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H: 3:30 PM. Manizales, diecis�is (16) de julio de dos mil diecinueve (2019) ASUNTO. Procede la Sala a desatar el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 7 de marzo de 2018 por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Manzanares, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JAIRO DUQUE GIRALDO como autor responsable del delito de feminicidio agravado cometido en contra de su esposa Deisy Fl�rez Rivera.
HECHOS. El d�a 23 de febrero de 2017, al interior de vivienda ubicada en zona urbana del municipio de Manzanares (barrio El Lombo), fue encontrado el cuerpo sin vida de la se�ora Deisy Fl�rez Rivera, quien tirada en el suelo y rodeada de sangre presentaba m�ltiples heridas con arma corto-punzante en t�rax y su antebrazo derecho. Al momento de investigar las razones de la muerte violenta, las pesquisas se dirigieron prontamente hacia su ex esposo JAIRO DUQUE GIRALDO, con fundamento en el conocimiento de terceros del asedio y maltrato al que �ste ten�a sometida a la mujer.
Todo ello se corrobor� investigativamente cuando el propio esposo, tal y como se indic� en la acusaci�n, opt� por admitir en interrogatorio a indiciado ser el autor del execrable crimen. 3. ACTUACI�N PROCESAL. 3.1. En audiencia celebrada el 2 de marzo de 2017, al se�or JAIRO DUQUE GIRALDO se le formul� imputaci�n por el delito de Homicidio agravado.
En dicha diligencia no admiti� su responsabilidad, luego de lo cual se solicit� e impuso medida de aseguramiento de detenci�n domiciliaria. 3.2. Posteriormente la Fiscal�a, sin modificar los hechos materia de judicializaci�n, promovi� la realizaci�n de una audiencia de reformulaci�n de imputaci�n ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Manzanares, a efectos de readecuar la calificaci�n jur�dica al delito de Feminicidio Agravado, en los t�rminos de los arts. 104A literales a, b y e, 104B literal g. El imputado persisti� en su manifestaci�n de inocencia. En dicha oportunidad se sustent� tambi�n por parte del Ente persecutor solicitud de medida de aseguramiento intramural, la cual no fue acogida por el juez de garant�as que ratific� la idoneidad del internamiento domiciliario. 3.3.
Una vez superada la fase de investigaci�n y radicado el escrito de acusaci�n, le correspondi� la etapa de juzgamiento al Juzgado Promiscuo del Circuito de Manzanares, Caldas, c�lula judicial ante la cual el d�a 5 de junio de 2017 se surti� la formulaci�n oral de tal acusaci�n, con ocasi�n de la cual al se�or DUQUE GIRALDO se le endilg� definitivamente el delito de feminicidio agravado ya referido. 3.3.
Fijada la acusaci�n, el d�a 2 de agosto de 2017 tuvo lugar la audiencia preparatoria, escenario en el que se decretaron las pruebas a practicar en el juicio oral que se desarroll� en cinco sesiones durante los d�as 15 y 16 de noviembre de 2017, 23 y 24 de enero, y 14 de febrero de 2018, �ltima fecha en la que se zanj� el debate con la emisi�n de un sentido del fallo de car�cter condenatorio.
4. LA SENTENCIA CENSURADA. A los 7 d�as del mes de marzo de 2018 se dio lectura al fallo condenatorio previamente anunciado, con el que se comenz� haciendo referencia al bloque de constitucionalidad, al delito de feminicidio y su �mbito de protecci�n, y a la perspectiva de g�nero como pre�mbulo para preconizar que en el presente caso se dilucid� una relaci�n asim�trica entre v�ctima y victimario, expresi�n de una violencia contra la mujer que ella tem�a denunciar precisamente por la condici�n de sometimiento al que hab�a sido conducida.
Dictado lo anterior pas� el Juez a expresar que hab�a sido verificado y sin oposici�n que Deisy Fl�rez muri� de manera violenta, que era casada con el acusado, con quien tuvo �convivencias� luego de divorciarse, que adem�s ella inici� una relaci�n amorosa con el se�or Ricardo Andr�s Agudelo que se hizo p�blica d�as antes de su deceso, y que JAIRO DUQUE fij� su residencia muy cerca del lugar de habitaci�n de Deisy.
A continuaci�n, el Juez indic� que no hab�a deficiencia probatoria para determinar la responsabilidad del se�or DUQUE GIRALDO, cont�ndose con la posibilidad de deducirla a trav�s de los indicios o inferencias l�gicas razonables, de los cuales expres� su aplicaci�n en la actual sistem�tica penal, y su clasificaci�n en necesarios y contingentes (graves, leves y lev�simos).
Con fundamento entonces en los indicios, en el fallo se expres� que hab�a varios hechos indicativos, tales como que las chanclas que la hija de la v�ctima le envi� a �sta con su pap� JAIRO DUQUE fueron encontradas en el lugar de los hechos, as� como que entre procesado y occisa hubo una relaci�n afectiva traum�tica, te�ida por amenazas de muerte, maltrato f�sico, psicol�gico y econ�mico contra la mujer, y en cabeza de un hombre que ten�a armas blancas, una de las cuales ya hab�a esgrimido en oportunidad anterior contra su esposa; todo lo cual fue testificado por la propia hija de ambos, por otros familiares y algunos allegados.
M�s adelante se desestim� la tesis de la Defensa, seg�n la cual, s�lo se contaba con prueba de referencia, toda vez que se tuvo la declaraci�n de la m�dico legista que realiz� la necropsia, y por ello dio cuenta clara y directa de que Deisy muri� de forma violenta, y que hab�a perdido parte de su dentadura, �ltimo hallazgo compatible con un ataque con la cacha de un cuchillo que fue expuesto testimonialmente, y que se corresponde con el ciclo de violencia relacionado por m�ltiples declarantes, sin poder acudir a otras posibles causas abstractas e indemostradas que, por tal, no eran aptas para fincar la duda, ni para desestructurar la violencia en espiral evidenciada en el caso de marras.
El Juez reiter� y resalt� el contexto de maltrato vivido por Deisy Fl�rez en su relaci�n de pareja con JAIRO DUQUE, el cual predic� acreditado a partir del testimonio de la hija, las hermanas y amigas de la v�ctima, de las que predic� que, sin ser impugnadas ni viciadas por su parentesco y cercan�a, contaban con informaci�n relevante sobre lo que percibieron y tambi�n sobre lo que oyeron, en lo que fue una compleja narrativa que concatenaba con los dem�s medios de prueba que revelaban que el procesado ten�a capacidad de llevar a cabo el atentado, y adem�s motivos para ejecutarlo.
Ya finalizando sell� el Juez a quo que la prueba testimonial de descargo no sirvi� para desestructurar el compromiso penal del acusado, pues no lo alejaron del lugar de los hechos, y frente a la violencia de g�nero no tuvieron el contacto o cercan�a como para referirse a la interacci�n de la pareja. Se dict� as� un fallo de condena que represent� 500 meses de prisi�n (m�nimo posible) para el procesado, como autor del delito de feminicidio agravado, frente al cual se neg�, de un lado, el reconocimiento de un estado de ira o intenso dolor por ausencia de un inter�s jur�dicamente relevante para el autor lacerado por la v�ctima; y de otro lado, se neg� tambi�n la existencia de un homicidio preterintencional, ya que por el arma empleada, las circunstancias modales del embate y las heridas generadas era inviable admitir un �nico �nimo de lesi�n. 5.
LA APELACI�N 5.1. Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, se les dio la posibilidad de interponer el recurso de apelaci�n contra ella, espacio en el que �nicamente la Defensa opt� por hacer uso de tal prerrogativa, sustentando la alzada oralmente en el acto para reclamar la aplicaci�n del in dubio pro reo a favor del se�or JAIRO DUQUE.
Comenz� el Censor expresando que ha habido una indebida enunciaci�n de los hechos en el fallo, porque no se prob� que el procesado hubiera estado al frente de la mujer infligi�ndole las heridas, quedando as� en duda su participaci�n, como igualmente ha quedado como posible la eventual participaci�n de un segundo atacante que pudo concretar la acci�n homicida que no busc� su prohijado, de quien predica que, a lo sumo, podr�a decirse que realiz� lances, sin certeza de ocasionar las lesiones mortales.
En seguida el Apelante trajo a colaci�n la sentencia C-091 de 2017 para referirse al principio de estricta tipicidad que debe existir en cualquier tipo penal, incluyendo al de feminicidio, del que indic� que fue objeto de pronunciamiento en la decisi�n C-297 de 2016 que hizo reparos en punto a la indeterminaci�n de la descripci�n normativa.
Por otra parte plante� el Censor que, tras el an�lisis de la prueba practicada, en especial la testimonial, no se lograba deducir que el delito tuvo ocurrencia por el hecho de que la se�ora Deisy Fl�rez fuese mujer, por lo que no pod�a inferirse que se estaba de cara a un crimen de g�nero. Retomando la responsabilidad del acusado, el Defensor argument� que ella no pod�a edificarse a trav�s de los indicios empleados por el Juez, ya que la presencia de las chanclas en casa de la mujer nada ten�a de raro porque ellos eran pareja; adem�s que no pod�a abstraerse a partir de una violencia que no pod�a calificarse como sistem�tica, ya que s�lo se habl� de un episodio en el que le tir� un cuchillo hace m�s de 20 a�os, como un antecedente aislado.
Prosigui� el Censor reprobando que el fallo se fundaba en prueba de referencia, puesto que se emplearon declaraciones anteriores y versiones de o�das que laceran las reglas probatorias actuales, en disfavor de un procesado que desde un principio quiso dar informaci�n a las autoridades sobre un escenario mortal que vio porque reclam�, sin malas intenciones y sin anomal�a alguna, las llaves a una vecina para entrar a la casa de su pareja, encontr�ndola en ese momento muerta.
Posteriormente retom� el Defensor que, en el evento de creerse que el procesado atac�, lo �nico que se conoci� y de forma referencial fue que lleg� a hacer dos lances, pero sin que quisiera acabar con la vida de quien era su esposa, como mucho menos que lo hiciera por su calidad de mujer; todo lo cual reprob� que se le endilgara y que le representara una condena que se ha soportado en una violaci�n al derecho a guardar silencio y de no auto-incriminaci�n, puesto que se ha tenido en cuenta un interrogatorio a indiciado para deducir su compromiso, y someti�ndolo a presentar prueba de descargo, en una clara e indebida inversi�n de la carga de la prueba. 5.2.
En el t�rmino de traslado a los sujetos procesales no recurrentes, la Fiscal�a y la Representaci�n de v�ctimas presentaron sendas r�plicas. Ambos sujetos procesales expresaron que de parte de la Defensa hab�a una contradicci�n argumentativa, pues era discordante aludir a la inocencia y, de manera simult�nea, reconocer que atac� pero bajo ciertas circunstancias, en clara violaci�n del principio de no contradicci�n. De otra parte, se argument� que la condena no se sustent� en exclusiva en aquellos que escucharon la revelaci�n del acusado, ni con prueba de referencia, sino en toda una prueba directa y categ�rica que practicada en juicio mostr� al se�or JAIRO DUQUE como el �nico que ten�a un motivo para dar muerte, como colof�n de todo un escenario de violencia acreditado, sin que apareciera otra persona como posible autor del crimen, y por consiguiente sin que hubiera obligaci�n para la Fiscal�a de ahondar en tesis infundadas e irrazonables para esclarecer el hecho que claramente se gest� en un entorno de machismo y violencia de g�nero encuadrable en el tipo penal de feminicidio.
Adicionalmente se pregon� que no es necesario que el hecho de sangre como tal tenga testigos, pudi�ndose recrear a partir de declarantes con conocimiento de hechos indicadores. 6. CONSIDERACIONES 6.1. Esbozo del asunto a tratar. �La determinaci�n de qui�n seg� la vida de la se�ora Deisy Fl�rez Rivera es materia oscura, velada entre sombras, frente a la cual el Juez de primer nivel arrim� a una conclusi�n con s�lo prueba de referencia, o por el contrario se cont� con elementos de convicci�n v�lidos y s�lidos que incriminaban al se�or JAIRO DUQUE GIRALDO como el autor del execrable crimen? Para solucionar dicho cuestionamiento es preciso realizar un nuevo justiprecio de la prueba, teniendo como eje tem�tico y como base de las diferentes disertaciones a desarrollar, las censuras formuladas con la impugnaci�n. 6.2.
Alcance de la prueba testimonial en casos de violencia dom�stica y/o de g�nero. Tanto la mano que se levanta en casa, como el menoscabo f�sico y moral que genera el �mpetu violento de quien se atreve a hacerlo, no es noticia que se quiera contar a los cuatro vientos, ni mucho menos motivo de orgullo a revelar; m�s bien, es una desventura familiar que por su perversidad y car�cter vergonzante se suele apartar peligrosamente por victimario y v�ctima de la mirada de for�neos.
Puede decirse as� que la vileza del maltrato intrafamiliar trasciende los da�os tangibles e intangibles que ocasiona, acentu�ndose en la cobard�a del atacante que se vale de la intimidad que le ofrece el �hogar� para actuar impunemente, en contra de quien la subyugaci�n que padece y el miedo que le embarga le lleva a resignar sus derechos y hasta su dignidad.
Por virtud de lo anterior, resulta apenas natural y hasta esperable que no siempre haya terceros con la opci�n de dar fe del momento exacto en que una persona ataca a su pareja. Y concordante con ello, es preciso entender que aquellos casos en los que la voluntad de una mujer debe ceder a la fuerza machista de un hombre que no la percibe como su compa�era sentimental, sino como un objeto que le pertenece, no son tan simples de resolver en el plano probatorio, pues tan execrable escenario de cosificaci�n de un ser humano suele materializarse a trav�s de ignominias, humillaciones, golpes y hasta acciones homicidas que tienen lugar cuando las circunstancias le auguran o aseguran al infame agresor que no ser� observado. �O acaso hay en la actualidad alg�n hombre violento que haya atacado a su mujer y encuentre justificaci�n que le permita actuar de tan perverso modo y sin reservas ante los dem�s? La respuesta es un rotundo no, pues su �mpetu generalmente le es insuficiente para vencer su alto grado de cobard�a. Es aqu� entonces cuando la aplicaci�n del derecho con perspectiva de g�nero toma relevancia, para que los jueces den cuerpo al discurso de equidad entre hombres y mujeres, y bajo la comprensi�n de escenarios machistas y de violencias dom�sticas encubiertas, en el plano jur�dico penal concluyan que su demostraci�n no depende de la presentaci�n de testigos que hayan visto el ataque del solapado hombre sobre su subyugada esposa, sino que ante tan particular experiencia humana, se atiendan los relatos de conocedores de acontecimientos anteriores, concomitantes o posteriores �ntimamente relacionados con la agresi�n, los cuales no son probatoriamente irrelevantes, sino trascendentales para determinar, por la v�a inferencial, la existencia de la ilicitud y qui�n su autor responsable.
Con ello no se quiere anular, ni relativizar las reglas de la apreciaci�n de la prueba testimonial que reclaman el conocimiento personal, sino dejar en claro que existen ilicitudes que por su naturaleza y especial modo de perpetraci�n, generalmente no contar�n con testigos directos del momento consumativo, y por ello condicionar la reconstrucci�n de los hechos a su efectiva presencia en la escena criminal podr�a cohonestar con una abominable impunidad que debe superarse a partir de la informaci�n adyacente, relacionada y af�n con el contexto de violencia. No significa lo anterior tampoco que pueda deducirse responsabilidad a partir de testigos que tengan s�lo opiniones sobre lo que pudo suceder, o que quieran esclarecer los hechos a partir de informaci�n turbia o desconectada, sino que ser� siempre necesario la relaci�n de aspectos que en forma personal hayan aprehendido -tal y como lo reclama el art. 402 del C.P.P.-, con la salvedad de que no necesariamente se requiere que hayan visto el embate materia de juzgamiento.
Por manera que no puede acoger la Sala al impugnante cuando reclama la desestimaci�n de los testigos de cargo porque ninguno afirm� haber visto cuando el se�or JAIRO DUQUE GIRALDO daba las cuchilladas mortales a su ex esposa Deisy Fl�rez Rivera, porque sin desconocer que ello es una realidad probatoria incontrovertible, su valor demostrativo pende m�s bien del aporte de informaci�n s�lida de la cual poder hacer deducciones l�gicas con la categor�a como para revelar lo realmente sucedido.
Es el punto entonces para adentrarse a evaluar el contenido y alcance de la informaci�n aportada en estrados por los testigos convocados: 6.3. �Qu� se evidenci� con la prueba testimonial? 6.3.1. La Fiscal�a llam� a declarar a la se�ora Gloria Amparo Duque, vecina del barrio en el que habitaba la pareja, que desde aproximadamente siete a�os atr�s se hab�a hecho amiga de la v�ctima Deisy Fl�rez, y por tanto estaba en una posici�n especial que le daba acceso a informaci�n del d�a a d�a familiar de la mujer, puesto que es sin dudar la amistad v�nculo afectivo poderoso en el que se suelen contar experiencias y descargar pesadumbres, como as� indic� la declarante que ocurri� en su relaci�n con Deisy.
Fue de esta manera como a trav�s de esta testigo se conoci� en la sala de audiencias que Deisy y JAIRO no ten�an una relaci�n de pareja arm�nica, sino que estaba signada por la violencia, como quiera que en varias ocasiones su amiga le expres� que hab�a sido golpeada por su marido, sin que ello se quedara en el simple comentario, puesto que lleg� a observarle las contusiones y da�os f�sicos que el arresto del hombre le ocasionaron, y que a la v�ctima le avergonzaban tanto que hac�an que optara por irse a resguardar a un hotel local o hacia Bogot� para no ser observada por familiares o amigos.
N�tese que la testigo se refiri� con pesar a un especial episodio en el que lleg� a ver a su amiga �bien aporreadita�, con m�ltiples moretones, as� como habl� de otros tantos momentos en los que percibi� directamente la tristeza de su amiga por la mala vida que recib�a de parte del se�or JAIRO DUQUE, y el miedo que �l despertaba en ella. Valga acotar que no hab�a ning�n motivo para que la se�ora Gloria Amparo faltara a la verdad en tales percepciones y conocimiento, siendo as� como por el considerable tiempo que particip� del interrogatorio cruzado de las partes se mostr� contundente, sin caer en vac�os ni excesos, y al contrario haciendo una revelaci�n sincera y no impugnada, con la que se comenz� a conocer de las malas maneras empleadas por el hombre acusado.
Con la referida testigo tambi�n se conoci� un aspecto bien importante, como fue que Deisy hab�a optado por rehacer su vida con otro hombre, de nombre Ricardo, con quien sosten�a encuentros privados por miedo, el cual quiso vencer el domingo antes de su muerte cuando se atrevi� a salir al parque con su nuevo novio, lugar en el que en compa��a de la se�ora Gloria Amparo Duque tomaron arom�tica, comieron pollo y, para ser m�s expl�citos, decidieron hacer p�blico su amor�o. As� las cosas, con la primera testigo se consigui� informaci�n directa sobre las condiciones de vida que rodeaban a la v�ctima, esto es: por un lado el flagelo de un ex marido violento, y por el otro la ilusi�n de rehacer su vida a trav�s de una nueva relaci�n que se atrevi� a ventilar dos d�as antes de su muerte.
Ahora bien, junto a los amigos cercanos, los familiares m�s pr�ximos terminan siendo tambi�n respaldo emocional y �pa�o de l�grimas� de quien padece violencia dom�stica, lo cual no es excepci�n en el presente caso en el que fue convocada a estrados la se�ora Cenelia Rivera, hermana de Deisy que por tal v�nculo consangu�neo afirm� que en un principio tuvo una buena relaci�n con su cu�ado JAIRO DUQUE, pero que con el tiempo se fractur�, debido a que, tanto por lo que su hermana le contaba, como por el grado de afectaci�n percibido en ella, descubri� que el hombre la maltrataba.
Indic� en este sentido la declarante que por los celos de JAIRO lleg� a conocer que �l dej� encerrada a Deisy antes de irse a trabajar, conociendo directamente del da�o emocional de su hermana por la manera en que le contaba tan vil proceder y otros tantos, como eran las golpizas que le daba y las amenazas (hasta de muerte) que la doblegaban en su voluntad.
H�gase notar que esta testigo no habl� de haber percibido directamente dicho escenario, pero siempre dej� claro que se visitaba frecuentemente con su hermana, y por ello tuvo oportunidad de percibir con sus sentidos (y hasta con sus sentimientos) el apabullamiento psicol�gico vivido por Deisy, am�n de la verg�enza que sent�a por tan macabro yugo, al punto que prefer�a esconderse en hoteles para no dejarse ver de los dem�s. En ello hay claro conocimiento directo de parte de la testigo de la opresi�n an�mica de su hermana, componente emocional propio de los escenarios de sumisi�n femenina en el plano dom�stico que se encuentran y complementan con el conocimiento de la primera testigo que afirm� ver en varias ocasiones a Deisy Fl�rez lesionada.
Junto a las anteriores dos testigos, importantes por su especial cercan�a con la hoy occisa, aparece una tercera declarante con igual relevancia demostrativa, por tratarse de otra hermana de Deisy con la que poco se ve�a pero con la que ten�a una constante comunicaci�n en raz�n al afecto familiar que le permiti� saber cuan mal la estaba pasando.
Es ella la se�ora Aracelly Rivera, mujer que no tuvo problema en admitir que no vio al se�or JAIRO DUQUE golpeando a su hermana, lo cual �como ya se dijo anteriormente- no tiene nada de ins�lito, pero que ten�a relevancia para la causa porque por su trato filial pudo conocer del gran dolor que el maltrato marital ocasion� en Deisy Fl�rez, as� como el miedo que ella sent�a hacia �l, y por tanto la imposibilidad de dejarlo, expres�ndole incluso que prefer�a que JAIRO la matara.
Esta testigo dio cuenta de lo herido que ten�a los sentimientos Deisy, y de la gran turbaci�n que le ocasionaba el trato del acusado, aquel que su hermana le dijo que la humillaba dici�ndole que era una basura, lo cual dio a entender en estrados que no le sorprend�a, puesto que en una ocasi�n lleg� el se�or JAIRO DUQUE a su casa a preguntar por su hermana, y en ese momento pudo percibir de forma directa como �l se refer�a acerca de ella como �una perra� que no merec�a nada.
Para reiterar toda la informaci�n aportada por las declarantes, arrim� a la sala de audiencias una cuarta testigo, la se�ora Sandra Eugenia Aristizabal, amiga tambi�n de Deisy Fl�rez que, con ecuanimidad, reconoci� que no visualiz� disgustos ni peleas entre la pareja, pero que en su interacci�n con su amiga la encontr� en muchas ocasiones muy deprimida, siempre por el mismo motivo, como era el maltrato recibido en casa, acerca del cual contaba con un referente percibido directamente, como fue haber visto el pie de Deisy golpeado por el accionar de su pareja.
N�tese pues que estamos ante un cuarteto de testigos que por su contacto permanente y filial con Deisy Fl�rez, en calidad de hermanas y amigas, no eran ajenas a su desdicha, ni al motivo de ella, sino mujeres a las que correspondi� escucharla, aconsejarla y en s� atenderla en aquel panorama cruento de violencia dom�stica que no era de esperar que el hombre les permitiera observar directamente, pero que con sus maneras (como tratar a Deisy como una �perra�) y los vestigios f�sicos dejados tras el accionar pudieron descubrir, con el claro complemento que les signific� apreciar a la mujer abatida, temerosa, disminuida y con una tristeza manifiesta que no ten�a otra explicaci�n. Valga acotar que ninguna de las testigos habl� de un �nico episodio aislado, sino que todas ellas refirieron en id�ntico sentido, que la pesadumbre de la mujer, sus moretones y los relatos de ataques eran muy habituales, es decir, estaba el maltrato hogare�o integrado a su cotidianidad, sin que llegara a conocimiento de m�s personas ni de las autoridades porque la mujer en su sumisi�n tem�a denunciar e irse, al punto de llegar a expresar que prefer�a que �l la matara en uno de sus embates, antes que optar por una soluci�n al problema.
Modo de proceder propio de una mujer diezmada en su voluntad, situaci�n que para esta Sala resulta indicativa de que la violencia de parte del se�or DUQUE GIRALDO no fue el engrandecimiento o exageraci�n de un simple y �nico hecho, sino que era devenir com�n en una da�osa interacci�n ofensiva en la que el hombre impon�a sus designios y hac�a valer su idea de que la se�ora Deisy Fl�rez era suya, s�lo suya, sin que ella pudiera objetar tan maleva idea.
Dictado lo precedente, es preciso traer a colaci�n a la testigo Jennifer Duque Fl�rez, hija de la v�ctima y del procesado que no se ha dejado de �ltima por falta de importancia, sino todo lo contrario, puesto que al estar integrada a la familia y conocer la vida de puertas hacia adentro, ten�a la opci�n de ratificar o desmentir lo declarado por las anteriores testigos.
Pues bien, cuando la joven fue sondeada en estrados, lo primero que permiti� evidenciar es que, al margen de lo sucedido, su se�or padre ha sido para ella un referente de afecto con el que ha sostenido una buena relaci�n. En efecto, siempre que se le cuestion� por el trato con JAIRO DUQUE, ofreci� buenas palabras y lo revel� como un buen pap�.
No habr�a de esperarse entonces que esta joven testificara movida por un deseo exacerbado en ensanchar las circunstancias que rodearon la convivencia de sus padres, y m�s bien podr�a creerse en que podr�a buscar alivianar el compromiso de su pap�; sin embargo, como expresi�n de ecuanimidad, y reconociendo que cualquier persona deb�a responsabilizarse por sus actos, ofreci� informaci�n amplia y detallada para establecer el entorno que envolvi� la muerte de su mam�.
Se conoci� as� con la joven Jennifer Duque Fl�rez que sus pap�s tuvieron una relaci�n inestable, pues recurrentemente se dejaban para luego volver a intentar estar juntos. Ya en punto del modo de interactuar, aludi� que entre ellos el trato era muy seco, luego de lo cual narr� que su mam� le ten�a mucho miedo a JAIRO DUQUE, ya que �l la trataba mal, la insultaba, le dec�a que era una perra y hasta lleg� a golpearla.
Cuando se cuestion� a la testigo por el alcance de su conocimiento, aclar� que, si bien muchas veces supo del maltrato por conversaciones con su madre, vio directamente en tres o cuatro oportunidades cuando su pap� actuaba con violencia, referenciando como un episodio de especial recordaci�n cuando en presencia suya y con la cacha de un cuchillo le peg� a la mujer en el rostro y le tumb� algunos dientes.
Sobre este preciso episodio hizo �nfasis porque, en sus palabras, el ataque fue impresionante, sin que expresara ni diera a entender que fue la �nica ocasi�n que hubiera conocido del ofensivo proceder de su pap�, pues en estrados todo el tiempo indic� otros momentos en los que percibi� a Deisy golpeada, tanto porque estaba en casa y lo pudo ver, como porque su atormentada madre le enviaba fotos (v�a celular) para ponerla al tanto de las ofensas del se�or JAIRO DUQUE, acompa�ada de congoja y miedo que siempre supo percibir.
Junto a las anteriores referencias a embates f�sicos, tambi�n la jovencita dio cuenta de ataques verbales que por el impacto psicol�gico la Sala no considera de menor entidad y, al contrario, constituyen pieza clave para descifrar la proterva personalidad del se�or JAIRO DUQUE y el alcance de su irrespeto y desprecio por el ser humano que ten�a en frente.
En este sentido, Jennifer adujo haber escuchado a su pap� decirle a Deisy que no estaba buena sino para cascarla, o que no estaba buena sino para picarla. En tal informaci�n de la m�s importante de las fuentes se revel� pues a un hombre impetuoso e irrespetuoso de la dignidad de su esposa, que se vali� de la subyugaci�n dom�stica para tener el control total sobre la mujer, a quien le neg� tal condici�n para cosificarla a trav�s del maltrato que integr� a su cotidianidad, aquella en la que su cobarde mano supo lacerar en m�ltiples ocasiones, auspiciado por una personalidad machista con la que apabull� a la d�cil mujer que tem�a por su vida con razones, en tanto era amenazada de muerte por las palabras del violento hombre y advertida por los precedentes ataques en los que mostr� sus alcances, al punto que se permiti� esgrimir cuchillo y lleg� a tumbarle piezas dentales.
Y nada de ello es un invento, como tampoco una amplificaci�n de un hecho insular, sino la declaraci�n de una hija que por integraci�n familiar fue conocedora sinigual de la permanente y met�dica forma en que el se�or JAIRO DUQUE quer�a asegurar tener a su ex esposa bajo su dominio, valido de la fuerza bruta con la que atemoriz� a la mujer por a�os.
No de otro modo se explica que la propia hija del acusado dijera que en su hogar, espacio en el que deber�a haber amor o, cuando menos, relaciones de respeto, ello no se percib�a, y la se�ora Deisy Fl�rez estaba tan prevenida por el accionar del esposo y tem�a tanto por su vida, que cuando hab�a disgustos procuraba esconder cuchillos y cualquier otro elemento con el que JAIRO DUQUE pudiera hacerle da�o. �C�mo desconocer entonces un contexto permanente y sistem�tico de violencia dom�stica? Para la Sala es imposible, pues con las cinco testigos referidas, en especial la hija del procesado, se evidenci� todo un panorama de dominaci�n extendido en el tiempo en el que ha habido un com�n denominador: un hombre que repudia la igualdad que hay con su esposa y, peor a�n, se permite desconocerla en sus derechos, a tal punto que da v�a libre a la barbarie de atacarla f�sica y moralmente cuando ella se aparta de lo que �l quiere, o cuando �l cree que ella ha actuado mal, como si se tratara de una propiedad a la que controla y alecciona.
As� las cosas, con fundamento en la prueba testimonial relacionada hasta aqu�, s� era dable que el Juez de primer nivel, como ahora lo hace esta Colegiatura, concluyera que el se�or JAIRO DUQUE era perpetrador de un ciclo de violencia f�sica y psicol�gica a que alude el literal a del art. 104A del C�digo Penal en contra de la se�ora Deisy Fl�rez, con la consecuente posibilidad de deducir indiciariamente que fue �l quien caus� su muerte, y que lo hizo no por el acrom�tico deseo de acabar con una vida, sino por el frenes� que le gener� saber que la mujer que estaba servida a sus pies cada que la buscaba, ahora quer�a reivindicarse como persona y rehacer su vida, esto es, quer�a superar la opresi�n que por tanto tiempo hab�a sido su t�ctica y objetivo.
Recu�rdese en este punto que, como con acierto conceptu� el Juez de primer nivel, los indicios tienen pleno valor en cualquier juicio de responsabilidad, siempre y cuando la conclusi�n deducida no sea fruto del caprichoso razonamiento del operador judicial, sino que aparezca como consecuencia del an�lisis entre un hecho indicador plenamente acreditado y una regla de la experiencia o de la l�gica que indique que de un hecho A se sigue necesaria o probablemente un hecho B, tal y como aqu� es posible hacerlo, puesto que la muerte violenta de la se�ora Deisy Fl�rez encuentra explicaci�n altamente probable en el proceder de su ex esposo, la cual no se finca en supuestos ni juicios hipot�ticos, sino en la di�fana comprobaci�n por allegados, familiares y la propia hija de todo un ciclo de violencia f�sica y psicol�gica en el que la integridad de la mujer fue vilipendiada y, por tanto, su dignidad desconocida, quedando as� reducidas las barreras para que JAIRO DUQUE la respetara en su vida.
Dicha conclusi�n se ve respaldada por una circunstancia bien especial que no fue contada de forma referencial, sino transmitida por las testigos acabadas de relacionar a partir de su conocimiento personal, como fue que la relaci�n sentimental entablada por Deisy con el se�or Ricardo Andr�s Agudelo, se hab�a mantenido socialmente oculta, hasta el �ltimo fin de semana de vida de la mujer en el que ya estimulada por rehacer su vida y por el relativo sosiego que le generaba saber que JAIRO ten�a otra relaci�n amorosa en Pereira, se arriesg� a salir al parque del pueblo, a la vista de terceros y del propio acusado, a compartir como pareja con su nuevo amante, lo cual constituye un claro motivo para que el machista y dominador hombre aumentara el nivel de su agresividad, permiti�ndose actuar con una violencia mayor como producto del recelo de ver que la mujer que conceb�a como suya iba a reedificar su vida sin �l, como hasta ahora no hab�a ocurrido por todo el escenario de yugo forjado y sostenido, incluso luego de su separaci�n de cuerpos.
As� pues, desestima la Sala que el juicio de responsabilidad edificado en contra del se�or JAIRO DUQUE obedeciera a que se atendieron a testigos de o�das que s�lo conoc�an lo que oyeron acerca de situaciones insulares entre la pareja, pues la realidad es que quienes declararon ten�an una cercan�a especial con la v�ctima que les permiti� conocer directamente el extendido escenario de violencia sistem�tica, en el que los golpes, los maltratos de palabra, el alto grado de afectaci�n psicol�gica de la v�ctima y las amenazas de muerte no fueron simples rumores, sino episodios plenamente verificados que, a trav�s de las reglas del silogismo, nos conducen indiciariamente a una consistente conclusi�n: cuando Deisy quiso vencer las ataduras de su machista ex esposo, �ste llev� sus rudas maneras a un grado mayor, a un nivel fatal.
Y final�cese diciendo que tal visi�n de los hechos, tal tesis acerca del modo en que la mujer perdi� la vida, no fue edificada a partir de lo que personas dijeron embrionariamente en las entrevistas utilizadas durante la investigaci�n de la causa, sino que lo fue por la informaci�n que en el juicio oral ofrecieron, bajo los principios de publicidad, inmediaci�n y confrontaci�n de la prueba que fueron cabalmente respetados, en especial cuando las entrevistas que anteriormente hab�an ofrecido no fueron incorporadas abruptamente, sino que fueron puestas a �rdenes de la controversia durante el respectivo interrogatorio cruzado de los testigos que, se insiste y se resalta, fue en estrados que dieron cuenta (una vez m�s) del c�rculo de opresi�n, dominaci�n y violencia que padeci� Deisy Fl�rez de parte del se�or JAIRO DUQUE GIRALDO, por lo que la Judicatura s� tuvo un contacto directo con la fuente de informaci�n. 6.3.2.
En las anteriores disertaciones no se agotan los fundamentos probatorios para respaldar la declaratoria de responsabilidad dictada en primera instancia, puesto que existe una particularidad bien especial que juega en disfavor de la inocencia del acusado, tal y como es que Jennifer Duque Fl�rez tambi�n testific� en la vista p�blica que tras la muerte de su se�ora madre, su padre JAIRO DUQUE le confes� que �l hab�a sido quien le seg� la vida.
Sobre el particular cabe cuestionarse si en este preciso aspecto la hija del procesado es testigo de referencia o directa, disyuntiva frente a la cual la Sala opta por la segunda de las opciones, toda vez que, si bien no estuvo presente como espectadora en el hecho de sangre y respecto a �l s� posee un conocimiento referencial, estuvo presente con un papel protag�nico como interlocutora en el momento posterior en que su se�or padre opt� por admitir su crimen y le pidi� perd�n por haberlo cometido, en lo que es una especial e inusual revelaci�n posterior que para la Sala se perfila como supuesto de hecho coligado a la ilicitud con potencial para respaldar, como hecho indicador, la acusaci�n. Lo anterior porque escuchar la historia de una persona, aunque no se desconoce que es entrar en contacto indirecto con el hecho narrado, tambi�n apareja una relaci�n directa con la narrativa y las emociones que acompa�an al narrador, lo que permite determinar que la revelaci�n, como acontecimiento ulterior y af�n al delito, tambi�n es susceptible de percepci�n por los sentidos y, por tanto, supuesto de hecho que al ser comprobado resulta apto para ayudar a dilucidar qui�n fue su autor, por lo que la persona a quien va dirigida, se convierte en conocedora directa de un dilucidador hecho indicador, pasible de deducciones cuando empalma con las dem�s piezas procesales.
Tal y como acontece en el presente caso en el que el ciclo de violencia que muestra al se�or JAIRO DUQUE como el potencial autor del feminicidio investigado, compagina perfectamente con la declaraci�n de la hija del acusado en punto a que un d�a despu�s del brutal homicidio de su madre, fue citada por �l al parque para pedirle perd�n por haberle arrebatado al ser que ella m�s quer�a, acompa�ado de una emotividad coherente con el alcance de la revelaci�n. Al respecto advi�rtase que la joven Jennifer no hizo alusi�n a una irrelevante o llana hip�tesis de lo sucedido, sino que dio cuenta de un verdadero acto de contrici�n dirigido a ella, en el que el desasosiego y el remordimiento del confeso asesino se hicieron apreciables, a trav�s de un di�logo en el que le cont� c�mo llev� a cabo la acci�n y le quiso explicar que actu� por amor, suplic�ndole en medio del llanto que pensara si lo perdonaba y que si llegaba a hacerlo de coraz�n que lo buscara, lo cual va m�s all� de un simple rumor o una narrativa referencial de los hechos.
Por manera que para la Sala la revelaci�n hecha por el se�or JAIRO DUQUE a su hija no puede ahora desconocerse, y se tiene como realidad procesal acreditada a trav�s de la persona a la que fue dirigida, y quien bajo la inmediaci�n del Juez, en un espacio de confrontaci�n como el juicio oral, dej� en claro que se trat� de un acto espont�neo y sincero acorde con los acontecimientos.
Para respaldar tal conclusi�n valga traer a colaci�n providencia de la Corte Suprema de Justicia en la que de una testigo se dice que es de referencia del hecho delictual como tal, pero tambi�n directa de una situaci�n posterior relevante, sirviendo lo segundo para convertirla en respaldo s�lido de la acusaci�n y del eventual fallo de condena: �� Pues olvida que las pruebas rese�adas �el testimonio de la t�a de la menor abusada y los informes y atestaciones de los peritos- no son prueba de referencia. (�) �Como ya lo precis� la Sala en ac�pite anterior, las pruebas rese�adas por el recurrente no son de referencia, pues, en primer lugar, la declaraci�n de Claudia Soraya Dur�n, aunque, como lo admiti� el sentenciador, conten�a una referencia a lo que, a su vez, le manifest� la menor, en todo caso, la deponente tambi�n refiri� �otros datos importantes, surgidos estos en cambio de sus propias percepciones�� entre ellos �los sensibles cambios de comportamiento de E� quien exterioriz� tristeza e inapetencia, alteraciones que le fue posible constatar, pues estaba encargada de su cuidado durante 2 o 3 d�as de la semana.
De igual modo �contin�a el Tribunal-, a los sentimientos ambivalentes de aquella hacia su progenitor, de miedo, pero a la vez de cari�o; incluso, a�n m�s significativamente, al dolor vaginal experimentado por la menor, acompa�ado de un flujo a tal punto anormal que la determin� a procurarle inmediatamente asistencia m�dica.� Se revela en consecuencia la correcta fundamentaci�n de la sentencia de condena dictada en primera instancia en contra de una persona que varios testigos, incluso de descargo, rese�aron que no viv�a ya con la se�ora Deisy Fl�rez, por lo que no ten�an un contacto diario y regular, sino que eran ex esposos con residencia separada, aunque ubicada en el mismo barrio (El Lombo), en el cual fue visto el acusado en cercan�as a la fecha de los hechos e incluso el d�a en que fue hallado el cuerpo (jueves 23 de febrero), por lo que estaba habilitado materialmente para cometer la ilicitud, como efectivamente se colige que lo hizo, adem�s de los argumentos ya expuestos, por uno adicional que ata�e a la verificaci�n de que busc� e interactu� con su ex esposa poco antes del deceso.
Se dice ello porque al acudir la se�orita Jennifer Duque al teatro de los acontecimientos, tal y como lo testific� en el juicio oral, ubic� en el interior de la residencia de su mam� unas chanclas que le hab�a enviado a trav�s de su padre justo el martes 21 de febrero de 2017 cuando �l viaj� de Manizales a Manzanares, sin que sea un dato balad� como ha querido mostrarse con la impugnaci�n, pues no es irrelevante como s� revelador e incriminatorio conocer que JAIRO DUQUE fue hacia donde su ex esposa justo el d�a en que al parecer fue atacada mortalmente.
Pero �ser� que, tal y como se ha propuesto con la impugnaci�n, otra pudo ser la persona que seg� la vida de la se�ora Deisy Fl�rez Rivera? Para dar respuesta se desarrollar� el siguiente apartado. 6.4. Carencia de pruebas que respaldaran la hip�tesis defensiva. Tanto en los alegatos de clausura, como a la hora de sustentar el recurso de apelaci�n, de parte de la Defensa se plante� como una opci�n que otra hubiera sido la persona que ocasion� las heridas mortales a la hoy occisa Deisy Fl�rez.
Sobre el particular es preciso recordar que, contrario a reg�menes de enjuiciamiento pret�ritos, desde la incorporaci�n del sistema penal acusatorio la Fiscal�a est� llamada a actuar movida por su pretensi�n acusatoria, bajo el rol de parte en contienda con la Defensa que, a su vez, debe asumir un papel activo en la sustentaci�n de la tesis defensiva, valida de la posibilidad real y efectiva de desplegar un plan investigativo dirigido a recaudar la prueba exculpatoria con la cual oponerse a la prueba incriminatoria, que es la �nica que le corresponde presentar al Ente persecutor.
As�, para el caso en concreto no podr�a la Defensa lanzar una hip�tesis exculpatoria, y abstenerse de presentar alguna prueba que respaldase esa visi�n alterna de los hechos, pues no puede el Juez edificar la duda a partir de la existencia de tesis contrarias, sino de pruebas que afirman ambas o niegan su contraria, como aqu� no ha acontecido, toda vez que la Fiscal�a present� m�ltiple prueba documental, pericial y testimonial en las que se fund� que la se�ora Deisy Fl�rez muri� a manos de su ex esposo, sin que la Defensa aportara un testimonio siquiera del cual predicar que otra fue la persona que propin� las cuchilladas mortales.
En efecto, los cinco testigos tra�dos a estrados por la Defensa refirieron que no conoc�an de problemas entre los esposos Duque Fl�rez, pero con ninguno se plante� y ni siquiera se sugiri� que la se�ora Deisy hubiera sido ultimada por alguna otra persona, o que hubiese motivos conocidos para que otras personas quisieran hacerle da�o, quedando as� en la total penuria la tesis exculpatoria que, ciertamente, ser�a un desprop�sito acoger como base para aplicar el principio del in dubio pro reo.
Hoy la Defensa est� llamada a asumir un rol proactivo, no s�lo para elaborar elocuentes discursos en estrados, sino para darle sustento probatorio a sus manifestaciones, lo cual se traduce para el caso sub examine en la necesidad de ofrecer los elementos de convicci�n que conduzcan a colegir, o al menos contemplar como una posibilidad, que otra fue la persona que llev� a cabo el acto homicida, siendo su hu�rfana rese�a un planteamiento conjetural que, se itera, debe dejarse de lado.
No hacerlo conducir�a al absurdo de que todo reclamo de condena est� llamado al fracaso por la formulaci�n indemostrada de una versi�n paralela de lo sucedido, como aqu� de manera desacertada lo reclama un Defensor que debe ser consciente de que su visi�n personal�sima no se convierte en verdad procesal porque �l lo diga o lo crea, y al igual que se le impone a la Fiscal�a, tiene la obligaci�n de acreditar los supuestos de hecho en que funda su exculpaci�n. Tal obligaci�n no representa una inversi�n de la carga de la prueba, ni mucho menos la imposici�n para la Defensa de demostrar la inocencia, puesto que con ello al contrario se ratifica que corresponde �al �rgano de persecuci�n penal la carga de la prueba acerca de la responsabilidad penal�, pero teniendo presente que si la Defensa propone una visi�n excluyente de dicha responsabilidad, no le bastar� su llana enunciaci�n para que ella sea acogida por el Juez, sino que deber� sustentarla a trav�s de los medios de prueba que considere pertinentes.
Por consiguiente, se mantiene indemne la decisi�n condenatoria de primer nivel con la que se acogi� una tesis acusatoria apoyada en la prueba de cargo, sin acoger visiones alternas s�lo recreadas en la mente del Defensor acerca de que a Deisy Fl�rez otra persona fue quien la mat� y que JAIRO DUQUE GIRALDO, a lo sumo, realiz� lances ineptos para conseguir el resultado letal. �Por qu� y c�mo colegir que Deisy muri� a manos de otra persona si nadie ha realizado alg�n se�alamiento o una insinuaci�n siquiera que comprometa a persona diferente al se�or JAIRO DUQUE?, �C�mo desconocer que el �nico motivo conocido como fundamento y m�vil del ataque homicida fue el frenes� del hombre celoso por la p�rdida de la mujer que asum�a como suya?,�C�mo ligar el accionar del acusado a un simple deseo de lesionar si ninguna prueba se aport� para revelar las circunstancias y limitantes de un embate que desde un principio ha tenido un claro ligaz�n con el resultado mortal? Todas las respuestas �nsitas en los anteriores cuestionamientos denotan la inviabilidad en que la visi�n de los hechos concebida por el Defensor sea acogida. 6.5.
Respeto del derecho a guardar silencio y a no auto-incriminarse del acusado. Tales garant�as fueron mencionadas como vulneradas, bajo la idea de que la decisi�n de primer nivel hab�a tenido en cuenta el interrogatorio a indiciado del se�or JAIRO DUQUE como pieza para deducir su responsabilidad. Ante tal planteamiento para la Sala era elemental realizar un recuento del an�lisis probatorio efectuado por el Juez a quo a efectos de encontrar si las declaraciones extra juicio del procesado fueron empleadas en su contra, y al cumplir con dicha labor revisora se pudo constatar que en las 121 p�ginas en que qued� contenido el fallo de primer nivel, en ning�n ac�pite o p�rrafo la diligencia de interrogatorio, ni mucho menos su contenido, sirvi� de apoyo del juicio de responsabilidad, pues muy al contrario la argumentaci�n se mantuvo al margen de cualquier consideraci�n de fondo sobre dicha pieza recaudada durante la fase de indagaci�n. Y ahora en sede de segunda instancia, al realizar un nuevo justiprecio del arsenal probatorio con el que cont� la Fiscal�a, se evidencia que no era necesario valerse de dicha pieza investigativa (que no probatoria) para acoger la tesis acusatoria, puesto que hab�a suficientes elementos de convicci�n para demostrar el contexto que enmarc� el letal hecho y deducir la responsabilidad del acusado, quien ahora es desatinado y excesivo considerar que fue comprometido con la ilicitud al acogerse sus palabras en interrogatorio a indiciado.
Claramente no puede taparse el sol con un dedo, y es inocultable que en estrados se ventil� con los investigadores del caso que al d�a siguiente del hallazgo del cuerpo sin vida de la se�ora Desisy Fl�rez, el se�or JAIRO DUQUE opt� por ofrecer un interrogatorio a indiciado en el que reconoci� su participaci�n en el hecho de sangre, por lo que el Juez entr� en contacto con tal informaci�n, pero no se traduce ello en que la judicatura haya culminado con la emisi�n de un fallo viciado, puesto que en respeto de las garant�as fundamentales del procesado ello se mantuvo al margen de las consideraciones en las que se reliev� la prueba testimonial, documental y pericial practicada, sin atender a los datos contenidos en ning�n acto de investigaci�n. As� pues, no hubo vulneraci�n del derecho a guardar silencio del acusado, ni tampoco a la regla que dicta que el fallo se soportar� en la prueba regular y oportunamente practicada en juicio, y la �nica confesi�n que se tuvo en cuenta fue aquella que el se�or DUQUE GIRALDO le hizo a su propia hija, no para establecer c�mo fueron los hechos, sino para entender y atender que hubo un proceder posterior al delito que le ofrec�a apoyo a lo que las dem�s piezas probatorias denotaron, tal y como es que a la se�ora Deisy Fl�rez le arrebat� la vida su ex esposo, guiado por una idea proterva y at�vica, seg�n la cual: �si no es para m� no es para nadie�, en claro desmedro de la visi�n contempor�nea de mujer aut�noma, l�der y empoderada que est� llamada a reivindicarse con ah�nco por las autoridades, no como una caridad ni por compensaci�n, sino porque no puede desconocerse que a�n es presa de los rezagos de una vergonzante historia de oprobios y relegaci�n que no podr� la judicatura, ni la sociedad, permitir que perviva. 6.6.
De las decisiones de constitucionalidad relacionadas por la Defensa. En este apartado la Sala indicar� que ninguna de las conclusiones que hasta aqu� se han edificado, logra derruirse por la relaci�n de las dos decisiones de constitucionalidad a las que la Defensa dedic� importante tiempo a la hora de sustentar su recurso de apelaci�n. En efecto, cit� el Apelante las decisiones C-091 de 2017 y C-297 de 2016, encontrando la Sala que ninguna de ellas ofrece argumento alguno que permita desestructurar las conclusiones probatorias aqu� edificadas, como tampoco el encuadramiento de los hechos como feminicidio.
Al revisar la primera de las decisiones se encuentra que se pronunci� sobre el principio de estricta legalidad que debe estar presente en la configuraci�n legislativa de los diferentes tipos penales, incorporando dentro de sus consideraciones la decisi�n C-297 de 2016, en la que la Corte Constitucional aborda la misma tem�tica pero ya en concreto frente al delito de feminicidio, del cual expone que se configura en aquellos eventos en los que se da muerte a una mujer (sujeto pasivo calificado), pero con un componente t�pico subjetivo, como lo es que el ataque se realiza �por su condici�n de ser mujer o por motivos de su identidad de g�nero�.
En dicha decisi�n, en efecto, se relieva que no basta con verificar la muerte violenta de una mujer para su encuadramiento en el delito de feminicidio, como tampoco la constataci�n de un escenario previo de violencia, resultando indispensable ir m�s all�, a efectos de establecer que el resultado investigado se explica desde una visi�n discriminatoria del agente con la que desvalora a la mujer en cuanto tal, degrad�ndola en su dignidad.
Criterio que correctamente reclam� el Censor en su apelaci�n, pero que no fue desconocido en el presente asunto, toda vez que con la prueba practicada no s�lo se demostr� y dedujo que el se�or JAIRO DUQUE seg� la vida de la se�ora Deisy Fl�rez Rivera, sino que de tal acci�n criminal se pudo dilucidar un contexto amplio en el que el hombre, tanto cuando conviv�a con su esposa, como luego de separarse de ella, ejerc�a actos de autoridad con los que la controlaba, castigaba y dominaba, al punto que �l le manifest� que iba a rehacer su vida con otra mujer, pero �l no se lo permit�a a ella, creando as� una diferenciaci�n odiosa que s�lo se explica en una visi�n machista de superioridad que fue la que lo legitim� para golpearla.
No una, sino varias veces, en un lapso amplio en el que la mujer fue integrando como parte de su d�a a d�a el temor hacia el hombre que la pisote� como persona, la desconoci� en su dignidad y con sus maltratos dej� en claro que no la reconoc�a como mujer libre y aut�noma, sino como un ser supeditado a sus designios, la cual no pod�a hacer lo que quisiera, so pena de recibir una mezquina reprensi�n que fue verificado en el juicio oral, mismo escenario procesal en el que se escuch� a familiares y amigas contar como Deisy Fl�rez Rivera no viv�a con tranquilidad, sino sometida, subyugada a un r�gimen de dominaci�n que, precisamente, por querer vencer dio lugar al ataque mortal que, ante lo expuesto, mal har�a en calificarse como homicidio y no como lo que es: un feminicidio.
Ello se corresponde plenamente con la exposici�n de motivos de la Ley mediante la cual se incluy� como delito, por cuanto all� se dict�: �Este tipo penal se diferencia del homicidio en las motivaciones del autor, en tanto se basa en una ideolog�a discriminatoria fundamentada en la desvalorizaci�n de la condici�n humana y social de la mujer, y por tanto en imaginarios de superioridad y legitimaci�n para ejercer sobre ellas actos de control, castigo y subordinaci�n� �El feminicidio, no puede seguir siendo considerado un hecho aislado, fortuito, excepcional, o un acto pasional, por tanto debe d�rsele la importancia legislativa que merece, como la real manifestaci�n de la opresi�n y el eslab�n final del continuum de las violencias contra las mujeres que culminan con la muerte; contentivos de ciclos de violencia basadas en relaciones de dominaci�n y subordinaci�n afirmadas por la sociedad patriarcal, que impone un deber ser a las mujeres por su condici�n de mujeres, tanto en los �mbitos p�blicos y privados, a trav�s de pr�cticas sociales y pol�ticas, sistem�ticas y generalizadas para controlar, limitar, intimidar, amenazar, silenciar y someterlas, impidiendo el ejercicio de sus libertades y el goce efectivo de sus derechos�.
As� pues, no hay lugar a degradaci�n jur�dica de una conducta que, a trav�s de la prueba, qued� revelada como el colof�n de una desgarradora cadena de dominaci�n masculina, en la que JAIRO DUQUE deliberadamente le mostr� a Deisy que ella le pertenec�a y que no podr�a hacer valer su voluntad, al punto que cuando lo quiso, puso fin a su existencia; resultado sorprendente, pero previsible por el que ahora deber� responder.
En m�rito de lo precedentemente expuesto, El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE, CONFIRMAR en su integridad la sentencia proferida el d�a 7 de marzo de 2018 por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Manzanares, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JAIRO DUQUE GIRALDO como autor responsable del delito de feminicidio agravado cometido en contra de su esposa Deisy Fl�rez Rivera.
De acuerdo al art�culo 102 del C�digo de Procedimiento Penal [modificado por la Ley 1395 de 2010] ADVERTIR que una vez adquiera firmeza la presente sentencia condenatoria, dentro del t�rmino de 30 d�as, la v�ctima del delito podr� solicitar [ante el Juzgado que conoci� del proceso en primera instancia] la iniciaci�n del INCIDENTE DE REPARACI�N INTEGRAL, con el cual podr�n lograr el resarcimiento de los perjuicios generados con el punible.
INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y c�mplase. Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A C�SAR AUGUSTO CASTILLO TABORDA Valentina R�os Gonz�lez Secretaria Folio 1. Folio 4. Folios 6 a 14. Folios 21 a 23. Folios 45 a 51. Folios 102, 127, 197, 199 y 201. En este sentido vale citar decisi�n de la Corte Suprema de Justicia del 21 de octubre de 2009 (Rad. 32193), en la que con suficiencia se decanta sobre los indicios: �El indicio en materia penal, entendido como un fen�meno objetivo de expresi�n acabada o inacabada de una conducta de autor�a o de participaci�n responsable, no posee existencia aut�noma sino derivada y emana de los elementos materiales probatorios, evidencia f�sica e informaci�n, esto es de los contenidos de las manifestaciones reales y personales que digan relaci�n con el comportamiento humano objeto de investigaci�n y que desde luego hubiesen sido aducidos, producidos e incorporados con respeto a los principios de licitud y legalidad de la prueba.
Aquel medio cognoscitivo de proyecciones sustanciales se identifica en el plano de lo general con la estructura del silogismo deductivo en el cual es dable identificar: (i).- La premisa menor o hecho indicador, (ii).- La premisa mayor o inferencia l�gica en la que tienen operancia ejercicios de la sana cr�tica que se apoyan de leyes de la l�gica, la ciencia y postulados de la reflexi�n y el raciocinio, y (iii).- La conclusi�n o hecho indicado.� Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 29 de febrero de 2008, radicaci�n No. 28257. Gaceta del Congreso de la Rep�blica 773 de 2013, Exposici�n de motivos proyecto de ley 107 de 2013 del Senado.
(Tomado, a su vez, de la decisi�n C-297 de 2016 referida con la impugnaci�n). P�gina PAGE 1 Sentencia Ley 906, 2017-80069-01 JAIRO DUQUE GIRALDO Feminicidio agravado Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 467Jewz{��������������������~o`M;#h�9h�Gz5�CJOJQJ^JaJ%h�f�5�CJOJQJ^JaJmH $sH $h�Gz5�OJQJ^JmH sH h�f�5�OJQJ^JmH sH h�Gzh�GzOJQJ^JmH sH h�f�OJQJ^JmH sH #hqgh�Gz5�OJQJ^JmH sH hqgh�GzOJQJ^JmH sH (h�8�h�GzCJOJQJ^JaJmH sH %h�Gz5�CJOJQJ^JaJmH sH +h�9h�Gz5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Je������P �����������r$��dh`��a$gd�Gz ��dh�^��gd�Gz$ &Fdh�a$gd�Gz$dh�a$gd�Gzgd�Gz�j dh^�j gd�Gz�L�dh^�L`�gd�Gz�dh^�gd�Gz$���<�dh&dP��^��`�<�a$gd�Gz $dha$gd�Gz������� ! + / 6 9 P W i j x � � � � � � � O P Q Y Z � ��ǹ������������������q��q�_�M"h;s�CJOJQJ^JaJmH $sH $#h;s�h�Gz5�CJOJQJ^JaJ%h�Gz5�CJOJQJ^JaJmH $sH $"h�GzCJOJQJ^JaJmH $sH $#h3+�h�Gz5�CJOJQJ^JaJ h�9h�GzCJOJQJ^JaJh�GzCJOJQJ^JaJ%h�Gz5�CJOJQJ^JaJmH sH +h�$h�Gz5�CJOJQJ^JaJmH sH h�Gz5�CJOJQJ^JaJP Q Y Z ��R S j k ��*+��<������������������$��dh`��a$gd�Gz$��dh�`��a$gd Y[$��dh�`��a$gd�Gz ��dh�^��gd�Gz$ &Fdh�a$gd�Gz$��dh�`��a$gd�Gz� � 2F�+>.
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