Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 3219958630 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Francisco Florez Arenas

Fecha: 2004-02-25

Sujetos procesales: MARÍA JOSEFA RUBIANO VARGAS / EMIGDIO DÍAZ BELTRÁN Y OTROS

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Ref: Proceso ordinario de Mar�a Josefa Rubiano Vargas contra Emigdio D�az Beltr�n y otros. (Discutido y aprobado en sesi�n de 17 de febrero de 2003). Dec�dese el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante, contra la sentencia de 26 de septiembre de 2003 proferida por el Juzgado 1� Civil del Circuito de Facatativa, en descongesti�n judicial, dentro del proceso de la referencia. A N T E C E D E N T E S 1.

Mar�a Josefa Rubiano Vargas llam� a proceso ordinario a los herederos determinados e indeterminados de la se�ora Mar�a Magdalena Vargas Vda. de Cortes, lo mismo que al se�or Emigdio D�az Beltr�n, para que se declarara que le pertenece el inmueble urbano antiguamente conocido como parcela No. 447, del bloque No. 93, denominado �El Angel�, del plano de la Parcelaci�n �El Claret�, actualmente identificado con los Nos. 36-67 y 36-69 de la calle 51 A Sur, Barrio F�tima, con matr�cula inmobiliaria No. 50S-996795, por haberlo adquirido por prescripci�n extraordinaria adquisitiva de dominio. 2.

La demandante sostuvo que �desde antes del a�o mil novecientos setenta (1970), y hasta la fecha de la presentaci�n de esta demanda, ha venido poseyendo materialmente en nombre propio y realizando la explotaci�n econ�mica del inmueble, con el �nimo de se�ora y due�a, sin reconocer dominio ni otros ni otros derechos a terceros�. A�adi� que �esta posesi�n y se�or�o lo han sido en forma pac�fica, p�blica, tranquila, sin violencia ni clandestinidad, y sin interrupciones civiles y naturales, traduci�ndose dicho se�or�o sobre el inmueble en una permanente, continua y adecuada explotaci�n del predio, consistente en habitaci�n personal y familiar, arrendamientos, pagos de todos los servicios p�blicos, construcciones de mejoras, reparaciones, mantenimiento general del inmueble y defensa judicial de �ste� (fl. 208, cdno. 1).. 3.

El libelo, presentado inicialmente el 7 de marzo de 1995 (fl. 79, vlto.), fue admitido por el a quo mediante providencia de 28 de marzo de 1995 (fl.83, ib.). Posteriormente, el Juez accedi� a la s�plica de pertenencia a trav�s de la sentencia calendada el 9 de marzo de 1998 (fls. 148 a 155, cdno. 1). Sin embargo, todo lo actuado, a partir del auto admisorio, fue declarado nulo por esta Corporaci�n, seg�n auto de 7 de octubre de 1998 (fls. 36 a 42, cdno. 2).

Dicha circunstancia motiv� a que el 13 de noviembre de 1998 se presentara una nueva demanda de pertenencia (fl. 211, vlto, cdno. 1), la que fue admitida por auto de 19 de enero de 1999 (fl. 217, ib.), providencia que se notific� en forma legal a todo los demandados. En oportunidad, Magdalena, Graciela, Gonzalo y William Rubiano Rojas, quienes invocaron su calidad de hijos de Jos� Ignacio Rubiano Vargas (q.e.p.d.), �ste, a su vez, descendiente de la se�ora Mar�a Magdalena Vargas de Rivera Vda. de Cort�s, formularon las excepciones de �carencia del derecho reclamado e improcedencia de la acci�n de pertenencia�; �mala fe en la tenencia del bien a usucapir� e �inexistencia de los requisitos esenciales para solicitar la prescripci�n�, sobre la base de que �la demandante es comunera por ser la hija de la persona que demanda, por ende llamada a suceder a la muerte de su progenitora, quien al morir dej� bienes y descendientes entre los que se cuenta la demandante llamada a suceder en su porci�n hereditaria, respecto de los bienes de la causante, entre los que se cuenta el inmueble a usucapir, es decir, que el inmueble pertenece en com�n y proindiviso a todos sus dem�s hermanos llamados a suceder, como lo establece la ley�, am�n que la se�ora Mar�a Magdalena Vargas Vda. de Cortes, �ejerci� hasta el d�a de su muerte actos materiales o claramente significativos de comportarse como se�ora y due�a y que posteriormente lo ejercieron sus herederos y en especial su hijo Jos� Ignacio Rubiano Vargas, quien al igual que la hoy demandante tambi�n quiso adquirir el bien por este mismo medio de prescripci�n�, el que se �tuvo como activo de �ste al morir, en la partida s�ptima del inventario y aval�o de los bienes� (fls. 240 a 242, cdno. 1),.

LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA El Juez encargado de fallar la litis, estim� que se cumpl�an los requisitos para el �xito de la usucapi�n, por cuanto �el proceso versaba sobre un bien prescriptible� que se pudo �identificar plenamente�, y porque, adem�s, �del acervo probatorio surge sin hesitaci�n alguna que el demandante ejercer posesi�n material sobre el predio materia de este proceso, por un lapso de tiempo superior a 20 a�os, de manera ininterrumpida, p�blica, pac�fica y con �nimo de se�or y due�o y sin reconocer dominio ajeno�.

Con fundamento en esas consideraciones, accedi� a las pretensiones de la demanda (fls. 397 a 405, cdno. 1). EL RECURSO DE APELACI�N La parte demandada solicit� revocar �ntegramente el fallo de primer grado y, en su lugar, denegar la s�plica de pertenencia. Manifest� que su �inconformidad radica en el hecho de haberse desestimado los argumentos, donde claramente se se�al� la calidad que tiene la actora en relaci�n con el bien objeto de pertenencia, es decir, �sta es solamente comunera y nunca poseedora de dicho inmueble� (fl. 4, cdno. 3).

As� mismo, adujo que �dentro del libelo demandatorio se solicit� la pertenencia sobre la totalidad del inmueble, cuando claramente se prob� que la demandante ostentaba la calidad de comunera o condue�a, luego si dentro del plenario se prob� la calidad de la demandante y de acuerdo a lo pretendido por ella, ha debido el fallador de primera instancia denegar las peticiones deprecadas y por el contrario no desconocer los derechos pertenecientes a las dem�s partes que por ser titulares inscritos de derechos reales que debieron ser notificados dada la legitimaci�n que para afrontar la causa les atribuye la ley sobre el bien� (fl. 5, cdno. 3): Resalt� que �al estar la demandante desde tiempo atr�s ejerciendo su encargo de secuestro del inmueble, tenemos que la misma no pod�a ni estaba facultada para ejercer actos de se�or y due�o, sino solamente al reconocer dominio ajeno por haber otros titulares de derecho, no pod�a el extremo activo trocarse como poseedora (sic), toda vez que lo que ha ejercido la demandante sobre el inmueble no es m�s que la tenencia� (fl. 6, cdno. 3).

Empero, a rengl�n seguido asegur� que �la actora no ha sido poseedora sino comunera del bien, aunado al hecho de haber ejercido la calidad de secuestre en relaci�n con el inmueble� (fl. 6, cdno. 3). CONSIDERACIONES 1. Es claro que de los requisitos que son necesarios para que opere la prescripci�n extraordinaria adquisitiva de dominio: la naturaleza prescriptible del bien; la identidad del mismo con la cosa pretendida y la posesi�n pac�fica, p�blica e ininterrumpida del prescribiente durante el tiempo que exige la ley (arts. 2512, 2518 y 2531 C.C. y 1� Ley 50 de 1936), s�lo este �ltimo presenta controversia en el caso sub lite, en la medida en que sobre los dos primeros no existi� discusi�n alguna, am�n que el inmueble pretendido se encuentra en el comercio, siendo �adem�s- identificado plenamente por su ubicaci�n, linderos, nomenclatura y composici�n, tal como se extrae de la prueba testimonial recaudada, as� como de la diligencia de inspecci�n judicial que se practic� al bien materia de pertenencia (fl. 329 a 331, cdno. 1).

Corresponde entonces analizar si la se�ora Rubiano, como lo predica su procurador judicial, ha ostentado la posesi�n por un tiempo no inferior a veinte (20) a�os, en forma p�blica, tranquila, pac�fica e ininterrumpida, o si, por el contrario, �es solamente comunera y nunca poseedora de dicho inmueble�, o �secuestre�, o simple tenedora, como en forma por dem�s confusa y excluyente lo asegur� la parte recurrente. 2.

Para dilucidar este t�pico, cumple hacer las siguientes precisiones: a) La posesi�n material, como lo ha se�alado esta Corporaci�n, no se verifica con la simple detentaci�n de la cosa, sino que ella reclama, adem�s, el ejercicio de actos de se�or�o p�blicos e incontestables que, por su linaje, den lugar a presumir -como lo hace la ley (inc. 2 art. 762 C.C.)-, que la persona que as� se comporta es la titular del derecho real, en este caso, de la propiedad.

No basta, entonces, simplemente con trabar una relaci�n de orden f�ctico entre el bien y el sujeto, pues ello apenas equivale a la mera tenencia; para que la posesi�n se estructure, se requiere de un comportamiento excluyente del dominio ajeno y afirmativo de una privativa propiedad. Se trata, pues, de configurar los arquet�picos elementos constitutivos del hecho posesorio: el corpus y el �nimus, los cuales se acreditan, para usar los t�rminos de la ley, "por hechos positivos de aquellos a que s�lo da derecho el dominio, como el corte de maderas, la construcci�n de edificios, la de cerramientos, las plantaciones o sementeras y otros de igual significaci�n, ejecutados sin el consentimiento del que disputa la posesi�n" (art. 981 C.C).

De all� que la Corte Suprema de Justicia haya se�alado, que la posesi�n, "en cuanto situaci�n de hecho que es, debe trascender a la vida social mediante '�una serie de actos de inconfundible car�cter y naturaleza, que demuestren su realizaci�n y v�nculo directo que ata a la cosa pose�da con el sujeto poseedor. Tales actos deben guardar �ntima relaci�n con la naturaleza intr�nseca y normal destinaci�n de la cosa que se pretende poseer, y as� vemos que el art�culo 981 del C�digo Civil estatuye, por v�a de ejemplo, que la posesi�n del suelo deber� probarse por hechos positivos de aquellos a que s�lo da derecho el dominio". b) Trat�ndose de acci�n de pertenencia respecto de bienes herenciales, cumple resaltar, en primer lugar, que no existe normativa alguna que proh�ba a quien ejerce posesi�n material sobre alguno de ellos, adquirirlo por prescripci�n. En tal caso, el �xito de una s�plica de esa naturaleza, estar� condicionado a que el prescribiente, adem�s de probar los presupuestos de la posesi�n material com�n, destruya la presunci�n de poseer en representaci�n de la sucesi�n. Por lo tanto, no le bastar� demostrar que tiene el corpus, sino que igualmente su �nimus no se identifica con su vocaci�n hereditaria, es decir, que los actos de se�or�o debe ejercerlos para s�, no en nombre de aquella, lo que significa que la posesi�n material ha de ser de tal naturaleza que se desligue por completo del v�nculo jur�dico que lo une a los bienes relictos, mostr�ndose el prescribiente como el aut�ntico due�o de la cosa y, claro est�, con total desapego de su condici�n de heredero.

Al respecto, doctrin� la Corte Suprema de Justicia: �( ) la posesi�n que sirve para la adquisici�n del dominio de un bien herencial por parte de un heredero, es la posesi�n material com�n, esto es, la posesi�n de propietario, la cual debe aparecer en forma n�tida o exacta, es decir, como posesi�n propia en forma inequ�voca, pac�fica y p�blica.

Porque generalmente un heredero que, en virtud de la posesi�n legal, llega a obtener posteriormente la posesi�n material de un bien herencial, se presume que lo posee como heredero, esto es, que lo detenta con �nimo de heredero, pues no es m�s que una manifestaci�n y reafirmaci�n de su derecho de herencia en uno o varios bienes herenciales.

Luego, si este heredero pretende usucapir ese bien herencial alegando otra clase de posesi�n material, como lo es la llamada posesi�n material com�n o posesi�n de due�o o propietario sobre cosas singulares, que implica la existencia de �nimo de propietario o poseedor y relaci�n material sobre una cosa singular, debe aparecer en forma muy clara la interversi�n del t�tulo, es decir, la mutaci�n o cambio inequ�voco, pac�fico y p�blico de la posesi�n material hereditaria o de bienes herenciales, por la de posesi�n material com�n (de poseedor o due�o), porque, se repite, s�lo �sta es la que le permite adquirir por prescripci�n el mencionado bien�. c) Si la pretensi�n de pertenencia versa sobre bienes que se encuentran en com�n y proindiviso, la situaci�n es similar al que posee bienes herenciales, s�lo que aqu� el prescribiente debe orientar su prueba a destruir la presunci�n de que posee exclusivamente su cuota parte en la cosa y que, por lo mismo, subsiste la coposesi�n, de �donde se sigue que el comunero, para poder ganar por prescripci�n el dominio de los dem�s, est� en el ineludible deber de infirmar la coposesi�n de �stos, lo cual no ser� posible si no se coloca al margen de la comunidad misma, actuando motu proprio, explotando econ�micamente el bien por s� y ante s�; o, lo que es lo mismo, cuando obra con absoluta prescindencia de la condici�n de comunero y, antes bien, lo hace a t�tulo meramente individual�.

De all� que, en tal hip�tesis, �la posesi�n del comunero, apta para prescribir, ha de estar muy bien caracterizada, en el sentido de que, por fuera de entra�ar los elementos esenciales a toda posesi�n, tales como el desconocimiento del derecho ajeno y el transcurso del tiempo, es preciso que se desvirt�e la coposesi�n de los dem�s part�cipes.

Desde este punto de vista la exclusividad que a toda posesi�n caracteriza sube de punto, si se quiere; as� debe comportar, sin ning�n g�nero de duda, signos evidentes, de tal trascendencia que no quede resquicio alguno por donde pueda calarse la ambig�edad o la equivocidad. Es menester, por as� decirlo, que la aptitud asumida por �l no de ninguna traza de que obra a virtud de su condici�n de comunero, pues entonces fluye tanto la presunci�n de que solo ha pose�do exclusivamente su cuota, como lo coposesi�n�.

Recu�rdese que con la expedici�n de la Ley 51 de 1943, se super� la arcaica pol�mica que despert� el tema de la prescripci�n entre comuneros, toda vez que aquella expresamente reconoci� el derecho de poder ganar por usucapi�n la cosa com�n, criterio que se mantuvo en el C�digo de Procedimiento Civil, al disponer su numeral 3� del art�culo 413 (hoy art. 407), que �podr� tambi�n pedir la declaraci�n de pertenencia el comunero que con exclusi�n de los otros condue�os y por el t�rmino de la prescripci�n extraordinaria haya pose�do materialmente el bien com�n o parte de �l, siempre que su explotaci�n econ�mica no se haya producido por acuerdo con los dem�s comuneros o por disposici�n de autoridad judicial o del administrador de la comunidad� (se subraya). 3.

En el caso que ocupa la atenci�n de la Sala, no se remite a duda que las vehementes disertaciones de los sobrinos de la demandante, nietos de la se�ora Mar�a Magdalena Vargas Vda. de Cort�s (q.e.p.d), no lograron desvirtuar la presunci�n de due�a que sobre la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas, hija de aquella, consagra el inciso 2� del art�culo 762 del C�digo Civil.

Contrario sensu, la peticionaria s� prob� que ni ejerc�a posesi�n material sobre el inmueble en calidad de heredera de dicha causante, ni que sus actos posesorios representaran a la comunidad conformada por su progenitora y el se�or Emigdio D�az Beltr�n, am�n que, en puridad, de acuerdo al certificado de tradici�n del bien (fl. 130, cdno. 1), la demandante no ostentaba la calidad de copropietaria.

En efecto, la prueba testimonial aportada a este caso en los t�rminos del art�culo 185 del C.P.C. (fls. 10 a 14; 17 a 20, cdno. 1), y la recaudada directamente por el Juez de primer grado (fls. 355 a 357, ib.), dan cuenta que la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas, viene ejerciendo actos posesorios, como m�nimo, a partir del momento del fallecimiento de su se�ora madre, hecho acaecido el 3 de abril de 1972 (Registro Civil de Defunci�n; fl. 7, cdno. 1), los cuales dieron lugar a que ella fuere reputada como la aut�ntica due�a del inmueble.

Al respecto, t�ngase en cuenta que el testigo Jos� Eugenio Trinidad G�mez Ardila, declar� que vivi� en el inmueble en calidad de arrendatario de Maria Josefa Rubiano, hace �como 50 a�os�, y por eso le consta que ella �es la due�a� (fl. 11, cdno. 1). A su turno, Melit�n Prieto Tunjano inform� que �de ese inmueble lo �nico que tengo que decir con respecto a la propiedad en mi conocimiento s� que la se�ora Mar�a Josefa Rubiano, ya que ella fue quien me arrend� y quien recaudaba todos los arriendos de dicho inmueble, lo mismo que cuando necesita el inmueble ella es quien lo solicita a sus arrendatarios que tenga y quien est� al frente de todo lo que haya que hacer en el mencionado inmueble para mantener su mejoramiento�; que conoce a la demandante desde hac�a 28 a�os �el tiempo para saber y entender de que ella se caracteriza como propietaria�; que hab�a ocupado �ese inmueble un promedio aproximado de 5 a�os�, y que ten�a entendido �que las mejoras que se encuentran en el inmueble siendo ella quien arrienda y disfruta de los arriendos, es quien las ha costeado (fls. 13 y 14, ib.).

Misael Velosa, testific� que �eso toda la vida ha sido cancha de tejo y para darme cuenta de que ella do�a Mar�a Josefa Rubiano era la propietaria, yo la v�a ah� constantemente porque los se�ores que le tomaban el arriendo ellos me hac�an mercado y yo iba all� a llevarle el mercado y yo la v�a a ella ah� en la casa lote, hace m�s o menos 29 a�os que a mi me consta esto, yo la v�a a Mar�a Josefa con maestro de obra haciendo arreglos en la casa lote, digamos como pa�etes, embellecimiento, pintura de la casa lote� (fls. 17 y 18, ib.).

Dioselina Pulido de Prieto, narr� que �nosotros tuvimos esa casa en arriendo y manejamos esas canchas, esa casa la recibimos en arriendo a ella cuando se la entreg� un inquilino de apellido Cala, me parece que era agente de polic�a, eso fue como en el 80 y 81, no estoy segura y duramos de 4 a�os a 5 a�os duramos ah� yo con mi esposo y mis hijos�; que �la �nica persona que yo he conocido como due�a de ese inmueble es a la se�ora Mar�a Josefa Rubiano, cuando nosotros tomamos en arriendo esa casa y le pagamos arriendo a la se�ora Mar�a Josefa y cualquier arreglo ella era la que lo arreglaba, ten�a el local, la pieza, la cocina y el ba�o m�s el patio descarpado y ahora estuvimos hace poco y me di cuenta que ya carparon las canchas, ya el patio est� cubierto� (fl. 19, ib.).

Luis Alberto Mart�nez Guiot, precis� en la audiencia celebrada el 11 de julio de 1990, que �yo siempre me he dado cuenta y siempre he visto como due�a esa a la se�ora Mar�a Josefa, porque ella tiene en arriendo ese inmueble, consta de dos canchas de tejo y la tienda, pues yo he entrado a las canchas de tejo, de paso, esas canchas de tejo yo las distingo hace m�s de 20 a�os Yo le trabaj� a ella e inclusive le trabaj� haci�ndole todo lo que sea construcci�n�, eso hace �entre 12 y 15 a�os� (fl. 20, ib.).

Las anteriores versiones fueron rendidas ante el Juez S�ptimo Civil del Circuito de la ciudad, en el marco del proceso de pertenencia adelantado entre las mismas partes y sobre el mismo inmueble, las cuales, aunadas a la evidencia que reflejaba tanto la inspecci�n judicial practica por dicho funcionario (fl. 15, cdno. 1), como la visita realizada por la Juez 21 Civil del Circuito, quien tambi�n adelant� con posterioridad un proceso similar (fl. 35, ib.), sin lugar a dudas, sirvieron de b�culo a �sta �ltima para declarar, mediante sentencia de 23 de marzo de 1994, �que la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas, ha ganado por prescripci�n extraordinaria adquisitiva de dominio el inmueble� materia de proceso (fls. 42 a 49, ib.), desde luego que ese pronunciamiento �a la postre- no surti� efecto jur�dico alguno, toda vez que el Tribunal, por v�a de consulta, lo revoc� en fallo de 10 de agosto de 1994, y, en su lugar, se declar� �inhibido para fallar de m�rito�, porque la demanda adolec�a �de una de las formalidades legales� (no haberse aportado el certificado del registrador de que trata el num. 5�, art. 407 del C.P.C.; fls. 51 a 54, ib.).

Res�ltese que en las referidas diligencias de inspecci�n judicial, los Juzgadores de turno constataron que la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas se encontraba en posesi�n material del inmueble para el 21 de junio de 1990 y 7 de octubre de 1993, respectivamente. En la �ltima de ellas, el se�or Jos� Mart�nez manifest� vivir �aqu� hace unos 5 a�os y le pago arriendo a la se�ora Josefa Rubiano� (fl. 35, ib.).

Por su lado, Florentina Rubiano Riveros, hermana de los opositores, se�al� que ese inmueble �primero lo dominaba mi abuelita o sea Mar�a Magdalena Vargas y despu�s mi t�a Mar�a Josefa Rubiano Vargas, porque ella se lo dej� a ella, actualmente lo tiene mi t�a Mar�a Josefa Rubiano�. A�adi� que la posesi�n la ostenta la demandante �desde 1972, porque mi abuelita se lo dej� a ella, le dijo mija coja ese lote puesto que yo estoy muy enferma, para los gastos de mi enfermedad y remedios y para la comida, entonces de ah� se cog�a el arriendo y de ah� se gastaba, de ah� para ac� mi t�a comenz� a mandar en el lote�.

Tambi�n sostuvo que �pap� nuca tuvo esa posesi�n, o sea Jos� Ignacio Rubiano�; que el inmueble solicitado en pertenencia, no hizo parte de los bienes que su padre dej� en administraci�n a la peticionaria, pues �como iba a ser parte ese lote, si ese se lo hab�a dado mi abuelita a mi t�a Mar�a Josefa Rubiano Vargas�. Finalmente, precis� que �nunca mi pap� ha tenido lotes en el Perdomo� (fls. 355 y 356, cdno. 1).

M�s a�n, fue el propio demandado Emigdio D�az Beltr�n quien reconoci� expresamente ante el Juzgado S�ptimo Civil del Circuito (fls. 38 a 40, cdno. 1), lo mismo que ante el Juez a quo (fls. 332 y 333, ib.), que �la propietaria es do�a Josefa Rubiano, desde muchos a�os atr�s�. Aclar� que la mitad del lote que compr� a la se�ora Mar�a Magdalena Vargas de Rubiano �como en a�o 71 a 72�, est� ubicado en �calle 51 No. 36-27�, pero �lo vend� aproximadamente en el a�o 1976�.

Ratific�, que �ella siempre ha tenido eso arrendado, claro que a distintas personas y ella es la que administra�. Por su parte, los opositores s�lo aportaron sus propios dichos para sustentar que el bien de la calle 51 A Sur No. 36-67/69, era de su padre Jos� Ignacio Rubiano Vargas (hermano de la demandante), a ra�z de la permuta que �ste celebr� con la abuela Mar�a Magdalena, por un predio �del Perdomo� (fls. 335 a 354, cdno. 1), como tambi�n que la demandante hab�a sido nombrada por dicho se�or para que le administrara sus bienes, incluido el que es materia de pertenencia. Dichos medios probatorios, sumados a la abundante prueba documental que informa sobre los negocios arrendaticios celebrados en distintas �pocas por la demandante con varias personas respecto al inmueble litigado (21 de enero de 1986; 21 de agosto de 1986; 24 de noviembre de 1986 27 de junio de 1987; 24 de septiembre de 1987; 1 de noviembre de 1988; fls. 66 a 72, cdno. 1); a la diligencia de inspecci�n judicial practicada por el Juez de primera vara el 3 de mayo de 1996, fecha en la que tambi�n se encontr� a la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas en posesi�n del predio; y a la declaraci�n rendida �all� mismo- por el se�or Horacio Mart�nez Mart�nez, seg�n la cual �hace como 12 a�os lo ha tenido lo tiene un hijo m�o de nombre Jos� Ercel Mart�nez, y el ha vivido y tiene gallos de pelea, le paga arriendo a la se�ora que atiende la diligencia Mar�a Josefa Rubiano�, a quien �siempre la he conocido como due�a� (fls. 111 a 112, ib.); que condujeron igualmente al juzgador de primera vara, mediante sentencia de 9 de marzo de 1998, a acceder a las pretensiones de la demanda (fls. 148 a 155, cdno. 1), desde luego que dicho pronunciamiento qued� comprendido dentro de la nulidad procesal declarada por esta Corporaci�n, a trav�s del auto calendado a 7 de octubre de 1998 (fls. 36 a 42, cdno. 2). 4.

Se endilg� �tambi�n- a la demandante por parte de los opositores, la calidad de secuestre del inmueble y, adem�s, se adujo que �ste hac�a parte de la masa sucesoral del se�or Jos� Ignacio Rubiano Vargas. Tales defensas tampoco encuentran respaldo probatorio. Por el contrario, las copias de la actuaci�n procesal que de dicha causa mortuoria fueron aportadas por la misma parte demandada (fls. 5 a 13; 17 a 31, cdno. 2), indican que si bien el inmueble pretendido por la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Vargas, fue objeto de secuestro provisional decretado por el Juzgado 9 Civil del Circuito de la ciudad, en la sucesi�n de Jos� Ignacio Rubiano Vargas, no es posible desconocer que a la pr�ctica de esa medida cautelar se opuso la peticionaria, precisamente, alegando su condici�n de poseedora material.

Y como ese argumento fue aceptado por el funcionario comisionado para la realizaci�n de aquella, el bien se dej� a ella en calidad de secuestre, desde luego que �con posterioridad- obtuvo el levantamiento de la medida, toda vez que mediante auto de 21 de agosto de 1990, fue resuelto permisivamente el incidente respectivo. Ahora bien, del trabajo de partici�n realizado dentro del sucesorio en cuesti�n (fls. 163 a 204, cdno. 1), f�cilmente se extrae que el inmueble materia de proceso no fue incluido como bien relicto y, por lo mismo, no fue adjudicado a los herederos de Jos� Ignacio Rubiano Vargas, entre quienes se contaban las opositoras.

De all� que result� quim�rico el argumento de los apelantes, en el sentido de que aqu�l conformaba la partida �s�ptima� de los inventarios, m�xime si la nomenclatura serial asignada a los mismos, no alcanz� siquiera ese numeral. Entonces, no ve la Sala de que manera pueda afirmarse que la propiedad de la cosa disputada correspondiera a dicho causante, siendo claro que no fue relacionado como un activo susceptible de ser transferido a su descendencia por ese modo, am�n que ning�n instrumento p�blico inscrito en el competente registro conduce a conclusi�n diversa. 5.

Todo lo expuesto acarrea que las excepciones planteadas frente a la acci�n de pertenencia en estudio, no pod�an alcanzar prosperidad, desde luego que la comunicaci�n que milita a folio 351 del cuaderno principal, no tiene la virtud de variar el sentido de la decisi�n, no s�lo porque ri�e abierta y totalmente con los medios probatorios rese�ados en p�rrafos anteriores, sino tambi�n porque, como se acab� de acotar, el inmueble pretendido por la demandante no pertenec�a al se�or Jos� Ignacio Rubiano Vargas, circunstancias a las que se suma el hecho de que tampoco se prob� el compromiso que supuestamente adquiri� la se�ora Mar�a Josefa Rubiano Pulido de administrar los bienes de su hermano, al cual hizo alusi�n esa carta, ni mucho menos que entre ellos estuviera comprendido el inmueble pugnado. 6.

Los anteriores argumentos se muestran suficientes para pregonar que la peticionaria prob� los elementos que exige la acci�n invocada para su prosperar, raz�n por la cual el fallo de primer grado se confirmar�, como sigue. DECISION Por m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D.C., Sala Civil de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia objeto de apelaci�n, proferida el 26 de septiembre de 2003 por el Juzgado Primero Civil del Circuito de Facatativa, dentro del proceso de la referencia. Sin costas en esta instancia.

NOTIFIQUESE FRANCISCO FLOREZ ARENAS Magistrado RODOLFO ARCINIEGAS CUADROS Magistrado CLARA BEATRIZ CORTES DE ARAMBURO Magistrada.  Sent. 5 de agosto de 2002. Exp. 0437 01.  G.J. XLVI, p�g. 712. Cfme: Cas. civ. de abril 17 de 1998.  Sent. 24 de junio de 1997. Exp. 4843.  Sent. 2 de mayo de 1990.  Ob. cit. Rep�blica de Colombia  3219958630 01 Tribunal Superior de Bogot� D.C. Sala Civil  PAGE 1 3J_w��Mf�� ^ c ���UV� ��q#r#:&@&F&L&***!,',@,F,&..3/3x5�5I6J6�9�9�;�<>>����������������������������ززا�،ؘؘ؂،>*CJOJQJ^J6�CJOJQJ]�^Jj0JCJOJQJU^JCJOJQJ^JaJ6�CJOJQJ^Jj0JCJOJQJU6�CJOJQJ^J6�]�CJOJQJ^J CJOJQJCJOJQJ\� CJOJQJ5�CJOJQJ3(3JK_wx��UVLMfg��� � � � � � �������������������������dhdh$dha$dh$dha$�n�o q���� ������<=UV����}~56��J!K!������������������������$dha$ & F$dha$dh & FdhdhK!�"�"3#4#�%�%**�-�-%.&.93:3�9�9�<�<�?�?�A�A@M����������������������� $��dh`��a$ $�O��]�O^��a$$a$ $��dh`��a$$dha$>(>aWXX�[�l�l�m�n�n�n�n�n�n,o-o.o/o0oVoWoXoYoZosotouovowo�o�o�o�o�o�o"p^p_pqq�������������������������u�pi j0JUOJQJ@���CJOJQJ]�@���CJOJQJj6�@���OJQJU6�@���OJQJCJOJQJ^JaJmH sH CJaJmH sH CJOJQJ^JaJmH sH  CJOJQJCJOJQJ^J j0JU CJOJQJ 6�]�^J^JCJOJQJ^J6�CJOJQJ^J(@MAM[S\S`WaW�Y�Y�[�[�`�`waxaee�h�h�k�k�l�l�l�lnn7n8nDn����������������������������dh$dha$DnEnFn^ninjnknln�n�n�n�n�n�n�n�n-oWoto�o�o�o"pCp^p������������������������$a$$a$ $dh1$a$$dha$$dha$^p_p`p q q qq������ $dh1$a$$a$qqq q q qq����� CJOJQJ0JmHnHu j0JU0J/0 &PP��/ �"I!��"��#�� $��%������Dd�t��H� � c �$��������A�����2���߿�)<�:������Dr`!���߿�)<�:�����=9@� � ��x���o�uǫ�k�T:��Z�`䲀�\h�f��|�OJ�����������#�'s�%��Հ��"d{��]y�W��3��j0L/����TW�z��U)?"��R�O�'�!~@��T�L|J��#�^�П��?��%��_��ן��'������J�s����s!���ɿO����W��_����}G|���������ã�-��Ev�����$�����L�7}����[�3�S��7�?��ڄ��̅�����o�օO��p��u���:\��p��u���:\��p��u������doB%���^��g���B>��z���z�Z�m�#;��z�U�/D��WQޗ��>����5���5:��v���H�,7! =Y���ɣܝEF����V�cV}\ �QG�'K{�Lg� �-�"gqu��B=FDxsCCb��A���1#S&�1�>ۢ ")�M�M���c�B�z:��� Y7�%��8Յ���i���-3�-C�2�,�k �Cϼ_ѻ�������������0���4���0��+�'h�һKY\�"v���`�a�����U�U�:�FT���s�� ĉ�0J��� �e����"[A>�HI��[�$�0ʦ~N/' �a��xw0Cցa�ȬɡR�M9�S��r�PKO2FzUõ�iB�ǷC�T�)4��S�C� ���PĨ�M����$��hw���rY놡�Ω������'I�K����e�Kf80@>��� a�x!DE��&��+�rʄ�����~J �l,�_�%�|i�hK�qV'�Z��8Y������2�B�J��U`$[�R\�ťO��V�O�F:�wqI�¸#��uh.F="g���}�Β�БQEƘ�'��<,6M��6���sX�ZS��RV'~�5��^��&!�H�?�0.F;��/�e�a%�AY�40rRn\�2<��4I�.^I�cf6-��U`��ABG7'�;� � )b�~M2VBϷ�`���P93 A2+�YN�2���T@����d �L�R� TB��Ԗ�- ��3w�q ����*f����l����؋��b�AA��� إ"˅���9w�k0 1h�j�E�[��*Í�8g�KR&��ʇD��ƮfƉH��ҷ�q*��놮~��`dΑq��c�P�b8T�4��q�HN+�_�����S�n(�.f삑oL�2�/7��g�����Z�W.-0S���)�Vx3Х&:絾#w��w�(R�z��,GY`�\�o.O3+��m͑�wX��juw�0��u.�E�L9��VӴp:�ͻ:#����kIc�TA 67�7������ɂ4@�Yc#�����1\bД�k>��1��C�F�Y�E�x�@ӣ)�� r�6��as�n2����m�q�L: _�uɌ�z��jԅ����+F�1��ӎ�V�w��5���184�OAG)���f�!o�f?!+Zi�������(���"��Z�W���_��G��Y� �Ȱ�gԎ�1��4�T�T���H�ާ s\Cn��d� Y I���Z�E�xN���Q\�d%�}�m`����":e]XÉ��0m��C��貛�� W���A��3!2Q��b�B�g�"N�s�d����ㅯN�׺�A* ^9g�!�22t3���@{�� 8rm���� E4e�*4��3�6j'?wl�\���*o�1�r�A�ǽ��)��`������`{�N��ҝi�hM&���1i���P0���x|�4oұ%�`x0,�;?@�M[�D�K���0���ĩ F ��|�烌�@��e�� �Н�Ã���c�dP�Q쫖���><S��z�1H� s�|��qG�oɽ��� �o�z�L�!���B��ی�2�#��Jq�~�o�|;JpY0�e�kI����B� ӦU�4p�]��j0���.C~��}`M��J�I��f�}��Q���)����.N3�>pK]l��xh~X��30�e�G"����88!�_2ҠF��m�:�'B:�F+3��)��$�x���aִ� +���1�U�`�Ո�O'0LdĈJ�� v�;��qI�<���#m�Ycd|CrD\��d�`J�7�ų&%F�!7�C<Mx�ѓϞ!����=R��]��82�q�D<Iʆ�D��A# 1��g�q�����T]-��M���6A��L��C6�����V�q�},�g����w 7�Hع�Ā�@J�n0V��� �� %���G� 8�gn`�� ��Ȩ#s��%d��.0�b� �Xb��-�Ȏ�zgt�����7��}�S�EH|�ɪ�A�\���)3�9^�80tˠV:�ܕ��.�ˣ��ې:�>��p���:�� d-�)����ߒ�ɯ�"���j%�r����ع=�Px��� z^��� ���O€� ���ɽT~���Z� ��8�h� j�̤��r��  �������u+Q% ��Ud���$C ]�[��̯��<k�~ȎXU���vy h��Fo��@ޕ�3�A�S�F�f�*����T6nr�20�EFɰ���-{�����PX �� լl���p��53vOd�' �/�ɓ���"�ކ���>( C L�� ���H�vYIi����8*CI�I�KG]��..nSo����f��K2f֨9���R���� )b�q�}n�ݦ�f1n�>�+TFڈ�����U���A ��7*:O��+7Kd�3(NzT����[ � �=��+�X�.Z�W�Q�)bԑa�+���F��Hz3��*dI��q&4� xf���ޅ���^� ��&!mF��-�_�2O��-�6���̥zЙ �?�E�gk \� A���9�� �2���n��� �*��SG2|G D���Y����Xr0�#$[�+Ut�֯�����İ/����&�ƥ?�d�7޿�"� ١7�� ��I�n 2�XTdM򾑚�����vri���A�yr�#�|�� 1N������#�[ٷ�j��ߠF�X��CHc�߇4@/#A���qL������x����ρ�d�c&�Z��j�_��X4�~�(�І"�[���ߩ�)��87��< � L�?C�m���z� �����vcќ���V�(:��/0���X�� �=�����qKI�x����&���2�9�3hBٴcdM]{L ��~�2vr�H�A#P����Z�/G g�H!�sw! 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