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Poseedor no es de mala fe. Modifica fecha a partir de la cual se reconocen frutos. Proceso: Ordinario Demandante: Luis Eduardo S�nchez Mayorga y Otra. Demandado: Pedro Julio Castellanos. Apelaci�n Sentencia 10-2011-00247 02 TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOT� SALA CIVIL MAGISTRADO PONENTE: LU�S ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Proyecto discutido y aprobado en Sala de Decisi�n Civil del 23 de abril de 2014.
Acta 14. Bogot� D. C., veintiocho de mayo de dos mil catorce. Resuelve la Sala el recurso de apelaci�n propuesto por la parte demandada contra la sentencia emitida el pasado veintitr�s de octubre por el Juzgado Veintid�s Civil del Circuito de Descongesti�n de esta ciudad, dentro del proceso ordinario adelantado por Luis Eduardo S�nchez Mayorga y Nelly Yaneth P�ez Murcia contra Pedro Julio Castellanos, que cursa en el Juzgado D�cimo Civil del Circuito de esta ciudad.
ANTECEDENTES 1. Aspiraron los demandantes que se declare que les pertenece el dominio pleno y absoluto del inmueble descrito en el libelo, del cual presentaron los linderos que lo identifican y, en consecuencia, se ordene al demandado restituirlo con la respectiva condena al pago del valor de los frutos civiles o naturales que haya producido; �los que el due�o hubiere podido percibir con mediana inteligencia y cuidado�; cancelar cualquier gravamen que pese sobre el mismo; disponer la inscripci�n de la sentencia en el folio de matr�cula correspondiente, am�n de condenarlo en costas.
Relataron los actores, como fundamento de sus pretensiones, haber adquirido el bien objeto de esta acci�n mediante compraventa celebrada el 3 de agosto de 2010, contenida en la escritura p�blica 1089 corrida en la notar�a Setenta del C�rculo de esta ciudad, calenda desde la cual se encuentran privados de su posesi�n ya que en la actualidad es ostentada por Pedro Julio Castellanos. El demandado, una vez enterado del auto admisorio, se opuso al triunfo de las pretensiones formuladas, planteando para el efecto las excepciones de m�rito que denomin�: i) �Prescripci�n extintiva del dominio�; ii) �Tacha de falsedad�; iii) �Fraude procesal�, e iv) �Improcedencia de la acci�n reivindicatoria por falta de los requisitos jurisprudenciales�; presentando, as� mismo, demanda de reconvenci�n, medios de defensa que no fueron tenidos en cuenta por el fallador de instancia por extempor�neos. 2.
Cumplido a plenitud el tr�mite de rigor, fracasada la audiencia integrada del art�culo 101 y agotado el periodo probatorio, el juzgado de conocimiento decidi� el conflicto declarando el �xito de la reivindicaci�n a favor de Jos� Remberto Valero Hern�ndez, y conden� a Pedro Julio Castellanos a pagar la suma de $1.600.000.oo por concepto de c�nones de arrendamiento dejados de percibir durante el a�o 2010, al igual que los causados durante los periodos 2011, 2012 y 2013, �y en general hasta que se verifique la entrega�, c�lculo que, orden�, debe efectuarse �obteniendo el valor del canon de arrendamiento mensual a partir del equivalente a dos (2) veces el aval�o catastral, el cual no podr� exceder el 1% de dicha estimaci�n�, con la explicaci�n de que se demostraron las condiciones axiol�gicas de la misma y la mala fe del extremo pasivo.
EL RECURSO Inconforme con lo as� dispuesto, el demandado se alz� en apelaci�n, sosteniendo, a vuelta de hacer referencia acerca de las circunstancias que rodearon la compra realizada por los actores, que la persona que les vendi� el bien no ten�a su posesi�n, toda vez que la misma ven�a siendo ejercida por �l desde el mes de noviembre de 2003, situaci�n que, en su concepto, desvirt�a la tesitura expuesta en el fallo atacado relativa a que su posesi�n inici� el 3 de agosto de 2010, y la mala fe se�alada en la sentencia. Arguy� que en la decisi�n adoptada no se realiz� una adecuada valoraci�n de los medios de convicci�n aportados, ya que se inadvirti� que en el Juzgado Treinta y Cuatro Civil del Circuito cursa un proceso de pertenencia adelantado por Germ�n Enrique Guerrero contra los herederos determinados e indeterminados de Polonia Le�n Garc�a, litigio en el que, afirm�, act�a como tercero ad excludendum, y que los testigos presentados por los actores mintieron al sostener que vive en el inmueble desde el a�o 2010, ya que, insisti�, su posesi�n data del 2003.
Agreg� que si bien es cierto no se tuvo en cuenta la contestaci�n de la demanda por intempestiva, el juez incumpli� el mandato legal de decretar pruebas de oficio para determinar si realmente lo presentado por la parte activa se ajustaba a la realidad. CONSIDERACIONES 1. La acci�n reivindicatoria, como m�xima expresi�n del derecho de dominio, prospera en aquellas situaciones en que la propiedad y la posesi�n que se ejercen sobre una cosa, se encuentran en cabeza de diferentes sujetos, por lo que su objeto principal se dirige a obtener la recuperaci�n de la posesi�n que est� en poder de otra persona, respecto del bien que por derecho le pertenece.
Del an�lisis de las reglas que sobre la materia contempla el C�digo Civil, la jurisprudencia y la doctrina, resulta pertinente precisar que en ellas se reconoce, de manera pac�fica, que para el triunfo de dicha acci�n debe demostrarse la concurrencia de cuatro elementos esenciales que son: �el derecho de dominio en cabeza del demandante, la posesi�n material en el demandado, la identidad de la cosa pretendida con la pose�da con el opositor y que se trate de cosa singular o cuota determinada de cosa singular�.
En consonancia con lo expuesto, la jurisprudencia patria ha indicado que cuando se persigue por la v�a judicial, que se ordene al poseedor restituir el predio que se encuentra en su poder en ejercicio de la acci�n reivindicatoria, imperativo es acreditar �no s�lo el derecho de dominio en cabeza de quien la ejerce, sino tambi�n, a manera de insoslayable presupuesto, que �ste sea objeto de ataque �en una forma �nica: poseyendo la cosa, y as� es indispensable que, teniendo el actor el derecho, el demandado tenga la posesi�n de la cosa en que radica el derecho�. 2.
De otra parte, es del caso precisar que la competencia del juez de la apelaci�n no es ilimitada y, por el contrario, existen confines impuestos por la ley, por ejemplo la prohibici�n de la reformatio in pejus, como tambi�n la misma gesti�n del recurrente, quien en la sustentaci�n de la impugnaci�n pueden dirigir la atenci�n del juzgador a la resoluci�n de las materias que, expresamente, le se�ale.
En este orden, cuando �el superior conoce de un proceso en virtud del recurso de apelaci�n interpuesto por una sola de las partes, su competencia no es, en principio, panor�mica ni absoluta, cuanto que queda restringida a los puntos de inconformidad del recurrente de quien se entiende, cuando como aqu� se ha expresado en t�rminos limitados, que consiente o acepta las dem�s determinaciones contenidas en la sentencia apelada.
Esta limitaci�n, le impide el juez de segundo grado ir m�s all� de lo que se le propone�. Expresado en otras palabras, la competencia funcional del superior al conocer de un recurso de apelaci�n interpuesto por una sola de las partes, se encuentra restringida a los planteamientos que sirven de fundamento a la inconformidad del recurrente; �as�, son ellas las encargadas de fijar el alcance de tales recursos, de manera que el acto de impugnaci�n constituye una conducta procesal que traza al juzgador ad quem los contornos del malestar y su propia competencia, y a la contraparte los m�rgenes definidos sobre los cuales discurrir� el debate en segunda instancia�. 3.
El juzgado de conocimiento reconoci� el �xito de las pretensiones de la acci�n de dominio invocada en nombre de Jos� Remberto Valero Hern�ndez, tras hallar que en el sub lite se re�nen los presupuestos exigidos para su prosperidad; agregando que la posesi�n del demandado es de mala fe, conclusi�n a la que arrib� con fundamento en los testimonios vertidos y en que aquel conoc�a de la venta del predio, pese a lo cual nunca tuvo �nimo de entregarlo.
Inconforme con la decisi�n extractada el extremo pasivo interpuso recurso de apelaci�n, planteando como argumentos: i) que su posesi�n sobre el inmueble parte desde el mes de noviembre de 2003, cuando la adquiri� por venta que le hiciera el se�or Germ�n Enrique Guerrero; ii) que en la sentencia atacada se realiz� una indebida valoraci�n de los medios de convicci�n aportados, en tanto concluy�, sin fundamento alguno, que su posesi�n es de mala fe, hecho que, sostuvo, va en contrav�a de los postulados contenidos en los art�culos 29, 228 y 229 de la Constituci�n Nacional y, iii) que pese a que la contestaci�n de la demanda fue extempor�nea, el juez de primer grado debi�, en cumplimiento de los mandatos legales, decretar pruebas de oficio. 4.
Determinado el tema sobre el cual versar� el estudio de la alzada impetrada, ha de decirse en torno al primer tema izado, esto es, que la posesi�n de Pedro Julio Castellanos comenz� en el mes de noviembre de 2003 y no desde el 23 de agosto de 2010, que tal tesitura no tiene vocaci�n de �xito, en tanto en el expediente no obra prueba alguna que respalde su afirmaci�n. En efecto, n�tese que si bien el recurrente arguy� en el escrito contentivo de sus inconformidades haber adquirido los derechos de posesi�n de manos de Germ�n Enrique Guerrero, lo que, en su sentir, acaeci� en el mes de noviembre de 2003, de analizar el testimonio rendido en el curso del proceso por el se�or Guerrero, �ste fue enf�tico en sostener no haberle vendido ni enajenado, en ning�n momento, los derechos derivados de la posesi�n que detent� por m�s de 40 a�os, y que hace aproximadamente �unos cuatro o cinco a�os� le arrend� una habitaci�n al demandado, contrato que no se redujo a escrito; versi�n corroborada con el testimonio de Edgar H�rmida G�mez, quien se�al� que Germ�n Guerrero no �le ha vendido derechos al se�or Pedro Julio Castellanos ni le ha firmado documentos de nada�.
En este orden de ideas, es evidente, ante la ausencia en el plenario de otros medios de convicci�n que apoyen su planteamiento y de contrastar los relatos en comento, que la manifestaci�n efectuada por el censor relativa a que su relaci�n con el inmueble data del mes de noviembre de 2003, no traspas� la frontera de su dicho, falencia demostrativa que impide su reconocimiento como poseedor desde esa fecha, simple aplicaci�n de la carga de la prueba, en la modalidad del "reus, in excipiendo, fit actor".
Sobre el t�pico importa destacar que el art�culo 177 de la codificaci�n adjetiva, tiene como directa orientaci�n plasmar la exigencia para el sujeto que afirma, probar lo expresado con el fin de persuadir a su contraparte y al juez sobre su verdad, labor probatoria, cuya doctrina, se puede resumir en tres principios jur�dicos fundamentales: �onus probandi incumbit actori�, al demandante le corresponde probar los hechos en que funda su acci�n; �reus, in excipiendo, fit actor�, el demandado, cuando excepciona, funge de actor y debe probar los hechos en que funda su defensa; y, �actore non probante, reus absolvitur�, seg�n el cual el extremo pasivo debe ser absuelto de los cargos si el demandante no logra probar los hechos fundamento de su acci�n. 5.
Pero si se aceptare que Pedro Julio Castellanos detenta la posesi�n del bien objeto de disputa desde el a�o 2003, hip�tesis que le servir�a -pese a que no se hizo valer esta situaci�n en la apelaci�n formulada-, para el an�lisis de la temporalidad de la posesi�n, que esta es anterior al momento en que los actores adquirieron el bien en cuesti�n, lo que ocurri� conforme con la escritura p�blica 1089, el 3 de agosto de 2010, este supuesto tampoco obsta la reivindicaci�n, en tanto que para el triunfo de la acci�n de dominio, puede allegarse no solo el t�tulo actual, sino tambi�n el de las personas que lo antecedieron, de manera que acredite que durante la totalidad del tiempo de posesi�n del demandado, existi� una cadena ininterrumpida de propietarios y, de contera, que siempre hubo un mejor derecho que el que aqu�l detentaba.
Esta pluralidad de derechos ha sido reconocida por la Corte Suprema de Justicia, al advertir que a quien alega el dominio como fundamento de la reivindicaci�n �le basta presentar t�tulos anteriores a la posesi�n del demandado, no contrarrestados por otros que demuestre igual o mejor derecho del poseedor no amparado por la prescripci�n. La presunci�n de dominio establecida en el art�culo 762 del C�digo Civil, desaparece en presencia de un t�tulo anterior de propiedad, que contrarreste la posesi�n material, pues el poseedor queda en el caso de exhibir otro t�tulo que acredite un derecho igual o superior al del actor� (Gaceta Judicial, Tomo XLIII, p�gina 593)�.
(Subraya intencional. Casaci�n de 11 de septiembre de 1943, G.J. LVI, p�ginas 117 a 122)�. Sobre el punto, fluye de la revisi�n de las pruebas aportadas en el curso del proceso, que sumado al tantas veces mencionado t�tulo por medio del cual los demandantes adquirieron los derechos reales de dominio del predio, �stos adosaron al legajo copia de la escritura p�blica 4077 del 6 de julio de 1962, corrida en la notar�a Quinta de esta ciudad, mediante la cual la se�ora Rosa Afanador de Cort�s transfiri� en venta a Polonia Le�n Garc�a; actos que aparecen debidamente inscritos en el certificado de tradici�n y libertad expedido por la oficina de registro de instrumentos p�blicos de Bogot�, en virtud de los cuales se establece, de manera incontrovertible, que en los actores concurre la calidad de due�os invocada, en la medida en que est� demostrado que los t�tulos aducidos datan del 6 de julio de 1962, mientras que bajo la presunci�n anotada en l�neas precedentes, la posesi�n de Pedro Julio Castellanos inici� en noviembre de 2003, de tal manera que, en confrontaci�n de estos supuestos, se desprende que Luis Eduardo S�nchez Mayorga y Nelly Yaneth P�ez Murcia acreditaron un mejor derecho que el alegado por aqu�l, por todo el tiempo en que, adujo, perdur� su posesi�n, ep�logo por el que se halla desvirtuada la ficci�n que lo amparaba y que, en consecuencia, habilita la prosperidad de la reivindicaci�n. 6.
Superado lo anterior, la parte demandada tambi�n plante� que aunque el juez de conocimiento tuvo por extempor�nea la contestaci�n de la demanda, su apreciaci�n respecto del material probatorio recaudado no fue adecuada y no cumpli� los postulados y principios constitucionales de forzosa aplicaci�n, entre ellos, ordenar pruebas de oficio para determinar si lo afirmado por los demandantes se ci�e a la realidad, argumento que debe correr la misma suerte que el anterior, por cuanto la actividad probatoria se encuentra sometida al imperio de las condiciones formales y temporales dispuestas por el ordenamiento jur�dico, las cuales se hallan instituidas para determinar, no s�lo su eficacia, sino tambi�n, para orientar el proceso hacia sus fines �ltimos, con respeto del debido proceso de las partes y sin abandono de las cargas que en esta materia impone la ley, lo cual no excluye la posibilidad de la gesti�n oficiosa, que �como un verdadero deber legal� se debe desarrollar en el contradictorio, pero eso s�, sin desplazar a la parte en ese labor�o, a quien le es inherente; precis�ndose que se �deber� decretar pruebas (�) siempre que, a partir de los hechos narrados por las partes y de los medios de prueba que estas pretendan hacer valer, surja en el funcionario la necesidad de esclarecer espacios oscuros de la controversia�, apotegma del que surge, como ineludible presupuesto, que su procedencia est� condicionada a la existencia de los vac�os en la prueba con el fin de llegar a la verdad material frente a los intereses en pugna, pero no para superar la falta de diligencia dentro de la controversia planteada en su contra. 6.1.
Al respecto, lo que muestra el expediente es un actuar reticente, descuidado y omisivo en el censor, pues formul� las excepciones de m�rito y la demanda de reconvenci�n por fuera del t�rmino otorgado para ello, desperdiciando esta valiosa oportunidad defensiva, en tanto que sobre ellas gira el debate procesal; por igual, pudiendo hacerlo, no intervino, a trav�s de su apoderado judicial, en la recepci�n de los testimonios recaudados en el interior del litigio, acaso en el que legalmente se le habilitaba para interrogar a los deponentes, planteamientos que, como se anunci�, impiden el �xito del alegato formulado, ya que, en puridad, en el caso concreto el a quo no puede adoptar como suya una labor que, en principio, es de resorte exclusivo de las partes, bajo el pretexto de dar cumplimiento a la tarea oficiosa encargada por el legislador. 7.
Finalmente, censur� el inconforme que en la sentencia atacada se concluy�, sin fundamento alguno, que su posesi�n es de mala fe, hecho que, relat�, va en contrav�a de los postulados contenidos en los art�culos 29, 228 y 229 de la Constituci�n Nacional. En torno al tema, es de resaltar que el fallador de primera instancia expuso, con la finalidad de dilucidar lo atinente a las restituciones mutuas, que en el sub judice era evidente la mala fe del poseedor vencido, reflexi�n a la que arrib� con fundamento en los testimonios rendidos, en los que, indic�, se reconoci� �que el demandado se enter� de la venta del inmueble sin tener el �nimo de entregarlo�, lo que en criterio del a quo signific� �que permaneci� en dicho predio desde antes de que se vendiera y que adem�s en cualquier momento deb�a entregarlo a su nuevo due�o�, a lo que se neg� pese a los diferentes requerimientos efectuados, planteamiento que en sentir de la Sala de Decisi�n no re�ne las condiciones necesarias para sostener que el demandado es un poseedor de mala fe.
Lo anterior, habida cuenta que del an�lisis del acervo probatorio compilado, se establece que en el plenario no se logr� desvirtuar la presunci�n de buena fe que se predica del poseedor, la que encuentra respaldo constitucional, toda vez que no existe prueba que indique que Pedro Julio Castellanos ingres� abusivamente a la casa, principalmente porque contrario a lo expuesto por el a quo, los testimonios rendidos por Germ�n Enrique Guerrero, Hern�n Fonseca Sosa y Edgar H�rmida G�mez, dan cuenta que el extremo pasivo empez� su relaci�n con aqu�l en su condici�n de arrendatario, hecho que ocurri�, de acuerdo a las ponencias en cita, aproximadamente en el 2007, lo que desvirt�a, igualmente, la afirmaci�n contenida en el libelo demandatorio, seg�n la cual �entr� en posesi�n mediante circunstancias violentas [y] amenazantes�, ya que en verdad, el demandado ingres� con el benepl�cito de Germ�n Enrique Guerrero, persona que le alquil� una parte del bien; a lo que se agrega, que si bien pudo tener conocimiento sobre su venta y resistirse a entregarlo, tales eventos, en s� mismos, no son constitutivos de la mala fe enrostrada, entre otras hip�tesis, porque ello puede obedecer a su �ntima convicci�n de considerarse poseedor de la cosa. 7.1.
Bajo el panorama en comento y como quiera que la ausencia demostrativa anotada deja en pie la presunci�n de bona fide simple que existe a favor de Pedro Julio Castellanos, �ste solo est� obligado a restituir los frutos percibidos con posterioridad a la calenda en que venci� el t�rmino para contestar la demanda; los cuales est�n constituidos por el arrendamiento del bien, dada su indiscutida aptitud para producirlos, derecho de restituci�n que se extiende a los que el acreedor hubiere �podido percibir con mediana inteligencia y actividad, teniendo la cosa en su poder�, expresi�n que delimita cualitativa y cuantitativamente la prestaci�n, la cual est� directamente determinada y restringida por las condiciones de la cosa y la posibilidad de su explotaci�n. 7.2.
As� las cosas, procede la Corporaci�n a su cuantificaci�n, debiendo advertirse que en el expediente se rindi� un dictamen pericial en el que se indic� �que los frutos civiles se calculan desde el mes de agosto del 2010 a la fecha en una suma de cuatrocientos mil pesos mensuales ($400.000) debido al estado del inmueble� y, que, la �indemnizaci�n calculada del a�o 2010 a la fecha, seg�n las tablas del IPC del DANE ascienden a la suma de (�) $15.096.161 a mayo de 2013�, experticia que no fue objeto de controversia por los extremos procesales.
No obstante la tarea efectuada por el perito designado, cumple decir que su labor�o no contiene la firmeza y precisi�n exigida, ya que a pesar de que hizo �nfasis en las condiciones generales que rodean el sector donde est� ubicado el predio; en sus actividades predominantes; la estratificaci�n econ�mica y sus v�as de acceso, err� al tomar el canon de arrendamiento establecido para el a�o 2010 y multiplicarlo por el n�mero de meses hasta mayo de 2013, resultado al que le aplic� la indexaci�n con fundamento en el �ndice de precios al consumidor, inobservando que la cifra por concepto de c�nones fluct�a para cada una de las anualidades perseguidas en el contradictorio, desatino que impide otorgarle m�rito probatorio en esta sede, pues, ciertamente, la equivocaci�n cometida influye directamente en la cifra final determinada en el peritazgo. 7.3.
Sin embargo, la prueba en comento es �til para sentar que la cuantificaci�n all� realizada, como canon de arrendamiento para el a�o 2010, esto es, $400.000.oo mensuales, se muestra acorde con las caracter�sticas generales y espec�ficas de la casa de habitaci�n, guarismo que, entonces, ser� acogido por la Corporaci�n, entre otras cosas, porque no fue objetado por las partes y se encuentra dentro de los par�metros consagrados en el art�culo 18 de la Ley 820 de 2003.
As�, es del caso precisar con el �nimo de desarrollar el punto en referencia, que la liquidaci�n se realizar� desde el 19 de agosto de 2011�fecha en que venci� el t�rmino para contestar la demanda- hasta el 30 de marzo de 2014, sin que sea atendible el c�lculo ordenado por el fallador de instancia para los periodos �2011, 2012, 2013 y en general hasta la fecha de la restituci�n efectiva del bien�, bajo la f�rmula de obtener �el valor de canon de arrendamiento mensual a partir del equivalente a dos (2) veces el aval�o catastral, el cual no podr� exceder el 1% de dicha estimaci�n�, ya que no respeta, con rigor, la norma en la que se apoya, pues como lo pretende aplicar el a quo, se sugiere que el contrato de arrendamiento estar�a terminando anualmente, cuando no existe prueba de ello, aunado a que lo que dispuso el legislador en el art�culo 20 de la referida Ley 820, es que �cada doce (12 meses) de ejecuci�n del contrato bajo un mismo precio, el arrendador podr� incrementar el canon hasta en una proporci�n que no sea superior al ciento por ciento (100%) del incremento que haya tenido el �ndice de precios al consumidor en el a�o calendado inmediatamente anterior a aqu�l en que deba efectuarse el reajuste del canon�, siendo lo correcto, bajo el amparo de la norma en cita, efectuar los reajustes previstos en la ley a los $400.000.oo, con aplicaci�n del I.P.C., que para el a�o 2012, es de 2.44%; 2013, 1.94% y 2014, 2.51%.
En este sentido, tomando como base los $400.000.oo correspondientes al canon de arrendamiento para el 2010, este valor se actualizar�, en primer lugar, para el a�o 2011, ya que, como se expuso, en esta fecha feneci� el t�rmino concedido para la contestaci�n de la demanda, para luego llegar al valor de la renta para marzo de 2014, tal como se expone en el siguiente cuadro: A�o IPC Canon para ese a�o Periodo de causaci�n Total de c�nones2010$400.000.oo20113.73%$414.920.oo4 meses y 11 d�as$1.811.810.oo20122.44%$425.044.oo12$5.100.528.oo20131.94%$433.289.oo12$5.199.468.oo20142.51%$444.164.oo3$1.332.492.ooTOTALFRUTOSCIVILES $13.444.298.oo En conclusi�n, se condenar� al demandado Pedro Julio Castellanos al pago a favor de los demandantes, de la suma de $13.444.298.oo, por concepto de los frutos dejados de percibir, calculados desde el d�a de vencimiento para la contestaci�n del libelo introductorio y hasta el 30 de marzo de esta anualidad.
Los frutos subsiguientes hasta el d�a en que se verifique la restituci�n material, se calcular�n de conformidad con los par�metros establecidos en este numeral. Por lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, Sala de Decisi�n Civil, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, IV.
RESUELVE
PRIMERO: MODIFICAR el ordinal tercero contenido en la parte resolutiva de la sentencia proferida por el Juzgado Veintid�s Civil del Circuito de Descongesti�n de esta ciudad, el cual quedar� de la siguiente manera: CONDENAR a Pedro Julio Castellanos a pagar a favor de los demandantes, dentro del t�rmino de diez (10) d�as, contados a partir de la ejecutoria de esta decisi�n, la suma de $13.444.298.oo, por concepto de frutos civiles dejados de percibir, calculados desde el d�a de vencimiento de la contestaci�n de la demanda y hasta el 30 de marzo de 2014.
Los frutos subsiguientes hasta el d�a en que se verifique la restituci�n material, se calcular�n de acuerdo a los par�metros expuestos en la parte considerativa de esta decisi�n.
SEGUNDO. CONFIRMAR la sentencia objeto de apelaci�n en lo dem�s.
TERCERO: No condenar en costas de esta instancia, ante la prosperidad parcial del recurso. Notif�quese. LU�S ROBERTO SU�REZ GONZ�LEZ Magistrado Ponente Rad. 110013103010201100247 02 ANA LUC�A PULGAR�N DELGADO Magistrada Rad. 110013103010201100247 02 NUBIA ESPERANZA SABOGAL VAR�N Magistrada Rad. 110013103010201100247 02 Parte procesal que cedi� los derechos litigiosos a Jos� Remberto Valero Hern�ndez (fls. 42 y 43 C. 1). Ver auto adiado el 20 de septiembre de 2011 (fl. 175); decisi�n confirmada por esta Corporaci�n mediante prove�do de fecha 2 de febrero de 2012 (fls. 7 a 11 C. 2). C.S.J. Marzo 27 de 2006.
Exp. 1995-0139-02. C.S.J. Sentencia de agosto 15 de 2001. Exp. 6219. C.S.J. Sentencia de 12 de octubre de 2004, citada en la providencia de junio 28 de 2013. Exp. 1998-05970-01. C.S.J. Sentencia de septiembre 8 de 2009. Exp. 2001-00585-01. Persona que con anterioridad los hab�a vendido varias veces, al punto que fue denunciado penalmente (fls. 308 a 310 del C. 1). Declaraci�n que tuvo lugar el 27 de junio de 2013 (fls. 231 a 235 del cuaderno principal). Ver folio 240 del cuaderno uno. Cfr. folios 20 a 28 C. 1. Este pensamiento ha sido reconocido por la Corte Suprema de Justicia en diferentes oportunidades, como se muestra entre otras en las sentencias s-120 de 1999, s-06 de 2003, sc-036 de 2006, ss-048 de 2006 y sc-065 de 2008. Fls. 100 a 104. Cfr. folios 2 a 3. Corte Constitucional.
Sentencia T-264 de abril 3 de 2009. Art�culo 964 del C�digo Civil. Cfr. folio 252. Art�culo 241 del estatuto de ritos civiles. Que establece como l�mite el uno por ciento (1%) del valor comercial del inmueble, el cual no podr� exceder el equivalente a dos (2) veces el aval�o catastral vigente. Ver decisiones que militan a folios 190 del cuaderno principal y folios 7 a 11 del C. 2. PAGE 1 PAGE 15 LRSG. 10-2011-0247-02 LRSG. 10-2011-0247-02 opq��������� > R S p � � � � � � 8 � � � � � �����µ��««£����uku`�X�`�`�`�`�h�d`^JaJhJh `�^JaJh `�CJ^JaJhJh `�CJ^JaJh `�5�\�aJhJh `�5�\�aJhJh `�5�^JaJh `�^JaJh `�CJ^JaJh�1�h `�CJ^JaJhp �h `�CJ^JaJh!#CJ^JaJh l�CJOJQJaJh�0CJOJQJaJhbh!#CJOJQJaJ"pq����� = > S p � � ����� � ���������������������� &Fdhgd `�gd `� $dha$gd `� $dha$gd `�dhgd `�$a$gd `�gd!#� � ���������&8<\� � l����>BW\qubcdei����������������������������������������z�������q�h�i\]�^JaJh�;h `�]�^JaJjh `�0JU]�aJh `�6�]�^JaJhJh `�]�^JaJh `�]�^JaJjh `�0JUaJhJh `�5�^JaJ#hJh `�5�CJOJQJ^JaJh `�5�CJOJQJ^JaJh `�^JaJhJh `�^JaJ,� klef���������������P!Q!X#Y#������������������������$ �0�dha$gd `� &Fdhgd `� $dha$gd `����AO�������������������| � O!P!`!��������ں�������t�h�]�T�I�h�i\h�i\^JaJh�i\6�^JaJh�Zh `�^JaJjh `�0JUaJhDh `�^JaJjh `�0JU h `�^Jh�^�h `�^JaJh�^�h `�^JaJmH sH h `�hJh `�^JmH sH h `�5�CJOJQJ^JaJh�i\^JaJh `�6�^JaJh `�^JaJhJh `�^JaJ#hJh 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