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EFECTOS SOBRE LO CIVIL CULPA CIVIL- CULPA PENAL. DIFERENCIAS Rep�blica de Colombia Rama Judicial INCLUDEPICTURE "\\\\Sc_arielvenegas\\mis document\\CORTE CONSTITUCIONAL\\Programas\\Varios\\Image4.gif" \* MERGEFORMATINET 30-97-0532-01 TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOT�, D.C. SALA CIVIL DE DECISI�N Bogot�, D.C., siete de diciembre de dos mil cinco.
Magistrado Ponente: CARLOS JULIO MOYA COLMENARES. Ref.: Ordinario de CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA, LUZ MAR�A TENZA CAMARGO y JOS� �LVARO TENZA CAMARGO contra JORGE NI�O, LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N y COOPERATIVA INTEGRAL DE TRANSPORTES LA NACIONAL LTDA. �COONAL�. Discutido y aprobado por la Sala en sesi�n de 23 de noviembre de 2005, seg�n Acta N� 47 de la misma fecha.
Dec�dese el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante contra de la Sentencia que dictase en este asunto el Juzgado Civil del Circuito de C�queza (Cundinamarca), por descongesti�n del Juzgado Treinta Civil del Circuito de Bogot�, D.C., el d�a diez de noviembre de dos mil tres.
ANTECEDENTES: CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA, LUZ MAR�A TENZA CAMARGO y JOS� �LVARO TENZA CAMARGO, por conducto de apoderado judicial debidamente constituido, pusieron en actividad la jurisdicci�n mediante demanda Ordinaria de Responsabilidad Civil Extracontractual que presentaron contra JORGE NI�O, LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N y COOPERATIVA INTEGRAL DE TRANSPORTES LA NACIONAL LTDA. �COONAL�, para que en sentencia con fuerza de cosa juzgada, se hiciesen las siguientes declaraciones y condenas: �PRIMERA: Se declare como responsable directo de la muerte del se�or LUIS ANTONIO TENZA a LUIS ANTONIO CUBILLOS AGATON, conductor del veh�culo de placas SC 1666, para el d�a de los hechos y solidariamente a JORGE NI�O propietario del veh�culo involucrado y a la COOPERATIVA INTEGRAL DE TRANSPORTES LA NACIONAL �COONAL�en al (sic) que se encuentra afiliado el bus antes se�alado. �SEGUNDA: Como consecuencia de lo (sic) anterior declaraci�n, se condenen (sic) solidariamente a los Demandados a indemnizar a los demandantes los perjuicios de orden material y moral, causados a c�nyuge CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA, sus hijos LUZ MARIA TENZA CAMARGO y JOSE ALVARO TENZA CAMARGO, como consecuencia de la muerte del se�or LUIS ANTONIO TENZA, que se�alo a continuaci�n: �A.- Danos (sic) materiales: la suma de CINCUENTA MILLONES DE PESOS M/CTE ($50.000.000.oo.) �B.- Da�os morales: el equivalente a 200 gramos oro para cada un (sic) de los Demandante (sic). �TERCERA: Se ordene en la sentencia a los Demandados el pago de los intereses que se causen desde la fecha en que deban efectuar el pago, hasta el momento del pago efectivo. �CUARTA: Que se condene solidariamente a los Demandado (sic) al pago de las costas y gastos del proceso.� Las pretensiones transcritas tienen origen en el supuesto de hecho que a continuaci�n, y en apretada s�ntesis, as� se plasma: El 4 de junio de 1995 en la Avenida Caracas con calle 35 de esta ciudad, cuando el se�or LUIS ANTONIO TENZA atravesaba la calzada, fue arrollado violentamente por el veh�culo de placas SBE 864 conducido por el demandado LUIS ALFONSO CUBILLOS.
En raz�n de tal accidente el se�or LUIS ANTONIO TENZA perdi� la vida, encontr�ndose para entonces en buen estado de salud y ejerciendo el oficio de celador con la empresa SEYCO LIMITADA, hasta el mismo d�a de su muerte. Para entonces, percib�a un salario que ascend�a a la suma de $224.861.oo. A la fecha del accidente el se�or LUIS ANTONIO TENZA, sufragaba el sostenimiento de su c�nyuge CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA y de las menores LUZ GLEIDY y FRANCY LILIANA �NGEL TENZA, hijas de LUZ MARIA TENZA CAMARGO, quienes han sufrido grave perjuicio econ�mico con la p�rdida de su esposo, padre y abuelo.
Como consecuencia de la muerte del se�or LUIS ALBERTO TENZA, adem�s del dolor afectivo por su p�rdida, se produjo un desequilibrio econ�mico deriv�ndose una responsabilidad civil extracontractual por el perjuicio ocasionado. La responsabilidad del propietario del veh�culo se deriva de la acci�n de dependencia del conductor LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N, advirti�ndose que hay una relaci�n de autoridad y subordinaci�n pues el propietario del rodante eligi� al se�or CUBILLOS y le entreg� el veh�culo para su conducci�n y, en relaci�n con la COOPERATIVA DE TRASPORTES LA NACIONAL, por cuanto viene �sta a ser civilmente responsable de los hechos da�osos que cometan sus componentes sin distinci�n de su representatividad o vinculaci�n, es decir, sin tener en cuenta la calidad de la persona natural vinculada a la empresa pues la misma se origina cuando se ocasiona un da�o a un patrimonio ajeno a trav�s de la conducta o hechos ejecutados por sus propios representantes legales, por funcionarios o por sus empleados y por sus trabajadores en ejercicio de sus funciones.
Teniendo en cuenta que la se�ora CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA depend�a econ�micamente �nica y exclusivamente del occiso al igual que su hija LUZ MARIA TENZA CAMARGO y sus menores hijas LUZ GLEIDY y FRANCY LILIANA �NGEL TENZA, se estiman los perjuicios materiales en la suma de $50.000.000.oo. En relaci�n con los perjuicios morales se considera que, como el se�or LUIS ANTONIO TENZA a la fecha de su muerte era cabeza de familia constituida por su c�nyuge CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA, su hija LUZ MARIA TENZA CAMARGO, JOS� �LVARO TENZA CAMARGO y sus nietas LUZ GLEIDY y FRANCY LILIANA �NGEL TENZA, se les debe indemnizar con 200 gramos oro a cada uno. Admitida la demanda, se enter� personalmente a los demandados quienes se opusieron a la prosperidad de las pretensiones formulando, aunque cada uno por aparte, las excepciones de fondo que dieron en denominar �COSA JUZGADA�, advirtiendo que la Fiscal�a Treinta y Ocho de la Unidad Tercera de Vida, culmin� la investigaci�n relacionada con la muerte del se�or LUIS ANTONIO TENZA, en providencia calendada el 19 de junio de 1996, profiriendo resoluci�n de preclusi�n de la investigaci�n a favor de LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N eximi�ndole de responsabilidad, por cuanto no encontr� prueba alguna que demostrase que el conductor hab�a actuado con imprudencia. La excepci�n de �FALTA DE LEGITIMACI�N EN LA CAUSA�, se soport� en los mismos hechos que la anterior Practicada la audiencia de que trata el art�culo 101 del C�digo de Procedimiento Civil la cual result� fracasada, se abri� luego el proceso a pruebas, se allegaron, decretaron y recibieron las solicitadas por las partes cumplido lo cual se dio traslado para alegar, haciendo uso de este derecho cada una de las partes.
Dict� luego el Juzgado de conocimiento la sentencia apelada en la que neg� las pretensiones demandadas se�alando que �(�) el historial probatorio en relaci�n con los requisitos axiol�gicos que deben acreditarse para la prosperidad de la acci�n de responsabilidad civil, es muy escaso, en efecto lo �nico que obra es el informe de transito, pero el mismo no da cuenta de c�mo ocurri� el accidente (�)�, sin que ninguno de los dem�s elementos de juicio arrimados al plenario ense�an prueba sobre el da�o y la relaci�n de causalidad.
FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACI�N: Reproch� la demandante el fallo que se deja compendiado asegurando en principio que a pesar de estar probadas las contradicciones en la declaraci�n del conductor del veh�culo ante la justicia penal, decide el Juzgado aceptarla como plena prueba sin el m�nimo an�lisis y sin que de otro lado exista siquiera otra prueba o indicio que respalde el dicho del conductor.
Recaba que una de la mentiras en que incurre el procesado y evidencia que simplemente trata de justificar su conducta, es que el se�or TENZA, se baj� de otro veh�culo de servicio p�blico no obstante que en la calzada en donde ocurri� el accidente se encuentra prohibida la circulaci�n de veh�culos de servicio p�blico colectivo de pasajeros sino apenas los de servicio particular.
Concluye entonces que no puede ser cierto que el encartado hubiese estado observando los reglamentos de tr�nsito y el deber de cuidado pues si en contrario est� probado que el peat�n ya estaba terminando de rebasar la calzada central, cuanto se evidencia es imprudencia e impericia del conductor; relieva que el expediente no ofrece que haya quedado huella de frenada que revele que trat� siquiera de impedir el arrollamiento.
Por otro lado resalta el hecho de que no se hubiese dado cuenta que al momento del accidente el conductor se encontraba violando en forma flagrante los reglamentos de tr�nsito en atenci�n a que no est� permitida la circulaci�n de veh�culos de servicio p�blico por la Avenida Caracas, y menos a�n en la calzada en la que se atropell� al se�or TENZA, denotando con ello que adem�s falt� al deber de cuidado pues ha de tenerse en cuenta el sitio en el que fue arrollado el peat�n. Menciona que si realmente el conductor del rodante hubiera ejercido su actividad con el cuidado que ella exige, simplemente disminuye la velocidad y evita el accidente, porque no es de recibo justificar el arrollamiento de una persona que atraviesa una v�a totalmente despejada por el solo hecho que no lo hizo por la cebra, lo que equivaldr�a a afirmar que el se�or CUBILLOS se encontraba autorizado para pasar el rodante por encima de cualquier persona que no cruce la calzada por la cebra o puente peatonal.
Diserta que si se tiene una v�a despejada y el conductor est� atento, conduce a una velocidad inferior a los 60 kil�metros por hora y ve a una persona cruzando la v�a, nada le impide disminuir la velocidad o detenerse porque la aparici�n del peat�n no fue repentina, ya estaba terminando de rebasar la calzada por donde no deb�a transitar la buseta, es decir, que un conductor prudente y que conduce con el cuidado que la actividad exige, perfectamente pod�a divisar al peat�n a prudente distancia y evitar el accidente, raz�n por la cual, al encartado no le queda otra salida que inventarse la presencia de otro rodante en la v�a, hecho que no tiene ning�n respaldo probatorio sino su sola versi�n. Concluye se�alando que el conductor falt� a la prudencia pues la v�a es recta, plana, con buena iluminaci�n, es decir, que pod�a advertir la presencia de cualquier persona a prudente distancia; m�s a�n si se tiene en cuenta que estos rodantes son altos.
CONSIDERACIONES: Ning�n reparo merecen los presupuestos procesales habida cuenta que se hallan presentes a plenitud. Tampoco se observa causal de nulidad que vicie lo actuado. Pues bien: en orden a verificar los argumentos de la impugnaci�n d�bese se�alar de entrada que no podr�a hall�rsele m�rito a la pretensi�n. Y todo porque examinadas las copias surtidas en la investigaci�n penal, se desprende que LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N fue absuelto, mediante resoluci�n de preclusi�n de la investigaci�n, por el punible de homicidio culposo por los mismos hechos que sirven de fundamento a la presente acci�n de reparaci�n de perjuicios.
Ahora bien: es cierto que en la investigaci�n penal ninguno de los demandantes fue parte. Y bien sabido es que las pruebas practicadas v�lidamente en otro proceso, de conformidad con el art�culo 185 del C�digo de Procedimiento Civil, se tienen como prueba trasladada y son apreciables �sin m�s formalidades�, cuando se hubiere practicado con audiencia de las partes.
Lo que aqu� no sucedi�. Sin embargo, la norma en comento en manera alguna dice que una prueba producida en otro proceso, es de por s� ineficaz por no haber tenido una de las partes la oportunidad de controvertirla. Lo �nico que refiere es que si las partes tuvieron la oportunidad de opugnarla en ese asunto, la misma se aprecia �sin m�s formalidades�; o lo que es lo mismo, que en el asunto civil no se hace menester someterla nuevamente a contradicci�n. Por modo que su eficacia surge en la medida en que se someta al conocimiento de la parte que en ella no particip�.
Desde luego que, como con acierto lo indica la doctrina, �un elemento de convicci�n judicial no puede, en principio, oponerse al litigante que no lo conoci� y no tuvo injerencia en su producci�n. El principio de publicidad de la prueba significa que debe permitirse a las partes conocerla, objetarla, discutirla y analizarla para patentizar ante el juez el valor que tiene; pero significa tambi�n que las conclusiones del fallador sobre la prueba deban ser conocidas por las partes, para, si es el caso, impugnarlas� a tono con lo cual, se�al� la H. Corte Suprema de Justicia que �A la contraparte le asiste el derecho de fiscalizar la prueba de su adversario en el litigio.
Y para esto la prueba se le hace conocer cuando formulada la petici�n y decretado el auto respectivo se le notifica a la contraparte (�)�. En este caso y precisamente para ese efecto, el Juzgado de conocimiento orden� tener tales copias como prueba (fl. 183) para de ese modo someter las probanzas all� recaudadas al prisma de la contradicci�n cumpliendo de ese modo los principios de publicidad y contradicci�n de la prueba para dejarlas as� revestidas del vigor suficiente para oponerlas sin remedio y en forma definitiva a las partes.
Y como en el aludido traslado no se opugnaron, significa que su vigor probatorio es m�s que evidente. Por modo que dichas piezas procesales tienen fuerza suficiente para entender que la providencia atr�s aludida produce efectos de cosa juzgada respecto de la culpabilidad del se�or LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N, por manera que este aspecto no puede ser nuevamente debatido sin que se socave el derecho fundamental al debido proceso consagrado en el art�culo 29 de la Constituci�n Nacional que proh�be investigar dos veces a una misma persona por unos mismos hechos.
A ese prop�sito, conviene se�alar que la cosa juzgada penal envuelve efectos erga omnes. Sobre el particular, refiri� la H. Corte Suprema de Justicia: �(..)Dicho en otras palabras, la identidad de objeto, causa y partes que, en el campo civil y al tenor del texto legal citado en el p�rrafo precedente, delimita por principio el alcance de la cosa juzgada, no constituye en modo alguno la base de an�lisis que se busca, toda vez que dada la distinta naturaleza de los dos tipos de actividad jurisdiccional '� no es posible la concurrencia de aquella triple identidad en una y otra.
La autoridad de la cosa juzgada en lo penal dentro del proceso civil descansa en principios de orden p�blico que lleva al juez a actuar en funci�n de la tutela que dispensa el derecho penal, y que en principio no puede abandonarse a la actuaci�n de los particulares. Por este motivo, las situaciones de la vida humana que son materia del proceso penal tienen por objeto el delito, como ofensa p�blica cuyo castigo interesa a toda la comunidad, distintamente a lo que sucede con el juicio civil donde el juez act�a en guarda de un simple inter�s particular; y es por ello, tambi�n por lo que el fallo penal hace tr�nsito a cosa juzgada erga omnes, no s�lo en cuanto al hecho en que la acci�n penal se funda, su calificaci�n y la participaci�n y responsabilidad del sindicado, sino tambi�n respecto de todas aquellas acciones que, como la del resarcimiento del da�o, tengan su fundamento en hechos enjuiciados por el juez penal �.' (G.J. T.LXX, p�g. 234), lo que lleva a sostener, siguiendo de cerca las ense�anzas de los hermanos Mazeaud (Tratado Te�rico y Pr�ctico � Tomo II, Vol. 2�, Num. 1745), que los �rganos integrantes de esta especialidad jurisdiccional, cuando resuelven sobre el fondo de la acci�n p�blica originada en la infracci�n de la ley penal, con vista en un marcado inter�s social fallan entre una parte y la comunidad entera para que la decisi�n as� adoptada dentro del marco de su competencia, se imponga a todos: '� nadie puede ser llevado - dicen los afamados expositores en referencia - a discutir las disposiciones penales de la sentencia, incluso en sus consecuencias sobre los intereses civiles.
Por eso, la autoridad de la cosa juzgada en lo criminal es absoluta sobre lo civil, sean cuales sean las partes, sean cuales sean el objeto y la causa de la demanda civil �'. (Se resalta) �( ) c) Finalmente, no debe perderse de vista que la autoridad absoluta de la cosa juzgada criminal originada en una sentencia de condena dotada de firmeza ' � est� condicionada y limitada en raz�n de su fundamento mismo a lo que ha sido necesaria y ciertamente decidido en la acci�n p�blica penal, a la materia o punto en que pueda coincidir el objeto procesal de ambas acciones, por lo que la raz�n de orden p�blico adscrita a la vida del Estado exige es que se evite la contradicci�n entre sus �rganos jurisdiccionales �' (G.J. T. LII, p�g. 799).
En otros t�rminos, es �nicamente la soluci�n del proceso penal lo que se juzga erga omnes y, por lo tanto, autoridad con semejante extensi�n es predicable tan solo de aquellas comprobaciones con efectos punitivos que, efectuadas por el juez penal y por mandato expreso de la ley, son de tal naturaleza que se las deba considerar como base necesaria e insustituible de la responsabilidad criminal declarada, criterio este que para su cabal entendimiento, bien puede desdoblarse en dos f�rmulas paralelas entre s� y que a la vez se limitan rec�procamente, recogida en los siguientes enunciados: �(i) Los jueces penales tienen la funci�n privativa de decidir sobre la existencia del hecho constitutivo de la infracci�n penal, si ese mismo hecho le es jur�dicamente imputable al sindicado, y en fin, si se produjo con las caracter�sticas exigidas por la ley para motivar la aplicaci�n de una determinada pena prevista en el c�digo del ramo; �(ii) (..)los jueces del fuero punitivo en el marco propio de la acci�n penal, no est�n llamados a estatuir sobre hechos determinantes de simple responsabilidad civil no condicionada por la soluci�n dada a la cuesti�n penal en el correspondiente fallo; si lo hacen, no se remite a duda que sus conclusiones forman parte del juicio jurisdiccional as� emitido, pero lo cierto es que a ellas no se une la autoridad absoluta a la cual viene aludi�ndose y por ende 'no existe ning�n inconveniente para que sean contradichas en el proceso civil, puesto que aun cuando el mismo juez penal hubiera advertido su error, su resoluci�n no habr�a sido modificada.
El juez civil no tropieza con la decisi�n dada a la acci�n p�blica, no la declara inexacta, y solamente aprecia a su manera hechos que el juez penal no tenia porque considerar (..)' (Mazeaud Op. Cit., Num. 1766)� De lo expuesto, surge coruscante que, por haber estudiado el Juez penal la culpabilidad del conductor del veh�culo causante del agravio y, por haber concluido y decidido que no se le pod�a enrostrar responsabilidad en la muerte de LUIS ANTONIO TENZA, en este proceso no es posible volver sobre tal punto, lo que conduce, inexorablemente, a la absoluci�n del demandado.
En efecto, si, como est� visto, las pretensiones deducidas en la demanda, las cuales se acompasan con los fundamentos de hecho y de derecho invocados en el libelo introductor del proceso, son de car�cter indemnizatorio, y la fuente de donde brotan tales pedimentos, es, exactamente, la responsabilidad civil extracontractual que los demandantes le enrostran a los accionados, tales pretensiones encuadran dentro de la responsabilidad civil aquiliana que contempla el C�digo Civil colombiano en sus art�culos 2341 y siguientes, que desarrollan el principio de derecho universalmente aceptado, por el que quien con una falta suya cause un perjuicio a otro est� en el deber de repar�rselo; y seg�n los principios reguladores de la prueba, quien en tal supuesto demande la indemnizaci�n corre con la carga de probar (art. 177 C. de P. Civil).
As�, de continuo se ha establecido que la prosperidad de la pretensi�n indemnizatoria por responsabilidad civil extracontractual, requiere, para su �xito, la concurrencia y comprobaci�n del tr�pode de elementos que la configuran: hecho culposo, da�o y relaci�n de causalidad entre uno y otro. La culpa, como elemento esencial para la configuraci�n de la responsabilidad extracontractual, est� desvirtuada en cabeza del conductor de la buseta, como ya se acot�, con la resoluci�n proferida en materia criminal, lo que de suyo descarta que puedan prosperar las pretensiones de la parte demandante.
Refuerza este aserto, el siguiente p�rrafo tomado de la obra ya citada del tratadista Carlos Alberto Olano Valderrama: �En efecto, para deducirle responsabilidad al propietario o al que puede disponer del uso del veh�culo, con pacto de reserva de dominio, es indispensable que existan los siguientes requisitos: �a) La demostraci�n del nexo de causalidad material entre la circulaci�n del veh�culo y el hecho da�oso; �b) Que al conductor se le pueda deducir culpa, as� sea presunta, en la producci�n del evento, es decir, que el hecho no se deba a caso fortuito, fuerza mayor o culpa exclusiva de la v�ctima o de un tercero, pues si al conductor se le declara exento de culpa, el propietario del veh�culo quedar�a tambi�n liberado de la carga del resarcimiento; �c) Que el propietario o cualquiera de los sujetos a �l equiparados, no pruebe que la circulaci�n ocurri� contra su voluntad, voluntad que puede ser expresa o t�cita, expl�cita o impl�cita ( )� (Negrilla fuera del texto) Sentado lo anterior, conviene ahora precisar si el mencionado fallo penal, tiene aqu� tal incidencia, al punto que constituya el fen�meno de cosa juzgada penal absolutoria, a cuyo prop�sito, conviene memorar que de conformidad con el art�culo 57 del C�digo de Procedimiento Penal, vigente para entonces, �La acci�n civil no podr� iniciarse ni proseguirse cuando se haya declarado, por providencia en firme, que el hecho causante del perjuicio no se realiz� o que el sindicado no lo cometi� o que obr� en estricto cumplimiento de un deber legal o en leg�tima defensa�.
Sobre el particular, estim� la H. Corte Suprema de Justicia: �Establecida la taxatividad en el punto, conviene enseguida memorar los eventos que tiene la virtualidad de silenciar al juez civil. Tradicionalmente se ha hablado de prove�do absolutorio que halla su fuente en que el hecho investigado no existi�, o que el sindicado no lo cometi�, o que �ste obr� en riguroso cumplimiento de un deber o en leg�tima defensa.
Tanto el primero como el tercer caso son tan coruscantes que relevan al int�rprete de cualquier comentario y su comprobaci�n se convierte en una tarea bastante hacedera. Acaso el segundo reclama puntualizar, pues en �l se anidan muchas equivocaciones, de lo cual es muestra patente el caso que de momento ocupa la atenci�n de la Corte, que necesariamente abarca todas las hip�tesis en que la absoluci�n penal se debi� al reconocimiento de un hecho que rompe el nexo causal indispensable para la configuraci�n de la responsabilidad civil; en reducidas cuentas, quedan comprendidas all� todas las hip�tesis que caen bajo el com�n de �causa extra�a�.
Evidentemente, llegarse a la absoluci�n porque se estima que medi� el caso fortuito o la fuerza mayor, o el hecho de un tercero, o la culpa de la v�ctima, es tanto que como asegurar que el hecho generador de la responsabilidad que se imputa al procesal no lo cometi� �ste. Obs�rvese bien que la ley, al referirse al hecho, no habla a secas, como para que entonces no pudiera hablarse m�s que de una participaci�n f�sica o material del sindicado, sino que alude es al hecho �causante� del perjuicio, para aludir as� al hecho jur�dicamente relevante en la producci�n del da�o� (Negrilla y subraya del Tribunal).
Se tiene entonces, de conformidad con la doctrina jurisprudencial que viene de mencionarse, que en este caso refulge con absoluta transparencia, que la absoluci�n de que fue sujeto LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N mediante el mencionado fallo penal, produce, para este proceso, los efectos de cosa juzgada en lo civil. En efecto: el caso de autos t�rnase inmejorable para ver de establecer que el sindicado no lo cometi�, justamente, porque el mencionado fallo penal concluye que �(�) los hechos acaecieron sin que el aqu� sindicado hubiese tenido la menor intenci�n de realizarlo, escapando as� los hechos del ambito (sic) del Homicidio Culposo descrito en el Art�culo 329 del C�digo Penal, no obstante haber sobrevenido la muerte de LUIS ANTONIO TENZA, �sta no es atribuible a la responsabilidad o culpa de LUIS ALFONSO CUBILLOS, por cuanto seg�n su dicho se trat� de un acontecimiento imprevisto dificilmente (sic) evitable lo que para este Despacho Fiscal enmarca dentro de una causal de inculpabilidad, descrita en el Art�culo 40 numeral 1� del C�digo Penal, eso es la acci�n se realiz� por caso fortuito�.
Ya luego, a rengl�n seguido, enumera algunas caracter�sticas que la doctrina ha se�alado en relaci�n con el caso fortuito para concluir que �(�) encontrandonos (sic) frente a una causal excluyentes de culpabilidad, esta Fiscal�a calificar� el m�rito de la presente investigaci�n, con Resoluci�n de Preclusi�n de la Instrucci�n (�)�. (fl. 121 Cdno. de copias).
Ah� en ello se revela palmariamente lo que se quiere significar: el conductor LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N, fue sindicado de ser el responsable del accidente en que falleci� LUIS ANTONIO TENZA y la justicia penal lo absolvi� porque encontr� que no fue su conducta la que determin� la colisi�n sino que se trat� de un �caso fortuito�. Esto fuerza a admitir entonces, que el funcionario penal estim� que el hecho �causante� del perjuicio cuya reparaci�n aqu� se pretende, no lo cometi� el sindicado, produci�ndose la cosa juzgada penal sobre lo civil de que trat� el referido art�culo 57 del C�digo de Procedimiento Penal.
Y si el conductor del veh�culo que se dijo causante del perjuicio, no es hallado responsable y por ende, como se vio, tampoco lo son el propietario o la empresa afiliadora, s�guese entonces que las pretensiones deben fracasar. T�ngase en cuenta que los efectos erga omnes de la cosa juzgada penal, pueden ser oponibles a cualquier persona, as� no haya sido parte en el proceso penal, o como lo advierte la doctrina, en tal evento la �autoridad de la cosa juzgada en lo criminal es absoluta sobre la civil; se impone sean cuales sean las partes, sean cuales sean el objeto y la causa de la demanda civil�.
El reproche en punto de las presuntas contradicciones del demandado LUIS ALFONSO CUBILLOS AGAT�N cuando declar� en la citada investigaci�n penal, que ven�a conduciendo por sitio prohibido, etc., carecen de cualquier trascendencia si es palmar que el efecto de cosa juzgada no puede ser objeto de nueva indagaci�n como lo viene sosteniendo la jurisprudencia nacional a la cual ya se ha hecho alusi�n en esta providencia. Por lo dem�s, no debe olvidarse que en materia penal la propia versi�n exculpativa del sindicado tiene gran valor en la medida en que, como la ha sostenido igualmente la jurisprudencia: �(�) admitir que la referida versi�n no constituye medio probatorio o que �nicamente es reconocido como tal cuando hay en ella confesi�n, implicar�a llegar a un contrasentido legal y jur�dico, ya que carecer�a de explicaci�n en el campo del Derecho, entender que la Ley Procesal posibilite al instructor allegarla y al imputado solicitar su recepci�n, si ning�n valor va a tener ni para la consiguiente decisi�n a tomar cuando culmine la investigaci�n previa ni posteriormente dentro del proceso propiamente dicho, y tampoco la encontrar�a el reducirla exclusivamente a la confesi�n, pues con una tal concepci�n, se estar�a creando una condici�n que la Ley no exige, cuando lo que se establec�a en el inciso tercero del art�culo 322 del C�digo Procesal aplicado en el caso de autos, es el reconocimiento de un determinado medio probatorio: la confesi�n, para cuando en la versi�n el imputado acepte el hecho, pudiendo tambi�n suceder todo lo opuesto: que no lo admita, lo justifique o lo haga en un plano de inculpabilidad, sin que este contenido le cercene su car�cter de medio probatorio pues, a la postre, lo que se reconoce es la recepci�n de la versi�n, sin condicionar su contenido, como no podr�a ser de otra forma, ya que los juicios de valor que impone el determinar la existencia del hecho, o la tipicidad del mismo, o de una causal de justificaci�n y con mayor raz�n de inculpabilidad, pueden fundamentarse precisamente a partir de la versi�n, no obstante que de todas maneras, para llegar a colegir si procede abrir investigaci�n o inhibirse de ella, se impone apreciar todas las pruebas allegadas en la investigaci�n preliminar y entre ellas la versi�n del imputado, que como prueba que es, no puede dejar de apreciarse so pena no s�lo de desconocer la misma ley, sino que imposibilitar�a acudir a ella para adelantar la propia instrucci�n y el proceso en general� Sea como fuese, sin perjuicio de todo cuanto viene dicho, es palmario que en ning�n caso, ni siquiera en el supuesto de que se llegase a concluir que efectivamente la versi�n del conductor es contradictoria y en modo alguno demuestra causa extra�a en la causaci�n del accidente o que en verdad se encontraba �ste obrando en contravenci�n de las normas de tr�nsito, ni a�n en esas hip�tesis las pretensiones demandadas encontrar�an buen suceso.
En efecto: es cierto que en trat�ndose de responsabilidad devenida del ejercicio de actividades peligrosas se ha convenido doctrinal y jurisprudencialmente que la v�ctima se encuentra exonerada de la prueba de la culpa. Mas tal eximente de prueba no se predica por igual del da�o y de la relaci�n causal entre �ste y aquella, cual significa que quien reclame la indemnizaci�n debe acreditar como cosa de su incumbencia el da�o, obviamente su intensidad (quantum) y la relaci�n de causalidad entre el da�o y la culpa.
Sucede empero que el expediente no ense�a prueba alguna a ese particular. Tanto, que ni una sola de las pruebas practicadas en el proceso fue decretada a instancia de la parte actora; n�tese que las que solicit� jam�s se recaudaron sin reproche alguno de su parte. Cumple decir entonces, por ese aspecto, que falt� al cumplimiento de la carga procesal que recoge el art�culo 177 del C�digo de Procedimiento Civil.
Debe as� convenirse en que, ni desconociendo inv�lidamente lo resuelto por la justicia penal, tendr�an �xito las pretensiones. S�mese a ello que en esta clase de conflictos, �(�) la responsabilidad del due�o por el hecho de las cosas inanimadas proviene de la calidad que de guardi�n de ellas pres�mese tener ( )�, presunci�n �sta que, precisamente, se deriva de que al momento del percance, tiene el due�o del veh�culo generador del da�o un poder efectivo e independiente de direcci�n, gobierno o control, por lo que le compete el deber de tomar todas las precauciones necesarias en orden a evitar que la actividad llegue a ocasionar da�os.
Mas tambi�n es claro que la referida presunci�n �puede desvanecerla el propietario si demuestra que transfiri� a otra persona la tenencia de la cosa en virtud de un t�tulo jur�dico, como el de arrendamiento, comodato, etc., o que fue despojado inculpablemente de la misma como en el caso de haberle sido robada o hurtada ( )" (G.J. T. CXLII, p�g. 188. sent. de 18 de mayo de 1972).
Y tal es, justamente, lo que revelan las diligencias pues desde el momento mismo del accidente quien reclama y acredita tener ese poder de direcci�n y control es el tercero ARIST�BULO MONROY MORENO. N�tese que cuando sucedi� el accidente, refiri� el conductor que el citado era el due�o del mismo, que incluso �ste vino a presentar en este proceso incidente de desembargo alegando su posesi�n material; igualmente, en la investigaci�n penal igual se present� como propietario y obtuvo as� que el Fiscal le hiciese entrega provisional del veh�culo.
Otro tanto se obtiene de la declaraci�n por �l rendida en este proceso. As� que son muchas y de variada �ndole las pruebas que infirman la presunci�n de guardi�n que se le endilg� a JORGE NI�O y por lo mismo, no estaba legitimado para responder por el agravio. Como tampoco lo estar�a la empresa demandada si por igual, su responsabilidad surge s�lo en la medida en que se lucre de la actividad que desarrolle el veh�culo afiliado.
Y ocurre que es punto pac�fico que para cuando se sucedi� el accidente, el conductor no estaba desarrollando actividad alguna en beneficio de la empresa cual se infiere, entre otras cosas, de la hora en que sucedieron los hechos y la v�a en que transitaba, al margen que viajaba completamente s�lo. Todo cuanto se deja dicho revela que debe confirmarse la providencia apelada sin que haya lugar a costas en esta instancia por no aparecer causadas.
En m�rito de lo as� expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, D.C., en Sala Civil de Decisi�n, administrando Justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley,
RESUELVE
PRIMERO. - Conf�rmase en su integridad la Sentencia que en este asunto dictase el Juzgado Civil del Circuito de C�queza (Cundinamarca), por descongesti�n del Juzgado Treinta Civil del Circuito de Bogot�, D.C., el d�a diez de noviembre de dos mil tres, de conformidad con las motivaciones que anteceden. SEGUNDO.- Sin costas en esta instancia. Notif�quese, CARLOS JULIO MOYA COLMENARES Magistrado.
HUMBERTO ALFONSO NI�O ORTEGA Magistrado. MANUEL JOS� PARDO CARO Magistrado. COLOMBIA. Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Civil. Sentencia de 23 de 1985. Magistrado Ponente: Dr. HUMBERTO MURCIA BALL�N. �dem. Sentencia de 15 de abril de 1997. Magistrado Ponente: Dr. JOS� FERNANDO RAM�REZ G�MEZ. Obra citada P�g. 167 �dem. Sentencia de 12 de octubre de 1999.
Expediente N� 5253. Magistrado Ponente: Dr. Manuel Isidro Ardila Vel�squez. Corte Suprema de Justicia. Sentencia de 3 de marzo de 1952 (LXXI, 487). Henri y Le�n Mazeaud, Andr� Tunc, Tratado Te�rico y Pr�ctico de la Responsabilidad Civil Delictual y Contractual, Tomo Segundo, Volumen II, p�g. 354. Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Penal.
Sentencia de 28 de septiembre de 2001, Exp. N� 16373. PAGE PAGE 2 Apelaci�n Sentencia. Ordinario de CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA y Otros contra JORGE NI�O y Otros. Apelaci�n Sentencia. Ordinario de CONCEPCI�N CAMARGO DE TENZA y Otros contra JORGE NI�O y Otros. ,-����)A]��- / � �% & ) � � � � � �,�,�0�0 262M3N3+4X45X5 6;6@6A6^:i:�:�AB@B�B�B]C�L�L�L/TZU(V�������������������Կ�̷̪�ԡԡԡԓ���j0J6�CJU]�aJ5�6�CJ]�aJj0J6�CJUaJ6�>*CJaJ6�>*CJ]�aJ5�\� 6�CJaJ]�6�CJ]�aJ\� 5�CJaJaJ5� jUCJ$OJQJaJ$CJOJQJ^J:AU��� ,�����������������$dha$$dha$$a$$a$X$$If�F����� � �0�������6���� �� ��4� Fa� $$Ifa$��F�#��������*+_`67������� �; 8?8���������������������������$dha$$dha$?8j:k:�:�:lCmC�G�G?I@I�L�L\Q^Q�R�R.T/T�TZU�V�W�W�Y�YZZ��������������������������� $�7�7]�7^�7a$$dha$(V�VwW�W�W�X�YZ�]�] ^:`;` *CJ\�aJ j0JU 6�CJaJ5�6�CJ\�aJ8Z``a`�a�a"f#f�h�hxiyi�j�j�l�l[m\m�t�trvsv{x|x�y�y z z�z���������������������������$dha$ $�7�7]�7^�7a$�z�z)~*~����X�Y�1�2�ʃ˃��������ʅ˅��������%�1�2�3����������������������������$dha$$dha$3�P�\�]�^�u��� �h����A�وE�F�O�P�Q�\������� �!������������������������$a$ $����&`#$a$�h]�h����&`#$$a$$a$$dha$����A�B�وڈE�F�G�M�N�O�Q�R�X�Y�Z�[�\�q�������ԉ �!�$����������������������� 6�CJaJ6�CJ]�aJ 0J6�CJ]�aJmHnHu0J6�CJ]�aJj0J6�CJU]�aJ0J j0JU 6�CJaJj0J6�CJUaJ6�CJaJmH $sH $ j0J6�CJUaJmH $sH $!�"�#�$����$dha$3 0&P1�h ��/ ��N!��"��#��$�� %����� �� CDd� l lw�R� � S �.A����Image4��b�eB �, �zo�O���L��ABD�n �9B �, �zo�O���L���PNG IHDR�� ���PLTE�����������f��3���������̙��f��3�������������f��3���f��f��f��ff�f3�f�3��3��3��3f�33�3�������f�3������������f��3���������̙��f��3��̙�̙�̙�̙f̙3̙�f��f��f��ff�f3�f�3��3��3��3f�33�3�������f�3������̙����f��3�������̙̙��f��3�������̙����f��3���f��f̙f��ff�f3�f�3��3̙3��3f�33�3���̙��f�3�f��f��f��f�ff�3f�f��f��f̙f�ff�3f�f��f��f��f�ff�3f�ff�ff�ff�fffff3fff3�f3�f3�f3ff33f3f�f�f�fff3f3��3��3��3�f3�33�3��3��3̙3�f3�33�3��3��3��3�f3�33�3f�3f�3f�3ff3f33f33�33�33�33f333333�3�3�3f333�������f�3�����̙�f�3��������f�3�f�f�f�fff3f3�3�3�3f333���f3�����wUD"�����wUD"�����wUD"�����ݻ��������wwwUUUDDD"""����tRNS�����������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������J? �bKGD� H cmPPJCmp0712Hs�=�IDATx^�}Mo�V��\bK�$^�6ֲ��H�w�ޔ�wU�D����V���m 7�f�'�+@�nW���7��b��ʪ�n}�"�� ��0M���畜5��-��� Sފ��U� �s#�j�J��m�?�\n��S{j�T���6���e ��ɖemoY��:r�L ����ƽ�{ 9K��n��s� RPeOXE���2��~Z��I '�St��m�#M�� ���փOAex NW�D�� �-t��M����>N{���0��t��� ���9�0m\Qz�=�/�T �t� U� �:�\ }^ B��aj8% ���i"-���� tLg4����J��z��=�qQ��j� \]d�v�j*�9 T�$�>�c o.�*W]��s �s�� ܫ�� p\�Y3\�g@���-��Rc����:���|k(�A�V��q=� 0l�.G����OcHf/��Y� �,����C��� ���i��5�-j�p��:���}����!�䮨@; 7L�\DiJ�ȩ+"Ȃ��i)�D 1�^&m�U�v ����.hb�?TVK�K�"��iē l +���a=7��NP0�`��9 ��q.�9��7 �1�!� ��@�$�V��zZ��a��~�ȝ� ѷ1:I{�)y�f�Rz3?��[ � �F�螹D��0B�O'�-�"�R$9f��ҹ�(�cx;�� G�vT��L��t�v�6�F�1����=`= %� ��h���3 "���XjH���MdT�� ��y�j=���aiq��ѦY����sM ����� ��5*�)�`��D��k~���X��y-X��G�|��|�)�:,,�X\��p4�km ��#�=���HC�l\ Y�͇Q�M �g3��`�����8�hL����T���QR��̺ F��� �]�o���?E|�����v��� 4��ҡA � D�1M�F5�}�dܭ�6��V��;�X˘�"7�yG����ێ�A�v���T�,w@ %�+M���-��� ʰ ��F���J�|�d���U�y� �VG��� >n;���Y:���_T#O4!��ޠt��.�@�Ae��b~jO.̭q� )���0 �U�Rr�|�f7�Z�6 9���(�� k�jyRtTbg?_��Y���|~�1΅)#u��F��j�z���L�D�ܴ:��Y "�����M��Q(�N��In��a� ��1]&c�J�B j�ګ�� \�v�bi��jV��8��^*�E�6 a�C�T��t��� �4������bȔaH� ֶW�|5�P4��^�c����J��6�3Ş�(���-�t����`;���! 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