Micelio

AUTO — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 2010- 5118

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Gloria Isabel Espinel Fajardo

Fecha: 2010-05-27

Sujetos procesales: ALEXANDRA MARÍA SALAZAR CARO / ORLANDO ÁNGEL RAMOS BARRERO

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Ref. PROCESO DE LIQUIDACI�N DE SOCIEDAD CONYUGAL DE ALEXANDRA MAR�A SALAZAR CARO CONTRA ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO (APELACI�N AUTO). Magistrada Ponente: GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO Discutido en sesiones de Sala del once (11) de agosto de dos mil nueve (2009) y nueve (9) de marzo de dos mil diez (2010), seg�n consta en acta No. 012 Procede el Tribunal a decidir el recurso de apelaci�n interpuesto contra el auto de fecha primero (1�) de abril de dos mil nueve (2009), proferido por el Juzgado S�ptimo (7�) de Familia de esta ciudad, mediante el cual se resolvi� la objeci�n a los inventarios y aval�os.

A N T E C E D E N T E S En el Juzgado S�ptimo (7o) de Familia de esta ciudad, se encuentra en tr�mite la liquidaci�n de la sociedad conyugal de los exc�nyuges ALEXANDRA MAR�A SALAZAR y ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO, en la que el catorce (14) de noviembre de dos mil ocho (2008), se llev� a cabo la diligencia de inventarios y aval�os concurriendo a la celebraci�n de la misma, los apoderados de ambos exc�nyuges.

En la misma diligencia, la apoderada judicial del �ltimo, present� la relaci�n de bienes y deudas sociales, relacionando entre �stas, las siguientes como recompensas: a. Como partida cuarta, la compensaci�n a cargo de la sociedad conyugal y a favor del se�or ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO, por pago de doce cuotas de la hipoteca que recae sobre el apartamento 1105 ubicado en la calle 164 No. 59-49, Torre 1, Conjunto Residencial Balcones de San Esteban, realizados con posterioridad al decreto del divorcio y la disoluci�n de la sociedad conyugal, partida que aval�o en la suma de $5.998.449.07. b. Como partida quinta, la compensaci�n que la masa social adeuda al citado exc�nyuge por concepto del pago del impuesto predial del inmueble aludido anteriormente, en cuant�a de $158.000.00. c. Como partida sexta, figura la compensaci�n por concepto del pago del impuesto predial del garaje No. 14 del Conjunto Residencial Balcones de San Esteban, en el a�o gravable 2008, el cual fue pagado por el exc�nyuge; dicha partida la avalu� en $14.000.00. d. En la partida s�ptima inventari� la compensaci�n por concepto de valorizaci�n por beneficio local recaudado por la administraci�n distrital el d�a 22 de enero de 2008, cancelado por el exc�nyuge; dicha partida la avalu� en la suma de $269.879.00 e. En la partida octava, relacion� la compensaci�n por pago de las cuotas del contrato de prenda que recae sobre el veh�culo Hyundai ACCENT, placas BWN-123, causadas desde el d�a 10 de diciembre de 2007, fecha en la que se decret� el divorcio y la disoluci�n de la sociedad conyugal, hasta la fecha de la presentaci�n de los inventarios, partida que avalu� en la suma de $5.217.755. f. Y como partida novena, se inventari� la compensaci�n correspondiente al valor del veh�culo Mazda Alegro, modelo 2000, con placas CSO493, por valor de $26.505.000. 1.1.

Las anteriores partidas fueron excluidas en la continuaci�n de la diligencia de inventarios y aval�os llevada a cabo el primero (1�) de diciembre de dos mil ocho (2008) por no haber sido aceptadas por la apoderada judicial de la exc�nyuge. 2�. Dentro del t�rmino del traslado de la diligencia de inventarios y aval�os, la apoderada judicial del exc�nyuge present� objeciones al inventario y aval�o con la finalidad de que se incluyeran como recompensas a cargo de la masa social y a favor del se�or ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO, las anteriores partidas, variando tan solo el valor de las dos �ltimas, d�ndoles un aval�o de $6.277.956 y $11.077.435.00 respectivamente. 2.1 Surtido el traslado correspondiente de las anteriores objeciones, culmin� el tr�mite incidental mediante providencia del primero (1�) de abril de dos mil nueve (2009), en la que declar� fundada la �ltima de las objeciones, raz�n por la que incluy� como compensaci�n, las sumas canceladas por el exc�nyuge por el veh�culo Mazda Allegro de placas CSO 438, desde el momento en que lo adquiri�, hasta la fecha del matrimonio, por valor de $11.077.436 y declar� infundadas las dem�s objeciones, argumentando la decisi�n, en que las sumas de dinero canceladas luego de disuelta la sociedad conyugal no constituyen una recompensa, y se�al� que la acci�n para reconocer tales pagos es la consagrada en el art�culo 1630 y s.s. del C.C. 2.2.

Contra la anterior determinaci�n, la apoderada judicial del exc�nyuge interpuso el recurso de reposici�n y en subsidio el de apelaci�n; ante el fracaso del primero concedi� el segundo, mediante prove�do del veintid�s (22) de mayo de dos mil nueve (2009); la alzada se admiti� por esta Corporaci�n mediante prove�do del tres (3) de julio de dos mil nueve (2009) y antes de vencerse el t�rmino previsto en el art�culo 359 del C.P.C, el recurrente sustent� la apelaci�n, manifestando que el pasivo inventariado pudo haber sido mayor de no haberse pagado sistem�tica y cumplidamente por el hoy recurrente las obligaciones sociales insolutas, a cuyo pago no concurri� la c�nyuge.

Que en este caso, lo que corresponde es aplicar el art�culo 1835 del C.C. que habla de recompensas entre c�nyuges cuando �Aqu�l de los c�nyuges que, por el efecto de una hipoteca o prenda constituida sobre una especie que le ha cabido en la divisi�n de la masa social, paga una deuda de la sociedad, tendr� acci�n contra el otro c�nyuge para el reintegro de la mitad de lo que pagare; y pagando una deuda del otro c�nyuge, tendr� acci�n contra el para el reintegro de todo lo que pagare�; que al recurrir a los principios generales del derecho y atendiendo los postulados del principio de econom�a procesal y las disposiciones contenidas en los art�culos 228 y 230 de la Constituci�n Pol�tica, resulta fuera de la l�gica jur�dica que al c�nyuge diligente y cuidador del patrimonio social, que pag� las deudas sociales a�n sin la colaboraci�n de su exc�nyuge, se le castigue con la imposici�n de la carga procesal adicional de demandar en una acci�n ordinaria distante del proceso liquidatorio, para recuperar el patrimonio invertido. 3.

Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n, con apoyo en las siguientes, C O N S I D E R A C I O N E S 1. Dispone el art�culo 180 del C. C., modificado por el art�culo 13 del Decreto 2820 de 1974, que �por el hecho del matrimonio se contrae sociedad de bienes entre los c�nyuges�; sociedad que perdurar� hasta tanto se disuelva por alguno de los motivos previstos en el art�culo 1820 ibidem, momento en el que �proceder� su liquidaci�n�, para cuyos efectos se considerar� que �los c�nyuges han tenido esta sociedad desde la celebraci�n del matrimonio� (art�culo 1� de la ley 28 de 1932). 2.

Ocurrida la disoluci�n de la sociedad conyugal por cualquiera de los motivos previstos por el art�culo 1820 del C. C., se forma una comunidad universal de bienes entre los c�nyuges o los ex c�nyuges, o entre alguno de �stos y los herederos del otro, que es preciso liquidar, para cuyos efectos deber� procederse �inmediatamente�, como lo ordena el art�culo 1821 del C. C., �a la confecci�n de un inventario y tasaci�n de todos los bienes que usufructuaba o de que era responsable, en el t�rmino y forma prescritos para la sucesi�n por causa de muerte�; a lo que agrega el art�culo 4� de la ley 28 de 1932 que en la liquidaci�n de la sociedad conyugal �se deducir� de la masa social o de lo que cada c�nyuge administre separadamente, el pasivo respectivo�, hecho lo cual, agrega el mismo precepto, �Los activos l�quidos restantes se sumar�n y dividir�n conforme al c�digo civil, previas las compensaciones y deducciones de que habla el mismo C�digo� (se destaca).

As�, la liquidaci�n de la sociedad conyugal, de conformidad con el art�culo 1821 del C. C. y lo complementado por art�culo 4� de la ley 28 de 1932, deber� hacerse �en el t�rmino y forma prescritos para la sucesi�n por causa de muerte�, pero, adem�s, en ella se restar� de la masa de gananciales (activo bruto) no s�lo el monto de las deudas sociales que afectan los bienes gananciales (deudas de la sociedad frente a terceros), sino tambi�n (cuando a ello haya lugar) �las compensaciones y deducciones de que habla el mismo C�digo�, incluidas en estas �ltimas (deducciones) las recompensas e indemnizaciones que dicho c�digo menciona.

De donde, si de la �masa social� habr� de descontarse el �pasivo respectivo� (primera parte del art�culo 4� de la ley 28 de 1932), y los �activos l�quidos restantes� se depurar�n de �las compensaciones y deducciones� (segunda parte del art�culo 4� de la ley 28 de 1932), es porque, l�gicamente, las recompensas (que constituyen una deducci�n) no son el �nico pasivo social deducible en los inventarios, pues en dicho pasivo est�n tambi�n comprendidas las deudas sociales frente a terceros que pesan sobre los bienes gananciales.

Por eso, inclusive antes de la expedici�n de la ley 28 de 1932, el doctrinante Fernando V�lez, al amparo de las normas del C�digo Civil vigentes para entonces, manifest� que �Disuelta la sociedad conyugal por cualquiera de las causas que hemos mencionado, debe averiguarse cu�les son los bienes propios de cada c�nyuge, qu� compensaciones debe la sociedad a cada c�nyuge, o �ste a ella, qu� bienes tiene la sociedad, qu� debe y qu� se le debe.

La pr�ctica de esta diligencia requiere una liquidaci�n semejante a la de una sucesi�n La base de la liquidaci�n tiene que ser un inventario del activo y pasivo sociales, y para que d� el resultado que con ella se busca, que es la partici�n de los gananciales entre los c�nyuges o entre uno de �stos y los herederos del otro, es necesario hacer ciertas acumulaciones y deducciones e imputar los frutos correspondientes a quien tenga derecho a ellos� (subrayas y negrillas fuera del texto).

Y tambi�n por eso, desde antes de la entrada en vigor de la ley 28 de 1932, la Corte Suprema de Justicia sostuvo que �Los actos de partici�n, ya sean de herencia o de bienes sociales, contienen dos operaciones que son elementos esenciales: la liquidaci�n y la distribuci�n de los efectos partibles (art. 1394). La liquidaci�n comprende no solamente el ajuste de lo que se debe a una sucesi�n por terceros, y de lo que �sta les debe, sino tambi�n la verificaci�n de los cr�ditos y deudas de los part�cipes, ya respecto de ella, ya entre los mismos interesados; y por esta raz�n dispone el art. 1394 que el partidor liquidar� lo que �a cada uno de los coasignatarios se deba�, y sobre esta liquidaci�n se proceder� a la distribuci�n individual de los bienes, o sea a la formaci�n de las hijuelas�.

(negrillas y subrayas no son de la cita). 3. No hay duda, entonces, al tenor de las disposiciones legales ya citadas, que al momento de efectuarse la liquidaci�n de la sociedad conyugal, HAY QUE ESTABLECER, EN SU ORDEN, TANTO EL PASIVO EXTERNO COMO EL PASIVO INTERNO DE �STA. Dentro del primero quedan comprendidas las deudas adquiridas por los c�nyuges frente a terceros (deudas externas) en relaci�n con los bienes sociales o gananciales, entre ellas, como lo precisa el doctrinante Arturo Valencia Zea �Todos los gastos hechos para la adquisici�n de un bien ganancial, lo mismo que los precios o saldos que se queden debiendo en virtud de esa adquisici�n� (se destaca).

Dentro del segundo pasivo quedan comprendidas, entre otras, las deudas internas de la sociedad conyugal a favor de los bienes no gananciales conocidas t�cnicamente con el nombre de recompensas (arts. 1790 y 1797 del C. C.), derivadas de las relaciones jur�dicas entre los tres patrimonios (el propio de cada uno de los c�nyuges y el de la sociedad conyugal) y con ocasi�n del traspaso directo de un valor del uno al otro, en vigencia de la sociedad conyugal (que es cuando los c�nyuges tienen la libre administraci�n individual tanto de sus bienes propios como de los gananciales por ellos adquiridos y se presentan las relaciones jur�dicas internas entre los patrimonios); deudas estas �ltimas conocidas tambi�n como el pasivo interno de la relaci�n entre bienes gananciales y bienes no gananciales, generado dicho pasivo por el rompimiento del equilibrio econ�mico que debe reinar entre los patrimonios administrados por cada uno de los c�nyuges, en perjuicio de los bienes no gananciales.

De ah� que, al ocuparse �de las deudas sociales y no sociales� como de la �Teor�a de las recompensas�, el doctrinante Arturo Valencia Zea se�ale que �a un tiempo con las deudas de los c�nyuges frente a terceros, existen deudas de los bienes propios exclusivos frente a los bienes gananciales, y deudas de �stos respecto de aquellos. Estas deudas internas (que en riguroso sentido no son deudas) han recibido tradicionalmente el nombre de teor�a de las recompensas.� (se destaca); agregando m�s adelante: �DETERMINACI�N DE LA MASA DE GANANCIALES OBJETO DE REPARTO Y LIQUIDACI�N. Inventariados y avaluados los bienes de los c�nyuges y hecha la discriminaci�n de los que tienen la calidad de gananciales, tenemos el activo bruto del haber social.

El mismo inventario debe dar a conocer el estado del pasivo frente a terceros. El activo obtenido puede ser objeto de deducciones o de agregaciones. En general, la necesidad de pagar las deudas sociales y otros gastos ocasionados por la disoluci�n de la sociedad, produce una disminuci�n del activo. Tambi�n es posible que el haber social sea deudor del patrimonio particular de uno de los c�nyuges de alguna indemnizaci�n o recompensa � Y haciendo relaci�n espec�fica a dichas deudas internas (las recompensas), el mismo doctrinante Valencia Zea sostiene: �existen casos en que la masa de gananciales se acrecienta a expensas de los bienes no gananciales, o los bienes de exclusiva propiedad se enriquecen con bienes del haber social.

La primera hip�tesis se presenta cuando el bien que un c�nyuge ten�a al casarse o el adquirido durante la sociedad a t�tulo gratuito, fue vendido y con el precio se adquiri� otro, sin haber obrado la subrogaci�n real; la segunda hip�tesis se presenta cuando una deuda no social de uno de los c�nyuges es pagada con dineros del haber social, como cuando la deuda existente en el momento del matrimonio se cancela durante la sociedad con haberes que han debido entrar al haber social.

En el primer caso, el patrimonio exclusivamente propio tendr� derecho a una indemnizaci�n en virtud del dinero invertido en acrecentar la masa de gananciales; en el segundo, ser� la masa com�n la que deber� indemnizarse en raz�n de la deuda pagada. �Lo dicho nos ense�a que el d�a en que se disuelva la sociedad ser� necesario restablecer el equilibrio roto entre los patrimonios administrados por cada uno de los c�nyuges, estableciendo las indemnizaciones correspondientes, ya sea de los gananciales para con los bienes no gananciales, o de �stos para con aquellos.

Estas indemnizaciones han recibido el nombre de recompensas (C. C. arts. 1801, 1802, 1803 y 1804)� (se destaca). En similar sentido, ha expresado tambi�n el doctrinante Roberto Su�rez Franco, que las compensaciones o recompensas, son cr�ditos que el marido, la esposa o la sociedad conyugal pueden reclamarse entre s� en el momento de la liquidaci�n de la sociedad conyugal, por haber ocurrido desplazamientos patrimoniales o pago de obligaciones a favor o en contra de la sociedad o de los c�nyuges.

Y para no dejar duda de que el activo l�quido partible, vale decir, ya depurado de las recompensas a favor de los bienes no gananciales y, as� mismo, de las deudas sociales frente a terceros, es ni m�s ni menos la precisa universalidad de bienes objeto de la divisi�n, el art�culo 1830 del C. C. remata diciendo que �ejecutadas las antedichas deducciones, el residuo se dividir� por mitad entre los dos c�nyuges� (negrilla y subraya fuera del texto legal); como, con apego a dicha norma, lo reconoce el doctrinante Fernando V�lez al afirmar que �liquidada la sociedad conyugal, es decir, establecido su pasivo y activo de acuerdo con las reglas que hemos dado, para tener el activo neto o los gananciales, debe procederse a la partici�n de �stos para determinar la parte que de ellos le corresponde a cada c�nyuge sobreviviente y a los herederos del muerto o que se presume que ha muerto� (negrillas y subrayas fuera del texto).

Otro tanto manifiesta el doctrinante Jaime Rodr�guez Fonnegra al comentar la ley 28 de 1932, y afirmar que � la disposici�n del primer colon del art�culo 2� no se opone con lo establecido en el art�culo 1� en cuanto al entenderse al terminar la separaci�n transitoria de bienes que entre los c�nyuges ha habido sociedad conyugal cuya liquidaci�n ha de ajustarse a las normas sustantivas del C�digo, que en punto de obligaciones sociales para con terceros excluyen la responsabilidad �nica del c�nyuge deudor en cuanto llegue el momento en que proceda liquidar la sociedad conyugal; y �ste adem�s la grava con lo debido a los c�nyuges en raz�n de recompensas.

De tales art�culos, que se compenetran rec�procamente, no se dio el 2� para desbaratar lo establecido con el primero, sino para completarlo dejando en claro que habr�a separaci�n transitoria de bienes mientras no llegara el caso de liquidar la sociedad conyugal y para establecer que respecto de ciertas deudas habr�a responsabilidad solidaria de ambos c�nyuges.� De manera que, as� no se trate, naturalmente, de una recompensa a favor de los c�nyuges, si al momento de liquidarse una sociedad conyugal cualquiera, existen deudas de ella (de la sociedad) frente a terceros (es decir, de los bienes gananciales frente a terceros), �stas, al igual que aquella, tambi�n deben deducirse del activo, para que, producida la liquidaci�n con arreglo a la ley, pueda tener lugar la partici�n. 4.

Descendiendo al caso de este proceso, se observa que lo pretendido por el demandado y aqu� recurrente es, b�sicamente, que a trav�s de la oportunidad establecida en el art�culo 601 del C. de P. C., se incluyan como recompensas, en los inventarios y aval�os practicados, los pagos hechos por �l despu�s de ocurrida la disoluci�n de la referida sociedad conyugal (a la que dio lugar la sentencia de divorcio de 10 de diciembre de 2007), para cuyos efectos se apoya en lo dispuesto por el art�culo 1835 del C. C..

Esos pagos, seg�n lo que aduce el interesado, fueron: A) la suma de $5.998.449.07, por concepto de 12 cuotas del cr�dito hipotecario que recae sobre el apartamento 1105 de la calle 164 No. 59-49, Conjunto residencial Balcones de San Esteban, inmueble adquirido por compraventa en vigencia de la sociedad conyugal (cuotas de diciembre de 2007 a noviembre de 2008);

B) la suma de $441.879, correspondiente a impuesto predial y de valorizaci�n de dicho inmueble por el a�o 2008; y C) la suma de $6.277.956, atinente al valor de 12 cuotas del cr�dito prendario reca�do sobre el veh�culo Hyundai Accent GL 4D, de placas BWN-123, adquirido tambi�n en vigencia de la sociedad conyugal (cuotas de diciembre de 2007 a noviembre de 2008); pagos todos ellos, se insiste, efectuados por el recurrente despu�s de ocurrida la disoluci�n de la sociedad conyugal, que ahora pretende liquidarse mediante el tr�mite de este proceso.

En orden, pues, a resolver lo pertinente sobre dicha petici�n, es preciso agregar estas otras reflexiones: 4.1. Lo primero por advertir es, entonces, que si los pagos de que aqu� se trata fueron hechos con posterioridad a la disoluci�n de la sociedad conyugal, ellos no corresponden, en rigor, al concepto de recompensa, seg�n lo antes anotado, mucho menos al amparo del art�culo 1835, como lo solicit� el recurrente, porque la hip�tesis f�ctica de este precepto est� dada sobre la base de que el pago all� contemplado se efect�e por el adjudicatario cuando la liquidaci�n y partici�n social ya haya culminado con la correspondiente � divisi�n de la masa social�, por lo que la acci�n de subrogaci�n all� mismo consagrada a favor del que ha pagado la deuda social o personal �contra el otro c�nyuge� supone el necesario diligenciamiento de proceso separado y diferente del de liquidaci�n en el que nos encontramos.

Dicho de manera diferente, a pesar de que el art�culo 1835 del C. C. est� referido inclusive al pago de una deuda social, su hip�tesis normativa no se ajusta estrictamente al fen�meno de las �recompensas�, previsto para el momento en que tiene lugar la liquidaci�n de la sociedad conyugal (art�culos 1790, 1796, 1797, 1798, 1800, 1801, 1802, 1803, 1804 del C. C., 4� de la ley 28 de 1932 y 600 del C. de P. C.); lo que implica que en la hip�tesis f�ctica del citado art�culo 1835 la correspondiente etapa de liquidaci�n est�, obviamente, preclu�da, como se desprende adem�s del contenido del art�culo 1402 del mismo c�digo.

En consecuencia, la inicial conclusi�n a la que llega el Tribunal, es que no es posible reconocer, en esta liquidaci�n de la sociedad conyugal, los pagos aducidos por el aqu� recurrente como recompensas, que deban ser deducidos de los gananciales de la parte actora. 4.2. Ahora, en cuanto a si las obligaciones pagadas corresponden al concepto de deudas de la sociedad conyugal o de los bienes gananciales con terceros y, por ende, si tienen o no la consecuencia de ser deducibles de la masa de gananciales en la liquidaci�n social en curso, se debe se�alar que, no obstante que los pagos se efectuaron despu�s de la disoluci�n de la sociedad, resulta evidente que s� tienen esa connotaci�n, porque lo cierto e indiscutible es que, al menos las dos que est�n respaldadas con garant�a real, constituyen la cancelaci�n de cuotas o instalamentos del precio de compra de esos mismos bienes junto con sus respectivos intereses, cuyos t�tulos de adquisici�n (que adem�s as� lo demuestran) fueron anteriores a la disoluci�n de la sociedad; lo que traduce que as� esos pagos se hubiesen hecho exigibles estando ella disuelta, constituyen la prolongaci�n en el tiempo de esas mismas obligaciones, debidamente acreditadas en los autos con la prueba misma de la existencia de esos bienes gananciales. 4.3.

En ese orden de ideas, resta determinar si, como deuda social que realmente es, hay lugar a deducir los pagos hechos por el recurrente, de los gananciales que corresponden a su ex c�nyuge, en la liquidaci�n social que nos ocupa. Veamos: 4.3.1. Igual que en el derecho de herencia cuando de �l son titulares varios herederos, al disolverse la sociedad conyugal se produce, de pleno derecho, una copropiedad sobre la universalidad de bienes de �sta; fen�meno jur�dico respecto del cual ha sostenido la Corte Suprema de Justicia que �La sociedad conyugal, una vez disuelta, degenera en una comunidad a la cual representan, en caso de muerte de uno de los c�nyuges o de ambos, el sobreviviente y los herederos del otro, o los herederos de ambos, seg�n el caso� (se destaca).

A lo cual ha agregado la misma Corte Suprema de Justicia que �As� como queda en comunidad entre los herederos el patrimonio de la sucesi�n, as� tambi�n la sociedad conyugal il�quida, muerto uno de los c�nyuges, da origen a una comunidad de bienes del patrimonio social� (se destaca). Si eso es as�, y si entre el momento de la disoluci�n de la sociedad conyugal y su efectiva liquidaci�n (que puede ser m�s o menos prolongado seg�n sea la actitud asumida por los comuneros), surge la aludida comunidad universal de bienes, ello traduce que la liquidaci�n social lleva consigo la necesaria divisi�n de dicha comunidad, que de esta manera tambi�n se liquida y parte conjuntamente con la sociedad conyugal, sin perjuicio de que de esa liquidaci�n surja otra comunidad (la ordinaria), esta vez sobre un determinado bien en particular.

Por eso, en el proceso de liquidaci�n que habr� de emprenderse con posterioridad a la disoluci�n de toda sociedad conyugal, al tiempo que tendr� lugar la aplicaci�n de las normas legales anteriormente citadas, tambi�n habr� de darse aplicaci�n al art�culo 2324 del mismo c�digo, al tenor del cual: �Si la cosa es universal, como una herencia, cada uno de los comuneros es obligado a las deudas de la cosa com�n, como los herederos en las deudas hereditarias� (se destaca); lo que traduce que a la liquidaci�n social y a la de la comunidad se aplican por igual las normas que, en materia del pasivo social, rigen la liquidaci�n de la sucesi�n por causa de muerte. 4.3.2.

Dando, pues, aplicaci�n al precepto reci�n citado y teniendo en cuenta, consecuentemente, lo que dispone el art�culo 1411 del C. C., en el sentido de que �Las deudas hereditarias se dividen entre los herederos a prorrata de sus cuotas sin perjuicio de lo dispuesto en los art�culos 1413 y 1583 �, como el contenido de la �ltima de estas dos disposiciones, seg�n el cual �Si la obligaci�n no es solidaria ni indivisible, cada uno de los acreedores puede solo exigir su cuota, y cada uno de los codeudores es solamente obligado al pago de la suya; y la cuota del deudor insolvente no gravar� a sus codeudores�, se hace pertinente concluir lo siguiente: Si la obligaci�n social o de los bienes gananciales frente a terceros, no es solidaria ni indivisible, y se hace exigible despu�s de disuelta la sociedad conyugal pero antes de su liquidaci�n, los comuneros s�lo estar�n obligados a pagar su cuota parte, y aquellos acreedores s�lo podr�n exigir a cada uno de estos el pago de dicha cuota; de manera que si alguno de los deudores paga la deuda en su totalidad, estar� cubriendo deuda ajena (aunque de la sociedad) en lo que excede de su cuota, y, por lo tanto, como con ese pago extingue adicionalmente la totalidad de la mencionada deuda social, lo que hace desaparecer el pasivo que ella representa y habr�a de ser descontado del activo bruto de la comunidad, no puede pretender que en la liquidaci�n social que posteriormente se abra, se le reconozca indemnizaci�n alguna, pues la que le cabe por el enriquecimiento del comunero, debe hacerla valer en proceso separado.

Por el contrario, si la obligaci�n de que se trata (a cargo de la sociedad o de los bienes gananciales) es solidaria o indivisible, el pago total de la misma hecho por uno de los comuneros despu�s de la disoluci�n pero antes de la liquidaci�n, lo coloca, al estar gravado por la cuota del insolvente (art. 1583 del C. C.), en la posici�n de subrogatario del tercero acreedor en lo que concierne a ese mayor valor pagado (arts. 1579, 1580 y 1668 del C. C.); y, por consiguiente, al momento de la liquidaci�n, podr� aducir el excedente de su cuota (el 50% del monto de la obligaci�n pagada por �l) para que se deduzca de los gananciales del otro comunero, en tanto esa obligaci�n, que no ha desaparecido en ese excedente que pag�, sigue siendo de la sociedad conyugal o de los bienes gananciales frente tercero, en cuyos derechos �l se ha subrogado.

Desde luego que en este �ltimo evento, no podr� sostenerse que el pago en esa forma efectuado, constituye, en lo que excede de su cuota parte, cancelaci�n de obligaci�n personal a cargo del otro u otros deudores que �nicamente lo habilitan para ser resarcido en proceso diferente al de liquidaci�n, pues esa conclusi�n no es aceptable ya que la obligaci�n del otro comunero por �l pagada en virtud de la solidaridad o la indivisibilidad, seguir�a siendo de naturaleza social, no personal (que �nicamente disminuye el haber del c�nyuge deudor); y, porque, como ya se indic�, el pago de obligaciones indivisibles o solidarias no sigue la regla general establecida por el art�culo 1411 del C. C., que consagra el principio de la divisi�n de las deudas hereditarias.

Con justa raz�n, pues, al comentar, antes de ser expedidas las leyes 28 de 1932 y 1� de 1976, el ordinal 1� del art�culo 1796 del C. C. el doctrinante Fernando V�lez manifiesta: �las pensiones e intereses que se devenguen durante la sociedad, que no se paguen mientras �sta exista, ser�n deuda social que disminuye los gananciales. Si se devengan despu�s de disuelta la sociedad, y corren contra uno de los c�nyuges, ser�n a cargo de �ste, quien no tendr� derecho para reintegrarse de ninguna parte de ellos, exigi�ndola de los gananciales del otro c�nyuge� (negrillas y subrayas para resaltar).

Por id�ntica raz�n el mismo doctrinante (Fernando V�lez) sostiene que �un c�nyuge puede deberle al otro o a la sociedad. El art�culo 1825 se refiere al caso en que le deba a �sta para hacer la acumulaci�n de que trata, puesto que lo que va a liquidarse es la sociedad; no se refiere a lo que los c�nyuges se deban entre s�, pues el uno ha podido pagar con sus bienes propios deuda personal del otro, porque esto est� sometido al derecho com�n, seg�n el cual el acreedor o sus herederos tienen acci�n contra el deudor o sus herederos.

Sin embargo, podr�n aplicarse a los gananciales del deudor las recompensas debidas por un c�nyuge al otro, previas las pruebas y auto correspondientes�. Y, al comentar el art�culo 1411 del C. C., agrega: � hemos visto que no hay solidaridad entre los herederos para el pago de las deudas hereditarias, puesto que cada uno responde de su parte correspondiente en ellas, salvo excepciones particulares, debidas a la naturaleza de ciertas deudas.

Esta misma regla general se aplica a los legatarios cuando deben contribuir al pago de las deudas (art. 1420). �El principio del art�culo 1412 puede tenerse como consecuencia de aquella regla, porque si las deudas se dividen entre los herederos, no siendo �stos solidarios (art. 1568), la consecuencia l�gica es que la insolvencia de uno no grave a los otros, es decir, que cuando uno o m�s de los herederos no puedan satisfacer sus partes en las deudas, los acreedores respectivos carecen de derecho para exigir de los herederos solventes que paguen dichas partes � (se destaca). 4.3.3.

Por otra parte, no puede perderse de vista que, de conformidad con el art�culo 1820 del C. C. modificado por el art�culo 25 de la ley 1� de 1976, cuando la liquidaci�n de la sociedad conyugal sea debida a mutuo acuerdo de los c�nyuges o a divorcio o separaci�n de cuerpos judicialmente decretados, los c�nyuges responder�n solidariamente ante los acreedores con t�tulo anterior al registro de la escritura de disoluci�n y liquidaci�n de la sociedad o de la correspondiente sentencia judicial que as� lo declare, debidamente comprobado.

De donde si, en los eventos mencionados, con posterioridad a la disoluci�n de la sociedad conyugal se hacen exigibles para la emergente comunidad universal que ha surgido, cuotas de una obligaci�n con causa en un evidente t�tulo anterior a la disoluci�n, apenas es l�gico admitir que dichas cuotas o instalamentos constituyen obligaci�n solidaria a cargo de los ex c�nyuges o comuneros, que pagada totalmente por uno de ellos ante la insolvencia del otro, da lugar en lo que pag� de m�s (50% del monto de la obligaci�n) a la pertinente deducci�n de la masa de gananciales del otro exc�nyuge o comunero, al momento de la correspondiente liquidaci�n. 4.3.4.

Por cuanto la regla 1� del art�culo 601 del C. de P. C. dispone que �La objeci�n al inventario tendr� por objeto que se excluyan partidas que se consideren indebidamente incluidas, o que se incluyan las compensaciones de que trata el art�culo precedente ya sean a favor o a cargo de la masa social� y con esto de suyo proh�be o hace t�citamente imposible la objeci�n tendiente a que en �l se incluya, como acontece en la especie de este litigio, la existencia de deudas de la sociedad conyugal frente a terceros, creando con ello un tratamiento desigual de �stos frente al c�nyuge sobreviviente y los herederos del difunto que de esta manera tienen una oportunidad adicional para que las deudas internas (�compensaciones�) puedan ser all� incluidas, no obstante que unos y otros est�n autorizados por el art�culo1312 del C. C. para asistir a esa diligencia y con �derecho a reclamar contra el inventario, en lo que les pareciere inexacto�, es preciso que el Tribunal inaplique la parte de aquel precepto (art. 601del C. de P. C.) relativa a dicha t�cita prohibici�n, para que, en el caso de este proceso, el recurrente, mediante el tr�mite del incidente de objeci�n por �l propuesto y abierto a tr�mite, como ocurri�, tenga la oportunidad de plantear por esta v�a la inexactitud del inventario y pueda obtener la consecuente inclusi�n en el pasivo social de que se trata, de las deudas de la sociedad conyugal frente a los mencionados terceros, con cuyo pago se subrog� en los derechos de los mismos; lo que implica, per se, tenerlo por legitimado para formular la objeci�n y con inter�s leg�timo para interponer el recurso de apelaci�n. En efecto, el art�culo 601 del C. de P. C. se ocupa del �Traslado y objeciones� de �Los inventarios y aval�os�, contemplados y regulados �stos en el art�culo 600 del mismo c�digo, en el que se dispone la realizaci�n de �la audiencia de inventario de bienes y deudas de la herencia y de la sociedad conyugal�, fijando las reglas en ella a seguir, entre las cuales esta �ltima norma ratifica que a esa diligencia �podr�n concurrir los interesados que relaciona el art�culo 1312 del C�digo Civil�; pero que cuando de la objeci�n a esos inventarios se trata, el primero de dichos preceptos, desconociendo el derecho de los terceros acreedores a formular igualmente reclamo por inexactitud, s�lo contempla la objeci�n por concepto de recompensas, generando desigual tratamiento.

Desde luego que la excepci�n de inaplicabilidad mencionada, �nicamente persigue la igualdad de oportunidades de todas las partes con derecho a concurrir a la diligencia de inventarios, mas no que por la v�a de la objeci�n se produzca la necesaria y autom�tica inclusi�n de deudas de la sociedad frente a terceros, pues es bien sabido que este aspecto de la cuesti�n depende del grado de certeza probatoria con que se acredite la existencia de la obligaci�n; de tal suerte que si el juez del proceso de liquidaci�n, que no puede ser un convidado de piedra sujeto por entero al capricho de las partes, encuentra razonable el reparo formulado en aquella diligencia contra la obligaci�n, deber� al actuar de conformidad con el art�culo 601 del C.P.C., negar la pretendida inclusi�n cuando resuelva la objeci�n, para que ella sea objeto de debate m�s amplio en el seno de un proceso diferente; al paso que si encuentra fundada la inexactitud de aquel reparo, deber� proceder a aceptar la petici�n, tal como acontece en la pr�ctica judicial con respecto a las recompensas.

En consecuencia, como en el caso de este proceso, seg�n lo precedentemente anotado, existe la referida deuda social en cuyo 50% se subrog� el objetante, deber� accederse a su inclusi�n en los inventarios, a fin de que se deduzca, en el monto indicado (50%), de los gananciales de la c�nyuge demandante. 5. A�n si se aceptara en gracia de discusi�n, por el momento en que se hicieron exigibles, que las obligaciones (con garant�a real) pagadas por el aqu� recurrente no fueron nunca sociales sino de la comunidad universal que se form� despu�s de la disoluci�n de la sociedad conyugal, de todas maneras habr�a que acceder a la deducci�n solicitada por el recurrente, pues por mandato del art�culo 2329 del C. C. �En las prestaciones a que son obligados entre s� los comuneros, la cuota del insolvente gravar� a los otros�; lo que traduce que el comunero que paga la totalidad de una obligaci�n de la comunidad, satisface una imposici�n legal y no meramente discrecional en lo que toca con la cuota parte de sus otros coherederos insolventes; y por ende, al proceder de ese modo, se subroga en los derechos del tercero acreedor, lo que impone que en la divisi�n de la referida comunidad, tenga derecho a que su cr�dito (50% del valor total por �l pagado) se deduzca de los gananciales de la actora (art�culos 1579 y 1668, num. 3�, del C. C.).

Por lo tanto, como frente a esta hip�tesis no solo las dos obligaciones con garant�a real pagadas por el recurrente, sino inclusive la que corresponde a impuestos de los bienes gananciales tambi�n pagada por �l (carga de la comunidad), ser�an evidentemente de la comunidad (no personales del comunero que pag�), y respecto de su pago habr�a, como se dijo, solidaridad de los comuneros, ello significa que, adicionalmente, ser�an aplicables, respecto de todas las tres obligaciones pagadas, la totalidad de las restantes consideraciones anteriormente planteadas en esta misma providencia. Entonces, inclusive bajo el �ltimo supuesto predicado, (que las obligaciones pagadas por el recurrente sean de la comunidad y no de la sociedad), se impone deducir de los gananciales de la c�nyuge incidentada, el 50% de los pagos efectuados por el recurrente, que ser�n sumados a los gananciales de �ste; lo que traduce que la providencia apelada deber� ser modificada, para hacer los pronunciamientos correspondientes.

D E C I S I � N: En m�rito de lo expuesto, la Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, D. C., R E S U E L V E:

PRIMERO: INAPLICAR parcialmente, por las razones expuestas en las motivaciones de esta providencia, la parte que se dej� expresamente se�alada del art�culo 601 del C.P.C. en la decisi�n que en este caso espec�fico habr� de darse al recurso de apelaci�n interpuesto. En consecuencia, se CONFIRMA PARCIALMENTE el auto del primero (1�) de abril de dos mil nueve (2009) pronunciado por el Juzgado S�ptimo de Familia de esta ciudad, que fue materia de apelaci�n, en cuanto admiti� t�citamente que el incidentante estaba legitimado para objetar el inventario practicado en este proceso; y declara, por ende, que el recurrente tiene inter�s leg�timo para recurrir la decisi�n del a quo que resolvi� negativamente la objeci�n al inventario por �l propuesta.

SEGUNDO: REVOCAR el mismo auto apelado en cuanto desestim� expresamente la mencionada objeci�n.

TERCERO: ORDENAR que se incluyan en el inventario practicado en este proceso, a t�tulo de pasivo social frente a tercero, las siguientes sumas de dinero: a). el 50% de la suma de $5.998.449.07, pagada por el recurrente por concepto de la obligaci�n hipotecaria sobre el apartamento 1105 de la calle 164 No. 59 � 49 de Bogot� (Conjunto Residencial Balcones de San Esteban). b) el 50% de la suma de $441.879.00, pagados por el incidentante por concepto de impuesto predial y de valorizaci{on sobre el mismo inmueble y c) el 50% de la suma de $6.277.956, cancelado por el mismo recurrente por concepto de obligaci�n prendaria sobre el veh�culo Hyundai Accent GL 4D de placas BWN � 123.

Cada uno de estos pasivos se deducir� de los gananciales correspondientes a la c�nyuge ALEXANDRA MAR�A SALAZAR CARO y se sumar�n a los gananciales del c�nyuge ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO.

CUARTO: Notificado como sea en forma legal esta providencia, se ordena devolver el expediente al Juzgado de origen. C�PIESE, NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO IV�N ALFREDO FAJARDO BERNAL LUC�A JOSEFINA HERRERA L�PEZ Con aclaraci�n de voto Ref. PROCESO DE LIQUIDACI�N DE SOCIEDAD CONYUGAL DE ALEXANDRA MAR�A SALAZAR CARO CONTRA ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO (APELACI�N AUTO).

Consulte aclaraci�n de voto a continuaci�n en p�gina 20 a 24 Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D. C. ACLARACI�N DE VOTO MAGISTRADA: LUC�A JOSEFINA HERRERA L�PEZ. PROCESO LIQUIDATORIO DE ALEXANDRA MAR�A SALAZAR CARO CONTRA ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO. Comparto la conclusi�n que llev� al Tribunal en auto del veintisiete (27) de mayo de dos mil diez (2010), a revocar la decisi�n de primera instancia y reconocer la raz�n al recurrente, se�or ORLANDO �NGEL RAMOS BARRERO, despu�s del juicioso estudio que del tema hiciera la se�ora Magistrada Ponente.

Sin embargo, la senda trazada para llegar a ese punto a trav�s de la excepci�n de inconstitucionalidad del art�culo 601 del C. de P. C., e inaplicaci�n de la norma, parece innecesaria, de considerarse los pagos que de obligaciones sociales hace un socio conyugal antes de la liquidaci�n, como una recompensa. Explico mis razones: Salvo pacto en contrario, seg�n el art�culo 180 del C�digo Civil, �Por el hecho del matrimonio se contrae sociedad de bienes entre los c�nyuges�, comunidad patrimonial que ha de entenderse como el conjunto de bienes y obligaciones adquiridas por los socios (c�nyuges), en vigencia de su matrimonio; de modo que, por regla general, al liquidar la sociedad conyugal, las cuentas van desde la fecha de celebraci�n del v�nculo hasta su disoluci�n, lo que no es obst�culo para que la liquidaci�n con sus efectos jur�dicos y aritm�ticos, de adici�n, deducciones, compensaciones o exclusiones, pueda extenderse retrospectivamente a per�odo anterior al matrimonio, como ocurre en las hip�tesis del art�culo 1792 del C�digo Civil, que considera no incluidos en el patrimonio social aquellos haberes adquiridos, saneados o consolidados en vigencia de la sociedad conyugal, cuando �la causa sea anterior al nacimiento de la sociedad conyugal�.

Con la misma l�gica, debe aceptarse que los efectos de las operaciones patrimoniales efectuadas con causa en el matrimonio o mejor en la sociedad conyugal, pueden producir efectos a�n despu�s de la disoluci�n de la comunidad de bienes, cuando a�n no se ha efectuado la liquidaci�n, valga decir a manera de ejemplo, por efecto de la responsabilidad solidaria de los ex c�nyuges ante terceros por obligaciones sociales.

No se discute, por lo mismo, la raz�n sustancial de la decisi�n de la Sala, cual es la necesidad de guardar el equilibrio entre los beneficios y obligaciones surgidos en la sociedad conyugal por el hecho del matrimonio, dentro de unas relaciones de igualdad y solidaridad legalmente concebidas, en virtud de las cuales, es contrario a la equidad y aun al sentido com�n, el que uno de los socios acceda a los activos y reclame su cuota respectiva, y a la vez, se desentienda de los pasivos.

La discrepancia finalmente es de mec�nica: �C�mo hacer efectiva esa igualdad cuando el pago de unas obligaciones se hace despu�s de disuelta la sociedad conyugal? Tres hip�tesis de soluci�n se han ensayado para resolver el problema: a) Los pagos a obligaciones sociales, una vez disuelta la sociedad conyugal, constituyen un �paga por otro�, o �pago de lo no debido�, por tanto, para su reconocimiento debe acudirse al �proceso ordinario� al amparo de lo prescrito en el art�culo 1630 del C�digo Civil.

Esta soluci�n difiere la soluci�n del conflicto y aclaraci�n de las cuentas enviando a los c�nyuges a un tr�mite ordinario, cuando lo que pretende el tr�mite liquidatorio es precisamente finiquitar las cuentas, contrariando, adem�s la econom�a procesal al colgarle cuantos procesos ordinarios puedan surgir del desacuerdo en el pago de obligaciones sociales con posterioridad a la disoluci�n de la sociedad conyugal, cuando no avoca a los ex c�nyuges a no pagar obligaciones que a la postre corren el riesgo de no ser reconocidas e incurrir en mora comprometiendo el patrimonio social y aun el personal, por efecto de la solidaridad. b) Los pagos a obligaciones sociales con posterioridad a la liquidaci�n de la sociedad conyugal, no constituyen recompensa, porque no se producen en vigencia de la sociedad conyugal, por tanto, no pueden incluirse en el inventario mediante objeci�n, puesto que el art�culo 601 del C. de P. C. s�lo autoriza a discutir recompensas y exclusiones, pero como es evidente la inequidad y afectaci�n del derecho a la igualdad, se inaplica el art�culo 601 en menci�n, entender�a que a manera de excepci�n de inconstitucionalidad, tesis propuesta en este caso. c) El pago efectuado por los ex c�nyuges a�n despu�s de disuelta la sociedad conyugal, para cubrir deudas sociales, genera recompensa y como tal puede discutirse su inclusi�n en la forma prescrita en los art�culos 600 y 601 del C. de P. C., mediante objeci�n a los inventarios; tesis a mi modo de ver m�s razonable, que deja indemne el ordenamiento jur�dico, sin necesidad de acudir a la inaplicaci�n (inconstitucionalidad de la norma).

T�cnicamente, la recompensa entre c�nyuges es un mecanismo jur�dico dise�ado para restaurar el equilibrio econ�mico, cuando el patrimonio social se beneficia a costa del patrimonio de los c�nyuges o, por el contrario, cuando �stos obtienen beneficio a expensas del patrimonio social. En estricto sentido implica un deber de retorno del beneficio obtenido con el pago de obligaciones sociales por uno de los socios.

A este concepto responde perfectamente el pago efectuado por unos de los ex c�nyuges despu�s de disuelta la sociedad conyugal cuando a�n est� pendiente de liquidarse, en cuanto comparte los elementos propios de la figura, valga mencionar: a) el beneficio para uno de los patrimonios (social o personal de los c�nyuges); b) perjuicio o detrimento para otro (social o personal de los c�nyuges); c) Necesidad de considerar una cuota de retorno del beneficio obtenido.

Seg�n el texto del art�culo 1835 del C�digo Civil, �Aquel de los c�nyuges que por efecto de una hipoteca o prenda constituida sobre una especie que le ha cabido en la divisi�n de la masa social, paga una deuda de la sociedad, tendr� acci�n contra el otro c�nyuge para el reintegro de la mitad de los que pagare; y pagando una deuda del otro c�nyuge, tendr� acci�n contra �l para el reintegro de todo lo que pagare�.

Si se revisa en detalle la norma, describe sin duda alguna la hip�tesis de la recompensa, con las consecuencias propias de la figura: el derecho a reclamar la mitad o el 50% por el pago de una deuda social y el total de lo pagado, cuando la deuda sea propia del c�nyuge, caso en el cual, confiere acci�n al c�nyuge que hizo al pago para reclamar lo pagado.

Bien entendida la previsi�n legal, refiere al pago computado por la hipoteca o prenda constituidos sobre �una especia que le ha cabido en la divisi�n de la masa social� y cuando habla de divisi�n, la hip�tesis legal presupone la liquidaci�n de la sociedad conyugal, pues s�lo cuando el proceso ha finiquitado con el registro de la adjudicaci�n, podr� decirse que a uno de los socios ha �cabido la divisi�n�, y es entonces cuando se concede acci�n a quien ha pagado una deuda contra quien era obligado al pago, ya porque la deuda era social o porque era propia del otro c�nyuge o exc�nyuge, seg�n el caso. 7.

Si la ley autoriza el cobro de lo pagado despu�s de la divisi�n, es decir, de liquidada la sociedad conyugal, mayor raz�n habr� para pensar en que es posible el cobro cuando se ha disuelto pero no liquidado la sociedad conyugal. 8. Lo siguiente es se�alar c�mo hacer efectivo ese cobro, si fatalmente debe acudirse al proceso ordinario o si es posible, como ha concluido en este caso la Sala, presentar la reclamaci�n en el tr�mite liquidatorio, posici�n que desde luego comparto. 9.

Es entendible la remisi�n al proceso ordinario cuando la liquidaci�n de la sociedad conyugal se ha consolidado con la divisi�n y ya no es posible retrotraer una situaci�n consolidada, pero cuando las cuentas sociales a�n est�n pendientes por aclarar, lo natural es que toda reclamaci�n sobre activos, pasivos y compensaciones se presente al liquidador, es decir al Juez que conoce el proceso de liquidaci�n de la sociedad conyugal. 10.

Dicho esto, el asunto de la reclamaci�n de estos pagos en el proceso liquidatorio, s�lo podr�a hacerse por la v�a de la recompensa, de una parte, porque el rubro, como dije antes, responde perfectamente al concepto de recompensa, adem�s, ello permite, a trav�s del art�culo 601 del C. de P. C., discutir el asunto en un tr�mite incidental al que ser� posible allegar las pruebas necesarias, en general controvertir la naturaleza de la obligaci�n y de los pagos efectuados. 11.

En ese sentido, me parece inconveniente la inaplicaci�n de una norma que precisamente garantiza la contradicci�n y el debido proceso accesorio cuando lo que corresponde es dejar de una vez por todas claro que estos pagos son una recompensa destinada a restaurar el equilibrio patrimonial y autorizar su cobro por la v�a de la objeci�n a los inventarios como est� previsto en el art�culo 601 del C. de P. C. 11.

Autores como el profesor Marco Gerardo Monroy Cabra, incluye entre las recompensas previstas en el r�gimen patrimonial conyugal, la descrita en el art�culo 1835 del C�digo Civil, se�alando a prop�sito, que �Cuando uno de los c�nyuges paga en su integridad con sus bienes propios una deuda social, la sociedad lo debe recompensar por la parte que de esa deuda corresponder�a solventar al otro c�nyuge (Art. 1835), a menos que en las capitulaciones matrimoniales se hubiere estipulado que la deuda correr�a a cargo de quien la solucion�.

Con esta claridad, respetuosamente, he votado favorablemente la sentencia del Tribunal. LUCIA JOSEFINA HERRERA L�PEZ Magistrada  V�LEZ, Fernando, �Estudio sobre el Derecho Civil Colombiano�, tomo 7, segunda edici�n, Ed. Imprenta Paris Am�rica, p�g. 23 y 24.  Corte Suprema de Justicia, cas. 11 abril de 1932, G. J. XXXIX, p�g. 579.  VALEBCIA ZEA, arturo, �Derecho civil�, tomoV, s�ptima edici�n, Ed. Temis, 1995, p�g. 334.  VALENCIA ZEA, Arturo, ob. cit., p�g. 333.  VALENCIA ZEA, Arturo, ob. cit., p�g. 369.  VALENCIA ZEA, Arturo, obra citada, p�g. 337.  SU�RES FRANCO, Roberto, �Derecho de Familia�, tomo I, s�ptima edici�n, Ed. Temis, Bogot�, a�o 1998, p�g. 367.  V�LEZ, Fernando, obra citada, p�g. 135.  RODR�GUEZ FONNEGRA, Jaime, �De la sociedad conyugal o r�gimen de los bienes determinado por el matrimonio�, Ed. Lerner, 1965, t. 2, p�g. 139.  Cas., 23 septiembre 1921, XXIX, 57; 15 octubre 1931, XXXIX, 309; 9 mayo 1951,LXIX, 679; 9 noviembre 1951,LXX, 768; y 11 junio 1952, LXII, 418.  Cas., 28 junio 1920, XXVIII, 98; y 28 febrero1949, LXV, 353.  V�LEZ, Fernando, obra citada, p�g. 68.  V�LEZ, Fernando, obra citada, p�g. 130.  V�LEZ, Fernando, obra citada, p�gs. 592 y 593.  Salvo la renuncia a gananciales total o parcial o a determinados derechos, cosa distinta.  Tribunal Superior de Bogot�, Auto del 14 abril de 2008.

M. P. Dra, Martha Patricia Guzm�n �lvarez.     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