Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 2006-289

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Luis Humberto Otalora Mesa

Fecha: 2007-10-17

Sujetos procesales: ANGEL MARIA CARDENAS ALFONSO / ANA JOAQUINA CARDENAS MORA.

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TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA CIVIL � FAMILIA Magistrado Ponente: LUIS HUMBERTO OTALORA MESA Proyecto discutido y aprobado seg�n Acta No. 3-021 C Radicaci�n No. 2006-289 Tunja, diecisiete (17) de octubre de dos mil siete (2007). Decide el Tribunal el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandada contra la sentencia de fecha siete (7) de abril de dos mil seis (2006), proferida por el Juzgado Civil del Circuito de Garagoa dentro del proceso ORDINARIO adelantado por ANGEL MARIA CARDENAS ALFONSO contra ANA JOAQUINA CARDENAS MORA.

A N T E C E D E N T E S 1. Por intermedio de apoderado judicial, ANGEL MARIA CARDENAS ALFONSO, actuando en su condici�n de �nico heredero de ABRAHAM CARDENAS MORA, present� demanda contra ANA JOAQUINA CARDENAS MORA, para que se declare que el referido causante, en su condici�n de vendedor, sufri� lesi�n enorme en el contrato de compraventa contenido en la escritura p�blica No. 249 que suscribi� con la demandada, como compradora, el 18 de marzo de 1999 ante la Notar�a Unica de Garagoa; que como consecuencia, siendo su �nico heredero, tambi�n ha sido lesionado al ver disminuido en forma desproporcionada la masa herencial que le correspondi� a la muerte de su padre; que como efecto jur�dico de la lesi�n enorme, el contrato queda rescindido y la demandada debe restituir al actor el inmueble objeto de la transacci�n, junto con todas sus accesiones y frutos hasta el d�a de la entrega, libre de hipotecas y otros derechos reales que hubiese constituido sobre �l; y, que se condene a la demandada en costas del proceso. 2.

En apoyo de sus pretensiones expuso los siguientes hechos: 2.1 El se�or Abraham C�rdenas Mora, padre el actor, falleci� en Garagoa el 8 de abril de 1999. 2.2 Durante el tiempo que padeci� su enfermedad fue atendido por algunas de sus hermanas, entre ellas la demandada Ana Joaquina C�rdenas Mora. 2.3 El 18 de marzo de 1999, el se�or Abraham C�rdenas Mora para pagar las atenciones recibidas suscribi� ante la Notar�a Unica de Garagoa la escritura p�blica No. 249 a favor de su hermana Ana Joaquina C�rdenas Mora, que trata de la compraventa del predio rural denominado �Las Minas�, ubicado en la vereda Resguardo Abajo del municipio de Garagoa. 2.4 El precio de la compraventa se pact� en la suma de $2�600.000, los que seg�n la mencionada escritura fueron recibidos por el vendedor. 2.5 La demandada se halla en posesi�n real y material del inmueble desde la fecha de la escritura p�blica. 2.6 Al momento de la celebraci�n del contrato el inmueble val�a $10�000.000, seg�n dictamen pericial, lo cual hace que el precio acordado y pagado contenga una desproporci�n tal que de �l se pueda tipificar lesi�n enorme, lo que evidencia que el causante sufri� perjuicios econ�micos y que afect� la masa herencial del actor. 3.

Admitida la demanda y notificada la demandada, la contest� oponi�ndose a las pretensiones. En cuanto a los hechos se�al�, en s�ntesis, que es cierto que Abraham C�rdenas para pagar las atenciones recibidas por la demandada durante m�s de diez a�os, le otorg� la escritura p�blica No. 249 donde le enajena el inmueble denominado �Las Minas�; que es evidente que el precio en efectivo recibido por el vendedor fue la suma de $2�600.000 y el resto de su valor fue compensado con los servicios prestados; y, que atendiendo el estado en que se encontraba el predio es posible que valiera el guarismo indicado por el actor, pero no existe desproporci�n ninguna si se tiene en cuenta el valor de los servicios prestados en trabajos del campo por la compradora al vendedor durante m�s de diez a�os, los que se estiman en m�s de $18�000.000, luego no es cierto que Abraham C�rdenas hubiera sufrido perjuicios econ�micos al entregar el inmueble.

Propuso las excepciones de m�rito que denomin�: falta de legitimaci�n en la causa por pasiva y activa, carencia de prueba de la calidad de heredero, peticiones indebidas y nulidad sustancial relativa al reconocimiento en el demandante como hijo del causante, as� como las dem�s que resulten probadas. 4. La sentencia Tramitada la instancia, el A-quo le puso fin con la sentencia objeto del recurso en la que acogi� las pretensiones, concedi�ndole a la demandada la facultad de hacer uso del derecho consagrado en el art�culo 1948 del C.C. Luego de hallar presentes los presupuestos procesales, consider� en primer t�rmino que al actor s� le asist�a legitimaci�n en la causa para pedir la acci�n rescisoria por cuanto acredit� su condici�n de hijo del causante Abraham C�rdenas Mora y, por su parte, la demandada era la persona contra la cual deb�a ser ejercida la pretensi�n atendiendo los hechos de la demanda.

Frente a la rescisi�n del contrato por lesi�n enorme concluy� que proced�a su declaraci�n por hallar reunidos los presupuestos que analiz� en los siguientes t�rminos: Que verse sobre inmueble y que la venta no se haya hecho por ministerio de la justicia. Consider� al respecto que en el caso bajo estudio se demostr� plenamente que la compraventa que recoge la escritura p�blica 249 del 18 de marzo de 1999 recay� sobre un inmueble rural, y la misma no se hizo por ministerio de la ley.

Que el enga�o sea enorme. Se�al� que habi�ndose demostrado con el dictamen pericial practicado en el proceso que para la fecha de la transacci�n el inmueble objeto de la misma ten�a un valor de $17�351.200, ciertamente que el valor pagado por la compradora lo fue muy por debajo de la mitad del justo precio, y aunque se trat� de hacer ver que el vendedor hizo la negociaci�n por $2�600.000 para tratar de compensar las atenciones y servicios que en vida le prodig� la compradora, tal circunstancia no qued� registrada en la escritura p�blica de venta ni tampoco fue advertida por los testigos que declararon en el proceso.

Que no se trate de un contrato de car�cter aleatorio. Expuso que la venta no est� referida a situaciones azarosas o juegos de azar, ni tampoco depende de un suceso fortuito o dudoso. Que despu�s de la celebraci�n del contrato de compraventa no se haya renunciado a la acci�n rescisoria por lesi�n enorme. Manifest� al respecto encontrar satisfecha esta exigencia, pues en el �nimo de las partes y con posterioridad al negocio jur�dico no existe estipulaci�n escrita donde las mismas hubiesen renunciado a esta acci�n. Que la cosa no se haya perdido en poder del comprador.

Que prueba de este requisito lo es el hecho de que el inmueble a�n sigue figurando en cabeza de la compradora y demandada. Que la acci�n se instaure dentro del t�rmino legal. Sobre el particular consider� que para cuando se present� la demanda y desde la fecha en que se elev� el negocio a escritura p�blica, no hab�a expirado el plazo de los cuatro a�os que establece el art�culo 1954 del C.C. En cuanto a las excepciones de m�rito planteadas se�al� que no estaban llamadas a prosperar por estar plenamente acreditada la condici�n de hijo que tiene Angel Mar�a C�rdenas Alfonso con respecto a su padre Abraham C�rdenas Mora, no s�lo por el registro civil de nacimiento sino por los fallos proferidos en primera y segunda instancia en los que la impugnaci�n de la paternidad reconocida en su favor no tuvo �xito alguno. Finalmente, sobre las prestaciones mutuas estim� que si la compradora persist�a en el negocio jur�dico era su deber completar el justo precio conforme al �ltimo dictamen que obra en el proceso, con deducci�n de una d�cima parte, pero con sus intereses o frutos civiles desde la fecha de la presentaci�n de la demanda y hasta el d�a en que se verifique su pago.

Y de no acogerse a dicha opci�n y acepte la rescisi�n le corresponde hacer devoluci�n del inmueble, quedando obligado el vendedor a restituir la suma recibida como precio junto con sus frutos civiles a partir de la presentaci�n de la demanda. 5. El recurso Sostiene el apelante como fundamentos del recurso que no existe congruencia entre lo pretendido y los hechos probados en el proceso, pues la controversia hace referencia a un inmueble distinto al que fue objeto del contrato de compraventa que contiene la escritura 249, y de ello da evidencia la circunstancia de no haberse podido registrar la demanda ante la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Garagoa, como lo solicit� el actor; que ante lo anterior, al declarar el juez probada la lesi�n enorme modific� la demanda; que la causa del contrato indica que no se trat� de una compraventa sino de una daci�n en pago por servicios personales recibidos por m�s de 50 a�os, que si bien no se expres� por las partes al celebrarlo, es claro que �sta fue la intenci�n o el m�vil que impuls� al causante a transferirle a la demanda el dominio del inmueble y el conocimiento que �sta tuvo del mismo, circunstancia plenamente conocida por el demandante, como bien lo confes� en su escrito de la demanda en el hecho tercero, a lo que se suma lo dicho por los testigos al respecto, los que no fueron valorados por el juez como prueba en la sentencia; y, que el que se hubiera mencionado una compraventa en la escritura no desvirt�a la realidad de la transacci�n, que no fue otra que la de efectuar una daci�n en pago. 6.

El Procurador Judicial Agrario al rendir concepto en esta instancia, luego de resaltar el car�cter agrario de la pretensi�n, al referirse a �sta expres� que los requisitos exigidos para su prosperidad se cumplieron, por tanto debe declararse la lesi�n enorme solicitada. Rituada la instancia, presentes los presupuestos procesales y no observ�ndose irregularidad que constituya causa de nulidad no saneada, se decide.

C O N S I D E R A C I O N E S: 1. Habiendo prosperado la demanda que buscaba la rescisi�n del contrato por haber sufrido el vendedor lesi�n enorme en el precio y viniendo el recurso interpuesto por la parte demandada, quien invoc� en la contestaci�n de la demanda como defensa que lo convenido entre las partes correspondi� a una daci�n en pago, aspecto �ste que omiti� analizar el fallo apelado, para decidir la instancia analizaremos en su orden estos aspectos. 2.

La lesi�n enorme, instrumento jur�dico eficaz para rescindir un negocio jur�dico validamente celebrado en ejercicio de la autonom�a por las personas, tiene su raz�n de ser en la primac�a de principios tales como la equidad, la moral y el orden p�blico. Puede decirse que es una restricci�n a la libertad de contratar fundada en la preservaci�n del equilibrio prestacional, con el fin de que en el mundo de los negocios no sufran quienes intervienen menoscabos desmesurados en su patrimonio como consecuencia directa de la desproporci�n entre lo que entrega a cambio de lo que recibe.

As�, entonces, es instituci�n que tiene fundamento exclusivamente ante ese desequilibrio o desproporci�n, en presencia de la integridad de los requisitos esenciales y respecto de los negocios expresamente se�alados por la ley que regula la materia. La lesi�n enorme, en cuanto busca reducir la libertad de contrataci�n, que es desarrollo del atributo de la capacidad como esencia de la personalidad, no puede tener un trato legal a t�tulo enunciativo sino restrictivo han dicho la doctrina la y jurisprudencia, raz�n para que su procedencia est� limitada a la demostraci�n palmaria de todos los elementos que le son propios y frente a negocios jur�dicos precisamente previstos por la ley; y, por ende, mientras as� no ocurra, su inconducencia como instrumento id�neo para rescindir por regla general los contratos aparece incuestionable.

La lesi�n enorme respecto del contrato de compraventa de inmuebles es predicable tanto para vendedor como para comprador y su determinaci�n estriba en la relaci�n que se hace entre el precio efectivamente pagado y el real que tiene el bien en el comercio. As�, el vendedor la padece cuando el precio recibido corresponde a una suma menor al cincuenta por ciento del precio justo que tiene el bien; mientras que para el comprador hace presencia cuando ese precio justo de la cosa es inferior a la mitad del precio que efectivamente paga.

El art�culo 1947 del C�digo Civil dice: �El vendedor sufre lesi�n enorme cuando el precio que recibe es inferior a la mitad del justo precio de la cosa que vende; y el comprador a su vez sufre lesi�n enorme, cuando el justo precio de la cosa que compra es inferior a la mitad del precio que paga por ella� Acordes con lo anterior y partiendo de la afirmaci�n que la lesi�n enorme es asunto de esencia objetiva porque basta establecer los dos referidos valores y ponderarlos, resulta necesario la determinaci�n de uno y otro para la decisi�n correspondiente.

En el presente caso si nos atenemos al texto de la escritura p�blica 249 de la Notar�a de Garagoa, otorgada el 18 de marzo de 1999, el contrato que celebraron las partes ha sido el de compraventa de inmueble y el precio estipulado como uno de los extremos esenciales del negocio correspondi� a la suma de dos millones seiscientos mil pesos.

Y como en principio, mientras no se desvirt�e su seriedad, dichos t�rminos han de ser tenidos por ciertos, con fundamento en ellos podemos iniciar diciendo que ciertamente las partes celebraron un contrato de compraventa y que el precio acordado y pagado ha sido el referido, siendo procedente analizar si concurre certeza en torno a que tal elemento est� dentro del supuesto de la lesi�n enorme.

Habiendo la parte demandante aportado una peritaci�n con la demanda y dentro del proceso practicado otra, las que respectivamente para la �poca del contrato asignaron como precio justo para el bien respectivamente las sumas de $10.000.000 y $17.351.200, cualquiera de los dos que se acoja, conducen a la evidencia de que ciertamente el vendedor padeci� lesi�n enorme porque el precio estipulado y pagado es sensiblemente inferior a la mitad del justo precio que se determin� en los dos dict�menes.

Circunstancia por s� sola eficaz para que la demanda estuviera llamada a prosperar, m�s existiendo en el proceso prueba de que el contrato de compraventa cuestionado no es serio sino que solamente sirvi� para arropar uno distinto, la lesi�n enorme que reclama respecto de �l, finalmente no puede ser acogida. Ciertamente, si acudimos al texto de la demanda, en el hecho tercero dice expresamente que la raz�n del otorgamiento de la escritura donde se hizo constar la celebraci�n del contrato de compraventa y sus elementos esenciales, no fue nada distinto a la voluntad del otorgante de compensarle a la aceptante los servicios que �sta le prodig�.

Dice su texto: �El 18 de marzo de 1999, el se�or ABRAHAM CARDENAS MORA para pagar las atenciones recibidas suscribi� ante la Notar�a Unica de Garagoa la Escritura P�blica Nro. 249 a favor de su hermana ANA JOAQUINA CARDENAS MORA, que trata de la compraventa del predio rural denominado �LAS MINAS�, ubicado en la vereda Resguardo Abajo del municipio de Garagoa, alinderado as�: �� El contenido de lo dicho en el hecho trascrito, en consonancia con los art�culos 194, 195 y 197 del C. de P. C., da raz�n de una confesi�n en cuanto a que el negocio jur�dico que las partes dijeron celebrar de compraventa no es real, toda vez que lo que en verdad concertaron fue una daci�n en pago a trav�s de la cual se propuso el enajenante dar su bien para extinguir la obligaci�n que le deb�a a su hermana por los servicios que le hab�a prestado.

Como complemento a lo expuesto por el demandante en el hecho tercero de la demanda aparecen las versiones de los testigos JUAN ANTONIO AREVALO, LUIS ENRIQUE BERNAL y JAIRO MONROY CARDENAS, quienes fundados en el trato y vecindad que tuvieron con los contratantes dan raz�n en torno a la realidad de los servicios personales que le prest� la demandada al causante.

Y particular relevancia nos merece el dicho del segundo, quien era sobrino de los contratantes, y fundado en este parentesco y el trato que tuvo con los dos da cuenta que el bien se lo dio como compensaci�n por los cuidados personales y asistenciales que le prodig� durante toda la vida a su t�o. Si los servicios referidos en la demanda se realizaron y si el demandante as� lo afirma en la demanda a trav�s de su apoderado, no podemos dudar en torno a que el contrato de compraventa que se se�al� en la demanda no fue cierto y como el mismo lo que quisieron los contratantes fue arropar un contrato de daci�n en pago.

Y si lo que en realidad celebraron fue una daci�n en pago, no as� el de compraventa, la demanda que est� encaminada a rescindir �ste no est� llamada a prosperar. Ha debido invocar la simulaci�n del negocio para hacer emerger el verdadero y luego si respecto de este invocar las pretensiones que considerara pertinentes. Pero como no obstante tener certeza de dicha situaci�n persisti� en pedir la rescisi�n del negocio aparente, la lesi�n reclamada con relaci�n al mismo no puede recibir acogida.

Ahora, si hici�ramos abstracci�n de esta omisi�n y di�ramos por relevante procesalmente el negocio oculto, como pasamos a exponerlo, nuevamente tendremos que concluir que la declaraci�n de lesi�n enorme igualmente no procede respecto de la daci�n en pago, porque contra este negocio jur�dico en particular no la tiene instituida. Es decir, teniendo la daci�n en pago su propia autonom�a como negocio jur�dico, en cuanto la rescisi�n por lesi�n enorme es instituci�n de aplicaci�n exclusiva para aqu�llos que expresamente se�ale la ley y dentro de los mismos no esta para ella prevista, igualmente la demanda no estar�a llamada a prosperar.

Atendiendo los comentarios anteriores, se revocar� la sentencia apelada para en su lugar negar las pretensiones de la demanda, con condena en costas de ambas instancias a la parte demandante. Por lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja, en Sala Civil � Familia de Decisi�n, administrando Justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley, R E S U E L V E: PRIMERO.- REVOCAR la sentencia apelada, proferida el siete (7) de abril de dos mil seis (2006) por el Juzgado Civil del Circuito de Garagoa dentro del presente proceso, por lo dicho en la parte motiva.

SEGUNDO. - NEGAR las pretensiones de la demanda. TERCERO.- CONDENAR en costas de ambas instancias a la parte demandante.

NOTIFIQUESE y OPORTUNAMENTE DEVUELVASE EL EXPEDIENTE AL JUZGADO DE ORIGEN. LUIS HUMBERTO OTALORA MESA LILIA CORREA PEREZ Magistrado Magistrada LUZMILA CHAVES DE VARGAS Magistrada PAGE  PAGE 10 #��(j��QZ��8$D$�4�5;G�I�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�����������������������0JmHnHu0J j0JUmH sH 6�>*OJQJ^JmH sH  OJQJ^J5�OJQJ^J�����$Zrs������ � -. � �   {|���������������������������$dha$$dha$$a$�M�M��st��hi������������XYcd��������������������������� $ & Fdha$$dha$) * �!�!3$5$C$D$j)k)}*~*++1+2+�,�,1/2/+0,0z2{2�4�4��������������������������$dha$$dha$ $ & Fdha$�4�4�4�5�5�6�6�9�9�<�<8>9>�?�?nAoADDHEIE;G<G�I�I�J�JDK��������������������������� $�xdh^�xa$$dha$DKEKVKWK!L"LRLSL�L�L�L�L�L6M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M�M��������������������������h]�h����&`#$$dha$$dha$�M�M�M�M���$dha$3 0&P�1�h��/ ��N!�� "��#� $�/ %��� �� i8@��8 NormalCJ_HaJmH sH tH FA@���F Fuente de p�rrafo predeter.: @�: Pie de p�gina  ��8!0)@�0 N�mero de p�gina�I`����  ���]� ���]� ���]� ���]� ���]� ���]� ���]� ���]� �� �]� �� �]� _�q&�-�5�>DG�I� cn�(k �����$Zrs�������-.��  { |   s t � � hi������������XYcd)*��3 5 C D j%k%}&~&''1'2'�(�(1+2++,,,z.{.�0�0�0�0�1�1�2�2�5�5�8�88:9:�;�;n=o=@@HAIA;C<C�E�E�F�FDGEGVGWG!H"HRHSH�H�H�H�H�H6I�I�I�I�I�I�I�I�I�I�I�I�0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��� 0���0��� 0���0��� 0���0��� 0���0��� 0���0��� 0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0������0���0����� �M(�4DK�M�M)+,-./�M* !�!�����u|����U^nu� � � � r y � � ��$'���!�!~&�&.."3)3�:�:�:�:�:�:�;�;�C�C�G�G�I�I�I�I�I�I�I�I�I���I�I�I�I��MMARTINECSJUC:\RELATORIA GENERAL\SALA CIVIL\2007 DACI�N EN PAGO.

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