Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: RD. 3731

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Gloria Isabel Espinel Fajardo

Fecha: 2005-11-28

Sujetos procesales: OLGA MARÍA VARELA OTÁLORA EN CONTRA DE LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS

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PROCESO ORDINARIO (de indignidad) DE OLGA MAR�A VARELA OT�LORA EN CONTRA DE LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS (APELACI�N SENTENCIA) Magistrado ponente: GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO Discutido y aprobado en sesi�n del trece (13) de septiembre de dos mil cinco (2005), seg�n consta en acta No. 045 Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto en contra de la sentencia proferida el catorce (14) de septiembre de dos mil cuatro (2004), por el Juzgado Tercero (3o) de Familia de esta ciudad.

A N T E C E D E N T E S 1. La se�ora OLGA MAR�A VARELA OT�LORA a trav�s de apoderado judicial, present� demanda en contra del se�or LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS, para que previos los tr�mites legales, se despache favorablemente las siguientes pretensiones: a. Declarar indigno al se�or LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS por haber privado injustificadamente de su protecci�n f�sica, moral e intelectual a su fallecido hijo RODRIGO CASTRO VARELA, violando sus deberes de crianza, alimentaci�n y educaci�n que le impon�a la ley, en su condici�n de padre. b. Sancionar civilmente, como consecuencia, al demandado en el sentido de no suceder a su difunto hijo en los bienes dejados por �ste, ni a t�tulo universal, ni a t�tulo de legado, como tampoco en relaci�n con pensiones, indemnizaciones y/o acreencias laborales que le pudiesen corresponder en su calidad de padre de su fallecido hijo, RODRIGO CASTRO VARELA. c. Ordenar se oficie a las autoridades competentes del registro civil para que inscriban la sentencia con el fin de dejar constancia de la indignidad declarada. d. Oficiar a la Polic�a Nacional, Direcci�n General de Prestaciones Sociales, a fin de que se abstenga de entregar suma alguna de dinero por concepto de indemnizaci�n, acreencia laboral o pensi�n al se�or LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS en la cuant�a que le pudiese corresponder por la muerte de su hijo RODRIGO CASTRO VARELA, con ocasi�n a la prestaci�n del servicio en la Polic�a Nacional. 2.

Fundament� las anteriores pretensiones en los hechos que a continuaci�n sintetiza la Sala: a. El demandado, LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS, nunca se ocup� de su hijo, someti�ndolo a un abandono absoluto y neg�ndole la oportunidad de tener un padre que le procurara cuidado, amor y respaldo econ�mico con todo lo que ello implica. b. Dada la irresponsabilidad del demandado en su condici�n de padre, desde el momento en que lo engendr�, la demandante se vi� avocada a iniciar el proceso de investigaci�n de la paternidad en contra del se�or CASTRO ARIAS, proceso que curs� en el Juzgado Primero Promiscuo de Menores de Tunja (Boyac�), el que culmin� con sentencia del once (11) de enero de mil novecientos ochenta y cuatro (1984) en la que se declar� que LUIS ALFREDO CASTRO era el padre de RODRIGO CASTRO VARELA. c. El abandono moral y econ�mico, al igual que el trato cruel del demandado para con su hijo y su progenitora, se extendi� a lo largo de la vida del muchacho, pues siempre se sustrajo de cumplir con sus obligaciones para con �l, a m�s de estar ausente la mayor parte de su tiempo; las veces que aparec�a lo hac�a para tratarlos mal, golpearlos, ultrajarlos y causarles m�s perjuicios que beneficios. d. La demandante instaur� un proceso de alimentos en contra del demandado, el que se tramit� en el Juzgado Primero Promiscuo de Menores de Tunja (Boyac�), que culmin� con sentencia del diecisiete (17) de noviembre de mil novecientos ochenta y cuatro (1984) en la que se declar� que el demandado estaba obligado a suministrar alimentos y se le impuso una cuota mensual por tal concepto a favor de sus hijos TIRSO y RODRIGO; cuota que fue reajustada por providencia del seis (6) de febrero de mil novecientos ochenta y ocho (1988) y por el mismo estrado judicial. 3.

La demanda correspondi� por reparto al Juzgado Tercero (3�) de Familia de esta ciudad, Despacho que la admiti� mediante providencia del veintid�s (22) de mayo de dos mil dos (2002), en la que dispuso impartirle el tr�mite ordinario. 4. Vinculado personalmente el demandado al proceso, a trav�s de apoderado judicial dio respuesta a la demanda, oponi�ndose a la prosperidad de las s�plicas de la misma, y frente a los hechos dijo ser cierto el primero, y neg� los dem�s. 5.

Planteado de esa forma el litigio, concluy� la instancia con la sentencia calendada el catorce (14) de septiembre de dos mil cuatro (2004) en la que declar� al demandado indigno de suceder a su extinto hijo, RODRIGO CASTRO VARELA, y como consecuencia, declar� que el mismo no ten�a derecho alguno a participar a t�tulo universal ni a t�tulo de legado dentro de la causa sucesoral de su fallecido hijo; orden� la inscripci�n de la sentencia en el registro civil de nacimiento del causante y dispuso oficiar al pagador de la Polic�a Nacional, oficina de Prestaciones Sociales para que se abstenga de hacer entrega al demandado de suma alguna por concepto de indemnizaci�n, acreencia laboral y/o pensi�n �que le pudiere corresponder al difunto�. 6.

Inconforme con la anterior determinaci�n, la parte demandada interpuso el recurso de apelaci�n, manifestando que el padre del extinto RODRIGO CASTRO VARELA no debe ser declarado indigno ya que en este caso, no se configura ninguna de las causales consagradas en los art�culos 1025 y ss del C.C., dado que durante la vida de sus hijos, lo �nico que hizo fue ayudar para su sostenimiento, crianza y educaci�n; que ni TIRSO ni RODRIGO, fueron sometidos a abandono alguno por parte de su padre; que las relaciones afectivas entre padre e hijos siempre perduraron y fueron buenas porque lo visitaban constantemente. 7.

Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto en contra de la sentencia de primer grado, con apoyo en las siguientes, C O N S I D E R A C I O N E S En este caso, se encuentran satisfechos los presupuestos procesales para dictar sentencia, tales como demanda en forma, capacidad para ser parte, para comparecer al proceso y la competencia del juez, en virtud de lo dispuesto en el art�culo 5� del Decreto 2272 de 1989, cuyo contenido fue interpretado por el art�culo 26 de la Ley 446 de 1998, norma que dispuso que para los efectos de dicho precepto �se entiende que la competencia de los jueces de Familia se�alada en ese precepto solamente comprende; � 4�.

Indignidad o incapacidad para suceder�. Adem�s, no se observa que se haya incurrido en alguna causal de nulidad que obligue a invalidar total o parcialmente lo actuado. En cuanto al presupuesto material para dictar sentencia como lo es la legitimaci�n en la causa por activa, tiene dicho la doctrina que la tiene cualquiera de los interesados en la exclusi�n del heredero o legatario. �Corresponde a toda persona que como consecuencia de la exclusi�n del indigno sea llamada a recoger la asignaci�n a incrementar la suya��.- �Los coherederos del indigno tienen gran inter�s, porque dividir�n la herencia, excluy�ndole�.

Por lo tanto, aplicado el anterior concepto al presente caso, se tiene que la demandante tiene legitimaci�n en la causa para demandar y el inter�s para promover la presente acci�n, pues de prosperar las s�plicas de la demanda, ser�a llamada a recoger la parte de la herencia que le corresponder�a al demandado, ambos en su condici�n de padres del fallecido RODRIGO CASTRO VARELA, cuyo parentesco se encuentra probado con el registro civil de nacimiento de �ste, visible a folio 2 del C-1.

La indignidad, tema sobre el que giran las pretensiones de la demanda, hace referencia a la conducta indebida del indigno en tanto implique grave atentado contra el causante o un inexcusable olvido de sus deberes para con �ste, apoyado por consiguiente en razones �ticas o morales; su significado es, pues, el de una pena civil. Es una exclusi�n de la sucesi�n y su efecto conlleva a que el interesado indigno sea privado de lo que le hubiere correspondido en la causa mortuoria, sin esas circunstancias.

Al respecto, la jurisprudencia de vieja data de la Honorable Corte Suprema de Justicia, tiene dicho: "En general, se llama indignidad a la falta de m�rito para alguna cosa; pero en el derecho civil se aplica especialmente esta expresi�n a los que, por faltar a los deberes con su causante, cuando �ste estaba vivo o despu�s de su muerte, desmerecen sus beneficios, y no pueden conservar la asignaci�n que se les ha dejado, o a que ten�an derecho por ley.

Es, pues, una exclusi�n del todo o parte de la asignaci�n a que ha sido llamado el asignatario por el testamento o por la ley, pronunciada como pena contra el que se ha hecho culpable de ciertos hechos limitadamente determinados por el legislador, como causales de indignidad. La indignidad es una exclusi�n de la sucesi�n; el efecto natural de ella consiste en que el interesado indigno es privado de lo que le hubiera correspondido en la mortuoria, sin esa circunstancia. Se dice que la indignidad es pronunciada como pena, para significar que es la sanci�n que la ley civil establece para el sucesor que ha ejecutado ciertos actos, y como sanci�n que es, no puede aplicarse sino mediante un juicio previo, en que se comprueba que aqu�l se ha hecho acreedor a ella, por haber incurrido en alguna de las faltas que la ley enumera como causales de indignidad (art�culo 1031 del C. C.).

Nuestro C�digo Civil se�ala como norma general que 'ser� capaz y digna de suceder toda persona a quien la ley no haya declarado incapaz e indigna' (art�culo 1018 del C. C.). La regla, es pues, la capacidad y la dignidad. ( ). Las causales no son otras que las limitativamente consignadas como tales en los preceptos sustantivos que las configuran.

La persona que pretenda que se declare indigno a un asignatario debe, pues, demostrar que se ha ejecutado determinado hecho, que configura cierta situaci�n jur�dica, la cual est� se�alada en la ley como causal de indignidad. Exigiendo a la vez, el legislador, para ciertos casos (ordinal 2o. del art�culo 1025 del C. C.) determinada clase de prueba, la situaci�n jur�dica correspondiente ha de establecerse en la forma prescrita.

( ). Hay que recordar que, siendo la declaraci�n de indignidad, una sanci�n impuesta al asignatario de ciertos hechos, debe interpretarse con criterio restrictivo " (Cas. Civ. 30 de julio de 1948 G. J. Nos. 2064-2065 p�gs. 680 y 681), agregando en oportunidad posterior que la "indignidad para recibir asignaci�n testamentaria proviene de las causas taxativamente se�aladas en la ley y puede presentarse tanto en la sucesi�n testada como en la intestada y comprende lo mismo las herencias que los legados.

Pero la indignidad cuyo estatuto obedece al inter�s privado de los particulares, no existe, para los efectos de la ley, mientras no sea declarada por sentencia ejecutoriada (C. C., art. 1031)". (G. J. Tomo XCV, p�g. 887) Y como la naturaleza de la indignidad es una pena, el legislador instituy� causales espec�ficas para ello en el art�culo 1025 del C.C., entre las cuales, vale la pena destacar por cuanto fue la invocada en la demanda, la establecida en el numeral 3� que dispone: �Son indignos de suceder al difunto como herederos o legatarios: � 3�.

El consangu�neo dentro del sexto grado inclusive que en el estado de demencia o destituci�n de la persona de cuya sucesi�n se trata, no la socorri� pudiendo�. Respecto de esta causa, tiene dicho la doctrina: �No se trata de aquella falta de socorro que ocasiona el fallecimiento de la persona de cuya sucesi�n se trata, ya que esta conducta quedar�a comprendida en la causal primera del art. 1025 C.C. Esta causal comprende las dem�s omisiones de socorro graves y que habr�an podido cumplirse.

Para ello es indispensable, de un lado, que el causante hubiese necesitado de socorro o auxilio porque carec�a de los medios necesarios de subsistencia (que es lo que significa el t�rmino �destituci�n�) material o moral; y del otro, que el obligado tuviese los recursos materiales o morales para poder suministrar directa o indirectamente dicho socorro�.

(�) �Por �ltimo, la falta de socorro deber� ser calificada por el juez civil, pero deber� ser de tal magnitud que demerite a la persona para suceder al causante, tal como ser�a en los casos de ciertos padres (especialmente los naturales) y maridos que omiten, total o parcialmente (pero, en todo caso, considerable o grave), ayuda para con sus hijos y esposas; y la conducta de aquellos hijos, maridos o hermanos que, en desarrollo de su carencia o repudio de todo sentimiento humanitario, abandonan a su suerte a sus parientes dej�ndolos aisladamente en casas privadas o en instituciones de asilo de ancianos o en hospitales para dementes�.

Y sobre el mismo tema, el tratadista LUIS CLARO SOLAR, en su obra EXPLICACIONES DE DERECHO CIVIL CHILENO Y COMPARADO, Volumen VII, �De la Sucesi�n�, Editorial Temis S.A., P�g. 91 y 92, dice: �En tercer lugar, es indigno el consangu�neo dentro del sexto grado inclusive, que en el estado de demencia o destituci�n, de la persona, de cuya sucesi�n se trata no la socorri� pudiendo.

Si el consangu�neo que a pesar del v�nculo de parentesco que lo liga, ha abandonado a la persona de cuya sucesi�n se trata, cuando �sta hab�a ca�do en demencia o en la indigencia y era, por lo mismo, m�s acreedora a la protecci�n y ayuda de su pariente, no es evidentemente digno de ser su legatario o heredero��. �La obligaci�n de prestar alimentos no se extiende por la ley sino hasta los hermanos leg�timos; pero trat�ndose de la indignidad para heredar ha considerado el legislador que no era posible aceptar que los dem�s colaterales llamados a suceder ab intestato a t�tulo de parientes del de cujus pudieran conservar la integridad de su derecho, a pesar de que en el estado de enfermedad de locura o de destituci�n de �ste, se desentendieron de �l y pudiendo haberlo hecho, porque ten�an suficientes facultades, no lo hicieron y pretend�an recibir su herencia cuando ha adquirido bienes y deja tal vez una cuantiosa fortuna�. �La ley est� inspirada en un sentimiento de moralidad desconocido por el que se ha resistido a asistir y ayudar a su pariente, a quien est� llamado a heredar, cuando lo ve en desgracia y en la miseria�.

La jurisprudencia de la Honorable Corte Suprema de Justicia, en torno a esta causal, tiene dicho: �1.- La indignidad es una sanci�n de orden civil que se le impone al heredero que culpablemente ha inferido agravio al causante o a su memoria, por los motivos taxativamente considerados en la ley. Seg�n el art�culo 1031 del C. Civil, debe ser declarada judicialmente para que pueda producir el efecto de excluir al indigno de la herencia que le ha sido deferida por la ley o por el testamento. �2.- El motivo de indignidad consagrado en el art�culo 1025-3 del C�digo Civil, se configura en "El consangu�neo dentro del sexto grado inclusive que en el estado de destituci�n de la persona de cuya sucesi�n se trata, no la socorri� pudiendo", debi�ndose entender que dicho estado se asimila al de privaci�n material o econ�mica, o de pobreza, o de abandono f�sico o moral, en tanto que, como ense�a la jurisprudencia, el socorro que all� se reclama "no puede entenderse exclusivamente en sentido de prestaci�n material, puesto que puede ser m�s interesante la ayuda moral, la preocupaci�n del consangu�neo para evitarle perjuicios de tal �ndole a su pariente, dentro del grado se�alado" (G.J., LXIV, 648). �3.- Siguiendo ese rumbo, se configura la causal de indignidad comentada respecto de los padres que pretendan suceder al hijo fallecido, sin parar mientes que en un momento dado de la vida lo privaron injustificadamente de su protecci�n f�sica, moral o intelectual, mediando as� violaci�n de sus deberes de crianza, alimentaci�n y educaci�n que les impone la ley. �Es decir, los padres pueden ser declarados indignos de heredar a sus hijos, si, pudiendo, no los socorren en las necesidades primarias cuando se hallan en estado de privaci�n o destituci�n, dado que son quienes est�n obligados legal y moralmente a brindarles el soporte que aliente sus existencias; y, con mayores veras, deber�n sufrir el rigor de la pena civil de la indignidad, si, precisamente por su comportamiento, son quienes han generado dicho estado al privarlos de apoyo o auxilio, por raz�n del abandono a que los someten.

Es lo que ocurre al padre o a la madre que, sin mediar causa justificativa de su proceder, abandonan el hogar y dejan a los hijos menores, sin atender que ellos todav�a se hallan bajo su cuidado y que requieren de su constante ayuda, cortando as� de un tajo, por su propia voluntad, las obligaciones que su condici�n les impone, como si asumirlas o no fuera algo de su libre albedr�o, cuando realmente no lo es. �Es indisputable que el hijo en tales circunstancias, queda privado o destituido de algo que le pertenece, como es el auxilio o socorro a que tiene derecho por parte de sus padres; amparo que, en buena medida, no puede ser brindado en integridad por otras personas, dada la naturaleza del v�nculo paterno- filial. �Como es sabido, dicho v�nculo determina la concurrencia de un conjunto de deberes entre los que se halla el del socorro asistencial, por cuya virtud, sobre todo en el caso de los padres con respecto a los hijos que a�n se hallan desvalidos, deben realizar comportamientos sucesivos y variados: aportarles los medios econ�micos o materiales que les permitan su adecuado desarrollo f�sico; y, por supuesto, brindarles el apoyo moral e intelectual que conlleva la estima, el afecto y el oportuno consejo. �En esas circunstancias, el estado de destituci�n, privaci�n o abandono -grave de por s�-, en que se coloca al hijo por causa del padre que se aparta voluntariamente de cumplir los referidos deberes, no desaparece, ni mengua, por el simple hecho de que la madre u otros parientes los asuman, sea que estos lo hagan por cumplir, a su vez, una obligaci�n legal propia, o por acatar un deber moral; la falta del padre, aun en ese caso, habr� existido y ser� condigna de las sanciones de orden legal que correspondan; no se desvanece, entonces, por el buen comportamiento y la generosidad de otros, ni, por ende, descaece en esa hip�tesis el motivo de la indignidad para suceder, fincado en el omisivo proceder del heredero frente al de cujus. �De otro lado, la situaci�n comentada no var�a por el hecho de que el heredero haya observado despu�s una conducta diferente, cuando ya por raz�n del tiempo se ha superado, de alg�n modo, el estado de destituci�n que otrora reclam� su socorro, ni por la circunstancia de que sea remota en el tiempo la ocurrencia de los hechos agraviantes que constituyen la causal de indignidad de la que se trata.

Ni una ni otra cosa, alcanzan a configurar el perd�n de la falta o su decaimiento, puesto que la ley s�lo impide la alegaci�n de las causas de indignidad en el evento de que existan disposiciones testamentarias en favor del indigno, posteriores a los hechos que las producen - Art. 1030 C. Civil - y �nicamente consagra su purga "en diez a�os de posesi�n de la herencia o legado" (Art. 1031 �b.)�.

De acuerdo con las citas doctrinarias y la jurisprudencial que preceden, se tiene entonces que la causal de indignidad estudiada se configura cuando en un momento dado de la vida, el pariente dentro del sexto grado de consanguinidad, dej� de socorrer, teniendo los medios econ�micos para hacerlo, a la persona de cuya sucesi�n se trata, cuando �sta carec�a de los medios necesarios de subsistencia. Luego, las pruebas debieron dirigirse a demostrar en primer lugar, la necesidad que ten�a el causante de ser auxiliado por carecer de recursos econ�micos para sobrellevar su subsistencia y en segundo lugar, que el obligado a proveer la referida ayuda, tuviese los medios materiales o morales para suministrar directa o indirectamente dicho socorro.

Para tal efecto, se tiene que durante la instrucci�n del proceso se recaudaron las siguientes declaraciones de terceros: - MAR�A IN�S VARELA DE ORTEGA (fl. 54-55 C-1), hermana de la demandante, manifest� conocer al demandado, pero que hace bastante tiempo no lo ve, desde cuando los ni�os estaban peque�os. Relat� que cuando los hijos del demandado se encontraban peque�os, los trataba muy mal, �tanto que los sacaba de noche a la calle, no les daba de (sic) ropa de (sic) estudio, yo los tuve en mi casa, le colabore (sic) con la ropa, los alimentos, inclusive tengo la (sic) tarjetas del estudios (sic), que les di, los tuve en mi casa todo o (sic) que pod�a ayudarles, pues yo no viv� con ellos es decir con LUIS ALFREDO y mi hermana OLGA, pero el se�or LUIS ALFREDO CASTRO si �l no le colabor�, les dio un trato que ni usted se imagina, ni�os trabajando, el se�or s� ten�a con que (sic) ayudarles pero nunca les ayud�.

Que fue la mam� y la familia de �sta quienes se encargaron del cuidado, crianza y manutenci�n de RODRIGO y �ste su infancia la pas� con la mam� y con ella (la deponente) ya que los tuvo en su casa. Dijo que el demandado ning�n aporte suministr� para el sostenimiento de RODRIGO que sepa, solo malos tratos. Que cuando ellos iban a pedirle algo al demandado, ��l lo (sic) sacaba de la casa as� estuviera lloviendo lo que fuera, el comportamiento de �l para con los muchachos fue muy malo, que me acuerde el se�or tomaba mucho llegaba embriagado y los trataba mal�.

Que ese comportamiento lo tuvo el demandado todo el tiempo, hasta cuando los muchachos fueron creciendo y se valieron por sus propios medios. Que durante la infancia del menor RODRIGO, el demandado permaneci� en la finca y el ni�o con la mam�. Que debido a los malos tratos que prodigaba el demandado a su hermana y los hijos de �sta, se fue de la casa, porque no pod�an vivir as�.

Finalmente, dijo que el demandado nunca se preocup� ni por sus hijos, ni por la demandante, nunca les colabor� con alimentos, con ropa ni con nada, que el abandono fue total. - BLANCA CECILIA PINZ�N (fl 56 � 57 C-1) dio cuenta de conocer a la demandante desde el a�o de mil novecientos noventa (1990), porque RODRIGO era compa�ero de su hijo y por esta misma raz�n conoce a RODRIGO.

Respecto al demandado dijo no conocerlo. Expuso que en ocasiones RODRIGO le hac�a comentarios de que estaba mal y por esta raz�n, ella (la deponente) en ocasiones le prestaba para el bus, �l viv�a en otro barrio, que �l hac�a empanadas y s�ndwiches para vender en el colegio, ya que se ve�a muy mal econ�micamente; le comentaba que en ocasiones ten�a que irse a pie para el colegio porque la mam� no tiene medios.

Que cuando termin� el colegio, RODRIGO y su hijo (de la deponente) ingresaron a estudiar en la universidad Pedag�gica pero aqu�l les hizo el comentario que no ten�a para pagar el semestre y posteriormente les coment� que hab�a ido donde el pap� pero que �ste no le hab�a podido ayudar, que la �nica opci�n que ten�a era de ingresar a la Polic�a. Agreg� que del padre de RODRIGO nunca supo nada.

Que durante el tiempo que conoci� a RODRIGO, quien se encarg� de velar por la manutenci�n, crianza, y formaci�n de �ste fue su se�ora madre. Por comentarios de RODRIGO sabe que �l no se trataba con el padre, solamente cuando iba a pedir ayuda y que �ste se la negaba, que cuando iba a entrar a la Polic�a les coment� que necesitaba una plata para comprar lo que le ped�an en la Polic�a, pero en ese entonces el pap� tampoco le ayud�.

A trav�s de comisionado, se practicaron las siguientes pruebas testimoniales: - MAR�A DE JES�S G�MEZ DE VARGAS (fl. 85 � 86 C-1), quien manifest� conocer al demandado desde hace treinta a�os porque fueron vecinos en Rancho Grande, Vereda de Rond�n y conoci� tambi�n a RODRIGO CASTRO VARELA porque era hijo del hoy demandado y de la se�ora OLGA MAR�A VARELA.

Que el demandado y la se�ora OLGA MAR�A convivieron �en ese entonces, llevando una vida no de gente sino solo en guerra�. No tiene conocimiento si el demandado cumpl�a o no con la obligaci�n alimentaria para con su hijo RODRIGO CASTRO, que a la demandante �le tocaba a veces alquilarse a coger mora donde un se�or que tiene cultivo para ayudarse y negociaba tambi�n llevando quesos, huevos, cuajaditas para Bogot� y poderse ayudar, eso como se la pasaban era en guerra dentro del hogar, quien (sic) sabe como (sic) ser�a�.

Que la se�ora OLGA se fue de ah� cuando el ni�o RODRIGO ten�a como unos cinco a�itos y que cuando RODRIGO naci� el demandado ten�a fincas y era pensionado. Por �ltimo, a�adi� que en una ocasi�n la demandante lleg� llorando a su casa con sus tres hijos para que le diera posada porque el demandado le hab�a pegado y le hab�a sacado las cosas a la carretera, mesitas, ollas, m�quina de moler, ropa, oportunidad en la que le neg� el hospedaje porque para esa �poca ten�a dos hijos grandes y pens� que pod�a haber problemas con el se�or CASTRO. - MANUEL VARGAS VARGAS (fl. 86 � 87 C-1), dijo conocer al demandado desde hace treinta a�os porque �l trabajaba en la Caja Agraria de Ramiriqu� y como �l era cliente de esa entidad, entonces eran conocidos.

Dijo tambi�n haber conocido a RODRIGO CASTRO VARELA porque era vecino suyo aproximadamente en el a�o de mil novecientos setenta y cinco (1975). Cree que cuando la demandante viv�a con el demandado y con los ni�os, �ste ten�a que suministrarle lo suficiente, pero de ello no le consta nada. - ANA BERTILDE GUERRERO DE RAM�REZ (fl. 123 � 124 C-1), dio cuenta de conocer a los extremos del proceso hace aproximadamente unos veintid�s a�os porque ellos vivieron en el caser�o de Rancho Grande; dijo no constarle del trato prodigado por el demandado a la demandante y sus hijos RODRIGO y TIRSO, pero que aquella se quejaba constantemente que le daba mal trato, tanto a ella como a los hijos y no sabe cu�l era el origen de los problemas porque poco frecuentaba ese hogar.

Que despu�s de que la se�ora OLGA se fue para Bogot� no volvi� a tener conocimiento de nada m�s; despu�s supo que RODRIGO hab�a fallecido. Que RODRIGO CASTRO VARELA se ve�a �en un buen ambiente en presentaci�n, se ve�an bien de salud, eran unos ni�os normales, no recuerdo si iban a la escuela, me acuerdo que el mayorsito (sic) iba a la escuela en Rancho Grande pero Rodrigo era peque�o�. - MAR�A CONCEPCI�N VARGAS DE REYES (fl. 125 � 126 C-1), dijo conocer a ambos extremos del proceso pero no recuerda desde hace cu�nto.

Que en la actualidad la demandante vive en Bogot� y el demandado en Honduras. Tiene conocimiento que cuando la demandante estaba en embarazo, �l la trataba muy duro, que entraban a su casa pele�ndose y le tocaba a la declarante separarlos, darles consejos; no tiene conocimiento c�mo era el trato del demandado para con sus hijos, �pero se ve�a que era como jodido�.

Cuando se le interrog� de d�nde derivaba el sostenimiento los menores y en general la familia, dijo: �Pues yo no le se decir nada como ser�a su procedimiento, �l los sacaba a correr de la casa a madre e hijos y sacaba todo para meterle candela y se iba y los dejaba a pedir posada en la vecindad�. Que el demandado le tomaba poca importancia a Rodrigo porque siempre lo negaba y dec�a que era hijo de un Bogotano. De igual manera, durante la instrucci�n del proceso se escucharon a los se�ores OLGA MAR�A VARELA OT�LORA y LUIS ALFREDO CASTRO ARIAS en interrogatorio, pero de sus versiones no se desprende que hayan hecho alguna afirmaci�n que los perjudique o beneficie a su contraparte.

Analizados uno a uno los testimonios cuyos apartes m�s destacados acaba la Sala de resumir y luego de manera conjunta conforme lo dispone el art�culo 187 del Estatuto Procesal Civil, es evidente que en este caso quedaron demostrados los hechos que configuran la causal invocada, pues de acuerdo a la versi�n dada por MAR�A IN�S VARELA DE ORTEGA, debido a los malos tratamientos a los que fue objeto la demandante y sus hijos, aqu�lla debi� radicarse en esta ciudad en casa de la aludida deponente, momento desde el cual quien provey� por la subsistencia del hoy fallecido RODRIGO CASTRO VARELA fue la progenitora y la familia de la misma, sin que el demandado se haya preocupado por cumplir con sus deberes como padre, cuando aqu�l m�s lo necesitaba, afirmaciones a las que la Sala le da credibilidad, pues su versi�n fue rendida con conocimiento de causa, dado que fue la persona que los aloj� en su casa de habitaci�n, y adem�s, por el parentesco que la une con la demandante y su extinto hijo, tiene conocimiento que esa desatenci�n alimentaria y moral perdur� hasta cuando RODRIGO pudo valerse por s� mismo, desatenci�n que se dio, pese a que el padre del de cujus ten�a para esa �poca modo econ�mico de proveer por su subsistencia, pues desde cuando naci� RODRIGO, el demandado ya era pensionado, conforme lo dijo la declarante MAR�A DE JES�S G�MEZ DE VARGAS.

Adem�s, qued� probado tambi�n, que durante la adolescencia de RODRIGO estuvo desprovisto de la ayuda econ�mica de su progenitor, a tal punto que tuvo que dedicarse a vender empanadas y s�ndwiches en el colegio ya que se ve�a muy mal econ�micamente, conforme lo manifest� la declarante BLANCA CECILIA PINZ�N, quien de una manera u otra fue testigo de tal acontecimiento, dado que el aludido causante fue compa�ero de estudio de su hijo y precisamente por dicha situaci�n, se percat� que el sue�o de RODRIGO de ingresar a la Universidad Pedag�gica se vio frustrado ante la falta de recursos econ�micos; por ello, opt� por ingresar a la Polic�a Nacional, y estando al servicio de esa Instituci�n fue ultimado el siete (7) de abril de dos mil dos (2002).

Desatenci�n econ�mica a la que fue sometido el causante RODRIGO CASTRO VARELA por parte de su progenitor, que no solo qued� probada con las declaraciones referidas anteriormente, sino tambi�n, con la prueba documental aportada al proceso, como es, la sentencia proferida el diecisiete (17) de noviembre de mil novecientos ochenta y cuatro (1984) por el Juzgado Primero Promiscuo de Menores de Tunja, en la que se impuso al aqu� demandado a contribuir como alimentos, para esa �poca, la suma de dos mil pesos ($2.000) mensuales y a favor de sus hijos RODRIGO y TIRSO CASTRO; proceso que lo origin�, de acuerdo con los antecedentes de esa providencia, �que el demandado tiene en abandono f�sico a los ni�os, ya que no colabora para el sostenimiento de estos�, suma alimentaria que posteriormente fue reajustada por ese mismo Despacho Judicial mediante sentencia del seis (6) de febrero de mil novecientos ochenta y ocho (1988) a la suma de seis mil pesos ($6.000.00), por cuanto la cuota alimentaria designada era insuficiente para atender los innumerables gastos que requer�an los menores Por otra parte, la Sala no har� an�lisis alguno frente a las declaraciones rendidas por MANUEL VARGAS VARGAS, ANA BERTILDE GUERRERO DE RAM�REZ y MAR�A CONCEPCI�N VARGAS DE REYES, ya que, de acuerdo a sus exposiciones, ning�n conocimiento tienen de los hechos que dieron origen a este proceso As� las cosas, es evidente que los argumentos en los que apoy� la parte demandada la censura caen al vac�o, pues, aunque expuso en el escrito mediante el cual interpuso el recurso de apelaci�n, que siempre tuvo una relaci�n cordial con RODRIGO, y que �les colaboraba con gastos extras para el pago de sus estudios�, incluso para que cursara los cuatro semestres de administraci�n de empresas, no existe un solo medio de prueba que as� lo demuestre, pues si bien es cierto tales argumentos tambi�n los expuso al absolver el interrogatorio, tal medio de convicci�n no tiene trascendencia en este caso, en la medida que tales afirmaciones no constituyen una confesi�n. En otros t�rminos, la ayuda econ�mica y el apoyo que dice el demandado haber suministrado durante la vida de su extinto hijo RODRIGO, no sali� del campo de su afirmaci�n, pues en la contestaci�n del l�belo no solicit� la pr�ctica de ninguna prueba tendiente a demostrar tales aseveraciones y los declarantes que aqu� testificaron ninguna afirmaci�n hicieron al respecto, como se dej� dicho anteriormente.

As� las cosas, sin ahondar en m�s consideraciones por no ser ellas necesarias, se confirmar� la sentencia de primer grado y se condenar� en costas a la parte recurrente, ante el fracaso del recuso. En m�rito de lo expuesto, la Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot� D.C., administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, R E S U E L V E PRIMERO: CONFIRMAR la sentencia proferida el catorce (14) de septiembre de dos mil cuatro (2004) por el Juzgado Tercero (3�) de Familia de esta ciudad, por las razones expuestas en la motivaci�n de esta providencia.

SEGUNDO: CONDENAR en costas en esta instancia a la parte recurrente. T�sense.

TERCERO: DEVOLVER las diligencias al Juzgado de origen. C�PIESE, NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO �SCAR MAESTRE PALMERA MARTHA LUC�A N��EZ DE SALAMANCA AGUADO MONTA�O, Eustaquio Mariano, �Derecho de Sucesiones�, Editorial Leyer, a�o 2000, P�g. 87 LAFONT PIANETTA, Pedro, �DERECHO DE SUCESIONES�, 5� Edici�n puesta al d�a, Parte General y Sucesi�n Intestada, Tomo I, Pag. 269 y 270 C.S.de Justicia, Sent. 048 del 30 de junio de 1998, M.P. Dr. JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES PAGE 1 PAGE 1   /02ce}������0 1 ����ʴʛ�ʍ�}p}c}SCSh��5�6�OJQJ\�^JaJh�Y�5�6�OJQJ\�^JaJh��6�@���OJQJ^Jh�Y�6�@���OJQJ^Jh�Y�h�aU6�@���OJQJ^Jh�Y�5�6�OJQJ\�^J0ja�B h�Y�h�aU5�6�OJQJUV\�^J*jh�Y�h�aU5�6�OJQJU\�^J!h�Y�h�aU5�6�OJQJ\�^Jh��6�OJQJ^Jh�Y�6�OJQJ^Jh�Y�h�aU6�OJQJ^J 3l|}��F G z { � � � � � � � ������������������� $dha$gd/ � $dha$gd/ �gd/ �$��dh*$`��a$gd/ � ��dh^��gd/ � $dh*$a$gd/ �$���dh]���a$gd/ �gd/ ��_�z����1 D E F G Z [ y � � � � � � � ��ȴ��obUbHo:/h��6�OJQJ^Jh�Y�h�aU6�OJQJ^Jh�`�6�@���OJQJ^Jh��6�@���OJQJ^Jh�Y�6�@���OJQJ^Jh�Y�h�aU6�@���OJQJ^Jh�Y�5�6�@���OJQJ\�^J%h�Y�h�aU5�6�@���OJQJ\�^J"h�Y�h�aU6�@���OJQJ\�^J'h�Y�h�aU6�@���OJQJ^JmH sH %h�Y�h�aU5�6�OJQJ\�^JaJh��5�6�OJQJ\�^JaJ(h��h��5�6�>*OJQJ\�^JaJ� � � � � � � � � � � � �  H f � � � � � � � � � � �������м���t�te�eQeteBeQh)W�6�OJQJ^JmH sH &h/ �h�aU5�6�OJQJ^JmH sH h�aU6�OJQJ^JmH sH hA016�OJQJ^JmH sH #h�Y�h�aU6�OJQJ^JmH sH .h�aUh�aU5�6�CJOJQJ^JaJmH sH h�Y�6�OJQJ^JmH sH &h�Y�h�aU5�6�OJQJ^JmH sH h�Y�h�aU6�OJQJ^Jh�Y�6�OJQJ^Jh��6�OJQJ^Jh��6�OJQJ^J� � � � PQ��{|������EF{|jk[\IJ��@���������������������������� $dha$gd/ �� � OQSTV�������z{|~����������ᾯ�ᾛ�x���`Q�?�#hYHhYH6�OJQJ^JmH sH hYH6�OJQJ^JmH sH .hYHh�aU5�6�CJOJQJ^JaJmH sH h 4Q6�OJQJ^JmH sH &h/ �h 4Q5�6�OJQJ^JmH sH &h/ �h�_(5�6�OJQJ^JmH sH h��6�OJQJ^JmH sH h�_(6�OJQJ^JmH sH &h/ �h=s�5�6�OJQJ^JmH sH h=s�6�OJQJ^JmH sH h�aU6�OJQJ^JmH sH ��������� UV����HIK�ikz{|��μ��ݭ������l�l�]N?N��h�56�OJQJ^JmH sH hi[=6�OJQJ^JmH sH h�h{6�OJQJ^JmH sH &h/ �h\k!5�6�OJQJ^JmH sH h�`�6�OJQJ^JmH sH h\k!6�OJQJ^JmH sH hz�6�OJQJ^JmH sH h<M�6�OJQJ^JmH sH #h�Y�h�aU6�OJQJ^JmH sH h�56�OJQJ^JmH sH h�aU6�OJQJ^JmH sH &h/ �h�aU5�6�OJQJ^JmH sH |~�mop������Z[\^`a���Դťťťť�~o`H3(h�"5�6�CJOJQJ^JaJmH sH .h)k�h)k�5�6�CJOJQJ^JaJmH sH h)k�6�OJQJ^JmH sH hz�6�OJQJ^JmH sH .h/ �hz�5�6�CJOJQJ^JaJmH sH h1�6�OJQJ^JmH sH h�6�OJQJ^JmH sH  h/ �5�6�OJQJ^JmH sH h/ �6�OJQJ^JmH sH .h/ �h/ �5�6�CJOJQJ^JaJmH sH &h/ �h/ �5�6�OJQJ^JmH sH ad���1Fr��HIJLNOy�������������u`Ku<hb�6�OJQJ^JmH sH (h$(F5�6�CJOJQJ^JaJmH sH (h>.�5�6�CJOJQJ^JaJmH sH h$(F6�OJQJ^JmH sH h>.�6�OJQJ^JmH sH h)k�6�OJQJ^JmH sH hX�6�OJQJ^JmH sH h� �6�OJQJ^JmH sH h1�6�OJQJ^JmH sH h (6�OJQJ^JmH sH h�"6�OJQJ^JmH sH #h�"h�"6�OJQJ^JmH sH ���-�������� Aaq����ô��xiZKi:(#hNMhNM6�OJQJ^JmH sH  h>.�5�6�OJQJ^JmH sH h�F6�OJQJ^JmH sH hr6�OJQJ^JmH sH h>.�6�OJQJ^JmH sH (h�5�6�CJOJQJ^JaJmH sH (h$(F5�6�CJOJQJ^JaJmH sH #h$(Fh$(F6�OJQJ^JmH sH h�6�OJQJ^JmH sH h�&�6�OJQJ^JmH sH h=hF6�OJQJ^JmH sH h�`�6�OJQJ^JmH sH hV!6�OJQJ^JmH sH @A`a " "�%�%�2�27�7�7�7::�<�<0?1?�?�?�A�A�D�D�������������������������$ �0�dh*$a$gd�WL $dha$gd/ � $dha$gd/ �q�  * �! 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