��ࡱ�>�� |~����{��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������� ��_bbjbjT~T~ :�66�Xa������������������ 8E��4 x3�--(UUU0003333333p4�7R3�[%00[%[%3��UU�23((([%�U�U3([%3(((U����p�ݑ�I� a&v(3H30x3(d7�&�d7(d7�(� 0�(2��}00033�'j000x3[%[%[%[%��������������������������������������������������������������������d7000000000� �: TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT� SALA DE DECISI�N CIVIL Ref.: PROCESO VERBAL Rad. 1100 1210 3032 2009 00192 01 Carlos Libardo Miranda Palacios y Otro Vs Davivienda. [audiencia de fallo art�culo 434 del c.p.c.] En Bogot�, D.C., a las ocho y quince de la ma�ana (8:15 a.m.) del d�a primero (1�) de septiembre de dos mil diez (2010), d�a y hora se�alados para el efecto en auto de veinticinco (25) de agosto pasado, la Sala de Decisi�n Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D.C., integrada por los Magistrados Germ�n Valenzuela Valbuena (ponente), Oscar Fernando Yaya Pe�a y Manuel Alfonso Zamudio Mora, se constituy� en audiencia p�blica en el recinto del Despacho con el fin de proferir fallo en el proceso verbal de la referencia, en los t�rminos del art�culo 434 del C. de P. C., una vez surtido el traslado para alegatos en la primera parte de esta audiencia. Acto seguido, el Magistrado ponente design� como secretario ad hoc al abogado asesor del despacho Alejandro Dimat� Campos, quien por lo mismo no requiere de nueva posesi�n. No se hicieron presentes los apoderados de las partes.
La Sala procedi� a proferir el siguiente fallo:
ANTECEDENTES 1. Carlos Libardo Miranda Palacio y �lvaro Alirio Miranda Palacio demandaron a Davivienda S.A. para que se declarara que �super� en los montos y en la aplicaci�n de los intereses de los cr�ditos Nos 30516546 y 3050715 (�) los l�mites legales establecidos en el contrato de mutuo� en determinados meses desde 1998. En consecuencia, solicit� que se declarara la p�rdida total de los r�ditos cobrados de m�s, de conformidad con lo establecido en el art�culo 884 del C. de Co., y que se condenara al Banco a pagar a los demandantes a t�tulo de sanci�n y en aplicaci�n del art�culo mencionado y el art�culo 11 de la ley 510 de 1999, el exceso cobrado.
Como consecuencia de ello, solicitaron que las obligaciones contenidas en los pagar�s arriba identificados se declaren pagadas, y que, adicionalmente, el Banco les debe una cantidad igual o superior a 50 millones de pesos. 2. La demanda tiene fundamento en hechos que as� se compendian: a) Los demandantes celebraron contrato de mutuo con la Corporaci�n de Ahorro y Vivienda Davivienda, cuyo cr�dito se incorpor� a dos t�tulos valores, por $25.493.950 y $9�610.000, obligaci�n que fue garantizada con hipoteca. b) Durante el plazo convenido, 180 meses, por cada uno de los cr�ditos deb�a pagarse a t�tulo de inter�s un equivalente al 6% anual, �o tasa legal�. c) Una liquidaci�n de los cr�ditos realizada por �Agobiados por el UPAC�, determin� que la �tasa de inter�s total aplicada es superior a la tasa pactada, o tasa legal, en casi todos los periodos mensuales, y desde la fecha de desembolso hasta el mes de diciembre de 2007, hubo �cobro de intereses sobre intereses por parte de la entidad financiera�� d) A partir del 31 de diciembre de 1999, el Banco acreedor de manera unilateral convirti� el cr�dito a UVR y aplic� sobre los saldos insolutos en esa unidad una tasa indeterminada, �y al convertir los valores en UVR resultantes a pesos, la correcci�n monetaria o ajuste gana intereses, en una aplicaci�n ilegal y arbitraria, que de conformidad con el art�culo 64 de la ley 45 de 1990 incurre en cobro de intereses sobre intereses o sea anatocismo, que est� prohibido por la ley�. e) El cobro de intereses desbord� los m�ximos legales como consecuencia de que el Banco aplic� una tasa de inter�s compuesta y no simple, como lo orden� la Corte Constitucional. f) El exceso en el cobro de los intereses por ambos cr�ditos equivale a $44�583.333, y debe tenerse en cuenta que los demandados, por todo lo que ya han amortizado, solucionaron las obligaciones a su cargo. 3.
En prove�do de 3 de abril de 2009 (f. 101 c.1), el Juzgado de conocimiento admiti� la demanda y orden� la notificaci�n del extremo demandado, quien se opuso a las pretensiones y propuso las excepciones de m�rito que denomin�: �Excepci�n de improcedencia de la acci�n por ausencia de capitalizaci�n de intereses y de intereses en exceso�; �Excepci�n de imposibilidad de aplicar retroactivamente los fallos de la Corte Constitucional citados por el demandante�; �Excepci�n de falta de legitimaci�n en la causa por pasiva�; �Excepci�n de inexistencia de la obligaci�n de restituir pagos efectuados en cumplimiento de obligaciones legales y exigibles a cargo de los deudores�; �Excepci�n de ausencia de responsabilidad civil del Banco Davivienda S.A.�; �Excepci�n prevista en la ley 546 de 1999, de pago� y la �gen�rica�. 4.
Agotada la fase probatoria, el Juez corri� traslado para alegar de conclusi�n, ocasi�n que fue aprovechada por ambos extremos del litigio. EL FALLO IMPUGNADO Afirm� el a quo que deb�a analizarse en relaci�n con los cr�ditos incorporados en los t�tulos valores, la tasa de inter�s pactada y la cobrada, para as� establecer si se produjo un cobro excesivo de r�ditos.
Con tal prop�sito, manifest� que como los cr�ditos se estipularon en enero de 1998, hab�a que ver cu�les eran las condiciones que reg�an el cobro de intereses para esa �poca. Enseguida, asever� que los pr�stamos de vivienda eran comerciales hasta la expedici�n de la ley 546 de 1999, normativa que los tom� como una categor�a especial, mas para cuando aqu� se pactaron las obligaciones de las que se predic� cobro torticero de rendimientos, hab�a lugar a aplicar lo que las partes libremente convinieron en ejercicio de la autonom�a de la voluntad.
Entonces al ser en principio el cr�dito convenido uno de naturaleza comercial, hab�a que aplicar el art�culo 884 del C. de Co, el art�culo 64 de la Ley 45 de 1990 y el art�culo 235 del C�digo Penal, que tipificaba el delito de usura por el cobro de intereses lo que excediera el Inter�s Bancario Corriente m�s un medio. Agreg� que la Corte Suprema de Justicia defini� que el techo para el cobro de frutos civiles era el IBC+ �.
De otra parte, asent� que la Ley 546 de 1999 (Art. 17 Num. 2�) estableci� una regulaci�n en materia de intereses que la Corte Constitucional aval� condicionadamente, y que el Banco de la Rep�blica, en Resoluci�n 14 de 2000, certific� que la tasa de inter�s remuneratoria para los cr�ditos de vivienda no podr�a exceder del 13,1 nominal, tasa que se redujo en 2006 a 12,67 efectivo.
Tal era, prosigui�, el escenario que gobernaba la regulaci�n del cobro de intereses, antes y despu�s de la Ley de Vivienda. En el asunto sub examine adujo, qued� acreditado que el Banco otorg� y desembols� unos cr�ditos a los demandantes en los que se pact� un inter�s equivalente a la DTF+9 puntos porcentuales. A continuaci�n plante� el interrogante de si la estipulaci�n as� vista era l�cita, para lo cual consider� que para 1998, ese convenio quedaba supeditado a que el cobro efectivo no superara el IBC+ �.
Y entr� a valorar lo que se demostr�. En relaci�n con la prueba aportada por la parte demandante, manifest� que el dictamen tra�do con la demanda tom� para efectos de liquidar los r�ditos una tasa de inter�s del 6% anual, y, partiendo de ella, concluy� ese informe que se cobraron intereses en exceso por m�s 32 millones de pesos en relaci�n con uno de los cr�ditos y poco m�s de 14 millones de pesos trat�ndose del otro, trabajo que fue objetado por la parte demandada, con el argumento de que el perito tom� una tasa de inter�s que no correspond�a a la que las partes definieron.
A continuaci�n, se pronunci� el Juez sobre la aludida objeci�n y la encontr� fundada, habida cuenta que para 1998 se pod�a pactar por concepto de intereses hasta el IBC+ �, por lo que correspond�a acreditar si la tasa aqu� convenida (DTF+9%) excedi� dicho l�mite, lo que no sucedi� con la prueba que se aport�, en la que no realiz� ese parang�n, y sin que fuera de recibo la afirmaci�n de que la tasa que ten�a que aplicarse por el Banco era del 6%, toda vez que ello implicar�a desconocer el contrato de mutuo, en donde en relaci�n con el pago de intereses se dispuso otra cosa.
A continuaci�n rese�� que con posterioridad a la expedici�n de la Ley de vivienda, el tope al que hab�a que estarse en materia de intereses vino a ser fijado por el Banco de la Rep�blica, que para el a�o 2000 lo estableci� en 13.1 nominal anual. Revis� el hist�rico de pagos que aport� el Banco y concluy� que una vez entr� a regir la mentada Ley aplic� la tasa de inter�s que como m�ximo se autoriz� percibir.
En este punto trajo a colaci�n los resultados que arroj� la experticia aportada por la parte demandada, en el que se tuvo en cuenta para calcular el l�mite, en un primer momento, la suma de la DTF m�s 9 puntos, y con posterioridad, el que se fij� como m�ximo por la Junta Directiva del Banco de la Rep�blica, y dej� en claro que si de lo que se trata es de cuestionar la redenominaci�n de la obligaci�n de pesos a UVR, otro era el escenario para debatir acerca de los presuntos perjuicios que ello habr�a irrogado al deudor para lo cual se vali� de una sentencia de 2003 del Tribunal Superior de Bogot�.
Constat� que a partir de la vigencia de la Ley de vivienda el Banco aplic� la tasa de inter�s permitida y cobr� aparte la correcci�n monetaria; agreg� que en el caso sub examine tampoco se demostr� que a�n si se cobra lo m�ximo permitido por la autoridad crediticia, se hubiera recibido, con todo, r�ditos por encima de la tasa de usura (IBC + �), pues la parte demandante no elabor� ese cotejo.
De otra parte, desestim� los ataques elevados por el extremo actor contra el trabajo t�cnico aportado por su contraparte, en tanto que parti� de la premisa errada de tomar como l�mite en materia de r�ditos una tasa del 6% anual. As�, concluy� que el dictamen de la parte actora no pod�a tenerse en cuenta, no s�lo por la raz�n que ya se expuso, sino porque, se alej� de la metodolog�a reglamentaria establecida para elaborar la reliquidaci�n y el establecimiento del alivio de los cr�ditos.
Para finalizar, manifest� que el objeto del proceso estaba reducido, con exclusividad, a la fijaci�n de la tasa de inter�s y la aplicaci�n de la misma al momento de hacer el cobro de las diversas cuotas, y que ello fue, precisamente, el tema al que se contrajeron los problemas jur�dicos que se elaboraron cuando se acord� el �plan del caso�, de manera que cualquier otro aspecto ten�a que ponerse en conocimiento de la jurisdicci�n por otras v�as.
De esa forma, y sin que fuera necesario adentrarse en un estudio de las excepciones de m�rito esgrimidas por la entidad financiera demandada, declar� fundada la objeci�n contra el dictamen pericial presentado por los demandantes y neg� sus pretensiones, en la medida en que no acreditaron el cobro torticero de r�ditos, a m�s de que el criterio que adoptaron con el prop�sito de demostrara que ello s� ocurri� no ten�a respaldo a la luz de las pautas legales y jurisprudenciales que hab�a que aplicar al asunto.
LA APELACI�N Asever� el recurrente que no obstante haberse acreditado la existencia de unos perjuicios, el Juez concluy� que la justificaci�n del demandado era suficiente para absolverlo, omitiendo el deber de coherencia y congruencia del fallo en relaci�n con los hechos que aparezcan debidamente demostrados, constituy�ndose as� en defensor de oficio de la demandada, pues rechaz� las pretensiones con sustento en que la experticia allegada por el extremo actor no era apreciable, vali�ndose para ello del trabajo suministrado por la entidad financiera, en el que se observan citas fuera de contexto.
Al efecto, asever� que no era cierto lo que manifest� el experto contratado por el intermediario financiero, para quien existe un m�todo de imperiosa aplicaci�n cuando se trata de liquidar los intereses, afirmaci�n que no es cierta y se hizo con el �nico prop�sito de confundir al despacho judicial. A continuaci�n, transcribi� el segmento de la sentencia C-955 de 2000 que cit� el profesional contratado por el Banco en su informe (transcripci�n relacionada con el funcionamiento de la UVR) y agreg� que tal aparte ten�a que interpretarse con lo que m�s adelante dejo dicho la Corte en la misma providencia. En palabras del apelante, esa Corporaci�n determin� que es inconstitucional el cobro de intereses sobre intereses, pues as� se respetan las normas legales vigentes como el art�culo 1617 del C�digo Civil, que fija el inter�s legal en el 6% anual, el art�culo 886 del C�digo de Comercio y el 45 de la Ley 45 de 1990.
Concluy� que el a quo no s�lo deneg� t�citamente las pretensiones de la demanda sino que desconoci� la normatividad vigente en aras de justificar las acciones de la parte contractual dominante. CONSIDERACIONES 1. De conformidad con lo dispuesto por el numeral 8 del par�grafo 2� del art�culo 427 del C. de P. C., el proceso verbal, como el aqu� adelantado, tiene como finalidad la reducci�n o p�rdida de intereses, o la fijaci�n de los intereses corrientes; y, para el caso concreto, lo pretendido fue que se declarara que hubo cobro de intereses por encima de los m�ximos legales y que por ende se ordenaran la respectivas restituciones, reclamo que as� visto coincide con lo preceptuado en dicha norma.
Entonces, obrando de modo acorde con el objetivo de esta clase de procesos, debe circunscribirse la labor del Juez a establecer si en cada uno de los distintos per�odos en que se causaron y pagaron r�ditos se desbordaron las tasas m�ximas del ordenamiento jur�dico, lo cual es presupuesto necesario para definir, a rengl�n seguido, cu�l debe ser el importe de la restituci�n, si a ello hubiere lugar. 2.
Se tiene as� que uno de los prop�sitos de esta especie de juicios es hacer imperar el respeto de los l�mites que en materia de tasas de inter�s remuneratorio establece el Legislador o la Junta Directiva del Banco de la Rep�blica, a quien se asign� desde 1992 la potestad excepcional y por periodos de tiempo que sumados en un a�o no excedan de 120 d�as, de se�alar �las tasas m�ximas de inter�s remuneratorio que los establecimientos de cr�dito pueden cobrar o pagar a su clientela sobre todas las operaciones activas y pasivas� y que, a partir de la sentencia C-208/00 de la Corte Constitucional, se convirti� en una potestad discrecional -seg�n lo demanden los intereses p�blicos y sociales-, permanente y no circunscrita a periodo alguno. La autoridad monetaria, que es la Junta Directiva del Banco de la Rep�blica, ejerci� espec�ficamente en materia de cr�ditos para la construcci�n o adquisici�n de vivienda, la potestad que le confiere la letra e) del citado art�culo 16 de la ley 31 de 1992, por medio de las Resoluciones externas: 014 de 3 de septiembre de 2000, 09 de 2003, 03 de 2005 y 08 de agosto 25 de 2006.
Deducci�n inevitable de lo anterior es que, llegado el caso en que se exceda el l�mite del inter�s que para remunerar el plazo o la mora establecieron las citadas Resoluciones, la sanci�n aplicable es la contenida en el art�culo 72 de la ley 45 de 1990, desde luego, sin perjuicio de que el exceso sea de tal entidad que alcance a tipificar el il�cito que reprime el tipo penal de usura.
A esa conclusi�n arrib� igualmente el Consejo de Estado en un concepto emitido por la Sala de Consulta y Servicio Civil de 5 de julio de 2000, en donde, en s�ntesis, el cobro de intereses remuneratorios que sobrepasen el l�mite fijado por la Junta Directiva del Banco de la Rep�blica, da lugar a las sanciones establecidas en el art�culo 72 de la ley 45 de 1990.
Adicionalmente, y en un intento por esclarecer el tema de los l�mites a las tasas de inter�s en materia comercial, estim� que el art�culo 884 del C. de Co. es una disposici�n que suple la voluntad de las partes cuando hayan de pagarse r�ditos de un capital y no se hubiere convenido expresamente por ellas la tasa de inter�s remuneratorio o moratorio, de all� que, a falta de estipulaci�n expresa de los intereses se aplicar� el inter�s bancario corriente como tasa de inter�s remuneratoria, sin exceder la tasa m�xima se�alada por la autoridad monetaria, y llegado el caso en que el l�mite no haya sido fijado por �sta, no existe uno distinto al pactado por las partes al tiempo de la convenci�n, sin que se pueda cobrar ni recibir intereses que excedan la tasa constitutiva del delito que reprime la ley penal con el nombre de �usura�.
En efecto, adujo: �Por ser la norma penal de orden p�blico no pueden desconocerla los contratos celebrados. Se impone entonces, en la pr�ctica, un l�mite a los intereses, cuya infracci�n tiene efectos penales�. Una interpretaci�n de la misma disposici�n (Art. 884 del C. de Co.), hecha antes de la modificaci�n de su texto por art�culo 111 de la Ley 510 de 1999, llev� a la Corte Suprema de Justicia a decir que �Como las normas legales no pueden interpretarse de tal manera que su inteligencia conduzca al absurdo, se hace indispensable llegar a la conclusi�n de que, en el sistema del derecho mercantil colombiano, no es posible pactar como tasa de inter�s una que exceda del doble del inter�s corriente bancario�.
(Cas. Civ. de 29 de mayo de 1981). En decisi�n posterior de aquella Corporaci�n, a prop�sito de la incompatibilidad de solicitar a un mismo tiempo intereses comerciales y correcci�n monetaria, qued� reflejado su criterio en punto al l�mite a las tasas de inter�s: �(�) el inter�s tiene como frontera inquebrantable la tasa de usura (art. 305 C.P.), seg�n lo ha expresado la corporaci�n en forma repetida (Vid: cas. civ. de 30 de mayo de 1996, CCXL, pag 709 y cas. civ de mayo 11 de 2.000; exp:5427)� (Cas.
Civ. de 19 de noviembre de 2001; Ref. Exp. 06094). 3. Descendiendo al caso que contrae la atenci�n de la Sala, se observa que el marco jur�dico que acaba de rese�arse fue tenido en cuenta por el Juez de primera instancia para fallar el asunto sometido a su consideraci�n, de donde se sigue que no es de recibo el argumento del apelante seg�n el cual el a quo se alej� de la normativa aplicable para favorecer al Banco demandado.
Al contrario, fue luego de hacer planteamientos similares a los que acaban de exponerse que se adentr� en el an�lisis de los elementos de convicci�n, concluyendo que el demandante no satisfizo su carga probatoria, en la medida que en el trabajo que present� con el prop�sito de demostrar supuestos excesos se parti� de una premisa equivocada: tener por l�mite m�ximo para el cobro de r�ditos una tasa del 6% anual, conclusi�n aquella del juez a-quo que, sin ambages, debe ser confirmada, sin que para ello sea menester recurrir al trabajo que como contrapartida present� la entidad demandada.
Y es que es patente que la demanda y el �concepto t�cnico� a ella anexado, parten de la misma premisa equivocada, esto es, que Davivienda exigi� intereses desbordando el �l�mite aplicable�: 6% anual, por manera que ni las consecuencias jur�dicas que se pretendieron con la primera, ni las conclusiones a las que lleg� el segundo pueden ser de recibo, pues seg�n ha qued� suficientemente sustentado p�rrafos arriba, el conf�n para el cobro de r�ditos corrientes lo constituy�, en principio, la tasa para �cr�ditos de libre asignaci�n� incrementada en una mitad (Art. 235 C. Penal de 1980), y luego, con la entrada en vigencia del C�digo Penal de 2000 �Ley 599- (que comenz� a regir a partir del 25 de julio de 2001), el tope vino a establecerse tomando como referente la tasa de Inter�s Bancario Corriente (IBC) aumentada un 50% (Art. 305), todo lo cual lleva indefectiblemente a desestimar la afirmaci�n que sirve de estribo de las pretensiones en relaci�n con el periodo que antecede a la expedici�n de la Ley de Vivienda, consideraci�n que es igualmente aplicable a toda la historia del cr�dito, pues a�n los intereses pagados con posterioridad a la vigencia de la mentada Ley, no encuentran barrera ni en el referido inter�s legal civil, ni en la tasa del inter�s bancario corriente, sino en el que la autoridad crediticia fij� a partir de la resoluci�n 014 del 3 de septiembre de 2000 y en las resoluciones sucesivas.
De lo anterior fluye que el trabajo que present� la parte actora para fundamentar sus pretensiones incurre en un yerro may�sculo, en la medida en que al liquidar el inter�s con una tasa sustancialmente inferior a la pactada, obtuvo, en consecuencia, saldos de capital mucho menores tras cada pago, de suerte que al comparar esos saldos con la tasa de intereses cobrada por el Banco, calculada desde luego sobre un saldo mayor de capital, obtuvo la diferencia que, supuestamente, el intermediario financiero cobr� en exceso.
Mas ese ejercicio no es atinado, habida cuenta que la tasa pactada -por lo dem�s variable (DTF+9% E.A.)- con la cual deb�an calcularse los frutos civiles del cr�dito es, a todas luces, cuantitativamente superior a la que se tuvo en cuenta en el trabajo presentado por la parte demandante para definir el cobro, y por ende, el supuesto exceso.
As� las cosas, el cometido que en materia probatoria deb�a satisfacer el extremo actor se reduc�a a se�alar con precisi�n y claridad qu� excesos se presentaron en el cobro de intereses, tras un cotejo entre la tasa que efectivamente cobr� la entidad bancaria y el l�mite vigente para un periodo respectivo. Pero si en esa empresa se tuvo en cuenta una tasa de inter�s inferior a la convenida, es obvio que la diferencia que arroje el cotejo de esa tasa con la que efectivamente cobr� el Banco a la luz de lo estipulado -y es claro que la hay-, no puede tomarse como un cobro torticero de rendimientos, m�xime cuando la afirmaci�n seg�n la cual el intermediario financiero s�lo pod�a cobrar el 6% anual, esto es el 0.5% mensual -monto que fue con el que liquid� la obligaci�n el arquitecto contratado por la parte demandante para realizar la �experticia t�cnica� allegada con la demanda-, carece de respaldo jur�dico. 4.
Corolario de lo discurrido es que el demandante no cumpli� con la carga que le asignan los arts. 1757 del C. C. y 177 del C. de P. C., por lo cual la demanda, ni la apelaci�n, estaba ni est�n llamadas a prosperar, imponi�ndose la confirmaci�n del fallo impugnado, y la condigna condena en costas al recurrente (art. 392-1 C. de P.C.) DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, D.C., en Sala de Decisi�n Civil, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley,
RESUELVE
1�) CONFIRMAR la sentencia apelada, proferida por el Juzgado 32 Civil del Circuito, el 26 de octubre de 2009. 2�) Condenar en costas al apelante. T�sense. - - - La presente decisi�n queda notificada en ESTRADOS. - - - No siendo otro el motivo de la presente diligencia, se termina y firma el acta por quienes en ella intervinieron. - - Los Magistrados, GERM�N VALENZUELA VALBUENA OSCAR FERNANDO YAYA PE�A MANUEL ALFONSO ZAMIUDIO MORA El secretario ad hoc, ALEJANDRO DIMAT� CAMPOS Rad.110013103032200900192 01 Letra e), art�culo 16 ley 31 de 1992. Corte Constitucional, Sentencia C-208/2.000.
Referencia: expediente D-2482. Consejo de Estado Sala de Consulta y Servicio Civil. 5 de julio de 2.000 Rad. 1276. Solicitante: Ministro de Hacienda y Cr�dito P�blico. PAGE 1 PAGE 13 Audiencia Verbal fallo Rad. 1100 1210 3032 2009 00192 01 IJe���� !. / 7 8: > ? 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