son las partes quienes deben invocar y probar los hechos que conduzcan al reconocimiento de sus pretensiones, pues, finalmente, son los directamente interesados en las resultas del pleito.

Al respecto, ha sido enf�tica la Corte Suprema de Justicia al se�alar, que �(�) la prudente estimaci�n personal del juez sobre la conveniencia de decretar pruebas de oficio se enmarca en un deber -entendido como la necesidad de que ese sujeto pasivo de la norma procesal que es el juez ejecute la conducta que tal norma le impone-, y en un poder - entendido como la potestad, la facultad de instruir el proceso sin limitarse a ser un mero espectador-, ambos actuantes junto con el principio de la carga de la prueba y de la discrecionalidad judicial en la apreciaci�n de la misma, para el proferimiento de una sentencia de m�rito.

Entonces, si al lado del poder de decretar pruebas de oficio, la ley le impone al fallador el deber de hacerlo pero le se�ala el sendero que debe seguir ante la falta de pruebas, debe concluirse, en principio, que una violaci�n, como la que pretende ver el casacionista en el fallo impugnado, no puede darse. Porque es precisamente la ley la que ordena al fallador seguir la regla de derecho de la carga de la prueba.

Porque es la Ley la que establece, tomando tambi�n en cuenta la discrecionalidad o soberan�a del juez en la apreciaci�n de las pruebas y la iniciativa oficiosa en la producci�n de las mismas, la conclusi�n a la que debe arribar por causa de la existencia de un hecho incierto en el proceso, vale decir, de un hecho cuya duda razonable le impide declarar lo pedido por la parte a cuyo cargo estaba demostrarlo.

Si bien es cierto que estos dos principios act�an en el proceso, es el juez, en su discreta autonom�a, quien debe darle a cada uno la importancia concreta, el peso espec�fico que debe tener uno de ellos en la resoluci�n del debate (�), esta Corte en sentencia del 12 de septiembre de 1.994 tambi�n expres� lo siguiente: �Ciertamente, como en muchas ocasiones lo ha reiterado esta Corporaci�n, la atribuci�n que la ley le otorga al juez o magistrado para decretar pruebas de oficio cuando quiera que �las considera �tiles para la verificaci�n de los hechos relacionados con las alegaciones de las partes� (art�culo. 179 C�digo de Procedimiento Civil ) si bien, por el inter�s p�blico del proceso, no constituye una facultad sino un deber para tales funcionarios, establecido para garantizar la b�squeda de la verdad real que no aparece en el expediente (sentencia No. 444 del 26 de octubre de 1.988); no es menos cierto que s�lo le corresponde al mencionado funcionario juzgador, juez o magistrado, determinar previamente a la decisi�n del decreto de oficio de pruebas, cu�les son las alegaciones de las partes y los hechos relacionados con �stas, as� como cu�les de estos hechos requieren de su verificaci�n o prueba y cu�les estima o considera �tiles para tal efecto.

De all� que si bien no se trata de una mera discrecionalidad del juzgador de la atribuci�n para decretar o no decretar de oficio una prueba, sino de un deber edificado sobre el juicio y conclusi�n razonable del juzgador, no es menos cierto que s�lo a �l le compete hacer dicho an�lisis y adoptar la decisi�n que estime pertinente de decretar o no la prueba de oficio (art�culo. 179, inc. 2� C�digo de Procedimiento Civil ) o simplemente abstenerse de hacerlo (pues, s�lo depende de su iniciativa).

Por ello resulta explicable que no se incurra en error de derecho cuando el juez, en uso de sus atribuciones, se abstiene de decretar pruebas de oficio y, por consiguiente, no procede a darle valoraci�n a prueba inexistente o a prueba irregularmente presentada o incorporada al proceso (�) Sin embargo, debe afirmarse que si bien la negligencia probatoria de la parte puede dar lugar a desestimar sus pretensiones, es lo cierto que debe el juez realizar esfuerzos por verificar la verdad hist�rica de los hechos que se le narran a efectos de dictar la sentencia. No es para nada deseable que sentencias, como la que se impugna aqu� en casaci�n, patenticen esa desidia que la Corte permanentemente ataca.

Sentencias en las que no por permanecer inc�lumes frente a los cargos que se le endilgan en casaci�n, merecen per se su aprobaci�n. A pesar de esta falta de esfuerzo del Tribunal, el error de derecho que plantea el cargo debe ser, como se ha indicado l�neas arriba, trascendente o, por mejor decir, tan determinante en el sentido de la sentencia, que sin su comisi�n otra habr�a sido la soluci�n dada al caso.

Y en las presentes diligencias, ni por asomo se da (�) En consecuencia, esa omisi�n de decretar pruebas de oficio no configura un error de derecho trascendente. En otras palabras, no se destaca que ese fallo hubiese sido diferente de mediar la actividad oficiosa del Tribunal, con lo cual quiere la Corte resaltar que, aun en el evento de existir error de derecho, su instrascendencia ser�a tan notoria que no se podr�a, a priori, aducir de entrada que con el decreto oficioso de las pruebas indefectiblemente quedaba demostrada la incapacidad por demencia de MARCO TULIO LOPEZ MU�OZ (�)� (se destac�).

As� las cosas, resulta claro que no bastaba con aportar los documentos contentivos de la �accessio possessionis�, como ocurre en este caso por tratarse de un acto entre vivos, para que se surtieran los efectos pretendidos, toda vez que, como se ha venido acotando, es cargo de la parte demandante acreditar no solo su posesi�n sino la de quien lo precede, de tal manera que su sumatoria permitiese acceder a las pretensiones invocadas, lo que en otras palabras quiere decir que era labor imputable exclusivamente al extremo demandante, acreditar que las personas que le cedieron la posesi�n a acumular, hubiesen pose�do el bien por el tiempo m�nimo exigido legalmente para este tipo de actuaciones, demostraci�n que, en todo caso, no pod�a pretenderse de la prueba testimonial recaudada, dado que al margen de que los testimonios hubiesen sido rendidos o no por terceros, lo cierto es que de ellos, se itera, no se pueden colegir los actos de posesi�n, ni el tiempo de la misma, pues �nicamente hacen alusi�n a la forma como se transfiri� el inmueble objeto de este debate.

No se entra a analizar los restantes presupuestos de la acci�n impetrada, habida cuenta que, por haberse demostrado la inexistencia de uno de ellos de acuerdo con lo ya expuesto, la pretensi�n est� llamada al fracaso dado que dichos presupuestos son concurrentes, y la falta de uno o alguno de ellos produce inexorablemente la desestimaci�n de la pretensi�n. DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, D.C., en una de sus Salas de Decisi�n Civil, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:

PRIMERO: CONFIRMAR en todas y cada una de sus partes la sentencia apelada, de acuerdo con lo expuesto en la parte motiva de esta providencia.

SEGUNDO: Condenar en costas al apelante. T�sense. NOTIF�QUESE, JUAN PABLO SU�REZ OROZCO Magistrado (25201300195 01) GERM�N VALENZUELA VALBUENA Magistrado (25201300195 01) LUIS ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado. (25201300195 01)  Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Civil. G.J. XXXIX, 1931, LXVII, 1950, LXX, 1951, CXV, 1966, agosto 21 de 1978, 13 de septiembre de 1980 y marzo 22 de 1988  CSJ, sent. de 12 de febrero de 1980.

CCXXV, p�g. 405.  C�digo de Procedimiento Civil, art�culo 179.  Corte Suprema de Justicia. Expediente 6168 del 11 de noviembre de 1999. M.P. Jorge Santos Ballesteros.     APELACI�N SENTENCIA. ORDINARIO DE PERTENENCIA. JOS� RAMIRO LE�N SUAREZ contra MAR�A ESTRELLA RONCANCIO Y OTROS. PAGE \* MERGEFORMAT16  no�������        ���ȩ�ȋ�wm`�SI?IShY �OJQJ^Jh�$HOJQJ^Jh�$Hh^`EOJQJ^Jh#e�h^`EOJQJ^Jhd�OJQJ^Jh�2#OJQJ^Jh�5OJQJ^Jhn1[h^`EOJQJ^J h�*Gh^`ECJ OJQJ^JaJ h�J�h�Q1OJQJh�J�h�OJQJh�J�h}T16�OJQJh�J�h}T1OJQJh�J�h�O�OJQJh�J�hZG�OJQJh�J�h�5OJQJh�J�h j OJQJ h�J�h�"�@���OJQJmH sH h�J�hs3�OJQJh�J�hA V6�OJQJ]�h�J�hA VOJQJ]�h�J�h�i�OJQJ]�h�J�hs3�6�OJQJ]�h�J�h�Vd6�OJQJh�J�h�D6�OJQJno�� 67 ������t�������������������$��dh1$7$8$H$`��a$gd�J�$��dh`��a$gd�J� $dha$gd�J�$ �0�dh*$a$gd�J�$��dh`��a$gd�J�*:TV����$'CDH��Jr�%&6o��������꾳��������|qf[�[PEh�J�h�phOJQJh�J�h��OJQJh�J�h j1OJQJh�J�hh�OJQJh�J�h�e�OJQJh�J�h }OJQJh�J�h�eOJQJh�J�h� 6�OJQJ]�^JmH sH )h�J�h) >5�6�OJQJ]�^JmH sH )h�J�h�&r5�6�OJQJ]�^JmH sH &h�J�h�&r6�OJQJ]�^JmH sH +h�J�h�&r6�@�CJOJQJaJmH sH h�J�h�*4@���OJQJh�J�h�&r@���OJQJ h�J�h�&rOJQJ^JmH sH #h�J�h�9LOJQJ]�^JmH sH tu��; h�J�h�P OJQJh�J�h�#OJQJh�J�h 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