Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: 11001 3199 001 2014 76895 01

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Oscar Fernando Yaya Peña

Fecha: 2017-03-15

Sujetos procesales: ZONA CARDIO S.A.S. CONTRA EJERCICIO INTELIGENTE S.A.S.

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ANTECEDENTES

1. LA DEMANDA SUBSANADA. Pidi� la libelista que se declare que su contraparte incurri� en las conductas previstas en los art�culos 7� (prohibici�n general de competencia desleal); 8� (desviaci�n de clientela); 9� (actos de desorganizaci�n); 10� (confusi�n); 15� (explotaci�n de la reputaci�n ajena) y 17� (inducci�n a la ruptura contractual) de la Ley 256 de 1996 y que, en consecuencia, se le ordene �cesar de forma inmediata todos los actos desleales descritos�, as� como indemnizar el �da�o emergente� sufrido por la actora, �equivalente a 1.200 SMMLV, o la suma que resulte efectivamente probada�.

Como pretensi�n consecuencial �subsidiaria�, pidi� que �la demandada publique tres veces la sentencia condenatoria en dos medios de comunicaci�n de alta circulaci�n nacional con lapsos entre 3 y 54 d�as h�biles entre cada uno�. En s�ntesis, se relat� en el libelo incoativo que desde el a�o 1994 y previa la celebraci�n de un contrato (verbal) con la opositora, Mauricio Gonz�lez, actual representante legal de la actora, empez� a operar (inicialmente a trav�s del establecimiento comercial Sport Market y a partir del a�o 2009 mediante la sociedad Zona Cardio S.A.S.) como distribuidor exclusivo, en el departamento de Antioquia, de los productos deportivos de la Marca Polar (cuya importaci�n a Colombia la ejerce, tambi�n de manera exclusiva, la sociedad demandada) y que, con motivo de esa labor de distribuci�n, la demandante incurri� en cuantiosos gastos para la capacitaci�n de su personal, la adecuaci�n de tiendas de venta, la inversi�n en maquinaria especializada y el impulso publicitario de los productos, con lo cual se logr� �el posicionamiento de la marca y la penetraci�n en el mercado del territorio (�), llegando inclusive a representar en el a�o 2012 el 37% de los ingresos totales de la demandante, lo que llev� a que la demandada concediera a aquella descuentos de hasta 50% en sus compras�.

Tambi�n se anot� que, entre los a�os 2012 y 2013, �las excelentes relaciones comerciales que se desarrollaron entre las partes, comenzaron a deteriorarse, hasta que la demandada comenz� a entorpecer los negocios de la demandante, incumpliendo injustificadamente las fechas de entrega de los pedidos, entregando cantidades incompletas (�), cambiando permanentemente las condiciones comerciales sin previo aviso ni justificaci�n (�), e incluso inform�ndole a funcionarios de algunos clientes (de la actora) que en adelante, los pedidos de los productos de la marca Polar se canalizar�an directamente a trav�s de Ejercicio Inteligente� y que, so pretexto de unas �reuniones� de aclaraci�n (de aspectos propios de la operaci�n de distribuci�n) y de cierre contable, la demandada logr� (artificiosamente) que Zona Cardio S.A.S. le suministrara �valiosa informaci�n comercial (y reservada) sobre cifras, sistema de trabajo y manejo e inventario de clientes�, la cual utiliz� posteriormente para �contactar clientes de Zona Cardio y ofrecerles condiciones comerciales imposibles de igualar (�); abrir establecimientos de comercio en Medell�n, para la comercializaci�n directa de los monitores Polar (�) y para asistir a eventos institucionales en los cuales la demandante era la que hac�a presencia en representaci�n de la marca�.

Destac�, finalmente, que todo lo anterior �condujo a que la demandante tomara la inefable decisi�n de renunciar de manera forzada a la distribuci�n de los monitores Polar para Antioquia (�), con lo que la demandada logr� su objetivo de apropiarse del negocio construido durante m�s de 20 a�os por la demandante, sin ning�n reconocimiento econ�mico�. 2.

LA CONTESTACI�N. La demandada excepcion� �inexistencia de violaci�n de la cl�usula de prohibici�n general. Buena fe y rectitud en el actuar de la demandada�; �inexistencia de actos dirigidos a desviar de forma desleal la clientela de Zona Cardio hacia Ejercicio Inteligente�; �inexistencia de actos dirigidos a la desorganizaci�n de la demandante�; �inexistencia de confusi�n entre la demandante y Ejercicio Inteligente�; �inexistencia de un indebido aprovechamiento del trabajo de Zona Cardio por parte de la demandada�; �inexistencia de actos de inducci�n a la ruptura contractual, por falta de los requisitos esenciales para su determinaci�n�;.

3. EL FALLO APELADO. El juzgador a quo neg� las pretensiones. Sostuvo que �no se encuentra prueba alguna en el expediente que indique que Ejercicio Inteligente contact� a clientes de la demandante para desprestigiar su labor comercial, ni mucho menos que los vendedores de la demandada se hayan dirigido a distintos almacenes de la ciudad de Medell�n anunciando que ella era la �nica distribuidora de monitores de la marca Polar�; que �la variaci�n de los precios durante la relaci�n comercial, es una conducta que, en principio, no es reprochable legalmente, pues para ello deb�a mediar mala fe, lo cual aqu� no se demostr� y que �la posici�n comercial de Ejercicio Inteligente, debido a su relaci�n con la compa��a de Finlandia, le permite manejar los m�rgenes de ganancia de los distribuidores, sin que tal ejercicio pueda considerarse, per se, desleal�.

Sobre los �actos de desorganizaci�n�, a�adi� que �las acusaciones correspondientes al suministro incompleto de los pedidos y al retraso de los pedidos, quedaron cobijadas por el fen�meno de prescripci�n extintiva que se declar� por auto No. 13388 de 2016, por lo que s�lo queda la posibilidad de estudiar la tercera de las acusaciones (que se esgrimieron como fundamento de la conducta desleal en comento) y sobre ello, ha de verse que no se prob� que Ejercicio Inteligente hubiera otorgado descuentos a los clientes con que la demandante asegur� haber tenido relaciones comerciales, ni tampoco que en ello hubiera mediado un comportamiento de mala fe, a lo que se a�ade que esa eventual conducta, por s� sola, no ser�a desleal, dada la posici�n privilegiada de Ejercicio Inteligente� y que �no se prob� que los clientes de Zona Cardio hubieran acudido a los establecimientos de comercio de Ejercicio Inteligente, ni que all� se les hubiera manifestado que la demandada ya quebr� y que la demandada era la �nica distribuidora autorizada y as� ello se hubiera probado, no se podr�an tener por configurados los �actos de confusi�n�, en tanto que si a los clientes que acudieron al establecimiento de la demandada, se les hubiera manifestado que el mismo no pertenece a la demandante, se les estar�a aclarando el origen empresarial de los productos, lo que de plano descartar�a el riesgo de confusi�n�.

Agreg� que �no se demostr� que Ejercicio Inteligente se hubiera valido indebidamente de la reputaci�n obtenida en el mercado por parte de Zona Cardio, pues si bien es cierto que la demandada ha incursionado en el mercado de Medell�n, debe diferenciarse el reconocimiento que ha obtenido Zona Cardio, de aquel del que goza la marca Polar, y de esta manera, la explotaci�n de la marca Polar, no puede reclamarla la demandante como si fuera suya�; que �no se prob� que Ejercicio Inteligente hubiera irrumpido en las relaciones comerciales que ten�a la demandante con sus clientes, o que hubiera abordado directamente a esos clientes), ni tampoco que hubiera ejercido influencia sobre estos, para que incumplieran sus deberes contractuales� y que �si las conductas desleales denunciadas son susceptibles de an�lisis a trav�s de los tipos espec�ficos, tales comportamientos no pueden llevarse a un nuevo an�lisis mediante la aplicaci�n de la cl�usula general de competencia desleal, ni mucho menos aquellos que no fueron probados durante el proceso.

En el presente caso, como las acusaciones son las mismas para el art�culo 7�, y para los dem�s actos que ya se analizaron, no es procedente, entonces, hacer un an�lisis adicional�. 4. LA APELACI�N. Adem�s de insistir en los fundamentos f�cticos y jur�dicos que adujo en su demanda, la parte actora aleg� que �el juez a quo no realiz� una valoraci�n adecuada de los dict�menes periciales aportados y de la prueba documental aportada al expediente, en donde se demuestra claramente la valoraci�n que tuvo la l�nea POLAR dentro de la sociedad Zona Cardio�; que dicho juzgador �tampoco supo interpretar las pruebas, en cuanto a lo que signific� el cambio de porcentajes en la valoraci�n de los productos y lo que esto signific� para los clientes de Zona Cardio, lo que disminuy� las condiciones comerciales y a su vez esto gener� una p�rdida en cascada de los contratos de compraventa que ten�a vigentes la demandante�; que �el se�or juez consider� que no era procedente analizar las conductas detalladas en el art�culo 7� de la Ley 256 de 1996, lo cual es a todas luces un desconocimiento de esa prohibici�n� y que �es a todas luces contrario a derecho la decisi�n de condenar al demandante, quien ha sufrido un detrimento patrimonial como consecuencia de los actos desplegados por la demandada, al pago de costas y agencias en derecho por la suma de $16�546.896�.

CONSIDERACIONES 1. Verificada la ausencia de irregularidades que impidan proferir decisi�n de fondo, anuncia la Sala que confirmar� el fallo apelado, principalmente porque ninguna de las argumentaciones que ofreci� la apelante (en las que, en lo medular, retom� las mismas alegaciones que hab�a ofrecido en su libelo incoativo), resultan suficientes para enervar la negativa que, a las pretensiones, le imprimi� el fallador de primera instancia, quien termin� por concluir, con una motivaci�n que comparte el Tribunal seg�n a espacio se ver� en seguida, que aqu� no se demostr� la comisi�n de las conductas desleales (generales y particulares) que se le atribuyeron a la parte opositora. 2.

Previo a efectuar un estudio individual de las causales de competencia desleal que invoc� la parte actora, es importante memorar que, por tratarse de un litigio de competencia desleal (y no de responsabilidad civil contractual), los �incumplimientos� que la demandante le endilg�, con marcado �nfasis, a su contraparte (concerniente a la intempestiva variaci�n del r�gimen de precios y descuentos; la disminuci�n del margen de utilidad de los distribuidores, el incumplimiento en las fechas de entrega pactadas y la intromisi�n en el mercado del departamento de Antioquia, que, seg�n la demanda, era exclusivo de Zona Cardio), s�lo habr�an ofrecido alg�n provecho para esta actuaci�n, en la medida en que la parte actora (sobre quien reca�a la carga de la prueba, de conformidad con el otrora vigente art�culo 177 del C. de P. C.) hubiera demostrado (junto con la comisi�n de esas �infracciones� de naturaleza contractual) que tales comportamientos estuvieron precedidos de una evidente intenci�n (de la demandada) de torpedear la actividad comercial que desempe�aba Zona Cardio, como distribuidora de productos de la marca Polar.

Sin embargo, las probanzas que se recaudaron ni siquiera reflejan, con la precisi�n que se requer�a, los t�rminos del v�nculo comercial que sostuvieron los extremos de este litigio (negociaciones que, al parecer, aun subsisten, seg�n lo manifest� la propia demandante al formular su apelaci�n). Y es que, para demostrar los alcances de esas negociaciones, la demandante se limit� a aportar unos escritos que, seg�n ella, contienen el clausulado que, al inicio de su acercamiento comercial con la opositora, esta �ltima le habr�a propuesto, documental que, por s� sola, no es apta para demostrar las condiciones de la relaci�n mercantil que aqu� interesa, principalmente porque no contiene firma o constancia de aceptaci�n alguna que sea atribuible a los extremos de esta actuaci�n (fls. 207 a 220, c. 2 y 83 a 119, c. 5).

No se olvide que, como lo precis� la Corte Suprema de Justicia en sentencia de casaci�n civil de octubre 30 de 2001, (exp. 5851), �de conformidad con el principio nemo alienum factum promittere potest, nadie puede quedar obligado sin su consentimiento. De ah� que para que una persona se obligue es necesaria la concurrencia de su voluntad��.

A lo anterior se a�ade que la foliatura no muestra, con la contundencia que se requer�a, que las variaciones que Ejercicio Inteligente introdujo a los t�rminos de la relaci�n comercial que sostiene con la hoy apelante, hubieran estado motivadas por un reflexivo o admitido prop�sito de frustrar la competitividad de Zona Cardio. Nada en el expediente se�ala que ello hubiera sido as�, y por el contrario s� hay varios elementos de juicio que sugieren que esas modificaciones contractuales, las aplic� la opositora, en forma indiscriminada, a todos los contratos que sosten�a con distintos distribuidores a nivel nacional.

V�ase, a manera simplemente ilustrativa, que los correos electr�nicos que aport� la misma demandante, de fechas 31 de enero y 14 de mayo de 2014 (en los que Ejercicio Inteligente informaba sobre la disminuci�n del margen de ganancia de los distribuidores y las variaciones en el precio de los productos), no fueron dirigidos exclusivamente a Zona Cardio, sino a �toda nuestra red de distribuci�n� (fls. 126 y 130) y as� tambi�n lo demuestran las misivas que aport� la demandada con su memorial de contestaci�n (con sus respectivas constancias de env�o), en las que Ejercicio Inteligente informaba a sus clientes (entre ellos SportCenter en la ciudad de Cali, Athletic de Colombia en Bogot� y Zona Cardio en Medell�n), sobre el �nuevo listado de precios� de los productos Polar, y el �reajuste en el margen de distribuci�n� (fls. 69 a 74, c. 7).

En ese escenario probatorio, as� se asumiera que la demandante demostr� las �infracciones� contractuales que le endilg� a su contraparte (lo que aqu� no es factible, dadas las deficiencias probatorias anotadas en precedencia), lo cierto es que ni siquiera en ese panorama se habr�an podido acoger las pretensiones que formul� la actora bajo el amparo del art�culo 7� de la Ley 256 de 1996 (�prohibici�n general de competencia desleal�), pues por su ausencia brillan elementos de juicio que demuestren que Ejercicio Inteligente hubiera infringido el �principio de buena fe comercial� a que alude esa disposici�n normativa. 3.

Precisado lo anterior, la Sala expondr� ahora las razones por las cuales considera que el sustrato f�ctico que se narr� en la demanda, tampoco se amolda a ninguna de las conductas desleales que, ya en forma concreta, se invocaron en el libelo incoativo de esta actuaci�n. 3.1 DESVIACI�N DE CLIENTELA. Como fundamento de esta causal, lo �nico que se dijo en el libelo incoativo de esta actuaci�n, es que Ejercicio Inteligente �contact� a clientes de la demandante para desprestigiar el trabajo hecho por esta� (fl. 125, c. 6).

Sin embargo, ninguna prueba alleg� la actora que demostrara, siquiera tangencialmente, las conversaciones en las que, seg�n ella, su contraparte habr�a pretendido desacreditarla, vac�o probatorio que, a estas alturas, no resulta sorpresivo, en tanto que, al sustentar su apelaci�n, la recurrente termin� por reconocer que la opositora �no abord� de manera directa a los clientes de Zona Cardio�, es decir, �a los sub-distribuidores a quien esta atend�a� y que la eventual �desviaci�n de clientela� a que se aludi� en la demanda, se produjo con motivo de los �precios bajos� con que la demandada empez� a ofrecer los productos de la marca Polar en la ciudad de Medell�n (fl. 67). 3.2 ACTOS DE CONFUSI�N. Autorizada doctrina ha se�alado que el riesgo de confusi�n de una determinada conducta �no es otra cosa que su idoneidad para crear confusi�n sobre la actividad o empresa con la que se entra en relaci�n, el establecimiento que se visita o la procedencia empresarial de los productos o servicios que se adquieren o contratan.

Ya se entienda aquella en sentido estricto mediato (como presentaci�n, en este caso, de las prestaciones de un sujeto como las de otro distinto) o inmediato (como creencia equivocada del consumidor de que los productos, distintos, proceden del mismo origen, porque los signos que los identifican son los mismos o semejantes), ya en sentido amplio o como riesgo de asociaci�n (creencia equivocada de que, pese a no ser id�ntico el origen empresarial, existen entre el titular del signo imitado y el imitador unos v�nculos jur�dicos o econ�micos que explican la imitaci�n�.

Aqu�, la demandante no fue clara al se�alar cu�les son esas conductas de su contraparte, por cuyo vigor los consumidores podr�an llegar a confundirse respecto de la persona con quien est�n contratando. De hecho, al exponer en esa pieza procesal los fundamentos f�cticos de la causal en comento, la misma recurrente reconoci� que, cuando a la opositora se le pregunt� �si su local comercial del centro comercial Santa Fe pertenece a Mauricio Gonz�lez (representante legal de Zona Cardio)�, dicha litigante manifest� que �el se�or Mauricio ya cerr� el almac�n� y que es Ejercicio Inteligente �el �nico distribuidor autorizado� (fl. 127, c. 6), comportamiento que, de tenerse como cierto, desvirtuar�a el proceder ambiguo o confuso que se le atribuy� a la demandada.

Sobre este mismo tema, cabe a�adir que los �nicos elementos probatorios que de alguna manera hacen referencia a la forma en que la demandada ofrece sus servicios al p�blico en general, son los correos electr�nicos y los volantes que aport� la misma actora (obrantes a fls. 99 a 106 del c. 6), en los cuales se observa que, al anunciarse en el mercado, la sociedad excepcionante emplea expresiones como �ya abrimos� o �ahora en Medell�n�, las cuales permiten colegir que no era propiamente el prop�sito de Ejercicio Inteligente, hacerse pasar por la sociedad Zona Cardio. 3.3 ACTOS DE DESORGANIZACI�N. Tampoco en la demanda se precis� cu�l fue concretamente la afectaci�n que sufri� (o podr�a sufrir) Zona Cardio en su estructura interna a causa de las conductas que le atribuy� a su contraparte.

Ciertamente, la parte actora se limit� a reprochar que las entregas tard�as, as� como la inesperada variaci�n de los precios y los m�rgenes de utilidad que efectu� la opositora, ocasionaron que �los clientes de la demandante�, decidieran obtener los productos de la marca Polar, directamente de manos de Ejercicio Inteligente, desconociendo as�, en palabras de la apelante �la cadena de distribuci�n que antes exist�a� (fl. 126).

Tampoco se demostr� que la demandada est� ofreciendo productos Polar por un precio menor al que para el efecto le indica a sus distribuidores y as� ello se hubiera demostrado, las probanzas que reposan en el expediente no muestran que tal eventual proceder (que por s� solo no es reprochable) hubiese tenido por objeto, o como efecto, una desorganizaci�n u obstaculizaci�n de la actividad econ�mica que ejerce la demandante, m�s all� de la que regularmente se produce con motivo del ejercicio de una libre y sana competencia. En �ltimas, como lo ha reconocido la doctrina extranjera, �la p�rdida de parte de clientela para acudir a la competencia debe ser considerado como uno de los avatares propios del marco econ�mico, siendo incluso permitido la actuaci�n de las distintas empresas del sector que buscan captar la clientela del competidor, pues la aspiraci�n final del sistema es que los usuarios o consumidores, que son, en definitiva, los destinatarios finales de los servicios o productos que se ofrecen, tengan libertad absoluta de elecci�n, siempre que la misma est� formada sin enga�os o ardides provocados por las empresas en competencia�. 3.4 EXPLOTACI�N DE LA REPUTACI�N AJENA.

Seg�n la doctrina, este comportamiento es �un supuesto de deslealtad que salvaguarda la �buena fama�: aquella calificaci�n o percepci�n positiva que tiene el mercado acerca de una empresa por su esmero dentro de la actividad mercantil� y para que pueda presumirse su configuraci�n, por lo menos ha de acreditarse �(i) si existe la reputaci�n, (ii) para despu�s demostrar si otro se aprovech� de ese camino recorrido por otro en el mercado, cobrando su uso y provecho, (iii) despu�s, de identificar si por la explotaci�n ajena se caus� perjuicio a la empresa�.

Ninguno de tales presupuestos se deduce de los hechos que se narraron en la demanda, ni de las probanzas que se recaudaron. Esos elementos de juicio no refieren que la sociedad demandante hubiera obtenido una particular �reputaci�n� en el mercado en que se desenvuelve (de distribuci�n), ni mucho menos que la opositora se hubiera aprovechado de esa �fama� o �acreditaci�n�, mediante maniobras fraudulentas, como, v. gr., inducir a error a terceros respecto de la sociedad comercial con quien estaban contratando.

Ya se advirti� que incluso la misma actora aport� algunos elementos probatorios que permiten colegir, prima facie, que Ejercicio Inteligente promovi� y publicit� sus tiendas de ventas en la ciudad de Medell�n, de manera independiente y en nombre y por cuenta propios, sin siquiera mencionar a Zona Cardio (o diferenci�ndola suficientemente, como se advierte en la fotograf�a del portal web de la demandada, fl. 101).

Y es que, seg�n el memorial incoativo de este proceso, lo que, en el fondo, parece reprochar la demandante por v�a de esta causal, es que su contraparte se hubiera aprovechado, a la postre, de los �esfuerzos� que ella habr�a realizado para lograr el posicionamiento y �acreditaci�n� de la marca Polar en el departamento de Antioquia� (fls. 127 y 128), acusaci�n que, en rigor, no evidencia la configuraci�n de la conducta desleal en comento, en tanto que, en la versi�n que dispens� la misma actora, la �reputaci�n� que en ese escenario se habr�a podido comprometer, m�s que la propia, ser�a la que ostenta una persona jur�dica que ni siquiera es parte en este proceso (vale decir, la sociedad titular de la marca Polar, que seg�n lo manifest� la demandada, es de origen finland�s). 3.5 INDUCCI�N A LA RUPTURA CONTRACTUAL.

A voces de la doctrina, �este supuesto salvaguarda la tranquilidad contractual de una empresa respecto de terceros ajenos a la relaci�n obligatoria�, y que puede presentarse en tres escenarios distintos: �(a) inducci�n al incumplimiento de contrato; (b) inducci�n a la terminaci�n regular y (c) aprovechamiento de la infracci�n contractual�.

En cuanto a la primera de las rese�adas modalidades, se ha dicho que la inducci�n al incumplimiento contractual �se presenta cuando el tercero ajeno al negocio jur�dico tiene influencia en el incumplimiento del contrato� y �la inducci�n a la terminaci�n regular se presenta cuando el contrato termina por causas mismas del negocio, pero (como todo negocio) con la posibilidad de prorrogar o de renovar su contenido, y el tercero, ajeno a esa relaci�n, interviene para que esa posibilidad no se concrete�.

Aunque con la demanda se allegaron unos correos electr�nicos que refieren algunas demoras que (en el a�o 2012) present� la demandada en la entrega de los productos que le hab�a comprado la hoy apelante (fls. 5 y siguientes, c. 4), ac� no se observan elementos que lleven a colegir que esas dilaciones hubieran sido determinadas por un inter�s de Ejercicio Inteligente de perjudicar las relaciones comerciales de la parte actora, ni tampoco que, con motivo de esos espec�ficos retardos, los clientes de Zona Cardio hubieran optado por terminar el v�nculo contractual que sosten�an con esta �ltima.

De hecho, la parte actora no aport� ning�n elemento de juicio que refiriera una terminaci�n unilateral del v�nculo contractual por parte de sus clientes, y se limit� a insistir en la �disminuci�n� que, seg�n ella, se present� en sus ventas durante los a�os 2013 y 2014 (contingencia que le atribuy�, entre otras cosas, a la sorpresiva incursi�n de la demandada en el mercado de Medell�n).

As� se tuviera por cierto, este �ltimo planteamiento no se enmarca en el supuesto de hecho que contempla la causal de competencia desleal en estudio, pues, de un lado, provocar la ruptura de un vinculo contractual (que es el comportamiento que sanciona el art�culo 17 de la Ley 256 de 1996), es distinto de evitar que un consumidor contrate bienes o servicios con un competidor (que ser�a la conducta que, en el fondo, la actora le endilg� a su contraparte).

Adem�s, como ya de alguna manera se advirti� en precedencia, y seg�n lo ha destacado la doctrina, �la clientela no es un bien jur�dico, de manera que el consumidor escoge, elige, entre los productos o servicios que se le ofrecen, de manera que optar� por aquel que le reporte mayor beneficio y mejores condiciones, rechazando los restantes.

Es por ello que el perjuicio econ�mico que produce a los competidores el hecho de perder clientela favoreci�ndose a otro competidor, no puede reputarse desleal, sino resultado del principio de competencia por eficiencia de las prestaciones�. De otra parte, el inciso final del art�culo 17 de la Ley 256 de 1996 dispone que �el aprovechamiento en beneficio propio o ajeno de una infracci�n contractual ajena, s�lo se califica desleal cuando, siendo conocida, tenga por objeto la expansi�n de un sector industrial o empresarial o vaya acompa�ado de circunstancias tales como el enga�o, la intenci�n de eliminar a un competidor del mercado u otros an�logos�.

Sobre esta modalidad de conducta comercialmente reprochable, la doctrina ha resaltado que �un competidor puede aprovecharse de las posibles situaciones de crisis que una empresa competidora puede sufrir como consecuencia de p�rdida de clientes o de rescisiones contractuales con empleados, proveedores, suscripciones, etc., y sin embargo, no reprocharse actitud desleal�, y que por ello, �para que pueda ser acto t�pico de deslealtad competencial� habr� que demostrarse, entre otras cosas, que �los medios a trav�s de los cuales se despliega esta conducta desleal implican el empleo del enga�o, la denigraci�n, la comparaci�n perjudicial o incluso la exageraci�n� y, adem�s, debe acreditarse �el requisito de naturaleza subjetiva o intencional, cual se desprende de la necesidad de que el comportamiento tenga por objeto (�) la desorganizaci�n de la estructura competitiva del competidor, impidi�ndole el ejercicio del derecho a competir en el mercado (actos de obstaculizaci�n)�.

En rigor, ni lo narrado en la demanda, ni las probanzas obtenidas, reportan con firmeza la presencia de los elementos volitivos o subjetivos requeridos para la configuraci�n de la causal en estudio (a los que reci�n se hizo alusi�n), pues la demandante ni siquiera aleg� (por lo menos frontalmente) que su contraparte hubiera abrigado la intenci�n de eliminarla del mercado, tema sobre el cual conviene destacar que, al formular su apelaci�n, la actora reconoci� (en contrav�a de lo que hab�a manifestado en su libelo incoativo) que incluso hasta esa �poca reciente, ella manten�a v�nculos comerciales con Ejercicio Inteligente (fl. 66, c. 10).

RECAPITULACI�N En resumidas cuentas, se confirmar� el fallo apelado, en tanto que del expediente no se evidencia que la demandada hubiera incurrido en las conductas desleales que le atribuy� su contraparte. Resta a�adir (por ser otro de los temas a que se refiri� la apelante) que ante el fracaso de las pretensiones, no cabe censurar la condena en costas que se le impuso a la parte actora (as� lo prev� el art�culo 365 del C. G. del P.), debi�ndose agregar que el recurso de apelaci�n contra la sentencia, no es la oportunidad id�nea para impugnar la suma que se fij� como agencias en derecho.

No prospera, por ende, la alzada en estudio. DECISI�N Por lo expuesto, la Sala Civil de Decisi�n del Tribunal Superior de Bogot�, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, CONFIRMA la sentencia que el 27 de octubre de 2016 profiri� la Delegatura para Funciones Jurisdiccionales de la Superintendencia de Industria y Comercio, en el proceso verbal (acci�n de competencia desleal) seguido por Zona Cardio S.A.S. contra Ejercicio Inteligente S.A.S. Costas de segunda instancia a cargo de la demandante.

Liqu�dense por el despacho de primera instancia, incluyendo como agencias en derecho la suma de $3�000.000, seg�n lo estima el Magistrado Ponente. Devu�lvase la actuaci�n a la oficina de origen. Notif�quese Los Magistrados, �SCAR FERNANDO YAYA PE�A MANUEL ALFONSO ZAMUDIO MORA GERM�N VALENZUELA VALBUENA  CSJ., sent. de octubre 30 de 2001, exp. 5851.  COMPETENCIA DESLEAL, Silvia Barona Vilar, T. I, Ed. Tirant lo Blanch, edici�n 2008, p�g. 344  Silvia Barona Vilar, ob.

Cit., p�g. 323.  DERECHO DE LA COMPETENCIA, Mauricio Velandia, 2� edici�n, Ed. U. Externado de Colombia, p�g. 392.  Ob. cit. p�g. 395  Ib�dem.  Barona Vilar, Silvia, op. Cit., p�g. 322  COMPETENCIA DESLEAL, Silvia Barona Vilar, T. I, Ed. Tirant lo Blanch, edici�n 2008, p�gs.605 y 606.     OFYPZV 2014 76895 01  PAGE 16 3ipsxy�������������������� �����ο���������o_oM"hl�h�I�5�CJOJQJ\�aJhl�h�I�5�CJOJQJaJhl�h�`�5�CJOJQJaJhl�h�`�CJOJQJaJhl�h��CJOJQJaJ$hl�h�I�CJOJQJaJmH $sH $hl�h�" CJOJQJaJhl�h�`�CJOJQJaJh<�CJOJQJaJhB7�CJOJQJaJhl�h�I�CJaJhl�h�I�CJOJQJaJ34G`a�����  % & � ���������������� $dha$gd�2 $d�a$gdcV  �0��`� d���gd�l�$��dh`��a$gd�2$a$gd�/$a$gd�/$a$gd_V�$dha$ $ �C�"a$gd_V� �dh 5 ? � � � � � � � � � � �     % & 4 �����ܸ�ܦ����wgWLg<hl�h�I�CJOJQJ\�aJhl�h�I�CJaJhl�h�26�CJOJQJaJhl�h�I�5�CJOJQJaJhl�h�25�CJOJQJaJhl�h�2CJOJQJaJhl�h�`�5�CJOJQJaJ"hl�hC �5�CJOJQJ\�aJ"hl�h�5�CJOJQJ\�aJ"hl�h��5�CJOJQJ\�aJ"hl�h�I�5�CJOJQJ\�aJ"hl�h�`�5�CJOJQJ\�aJ4 > @ � � � � � � �   ), T W � ' 8 C � � � � � j k � � ��Ͽ�ϬϬϬϬϬϜ�}n}n}_P_hl�h?E�CJOJQJaJhl�h?2'CJOJQJaJhl�h&s�CJOJQJaJhl�h�l�CJOJQJaJhl�h�l�CJOJQJ\�aJhl�h&s�CJOJQJ\�aJ%hl�hua�5�>*CJOJQJ\�aJhl�hYMvCJOJQJ\�aJhl�hua�CJOJQJ\�aJhl�h�I�CJOJQJ\�aJhl�h� �CJOJQJ\�aJ� � i j ����:;��%&�#�#k(l( - -������������������� $1$7$a$gdw 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