��ࡱ�>�� ln����k��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������� ���XbjbjT~T~ 7�66�M�������������___����sss8��?<s"D{{�������!�!�!�!�!�!�!J$��&x�!_�mm"���!����!� � � � �8��!� ��!� � G� �����ɽ���s��� �!�!0"� d'C �d'� d'_� ���� ������!�!� ���"������������������������������������������������������������������������d'���������� �: $ TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOT� SALA CIVIL DE DECISI�N Magistrado Ponente OSCAR FERNANDO YAYA PE�A Bogot� D. C., once de septiembre de dos mil quince (aprobado en sala de 1� de septiembre de 2015) 11001 3103 005 2011 00511 02 Dec�dese la apelaci�n que formul� la parte demandada contra la sentencia que el 19 de marzo de 2015 profiri� el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Descongesti�n de Bogot�, en el proceso ordinario seguido por Urca Compa��a Ltda. �en liquidaci�n- contra Martha Luc�a Farf�n Farf�n y Luis Francisco Urdaneta Farf�n.
ANTECEDENTES 1. Pidi� la libelista que se declare que �es simulado el contrato de compraventa contenido en la escritura p�blica No. 3022 del 4 de agosto del 2003 de la Notar�a 12 de Bogot�; que �el verdadero contrato contenido en esa escritura p�blica es de donaci�n por acto entre vivos, la cual es nula por no haber sido insinuada en la forma legal� y que, en consecuencia, �se declare que el inmueble no ha salido del patrimonio de la sociedad y, por lo tanto, se ordene la inscripci�n de la sentencia en el folio de matr�cula 50C-1127109 y la restituci�n material del inmueble a favor de la demandante�.
En subsidio, reclam� que �se declare resuelto por no pago del precio estipulado el contrato de compraventa contenido en la escritura p�blica�, y que se dispongan todos los efectos que dicha resoluci�n conlleva. Relat� la parte actora que entre su representante legal (Juan Francisco Urdaneta Cabrera) y la se�ora Farf�n Farf�n �existe un v�nculo matrimonial (sin sociedad conyugal vigente desde 1980), durante el cual procrearon a Luis Francisco Urdaneta Farf�n�; que, para la �poca de suscripci�n de la referida escritura p�blica, ninguno de los demandados laboraba y los ingresos �por otros conceptos� de la se�ora Farf�n Farf�n �no superaban un mill�n de pesos�; que �el se�or Urdaneta Cabrera fue desde siempre quien labor� y llev� a cabo toda suerte de negocios� y que �con el �nico prop�sito de apoyar a quien fuera su esposa y al hijo que procre� con ella, el se�or Urdaneta Cabrera, en calidad de gerente de Urca, mediante la referida escritura, dijo transferir a t�tulo de compraventa a favor de la se�ora Farf�n Farf�n y de su hijo com�n, en la proporci�n de 60% y 40% respectivamente, la propiedad que Urca ten�a sobre el lote distinguido con la matr�cula No. 50C-1127109�.
Destac�, como indicios de la pretendida simulaci�n, �la constituci�n de un derecho de usufructo vitalicio a favor del se�or Urdaneta Cabrera�; que �los aparentes compradores jam�s pagaron, ni tuvieron la intenci�n de pagar suma alguna por concepto de precio del inmueble, pues nunca tuvieron en arcas el valor que se afirma en la escritura fue totalmente pagado ($76�000.000), no formularon solicitud de cr�dito para adquisici�n de vivienda ante ninguna entidad bancaria, ni celebraron con la sociedad vendedora contrato de mutuo que les permitiera pagar a plazos el valor declarado en la escritura� y que �el inmueble ten�a un valor comercial superior al afirmado, al momento de la adquisici�n�. 2.
LA CONTESTACI�N. Los demandados excepcionaron �falta de requisitos para predicar la simulaci�n�; �falta de claridad de las pretensiones por ser excluyentes entre s� y �falta de sustento y explicaci�n de si la simulaci�n que solicita es absoluta o relativa�. Manifestaron que �la escritura p�blica cumpli� con las condiciones establecidas en el Decreto 960 de 1970�; que �el contrato se celebr� desde el a�o 2003 y a la fecha han transcurrido m�s de 9 a�os, luego el querer de las partes s� era el de la transferencia del dominio por compraventa, m�xime cuando el propio demandante, y por el querer de las partes, constituy� usufructo sobre el bien�; que �no se puede predicar la nulidad de un contrato simulado, derivado de una donaci�n o una compraventa� y que �por no exponer cual de las dos figuras de simulaci�n debe prosperar, se debe emitir sentencia desfavorable al accionante�.
3. EL FALLO APELADO. El juez a quo desestim� las rese�adas defensas; declar� la simulaci�n relativa del contrato de compraventa; dispuso �dejar v�lido el negocio jur�dico como una donaci�n hasta por el monto de 50 SMMLV para el a�o 2003, el cual corresponde a un porcentaje de 2.66% de derechos de cuota a nombre de los demandados, siendo inv�lido el negocio restante, es decir, el 97.34%, por no haberse cumplido con el negocio de la insinuaci�n, el cual deber� volver al patrimonio de la sociedad demandante�.
Sostuvo el aludido fallador que �los interrogatorio de parte recaudados evidencian que la voluntad real de las partes no era celebrar un contrato de compraventa, sino dar en donaci�n un bien y por otra parte, recibirlo en tal calidad�; que �se configuraron indicios que acreditan los presupuestos de la simulaci�n como las relaciones parentales, la falta de acreditaci�n del pago; el precio vil, la retenci�n del bien y una conducta procesal evasiva�; que �el Decreto 960 de 1970 establece requisitos formales para la escritura p�blica, pero ello no obsta para que posteriormente puedan ser declarados vicios o ineficacias particulares del acto�; que �la simple estipulaci�n de las obligaciones plasmadas en la escritura no les otorga validez�; que �no existe incompatibilidad entre el reconocimiento del negocio jur�dico disimulado y la declaraci�n de inexistencia del disimulado� y que �es perfectamente posible para el accionante solicitar la simulaci�n en abstracto, siempre que de los hechos plasmados en la demanda haya sustento f�ctico para declarar cualquiera de las dos categor�as�. 4.
LA APELACI�N. Adem�s, de insistir en sus alegaciones primigenias, los demandados enfatizaron en que �el representante legal de la demandante manifest� que la negociaci�n la hizo en uso de sus facultades mentales y legales y que quiso por amor proteger a su se�ora y a su hijo para que despu�s de su muerte tuvieran una renta que cubriera sus necesidades, en un acto de voluntad libre y espont�nea respecto del acto jur�dico que se constituy�.
CONSIDERACIONES 1. Verificada la ausencia de irregularidades que impidan proferir decisi�n de fondo, y en ejercicio de la facultad prevista en el art�culo 115 de la Ley 1395 de 2010, anuncia la Sala que confirmar� el fallo apelado, por encontrar de recibo sus principales argumentaciones f�cticas y jur�dicas. 2. Le asiste raz�n a los opositores en cuanto manifestaron que en su libelo incoativo, la parte actora no indic� expresamente la clase de simulaci�n cuya declaraci�n se pretend�a (fls. 2 a 8).
Sin embargo, en ese escrito Urca Compa��a destac� que su demanda estaba encaminada a que se declarara que �el verdadero contrato contenido en la escritura p�blica es de donaci�n por acto entre vivos� y que �dicha donaci�n es nula por no haber sido insinuada en legal forma�, afirmaciones estas que, sin lugar a dudas, llevan a colegir que la modalidad de simulaci�n pretendida fue la relativa.
No se olvide, de un lado, que �toda demanda introductoria del proceso, como pieza fundamental de �ste, es susceptible de interpretaci�n para deducir del conjunto de los hechos y de las pretensiones su verdadero alcance, lo que suceder� cuando sus t�rminos generan en el sentenciador dudas o incertidumbres al respecto, en cuyo caso su labor hermen�utica debe desarrollarse sin deformar su sentido� y del otro, que �si hay un contenido negocial escondido tras el velo del que se exhibe al p�blico, la simulaci�n se dice relativa�. 3.
A espacio se ver� en seguida que tambi�n anduvo afortunado el juez de primera instancia, al concluir que en este asunto se impon�a declarar la simulaci�n relativa del contrato de compraventa del inmueble 50C-1127109, contenido en la escritura p�blica No. 3022 del 4 de agosto del 2003 de la Notar�a 12 de Bogot�. Es tema averiguado que la dificultad inherente a la tarea de desenmascarar el car�cter simulado de un negocio jur�dico dota a la prueba indiciaria de una indiscutida utilidad.
De ah� que la jurisprudencia y la doctrina hayan relacionado una serie de indicios de com�n ocurrencia en casos como el que ocupa la atenci�n del Tribunal, por v�a de ejemplo, �el parentesco entre los contratantes; la ausencia de recursos en el adquirente; la falta de necesidad de enajenar o gravar; la persistencia del enajenante en la tenencia y posesi�n de la cosa aparentemente transferida� (Cas.
Civ. sent. de noviembre 24 de 2003, exp. 7458), as� mismo, el �m�vil para simular (causa simulandi), los intentos de arreglo amistoso (transactio), el tiempo sospechoso del negocio (tempus), la ausencia de movimientos en las cuentas bancarias, el precio no entregado de presente (pretium confessus), el lugar sospechoso del negocio (locus), la documentaci�n sospechosa (preconstitutio), las precauciones sospechosas (provisio), la no justificaci�n dada al precio recibido (inversi�n), la falta de examen previo por el comprador del objeto adquirido, especialmente cuando se trata de un bien ra�z� (CSJ, sent. de 14 de julio de 1974, resaltado por el Tribunal), indicios estos que, examinados en su conjunto, pueden resultar determinantes a la hora de establecer la seriedad de la relaci�n jur�dica combatida, �as� esos hechos, por s� mismos, esto es de manera insular, no sean plenamente indicativos de ella� (CSJ, sent. de 24 de noviembre de 2003, exp. 7458).
En el litigio en referencia, el Tribunal avizora m�ltiples hechos �debidamente acreditados� que, considerados de manera articulada, llevan a concluir que el contrato celebrado entre los extremos de este litigio es relativamente simulado, por encarnar una donaci�n y no una venta. Ac� confluyen la causa simulandi y la relaci�n familiar de los demandados con el representante legal de la parte actora (que fue quien suscribi� la susodicha escritura p�blica); la ausencia de necesidad de la venta; el bajo precio que se le asign� al inmueble y la falta de prueba de su verificaci�n; la incapacidad econ�mica de los compradores y las previsiones del �vendedor� en orden a asegurarse el goce del inmueble despu�s de la solemnizaci�n de la �compraventa�, elementos coincidentes que, conforme la jurisprudencia tra�da a cuento en la consideraci�n precedente, se�alan un�vocamente la simulaci�n negocial que adujo la parte actora. 3.1.
En este litigio es tema indiscutido que para la fecha de suscripci�n de la prenombrada escritura p�blica, la se�ora Farf�n Farf�n estaba unida por un v�nculo conyugal al se�or Urdaneta Cabrera (representante legal de la demandante, fl. 21, vto.) y que, en vigencia de esa uni�n marital, concibieron a Luis Francisco Urdaneta Farf�n, a lo que se suma que, como ambos extremos del litigio lo manifestaron en algunas oportunidades, entre ellas, la demanda y la contestaci�n, por esa �poca los se�ores Farf�n Farf�n y Urdaneta Cabrera convivieron bajo el mismo techo y que con motivo de esa cohabitaci�n (y tambi�n �con el prop�sito de apoyar al hijo que procrearon�) fue que se fragu� la idea de transferir a los demandados el susodicho predio (fls. 4 y 108). 3.2.
Brota, entonces, sin dificultad, que el m�vil de la simulaci�n fue, precisamente, impedir que despu�s de la muerte de Urdaneta Cabrera, los demandados quedaran desprovistos de sustento econ�mico. 3.3 La causa simulandi y el referido v�nculo matrimonial se ven acompa�ados de otras circunstancias que refrendan el sustrato f�ctico de la demanda en estudio.
V�ase, a modo de ejemplo, que el precio de la �compraventa� se estableci� en $76�000.000 (fl. 25), pese a que, seg�n el dictamen pericial recaudado en el decurso de la primera instancia (que ninguna de las partes objet�) para ese entonces, el referido inmueble estaba avaluado comercialmente en la suma de $622�191.840 (fl. 282). 3.4 Cumple a�adir que, aunque al contestar la demanda los opositores alegaron que s� hab�an pagado ese precio (hecho s�ptimo, fl. 108), ellos mismos desmintieron tal afirmaci�n en su declaraci�n de parte, oportunidad en la que, al un�sono, reconocieron no haber sufragado suma alguna por la transferencia del inmueble de marras (ver pronunciamiento frente a la pregunta 3, fls. 139 y 140), afirmaci�n que, de conformidad con el art�culo 194 del C. de P. C., ha de tomarse como confesi�n. La prenotada contingencia involucra un doble efecto adverso a los intereses de los excepcionantes, pues, adem�s de evidenciar (con toda contundencia) la falta del pago del precio cuya transferencia se hab�a declarado expresamente en la referida escritura p�blica (fl. 26, vto.), tambi�n denota una ostensible contradicci�n en la forma en que los demandados asumieron su defensa en este litigio, vicisitud que, a voces del art�culo 249 del C. de P. C., ha de ser valorado como un indicio en su contra. 3.5.
Ahora, as� se dejara a un lado la aludida confesi�n, lo cierto es que la foliatura no evidencia que, para la �poca de celebraci�n del negocio jur�dico que ac� interesa, los aparentes compradores ostentaran la solvencia econ�mica suficiente para asumir las cargas pecuniarias que esa negociaci�n les habr�a generado. Por el contrario, la se�ora Farf�n Farf�n manifest� en su declaraci�n de parte que, para ese entonces, sus ingresos mensuales se limitaban a la suma de $1�300.000 (fl. 139), al paso que el otro demandado (Urdaneta Farf�n), auscultado acerca de �a que monto ascend�an sus ingresos mensuales para la �poca en que suscribi� la escritura p�blica del 4 de agosto de 2003�, respondi� que �en ese tiempo yo estudiaba, no estaba en otra actividad� (pregunta 1, fl. 139). 3.6 Tampoco sobra traer a cuento que en el literal b del contrato de marras se estipul� que �los compradores, de su propia y espont�nea voluntad, por medio de la presente escritura p�blica constituyen sobre el inmueble relacionado, usufructo, constituyendo como usufructuario del mismo, en forma vitalicia, al se�or Juan Francisco Urdaneta Cabrera, usufructo que se consolidar� con la nuda propiedad al fallecimiento del usufructuario� (fls. 26, vto. y 29), estipulaci�n que permite observar de alguna manera la intenci�n del se�or Urdaneta Cabrera (quien, se insiste, para la �poca de los hechos que aqu� interesan era el representante legal de la sociedad demandante) de persistir en la detentaci�n material del bien �compravendido�, lo cual constituye, seg�n se advirti� en l�neas precedentes, un arquet�pico indicio de los negocios simulados. 4.
En s�ntesis, la precaria capacidad econ�mica de los compradores (liquidez), su cercana relaci�n con el representante legal de la vendedora (lo cual hac�a a aquellos candidatos id�neos para llevar a cabo la comentada maniobra simulatoria), la relevancia del bien transferido frente al patrimonio del tradente, la retentio posessionis, lo exiguo del precio y la prueba de la falta del pago del mismo, entre otras circunstancias, constituyen una grave cadena de indicios que, debidamente demostrados y considerados en conjunto (art�culos 187 y 250 del C. de P. C.), se�alan un�vocamente que el contrato instrumentado en la escritura p�blica No. 3022 del 4 de agosto del 2003 de la Notar�a 12 de Bogot�, es relativamente simulado, pues a pesar de la apariencia de la que fue revestido, en el fondo las partes no quisieron celebrar una compraventa, sino una mera donaci�n que obedeci� a la intenci�n del se�or Urdaneta Farf�n (representante legal de la actora, fl. 21, vto.), de transferir el dominio del inmueble a su esposa e hijo, con el fin de proporcionarles un sustento econ�mico despu�s de su muerte y sin el �nimo de recibir por ello contraprestaci�n alguna. 5.
Ante la contundencia de las apreciaciones f�cticas reci�n tra�das a cuento, resultan inocuas las argumentaciones esgrimidas por los apelantes, quienes m�s que desconocer la verificaci�n de las maniobras simulatorias, optaron por destacar algunos temas que parecen guardan mayor relaci�n con la validez formal y sustancial de la supuesta venta, esto es, que (i) al momento de suscribir la referida escritura p�blica, el representante legal de la demandante �se encontraba en uso de sus facultades mentales y legales�, por lo que ahora no le es dado alegar su propia culpa y (ii) que se cumplieron con las formalidades que la ley exige para la tradici�n de los bienes inmuebles (fl. 8, c. 4).
Como ya se anot�, esos dos argumentos ata�en a algunas de las condiciones de validez en el negocio jur�dico que se pretende simulado: el consentimiento libre de vicios (art. 1508, C. Civil) y la plenitud de la forma solemne (art. 1741, ib.), contingencias estas que, per se, no enervan la viabilidad de la acci�n de simulaci�n relativa, con la que se busca que prevalezca el negocio oculto sobre el aparente.
De ah� que �� pese a que el negocio re�na externamente las condiciones de validez, �ste no constituye ley para las partes (lex contractu), ya que la actuaci�n realizada no las ata, sino que la verdadera voluntad, la denominada interna, es la llamada a disciplinar sus relaciones� (CSJ, Cas. Civ. 15 de febrero de 2000, exp. 5438). Y que la demandante hubiera reconocido en su declaraci�n de parte que la susodicha compraventa la celebr� el se�or Urdaneta Cabrera �por amor y por proteger a su se�ora y a su hijo para que despu�s de su muerte tuvieran una renta que cubriera sus necesidades, en un acto de voluntad libre y espont�nea respecto del acto jur�dico que se constituy�, es una contingencia que, m�s que frustrar el �xito de las pretensiones principales, lo refrenda, pues es precisamente ese prop�sito el que, en conjunto con los dem�s indicios a que ya se hizo alusi�n, refleja la falta de inter�s de las partes en litigio, de ajustar del contrato de compraventa que, en apariencia, se consign� en la citada escritura p�blica.
Resta a�adir, por ser un tema al que se refiri� la censura, que, para el �xito de la acci�n de simulaci�n, tampoco es �bice que el demandante �act�e de mala fe� o que est� �alegando su propio dolo�, pues, �si bien la Corte admiti� en alguna oportunidad (XCIV, p�g. 24), que la acci�n de simulaci�n deb�a serle negada a quien la hubiese propiciado por motivos il�citos, no es menos cierto que dicha doctrina dej� de prevalecer, al ser frontalmente abandonada en jurisprudencia posterior (sentencia de 18 de diciembre de 1964) y prohijada en ocasiones posteriores (G. J. CCXXVIII, p�g. 343;
CCLII, p�g. 820)� y desde entonces, se ha sostenido de manera reiterada que �la regla moral nemo auditur, contenida en el art�culo 1525 del C�digo Civil, no tiene cabida en materia de simulaci�n, cabalmente porque, dado su car�cter sancionatorio, tal precepto no puede emplearse anal�gicamente, o sea, que "no puede extenderse ni ser aplicada a fen�menos ni en campos distintos del de la nulidad que proviene de esa misma ilicitud (G. J. CIX, p�g. 199), am�n que su aplicaci�n en tales asuntos producir�a consecuencias ciertamente mortificantes, como la de consolidar los negocios simulados, en lugar de deshacerlos, a la par que comportar�a una reprobable tolerancia � del abuso de la confianza que los simulantes se han depositado, permiti�ndosele, adem�s, a quien no tiene ning�n derecho a ello, aprovecharse del fraude para enriquecerse maliciosamente, todo contrariando, por supuesto, la regla "nemini sua fraus patrocinari debet� (CCLII, p�g. 830)�. 6.
Es por todo lo anterior, que no prospera la apelaci�n en estudio. DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Bogot�, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, CONFIRMA la sentencia que el 19 de marzo de 2015 profiri� el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Descongesti�n de Bogot�, en el proceso ordinario de la referencia. Costas de segunda instancia a cargo de los demandados.
Liqu�dense por la Secretar�a del Tribunal, incluyendo la suma de $1�000.000 como agencias en derecho, seg�n estimaci�n del Magistrado Ponente. Cumplido lo anterior, rem�tase el expediente al despacho de origen. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados OSCAR FERNANDO YAYA PE�A MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA JORGE HERN�N VARGAS RINC�N que permite, ante la existencia de claros precedentes jurisprudenciales atinentes a situaciones de hecho similares, no sujetarse estrictamente al turno de negocios para fallo.
En este caso, las sentencias de 30 de junio de 2015, exp. 2011 00599 01; 17 de febrero de 2014, exp. 2012 00597 01 y 21 de noviembre de 2013, exp. 2011 00554, entre otras. CSJ, sent. de 27 de febrero de 2001, exp. 5835. CSJ., sent. de 19 de junio de 2000, exp. 6266 CSJ., sent. de 27 de agosto de 2002, exp. 6368 OFYP 2011 00511 02 PAGE \* MERGEFORMAT 11 PAGE 10 345GH`bptu����������������� 4 6: @ C G ���ƶ�������q�q��bq���q�q�q�q��q�q�q�qh�r�5�CJOJQJ\�aJ"h�IhzW�5�CJOJQJ\�aJh�l5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih:5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih?95�CJOJQJ\�aJh�Ih?9CJOJQJ\�aJh�Ih:CJOJQJ\�aJh�Ih?9CJOJQJaJh�Ih:CJOJQJaJh�m�CJOJQJaJ&45Hab����� !. / ��X Y )*����������������������������$��dh`��a$��dh`��$��dh`��a$dhG \ d � � � ! -. / 1 2 8: H � � � � � �����Y ` p t � �������ʻ�ʜ�|k|k|k|k|Z����� h�Ih?9CJOJQJ^JaJ h�IhzW�CJOJQJ^JaJ h�Ih:CJOJQJ^JaJh�IhzW�CJOJQJaJh�Ih:CJOJQJ\�aJh�Ih?9CJOJQJaJh�Ih:CJOJQJaJ"h�Ih?95�CJOJQJ\�aJ"h�IhzW�5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih:5�CJOJQJ\�aJ� 'V������� @h*��������12XZ�`���ʸ���ʸ�ܦ���p�^LpLpLpL"h�Ih��5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih?95�CJOJQJ\�aJ"h�Ih�S�5�CJOJQJ\�aJ"h�Ihoz�5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih:5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih�,#5�CJOJQJ\�aJ"h�Ih�eV5�CJOJQJ\�aJ"h�Ihk?L5�CJOJQJ\�aJ"h�IhzW�5�CJOJQJ\�aJ"h�IhU<�5�CJOJQJ\�aJ��abcd��kl|}� � �"�"% 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