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ANTECEDENTES 1. LA DEMANDA. Pidi� la libelista que se declare que su contraparte incumpli� el contrato de leasing No. 107120 que ellas celebraron (Dimagra como locataria y Helm Bank como locador) y que, en consecuencia, se le condene a pagar a esta �ltima $376.325.624 (da�o emergente) y $340.000.000 (lucro cesante), junto con la indexaci�n e intereses moratorios correspondientes.
Relat� la demandante que, para realizar su objeto social (�transformar productos relacionados con piedra, m�rmol y granito para mesones de cocina, paredes de cocina, ba�o y pisos�), el 7 de octubre de 2010 celebr� con la demandada un contrato de leasing, por cuya virtud Helm Bank se oblig� a importar y financiar (en favor de la actora) una �m�quina pulidora y molduradora de cantos�, que le permitir�a a la demandante �disminuir la planta de personal, reducir los costos de n�mina y vender m�s barato, pues no se gastar�a tanto dinero en personal que puliera el granito manualmente�; que Dimagra pag� el anticipo que, por esa negociaci�n, le cobr� la entidad financiera y efectu� todas las adecuaciones que requer�a la instalaci�n de la maquinaria, pero que, finalmente, nunca pudo utilizarla, porque el �control el�ctrico� se �despeg� y fractur�, mientras era transportada a Bogot� (por la sociedad Almaviva S.A.) desde la ciudad de Cartagena; que, al solicitar a la compa��a de leasing que les suministrara una soluci�n al problema, �sta se neg� a autorizar la reparaci�n del admin�culo, se abstuvo de efectuar reclamaci�n alguna a la transportista y advirti� que la m�quina no estaba amparada por ning�n seguro de da�os; y que pese a que �en la actualidad la m�quina no ha sido recibida a satisfacci�n por Dimagra (�), por el hecho de la entrega, el banco cerr� la operaci�n de leasing y comenz� a cobrar el canon, pasando por alto las estipulaciones del contrato�. 2.
LA CONTESTACION. La demandada excepcion� �cumplimiento de las obligaciones�, �ausencia de nexo causal entre los da�os pretendidos y la conducta de Helm Bank�, �Incumplimiento de las obligaciones del locatario�, �traslado de los riesgos derivados de la mala calidad o los defectos del bien� y �ejecuci�n y cumplimiento en la entrega del bien por parte de la entidad de leasing al locatario�.
Sostuvo que ella, como simple financiadora de la operaci�n de leasing, no asumi� gesti�n ni riesgo alguno en la adquisici�n, embalaje, transporte, aseguramiento y entrega del bien adquirido; que el locatario se oblig� a recibir el bien directamente del proveedor y as� lo hizo �a satisfacci�n�; que, en los t�rminos del contrato de leasing, era a �Dimagra a quien correspond�a el adelantamiento de las acciones para reclamar del responsable la indemnizaci�n de cualquier da�o�; que �los da�os que pretende la actora fueron inicialmente causados por su falta de seguimiento al proceso de importaci�n y transporte, y luego por su descuido en la reparaci�n de la maquinaria una vez verific� que ven�a con problemas de calidad�; que �el oficio de los bancos no es arrendar bienes y mucho menos garantizar su funcionamiento, sino financiar su adquisici�n para el uso de sus clientes, seg�n sus preferencias, necesidades y sus propias elecciones� y que desde el momento en que el bien fue recibido por el locatario �todos los riegos por p�rdida o deterioro fueron asumidos por �l�.
3. EL FALLO APELADO. El juez a quo desestim� las pretensiones. Sostuvo que �las partes convinieron contractualmente que el locatario asumir�a los riesgos que se generaran sobre la m�quina durante su proceso de transporte e importaci�n e incluso asumi� la p�rdida o deterioro del bien, aunque proviniera de fuerza mayor o caso fortuito�; que, �entendiendo a la naturaleza de la operaci�n financiera realizada, resulta v�lida la exclusi�n de responsabilidad de la sociedad leasing sobre las aver�as o da�os sufridos por la maquina durante la importaci�n y transporte previo a la entrega, a lo que se suma que ese pacto se explicit� en el contrato at�pico e incluso se previ� la posibilidad de realizar cesi�n de los derechos que pudiera tener la leasing a favor del locatario� y que �tambi�n se hab�a estipulado contractualmente como obligaciones a cargo del locatario el pago de los c�nones y el aseguramiento del bien, deberes que no fueron cumplidos ni allanados por la actora�, seg�n ella misma lo reconoci� al absolver su interrogatorio de parte. 4.
LA APELACI�N. La actora insisti� en que ella cumpli� con las obligaciones que a su cargo gener� el contrato de leasing, pero que su contraparte no hizo lo propio respecto de su obligaci�n de �entregar la m�quina al locatario en t�rminos que la pudiera usar y gozar procur�ndole su pac�fica tenencia�; que la demandada �no era una simple intermediaria, sino que era la encargada de todas las operaciones incluyendo la del transporte de la m�quina� y por eso ten�a la legitimaci�n para formular las reclamaciones correspondientes contra los terceros responsables; que la �subrogaci�n� de esos derechos y acciones era una simple �posibilidad� y no una obligaci�n, �por lo que es il�gico que el juzgado niegue el derecho porque no se hubiera requerido al banco para que cediera el contrato� y que, �como la entidad de leasing no cedi� esos derechos, era ella quien ten�a la obligaci�n de demandar al transportador�.
A�adi� que �hubo mala fe de la entidad de leasing al hacerle firmar al locatario una constancia de recibido de la m�quina con anticipaci�n a la entrega�; que no pudo configurase un caso fortuito o una fuerza mayor en favor de la demandada, �pues la ca�da de la m�quina del cami�n se pod�a prevenir�; que �Helm Bank era quien deb�a contratar todos los seguros de importaci�n, porque la maquinaria se compr� (y transport�) a su nombre, en caso contrario debi� procurar importar la maquinaria en el estado en que la adquiri� y no entregarla rota sin asumir ninguna responsabilidad�; que el juez de primera instancia �dej� de lado todo el acervo probatorio aportado para probar el da�o� y que �por ser el leasing un contrato at�pico (�) se hace obligatorio interpretarlo seg�n las cl�usulas de un contrato de compraventa, por su semejanza, en el cual al comprador no se le ha entregado la cosa para su uso y goce aun habiendo pagado el anticipo para ello�.
CONSIDERACIONES 1. Verificada la ausencia de irregularidades que impidan proferir decisi�n de fondo, anuncia la Sala que confirmar� el fallo apelado, por encontrar de recibo sus principales argumentaciones f�cticas y jur�dicas, especialmente por lo que ata�e a la cl�usula de exoneraci�n que se incluy� en el contrato de leasing sobre el que aqu� se contiende, por cuya conformidad, Dimagra asumi� los riesgos relativos a la maquinaria que se adquiri� mediante ese negocio jur�dico, entre ellos, los concernientes a su transporte. 2.
Frente a asuntos que guardan relaci�n con el que aqu� se decide, ha dicho la jurisprudencia que �si el contrato de leasing en Colombia no posee una regulaci�n legal propiamente dicha (suficiencia preceptiva), debe aceptarse, por ende, que no puede ser gobernado exclusiva y delanteramente, por las reglas que le son propias a negocios t�picos, por afines que �stos realmente sean, entre ellos por v�a de ilustraci�n, el arrendamiento; la compraventa con pacto de reserva de dominio; el mutuo.
No en vano, la disciplina que corresponde a los negocios at�picos est� dada, en primer t�rmino, por las �clausulas contractuales ajustadas por las partes contratantes, siempre y cuando, claro est�, ellas no sean contrarias a disposiciones de orden p�blico�; en segundo lugar, por las �normas generales previstas en el ordenamiento como comunes a todas las obligaciones y contratos, (as�) como las originadas en los usos y pr�cticas sociales� y finalmente, ah� s�, �mediante un proceso de auto integraci�n (por) las del contrato t�pico con el que guarde alguna semejanza relevante (Cas.
Civ., de 22 de octubre de 2001; exp.5817)� (Sentencia de 13 de diciembre de 2002. Ref. 6462. M.P. Carlos Ignacio Jaramillo Jaramillo). En esa misma oportunidad, tambi�n precis� la Corte que, �en su fase o etapa precontractual (iter contractus), el leasing suele estar precedido, las m�s de las veces, de la formulaci�n de una puntual indicaci�n que el candidato a tomador le formula a la compa��a de leasing, para que �sta -a nombre propio- adquiera el bien o bienes sobre los cuales habr� de celebrarse el contrato, de forma tal que cuando esa actuaci�n se materializa, la adquisici�n del bien por parte de la sociedad de leasing (negocio jur�dico de aprovisionamiento), es meramente instrumental, en cuanto tiene su raz�n de ser, �nicamente, en el posterior perfeccionamiento de la descrita negociaci�n (posterius), la cual, por consiguiente, aflora como un contrato de intermediaci�n financiera -en sentido lato-, habida cuenta que el usuario, en �ltimas, lo que persigue es acceder -indirectamente- al cr�dito que le resulta necesario para procurarse la utilidad de un bien, no as� -por lo menos en forma inmediata- su propiedad, derecho que, en la hora de ahora, no luce esencial -y menos inexorable- para la generaci�n de riqueza y, por lo mismo, hoy no se erige en el epicentro de la contrataci�n contempor�nea, como otrora acaec�a�.
Es precisamente por lo anterior que, contrario a lo que sugiri� la apelante, al leasing no pueden aplic�rsele, y menos en forma irrestricta, las reglas que el ordenamiento previ� para el contrato de compraventa. Como ya de alguna manera se advirti�, en el �arrendamiento financiero�, por lo regular, la entidad de leasing (que, en la analog�a que plantea la censura, ser�a el tradens) no acude a la negociaci�n con el prop�sito de enajenar un bien propio, sino de facilitar la adquisici�n de uno que, previamente y motu proprio, ha cotizado, comparado y escogido el locatario que, en rigor, es el llamado a conocer las caracter�sticas, usos, riesgos, y dem�s particularidades de ese producto, el cual, generalmente, es ajeno a la actividad comercial que desempe�a el �locador� (quien ha de presumirse experto, pero en asuntos de naturaleza financiera). 3.
Es tambi�n por eso que, en la modalidad de negociaci�n que se comenta (es decir, el leasing financiero, distinto al �leasing operativo� en el que el objeto de la obligaci�n principal s� es un bien propio de la entidad financiera), la jurisprudencia ha avalado la eficacia de las cl�usulas de exoneraci�n que, sin salirse de los l�mites que en la materia prev� el ordenamiento, pactan las partes en favor de la compa��a locadora, respecto de los riesgos derivados del transporte, operaci�n, calidad e idoneidad de la mercanc�a materia del contrato.
Tal estipulaci�n, en la mayor�a de los casos (como el sub examine, seg�n se ver� m�s adelante), va acompa�ada de una cl�usula de subrogaci�n por cuyo m�rito el locatario queda facultado para reclamar a terceros eventualmente responsables, en forma directa, la garant�a o las respectivas indemnizaciones derivadas de los imperfectos o anomal�as que presente la maquinaria.
Al respecto, y frente a un caso que guarda estrecha similitud con el que aqu� se decide, la Corte efectu� las siguientes precisiones: ��la cl�usula sub examine, esto es, la de exclusi�n de responsabilidad de la compa��a de leasing por los defectos que presente la cosa, a modo de colof�n, no envuelve un t�pico y di�fano desequilibrio, menos a�n grave, colosal, relevante o cualificado (desequilibrio significativo), en la relaci�n contractual, no s�lo porque se trata de una previsi�n acorde con la descrita operaci�n jur�dica, concretamente en punto al leasing financiero �por aquello de la funci�n de intermediaci�n que, en sentido amplio, cumple la sociedad contratante-, sino tambi�n porque, si se aprecian con ponderaci�n y medida las cosas, el tomador no resultar�a desprotegido o abandonado a su propia suerte (postura acentuadamente individualista e insolidaria), en atenci�n a que podr�a reclamar ante el proveedor cuando quiera que uno de tales vicios o defectos se presente, sin que pueda disput�rsele la legitimaci�n en la causa, la que devendr�a de la cesi�n de las acciones que en su favor hiciera la compa��a de leasing y, trat�ndose de la garant�a m�nima presunta, de la Constituci�n misma y de la Ley, como se rese�� por la Corte Constitucional, en la reciente sentencia ya citada. � En este sentido, aun cuando el contrato de leasing es �por regla- un negocio jur�dico por adhesi�n a condiciones generales, conforme se pincel� en ac�pites que anteceden, entre las que se suele encontrar la de exclusi�n de responsabilidad por defectos de calidad y vicios redhibitorios, esa sola circunstancia, de por s�, no torna abusiva o vejatoria y, por tanto, ayuna de eficacia la cl�usula en cuesti�n, si se tiene en cuenta que son �caracter�sticas arquet�picas de las cl�usulas abusivas �primordialmente-: a) que su negociaci�n no haya sido individual; b) que lesionen los requerimientos emergentes de la buena fe negocial -vale decir, que se quebrante este postulado rector desde una perspectiva objetiva: buena fe probidad o lealtad-, y c) que genere un desequilibrio significativo de cara a los derechos y las obligaciones que contraen las partes� (cas. civ. de 2 de febrero de 2001; exp: 5670) En el caso de la supraindicada cl�usula, es claro que ella no puede ser descalificada �o estigmatizada- por la �nica y escueta raz�n de estar incluida en un contrato de contenido predispuesto �en s� mismo v�lido, a la par que legitimado por el ordenamiento preceptivo y por la jurisprudencia, sin perjuicio de los correctivos que, in casu, la doctrina ha delineado para mantener el adecuado equilibrio negocial-, sin parar mientes en la arquitectura misma del negocio jur�dico del que hace parte, como se refiri� en p�rrafos precedentes.
De all� que ella se�ale, en apoyo de la propia jurisprudencia, que por ser el leasing un �modo de financiamiento�, ello es toral, se �justifican ciertas cl�usulas exc�ntricas respecto al modelo de contrato�, las cuales aparejan algunos �sacrificios� para el usuario, por las razones antedichas. � En tal virtud, no se puede afirmar que la exclusi�n de responsabilidad de la sociedad de leasing, as� concebida, traduce un desequilibrio manifiesto en el contrato, habida cuenta que, en esos t�rminos, no genera �una ventaja significativa sobre el consumidor, sin contrapartida o fundamento que lo justifique�, ni �compromete el principio de la m�xima reciprocidad de intereses� (se subraya)�. 4.
Las rese�adas pautas jurisprudenciales resultan plenamente aplicables al contrato de leasing materia de controversia, en el cual, adem�s de haberse incluido la susodicha cl�usula de subrogaci�n, expresamente se pact� que �ser�n de responsabilidad de los locatarios el tr�mite de importaci�n de los bienes as� como su integridad durante el proceso de su transporte e importaci�n hasta la entrega del mismo, comprometi�ndose el locatario a pagar integralmente, d�ndose de plazo vencido el valor de los anticipos efectuados y de los intereses causados sobre los mismos en los eventos de destrucci�n o p�rdida total o parcial del bien en el proceso de nacionalizaci�n, importaci�n y/o entrega del mismo� (fl. 96); que �el locatario es responsable ante el banco de cualquier deterioro de los bienes o de su p�rdida, cualquiera que sea la causa que lo produjere a�n cuando dicha causa provenga de fuerza mayor o caso fortuito� (fl.97) y que �el locatario es responsable de cualquier deterioro del bien o de su p�rdida total o parcial, cualquiera que sea la causa que los produjere a�n cuando provenga de fuerza mayor o caso fortuito�� (fl. 98).
Ante la claridad de las precitadas estipulaciones (cuya eficacia, se insiste, no amerita censura), aqu� no ofrece mayor utilidad entrar a analizar si, como lo manifest� la apelante, en verdad fue la demandada quien contrat� la operaci�n de transporte en la que se habr�a da�ado la maquinaria; cu�l fue la fecha en que Dimagra recibi�, de manos del transportador, el admin�culo en cuesti�n; si, al recibir el aparato, la demandante aleg� las irregularidades a que aludi� en su demanda, ni tampoco si el deterioro de esa mercanc�a se produjo por un �caso fortuito� o una �fuerza mayor�.
M�s all� de esas vicisitudes (que m�s parecen concernir a la eventual responsabilidad civil de la empresa de transporte, que no es parte en este litigio), lo que aqu� resulta verdaderamente relevante, es que Dimagra decidi� asumir los riesgos que implicaba la importaci�n de la �pulidora y molduradora de cantos�, escenario en el cual no pod�an salir avante las pretensiones, pues, fue la misma demandante quien destac� desde su libelo incoativo que el da�o de la maquinaria se habr�a verificado cuando la misma estaba siendo transportada a Bogot� desde la ciudad de Cartagena (hechos 19, 21 y 22, fl. 482), contingencia de la que tambi�n da cuenta, prima facie, la �memoria del trayecto� elaborada por Almaviva Global Cargo S.A (fls. 137 y 149).
Adem�s, ha de tenerse en cuenta que en el contrato de marras, las partes no impusieron condicionamiento alguno a la eficacia de la rese�ada cl�usula de exoneraci�n, por manera que no resulta de recibo el planteamiento que esgrimi� la parte actora al sustentar su apelaci�n, seg�n el cual, �como la entidad de leasing no cedi� esos derechos, era ella quien ten�a la obligaci�n de demandar al transportador� (fl. 9, c. 3).
Y es que, sin contar con que en el expediente brilla por su ausencia una prueba que demuestre que la parte actora elev� solicitud a Helm Bank S.A. tendiente a materializar ese �traspaso� y que el banco se neg� a acometer las gestiones correspondientes, lo cierto es que, al ajustar el negocio jur�dico sobre el que hoy se discute, Dimagra asumi�, de entrada, los riesgos propios de la operaci�n de transporte (entre ellos, el da�o de la mercanc�a), sin que en el escrito que recoge esa negociaci�n (ni en ning�n otro documento), las partes hubieran supeditado la exigibilidad u oponibilidad de esa cl�usula a que el locatario ejerciera la eventual �cesi�n de derechos� que all� se pact� en su favor.
De ah� tampoco ofrezca mayor trascendencia entrar a determinar si esa �subrogaci�n� involucraba una obligaci�n plenamente exigible o una mera �posibilidad� (discusi�n que, en forma tangencial, tambi�n plante� la censura), pues, como se vi�, no es propiamente de esa estipulaci�n que se deriva el fracaso de las pretensiones. 5. En el escenario que as� se configur�, tampoco llama a asombro que el juez de primera instancia se hubiera abstenido de valorar las pruebas que alleg� la demandante, en su intento de demostrar la causaci�n de los perjuicios cuyo resarcimiento solicit�.
Esos elementos de juicio s�lo habr�an ofrecido incidencia en el evento en que se hubiera encontrado responsable a la demandada del hecho imputable en que se finc� ese reclamo indemnizatorio (es decir, el da�o de la �m�quina pulidora y molduradora de cantos�) y como ello no ocurri� (dada la cl�usula de exoneraci�n a que se hizo alusi�n en apartes anteriores de este fallo), el aludido juzgador (lo mismo que este Tribunal), qued� relevado de la obligaci�n de pronunciarse sobre esos respectos (as� lo prev� el art�culo 306 del C. de P. C.). 6.
Se confirmar�, entonces, la sentencia apelada en virtud de las precedentes consideraciones, las cuales involucran un despacho general frente a todos los motivos de inconformidad que esgrimi� la recurrente y contienen, a su vez, las razones por las cuales, a juicio de la Sala, estaba llamada a prosperar la excepci�n denominada �traslado de los riesgos derivados de la mala calidad o los defectos del bien� y, en consecuencia, no era atendible ninguna de las pretensiones que formul� la parte actora.
DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Bogot�, Sala de Decisi�n Civil, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, CONFIRMA la sentencia que el 22 de octubre de 2015 profiri� el Juzgado 40 Civil del Circuito de Bogot�, en el proceso ordinario (de responsabilidad civil) seguido por Dimagra Ltda. contra Helm Bank S.A. Costas de segunda instancia a cargo del apelante.
Liqu�dense por la Secretar�a del Tribunal, incluyendo la suma de $ 2�000.000, que el Magistrado Ponente estima como agencias en derecho. Cumplido lo anterior, devu�lvase la actuaci�n al juzgado de origen. Notif�quese Los Magistrados, OSCAR FERNANDO YAYA PE�A MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA JORGE HERN�N VARGAS RINC�N (Ya no se desempe�a en esta Sala de Decisi�n) �cuando esta situaci�n se presenta, es decir, que la sociedad de leasing adquiere -de manos de un tercero- el bien por se�alamiento concreto de su cliente, a quien entregar� luego su tenencia, con opci�n de compra al final del contrato, se est� en presencia del denominado leasing financiero, que difiere en ese preciso aspecto, en lo que a modalidades se refiere ( ) del llamado leasing operativo, en el que el bien objeto del contrato, de antemano, hace parte del haber -o "stock"- de la compa��a, la que se sirve del leasing para comercializar un producto suyo.
Es el apellidado leasing del fabricante o del distribuidor, en la actualidad de menor usanza� CSJ., sent. de 13 de diciembre de 2002, exp. 6462. Vincenzo Buonocore. Leasing. Cassazione e Leasing: riflessioni sulla giurisprudenza dell�ultimo quinquenio. En Contratto e Impresa. Roma. 1994. P�g. 157; En sentido similar, validando dichas estipulaciones, Mauro Bussari y Paolo Cendon.
I Contratti Nuovi, Leasing, Factoring, Franchising, Giuffr�, Mil�n, pg. 107.� CSJ., sentencia de 13 de diciembre de 2002, exp. �El locatario est� obligado a cumplir las obligaciones contenidas en el presente contrato a�n cuando el da�o del bien, total o parcial, hubiere sido causado por un tercero, el banco podr� ceder sus derechos contra el tercero al locatario sin que ello implique suspensi�n prorroga o exoneraci�n de las obligaciones a cargo de los �ltimos� (fl. 98). 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