Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 11001310300719973443 – 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Ana Lucía Pulgarín Delgado.

Fecha: 2004-09-16

Sujetos procesales: MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO / BARBARA VELANDIA.

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JUSTO T�TULO MALA F� DEL POSEEDOR. PRUEBA TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOTA SALA CIVIL Bogot�, D. C., diecis�is de septiembre de dos mil cuatro. MAGISTRADA PONENTE: ANA LUC�A PULGAR�N DELGADO. RADICACI�N: No. 11001310300719973443 � 01. RAD. INTERNA 1835. PROCEDENCIA JUZGADO 7� CIVIL DEL CIRCUITO DE BOGOT�. DEMANDANTE: MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO.

DEMANDADO: BARBARA VELANDIA. CLASE DE PROCESO: ORDINARIO (PERTENENCIA). MOTIVO DE ALZADA: APELACION SENTENCIA. FECHA DISCUSI�N Y APROBA- CI�N PROYECTO: 25-Agosto-2004. ASUNTO Decide el Tribunal la apelaci�n concedida al apoderado judicial de la parte actora, contra la sentencia del 4 de junio de 2003, proferida por el Juzgado 7� Civil del circuito de la ciudad, dentro del proceso de la referencia, por la cual se resuelve no reconocer a MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO, la prescripci�n adquisitiva de dominio sobre �los dos apartamentos descritos y alinderados en este proceso, y los que da cuenta la presente providencia, como tampoco reconocer la condici�n de poseedora con justo t�tulo�, negando la �pretensi�n de pertenencia por v�a de usucapi�n ordinaria.� ANTECEDENTES De la actuaci�n surtida se establece que MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO a trav�s de apoderado judicial, present� demanda ordinaria de mayor cuant�a o acci�n de pertenencia contra BARBARA VELANDIA y las dem�s personas que se creyeran con derechos sobre los bienes, para que se declarara que ha adquirido por prescripci�n ordinaria del dominio, parte del inmueble urbano ubicado en la Calle 188 No. 35 D � 36 de Bogot�, y como consecuencia de lo anterior se ordenara la inscripci�n de la sentencia en el correspondiente folio de matr�cula inmobiliaria.

Las anteriores pretensiones, con base en los siguientes hechos: Desde el 29 de julio de 1986, Barbara Velandia, le entreg� la posesi�n de parte del bien inmueble ubicado en la Calle 188 No 35D � 36 de Bogot�, cuyos linderos, de la parte entregada en posesi�n (dos apartamentos distinguidos con los Nos. 1 y 2) y del inmueble en su totalidad, se encuentran descritos en la demanda y en el certificado de libertad y tradici�n expedido por la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Bogot�; que dicha entrega consta en una autorizaci�n suscrita el 29 de julio de 1986, autenticada en la Notar�a 13 del Circulo de Bogot�, en la cual consta la constituci�n de la posesi�n con todos sus atributos en cuanto a uso, goce y usufructo de los apartamentos ya descritos; que la demandante es la suscriptora de las l�neas de tel�fonos 6705427 y 6712936 que pertenecen a los apartamentos Nos. 1 y 2 ya se�alados, ya que desde el a�o 1981 present� la respectiva solicitud a la empresa; que de conformidad con el certificado de libertad y tradici�n del inmueble la demandada es la propietaria del mismo; que como puede observarse, la demandante es la poseedora de buena fe, amparada en justo t�tulo, posesi�n que ha ejercido de manera ininterrumpida desde hace m�s de diez a�os, en forma pac�fica y p�blica, ejerciendo actos de se�or y due�o, defendi�ndolo de perturbaciones de terceros y efectuando construcciones y mejoras, como tambi�n en la actualidad los tiene arrendados a los se�ores Giovanny Antonio Cumplido y Carmenza Guzm�n Rodr�guez (folios 14 a 17 C.1).

La demanda correspondi� por reparto al Juzgado 7� Civil del Circuito de la ciudad, el cual, la admiti� mediante auto fechado el 6 de junio de 1997, disponiendo el emplazamiento a las personas indeterminadas; la demandada se notific� a trav�s de apoderado judicial el d�a 18 de diciembre de 1997, contestando la demanda en forma extempor�nea y por lo tanto no se tuvo en cuenta el escrito (folio 71 C.1).

Notificado personalmente el curador ad litem designado para los indeterminados, �ste contest� la demanda pronunci�ndose sobre los hechos indicando no constarle y que deben probarse, a las pretensiones no se opone en cuanto se ajusten a derecho, y solicit� tener como excepciones las que se logren probar dentro del proceso y las que oficiosamente pueda decretar el juez (folios 88 y 89 C.1).

Decretadas y practicadas las pruebas del proceso (folio 90), se corri� traslado para alegatos de conclusi�n, derecho del cual hicieron uso las partes extremas del litigio, la parte actora reiterando su planteamiento de la demanda y la pasiva neg�ndole la calidad de poseedora del bien a la demandante y que el documento allegado no tiene la calidad de justo t�tulo, y que es una simple autorizaci�n de la demandada a su hija, la demandante, para construir mejoras (folios 138 a 142 C.1).

Por sentencia fechada el 4 de junio de 2003 se puso fin a la instancia negando las pretensiones materia de la demanda, decisi�n impugnada por el apoderado de la demandante a trav�s del presente recurso de apelaci�n que ocupa la atenci�n de la Sala. SUSTENTO DEL FALLO IMPUGNADO Luego del recuento de los hechos y pretensiones de la demanda, as� como de los alegatos de conclusi�n de los apoderados, el juzgado de primera instancia profiri� la decisi�n anteriormente mencionada, por la cual no reconoci� la prescripci�n adquisitiva de dominio sobre los inmuebles objeto de la litis y neg� la pertenencia por la v�a de usucapi�n ordinaria; al considerar: En principio el a quo analiz� las caracter�sticas del �justo titulo� con el fin de determinar si el documento suscrito por la demandada y demandante - donde consta que efectivamente la primera entreg� el inmueble a la segunda - se puede calificar como justo t�tulo, pues de no serlo, quedar�a dentro de la esfera de la prescripci�n extraordinaria, para lo cual requerir�a haber pose�do para el tiempo de la demanda (mayo de 1997) por 20 a�os, teniendo en cuenta las exigencias de ley, precisando al efecto que la demandante marca el t�rmino de prescripci�n entre la fecha del documento (10 de julio de 1986) y la demanda, es decir que habr�a pose�do por espacio de diez a�os, once meses y dieciocho d�as.

Que indiscutiblemente las mejoras realizadas al bien inmueble, fueron hechas por la demandante y consentidas por la demandada, obras que se realizaron con el consentimiento y a la vista de la demandada, quien consinti� a ciencia y paciencia la realizaci�n de los dos peque�os apartamentos, con sus respectivas l�neas telef�nicas, en la parte delantera del inmueble, as� como autoriz� el beneficio, uso y lucro de dichas mejoras, por parte de la demandante, sin que se hubiera se�alado un tiempo espec�fico para la disposici�n de tales obras; hechos que, seg�n el juez, demuestran se�or�o, posesi�n con �nimo de se�or y due�o, por parte de la �demandada� (sic), por el espacio de tiempo acabado de referir; encontr�ndose probado, adem�s, que quien orden�, dirigi� y cancel� el costo de tales mejoras fue la actora, quien posteriormente los arrend�, lucr�ndose de los mismos.

Que no se evidencia en el proceso que se le haya interrumpido la posesi�n, y que la realizaci�n de las obras que con el consentimiento de la demandada, coloca a la actora en la condici�n de poseedora de buena fe, y ante una posesi�n p�blica, pac�fica, e ininterrumpida. Que la posesi�n, la tenencia del bien no la arrebat�, no fue violenta, sino debidamente autorizada por su demandada.

Agreg� el juez competente que conforme al dictamen pericial rendido, las fotograf�as allegadas con el mismo, al igual que la foto anexa a la demanda, y el plano, dictamen que no se objet�, se ratifica lo dicho por los testigos, y por ello se prueba lo afirmado en la demanda referente a las mejoras, la posesi�n y ldisposici�n del bien con �nimo de se�or y due�a; as� como que, la parte a usucapir, est� independizada de la otra parte del lote de mayor extensi�n, la cual si dispone y est� en disposici�n de la demandada; que adem�s ha repelido la perturbaci�n a su posesi�n por terceros, benefici�ndose econ�micamente arrend�ndolos; estando igualmente demostrado que la demandada en la propietaria del mismo.

En cuanto al justo t�tulo, dice el a quo, que el documento allegado con la demanda y visto al folio 2 del cuaderno principal, no constituye traslado de dominio, pues del mismo, se refleja la intenci�n de la propietaria de facilitar a la demandante el uso, disfrute y tenencia del bien, sin limitaci�n alguna. Determinando de com�n acuerdo c�mo se levantar�an las mejoras por la demandante, sin que ello implique sujeci�n o reconocimiento a la posesi�n de la propietaria demandada.

Que el punto es que para la prescripci�n ordinaria se requiere como justo t�tulo, el documento establecido por la ley, como apropiado para transferir el dominio, tal como la escritura. Que para el caso no hubo intenci�n de venta, no existe promesa de compraventa, se quiso beneficiar a la demandante facilit�ndole la disposici�n de una parte del inmueble, sin que tal autorizaci�n conlleve un desprendimiento de la propiedad, del dominio de la titular de tales derechos.

Que el documento denominado autorizaci�n, en su contenido no denota �nimo donatario, por lo que si bien, la actora ha pose�do el bien por espacio de diez a�os, como lo afirma en su demanda, no le asiste justo t�tulo; por lo tanto para prescribir requiere del t�rmino de veinte a�os, requisito que no concurre en su favor; concluyendo que al tratar de escudri�ar qu� negociaci�n, qu� consecuencias determina frente a la propiedad el citado documento, no se establece que en el mismo, ceda la posesi�n la demandada, que lo que hizo fue facilitar el uso y disfrute, igual que como se genera en el contrato de comodato; pero que en todo caso, el mismo contrato de comodato, al igual que la necesidad de tener en cuenta la autorizaci�n, conlleva a inferir que las dos partes ratifican que la propietaria, sigue reput�ndose como tal.

As� lo reconoce de manera impl�cita. Si no lo reconociera la demandante, no habr�a acudido a la suscripci�n del documento (folios 145 a 151 C.1). LA IMPUGNACI�N El apoderado judicial de la parte demandante interpuso recurso de apelaci�n contra la sentencia anterior, solicitando se revoque en todas y cada una de sus partes; inconformidad que motiva en que no est� de acuerdo con la consideraci�n que sobre el punto de justo t�tulo hizo el juez de primera instancia. Centra su alegato en dos puntos dentro de los cuales encontramos: Primero, no comparte la posici�n del a quo en el sentido de afirmar que el documento allegado por la demandante en los anexos de la demanda no sea un justo t�tulo, pues es claro para el apoderado que la ley si bien exige un documento traslaticio de dominio, no lo es la escritura p�blica, ya que de tener en su poder dicha escritura p�blica bastar�a con registrarla ante la oficina de registro de instrumentos p�blicos, resultando innecesario el presente proceso.

Adem�s el t�tulo escriturario es considerado como un modo de adquirir la propiedad, m�s no un modo para que se configure la prescripci�n. Dicho de otra forma, lo que se pretende hacer valer, es que haya un documento que legitime la tenencia del bien por el poseedor, sea por mejoras, tiempo de posesi�n, entre otros, lo cual se encuentra probado con el aludido documento aportado con la demanda.

En segundo lugar alega el apelante que no es de recibo la conclusi�n del despacho competente en cuanto a que, del documento allegado por la demandante y tomado en el proceso como una autorizaci�n, se reconoce a la se�ora B�rbara Velandia como propietaria del inmueble, ya que la demandante prob� la tenencia del bien inmueble con �nimo de se�or y due�o (folios 153 y 154 C.1).

CONSIDERACIONES Los presupuestos procesales se encuentran reunidos a cabalidad y sobre ellos no hay lugar a reparo alguno; as� mismo, examinada la actuaci�n procesal, rituada en ambas instancias, no se observa irregularidad alguna que pueda invalidar lo actuado. Por lo anterior est�n presentes las condiciones necesarias para proferir sentencia de m�rito.

Conocido el motivo de la inconformidad del apelante con la sentencia de primer grado, de cara a dicha postura procede la Sala a decidirla, precisando en primer lugar que si bien el recurso de apelaci�n tiene por objeto que el superior estudie la cuesti�n decidida en la providencia de primer grado y la revoque o reforme, y que el recurso se entiende interpuesto en lo desfavorable al apelante, para decidir deben tenerse en cuenta los l�mites a que circunscribe el recurrente la inconformidad con la sentencia - salvo que en raz�n de la reforma fuere indispensable hacer modificaciones sobre puntos �ntimamente relacionados con aqu�lla -, as� como que la decisi�n deber� estar en consonancia con los hechos y las pretensiones aducidos en la demanda y en las dem�s oportunidades que la ley procesal civil consagra, y con las excepciones que aparezcan probadas y hubieran sido alegadas si as� lo exige la ley; pues, salvo que se trate de hechos modificativos o extintivos del derecho sustancial sobre el cual verse el litigio, ocurridos despu�s de haberse propuesto la demanda, siempre que aparezcan probados y que hayan sido alegados por la parte interesada a m�s tardar en su alegato de conclusi�n, o que la ley permita considerarlos de oficio; o se trate de excepciones que deban reconocerse oficiosamente; no puede condenarse al demandado por objeto distinto del pretendido en la demanda, ni por causa diferente a la invocada en �sta (art�culos 305, 306 y 357 del C�digo de Procedimiento Civil).

De la acci�n de prescripci�n adquisitiva del dominio. En el caso que se analiza, tanto del petitum de la demanda como de la causa petendi, se deduce claramente que se ejercita la acci�n de declaraci�n de pertenencia por prescripci�n ordinaria. Seg�n el art�culo 2512 del C�digo Civil: �La prescripci�n es un modo de adquirir las cosas ajenas, o de extinguir las acciones o derechos ajenos, por haberse pose�do las cosas y no haberse ejercido dichas acciones y derechos durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los dem�s requisitos legales.� El precepto anterior comprende tanto el modo de adquirir los derechos reales, como el modo de extinguir las obligaciones en general.

La prescripci�n adquisitiva o usucapi�n es el modo de adquirir el dominio y los dem�s derechos reales ajenos, mediante la posesi�n que una persona distinta de sus titulares, ejerza sobre las cosas en que �stos derechos recaen, por el tiempo y con los dem�s requisitos se�alados por la misma ley. El art�culo 2527 del C�digo Civil, consagra como clases de prescripciones para acceder por este modo al dominio de los bienes, la ordinaria y la extraordinaria, que requieren de diferentes requisitos para su configuraci�n. A su vez el art�culo 2513 ib�dem, pone de presente que quien quiera aprovecharse de la prescripci�n debe alegarla sin que sea procedente decretarla de oficio, y conforme a la jurisprudencia se ha establecido que a todo aqu�l que invoque el modo de la prescripci�n, bien ordinaria o extraordinaria, para acceder al dominio de un bien, le asiste la carga de probar que cumple todos y cada uno de los presupuestos de esta acci�n. �De otra manera no est� legitimado en causa y su demanda no puede prosperar� (C.S.J., Cas.

Civil, sent. oct. 18/62). Para determinar la presencia de este presupuesto, es necesario precisar que, de manera general, son susceptibles de adquirir por prescripci�n, conforme a las disposiciones sustanciales y procedimentales que regulan esta acci�n, las cosas corporales ra�ces o muebles que est�n en el comercio, con las excepciones que establecen las normas constitucionales y legales vigentes.

Aquellas son: Los bienes de uso p�blico; los parques naturales; las tierras comunales de grupos �tnicos; las tierras de resguardos; el patrimonio arqueol�gico de la naci�n y los dem�s bienes que determinan las leyes, al tenor de lo previsto en el art�culo 63 de la Constituci�n Nacional. Los bienes de propiedad de las entidades de derecho p�blico y los bald�os son tambi�n imprescr�ptibles, seg�n lo consagran los art�culos 407 del C�digo de Procedimiento Civil y 61 del C�digo Fiscal, respectivamente.

Al invocar el actor como pretensi�n la prescripci�n adquisitiva ordinaria del dominio, ha de se�alarse que esta requiere para su prosperidad, seg�n nuestra legislaci�n Civil, interpretada y aplicada por la jurisprudencia, el lleno de los siguientes requisitos: Que el bien sea susceptible de adquirir por prescripci�n. Buena fe. Posesi�n regular que se haya extendido por un t�rmino no inferior a 10 a�os, trat�ndose, como en el presente caso, de bienes inmuebles.

Tradici�n formal de la propiedad y justo t�tulo. Veamos: QUE EL BIEN SEA SUSCEPTIBLE DE ADQUIRIR POR PRESCRIPCION De las pruebas recaudadas, espec�ficamente del certificado de tradici�n � folio 12 -, correspondiente al predio distinguido con el Folio de Matr�cula Inmobiliaria No.50N - 906276, se establece en la historia registral, en su �nica anotaci�n, que dicho bien era de propiedad del se�or Mario �lvaro Mu�oz, y el Instituto de Cr�dito Territorial quien obr� como Agente Especial de la Superintendencia Bancaria, a trav�s de la Escritura P�blica No. 4304 del 12 de diciembre de 1985, registrada en el mismo a�o, hizo transferencia del dominio a t�tulo de compraventa a nombre de la demandada B�rbara Velandia, estableci�ndose con lo anterior que efectivamente el inmueble objeto de la presente situaci�n litigiosa es susceptible de adquirirse por encontrarse dentro de la esfera de la propiedad privada.

BUENA FE Este presupuesto frente a la acci�n pretendida encuentra sustento jur�dico en el art�culo 764 del C�digo Civil, que consagra que la posesi�n regular es la necesaria para la prescripci�n ordinaria, que igualmente es la que procede de justo t�tulo y ha sido adquirida de �buena fe�, aunque la buena fe no subsista despu�s de adquirida la posesi�n. El art�culo 768 de la obra citada, define la buena fe como la conciencia de haberse adquirido el dominio de la cosa por medios leg�timos, exentos de fraudes y de todo otro vicio; buena fe que se presume (art�culo 769 del C�digo Civil, en concordancia con el art�culo 83 de la Carta Magna) excepto en los casos en que la ley establece la presunci�n contraria.

En todos los otros, la mala fe deber� probarse. De acuerdo a lo anterior y probado en el proceso la forma como lleg� a manos de la demandante la parte del inmueble que ahora pretende en usucapi�n, siendo aceptado por la parte demandada haber entregado voluntariamente la parte del inmueble a la demandada, solo que aduce que lo fue para mejorarlo y no en posesi�n como lo alega la parte demandante; para establecer el cumplimiento del segundo presupuesto necesario para la configuraci�n de la prescripci�n ordinaria adquisitiva de dominio, es necesario analizar el contenido del documento de marras, sin dejar de lado que en determinadas circunstancias la buena fe no puede desligarse de la existencia de t�tulo constitutivo o traslaticio de dominio (art�culo 765 ib�dem), este �ltimo que tambi�n es requisito necesario para la prosperidad de la acci�n. Lo anterior por cuanto de demostrarse la existencia de un t�tulo de mera tenencia, as� de prescripci�n extraordinaria se tratare, har� presumir mala fe, y no dar� lugar a la prescripci�n (numeral 3 art�culo 2531 C�digo Civil), sabido que en este caso la demandante no ha alegado que hubiera intervertido el t�tulo de mera tenencia al de poseedora material, sino que aleg� que la demandada desde un comienzo le entreg� la parte del inmueble en posesi�n, lo que pasa a verse.

De la fotocopia autenticada del denominado documento �AUTORIZACI�N�, visible a folios 2 y 3 del cuaderno principal, se establece que entre la demandante MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO y la demandada BARBARA VELANDIA DIAZ, se lleg� al siguiente acuerdo: �AUTORIZO expresamente a MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO (mi hija), para que levante una construcci�n sobre un predio de mi leg�tima propiedad, el cual est� ubicado, m�s exactamente a la altura de la Calle 188 No. 35 D-36 de esta ciudad Este lote junto con una construcci�n que existe al fondo del mismo predio, fue adquirido por la se�ora BARBARA VELANDIA DIAZ, por compra La se�ora MARIA TERESA VELAND�A DE PULIDO est� facultada y autorizada para levantar una construcci�n que m�s adelante se especifica, sobre la parte del lote antes alinderado, m�s exactamente sobre el FRENTE de 7,93 mts, por un fondo de 10 metros, y la construcci�n deber� constar de lo siguiente: Como quiera que el zagu�n de que trata el punto anterior divide pr�cticamente en 2 el lote en una extensi�n igual a la del zagu�n, es decir a lo largo de diez metros, sobre este terreno es que se autoriza la construcci�n de los siguientes cuatro apartamentos, dos en la parte baja o primer piso y dos en la parte alta o segundo piso, los cuales constar�n de lo siguiente: Esto apartamentos son independientes el uno del otro, lo �nico que tienen en com�n es el servicio de agua, luz y l�nea telef�nica No.6712935 que ya est� instalada y a nombre de la aqu� autorizada La autorizada adem�s queda facultada para que disfrute del usufructo de los apartamentos construidos, ya sea ocup�ndolos pero con su familia, o d�ndolos en arrendamiento, cobrando los mismos arrendamientos, firmando los respectivos contratos de arriendo, demandando a los inquilinos que incumplan, percibir los frutos o en general disfrutar el uso y goce leg�timos que (sic) los citados apartamentos se firma en presente documento autorizaci�n en Bogot� a los veintinueve d�as del mes de julio de mil novecientos ochenta y seis y por ante testigos h�biles y autenticando firma � As� las cosas, si la posesi�n est� definida como la tenencia de una cosa determinada con �nimo de se�or o due�o, sea que el due�o o el que se da por tal, tenga la cosa por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de �l, y se reputa al poseedor como due�o, mientras otra persona no justifique serlo; es decir, la posesi�n es un hecho que proporciona ventajas jur�dicas a quien la ostente, entre ellas la de que debe ser respetado su derecho provisional, originado en la presunci�n de dominio otorgado por la ley; y si la buena fe es la conciencia de haberse adquirido el dominio de la cosa por medios leg�timos, exentos de fraude o de todo otro vicio; o en otras palabras: Seg�n Pothier: la buena fe es �la justa opini�n que tiene el poseedor de haber adquirido el dominio de la cosa�; o como la define Troplong: �la creencia firme e intacta de que uno es propietario�; o en palabras de Voet: �Ilesa conciencia del que piensa que la cosa es suya.� O seg�n Colin y Capitant, se entiende por buena fe �la creencia en la existencia del derecho de aquel de quien emana el t�tulo de adquisici�n. Por lo tanto el poseedor es de buena fe cuando cree que su t�tulo le ha convertido en propietario del inmueble o en titular del derecho real que deseaba adquirir sobre dicho inmueble�, o como dice Josserand: �la posesi�n es de buena fe cuando el que la ejerce cree ser propietario, por ejemplo, cuando habiendo comprado un bien el piensa falsamente haber contratado con el propietario cuando se negociaba con un condominus�; del contenido del documento denominado �AUTORIZACI�N� no se ve c�mo pudiera siquiera pensar la demandante que su progenitora le entreg� parte del inmueble de su propiedad para que se considerara por ese acto de entrega como se�ora y due�a del mismo, pues del documento solo se extrae que BARBARA VELANDIA autoriz� expresamente a su hija MARIA TERESA VELANDIA DE PULIDO, para que levantara una construcci�n sobre parte del predio de su �leg�tima propiedad�, construcci�n que ser�a de acuerdo con las especificaciones por ella mencionadas (dos apartamentos en la parte baja y dos en la parte alta, del frente del lote), autoriz�ndola para que disfrutara del usufructo de los apartamentos construidos, ya sea ocup�ndolos pero con su familia, o d�ndolos en arrendamiento, cobrando los c�nones, firmando los respectivos contratos de arriendo, demandando a los inquilinos que incumplan, percibir los frutos o en general disfrutar el uso y goce leg�timos de los citados apartamentos; esto es, no puede haber conciencia en la demandante de haber adquirido la posesi�n material, menos el dominio de la cosa por ese acto de �autorizaci�n� para mejorar el predio y derecho a gozar de los apartamentos a construir, menos que ese acto le otorgara una creencia firme e intacta de que a partir de ah� era la due�a o que la cosa era suya, o que ese acto pudiera darle lugar a creer la existencia del derecho que aduce, pues ese documento no es un t�tulo que pudiera generarle la creencia de que se convirti� en ese instante en propietaria del inmueble, pues la posesi�n es de buena fe cuando el que la ejerce cree ser propietario.

Por lo que si, como se establece de las pruebas recaudadas, la actora entr� en tenencia de parte del inmueble para mejorarlo y luego �usufructuarlo�; siendo el usufructo un derecho real que consiste en la facultad de gozar de una cosa con cargo de conservar su forma y sustancia, y de restituirla a su due�o, cuya duraci�n es limitada al cabo de la cual pasa nuevamente al nudo propietario y se consolida con la propiedad (art�culos 823 y 829 C�digo Civil), el que por dem�s para que valga debe otorgarse por instrumento p�blico inscrito (art�culo 826 ib�dem); lo que resulta en realidad, escrudi�ando la verdadera intenci�n de las contratantes, es que quisieron mejorar el bien y otorgarle a su mejorante el derecho a su uso y goce viviendo en ellos con su familia o arrendarlos, debiendo firmar los contratos de arriendo y demandar a los inquilinos que incumplan, percibiendo sus frutos (art�culos 840 y 849), degenerando el fallido contrato de �usufructo�, dada su solemnidad mediante escritura p�blica, en otro totalmente distinto, que no ser�a tampoco el contrato de comodato como lo sugiri� el a quo, dada su gratuidad, sino m�s bien podr�a ser, a manera de ejemplo, lo que tampoco se afirma con certeza por no existir prueba id�nea al respecto, el de compensar el gasto en que incurri� la mejorante con la construcci�n de los apartamentos; pero que de todas formas no le da la calidad de poseedora material que se endilg� la demandante desde el mismo acto de entrega del parte del bien para su construcci�n, y por ende, al existir contrato de mera tenencia de por medio, sin acreditar la interversi�n de tal t�tulo, vale decir, mudar la mera tenencia en posesi�n, no puede catalogarse como de buena fe.

3. POSESION REGULAR QUESE HAYA EXTENDIDO POR UN TERMINO NO INFERIOR A DIEZ A�OS, Y

4. TRADICION FORMAL DE LA PROPIEDAD Y JUSTO TITULO. Como se indic� anteriormente, sobre la posesi�n, se�ala el art�culo 762 del C�digo Civil, que: � ( ) es la tenencia de una cosa determinada con �nimo de se�or o due�o, sea que el due�o o el que se da por tal, tenga la cosa por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de �l�. �El poseedor es reputado due�o, mientras otra persona no justifique serlo�.

Del contenido de la norma se derivan dos elementos que la constituyen: EL CORPUS Y EL ANIMUS. EL CORPUS es el elemento objetivo y externo, configurado por la tenencia, la aprehensi�n material de la cosa. EL ANIMUS, es el elemento intelectual, subjetivo, consiste en la voluntad, la intenci�n de tener la cosa como due�o. As� las cosas, si del an�lisis al anterior presupuesto se determin� que la demandante no entr� desde un comienzo en posesi�n material del inmueble, esto es, desde que la demandada la autoriz� para construir los apartamentos, y no acredit� haber intervertido o mudado dicha calidad de mera tenedora en la de poseedora material que alega, no puede darse pro cumplido el presupuesto de �posesi�n regular� que se requiere para la prosperidad de la acci�n deprecada, y menos que el ejercicio de esa posesi�n regular, que requiere de buena fe � aqu� rebatida � se hubiere extendido por un termino no inferior a diez a�os.

V�ase al respecto que a los testigos Sa�l L�pez Ria�o y Orlando Nieves D�az (�ste �ltimo de quien no aparece identificaci�n, pues se repiti� el nombre y c�dula de ciudadan�a del anterior declarante), no les consta directamente la posesi�n material que aduce ostentar la demandante. El primero de ellos refiere haber realizado un trabajo en 1986 sobre el frente del lote que le fue pagado por la actora y que luego lo llam� para independizar los acueductos, lo que hizo y tambi�n le fue pagado, sin saber nada m�s; cree que la actora recibe los c�nones porque alguna vez ella le dijo que los apartamentos eran para arrendar, y que cree que ella era la propietaria porque fue la que mand� realizar las instalaciones y fue quien lo contrat�, y que ten�a entendido que hasta que la demandante le hizo el �ltimo pago era la poseedora porque no sabe si ha vendido; y que la demandada se encontraba en el inmueble y no se opuso a la construcci�n, quien viv�a en el fondo del lote y no sabe si era due�a o inquilina (folios 104 a 106 C.1).

Por su parte, el segundo declarante, manifest� que hizo unos trabajos de electricidad en el a�o 1985 o 1986, siendo la demandante quien pag� los arreglos y los materiales, trabajo que nunca se hizo a escondidas, con conocimiento de la demandada B�rbara Velandia quien entraba y sal�a del fondo del lote y nunca dijo nada; que cree que la demandante es la poseedora porque se construy� sin ning�n problema y porque ella cargaba las llaves de las puertas y era quien les abr�a y sigue abriendo; que en 1977 se independizaron los apartamentos y se cambio la cometida de la casa y �l le hizo las vueltas de la energ�a a la demandante, quien le prest� la escritura y un certificado de tradici�n de libertad y all� figura la demandante como propietaria del inmueble; que le consta que a la actora le pagaban e arriendo, y que en el a�o de 1998 particip� como testigo en una querella por perturbaci�n a la posesi�n adelantada por la actora en contra de la aqu� demandada sobre los bienes en que realiz� los trabajos de electricidad; y que la demandada vive en la parte de atr�s del inmueble y no sabe en qu� calidad (folios 107 a 109 C.1).

Testimonios que no ri�en con el acuerdo suscrito entre la demandante y la demandada sobre la autorizaci�n para mejorar el lote o construir los apartamentos y realizar los trabajos a que se refieren los testigos, de manera que por esa sola circunstancia no pueden inferir o presumir los testigos que la demandante fuera la poseedora o due�a del lote, o ni en que proporci�n, y de ah� la conducta de la demandada de no oponerse a la construcci�n o realizaci�n de los mencionados trabajos.

De la inspecci�n judicial practicada al inmueble, y el dictamen de peritos, tampoco se evidencia acto de posesi�n material alguno en cabeza de la demandante, solo que era la persona que ten�a las llaves y permiti� la entrada al lugar, lo que tampoco ri�e con el contenido del acuerdo celebrado entre las partes (folios 119 a 129 C.1). De otra parte, teniendo en cuenta los presupuestos necesarios para determinar o no la presencia del justo t�tulo en la �posesi�n ejercida� sobre el inmueble, se determina que: posesi�n regular, es la que procede de justo t�tulo y ha sido adquirida de buena fe, aunque la buena fe no subsista despu�s de adquirida la posesi�n, as� el art�culo 765 del C�digo Civil, dice: � Art. 765.- Justo Titulo.

El justo t�tulo es constitutivo o traslaticio de dominio. Son constitutivos de dominio la ocupaci�n, la accesi�n y la prescripci�n. Son traslaticios de dominio los que por su naturaleza sirven para transferirlo, como la venta, la permuta, la donaci�n entre vivos. Pertenecen a esta clase las sentencias de adjudicaci�n en juicios divisorios y los actos legales de partici�n. Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo t�tulo para legitimar la posesi�n. Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes no forman nuevo t�tulo; pero en cuanto transfieren la propiedad de un objeto no disputado, constituyen un t�tulo nuevo. � De acuerdo a lo anterior y a lo consagrado en el art�culo 764 del C�digo Civil: �Se puede ser, por consiguiente, poseedor regular y poseedor de mala fe, como viceversa, el poseedor de buena fe puede ser poseedor irregular� y que �Si el t�tulo es traslaticio de dominio, es tambi�n necesaria la tradici�n�.

De �sta manera, se hace necesario el cumplimiento de las dos preposiciones (que proceda de justo t�tulo y ser adquirida de buena fe) para que se configure la posesi�n regular, aparte de la tradici�n de la cosa. Con relaci�n a lo anterior �Si el t�tulo es traslaticio de dominio, es tambi�n necesaria la tradici�n�, la Honorable Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, sentencia del 12 de diciembre de 1.979, expuso: �Al exig�rsele finalmente al poseedor regular que se haya realizado la tradici�n, este presupuesto es indispensable cuando el t�tulo invocado es de aquellos que la ley denomina traslaticios de dominio, como la venta, la permuta, la donaci�n entre vivos, la daci�n en pago, el aporte en sociedad, la transacci�n respecto del objeto no disputado, etc. �Por consiguiente, cuando la posesi�n toma punto de partida en uno de los t�tulos traslaticios antes enumerados, para que asuma el car�cter de regular no s�lo es necesario que el t�tulo sea justo y que haya sido adquirido de buena fe, sino que requiere la realizaci�n de la tradici�n, la cual se presume que ocurri� en algunos eventos respecto de bienes muebles, al preceptuar el �ltimo inciso del art�culo que �la posesi�n de una cosa a ciencia y paciencia del que se oblig� a entregarla, har� presumir la tradici�n; a menos que esta haya debido efectuarse por la inscripci�n del t�tulo o sea, que trat�ndose de inmuebles no se presume, puesto que s�lo se configura con su registro�.

Para establecer el cumplimiento de los presupuestos mencionados es necesario retomar el cardumen probatorio, encontrando en primer lugar, como ya se precis�, que el bien objeto de este caso lleg� a manos de la demandante por medio de una autorizaci�n, en mera tenencia para mejorarlo y su uso y goce, as� como cobrar los frutos civiles traducidos en c�nones de arrendamiento, �autorizaci�n� privada que no constituye tradici�n alguna dada la solemnidad de esta clase de acto y no cumple con los presupuestos necesarios para considerarse como un t�tulo traslaticio de dominio, tal como lo es la venta, la permuta, donaci�n entre vivos o daci�n en pago, y por ello no se puede considerar como justo titulo; siendo preciso anotar, que si bien es cierto que el fin pretendido en el proceso es la declaraci�n de pertenec�a, para que el mencionado documento se pueda considerar como justo titulo, por lo menos debe llenar los requisitos de validez de cualquier acto o negocio jur�dico en cuanto a transferencia de bienes inmuebles se refiere, lo cual debe hacerse por escritura p�blica.

La ausencia de los requisitos necesarios para la procedencia de la prescripci�n ordinaria demandada, seg�n el an�lisis anteriormente realizado, conlleva a negar lo pretendido por la parte actora; raz�n suficiente para confirmar la decisi�n del juez del conocimiento, en el sentido de negar las pretensiones de la demanda. En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, en Sala de Decisi�n Civil,

RESUELVE

1. CONFIRMAR, pero por las consideraciones expuestas, la sentencia apelada de fecha y procedencia preanotadas. 2. Cond�nese en costas de este tr�mite a la parte recurrente. T�sense oportunamente. 3. Notif�quese, comun�quese y devu�lvanse las diligencias a la oficina de origen. Los Magistrados, ANA LUC�A PULGAR�N DELGADO RAD. No. 11001310300719973443

01. ARIEL SALAZAR RAM�REZ RAD. No. 11001310300719973443

01. EDGAR CARLOS SANABRIA MELO RAD. No. 11001310300719973443 01. 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Velandia.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURA�C:\WINDOWS\Application Data\Microsoft\Word\Guardado con Autorrecuperaci�n de 1835 -ordinaria - no justo t�tulo - mala fe - Velandia Vs.asdConsejo SuperiorhC:\PROVIDENCIAS SALA CIVIL 2004\PULGARIN D. ANA L\SENTENCIAS\ORDINARIOS\11001310300719970344301 PDAL.docM�Z���-:��FZ8�� �@N��~=�2�2��;! B���h>�E�����|�G������������I�LL<���h�W|�J�j �Y� ���� ^�@N���p@b��2�3J�k� ���>u:uL<��,%�u��WE{bQr��@����^�`���56>*CJOJQJ^Jo(. @�����^��`���56>*CJOJQJ^Jo(- @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @�����^��`���56>*CJOJQJ^Jo(- @�����^��`���56>*CJOJQJ^Jo(-  �h����h^�h`���OJQJo(-@�����^��`���56>*CJOJQJo(- @����^�`���56>*CJOJQJo(. @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @�����^��`���56>*CJOJQJ^Jo(- @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @�����^��`���56>*CJOJQJo(- @����^�`���56>*CJOJQJ^Jo(. @����^�`���56>*CJOJQJo(. �|�G;! 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