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Magistrado ponente: MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA Proceso No. 110013103006201300082 01Clase:ORDINARIO Demandante: LEONOR RIOCAMPO ACOSTA � JUAN DIEGO �VILA RIOCAMPODemandado:DANIEL JAVIER NOVOA OCAMPO, CRUZ ALBERTO CASAS PALACIOS y SEGUROS GENERALES SURAMERICANA S.A. Sentencia discutida y aprobada en sesi�n No. 23 de 26 de mayo de 2015.
Se decide el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte actora contra la sentencia proferida el veinticinco (25) de mayo de dos mil catorce (2014) por el Juzgado 6 Civil del Circuito de Bogot�, D.C., mediante la cual neg� las pretensiones.
ANTECEDENTES Leonor Riocampo Acosta, en nombre de su menor hijo Juan Diego �vila Riocampo, por intermedio de apoderado judicial, demand� en proceso ordinario a Daniel Javier Novoa Ocampo, Cruz Alberto Casas Palacios y Seguros Generales Suramericana S.A., para que sean declarados responsables extracontractualmente en actividades peligrosas, por los da�os causados con ocasi�n del accidente de tr�nsito ocurrido el 7 de mayo de 2014 y, consecuencialmente, condenados a pagar: $2.300.000 por concepto de lucro cesante al menor; $9.600.000 por el mismo concepto a la se�ora Leonor Riocampo Acosta; $4.000.000 referidos al da�o emergente; 150 Salarios M�nimos Legales Vigentes (150 S.M.L.M.V.) por da�o moral al menor Juan Diego �vila Riocampo y a Leonor Riocampo; cincuenta (50) salarios m�nimos legales vigentes (50 s.m.l.mv.) al menor Juan Diego �vila Riocampo por concepto de p�rdida de funcionamiento, la oportunidad de desarrollar actividades l�dicas, deportivas y otras acciones vitales para la interacci�n humana.
Como soporte f�ctico de sus pretensiones, en s�ntesis, la demandante relat� que el 7 de mayo de 2011, a la altura de la Calle 56 F Sur con 90 B � Sur, se present� una colisi�n entre el veh�culo de placas SPQ 236 de marca Chevrolet NKR, modelo 2007, que era conducido por el se�or Daniel Javier Novoa Ocampo y la bicicleta marco 2232 Rally, todo terreno, en la que se movilizaba el menor Juan Diego �vila Ocampo.
Despu�s de ser asistido en el lugar por personal de la Secretar�a de Salud del Distrito, fue trasladado al Hospital de Bosa II nivel ESE, en el que se le prest� la atenci�n correspondiente. Se dijo en la epicrisis que �Motivo de consulta. Paciente con trauma en pie izquierdo y pierna izquierda al ser arrollado por veh�culo automotor� fractura 1,2,3 y 4 metacarpo desplazada pie izquierdo, fractura tibia distal no desplazada, pusost, sensibilidad conserrada�.
El d�a 15 de noviembre de 2011 fue valorado y se le determin� una incapacidad definitiva de noventa (90) d�as y secuelas m�dico legales. �Deformidad f�sica que afecta el cuerpo de car�cter permanente y perturbaci�n funcional de la locomoci�n de car�cter a definir en cuatro (4) meses�. Las lesiones referidas no solamente afectaron al menor en su salud, estado an�mico, su desempe�o acad�mico y su vida social, sino a toda la familia, en especial a su madre quien tuvo que dejar de trabajar para dedicarse a los cuidados que demandaba el estado de salud de su hijo.
Notificados los demandados se opusieron a las pretensiones, aceptaron algunos hechos, negaron otros. En su defensa, propusieron las excepciones que individualmente denominaron de la siguiente forma: Daniel Javier Novoa Ocampo present� las que denomin�: �culpa exclusiva de la v�ctima, falta de legitimaci�n por activa en la reclamaci�n de lucro cesante que se realiza a favor de la se�ora Leonor Rioblanco Acosta, reducci�n del da�o por la imprudencia de la v�ctima, excesiva apreciaci�n y valoraci�n del da�o, nemo auditut propia turpitudinem � nadie puede alegar su propia culpa-, ausencia probatoria del da�o sufrido, concurrencia de culpas y la gen�rica�.
Cruz Alberto Casas Palacios aleg�: �Cobro de lo no debido, inexistencia e ineptitud de la demanda por falta de los requisitos formales y exoneraci�n de responsabilidad civil extracontractual por amparo de p�liza�. Para el efecto, con soporte en la p�liza de Responsabilidad Civil Extracontractual n�mero 1003879 -4 llam� en garant�a a la Aseguradora SEGUROS GENERALES SURAMERICANA S.A.�.
La aseguradora SEGUROS GENERALES SURAMERICANA S.A., acude al proceso en doble condici�n. Como demandada directa y llamada en garant�a. Como lo primero, manifest� �que no se encuentra demostrado que el veh�culo de placas SPQ fue el causante del accidente acaecido e Improcedencia de los perjuicios deprecados, excesiva tasaci�n de los mismos y falta de prueba que los acredite�.
En relaci�n a lo segundo, se opuso a las pretensiones de la demanda principal y, en consecuencia, al llamamiento en garant�a, respecto del cual soport� sus defensas en los siguientes argumentos: �Falta de configuraci�n del riesgo por ausencia de responsabilidad de la asegurada, la eventual cobertura del amparo reclamado se encuentra circunscrita a las condiciones especificadas en la p�liza, aplicaci�n del l�mite asegurado y del deducible pactado en la p�liza, aplicaci�n de la disponibilidad del valor asegurado y pactado en la p�liza y prescripci�n, nulidad relativa y compensaci�n�. La sentencia del a quo Consider� que no existe en el expediente �prueba que permita colegir puntualmente en qu� forma ocurrieron los hechos y estando en movimiento los dos rodantes, el veh�culo que conduc�a el demandado y la bicicleta del lesionado, �no es posible aplicarse la presunci�n de culpa consagrada en el art�culo 2536 del C�digo Civil, en tanto que las presunciones de culpa que cobijan a los implicados pr�cticamente se aniquilan mutuamente, forzando entonces al promotor de la acci�n a acreditar la culpa del encausado�.
Agreg�, que conforme al principio de la carga de la prueba que establece el art�culo 177 del C. de P.C., incumb�a a la parte demandante demostrar de manera fehaciente las precisas circunstancias en las que ocurri� el accidente que produjo los perjuicios, de los cuales pretende obtener la declaraci�n de responsabilidad respecto a los demandados, carga que fue incumplida, sin que sea posible atribuir culpa a la parte pasiva, pues las probanzas allegadas no lograron demostrar la forma en que ocurri� el accidente y que la conducta del conductor fuera la determinante del hecho da�oso, raz�n por la cual neg� las s�plicas de la demanda y conden� en costas a la parte actora.
El recurso de apelaci�n Inconforme con la anterior determinaci�n, el procurador judicial del extremo activo la impugn�, con fundamento en tres razones, a saber: prueba del accidente, indebida apreciaci�n probatoria y falta de apreciaci�n de la norma sustancial, las que en s�ntesis se concreta en lo siguiente: 1.-) Prueba del accidente.
Considera que la �prueba del mismo� se encuentra en el proceso, pues se aport� en debida forma tanto el croquis como el informe policial y si bien es cierto que est� en copia simple, del mismo se puede establecer las causas del accidente y la posici�n final tanto del veh�culo automotor como la de la bicicleta de la v�ctima. 2.-) Indebida apreciaci�n del interrogatorio de parte del se�or Daniel Javier Novoa Ocampo y del testimonio de la se�ora Leonor Riocampo Acosta.
En cuanto al primero, considera que el mismo falt� a la verdad �n�tese como en la primer [a] pregunta manifest� que ven�a por una avenida principal y que efectivamente volteo a una avenida secundaria en la cual la misma norma de tr�nsito proh�ben el transporte de veh�culos de doble tracci�n y como si fuera poco llevaba una bolsa PESADA cosa que es muy rara como era posible que el se�or conductor ten�a la plena seguridad del peso de esta bolsa y m�s raro aun, que la misma bolsa despu�s de semejante golpe quedara preciso encima de la supuesta cicla que supuestamente ten�a el menor accidentado�.
Adicionalmente, refiere que al ser interrogado por la velocidad que llevaba indica que a 40 o 50 kil�metros por hora, la que no es permitida en zonas residenciales en las que solo se pude hacer desplazamientos a 30 k/h. En relaci�n a la valoraci�n de la declaraci�n de la progenitora del menor, que si bien el juzgador se�al� que falt� a la verdad, no presenta ning�n tipo de argumento y curiosamente su fundamento para la apreciaci�n nace de las fotograf�as que anex� el demandado en las que aparece una �cicla con una bolsa encima hecho que fue controvertido y negado por la madre del menor por ser contrario a la verdad� .
Agreg� que la mentada se�ora explic� la forma como ocurrieron los hechos, pues iba detr�s de la bicicleta de su hijo. 3.-) Falta de apreciaci�n de la norma sustancial. En el interrogatorio de parte el conductor indic� que al momento del accidente llevaba una velocidad de 40 � 50 kil�metros por hora, cuando lo permitido es de 30, por lo que viol� el deber objetivo de cuidado, argumento, seg�n el cual, autom�ticamente genera la prueba del segundo requisito de generaci�n de responsabilidad que se desconoci� en la sentencia.
CONSIDERACIONES Los consabidos presupuestos procesales se hallan reunidos en el presente asunto, motivo por el cual el proceso se ha desarrollado normalmente, y tampoco se observa causal de nulidad que pueda invalidar lo actuado, de modo que ello conlleva a esta decisi�n en los t�rminos del art�culo 357 del C. de P. C. y la jurisprudencia de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia.
Reza de vieja data el aforismo que quien ha causado por s� mismo o por medio de sus agentes un da�o, debe repararlo integralmente al lesionado o a sus sucesores. Con fundamento en este postulado el legislador consagr�, entre otras, la acci�n de responsabilidad civil extracontractual, dirigida a indemnizar al lastimado, cuyo elemento distintivo radica en que entre el autor del menoscabo y �ste no media un v�nculo generador de precisas y anteladas obligaciones.
Con el objeto de tejer un manto de protecci�n a favor del perjudicado, la jurisprudencia patria, apoyada en el art�culo 2356 del C.C., ha elaborado una teor�a en torno a las denominadas �actividades peligrosas�, seg�n la cual cuando el detrimento ocurre en ejercicio de una actuaci�n de esta naturaleza, la culpa se presume y fruto de esta ventaja probatoria, el afectado queda relevado de probarla.
En forma correlativa, al causante del quebranto le corresponde liberarse mediante la prueba de la ocurrencia de una causa extra�a, esto es, fuerza mayor, �culpa exclusiva de la v�ctima� o el hecho de un tercero. En el sub judice, el se�or juez a quo neg� las pretensiones con soporte que no se cumpli� la carga que establece el art�culo 177 del C. de P. C. por ausencia de la prueba que demostrara las circunstancias en que ocurri� el hecho y la responsabilidad del conductor, argumento que gener� la inconformidad de la demandante, as� que se hace necesario un an�lisis total del material probatorio allegado a la actuaci�n, con el cual se demuestra que otra era la decisi�n a tomar.
Para el Tribunal no hay disputa en cuanto a las circunstancias en que ocurrieron los acontecimientos materia de esta decisi�n, pues en los hechos de la demanda rotulados con los n�meros 1), 2) y 3) se indic� en forma detallada c�mo sucedi� el accidente, los que en su orden fueron aceptados en la contestaci�n de la demanda por Daniel Javier Novoa Ocampo, conductor del veh�culo, y por Cruz Alberto Casas Palacios, propietario del mismo.
Tampoco hay discusi�n respecto a la propiedad del rodante y la explotaci�n del mismo por parte del se�or Cruz Alberto Casas Palacios, pues est� probado con el certificado de tradici�n No. 4967, expedido por la autoridad de tr�nsito �UT SIETT CUNDINAMARCA SEDE OPERATIVA DE COTA� en el que figura el demandado como due�o y el veh�culo afiliado a la empresa de transporte �Transcarga La Serran�a�.
Aunado a lo anterior, tambi�n se encuentran contrastados los mencionados hechos con el interrogatorio de parte del se�or Daniel Javier Novoa Ocampo, conductor del veh�culo, y el de la demandante, pues si se revisa con atenci�n la versi�n del primero de los nombrados, respecto a la pregunta que s� tuvo plena visibilidad del menor accidentado, indic�: �Correcto, yo vi al ni�o en una bicicleta todo terreno, con una bolsa grande, aparece en las fotos, por una v�a principal que concurren carros de doble tracci�n, yo lo que me permite la v�a, me abro para pasarlo�, m�s adelante indic� �Pues la verdad, en el momento en que me abro, como llevaba una bolsa pesada, iba como tambaleando en la bicicleta, en el momento peg� en el and�n y yo escuche el golpe en el furg�n�; afirmaciones que en lo medular, la colisi�n de los dos rodantes, coinciden con la declaraci�n de la se�ora Leonor Riocampo Acosta, quien revel� que iba atr�s del menor accidentado, por el carril que les correspond�a, que el cami�n que caus� el accidente por no chocar otro carro procedi� a adelantar a su hijo, se cerr� mucho, le peg� en el manubrio y le aplast� el pie con la llanta trasera.
El pie del ni�o qued� debajo de la llanta trasera, la gente le gritaba. De la versi�n del conductor del rodante y aqu� demandado se deduce con facilidad que intent� una operaci�n de adelantamiento a la bicicleta y sea cual sea el motivo existi� una colisi�n, la que solo pudo ocurrir por la cercan�a, bien que el lesionado hubiera rozado el and�n y por eso perdi� el equilibrio o bien, como lo dice la progenitora del mismo, el veh�culo le peg� en el manubrio; en los dos supuestos el menor transitaba por el espacio permitido a las bicicletas, seg�n lo normado en el Art�culo 94 del C�digo Nacional de Tr�nsito �Deben transitar por la derecha de las v�as a distancia no mayor de un (1) metro de la acera u orilla y nunca utilizar las v�as exclusivas para servicio p�blico colectivo�, pues no hay otra explicaci�n respecto a la colisi�n cerca al and�n, si se toma la versi�n del conductor del veh�culo, que coincide con la copia del �Bosquejo Topogr�fico � FPJ 16� en el que se aprecia que la Calle 56 Sur tiene una amplitud de 5.96 metros, la distancia por la izquierda del veh�culo 1 al and�n es 3.23 metros y por la derecha de 1.10 metros y en ese espacio qued� el veh�culo 2 (bicicleta), por lo que no cabe duda que el menor transitaba dentro del espacio permitido y el causante de la colisi�n fue el furg�n ampliamente mencionado en esta actuaci�n. Consecuentes con lo expuesto, en el presente asunto no se puede predicar, como lo dijo el a quo, que �las presunciones de culpa que cobijan a los implicados pr�cticamente se aniquilan mutuamente, forzando entonces al promotor de la acci�n a acreditar la culpa del acusado�, pues demostrado se encuentra que el menor actu� con diligencia y cuidado, transitaba por la v�a correcta, en el espacio asignado y no existe prueba alguna en el proceso que haga pensar lo contrario; es decir, que por conducir una bicicleta que es atropellada en las circunstancias anotadas por un cami�n se genera una compensaci�n de culpas y menos se puede predicar la coexistencia de actividades peligrosas.
Lo primero, por cuanto, por un lado no hay prueba de la supuesta culpa del menor, pues la sola afirmaci�n de los demandados no lo es, y, por otro, est� demostrado, como ya se dijo, que el menor actu� diligentemente al tomar la v�a correcta, cuesti�n que no hizo el cami�n. Lo segundo, no hay manera alguna de predicar que �montar en bicicleta� deba considerarse como una actividad peligrosa, de la intensidad que s� se predica de la conducci�n de los veh�culos automotores, quienes, en caso como �ste, solo se pueden exonerarse con la demostraci�n de la ocurrencia de caso fortuito o fuerza mayor, culpa exclusiva de la v�ctima o la intervenci�n de un tercero, seg�n la interpretaci�n de la reiterada jurisprudencia, que al respecto ha dicho lo siguiente: �La Corporaci�n de modo reiterado tiene adoptado como criterio hermen�utico el de encuadrar el ejercicio de las actividades peligrosas bajo el alero de la llamada presunci�n de culpabilidad en cabeza de su ejecutor o del que legalmente es su titular, en condici�n de guardi�n jur�dico de la cosa, escenario en el que se protege a la v�ctima relev�ndola de demostrar qui�n tuvo la responsabilidad en el hecho causante del da�o padecido cuyo resarcimiento reclama por la v�a judicial, circunstancia que se explica de la situaci�n que se desprende de la carga que la sociedad le impone a la persona que se beneficia o se lucra de ella y no por el riesgo que se crea con su empleo.
El ofendido �nicamente tiene el deber de acreditar la configuraci�n o existencia del da�o y la relaci�n de causalidad entre �ste y la conducta del autor, pudi�ndose exonerar solamente con la demostraci�n de la ocurrencia de caso fortuito o fuerza mayor, culpa exclusiva de la v�ctima o la intervenci�n de un tercero. �Este estudio y an�lisis ha sido invariable desde hace muchos a�os y no existe en el momento actual raz�n alguna para cambiarlo, y en su lugar acoger la tesis de la responsabilidad objetiva, porque la presunci�n de culpa que ampara a los perjudicados con el ejercicio de actividades peligrosas frente a sus victimarios les permite asumir la confrontaci�n y el litigio de manera francamente ventajosa, esto es, en el entendido que facilita, con criterios de justicia y equidad, reclamar la indemnizaci�n a la que tiene derecho. �La interpretaci�n judicial de la Sala que se ha consignado en inn�meros fallos de la Corte, emana del texto mismo del art�culo 2356 del C�digo Civil cuando dispone que �por regla general todo da�o que pueda imputarse a malicia o negligencia de otra persona, debe ser reparado por �sta�, lo que significa sin lugar a dudas que los calificativos de la conducta del actor enmarcan dentro del sentido m�s amplio de lo que debe entenderse por el accionar culposo de una determinada persona en su vida social y en las relaciones con sus semejantes cuando excediendo sus derechos y prerrogativas en el uso de sus bienes o las fuerzas de la naturaleza causa menoscabo en otras personas o en el patrimonio de �stas.� Con soporte en las anteriores premisas, procede el Tribunal a analizar si se re�nen los presupuestos de la responsabilidad civil extracontractual, para tal prop�sito cumple recordar que para que proceda su declaraci�n y la consiguiente condena indemnizatoria, es preciso que los elementos estructurales aparezcan plenamente demostrados, cuales son: �el hecho, el da�o y el nexo causal entre �stos�, a excepci�n, desde luego, de la culpa, en raz�n a que el hecho fue producto de una �actividad peligrosa� realizada por la parte demandada.
De las pruebas allegadas a la actuaci�n se deduce que el veh�culo de placas SPQ 236, conducido por Daniel Javier Novoa Ocampo, de propiedad de Cruz Alberto Casas Palacios, afiliado a la empresa de transporte �Transcarga la Serran�a�, ocasion� el accidente de tr�nsito en el que result� lesionado el menor Juan Diego �vila Riocampo, quien, seg�n dictamen de medicina legal en definitiva presenta lo siguiente: �Cicatrices con tatuaje de sutura, ostensibles en sentido longitudinal en n�mero de 4 y 3 cms en dorso de pie izquierdo, cicatriz hipercr�mica ostensible de 2x2 cms en cuello del pie izquierdo, marcha en dos pies, punta de pies y talones sin alteraci�n. Incapacidad m�dico legal: DEFINITIVA NOVENTA (90) d�as.
SECUELAS M�DICO LEGALES: Deformidad f�sica que afecta el cuerpo, de car�cter permanente y perturbaci�n funcional de �rgano de la locomoci�n�; de ah� que se configure el nexo causal entre el hecho y el da�o. Ahora bien, en cuanto a la �responsabilidad� de los demandados se colige que la misma es consecuencia del desarrollo de �actividades peligrosas�, como lo es la conducci�n de veh�culos, en la que la �culpa� se presume y releva a las v�ctimas de la carga probatoria, la que se traslada a quien ocasion� el detrimento, para que si pretende desvirtuarla lo haga mediante la demostraci�n de los supuestos que configuran cualquiera de los denominados �caso fortuito, fuerza mayor o culpa exclusiva de la v�ctima�, pero que en el presente asunto la pasiva no acredit� ninguno hecho para as� eximirse de �responsabilidad�, de suerte que las excepciones propuestas por Daniel Javier Novoa de �culpa exclusiva de la v�ctima, (�), reducci�n del da�o por la imprudencia de la v�ctima, excesiva apreciaci�n y valoraci�n del da�o, �nemo auditut propia turpitudinem � nadie puede alegar su propia culpa-, ausencia probatoria del da�o sufrido y la gen�rica�est�n llamadas al fracaso.
En id�ntico sentido se debe colegir respecto a las propuestas por Cruz Alberto Casas Palacios de �Cobro de lo no debido, inexistencia y exoneraci�n de responsabilidad civil extracontractual por amparo de p�liza�, como tampoco pueden prosperar las propuestas por la compa��a aseguradora en su calidad de demandada directa, salvo el l�mite de responsabilidad que se pact� en la p�liza, pues del acervo probatorio se desprende que ocurri� el accidente antes referido del cual result� lesionado el menor Juan Diego �vila Riocampo.
En ese orden de exposici�n, la sentencia recurrida ser� revocada, y en su lugar, se proceder� a declarar la responsabilidad civil extracontractual de los demandados, incluida la Compa��a de Seguros Generales Suramericana, hasta el monto asegurado, en su doble calidad de demandada directa y llamada en garant�a, como m�s adelante se puntualizar�.
Los perjuicios. Corresponde a la Sala examinar el tema de los perjuicios, que como bien se sabe, son los materiales que comprenden tanto el da�o emergente como el lucro cesante, los morales que ata�en a la afectaci�n de aspectos emocionales y en este caso, los fisiol�gicos, que se refieren al disfrute de la vida, al goce de las actividades que ya no podr� ejercitar el lesionado.
En cuanto a los primeros, resulta evidente la ausencia de elementos de convicci�n que los acredite, pues la demandante no demostr� que hubiera incurrido en gastos por causa del memorado suceso, menos cuando tales valores los pudo haber reconoci� el Seguro Obligatorio en Accidentes de Tr�nsito -SOAT-, de lo cual no hay prueba en la actuaci�n; como tampoco se demuestra con las copias simples de las �facturas de venta� a cargo de �Seguros del Estado� expedidas por el Hospital Bosa II Nivel E.S.E. visibles a folios 47 y siguientes que fueron aportados sin observaci�n ninguna por la parte demandante, con las que se demuestra que los pagos reclamados por la aqu� demandante corrieron por cuenta de la mencionada compa��a. En relaci�n al lucro cesante, esto es, �la ganancia o provecho que deja de reportarse�� (Art�culo 1614 del C.C.), la Sala de Casaci�n Civil de la Corte Suprema de Justicia en m�ltiples ocasiones ha establecido que debe demostrarse tanto su existencia, como su cuant�a.
En el presente asunto, si bien se pretende una suma de dinero, no existe prueba que se hubiera dejado de percibir y menos cuando es un menor que no pod�a estar laborando y en lo que incumbe a la demandante la misma lo hizo en nombre y representaci�n de su menor hijo y no en nombre propio, raz�n suficiente para negar cualquier reclamaci�n de la se�ora Leonor Riocampo Acosta y declarar la prosperidad de la excepci�n de �falta de legitimaci�n por activa en la reclamaci�n de lucro cesante que se realiza a favor de la se�ora Leonor Riocampo Acosta�, propuesta por el demandado Daniel Javier Novoa.
En lo relativo a los morales puramente subjetivos (pretium doloris), debe decirse que son de car�cter extrapatrimonial y hacen alusi�n �al precio del dolor�, los que tienen una entidad propia y difieren con las secuelas que el hecho le dej� al lesionado. Al respecto, la Corte Suprema de Justicia tiene sentado que: �consisten en proporcionar al perjudicado o lesionado una satisfacci�n por la aflicci�n y la ofensa que se le caus�, que le otorgue no ciertamente una indemnizaci�n propiamente dicha o un equivalente mensurable por la p�rdida de su tranquilidad y placer de vivir, pero s� una cierta compensaci�n por la ofensa sufrida y por la injusticia contra �l personalmente cometida�.
En otras palabras, el perjuicio moral debe ser probado en su existencia como en su intensidad, por tal motivo es necesario que mediante cualquier medio probatorio, quien lo alega, acredite que sufri� el detrimento y en qu� medida lo afect�; sin embargo, la prueba del pretium doloris puede establecerse a trav�s de la denominada apreciaci�n judicial, incluso cuando se trata de �v�ctimas directas�, el cual se establece a trav�s de indicios.
En caso de lesi�n corporal, se ha se�alado que la acreditaci�n del da�o en el proceso en algunas ocasiones dar� lugar a que el juzgador infiera la existencia del menoscabo moral, lo cual nada tiene que ver con aplicar el �arbitrium iudicis�, pues esta solo opera para determinar el quatum, mas no as� para probar su existencia. Desde ese contexto, no existe duda de la aflicci�n y del sufrimiento que padeci� el menor como consecuencia de las lesiones y seg�n dictamen de medicina legal en definitiva presenta lo siguiente: �Cicatrices con tatuaje de sutura, ostensibles en sentido longitudinal en n�mero de 4 y 3 cms en dorso de pie izquierdo, cicatriz hipercr�mica ostensible de 2x2 cms en cuello del pie izquierdo, marcha en dos pies, punta de pies y talones sin alteraci�n. Incapacidad m�dico legal: DEFINITIVA NOVENTA (90) d�as.
SECUELAS M�DICO LEGALES: Deformidad f�sica que afecta el cuerpo, de car�cter permanente y perturbaci�n funcional de �rgano de la locomoci�n�, lo que le produjo serias afectaciones de salud, tales como: dolor, intervenciones quir�rgicas, inflamaci�n en el miembro inferior de locomoci�n, inquietud, preocupaci�n, circunstancias que se deducen de la epicrisis que se alleg� a la actuaci�n, del dictamen de medicina legal antes referido y las pruebas documentales que militan a folios 18 a 57 del cuaderno principal, de manera que se infiere que �sta clase de menoscabo se encuentra demostrado.
En lo que interesa a su cuantificaci�n, se rige por el �arbitrium iudicis�, el que debe estar regido por los principios de equidad y prudencia; aun as�, esta facultad no es ilimitada para el juez, porque su c�lculo debe ser racional, conforme a su sano juicio, en el que se observe las condiciones particulares de las v�ctimas y del detrimento en concreto, por lo que es indispensable advertir el tipo de herida padecida, grave o leve, lo cual �es �til para determinar la intensidad del da�o y es relevante para la graduaci�n del perjuicio�.
En el presente asunto, la parte actora deprec� el monto equivalente a 150 SMLMV por concepto de perjuicios morales, lo que motiva a destacar, que la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia al reconocer la indemnizaci�n de esta clase de da�os, lo hace en una suma determinada de dinero, sin que ello represente un obst�culo en el particular, como quiera que el salario m�nimo que se indica en el texto genitor, se apreciaran por su equivalente en pesos colombianos, y servir�n como tope dinerario fijado por la interesada, para no incurrir en incongruencia, y no fallar m�s all� de lo pedido (ultra petita), o por fuera de lo pedido (extra petita).
Decantado lo precedente, es pertinente recordar que en la actualidad 150 SMLMV tienen un valor de $ 96.652.500, ya que el valor mensual fue determinado para el a�os de 2015 en $ 644.350, por lo que el monto de la condena no podr� sobrepasar tal cuant�a, como se advirti� l�neas arriba. As� las cosas, al aplicar tales premisas en el sub judice, se reconocer� la suma de $24.000.000.oo por ese concepto en cuanto al menor representado por su progenitora y se no se reconocer� respecto a la se�ora Leonor Riocampo Acosta, madre de Daniel Javier, pues no hizo ninguna petici�n en forma personal.
La gestora de la litis pidi� 50 SMLMV, que tienen un valor de $32.217.500, por �da�o a la vida de relaci�n� en raz�n a las secuelas de car�cter permanente, por concepto de p�rdida de funcionamiento, la oportunidad de desarrollar actividades l�dicas, deportivas y de otras actividades vitales para la interacci�n humana que encuentre proyecci�n social que pod�a realizar antes de sufrir dicho accidente de tr�nsito.
Para resolver la prosperidad de la pretensi�n, cumple recordar, en primer lugar, el deber del juez a la hora de interpretar la demanda para no sacrificar un derecho, y la obligaci�n de hacer efectivos los bienes protegidos constitucional y legalmente; por ello, es menester atender a los principios de la primac�a de lo sustancial, la reparaci�n integral a las v�ctimas y la dignidad humana, con el fin de que no quede sin �indemnizaci�n� aquello que debi� denominarse da�o a la vida de relaci�n; en segundo t�rmino, que para la fecha de la presentaci�n del libelo (04 de febrero de 2013), esa noci�n era empleada como sin�nima del �perjuicio fisiol�gico� por la jurisprudencia (sentencia de 6 de mayo de 1993 exp.7428).
Lo anterior, por cuanto el Consejo de Estado, seg�n lo ha reconocido la doctrina, �result� hablando de �da�o fisiol�gico� (pr�judice d� agr�ment �placer, agrado, diversi�n-), indistintamente, como si se tratara de sin�nimos de �alteraci�n de las condiciones de existencia� (troubles dans les conditions d� existence), para designar la afectaci�n de las relaciones sociales, del estilo de vida de alguien por las lesiones personales (�est�tico!) que padece o padeci� la v�ctima demandante�.
Por consiguiente, con miras a no sacrificar el derecho sustancial y proceder a una reparaci�n integral (art�culo 16 de la Ley 446 de 1998), el Tribunal proceder� a interpretar las pretensiones de la demanda y entender� que la s�plica relativa al �perjuicio fisiol�gico� hace alusi�n a los da�os a la vida de relaci�n y la otra petici�n, la atinente a la indemnizaci�n por �secuela permanente consistente en deformidad�, se le dar� el tratamiento de �perjuicio fisiol�gico� o menoscabo a la salud, de suerte que con soporte en los anteriores argumentos, el mecanismo defensivo erigido sobre un posible doble cobro indemnizatorio no tiene vocaci�n para prosperar, puesto que se reclama el resarcimiento de perjuicios diferentes e independientes.
Enti�ndase por quebranto a la vida de relaci�n como aquel que: �a)tiene naturaleza extrapatrimonial o inmaterial, en tanto incide o se proyecta sobre intereses, derechos o bienes cuya apreciaci�n es econ�micamente inasible, por lo que no es dable efectuar una mensura que alcance a reparar en t�rminos absolutos la intensidad del da�o causado; b)adquiere trascendencia o se refleja en la esfera externa del individuo, situaci�n que tambi�n lo diferencia del da�o moral propiamente dicho; c)en las situaciones de la vida pr�ctica o en el desenvolvimiento que el afectado tiene en el entorno personal, familiar o social se manifiesta en impedimentos, exigencias, dificultades, privaciones, vicisitudes, limitaciones o alteraciones, temporales o definitivas, de mayor o menor grado, que �l debe soportar o padecer, las cuales, en todo caso, no poseen un significado o contenido monetario, productivo o econ�mico; d)no s�lo puede tener origen en lesiones o trastornos de tipo f�sico, corporal o ps�quico, sino tambi�n en la lesi�n a otros bienes intangibles de la personalidad o derechos fundamentales, e incluso en la de otro tipo de intereses leg�timos�� Revisado el expediente, no se observa que la lesi�n que sufri� el menor le haya originado un menoscabo en la personalidad externa del individuo, afecci�n en el entorno personal, familiar y social o haber afectado su esfera externa, pues la parte demandante no cumpli� con lo normado en el art�culo 177 del C. de P.C. Con relaci�n a la indemnizaci�n por la secuela de car�cter permanente que result� en su cuerpo por la lesi�n o el denominado perjuicio fisiol�gico en el derecho franc�s, o el nombrado deterioro a la salud en el ordenamiento italiano, cumple recordar que la secci�n tercera del Consejo de Estado en sentencia de 14 de septiembre 2011 abarc� el menoscabo �fisiol�gico� en la categor�a de �da�o a la salud�, en la que precis� que: �se adopta el concepto de da�o a la salud, como perjuicio inmaterial diferente al moral que puede ser solicitado y decretado en los casos en que el da�o provenga de una lesi�n corporal, puesto que el mismo no est� encaminado al restablecimiento de la p�rdida patrimonial, ni a la compensaci�n por la aflicci�n o el padecimiento que se genera con aqu�l, sino que est� dirigido a resarcir econ�micamente �como quiera que emp�ricamente es imposible� una lesi�n o alteraci�n a la unidad corporal de la persona, esto es, la afectaci�n del derecho a la salud del individuo�.
Se suma a lo anterior, que la noci�n de: �da�o a la salud italiano (o el perjuicio fisiol�gico franc�s�), en definitiva, debiera ser para nosotros principalmente eso, una nueva forma de ver, valorar y liquidar esa clase de da�o, que no prescinde del dato primario y objetivo constituido por la lesi�n psicof�sica en s� misma considerada (m�s exactamente, del detrimento de las funciones de los �rganos y miembros del cuerpo humano), y que supera la visi�n restrictiva que tiende a considerarlo exclusivamente como sus repercusiones en la �vida de relaci�n y/o en la esfera patrimonial de la v�ctima� Por tanto, el perjuicio fisiol�gico debe ser entendido como un criterio que busca la reparaci�n integral de la v�ctima conforme al mandato del art�culo 16 de la Ley 446 de 1998, catalogado como un perjuicio extrapatrimonial diferente del moral y el de la vida de relaci�n, porque repara la afectaci�n a la unidad anat�mica de la persona.
Para su valoraci�n se atiende a dos criterios, uno �objetivo�, dirigido a determinar el da�o corporal sufrido o la incapacidad que le corresponde soportar, y otro subjetivo, que corresponde al sano juicio del juez (arbitrium iudicis), el que no es ilimitado, por cuanto le incumbe tener en cuenta la gravedad de la lesi�n, la naturaleza de la misma, su durabilidad, la edad del lesionado.
La parte demandante prob� que la lesi�n sufrida �PRESENTA. Cicatrices con tatuaje de sutura, ostensibles en sentido longitudinal en n�mero de dos de 4 y 3 cms en dorso de pie izquierdo, cicatriz hipercr�mica ostensible de 2x2 cms en cuello de pie izquierdo, marcha en dos pies, punta de pies y talones sin alteraci�n. Incapacidad m�dico legal: DEFINITIVA.
NOVENTA (90) D�AS. SECUELAS M�DICO LEGALES. Deformidad f�sica que afecta el cuerpo, de car�cter permanente y perturbaci�n funcional de �rgano de locomoci�n de car�cter transitoria�, la que le gener� una �deformidad f�sica que afecta el cuerpo de car�cter permanente�, seg�n lo dictamin� el Instituto Nacional de Medicina Legal; entonces, en atenci�n a las circunstancias personales del menor lesionado y la trascendencia del quebranto se se�alar� la suma de $15.000.000.oo por concepto de indemnizaci�n de ese menoscabo.
En lo que incumbe a los medios de defensa �Cobro de lo no debido�, �No existencia de la obligaci�n� y �Pago� debe decirse que no est�n llamadas a triunfar, como quiera que el extremo pasivo no acredit� que desembols� suma alguna para indemnizar los menoscabos sufridos por el menor Juan Diego �vila Riocampo. Llamamiento en garant�a. En cuanto al llamamiento en garant�a que cobij� a la �Compa��a de Seguros Generales Suramericana S.A.� prospera por cuanto, por un lado, el se�or Cruz Alberto Casas Palacios, demandado en �ste proceso y quien por contera demand� a la aseguradora resulto responsable de los hechos aqu� escudri�ados y por otro, no es de recibo la excepci�n denominada �Falta de configuraci�n del riesgo por ausencia de responsabilidad de la asegurada� propuesta por la aseguradora por cuanto est� demostrado con la p�liza de seguros 10038794 que amparaba al veh�culo de placas SPQ236 por la �responsabilidad extracontractual por muerte o lesiones personales a terceros�, siendo tomador el se�or Cruz Alberto Casas Palacios.
Tampoco, por ausencia de argumentos y pruebas lo son las excepciones de �prescripci�n, nulidad relativa y compensaci�n�, cuya sustentaci�n brilla por su ausencia, en el escrito inicial de defensas que present� la aseguradora. Las que s� se deben atender son las que denomin� �la cobertura del amparo reclamado se encuentra circunscrita a las condiciones especificadas en la p�liza� y �aplicaci�n del l�mite asegurado y del deducible pactado en la p�liza�, en los t�rminos que establece el art�culo 1079 del C�digo de Comercio, raz�n por la cual la llamada en garant�a responder� como demandada directa y por la condena en contra del se�or Cruz Alberto Casas Palacios hasta la cuant�a del l�mite asegurado, que para el caso corresponde a $500.000.000,00 y el deducible que all� se pact�, que es el 10%, es decir, $50.000,000, seg�n lo pactado, tal como se deduce de la p�liza No. 1003879 -4, allegada por el demandado y llamante en garant�a, Cruz Alberto Casas Palacios, aceptada expresamente en la contestaci�n por el apoderado de la Sociedad Comercial �Seguros Generales Suramericana�, por lo cual surte los efectos de la confesi�n que establece el art�culo 197 del C. de P.C. En conclusi�n, se revocar� la providencia apelada; en su lugar, se negar� la prosperidad de todas las excepciones que propusieron los demandados salvo las de �Hacer valer a su nombre facturas que se encuentran a nombre de Seguros del Estado y del Consorcio Fidusalud�; en consecuencia, se declarar�n civilmente responsables a Daniel Javier Novoa Ocampo, Cruz Alberto Casas Palacios y Seguros Generales Suramericana S.A. NIT. 890903407 del accidente de tr�nsito ocurrido el 07 de mayo de 2011, en el que result� lesionado el menor Juan Diego �vila Riocampo.
Tambi�n se declaran pr�speras las excepciones denominadas �la cobertura del amparo reclamado se encuentra circunscrita a las condiciones especificadas en la p�liza� y �aplicaci�n del l�mite asegurado y del deducible pactado en la p�liza�. Impr�speras las dem�s. Como consecuencia de lo anterior deber�n indemnizar al lesionado por los siguientes conceptos y sumas de dinero: $24.000.000.oo por perjuicios morales y $ 15.000.000.oo por perjuicio fisiol�gico; se niegan las dem�s pretensiones.
Para que sean liquidadas en cada instancia se condena a los demandados en costas del proceso, incluida la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A, en su calidad de directa demandada. En la mima forma, a la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A, llamada en garant�a, en favor del se�or Cruz Alberto Casas Palacios. En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Bogot� en Sala S�ptima Civil de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE Primero. Revocar la sentencia de fecha y origen preanotados.
Segundo. Declarar impr�speras todas las excepciones que propusieron los demandados, salvo la de �Hacer valer a su nombre facturas que se encuentran a nombre de Seguros del Estado y del Consorcio Fidusalud� propuestas por el extremo pasivo. Tercero. Se declaran pr�speras las excepciones denominadas �la cobertura del amparo reclamado se encuentra circunscrita a las condiciones especificadas en la p�liza� y �aplicaci�n del l�mite asegurado y del deducible pactado en la p�liza� presentadas por la llamada en garant�a. Impr�speras las dem�s. Tercero. Declarar civilmente responsable a los demandados Daniel Javier Novoa Ocampo, Cruz Alberto Casas Palacios y Seguros Generales Suramericana S.A. del accidente de tr�nsito ocurrido el 07 de mayo de 2011.
Cuarto. Como consecuencia de la anterior, se condena a Daniel Javier Novoa Ocampo, Cruz Alberto Casas Palacios y Seguros Generales Suramericana S.A., a esta �ltima hasta el monto asegurado, a pagar dentro de los cinco (5) d�as siguientes a la ejecutoria de la presente providencia al menor Juan Diego �vila Riocampo la suma de $24.000.000.oo, por concepto de perjuicios morales y $15.000.000.oo por perjuicios fisiol�gicos; como se dijo en la parte motiva.
Se niega dicho concepto respecto a la se�ora Leonor Riocampo Acosta, por lo all� expuesto. Quinto. Denegar la condena con relaci�n a los da�os materiales (lucro cesante y da�o emergente), tanto para el menor como para la se�ora Leonor Riocampo Acosta y los perjuicios respecto a la vida de relaci�n para Juan Diego �vila Riocampo. Sexto. Condenar a la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A, a responder por la condena en contra del se�or Cruz Alberto Casas Palacios hasta el l�mite asegurado, que para el caso corresponde a $500.000.000,00 y el deducible que all� se pact�, que es el 10%, es decir, $50.000,000.
S�ptimo. Condenar a los demandados en costas del proceso, incluida la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A, en su calidad de directa demandada. Liqu�dense en cada instancia. Octavo. Condenar a la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A, llamada en garant�a, en favor del se�or Cruz Alberto Casas Palacios. Liqu�dense en cada instancia. Por concepto de agencias en derecho el magistrado ponente fija la suma de $1.200.000.oo a cargo de cada uno de los demandados, incluida la Compa��a de Seguros Generales SURAMERICANA S.A. Por el mismo concepto, a la llamada en garant�a se le fija la suma de $1.500.000,oo en favor del se�or Cruz Alberto Casas Palacios.
NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA (Rad. 110013103006201300082 01) JORGE HERN�N VARGAS RINC�N (Rad. 110013103006201300082 01) �SCAR FERNANDO YAYA PE�A (Rad. 110013103006201300082 01) Ver folio 2 de la demanda Folios 105 a 107 cuaderno uno. Folios 130 y 131 cuaderno uno. Folios 23 a 25 del cuaderno correspondiente al llamamiento en garant�a. Ver folios 187 y 187 vto del cuaderno uno. Ver folio 187 vto del cuaderno uno. Ver folio 15 del cuaderno del tribunal. Ver folio 15 ib�dem anterior Ver folio 16 del cuaderno del tribunal. Ver folio 17 del cuaderno del tribunal. C.S.J., sentencia del 28 de junio de 2013, expediente 11001-31-03-014-1998-05970-01, Magistrado ponente.
JES�S VALL DE RUT�N RUIZ. Folio 101 del cuaderno uno. Ver a folio 60 del cuaderno uno el certificado de tradici�n. Ver folio 163 del cuaderno uno. Ver folio 165 cuaderno uno. C�digo Nacional de Tr�nsito. ART�CULO 2�.�DEFINICIONES.�Para la aplicaci�n e interpretaci�n de este c�digo, se tendr�n en cuenta las siguientes definiciones: Adelantamiento: Maniobra mediante la cual un veh�culo se pone delante de otro veh�culo que lo antecede en el mismo carril de una calzada�. ART�CULO 2�.�DEFINICIONES.
(�). Acera o and�n: Franja longitudinal de la v�a urbana, destinada exclusivamente a la circulaci�n de peatones, ubicada a los costados de �sta�. LEY 769 DE 2002. (Agosto 6). "Por la cual se expide el C�digo Nacional de Tr�nsito Terrestre y se dictan otras disposiciones". �ART�CULO
94. NORMAS GENERALES PARA BICICLETAS, TRICICLOS, MOTOCICLETAS, MOTOCICLOS Y MOTOTRICICLOS.�Los conductores de bicicletas, triciclos, motocicletas, motociclos y mototriciclos, estar�n sujetos a las siguientes normas: Deben transitar por la derecha de las v�as a distancia no mayor de un (1) metro de la acera u orilla y nunca utilizar las v�as exclusivas para servicio p�blico colectivo�. Ver folios 187 y 187 vto del cuaderno uno. Cas. civ. de 26 de agosto de 2010.
Exp.: N� 4700131030032005-00611-01. S. Negocios Gen., Sent., jun. 10/63 Ver folio 60 del cuaderno uno. Ver folio 57 del cuaderno 1. �la imputaci�n debe ser efectuada con fundamento en el nexo existente entre el hecho riesgoso y el perjuicio sufrido por la v�ctima, lo que impone que la defensa propuesta por el demandado no pueda plantearse con �xito en el terreno de la culpabilidad sino en el de la causalidad, rindiendo la prueba de la causa extra�a del perjuicio, originada en el caso fortuito o en la fuerza mayor, en el hecho de la v�ctima o en el hecho de un tercero� (CCXXXIV, 248).
Citada en providencia del TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOT�. SALA CIVIL DE DECISI�N. Magistrado Ponente. OSCAR FERNANDO YAYA PE�A., veintis�is de agosto de dos mil nueve. (aprobado en Sala de 21 de julio de 2009). Proceso No. 11001 3103 016 2005 00643 02. Folios 105 a 107 cuaderno uno. C.S.J. Sent. 20 de 14 de marzo de 1996. Consejo de Estado, Secci�n tercera.
Sent de 19 julio 2000. C.P. Alier Eduardo Hern�ndez Enr�quez CSJ, sent de 25 de noviembre de 1992. M.P. Carlos Esteban Jaramillo Schloss. Verdad es que, como en su tiempo lo ense�aron Planiol y Ripert (Tratado, Tomo VI, p�g. 751), cualquier clase de perjuicio justifica una acci�n en juicio, �tanto si afecta a la persona como a los bienes, sea material o moral e independientemente de que sea susceptible o no de exacta evaluaci�n en dinero �, sin embargo, en este �ltimo evento, vale decir cuando del da�o moral puro se trata, son condiciones indispensables para su compensaci�n que sea personal de quien acciona y, adem�s, que sea cierto, implicando esta segunda exigencia que la existencia y la intensidad del agravio alegado encuentren consistente respaldo procesal � toda vez que �para decirlo con palabras de la Corte� es apenas su cuantificaci�n monetaria, y siempre dentro de restricciones caracterizadamente estrictas, la materia en la que al juzgador le corresponde obrar seg�n su prudente arbitrio � (C. S. J., auto de 13 de mayo de 1988 sin publicar) Consejo De Estado Sala De Lo Contencioso Administrativo Secci�n Tercera � Subsecci�n �B�. junio 30 2011;
Exp. 19836 Rad.19001-23-31-000-1997-4001-01; C.P. Danilo Rojas Betancourth �12.1 Cuando se pretende el reconocimiento de perjuicios morales, la parte demandante tiene as� el deber m�nimo de probar su existencia y esta Corporaci�n ha avalado los indicios como un medio de prueba para su configuraci�n. (�)12.1.3 El an�lisis para la configuraci�n de un indicio, esto es, el paso entre el hecho indicador y el hecho indicado es una operaci�n que debe realizar el juez en cada caso concreto, de acuerdo con las reglas de la experiencia y siempre que no obre prueba en contrario que lo desvirt�e� Consejo de Estado.
Secci�n Tercera. Sentencia del 24 de abril de 2008, C.P. Ramiro Saavedra Becerra, Exp. 15981 VEL�SQUEZ POSADA, Obdulio; Responsabilidad Civil extracontractual; pg. 438-440 Ver folio 57 del cuaderno 1. C.S.J. Sentencia de 18 de septiembre de 2009, exp. 20001-3103-005-2005-00406-01 Consejo De Estado Sala De Lo Contencioso Administrativo Secci�n Tercera � Subsecci�n �B�. junio 30 2011;
Exp. 19836 Rad.19001-23-31-000-1997-4001-01; C.P. Danilo Rojas Betancourth C.S.J. Sentencia de 6 de febrero de 2001, expediente No. 5656 Art.228 de la Constituci�n Pol�tica. Art. 16 de la ley 446 de 1998 El DA�O. Juan Carlos Henao. Pr�logo, p�gina 17. Universidad Externado de Colombia. A�o 2002. C.S.J. Sent. del 13 de mayo de 2008, Exp. 11001-3103-006-1197-09327-01 Consejo de Estado, Secci�n Tercera, sentencia de 14 de septiembre 2011, Exp. 19.031, M.P. Enrique Gil Botero Consejo de Estado, Secci�n Tercera, sentencias proferidas en sala plena del 14 de septiembre de 2011, Exps. 19.031 y 38.222, M.P. Enrique Gil Botero Koteich Khatib, Milagros;
La REPARACI�N del DA�O como MECANISMO de TUTELA de la PERSONA, de los da�os a la salud a los nuevos da�os extrapatrimoniales; Universidad Externado de Colombia, febrero de 2012, Pg. 256 Ver folio 57 Cuaderno 1 Ver folio 54 Cuaderno 2 Ver folio 6del cuaderno del llamamiento en garant�a. Ver folio 6 del cuaderno del llamamiento en garant�a. Proceso No. 110013103006201300082 01 Clase: Ordinario ------------------------------------------------- PAGE PAGE 3 ./12?@g������������pW=&-hs76�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $3ho�hf+6�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $0hf+hf+CJOJPJQJaJmH nH $sH tH $3hf+hf+6�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $6hf+hf+5�CJ OJPJQJ\�aJ mH nH $sH tH $?ja�V hf+hf+5�CJ OJPJQJUaJ mH nH $sH tH $<jhf+hf+5�CJ OJPJQJUaJ mH nH $sH tH $3hf+hf+5�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $2@h��������������ppp$d��5$7$8$9DH$a$gdf+��d��5$7$8$9DH$`��gdo�$d��5$7$8$9DH$a$gdf+$$ ���d����<5$7$8$9D@&H$a$gdf+$d����<5$7$8$9D@&H$a$gdf+$d����<5$7$8$9D@&H$a$gdf+����������� 1 2 �������gK1�&�&hf+hf+CJaJ3hf+hf+5�CJOJPJQJaJmH nH $sH tH $6hf+hf+5�6�CJOJPJQJaJmH nH $sH tH $3hf+hf+6�CJOJPJQJaJmH nH $sH tH $0hf+hf+CJOJPJQJaJmH nH $sH tH $3ho�hf+6�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $ho�6�CJ OJQJaJ ho�hf+6�CJ OJQJaJ -hs76�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $-ho�6�CJ OJPJQJaJ mH nH $sH tH $�� % 0 ����I���|kd$$If�l��\���ZD#�B����� t���#6������������������������4�4� 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