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MAGISTRADO PONENTE: JUAN PABLO SU�REZ OROZCO RADICACI�N: 110013103038201400264 03 PROCESO: ORDINARIO DEMANDANTE: FLOR DELINA SABOYA TORRES Y OTROS DEMANDADO: NUEVA EPS Y OTROS ASUNTO: IMPUGNACI�N SENTENCIA S�NTESIS: Ausencia de acreditaci�n del nexo de causalidad entre el obrar de las demandadas y el resultado lesivo ocasionado, comoquiera que las pruebas arrimadas al paginario, s�lo permiten colegir que el acto m�dico ejecutado por el extremo pasivo, no se distanci� de los protocolos cl�nicos. Discutido y aprobado por la Sala en sesi�n de veinticuatro (24) de enero de dos mil dieciocho (2018), seg�n acta N� 002 de la misma fecha. De conformidad con el art�culo 373, numeral 5, inciso 3, del C�digo General del Proceso, decide el Tribunal el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante, en contra de la sentencia de doce (12) de julio de dos mil diecisiete (2017), proferida en el subjudice, por el Juzgado Treinta y Ocho Civil del Circuito de Bogot�.
I.
ANTECEDENTES 1. Flor Delina Saboya Torres, actuando en nombre propio y en representaci�n de sus hijos Juan Sebasti�n, Ana Sof�a y Joseph Nicol�s Torres Saboya instauraron demanda contra el Hospital Universitario Cl�nica San Rafael y Nueva E.P.S., para que se les declarara civilmente responsables y se les condene al pago de los perjuicios patrimoniales y extrapatrimoniales, ocasionados por la �negligencia en la atenci�n m�dica en urgencias�, que produjo la muerte de Jhon William Torres Rodr�guez.
Narr� la parte actora, que, el 7 de febrero de 2012, aproximadamente a las 3:00 p.m., el se�or Jhon William Torres Rodr�guez present� un fuerte dolor en la �cavidad abdominal�, por lo cual se traslad� de inmediato a un centro de urgencias, para ser atendido. Indicaron que el paciente ingres� al Hospital Universitario Cl�nica San Rafael �en la fecha mencionada en el hecho anterior a las 3:23 pm� a quien le realizaron �el TRIAGE a las 3:27 pm, donde documentan �nauseas, dolor precordial con irradiaci�n hacia la mand�bula de una hora de evoluci�n��, siendo clasificado en un �Triage 2, (�) lo cual era contrario al estado de salud que presentaba este (sic)�.
Afirmaron que Jhon William Torres Rodr�guez esper� �para ser atendido en urgencias sin atenci�n alguno por m�s de 30 minutos mientras su estado de salud deterioraba sin tener atenci�n alguna�. Manifestaron que su familiar atendi� �el llamado de la persona encargada de la ventanilla (�) para que le fuera abierta su historia cl�nica, [momento en el cual] se desmay[�], presentando colapso y paro cardio-respiratorio a las 4.40 pm�, siendo trasladado a la sala de urgencias donde le �realizaron diferentes maniobras de reanimaci�n por m�s de 45 minutos sin responder a ninguna, por lo cual fallece�.
Sostuvieron que en �la historia cl�nica realizada por el HOSPITAL UNIVERSITARIO CL�NICA SAN RAFAEL indica que luego de realizar maniobras de reanimaci�n b�sicas y avanzadas por aproximadamente 45 minutos desde el momento en que se present� el colapso cardiovascular, hora 3:35pm, trascurridos 8 minutos posteriores de la clasificaci�n del triage fallece.
El se�or JHON WILLIAM TORRES RODRIGUEZ llama a su esposa en el momento que se encuentra en la ventanilla, como se refleja en el registro de llamadas (factura Comcel) en la cual se refleja como �ltima llamada a las 4:40 pm por lo cual es evidente la disparidad que existe entre las horas del momento de atenci�n�. Adujeron que el cuerpo del causante fue trasladado al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, para establecer las causas de muerte, pues, Jhon William Torres Rodr�guez no ten�a �antecedentes m�dicos de importancia�, entidad que realiz� la correspondiente necropsia encontrando que aqu�l presentaba �hallazgos de enfermedad ateroscler�tica que compromete vaso coronario descendente�.
Alegaron que Jhon William Torres Rodr�guez para la fecha del tr�gico suceso, ten�a 41 a�os de edad y era quien ten�a a su cargo �todos los gastos de su hogar y la manutenci�n de sus hijos menores de edad�, percibiendo un salario de $3�142.187. 2. Enterada del juicio, Nueva E.P.S. contest� la demanda y formul� las excepciones de �Inexistencia de responsabilidad por el hecho de un tercero�; �Cumplimiento cabal de las obligaciones de la Nueva EPS en su condici�n de asegurador� e �Inexistencia de yerro inexcusable en el actuar del equipo tratante.
Responsabilidad de medio y no de resultado�. (Folios 188 a 202, cd. 1). Por su parte, el Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, propuso las siguientes defensas: �El paciente fue recibido en el hospital el d�a 7 de febrero de 2012, quien consult� por urgencias, siendo calificado como TRIAGE 2 y a quien se le brind� la atenci�n adecuada, sin existir en ning�n momento retrazos (sic) en la misma ni negligencia del equipo m�dico�; �La calificaci�n del Triage, fue la adecuada�; �El paciente no tuvo que esperar el tiempo establecido en el protocolo para el Triage 2�; �La atenci�n inicial en urgencias brindada al demandante fue la adecuada de acuerdo a las exigencias del sistema general en salud y a nuestro ordenamiento jur�dico�; �No es cierto que la atenci�n brindada al paciente hubiese sido negligente, por el contrario, la atenci�n inicial en urgencias y la reanimaci�n brindadas fueron las adecuadas de acuero (sic) a la lex artis y a los protocolos de la instituci�n, conclusi�n a la que se llego (sic) en comit� t�cnico cient�fico realizado el d�a 29 de febrero de 2012�; �Ausencia de nexo causal y de los elementos de la responsabilidad entre el actuar del hospital y el da�o causado al demandante�; �Existencia de falta de legitimaci�n por pasiva�; �La obligaci�n del profesional m�dico no es resultado sino de medios, obligaci�n que en este caso fue debidamente ejecutada�; �Fue inevitable, imprevisible e irresistible la muerte del paciente�; y �La estimaci�n de la cuant�a de la demanda es injustificada y caprichosa�.
A su turno, la llamada en garant�a, Andrea Leonor Loaiza, blandi� como medios de defensa, los que denomin�: �Falta de legitimaci�n en la causa por pasiva�; �Inexistencia de la obligaci�n�; �Carencia de respaldo normativo� y �Buena Fe�. Asimismo, La Previsora S.A. Compa��a de Seguros, en su condici�n de llamada en garant�a, propuso las excepciones de �Inexistencia de culpa institucional del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael ante la adecuada pr�ctica m�dica, cumplimiento de la �Lex artis ad hoc��; �Ausencia de responsabilidad del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, dado el cumplimiento de su obligaci�n de medio en la prestaci�n del servicio medico-asistencial�; �Inexistencia de los elementos propios de la responsabilidad � ausencia de v�nculo causal entre el supuesto da�o producido y el agente que intervino en el procedimiento m�dico�; �Inexistencia de la obligaci�n de indemnizar a cargo del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael y de mi representada, La Previsora S.A Compa��a de Seguros, por raz�n de la intervenci�n de una causa extra�a�; �El supuesto da�o alegado, no re�ne los requisitos legales de inexistencia de la obligaci�n de pagar los perjuicios pretendidos � carga probatoria del actor�; �Cumplimiento por parte del asegurado Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, de los est�ndares de calidad en la prestaci�n de los servicios de salud exigidos� y �L�mite de la responsabilidad de la Compa��a Aseguradora�. 3.
Agotado el tr�mite probatorio y el de alegaciones, la juez de instancia dict� la correspondiente sentencia, desfavorable a las s�plicas de los convocantes. II. LA SENTENCIA APELADA 1. El juzgador de primera instancia, luego de encauzar el proceso sobre la senda de la responsabilidad extracontractual, atendiendo que los �demandantes buscan el resarcimiento por los perjuicios materiales y extrapatrimoniales, causados como consecuencia de la alegada negligencia, en el ejercicio de la actividad m�dica brindada por el Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, al fallecido se�or Jhon William Torres Rodr�guez� consider� que del material probatorio recaudado, no se comprobaba la negligencia de las demandadas, estando en cabeza de los accionantes aportar las pruebas de reparar.
Para arribar a esa conclusi�n, entr� a estudiar las pruebas recaudadas de la siguiente manera: �[E]n primer lugar, se conoci� el interrogatorio de la se�ora Saboya Torres en la que refiri� claramente que el d�a del fallecimiento, (�) desde las 7 de la ma�ana, el se�or ten�a un dolor en el pecho que le irradiaba a la espalda, al punto que ella tuvo que hacerle un masaje, atendiendo que ella ten�a estos conocimientos, [por ser] auxiliar de enfermer�a. Asimismo el se�or Juan Sebasti�n Torres Saboya hijo de la demandante y del se�or fallecido, manifest� que sali� con su padre para el lugar de trabajo y que estuvo con �l todo el d�a, -esto refiri�ndose al d�a de la muerte del se�or Torres Rodr�guez-, que para ese d�a estaba empastando un techo, pero que en todo el d�a no pudo trabajar y que estuvo andando vueltas, y que se quej� todo el d�a, esta situaci�n, y tal como lo indic� igualmente un compa�ero de trabajo [del fallecido], el se�or Julio Enrique Gil, [quien en su declaraci�n expres� que] a las 2.30 aproximadamente se estaba tomando un caf� con el se�or Torres Rodr�guez y le dio una picada en el pecho, y �l en ese momento le sugiri� que fuera al m�dico (�) Lo anterior, deja entrever, que pese a que el fallecido se�or Torres Rodr�guez desde tempranas horas de la ma�ana y en el transcurso del d�a ten�a dolencias, solo acudi� a que se le prestara atenci�n m�dica hasta las 3:23 de la tarde, es decir, luego de un lapso muy prolongado entre la aparici�n de los primeros s�ntomas o las primeras molestias, y la hora en que acudi� a que se le prestara esa atenci�n m�dica (�).
Igualmente se refiri� por el representante legal del hospital demandado y del m�dico que lo atendi� -llamada en garant�a-, que el (�) "triage I" (�) �corresponde a eventos en que el paciente requiere de una intervenci�n m�dica inmediata, se incluyen en esta categor�a pacientes con dificultad respiratoria severa, estado de inconciencia o ausencia de signos vitales, debido a trauma mayor, problemas cardio - respiratorios o neurol�gicos�; s�ntomas que como consta en la historia cl�nica del se�or Torres Rodr�guez no padec�a, pues tal como consta en la historia cl�nica, la cual no ha sido tachada de falsa, se encontraba estable en sus signos vitales, adem�s indica ten�a estabilidad hemodin�mica y la saturaci�n arterial de ox�geno era normal, raz�n por la cual, no puede tomarse por cierta la afirmaci�n de que estuvo mal clasificado, menos a�n y corrobora esta afirmaci�n, el hecho de que el se�or Torres Rodr�guez asisti� a la cl�nica por sus propios medios, no estuvo acompa�ado ni ayudado de nadie, para evidenciar que estuviese en una condici�n de gravedad mayor.
De otro lado, [en el] "triage" se dej[�] constancia [que] (�) el motivo de la consulta refiere mareo, dolor precordial que se irradia a la mand�bula de una hora de evoluci�n, aqu� valga indicar que si bien se indic� esto, no refiri� el se�or Torres Rodr�guez que su malestar [ten�a m�s de] una hora de evoluci�n, que tal y como lo manifest� (�) su esposa, aqu� demandante, [dicho dolor se present�] desde las 7 de la ma�ana, (�) es evidente que tambi�n se omiti� dar esta informaci�n cuando se present� al �triage�, esto hubiera podido de pronto, (�) determinar una situaci�n diferente.
Asimismo, el ad quo se�al� que al plenario se incorpor� �como prueba para demostrar esta indebida clasificaci�n del "triage" el testimonio (�) de los se�ores Sandra Delgado y Alex Eugelio, quienes manifiestan que el "triage" debi� corresponder a un "triage 1"; sin embargo, se basan simplemente en su dicho, pues valga indicar, ellos mismo afirmaron en su declaraci�n, [que] llegaron posteriormente, y no tuvieron contacto con el se�or Torres Rodr�guez en el d�a que realmente tuvo los s�ntomas y el padecimiento que permiti� clasificarlo de esa manera, y aclaran que la informaci�n que obtuvieron, la tuvieron por referencia que les hizo la se�ora Flor Delina Saboya al momento en que llegaron a la Cl�nica, (�) por el contrario, de un an�lisis de la literatura m�dica que se ha referido, muestra que los s�ntomas del se�or no ameritaban un "triage I" [porque el] mareo [y el] dolor precordial que se irradiaba a la mand�bula, de una hora de evoluci�n, se reitera, no es concluyente unido a lo que se establece en la historia cl�nica del resultado de los dem�s s�ntomas que deben analizarse como son la presi�n arterial, y otras series de situaciones que explicaron los m�dicos t�cnicos que trajeron los peritos t�cnicos que se escucharon aqu�, y que estos son el m�dico Augusto Bernal y el m�dico Miguel �ngel, director de la cl�nica que indic� que ese an�lisis de los s�ntomas, tambi�n debe hacerse unido a los resultados que puede realizar el m�dico, como sucedi� en este caso.
Por todo lo anterior, concluy� que �no aparece demostrado da�o alguno, ni hechos culposos por parte de la IPS -que atendi� al se�or Torres Rodr�guez- [ni] de las instituciones demandadas [y] del personal de las mismas, y que puedan derivar en la acci�n de responsabilidad promovida, puesto que las afirmaciones de la parte actora solo se sustentaron en su dicho, sin que se diera cumplimiento al principio "onus probandi" contemplado en el art. 177 del C.P.C., vigente a la fecha de presentaci�n de la demanda, (�); por el contrario, se observa en el dictamen de necropsia realizado por el Instituto de Medicina Legal, como principal hallazgo en la exploraci�n de las coronarias, la presencia de una enfermedad arterioscler�tica, que compromete la descendente anterior en un 60%, lo cual sumado a que a pesar de encontrarse el se�or Torres Rodr�guez con malestar desde la 7 de la ma�ana, solo acudi� a recibir atenci�n m�dica hasta las 3.23 de la tarde, sin refer�rselo a quien lo recibi� para realizar el "triage" como refiere la parte demandante en los hechos de la demanda, lo que denota una falta de cuidado auto-personal, pues teniendo en cuenta las dolencias que ten�a lo l�gico era que hubiese acudido inmediatamente a urgencias desde horas de la ma�ana, en que se presentaran esos s�ntomas, e informara de todos aquellos s�ntomas, al personal que lo estaba atendiendo en la IPS a la que acudi�.
Muy seguramente, tales circunstancias, hubiesen provocado una calificaci�n de un "triage" diferente. Lo anterior, deja por sentado que la clasificaci�n en el "triage II" fue adecuada y correspond�a a la informaci�n que suministr� el entonces paciente en urgencias, y la verificaci�n de los signos vitales, sumado a que no se demostr� que no se hubiese atendido, por encontrarse en mora con la Nueva EPS, pues como refiri� el testigo Julio Enrique Gil el se�or Torres Rodr�guez tuvo una picada a las 2:30 de la tarde y como se registra en la historia cl�nica a las 3:27 de la tarde ya estaba siendo atendido en la IPS demandada, donde en ese momento le hicieron el "triage", es decir, verificaron su estado de salud.
(�) As� las cosas, encuentra el despacho que no aparece demostrado da�o alguno ni hechos culposos atribuibles a la conducta desplegada por las sociedades demandadas, a trav�s de su personal m�dico y administrativo, y que puedan derivar en la acci�n de responsabilidad promovida, puesto que las afirmaciones de la parte [demandante], se reitera, solo se basaron en su dicho, y por el contrario, lo expresado inclusive por la aqu� llamada en garant�a, la Dra. Loaiza, quien prest� los servicios de reanimaci�n, fueron oportuna y debidamente prestados, y de acuerdo a la patolog�a que inform� y present�, sin que se pueda endilgar que obre responsabilidad en las instituciones demandadas con ocasi�n de la muerte del paciente.
Las razones expuestas llevan a determinar que no se demostr� el nexo de causalidad, entre la muerte del se�or Jhon William Torres y Rodr�guez y la forma y oportunidad de la actividad m�dica y administrativa prestada por parte de los miembros de las sociedades demandadas, puesto que no se demostr� la negligencia m�dica de modo que no hay responsabilidad que endilgar por la conducta desplegada por esta lo que lleva a que se declare la improsperidad de las pretensiones.
A continuaci�n explic� que �el abogado de la parte demandante en sus alegaciones refiere a la ausencia de un video, (�) es claro que el video no aporta o no aportar�a ninguna evidencia al respecto, sin embargo, valga indicar, que la raz�n que motiv� el rechazo de esta [prueba] es por la inexistencia del video seg�n lo manifestado por la Cl�nica Hospital Universitaria San Rafael, (�) por tanto, esa es la raz�n por la que no obra el video en el proceso y no se tuvo en cuenta, o no se pudo tener en cuenta.
Igualmente, se ha mencionado por parte de los demandantes una inconformidad disparidad en las horas que se refiere se prest� el servicio, al respecto valga indicar que un an�lisis en conjunto de todas las pruebas permite establecer que las mismas pruebas evidencian que no hubo tiempo para que se hubiese configurado negligencia alguna, en efecto tal y como lo refiri� el Sr. Julio Enrique Gil, a las 2:30 de la tarde aproximadamente al se�or Torres Rodr�guez le dio una picada, en ese momento, �l le dijo que fueran al m�dico (�) [raz�n por la cual] �l se cambi� y (�) lleg� a la cl�nica a las 3:23 y como consta [en] el "triage" se realiz� a las 3:27 y en las notas de enfermer�a que hacen parte de esa historia cl�nica, se refiere que a las 3:35 activaron el c�digo azul, desde ese momento, como puede evidenciarse, hab�an transcurrido 8 o 9 minutos, [toda vez que] el se�or tuvo un colapso y a pesar de las labores de reanimaci�n que tardaron 45 minutos, (�) no respondi� a esa reanimaci�n. [Asimismo] el abogado dice igualmente que se debe tener en cuenta las llamadas realizadas del celular del se�or Torres Rodr�guez, sin embargo, (�) no consta quien las realiz�, de hecho la se�ora Delina Saboya, en su interrogatorio manifest� que a ella la hab�an llamado de la Cl�nica, no especific� cuando la hab�an llamado, sin embargo, en las notas de la historia cl�nica la m�dico Loaiza deja constancia que el se�or falleci� a las 16:20 y obran registros de llamadas a las 16:18 y 16:40, igualmente en [ese registro aparece que desde ese tel�fono se realizaron llamadas con posterioridad a esas horas], lo que no permite o no es suficiente concluir que (�) el tel�fono lo estaba utilizando realmente el se�or [Torres Rodr�guez].
Por lo dicho precedentemente el medio exceptivo propuesto por el Hospital Cl�nica San Rafael ausencia de nexo causal de los elementos de la responsabilidad entre el actuar del hospital y del da�o causado al demandante, comoquiera que esta excepci�n es suficiente para denegar las pretensiones de la demanda, este despacho no se pronunciara sobre los dem�s medios de defensa planteados por los otros demandados Finalmente sobre la tacha de sospecha que hace el abogado de la parte demandante de los testigos la misma no prospera pues las declaraciones de estos no se extracta ning�n elemento que se pueda dudar de la veracidad de su dicho sino que adem�s fueron contrastadas con las pruebas documentales obrantes en el proceso y los conocimientos propios de su profesi�n, los cuales est�n acordes con la literatura m�dica por lo que tienen plena credibilidad para este Juzgado, raz�n que impide para tenerlos como sospechosos�.
III. LA APELACI�N 1. En desacuerdo con el fallo proferido por el a quo, el extremo actor apel� tal decisi�n, para lo cual manifest�, en primer lugar, que solicit� el decreto de una prueba consistente en oficiar �al Hospital Cl�nica San Rafael para que se allegara el video, el video era en el que constaba la grabaci�n de los hechos ocurridos en la fecha en que muri� el se�or Jhon William Torres, y es que reitero que, es absolutamente inaudito, entender que b�sicamente un despacho judicial ordene una prueba, requiera a una entidad, [y] la entidad simplemente diga que el video ya lo borr� y que sobre esa base el Despacho diga no hay prueba, para m� es un hecho absolutamente contrario a derecho, contrario a la ley, que denota un desacato a una orden judicial, que denota adem�s por parte del Despacho una desidia en relaci�n con la pr�ctica de la pruebas, al no requerir y practicar las diligencias a que hubieran lugar, y como se dijo anteriormente, ni siquiera haber compulsado copias a los entes de control y a la Fiscal�a General de la Naci�n para que adelantara las investigaciones a que hubiere lugar, para establecer la responsabilidad sobre la p�rdida o la forma en que se destruy�, eventualmente un video, de una cl�nica m�s cuando ese video est� relacionado con el fallecimiento de una persona, entonces como es posible que una persona que falleci�, y que existe un sistema de grabaci�n en toda cl�nica, y que simplemente se diga que el video se borr� y que el Despacho diga perfecto no hay prueba y sobre esto contin�e con el proceso, y que hoy hayamos llegado a una sentencia absolutoria, que desafortunadamente se ha dado en esos t�rminos, y que no compartimos los criterios porque se ha tratado digamos de argumentar todo con fundamento en argumentaci�n que solo beneficia a la parte demandada en ning�n momento se hizo el m�s m�nimo esfuerzo por parte del Despacho Judicial, en establecer la veracidad de los hechos, reitero con las pruebas, y tampoco con los testimonios recaudados ni con los documentos que fueron aportados, todo fue desvirtuado, en favor de la parte demandada, ejemplo de esto ( ), es que se diga que la falta de concordancia entre las horas que se manifestaron por parte de la Cl�nica en que fue atendido el se�or Jhon William en la hora en que falleci� y dem�s no concuerdan con pruebas como ejemplo una certificaci�n de Comcel del celular 3112879504 del se�or Jhon William Torres Rodr�guez que ah� aparece registrado, y como se registran una serie de llamadas en un corto per�odo de tiempo, sobre esto no se hace alusi�n alguna a cualquier situaci�n que pudiera entenderse como probatoriamente favorable a la parte demandante, en donde se ven llamadas como desde las 2:59, las 3:01 minutos las 3:18 las 3:23 las 3:29 y las 3:48 todas muy seguidas, y la �ltima a las 4:40, y que el despacho diga que porque existen otras llamadas, en otros momentos, pues no se hace el m�s m�nimo esfuerzo por establecer que la siguiente llamada es del mismo d�a pero a las 8:01 minuto de la noche, entonces, simplemente se hace ver que el celular hubiera podido ser utilizado por otras personas, en ese sentido, es una valoraci�n argumentativa que solo tiende a favorecer los intereses de la parte demandada, lo cual considero que no se ajusta los principios de administraci�n de justicia, y sobre todo a la b�squeda de una verdad material, aqu� en este proceso, no se ha dado la b�squeda de una justicia, y para eso est� creada la administraci�n de justicia, para buscar ese fin �ltimo, en este caso, lo �nico que se ha hecho es vulnerar un principio m�ximo que estructura el estado social de derecho, como es el principio de dignidad humana, y como se ve a todas luces, que pruebas tan contundentes como que el "triage" se haya calificado a una persona que llega con dolor precordial que es irradiado a la mand�bula y que tenga mareo y que tenga una hora de evoluci�n se pueda entender que simplemente puede ser a atendido en el t�rmino de 30 minutos y que obviamente eso desencaden� que la persona no fuera atendida, y que cuando b�sicamente va a ser atendida fallece, precisamente porque la persona llega infartada, y eso es algo que queda absolutamente claro y es que no entiende como la valoraci�n del juzgado llega a concluir que no se pudo establecer el nexo de causalidad entre la actuaci�n de la parte demandada en relaci�n con el hecho ocurrido que genera el da�o si los mismos galenos que fueron llamados a juicio como testigos calificados manifestaron el Dr. Miguel manifest� que hab�a un 15% o 20% de probabilidades de que estos s�ntomas que acabo de mencionar pudieran ser s�ntomas de un problema cardiaco severo, entonces sobre esa base la l�gica de las preguntas estaba llamada a entender precisamente que si existe un 15% o 20% de que unos s�ntomas pueda tener un infarto o da�o cardiaco severo, pues ese 15% o 20% de probabilidades, son precisamente que la persona pudiera estar en esa situaci�n, entonces como es posible que una persona de que tenga un 15 o 20% de probabilidades de estar infartado no se le atiende inmediatamente�.
En segundo lugar, aleg� que �llama la atenci�n como el Despacho dice que no existen elementos probatorios para establecer lo que se est� planteando con la demanda cuando en la misma sentencia se relata que para que haya triage I debe haber problemas cardio-respiratorios entonces como as� que no existen s�ntomas que permitan calificar un triage I en el caso del se�or Jhon, si precisamente los mismos testigos expertos manifestaron que esta clase de s�ntomas podr�an ser problemas cardiacos, entonces hay una total y err�nea interpretaci�n por parte del Despacho en relaci�n con la falta de elementos probatorios por parte de los demandantes.
Ahora con lo que tiene que ver con la valoraci�n de los testigos pues se observa que la se�ora Juez manifiesta que no hay lugar a entender que hayan faltado a la verdad, o que haya duda sobre la veracidad de sus manifestaciones y se olvida que en las declaraciones de los testigos, en los dos casos, los dos testigos, omiten manifestar la totalidad de los s�ntomas que presentaba el se�or John William sobre todo con el tema del mareo y el dolor con la irradiaci�n a la mand�bula son hechos que permiten concluir que los testigos son llamados por la parte demandada, los testigos no han sido totalmente imparciales al manifestar su dicho porque precisamente tienen o han tenido en el caso del se�or Miguel, tiene una vinculaci�n directa como representante mismo de la entidad, entonces como no va a entenderse que su dicho va a estar cargado a favor de la parte demandada, si los intereses que �l representa son los intereses de la misma cl�nica, y en el caso del Dr. Germ�n pues tambi�n manifest� haber sido funcionario de la misma cl�nica, y en ese sentido todo lo que han manifestado tiene serios vicios, sobre todo con la omisi�n de los s�ntomas completos que presentaba el se�or Jhon William.
Ahora en lo que tiene que ver con la manifestaci�n del despacho referente a que el se�or John William no manifest� que ten�a unos s�ntomas desde tempranas horas, y que solo manifest� que llevaba una hora de evoluci�n, sobre esto cabe preguntar y es que el hecho de que haya un error, o que haya una omisi�n si fuera as� que solo lo sabr� el se�or Jhon William manifestar que ten�a unos s�ntomas desde temprano, eso da lugar a que no se le atendiera debidamente y que a �l no se le atendiera de manera inmediata, cuando estaba infartado, si precisamente el problema cardiaco que seguramente ten�a si pod�a estar relacionado con el hecho de no haberse practicado ex�menes regularmente y precisamente eso es lo que desencadena el hecho de tener un problema cardiaco y que necesita atenci�n, entonces como es posible decir que por el hecho de no haber manifestado eso, no se pudo calificar adecuadamente o que no se le calific� y que se hubiera dicho que ten�a un s�ntoma diferente si se le hubiera calificado con un triage l. Entonces pues reitero lo que se manifest� en los alegatos de conclusi�n en relaci�n con la jurisprudencia del Consejo de Estado que se invoc� teniendo en cuenta que existe un caso de identidad f�ctica 'una persona que ten�a un dolor de esa naturaleza y fue calificado con triage II, cuando se pudo establecer en dicho juicio, ante ese m�ximo Tribunal, que la persona debi� hab�rsele practicado un electrocardiograma dentro de los primero 10 minutos para descartar precisamente un infarto agudo al miocardio' y es que como es posible que si el paciente ten�a una probabilidad del 15% o 20% de probabilidad de tener un problema cardiaco severo o como lo dijo el otro testigo especialista de gran trayectoria dijo que si pod�a ser un problema de ese orden, cardiaco severo, que no era el �nico pero que si lo pod�a ser, entonces como hace una persona para que se le descarte que puede estar infartado o no, sino es con los diez minutos se le practique un electrocardiograma.
Entonces todos estos elementos probatorios contradicen lo manifestado en la sentencia en el sentido que si efectivamente existen todos los elementos probatorios sumado a los testimonios de las personas que trajo la parte actora en donde manifestaron conocer al demandante que no ten�a problemas de salud, manifestaron que conocen su relaci�n con la familia, que depend�an econ�micamente del se�or Jhon William y adem�s manifestaron que conforme su conocimiento por desempe�arse en el �rea de la salud, el se�or Alex por ejemplo manifest� haber trabajado en ambulancias y tener un conocimiento entonces podemos deducir que todo lo que diga en ese sentido es falso o que no se puede tener en cuenta si lo que se trata de un proceso de estos es buscar una verdad material para eso existen principios constitucionales que deben ser acatados lo cual no se resolvi� de esa manera en este caso�. 2.
En consecuencia, solicit� revocar la decisi�n apelada, para acceder a las pretensiones de la demanda. IV. CONSIDERACIONES 1. Presentes los presupuestos procesales necesarios para la decisi�n de fondo y verificada la inexistencia de irregularidades que invaliden lo actuado, se procede a resolver la impugnaci�n planteada, no sin antes precisar que la alzada ser� desatada atendiendo los puntos concretos de desencuentro contra el fallo de primer grado, tra�dos a juicio por el extremo opugnador como contrarios a sus intereses, a tono con lo dispuesto en el art�culo 320 del C�digo General del Proceso. 2.
Hechas tales acotaciones, debe memorarse que los demandantes buscan que la Nueva EPS y el Hospital Universitario Cl�nica San Rafael reparen los perjuicios irrogados, por el deceso de su familiar, al no haberlo clasificado correctamente en �triage 1�, pues, en su criterio, �ste requer�a de una atenci�n m�dica inmediata, por presentar �mareo, [y] dolor precordial que se irradia[ba] a la mand�bula con una hora de evoluci�n�.
El a quo, para negar las pretensiones del l�belo introductor, consider�, en s�ntesis, que los signos vitales de Jhon William Torres Rodr�guez, para el 7 de febrero de 2012, -data en que acudi� por urgencias al Hospital Universitario Cl�nica San Rafael-, eran estables, su saturaci�n arterial de ox�geno normal, am�n de que se present� sin acompa�ante y por sus propios medios, circunstancias que imped�an ser clasificado en �triage 1�, por no presentar inestabilidad hemodin�mica y estado de inconciencia. Agreg� que Jhon William Torres Rodr�guez omiti� manifestar al personal m�dico, que ven�a soportando sus dolencias desde las primeras horas de la ma�ana de ese d�a �situaci�n que eventualmente hubiera provocado una categorizaci�n diferente en el �triage�-, concluyendo que no qued� demostrado da�o alguno, ni hecho culposo por parte de la IPS que puedan derivar en la acci�n de responsabilidad promovida, pues las afirmaciones de la parte actora solo se sustentaron en su dicho, omitiendo dar cumplimiento al principio de �onus probandi�.
Empero, el extremo recurrente insisti� en que el paciente debi� ser clasificado en �triage 1�, con el prop�sito de realizarle, de manera inmediata, un electrocardiograma, dentro de los primeros diez minutos de la atenci�n, y as� descartar un infarto agudo al miocardio, pues los galenos que rindieron su declaraci�n, fueron contundentes en afirmar que Jhon William Torres ten�a una probabilidad del 15% o 20% de presentar un problema cardiaco severo. 3.
Sobre ese escenario descrito en precedencia, observa la Sala que el problema jur�dico planteado se dirige a determinar si, en realidad, las demandadas Nueva E.P.S. y el Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, desplegaron un comportamiento tard�o en la atenci�n m�dica prestada al fallecido Jhon William Torres Rodr�guez, que diera lugar a una p�rdida de oportunidad en la recuperaci�n y supervivencia del paciente. 4.
A objeto de abordar el debate puesto en conocimiento de este Colegiado, cumple precisar que, en relaci�n con la responsabilidad civil de las entidades del sistema de seguridad social en salud y de sus agentes, la Sala de Casaci�n Civil tiene dicho lo siguiente: �La atenci�n m�dica de hoy en d�a requiere habitualmente que los pacientes sean atendidos por varios m�dicos y especialistas en distintas �reas, incluyendo atenci�n primaria, ambulatoria especializada, de urgencias, quir�rgica, cuidados intensivos y rehabilitaci�n. Los usuarios de la salud se mueven regularmente entre �reas de diagn�stico y tratamiento que pueden incluir varios turnos de personas por d�a, por lo que el n�mero de agentes que est�n a cargo de su atenci�n puede ser sorprendentemente alto.
Todas esas personas podr�an tener un influjo decisivo en el desenvolvimiento causal del resultado lesivo; sin embargo, para el derecho civil no es necesario, ni posible, ni �til realizar un c�lculo matem�tico del porcentaje de intervenci�n de cada elemento de la organizaci�n en la producci�n f�sica del evento adverso. Para atribuir la autor�a a los miembros particulares, basta con seleccionar las operaciones que el juez considera significativas o relevantes para endilgar el resultado a uno o varios miembros de la organizaci�n (�).
De manera que para imputar responsabilidad a los agentes singulares de la organizaci�n, el juez habr� de tomar en cuenta s�lo aquellas acciones, omisiones o procesos individuales que seg�n su marco valorativo incidieron de manera preponderante en el da�o sufrido por el usuario y cargarlos a la cuenta de aquellos sujetos que tuvieron control o dominio en la producci�n del mismo.
De este modo se atribuye el hecho da�oso a un agente determinado, quien responder� en forma solidaria con la EPS y la IPS, siempre que confluyan en ellos todos los elementos de la responsabilidad civil. El agente m�dico singular se exonerar� del juicio de imputaci�n del hecho como suyo siempre que se demuestre en el proceso que no ten�a un deber de cuidado en la atenci�n que brind� al paciente, lo que ocurre, por ejemplo, cuando su intervenci�n no fue jur�dicamente relevante o estuvo amparada en una causal de justificaci�n de su conducta; cuando el da�o se debi� al quebrantamiento de una obligaci�n de acci�n de la EPS o de la IPS y no a la desatenci�n del deber personal de actuar; o cuando no intervino de ninguna manera ni ten�a el deber jur�dico de hacerlo.
(�) La atribuci�n de un hecho lesivo a un agente u organizaci�n como suyo es necesario pero no suficiente para endilgar responsabilidad civil, (�). Para esto es preciso, adem�s, que el da�o sea el resultado de una conducta jur�dicamente reprochable en t�rminos culpabil�sticos. La prudencia en el �mbito de la prestaci�n del servicio de salud es el t�rmino medio en las acciones y operaciones profesionales, es no obrar por exceso ni por defecto seg�n los est�ndares aceptados en los procedimientos y la pr�ctica cient�fica de una �poca y lugar determinados.
De igual modo se ha explicado que para la atribuci�n de responsabilidad organizacional no basta con analizar la conducta aislada de los elementos del sistema, sino que debe valorarse el nivel organizativo como un todo. La culpa de la persona jur�dica se establece en el marco de una unidad de acci�n selectivamente relevante que tiene en cuenta los flujos de la comunicaci�n entre los miembros del sistema.
Por ello, el juicio de reproche ha de tomar en consideraci�n, adem�s de las acciones y omisiones organizativas, las fallas de comunicaci�n del equipo de salud que originan eventos adversos cuando tales falencias pod�an preverse y fueron el resultado de la infracci�n de deberes objetivos de cuidado. La culpa de las entidades del sistema de salud y de sus agentes, en suma, se examina en forma individual y en conjunto a la luz de los par�metros objetivos que existen para regular la conducta de los agentes particulares y su interacci�n con los dem�s elementos del sistema.
El juicio de reproche respecto de cada uno de ellos quedar� rebatido siempre que se demuestre su debida diligencia y cuidado en la atenci�n prestada al usuario. La responsabilidad civil derivada de los da�os sufridos por los usuarios del sistema de seguridad social en salud, en raz�n y con ocasi�n de la deficiente prestaci�n del servicio �se reitera� se desvirt�a de la misma manera para las EPS, las IPS o cada uno de sus agentes, esto es mediante la demostraci�n de una causa extra�a como el caso fortuito, el hecho de un tercero que el demandado no ten�a la obligaci�n de evitar y la culpa exclusiva de la v�ctima; o la debida diligencia y cuidado de la organizaci�n o de sus elementos humanos al no infringir sus deberes objetivos de prudencia.� 5.
Trazados los anteriores derroteros jurisprudenciales, se advierte que, en el caso de autos, le correspond�a a los promotores de la controversia acreditar los supuestos f�cticos de sus pretensiones, esto es, que el personal adscrito al Hospital Universitario incurri� en error, al determinar la prioridad con la cual deb�a atenderse al paciente en el servicio de urgencias (clasificaci�n triage), al cual concurri� dada la sintomatolog�a que presentaba �mareo, dolor precordial que irradiaba a la mand�bula con una hora de evoluci�n�; desacierto que redund� en que no se le brindara una atenci�n inmediata y, por ende, omitieran adoptar las medidas diagnosticas (practicar electrocardiograma) y terap�uticas que exig�a su condici�n cl�nica.
Sin embargo, en la actuaci�n reluce, de entrada, que el extremo activo incumpli� con esa carga probatoria que pesaba sobre sus hombros, por no demostrar que el fallecimiento del se�or Jhon William Torres Rodr�guez se produjo como consecuencia de una conducta culposa del personal cl�nico hospitalario que lo asisti�, o de las instituciones hospitalarias convocadas a juicio, como pasa a explicarse.
Para esos efectos, t�ngase en cuenta, delanteramente, que el �triage� es un �sistema de clasificaci�n que se aplica a los pacientes que acuden al servicio de urgencias en forma habitual (no incluye casos de emergencias con m�ltiples v�ctimas ni desastres) en donde se determina su gravedad y el tiempo m�ximo que puede esperar para su atenci�n m�dica.
El objetivo principal es identificar a los pacientes m�s graves para ser atendidos en forma m�s r�pida�; noci�n extra�da de la �GU�A DE PR�CTICA CL�NICA� aportada por los demandados �ver folios 246 a 261 de la encuadernaci�n- documento del que se desprende que para establecer la prioridad en la atenci�n de los pacientes que requieren un servicio de urgencias, debe considerarse la siguiente clasificaci�n: Triage 1: La condici�n cl�nica del paciente representa un riesgo vital y necesita maniobras de reanimaci�n, por presentar inestabilidad cardiaca, respiratoria o de conciencia, situaci�n que impone una atenci�n m�dica inmediata.
Triage 2: En este grupo ingresan todos los pacientes en que la evoluci�n de la enfermedad puede llevar a un deterioro r�pido, pero tienen estabilidad hemodin�mica y no requieren de los servicios prestados en la sala de reanimaci�n, y deben ser atendidos antes de una hora. 6. Siguiendo las directrices precedentes, comporta destacar para zanjar la presente alzada, que en el expediente obra el siguiente material probatorio: i) Clasificaci�n Triage 2 del se�or John William Torres Rodr�guez, �Motivo de Consulta: MAREO, DOLOR PRECORDIAL, QUE LE IRRADIA A LA MAND�BULA DE UNA HORA DE EVOLUCI�N.
ANTECEDENTES: NIEGA. EXAMEN F�SICO: T.A. S�stole 159 Di�stole 82. Frecuencia Cardiaca: 65. Frec. Respiratoria: 17. (�) Saturaci�n 02: 98. (�) Observaciones: TRIAGE 2 PRIORITARIO.� ii) �GU�A DE PR�CTICA CL�NICA. CONSULTA HABITUAL DE URGENCIAS. URGENCIAS ADULTOS� del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, en la que se establece como �INMINENCIA DE PARO CARDIACO Y/O RESPIRATORIO: 1.
Compromiso de la v�a a�rea. 2. Frecuencia Respiratoria menor de 5 o mayor de 35. 3. Frecuencia Cardiaca menor de 40 o mayor de 140. 4. Tensi�n Arterial Sist�lica menor de 90 mm Hg. 5. Ca�da s�bita de 2 o m�s puntos en la escala de Glasgow�. iii) Historia de Urgencias de la Cl�nica San Rafael donde se consign� lo siguiente: �Motivo Consulta: PACIENTE QUIEN INGRESA POR DOLOR EN EPIGASTRIO, SE REVISA TRIAGE DE INGRESO, SIGNOS VITALES: TA: 159/82 FC: 65X� FR: 20X� SAT: 98% Enfermedad Actual: SE ATIENDE LLAMADO DE ENFERMER�A, QUIEN REFIERE QUE EL PACIENTE CONSULTA POR CUADRO DE UNA HORA DE DOLOR EPIGASTRIO, CUANDO SE ENCONTRABA ABRIENDO HISTORIA CL�NICA PRESENTA COLAPSO Y PARO CARDIO-RESPIRATORIO PRESENCIADO, SE PASA A LA REANIMACI�N DONDE SE INICIA MANIOBRAS DE REANIMACI�N B�SICA Y AVANZADA SE PASA CUATRO AMPOLLAS DE ADRENALIDA, EN EL MOMENTO DE INTUBACI�N SE EVIDENCIA ABUNDANTE MATERIAL ALIMENTARIO EN V�A AEREA, SE EXTRAE MANUALMENTE BOLO ALIMENTARIO QUE OCLUYE V�A A�REA, PERO SE EVIDENCIA ABUNDANTE COMIDA DENTRO DE LA V�A A�REA, SE PASA TUBO POR OROTRAQUEA #8, EVIDENCIANDO SALIDA DE COMIDA, POR EL, SE CONTINUAN MANIOBRAS DE REANIMACI�N POR 45 MINUTOS, PACIENTE QUE NO RESPONDE A MANIOBRAS DE REANIMACI�N POR LO CUAL FALLECE A LAS 16:20.
SE HABLA CON FAMILIA SOBRE CUADRO CL�NICO PRESENTADO POR PACIENTE, QUIEN REFIERE QUE NO TIENE ANTECEDENTES M�DICOS DE IMPORTANCIA. SE CONSIDERA NECESIDAD DE REALIZACI�N DE NECROPSIA M�DICO-LEGAL YA QUE NO SE TIENE CAUSA CLARA DE MUERTE�. iv) Informe Pericial de Necropsia realizada a John William Torres Rodr�guez, mediante el cual el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias de Forenses, hizo constar que �(�) se trata de un hombre que colapsa s�bitamente en urgencias.
Durante la necropsia se descarta participaci�n de lesiones traum�ticas causantes de la muerte. Al examen interior se evidencia fluidez visceral, adem�s a la exploraci�n de las coronarias se encuentra que hay enfermedad ateroscler�tica que compromete la descendente anterior en un 60%. No hay historia cl�nica para correlacionar enfermedad natural.� v) Acta de Comit� del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, sobre la atenci�n al paciente, en la que se document�: �Se inicia comit� sobre la atenci�n del paciente Jhon William Torres Rodr�guez identificado con CC79537207 ya que la esposa del paciente requiri� de la Historia Cl�nica y copia del video de sala de Urgencias.
Se inicia comit� analizando atenci�n prestada al paciente JHON WILLIAM TORRES RODR�GUEZ CC 79537207 Paciente ingresa al Triage de la instituci�n el d�a 7 de febrero de 2012 a las 15:27, clasificado Triage 2 priorizado (�) Paciente es valorado en Triage y es direccionado para la apertura de la Historia Cl�nica, transcurridos 8 minutos el paciente presenta perdida de la conciencia y es llevado de inmediato a sala de reanimaci�n donde es activado el c�digo azul de reanimaci�n. (�) El transcurso de los 8 minutos entre la realizaci�n del Triage y la presentaci�n del colapso del paciente tambi�n se evidencian en las notas de enfermer�a y en el cronometro del video de sala de urgencias� (Negrilla fuera de texto). vi) Opini�n M�dica aportada por la Nueva EPS, emitida por especialista en medicina interna, concepto t�cnico en el que se analiz� el caso del se�or Jhon William Torres Rodr�guez. vii) Declaraciones de Germ�n Augusto Bernal Bernal y Miguel �ngel Murcia, m�dicos que, respectivamente, manifestaron tener m�s 26 a�os de experiencia en el servicio de urgencias de la Cl�nica San Rafael, ser el Director Cient�fico de dicha instituci�n y haber participado en el comit� evaluador del caso del se�or Torres Rodr�guez. 7.
En ese contexto demostrativo huelga apuntalar, primeramente, que los mencionados facultativos, con fundamento en la documentaci�n cl�nica levantada sobre Jhon William Torres Rodr�guez y los protocolos m�dicos en caso de paro cardio-respiratorio del ente hospitalario accionado, conceptuaron sobre las posibles causas de un dolor precordial y las razones por las cuales una persona con signos vitales estables puede llegar a presentar un colapso o infarto.
Tales versiones merecen especial atenci�n, para el resultado que ac� se persigue, toda vez que son coincidentes en afirmar: (i) la v�ctima ingres� al �triage� de enfermer�a del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, a las 15:27 del 7 de febrero de 2012, (ii) el motivo de la consulta fue: �mareo, dolor precordial que se irradia a la mand�bula de una hora de evoluci�n�.
No obstante, expresaron que al momento de ser atendido el paciente, sus signos vitales eran estables, es decir, tensi�n arterial, saturaci�n de ox�geno, frecuencia cardiaca y respiratoria con valores normales, aunado a que estaba consciente al momento de esa primera valoraci�n. Tambi�n, sostuvieron que el dolor precordial presentado no necesariamente estaba relacionado con un evento coronario, y que por los antecedentes cl�nicos del enfermo, edad (41 a�os), estabilidad hemodin�mica y discernimiento, permit�an clasificarlo en un �triage 2�, habida cuenta que no requer�a ser llevado inmediatamente a la sala de reanimaci�n, a fin de salvaguardar su vida, tal y como acontece con las personas que cumplen las condiciones para ser catalogados en �triage 1�.
Por esa misma v�a, cabe descollar que los especialistas llamados al proceso, explicaron que pasados ocho minutos de la clasificaci�n en �triage�, m�s exactamente a las 15:35 horas, de ese mismo d�a, el se�or Jhon William Torres Rodr�guez sufri� un colapso y paro cardio-respiratorio, activ�ndose el c�digo azul, el cual es definido como un �mecanismo institucional a trav�s del cual se atiende con la m�xima prontitud y eficiencia cualquier eventualidad inminentemente amenazante para la vida de un paciente, como ser�a el caso de cambios significativos en las constantes vitales, estado hemodin�mico del paciente (�)�,- fase de urgencia en la se brind� atenci�n m�dica inmediata, consistente en maniobras de reanimaci�n, por el lapso de cuarenta y cinco minutos, pero el afectado no respondi� a las mismas, declar�ndose su muerte a las 16:20 horas.
De igual modo, indicaron que un infarto puede ser silencioso, no presentar sintomatolog�a, ni alteraci�n de los signos vitales, que, en el caso de Jhon William Torres Rodr�guez, no era previsible que el paciente fuera a presentar un paro cardiaco, en raz�n a que no ten�a inestabilidad hemodin�mica, la saturaci�n de oxigeno era del 98% y en la documentaci�n cl�nica no aparec�an antecedentes m�dicos importantes.
Igualmente, refirieron que la patolog�a del dolor tor�cico no solamente comprende enfermedades de tipo cardiaco, sino tambi�n puede estar vinculada a la ruptura del pulm�n o de un aneurisma, y que seg�n las estad�sticas, cuando se presenta dicho padecimiento, un 15% est� asociado a s�ndrome coronario y el 85% a otras causas de �ndole pulmonar, pero que de cualquier modo, luego de realizarse el �triage�, el paso a seguir, era que el paciente pasara a ventanilla, a efectos de abrir la historia cl�nica para, posteriormente, ser revisado por un galeno, quien, conforme a la impresi�n m�dica, ordenar�a los ex�menes que estimar�a pertinentes, entre esos, un electrocardiograma, para descartar alteraciones en el funcionamiento del coraz�n; an�lisis que no alcanz� a practic�rsele a la v�ctima, debido a que transcurridos tan s�lo ocho minutos de su ingreso a urgencias, present� el paro cardio-respiratorio, sin que se pueda endilgar responsabilidad alguna a las demandadas por tal suceso, pues el se�or Torres Rodr�guez recibi� toda la atenci�n m�dica requerida, sigui�ndose los protocolos indicados por la lex-artis.
Sobre el particular es muy de ver que la literatura m�dica ha definido el dolor tor�cico como �(�) una molestia o dolor que se siente en alg�n punto a lo largo de la parte frontal del cuerpo entre el cuello y el abdomen superior. Muchas personas que experimentan dolor tor�cico sienten temor de un� HYPERLINK "https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000195.htm" ataque card�aco.
Sin embargo, hay muchas causas posibles de dolor tor�cico. Algunas causas no son peligrosas para la salud, mientras que otras son serias y en algunos casos potencialmente mortales. Cualquier �rgano o tejido en el t�rax puede ser el origen del dolor, incluso el coraz�n, los pulmones, el es�fago, los m�sculos, las costillas, los tendones o los nervios.
El dolor tambi�n se puede propagar hacia el t�rax desde el cuello, el abdomen y la espalda.� Asimismo, obra en el expediente el concepto t�cnico rendido por la m�dica Layla Tamer David, quien concluy� que �[d]e acuerdo a los documentos aportados de historia cl�nica para el an�lisis del caso, se registra la hora de ingreso a la instituci�n a las 15:27 en donde el registro enviado del TRIAGE define: dolor precordial irradiado a mand�bula de 1 hora de evoluci�n, se registran los signos vitales que se encuentran estables y se anota CLASIFICACI�N TRIAGE �PRIORIZADO�, que �los casos de TRIAGE 2 son los siguientes.
Pacientes con estabilidad ventilatoria, hemodin�mica y neurol�gica, cuyo problema representa un riesgo potencial de amenaza a la vida: pacientes en estado de agitaci�n, dolor tor�cico, dolor abdominal, s�ntomas asociados con diabetes descompensada, cefaleas, v�mito, diarrea, fiebre en ni�os, dolor tipo c�lico renal, amputaci�n traum�tica de miembros, todo tipo de dolor severo (escala 7 a 10).
Por lo tanto de acuerdo a los s�ntomas y el estado hemodin�mico del paciente el triage est� bien clasificado�. En l�nea con lo previamente expuesto, resulta oportuno relievar que si bien �[e]l dolor en el pecho que se irradia en la mand�bula o en el brazo izquierdo (o, menos frecuentemente, en el derecho), podr�a ser se�al de un ataque card�aco�, lo cierto es que el informe de necropsia, expedido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, dio cuenta de que el difunto sufr�a de una �enfermedad ateroscler�tica que compromete la descendente anterior en un 60%�, patolog�a que puede ser silenciosa y cr�nica, tal como lo se�al� el m�dico Miguel �ngel Murcia, y que, de conformidad con la �GU�A PARA EL MANEJO DE URGENCIAS� del entonces Ministerio de Protecci�n social �[l]a aterosclerosis coronario es una enfermedad cr�nica que tiene per�odos de estabilidad e inestabilidad, durante las etapas inestables con activaci�n de la inflaci�n de las paredes vasculares, el paciente puede desarrollar un infarto que, en algunos casos, puede pasar como un evento inadvertido y, en otros, como un deterioro catastr�fico� 8.
Desde esa perspectiva, se despeja, sin tropiezo, que cuando el paciente acudi� al centro hospitalario fue categorizado correctamente en �triage 2 priorizado�, en raz�n a que presentaba (i) estabilidad hemodin�mica; (ii) estaba consciente; (iii) el dolor precordial irradiado a la mand�bula no siempre est� ligado a una enfermedad coronaria, -acorde con lo expuesto por los m�dicos especialistas- (iv) era un adulto joven, que, antes del 7 de febrero de 2012, gozaba de un buen estado de salud, -tal y como lo afirmaron los testigos tra�dos por la parte actora-, y (v) no refiri� antecedentes cl�nicos de relevancia al momento de ser atendido en la sala de urgencias; situaci�n que, ciertamente, no permiti� advertir la �INMINENCIA DE PARO CARDIACO Y/O RESPIRATORIO�, seg�n los par�metros establecidos en la �GU�A DE PR�CTICA CL�NICA.
CONSULTA HABITUAL DE URGENCIAS. URGENCIAS ADULTOS� del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael, por lo que la atenci�n m�dica pod�a dar espera en un lapso no superior a treinta minutos, conforme la Circular Externa No. 00056 del 6 de octubre de 2009 de la Superintendencia de Salud, -norma vigente para la �poca de los hechos, t�rmino que a prop�sito fue reiterado en el art�culo 5 de la Resoluci�n 5596 de 2015, expedida por el Ministerio de Salud y Protecci�n Social.
De ah� que no pueda endilg�rsele negligencia alguna a las entidades demandadas, por no prestar un servicio asistencial oportuno y eficaz; m�xime si, luego de transcurridos tan solo ocho minutos contados a partir de la realizaci�n del �triage�, Jhon William Torres Rodr�guez sufri� complicaciones imprevistas en su salud que convocaron su ingreso inmediato a la sala de reanimaci�n, en donde la especialista realiz� todos los procedimientos m�dicos a fin de estabilizarlo, en la medida que su dolencia lo permit�a, pero los mismos no arrojaron un resultado favorable, lo que desencaden� su muerte, seg�n se aprecia en los documentos cl�nicos aportados.
Ahora bien, no puede perderse de vista que al momento de presentarse la urgencia, se desconoc�a que el occiso padec�a de una enfermedad �ateroscler�tica�, pues tal hallazgo s�lo fue exteriorizado con la necropsia, am�n de que su estado de salud empeor� r�pidamente, impidiendo a los galenos considerar la pr�ctica de un electrocardiograma, ya que, it�rese, en menos de diez minutos, contados a partir de su ingreso a al servicio asistencial de urgencias, padeci� un paro cardio-respiratorio.
Aunado a lo delanteramente expuesto, para esta Corporaci�n no es de recibo el argumento expuesto por los opugnantes, referente a que los facultativos que rindieron su declaraci�n en la actuaci�n estaban parcializados, al tener intereses laborales con las entidades demandadas, puesto que habr�an omitido la totalidad de los s�ntomas que present� Jhon Wiliam Torres Rodr�guez, porque, de la revisi�n exhaustiva de sus respuestas coincidentes, as� como del escrutinio de los dem�s medios suasorios, no se infiere un motivo serio que afecte la declaraci�n de dichos deponentes, tampoco existen razones v�lidas para restarle credibilidad o tildarlos de sospechosos; n�tese que del an�lisis de las contestaciones dadas por tales declarantes, se infiere su consistencia, su espontaneidad y su coherencia, conforme a lo consignado en la historia cl�nica, el documento que contiene el �triage� y sus conocimientos profesionales.
Por ese mismo sendero, cabe resaltar que las manifestaciones expuestas por los testigos familiares de la parte actora, esto es, Sandra Salgado Saboya y Alex Eduardo Eulegelo Lizarazo, concernientes a que el enfermo debi� ser calificado en �triage 1�, en raz�n de sus dolencias, no tienen el alcance probativo que pretenden los impugnantes, habida cuenta que su llamamiento al presente litigio tuvo como objeto informar al juez sobre los hechos que les constaba, m�s no emitir opiniones o juicios especializados, pese a sus oficios y conocimientos param�dicos, pues no presenciaron ni tuvieron cercan�a con el incidente cl�nico materia de este litigio.
En esas condiciones, resulta patente que no es procedente admitir una p�rdida de oportunidad en la vida del se�or Jhon William Torres Rodr�guez, si se tiene en cuenta que su categorizaci�n en �triage 2� se ajust� a los s�ntomas reportados y evidenciados, con apego a los protocolos cl�nicos de la entidad hospitalaria demandada, a lo que se suma que el procedimiento de reanimaci�n, luego de que el enfermo colapsara, se desarroll� de acuerdo con la lex-artis; realidad que impide la estructuraci�n del nexo causal entre el comportamiento de los agentes m�dicos y el da�o del que se duelen sus deudos accionantes, pues no se demostr� que el fallecimiento del paciente fuera consecuencia directa de la clasificaci�n que se le diera en el servicio de urgencias para prestarle atenci�n prioritaria.
Con todo, en gracia de discusi�n, si hubiere existido el error en la clasificaci�n del �triage�, lo cierto es que el paciente fue atendido en forma inmediata, pues tan solo transcurrieron 8 minutos entre la realizaci�n del �triage� y el momento en que fue sometido a reanimaci�n, tal como da cuenta la historia cl�nica, cuyo contenido no fue desvirtuado. 9.
De otro lado, y en lo atinente a que la juez de primer grado omiti� requerir al Hospital Cl�nica San Rafael para que allegara el video que conten�a la grabaci�n de los hechos ocurridos en la fecha en que muri� Jhon William Torres, fue un tema que esta Corporaci�n abord� al momento de resolver el recurso de alzada contra la decisi�n que precisamente deneg� esa prueba, ante la imposibilidad de su recaudo, sumado a que los demandantes allegaron un documento en donde se hizo constar �que en el video no se observa en el momento en que el se�or William Torres (Q.E.P.D.) Ingresa a la Instituci�n ni se observa la consulta de Triage (�)�.
Sobre el particular, mem�rese que cuando una determinaci�n sobre aspectos procesales ya ha cobrado firmeza dentro del decurso del litigio, no es posible aprovechar la apelaci�n del fallo de fondo para insistir en censurar lo zanjado, respecto de fases procesales ya consolidadas, en virtud de la aplicaci�n del principio de perentoriedad de las oportunidades procesales, consagrado en el art�culo 117 del Estatuto Procesal Civil, tal y como lo sostuvo el Alto Tribunal de Justicia, en decisi�n del 10 de mayo de 1979. 10.
Finalmente, comporta destacar que la disparidad de horas alegada por el extremo activo, contenida en la historia cl�nica, porque, en su sentir, el fallecido se comunic� varias veces con su c�nyuge, entre las 15:23 a las 16:40 horas del 7 de febrero de 2012, pese a que en ese mismo lapso, supuestamente, estaba siendo reanimado, es preciso se�alar que tal afirmaci�n no qued� soportada en ning�n medio probatorio, puesto que en el documento expedido por Comcel S.A. no aparece el a�o en que se efectuaron las comunicaciones, v�ase que en dicho registro s�lo est� consignado como fecha, el d�a y mes.
Adem�s, tampoco est� demostrado que esas llamadas fueron realizadas directamente por el se�or Jhon William Torres, pues tal afirmaci�n s�lo qued� sustentada en la declaraci�n que rindi� la demandante. 11. Puestas de esa manera las cosas, descuella frustr�nea la arremetida contra la decisi�n de primera instancia, ante lo cual se impone la confirmaci�n de la misma.
En consecuencia, se condenar� en costas a la parte apelante vencida. DECISION: En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D.C., en Sala Civil de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la Ley, RESUELVE:
PRIMERO. CONFIRMAR la sentencia proferida el 12 de julio de 2017, en el sub judice, por el Juzgado Treinta y Ocho Civil del Circuito de Bogot�, por lo dicho en el cuerpo motivo de este pronunciamiento.
SEGUNDO. CONDENA en costas de esta instancia a la parte recurrente. El Magistrado sustanciador fija como agencias en derecho la suma de un mill�n doscientos mil pesos ($1.200.000.oo). Liqu�dense de conformidad con lo establecido en el art�culo 366 del CGP.
TERCERO. DEVOLVER, en oportunidad, el expediente al juzgado de origen. JUAN PABLO SU�REZ OROZCO Magistrado (38201400264-03) NUBIA ESPERANZA SABOGAL VAR�N Magistrado (38201400264-03) LUIS ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado (38201400264-03) Asunto tambi�n llevado a sala del 15 de noviembre de 2017. Sentencia SC13925-2016 de 30 de septiembre de 2016.
Exp. 05001-31-03-003-2005-00174-01 fls.20 y 243, cd.1 fl.251, cd. 1 fl. 22, cd. 1 fl. 23, cd. 1 fls. 266 y 267, cd. 1 Definici�n contenida en los protocolos del Hospital Universitario Cl�nica San Rafael -ver folio 262 de la encuadernaci�n- Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU. MedlinePlus. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003079.htm idem Tomo I. 3 Edici�n. 2009.
Grupo de Atenci�n de Emergencias y Desastres. P�g. 325. PAGE Ordinario 11001-31-030-38-2014-00264-03 de Flor Delina Saboya y otros contra Nueva E.P.S. y otros PAGE \* MERGEFORMAT22 $%&������������� " % 3 ��̽̽ﮟ���uf�uf��W���W�W�H h�Q�h�vnCJOJQJaJ h�Q�h�8CJOJQJaJ h�Q�h� �CJOJQJaJh� �CJOJQJaJ h�Q�h$ �CJOJQJaJ h�Q�h?C�CJOJQJaJ h�Q�h^�CJOJQJaJ h�Q�h�vnCJOJQJaJ h�Q�h�vnCJ OJQJaJ %jh�Q�h�vnCJ OJQJUaJ h�Q�h� 5�CJ OJQJaJ h�Q�h�vn5�CJ OJQJaJ $%����# $ T | � � � ��������������$���dh^��`�a$gd$ �$� dh`� a$gd$ �$� dh`� a$gd� $dha$gd(v� $dha$gd�Z{$a$gd"8[ $dha$gd�S$a$gd�S $� `� a$gd�S3 7 9;
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