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REF. PROCESO ORDINARIO DE JAIME BLANCO BARRERA CONTRA JUAN MAR�A BLANCO ROMERO. RAD. 110013103032201000737 01. Magistrada Ponente. NANCY ESTHER ANGULO QUIROZ Discutido y aprobado en Sala del 4 de junio de 2015. Acta N� 024 I. ASUNTO Corresponde al Tribunal resolver el recurso de apelaci�n presentado por Juan Mar�a Blanco Romero �demandado- y Juli�n Blanco Rodr�guez �vinculado- contra la sentencia del 30 de septiembre de 2014, proferida por el Juzgado Treinta y Dos Civil del Circuito de esta ciudad en el proceso de la referencia. II.
ANTECEDENTES 1). PETITUM: El se�or Jaime Blanco Barrera, a trav�s de apoderado judicial especialmente constituido para el efecto, formul� demanda contra Juan Mar�a Blanco Romero, para que surtido el tr�mite previsto para el proceso ordinario de mayor cuant�a, se hicieran las siguientes declaraciones y condenas: �Se declare que es simulado por donaci�n sin insinuaci�n judicial, los contratos de compraventa celebrados entre el demandante en calidad de vendedor y solamente del cincuenta por ciento (50%), al demandado Juan Mar�a Blanco Romero, en su calidad de comprador, contenidos en la escritura p�blica N� 5531 de fecha 19 de octubre de 1995, otorgada en la Notar�a 31 de Bogot� D.C., y registrada a folio de matr�cula inmobiliaria N� 050-00157201 de la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Bogot� D.C., con ficha catastral n�mero 24713� (Sic), respecto del inmueble ubicado en la calle 24 n�meros 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32, cuyos linderos y dem�s especificaciones se indicaron en la demanda.
Que como consecuencia de lo anterior, se declare que las pretendidas donaciones son nulas, de nulidad absoluta, por carecer de los requisitos esenciales para su validez. De igual forma solicit� que, �con fundamento de la anterior declaraci�n, se disponga la cancelaci�n del registro de las citadas escrituras referenciadas en el punto primero�.
Decretar simult�neamente la cancelaci�n de los registros de transferencias del derecho de propiedad, lo mismo que todos los grav�menes y limitaciones del dominio existentes, y as� mismo se ordene al Notario respectivo la cancelaci�n de las citadas escrituras en el protocolo correspondiente. Finalmente reclam� condenar a los demandados al pago de las costas, gastos y agencias en derecho que se causen con ocasi�n del presente juicio. 2).
CAUSA: Como fundamentos f�cticos de las pretensiones, la parte actora expres�, en s�ntesis, que el 19 de octubre de 1995, mediante la Escritura P�blica N� 5531, transfiri� a Juan Mar�a Blanco Romero la nuda propiedad del 50% del inmueble ubicado en la Calle 24 N� 7-34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32, solo que �La escritura de compraventa se hizo para facilitar la trasferencia, pero lo que en verdad existi� fue una donaci�n� (Sic).
Por lo anterior, las donaciones son �nulas de nulidad absoluta, toda vez que se hicieron sin el lleno de los requisitos legales, sin insinuaci�n judicial, sin pagar los impuestos que ese acto gratuito demanda o genera� (Sic). 3). ACTUACI�N PROCESAL. 3.1. La demanda fue admitida el 27 de enero de 2011, ordenando su notificaci�n al demandado, acto que se surti� personalmente el 22 de julio de la misma anualidad, quien en ejercicio del derecho de contradicci�n y defensa se opuso a las pretensiones formulando las excepciones de m�rito que denomin�: �prescripci�n de extinguir la acci�n judicial�, �existencia y legalidad de contrato de compraventa plasmados en la escritura p�blica N� 5531 del 19 de octubre del a�o 1995 ante la Notar�a 31 del Circulo de Bogot� que es totalmente valida�(sic), �pago de la obligaci�n�, �falta de coherencia del demandante al demandar parcialmente la simulaci�n de compraventa� y la gen�rica o innominada. 3.2.
Posteriormente, y tras advertir el a-quo que del contrato cuya declaratoria de simulaci�n relativa y posterior anulaci�n se persigue, particip� el se�or Juli�n Blanco Rodr�guez quien figura igualmente como comprador, orden� integrar el contradictorio con �l; quien luego de ser notificado personalmente contest� la demanda formulando la exceptiva de �causas u or�genes distintos del vinculo contractual para adquirir el bien y construir la comunidad de Juli�n Blanco Rodr�guez y Juan Mar�a Blanco Romero, origen que genera consecuencias distintas�. 3.3.
Durante el curso del proceso sobrevino el fallecimiento del demandante, por lo cual su c�nyuge Luz Amparo Rodr�guez de Blanco e hijos Mariana Blanco Rodr�guez, Juli�n Blanco Rodr�guez, Jaime Fabio Blanco Bar�n, N�stor Blanco Bar�n y Humberto Blanco Bar�n fueron reconocidos como sucesores procesales del actor. 3.4. Rituada en debida forma la instancia, el Juzgado Treinta y Dos Civil del Circuito de esta Ciudad profiri� sentencia el 30 de septiembre de 2014, en la que se resolvi�: �Primero: Denegar las excepciones de m�rito formuladas por el extremo pasivo;
Segundo: Declarar no exitosa la tacha de sospecha formulada frente a los testimonios de Mariana Blanco Rodr�guez, Luz Amparo Rodr�guez de Blanco, B�rbara Blanco Rodr�guez y Juli�n Blanco Rodr�guez; Tercero. Declarar que el contrato de compraventa instrumentado en la Escritura P�blica No. 5531 de 19 de octubre de 1995 de la notar�a 31 de esta ciudad, contiene un negocio absolutamente simulado;
Cuarto. Decretar la cancelaci�n del citado instrumento p�blico y de su registro, que aparece inscrito en la anotaci�n No. 7 del Certificado de tradici�n y libertad de la matr�cula inmobiliaria No.50C-157201 de la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de esta ciudad. L�brese oficio; Quinto. Cancelar la inscripci�n de la demanda decretada sobre el inmueble con matr�cula inmobiliaria 50C-157201.
Of�ciese; Sexto. Ordenar a los herederos del demandante, que restituyan al se�or Juli�n Blanco Rodr�guez la suma de $34�895.904,15 mcte, a prorrata, por concepto del valor del bien efectivamente cancelado por �ste, suma que deber� ser pagada en el t�rmino de diez (10) d�as, contados a partir de la ejecutoria de la sentencia; S�ptimo. Disponer que la suma de dinero a que se refiere el numeral anterior, se debe cancelar dentro del t�rmino anteriormente se�alado y que, en caso de no hacerlo, sobre las misma deber� intereses a la tasa del 6% anual, a partir del d�a siguiente al vencimiento de dicho t�rmino, hasta cuando el pago respectivo se produzca�.
Finalmente, conden� en costas a la parte demandada ordenando la expedici�n de copias autenticas de la sentencia. Inconformes con la anterior determinaci�n, el demandado y el apoderado de Juli�n Blanco Rodr�guez �vinculado-, formularon oportunamente recurso de apelaci�n, el cual fue concedido en el efecto de ley, motivo por el cual se encuentra la actuaci�n ante esta Corporaci�n. III.
FUNDAMENTOS DE LA SENTENCIA Sostuvo el juzgador de primer grado, que a pesar de que el demandante solicit� la declaratoria de simulaci�n �nicamente respecto de la porci�n adquirida por Juan Mar�a Blanco Romero, la determinaci�n que se adopte en el presente juicio influir� en la integridad del negocio jur�dico, afectando la cuota parte de Juli�n Blanco Rodr�guez, quien figura en el documento como comprador del restante 50% de la nuda propiedad del inmueble.
Posteriormente adujo que se configuraban los presupuestos de simulaci�n, por la falta de pruebas que acreditara que Juan Mar�a Blanco tuviera en la �poca de celebraci�n del negocio jur�dico capacidad econ�mica para pagar la suma de $17.500.000 como parte del precio de la cuota del inmueble, a�adiendo que Juli�n Blanco, quien figura tambi�n como comprador del inmueble en el citado documento, hubiere manifestado en sus declaraciones, �que no hubo pago porque lo pretendido no era una compraventa sino una donaci�n porque era tradici�n de su padre Jaime Blanco escriturar bienes a favor de sus hijos, as� como entregar sumas de dinero en CDT�s para que fueran formando su propio patrimonio�.
Como hechos indiciarios aludi� al v�nculo familiar presente entre vendedor y comprador y que aquel se hubiere reservado el derecho de usufructuar el bien hasta el d�a de su fallecimiento, por lo cual consider� que las defensas formuladas por la parte demandada no estaban llamadas a tener �xito y, por el contrario, del �c�mulo de pruebas antes relacionadas, denotan que se expres� una causa falsa en el negocio jur�dico contenido en la Escritura 5531 de 1996, por lo que se concluye que nos encontramos ante un acto absolutamente simulado, sin que las afirmaciones dadas por la pasiva a lo largo del proceso, puedan servir para enervar dicha pretensi�n de simulaci�n�.
Finalmente se�al� que por las anteriores circunstancias y teniendo en cuenta que Juli�n Blanco Rodr�guez logr� acreditar el pago del 50% de la nuda propiedad del inmueble, en aras de no hacer m�s gravosa su situaci�n, orden� la devoluci�n en su favor de $17.500.000,00, monto que deber� ser pagado por los herederos del demandante previa indexaci�n del valor que corresponde a la fecha.
IV. ARGUMENTOS DE LA APELACI�N Inicialmente se debe destacar que ambos recurrentes solicitaron se tuvieran como sustentaci�n del recurso de apelaci�n, lo manifestado en sus correspondientes alegatos de conclusi�n, e igualmente pidieron la revocatoria del fallo, alegando que �ste resultaba incongruente, en la medida que lo resuelto en la sentencia no se ajustaba a lo pedido en el escrito de demanda.
Adicionalmente, el apoderado del demandado Juan Mar�a Blanco Romero solicit� revocar la sentencia y en su lugar declarar la prescripci�n de la acci�n judicial, porque de acuerdo al art�culo 2536 del C�digo Civil �sta prescribe en 10 a�os, y si en cuenta se tiene que el contrato fue celebrado en 1995, han pasado ya 16 a�os desde el momento en que fue suscrita la escritura p�blica de compraventa, y por ende deben desestimarse las pretensiones.
De igual forma, sostuvo que el negocio jur�dico re�ne todos los requisitos de validez, ya que el demandado en este proceso cumpli� con el pago del porcentaje por el cual adquiri� el inmueble, por lo que no es cierto que haya sido una donaci�n; por �ltimo manifest�, que con las pruebas documentales aportadas al plenario se demostr� claramente que ten�a los medios econ�micos para cancelar el valor de la compraventa acordada, adem�s, que con los testimonios se logr� acreditar el pago de la suma de $17.000.000,00 al comprador.
Por su parte el apoderado de Juli�n Blanco Rodr�guez, vinculado al proceso debido a que sus intereses econ�micos podr�an verse afectados por las resultas del juicio, aleg� que su llamamiento es inocuo, ya que la demanda no fue encausada en su contra, adem�s el vendedor en una declaraci�n extrajudicial que aport� al proceso ratific� su calidad de comprador, afirmando que �en lo que se refiere a Juli�n Blanco Rodr�guez fue un acto de compraventa, �sta persona me cancel� la suma referida a la escritura en dinero efectivo�.
Finalmente sostuvo, que se debe declarar la prescripci�n de la acci�n, toda vez que entre la fecha de celebraci�n del contrato de compraventa y la de su vinculaci�n al juicio trascurrieron 17 a�os; por lo anterior, solicita ser absuelto de las pretensiones de la demanda y declarar la validez del negocio jur�dico celebrado entre Jaime Blanco Barrera y Juli�n Blanco Rodr�guez, por estar ajustado a derecho al haberse efectuado oportunamente el pago al vendedor.
V. CONSIDERACIONES DE LA SALA 1). PRESUPUESTOS PROCESALES. El Tribunal encuentra satisfechos los presupuestos procesales que reclama la legislaci�n adjetiva para la correcta conformaci�n del litigio; en efecto, le asiste competencia al Juez de primer grado para conocer del proceso y al Tribunal para resolver la alzada; las personas enfrentadas en la litis ostentan capacidad para ser parte procesal, dada su condici�n de personas naturales en ejercicio de sus derechos; por �ltimo la demanda re�ne los requisitos m�nimos de ley.
Por lo dem�s, no se vislumbra vicio de nulidad que afecte la tramitaci�n, supuestos �stos que permiten decidir de m�rito el presente asunto. As� mismo se encuentra acreditada la legitimaci�n en la causa, tanto activa como por pasiva, la cual se desprende de la documental acompa�ada con la demanda que da cuenta que los extremos que conforman la litis, fungieron como vendedor y compradores respectivamente.
Atendiendo los argumentos de inconformidad de los recurrentes, se estima necesario examinar sucintamente lo relacionado con el principio de congruencia, la simulaci�n y su prueba y la donaci�n, para a partir de ello y de las pruebas regular y oportunamente allegadas, evaluar el caso puesto a consideraci�n de la jurisdicci�n. 2). DE LA CONGRUENCIA: El principio de congruencia est� contemplado en el Ordenamiento Procesal Civil, particularmente en el art�culo 305 que prescribe: �La sentencia deber� estar en consonancia con los hechos y las pretensiones aducidos en la demanda y en las dem�s oportunidades que este C�digo contempla, y con las excepciones que aparezcan probadas y hubieren sido alegadas si as� lo exige la ley�, indicando expresamente que �No podr� condenarse al demandado por cantidad superior o por objeto distinto del pretendido en la demanda, ni por causa diferente a la invocada en �sta�, el cual es soporte para impedir decisiones Extra, Ultra o Infra Petita en los asuntos sometidos al conocimiento de la jurisdicci�n ordinaria civil, en virtud del cual, �el fallo debe emitirse de manera concreta respecto de la materia litigiosa que las partes han sometido a conocimiento del juzgador, al formular sus peticiones o plantear sus defensas�.
Por ello la Corte Suprema de Justicia, en sentencia de 27 de noviembre de 1977, asever� que: �La sentencia para ser congruente debe decidir s�lo sobre los temas sometidos a composici�n del juez y con apoyo en los mismos hechos alegados como causa petendi, pues si se funda en supuestos f�cticos que no fueron oportunamente invocados por las partes, lesionar�a gravemente el derecho de defensa del adversario, al sorprender con hechos de los que, por no haber sido alegados, no se le habr�a dado oportunidad para contradecirlos.
Tal el fundamento para afirmar que igual da condenar a lo no pedido, que acoger una pretensi�n deducida, pero con causa distinta a la invocada, es decir, con fundamento en hechos no alegados�. En resumen cuando el operador judicial, as� sea so-pretexto de interpretar libelo inicial, al momento de desatar el litigio resuelve sobre un asunto diferente al que se le puso en consideraci�n en la demanda, la contestaci�n dada a la misma, los hechos que soportan unas y otras y los que por imperativo legal deban ser objeto de pronunciamiento, quebranta el principio en cita, circunstancia que indudablemente obliga, que cuando se emitan decisiones de esa naturaleza y sean cuestionadas por v�a de los recursos que contra ellas proceden, deban ser revocadas, para en su lugar adoptar las determinaciones que legalmente resulten procedentes. 3).
DE LA SIMULACI�N: En t�rminos generales, la jurisprudencia ha ense�ado que �la simulaci�n constituye un negocio jur�dico, cuya estructura gen�tica se conforma por un designio com�n, convergente y unitario proyectado en dos aspectos de una misma conducta compleja e integrada por la realidad y la apariencia de realidad, esto es, la creaci�n de una situaci�n exterior aparente explicada por la realidad reservada, �nica prevalente y cierta para las partes (�).
En virtud de tal conducta, los sujetos pueden pactar: a) que el negocio realizado constituye una mera apariencia que no los vincula y que, por lo mismo, carece de toda funci�n (simulaci�n absoluta); o, b) que el negocio aparentemente realizado sirve para ocultar un empe�o negocial distinto y efectivo de los sujetos, que tiene una funci�n aut�noma (simulaci�n relativa), en donde �sta �ltima puede darse con referencia al tipo negocial, a la prestaci�n que es objeto del negocio y al sujeto que estipula en aquel, caso en que se habla de interposici�n ficticia de persona porque el sujeto interpuesto, en virtud de un pacto con el vendedor y con comprador, consiente en figurar en el acto como mero �prestanombre�, quedando en firme que los efectos se produzcan directamente respecto de los verdaderos contratantes.
Para la prosperidad de esa acci�n, la Corte Suprema de Justicia ha se�alado como sus elementos constitutivos los siguientes: a) existencia del contrato cuya simulaci�n se arremete; b) legitimaci�n en la causa en quien demanda; y c) que se demuestre fehacientemente la simulaci�n que se busca sea declarada. 4). PRUEBA DE LA SIMULACI�N: En atenci�n a esa voluntad de los sujetos de simular en la celebraci�n de negocios jur�dicos ora de forma absoluta ya relativa, por lo que regularmente se abstienen de dejar huellas escritas de su proceder, si bien resultan admisibles para demostrar la simulaci�n todos los medios probatorios aceptados en nuestro ordenamiento, la prueba indiciaria se considera fundamental, por lo cual la jurisprudencia Nacional ha �venido elaborando un detallado cat�logo de hechos indicadores de la simulaci�n, entre los cuales se destacan el parentesco, la amistad �ntima de los contratantes, la falta de capacidad econ�mica de los compradores, la falta de necesidad de enajenar o gravar, la documentaci�n sospechosa, la ignorancia del c�mplice, la falta de contradocumento, el ocultamiento del negocio, el no pago del precio, la ausencia de movimientos bancarios, el pago en dinero efectivo, la no entrega de la cosa, la continuidad en la posesi�n y explotaci�n por el vendedor, etc.� Sin embargo, el mismo Tribunal, en relaci�n al ejercicio de valoraci�n de la prueba indiciaria en los juicios de simulaci�n, ha indicado los requisitos que esta probanza debe cumplir, a saber: a.) Conducencia de la prueba indiciaria respecto del hecho investigado; b.) Que est� descartada razonablemente la posibilidad de que la conexi�n entre el hecho indicador y el investigado sea aparente; c.) Que se haya descartado razonablemente la posibilidad de la falsificaci�n del hecho indicador por obra de terceros o de las partes; d.) Que aparezca clara y cierta la relaci�n de causalidad entre el hecho indicador y el indicado; e.) Que se trate de una pluralidad de indicios, si son contingentes; f.)Que varios de los indicios contingentes sean graves, concurrentes o concordantes y convergentes; g.) Que no existan contraindicios que no puedan descartarse razonablemente; h.) Que se hayan eliminado razonablemente las otras posibles hip�tesis y los argumentos o motivos infirmantes de la conclusi�n adoptada, pues es frecuente que un hecho indiciario se preste a diferentes inferencias que conduzcan a distintos resultados; i.) Que no existan pruebas de otra clase que infirmen los hechos indiciarios o que demuestren un hecho opuesto al indicado por aquellos; y j.) Que se pueda llegar a una conclusi�n final precisa y segura, basada en el pleno convencimiento o la certeza del juez.� 5).
DE LA DONACI�N ENTRE VIVOS: A pesar de que por regla general los contratos son onerosos, existen otros en los que la finalidad que mueve a los sujetos a celebrarlos es consecuencia de una conducta loable, altruista y surge por la intenci�n de un individuo de mejorar las condiciones en que se encuentra otro, aunque ello no le represente ninguna ganancia material, sino por el contrario una disminuci�n de su patrimonio; ese es el caso de la donaci�n entre vivos, la que consiste en un acto por virtud del cual, una persona transfiere gratuita e irrevocablemente, una parte de sus bienes a otra �Art.1443 C.C.-.
Acto jur�dico que previo a su celebraci�n, si el valor de los bienes objeto de donaci�n excede en precio a cincuenta salarios m�nimos mensuales legales vigentes, requiere adelantar el correspondiente tr�mite de insinuaci�n, el cual, a voces de la reforma que introdujo el Decreto 1712 de 1989, puede surtirse ante los Notarios y estar incluida en la Escritura P�blica que contenga la donaci�n propiamente dicha, en trat�ndose de inmuebles (Art.1458 C.C.).
Con relaci�n a dicho contrato ense�aba Savigny �las Instituciones de Justiniano hab�an colocado la donaci�n entre los modos de adquirir la propiedad, aunque este punto de vista resultaba arbitrario, porque la donaci�n por s� sola no transfiere la propiedad. Para ello, se requer�a la tradici�n, respecto de la cual la donaci�n es simplemente una justa causa.
No es, adem�s, la propiedad el �nico objeto que se transmite por donaci�n. El objeto de una donaci�n puede estar constituido por el usufructo, la enfiteusis, una simple promesa de contrato o la remisi�n de una deuda. A�ad�a Savigny que, aunque para la mayor parte de los autores modernos la donaci�n se sit�a entre los contratos obligatorios, ello da la falsa idea de que la donaci�n es un acto jur�dico particular, cuando realmente es una caracter�stica general que puede revestir los m�s diversos actos jur�dicos, raz�n por la cual han de colocarse en la parte general.
La donaci�n es una justa causa de la tradici�n, que puede transferir la propiedad y servir de t�tulo de la usucapi�n. Como causa, de validez y hace inatacables actos, que, en otro caso, podr�an ser atacados por medio de las conditiones. Partiendo de esta premisa Savigny llegaba a la conclusi�n de que, para que exista donaci�n, debe reunirse las siguiente condiciones: que se verifique entre vivos; que una de las partes se enriquezca con lo que la otra pierda; y que exista la voluntad (animus donandi) de producir el enriquecimiento de la otra parte a las propias expensas.� 6).
CASO CONCRETO. De forma anticipada advierte esta Corporaci�n la necesidad de revocar la sentencia recurrida porque, en efecto, y conforme lo alegaron los recurrentes, �sta es incongruente, en tanto que la Juzgadora de primer grado no se pronunci� con apego a lo reclamado en la demanda, pues decidi� entre otras, �declarar que el contrato de compraventa instrumentado en la Escritura P�blica N�5531 de 19 de octubre de 1995 de la Notar�a 31 de esta ciudad, contiene un negocio absolutamente simulado�, cuando seg�n lo planteado en el libelo introductorio y el fundamento f�ctico, lo pretendido era la declaratoria de una simulaci�n relativa parcial, respecto del 50% del bien objeto del negocio, argumentando que las partes, a pesar de lo que estaban declarando en el instrumento p�blico contentivo de dicho negocio, en realidad se estaba transfiriendo el dominio del inmueble distinguido con el folio de matr�cula inmobiliaria N� 50C-157201 por donaci�n entre vivos a Juan Mar�a Blanco Romero, esto es, s� quer�an celebrar un acto jur�dico que los vinculara, distinto es que eventualmente no sea el expresamente declarado, alej�ndose entonces el supuesto de una simulaci�n absoluta, que fue la declarada por el juzgador.
En efecto se plante� en el libelo inicial que la intenci�n del se�or Jaime Blanco Barrera (Q.E.P.D.), quien figur� como vendedor en dicho contrato, fue donar a Juan Mar�a Blanco Romero el 50% del inmueble ubicado en la calle 24 Nos. 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32, y al no haberse cumplido con el requisito de la insinuaci�n que el ordenamiento impone para ese tipo de acto, se reclam� subsiguientemente la declaratoria de nulidad, tem�ticas no abordadas por el a-quo, quien opt� no solo por declarar la �simulaci�n absoluta�, sino que, adem�s, al considerar que uno de los contratantes compradores acredit� el pago del precio �desdibujando la donaci�n alegada�, orden� frente a �ste las restituciones correspondientes, apart�ndose as� del marco decisorio delineado por las partes, y si bien es cierto la jurisprudencia ha dicho que el funcionario judicial tiene en su haber el deber de interpretar la demanda, no lo es menos que tal facultad no lo habilita para cambiar la voluntad de las partes o redise�ar la demanda.
Puntualizado lo anterior, y atendiendo el asunto puesto a consideraci�n de la jurisdicci�n, de la revisi�n de las pruebas arrimadas, deviene necesario revocar el prove�do apelado, por las razones sucintas que se exponen a continuaci�n: Da cuenta la Escritura P�blica N� 5531 del 19 de octubre de 1995 de la Notar�a Treinta y Uno del Circulo Notarial de Bogot� del contrato de compraventa de la nuda propiedad celebrado entre Jaime Blanco Barrero como vendedor y los se�ores Juan Mar�a Blanco Romero y Juli�n Blanco Rodr�guez como compradores, del inmueble ubicado en la calle 24 n�meros 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32, cuya copia autentica se incorpor� al expediente; negocio jur�dico que, para efecto de la tradici�n, fue inscrito en el folio de matr�cula inmobiliaria N� 50C-157201.
Contrato respecto del cual se afirm� en la demanda por parte del actor, fue simulado en lo que a Juan Mar�a Blanco Romero se refiere, por cuanto en realidad la nuda propiedad en la cuota que a �l respecta, se transfiri� no a t�tulo de venta, como se declar� en la escritura atr�s aludida, sino por donaci�n. Inicialmente resulta oportuno reiterar que si bien en asuntos como el presente, no se requiere de prueba directa para demostrar los hechos en que se soporta la acci�n y, por el contrario, son susceptibles de demostraci�n mediante indicios, es preciso resaltar que �stos deben ser ciertos, contundentes y de tal entidad que en el fallador se cree la convicci�n, plena e inequ�voca de que el contrato que se acusa de simulado, no fue una venta y realmente se celebr� una donaci�n, teniendo el demandante la carga de demostrar tal afirmaci�n, no bastando para ello, en el estado actual de la legislaci�n, su mero dicho, caso contrario se estar� por la veracidad del negocio.
Lo dicho cobra fuerza cuando el negocio de que se trata consta en Escritura P�blica, como en el presente caso, en que en dicho instrumento se dej� atestaci�n expresa que la trasferencia del dominio obedec�a a una compraventa de la nuda propiedad y, particularmente del pago del precio, al apuntar en la cl�usula tercera, que: �el precio de la venta es la cantidad de Treinta y Cinco Millones de Pesos Moneda corriente ($35.000.000,00), que el vendedor declara recibidos a entera satisfacci�n� (Negrillas ajenas al texto).
Manifestaciones de las cuales se desprende, en l�nea de principio, la voluntad de los contratantes respecto de la naturaleza del negocio �compraventa-, y que para el momento de la compra el vendedor dio por recibido a entera satisfacci�n el precio acordado, sin que en el actor hubiere procurado desvirtuar por alguno de los medios probatorios autorizados por el Legislador, que lo declarado en dicho instrumento no correspond�a a la verdad, conform�ndose con afirmar que la parte del precio que se encontraba a cargo de Juan Mar�a Blanco Romero no se efect�o, porque le estaba transfiriendo la propiedad a t�tulo de donaci�n. No puede olvidarse que el contenido de la escritura de haberse recibido el pago por parte del comprador se presume veraz, afirmaci�n que, en principio, hace plena prueba contra los que hicieron parte de ese negocio y sus causahabientes, porque conforme lo ense�a el ordenamiento procesal �Las declaraciones que hagan los interesados en escritura p�blica, tendr�n entre �stos y sus causahabientes el alcance probatorio se�alado en el art�culo 258; respecto de terceros; se apreciar�n conforme a las reglas de la sana cr�tica.� Aunado a que �si en la escritura de venta se expresa haberse pagado el precio, no se admitir� prueba alguna en contrario sino la nulidad o falsificaci�n de la escritura, y s�lo en virtud de esta prueba habr� acci�n contra terceros poseedores� �Art.1934 C.C.-, regla esta que s�lo tiene la excepci�n consagrada por la jurisprudencia, de que entre las partes con intereses es admisible la prueba en contrario, carga probatoria que fue desatendida, pues contrario a lo estimado en la instancia, no existen indicios con entidad suficiente que lleven al juzgador al convencimiento de que el contrato de compraventa de la nuda propiedad celebrado el 19 de octubre de 1995 hubiere sido simulado parcialmente y que la intenci�n real era la de transferir �sta a t�tulo de donaci�n. Lo anterior porque en el punto particular de la prueba en este tipo de acciones, �[D]ecantado est� que, trat�ndose de demandas judiciales de simulaci�n de negocios jur�dicos, gravitar� sobre su promotor, de conformidad con el principio probatorio contenido en el art�culo 177 del C. de P. C., la imperativa e ineludible carga de acreditar aquellas circunstancias de tiempo, modo y lugar, inequ�vocamente dirigidas a establecer que la voluntad real y oculta de las partes difiere de la expresada a trav�s de la combatida negociaci�n, pues en caso de que esos hechos no se encuentren demostrados en forma plena, o que, est�ndolos, de ellos tampoco se infiera el fen�meno simulatorio, habr� de asumirse como verdadero y serio el negocio aparente, acudiendo al principio in dubio benigna interpretatio ad hibibenda est, ut magis negotium valeat quam pereat', dado que �en la duda, debe estarse por la subsistencia del acto, por su realidad, porque lo normal es que todos los negocios en la vida de relaci�n se presuman realizados en forma�.
En otras palabras, "si quedase la duda de que el acto pudiera ser verdadero y contener la voluntad seria de los contratantes, habr�a de preferirse esta interpretaci�n y rechazarse la que condujera a anular o variar los efectos de aquel". De ah� que, en consonancia con estas apreciaciones doctrinarias, esa Corporaci�n haya sostenido "que la manifestaci�n de voluntad exteriorizada por las partes al ajustar el contrato, se tiene como cierta en toda su extensi�n mientras cosa diferente no sea demostrada �de manera que la acci�n de prevalencia viene acompa�ada para quien la esgrime, del compromiso de 'sacar a flote' la voluntad privada de las partes, de extraer 'la verdad oculta escondida tras el velo de la ficci�n', y siempre en el entendido �de que en el entretanto ha de tenerse como real aquello que manifestaron los contratantes" (Sent. de diciembre 7 de 2000, exp. 5885).
Con motivo de la aducida presunci�n de sinceridad y seriedad de los negocios jur�dicos bilaterales, como acontece, v. gr., con el de la compraventa, se ha sostenido que, en lo atinente a la tarea valorativa que debe acometer el juzgador con el fin de establecer si determinada negociaci�n fue simulada o no, "lo mejor es que el juez se abandone a su propia conciencia, haciendo acopio del sentido com�n, las m�ximas de la experiencia y el conocimiento que tenga de la astucia del hombre, aplicando todo a los hechos que rodearon el negocio, as� los que lo antecedieron, como los concomitantes y sobrevinientes.
La �nica regla que de cara a tan complejo an�lisis probatorio saldr�a indemne de toda cr�tica, es la de que los indicios y las conjeturas tengan el suficiente m�rito para fundar en el juez la firme convicci�n de que el negocio es ficticio; lo cual solo ocurrir� cuando las inferencias o deducciones sean graves, precisas y convergentes. Vale decir, la prueba debe ser completa, segura, plena y convincente; de no, incluso en caso de duda, debe estarse a la sinceridad que se presume en los negocios (in dubio benigna interpretatio ad hibenda est ut magis negotium valeat quam pereat)" (se subraya, CCVIII, p�g., 437)�.
(Negrillas de la Sala). Aplicado lo anterior al presente asunto, se tiene que el simple parentesco entre las partes en una venta de la nuda propiedad, o reserv�ndose el vendedor el usufructo sobre determinado bien, no constituye por s� solo, un indicio de simulaci�n, siendo necesarios otros indicios graves, concordantes y convergentes que lleven al funcionario judicial al convencimiento de que el contrato cuestionado solo existi� en apariencia o que lo declarado no correspond�a a la realidad.
Tampoco es indicio de simulaci�n el hecho puntual de que el vendedor hubiera conservado la tenencia y posesi�n del bien arrog�ndose sus frutos �arriendos-, toda vez que ello es apenas connatural al derecho que se reserv� en la negociaci�n, por haber trasferido solo la NUDA PROPIEDAD; proceder �ste que por dem�s tampoco es diciente, en la medida en que igualmente su pr�ctica no est� proscrita.
A m�s de esas circunstancias, se debieron exhibir otras pruebas que apoyaran las pretensiones de la demanda, sin que satisficieran ese requerimiento los testimonios recaudados, que si bien coincidieron en que el inmueble ubicado en la calle 24 n�meros 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32 eran explotados por el se�or Jaime Blanco Barrera (Q.E.P.D.), resultaron ineficaces para desvirtuar el pago del precio que se adujo en la Escritura de venta, que se presume veraz.
Vale la pena en este aspecto reiterar que, es de la esencia de este contrato �donaci�n- que el donante persiga con su realizaci�n mejorar las condiciones del donatario en detrimento de su patrimonio, fin que no se materializ� en este asunto, si en cuenta se tiene que el demandante limit� la trasferencia a la nuda propiedad reserv�ndose el usufructo y, en raz�n de ello, como lo reconocieron todos los testigos, fue la persona que hasta su muerte explot� econ�micamente el inmueble, dejando para s� las rentas que �ste produc�a y para los compradores el mero dominio, que por la connotaci�n del bien resultaba casi irrisorio.
Con relaci�n a las declaraciones de Mariana Blanco Rodr�guez, Luz Amparo Rodr�guez de Blanco, Barbar� Blanco Rodr�guez y Juli�n Blanco Rodr�guez, quienes afirmaron que el negocio celebrado por el demandante con Juan Mar�a Blanco Romero, en realidad se trat� de una donaci�n, es necesario indicar respecto de �stos, que existen elementos de juicio que les restan credibilidad a su dicho, por las contradicciones que se advierten entre las declaraciones rendidas antes de integrar como parte demandada al �ltimo de los nombrados, quien por dem�s fue el �nico que tuvo contacto directo con la negociaci�n, lo que motiv�, impropiamente su vinculaci�n a la presente.
No obstante, si se dejara de lado lo anterior y se aceptara el argumento de que por ser personas cercanas a las partes en contienda van a declarar sobre las verdaderas condiciones bajo las cuales se celebr� el contrato suscrito el 19 de octubre de 1995, las conclusiones ser�an id�nticas, porque a excepci�n de Juli�n Blanco Rodr�guez, a ninguno le consta el contexto de la negociaci�n, e incluso uno de ellos para la �poca de suscripci�n era menor de edad, aunado a que en sus manifestaciones existen elementos que hacen dudar de su imparcialidad como se ver� a continuaci�n. En efecto, la se�ora Mariana Blanco Rodr�guez, -quien sostuvo tener para el momento de su declaraci�n 31 a�os de edad, lo cual permite inferir que para el a�o 1995, �poca de suscribirse el contrato cuestionado, ten�a 17 a�os-, manifest� que era costumbre de su padre Jaime Blanco Barrero (Q.E.P.D.) donar bienes a sus hijos, para que a partir de all� construyeran su propio patrimonio, por lo que considera que en este negocio era id�ntica la intenci�n; no obstante, no conoce ni le constan los pormenores del negocio que aqu� se acusa de simulado, en especial lo referente al recibo por parte de �ste del precio acordado, porque �su pap� nunca le coment� que le hubieren hecho pago�; sin embargo, m�s adelante, cuando se le pregunt� si ��era costumbre de su pap� Jaime Blanco comentarles a ustedes como hijos qu� dineros recib�a y de qu�?�, contest� que: �no�, es decir, se reitera, no le consta, ni conoci� las condiciones del contrato materia de discusi�n, luego, su afirmaci�n sobre la donaci�n resulta especulativa.
En lo que hace a la se�ora Luz Amparo Rodr�guez de Blanco, quien afirm� ser esposa del demandante y su �confidente�, en su declaraci�n del 18 de enero de 2012, varias de las preguntas que se le formularon y absolvi� se dirigieron a se�alar que el actor explotaba econ�micamente el bien, aspecto que poco o nada influye en el caso bajo estudio, si en cuenta se tiene que, como se se�al� en l�neas anteriores, el contrato objeto de discusi�n corresponde a una venta con reserva de usufructo, lo que lleva impl�cito que el usufructuario es quien goza de cualquier rentabilidad que genere el predio, manteniendo ese poder de manejo; adicionalmente, en esa oportunidad dijo no conocer las condiciones del negocio, pero que era costumbre de su esposo donar bienes a sus hijos y que �ste le coment� que el celebrado con Juan Mar�a Blanco Romero hab�a sido una donaci�n del 50% del derecho de dominio del bien.
Posteriormente en la declaraci�n que rindi� el 20 de mayo de 2014, por petici�n del vinculado Juli�n Blanco Romero, respecto de quien reconoci� era su hijo, sostuvo que �ste pag� la suma de $17.500.000,00 fruto de CDTs, dados desde muy ni�o por el demandante, y en esta �ltima oportunidad, contrario a su anterior declaraci�n frente a si le constaba que el demandado Juan Mar�a Blanco Romero hab�a pagado el saldo del precio al demandante, afirm�, �yo dir�a que con Juan Mar�a debi� ser la misma forma�, �no me consta si �l le pag� al pap�, pero si s� que el pap� le ten�a ahorros a �l y era para eso, porque �l quer�a que ese predio quedara en manos de ellos dos� (sic); m�s adelante en la misma declaraci�n afirm�, que era posible que el demandado hubiera pagado igual que su hijo porque �tambi�n le hab�an dado CDTs como a nosotros�, manifestaciones que por ser contradictorias con su primera versi�n le restan credibilidad a su dicho.
Por el contrario, las afirmaciones expuestas en la �ltima diligencia conllevan a presumir como cierto lo afirmado por el demandado Juan Mar�a Blanco Romero en su interrogatorio, que con relaci�n a la forma de pago de la parte del precio que a �l le correspondi�, reconoci� que si bien no se efect�o como se declar� en la escritura, lo hizo en parte con un pr�stamo de su hermano Jaime Blanco Bar�n, persona que en su declaraci�n as� lo reconoci�, y con la suma de $7.000.000,00 que ten�a en CDTs para la �poca, y el saldo con el fruto de las relaciones comerciales que entre �l y su padre exist�an en ese momento.
De su parte, las manifestaciones del se�or Juli�n Blanco Rodr�guez igual carecen de credibilidad; primero, porque en la diligencia del 18 de enero de 2012, cuando fue citado como testigo, afirm� que el contrato celebrado entre Jaime Blanco Barrera y Juan Mar�a Blanco Romero hab�a sido una donaci�n del 50% de la propiedad del inmueble distinguido con el folio de matr�cula inmobiliaria N� 50C-157201, pero al interrog�rsele sobre los pormenores del negocio, afirm� que no los recordaba, porque ese contrato hab�a sido celebrado �hace muchos a�os��., �estamos hablando de 16 a�os atr�s verdaderamente no me acuerdo� y, en definitiva, �que no se acordaba de los t�rminos de esa negociaci�n�, al punto que ni siquiera ten�a presente si hab�a suscrito como comprador el contrato del 19 de octubre de 1995 de marras.
Sin embargo, cuando es interrogado como demandado por la titular del despacho en diligencia realizada el 10 abril 2014, autom�ticamente record� los pormenores del negocio y en esta oportunidad ante la pregunta del tipo de contrato celebrado con el se�or Jaime Blanco Barrero, �l y Juan Mar�a Blanco Romero, se�al� que su progenitor �les vendi� la nuda propiedad� del inmueble ubicado en la calle 24 Nos. 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32 y posteriormente afirm� que �sinceramente no s� c�mo fue con Juan Mar�a porque yo estaba en el cuento de mi colegio entrando casi en la universidad y yo estaba era en otro cuento�, en resumen, a partir de esta declaraci�n no se puede construir un indicio indicador de que la cuota parte del contrato que se acusa de simulado, lo hubiere sido, pues, al declarante no le consta, ni tiene claro, si all� se efectu� una donaci�n o en realidad fue una venta como se declar�.
En contraposici�n a las mencionadas declaraciones est�n las rendidas por los se�ores Jaime Fabio Blanco Bar�n, Jaime Chaves Rinc�n, Edilma Fuquen Samaca y Diego Alexander G�mez Latorre, quienes reconocieron, el primero, ser hermano y los restantes, amigos del demandado, que el se�or Juan Mar�a Blanco, para la �poca del contrato, sosten�a relaciones comerciales con el demandante, las cuales incluso fueron reconocidas por los declarantes relacionados l�neas atr�s; de igual forma, dijeron que �ste desarrollaba distintas actividades comerciales, una de la cuales era la venta de comidas r�pidas en la noche y de las cuales obten�a recursos econ�micos.
Adicionalmente y a pesar de rest�rsele valor probatorio en primera instancia a los documentos allegados por el demandado en su interrogatorio, consistentes en certificados de ingresos y retenciones en las fuente por t�tulos CDT que estaban a su favor, por no ser del a�o en que se suscribi� el contrato, lo cual no se discute, no se puede soslayar que �stos datan de a�os anteriores a la realizaci�n del contrato, lo que desvirt�a las afirmaciones de los testigos tachados de que el convocado no contaba con ingresos, pues tales documentos acreditan lo contrario y permiten inferir que los manten�a para la data de su celebraci�n. En resumen, de la valoraci�n de las pruebas recaudadas, bajo los par�metros de la sana cr�tica, se puede afirmar que al presente juicio el extremo actor no alleg� elementos de prueba que permitieran establecer claramente la existencia de indicios serios que conllevaran a determinar que Jaime Blanco Barrero, al momento de suscribir la Escritura P�blica N�mero 5531 del 19 de octubre de 1995 ante la Notar�a Treinta y Uno del Circulo Notarial de Bogot�, no tuvo la intenci�n de trasferir el dominio del inmueble ubicado en la calle 24 Nos. 7�34 y los locales 7-18/ 7-22/ 7-24/ 7-26 y 7-32 a Juan Mar�a Blanco Romero por compraventa, sino por donaci�n, por lo que deb�a entonces asumirse como verdadero y serio el negocio fustigado en los t�rminos puntuales que se dej� consignado en el instrumento p�blico que lo contiene y, consecuentemente, desestimar las pretensiones de la demanda; circunstancia que por dem�s torna en innecesario abordar el estudio de las excepciones de m�rito formuladas por la pasiva.
Corolario de los argumentos que preceden se impone revocar la sentencia apelada para en su lugar negar las pretensiones, como en efecto se har�, siendo consecuentemente innecesario examinar las excepciones perentorias planteadas. VI. DECISI�N EN M�RITO DE LO EXPUESTO, EL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, EN SALA CIVIL DE DECISI�N, ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA REP�BLICA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY
RESUELVE
PRIMERO. - REVOCAR la sentencia del 30 de septiembre de 2014 proferida por el Juzgado Treinta y Dos Civil del Circuito de Bogot�, por lo expuesto en precedencia, para en su lugar NEGAR las pretensiones de la demanda, ordenando la cancelaci�n de la inscripci�n de la misma en el folio de matr�cula inmobiliaria n�mero 50C-157201. SEGUNDO.- Costas en ambas instancias a cargo del extremo demandante, para lo cual la Magistrada Ponente se�ala como agencias de esta la suma de $1.600.000,00.
Por secretar�a liqu�dense. TERCERO.- DEVU�LVASE el expediente al Juzgado de origen para lo de su tr�mite y competencia. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE, LOS MAGISTRADOS, NANCY ESTHER ANGULO QUIROZ MYRIAM IN�S LIZARAZ� BITAR MARCO ANTONIO �LVAREZ G�MEZ Folio 21 Cd.1. Folio 331 Cd.1. Folios 549 de la continuaci�n del Cd.1 C.S.J., Sala de Casaci�n Civil, Sent. del 28 de febrero de 2012.
M.P. Dra. Ruth Marina D�az Rueda. Exp. 05282-3103-001-2007-00131-01 C.S.J., Sala de Casaci�n Civil Sent. del 13 de diciembre de 2012. M.P. Dr. Fernando Giraldo Guti�rrez. Exp. 0500131030132006-00005-01 C.S.J. Sala de Casaci�n Civil. Sent. de julio 11 de 2000. M.P. Silvio Fernando Trejos Bueno. C.S.J. Sent. de mayo 8 de 2001. M.P. Jos� Fernando Ram�rez G�mez. expediente 5692. Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Civil.
Sentencia de junio 3 de 1996. Magistrado Ponente: Jos� Fernando Ram�rez G�mez. Art. 4.- Cuando se trate de bienes para cuya enajenaci�n seg�n la ley, se requiera escritura p�blica, el mismo instrumento podr� contener la insinuaci�n y la respectiva donaci�n. Diez-Picazo Luis, Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial IV, Las Particulares Relaciones Obligatorias, Thomson Reuters, Espa�a, Reimpresi�n 2014, P�g. 193 -194 Art�culo 264 del C�digo de Procedimiento Civil. En lo referente la Jurisprudencia Nacional de forma reiterada ha se�alado que �la disposici�n del art.1934 del C.C. ha de entenderse en el sentido de que la declaraci�n contenida en una escritura p�blica de haberse pagado el precio de la venta, admite prueba en contrario entre las partes contratantes, al aplicar el art.1759.
S�lo para dirigir la acci�n contra terceros hay necesidad de probar la nulidad o falsificaci�n la escritura�, entre otras est�n las sentencias dictadas por la H. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil el 27 de noviembre de 1987, Gaceta XIII P�g. 270, 16 de noviembre de 1956 Gaceta LXXXIII P�g.823; 9 de noviembre de 1946, Gaceta LXIII P�g. 362; 22 de septiembre de 1924 Gaceta XXXI P�g.152. Camara, H�ctor, Simulaci�n en los Actos Jur�dicos, Edit.
Roque de Palma, Buenos aires, 1958, p�g. 135. Ferrara, Francisco, La Simulaci�n de los Negocios Jur�dicos, Edit. Revista de Derecho Privado, Madrid, 1960, p�g. 362. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, Sentencia del 13 de agosto de 2002, Magistrado Ponente Dr. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo, Expediente No. 7060. La cual puede ser escuchada en el disco de audio que obra a folio 116 Cd.1 minuto 27:29. Ib�dem minuto 1:02:10 CD 2. Declaraci�n que se puede escucha en el disco de audio que obra a folio 483 Cd.1. RI. 13659 Rad. 110013103032201000737 01 Ref.
Proceso Ordinario de Jaime Blanco Barrera vs. Juan Mar�a Blanco Romero. PAGE PAGE \* MERGEFORMAT18 RI. 13659 'Oefgtwyz��������������Ƶ���zpzpzp�c�c�VH:h� �h�]�5�OJQJ^Jh� �h� 5�OJQJ^Jh� �h *�OJQJ^Jh� �hd�OJQJ^JhHROJQJ^Jh d�OJQJ^Jh� �h� OJQJ^Jh� �ho3OJQJ^J-hHRh� 5�6�@���OJQJ]�^JmH sH !hHRh� 5�6�OJQJ]�^J hHRh� 5�6�OJQJ\�]�1jhHRh� 5�6�OJQJU]�mHnHu hHRh� 5�6�OJQJ]�%&'Ofg���� G H I ~ � � � � � � � �������������������������$��dh`��a$gd� � $dha$gd� � $dha$gd� ��������������� , F ���ǹ�ǹ�����Մ���wdQ;*h� �h� 5�>*@���OJQJ^JmH sH $h� �h� @���OJQJ^JmH sH $h� �h *�@���OJQJ^JmH sH h� �h� OJQJ^Jh� �hYe'5�OJQJ^JhU 5�OJQJ^Jh� �h�05�OJQJ^Jh� �h +M5�OJQJ^Jh� �hP�5�OJQJ^Jh� �h�]�5�OJQJ^Jh� �h�3�5�OJQJ^Jh� �h]>�5�OJQJ^Jh� �h� 5�OJQJ^JF G H I e i j t { | � � � � � � � � � � � ��ʿ����������tj]PC6h� �h� OJQJ^Jh� �h�5 OJQJ^Jh� �h� �OJQJ^Jh� �h�Y�OJQJ^Jh� OJQJ^J h� �h� 5�>*OJQJ^J h� �h�+�5�>*OJQJ^Jh� �h.kOJQJ^Jh� �hYe'OJQJhU OJQJh� �ho3OJQJh� �h� OJQJ$h� �hU @���OJQJ^JmH sH h� @���OJQJ^JmH sH $h� �h� @���OJQJ^JmH sH � � � ) B D G H R Y Z f i u � � � � � � � � � � � � ���̲̿���̿̿��̘�̊zj_QCh� �h^\c6�OJQJ^Jh� �h�Y�>*OJQJ^Jh� >*OJQJ^J h� �h� 5�>*OJQJ^J h� �h�+�5�>*OJQJ^Jh� �h�4�>*OJQJ^Jh� �h�M>OJQJ^Jh� �h�4�OJQJ^Jh� �h�+�OJQJ^Jh� �hqTYOJQJ^Jh� �h� OJQJ^Jh� �h1i�OJQJ^Jh� �h�,TOJQJ^Jh� �hZ^�OJQJ^J� � � � � � ����23WX��������������������� dhgd� � $dha$gd� �$��dh^��a$gd� �$ & F���dh^�`��a$gd� �$��dh`��a$gd� �$��dh`��a$gd� � $dha$gd� �� � � � $ % O ^ _ f ~ � � � � q ������ʦ�ʳ�������u�hu[uNh� �h3h�OJQJ^Jh� �h�w"OJQJ^Jh� �hOJQJ^Jh� �h�!OJQJ^JhkOJQJ^Jh� �h�J�OJQJ^Jh� �h(wOJQJ^Jh� �h.S�OJQJ^Jh� �h�:�OJQJ^JhU OJQJ^Jh� �h^�OJQJ^Jh� �h��OJQJ^Jh� �h� OJQJ^Jh� �h� 6�OJQJ^Jq r � � / � � � � � � #$+B`es�����������������ϸϸϫ�ϔ�����ϫ�z�m`Sh� �h�#rOJQJ^Jh� �h��OJQJ^Jh� �h�nOJQJ^Jh� �h�!OJQJ^Jh� �h�=�OJQJ^Jh0m(OJQJ^Jh� �h}e�OJQJ^Jh� �h�w"OJQJ^JhU OJQJ^Jh� �h=�OJQJ^Jh� �h�T�OJQJ^Jh�6�OJQJ^Jh� �h3h�OJQJ^Jh� �ha�OJQJ^J �����/0123 B Q !q!r!s!t!}!~!�!�!�!�!�!�!""" 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