Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 110013103006 2012 00090 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Nubia Esperanza Sabogal Varón

Fecha: 2015-03-05

Sujetos procesales: INDIRA ENEIDA VALOYES PINO Y GUILLERMO SALAS HURTADO / SALUCOOP EPS Y LA CORPORACIÓN IPS SALUCOOP-CLÍNICA POLICARPA.

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Aprobado en Salas No 033 y 034 de 3 y 10 de septiembre de 2014, respectivamente, y No 002 de 28 de enero de 2015. Ref.:110013103006 2012 00090 01 Dec�dese el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante frente a la sentencia de 28 de febrero de 2014, proferida por el Juzgado Sexto Civil del Circuito de Bogot�, dentro del proceso ordinario instaurado por Indira Eneida Valoyes Pino y Guillermo Salas Hurtado en nombre propio y en representaci�n de sus menores hijos Dilan Stiven, Luis Guillermo y Ray Alexander Salas Valoyes contra Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa.

ANTECEDENTES 1. Los prenombrados actores solicitan, seg�n indicaron al subsanar el libelo inicial, que los demandados, como responsables extracontractuales, indemnicen los perjuicios materiales y morales sufridos por el menor Dilan Stiven con ocasi�n de los errores en el procedimiento m�dico practicado el 26 de noviembre de 2008; en consecuencia, que le paguen, como sus representantes, por da�o emergente, las sumas de $7�513.800, consistente en los gastos de manutenci�n y sostenimiento de su familia durante poco menos de un mes, entre el 26 de noviembre y el 24 de diciembre de 2008, y $6�440.000 por los gastos de transporte en ese mismo lapso; adem�s, $4�815.400 por el lucro cesante de la madre durante el per�odo de hospitalizaci�n y convalecencia del menor, y $313�047.000, al parecer por el de este �ltimo, seg�n la proyecci�n media hasta los 76 a�os sobre una base del 70% del salario m�nimo.

En cuanto al da�o moral, pidieron $496�900.000 (el equivalente a mil salarios m�nimos mensuales) para cada uno de los demandantes. 2. Sustentaron tales s�plicas as�: 2.1 Como beneficiario del POS, el infante ingres� por urgencias a la Cl�nica Policarpa, el 26 de noviembre de 2008, con un cuadro cl�nico de tos y fiebre. All� qued� hospitalizado. 2.2 Luego del tratamiento con antibi�ticos y de las terapias respiratorias, present� mejor�a; no obstante, cinco d�as despu�s la madre advirti� que el ni�o estaba inc�modo con su pierna izquierda y ve�a su rodilla �muy roja y caliente�. 2.3 El m�dico tratante observ� �una ligera p�stula en la mano izquierda�, en la zona donde el peque�o recib�a tratamiento intravenoso. 2.4 Los ex�menes subsiguientes evidenciaron que el menor padec�a �artritis s�ptica sin foco aparente�, es decir, en la UCI pedi�trica (en la Cl�nica) contrajo infecciones nosocomiales por el estado de inmunosupresi�n. 2.5 Se inici� un tratamiento antibi�tico de �amplio espectro� y fue remitido al Hospital de La Misericordia, donde lleg� con deshidrataci�n, aunque finalmente fue curado. 2.6 �Sali� de la cl�nica sin presentar secuelas permanentes pero si con una movilidad limitada por presentar un resentimiento patelar izquierdo secundario a la artritis s�ptica mal tratada y a la carencia de movimiento secundaria al prolongado tiempo de hospitalizaci�n al que estuvo sometido�. 3.

Saludcoop EPS enfrent� las pretensiones con las excepciones de �cumplimiento de las obligaciones� a su cargo en el contrato de afiliaci�n, �ausencia de participaci�n en el acto m�dico� y, por ello mismo, �inimputabilidad de las presuntas fallas en la prestaci�n asistencial�. Afirm�, adem�s, que el paciente ingres� a urgencias con bronquitis aguda y que ignora tanto el origen de la infecci�n s�ptica, como las condiciones inmunol�gicas del infante. 4.

La Cl�nica Policarpa tambi�n resisti� la demanda aduciendo como excepci�n el �cumplimiento de sus obligaciones� como IPS; �ausencia de nexo causal�, pues no es cierto que sus actuaciones sean �el hecho pleno generador del da�o�, el cual, para que pueda predicarse responsabilidad en el profesional de la medicina, �debe ser consecuencia de la conducta indebida del facultativo�; finalmente, �excesiva tasaci�n de pretensiones�, porque la �estimulaci�n� (sic) econ�mica de los da�os desborda cualquier c�lculo.

Respecto de los hechos adujo que en la historia cl�nica no qued� registrada la clase de infecciones adquiridas por el ni�o, sino que simplemente fue rese�ado su �deterioro infeccioso�, ni aparece en la historia la presunta limitaci�n de movilidad consecuencia de la infecci�n. Agreg� que el tratamiento de la infecci�n s�ptica fue correcto. 5.

La EPS llam� en garant�a a la Fundaci�n Hospital de La Misericordia, arguyendo que �sta tiene culpa exclusiva y, por ende, es la �nica responsable, pues fueron sus profesiones quienes atendieron al beb�, sin que ella tenga obligaci�n de vigilancia frente a los m�dicos contratados por las IPS. 5.1 El Hospital encar� el llamamiento con las excepciones de �ausencia de responsabilidad� y �exoneraci�n de la obligaci�n de indemnizar�, cimentadas en que actu� acorde a la lex artis y, antes bien, de manera diligente, su personal id�neo, ayudado de la infraestructura necesaria, logr� conjurar las afecciones del peque�o, �superando las delicadas dolencias que presentaba cuando fue trasladado de Saludcoop EPS-Cl�nica Policarpa�, de ah� que ning�n eventual perjuicio del menor sea producto de su actividad. 6.

Por su parte, el Hospital llam� en garant�a a Seguros del Estado S.A., esgrimiendo el v�nculo contractual que obliga a la aseguradora a responder de sus eventuales perjuicios. 6.1 Ante ello, la compa��a de seguros adujo como excepci�n, frente la demanda, la �carencia de fundamento de la reclamaci�n de la indemnizaci�n por los perjuicios patrimoniales�, dado que la enfermedad del infante no signific� una p�rdida de ganancia para los actores, e �improcedencia de la responsabilidad frente al Hospital de La Misericordia�, comoquiera que esta instituci�n no tuvo culpa en la infecci�n, en cambio, la cur�. 6.2 Contra el llamamiento blandi� las excepciones de �exclusi�n por perjuicios morales, lucro cesante, as� como por lesiones personales y da�os materiales causados con culpa grave o dolo� y �l�mite de la cuantitativo de la responsabilidad�, fundamentadas ambas en las exclusiones y limitaciones (deducibles) ajustadas con el Hospital en el contrato de seguro. 7.

La primera instancia culmin� con la sentencia desestimatoria apelada por los promotores en el recurso que concita la atenci�n de la Sala. LA SENTENCIA IMPUGNADA Asent� que la responsabilidad m�dica exige probar la culpa, pues estos profesionales �nicamente tienen la obligaci�n de emplear los medios acordes con la lex artis de su oficio. Descendi� al caso planteado e infiri� del material probatorio que el menor Salas Valoyes �ingres� a un centro hospitalario, registrando un cuadro m�dico de infecci�n� y que los m�dicos que lo atendieron le prestaron la atenci�n requerida (Ana Mar�a Clavijo Rueda, Rafael Fernando Serrano S�nchez, Juan Carlos Santerin Mesa, Claudia Alexandra D�az Melo, Juan Carlos Bustos Acosta y Jorge Aparicio Prieto); as� mismo, estim� que de las declaraciones de dichos galenos �no se evidencia negligencia o falta de pericia en la atenci�n al paciente�, quien, por el contrario, recuper� su salud.

De ah� que, al no estar probada la impericia o negligencia en la prestaci�n del servicio, juzg� que a los demandados no pod�a endilg�rseles responsabilidad y deneg� las pretensiones. LA APELACI�N Los recurrentes discrepan del fallo por las razones que se sintetizan as�: 1. La responsabilidad recae exclusivamente en la Cl�nica Policarpa, pues all� lleg� el infante con una �bronquiolitis�, completamente independiente de la artritis s�ptica -infecci�n de una articulaci�n- adquirida de forma intrahospitalaria, por falta de aseo, descuido en la asepsia y desinfecci�n de las instalaciones en sus elementos e instalaciones. 2.

De haber continuado la atenci�n en ese centro, dada la �sepsis� que all� hab�a -indicador de su negligencia-, abr�ase presentado un homicidio culposo por falta de pericia y diligencia. 3. Existe relaci�n de causalidad entre la bacteria infecciosa que afect� al ni�o en la Cl�nica y sus padecimientos. 4. El Hospital de La Misericordia no tiene ninguna responsabilidad; por el contrario, a su trabajo encomiable deben la vida del beb�.

Esta fue la �nica instituci�n que obr� con la debida diligencia. 6. El Consejo de Estado defini� que las instituciones prestadoras de salud tienen responsabilidad objetiva por los da�os causados por infecciones nosocomiales o intrahospitalarias. CONSIDERACIONES 1. Habr� decisi�n de fondo, porque est�n cumplidos los presupuestos procesales y no hay vicio en lo actuado. 2.

Preliminarmente compete se�alar que el estudio de la responsabilidad de los establecimientos sanitarios en relaci�n con los tratamientos m�dicos y terap�uticos conjuga diversas aristas cuya incidencia acrecienta las dificultades propias de estos casos. 2.1 Tradicionalmente la primer problem�tica surge alrededor de la clasificaci�n de este tipo especial de responsabilidad en contractual o extracontractual.

Eventualmente esta diferenciaci�n puede tener consecuencias pr�cticas en la resoluci�n de algunos litigios, pero en general ambas comparten los mismos elementos estructurales: el da�o, el hecho lesivo, la relaci�n de causalidad entre �stos y, en mayor o menor medida, una noci�n de culpabilidad, identificada usualmente con el concepto de incumplimiento en el �mbito contractual y con la negligencia en lo extracontractual.

No sobra se�alar que dicha distinci�n cada vez encuentra m�s resistencia. Con pragmatismo se ha dicho que �es indiferente en orden a deducir la responsabilidad por da�os la consideraci�n de que su fuente sea contractual o extracontractual. (�) las consecuencias indemnizatorias se imponen, no importa cu�l sea el origen de la culpa�. Con todo, la jurisprudencia ha logrado establecer, a manera de regla general, que �esa especie de responsabilidad es, preponderantemente, contractual, sin dejar de lado, claro est�, diversas hip�tesis en las que asume aquel otro car�cter�. 2.2 Siendo en l�nea de principio de �ndole contractual, la responsabilidad de las instituciones sanitarias hacia sus pacientes deriva primordialmente de la infracci�n a su deber de prestarles una atenci�n m�dica suficiente e id�nea con el concurso de especialistas y contando con insumos e infraestructuras m�nimas; �lo que se juzga m�s que nada no es el acto m�dico individual sino la deficiente organizaci�n del sistema�.

Adicionalmente, �forma parte del elenco de deberes jur�dicos que adquiere quien se compromete a prestar servicios hospitalarios, el denominado deber de seguridad�, consistente en una garant�a impl�cita en favor del paciente encaminada a asegurar su indemnidad a lo largo del tratamiento, por lo menos en cuanto sea ajeno a la patolog�a generadora de su internaci�n. Naturalmente quien acude al servicio m�dico procura obtener sanaci�n, no un mayor perjuicio.

Generalmente, ese �deber de conducta secundario -en relaci�n con la obligaci�n principal de prestar el servicio de salud- destinado a evitar que los pacientes sufran da�os corporales, sea por la producci�n de accidentes, bien por cualquier otra circunstancia, configura una obligaci�n de resultado�. Pero claro, �ocasiones habr� en las que, dada la injerencia activa del usuario en los hechos, o la frecuente intervenci�n de sucesos azarosos, la actividad no est� enteramente sometida al control de la instituci�n, supuestos estos en los cuales, subsecuentemente, la obligaci�n de �sta solamente se concreta en un deber de diligencia y prudencia�. 2.3 Adicionalmente, tampoco hay consenso acerca de si las infecciones intrahospitalarias est�n relacionadas con las obligaciones de seguridad y, sobre todo, si su manejo est� o no bajo el control de la instituci�n sanitaria.

Para algunos, como la ciencia cl�nica no ha logrado por lo pronto garantizar la asepsia absoluta de ninguna entidad hospitalaria, esas patolog�as podr�an encajar dentro del concepto de �alea terap�utica�; su ocurrencia, al estar en cierta forma ligada al azar, asemeja el caso fortuito y no devela desatenci�n de un deber propio del acto m�dico o de uno de seguridad, no si�ndole imputable, en principio, responsabilidad al establecimiento en tanto no se compruebe su culpabilidad por falta de diligencia.

Seg�n otros, ese tipo de infecciones tienen poco de imprevisibles e irresistibles, son de suyo conocidas y existen protocolos ciertos para su contenci�n que �en general, precisan de tiempo, organizaci�n y recursos�, de hecho, su manejo es tan plausible que el nivel de asepsia o desinfecci�n es un �tem importante en las escalas de calidad y seguridad de las instituciones m�dicas, porque �no se considera eficiente un hospital que tiene una alta incidencia de infecciones adquiridas durante la estad�a de los pacientes en �l�.

Por ende, se asume que las infecciones nosocomiales pueden y deben ser contenidas, pues �que el paciente resulte da�ado por una dolencia nueva y distinta a la que origin� la visita a la instituci�n, es una evidencia de la negligencia incurrida en el deber preventivo de cuidado que tiene toda cl�nica u hospital�. 2.4 Al margen de todas esas discusiones, lo cierto es que �los factores de riesgo de una infecci�n intrahospitalaria est�n relacionados al hospedero (paciente), el ambiento f�sico y la atenci�n hospitalaria (�) el establecimiento de salud tiene en su seno dos de los tres agentes de las infecciones intrahospitalarias y adem�s, los medios humanos y materiales para prevenir y controlar estas infecciones�.

En efecto, con independencia del cuadro cl�nico del paciente, aspecto que de todas formas no escapa por completo a la gesti�n de la instituci�n y que antes bien siempre debe sopesarlo al dise�ar los tratamientos, la salubridad del medio ambiente hospitalario y la adopci�n de protocolos de higiene para la atenci�n de los pacientes est�n a cargo del establecimiento.

Es aqu� �donde los conocidos procesos de gesti�n, de gerencia, de administraci�n del riesgo cobran importancia�. Y aunque no es posible definir a cabalidad cu�les son todos los par�metros que en el manejo del riesgo de infecciones nosocomiales deben acatar cl�nicas y hospitales, ese conjunto de actividades destinadas a minimizar la incidencia de tales enfermedades viene dado por los est�ndares de cuidado adoptados en la normatividad espec�fica de las autoridades estatales y, en menor medida, por la lex artis. 2.5 A manera de conclusi�n, las instituciones proveedoras de servicios m�dicos est�n obligadas como m�nimo a cumplir diligentemente con las disposiciones sanitarias y los preceptos de la lex artis acerca de la asepsia de sus instalaciones y la higiene en sus procedimientos, ideadas para mitigar el riesgo siempre latente de infecciones intrahospitalarias.

Adem�s, deben �emplear la debida diligencia en advertir los riesgos propios del hospedero y tomar las medidas necesarias para que el paciente sea reforzado o protegido, justamente para no contraer una infecci�n de este tipo. Es distinto un paciente cuyo estado general es sano a uno inmunocomprometido�. 2.6 Por esto mismo entra en juego la a�osa pero vigente admonici�n jurisprudencial de que "la prueba de la diligencia y cuidado incumbe en todo caso al que ha debido emplearla, ya se trate de culpa contractual, ya de culpa aquiliana o extracontractual�; criterio atemperado con el principio de la carga din�mica de la prueba, por el cual el onus probandi no le est� pre-asignado a uno de los litigantes sino que recae, de acuerdo a las condiciones del caso concreto, en la parte que est� en mejores condiciones de probar.

Naturalmente, en asuntos como �ste, por su especialidad y profesionalismo, la entidad tiene mayores insumos para desvirtuar la negligencia que se le imputa. 2.7 En s�ntesis, cl�nicas y hospitales, y en general todos los establecimientos dedicados profesionalmente a la prestaci�n del servicio de salud, tienen sobre s� al menos un deber de diligencia y cuidado relativo a prevenir y evitar que al interior de sus instalaciones se propaguen infecciones.

Por ende, ante la ocurrencia de perjuicios derivados de esas patolog�as, deben demostrar como m�nimo el acatamiento de las disposiciones sanitarias aplicables y de los protocolos higi�nicos establecidos por la ciencia m�dica. 3. Con esto en mente, el expediente refleja que el menor, estando hospitalizado en la cl�nica demandada, fue afectado por infecci�n en su rodilla izquierda (artritis s�ptica) que lo postr� por varios d�as en la sala de cuidados intensivos; dice la historia cl�nica del Hospital de La Misericordia: �paciente de 7 meses de edad que se encontraba hospitalizado en centro perif�rico desde hace 8 d�as por diagn�stico de bronquiolitis que requiri� manejo con O2 e inhaladores, present� en el trascurso de su hospitalizaci�n flebitis en mano izquierda con sobreinfecci�n local y salida de pus, posterior al evento y hace 48 horas present� dolor en miembro inferior izquierdo a nivel de la rodilla, asociado a edema progresivo y picos febriles� (folio 22,C.2) De esta situaci�n puede inferirse que el infante padeci� una infecci�n nosocomial, pues �la Organizaci�n Mundial de la Salud en su documento sobre Prevenci�n, Vigilancia y Control de las Infecciones Intrahospitalarias las define como una infecci�n que se presenta en un paciente internado en un hospital o en otro establecimiento de atenci�n de salud en quien la infecci�n no se hab�a manifestado ni estaba en per�odo de incubaci�n en el momento de ser internado�.

En efecto, no hay evidencia de que la infecci�n estuviere presente en el menor, aunque sea en su fase de incubaci�n, al momento de ingresar a la Cl�nica Policarpa. Si bien �sta y la EPS negaron que el pat�geno infeccioso fuere de tipo nosocomial, arguyendo que su origen es desconocido, no aportaron ning�n medio de convicci�n que apoye esa idea.

En cambio, como se anot�, la historia cl�nica del Hospital de La Misericordia -la �nica allegada al proceso, de hecho- indica que la infecci�n se desarroll� d�as despu�s de la internaci�n del infante en la Cl�nica para ser tratado de una bronquiolitis. Y cabe descartar que la artritis s�ptica sea consecuencia de la aflicci�n de sus v�as respiratorias a partir de lo que testific� el pediatra Juan Carlos Saltar�n Mesa, adscrito a la Cl�nica Policarpa, puesto que al pregunt�rsele si �la patolog�a de bronquiolitis puede evolucionar, causar o estar relacionada con el proceso infeccioso que desarroll� posteriormente el menor�, tajantemente contest�: �espec�ficamente con el problema infeccioso de la articulaci�n, la respuesta es no� (folio 74, C.3).

Adem�s, el Hospital de La Misericordia logr� comprobar la presencia de bacterias nosocomiales en el organismo del menor, comoquiera que en la historia cl�nica referenci�: �cultivo positivo para S Aureus multisensible� (folio 44, C.2), lo que confirm� luego: �se aisl� de hemocultivo serratia y de l�quido articular S. Aureus multisensible� (folio 75, C.2), para finalmente concluir, en la �ltima anotaci�n de evoluci�n: �paciente de seis meses idx: 1.

Artritis s�ptica de rodilla izquierda por staphylococcus aureus� (folio 93, C.2). El hallazgo de staphylococcus aureus, cabe se�alarlo, es un indicador inequ�voco del origen nosocomial de la enfermedad, pues �este germen puede considerarse como paradigma del pat�geno de hospital�. Otro tanto ocurre con la bacteria Serratia: �Las publicaciones m�s importantes sobre infecciones por Serratia coinciden en algunos puntos claves: son infecciones intrahospitalarias, en enfermos debilitados, generalmente con alguna grave enfermedad de fondo, tratados con antibi�ticos, sometidos a instrumentaci�n o a intervenciones quir�rgicas.

En todos ellos la Serratia, actuando como pat�gena oportunista y seleccionada por los antibi�ticos empleados, ha actuado como invasor secundario� (subl�neas no originales). En m�s, aun si fueren valoradas las copias informales de la historia cl�nica de la Cl�nica Policarpa adosadas con la demanda, �stas tampoco desvirtuar�an la naturaleza intrahospitalaria de la infecci�n. Para empezar, porque dejar�an en claro que el diagn�stico inicial, del 26 de noviembre de 2008, era exclusivamente de �bronquiolitis aguda� y no hacia ninguna referencia a la artritis s�ptica cuyos primeros s�ntomas iniciaron a partir del 1� de diciembre de ese a�o (folio 32, C.1).

Asimismo, esas reproducciones muestran que al d�a siguiente la m�dico tratante decidi� empezar un procedimiento con antibi�ticos, suministrando al comienzo �cefalexina�, medicamento usualmente indicado para infecciones de las v�as respiratorias (folio 33, C.1). No hubo mejor�a, hecho indicador del origen nosocomial del pat�geno, puesto que �stos, por su continua exposici�n en los hospitales a los agentes antimicrobianos, con el tiempo generan resistencia a ellos.

Ante esta contingencia, y al incrementarse la sospecha de una artritis s�ptica, se inici� un tratamiento con �oxacilina� (folio 33, C.1). Otro indicio notorio de que era una infecci�n intrahospitalaria, porque �las penicilinas semisint�ticas (nafcilina, oxacilina, cloxacilina,�) son los antibi�ticos de 1� elecci�n en las infecciones por Staphylococcus aureus�, pat�geno, ins�stase, �paradigma� de los de car�cter nosocomial.

Entonces, adem�s de la nula actividad probatoria de la Cl�nica Policarpa y de la EPS, las evidencias apuntan claramente al car�cter hospitalario de la infecci�n, lo que descarta la posici�n de estas demandadas. Y aunque el ortopedista Felipe Alonso Oviedo Salcedo, al servicio del Hospital, inicialmente afirm� en su declaraci�n que no ten�a �todos los argumentos para hacer un diagn�stico temprano de infecci�n nosocomial�, prontamente -apenas l�neas despu�s en el acta- aclaro que �revisando la historia cl�nica se encuentra informe de resultado de hemocultivo tomado tempranamente, al ingreso del paciente, en el que se observan bacilos gramnegativos a coloraci�n de grama y luego se aisl� la bacteria serratio� (folio 69, C.3), la cual, rep�tase, es preponderantemente un germen intrahospitalario, pues �a escala mundial, los bacilos Gram negativo ent�ricos y en especial los g�neros�Klebsiella, Enterobacter, Citrobacter y Serratia, ocupan los lugares prominentes como causa de importantes y serias infecciones nosocomiales�. 3.1 Ahora, la historia cl�nica recopilada por el Hospital hace evidente el menoscabo f�sico que sufri� el peque�o, que le supuso un tratamiento por veinti�n d�as con antibi�ticos de administraci�n intravenosa (folio 93, C.2), sin que las secuelas est�n completamente determinadas todav�a; es llamativo que la infecci�n estuvo focalizada en la rodilla del menor cuando �ste, de apenas meses, todav�a no caminaba, por lo que s�lo hasta un futuro podr�n descartarse otras consecuencias adversas, si es que las hay.

Adem�s, lo afect� una enfermedad de gravedad importante, porque en este pa�s, seg�n estudios del a�o 2012, para las infecciones intrahospitalarias �la mortalidad var�a entre el 40% y 60% de acuerdo al tipo de paciente y a las complicaciones que presente en el transcurso de la enfermedad�. Todo esto repercuti� en sus padres, porque la grave situaci�n m�dica del peque�o mereci� su remisi�n a una instituci�n capaz de abordar asunto de mayor complejidad (el Hospital de La Misericordia) donde fue valorado �de urgencia� por el �rea de ortopedia (folio 29, C.2) y luego, presentando �malas condiciones generales�, fue atendido en la unidad de reanimaci�n para monitorizaci�n y manejo, recibiendo �medicamentos de secuencia de intubaci�n r�pida�, lo que amerit� su ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos (folios 45 a 47, C.2).

No es dif�cil imaginar los momentos aciagos que los demandantes debieron atravesar mientras la vida de su beb� corr�a peligro y durante todo ese tiempo en que su salud permaneci� en vilo, la zozobra y angustias que enfrentaron sin duda fueron tremendas, de ah� que sea clara la existencia de un perjuicio moral. 3.2 El nexo causal entre el da�o y la internaci�n hospitalaria tambi�n es di�fano, porque sin lugar a dudas los padecimientos del menor que lo condujeron a la unidad de cuidados intensivos, como qued� expuesto en la historia cl�nica precitada, derivaron de la infecci�n que contrajo mientras estuvo hospitalizado en la Cl�nica demandada.

Sobre el particular explic� el m�dico ortopedista citado por el Hospital de La Misericordia, Felipe Alonso Oviedo Salcedo: �bas�ndome en la historia cl�nica el ni�o Dilan ingresa a UCI [del Hospital La Misericordia] en diciembre 11 de 2008 y ya se hab�a presentado el compromiso infeccioso con serratio� (folio 69, C.3; resalta la Sala), en igual sentido el pediatra del Hospital, Juan Carlos Bustos Acosta, narr� que �el 11 de diciembre ante el reporte de un hemocultivo tomado el d�a del ingreso que mostr� la bacteria serratio (�) la causa que se considera que lo produjo es secundaria a un proceso infeccioso llamado celulitis de la mano izquierda, con el cual lleg� a la instituci�n� (folios 77 y 78, C.3).

De hecho, tan pronto el menor lleg� al Hospital remitido de la Cl�nica Policarpa, la pediatra �residente� que lo �ingres�, Ana Mar�a Clavijo Rueda, detect� que �estaba deshidratado pero hemodin�micamente estable, ten�a inflamaci�n en la rodilla compatible con artritis s�ptica� (folio 67, C.1). Con esa idea concuerda Claudia Alexandra D�az Melo, tambi�n pediatra del Hospital, quien atendi� al ni�o en la unidad de cuidados intensivos y referenci� en su testimonio que cuando �ste lleg� all� �estaba siendo manejado para una artritis s�ptica de rodilla izquierda� (folio 76, C.1). 3.3 Esto, de contragolpe, corrobora la idea postulada en la apelaci�n acerca de la absoluci�n del Hospital de La Misericordia, pues estando claro que el infante lleg� a esa instituci�n para ser tratado de la infecci�n que lo aquej� en la cl�nica, es evidente que su accionar no tiene ninguna relaci�n causal con el da�o. 3.4 Entonces, est� comprobado el origen intrahospitalario de la infecci�n, as� como el da�o tanto f�sico como moral que gener� y el v�nculo causal entre ellos, de modo que resta por determinar si la Cl�nica Policarpa cumpli� con los par�metros cient�ficos delineados a fin de prevenir y mitigar la incidencia de infecciones nosocomiales, pues, recu�rdese, en esta �rea las instituciones asistenciales tienen un m�nimo deber de diligencia, cuyo acatamiento, por norma, deben probar.

A ello debe responderse que no lo demostr�, habida cuenta la nula actividad probatoria desplegada por la Cl�nica. Ciertamente, teniendo la enjuiciada sobre sus hombros la carga probatoria de su diligencia, su desidia en ese labor�o trasluce su negligencia en cuanto al cabal desarrollo de sus obligaciones como ente organizador de la prestaci�n del servicio de salud.

Es que �el cumplimiento de la normativa legal, reglamentaria e interna de un hospital o cl�nica en lo referente a infecciones intrahospitalarias es un m�nimo exigible a una instituci�n cuestionada�. Pero, efectivamente, no hay ninguna evidencia de que la Cl�nica colm� los est�ndares prefijados en las pol�ticas de prevenci�n y control de infecciones nosocomiales.

Por ejemplo, no demostr� contar con el Comit� de Infecciones Intrahospitalarias que impone el art�culo 23 del Decreto Reglamentario 1562 de 1984 para todas las instituciones sin importar su nivel, del Sistema Nacional de Salud, ni haber reportado la informaci�n epidemiol�gica detallada en los art�culos 27 y 34 de ese mismo compendio normativo.

Tampoco prob� acatar las previsiones de la Resoluci�n 1164 de 2002 del Ministerio de Salud relativas al manejo integral de residuos hospitalarios, ni las contenidas en la Resoluci�n 2183 de 2004 del Ministerio de Protecci�n Social sobre los procedimientos de esterilizaci�n para los prestadores del servicio de salud. Puntualmente, no comprob� que estuviere siguiendo las directrices de la Circular No 22 de 2003 de la Secretar�a Distrital de Salud de Bogot�, para la vigilancia de las infecciones intrahospitalarias, que la compel�an, entre otros aspectos, a �garantizar los recursos necesarios de infraestructura, insumos, talento humano para la prevenci�n, control y vigilancia epidemiol�gica de las IIH�, a �contar con un comit� de IIH� y a �implementar los procesos y procedimientos necesarios de seguimiento y monitoreo de la notificaci�n obligatoria de IIH y del cumplimiento de la aplicaci�n de las gu�as de prevenci�n, control y vigilancia epidemiol�gica de IIH de la Secretar�a Distrital de Salud.� Y no sobra se�alar que para la doctrina for�nea, trat�ndose de responsabilidad de los establecimientos sanitarios por infecciones intrahospitalarias, �no tener normativa interna sobre esta materia podr�a ser tambi�n una base probatoria para establecer culpa por omisi�n�, de modo que la Cl�nica, al no acreditar que tiene y aplica claros protocolos internos para la prevenci�n y control de esas patolog�as, dej� a�n m�s en entredicho su diligencia. 3.5 En conclusi�n, con independencia de las tesis que claman por una responsabilidad objetiva de las cl�nicas y hospitales frente a las infecciones nosocomiales, a cuyo auxilio acude la apelaci�n, lo cierto es que ese car�cter intrahospitalario de los pat�genos infecciosos qued� acreditado, as� como sus efectos adversos en la salud del menor y, como tambi�n lo se�ala el recurso, est� claro que la Cl�nica encartada no demostr� obrar con la �pericia necesaria para evitar la infecci�n y contrarrestar sus efectos�, es decir, desatendi� la carga procesal de acreditar su diligencia, por lo que forzosamente debe responder por el da�o causado.

Por lo mismo, cabe desestimar las excepciones de �cumplimiento de las obligaciones� y �ausencia de nexo causal�, propuestas por estas entidades (EPS y Cl�nica) en alusi�n a que obraron con prestancia en el cumplimiento de sus deberes profesionales, cosa no probada pese a que era de su cargo, ins�stase, y que discut�an el car�cter intrahospitalario de las infecciones, el cual est� fehacientemente comprobado.

De ah� que la sentencia deba ser revocada para declarar la responsabilidad de la Cl�nica Policarpa. 3.6 Asimismo, el derrotero propio de la declaratoria de responsabilidad a cargo de una entidad sanitaria comporta un resultado id�ntico para la EPS a la cual est� afiliado el paciente, comoquiera que por su condici�n de �responsables de administrar el riesgo de salud de sus afiliados, organizar y garantizar la prestaci�n de los servicios integrantes del POS�, sencillamente deben concurrir a responder solidariamente junto con sus IPS, seg�n lo defini� la Sala de Casaci�n Civil de la Corte Suprema en sentencia de 17 de noviembre de 2011 (exp. 1999-33-01).

Por ende, tambi�n ser�n desestimadas sus excepciones de �ausencia de participaci�n en el acto m�dico� e �inimputabilidad de las presuntas fallas en la prestaci�n asistencial�. 3.7 Por el contrario, cual se advirti�, el Hospital de La Misericordia ser� absuelto de cualquier condena, dado que la infecci�n intrahospitalaria la adquiri� el menor antes del arribo a esa entidad, donde, por dem�s, fue curado.

De ah� que sus excepciones de �ausencia de responsabilidad� y �exoneraci�n de la obligaci�n de indemnizar�, propuestas frente al llamamiento que le hizo la EPS, saldr�n avante. 3.8 En id�ntico sentido, al no encontrarse responsabilidad en el Hospital, deben acogerse las exceptivas de �carencia de fundamento de la reclamaci�n de la indemnizaci�n por los perjuicios patrimoniales� e �improcedencia de la responsabilidad frente al Hospital de La Misericordia�, que propuso su llamada en garant�a, Seguros del Estado. 3.9 Por consiguiente, atendiendo que los demandantes no trajeron prueba de los perjuicios patrimoniales alegados, al tiempo que, aunque plausible, pues el ortopedista Rafael Fernando Serrano apunt� que son posibles las secuelas para el infante, entre ellas �puede haber detenci�n del crecimiento del hueso, alteraci�n morfol�gica del hueso, dolor persistente, limitaciones funcionales, cojera, infecciones repetitivas a futuro� (folio 72, C.3), la verdad es que por lo pronto no hay certeza acerca de esos da�os y, en este escenario, s�lo cabe reconocer indemnizaci�n por el da�o moral.

Sin embargo, el Tribunal considera que los hermanitos del peque�o afectado con la infecci�n nosocomial, dada su corta edad para el tiempo de los hechos (seis y tres a�os), a�n no ten�an una conciencia plena del sufrimiento por el que atravesaba el beb� y, por lo mismo, es remota la posibilidad de que esa situaci�n les causara un menoscabo suficiente para estructurar este tipo especial de da�o. As�, la indemnizaci�n ser� s�lo para los padres, quienes, ins�stase, en su condici�n naturalmente debieron padecer las angustias y temores propios de quienes, impotentes, ven como un ser querido encara sufrimientos f�sicos que incluso lo enfrentan a la muerte.

La Sala, en uso del arbitrium judices condenar� a las demandadas Cl�nica Policarpa y Saludcoop, como solidariamente responsables, a resarcirles a los progenitores del menor el da�o moral pag�ndoles diez millones de pesos a cada uno. Sin que esto, en todo caso, suponga el �xito de la excepci�n de �excesiva tasaci�n de las pretensiones�, formulada por la Cl�nica Policarpa, toda vez que en realidad los perjuicios patrimoniales no fueron demostrados, mientras que por los morales, al corresponder su apreciaci�n exclusivamente al criterio del juzgador, no hay mayor fundamento para cuestionar la estimaci�n vertida en las pretensiones. 4.

En suma, la sentencia ser� revocada para declarar que la IPS Cl�nica Policarpa y Saludcoop EPS son solidariamente responsables del da�o moral, a cuyo resarcimiento ser�n condenados en el monto advertido. Las costas de la demanda, ya para terminar, en primera instancia estar�n a cargo de los actores en un 30%, dado el resultado adverso de varias de sus pretensiones, mientras que la IPS Cl�nica Policarpa y Saludcoop EPS correr�n con el restante 70%.

En segunda instancia, en virtud del triunfo de la apelaci�n, la condena en costas ser� exclusivamente para estas dos demandadas. DECISI�N Por lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, Sala Civil de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE Primero.- REVOCA la sentencia de 28 de febrero de 2014, proferida por el Juzgado Sexto Civil del Circuito de Bogot�, dentro del proceso ordinario instaurado por Indira Eneida Valoyes Pino y Guillermo Salas Hurtado en nombre propio y en representaci�n de sus menores hijos Dilan Stiven, Luis Guillermo y Ray Alexander Salas Valoyes contra Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa, y en su lugar, Segundo.- DECLARAR probadas las excepciones de �ausencia de responsabilidad� y �exoneraci�n de la obligaci�n de indemnizar�, �carencia de fundamento de la reclamaci�n de la indemnizaci�n por los perjuicios patrimoniales� e �improcedencia de la responsabilidad frente al Hospital de La Misericordia�, formuladas por Seguros del Estado S.A. y el Hospital de La Misericordia frente al llamamiento en garant�a. Las restantes excepciones por las demandadas, en cambio, se tienen por infundadas.

Tercero.- DECLARAR solidariamente responsables a Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa del da�o moral sufrido por Indira Eneida Valoyes Pino y Guillermo Salas Hurtado. Cuarto.- CONDENAR solidariamente a Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa a pagarles a Eneida Valoyes Pino y Guillermo Salas Hurtado, dentro de los diez d�as siguientes a la ejecutoria de esta sentencia, la suma de diez millones de pesos ($10�000.000) para cada uno a t�tulo de indemnizaci�n por el da�o moral.

Quinto.- Denegar las restantes pretensiones de la demanda. Sexto.- Condenar en costas de la primera instancia en un 70% a Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa; el restante 30% estar� a cargo de los demandantes. Liqu�dense por la Secretar�a del a quo. Se autoriza la compensaci�n de estos rubros. S�ptimo.- Condenar en costas de la segunda instancia a Salucoop EPS y la Corporaci�n IPS Salucoop-Cl�nica Policarpa.

Liqu�dense por la Secretar�a del Tribunal, incluyendo la suma de dos millones de pesos ($2.000.000.oo), como agencias en derecho. Octavo.- En su oportunidad, devu�lvase el expediente al despacho de origen. NOTIF�QUESE. (ORIGINAL FIRMADO) NUBIA ESPERANZA SABOGAL VAR�N Magistrada (ORIGINAL FIRMADO) LUIS ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado (ORIGINAL FIRMADO) ANA LUC�A PULGAR�N DELGADO Magistrada  En la opini�n de algunos expositores, pueden encontrarse diferencias relevantes entre estos dos �rdenes de responsabilidad en materia de prescripci�n, capacidad, solidaridad y en el criterio de culpa (cfr. Tamayo Jaramillo, Javier;

Tratado de responsabilidad civil, tomo I; Ed. Legis; segunda edici�n, p�g. 40).  CSJ. Cas. Civ. Sent. de 29 de agosto de 1947  CSJ. Cas. Civ. Sent. de 8 de agosto 2011, exp. 2001-778-01.  Weingarten, Celia; La responsabilidad de los establecimientos asistenciales p�blicos y privados, por da�os causados por infecciones hospitalarias: la situaci�n en el sistema sanitario argentino;

Gaceta Internacional de Ciencias Forenses; No 2, enero-marzo de 2012.  CSJ. Cas. Civ. Sent. de 13 de septiembre de 2013; exp. 1998-37459-01.  Buerres, Alberto J.; Responsabilidad civil de las cl�nicas y establecimientos m�dicos; Ed. �baco, p�g. 175.  CSJ. Cas. Civ. Sent. de 18 de octubre de 2005; exp. 14491.  Por ejemplo, el Consejo de Estado ha dicho que �si bien gravitan de manera cercana a la obligaci�n de seguridad hospitalaria, no pueden vincularse con la misma, motivo por el que en su producci�n no resulta apropiado hacer referencia t�cnicamente a la generaci�n de un evento adverso.

Por el contrario, aqu�llos constituyen da�os antijur�dicos que tienden a ser imputados o endilgados -y as� ha sido aceptado por la mayor�a de la doctrina y jurisprudencia extranjeras� desde una perspectiva objetiva de responsabilidad� (secci�n tercera, fallos de 24 de marzo de 2001, expediente 20.836, y 19 de agosto de 2009, expediente, 17.733).  Cfr. Fern�ndez Mu�oz, M�nica Luc�a;

El alea terap�utica como l�mite a las obligaciones m�dico - hospitalarias. Una perspectiva desde el derecho comparado; Proleg�menos. Derechos y Valores, vol. XI, n�m. 22, Universidad Militar Nueva Granada.  Nodarse Hern�ndez, Rafael; Visi�n actualizada de las infecciones intrahospitalarias; Revista Cubana de Medicina Militar, vol. 31, No.3 Organizaci�n Mundial de la Salud;

Prevenci�n de infecciones nosocomiales; p�g. 16, disponible en: http://www20.gencat.cat/docs/canalsalut/Minisite/VINCat/Documents/Manuals/Arxius/manual-oms.pdf  Nodarse Hern�ndez, Rafael; op. cit.  Barros, Enrique; Tratado de responsabilidad extracontractual; Editorial Jur�dica de Chile, p�g. 692.  Tocornal Cooper, Josefina; Responsabilidad civil por infecciones intrahospitalarias; art�culo elaborado para el programa de Doctorado en Derecho de la Universidad Cat�lica de Chile.  Fern�ndez Mu�oz, M�nica Luc�a;

El alea terap�utica desde la perspectiva del derecho colombiano; Proleg�menos. Derechos y Valores, vol. XII, n�m. 23, Universidad Militar Nueva Granada, p�g. 49.  Tocornal Cooper, Josefina; op. cit.  CSJ. Cas. Civ. sentencias de 26 de junio de 1924, G.J. t. XXXI, p�g. 23, de 19 de noviembre de 1927, G. J. t. XXXV, p�g. 96 y de 2 de febrero de 1932, G. J. t. XXXIX, p�g. 459, m�s recientemente, sentencia de 24 de agosto de 2009, exp.2001-1054-01, entre muchas otras.  Weingarten, Celia;

La responsabilidad de los establecimientos asistenciales p�blicos y privados, por da�os causados por infecciones hospitalarias: la situaci�n en el sistema sanitario argentino; Gaceta Internacional de Ciencias Forenses; No 2, enero-marzo de 2012.  Nodarse Hern�ndez, Rafael; op. cit.  Ledermakn, Guillermo W., et al.; Infecciones intrahospitalarias por serratia marcescens.�Revista Chilena de Pediatr�a, vol. 45, No 4, p. 233-237.  Ben�tez Gener, Aurora, et. al.;

Glosario de t�rminos farmacol�gicos, Revista Ciencias M�dicas; dic. 2007.  Cabrera, Cristina, et. al; �Epidemiology of nosocomial bacteria resistant to antimicrobials�; Revista Colombia M�dica; Universidad del Valle; Vol. 42, p�g. 117-125.  Torroba, Luis, et. al; Resistencia antimicrobiana y pol�tica de antibi�ticos; Anales del sistema sanitario de Navarra, Vol. 23, Suplemento 2.  Duarte, Isabel, et. al.;

Serratia Marcescens, an�lisis de 432 aislamientos; Revista M�dica del Hospital Nacional (Costa Rica), Vol. 36, No.1.  Gonz�lez,Laura, et. al.; Infecciones intrahospitalarias en servicios de medicina interna y cirug�a del Hospital Universitario de Neiva, 2012; Revista Facultad de Salud, Vol. 5, No 2, Universidad Surcolombiana.  Cfr. CSJ.

Cas. Civ. Sent. de 18 de octubre de 1967, G.J. t. CXIX, p�g.256, donde la Corte admiti� la posibilidad de presumir el da�o moral por lesiones personales para los parientes m�s pr�ximos de la v�ctima.  Tocornal Cooper, Josefina, op. cit.  Ib�dem.     PAGE \* MERGEFORMAT24 NESV. 2012 00090 01 .9:HRpq�����������������寞�~o�dTG:Gh�$�5�CJ\�^JaJhm#a5�CJ\�^JaJhJ �h0�5�CJ\�^JaJh�$�CJ\�^JaJhQ:5�CJOJQJ^JaJ#hJ �h0�5�CJOJQJ^JaJh�HCJOJQJ^JaJ h�Hh�HCJOJQJ^JaJ h�Hh0�CJOJQJ^JaJh0�CJ\�^JaJ3hJ �h0�5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH hJ �h0�CJ\�^JaJhJ �h0�CJ^JaJ.9:Rpq��$ % & F G H    ������������������$�ndh�`�na$gdQ $dh�a$gdQ$a$gdQ dh�gdQ��`��gdQ $dh�a$gd�HgdQ $dh�a$gdQ$a$gdQ���" # $ % & + 5 < ? 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x�Ep�grafe$d��a$"5�CJOJQJ\�aJmH sH tH b>@�b x�T�tulo$dh�a$*5�CJOJPJQJ\�^JaJmH sH tH V�o���V x� T�tulo Car*5�CJOJPJQJ\�^JaJmH sH tH x�O�x x�Body Text Indent1$dh�7$8$a$$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH V�@�V c[b0Texto de globo d��CJOJQJ^JaJT�o���T c[b0Texto de globo CarCJOJQJ^JaJtH @� !���Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Footnote Text Cha,Footnote Text Char Char Char,FA Fu�notentext,FA Fu�notentext,Footnote Text Char Char,texto de nota al p d�� CJOJPJQJaJmH sH tH @�o���@ ��Texto nota pie CartH &`�� ���Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Appel note de bas de page,Footnotes refss,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,f,4_G,16 Point,Superscript 6 Point,Texto nota al pie,Texto de nota al pi,Pie de P�gina,FC,Pie de P�giH*&�o��& ���Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Footnote Text Cha Car,Footnote Text Char Char Char Car,FA Fu�notentext Car,FA Fu�notentext Car,Texto nota pie Car CarOJPJQJmH sH tH VC"V #�\�0Sangr�a de texto normal"��x^�Z�o��1Z "�\�0Sangr�a de texto normal Car CJaJtH r�OBr 08 Body Text 3$$ �0�dh�*$a$$@���CJOJPJQJaJmH sH tH D�RD iY� P�rrafo de lista %��^��>2b> �o0Lista 2&�6���^�6`���m$>3r> �o0Lista 3'�Q���^�Q`���m$>4�> �o0Lista 4(�l���^�l`���m$(K( *�o0Saludo)8�o���8 )�o0 Saludo Car CJaJtH TJ@T ,�o� Subt�tulo+$�<@&a$CJOJ PJQJ ^JaJN�o���N +�o� Subt�tulo CarCJOJ PJQJ ^JaJtH �M@!��.�o0#Texto independiente primera sangr�a-$��d�x`��a$CJOJQJaJmH $sH $tH ��o���� -�o0'Texto independiente primera sangr�a CarCJOJQJaJmH sH tH N�`���N � Sin espaciado/CJ_HaJmH $sH $tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ 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