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Magistrado ponente: JOSE ELIO FONSECA MELO. Decide la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandada contra la sentencia de 30 de octubre de 2000 proferida por el Juzgado 12 Civil del Circuito de la Ciudad por Descongesti�n dentro de este proceso.
ANTECEDENTES: Gustavo Basto Ospina formul� demanda por el tr�mite del proceso ordinario de mayor cuant�a contra la sociedad Flexiconservas Alimenticias de Colombia Ltda. y Hoster�a Matamundo Gabriel Rodr�guez y Nohora Duque de Rodr�guez y C�a. S. en C., seg�n los hechos que resumidos son: 1. Flexicon de Colombia Ltda. compr� a la Fundaci�n Pablo VI, mediante escritura No. 9564319 de 13 de diciembre de 1993 de la Notar�a 6� del C�rculo de Bogot�, una bodega ubicada en la Transversal 39 A # 20 A- 38 de la actual nomenclatura de la Ciudad. 2.
Esa Sociedad dej� se atender sus obligaciones, y por tanto, los acreedores debieron iniciar acciones ejecutivas que cursan en los Juzgados 04, 21, 23 y 24 Civiles del Circuito y 13 Laboral. 3. Guillermo Diaz Delgado, dentro de la acci�n ejecutiva con garant�a personal que correspondi� conocer al Juzgado 21 Civil del Circuito, embarg� el inmueble en alusi�n. 4.
Como quiera que el inmueble ten�a una hipoteca a favor de Davivienda, al mover la respectiva acci�n ejecutiva ante el Juzgado 23 Civil del Circuito, en raz�n del privilegio el embargo anterior se cancel�. 5. Mediante h�bil maniobra la Sociedad en cuesti�n logr� que la comunicaci�n del Registrador cancelando el embargo decretado dentro de la acci�n personal no fuera conocida, as� que el ejecutante del Juzgado 21 no tuvo acceso al embargo de los remanentes, quedando desprotegido en sus derechos. 6.
El demandante ten�a embargado lo remanentes dentro de aquel proceso ejecutivo, de manera que cancelada la medida por el Registrador, por sustracci�n de materia la cautela decay�. 7. El embargo obtenido dentro de la acci�n real se registr� el 13 de junio de 1996 y se cancel� el 15 de agosto siguiente, pues de acuerdo Davivienda con Flexicon Ltda., la medida solo permaneci� dos meses. 8.
A continuaci�n � y sin que de ello pudieran tener noticia los acreedores quirografarios �, Flexicon Ltda. transfiri� simuladamente el inmueble a la firma Hoster�a Matamundo S. en C., negociaci�n llevada a cabo entre abuelos, padres y hermanos, en trat�ndose de sociedades entre familiares. 9. As�, Flexicon Ltda. es accionista mayoritaria de Rodr�guez Rold�n Seminario y C�a. S. en C., esta a su vez socia de Hoster�a Matamundo S. en C. hasta diciembre de 1994, fecha en la que cedieron sus cuotas a trav�s de la escritura 4411 de 07 de diciembre de 1994 de la Notar�a 22 del C�rculo de Bogot�. 10.
El inmueble en alusi�n tiene un valor comercial de $300.000.000.oo y no obstante en la escritura de enajenaci�n se consign� un precio de $80.000.000.oo, de los cuales la vendedora s�lo recibi� $20.000.000.oo en efectivo, quedando la compradora obligada a pagar el cr�dito hipotecario con la restante suma. 11. La Sociedad vendedora contin�a en posesi�n de la bodega y sigue siendo este lugar su domicilio judicial.
Con fundamento en estos hechos el demandante formula las siguientes s�plicas: 1. Que se declare absolutamente simulado el contrato de compraventa contenido en la escritura No. 2349 de 10 de septiembre de 1996 de la Notar�a 22 del C�rculo de Bogot�, registrada el 20 de septiembre siguiente en el folio de matr�cula 50C-17759, mediante la cual Flexicon Ltda. dijo vender a Hoster�a Matamundo S. en C. el derecho de dominio sobre la bodega en alusi�n. 2.
Que consecuencialmente vuelva al patrimonio de Flexicon Ltda. � la propiedad plena del inmueble objeto del contrato �. 3. Que se oficie al registro inmobiliario lo dispuesto en la sentencia. Admitida sin reparo alguno el libelo, las Sociedades demandadas recibieron notificaci�n el 24 de julio de 1997 a trav�s de apoderado constituido para este efecto, luego de lo cual contestaron la demanda en los siguientes t�rminos: En relaci�n con las pretensiones se opusieron a ellas de manera rotunda y con respecto de los hechos aceptaron la confecci�n de la escritura, el contrato de compraventa all� consignado y las diferentes anotaciones en el registro inmobiliario; negaron los cargos tocantes con la maniobra para ocultar el levantamiento del embargo y el pretenso acuerdo con Davivienda; y por �ltimo, aclararon que debido a la dif�cil situaci�n econ�mica de la vendedora lleg� a acuerdos con sus acreedores ejecutando algunos e incumpliendo otros.
Paralelamente y en su defensa las demandadas propusieron las excepciones de fondo que denominaron �Realidad y veracidad del contrato de compraventa contenido en la escritura p�blica No. 2349 de fecha 10 de septiembre de 1996, otorgada en la Notar�a 22 del C�rculo de Santaf� de Bogot�, fundada en que no existe simulaci�n puesto que la se�ora Nohora Duque de Rodr�guez, representante legal para esa �poca de la compradora, pag� $20.000.000.oo a trav�s de un cheque girado contra su cuenta del Banco de Bogot�, el que a su turno recibi� la se�ora Pilar Rold�n Seminario, representante legal de la vendedora, seg�n operaci�n que se demuestra con los extractos de las cuentas bancarias.
Contin�an las demandadas, a intento de sustentar la excepci�n, expresando que la compradora entreg� a t�tulo de arrendamiento a la vendedora el inmueble en referencia, de modo que con los c�nones cubrir�a las cuotas pactadas con Davivienda, ello a objeto de que � la Empresa siguiera desarrollando su objeto social �, raz�n por la cual en la actualidad son meros tenedores que no poseedores, resultado de lo cual la direcci�n para recibir notificaciones no sufri� alteraci�n. Entrabada de esta manera la relaci�n jur�dico procesal el Juzgado cit� a las partes a audiencia de conciliaci�n, as� que superada esta etapa sin �xito, el proceso continu� con la pr�ctica de las pruebas, el traslado para alegar y culmin� con la sentencia que accedi� por completo a las s�plicas principales.
Inconforme con esta decisi�n las demandadas se alzaron contra ella, as� que rituada en instancia la impugnaci�n, en la actualidad ocupa la atenci�n de la Sala. SE CONSIDERA: 1. Presupuestos procesales Los consabidos presupuestos procesales demanda en forma, capacidad de parte, capacidad procesal y competencia se hallan actualizados en el presente caso, motivo por el cual el proceso se ha desarrollado normalmente, y por ende, se impone una decisi�n de fondo.
Desde el punto de vista de la actuaci�n tampoco observa la Sala causal de nulidad que pueda invalidar el proceso, de modo que ello aunado a lo anterior, conlleva a esa decisi�n de m�rito. 2. La sentencia del A quo. El Juzgado a trav�s del fallo apelado, tras declarar no probada la excepci�n de fondo opuesta, declar� simulado en forma absoluta el contrato de compraventa contenido en la escritura en menci�n, y as� mismo, dispuso que el derecho de dominio sobre el inmueble debe volver al patrimonio de Flexicon Ltda., para lo cual orden� librar el oficio respectivo a la Oficina de Registro y al Notario para que tomen nota al margen de la escritura.
Para fundamentar el fallo el A quo, luego de plantear que la prueba tendiente a demostrar la simulaci�n del acto en la generalidad de los casos es la indiciaria, empieza por se�alar los hechos que sirven de estribo a esta especie probatoria, entre los que resalta el reconocimiento expreso en la contestaci�n de la demanda del parentesco que une a los socios que conforma las entidades involucradas en el negocio, la necesidad de transferir la propiedad del inmueble en raz�n de las dificultades econ�micas por las que atravesaba la vendedora, la retenci�n del bien por parte de la enajenante alegando que la compradora se lo entreg� en arrendamiento y la conducta procesal displicente observada por las demandadas, indicios que aunados conducen � en definitiva a deducir la ficci�n del acto cuya presunci�n de legalidad ha quedado desvirtuada �.
Apoyado en estos indicios el Juzgado desech� la excepci�n que las demandadas titularon �Realidad y veracidad del contrato de compraventa �, y en consecuencia, lo declar� simulado con todas sus secuelas. 3. El recurso de apelaci�n. Las demandadas, luego de anunciar que sustentar�an el recurso ante el Tribunal, apelaron la decisi�n adoptada por el A quo en los anteriores t�rminos. Y, no obstante haber advertido que presentar�an en su oportunidad los motivos de disconformidad con la sentencia, el t�rmino para ello transcurri� guardando los litigantes el m�s absoluto silencio. 4.
El caso concreto. Constituye verdad averiguada que con respecto de la apelaci�n corresponde al recurrente se�alar el �mbito dentro del cual ha de moverse el Ad quem, pues inmerso a�n dentro del principio dispositivo, es aqu�l quien debe se�alar los motivos de disconformidad con la sentencia de primer grado. Sin embargo, en raz�n de la circunstancias que acompa�an este caso, dominadas por la falta de sustentaci�n del recurso, la Sala para encararlo ha de examinar en toda su extensi�n el fallo censurado, en el entendido que en su totalidad es adverso a los intereses de las apelantes. 4.1.
Acerca de la acci�n de simulaci�n, de un lado, se�ala el art�culo 1766 del C�digo Civil que las escrituras privadas realizadas por los contratantes para alterar lo pactado en la escritura p�blica, no producir� efectos contra terceros pero si entre las partes. Y de otro, advierte el art. 1618 Ib. que conocida claramente la intenci�n de los contratantes debe estarse a ella m�s que a lo literal de las palabras.
Al poner en relaci�n estos dos postulados surge la acci�n de simulaci�n, la que como de todos es sabido ha ocupado la atenci�n de la jurisprudencia y la doctrina, dentro de la perspectiva de elaborar en torno a ella una teor�a que sirva de justificaci�n. 4.2. Dentro de esta l�nea de conducta al inicio la Corte reconoci� en la simulaci�n un caso de nulidad, en consideraci�n a que en el negocio simulado se echaban al parecer de menos dos de los requisitos para su validez, a saber: El consentimiento y la causa l�cita.
Posteriormente la Corte en ese camino advirti� que en todo negocio simulado se ofrec�an dos actos, uno oculto que era el requerido por la partes y que en definitiva regulaba sus relaciones, y el otro, p�blico u ostensible dise�ado para crear una falsa apariencia frente a terceros. Conforme al anterior planteamiento la acci�n de simulaci�n recibi� el nombre de acci�n de prevalencia, en la inteligencia que se trataba con ella de hacer primar entre las partes el negocio verdaderamente querido, vale decir, el oculto frente al ostensible o aparente.
Hoy la jurisprudencia y la doctrina se inclinan por aceptar en torno a este fen�meno la denominada teor�a monista, seg�n la cual en el acto simulado no existe en puridad dos declaraciones de voluntad, sino una sola, inmersa dentro de una entidad negocial �nica, y en donde el negocio celebrado se le pretende cubrir con una cortina, que no es m�s que una prueba preconstituida para enga�ar a terceros. 4.3.
As�, dentro de esta secuencia la simulaci�n puede ser absoluta o relativa. La primera se presenta cuando tras el velo de la ficci�n las partes no esconden contrato alguno, verbi gratia, cuando se dice celebrar una compraventa y tras este ropaje en verdad no existe entidad negocial. Se ofrece la segunda cuando tras el negocio disfrazado se oculta, por decir algo y en relaci�n con la compraventa, una donaci�n o un precio distinto al realmente dado por la cosa. 4.4.
Debido al sigilo que las partes observan al presentar ante el p�blico un acto y ocultar otro, o no ocultar ninguno como en el caso de la simulaci�n absoluta, s�lo en casos excepcionales se deja constancia escrita a que alude el primer inciso del art. 1766 Ib. Empero, ello no constituye obst�culo para que dentro de las relaciones interpartes se pueda utilizar otros medios de prueba tendientes a comprobar el verdadero negocio, mimetizado, se insiste, a trav�s de la prueba preconstituida.
Son los indicios la prueba utilizada con frecuencia para desvirtuar el negocio aparente y por esta v�a hacer prevalecer el oculto. Y como especie probatoria que es, el indicio est� constituido por � todo rastro, vestigio, huella, circunstancia, y en general todo hecho conocido, o mejor dicho debidamente comprobado, susceptible de llevarnos, por v�a de inferencia, al conocimiento de otro hecho desconocido� ( Antonio Dellepiane, Nueva Teor�a de la Prueba, Editorial Temis, 9� edici�n, 1983, p�gina 57).
Si el indicio comporta un hecho conocido y debidamente probado del cual se infiere, luego de un juicio cr�tico, un hecho desconocido o ignorado, la conclusi�n a la que se arriba comprende s�lo dos formas, as�: a) Que el hecho indicador sea infalible, seguro, inexorable por cuanto que conlleva a conclusiones ciertas e indudables, estando en presencia en este caso de un indicio necesario. b) Que el hecho indicador lleve a conclusiones m�s o menos probables o dudosas, estando en este caso frente al indicio contingente.
El indicio necesario alude a aquellos casos que no sufren excepci�n, en los cuales de manera infalible e inevitable se demuestra la existencia o inexistencia del hecho investigado. Y, a contrario sensu, el indicio contingente conduce �nicamente a probabilidades, de modo que s�lo m�ltiples indicios de este tipo pueden constituir plena prueba, bajo la condici�n que re�nan las caracter�sticas de graves, concordantes y convergentes.
Hace relaci�n el requisito tocante con la concordancia a hechos indicadores que se compaginan armoniosamente integrando un conjunto coherente y no excluyente entre si. Ahora, con respecto a la convergencia, este requisito hace relaci�n a los hechos indicadores de modo que �stos conduzcan a la misma conclusi�n. Y, por �ltimo, en la medida que los hechos indicadores permitan eliminar probabilidades y ase acerquen a la certeza, el indicio contingente cobra mayor fuerza, huelga decir, se torna inevitablemente en grave. 4.5.
De tiempo atr�s y luego de estudiar las pr�cticas usadas por los simulantes, la jurisprudencia y la doctrina han venido elaborando un listado de indicios tendientes a demostrar la simulaci�n, entre los que comporta mencionar el fen�meno del parentesco, la amistad �ntima, la falta de capacidad econ�mica del adquirente, la retenci�n de la posesi�n del bien por parte del enajenante, el comportamiento de las partes en el litigio, el precio exiguo, la carencia de necesidad en el vendedor para disponer de sus bienes, el m�vil para simular, los intentos de arreglo amistoso, el precio no entregado de presente, etc.
Empero, es el m�vil la clave para desentra�ar el negocio simulado, pues referido a un inter�s econ�mico y concreto, puesto al descubierto sirve de hilo conductor para guiar al Juez en el entendimiento de la restante prueba. 4.6. De acuerdo con estas nociones de orden legal, la Sala analiza el presente caso atendiendo las pocas especies probatorias acercadas y la realidad procesal, pues en este prop�sito es necesario establecer si existe prueba o no de los indicios que la Juez encontr� acreditados, ello a objeto de decidir el recurso de apelaci�n. As�, en punto al tema del parentesco, no ofrece duda que los representantes legales de las Sociedades demandadas en la contestaci�n de la demanda aceptaron esos lazos de familiaridad, y no obstante, esta condici�n por s� sola no conduce a demostrar que el negocio fue simulado, porque tal como lo afirm� la Corte Constitucional cuando dej� por fuera del ordenamiento jur�dico las disposiciones que sancionaban con nulidad la venta entre c�nyuges, � a dar por preestablecida la falta de rectitud, lealtad y probidad de quien as� contrata, es decir su mala fe, lo que resulta contrario a la norma constitucional consagrada en el art�culo 83 de la Carta Pol�tica que, precisamente, dispone lo contrario �.
Ahora bien: Aceptado como est� por el representante legal de la firma Flexicon Ltda. que esa Sociedad ten�a dificultades econ�micas que no ha podido superar, esta circunstancia que f�cilmente podr�a erigirse en el m�vil del negocio atacado en las presentes condiciones es ambigua, puesto que si bien es cierto podr�a haberla impulsado a sacar de su patrimonio el inmueble en mientes a fin de burlar a los acreedores, tambi�n lo es que el acto podr�a enmarcarse a su vez dentro de las medidas adoptadas para superar parcialmente esa crisis.
Desde la anterior perspectiva la Sala en este punto se inclina por admitir la segunda postura, porque tal como se consigna en el interrogatorio de parte por aqu�l absuelto, afirmaci�n que constituye prueba de confesi�n cualificada al tenor del art�culo 200 del C. de P. C., ha de tenerse por probado que �En el momento de la negociaci�n, la Empresa se encontraba en una situaci�n de liquides especialmente presionados por una deuda con Davivienda, quienes est�n presionando con un embargo sobre ese bien, ante esa circunstancia los socios de la empresa decidieron vender el inmueble a la sociedad Hoster�a Matamundo� (fl. 95 cuad.1).
Con respecto a la retenci�n del bien por parte de la enajenante alegando que la compradora se lo entreg� en arrendamiento, aducida de la misma forma como indicio por la Juez, ha de decirse que al proceso se alleg� por las demandadas un contrato (fls. 67-70 Ib.), seg�n el cual la compradora entreg� a la vendedora en arrendamiento la bodega en cuesti�n, de manera que como ninguna prueba se recogi� con el fin de demostrar una relaci�n distinta a la se�alada en el aludido documento, no hay manera de desvirtuar la tenencia detentada por Flexicon Ltda. Por �ltimo, en torno a la conducta procesal de las partes a lo largo del litigio, seg�n la Juez relativa a la frustrada diligencia de inspecci�n judicial con exhibici�n de documentos, cabe decir que nada proyecta sobre la veracidad del negocio, porque tendientes ambas especies probatorias a establecer la forma como se pag� el precio de la compraventa, existe en el expediente una prueba que aunque incipiente bien puede explicar la manera como se consignaron los $20.000.000.oo a que alude el contrato (fls. 64 � 66 Ib.).
En suma, como quiera que los indicios advertidos por la Juez en pro de la simulaci�n est�n contrarrestados por una serie de contraindicios imposibles de descartar en virtud de la escasa prueba, o dicho de otro modo, ninguna prueba tendiente a reforzar los indicios aducidos por el actor, la sentencia apelada no puede prohijarse sin vulnerar el principio onus probandi consagrado en el art�culo 177 Ib. 4.7.
A��dase a la anterior argumentaci�n que siendo el demandante en este caso un tercero ajeno a la relaci�n negocial atacada, en su condici�n de acreedor de la sociedad que en su decir enajen� en apariencia el inmueble, por este sendero ha debido acreditar � primeramente la existencia de un cr�dito, la prueba en si de la simulaci�n, el perjuicio que le ocasiona el comportamiento del solvens, como tambi�n la imposibilidad o dificultad de obtener o restablecer su derecho por virtud del acto simulado �(C.S.J. sent. 9 nov/88), hechos que apenas esboz� en el libelo pero que no demostr� como era su deber. 5.
En estas circunstancias, puesto que la Sala no accede a las s�plicas de la demanda por las razones expuestas, el estudio de la excepci�n de fondo opuesta, de suyo encaminada a enervar las pretensiones, no se hace indispensable, de manera que para hacer consecuente el fallo con el anterior an�lisis, se revocar� y en su lugar se absolver� de cargos a las demandadas.
En m�rito de lo expuesto el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D.C en Sala Civil de Decisi�n, R E S U E L V E: Primero: Revocar la sentencia de 30 de octubre de 2000 proferida por el Juzgado 12 Civil del Circuito de la Ciudad por Descongesti�n dentro de este proceso. Segundo. En consecuencia se absuelve a las Sociedades demandadas de todos los cargos formulados en la demanda.
Tercero. Costas de ambas instancias a cargo del demandante.
NOTIFIQUESE Sentencia discutida y aprobada en Sala Civil de Decisi�n seg�n acta No. 26 de 18 de julio de 2002. JOSE ELIO FONSECA MELO Magistrado. ALVARO FERNANDO GARCIA RESTREPO Magistrado. LIANA AIDA LIZARAZO VACA Magistrada. (5���y{�����������ab���G������X C#�#�#$:$z$|$�$�%&g-|-E45�67s7�7�>�A�B�E8GIGJGtI�L�LNO�PdQeQxQzQR�R�R�R�R�R9S:S<STS�S�S�S�S����������������������������������������������������������CJ mH sH CJ$ 6�CJ ]�CJ \�6�]�5�\�5�CJ CJ 5�CJ \�Q(345lmn���yz{�������`a � � ����������������������������$a$$a$�S������ � ��&'����`b��+,&'��������������������������������������������������W X �#�#{$|$�$�$2%3%�%�%&����������������������������$a$$a$&&N(O(�)�)�*�*�+�+--$.%.�/�/�1�13�3}5~5�7�7;9<9G;H;�=�=�����������������������������$a$�=�>�>�?�?�B�B�D�DIGJGtIuI�K�KMMO�O�P�PdQeQfQxQyQzQRR����������������������������$a$$a$R�R�R�R�R�R�R�R�R9S:S;S<S=STS`SaSbScSdS�S�S�S�S�S�S�S�S���������������������������$a$$a$�S�S�0&P1�h��/ �PI!�� "��#��$��%������� i8@��8NormalCJ_HaJmH sH tH:@:T�tulo 1$$@&a$ 5�CJ \�:@:T�tulo 2$$@&a$ 5�CJ$\�FA@���FFuente de p�rrafo predeter.0>@�0T�tulo$a$ 5�CJ \�DB@DTexto independiente$a$CJ J�OJBody Text 25$7$8$9DH$CJ aJmH sH �Oh����!��pٵ!��pٵ!��pٵ!��pٵ ��pٵ ��pٵ ��pٵ ��pٵ �� pٵ �� pٵ ��pٵ ��pٵ�'�! �&}.T6%>2FeM�OL�Z�� O (345lmn���yz{�������`a������� � � � &'����`b��+,&'��������������������WX��{ | � � 2!3!�!�!""N$O$�%�%�&�&�'�'))$*%*�+�+�-�-/�/}1~1�3�3;5<5G7H7�9�9�:�:�;�;�>�>�@�@ICJCtEuE�G�GIIK�K�L�LdMeMfMxMyMzMNN�N�N�N�N�N�N�N�N9O:O;O<O=OTO`OaObOcOdO�O�O�O�O�O�O�O�O�O�0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���0���0���0���0��0��0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��0���0���0���S+�&�=R�S�S,./0123�S-<?���2;PV��nrISISX`��= F � � > G 46����� � $��x�3:������>E��o%s%q)|)+#+i,n,o,u,�,�,�.�.�.�.'111M4R4�7�7�>�>�B�B-C6CeEmERGTG�GH�I�I�J�JKK�O�O�O�O��CONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAWC:\Mis documentos\Recuperados\Guardado con Autorrecuperaci�n de SIMULACION FLEXICON.asdCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAWC:\Mis documentos\Recuperados\Guardado con Autorrecuperaci�n de SIMULACION FLEXICON.asdCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAA:\SIMULACION FLEXICON.docB)4�tƫ������������k���^��`�k�o(.��������^��`���.��p�L��p^�p`�L�.��@����@^�@`���.������^�`���.����L���^��`�L�.��������^��`���.��������^��`���.��P�L��P^�P`�L�.B)4���������]2g �N�O�O��@?k�r@@�O�@��Unknown������������G��:�Times New Roman5��Symbol3&��:�Arial"q������gF',h&',h&�� ->�$�������0[L� 2�Q���'TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIALCONSEJO SUPERIOR JUDICATURACONSEJO SUPERIOR JUDICATURA�������Oh��+'��0�����( LX t�� ������(TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIALRIBCONSEJO SUPERIOR JUDICATURAONSONSNormal CONSEJO SUPERIOR JUDICATURA12SMicrosoft Word 9.0D@��B@@�z��<�@|�Y-�@�z��<�� ->����՜.��+,��0(hp�������� ��CONSEJO SUPERIOR JUDICATURA�[L� (TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIALT�tulo !"#$%&'()*+,-./01234����6789:;<=>?@ABCDE����GHIJKLM����OPQRSTU��������X����������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �F��n��<�Z�1Table������������5� WordDocument��������2hSummaryInformation(����FDocumentSummaryInformation8������������NCompObj����kObjectPool��������������n��<���n��<������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������� ���� �FDocumento Microsoft Word MSWordDocWord.Document.8�9�q