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PREACUERDOS � CONTROL MATERIAL: Al ser la acusaci�n un acto de parte que le compete a la Fiscal�a, escapa al control material de la judicatura. PREACUERDOS - DERECHO DE LAS V�CTIMAS: En materia de preacuerdos, el deber de la judicatura y el acusador se limita a brindar el conocimiento y presencia en la elaboraci�n del pacto, as� como la posibilidad de alegar en funci�n del mismo, sin que signifique la concesi�n de veto a su favor.
PREACUERDOS � CATEGOR�AS. PREACUERDOS - LEGITIMIDAD DE LAS V�CTIMAS PARA RECURRIR SENTENCIA CONDENATORIA CON ORIGEN EN PREACUERDOS: Si el beneficio se refiere a la tasaci�n legal del quantum punitivo a cambio de la declaratoria de culpabilidad, excluye la posibilidad de impetrar alzadas contra la sentencia. PRINCIPIO DE PRECLUSI�N DE LOS ACTOS PROCESALES � Improcedencia de revivir escenarios ya concluidos y cerrados dentro del proceso.
Teniendo en cuenta que la necesidad de intervenci�n de la judicatura frente al control material de los preacuerdos es excepcional, supeditada a la vulneraci�n de garant�as fundamentales y que el motivo de apelaci�n se refiere al quantum punitivo establecido en la sentencia, la cual se profiri� luego de haberse aprobado un preacuerdo cuyo �nico beneficio fue la tasaci�n de la pena, se determina que la v�ctima no se encuentra legitimada para recurrir dicho aspecto, precisamente por la modalidad del preacuerdo suscrito, y siendo que al no manifestar su descontento en la audiencia de verificaci�n de legalidad del acuerdo sobre el punto del quantum punitivo oper� la preclusi�n de etapas procesales, debiendo el juez al proferir el fallo ce�irse a las estipulaciones pactadas.
Estableci�ndose que a la v�ctima se le respetaron los derechos de verdad, justicia y reparaci�n, se le garantiz� el derecho de conocer los t�rminos del convenio y de igual forma de ser escuchada frente al mismo, no obstante que tal vocer�a no representa veto o capacidad de rechazo del preacuerdo, adem�s que la sanci�n impuesta no vulnera tales derechos.
Razones por las cuales no resultaba procedente que el funcionario judicial concediera el recurso de apelaci�n. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N PENAL Magistrado Ponente: Dr. H�ctor Roveiro Agredo Le�n Proceso N� : 520016116211201700228-01 No. Interno: 24579 Conducta Punible: Homicidio Simple Acusado: JORM Decisi�n: Confirma Sentencia Aprobado: Acta N� 11 de 30 de mayo de 2019 San Juan de Pasto, cinco de junio de dos mil diecinueve (Hora: 10:00 am) I. OBJETO DEL PRONUNCIAMIENTO Decide la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por la representante judicial de la se�ora SR�, v�ctima dentro del asunto, contra la sentencia del 9 de Julio de 2018, dictada por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto (N), dada la aprobaci�n al preacuerdo previamente presentado por el ente acusador y el procesado JORM, que le se�ala una condena privativa de la libertad de noventa y seis (96) meses de prisi�n, por haber aceptado su responsabilidad penal como autor del delito de homicidio simple en modalidad dolosa, aunado esto a la concesi�n del mecanismo sustitutivo de prisi�n domiciliaria y a la inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones publicas por igual t�rmino al de la pena principal.
El motivo de inconformidad de la apelante, gira en torno al quantum punitivo establecido por la judicatura, pretendiendo en segunda instancia la redosificaci�n de la pena de prisi�n para que se imponga una superior. 1. Supuestos f�cticos Se tiene en virtud a los elementos materiales probatorios aportados al proceso por la Fiscal�a, que el 16 de diciembre de 2017, a las 19:40 horas, en la carrera 21A con calle 19 del sector del barrio La Panader�a de la ciudad de Pasto, se encontraban en el interior de un veh�culo automotor los se�ores OELM y MLA, quienes presuntamente sosten�an una relaci�n sentimental clandestina.
As� mismo, que los mencionados fueron sorprendidos por el se�or JORM, esposo de MLA, situaci�n que decant� en una discusi�n verbal, que posterior a ello se convirti� en una agresi�n violenta en la que RM le caus� una herida con arma blanca en el cuello a OELM, para luego emprender la huida, misma que se frustr� debido a que por voces de auxilio de quienes presenciaron el acto el mentado ciudadano fue capturado por miembros de la polic�a de vigilancia. De otra parte, que pese a que la v�ctima fue trasladada al Hospital Universitario Departamental de Nari�o para ser atendencia, finalmente falleci� a causa de la lesi�n producida. 2.
Actuaci�n procesal y providencia recurrida 2.1. El d�a 17 de diciembre de 2017 ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Yacuanquer en Funci�n de Control de Garant�as se surtieron las correspondientes audiencias preliminares de legalizaci�n de captura, formulaci�n de imputaci�n e imposici�n de medida de aseguramiento (Fls. 8-9) En dicha oportunidad se declar� la legalidad de la captura y se imput� a t�tulo de dolo el delito de homicidio, consagrado en el art�culo 103 del C�digo Penal, frente a lo cual el procesado manifest� no aceptar los cargos, declarando as� la legalidad de la imputaci�n formulada por el ente persecutor.
As� mismo, se impuso en cabeza del procesado, medida de aseguramiento de detenci�n en establecimiento carcelario. El 13 de febrero de 2018, se alleg� por parte de la Fiscal�a de encargo, escrito de acusaci�n en contra de RM, documento en el cual se formul� la acusaci�n correspondiente a la autor�a material a t�tulo de dolo, por el delito de HOMICIDIO, sancionado en el art�culo 103 del C�digo Penal (Fls. 10-15); sin embargo, llegado el 7 de mayo de 2017, fecha programada para adelantar la audiencia de Formulaci�n de Acusaci�n, la misma mut� en Audiencia de Verificaci�n de Preacuerdo, en atenci�n de un escrito de negociaci�n presentado por el procesado y la Fiscal�a (Fls. 52-56), oportunidad en la que se imparti� aprobaci�n (Fls. 60-61).
Como consecuencia de lo anterior, el 9 de julio de 2018 se emiti� la sentencia condenatoria que ahora se recurre por la representaci�n de v�ctimas (Fls. 72-75). 2.2. Ahora, dentro de la decisi�n que se recurre, la juez de primera instancia, tras recordar los f�cticos, la actuaci�n procesal y los elementos materiales probatorios anexados, procedi� a analizar el preacuerdo celebrado entre el ente acusador y el procesado.
En principio, esgrimi� de los elementos materiales probatorios allegados junto al preacuerdo, as� como de los f�cticos conocidos por la judicatura y aceptados por el imputado, la manifestaci�n que la conducta desplegada se encuadra dentro del punible pactado, esto es, la configuraci�n de los elementos del tipo penal. Aunado a ello, sobre la indemnizaci�n de los perjuicios causados, aduj� la ausencia de pronunciamiento, y adem�s por cuanto, mediante el acta de conciliaci�n privada del 10 de mayo de 2018, celebrada entre JORM, ALEB en representaci�n de la v�ctima y ADRIANA PATRICIA L�PEZ RICAURTE en calidad de defensora p�blica, se produjo la reparaci�n. De manera conclusiva, la a quo indic� que no se evidenciaban vicios en el preacuerdo, por lo que procedi� a atenerse a lo consignado en dicho documento para finalmente condenar a JORM a una pena principal de 96 meses de prisi�n, e inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por el mismo t�rmino de la primera y la concesi�n del mecanismo sustitutivo de la prisi�n domiciliaria. 3.
Argumentos del recurrente La estudiante de consultorios jur�dicos, PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, en el escrito de apelaci�n refiri� actuar en representaci�n de la se�ora SR� y en consecuencia de ello, pregonando que le asiste derecho para apelar las decisi�n en procura de la materializaci�n del acceso a la justicia, solicit� la modificaci�n del quantum punitivo impuesto en funci�n al preacuerdo celebrado entre el procesado y el ente persecutor.
Para sustentar lo anterior se�al� que si bien la sentencia condenatoria impuesta al se�or JORM decant� en la irrigaci�n de una sanci�n privativa de la libertad por noventa y seis (96) meses de prisi�n, con la concesi�n del beneficio de purgar la pena en su lugar de domicilio, en su consideraci�n, la misma no resulta ejemplar ni proporcionada en comparaci�n al delito por el cual se judicializ� al condenado.
Posteriormente, a trav�s de la citaci�n de ac�pites legales y jurisprudenciales sobre la proporcionalidad de la pena y su relaci�n con el delito, as� como la funci�n de la pena y dem�s prerrogativas del derecho penal, recalc� que la pena impuesta por el togado de instancia resulta irrisoria frente al punible tratado, por lo que solicita a esta Sede que modifique el quantum punitivo para emitir una decisi�n con mayor incidencia en el caso del se�or JORM.
II. CONSIDERACIONES DE LA SALA 1. Competencia Esta Corporaci�n es competente para desatar el recurso de apelaci�n interpuesto por la representante judicial de la se�ora SR�, como v�ctima dentro del asunto, contra la sentencia del 9 de julio de 2018 emitida por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto (Nari�o), conforme a lo dispuesto en el numeral 1� del art�culo 34 de la Ley 906 de 2004. 2.
El problema a resolver V�a recurso de apelaci�n, la estudiante del consultorio jur�dico a cargo de la representaci�n judicial de la v�ctima SR�, manifiesta su inconformidad frente a la decisi�n recurrida, exclusivamente en lo concerniente al quantum punitivo impuesto al condenado RM; no obstante, del sub examine del asunto, considera la judicatura, previo al an�lisis de las deprecaciones impetradas, pertinente analizar la legitimaci�n de la jurista apelante para actuar en el proceso.
En tal sentido, la presente providencia, se ocupar�, prima facie, de zanjar si la estudiante de consultorios jur�dicos PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, en virtud a los lineamientos legales generales del proceso penal, estaba legitimada para actuar como representante de v�ctimas de la Se�ora SR� y en misma l�nea impetrar el recurso de apelaci�n incoado en el proceso; situaci�n de la cual, de avalar tal presupuesto de representaci�n, proceder� esta Sala de decisi�n a determinar la procedencia de los reproches vertidos sobre la sentencia condenatoria de primera instancia, de los cuales, de hallar en su integralidad, aval legal y jurisprudencial, proceder� a revocar las decisiones de instancia, o en contrario, de ajustarse las determinaciones de la A quo al marco jur�dico vigente, fallar� tomando la decisi�n que para el momento corresponde. 3.
De la Legitimidad para Actuar como Apoderado en un Proceso Penal � Ley 906 del 2000. En principio, es menester hablar del derecho de postulaci�n como m�xime de la figura de la representaci�n a trav�s de un apoderado judicial, pues taxativamente plasma la potestad que posee todo particular de comparecer o iniciar un proceso bajo la asesor�a y defensa de un profesional del derecho legitimado para tal labor, situaci�n que en esencia, en los casos donde la ley precept�a la necesidad de la defensa t�cnica, se convierte en un derecho fundamental para el desarrollo cabal del debido proceso.
Sentido del cual, decanta para la Judicatura que la prerrogativa legal de representaci�n, expresa la voluntad del estado de transparencia y rectitud en la impartici�n de justicia, esto, por cuanto vela por la asesor�a integral de la comunidad para la ejecuci�n de sus asuntos, confiriendo as�, a los abogados, prima facie, la responsabilidad de velar por los intereses de sus representados y en mismo sentido el recelo en la ejecuci�n de los pasos legalmente estipulados para su actuaci�n en los procesos.
Aunado a ello, dentro de la concepci�n jur�dica de la representaci�n judicial, se tiene la presencia de requisitos y solemnidades; en principio, se tiene que el �poder� se brinda en estricta exegesis como una facultad de actuaci�n en nombre de un mandante, mismo que a su vez, puede decantar en la reglamentaci�n amplia de la totalidad de prerrogativas propuestas para un asunto (actuaciones y facultades) o en la limitaci�n de estipulaciones por el recelo o gusto del poderdante; sin embargo, el legislador regl� tal especificaci�n en las consignaciones del C�digo General del Proceso de la siguiente forma: �Poderes.
Los poderes generales para toda clase de procesos s�lo podr�n conferirse por escritura p�blica. El poder especial para uno o varios procesos podr� conferirse por documento privado. En los poderes especiales los asuntos deber�n estar determinados y claramente identificados. El poder especial puede conferirse verbalmente en audiencia o diligencia o por memorial dirigido al juez del conocimiento.
El poder especial para efectos judiciales deber� ser presentado personalmente por el poderdante ante juez, oficina judicial de apoyo o notario. Las sustituciones de poder se presumen aut�nticas. Los poderes podr�n extenderse en el exterior, ante c�nsul colombiano o el funcionario que la ley local autorice para ello; en ese �ltimo caso, su autenticaci�n se har� en la forma establecida en el art�culo 251.
Cuando quien otorga el poder fuere una sociedad, si el c�nsul que lo autentica o ante quien se otorga hace constar que tuvo a la vista las pruebas de la existencia de aqu�lla y que quien o confiere es su representante, se tendr�n por establecidas estas circunstancias. De la misma manera se proceder� cuando quien confiera el poder sea apoderado de una persona.
Se podr� conferir poder especial por mensaje de datos con firma digital� (Subrayado por la Sala) As�, se describe por el legislador las modalidades bajo las cuales es posible endilgar las facultades propias de un poder a un apoderado judicial, decantando esto en la estipulaci�n de un poder general con un car�cter gen�rico de actuaci�n en diferentes procesos y en tal sentido con un menester de solemnidad y filtro m�s estricto, situaci�n contraria a la plasmada en la descripci�n del poder especial para la actuaci�n espec�fica en un asunto, mismo que en regulaci�n se presta mas laxo y con mayor informalidad, pues en esencia, puede estipularse en un documento privado o incluso de manera verbal, tras solicitud del apoderado, ratificada por la autoridad judicial de cargo, con la �nica exigencia de especificar el proceso al cual se da autorizaci�n de impetrar actuaciones judiciales.
A este punto, se dir�a que el poder como requisito impl�cito en la ejecuci�n de las labores de representaci�n, posee una reglamentaci�n taxativa sobre su modalidad de presentaci�n y sus requisitos internos; no obstante, es de tener en cuenta el car�cter que porta el tr�mite en esencia, pues se tiene, aun previo al reconocimiento de la judicatura sobre el apoderamiento, que el defensor de cargo ejerce la defensa t�cnica desde antes de su confirmaci�n por el operador judicial, claro ejemplo de esto, aun remiti�ndonos a una rama alterna al derecho penal, cuando un abogado presenta demanda civil en cualesquiera de sus aristas para la reclamaci�n de derechos a favor de su prohijado, pues si bien, existe una disposici�n de parte entre el mandante y el mandatario (misma que puede ser verbal o escrita en caso de poder especial), hasta el auto admisorio de la acci�n judicial, se tendr� como reconocida la personer�a jur�dica, sin que en consecuencia se pueda alegar, ausencia de apersonamiento del proceso o diligencia del abogado en las etapas previas por falta del presupuesto ratificador declamado por el operador judicial de cargo.
Sobre el tema, se tiene pronunciamiento por parte de la Corte Constitucional en el siguiente sentido: �Sobre la naturaleza del acto de reconocimiento de personer�a, la Sala comparte lo expresado por los jueces de las instancias en esta tutela. Ellos manifestaron que el hecho de no haberse reconocido la personer�a, de ninguna manera pod�a ser entendido como un obst�culo insalvable para hacerse presente en el proceso y requerir que se cumpliera tal acto de tr�mite.
La Corte Suprema de Justicia, en la sentencia que se revisa, precis� el car�cter de este reconocimiento, y dijo que es simplemente un acto declarativo y no una decisi�n constitutiva. Es, en otras palabras, el reconocimiento, por parte del funcionario judicial, de que un apoderado efectivamente lo es. Cabe recordar lo que dijo la Corte al respecto, que se transcribi� en los antecedentes de esta sentencia: "( ) los apoderamientos se perfeccionan con la escritura p�blica o escrito privado presentado en debida forma, esto es, presentado personalmente ante el despacho o presentado ante notario y entregado al despacho pertinente (arts. 65, inciso 2o., y 84 C.P.C.), sin que sea necesario el auto de reconocimiento de personer�a para su perfeccionamiento para adquirir y ejercer las facultades del poder.
Porque si �ste puede ejercerse antes del auto de reconocimiento y su "ejercicio" debe dar lugar posteriormente a la expedici�n de dicho auto (art. 67 C.P.C.), es porque se trata de una decisi�n positiva de reconocimiento simplemente declarativa y no constitutiva, esto es, que solo admite el poder que se tiene, pero no es el que le da viabilidad a su ejercicio.
Con todo, cualquier irregularidad que sobre el particular pueda cometerse, los interesados pueden acudir a los medios procesales pertinentes par (sic) remediarlos, como los de nulidad, etc., raz�n por la cual, por lo general no puede acudirse a la acci�n de tutela como mecanismo sustitutivo o adicional." (se subraya) Esta Sala considera, adem�s, que tan clara es la naturaleza del acto de reconocimiento de apoderado, en el sentido de ser simplemente declarativa, que si se aplicaran los argumentos que expone el peticionario para justificar su falta de actividad en el proceso ordinario laboral, se llegar�a a la situaci�n absurda de que para iniciar una demanda ante un juez o tribunal, ser�a necesario, previamente, presentar el poder, obtener el reconocimiento de personer�a respectivo, y, all� s�, se tendr�a la capacidad jur�dica de presentar la demanda.
Y, qu� decir, entonces, sobre el momento para contestar una demanda. Seg�n razona el actor, s�lo una vez reconocida la personer�a por parte del juez, podr�a el apoderado contestar la demanda. Estos simples argumentos contribuyen a confirmar que, como lo expresa el ad quem, la falta de reconocimiento de personer�a no fue un obst�culo para asumir la defensa que le hab�a sido encomendada.� Sentido del cual, si bien se habla de lo preceptuado por la antigua codificaci�n procesal civil, rescata la Sala las prerrogativas concernientes a los lineamientos generales de acto de reconocimiento de personer�a jur�dica al defensor de cargo, pues se tiene la misma como un acto meramente declarativo, que si bien, por costumbre y saneamiento de cualesquier duda, se tiene como un acto solemne de presentaci�n y ratificaci�n para la actuaci�n, no decanta en que su ausencia literal dentro del proceso, aleje a quien ha sido endilgado para la tarea de defensa, de ejecutar sus deberes profesionales, claro est�, siempre y cuando este se constituya dentro de la legalidad para actuar como apoderado judicial en el proceso concreto.
No obstante, a la Sala se presenta una inquietud inherente a la tem�tica tratada, esto es, que si bien, es posible exceptuar el tr�mite de reconocimiento de personer�a jur�dica expl�cito por parte de la judicatura, y teniendo en cuenta la potestad de su solicitud y concesi�n en forma oral y con sucinta ausencia de formalismos, en la generalidad de poderes se consigna las facultades para las cuales se conf�a el tr�mite al abogado de cargo; no obstante, �qu� pasa cuando en mismo escenario, el poder se resume a otorgar la potestad de representaci�n y omite las particularidades propias de tal figura? En principio, se podr�a pensar en un yerro que tache de manera insubsanable el acto declarativo en comento por no existir una claridad m�nima de los preceptos para los cuales el apoderado judicial se ve facultado en el proceso especifico; empero de ello, tal como en distintas ocasiones el legislador ha reglado un conjunto de facultades integrales para suplir el posible vac�o manifestado, siendo as�, que en la codificaci�n general procesal ha estipulado lo siguiente: �Facultades del apoderado.
Salvo estipulaci�n en contrario, el poder para litigar se entiende conferido para solicitar medidas cautelares extraprocesales, pruebas extraprocesales y dem�s actos preparatorios del proceso, adelantar todo el tr�mite de �ste, solicitar medidas cautelares, interponer recursos ordinarios, de casaci�n y de anulaci�n y realizar las actuaciones posteriores que sean consecuencia de la sentencia y se cumplan en el mismo expediente, y cobrar ejecutivamente las condenas impuestas en aqu�lla.
El apoderado podr� formular todas las pretensiones que estime conveniente para beneficio del poderdante. El poder para actuar en un proceso habilita al apoderado para recibir la notificaci�n del auto admisorio de la demanda o del mandamiento ejecutivo, prestar juramento estimatorio y confesar espont�neamente. Cualquier restricci�n sobre tales facultades se tendr� por no escrita.
El poder tambi�n habilita al apoderado para reconvenir y representar al poderdante en todo lo relacionado con la reconvenci�n y la intervenci�n de otras partes o de terceros. El apoderado no podr� realizar actos reservados por la ley a la parte misma; tampoco recibir, allanarse, ni disponer del derecho en litigio, salvo que el poderdante lo haya autorizado de manera expresa.
Cuando se confiera poder a una persona jur�dica para que designe o reemplace apoderados judiciales, aquella indicar� las facultades que tendr� el apoderado sin exceder las otorgadas por el poderdante a la persona jur�dica.� (Subrayado por la Sala) En tal sentido, hablar�amos de que la simple manifestaci�n de concesi�n de poder o representaci�n, debidamente avalada por el titular del derecho frente al operador judicial, pese a la ausencia de la taxatividad oral o escrita de la proclamaci�n de otorgar �personer�a jur�dica en el proceso� al apoderado en cuesti�n, suplir�a la solemnidad de la figura y legitimar�a al profesional del derecho para las actuaciones de su cargo, facult�ndole, en caso de ausencia de manifestaci�n en contrario, de las potestades aclaradas por el C�digo General del Proceso, sin que esto signifique a momento, un yerro procesal que pueda alegarse en contra de la parte o la judicatura.
En tal sentido, se tiene del caso de marras, previo a la participaci�n de la estudiante de Consultorios Jur�dicos PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, la se�ora S� se encontr� representada por el abogado JULIO ERNESTO MORA CASANOVA, quien en las constancias procesales, aparece como apoderado de la v�ctima �nicamente en la audiencia de verificaci�n de preacuerdo celebrada por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto, diligencia en la cual, se reconoci� en el desarrollo de la diligencia, de manera verbal el poder para fungir como apoderado tanto de la se�ora SR�M como de los se�ores RFL y EAL, los �ltimos, hijos del occiso.
No obstante, una vez zanjada la instancia procesal de comento, se tiene que en audiencia de lectura de sentencia celebrada por el mismo operador judicial, la se�ora SR�M, se presenta junto a la se�orita PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, misma de la cual, �nicamente hasta la oportunidad procesal estipulada para la impetraci�n de recursos, se identifica como apoderada de la v�ctima en comento; empero de ello, en ning�n momento present� el poder conferido por la presunta poderdante.
En misma l�nea, la mencionada impetra el escrito de apelaci�n de la sentencia proferida por el juzgador de instancia y con posterioridad, se allega de su parte, el 16 de Agosto de 2018, memorial donde se decanta la sustituci�n de poder por parte de la estudiante PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO a la estudiante JULY ELIZABETH P�REZ PORTILLA, ultima que anexa la correspondiente autorizaci�n por parte del Centro de Consultorios Jur�dicos de la Universidad CESMAG; no obstante, mediante auto del 17 de Agosto de 2018 esta Corporaci�n, se abstuvo de dar tr�mite a la solicitud de sustituci�n de poder, pues explic� que revisado el expediente y constatados los audios de las audiencias, se evidenci� que en momento alguno se reconoci� personer�a jur�dica para actuar en el proceso a la se�orita PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, acto por el cual, carec�a de legitimaci�n en la causa para la diligencia deprecada.
Posterior a ello, con fecha 28 de Agosto de 2018, se alleg� memorial por el cual la se�ora SR�M, actuando en su calidad de v�ctima dentro del proceso, revoc� el poder otorgado al estudiante DIEGO EDUARDO MAFLA DELGADO para actuar en su nombre, y en su lugar, design� a la estudiante JULY ELIZABETH P�REZ PORTILLA a ejercer su representaci�n, refiriendo que la �ltima asum�a y quedaba facultada para actuar en misma forma que su predecesor.
Aunado a ello, en fecha id�ntica, la estudiante JULY ELIZABETH PER�Z PORTILLA, radic� memorial a trav�s del cual, aduj�, actuando en calidad de representante de v�ctimas de la se�ora SR�M, solicitar el inicio de incidente de reparaci�n integral en el proceso. En funci�n a ello, el 28 de agosto de 2018, esta sede nuevamente se pronunci� indicando que una vez revisado el expediente y constatados los audios de las audiencias, se encontr� la ausencia de reconocimiento de personer�a jur�dica en el proceso al estudiante DIEGO EDUARDO MAFLA DELGADO, aunado a lo cual, en funci�n a que las facultades del otorgamiento de poder a nombre de la estudiante JULY ELIZABETH PEREZ PORTILLA, fueron referidas como id�nticas a las conferidas al presunto anterior apoderado, no se cumpli� con los presupuestos necesarios para la sustituci�n o concesi�n de poder, pues se iter�, en ning�n momento del proceso se reconoci� personer�a jur�dica al estudiante DIEGO EDUARDO MAFLA DELGADO y por tanto las facultades que presuntamente le fueran concedidas no eran claras para la judicatura.
Adem�s, se manifest� sobre la solicitud de iniciaci�n de incidente de reparaci�n integral, la improcedencia del mismo en la presente instancia, recordando a los deprecantes que para su instauraci�n era necesario que la sentencia condenatoria se hallara en firme. Con la rese�a que se acaba de exponer, queda claro que la estudiante de Consultorios Jur�dicos PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO, se present� ante la judicatura a cargo del proceso, en la etapa concerniente a la lectura de fallo en calidad de representante de la se�ora SR�, v�ctima dentro del proceso, y consecuencia de ello actu� de manera activa en la diligencia mencionada; no obstante, se tiene que la presunta apoderada en ning�n momento alleg� documento que diera fe del poder conferido por parte del su poderdante y tampoco solicit� formalmente a la togada de instancia su reconocimiento para actuar en el proceso, acto por el cual, en el momento en el que se�ala ante la Magistratura de cargo, la intenci�n de sustituir el poder que surcaba en su nombre, se cuestiona su legitimidad para actuar en el proceso, as� como las facultades asignadas en el presunto poder otorgado, pues en efecto, revisado el expediente y la totalidad de los audios, se presenta la ausencia de documentaci�n que decante en legitimar a la estudiante como representante legitima de la v�ctima en comento, an�lisis del cual, se cuestiona igualmente esta Sala de decisi�n en cuanto a la procedencia del recurso incoado por la misma.
Sin embargo, del decanto conceptual realizado anteriormente, as� como del exhaustivo escrutinio del audio y video de la audiencia de lectura de fallo celebrada el d�a 9 de Julio de 2018, es dable decir que si bien, en inicio la estudiante de consultorios jur�dicos no exhibi� el poder otorgado por su poderdante y tampoco solicit� a la judicatura el reconocimiento verbal de su personer�a jur�dica, en el desarrollo de la diligencia, exactamente en el cuestionamiento sobre las oposiciones a que correspondiera manifestarse las partes en cuanto a la lectura del fallo proferido en virtud al preacuerdo elaborado entre el procesado y la Fiscal�a, la mencionada estudiante plant� intervenci�n en mismos t�rminos de la apelaci�n posteriormente impetrada, momento en el cual, para efectos de verificaci�n y claridad, la togada de instancia le cuestion� sobre la persona a quien representaba, respondiendo en consecuencia que se apoderaba de la causa de la se�ora S� en calidad de v�ctima, persona que se encontraba en la diligencia y que a pesar de no ser cuestionada en ratificaci�n a tal afirmaci�n, en ning�n momento exclam� una negaci�n a ello.
En virtud a ello, se tendr�a en principio como un acto, que a la luz de las solemnidades se tachar�a por insatisfecho y en misma l�nea derivar�a en una afectaci�n a la prestaci�n de la defensa t�cnica por ausencia de legitimaci�n para actuar en el proceso; no obstante, teniendo en cuenta los lineamientos expresados previamente, al ser el reconocimiento de la judicatura un acto declarativo, y al existir la potestad de presentar el poder en manera verbal, entender�a la Sala, en primac�a de las realidades sobre los formalismos, la satisfacci�n de la declamaci�n de parte en cuanto a la concesi�n de poder a la estudiante de consultorios jur�dicos, pues en efecto, en la grabaci�n de la diligencia queda demostrada la aseveraci�n sobre la representaci�n y la aceptaci�n t�cita de quien fuera su poderdante hacia la judicatura, aun mas, cuando en posterioridad se solicita sustituci�n de poder con base en el reconocimiento previo de la se�orita PAOLA ANDREA MELO MADRO�ERO.
En tal sentido, si bien esta Sala de decisi�n considera lo acontecido como un procedimiento ausente de las formalidades propias del proceso, teniendo en cuenta que la representaci�n fue ejecutada por una estudiante de consultorios jur�dicos y que aunado a ello, su papel dentro del procedimiento se vio enmarcado en la imposici�n de un recurso en salvaguarda de los derechos de una v�ctima, de manera particular al caso, se considera pertinente obviar el yerro cometido por la estudiante en comento y en virtud a lo preceptuado por la legislaci�n citada, tener la constituci�n de una personer�a jur�dica enmarcada en los actos realizados dentro de la audiencia de lectura de fallo y en misma l�nea, dar prelaci�n, sobre las solemnidades de cargo, a analizar y resolver el trasfondo de la alzada incoada en audiencia. 3.
De la figura del Pre Acuerdo en el Sistema Penal Acusatorio � Ley 906 del 2004. Clara la legitimaci�n de la representaci�n de S� para elevar la alzada que hoy nos concita procede la Sala a resolver lo que conforme al recurso corresponde; para el efecto, conviene traer a colaci�n el principio de competencia funcional en el recurso de apelaci�n, seg�n el cual, la Sala solo se debe pronunciar con ocasi�n a los temas objeto de impugnaci�n y a los inescindiblemente vinculados a �stos.
Sobre el tema la Corte Suprema de Justicia en SP 45223 del 20 de abril de 2016 dijo: ��como lo tiene sentado la Sala, si bien la Ley 906 de 2004 no establece de manera expresa l�mite respecto a la competencia del superior para desatar el recurso de apelaci�n, como s� lo hac�a la Ley 600 de 2000 en el art�culo 204, de todos modos por virtud del art�culo 31 de la Constituci�n Pol�tica, en cuanto consigna los principios de doble instancia y la prohibici�n de la reforma en peor, la decisi�n de segunda instancia s�lo podr� extenderse a los asuntos que resulten inescindiblemente vinculados al objeto de la impugnaci�n y que �stos no constituyan un desmejoramiento de la parte que apel�.
Lo anterior tiene raz�n jur�dica procesal, en tanto que el nuevo sistema contempla que el impulso del juicio est� supeditado a las tesis y a las argumentaciones que los intervinientes aduzcan frente a sus pretensiones, las cuales tienen vocaci�n o no de �xito dependiendo del resultado de la actividad probatoria. Dentro de tal premisa entonces, el sentenciador de segundo grado debe circunscribir su competencia a los asuntos que el recurrente ponga a su consideraci�n, sin que le sea permitido inmiscuirse en otros temas que no son objeto de discusi�n o que han sido materia de conformidad, salvo que advierta violaci�n de derechos y garant�as fundamentales�.
(Subrayas propias de la Sala) En tal sentido, advierte la Sala, que en conexidad al problema jur�dico planteado en el asunto propuesto ante la judicatura, cabe la discusi�n de la procedencia de una apelaci�n impulsada por la representaci�n de v�ctimas, toda vez que la alzada se direcciona a modificar los estamentos relativos al quantum punitivo pactado a trav�s de un preacuerdo, situaci�n por la cual, per se d� la figura en comento, el lineamiento de la Corporaci�n, gira con especial recelo ante la configuraci�n de las prerrogativas legales que admiten tal intromisi�n de los intervinientes, misma que �nicamente tiene lugar cuando en funci�n al asunto y sus generalidades se presenta vulneraci�n a las garant�as fundamentales de las partes o las v�ctimas, argumento incluso, que dentro del recurso tratado en ning�n momento fue mencionado, sentido en el cual, se tiene en funci�n al car�cter rogatorio del procedimiento reglado por la ley 906 del 2000, como un concepto ausente de petici�n y en consecuencia, la posibilidad de hallar en el presente asunto una alzada carente de sustento real.
En ese orden, conviene recordar que la agilidad y la econom�a procesal, surcan como pilares fundamentales en el tramite de los asuntos ejecutados bajo el Sistema Penal Acusatorio, pues ante todo, se busca la descongesti�n de los despachos judiciales y la prontitud en la administraci�n de justicia, acto que per se, exige a los actores del proceso no solo ce�irse a los t�rminos incoados en el c�dice procedimental, sino adem�s, implementar con la mayor efectividad posible las herramientas que permitan una adecuada pero expedita terminaci�n de la etapa procesal de juzgamiento.
A ello que el t�tulo segundo de la Ley 906 de 2004 contempla la posibilidad de que el ente acusador y el procesado, puedan, en funci�n de evitar un desgaste innecesario de la judicatura, concertar un preacuerdo tendiente a la aceptaci�n de los cargos imputados y a cambio, obtener la concesi�n de beneficio con afectaci�n directa al quantum punitivo tipificado en la normatividad penal; sin embargo, tal potestad no significa la desmedida administraci�n e impartici�n de acuerdos que vulneren los derechos de las partes en pugna, pues se trata de que aun con la aceleraci�n del tr�mite jurisdiccional, se cumpla con los preceptos legales de la justicia penal.
A ello, se trae a colaci�n lo preceptuado por el art�culo 348 de la Ley 906 del 2004: �Con el fin de humanizar la actuaci�n procesal y la pena; obtener pronta y cumplida justicia; activar la soluci�n de los conflictos sociales que genera el delito; propiciar la reparaci�n integral de los perjuicios ocasionados con el injusto y lograr la participaci�n del imputado en la definici�n de su caso, la Fiscal�a y el imputado o acusado podr�n llegar a preacuerdos que impliquen la terminaci�n del proceso.
El funcionario, al celebrar los preacuerdos, debe observar las directivas de la Fiscal�a General de la Naci�n y las pautas trazadas como pol�tica criminal, a fin de aprestigiar la administraci�n de justicia y evitar su cuestionamiento.� (Subrayado por la Sala) De la anterior cita, surge la necesidad de exponer con mayor exactitud los l�mites que surcan la elaboraci�n de preacuerdos por parte de la Fiscal�a, esto es, sobre los cuales el juzgador debe ejecutar el control objetivo para dar l�nea a su legalidad.
El legislador en la redacci�n de las prerrogativas propias de la procedencia del preacuerdo bajo la Ley 906 del 2004 aduce que la competencia para inmiscuirse en la profundidad del mismo por parte del juez de conocimiento, �nicamente podr� avalarse en caso de vulneraci�n de las garant�as fundamentales, acto que per se, exige la precisi�n de los derechos invocados a fin de delimitar el marco de an�lisis que se prestar� al asunto.
Sobre el tema la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, indic�: �(�) Acerca de esta �ltima circunstancia, para la Sala es claro que las garant�as fundamentales a las cuales se refiere la norma para permitir la injerencia del juez, no pueden examinarse a la luz del criterio subjetivo o arbitrario del mismo y deben remitirse exclusivamente a hechos puntuales que demuestren violaciones objetivas y palpables necesitadas del remedio de la improbaci�n para resta�ar el da�o causado o evitar sus efectos delet�reos.
En este sentido, a t�tulo apenas ejemplificativo, la intervenci�n del juez, que opera excepcional�sima, debe recabarse, se justifica en los casos en que se verifique alg�n vicio en el consentimiento o afectaci�n del derecho de defensa, o cuando el Fiscal pasa por alto los l�mites rese�ados en los puntos anteriores o los consignados en la ley �como en los casos en que se otorgan dos beneficios incompatibles o se accede a una rebaja superior a la permitida, o no se cumplen las exigencias punitivas para acceder a alg�n subrogado-.� (Subrayado por la Sala) No obstante, es de precisar que el deber de la judicatura frente al juzgamiento y an�lisis de los t�picos que componen el pacto entre el acusador y el procesado, por regla general, deben versar �nicamente sobre el cumplimiento objetivo de los lineamientos que lo evocan como una justa forma de terminaci�n del proceso, estando en tal sentido, prohibido para el juzgador, su intromisi�n en el aspecto material del preacuerdo.
Al caso, en cuanto a los l�mites de los preacuerdos, la Corte Suprema de Justicia ha referido: ��Una interpretaci�n sistem�tica de la norma en su conjunto permite concluir que no se trata de entregarle al Fiscal la facultad de crear tipos penales nuevos, es decir, por fuera de los establecidos en el C�digo Penal, con el fin de llegar a un preacuerdo con el imputado, desconoci�ndose de esta manera el principio de reserva legal, as� como el de taxatividad penal�.
La Fiscal�a no puede crear tipos penales para los hechos investigados, ni acudir a la ley tercia para adecuar los comportamientos en los preacuerdos. Los hechos deben corresponder a la descripci�n legal previamente establecida, de esta legalidad es una manifestaci�n el tipo penal, que se ocupa no solamente de la descripci�n de la conducta sino tambi�n de la pena principal y accesoria y de su ejecuci�n (subrogados, sustitutos y prohibiciones).
Bajo los supuestos se�alados, los preacuerdos no pueden ser el instrumento para introducir modificaciones a las prohibiciones constitucionales o legales, regla contra la que atentan, entre otros supuestos, los beneficios dobles, cuando ha de pactarse �una �nica rebaja compensatoria por el acuerdo� (art. 351-2 del C de P.P.).� (Subrayado por la Sala) Corporaci�n que en misma providencia se�ala: �La fiscal�a no puede desbordar las facultades que le corresponden conforme a la naturaleza de la funci�n que cumple.
El ejercicio de aquellas en los preacuerdos constituye una expresi�n del debido proceso. La Corte Constitucional en la sentencia C-1260 de 2005, precis� que la �nica potestad que tiene la Fiscal�a en los pactos jur�dicos del art�culo 350 del C.P.P. es adecuar la conducta conforme a la tipicidad que estrictamente le corresponde. [�] Conforme a la l�nea jurisprudencial mencionada, los preacuerdos deben respetar la responsabilidad que equivale a la estricta legalidad o tipicidad demostrada en el proceso penal, as� se decidi�, en la sentencia C-1260 de 2005, por lo que el �mbito de movilidad para efectos de beneficios en tales negocios jur�dicos corresponde a la punibilidad.
(�) Obs�rvese que la Corte Constitucional en la sentencia C-1260 de 2005 sobre la ilicitud cometida y por ende la responsabilidad que deviene de esa conducta punible, no admite que la Fiscal�a la modifique, debe ce�irse a lo que la ley preexistente establezca. En el acto de adecuaci�n estricta se define la culpabilidad del il�cito por el que se responde y en esos t�rminos es que debe aceptarla el indiciado o acusado.� (Subrayado por la Sala) As�, la necesidad de intervenci�n de la judicatura frente al control material excepcional de los preacuerdos, se ve supeditada a la comisi�n de yerros referentes, entre otros t�picos, a una extralimitaci�n o error del ente acusador con respecto a los benepl�citos concedidos en el convenio, esto es, un doble beneficio, un incumplimiento de prerrogativas legales o un apartamiento descabellado de los facticos fruto de la pugna; situaci�n tal, en la que se ve acreditados los presupuestos para que el togado de an�lisis de fondo y garantice la prelaci�n de los derechos fundamentales y el respeto al debido proceso, pues tal como explica la Corporaci�n en cita, el preacuerdo es una expresi�n de la administraci�n de justicia y debe hacerle honor y en mismo sentido evitar su cuestionamiento; en otras palabras, debe cumplir con la labor de impartir justicia bajo las mismas prerrogativas que lo sustentan como sistema acusatorio. 4.
De los Derechos de las V�ctimas en el Pre Acuerdo Al respecto, en principio se refieren los l�mites que surcan dentro de la realizaci�n y elaboraci�n del preacuerdo, exhibiendo claramente la necesidad de respeto y garant�as para el procesado; no obstante, es de recordar que en el proceso penal, concurren, adem�s de las partes (acusador y defensa), los intervinientes, dentro de los cuales se elevan el ministerio p�blico y el representante de v�ctimas, actores que si bien, no concurren directamente en el debate principal, tienen potestades y derechos dentro de la pugna.
A ello, que sea necesario para desentra�ar el asunto, precisar acerca de los derechos que jurisprudencial y legalmente se ha reconocido para las v�ctimas dentro del sistema penal acusatorio, con �nfasis claro est�, en los mecanismos de terminaci�n anticipada del proceso, es decir, de los preacuerdos. En principio, la jurisprudencia ha estudiado el papel de la v�ctima en el proceso penal, decantando de ello, la necesidad de garantizarle al afectado directo de las desidias causadas, un papel relevante y protegido al interior del proceso en cualquiera de sus modalidades, recalcando incluso la necesidad de ir m�s all� de una reparaci�n econ�mica y se�alar la tenencia de derechos que trasciendan a una esfera que proteja integralmente sus derechos fundamentales, en especial reparo el de la dignidad.
En tal sentido, se ha establecido tres derechos principales que la jurisdicci�n penal debe proteger en nombre de los afectados, siendo tales la verdad, la justicia y la reparaci�n; mismos que en conceptualizaci�n explicita ha referido la Corte: ��De tal manera que la v�ctima y los perjudicados por un delito tienen intereses adicionales a la mera reparaci�n pecuniaria.
Algunos de sus intereses han sido protegidos por la Constituci�n de 1991 y se traducen en tres derechos relevantes para analizar la norma demandada en el presente proceso: � �1. El derecho a la verdad, esto es, la posibilidad de conocer lo que sucedi� y en buscar una coincidencia entre la verdad procesal y la verdad real. Este derecho resulta particularmente importante frente a graves violaciones de los derechos humanos. � �2.
El derecho a que se haga justicia en el caso concreto, es decir, el derecho a que no haya impunidad. � �3. El derecho a la reparaci�n del da�o que se le ha causado a trav�s de una compensaci�n econ�mica, que es la forma tradicional como se ha resarcido a la v�ctima de un delito.� (Negrilla dentro del texto original) Por tanto, se alzan tales prerrogativas como m�ximos de garant�as en cualquier manifestaci�n de la justicia reglada bajo el sistema penal acusatorio, refiriendo igualmente, su papel tanto al interior de un juicio contradictorio, como, en un escenario de terminaci�n anticipada o anormal del proceso.
Ahora bien, es de recalcar, que tales preceptos denominados como derechos y garant�as de las v�ctimas en el proceso, no significa que la judicatura no tenga libre potestad de ejecutar sus funciones, es decir, bajo ning�n punto, los reconocimientos realizados a las v�ctimas implican una incidencia tal que determine sin mayor fundamento el rumbo de una pugna penal o la viabilidad de un preacuerdo.
Aterrizando a la esencia del asunto tratado, se tiene al preacuerdo como f�ctico principal del mismo, acto que decanta en referir el papel de la v�ctima en tal supuesto. Al tema, se ha instituido que en respeto de los derechos de verdad, justicia y reparaci�n, se debe garantizar a las v�ctimas su representaci�n legal en el juicio, en calidad de interviniente con especial protecci�n por la judicatura, concediendo en su poder la posibilidad de efectuar pronunciamientos, incorporar medios probatorios a trav�s del �rgano persecutor, entre otras actuaciones propias del proceso; al caso de preacuerdos, con el derecho a conocer los ac�pites del convenio y de igual forma, ser escuchada frente a los t�rminos de pacto, resaltando; sin embargo, que tal vocer�a no representa veto o capacidad de rechazo del preacuerdo.
Ahora bien, tal limitaci�n de acci�n frente a un mecanismo que enmarca la terminaci�n de la acci�n perseguida puede inferir la comisi�n de vulneraci�n frente a los derechos de las v�ctimas; no obstante, el Alto Tribunal Superior concluyo frente al tema: �-No es factible alegar que con lo ocurrido se priv� a las v�ctimas del �derecho a un juicio justo y pleno �dotado de las garant�as de publicidad, contradicci�n, inmediaci�n y concentraci�n�, simplemente porque el �nico referente legal que se verifica sobre el particular en la Ley 906 de 2004, establece este como derecho pero del imputado o acusado (literal k) art�culo 8�)�.
Es v�lido entonces, iterar en que frente a los derechos de las v�ctimas con ocasi�n de los preacuerdos la Corte Suprema ha expresado que estas tienen el derecho de participar en el conocimiento del acuerdo a fin de conocer la forma de resoluci�n de su conflicto, sin que en ning�n momento esto se interprete como una potestad consultiva o con injerencia en los t�rminos del acuerdo.
A modo de colof�n, las v�ctimas poseen un papel relevante en la administraci�n de justicia bajo el sistema penal acusatorio; sin embargo, en materia de preacuerdos, el deber de la judicatura y el acusador se limita a brindar el conocimiento y presencia en la elaboraci�n del pacto, as� como la posibilidad de alegar en funci�n del mismo, sin que, como se refiri� anteriormente, signifique la concesi�n de veto a su favor.
Al caso, en previo an�lisis, se estipular�a en principio la impertinencia de la alzada impetrada, pues en esencia, se tiene por constancias procesales el conocimiento previo y la adecuada comunicaci�n del preacuerdo con la se�ora S�, al punto que previo a la audiencia de lectura de fallo no existi� pronunciamiento alguno sobre el desacuerdo con el quantum punitivo fijado en el pacto.
Aunado a esto, se tiene que bajo ning�n punto la sanci�n impuesta vulnera los derechos de las victimas contemplados a viva voz por la judicatura, pues en caso de dar aval a la pretensi�n de la apelante, surcar�a tal efecto en un t�pico facultativo de sanci�n o veto de la victima al preacuerdo, acto que ab initio est� restringido y prohibido por la legislaci�n penal.
No obstante, una vez incoados a la providencia los argumentos concernientes a la alzada, se procede a dar un an�lisis en aras de determinar que no se vulneraron o no los derechos de la v�ctima dentro del presente proceso. 4.1. De la legitimidad de las v�ctimas para recurrir sentencia condenatoria con origen en preacuerdos. En principio, se trata el presente ac�pite en funci�n a la jurisprudencia allegada por la parte recurrente en el escrito de apelaci�n, esto es, el an�lisis que ejecuta la Corte Suprema de Justicia sobre el t�pico de cargo en el presente asunto, es decir, la potestad de las v�ctimas para recurrir decisiones judiciales penales en las cuales su victimario sea condenado bajo un quantum punitivo en disparidad con sus intereses.
Lo anterior, en el sentido que la representante de v�ctimas sustenta su alzada bajo la hip�tesis, en principio, de la legitimidad que poseen las victimas para recurrir los fallos fruto de preacuerdos en funci�n a la disparidad que pudiese tener con el quantum punitivo fijado en contra del condenado, situaci�n que prima facie, exige la interpretaci�n de las consignaciones contempladas como ratio decidendi en la providencia de comento, as� como a los facticos que originaron el planteamiento en cuesti�n. En tal l�nea, se�ala la Corte Suprema de Justicia que: �En los anteriores t�rminos, queda claro que si efectivamente hace parte de los derechos de las v�ctimas obtener justicia en el proceso penal para que al perpetrador del delito se le imponga una sanci�n condigna, adecuada, justa o seria, deviene indiscutible la posibilidad de promover impugnaci�n cuando advierten que ello no se garantiza con la establecida.
Esta postura, por dem�s, es consonante con el despliegue que a los derechos de las v�ctimas ha dado esta Colegiatura en su m�s reciente jurisprudencia. (�) El anterior recuento jurisprudencial permite concluir lo siguiente: (i) la Sala tiene sentado que asiste inter�s a la v�ctima cuando aboga por una pena mayor, como ocurre en el evento sub examine, posici�n coincidente con la de la Corte Constitucional, conforme se destac� en precedencia, cuando advierte que el derecho a la justicia que les ata�e conlleva el de la imposici�n de una sanci�n justa, adecuada o seria (�).
(�)Trat�ndose del primer tipo de preacuerdo, es decir, la simple aceptaci�n de los cargos formulados, no hay dificultad alguna en aceptar la tesis expuesta por el tribunal en la sentencia que se examina, pues es indudable que primero se ha de determinar �la pena imponible�, siguiendo los criterios y metodolog�a indicados por el legislador, para luego efectuar su reducci�n, en la proporci�n fija que corresponda, y arribar as� a la que puede denominarse como pena efectiva.
Pero no sucede igual cuando, v. gr., las partes optan por celebrar un pacto sobre las consecuencias jur�dicas de los hechos imputados y acuerdan el monto de la pena, pues en tal eventualidad ni siquiera se aplica el sistema de cuartos (art�culo 61 del C�digo Penal, modificado por el art�culo 3� de la Ley 890 de 2004, CSJ AP 7 feb. 2007, rad.
N�26448). Menos a�n, cuando se conviene la eliminaci�n de �alguna causal de agravaci�n punitiva�, pues si �sta es espec�fica tal supresi�n impide que se incrementen los extremos punitivos del tipo b�sico; por tanto, es dentro de �stos que debe graduarse la sanci�n.� (Subrayado por la Sala) Siguiendo la l�nea mencionada, e iterando en que la misma decanta de la providencia citada por parte de la recurrente, es claro que el an�lisis jurisprudencial sobre la procedencia de la apelaci�n de una sentencia condenatoria con base y objeto en el quantum punitivo asignado sobre el procesado, surca en principio, sobre los f�cticos que hayan desatado tal consecuencia final, e incluso, en el tema donde se inmiscuyen los preacuerdos, de la modalidad del pacto celebrado y las concesiones del mismo.
La disparidad evidente frente a un caso en el cual �bice del pacto se estructura sobre un aspecto que deja a an�lisis del togado de instancia la dosificaci�n y especificaci�n del quantum punitivo, con aquel preacuerdo en el cual el beneficio se eleva sobre la tasaci�n espec�fica del tiempo de reclusi�n a purgar por el procesado, segunda situaci�n en la cual de plano, se establecer�a improcedente un planteamiento en contra al inmiscuirse los par�metros internos del pacto y a�n m�s, de pronunciarse en un escenario procesal ausente de lapso real de acci�n por la v�ctima.
Aunado a la anterior premisa, se tiene del fallo en comento, la presencia de f�cticos similares en cuanto a la conducta judicializada, pero con una importante bifurcaci�n en cuanto a la actuaci�n procesal ejecutada, pues en principio, se habla de un preacuerdo celebrado en etapa preparatoria del proceso penal, y aunado a ello, se expresa por la judicatura, la presencia de un pacto bajo el cual, el beneficio surcaba �nicamente en que a cambio de la declaratoria de culpabilidad por parte del procesado, obtendr�a la estipulaci�n de una variaci�n t�pica sin afectaci�n a los f�cticos centrales del proceso, dejando as�, a manos del Juez de instancia lo correspondiente a la dosificaci�n punitiva, permiti�ndole entonces, la estructuraci�n de los cuartos correspondientes y en misma forma, la se�alizaci�n de la condena a aplicar en sede de ejecuci�n de penas, teniendo entonces el a quo, en tal ocasi�n, la potestad de impregnar en mayor o menor talante la sanci�n a imponer para con el judicializado, situaci�n que, frente al caso de marras, dista ampliamente al encontrarnos en presencia de un preacuerdo cuyo �nico beneficio es la tasaci�n de la condena en los cuartos m�nimos dispuestos para la misma, fijando desde el escrito del consenso, que a efectos procesales, surca con igual peso que el libelo de acusaci�n, una pena fija a purgar de 96 meses de prisi�n. Situaci�n de la cual, se obtendr�a en funci�n a los ac�pites previos, y a la misma sentencia en cita, respuesta dirigida a la potestad de apelaci�n en cada caso, pues en esencia, en el primero y a la vez, tratado por la Corte Suprema de Justicia, se relata un escenario donde la decisi�n acerca del quantum punitivo recae en total independencia sobre el juez de instancia, situaci�n bajo la cual, en salvaguarda de la reclamaci�n de justicia por parte de la v�ctima recurrente decantar�a en la procedencia del tr�mite de apelaci�n; no obstante, en el caso que colige a esta Sala, se evoca una sentencia condenatoria en funci�n a un preacuerdo cuyo �nico beneficio fue la estipulaci�n taxativa de la condena a purgar por el procesado, situaci�n a la cual, aunado a la ausencia de objeci�n de partes o intervinientes en sede de aprobaci�n de preacuerdo, derivar�a en la estipulaci�n exacta sobre este tipo de casos por parte de la Corte Suprema de Justicia; misma que reza: �Pero no sucede igual cuando, v. gr., las partes optan por celebrar un pacto sobre las consecuencias jur�dicas de los hechos imputados y acuerdan el monto de la pena, pues en tal eventualidad ni siquiera se aplica el sistema de cuartos (art�culo 61 del C�digo Penal, modificado por el art�culo 3� de la Ley 890 de 2004, CSJ AP 7 feb. 2007, rad.
N�26448). Menos a�n, cuando se conviene la eliminaci�n de �alguna causal de agravaci�n punitiva�, pues si �sta es espec�fica tal supresi�n impide que se incrementen los extremos punitivos del tipo b�sico; por tanto, es dentro de �stos que debe graduarse la sanci�n.� (Subrayado por la Sala) Sentido en el cual, es claro para esta Sala la improcedencia de la apelaci�n de cargo, ab initio, por la modalidad del preacuerdo suscrito con el ente persecutor, y adicional a ello, por la evidente preclusi�n de etapas procesales que se materializ� en el presente asunto, pues bajo ning�n punto es procedente revivir escenarios ya concluidos y cerrados dentro del proceso.
Como es bien sabido, la preclusi�n de etapas procesales reza que �cada tr�mite o actuaci�n procesal habr� de cumplirse en las etapas previstas, en los tiempos y oportunidades establecidos por la legislaci�n adjetiva, los cuales por ser obligatorios para el juez y las partes e intervinientes procesales impiden volver a realizar un acto procesal, as� sea con el pretexto de mejorarlo o de integrarlo con elementos omitidos en la debida oportunidad.� Taxatividad por la cual, en principio, se hablar�a que la etapa pertinente para erguir una oposici�n f�rrea frente al quantum punitivo pactado entre el ente persecutor y el procesado, fuera la audiencia de verificaci�n de legalidad del preacuerdo, misma que en principio, es de acotar que se desarroll� de manera fraccionada en funci�n a que el togado de instancia velaba la id�nea representaci�n de las v�ctimas en el asunto, realiz�ndose la misma el 7 y 11 de Mayo de 2018 sin que en ning�n momento se tratara siquiera el tema relacionado a la pena fijada en contraprestaci�n del punible causado, siendo entonces el �nico punto de inconformidad, en un principio, la modalidad de reparaci�n del victimario para con las v�ctimas.
En tal sentido, es menester mencionar que para la Sala, aun previo a la estipulaci�n de la procedencia de la apelaci�n en funci�n a la calidad de v�ctima sobre el preacuerdo, que se halla un recurso carente de sentido frente a la etapa procesal en la cual se vierte, pues en esencia, debi� ejecutarse un m�nimo se�alamiento previo de inconformidad con tal t�pico, observando as�, que la disparidad al parecer surge de la inconformidad con la propuesta de reparaci�n como v�ctima de la recurrente, aspecto ante el cual, incluso sin acuerdo consensuado, con posterioridad a la ejecutoria de la sentencia condenatoria, posee el tr�mite de reparaci�n integral como mecanismo para alegar sus deprecaciones.
Ahora bien, aunado al tema de la preclusi�n de etapas procesales, se presenta un fen�meno que como fue mencionado anteriormente, con prelaci�n ha sido zanjado por la Corte Suprema de Justicia, siendo tal, la tem�tica atinente a la procedencia de la apelaci�n por parte de las v�ctimas ante sentencia condenatoria procedente de un preacuerdo, t�pico del cual, en principio, se expresa la separaci�n de tipos de preacuerdos, esto es, la estipulaci�n de dos categor�as de pactos, que en esencia, se definir�an como aquellos en los cuales en funci�n al acuerdo, la decisi�n del talante punitivo a asignar recae sobre el togado de instancia y en contraposici�n a este, aquel pacto en el cual el beneficio es la tasaci�n legal del quantum punitivo a cambio de la declaratoria de culpabilidad, acto �ltimo que, per se, excluye a los intervinientes a impetrar alzadas sobre la sentencia condenatoria con fundamento en el quantum punitivo de la misma, toda vez que el juez de instancia, al aprobar la verificaci�n de legalidad, se colige a ce�irse por las estipulaciones del libelo entregado por la Fiscal�a. En tal sentido, es evidente vislumbrar la improcedencia de la apelaci�n suscrita por la apoderada de la se�ora SR�, pues en esencia, el asunto de cargo se enmarca en la segunda hip�tesis de preacuerdos, es decir, en el caso que ocupa a esta Sala, la �nica consecuencia derivada del preacuerdo fue el marco de la pena a imponer, en tanto que el numeral cuarto de la mentada negociaci�n concluy� lo siguiente: CUARTO.- En virtud del presente preacuerdo la pena principal que se imponga a JESUS OLIVER MELO, oscilara entre 34.66 y 225 meses de prisi�n, sin contar las penas accesorias, pact�ndose una pena principal de 96 meses de prisi�n.- (�)� (Subrayado por la Sala) Virtud de lo cual, es evidente que en el presente preacuerdo, aparte de la preclusi�n de etapas referentes a su contraposici�n, opera de plano, que el l�mite la pena de prisi�n a imponer obtenido en funci�n a la declaratoria de culpabilidad es desde una perspectiva de dosificaci�n punitiva.
En el anterior escenario no es dable que esta Corporaci�n Tribunalicia revise de fondo el quantum punitivo impuesto cuando el mismo fue objeto de preacuerdo, pasando por alto la falta de legitimaci�n en la causa de las v�ctimas, como arriba se explic�, para recurrir dicho aspecto, razonamiento sobre el cual no resultaba procedente que la Juez de primera instancia conceda el recurso de apelaci�n en los t�rminos en los que fue sustentado, pues, se itera, la representaci�n de v�ctimas carec�a de legitimaci�n en la causa para el efecto.
Debe entonces la Sala proceder a asumir los correctivos del caso, para lo cual se denegar� el recurso de impugnaci�n interpuesto contra el fallo del 9 de julio de 2018. III. LA DECISI�N Por lo expresado, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,
RESUELVE
� 1�. �Denegar el recurso de apelaci�n interpuesto por la representaci�n de v�ctimas, contra la sentencia de 9 de julio de 2018 dictada por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto. 2�. �Esta decisi�n se notifica en estrados y se hace saber que en su contra no procede recurso alguno. Notif�quese y C�mplase, H�CTOR ROVEIRO AGREDO LE�N Magistrado Ponente BLANCA LIDIA ARELLANO MORENO Magistrada SILVIO CASTRILL�N PAZ Magistrado MIGUEL �NGEL S�NCHEZ ACOSTA Secretario C�digo General del Proceso, Art�culo 73: Derecho de postulaci�n. Las personas que hayan de comparecer al proceso deber�n hacerlo por conducto de abogado legalmente autorizado, excepto en los casos en que la ley permita su intervenci�n directa Art�culo 74 del C�digo General del Proceso. Articulo 77 del C�digo General del Proceso. El auto se suscribi� por parte del Dr. Franco Solarte Portilla, como Presidente de la Sala Penal de �ste Tribunal, dada la vacancia del cargo presentada conforme a la renuncia de quien fung�a como Magistrado Ponente. Ib�dem Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, Sala de Decisi�n de Tutelas, Providencia No. STP4470-2015 del 16 de Abril de 2015, Rad 79041, M.P. Eyder Pati�o Cabrera. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, Sentencia SP 8666-2017 del 14 de Junio de 2017, M.P. Patricia Salazar Cuellar. Ver, entre otros, los casos Vel�squez Rodr�guez (fundamento 166), Sentencia del 29 de julio de 1988 y Barrios Altos (fundamento 43), Sentencia de 14 de Marzo de 2001 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde la Corte resalta como contrarios a la Convenci�n Americana aquellos instrumentos legales desarrollados por los Estados partes que le nieguen a las v�ctimas su derecho a la verdad y a la justicia. Casi todos los sistemas jur�dicos reconocen el derecho de las v�ctimas de un delito a alg�n tipo de reparaci�n econ�mica, en particular cuando se trata de delitos violentos.
Esa reparaci�n puede ser solicitada bien dentro del mismo proceso penal (principalmente en los sistemas romano germ�nicos) o bien a trav�s de la jurisdicci�n civil (generalmente en los sistemas del common law). Ver Pradel, Jean. Droit P�nal Compar�. Editorial Dalloz, 1995, p�ginas 532 y ss. Corte Constitucional, Sentencia C-370 de 2006, M.P. Manuel Jos� Cepeda Espinosa, Jaime C�rdoba Trivi�o, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, �lvaro Tafur Galvis, Clara In�s Vargas Hern�ndez. CSJ SP 15 oct. 2014 Rad. 42184 Sentencia SP13350-2016 del 20 de septiembre de 2016, Mg.
P. Jos� Luis Barcel� Camacho. Sentencia SP13350-2016 del 20 de septiembre de 2016, Mg. P. Jos� Luis Barcel� Camacho. Sentencia SP13350-2016 del 20 de septiembre de 2016, Mg. P. Jos� Luis Barcel� Camacho. Sentencia T-212 del 2001, Corte Constitucional, Mg. P. Jaime Araujo Renter�a. �Sabido es, que �la preclusi�n� es uno de los principios fundamentales del derecho procesal y que en desarrollo de �ste se establecen las diversas etapas que han de cumplirse en los diferentes procesos, as� como la oportunidad en que en cada una de ellas deben llevarse a cabo los actos procesales que le son propios, trascurrida la cual no pueden adelantarse.
En raz�n a �ste principio es que se establecen t�rminos dentro de los cuales se puede hacer uso de los recursos de ley, as� mismo, para el ejercicio de ciertas acciones o recursos extraordinarios, cuya omisi�n genera la caducidad o prescripci�n como sanci�n a la inactividad de la parte facultada para ejercer el derecho dentro del l�mite temporal establecido por la ley.� Sentencia AP5911-2015 Rad.
No. 46109, Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, Mg. P. Fernando Alberto Castro Caballero. Folio 54 Proceso N�: 520016116211201700228-01 No. Interno: 24579 Conducta Punible: Homicidio Acusado: JORM P�gina PAGE 20 de 34 (4EZh��) * 4 5 P L M O P \ ] ^ h j k l m | � ����������÷ë���znznbnzTFnh�e�hf_�5�@���CJaJh�e�h)Lr5�@�CJaJh�e�hW4Y5�CJaJh�e�hf_�5�CJaJh�e�h�z�5�CJaJh�e�h)Lr5�@���CJaJh�e�h�CJaJh�e�h��5�CJaJh�e�hM"f5�CJaJh�e�h�5�CJaJh�e�h)Lr5�CJaJh�e�h)Lr0J#CJaJhA-(0J#CJaJh�e�hA-(0J#CJaJh�e�h�x0J#CJaJ��) * O P j m ����01������������������dhgd�D� $dha$gd�D�d�&dP��gd�J�d�gdt]�$a$gd6$a$gdW4Y$a$gdK$a$gd�$a$gd�x� � � � Pbt{��������&p���������������縬�������w�i[ODh�e�hKcCJaJh�pJhKc5�CJaJh�pJh�B�0J#5�CJaJh�pJhC�0J#5�CJaJh�e�hC�CJaJh�e�h�g�CJaJh�e�h�x#CJaJh�e�ht]�CJaJhb#�5�CJaJh�e�ht]�5�CJaJh�e�h6CJaJh�e�h|S5�CJaJh�e�h5Zi5�CJaJh�e�hN:�5�CJaJh�e�h05�CJaJh�e�hW4Y5�CJaJ�� ! # $. 7 ^ _ t w � � � � � � � � � � 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lista^B@�^�D�Texto independiente$dha$CJaJmH sH n�/��n�D�Texto independiente Car(CJOJPJQJ^J_HaJmH sH tH R�/��R39�T�tulo 3 Car"5CJOJQJ\^JaJmH $sH $h^@"h�%�0Normal (Web)�d�d7$8$[$\$ CJOJPJQJ^JaJmH sH.@2.z�0�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Car Car,Footnote Text CharCJPJ^JaJmH sH tH��/��A�z�DTexto nota pie Car,Footnote Text Char Car,ft Car Car Car,ft Car Car1OJPJQJ^JmH $sH $ �/��Q z�0�Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car CarOJQJ^JmH sH &`��az�0�Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Ref,de nota al pie,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,f,FZ,4_GH*^J<r<u`� Encabezado ��8!X�/���Xu`�Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH B @�Bu`� Pie de p�gina ��8!^�/���^u`�Pie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH 8)`���8�h�N�mero de p�ginaL��L�*�Texto de globoCJOJQJ^JaJ`�/���`�*�Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH �/���]k��Footnote Text Char1,Footnote Text Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char Char1,Footnote reference Char,FA Fu Char,texto de nota al pie Char,Footnote Text Char Char Char Char1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car CharCJOJQJmH sH tH h�/���h�TPUNICO$$���p�p1$7$8$H$`��a$ OJQJ^J_HaJmH sH tH n�n�P P�rrafo de lista ��7$8$^��m$ CJOJPJQJ^JaJmH sH,X ��,��@�nfasis6�]�:U ��!:��0Hiperv�nculo >*ph�>W`��1>@q`Texto en negrita5�\�PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� 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