Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Bogotá

Radicado: Proyecto discutido en sesiones de 14 y 28 de agosto de 2013

Sala: SALA CIVIL

Ponente: Carlos Alejo Barrera Arias

Fecha: 2013-12-19

Sujetos procesales: ALBA MARÍA CRUZ GARCÍA EN CONTRA DE LUIS ENRIQUE GUZMÁN CUEVAS

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Padre no atendi� efectivamente las necesidades de su hijo fallecido. Fuente Formal: num. 3�., art. 1025 del C.C. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, D.C.. SALA DE FAMILIA Bogot�, D.C., diecinueve (19) de diciembre de dos mil trece (2013). Magistrados: CARLOS ALEJO BARRERA ARIAS (PONENTE) GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO IV�N ALFREDO FAJARDO BERNAL REF: PROCESO ORDINARIO DE ALBA MAR�A CRUZ GARC�A EN CONTRA DE LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS (AP.

SENTENCIA). Proyecto discutido en sesiones de 14 y 28 de agosto de 2013 y aprobado, definitivamente, en la de 6 de noviembre del mismo a�o. Agotado el ritual propio de la segunda instancia, se resuelve el recurso de apelaci�n interpuesto en contra de la sentencia de fecha 30 de abril de 2012, proferida por el Juzgado 10� de Familia de esta ciudad.

ANTECEDENTES La se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A, obrando a trav�s de apoderado judicial constituido especialmente para el efecto, present� demanda en contra del se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS, para que, previos los tr�mites legales pertinentes, en sentencia, se acogieran los siguientes pedimentos: �PRIMERA: Declarar al se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS indigno de suceder a su difunto hijo LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ. �SEGUNDA: En consecuencia, privar al se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS de su aptitud legal para la sucesi�n mortis causa de su fallecido hijo LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ, de la cual queda totalmente excluido, consider�ndose no haber sido jam�s su asignatario. �TERCERA: Condenar al demandado al pago de las costas del presente proceso, incluyendo las agencias en derecho� (el uso de las may�sculas, de las negrillas y de la puntuaci�n es del texto).

Los hechos en que se sustentan las anteriores pretensiones, son los siguientes: �1.- El se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ, falleci� el 1 (sic) de mayo de 2007 en La Macarena, Departamento del Meta, siendo la ciudad de Bogot� D.C., el lugar de su �ltimo domicilio. �2.- El se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ falleci� sin dejar descendencia alguna e igualmente nunca contrajo nupcias ni ten�a uni�n marital de hecho. �3.- Los se�ores LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS y ALBA MAR�A CRUZ GARC�A son los padres del causante, quienes son llamados a sucederle en sus bienes en el segundo orden hereditario. �4.- El demandado es padre leg�timo del difunto, a quien, pudi�ndolo, no lo socorri� cuando este se encontraba en estado de destituci�n, conforme a los siguientes episodios: �4.1.

Debido a las continuas infidelidades e injustificado incumplimiento a las obligaciones filiales y conyugales que el se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS deb�a prodigarles a su c�nyuge la aqu� demandante y a los tres hijos comunes ALBA PATRICIA, ADRIANA JULIETH y LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ, la se�ora ALBA MAR�A GUZM�N CRUZ GARC�A junto con los hijos menores en ese entonces, se trasladaron a vivir a Bogot� D.C., desde finales de 1981. �4.2.

Ante la carencia de recursos propios, por una parte, y la ausencia de socorro por parte del demandado, por otra, la madre e hijas recibieron el apoyo de los se�ores MAR�A C. CRUZ DE MART�NEZ, hermana y CONSEJO GARC�A DE CRUZ, HERMENEGILDO CRUZ ZAMBRANO, padres, respectivamente, de la se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A. �4.3. Ante el incumplimiento a sus deberes de padre y esposo por parte del demandado, habida consideraci�n del absoluto abandono al que someti� a su c�nyuge e hijos, la se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A demand� en divorcio al demandado, obteniendo sentencia el 24 de enero de 1994 proferida por el juzgado 10 (sic) de familia de �sta (sic) ciudad capital, habiendo realizado la liquidaci�n de su sociedad conyugal el 28 de septiembre de 1992. �4.4.

La se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A, entabla una relaci�n de pareja con el se�or MIGUEL MART�NEZ en mayo de 1994 y quien desde 1993 le ven�a colaborando a la actora con los gastos que demandaban los hijos comunes de las partes, fungiendo como su imagen paterna hasta que falleci� el 11 de septiembre de 2006. �4.4. (sic) En agosto de 1996, LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ termin� sus estudios de bachillerato e ingres� a la Escuela Marco Fidel Su�rez de la Fuerza A�rea Colombiana, con el �nico apoyo, como siempre, de su progenitora y padrastro, gradu�ndose all� como Administrador Aeron�utico y como Piloto el 3 de diciembre de 1999. �4.5.

Cuando ya todos los hijos comunes fueron profesionales con la ayuda del padrastro y de la demandante, apareci� en escena el demandado pero �nicamente para pedirles plata. �4.6. En el a�o 2005, el demandado requiri� de unos servicios m�dicos y le pidi� a la hija ALBA PATRICIA GUZM�N CRUZ que hablara con LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ para que lo afiliara como beneficiario de salud en las Fuerzas Militares.

La negativa del hijo fue inmediata por el dolor que este tenia (sic) por el comportamiento del demandado a quien realmente no lo consideraba como padre. �4.7. La se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A habl� con su hijo y le pidi� que como un acto de caridad, afiliara al padre al servicio m�dico, lo que �ste (sic) acept� no de muy buen gusto, advirtiendo que lo mantendr�a afiliado hasta que se casara y luego lo retiraba.

Lo decisivo fue que con dicha afiliaci�n el demandado fue sometido a una cirug�a de cr�neo en el Hospital Militar. �4.8. El se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ falleci� en forma tr�gica el 1 (sic) de mayo del a�o 2007. �4.9. Sabedor el demandado que (sic) las Fuerzas Militares cancelan una serie de indemnizaciones y compensaciones por muerte de uno de sus miembros, inicialmente se comunic� con una de sus hijas, ALBA PATRICIA GUZM�N CRUZ, y le plante� que �l le otorgaba un poder para la reclamaci�n de dichos dineros con la finalidad que (sic) ellas percibieran dicho dinero. �4.10.

No obstante esta consideraci�n inicial, lo cierto fue que el demandado se retract� de dicha intenci�n y plante� el argumento que (sic) ese dinero deber�a ser para los padres de LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ, habida cuenta que (sic) ello es lo que estipula la ley. �4.11. El demandado abandon� a sus hijos desde 1981, tanto desde el punto de vista econ�mico como afectivo.

Jam�s, por voluntad propia, particip� en los acontecimientos familiares especiales, desde 1981 no pas� una navidad con sus hijos ni compartieron vacaciones, ausente estuvo siempre en las actividades de sus hijos cuando ellos m�s lo necesitaron. Brilla por su ausencia una colaboraci�n en las necesidades vitales de sus hijos, pues nunca brind� un solo peso para suplir lo referente a manutenci�n, salud, educaci�n, vestuario, vivienda, recreaci�n o formaci�n integral de sus hijos incluido el causante LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ. �4.12.

El grave e injustificado incumplimiento de sus obligaciones de socorro y ayuda por parte del demandado hacia sus hijos mencionados y el abandono al que los someti� desde muy tierna edad, son circunstancias imputables �nicamente al se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS, m�xime cuando su situaci�n econ�mica le permit�a ser solidario con sus descendientes pues su historia laboral indica que desempe�� cargos como Director de la Caja Nacional de Previsi�n de la ciudad de Ibagu�, as� mismo fue Director Regional de CAPRECOM en Ibagu� y tambi�n tenia (sic) contratos con diferentes entidades municipales. �5.

El conocimiento del proceso de sucesi�n de LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ le correspondi� al juzgado (sic) 15 de familia (sic) de Bogot� D.C., por lo que �sta (sic) demanda de indignidad se plantea ante los estrados judiciales de �sta (sic) ciudad atendiendo al factor se�alado en el numeral 15 del art. 23 del C.P.C.� (el uso de las may�sculas, de las negrillas y de la puntuaci�n es del texto).

La demanda fue admitida por el Juzgado 10� de Familia de esta ciudad, mediante auto de 21 de noviembre de 2007 (fol. 45 cuad. 1). Tal providencia le fue notificada al demandado (fol. 49 ib�dem), a quien se le corri� traslado del libelo y dio contestaci�n al mismo y propuso las excepciones de m�rito que denomin� �INEXISTENCIA DE LA CAUSAL INVOCADA� e �INEXISTENCIA DE PRUEBA�.

Igualmente, solicit� al Despacho darle aplicaci�n a lo previsto por el art�culo 306 del C. de P.C., esto es que, de encontrar probados los hechos que constituyan un medio de defensa, los reconociera oficiosamente en la sentencia (fols. 50 a 56 ib�dem). Trabada de esta manera la relaci�n jur�dica procesal, se continu� con el tr�mite del proceso, celebr�ndose la audiencia de que trata el art�culo 101 del C. de P. C., con los resultados a que alude el acta visible a folio 115 del cuaderno 1 del expediente.

Por auto proferido el 17 de junio de 2008 (fol. 125 cuad. 1), se abri� el proceso a prueba y se decretaron y evacuaron las que figuran en el informativo y, preclu�do el t�rmino para su pr�ctica, se concedi� el de ley para que las partes formularan sus alegatos (fol. 292 ib�dem). El d�a 30 de abril de 2012, el juzgado de conocimiento pronunci� la correspondiente sentencia de instancia (fols. 305 a 318 cuad. 1), en la que acogi� las s�plicas de la demanda, fallo que se revisa en v�a de apelaci�n, recurso que fue interpuesto por el demandado, en vista de que tal decisi�n le fue adversa (fol. 320 ib�dem).

CONSIDERACIONES Se encuentran reunidos los denominados presupuestos procesales y, a juicio del Tribunal, no existe causal de nulidad que pueda invalidar total o parcialmente lo actuado, por lo que es procedente dictar sentencia de m�rito. Ahora bien: en el caso presente, la se�ora ALBA MAR�A CRUZ GARC�A pretende que, por la justicia, se declare que el progenitor del causante LUIS ENRIQUE GUZM�N CRUZ, esto es, el se�or LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS, es indigno de sucederlo, porque el mismo no lo socorri� pudiendo (num. 3�., art. 1025 del C.C.), cuando aqu�l se encontraba en estado de destituci�n. En torno al tema, tiene dicho la jurisprudencia de la Sala de Casaci�n Civil de la H. Corte Suprema de Justicia, lo siguiente: �En general, se llama indignidad a la falta de m�rito para alguna cosa; pero en el derecho civil se aplica especialmente esta expresi�n a los que, por faltar a los deberes con su causante, cuando �ste (sic) estaba vivo o despu�s de su muerte, desmerecen sus beneficios, y no pueden conservar la asignaci�n que se les hab�a dejado, o a que ten�an derecho por la ley. �Es, pues, una exclusi�n del todo o parte de la asignaci�n a que ha sido llamado el asignatario por el testamento o por la ley, pronunciada como pena contra el que se ha hecho culpable de ciertos hechos limitadamente determinados por el legislador, como causales de indignidad.

La indignidad es una exclusi�n de la sucesi�n; el efecto natural de ella consiste en que el interesado indigno es privado de lo que le hubiera correspondido en la mortuoria, sin esa circunstancia. �Se dice que la indignidad es pronunciada como pena, para significar que es la sanci�n que la ley civil establece para el sucesor que ha ejecutado ciertos actos, y como sanci�n que es, no puede aplicarse sino mediante un juicio previo, en que se compruebe plenamente que aqu�l se ha hecho acreedor a ella, por haber incurrido en algunas de las faltas que la ley enumera como causales de indignidad.

(Art�culo 1031 del C.C.). �Nuestro c�digo civil se�ala como norma general que �ser� capaz y digna de suceder toda persona a quien la ley no haya declarado incapaz e indigna�. (art�culo 1018 del C.C.). �La regla, es, pues, la capacidad y la dignidad. La indignidad sucesoral es una excepci�n, es una pena; como ya se expres�, netamente civil, establecida en el inter�s privado del de cujus y de sus herederos, y no en el inter�s social, como sucede con las penas propiamente dichas.

Es, por otra parte, independiente de la sanci�n penal que pueda merecer el acto de donde resulta la indignidad. �Las causales no son otras que las limitativamente consignadas como tales en los preceptos sustantivos que las configuran. La persona que pretenda que se declare indigno a un asignatario debe, pues, demostrar que se ha ejecutado determinado hecho, que configura cierta situaci�n jur�dica, la cual est� se�alada en la ley como causal de indignidad.

Exigiendo, a la vez, el legislador, para ciertos casos (ordinal 2� del art�culo 1025 del C.C.), determinada clase de prueba, la situaci�n jur�dica correspondiente ha de establecerse en la forma prescrita (�). �Dos son los aspectos de los cuales la ley deduce motivo de indignidad para heredar, en relaci�n con la causal tercera del art�culo 1025 del C�digo civil (sic): a) cuando siendo demente el causante, el consangu�neo dentro del sexto grado, inclusive, no lo socorri�, pudiendo; b) cuando en estado de destituci�n, es decir, en el de abandono o pobreza, no le dio la ayuda requerida. �A pesar de que la obligaci�n legal de alimentos, solo pesa sobre los colaterales hasta el segundo grado de consanguinidad leg�tima (art�culo 411), el legislador estima que los dem�s parientes consangu�neos, hasta el sexto grado, tienen la obligaci�n moral de socorrerse, cuando uno de ellos se encuentre en estado de destituci�n o demencia. La infracci�n a esa obligaci�n moral, al tenor del ordinal tercero del art�culo en estudio, est� penada con la indignidad. �El socorro no puede entenderse exclusivamente en sentido de prestaci�n material, puesto que puede ser m�s interesante la ayuda moral, la preocupaci�n del consangu�neo para evitarle perjuicios de tal �ndole a su pariente dentro del grado se�alado (�)� (C.S.J., Sala de Casaci�n Civil, sentencia de 30 de julio de 1948.

M.P.: doctor MANUEL JOS� VARGAS). Y la doctrina ha puntualizado sobre el particular: �1. No se trata de aquella falta de socorro que ocasiona el fallecimiento de la persona de cuya sucesi�n se trata, ya que esta conducta quedar�a comprendida en la causal primera del art. 1025 C.C. Esta causal comprende las dem�s omisiones de socorro graves y que habr�an podido cumplirse.

Para ello es indispensable, de un lado, que el causante hubiese necesitado de socorro o auxilio porque carec�a de los medios necesarios de subsistencia (que es lo que significa el t�rmino �destituci�n�) material o moral; y del otro, que el obligado tuviese los recursos materiales o morales para poder suministrar directa o indirectamente dicho socorro. �2.

La persona que se hace indigna debe ser un �consangu�neo dentro del sexto grado inclusive� que no prest� el socorro debido. Esos consangu�neos pueden ser en l�nea recta o colaterales (hermanos, sobrinos, primos y t�os), sea leg�timo o natural. El grado m�ximo es el sexto, ya que los de 5�. y 6�. grado si bien no pueden suceder abintestato en el 5�. orden hereditario, no es menos cierto que lo podr�an hacer testamentariamente, lo cual justifica su indignidad para recibir esta asignaci�n. �3.

Por �ltimo, la falta de socorro deber� ser calificada por el juez civil, pero deber� ser de tal magnitud que demerite a la persona para suceder al causante, tal como ser�a en los casos de ciertos padres (especialmente los naturales) y maridos que omiten, total o parcialmente (pero, en todo caso, considerable o grave), ayuda para con sus hijos y esposas; y la conducta de aquellos hijos, maridos o hermanos que, en desarrollo de su carencia o repudio de todo sentimiento humanitario, abandonan a su suerte a sus parientes dej�ndolos aisladamente en casas privadas o en instituciones de asilo de ancianos o en hospitales para dementes� (PEDRO LAFONT PIANETTA, �Derecho de Sucesiones�, Tomo I, 4�. ed., Librer�a Ediciones del Profesional Ltda., Bogot�, 1984, p. 269 y 270).

Pues bien: durante la etapa instructiva, se recaudaron los testimonios de las personas cuyos dichos se resumen a continuaci�n: Testimonios practicados por solicitud de la parte demandante. LUZ NELLY JIM�NEZ GARZ�N (fols. 136 a 139 cuad. 1), exnovia del difunto desde 1996 hasta 2003, dice haberlo conocido en el momento en el que este se encontraba cursando el primer a�o en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez, ubicada en Cali, cuando se lo present� su hermano (de la deponente), quien era compa�ero de estudio de aquel y que, luego de que termin� la relaci�n, no perdieron contacto.

Informa que conoci� a la demandante en 1996, durante una visita que esta le hizo al causante y que no recuerda en qu� �poca conoci� al demandado. Manifiesta que cuando el fallecido hablaba de su familia, se refer�a siempre a la mam�, a sus hermanas y al esposo de aquella, y que el mismo le dijo que su progenitora y su esposo, eran quienes le colaboraban con todos los gastos de la Escuela.

Agrega que cuando conversaban sobre el demandado, el extinto le dec�a que no ten�a muy buenos recuerdos suyos, por el maltrato psicol�gico y f�sico que le dio en sus primeros a�os, y que entre ellos no hab�a relaci�n afectiva ni econ�mica. Se�ala que la demandante siempre le dio respaldo econ�mico a su hijo, tanto para terminar el bachillerato, como para entrar a la Fuerza A�rea.

Informa que el causante y el demandado vivieron muy poco tiempo juntos, porque las partes se separaron cuando aquel ten�a cinco a�os de edad. Indica que no le consta que durante todo el tiempo que el fallecido permaneci� en la Escuela, esto es, cuatro a�os, el extremo pasivo lo haya visitado y que, en todo caso, al grado no asisti�, evento al que si fueron la actora, su esposo, las hermanas del difunto y el novio de una de ellas y que, luego, lo trasladaron para la base de Melgar, en donde ella (la testigo) lo visitaba frecuentemente, y que, durante todo ese tiempo, nunca supo que el demandado hubiese visitado a su v�stago.

Sostiene que el de cujus le coment� que su progenitor nunca les proporcion� afecto, que los hab�a abandonado a �l y a sus hermanas y que dej� a la demandante sola, con tres hijos y que a pesar de que hab�a tenido buenos puestos en Ibagu�, nunca fue un progenitor responsable. Agrega que no le consta que el fallecido y el extremo pasivo pasaran juntos vacaciones, durante la infancia y la adolescencia, y que no sabe si compartieron fechas especiales los dos.

A�ade que el se�or MIGUEL MART�NEZ fue para el extinto como un pap�, pues lo apoy� econ�mica y moralmente y que le consta que el mismo le envi� dinero para su sustento en Cali. Informa que el difunto le coment� que estuvo viviendo con su progenitor un tiempo, durante el cual este le dio mala vida, lo tuvo encerrado y le pegaba, y que �l mismo hab�a hecho el tr�mite, como cualquier otra persona, para conseguir el cupo en la Fuerza A�rea y que nunca le manifest� que para ello hubiese existido intervenci�n de alg�n familiar.

Asevera que el causante, alguna vez, le mencion� que el demandado estaba enfermo y que le hab�a pedido que lo afiliara al seguro m�dico, pero que �l no quer�a hacerlo. MARTHA CECILIA BUSTOS FAJARDO (fols. 139 a 144 cuad. 1), exnovia del difunto desde 2002 hasta 2007, dice haber conocido a la actora en 2003 y al demandado, en Ibagu�, en 2005, cuando se lo present� el fallecido en la esquina de un supermercado en el que el extremo pasivo le estaba pidiendo dinero.

Se�ala que conoci� al causante en 2002, en la Brigada 17 de Antioquia, momento para el cual ella desempe�aba el cargo de m�dica rural, en la base de Carepa (Antioquia), y que cuando conversaron sobre su familia, �l s�lo se refer�a a la demandante, a sus hermanas y a don MIGUEL MART�NEZ, quien era la persona que viv�a con aquella y que fue quien lo cri� y le pag� el costo de su carrera, y que era, tambi�n, el que estaba pendiente de los estudios de sus hermanas y que fue este quien, adem�s, asisti� a los grados de todos ellos y particip� en los actos navide�os y otras fechas especiales.

Manifiesta que durante el tiempo que comparti� con el citado no fue testigo de siquiera una llamada que hiciera el demandado al difunto, y que hab�a un episodio que este recordaba mucho, que fue cuando �l ten�a, m�s o menos, once a�os y se mud� a Ibagu� a vivir con su progenitor, por solicitud de la actora. Se�ala que el extinto se someti� a una colecistectom�a radical y padeci� c�lculos en la ves�cula biliar, por lo que fue intervenido en el Hospital Militar en 2004 y que, como m�dica del mismo, puede afirmar que durante el proceso de recuperaci�n, nunca vio que recibiera una llamada o una visita del demandado.

Informa que en 2006, el fallecido fue sometido a una cirug�a de una resecci�n de terigio izquierdo en la base de CATAM, en Bogot� y que ni antes ni despu�s de la operaci�n pudo ver alguna muestra de inter�s por parte del extremo pasivo, y que, en diciembre de 2004, aquel afili� a su padre al servicio de salud de la Fuerza A�rea, a solicitud de su progenitora y de una de sus hermanas y que, inclusive, ella (la testigo) lo acompa�� a hacerlo, en la oficina respectiva de la Fuerza A�rea en la capital.

Indica que la �nica persona a la que ella vio interesada y pendiente de la parte f�sica, emocional y econ�mica del citado, fue a don MIGUEL MART�NEZ. Expresa que el causante le coment� que vivi� hasta los cinco a�os de edad con el demandado, porque se divorci� de la actora y que, luego de ello, no existieron v�nculos afectivos entre aquel y sus hijos y que la causa del alejamiento entre �l y su progenitor, hab�a sido la desatenci�n que este mostr� hacia su familia desde la infancia. A�ade que nunca tuvo conocimiento sobre vacaciones que compartiera el difunto con el demandado y que aquel, en varias ocasiones, recordaba tristemente y con rencor, la falta de atenci�n que mostr� don LUIS GUZM�N, frente a aspectos tales como su sustento, el vestuario, la salud, la alimentaci�n, la educaci�n y dem�s, y que tambi�n le dijo que hab�a sido gracias a los esfuerzos realizados por su mam�, como salieron adelante �l y sus hermanas, y que la actora cont� para ello con la colaboraci�n de una t�a suya y la del esposo de aquella.

PEDRO RICARDO CAMARGO MANTILLA (fols. 283 y 284 cuad. 1), amigo y excompa�ero de estudios del difunto, dice haber conocido al demandado el d�a que velaron a aquel. Manifiesta que durante el tiempo que los dos estudiaron la carrera en Cali, lo mismo que en el periodo comprendido entre 2002 y 2006, supo que la relaci�n del causante con el extremo pasivo era mala, porque aquel le coment� los problemas que exist�an con este, sobre todo por la falta de apoyo hacia �l y sus hermanas.

Se�ala que, en un tiempo, el fallecido le brind�, por petici�n de la actora, apoyo al demandado que se encontraba muy enfermo. Informa que durante el tiempo que comparti� y convivi� con el extinto, observ� que su familia estuvo constituida por do�a ALBA CRUZ, las hermanas y don MIGUEL que, para el difunto, representaba a la figura paterna.

CARLOS ALBERTO ROJAS BARRERA (fols. 145 a 149 cuad. 1), exnovio de una hermana del difunto, dice haberlo conocido a �l y a la demandante, en 1994, cuando comenz� la relaci�n sentimental con do�a ALBA GUZM�N y al demandado cuando su pareja se lo present� en 1998. Menciona que sab�a que don MIGUEL MART�NEZ no era el padre de ellos, pero que era quien, junto con la actora, respond�an por los gastos de la familia.

Informa que el causante dec�a que no aceptaba al demandado como padre y que discut�a con do�a ALBA GUZM�N porque esta lo buscaba. Manifiesta que cuando el fallecido ingres� a la Fuerza A�rea, lo que cree ocurri� en 1998, fue don MIGUEL MART�NEZ quien asumi� todos los costos y quien, junto con la demandante, asistieron a los eventos importantes y a las graduaciones del extinto.

Se�ala que el causante ve�a como figura paterna a don MIGUEL MART�NEZ, porque era �l con quien compart�a sus momentos de ocio y tiempo libre. Indica que se enter� de que el demandado subsist�a desempe�ando cargos p�blicos en Cajanal o en Caprecom. Informa que entre el extremo pasivo y el difunto no exist�a relaci�n de padre e hijo, porque nunca se buscaban y le consta que, durante la etapa de la adolescencia del causante, casi nunca se visitaron y que, inclusive, las fechas especiales, el extinto siempre las comparti� con la actora; informa que el citado, adem�s, le coment� que, en una ocasi�n, cuando perdi� un a�o en el colegio, su progenitora lo mand� a vivir con el demandado, pero que este lo maltrat� y, por eso, al cabo de un mes, fueron por �l. Manifiesta que no cree que, siendo adulto el causante, hubiese existido un acercamiento entre �l y el extremo pasivo.

Agrega que ignora el motivo por el cual el difunto afili� al servicio de salud a don LUIS GUZM�N. Termina diciendo que para ingresar a las Fuerzas Militares, al extinto le correspondi� prestar servicio en CATAM y, por eso, concluye que no fue por palancas. �RIKA TORRES HERN�NDEZ (fols. 182 a 184 cuad. 1), antigua vecina de la demandante, del causante y de las hermanas de este, dice haberlos conocido a todos en 1984.

Se�ala que estudi� desde tercero de primaria con do�a ALBA GUZM�N, hermana del difunto, y que conoci� al demandado, en Bogot�, en un cumplea�os de la mencionada que se celebr� durante el bachillerato. Manifiesta que, siendo ella (la testigo) peque�a, no observ� la presencia del extremo pasivo, porque despu�s de las clases del colegio, permanec�a en la casa del barrio San Antonio, en donde no oy� ni vio que el demandado permaneciera en ella o llamara.

Informa que los gastos que se originaban en la familia, entre ellos, los de educaci�n del causante, los asum�a la actora, quien siempre estuvo pendiente de sus tres hijos y desempe�� simult�neamente los roles de mam� y de pap�. Expresa que cuando aquellos eran peque�os, la demandante le pidi� al extremo pasivo que le colaborara con la manutenci�n del difunto en Ibagu�, a lo cual accedi�, pero que s�lo dur� dos meses porque, como no le prodig� un trato adecuado al mismo, este se devolvi� para Bogot�.

Manifiesta que oy� decir que el demandado viv�a en Ibagu�, pero que no sabe en qu� trabajaba o qu� cargo ocupaba all�. CLARA IN�S ROZO ROZO (fols. 185 a 187 cuad. 1), vecina de la demandante, del difunto y de las hermanas de este, vive en el mismo conjunto en el que residen las personas mencionadas desde 1996. Menciona que el d�a del entierro del causante reconoci� al demandado, porque se encontraba llorando mucho y se dio cuenta, en ese momento, que �l era el padre de aqu�l. Se�ala que conoci� al difunto cuando este ten�a como 18 o 19 a�os de edad.

Indica que ella observaba que eran don MIGUEL MART�NEZ y la demandante, los que le daban el dinero al extinto para las onces, que no sabe si la actora obstaculizaba el trato y la comunicaci�n del extremo pasivo con sus hijos, porque nunca se enter� de que el padre fuera una persona diferente a don MIGUEL MART�NEZ. CARLOS ARMANDO LE�N RODR�GUEZ, (fols. 281 y 282 cuad. 1), amigo del causante, dice haberlo conocido el 15 de enero de 1996, fecha en la cual comenz� su amistad, y a la demandante y a las dos hermanas de aquel, cuando visit� la casa donde viv�an todos ellos.

Menciona que al demandado lo conoci� el d�a en que falleci� el citado. Se�ala que su amistad con el difunto fue muy estrecha, durante los cuatro a�os de la carrera en la Escuela Militar de Aviaci�n y los tres a�os asignados al Comando A�reo de Combate n�mero 3 (CACOM 3) de la Fuerza A�rea, donde compartieron habitaci�n, tiempo durante el cual la actora y las hermanas del extinto, fueron quienes aportaron econ�micamente para la carrera de este.

Informa que, en el mismo periodo, no tuvo conocimiento u oy� hablar siquiera del extremo pasivo. ALBA PATRICIA GUZM�N CRUZ (fols. 173 a 176 cuad.), hermana del causante e hija de las partes, menciona que para la �poca en la que ocurri� la muerte de su hermano, esto es el 1� de mayo de 2007, la familia estaba conformada por la demandante, don MIGUEL MART�NEZ, su hermana ADRIANA GUZM�N CRUZ y ella (la testigo).

Se�ala que el demandado las abandon� desde 1982 y que, desde el a�o siguiente, cuando ella empez� a estudiar en un colegio de Bogot�, no recuerda haber tenido m�s v�nculo con �l. Informa que el extremo pasivo siempre tuvo conocimiento del lugar de residencia de sus hijos, porque los visitaba un fin de semana al mes, luego de lo cual desaparec�a por varios meses.

Menciona que nunca existi� una buena relaci�n entre el difunto y el demandado y que este nunca vio a aquel con amor ni afecto. Expresa que el extremo pasivo nunca recordaba un cumplea�os y que tampoco se enteraba acerca de si sus hijos estaban enfermos, requer�an atenci�n o les hab�a pasado algo, y que no le ayud� al extinto ni para el estudio ni para la carrera militar, ya que fue la actora la que le colabor� a este y la que provey� los recursos necesarios para suplir las necesidades vitales del mismo.

Se�ala que el demandado ejerci� cargos pol�ticos muy importantes, tales como el de alcalde y el de director de Cajanal, Seccional Tolima, por doce a�os, y, en esa medida, tuvo capacidad econ�mica. Concluye diciendo que el extremo pasivo le solicit� que intercediera ante el difunto para que este lo afiliara al sistema de salud, a lo cual su hermano se hab�a negado, pero que, por la intermediaci�n de la demandante, termin� haci�ndolo, para que as� pudieran operarlo de un tumor en el cerebro.

ADRIANA JULIETH GUZM�N CRUZ (fols. 176 a 181 cuad. 1), hermana del causante e hija de las partes, menciona que el demandado, frente al extinto, no se comport� como padre, porque nunca le proporcion� afecto ni le colabor� econ�micamente. Se�ala que fueron la demandante, una t�a suya (de la testigo) y don MIGUEL MART�NEZ, quienes sacaron adelante a los hijos de los contendores y que, por ejemplo, los gastos de manutenci�n del causante durante su vida de colegio los pag� la actora.

Recuerda que para la �poca en la que ella (la testigo) estuvo cursando la primaria y el bachillerato, el extremo pasivo trabajaba en la Caja de Previsi�n y en Caprecom como director, lo que, en su sentir, demostrar�a que tuvo capacidad econ�mica para ayudarles, pero, que se abstuvo de hacerlo, y que no estuvo con ellos en fechas especiales, tales como cumplea�os o navidades.

Informa que el demandado se quejaba mucho de enfermedades y solicitaba que lo afiliaran a un servicio de salud, raz�n por la que su hermana le pidi� al difunto que lo hiciera y que este se neg�, ante lo cual la actora le dijo que, por humanidad, lo hiciera. Indica que el extinto siempre estuvo pendiente de que don MIGUEL MART�NEZ asistiera a todos los eventos importantes en los que �l estaba involucrado y que todos los amigos del mismo pensaban que el mencionado era su progenitor.

Manifiesta que, en 1990, la demandante envi� al causante a Ibagu� para que viviera con el demandado, porque padec�a los problemas propios de la adolescencia, con el fin de que aquel cambiara, en algo, su comportamiento, ciudad en la que permaneci� por dos o tres meses, porque el extremo pasivo le peg� al fallecido y, por eso, la actora no lo dej� m�s tiempo all�.

Se�ala que en el Club Comfenalco de Ibagu� se celebraron los quince a�os de su hermana, cuyos gastos fueron asumidos por su progenitora y que el demandado consigui� el lugar prestado, y que, en algunas de las fotos del evento, aparecen el causante, las partes, la homenajeada y ella (la testigo). Manifiesta que el apartamento en donde residen ella (la testigo) y su familia, fue adquirido por los contendientes, pero que, cuando estos se separaron, la demandante asumi� toda la deuda del mismo, la que fue solventada con la ayuda de don MIGUEL MART�NEZ.

Testimonios practicados por solicitud de la parte demandada. MAR�A IDALY GUZM�N PE�A (fols. 159 a 164 cuad. 1), hermana del demandado y t�a del causante, manifiesta que, en algunas oportunidades, viaj� a Ibagu� a compartir con sus parientes, oportunidades en las cuales siempre encontr� a una familia normal, integrada por las partes y los tres hijos comunes, y que, en tales visitas, observ�, de parte del extremo pasivo y hacia el difunto, buen trato y que no hubo peleas.

Se�ala que cre�a que los gastos relacionados con el sostenimiento del hogar, los asum�a el demandado, quien trabaj� en Ibagu� en la Caja Nacional de Previsi�n y en la Regional de Caprecom de la misma ciudad y que, hasta donde ella recuerda, la actora no trabajaba. Menciona que no sabe c�mo respondi� el extremo pasivo frente a las obligaciones de vestuario, educaci�n, vivienda, recreaci�n y manutenci�n del causante, luego de que se separ� de la demandante, porque nunca volvi� a la casa.

Indica que su hermano la llam� y le dijo que necesitaba una recomendaci�n, porque el fallecido quer�a ingresar a la Fuerza A�rea, por lo que ella (la testigo) convers� con el Director de Reclutamiento de esa �poca y este le entreg� la misma, pero que ignora si la utilizaron o no. Expresa que no conoc�a mayores detalles de la relaci�n entre el extinto y el demandado, porque ella y los dem�s t�os decidieron alejarse cuando se enteraron de que la actora ten�a como pareja a otra persona.

Contin�a diciendo que, en cierta ocasi�n, el extremo pasivo, ella (la testigo), un amigo de nombre DAVID y el difunto, se reunieron por los lados del Edificio Bachu� y que, en esa oportunidad, el causante le entreg� a su progenitor un carn�, para que lo atendieran y operaran en el Hospital Militar. Menciona que no sabe si invitaban al demandado a eventos especiales del difunto, tales como los cumplea�os, las navidades, los grados de bachiller y el de la Fuerza A�rea Colombiana, pero que cree que si aquel no asist�a a los mismos, era porque estaba presente don MIGUEL MART�NEZ, quien fue muy bueno con el causante, casi como un segundo padre para �l, pero que ello no quiere decir, de manera alguna, que el extremo pasivo no lo fuera.

Se�ala que ignora qui�n fue la persona que pag� el cr�dito hipotecario que ten�a el inmueble que serv�a de casa de habitaci�n en la ciudad de Bogot� para la demandante y sus hijos. Manifiesta que no sabe que la demandante le haya impedido al demandado que tuviera trato o comunicaci�n con el extinto. Manifiesta que desconoce el motivo por el que la actora y sus tres hijos se trasladaron a Bogot�, ciudad en la que vivieron, primero en el barrio San Antonio y, despu�s, al frente de Bavaria.

JAIRO RIVERA MORALES (fols. 165 a 168 cuad. 1), persona que comparte un v�nculo pol�tico con el demandado, dice haberlo conocido en la ciudad de Ibagu�, en 1978, �poca para la cual este se desempe�aba como Visitador de la Contralor�a Departamental del Tolima. Se�ala que a la demandante la conoci� en la d�cada del 80, por ser la esposa de aquel y que al causante cuando viv�a, con su progenitor, en el Barrio San Antonio de Bogot�, pero no precisa el momento en que ello ocurri�, porque no lo recuerda.

Se�ala que vio al difunto cuando acompa�� al extremo pasivo a visitarlo en Bogot� y aquel estaba estudiando en la escuela y, otra vez, cuando estaban viviendo en el apartamento del barrio San Antonio, �poca en la cual el demandado ya se hab�a separado de la actora; y que la �ltima vez fue cuando operaron a don LUIS GUZM�N de un tumor en el cerebro, en el Hospital Militar, lugar donde fue atendido, porque era beneficiario del extinto, y que, en las tres oportunidades mencionadas, la relaci�n entre ellos fue normal, cordial y afectuosa.

Afirma que no est� en capacidad de suministrar informaci�n sobre el cumplimiento de las obligaciones del extremo pasivo frente al difunto o acerca de la relaci�n entre padre e hijo, porque el v�nculo con aquel fue de car�cter pol�tico y, por lo mismo, no sabe si asisti� a las ceremonias de graduaci�n del causante, tanto de bachiller como de la Fuerza A�rea.

Manifiesta que el demandado fue, adem�s, gerente seccional de la Caja Nacional de Previsi�n, Seccional Tolima, y gerente de Caprecom, Regional de ese mismo departamento, y que, entre 1997 y 1998, residi� en Bogot� porque lo hab�an nombrado como funcionario del Congreso de la Rep�blica, pero que, en algunas �pocas, tambi�n ha estado desempleado.

JOS� SAID GARZ�N (fols. 188 a 190 cuad. 1), quien dice ser hermano del demandado y t�o del difunto, manifiesta que la relaci�n entre padre e hijo era normal, tanto as� que se encontr� con los dos en reuniones familiares, como fueron un evento en un club de mariachis en Ibagu�, al cual asistieron sus sobrinos, y una primera comuni�n que se organiz� en Bogot�.

Expresa que cuando el extremo pasivo estuvo hospitalizado, all� se encontr� con el causante y las hermanas de este, pero que, en todo caso, �l (el testigo) no ten�a mucho trato con la familia, por lo que no le consta si aquel cumpl�a o no con sus deberes de padre y que tampoco puede decir qui�n pag� los gastos de estudio y manutenci�n del extinto.

Expresa que cuando sus sobrinos eran peque�os, estuvieron radicados en Bogot� y que, posteriormente, cuando el demandado fue nombrado alcalde de Planadas (Tolima) se trasladaron a dicho municipio, y que, luego, en la �poca en la que el demandado fue director regional de Cajanal, vivieron en Ibagu�. Manifiesta que, a ra�z de una operaci�n que le practicaron a su hermano, concluy� que el causante lo hab�a afiliado al servicio de salud que ten�an los militares.

Indica que despu�s de producirse la separaci�n de las partes, lo que pudo haberse presentado cuando el difunto ten�a doce a�os de edad, la actora se radic� en Bogot� y el extremo pasivo en Ibagu�, quien seguramente visitaba a sus hijos y participaba en eventos de ellos, pero que ignora la frecuencia de los encuentros y a cu�les actos asist�a. Se�ala que oy� decir que el demandado hizo gestiones, por intermedio de una hermana, para el ingreso del extinto a la Fuerza A�rea Colombiana.

A�ade que para la �poca en la que el difunto cursaba la primaria, su hermano trabajaba en Cajanal. DAVID G�MEZ ROJAS (fols. 190 a 194 cuad. 1), cu�ado del demandado, manifiesta que la relaci�n entre este y el causante era muy fluida. Informa que, en algunas oportunidades, cuando ya se hab�a graduado como piloto, el difunto fue a visitar a su esposa (del testigo), ocasiones en las que confirmaron el buen trato que exist�a con el extremo pasivo.

Se�ala que no sab�a con qu� regularidad el demandado visitaba al fallecido, pero que s� le consta que estando este en su casa (del testigo), le dec�a a �l (al testigo) que ten�a que verse con su progenitor. Indica que, en cierta ocasi�n, a su cu�ado deb�an intervenirlo de un tumor en el Hospital Militar y ocurri� que le dijeron que necesitaba que le autorizaran el carn� militar, por lo que llam� al causante y que este vino inmediatamente y se encontraron en un sitio cercano al Hotel Tequendama, en donde hizo la diligencia y, posteriormente, los invit� a almorzar a todos.

Menciona que el difunto estaba preocupado por la salud de su progenitor y que les dijo (al testigo y a su esposa) que no vacilaran en llamarlo cuando lo necesitaran. Indica que el extremo pasivo era una persona muy entregada a la familia, muestra de lo cual era que se hab�a esforzado mucho para conseguirle el cupo al extinto, a fin de que este estudiara en Cali, y que, adem�s, aport� mucho dinero para pagar los gastos de estudio de sus hijos, lo que le consta a �l (al testigo), porque cuando aquel iba a su casa, le comentaba a su hermana (esposa del testigo) sobre los giros que ten�a que hacer.

Agrega que el demandado trabaj� en la Gobernaci�n del Tolima, que fue director de la Caja Nacional de Previsi�n en Ibagu� y en otra entidad, pero que se encuentra desempleado (para la �poca en que rindi� la declaraci�n). Manifiesta que su cu�ado ten�a un apartamento en Bogot� frente a Bavaria, y que al separarse de do�a ALBA CRUZ, se lo dej� a ella y a sus hijos, y que sigui� visitando a los mismos en esa residencia, de donde infiere que la relaci�n entre ellos era normal, porque si no fuera as�, no le habr�an permitido el ingreso a la vivienda.

Manifiesta que no le consta que el extremo pasivo haya asistido a los grados de bachiller y de piloto del causante y que desconoce si aquel asist�a a las reuniones en los planteles educativos en donde estudi� este �ltimo. DAMARIS MART�NEZ CUEVAS (fols. 195 y 196 cuad. 1), hija de una prima del demandado, dice haber conocido al causante y a la demandante en Ibagu�.

Manifiesta que, luego de haberse casado, los contendientes se establecieron en Ibagu�, muy cerca de donde resid�a la familia de ella (de la testigo), raz�n por la cual visitaba con frecuencia la casa de las partes. Expresa que durante la infancia de los hijos habidos dentro del matrimonio, el �nico que trabajaba era el demandado y que la actora se dedicaba al hogar, por lo que considera que los gastos de educaci�n del difunto correspondientes a la primaria, los pag� aquel, sin que sepa qui�n lo hizo posteriormente, porque ella (la testigo) se fue a estudiar a Bogot�.

Se�ala que la relaci�n entre el extinto y el extremo pasivo, desde el punto de vista de la responsabilidad econ�mica y afectiva, era en su sentir, normal, y que observ� que fue cari�oso con todos sus hijos cuando eran ni�os. Indica que ya siendo adulto, el fallecido asisti� a dos paseos con la familia de ella (la testigo). Informa que el demandado estuvo afiliado al servicio de salud por el difunto y que antes de una cirug�a que le practicaron a su padre, el difunto los invit� a todos a comer al Club de la FAC.

Se�ala que no le consta si el extremo pasivo comparti� con el causante eventos tales como el grado de bachiller, el de militar en la Fuerza A�rea Colombiana o las navidades, luego de producirse la separaci�n entre las partes. BLANCA CELIA S�NCHEZ ROJAS (fols. 197 a 199 cuad. 1), propietaria del inmueble del cual hace parte una habitaci�n que el demandado tom� en arriendo, dice que conoci� al causante, porque �l tambi�n ocup� la alcoba alquilada, y a la demandante y a sus hijas, porque fueron a visitarlos a ambos.

Se�ala que el extremo pasivo se llev� a estudiar al difunto a Ibagu� durante el tiempo que tom� en arriendo la habitaci�n y que, para esa misma �poca, el mismo era el director de la Caja de Previsi�n. Menciona que era el demandado quien pagaba la renta, que ella (la testigo) s�lo les proporcionaba el hospedaje y que vio que era el citado quien que le ayudaba al difunto.

Comenta que no recuerda qu� edad ten�a el extinto cuando vivi� con don LUIS GUZM�N, en una de las habitaciones de su casa, y que no le consta c�mo era la relaci�n entre ellos, porque s�lo llegaban a dormir, pero que no existi� maltrato alguno del padre hacia su v�stago. Informa que ella (la testigo) no se comunic� con la demandante para solicitarle que recogiera al causante, porque no ten�a tel�fono para esa �poca.

Se proceder�, entonces, a la valoraci�n de los testimonios anteriormente resumidos, tarea en la cual se tendr�n en cuenta las afirmaciones correspondientes a hechos ocurridos desde finales de 1981, �poca en la que se produjo la separaci�n f�sica de las partes, porque la demandante y sus menores hijos se trasladaron a vivir a Bogot� (cfr. fols. 40 y 337 cuad. 1), y hasta el 1� de diciembre de 1999 (cfr. fol. 110 ib�dem), fecha en la que el difunto comenz� a devengar una remuneraci�n por su vinculaci�n a la Fuerza A�rea Colombiana, ya que, con posterioridad a dicho momento, no podr�a alegarse validamente que se encontraba en situaci�n de privaci�n material o econ�mica.

As� las cosas, se tiene que don CARLOS ROJAS declar� que fue don MIGUEL MART�NEZ quien asumi� todos los costos que se ocasionaron por el ingreso del causante a la Fuerza A�rea Colombiana. Por su parte, do�a �RIKA TORRES manifest� que los gastos que se originaban en la familia, entre ellos, la educaci�n del fallecido, eran asumidos por la actora, y que el extremo pasivo nunca colabor�.

Por otro lado, don CARLOS LE�N asever� que la demandante y las hermanas del difunto fueron las personas que aportaron los recursos econ�micos para los estudios de este en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez. En el mismo sentido, do�a ALBA GUZM�N indic� que el demandado nunca le ayud� a su hermano para el estudio o la carrera militar, y que fue do�a ALBA CRUZ la que provey� lo necesario para suplir las necesidades del extinto durante su minor�a de edad.

Su dicho fue ratificado por do�a ADRIANA GUZM�N quien asegur�, no s�lo que su progenitor no le colabor� econ�micamente al causante, sino que fueron la demandante, una t�a y don MIGUEL MART�NEZ, los que asumieron tal responsabilidad. Por su parte, do�a LUZ JIM�NEZ asegur� que el difunto le dijo que la actora y su esposo, fueron quienes le colaboraron con todos los gastos que demandaron sus estudios en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez.

Igualmente, do�a MARTHA BUSTOS, novia del fallecido hasta el 2007, se�al� que el mismo le hab�a manifestado que sus estudios en la Fuerza A�rea Colombiana hab�an sido pagados por don MIGUEL MART�NEZ y que, respecto de asuntos como el vestuario, la salud, la manutenci�n y la educaci�n, el demandado se hab�a desentendido por completo. Finalmente, don PEDRO CAMARGO indic� que el extinto le dijo que los problemas que exist�an con el extremo pasivo, se deb�an, sobre todo, a la falta de apoyo de este, declaraciones que resultaron confirmadas, en todo, por los restantes testimonios practicados a solicitud de la actora.

Por otro lado, do�a MAR�A GUZM�N manifest� que en las oportunidades en las que ella viaj� a Ibagu� y visit� el hogar conformado por las partes, observ� que los gastos del mismo eran asumidos por el demandado; sin embargo, al pregunt�rsele por el cumplimiento de las obligaciones que por la condici�n de padre se le impon�an al demandado frente al causante, una vez que se separ� de do�a ALBA CRUZ, la mencionada testigo respondi� que no sab�a qu� hab�a sucedido a partir de ese momento, porque no volvi� a la casa.

En similares t�rminos, don JAIRO RIVERA se�al� que no estaba en capacidad de suministrar informaci�n sobre el cumplimiento de las obligaciones del extremo pasivo con relaci�n al difunto, ni mayores detalles sobre el trato entre ellos dos, porque el vinculo existente entre �l (el testigo) y el demandado era de car�cter pol�tico. Igualmente, don JOS� GARZ�N asever� que no le constaba que don LUIS GUZM�N cumpliera con sus deberes de padre y que al no tener mucho trato con la familia GUZM�N CRUZ, no pod�a indicar tampoco qui�n hab�a solventado los gastos de estudio y la manutenci�n del fallecido.

Finalmente, do�a DAMARIS MART�NEZ expres� que para la �poca en la que ella vivi� en Ibagu� y visitaba a la familia GUZM�N CRUZ, observ� que los gastos ocasionados por la educaci�n del extinto, los costeaba el extremo pasivo, sin que pueda asegurar qui�n fue la persona que asumi� los costos en lo sucesivo, porque ella se traslad� a la ciudad de Bogot� para estudiar.

De manera contraria a lo expuesto hasta ahora, don DAVID G�MEZ manifest� que don LUIS GUZM�N s� hab�a aportado mucho dinero para costear los gastos de estudio de sus hijos, entre ellos, los del causante, porque cuando iba a la casa del deponente, le comentaba a su esposa sobre los giros que ten�a que hacer. Y do�a BLANCA S�NCHEZ se�al� que el demandado se llev� a estudiar al causante a Ibagu� y que este vivi� en una habitaci�n que aquel tom� en arriendo en la casa de ella, tiempo durante el cual la testigo pudo ver que el citado estaba pendiente del fallecido y que se encarg� de ayudarle, ya que el pago que ella recib�a �nicamente cubr�a el valor del hospedaje.

Valoradas en conjunto las pruebas testimoniales recaudadas, se concluye que el socorro asistencial a la persona del difunto durante el periodo comprendido entre la separaci�n f�sica de las partes, ocurrida, seg�n se dijo, a finales de 1981 y hasta el 1� de diciembre del a�o 1999, en cuanto a los medios econ�micos o materiales para su adecuado desarrollo se refiere, fue proporcionado por personas diferentes al demandado, salvo en los dos periodos que se enuncian enseguida.

Mencion� el extremo pasivo en la contestaci�n de la demanda que, en 1990, el causante se fue a vivir a Ibagu� con �l, ciudad donde vivieron juntos en una de las habitaciones de la casa de do�a BLANCA S�NCHEZ y que, adem�s, lo matricul� en un colegio llamado Benjam�n Herrera, para que continuara sus estudios de bachillerato todo el a�o (cfr. fol. 337 cuad. 1).

El hecho de que el difunto y el demandado vivieron en Ibagu� durante un tiempo, fue confirmado por los testigos LUZ JIM�NEZ, MARTHA BUSTOS, CARLOS ROJAS, �RIKA TORRES y ADRIANA GUZM�N. Lo que no fue demostrado es que, por una parte, el progenitor hubiese matriculado a su hijo en el colegio Benjam�n Herrera y que, por otro lado, all� permaneciera un a�o y, por el contrario, varios de los testigos mencionados se�alaron que el fallecido no comparti� con el extremo pasivo por un periodo superior a dos meses en Ibagu�, porque la actora, habi�ndose enterado del maltrato prodigado al hijo por su padre, lo trajo de regreso a la ciudad de Bogot�, todo lo cual lleva a la conclusi�n de que, por lo menos durante dos meses de 1990, don LUIS GUZM�N �como lo refiere do�a BLANCA S�NCHEZ� fue la persona que se encarg� de suplir las necesidades del extinto, en materia de vivienda y manutenci�n, luego de los cuales incurri� nuevamente en la situaci�n de abandono que se le enrostra.

Otra excepci�n al mencionado estado de abandono y de destituci�n del fallecido, habr�a tenido lugar en la �poca en la que las partes adquirieron los inmuebles identificados con las matr�culas inmobiliarias n�meros 50C-1248007 y 50C-1248122 de la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Bogot�, los cuales corresponden al apartamento 103 y al garaje 60, respectivamente, ubicados en la Carrera 72 A n�mero 11A�40 de la misma ciudad, y que hacen parte del Conjunto Residencial Multifamiliar Villa Alsacia. En efecto, las partes compraron mediante la escritura p�blica n�mero 1757 de 19 de abril de 1991 los inmuebles anteriormente identificados y, a trav�s de la n�mero 1758 de la misma fecha, constituyeron hipoteca abierta a favor de la Corporaci�n de Ahorro y Vivienda Las Villas, a fin de garantizar el pago de una obligaci�n dineraria por valor de $9.000.000 (fols. 209 a 212 cuad. 1).

Concluye la Sala, entonces, que la circunstancia de que las partes hubiesen comprado el apartamento y el garaje dichos, demuestra que, por lo menos para la �poca en la que se efectu� la aludida transacci�n y se constituy� la hipoteca, no exist�a la situaci�n de destituci�n que se alega en la demanda, porque el demandado no habr�a participado en la adquisici�n de los inmuebles que sirvieron de casa de habitaci�n para su familia, ni mucho menos habr�a contra�do una obligaci�n hipotecaria, si su intenci�n fuera la de abandonar al difunto y no socorrerlo materialmente.

Sin embargo, en lo que respecta a la fecha en la que ces� el apoyo econ�mico hacia el causante, en el periodo que aqu� se analiza, se tendr� en cuenta lo que expres� el demandado en el interrogatorio de parte rendido por �l, en el que mencion� que no pag� m�s de tres cuotas del cr�dito hipotecario porque, en ese momento, se separ� de la actora y acordaron que ella, junto con �su compa�ero�, se har�an cargo de solventar el cr�dito hipotecario, momento a partir del cual tambi�n dej� de frecuentar la casa de habitaci�n (cfr. fol. 152 cuad. 1) de su familia.

Seg�n lo consignado en la certificaci�n emitida por la entidad financiera Banco AV Villas (fol. 204 cuad. 1), los contendientes contrajeron con dicha entidad un cr�dito hipotecario desde el 6 de mayo de 1991, de lo cual se infiere que la separaci�n de la demandante, en la forma en que lo narr� el extremo pasivo en el interrogatorio de parte que absolvi�, habr�a ocurrido en el mes de agosto del mismo a�o, momento a partir del cual habr�a reincidido en no brindarle el socorro correspondiente al causante, por no haberse demostrado lo contrario.

En torno al tema tiene dicho la jurisprudencia: �� el estado de destituci�n, privaci�n o abandono -grave de por s�-, en que se coloca al hijo por causa del padre que se aparta voluntariamente de cumplir los referidos deberes, no desaparece, ni mengua, por el simple hecho de que la madre u otros parientes los asuman, sea que estos lo hagan por cumplir, a su vez, una obligaci�n legal propia, o por acatar un deber moral; la falta del padre, aun en ese caso, habr� existido y ser� condigna de las sanciones de orden legal que correspondan; no se desvanece, entonces, por el buen comportamiento y la generosidad de otros, ni, por ende, descaece en esa hip�tesis el motivo de la indignidad para suceder, fincado en el omisivo proceder del heredero frente al de cujus. �De otro lado, la situaci�n comentada no var�a por el hecho de que el heredero haya observado despu�s una conducta diferente, cuando ya por raz�n del tiempo se ha superado, de alg�n modo, el estado de destituci�n que otrora reclam� su socorro, ni por la circunstancia de que sea remota en el tiempo la ocurrencia de los hechos agraviantes que constituyen la causal de indignidad de la que se trata.

Ni una ni otra cosa, alcanzan a configurar el perd�n de la falta o su decaimiento, puesto que la ley s�lo impide la alegaci�n de las causas de indignidad en el evento de que existan disposiciones testamentarias en favor del indigno, posteriores a los hechos que las producen -Art. 1030 C. Civil- y �nicamente consagra su purga �en diez a�os de posesi�n de la herencia o legado� (Art. 1031 �b.)� (el uso de las negrillas es del texto) (C.S.J., Sala de Casaci�n Civil, sentencia de 30 de junio de 1998, exp. 4832.

M.P.: doctor JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES). En adici�n a lo expuesto, no puede olvidarse que los hechos alegados en el libelo, relativos a que el demandado no proporcion� al causante los medios materiales ni el afecto que permitieran su adecuado desarrollo f�sico y mental, se enmarcan dentro de lo que la doctrina denomina como �negaciones indefinidas�, las cuales no necesitan ser probadas por quien las realiza y que, por el contrario, trasladan la carga procesal de acreditar lo contrario a la otra parte, lo que, en el caso de autos, significa que era al extremo pasivo al que correspond�a demostrar, con apoyo en todos los medios probatorios a su disposici�n, que proporcion� a su hijo el socorro durante el periodo se�alado en la demanda.

Se encuentra, entonces, que los testimonios practicados a instancia del demandado y los documentos aportados por �l en las oportunidades procesales previstas para ello, no dan cuenta de manera clara, contundente e irrefutable que, a lo largo del tiempo que se alega en la demanda, hubiese contribuido, efectivamente, a atender las necesidades del causante o que existi� una justificaci�n para no hacerlo.

Ahora bien, para que pueda declararse la prosperidad de la causal de indignidad alegada, adem�s de demostrarse que el consangu�neo no proporcion� el socorro que el difunto requer�a cuando se encontraba en estado de destituci�n, debe acreditarse que aquel s� estaba en condici�n de brindarlo, a pesar de lo cual se abstuvo deliberadamente de hacerlo (num. 3�, art. 1025 del C.C.).

En este sentido, la actora demostr�, mediante pruebas documentales, que aport� durante el interrogatorio de parte que absolvi�, que don LUIS GUZM�N estuvo trabajando en diferentes periodos, de los cuales se tendr�n en cuenta, por referirse al intervalo en el que se habr�a presentado la ausencia del socorro al causante, derivada del incumplimiento de las obligaciones que la condici�n de padre le impon�a al mencionado, las que, enseguida, se relacionan.

Copia informal de la certificaci�n expedida por el Jefe de la Divisi�n Administrativa y Financiera de Cajanal E.P.S., en la que consta que durante el periodo comprendido entre el 15 de febrero de 1979 y el 28 de febrero de 1991, el demandado prest� sus servicios a la entidad como director de una de sus Seccionales (fol. 219 cuad. 1). Copia informal de la constancia expedida por el Jefe de la Secci�n de Registro y Control de la Divisi�n de Personal de la Gobernaci�n del Departamento del Tolima, en donde se indica que el extremo pasivo trabaj� en el cargo de Jefe de Secci�n Categor�a I, durante el periodo comprendido entre el 17 de junio de 1992 y el 2 de diciembre del mismo a�o, con una remuneraci�n mensual de $192.000.

(fol. 217 cuad. 1). Original de la certificaci�n expedida por el Jefe del Departamento Administrativo y Talento Humano de Caprecom E.P.S., Regional Tolima, en la que consta que durante el periodo comprendido entre el 1� de agosto de 1995 y el 20 de agosto de 1997, don LUIS GUZM�N prest� sus servicios a la entidad como director territorial (fol. 220 cuad. 1).

Del an�lisis conjunto de las certificaciones y constancias anteriormente relacionadas, se concluye que durante los periodos a los que ellas se refieren, el demandado �por no haberse probado lo contrario� se encontraba en capacidad de contribuir para la satisfacci�n de las necesidades del causante, esto es, proveer a su manutenci�n, vestuario, salud y educaci�n. Por otro lado, manifest� el extremo pasivo durante el interrogatorio de parte que absolvi�, que para el ingreso y permanencia del difunto en la Fuerza A�rea Colombiana, no efectu� aporte econ�mico o material alguno, debido a que estaba desempleado (fol. 152 cuad. 1), y que la actora y �su compa�ero� fueron quienes le ayudaron econ�micamente al extinto para dichos efectos, por encontrarse en la anotada circunstancia (fol. 153 ib�dem), afirmaciones que no son ciertas porque el demandado laboraba para agosto de 1996 ��poca en la que el fallecido inici� sus estudios en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez� en Caprecom E.P.S., Regional Tolima, como su director territorial, cargo que ocup�, seg�n se consign� anteriormente, desde el 1� de agosto de 1995, hasta el 20 de agosto de 1997.

Expresa el apelante que siendo su domicilio la ciudad de Ibagu�, era all� y no en Bogot�, en donde debi� desarrollarse la actuaci�n procesal, situaci�n que lo puso en desventaja, porque algunos de los testimonios solicitados por �l no pudieron practicarse, ante la dificultad de garantizar su comparecencia a esta ciudad, circunstancia que, seg�n dice, se tornar�a a�n m�s relevante si se tiene en cuenta que el causante vivi� su primera infancia en esa regi�n del pa�s, inconformidad que debi� ventilarse, a trav�s de los mecanismos procesales previstos para el efecto, en su debida oportunidad.

Por ello, resulta aplicable, al caso presente, lo dispuesto en los art�culos 100, 143, incisos 1� y 5�, y 144 del C. de P.C., de acuerdo con los cuales por no haberse alegado la incompetencia del juez como excepci�n previa, la posible irregularidad procesal derivada del hecho de que el proceso se hubiese tramitado por una autoridad judicial distinta a la competente, ha quedado saneada, ya que el factor a que alude el apelante es el territorial, el cual no origina nulidad insaneable, categor�a reservada �nicamente, entre otros eventos, para el caso de la incompetencia funcional, situaci�n que aqu�, claramente, no se presenta.

Con relaci�n a las desventajas que, presuntamente, habr�a experimentado el apelante en el recaudo de algunos testimonios, lo cierto es que el demandado pudo informar al a quo la circunstancia de que los deponentes se encontraban residenciados por fuera de la ciudad, caso en el cual se habr�a se�alado, a su cargo, gastos por concepto de transporte y permanencia, herramienta de la que el recurrente no hizo uso, y tampoco solicit�, pudiendo hacerlo, que se librara despacho comisorio, para que las pruebas fueran practicadas por una autoridad judicial de Ibagu�, por lo que, ahora, no puede apoyarse en su propia negligencia, para alegar que se vio comprometido su derecho constitucional fundamental al debido proceso.

Se alega que no se tuvo en cuenta que los testimonios rendidos por las hijas de las partes eran sospechosos y que estaban precedidos del s�ndrome de alienaci�n parental, y que las mismas fueron programadas por su progenitora, para odiar al demandado y as� declarar en su contra. Al respecto se tiene, por una parte, que los testimonios de ALBA y ADRIANA GUZM�N CRUZ no fueron tachados y, por otro lado, la circunstancia de que ellas vivan junto con la demandante, no necesariamente conduce a que sus declaraciones fueran predeterminadas, ya que se observa que sus relatos fueron coincidentes con los de otros deponentes, que se recaudaron en el informativo, lo cual demuestra que s� puede d�rseles la credibilidad que el extremo pasivo cuestiona, am�n de que no puede desconocerse el especial contexto que rode� el conocimiento que tuvieron de la situaci�n, pues pudieron percibir directamente el incumplimiento de las obligaciones que ten�a el demandado frente al causante, lo que resulta todav�a m�s evidente en el periodo anterior a que el fallecido iniciara sus estudios en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez, porque compartieron la misma casa de habitaci�n con el mismo, realidad que lleva a descartar el argumento de la alzada y a aceptar que se trata de testigos excepcionales de los hechos que se alegan.

Manifiesta el recurrente que el a quo pas� por alto la circunstancia de que a los se�ores LUZ JIM�NEZ, MARTHA BUSTOS y CARLOS ROJAS, �nicamente les constaban los hechos a partir de 1994, lo cual significa que conocieron al fallecido cundo este era adulto y no pod�an, por tanto, declarar sobre hechos ocurridos en la infancia del mismo. En lo que se refiere a do�a LUZ JIM�NEZ y a do�a MARTHA BUSTOS, quienes fueron las parejas sentimentales del causante en diferentes momentos de su vida, a las que �l les coment� lo relacionado con la desatenci�n que el demandado mostr� frente a la satisfacci�n de sus necesidades primarias durante la infancia, la adolescencia y cuando se encontraba realizando los estudios en la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez, sus relatos s� pod�an ser tenidos en cuenta para fundar la decisi�n que, finalmente, resuelva la controversia jur�dica aqu� planteada, porque, seg�n se vio, resultaron confirmados por otros deponentes.

Con relaci�n a don CARLOS ROJAS, se tiene que, no obstante haber conocido al causante y a su familia, s�lo a partir de 1994, lo cierto es que declar� respecto de aspectos que corresponden a lo investigado en el presente asunto, como es el socorro que el extremo pasivo brind� al extinto para la �poca en la que este ingres� a la Escuela Militar de Aviaci�n Marco Fidel Su�rez, hasta que, finalmente, se vincul� a la Fuerza A�rea Colombiana como Piloto Miliar Administrador Aeron�utico, de ah� que su relato s� pueda ser tenido en cuenta, para afincar en �l la sentencia correspondiente.

Menciona el apelante que el Juez de primera instancia desconoci� que lo manifestado por las testigos �RIKA TORRES y CLARA ROZO, correspond�a a una �poca en la que las partes ya se hab�an separado, por lo que encontr�ndose los hijos bajo el cuidado de la actora, ninguna referencia tuvieron de �l, situaci�n que, en opini�n de la Sala, no imped�a que las mencionadas percibieran la presencia, el acompa�amiento, el consejo oportuno y el auxilio proporcionados por el demandado al difunto, si es que ellos se hubieran dado, encontr�ndose que, por el contrario, los mismos no tuvieron ocurrencia en la infancia del causante, aspecto sobre el que versa la versi�n de la primera deponente, y tampoco en la �poca de la carrera militar del fallecido, porque, como lo expuso la segunda declarante, s�lo conoci� a don LUIS GUZM�N en las honras f�nebres de extinto.

Se�ala el promotor de la alzada que el a quo desech� los documentos aportados a lo largo del tr�mite, porque versaban sobre hechos que no importaban al proceso, como es el caso de la escritura p�blica contentiva de la liquidaci�n de la sociedad conyugal habida entre las partes, o los que se refer�an a la colaboraci�n del demandado hacia sus hijas, frente a lo cual se encuentra que dichas pruebas, claramente, no son pertinentes, porque se refieren a situaciones diferentes de las que est�n siendo investigadas en el presente asunto, en el que la controversia jur�dica gira en torno de la comprobaci�n del socorro brindado al causante por su progenitor, y no a la distribuci�n que de los bienes sociales hicieron los contendientes o la ayuda brindada por el extremo pasivo a sus otros v�stagos.

Finalmente, es menester dejar sentado que la indignidad que se declara en estas controversias solo comprende el dem�rito para suceder al difunto en lo que ata�e a los derechos sucesorales que se regulan en el C�digo Civil y las leyes que lo modifican, complementan o adicionan, sin que quepa extender sus efectos a materias que son reguladas por otros ordenamientos, como lo ha puesto de presente la jurisprudencia: �3.

Sin embargo, resalta la Sala que el margen de decisi�n de las autoridades judiciales se encuentra claramente delimitado, de un lado en las normas sobre competencia, y de otro lado, en lo que impone la naturaleza de las instituciones sobre las que los jueces deben fallar. As� las cosas, es preciso advertir que la figura de la indignidad para suceder al difunto como heredero o legatario tiene efectos en el �mbito propio de la sucesi�n por causa de muerte, de suerte que todo aquello que reciba una persona sin que encuentre su fuente en la calidad de heredero o legatario, o, puntualmente en la aplicaci�n de las disposiciones del derecho sucesoral, no puede ser objeto de un pronunciamiento relacionado con la declaratoria de indignidad para suceder. �O dicho en otras palabras, las indemnizaciones que una persona reciba con ocasi�n del fallecimiento de un pariente cercano, o las partidas que reciba a t�tulo de pensi�n por el deceso de un trabajador cobijado por un sistema de seguridad social, no encuentran su fuente en las normas que regulan la sucesi�n por causa de muerte, luego las decisiones acusadas en la acci�n de tutela que se resuelve, no vulneran derechos fundamentales en cuanto se pronuncian sobre los temas que son de su competencia en raz�n de la normatividad invocada (art. 1025 C.C.), pero es claro que tales determinaciones no pueden extenderse a la indemnizaci�n cuyo origen se halla en la necesidad de resarcir un da�o, o, en su caso, de reconocer un valor asegurado como consecuencia de la realizaci�n de un siniestro, o a la pensi�n (Nums. 11.3 y 11.4, art. 11 del Decreto 4433 de 2004), que es un concepto estrechamente vinculado a la relaci�n de trabajo y ligado al sistema de seguridad social, y gobernado por normas que escapan a la competencia del juez de familia (Num. 4�., art. 2�. del C�digo Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social), raz�n por la cual tales decisiones sobrepasar�an su marco de acci�n, o exceder�an la competencia establecida en normas de orden p�blico. �5.

Por todo lo anterior, aunque no se conceder� el amparo solicitado, s� se hace �nfasis en esta sentencia, en el sentido de que las decisiones adoptadas por los jueces de familia no pueden tener el alcance de alterar o modificar la pensi�n que devenga el accionante, ni lo obligan a �l a restituir dineros o indemnizaciones que no haya recibido a t�tulo de herencia o de legado, determinaciones �stas que corresponder� adoptar a otras autoridades, de suerte que aunque la decisi�n contenida en la parte resolutiva del fallo de primera instancia (confirmado en ese ac�pite por el juzgador de segunda instancia), consistente en que se comunique la declaratoria de indignidad para suceder al Ej�rcito Nacional, si bien no vulnera derechos fundamentales, no puede tener alcance diferente al que antes se ha precisado� (C.S.J., Sala de Casaci�n Civil, sentencia de 8 de abril de 2008.

M.P.: doctor ARTURO SOLARTE RODR�GUEZ). La sentencia apelada, entonces, habr� de confirmarse, sin m�s consideraciones, por no ser ellas necesarias. Por lo expuesto, EL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, D.C., EN SALA DE FAMILIA DE DECISI�N, ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA REP�BLICA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY, RESUELVE 1�.- CONFIRMAR la sentencia apelada, esto es, la de 30 de abril de 2012, proferida por el Juzgado 10� de Familia de esta ciudad, dentro del proceso de la referencia. 2�.- Costas a cargo del apelante.

T�sense. 3�.- Cumplido lo anterior, devu�lvanse las diligencias al Juzgado de origen. C�PIESE, NOTIF�QUESE Y C�MPLASE CARLOS ALEJO BARRERA ARIAS Magistrado (Las firmas restantes al respaldo). GLORIA ISABEL ESPINEL FAJARDO IV�N ALFREDO FAJARDO BERNAL Magistrada Magistrado PROCESO ORDINARIO DE ALBA MAR�A CRUZ GARC�A EN CONTRA DE LUIS ENRIQUE GUZM�N CUEVAS (AP.

SENTENCIA).     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M�197 a�2008. M�209 a�305 a�4832. M�50 a�72 A �la Brigada�la Caja�la Caja Nacional �la Carrera�LA CAUSAL INVOCADAla Contralor��a Departamentalla Corporaci��n la Divisi��nla Divisi��n Administrativa �la Escuela�la Escuela Marco�la Escuela Militar�la Escuela. Agrega�la FAC. Se�ala �la Fuerzala Fuerza A��reala Gobernaci��n �la H. Corte�LA LEY �La Macarena �la Oficina �la Regional la Rep��blicaLA REP��BLICA Y�la Sala la Secci��n�la Seguridad Social �ProductIDsteriormente.11R��0������0���00��hx�"��!ZParse Prefer Folder Browsingb� Kw $h��kQ1)Q1 Q1%Q1Q1L1L1Q1.Q1'L1L1L1Q1!Q1"Q12Q1Q1%L1Q1Q1%Q1%L1Q1%L1 L1 Q1!Q1$Q1%L1L1 Q1L1Q1Q1+Q1,Q1%L1Q1Q1Q1Q1Q1,L1 Q1%L1 Q1&Q1Q1#Q1%L1Q1Q1%Q1%Q1!Q1!Q1%Q1*Q1L1Q1L1Q1.L1L1Q1Q1/Q1Q1&Q1%Q1!Q1!Q1!Q1!QQ1.Q1.L1Q10L1Q1-Q1((��`dH L �!�!�!"�"�"�"�"~,�,�,�,/=3=?=C=ADFD�H�H�H�HrJxJ�N�N�T�T�T�T�W�W�WX�[�[�[�[r_v_�_�_DdHdJdNdZd^dEgIgUgYgcjgjsjwj]odo�p�p qq`shszz!z%zI|Q| ��Q�U�a�e�4�<�%�)�5�9������� ��� ��� �Šɠՠ٠;�?�J�N�źɺ ��� �}�������������������x��X�\�����g�o�L�P�����6�>��#����k�t�     ! # $ & ' @ C ���������%�%l&q&&,.,�78�8�8�8�8�8�8�A�A������    ! # $ & ' @ C 33333333333333��"/H�w�      ! # $ & ' @ C �T���N�N�N�N�a�a�b�bOcOc�c�c�l�lapap�r�r����B�B�C�C�[�[�       ! # $ & ' @ C X�W�D�~��g>;A[p�Q�R%g{�e�f+ �"W/I�Uft O�j gr �: �M �~ �%�F�P/�c�z` �&�-�h�n7w�%�X�iEQ/h��)B:�R[��Q�<%�;vp�CMA�c�+b^i�jn�p��,�BR@`DG"3e: ?bU�$=uh F �!�!!�("�T"n# ^#�($�:$9&%�d%:&&u'&_\&�'�J'n/(p_)8&*7*uM*q[+�,{.,i,�$-�`-U}-�M. a.~//_g/�}/K*0/0�w0�<1�p1�2�2�2�2�X2�w3�4,41*45�?5X\5�i5" 6�6�"6vE89�:<:VI:�;J;�4;<b;�[<i<jl<�K=�>�>u>!2>$9>"E>�b>�m>Cu>� AH$A�:A�SAXA�>B[CSC�cC3E!"E�(E2F[BF^XF�ZF vF�fGBH�vH\UI�dKX{KSLgSLtM�eMTfM�tM�~MZ N�:N�SN�sN�O� O� Ok%OMNO�`O`Q�DQ�2SadS"'TV,T5HTLU�U!<U�}UsV TV�tV�W�)W�5WbW�X<3X�4X5Z�xZ�[�%[�=[�n[�q\Zy]D^''^0w^�_�e_t`ma�Vamma�kbc�3c�dsCdWd�_d5ld�e�eELe�f�f�HfuZf�Eg�i�i_j�k�'kV+k*m6kmQ5o�p�p^uplq6q�Mr0vr�s�gsJns�t t3t�'t�jt\u.'u�*v3Iv�dvVwC%y�uy�zMz�>z$Kz�}z,9{+\{�_{Km{O"}$}s=~�@~zG~�d~o~ue�r���8����*�QD�OP�Br�1t�%�dV��f��*��7��<��F��m���zc�}A��s�3q����"]���N�f��@��C�QW�\9�MM��87��7�{D��`�5}�^�Z^�G`��p9��@��A�KV�Jm���"7�Aq�AT�5 ���T��3�xj�\o�P��N���q9��n���ZO��Z����@��K����`�[��t�l�3��/�NO��;��M��n��t�?��X��e��j�ns�����p� *�KO�Y���"�T&�ky�;�!�(|��8��A,�#y�5}�7��I�C��:�iI�|b�)K��p�a4�:R�Y(�_���n6�#��~�D��H�X�\�� �{6����s�>:��@��A�R��l��2��|������F�N��z��_��"��s��(��O�(d�&X��d�5'��(�3A��p��M��z�}�� ��b�UK�AA�!n�<�.H�S���e����� 1�)e�bv���L��N�cP��U��f��.�J����#��U��{�`l�s��$��f�g�2�r��2��H�� �(�$y������u��"�hg�<���e��N�=�`j��m��{�� ��!�I��T��~��?�fh�kh�(y�# ��X�MW�ng�`t�� �>)��P�@R��y��6�.$�`V��g��!���|W��%��(��7�p�����L?�vp���`H�rM�kd��w�|F��X��z�L� @�q�19��R�:6���-D��#�(��N�i�X4����[�ol�X�#<�8J����/�38� ��,��R��]��o�/?��`�W�� =��V�zY��h�Y���qc�nx� �)�Y����:�bg�S&�  �@w���w�w�B �@��Unknown������������G��.�Cx� �Times New Roman5��Symbol3.� �*�Cx� �Arial7.�����@�Calibri;�����|�i0�Batang���5.� �.�[`�)�TahomaA����$B�Cambria Math"q������hj(gЛ� �(+����(+���!�������24� �  3�q���HP ��?����������������������:&&2!xx� ���4TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, DalozanorNayla Johanna Alfonso Mogollon�������Oh��+'��0������ <H h t � ������8TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, D alozanorNormal Nayla Johanna Alfonso Mogollon3Microsoft Office Word@d�@� "���@��4���@`�u���(+�����՜.��+,��00 hp���� ���� � �Hewlett-Packard Company���  5TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT�, D T�tulo  !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~���������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������     ������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �F@=����1Table����������CWordDocument��������8�SummaryInformation(����DocumentSummaryInformation8������������CompObj������������v������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������ ���� �F$Documento de Microsoft Word 97-2003 MSWordDocWord.Document.8�9�q