Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Pasto

Radicado: 526836000534201600039-1

Sala: SALA PENAL

Ponente: Héctor Roveiro Agredo León

��ࡱ�>�� 47����123������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Y� ���Bbjbj[�[� ;�9� \9� \�07 ����������?$X�$@�$�$�$�����$�$�$8#%��&��$UX��'�'�'�'�'�() )�W�W�W�W�W�W�W$ Z��\��W�$)�(�())�W�$�$�'�'4X�+�+�+)��$�'�$�'�W�+)�W�+�+r.�.�'����p`ނ�d�����*j�.�W%X0UX�.,s]o*s]�.�.�s]�$�/())�+)))))�W�Wo+�)))UX))))��������������������������������������������������������������������s])))))))))�M #: $PREVALENCIA DEL INTER�S SUPERIOR DEL MENOR - Protecci�n de los Derechos Fundamentales y deber de las autoridades de garantizar su tutela.

DECLARACI�N DE MENOR ANTERIOR AL JUICIO ORAL � PRUEBA DE REFERENCIA: Admisibilidad de ingreso al juicio como prueba de referencia, en eventos relacionados con delitos contra la libertad, integridad y formaci�n sexuales, para evitar su re victimizaci�n. PRUEBA DE REFERENCIA - Reglas para el ingreso a la audiencia de juicio oral de entrevistas o declaraciones como prueba de referencia, cuando el testigo no est� disponible f�sicamente.

TESTIMONIO DE MENOR V�CTIMA DE ABUSO SEXUAL � VALORACI�N: El an�lisis debe realizarse conforme las reglas de la sana cr�tica o persuasi�n racional y en conjunto con los dem�s medios de prueba. TESTIMONIO DE MENOR V�CTIMA DE ABUSO SEXUAL � VALORACI�N: Estudio de factores objetivos que permiten verificar perif�ricamente el asunto, para afirmar o disminuir su credibilidad.

IN DUBIO PRO REO - El grado de certeza lo excluye de plano. Al tratarse de una menor v�ctima de abuso sexual, quien no dio testimonio en la audiencia de juicio oral por recomendaci�n del defensor de familia, en aras de garantizar el inter�s superior, el principio Pro Infans y evitar la re victimizaci�n, es procedente la admisibilidad de la prueba de referencia, en este caso, la declaraci�n rendida por la menor, la cual fue descubierta y ofrecida por la Fiscal�a para que en eventual situaci�n pudiera ingresar al momento de la pr�ctica probatoria en tal audiencia y que fue debidamente introducida mediante el investigador entrevistador; declaraci�n que valorada seg�n la sana critica o libre apreciaci�n probatoria, junto con otros medios de conocimiento, como testimonios y la existencia de varios elementos de corroboraci�n perif�rica, permiten llegar a la certeza necesaria acerca del delito y la responsabilidad penal del acusado, haciendo procedente proferir sentencia condenatoria.

RECLUSI�N DOMICILIARIA U HOSPITALARIA POR ENFERMEDAD MUY GRAVE � Requisitos. No hay lugar a conceder este sustituto penal en favor del procesado, quien deber� purgar la pena en el establecimiento carcelario, siendo que no cumple los presupuestos, pues si bien presenta una enfermedad compleja, el m�dico legal no concept�a que sea muy grave ni que haga imposible su vida en reclusi�n. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N PENAL Magistrado Ponente: Dr. H�ctor Roveiro Agredo Le�n Proceso N� : 526836000534201600039-1 No. Interno: 19738 Conducta Punible: Acto Sexual con menor 14 a�os Acusado: JAMP Decisi�n: Confirma sentencia condenatoria Aprobado: Acta N� 10 de 30 de mayo de 2019 San Juan de Pasto, cinco de junio de dos mil diecinueve (Hora: 9:00 a.m.) I. OBJETO DEL PRONUNCIAMIENTO Decide la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por el defensor de JAMP, contra la sentencia de 24 de octubre de 2017, dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pasto, que lo conden� como autor del delito de acto sexual con menor de 14 a�os, en concurso homog�neo, imponi�ndole como pena principal ciento cincuenta (150) meses, y a la pena accesoria de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por un t�rmino igual al de la pena principal. 1.

Supuestos f�cticos De acuerdo a los elementos materiales allegados en la carpeta y en especial del testimonio rendido por la se�ora APJ, madre de la menor MFGJ, quien para la �poca de los hechos contaba con 4 a�os de edad, se indica que su hija fue v�ctima de continuos tocamientos en partes �ntimas por parte de JAMP, situaci�n dada a conocer por la menor el 19 de febrero de 2016.

Lo anterior durante el a�o en que la menor se encontraba adscrita a la guarderia afiliada al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar � que funcionaba en un inmueble habitado por el mentado ciudadano ubicado en el municipio de Sandon�. 2. Actuaci�n procesal y sentencia recurrida 2.1. Conforme a la informaci�n obrante en el l�belo se sabe que el 28 de octubre de 2016, ante el Juzgado Promiscuo Municipal con Funci�n de Control de Garant�as de Sandon� (Nari�o), por solicitud de la Fiscal�a 20 seccional CAIVAS, se formul� imputaci�n a titulo de dolo, del delito consumado de acto sexual abusivo con menor de catorce a�os en contra de JAMP, imponi�ndose la medida de aseguramiento de detenci�n preventiva en el lugar del domicilio.

El 23 de enero de 2017 ante el Juzgado Segundo Penal Municipal con Funci�n de Control Garant�as de la Ciudad de Pasto, se llev� a cabo audiencia de formulaci�n de acusaci�n, efectu�ndose por parte de la fiscal delegada el descubrimiento probatorio pertinente para afirmar con probabilidad de verdad que el acusado es autor a t�tulo de dolo del concurso homog�neo de conductas punibles del delito de Acto Sexual Abusivo con menor de catorce a�os, contemplado en el art�culo 209 del C�digo Penal, cuya pena oscila entre los 9 y 13 a�os de prisi�n (Fls. 87-8).

A continuaci�n, esto es, el 22 de febrero de 2017 se dio inicio a la audiencia preparatoria (Fl. 10-13), la que suspendida por la judicatura se reanud� el 28 de febrero de 2017 (Fl. 23-32). Fijada como fecha de celebraci�n de la audiencia de juicio oral el 17 de abril del mismo a�o se llev� a cabo (Fl. 55-68), para as� llegar a la emisi�n de la sentencia apelada (Fl. 72-94). 2.2 En el fallo materia de revisi�n, la funcionaria de primera instancia, despu�s de individualizar al procesado y aludir a sus antecedentes penales, relat� de manera breve el tr�mite surtido, haciendo alusi�n a los alegatos finales de las partes.

Seguidamente, tras recordar la tipificaci�n del delito por el cual se acus� al procesado, procedi� a plasmar las consideraciones del caso, remembrando en primer lugar los hechos que fueron objeto de estipulaciones probatorias, esto es, i) la plena identidad de la menor y el procesado; ii) que en la casa de habitaci�n de propiedad del acusado funcionaba el jard�n � al que la menor acudi� por un a�o y medio, del cual se retir� el 19 de febrero de 2016; iii) que la encargada del jard�n, hija del procesado, recog�a a la menor en su casa de habitaci�n y la iba a dejar en horas de la tarde, en oportunidades en una motocicleta conducida por el se�or MP; iv) que la menor recib�a un trato especial en consideraci�n a su timidez y retraimiento; v) que entre la encargada del jard�n y la madre de la menor exist�a una buena relaci�n; y vi) que a la menor se le ense�� a llamar al se�or MP �pap� J�, tal como lo hac�an los dem�s ni�os usuarios del jard�n. Seguidamente hizo alusi�n a la prueba de referencia, indicando que aunque la Fiscal�a hab�a llamado a la menor v�ctima para que rindiera testimonio en el juicio, se presentaron varias circunstancias que llevaron a que el psic�logo que concurri� a la audiencia como garante para efectuar la diligencia, conceptuara que atendiendo al estado emocional de MFGJ no era pertinente que se rinda la declaraci�n, pues, se encontraba en proceso de superar el trauma, hecho que llev� a que el ente acusador deba recurrir a la entrevista rendida ante polic�a judicial.

Explic� que para el caso resultaba admisible la prueba de referencia surgida en el curso de la audiencia de juicio oral en tanto que se acreditaron los requisitos jurisprudenciales para ello, indicando que en el momento existen razones objetivas que permiten acreditar que no es posible que la testigo comparezca a la diligencia y que la entrevista que ahora se trae a colaci�n fue debidamente introducida mediante el testigo Cristian Alexis Tulc�n, investigador entrevistador.

Claro lo anterior procedi� a efectuar la valoraci�n probatoria, partiendo de lo expuesto por la menor en la entrevista rendida ante el investigador arriba mencionado con aplicaci�n del protocolo SATAC, misma en la que se depone por parte de la v�ctima que encontr�ndose en el jard�n infantil fue tomada por quien llama �pap� J� y le toc� sus partes �ntimas; indicando que al ser aquella la �nica que presenci� el suceso debe aplicarse la teor�a de la evidencia de corroboraci�n y la jurisprudencia nacional que indica que en trat�ndose de v�ctimas menores se deben valorar sus testimonios mediante las expresiones que expusieron ante otras personas.

As�, trajo a colaci�n los testimonios de la madre y la t�a de la menor, destacando que la primera indic� que en una oportunidad, tras recoger a su hija en el jard�n infantil, aquella le indag� sobre las razones por las que �pap� J� ten�a el �vicio� de tocarle sus partes �ntimas, hecho que le gener� sospechas sobre lo que podr�a estar pasando, y que momentos despu�s llev� a que junto con su hermana se indague a la menor sobre las razones que le llevaban a elevar ese cuestionamiento, ante lo que se les inform� por parte de la menor que el mentado ciudadano la tocaba sus genitales debajo de la ropa y que lo hac�a con las manos sucias, entre otros comportamientos.

Destaca que seg�n lo expuesto por la madre de la menor para la �poca su hija presentaba miedo para ir a la guarder�a y al ba�o, as� como trastornos en el sue�o. De otra parte trae a colaci�n el testimonio de la t�a de la v�ctima, quien confirma que el 19 de febrero lleg� a su casa su hermana a comentarle lo que la menor le hab�a contado y que aquella a su vez tambi�n lo hizo.

As� mismo, que JG dio a conocer comportamientos de la menor como el de manipularse los genitales, retraimiento y dificultad para relacionarse con los dem�s ni�os. En ese punto concluy� que aunque la defensa refuta el dicho de la menor, tach�ndola de mentirosa, no lo hace con relaci�n al dicho de la madre y la t�a de la misma, aunado a que no se prob� la existencia de una enemistad que sirva de detonante para elevar tal acusaci�n, pasando a citar jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia sobre el t�pico.

A continuaci�n refiri� que el relato de la menor goza de confirmaci�n con las dem�s pruebas, pues el mismo se repite no solo ante las familiares de la misma ante los peritos, pues el mismo dicho la menor lo repiti� ante la psic�loga que la atendi� en el Hospital Clarita Santos ESE de Sandon� el 19 de febrero de 2016, profesional que destac� que en el examen mental se encuentran sentimientos de tristeza al presentar el relato de los hechos, y ante la m�dico que efectu� el examen f�sico.

A la par con lo anterior trajo a colaci�n lo expuesto por el profesional que adelant� la valoraci�n psicolog�a forense, misma que se llev� a cabo casi un a�o despu�s de que la menor diera a conocer los hechos, y quien indic� que aquella en principio se desenvolvi� con fluidez pero que al hacer referencia a los hechos materia de investigaci�n mostr� incomodidad y deseo de evadir el tema, y que despu�s, a trav�s de los m�todos respectivos, indic� que fue v�ctima de tocamientos.

Adem�s, que a pesar de no recordar algunas cosas, como el nombre del jard�n en el que estudiaba, al indagarse sobre si alguien hab�a efectuado tocamientos en su cuerpo, respondi� de manera afirmativa indicando que lo hizo �pap� J�. Retomando las pruebas aportadas por la defensa, concluy� que las mismas no pueden desquiciar las pruebas de cargo, pues lo mismos se traducen en los testimonios de la esposa e hija del acusado quienes son coincidentes en negar contacto alguno de MP con la menor, pues, afirman aquella siempre estuvo acompa�ada por quienes laboraban en el jard�n infantil por el cuidado especial que le pregonaban y la inexistencia de espacios en los cuales pueda darse tales actuaciones; sin embargo, para el a quo, se evidenci� en su dicho la necesidad de proteger a su familiar, y que el dicho de la defensa respecto de la ausencia de espacio para cometer el il�cito se desdibuja con el hecho de que para cometer el delito no se necesita mucho tiempo, aunado a que se comprob� que el procesado ten�a pleno domino de las instalaciones del jard�n infantil y que pudo aprovecharse de la confianza que le pregonaban las personas que laboraban en dicho lugar.

As�, explic� que la prueba incriminatoria elimina toda duda razonable sobre la responsabilidad del acusado frente a la conducta t�pica, encontr�ndose acreditados todos los elementos estructurales del delito endilgado. 2.2.1. En la dosificaci�n de la pena, al encontrar que no se imput� una circunstancia de mayor punibilidad resolvi� partir del cuarto m�nimo que oscila entre 108 a 156 meses.

Seguidamente indic� que el actuar delictivo se desarroll� en franco aprovechamiento de la confianza de una entidad estatal, as� sea en forma indirecta, y la de su familia, se ocasion� un da�o real y potencial, as� mismo, hizo alusi�n a la necesidad de la pena en aras de evitar que otros menores sean v�ctimas de sucesos similares, resolvi� imponer una pena de 114 meses, y que atendiendo a que se acredit� estar frente a un concurso homog�neo y sucesivo, deb�a incrementarse en 36 meses, quedando en un total de 150 meses de prisi�n. Seguidamente hizo alusi�n a los subrogados penales en tanto que en audiencia del 447 la defensa solicit� reclusi�n domiciliaria atendiendo al estado de salud del procesado, aportando para el efecto historia cl�nica que da cuenta del padecimiento de diabetes mellitus; sin embargo, el a quo refiri� que de lo indicado por el m�dico no se evidenci� que el estado de salud de MP no es incompatible con el tratamiento intramural, con lo que concluy� que lo procedente era ordenar su traslado al centro penitenciario correspondiente, no sin antes informar al INPEC para que tenga en cuenta las recomendaciones m�dicas efectuadas. 3.

Argumentos del recurrente y no recurrente 3.1. Defensa de JAMP El representante judicial del condenado apela la decisi�n de primera instancia buscando que se revoque a favor de su prohijado la condena impuesta por el Juzgado de conocimiento. Al efecto, tras recodar los hechos objeto del proceso penal, el tr�mite impartido y la valoraci�n probatoria efectuada por el juez de primera instancia, sent� sus argumentos de disidencia. As�, comienza por indicar que en el proceso se presentaron irregularidades durante el decreto probatorio, pues en la audiencia preparatoria solicit� que se declare la ilegalidad de la entrevista practicada por polic�a judicial a la menor pues no cumpli� con los requisitos legales exigidos para el efecto, entre ellos, que se haya adelantado con c�mara de Gesell, grabada en medio audiovisual, frente a un profesional especializado y que se le tome juramento al menor, elementos jurisprudenciales exigidos para su legalidad, pero que su pedimento se neg� por el Juzgador ordenando su pr�ctica en el juicio oral.

A continuaci�n refiere que llegado el juicio oral, profesionales conceptuaron que, atendiendo al estado emocional de la menor, no era pertinente que rinda testimonio, por lo que con base en el art�culo 438 literal b del CPP, el ente acusador solicit� la incorporaci�n de la entrevista rendida por la victima ante polic�a judicial, autoriz�ndose por la juzgadora sin que se d� la oportunidad de recurrir la determinaci�n, pasando a citar jurisprudencia respecto de la prueba de referencia, en especial la radicado No. 44950 de 2017 de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, que a su juicio, trat� un caso similar.

Finalizado lo anterior procedi� a emitir consideraciones sobre la autor�a del punible endilgado, indicando que no se demostr� m�s all� de toda duda razonable su comisi�n, pues, las pruebas aportadas por la fiscal�a no fueron suficientes y que por el contrario rayaron dentro de la contradicci�n entre s�. Para sustentar lo anterior indic� que aunque de manera inicial la menor se�al� que �pap� J� manipulaba sus genitales en el hogar infantil en presencia de su dem�s compa�eros, cuando se encontraba en el cuarto de pinturas, cuando el psic�logo forense le indag� si conoc�a a �J� indic� que es el hijo de la Virgen Mar�a, y que cuando se le pregunt� sobre el momento en el que ocurrieron los hechos primero dijo que cuando no estaban haciendo nada, y despu�s, que cuando �J� la tocaba estaban presentes las profesoras.

Explica que de otra parte, los testimonios aportados por esa defensa lograron acreditar que el procesado no tuvo contacto con los menores, pues, cuando aquel sal�a de su casa a trabajar los ni�os aun no llegaban y cuando regresaba de sus labores, ya se hab�an marchado a sus hogares, sumado a que el lugar cuando estaban los infantes, se encontraba rodeado de muchas personas, por lo que no pudo tener ocurrencia el hecho afirmado.

Agotado lo anterior procedi� a referirse a las circunstancias de menor punibilidad que debieron rodear a MP, explicando que se trata de una persona medianamente culta, con instrucci�n de primero de primaria, que no sabe leer, que se dedica a laborar con una carreta de tracci�n animal y que compareci� voluntariamente al proceso, circunstancias todas contenidas en el art�culo 55 del estatuto penal y que no fueron tenidas en cuenta por la a quo al momento de efectuar la dosificaci�n respectiva.

Finalmente, la defensa rememora la actual situaci�n de salud del procesado, referente a diabetes mellitus tipo II, que ha desmejorado sus condiciones f�sicas y que implica cuidados continuos a la hora de estabilizar el nivel de az�car en su sangre, situaci�n que se ve altamente afectada si este se somete a un establecimiento carcelario, pues para hacer dicha medici�n debe saber leer, por lo que le resulta imposible si en cuenta se tiene que sumado a lo anterior en la actualidad est� perdiendo su capacidad visual.

Adem�s, refiere que por la misma condici�n debe estar en continua valoraci�n por parte de personal m�dico general y especializado, con lo que encuentra cumplidos los requisitos m�nimos contenidos en el art�culo 68 del c�digo penal, referente a reclusi�n domiciliaria por enfermedad hospitalaria, al igual que la sustituci�n carcelaria contenida en el art�culo 314 de la ya citada norma correspondiente al estado grave de enfermedad.

Como consecuencia de lo expuesto, solicita se revoque en su integridad el fallo proferido el 24 de octubre de 2017 por el juzgado segundo penal del circuito, y se ordene la libertad inmediata del se�or JAMP. 3.1. Fiscal�a 20 seccional CAIVAS El delegado de la Fiscal�a, como no recurrente, se pronuncia frente al recurso presentado por la defensa MP solicitando que se mantenga inc�lume la decisi�n adoptada en primera instancia. Para el efecto, despu�s de rememorar los puntos objeto de inconformidad del recurrente se pronuncia sobre cada uno de ellos as�.

Con relaci�n a la prueba de referencia indica que para el caso, la entrevista adelantada con la menor se llev� a cabo por parte de personal de la polic�a judicial conocedor del protocolo SATAC, en un lugar donde se garantiz� todos sus derechos y plasm�ndola por escrito con la presencia de la autoridad de familia, esto es, con el cumplimiento de los requisitos del art�culo 206A, misma que en la audiencia no se decret� como prueba de referencia al haberse ofrecido el testimonio directo de la menor.

Indica que aunque despu�s se ofreci� como prueba de referencia, la entrevista de la menor siempre estuvo llamada en el proceso penal, esto, desde la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, como medio para refrescar la memoria. Adem�s, indica que en el caso se cumplieron los presupuestos del art�culo 438 del CPP para decretarse la prueba de referencia sobre la entrevista de la menor, pues, con base en circunstancias que el mismo defensor pudo percibir, su testimonio no pudo llevarse a cabo.

Ya refiri�ndose a la existencia de medios de convicci�n para llegar a una sentencia condenatoria explic� que la a quo, para emitir su decisi�n, no solo se bas� en la entrevista de la menor, sino que tuvo en cuenta los testimonios de la madre y la t�a de la v�ctima, as� como del funcionario de polic�a judicial, la psic�loga y m�dico general del hospital Clarita Santos, as� como del perito forense.

En l�nea con lo anterior, que el defensor no aport� material probatorio que permita desvirtuar o poner en duda la decisi�n condenatoria en tanto que s�lo se limita a decir que la v�ctima es divergente y contradictoria porque no precisa cuantas veces se realizaron los actos ni la �ltima vez en que ocurrieron. Finalmente, en lo que ata�e a la dosificaci�n de la pena y los beneficios en favor del procesado, indic� que la primera se hizo conforme a los par�metros legales, y que aunque no se hizo alusi�n a la presencia de atenuantes la sola ubicaci�n en el cuarto m�nimo permiten inferir su reconocimiento.

En cuanto a lo segundo y en espec�fico a la reclusi�n domiciliaria, explic� que a pesar del agotamiento de todos los requerimientos por el defensor, medicina legal concluy� que la enfermedad que padece MP no se encuentra dentro de los par�metros legales para ser clasificada como grave, requisito que la norma exige para acceder a dicho pedimento.

II. CONSIDERACIONES 1. Competencia Esta Corporaci�n es competente para desatar el recurso de apelaci�n interpuesto por la defensa de JAMP contra la sentencia del 24 de octubre de 2017 emitida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pasto (Nari�o), conforme a lo dispuesto en el numeral 1� del art�culo 33 de la Ley 906 de 2004. 2. El problema a resolver De conformidad con los planteamientos expuestos por la defensa en su escrito, indica que en el presente proceso penal no se ha demostrado m�s all� de toda duda razonable la existencia del delito como la responsabilidad del acusado, de acuerdo a los medios de prueba que se han allegado, y es el problema que se va a resolver en la presente decisi�n. Debe la Sala entrar a examinar si la inconformidad manifestada, tiene soporte probatorio o jurisprudencial que la avale y pueda prosperar, o por el contrario, carece del mismo y deba entonces confirmarse la decisi�n. Un segundo problema a resolver, est� determinado si se ha demostrado, que el se�or MP, es acreedor de la prisi�n domiciliaria dado su estado de salud. 3.

Asunto previo Lo primero que se debe precisar, es que con ocasi�n al principio de competencia funcional en el recurso de apelaci�n, la Sala solo se debe pronunciar con ocasi�n a los temas objeto de impugnaci�n y a los inescindiblemente vinculados a �stos, conforme lo ha dicho la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia en radicado SP 45223 de 20 de abril de 2016. Bajo este rigor, la Sala abordar� cuatro temas: i) Prueba de Referencia en los eventos que los menores son v�ctimas de delitos sexuales; ii) valoraci�n del testimonio del menor; iii) la dosificaci�n punitiva realizada; y iv) la reclusi�n domiciliaria y hospitalaria por enfermedad grave. 4.

De la Prueba de Referencia en los eventos que los menores son v�ctimas de delitos sexuales y su aducci�n. La prueba en el procedimiento oral que nos rige est� basada en los principios de publicidad, contradicci�n e inmediaci�n, que permiten un desarrollo l�gico en la pr�ctica probatoria, en aras de construir la verdad que las partes pretenden y es por ello que frente al juez debe realizarse este procedimiento de aducci�n de los medios de prueba, quien adem�s de obtener el conocimiento que le brindan, ejerce un control sobre la forma como se produce la prueba, lo anterior significa que lo caracter�stico es que la prueba se practique frente al juzgador.

Ese derecho a la confrontaci�n, que se encuentra en normas internacionales como es la Convenci�n Americana de Derechos Humanos art�culo 8, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol�ticos en el art�culo 14, normas que conforman el bloque de constitucionalidad, que se encuentran en el art�culo 29 de la Carta Pol�tica, que da derecho a controlar el interrogatorio del testigo, a interrogar y contrainterrogar los testigos de cargo, se encuentra desarrollada como norma rectora en el art�culo 8 de la ley 906 de 2004.

Como venimos de un procedimiento escrito, aun en este sistema oral todo se pretende conservar en documentos, los cuales solo deber�an servir para preparar las audiencias de juicio oral, es claro que las declaraciones vertidas en estos documentos no son prueba, entonces una regla general es que los documentos en los que se contiene declaraciones no ingresan como medio probatorio en el juicio oral.

En otras palabras, el testigo debe ir a declarar a la audiencia de juicio oral. Esta regla tiene excepciones, y es la prueba de referencia, cuya producci�n no se realiza frente al juez, tiene admisibilidad excepcional y menguado su poder suasorio. Ha dicho nuestra Alta Corporaci�n, sobre este tema, en radicado 50723 del 16 de mayo de 2018: �Es preciso desatacar que la admisi�n de la prueba de referencia es de car�cter excepcional, vinculada a las causales taxativas dispuestas en el art�culo 438 del C�digo de Procedimiento Penal.

En este sentido es preciso se�alar, que la excepcionalidad de la prueba de referencia obedece a su poca confiabilidad y al aumento de los riesgos en su valoraci�n, producidos por: (i) la ausencia de inmediaci�n objetiva y subjetiva, (ii) la imposibilidad de confrontar al testigo directo y, (iii) la falta de an�lisis por parte del juez de los procesos de percepci�n, rememoraci�n y sinceridad del deponente.� La figura de la prueba de referencia, tiende a confundirse con el testigo de o�das, no cabe duda que se trata de una prueba indirecta, aunque se ha dicho puede el testigo dar a conocer hechos de los cuales tuvo un conocimiento directo.

El art�culo 437 de la ley 906 de 2004, determina su concepto como: Se considera prueba de referencia toda declaraci�n realizaba fuera del juicio oral y que es utilizada para probar o excluir uno o varios elementos del delito, del grado de intervenci�n en el mismo, las circunstancias de atenuaci�n o agravaci�n punitivas, la naturaleza y extensi�n del da�o irrogado y cualquier otro aspecto sustancial objeto del debate, cuando no sea posible practicarla en el juicio.

La prueba de referencia es una de las formas de utilizar los documentos anteriores al juicio, y tiene como caracter�sticas, que se trata de una declaraci�n vertida por fuera; su finalidad es probar elementos del delito, y el testigo no est� disponible f�sicamente para ir a la audiencia de juicio oral, es por ello que la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia en radicado 46814 del 27 de junio de 2018 expreso: �Seg�n jurisprudencia de la Sala, la mencionada prueba debe reunir los siguientes elementos: �(i) una declaraci�n realizada por una persona fuera del juicio oral, (ii) que verse sobre aspectos que en forma directa o personal haya tenido la ocasi�n de observar o percibir, (iii) que exista un medio o modo de prueba que se ofrece como evidencia para probar la verdad de los hechos de que informa la declaraci�n (testigo de o�das, por ejemplo), y (iv) que la verdad que se pretende probar tenga por objeto afirmar o negar aspectos sustanciales del debate (tipicidad de la conducta, grado de intervenci�n, circunstancias de atenuaci�n o agravaci�n punitivas, naturaleza o extensi�n del da�o causado, entre otros)�.

(CSJ SP 6 de marzo de 2008, rad. 27477; AP, 25 de mayo de 2015, Rad. 45578, reiterada en AP, 25 de enero de 2017, Rad. 48131)� En este orden de ideas, la prueba de referencia admisible solo ser� la que contiene una declaraci�n sobre aspectos que de forma directa conoci�, tal como lo indica el art�culo 402 de la ley 906 de 2004, lo que ha tenido la oportunidad de observar o percibir de forma directa y personal.

Estas son las reglas para que las entrevistas o declaraciones juramentadas puedan ingresar al momento de la audiencia de juicio oral como prueba de referencia, cuando el testigo no est� disponible f�sicamente. Con la expedici�n de ley 1652 de 2013, norma especial para la realizaci�n de entrevistas y testimonios de los menores v�ctimas de los delitos contra la libertad, integridad, y formaci�n sexuales, se procura dar protecci�n a aquellos en virtud del principio pro infans, para evitar enfrentarse a su agresor o que cause re victimizaci�n, es por ello que convertida la entrevista forense en material probatorio, pueda ingresar como prueba de referencia. La Corte Constitucional, luego de indicar los instrumentos internacionales en donde se establece la protecci�n a los menores y que hacen parte del bloque de constitucionalidad, en sentencia C-177 de 2014 indica: �5.4.

Trat�ndose de menores de edad v�ctimas de cualquier clase de abusos, existe la obligaci�n de adoptar medidas adecuadas para protegerlos, m�s a�n cuando en procura de sus derechos o intereses hay lugar a adelantar cualquier actuaci�n judicial o administrativa, debiendo ser siempre protegidos en cualquiera de sus etapas, claro est�, sin que ello lleve indefectiblemente al detrimento de otros valores o principios constitucionales, como ya se indic�.

Se erigen as� una serie de garant�as, no solo por la prevalencia de los derechos de los menores de edad, sino en la imperiosa obligaci�n de adoptar medidas para su protecci�n en todos los �mbitos, incluido el proceso penal, cuando sean v�ctimas de delitos aberrantes (cfr. art. 8� Protocolo Facultativo de la Convenci�n sobre los Derechos del Ni�o, relativo a la venta de ni�os, la prostituci�n infantil y la utilizaci�n de ni�os en pornograf�a).� Aunado a ello, el art�culo 44 de la Carta Pol�tica, refiere el trato preferente que se debe dar a los menores y su protecci�n contra cualquier situaci�n que pueda afectar su salud f�sica o sicol�gica, como parte del llamado inter�s superior del menor.

En consecuencia, lo que el legislador penal ha querido es que si se demuestra que al acudir a la audiencia oral se presenta una real re victimizaci�n, pese a estar presente el menor, pueda ingresar su entrevista como prueba de referencia; diferente cuando se trata de adultos de quienes debe demostrarse la imposibilidad f�sica de asistir para aceptar aquel documento como prueba de referencia. Tenemos que con la Ley 1652 de 2013, se ha autorizado para que en los eventos de menores y con el prop�sito de no ser re victimizados, ingrese la entrevista forense realizada como prueba de referencia. Sobre este t�pico la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, en radicado 43866 del 16 de marzo de 2016, con ponencia de la doctora Patricia Salazar, expuso: �Este tema ha sido ampliamente desarrollado por la jurisprudencia nacional, tanto de la Corte Constitucional como de esta Corporaci�n. En la sentencia CSJ SP, 28 Oct. 2015, Rad. 44056 la Sala hizo las siguientes precisiones sobre el particular: De tiempo atr�s la jurisprudencia ha decantado las razones de orden constitucional que justifican la admisi�n de las declaraciones anteriores de ni�os abusados sexualmente, en orden a evitar que sean nuevamente victimizados con su comparecencia al juicio oral.

El tema ha sido tratado a profundidad por la Corte Constitucional, entre otras, en las sentencias T-078 de 2010 y T-117 de 2013, y por esta Corporaci�n en las sentencias CSJ SP, 18 May. 2011, Rad. 33651; CSJ SP, 10 Mar. 2010, Rad. 32868; CSJ SP, 19 Agos. 2009, Rad. 31959; CSJ SP, 30 Mar. 2006, Rad. 24468. La anterior doctrina fue consolidada por la Corte Constitucional en la sentencia C-177 de 2014, donde, de nuevo, hizo un completo recorrido por los tratados internacionales y las normas internas que consagran la obligaci�n del Estado de Proteger a los ni�os en el contexto del proceso penal, principalmente cuando han sido v�ctimas de abuso sexual.� Ahora, para determinar cu�l es el momento de la solicitud para que se admita la declaraci�n de un menor vertida en una entrevista forense como prueba de referencia, como ya se dijo, para evitar que sean re victimizados, si de esta situaci�n tiene conocimiento la fiscal�a, entrat�ndose de una prueba de cargo, la misma debe manifestarse antes de la realizaci�n de la audiencia preparatoria; es decir puede ser desde la presentaci�n del escrito de acusaci�n, puede ser en la audiencia preparatoria seg�n el caso y puede suceder que preparado el testigo, antes o en el mismo momento de ser practicado se presenta una situaci�n que no le permita rendir el testimonio, circunstancia sobre la cual su petici�n, sustentaci�n y decreto deber� efectuarse en el momento de la audiencia de juicio oral.

Igual es la situaci�n procesal para los adultos, si en la audiencia preparatoria se tiene conocimiento de que se configura una de las causales de admisi�n excepcional de la prueba de referencia, debe en ese momento presentarse la argumentaci�n tendiente a tal fin y si la causal se presenta con posterioridad, en el momento de la pr�ctica del testimonio se debe hacer la manifestaci�n y correspondiente petici�n probatoria. 5.

Valoraci�n del testimonio del menor. Establece el art�culo 372 de la ley 906 de 2004, que la finalidad que tienen las pruebas es llevar el conocimiento al juez, mismo que tiende a reconstruir lo f�ctico y que busca determinar o no la responsabilidad del acusado, cuyo grado debe ser m�s all� de toda duda razonable. (Concord. Art�culos 7 inc final y 381 ib�dem) Esta sistem�tica oral penal hace que la prueba testimonial tenga especial importancia como medio para que el Juez pueda obtener el conocimiento requerido y de esa forma tomar una decisi�n. Con motivo de la entrada en vigencia del sistema penal acusatorio, la Fiscal�a General de la Naci�n, coloc� en circulaci�n un manual probatorio llamado �La prueba en el Proceso Penal Colombiano�, que sobre la prueba testimonial se�ala: �La prueba testimonial est� concebida como �la exposici�n o relato que un tercero hace ante el juez sobre los hechos o circunstancias relacionadas directa o indirectamente con el delito que se investiga�46 Si partimos del hecho de que el fallador no presencia lo ocurrido, los testigos son �como los auxiliares del juez, son los ojos y los o�dos de la justicia�47�.

Sobre el mismo t�pico, el tratadista Jairo Parra Quijano, en su obra sobre el testimonio expresa: �El testimonio es un medio de prueba que consiste en el relato que un tercero le hace al juez sobre el conocimiento que tiene de hechos en general.�  Sobre esos dichos, resulta tan necesario este medio probatorio, que el legislador ha establecido que toda persona tiene el deber de brindar su declaraci�n cuando as� sea requerido, llevando dicho compromiso a la categor�a de obligaci�n solo exceptuada cuando se est� incurso en las situaciones establecidas en el art�culo 385 del procedimiento penal.

Es por ello que tambi�n el menor de edad debe declarar con las advertencias del art�culo 383 ib�dem, cuya pr�ctica se encuentra reglada en el art�culo 150 del c�digo de infancia y adolescencia, as�: �Los ni�os, las ni�as y los adolescentes podr�n ser citados como testigos en los procesos penales que se adelanten contra los adultos. Sus declaraciones s�lo las podr� tomar el Defensor de Familia con cuestionario enviado previamente por el fiscal o el juez.

El Defensor s�lo formular� las preguntas que no sean contrarias a su inter�s superior�. Al menor se lo rodea de garant�as para que rinda su declaraci�n normal, para lo cual se crea un escenario donde solo una persona especializada puede realizar las preguntas, y se busca que sea una persona de tal calidad, por cuanto el nivel de complejidad de las preguntas puede generar confusi�n o intimidaci�n en el menor, y en normas siguientes se se�ala la prohibici�n de exponer al menor frente a su agresor.

La ley 1652 de 2013 indica c�mo debe realizarse la entrevista a los menores, como debe ser la utilizaci�n de la c�mara gesell. Una vez recibida la declaraci�n al menor, se trata de un medio probatorio igual que los dem�s aducidos por lo que debe darse aplicaci�n a los art�culos 380 y 404 de la ley 904 de 2004, para valorar estas pruebas seg�n la sana cr�tica o persuasi�n racional y en conjunto con los dem�s medios de prueba.

La m�xima Corporaci�n se�ala que debe darse credibilidad al dicho del menor a trav�s de una valoraci�n bajo la lupa de la sana cr�tica; al respecto, en sentencia Radicado 42656 de 2017 explic�: �En cuanto a la credibilidad de las manifestaciones de los ni�os, la Sala ha clarificado el entendimiento equivocado que en ocasiones le han dado los operadores judiciales a una cita descontextualizada de la CSJ SP, 26 ene. 2006, rad. 23706, que �el dicho del menor, por la naturaleza del acto y el impacto que genera en su memoria, adquiere gran credibilidad cuando es la v�ctima de abusos sexuales�.

Ello porque no debe tomarse como un criterio de autoridad que siempre las manifestaciones de los menores merecen cr�dito, pues lo que corresponde al juez en cada caso es valorarlas bajo el tamiz de la sana cr�tica, integr�ndolas con los dem�s elementos de convicci�n. Ese cuidado especial permitir� no caer en los extremos de postular que los ni�os por su escasa capacidad o desarrollo cognitivo son f�cilmente sugestionables o se los puede utilizar como instrumentos para alterar la verdad, o de otro lado, que nunca mienten y que por eso debe cre�rseles a pie juntillas sus relatos.

Ciertamente, en decisi�n CSJ SP, 23 feb 2011, rad. 34568, se indic� que como cualquier testigo, los dichos de los menores deben examinarse de forma imparcial y sin prejuicios siguiendo los lineamientos del art�culo 404 de la Ley 906 de 2004 en cuanto a la naturaleza del objeto percibido, el estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, los procesos de rememoraci�n, el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el contra-interrogatorio, la forma de sus respuestas y su personalidad.

Tambi�n en sentencia CSJ SP, 11 may. de 2011, rad. 35080, se advirti� que en ciertas ocasiones, al igual que los adultos, los ni�os pueden mentir, tergiversar o alterar los hechos, atendiendo a alg�n inter�s o incluso por manipulaci�n de alguien, �pero lo que se debe entender superado es esa especie de desestimaci�n previa que se hac�a de lo declarado por los menores, solo en raz�n a su minor�a de edad.

Pero ello no significa que sus afirmaciones, en el lado contrario, deban asumirse como verdades incontrastables o indubitables�.� En consecuencia, el testimonio de los menores es una prueba m�s que se aduce al proceso penal, en procura de llevar ese conocimiento que requiere el Juez para dar su veredicto, y debe analizarse bajo el rigor de las reglas de la persuasi�n racional en igualdad de condiciones con las dem�s pruebas practicadas en la audiencia de juicio oral.

Con el advenimiento de la ley 1652 de 2013 se adicion� un art�culo a la norma procesal penal, art�culo 206A, con el fin de definir el procedimiento para realizar la entrevista forense a los menores, se�alando que se debe grabar o fijar por cualquier medio tecnol�gico, as� los literales d y e, indican: �d) La entrevista forense de ni�os, ni�as o adolescentes v�ctimas de violencia sexual ser� realizada por personal del Cuerpo T�cnico de Investigaci�n de la Fiscal�a General de la Naci�n, entrenado en entrevista forense en ni�os, ni�as y adolescentes, previa revisi�n del cuestionario por parte del Defensor de Familia, sin perjuicio de su presencia en la diligencia. En caso de no contar con los profesionales aqu� referenciados, a la autoridad competente le corresponde adelantar las gestiones pertinentes para asegurar la intervenci�n de un entrevistador especializado.

Las entidades competentes tendr�n el plazo de un a�o, para entrenar al personal en entrevista forense. En la pr�ctica de la diligencia el menor podr� estar acompa�ado, por su representante legal o por un pariente mayor de edad; e) La entrevista forense se llevar� a cabo en una C�mara de Gesell o en un espacio f�sico acondicionado con los implementos adecuados a la edad y etapa evolutiva de la v�ctima y ser� grabado o fijado en medio audiovisual o en su defecto en medio t�cnico o escrito;( )� Resulta importante destacar que lo pretendido es la protecci�n al menor cuando es v�ctima de un delito sexual, dadas las garant�as que se derivan del art�culo 44 parte final de la Carta Pol�tica, que su tenor literal establece: �La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligaci�n de asistir y proteger al ni�o para garantizar su desarrollo arm�nico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos.

Cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanci�n de los infractores�. 5.1. Caso concreto. Reclama la defensa en su memorial, que el ingreso de la entrevista de la menor MFGJ como prueba de referencia fue irregular bajo los siguientes postulados; i) que no se cumpli� con los requisitos del articulo 438 literal b) de la ley 906 de 2004; ii) que no se notific� para interponer los recursos, iii) que debi� incorporarse seg�n el literal e) del mencionado art�culo; iv) que dicho testimonio (sic) se solicit� para refrescar memoria o impugnar credibilidad; v) que la versi�n de la menor es contradictoria y en consecuencia genera dudas; y, vi) que no hay prueba de la existencia del delito ni de la responsabilidad del acusado.

Al respecto, el primer aspecto a aclarar por parte de la Sala es que lo ofrecido para impugnar credibilidad o refrescar memoria no es el testimonio, sino la entrevista, como as� se desprende de la lectura del articulo 392 literal d) y 393 literal b) del procedimiento penal. Para el caso, la fiscal�a, en audiencia preparatoria ofreci� para tal fin la entrevista de entre otros testigos, de la menor MFGJ, oportunidad en la que luego de hacer la enunciaci�n de sus elementos con vocaci�n probatoria, manifest� que: �si es necesario en la audiencia de juicio oral para refrescar memoria o impugnar credibilidad aclarar circunstancias de tiempo modo y lugar sobre los hechos o como prueba de referencia en el evento que alguno de los testigos se encuentre inmerso para la �poca del juicio en algunas de las circunstancias de que trata el articulo 438 el informe de investigador de campo�.la entrevista de la menor de siglas MFGJ.� Es la previsi�n normal que se debe hacer por cuanto hasta aquel momento procesal, la fiscal�a tiene el firme convencimiento que a la audiencia de juicio oral van a comparecer todos sus testigos, que estar�n disponibles para rendir la declaraci�n que se pretende; ahora s en alguno de ellos se presentan las causales de excepci�n del art�culo 438 ib�dem, puede la entrevista realizada al testigo tener la posibilidad de ingresar como medio de convicci�n. En este orden de ideas, la entrevista de la menor MFGJ, si fue descubierta y ofrecida para que en eventual situaci�n pudiera ingresar al momento de la pr�ctica probatoria en el juicio oral, contrario a lo manifestado por el se�or defensor.

Para abordar el segundo tema de la reclamaci�n presentada contra la sentencia de primera instancia, debemos armonizar esta inconformidad con otras de las argumentaciones de la defensa donde advera que la entrevista de la menor no cumple con los requisitos del art�culo 206A del procedimiento penal, que por ello solicit� su declaratoria de ilegalidad en la audiencia preparatoria, ya que no se realiz� en c�mara gesell, no se grab� en medio audiovisual, no se hace por personal especializado, no lo hace un sic�logo y que le se toma juramento a la menor; que fue negada su pretensi�n y que se ordena su pr�ctica en juicio.

Que en desarrollo del mismo, dadas las contingencias presentadas con la menor, se solicita por fiscal�a que ingrese la entrevista como prueba de referencia a lo cual se opone la defensa sin �xito, dado que es admitida y no se da oportunidad de recursos, se�ala procedimiento que ha afectado garant�as constitucionales y legales por lo que es nulo.

De la amplia argumentaci�n presentada en su escrito, parece que el disenso radica en que se ha admitido la entrevista como prueba de referencia, y se expresa de esta forma por cuanto en otro aparte de su reclamaci�n se�ala que esta entrevista debi� ser incorporada bas�ndose en el literal e) del art�culo 438 del procedimiento penal. Como lo se�alamos, el defensor reclama la nulidad de un procedimiento adelantado para la incorporaci�n de la entrevista de la menor como prueba de referencia, pero se trata de un tema que fue debatido en el escenario que el procedimiento penal oral ha dispuesto para ello, la audiencia preparatoria, escenario en el que el defensor solicit� la exclusi�n de la entrevista por no reunir los requisitos enunciados en el art�culo 206A, debate que fue resuelto por la Juez de instancia se�alando que la entrevista de la menor no se trata de una entrevista forense sino de una entrevista realizada por polic�a judicial con el lleno de los requisitos de validez, decisi�n que notificada en estrados conllev� la conformidad de la defensa.

(Minuto 37:02 de la continuaci�n de audiencia preparatoria del 28 de febrero de 2017) Situaci�n que permite determinar que aquel elemento material si fue descubierto para refrescar memoria o impugnar credibilidad, y lo manifest� la sentenciadora de primera instancia, para su eventual ingreso, situaci�n que quedaba a la espera de lo que se pod�a presentar en la audiencia de juicio oral, y tal como se preve�a, el d�a 18 de abril en horas de la ma�ana, cuando se pretendi� recibir el testimonio de la menor MFGJ, seg�n el defensor de familia, la menor no estaba en condiciones de brindar una declaraci�n y para evitar la re victimizaci�n la fiscal�a solicita que la entrevista ingrese como prueba de referencia, momento en el cual la defensa expresa su descontento, sustentando en que se debi� pedir en la audiencia preparatoria y que no se trata de un evento similar.

La decisi�n del A quo fue aceptar que ingrese la entrevista como prueba de referencia para evitar que la menor se vea afectada con el testimonio que tiene que ofrecer y para ello sustenta su decisi�n en la jurisprudencia sobre el tema, y manifiesta que sobre tal decisi�n no hay recursos, pues la inconformidad que surja al respecto deben manifestarse luego de emitida la sentencia. La narraci�n anterior se ha procurado con el prop�sito de llegar al momento procesal que define el ingreso de la declaraci�n de la menor vertida en una entrevista como prueba de referencia, por cuanto manifiesta el defensor que no le permitieron hacer uso de los recursos, y vemos que no corresponde con lo sucedido, por cuanto la Juez de instancia lo que inform� es que los recursos deben interponerse una vez se dicte sentencia que ponga fin a la actuaci�n, lo que hace eco de la decisi�n con radicado 43481 del 8 de mayo de 2014 de la Sala de Casaci�n de la Corte Suprema de Justicia, donde indica que todo el debate probatorio debe darse en la audiencia preparatoria, pues la audiencia de juicio oral es un escenario solo para la pr�ctica y aducci�n probatoria, por lo que se entiende que los desacuerdos que generen las decisiones en la direcci�n de la audiencia deben alegarse en la apelaci�n del fallo, la providencia citada expone: �Pues bien, del contenido del art�culo 250.4 constitucional se advierte que la oralidad fue incorporada como uno de los principios que irradian el sistema de partes adoptado en el Acto Legislativo 03 de 2002, lo cual se concreta en m�ltiples normas de la Ley 906 de 2004, orientadas, como se ha indicado en m�ltiples oportunidades, a garantizar que el juicio sea verbal, de viva voz, concentrado y por tanto c�lere y con todas las garant�as.

As�, la concentraci�n supone la continuidad y fluidez de la audiencia, y esto a su vez implica que las pruebas se practiquen en bloque, para lo cual es imprescindible que se excluya de la audiencia p�blica cualquier controversia que interfiera con tales prop�sitos. Por tanto, al inicio del debate probatorio ya debe estar superada cualquier discusi�n en torno de su pr�ctica, precisamente para ello se dise�� la audiencia preparatoria, escenario en que se resuelven todos los debates vinculados con dicha tem�tica, a trav�s de un auto que habr� de contener la clase de prueba a practicarse en el juicio, la forma de su incorporaci�n, el orden de su presentaci�n, aquello que se excluye del debate, etc�tera; prove�do susceptible de los recursos correspondientes, pero que una vez en firme, deja zanjada toda la discusi�n al respecto.� En consecuencia, no se le ha vulnerado el derecho a impugnar, dado que la sustentaci�n presentada ha dado la posibilidad a la Sala de pronunciarse sobre este tema.

Sobre la forma como se introduce la entrevista de la menor MFGJ, tenemos que decir que si bien el articulo 206 A de la ley 906 de 2004 que fue adicionado por el art�culo 2� de la ley 1652 de 2013, empieza su t�tulo como entrevista forense, y que le da el car�cter de elemento material probatorio, a la luz del articulo 275 ib�dem, solo ha pretendido el legislador penal que en virtud de tal, si se considera necesario aquel testimonio, pero como puede generar un da�o sicol�gico al menor, se solicite el ingreso de la entrevista forense, realizada por un profesional de la sicolog�a, con las previsiones de la norma mencionada, del c�digo de infancia y adolescencia, sobre la cual ha realizado unas valoraciones.

De igual forma, nada impide que en desarrollo del proceso investigativo, con aquel menor v�ctima, se realicen entrevistas judiciales, con las previsiones legales en trat�ndose de la entrevista de menores, con el fin de obtener informaci�n sobre las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que se desarrolla el delito. La falencia de algunos formalismos en la realizaci�n de una u otra entrevista no la tornan ilegal ni il�cita, pues, como lo se�ala la jurisprudencia en el campo probatorio existe el principio de libertad probatoria y corresponde a la parte que solicita su aducci�n la demostraci�n de lo que se pretende probar; al tema, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, ha se�alado: �En este sentido, la Ley 1652 de 2013 que, valga aclararlo de una vez, no estaba vigente para cuando se adelant� el proceso en contra del procesado GS, en su art�culo 2� establece que la entrevista forense de ni�os, debe ser �grabada o fijada por cualquier medio audiovisual o t�cnico en los t�rminos del numeral 1 del art�culo 146 de la Ley 906 de 2004�, que, a su turno, dispone que en las actuaciones de la Fiscal�a General de la Naci�n o la Polic�a Judicial ser�n registradas y reproducidas �mediante cualquier medio t�cnico que garantice su fidelidad, genuinidad u originalidad�.

Aunque las omisiones sobre el particular no conducen inexorablemente a la inadmisi�n de la declaraci�n anterior, como quiera que se trata de un problema probatorio (la demostraci�n de la existencia y contenido de la declaraci�n anterior), regido, seg�n se dijo, por el principio de libertad probatoria, el adecuado registro de las entrevistas de menores puede generar efectos favorables para la prontitud y eficacia de la justicia, entre otras cosas porque (i) pueden disminuirse los debates sobre la existencia y contenido de la declaraci�n anterior, que es el tema central de la demanda de casaci�n que se analiza, (ii) la defensa tendr� mejores oportunidades para ejercer los derechos del acusado, no obstante los l�mites que para la confrontaci�n implica la admisi�n de prueba de referencia, y (iii) el juez tendr� mejores elementos de juicio para valorar la declaraci�n anterior al juicio oral, presentada a t�tulo de prueba de referencia. Lo anterior, se insiste, bajo el entendido de que la jurisprudencia (CSJ AP, 28 Oct. 2015, Rad. 44056 y la que all� se relaciona) estableci� la admisi�n de las declaraciones rendidas por los ni�os y ni�as por fuera del juicio oral a t�tulo de prueba de referencia, para evitar que sean nuevamente victimizados, lo que coincide con lo establecido en la Ley 1652 de 2013 en el sentido de que ser� prueba de referencia admisible la declaraci�n rendida por fuera del juicio oral por una persona que �es menor de dieciocho a�os y v�ctima de los delitos contra la libertad, integridad y formaci�n sexuales tipificados en el T�tulo IV del C�digo Penal, al igual que los art�culos 138, 139, 141, 188a, 188c, 188d, del mismo c�digo�.

Como se observa, la omisi�n de formalidades no conlleva la invalidez del medio probatorio, con mayor raz�n cuando deben sopesarse principios como el inter�s superior del menor y pro infans, para brindar una mayor protecci�n a NNA, m�xime cuando son v�ctimas de delitos sexuales y que deben soportar las tensiones de una audiencia p�blica con presencia de distintos actores, lo cual pone en riesgo su salud mental, por ello las declaraciones anteriores, m�s que en su formalismo debe tenerse en cuenta su contenido, que si ingresan ajust�ndose a los lineamientos procedimentales pueden valorarse en la forma prevista en la ley.

En la jurisprudencia inmediatamente mencionada, se dice: En s�ntesis, considera la Sala que la demostraci�n de la existencia y contenido de una declaraci�n anterior al juicio oral se rige por las siguientes reglas: (i) se trata de un problema probatorio y, en consecuencia, est� regido por el principio de libertad probatoria que inspira toda la actuaci�n penal;

(ii) La Ley 906 de 2004, en sus art�culos 206 y 146, establece la obligaci�n de documentar de la mejor manera posible las actuaciones de la Fiscal�a y la Polic�a Judicial, lo que fue reiterado en la Ley 1652 de 2013; (iii) la Fiscal�a tiene la obligaci�n de procurar el mejor registro posible de las entrevistas o declaraciones juradas, principalmente cuando tienen clara vocaci�n de ser incorporadas en el juicio oral a t�tulo de prueba de referencia, para facilitar el ejercicio de los derechos del Casaci�n No. 43866 LFGS 32 acusado, reducir los debates frente a este aspecto y brindarle mejores elementos al juez para la valoraci�n del medio de conocimiento, y (iv) en cada caso debe evaluarse si se demostr� o no la existencia y contenido de la declaraci�n anterior al juicio oral que pretende aducirse como prueba de referencia, seg�n las reglas generales y espec�ficas de valoraci�n probatoria.� Bajo los anteriores argumentos legales y jurisprudenciales, debemos concluir que la entrevista realizada a la menor v�ctima, dada la situaci�n procesal presentada al momento de dar su testimonio y por recomendaci�n del defensor de familia, que en aras del inter�s superior del menor y pese a que es su prueba de cargo, decide la fiscal�a que no deponga y en subsidio ingrese la entrevista como prueba de referencia, dicha prueba resulta bien aducida al proceso y por ello la primera instancia la valora bajo la lente de la sana critica para llegar a su decisi�n final.

Es claro que de los principios pilares del sistema penal acusatorio son la lealtad (art. 12) y la publicidad (Art. 18) los que irradian que las partes en sus actuaciones deben ser trasparentes, y es por ello que en virtud del principio de igualdad de armas, los elementos materiales probatorios sobre los que se sustenta su teor�a del caso, deben descubrirse; para el caso, no se puede se�alar que este elemento no se descubri� ni que se asalta a la defensa en ese momento procesal con el descubrimiento de la entrevista, por cuanto como arriba se mencion�, dicho elemento fue enunciado por la fiscal�a y de �l la defensa solicit� su exclusi�n con decisi�n adversa a su pretensi�n. El sustento normativo por el cual aquel elemento material probatorio �entrevista de la menor- ingresa deja de tener trascendencia, la a quo analiz� la situaci�n presentada desde la �ptica que ella hab�a definido que se trataba de una entrevista judicial, por lo que equivocadamente argument� lo relacionado con el evento similar del literal b) del art�culo 438 del procedimiento penal, y como lo manifiesta el defensor en su escrito, el literal correcto era el e) de la misma norma, debido a que la entrevista era rendida por una persona menor de 18 a�os y que era v�ctima de un delito contra la libertad, integridad y formaci�n sexual, que son los requerimientos del literal mencionado, los cuales cumpl�a aquel elemento material, adem�s que como ya se dijo su descubrimiento se hab�a dado desde la audiencia preparatoria.

Sin embargo, sea por cualquiera de los dos literales, la decisi�n es adecuada por cuanto obedece a una protecci�n que se da a la menor v�ctima de aquellos delitos, el fin de la norma es la protecci�n para no re victimizar, norma que tiene su sustento constitucional en el inciso segundo del art�culo 44 cuando establece: �La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligaci�n de asistir y proteger al ni�o para garantizar su desarrollo arm�nico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos�.

Sin olvidar que se convierte en obligaci�n del Estado la protecci�n contra toda forma de abuso sexual de los menores. Tambi�n reclama la defensa la valoraci�n del acervo probatorio, en especial que se ha dado credibilidad al dicho de la menor, cuando ha resultado contradictorio y que ha dejado dudas, con lo cual, manifiesta, que no existe prueba de la existencia del comportamiento ni de la responsabilidad del acusado.

Lo ha dicho la Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casaci�n Penal, que las inconsistencias en las versiones del menor, no son motivo para restar credibilidad, que resulta irrazonable esperar precisi�n dada la edad de la menor, analiza la situaci�n de una menor que tiene 11 a�os, lo cual justifica a�n m�s el caso que se analiza cuando la menor solo cuenta con 4 a�os de edad.

Y las inconsistencias radican en el n�mero de veces que han sucedido los comportamientos imputables al acusado, que seg�n las manifestaciones que hace la menor ante los profesionales que la asisten, no resulta coherente, situaci�n que no sobra indicar fue advertida por la primera instancia y a lo cual se�al�: �(�) En el presente caso no se puede pretender que la menor, quien dio su primera versi�n a los familiares y a la psic�loga el 19 de febrero del a�o pasado, a la m�dica forense 3 d�as despu�s, el 7 de abril siguiente a la polic�a judicial y el 6 de febrero de este a�o, al psic�logo forense, mantenga un discurso id�ntico, debidamente repasado con precisi�n de relojero.

Si se tratara de una recitaci�n totalmente igual, su testimonio si ser�a altamente dudoso y se podr�a inferir que se trata de un monologo aprendido (�)�. Las manifestaciones de la menor en ese sentido, fueron claramente explicadas por el sic�logo VICTOR OSWALDO PE�A HERNANDEZ, cuando en su declaraci�n, la defensa en uso del contrainterrogatorio formula la pregunta sobre la coherencia del testimonio de la menor, molestia que ten�a la defensa por cuanto en ocasiones dec�a tres en otras dec�a trece, es por lo que este profesional contesta que para una ni�a de esa edad, tres son muchas, y lo que ella quiere decir es que suceden varias veces, que suceden m�s de una vez.

Ello debe interpretarse que en atenci�n a la edad de la v�ctima de estos hechos, una menor de 4 a�os, que se encuentra en proceso de crecimiento y desarrollo, que est� acudiendo a una guarder�a con el fin de empezar su aprendizaje, es por lo que lo sustancial de su informaci�n no est� en que debe dar un n�mero preciso de veces que fue objeto del delito, sino en que la narraci�n de lo sucedido corresponda con la realidad, que la manifestaci�n que realiza a polic�a judicial en ese sentido sea coincidente.

Es as� como el testigo de acreditaci�n Cristian Alexis Tulc�n Urresty, la menor le hace el relato de las veces que fue objeto de tocamientos por parte del acusado; y es la misma informaci�n que la menor brinda a su madre APJ, a la sic�loga Marianela Andrade Meneses, a la m�dica forense Mar�a Alejandra Rojas Montenegro, a su t�a SMJ, por lo que como lo dijo el sic�logo Pe�a Hern�ndez, si hay coherencia en su relato.

Ahora en cuanto a la prueba para condenar como lo establece el art�culo 381 de la normatividad procesal penal, y que la defensa manifiesta no existe, debe analizarse los testimonios de los antes mencionados en cuanto a su narraci�n directa de la informaci�n que otorgan para esta decisi�n, que tal como lo indica la sentencia de primera instancia, corresponde a lo que la jurisprudencia ha denominado verificaci�n perif�rica, y vemos que la madre y t�a de la menor se�alan que producto de esa situaci�n presenta apat�a para ir a la guarder�a, poco contacto con los ni�os y tiene correspondencia con los profesionales que dieron su testimonio en la audiencia p�blica, como la sic�loga Andrade Meneses, quien indic� que la menor est� distra�da, triste con afectaci�n emocional; el sic�logo Pe�a Hern�ndez, indic� que la sintomatolog�a se adecua en lo que es un presunto abuso sexual.

Se conoce que esta clase de delitos se realizan en escenarios donde no hay testigos presenciales, es por lo que la declaraci�n de los menores que son v�ctimas de estos actos resulta importante y como se ha indicado dicho testimonio debe valorarse bajo los criterios de la sana cr�tica o libre apreciaci�n probatoria. Es por ello que pese a que se parte de una prueba de referencia como es la entrevista de la menor, su contenido est� acorde con las manifestaciones que con posterioridad realiza, dado que indica el acto realizado por la persona a la que los ni�os de aquella guarder�a le dicen �pap� J�, persona que la menor claramente identifica, vemos que seg�n el testimonio de la sic�loga Marianela Andrade Meneses, la menor identifica claramente las partes de su cuerpo y su diagn�stico tambi�n es de presunto abuso realizado por una persona ajena al grupo familiar.

Esta situaci�n de la menor, que la ha observado su familia con un cambio dr�stico en su comportamiento, con negativa a asistir a aquel lugar, unido a las manifestaciones de los profesionales donde obtienen la informaci�n de la menor que indica los actos realizados por el acusado, pruebas que con claridad permiten inferir que el comportamiento investigado si se ha presentado y de esa forma estructurar los elementos del comportamiento penal, hay medios probatorios que son dignos de credibilidad, que por el an�lisis que han realizado a la menor dan cuenta de un trauma emocional que a la fecha presenta, por ello con la figura de la corroboraci�n perif�rica, se establece que el hecho s� existe, si se dan los actos sexuales que la menor indica.

La defensa presenta los testimonios de LJMI, hija del acusado, y de la se�ora OIR, esposa del acusado, quienes en sus versiones indican la existencia de la guarder�a en la casa de habitaci�n, la hora de ingreso de los menores, la hora de salida. Realizan otra serie de manifestaciones, como que la menor siempre estaba al cuidado de la primera nombrada, y relato de presuntos problemas familiares de la madre de la menor, lo cual no fue verificado en la audiencia cuando ella declar�, debiendo en consecuencia solo referirnos a dos temas, que siempre estuvo al cuidado de LJ, pero era justamente a la hora que el se�or JAMP, o �pap� J� llegaba al medio d�a, cuando ella, por la l�gica raz�n de encontrarse atendiendo el almuerzo de los dem�s ni�os, deb�a dejar a la menor un poco a la deriva en alg�n lugar de dicho inmueble, del cual se describe por ambas declarantes que el patio en el que juegan, esta frente a la habitaci�n del mencionado se�or.

Estas declaraciones no tienen la contundencia para desvirtuar la construcci�n probatoria de la fiscal�a, pretender desacreditar a la menor indicando unas dificultades en el seno de su hogar, las cuales no tienen asidero probatorio, no es de recibo; si la madre iba a dejar a la menor o era una de las declarantes quien la recog�a en su casa, son situaciones que nada brindan probatoriamente y de lo cual se observa no existe relaci�n alguna, y contrario a ello, un aspecto que si tiene trascendencia y que se informa, es que en horas del mediod�a el acusado hacia su arribo a dicho inmueble, lugar en el que estaban todos los ni�os, incluida la menor v�ctima, y se generaba ese contacto con aquellos.

Tampoco se ha demostrado que se trate de una retaliaci�n por alguna situaci�n presentada entre las familias, no hay resentimientos, no se vislumbra �nimo revanchista, por el contrario, la escasa edad de la menor denota la no contaminaci�n que ella tiene respecto de las situaciones ajenas a su desarrollo, del dicho de los especialistas no se obtiene que en su desarrollo existan traumas de �ndole diferente a la situaci�n presentada.

As� las cosas, es claro que la valoraci�n probatoria realizada por la primera instancia, est� acorde al principio de la sana cr�tica, que la menor fue coherente en todas sus intervenciones ante los profesionales que la atienden y en su entrevista, en tanto que siempre manifest� los actos que realizaba el acusado en su cuerpo, por lo que no puede alegarse falta de credibilidad en la versi�n de la v�ctima con hechos ajenos a la investigaci�n. Es por anterior, que s� se tiene demostrado el grado de conocimiento exigido por el art�culo 381 de la ley 906 de 2004 para emitir una sentencia condenatoria como lo hizo la primera instancia. 6.

El proceso de la dosificaci�n punitiva Reclama el defensor que el acusado es una persona de mediana cultura, poco instruido, no sabe leer, labora en un veh�culo de tracci�n animal, no tiene antecedentes judiciales, se ha presentado voluntariamente, que son circunstancias del art�culo 55 del c�digo penal, las cuales no fueron tenidas en cuenta por parte de la juez Ad quo al momento de imponer la pena.

Para este an�lisis debemos tener claro lo que se definido el legislador penal en el art�culo 55 ib�dem ha establecido las circunstancias de menor punibilidad as�: �(�) Son circunstancias de menor punibilidad, siempre que no hayan sido previstas de otra manera: 1. La carencia de antecedentes penales. 2. El obrar por motivos nobles o altruistas. 3.

El obrar en estado de emoci�n, pasi�n excusables, o de temor intenso. 4. La influencia de apremiantes circunstancias personales o familiares en la ejecuci�n de la conducta punible. 5. Procurar voluntariamente despu�s de cometida la conducta, anular o disminuir sus consecuencias. 6. Reparar voluntariamente el da�o ocasionado aunque no sea en forma total.

As� mismo, si se ha procedido a indemnizar a las personas afectadas con el hecho punible. 7. Presentarse voluntariamente a las autoridades despu�s de haber cometido la conducta punible o evitar la injusta sindicaci�n de terceros. 8. La indigencia o la falta de ilustraci�n, en cuanto hayan influido en la ejecuci�n de la conducta punible. 9.

Las condiciones de inferioridad ps�quica determinadas por la edad o por circunstancias org�nicas, en cuanto hayan influido en la ejecuci�n de la conducta punible. 10. Cualquier circunstancia de an�loga significaci�n a las anteriores�. Y tambi�n es necesaria la claridad sobre el contenido del art�culo 61 en su inciso 2� del mismo c�digo, que dispone: �El sentenciador s�lo podr� moverse dentro del cuarto m�nimo cuando no existan atenuantes ni agravantes o concurran �nicamente circunstancias de atenuaci�n punitiva, dentro de los cuartos medios cuando concurran circunstancias de atenuaci�n y de agravaci�n punitiva, y dentro del cuarto m�ximo cuando �nicamente concurran circunstancias de agravaci�n punitiva.

Establecido el cuarto o cuartos dentro del que deber� determinarse la pena, el sentenciador la impondr� ponderando los siguientes aspectos: la mayor o menor gravedad de la conducta, el da�o real o potencial creado, la naturaleza de las causales que agraven o aten�en la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintenci�n o la culpa concurrentes, la necesidad de pena y la funci�n que ella ha de cumplir en el caso concreto�.

Al momento de la dosificaci�n punitiva, luego de la elaboraci�n de los cuartos, dijo la primera instancia: �Como quiera que no se imputo ninguna de las circunstancias de mayor punibilidad, se parte del cuarto m�nimo que oscila entre 108 y120 meses.� Ante este panorama, la Sala observa, que de las situaciones indicadas por la defensa como circunstancias de menor punibilidad, solo la carencia de antecedentes judiciales resulta valida, pues su falta de instrucci�n no se demostr� como factor que influya en la ejecuci�n del comportamiento penal, y la presentaci�n a la realizaci�n de las audiencias que corresponden al procedimiento de la ley 906/04, es muy distinto a la presentaci�n voluntaria ante las autoridades despu�s de consumado el delito.

Por lo tanto, la escogencia del cuarto m�nimo para la determinaci�n de la pena, no obedece a un capricho del Juez, sino a una aplicaci�n correcta de la normatividad. Dentro de este �mbito, se tiene la discrecionalidad para la imposici�n de la pena individual, y se argumenta por parte de la juez A quo, que se aprovech� de la confianza dada por una instituci�n para que en el inmueble que habitaba se estableciera una guarder�a; defraud� a su hija y esposa al ejecutar los actos referidos en que la menor sufre de afectaciones emocionales, y respecto de la necesidad de la pena se deben imponer las funciones de la pena, por lo que la pena a imponer es de 114 meses de prisi�n. Hasta este momento, puede manifestarse que la pena impuesta cumple con los argumentos necesarios para justificar su separaci�n del guarismo m�nimo establecido.

Pero se est� ante una acusaci�n por un concurso de conductas punibles, por lo cual debe hacerse menci�n al art�culo 31 del estatuto de las penas que a su tenor literal dispone: �El que con una sola acci�n u omisi�n o con varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la ley penal o varias veces la misma disposici�n, quedar� sometido a la que establezca la pena m�s grave seg�n su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que fuere superior a la suma aritm�tica de las que correspondan a las respectivas conductas punibles debidamente dosificadas cada una de ellas.� Sobre este t�pico cabe resaltar que en la formulaci�n de acusaci�n se indica por parte del ente instructor que seg�n lo dicho por la menor a la madre, �pap� J le toca la vagina; y que en otra ocasi�n le toco (sic) la vagina y el pecho, que le mete las manos en la cola y en la vagina, y que en una ocasi�n le sobo la vagina con el pene�.

Manifestaci�n que es similar a la narrada por la menor en la entrevista ante el polic�a judicial. Es por ello que en la formulaci�n de acusaci�n se advierte que se presenta un concurso homog�neo y sucesivo de conductas punibles. De lo cual podemos advertir que por lo menos se tiene la claridad que son 4 las veces que la menor aduce fue objeto de los tocamientos por parte del acusado JAMP.

Si bien la juez de instancia no determin� el n�mero de veces en que suceden los hechos y tal como lo ha dicho la jurisprudencia, tal irregularidad no tiene trascendencia, la Sala considera que s� debe pronunciarse la judicatura, para que la v�ctima, el sentenciado, la defensa, tengan el conocimiento claro de los hechos que fueron sancionados, el por qu� del incremento en la pena m�s grave seleccionada y pueda ejercer su defensa sobre dichos aspectos.

Como lo se�ala el tratadista y actualmente magistrado del Tribunal de Medell�n, doctor Nelson Saray Botero en su obra �Dosificaci�n Judicial de la Pena�, �es importante que el juzgador diga en cu�nto se incrementa la pena por los dem�s delitos, indicando expresamente cu�nto por cada delito que concursa, ya que puede suceder que por una ley posterior favorable se rebaje la pena raz�n por la cual la sanci�n se deber� readecuar proporcionalmente.� En el presente caso, no se dijo por parte de la primera instancia cu�nto era el incremento que se realizaba por cada delito; sin embargo, debemos tener en cuenta dos situaciones, la primera, que la dosificaci�n efectuada no super� ese equivalente a �otro tanto� que permite el incremento en los eventos de concurso de conductas punibles, pues la judicatura solo se limita a decir respecto del concurso de conductas que: a la pena principal de 114 meses de prisi�n se aumentara 36 meses de prisi�n quedando una pena definitiva de ciento cincuenta (150) meses de prisi�n. Es decir, si el otro tanto que define el art�culo 31 del c�digo penal, en n�meros corresponde a 228 meses, como l�mite que no puede superarse, el valor ah� establecido est� dentro de lo permitido y por ende v�lido.

Segundo, que en virtud del principio de la reformatio in pejus, no es posible agravar la situaci�n del apelante �nico que en este evento es el acusado, por lo cual no puede esta Corporaci�n en aras de realizar una adecuada dosificaci�n de los tres eventos que concursan, imponer una pena superior a la establecida en la primera instancia. En consecuencia, la dosificaci�n punitiva en la forma realizada debe permanecer, dado que dicho aspecto no fue objeto de recurso, y como lo dice la jurisprudencia no se est� en libertad de decidir, no es una nueva oportunidad para un juicio, es solo un control de legalidad de la decisi�n impugnada. 7.

La Reclusi�n Domiciliaria u Hospitalaria por Enfermedad muy Grave Como mecanismo sustitutivo de la pena privativa de la libertad, el legislador establece en el art�culo 68 del c�digo penal la figura de la Reclusi�n domiciliaria u hospitalaria por enfermedad muy grave, que a la letra dice: El juez podr� autorizar la ejecuci�n de la pena privativa de la libertad en la residencia del penado o centro hospitalario determinado por el INPEC, en caso que se encuentre aquejado por una enfermedad muy grave incompatible con la vida en reclusi�n formal, salvo que en el momento de la comisi�n de la conducta tuviese ya otra pena suspendida por el mismo motivo.

Cuando el condenado sea quien escoja el centro hospitalario, los gastos correr�n por su cuenta. Para la concesi�n de este beneficio debe mediar concepto de m�dico legista especializado. (Resaltado fuera del texto) Resulta clara la situaci�n que se presenta en la norma trascrita, y de la cual pueden extraerse tres elementos que son: uno, la enfermedad debe ser muy grave, es decir no es cualquier enfermedad, el legislador ha pretendido que no se beneficie con este instituto cualquier dolencia o enfermedad que tenga la persona sentenciada, se itera debe ser de mayor consideraci�n; dos, que dicha situaci�n patol�gica resulte incompatible con la vida en reclusi�n formal, lo cual es absolutamente l�gico por cuanto una vez se tiene la condici�n de interno producto de una sentencia condenatoria en su contra, es el Estado quien asume la vigilancia y cuidado de su salud; y tres, que el dictamen debe ser emitido por un m�dico legista especializado.

Y lo pretendido con esta norma, no es beneficiar al sentenciado con un lugar diferente a un centro de reclusi�n donde va a purgar su pena, porque ha entendido el legislador que una enfermedad es una alteraci�n en las funciones de un organismo, y que puede ser de car�cter transitorio y por ello en la misma norma, conmina al Juez de Ejecuci�n de Penas, para que este ordenando ex�menes peri�dicos con el fin de determinar si la situaci�n que dio origen a aquel beneficio persiste e indica que de haber evolucionado para la mejor�a, dicha concesi�n debe revocarse.

En el caso en comento, lo alegado por la defensa es que el se�or MP, padece la enfermedad de diabetes mellitus tipo II, la cual le ha degenerado otros �rganos y que debe estar en constante control y en valoraciones m�dicas. Indica la defensa que fue enviado a INML y que el galeno conceptu� que no se encuentra dentro de los par�metros m�dico legales para estado grave por enfermedad; se argumenta que tambi�n tiene s�ntomas de gastroenteritis, tiene valoraciones por sicolog�a y por siquiatr�a, con lo que considera una situaci�n de salud muy cr�tica y pide que siga cumpliendo su pena en lugar de residencia. Veamos: A folio 10 de la carpeta de anexos, y obrante en 4 folios se tiene el dictamen del INML Direcci�n Seccional de Nari�o, fechado 17 de octubre de 2017, en la conclusi�n se indica: �En sus actuales condiciones el Se�or JAMP NO se encuentra dentro de los par�metros medicolegales para Estado Grave por Enfermedad, corresponde a la Autoridad Judicial evaluar si es posible garantizar los tratamientos en el sitio de reclusi�n o de lo contrario debe tomar medidas necesarias para su completa garant�a.� Resulta muy importante este dictamen m�dico legal, por cuanto es el que permite tomar la decisi�n al respecto, y conforme a ello debemos decir que si bien el sentenciado presenta una enfermedad compleja como es la diabetes mellitus tipo II, el m�dico legal no concept�a que sea MUY GRAVE que la ubique en el rango para la concesi�n de este sustituto penal.

No indica que la enfermedad haga imposible su vida en reclusi�n, s� da unas recomendaciones propias de la naturaleza de la enfermedad que padece, e indica que debe la autoridad judicial propender porque al interior del centro de reclusi�n se bride todos los tratamientos y valoraciones constantes requeridos. Es obvio que el sentenciado presenta una patolog�a que dada su naturaleza va generando disfuncionalidad en otros �rganos, por lo que requiere de atenci�n permanente por el Estado, y es la orden que se ha dado en el fallo de primera instancia, para que la salud de este sentenciado permanezca estable, que como antes se dijo la salud de los internos corresponde atenderla al Estado.

Bajo esta situaci�n, la condici�n de salud del se�or JAMP, por ahora no puede enmarcarse dentro de las posibilidades que ofrece la norma en an�lisis, por lo que no es posible conceder este sustituto penal y deber� purgar la pena en el establecimiento carcelario que determine el Inpec. En este orden de ideas, se procede a confirmar la decisi�n de primera instancia en su integridad.

LA DECISI�N Por lo expresado, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, Resuelve: � 1�. �Confirmar la sentencia por las razones aducidas en la parte considerativa. 2�. �Esta decisi�n se notifica en estrados y se hace saber que en su contra procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y C�mplase, H�CTOR ROVEIRO AGREDO LE�N Magistrado Ponente BLANCA LIDIA ARELLANO MORENO Magistrada SILVIO CASTRILL�N PAZ Magistrado MIGUEL �NGEL S�NCHEZ ACOSTA Secretario  ��como lo tiene sentado la Sala, si bien la Ley 906 de 2004 no establece de manera expresa l�mite respecto a la competencia del superior para desatar el recurso de apelaci�n, como s� lo hac�a la Ley 600 de 2000 en el art�culo 204, de todos modos por virtud del art�culo 31 de la Constituci�n Pol�tica, en cuanto consigna los principios de doble instancia y la prohibici�n de la reforma en peor, la decisi�n de segunda instancia s�lo podr� extenderse a los asuntos que resulten inescindiblemente vinculados al objeto de la impugnaci�n y que �stos no constituyan un desmejoramiento de la parte que apel�.

Lo anterior tiene raz�n jur�dica procesal, en tanto que el nuevo sistema contempla que el impulso del juicio est� supeditado a las tesis y a las argumentaciones que los intervinientes aduzcan frente a sus pretensiones, las cuales tienen vocaci�n o no de �xito dependiendo del resultado de la actividad probatoria. Dentro de tal premisa entonces, el sentenciador de segundo grado debe circunscribir su competencia a los asuntos que el recurrente ponga a su consideraci�n, sin que le sea permitido inmiscuirse en otros temas que no son objeto de discusi�n o que han sido materia de conformidad, salvo que advierta violaci�n de derechos y garant�as fundamentales�.

(Subrayas propias de la Sala)  Cfr. CSJ. SP. de 2 de Julio de 2014, Rad. 34131.  Radicado 50723 del 16 de mayo de 2018  Manual elaborado por elaborado por el doctor Luis Fernando Bedoya Sierra, hoy magistrado auxiliar de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, que bas� la referencia de la prueba testimonial en lo expuesto por los tratadistas Mart�nez Rave y Pietro Ellero  Manual de Derecho Probatorio, 16� ed. Ediciones El Profesional, p�g. 283  Radicado 42656 de 30 de enero de 2017.

MP Eugenio Fern�ndez Carlier  Audiencia preparatoria de 22 de febrero de 2017, record 10:43.  Radicado 43866 del 16 de marzo de 2016 M. P. Dra. Patricia Salazar Cu�llar  AP Radicado 47161 del 25 de abril de 2018. M. P. �yder Pati�o Cabrera  Entrevista obrante a folio 54 de la carpeta  CD audiencia de formulaci�n de acusaci�n minuto 4:13 a 4:38  CSJ Radicado 34547 del 27 abril de 2011.

M. P. Mar�a del Rosario Gonz�lez.  SARAY BOTERO Nelson, �Dosificaci�n Judicial de la Pena�, p�gina 426.  CSJ Radicado 43533 del 11 de abril de 2018. M. P. Eugenio Fern�ndez Carlier     Proceso N�: 526836000534201600039-1 No. Interno: 19738 Delito: Acto Sexual con menor 14 a�os Acusado: JAMP. P�gina PAGE 2 de 44 ����e � � � � � � � B C | }    � � � �  ������۸��������}m]�R�F�huuhN|+5�CJaJhuuh�w>CJaJhuuhV�5�CJaJmH sH huuh1_D5�CJaJmH sH huuh�v�5�CJaJhuuh�v�CJaJhuuhd5�CJaJhuuho 5�CJaJhuuhrJ#5�CJaJhuuhV�5�CJaJhuuh%Y5�CJaJhuuh1_DCJaJhuuh1_D5�CJaJhuuh�W5�CJaJhuuh$_o5�CJaJ��� � B C   � � � � ����!�����������������$&d P�� a$gd\N$&d P�� a$gd1_D$&d P�� a$gd�[�$&d P�� a$gdN|+$&d P�� a$gd�w>$&d P�� a$gd�W$a$gd1_D ( @ D S _ � � � � � � � 8 B D R S Y g m r s ~ � � � ����������ꖉ�|��q�qf[fPhuuh!=CJaJhuuh=pCJaJhuuh|)�CJaJhuuh�wCJaJhuuhah�CJPJaJhuuh�_�CJPJaJhuuh1_DCJPJaJhuuh1_DCJaJmH sH huuhkCJaJhuuh1_D6�CJaJhuuh�{CJaJhuuh�/XCJaJhuuh�I�CJaJhuuh1_DCJaJhuuh�_�CJaJ� � � � !<MTVW\m��������������湮��������shsYL?huuh�[�CJPJaJhuuh�[�CJPJaJhuuh�>�CJaJmH sH huuh�[�CJaJhuuh�[�CJaJmH sH huuh+�CJaJhuuh}�CJaJhuuh_0CJaJhuuh+CJaJhuuh� �CJaJhuuh+�B*CJaJphhuuh�O�B*CJaJphhuuh_�B*CJaJphhuuhN|+B*CJaJphhuuh�O�CJaJfp��������{����!"#������������~�~sh]R]R]RJBh\NCJaJh�K CJaJhuuhuuCJaJhuuhyL�CJaJhuuhkaSCJaJhuuh�R�CJaJhuuh�\�CJaJhuuh�\�5�CJaJhuuh1_DCJaJhuuh}�CJaJhuuh�[�CJaJhuuh6Q�CJaJhuuh%'�CJaJhuuh6Q�CJPJaJhuuh}�CJPJaJhuuh�[�CJPJaJhuuh�>�CJPJaJ!#$LMdef��� Iwx�����������������������$����^��`��a$gd�7 $dha$gd�D�$��dh^��a$gd�D� $��^��a$gd�D�dhgd�D� $dha$gd�D�$&d P�� a$gd\N#$KLMdefyz{|~�����������������  �����ֻ������������w��n�`Wn��h� CJ\�aJhsL�h� 5�CJ\�aJh� �CJ\�aJh�P<CJaJh�|FCJaJh� �CJaJhsL�h�D�CJaJh�D�CJaJh/0Z5�CJ\�aJhsL�h�D�5�CJ\�aJh�D�5�CJ\�aJh [Ah�D�5�@�(CJ\�aJh�D�5�@�(CJ\�aJhsL�h�D�5�@�(CJ\�aJh�`#5�@�(CJ\�aJ '()HISUV]ovwx������������ʼ���ʗ����wlaYaQIYh�D�CJaJh�dhCJaJh�7CJaJh�i�h�D�CJaJh �h�D�CJaJhsL�h�D�CJaJh�7CJ\�aJh�i�h�D�CJ\�aJh�i�h�D�5�CJ\�aJh�dhh�dhCJ\�aJh�dh5�CJ\�aJhsL�h�D�5�CJ\�aJh�D�5�CJ\�aJhsL�h�D�CJaJh� �CJ\�aJh�dhCJ\�aJh�Q h�D�5�CJ\�aJ�������%)-CHLS[t|����*-01:?������i������ϼϴϬ���Ϭ��Ϭ�ļ����Ϝϔ�~sjah��CJ\�aJh�>�CJ\�aJh,!�5�CJ\�aJhsL�h,!�5�CJ\�aJh�l�CJaJh�D�CJaJh��CJaJh�B>CJaJhel�CJaJhvyCJaJhQ"3CJaJh�]ih� CJaJh�]ih�D�CJaJhsL�h�D�5�@�CJ\�aJhsL�h�D�CJaJh�i�h�7CJaJ%�������GH78ef+,]^�����!�����������������������$dh��[$\$a$gdf� $dha$gd�[� $dha$gd��gd�� $dha$gd�D�i�����EFGHTc������������4678<def�����������������������������������p[)h�wh�wB*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJphh�[�5�CJ\�aJhsL�h�Y�5�CJ\�aJh�Y�5�CJ\�aJh�Y�CJaJh^?CJ\�aJh�PKCJ\�aJh�a2CJ\�aJh |�CJ\�aJhkCJ\�aJh�CJ\�aJh`-7CJ\�aJh��CJ\�aJh$�CJ\�aJ#��2d�)*,/RS������������Ƣ�{fQ?{-{#h`-7B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph)h�wh�U�B*CJOJQJ^JaJph)h�U�h�U�B*CJOJQJ^JaJph#h�U�B*CJOJQJ^JaJph)h�wh�wB*CJOJQJ^JaJph#hf�B*CJOJQJ^JaJph#h<�B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph)h�wh>�B*CJOJQJ^JaJph#h>�B*CJOJQJ^JaJph����^ce���������MOXY\^wz�������۷۷�ۥۥۥ۷��~��l�ZHZHZ#h[w�B*CJOJQJ^JaJph#hRxaB*CJOJQJ^JaJph#hf�B*CJOJQJ^JaJph)h��h��B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph#h0|B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph#h�*ZB*CJOJQJ^JaJph#h<�B*CJOJQJ^JaJph������������1[y���������������������~��l�lWl�E#hl�B*CJOJQJ^JaJph)h.s�h.s�B*CJOJQJ^JaJph#h.s�B*CJOJQJ^JaJph#hf�B*CJOJQJ^JaJph#h<V�B*CJOJQJ^JaJph#h[w�B*CJOJQJ^JaJph)h[w�h[w�B*CJOJQJ^JaJph#hUT?B*CJOJQJ^JaJph#hRxaB*CJOJQJ^JaJph#h[w�B*CJOJQJ^JaJph�������  ���,-?��ƴ��{i{i{W�E3E#h�qB*CJOJQJ^JaJph#h�}[B*CJOJQJ^JaJph#h7NB*CJOJQJ^JaJph#heupB*CJOJQJ^JaJph)h�wh�wB*CJOJQJ^JaJph#h`-7B*CJOJQJ^JaJph#hf�B*CJOJQJ^JaJph#h<V�B*CJOJQJ^JaJph#hl�B*CJOJQJ^JaJph#hl�B*CJOJQJ^JaJph)h.s�hl�B*CJOJQJ^JaJph?@z{�ABX��S!�!�!�!�!�!�!u"�"�"����ɷɥɥ��lZlHl3l)h�x�h!D�B*CJOJQJ^JaJph#h�qB*CJOJQJ^JaJph#hHhtB*CJOJQJ^JaJph)h�x�h��B*CJOJQJ^JaJph#hf�B*CJOJQJ^JaJph#h�{�B*CJOJQJ^JaJph#h[a�B*CJOJQJ^JaJph#h�}�B*CJOJQJ^JaJph#h� $B*CJOJQJ^JaJph#h�}[B*CJOJQJ^JaJph#h�=�B*CJOJQJ^JaJph�!�!�#�#�%�%(()(�*�*i+j+�,�,I.J.80902233�6�6�7�7�������������������������$dh��[$\$a$gdEL�$dh��[$\$a$gdf��"�"�"�"�"�"�"# #�#�#�#}$�$�$%�%�%�%x'�����ñ�؜�xf�fTfxB#h�>B*CJOJQJ^JaJph#hHhtB*CJOJQJ^JaJph#h�UQB*CJOJQJ^JaJph#hYB*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph)h��h��B*CJOJQJ^JaJph#hh1B*CJOJQJ^JaJph)h�x�h�x�B*CJOJQJ^JaJph)h�x�h��B*CJOJQJ^JaJph#h]�B*CJOJQJ^JaJphx''(((�(�*�*�*Z+f+i+�+�+�,�,H.I.�.7/:/6080 1��ɷ�ɥ���o��]�K9o9K9#hk�B*CJOJQJ^JaJph#h�/iB*CJOJQJ^JaJph#h/�B*CJOJQJ^JaJph#h�qB*CJOJQJ^JaJph#hJCB*CJOJQJ^JaJph#h"CB*CJOJQJ^JaJph#h&r�B*CJOJQJ^JaJph#h^ B*CJOJQJ^JaJph#h�WyB*CJOJQJ^JaJph#h�>B*CJOJQJ^JaJph#h�B*CJOJQJ^JaJph 1 11%123�3�4�4�4�4B6�6�6�7�7���������m�[�I7#h��B*CJOJQJ^JaJph#h]l�B*CJOJQJ^JaJph#h�QzB*CJOJQJ^JaJph&h�V(6�B*CJOJQJ^JaJph#h�V(B*CJOJQJ^JaJph#h�+B*CJOJQJ^JaJph#ho66B*CJOJQJ^JaJph#h"CB*CJOJQJ^JaJph#h�qB*CJOJQJ^JaJph#hk�B*CJOJQJ^JaJph#hD�B*CJOJQJ^JaJph�7�7�7�785878T8z8�:S;d;v;{;�;�<�<�<��ñ����saMa;�-hsL�h�_�5�CJ\�aJ#hiPB*CJOJQJ^JaJph&hD>6�B*CJOJQJ^JaJph#hD>B*CJOJQJ^JaJph,hD>hD>6�B*CJOJQJ^JaJph)hD>h8�B*CJOJQJ^JaJph#h��B*CJOJQJ^JaJph#hEL�B*CJOJQJ^JaJph)hEL�hEL�B*CJOJQJ^JaJph)hEL�h��B*CJOJQJ^JaJph#h8�B*CJOJQJ^JaJph�7?8@8Y:Z:�<�<�<�<=�=�>�>�@�@cCdC�D�D�F�FLHMH����������������������$dh��[$\$a$gdiP $dha$gd2� $dha$gd��$dh��[$\$a$gd8��<�<�< ===i=l=p=w=�=�=�=�=�=�>�>�>W@�@�@����˶������y�gU�UCU#h|B*CJOJQJ^JaJph#h\fKB*CJOJQJ^JaJph#hiPB*CJOJQJ^JaJph1h2�h2�B*CJOJQJ^JaJnH phtH #h2�B*CJOJQJ^JaJph#h�n�B*CJOJQJ^JaJph)h2�h2�B*CJOJQJ^JaJphhlh�bE5�CJ\�aJ hlhl5�B*CJaJphh�_�5�CJ\�aJh�bE5�CJ\�aJ�@cCdC�C DDDD1DVD�D�D�D�D�D�D3F�F�F�F�F�G�G�GKHLHMHJJJ J?J@J�KELGL�L�M�M�N�N�������������׼׳��ų����ס������x�x�x�ihlhlB*CJaJphhZ^[CJ\�aJh�lcCJ\�aJh(Ooh(OoCJ\�aJh(Oo6�CJ\�aJh(OoCJ\�aJh�>�CJ\�aJh�efCJ\�aJh��CJ\�aJh� CJ\�aJh�CJ\�aJh�u-CJ\�aJh\fKCJ\�aJmH sH #h��B*CJOJQJ^JaJph(MH?J@J�M�M�N�N�N�N�O�O.P/P&R'R S STT�U�U�V�V X XXkYlY��������������������������� $dha$gd~f� $dha$gd���N�N�N�N�N O�RTT�T�T�T�T�U�V�V�V XwX�XjYkYlYpYY�Y�Y�������ͻ�����������|�oe[Oh=\�CJaJmH sH h39�@�CJaJhel�@�CJaJhsL�h39�@�CJaJ h�B�h`D�h�(CJ\�aJh`D�CJ\�aJhy4CJ\�aJh�B�CJ\�aJh�T�6�CJ\�aJh�!CJ\�aJh�T�CJ\�aJh�ppCJ\�aJhx�CJ\�aJh~f�5�CJ\�aJh~f�CJ\�aJh�lcCJ\�aJhlB*CJaJphlY�Y�Y�Y�Y�Z�Z�Z�Z6\7\]]�]�]�]�]/_0_Q`R`�`�`�b�����������������������$��dh^��a$gd�� $dha$gd<=� $dha$gd��dhgd��gd���Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�YZZZZZ$Z%Z<ZEZFZXZYZ\ZaZjZ�Z���Ĵ����|o�b�bU���b�HUHb��hn-5�CJaJmH sH hyw5�CJaJmH sH hel�5�CJaJmH sH hl5�CJaJmH sH hlhl5�B*CJaJphh�%>5�CJaJmH sH h�R�5�CJaJmH sH h39�5�CJaJmH sH h>Fh39�5�CJaJmH sH "h>Fh39�5�CJ\�aJmH sH h>Fh39�CJ\�aJmH sH h>Fh39�CJaJh>Fh39�CJaJmH sH �Z�Z�Z�Z�Z�Z�Z�Z[#[$[&[1[N[Q[�[4\5\7\]�]�]�]�]�]�]���ʾ�������~�������vncUIh>Fh�%�CJ\�aJh>Fh�%�5�CJ\�aJh�%�5�CJ\�aJh�%>CJaJhywCJaJhZ^[h<=�CJaJh�!�CJaJhZ^[h�DRCJaJh<=�CJaJh�DRCJaJhv�5�CJaJh�%>5�CJaJh`c�h�%>5�CJaJh�%>h�%>mH sH h39�5�CJaJmH sH h>Fh39�5�CJaJmH sH hA5�CJaJmH sH �]?^@^�^�^�^�^_ _,_-_._/_0_R_�_�_�_�_P`Q`R`o`~`�`�`�`:a�������ο����΀x�x��of]Q]fIh�m�CJaJh�h�h�h�5�CJaJh�h�5�CJaJh� x5�CJaJh<=�5�CJaJh�F�CJaJh<=�CJaJh�u h�%�5�CJaJh�%�B*CJaJph$jh=\�0JB*CJUaJphh=\�B*CJaJphhT?�h�%�B*CJaJphh=\�CJaJhT?�h�%�CJaJh=\�CJ\�aJh�%�CJ\�aJhT?�h�%�CJ\�aJ:a�b�b;c=cAcBcLcMcYcZcbc�cdd dd1dGdfd�d�d�de�e�e�e�e f�fbghg{g|g}g�g�g4j5j6j7j9j:j���������������������������н��������m����(jh�4�h�4�0J6�CJU^JaJh�4�h�4�6�CJaJh�4�6�CJaJh�4�CJaJh�Y�CJaJhZ^[h�sCJaJhZ^[hCJaJhZ^[ha}CJaJh�LCJaJha}CJaJhX3pCJaJh�8CJaJh�bCJaJh�h�CJaJhCJaJ*�b�b�d�d|g}g�g�g9j:j'k(k�l�l�n�n�q�qss�s�s�u�u�����������������������$�ndh^�na$gdx�$�3�Sdh]�3^�Sa$gd�� $dha$gd�� $dha$gd�h�:j�j$k%k(kkk�l�l�l�l9m:m=mEm[m�m�m,n�n�n�q�q�q�q rrCrGrPrQrRr�r��������û�����������~vnc[n[n[nh�LCJaJhn�hn�CJaJhL_CJaJhn�CJaJhn�hX3p6�CJaJhn�hx�6�CJaJhx�hx�6�CJaJhx�6�CJaJh�Y�CJaJhx�CJaJhX3pCJaJh� xCJaJh�m�h�m�CJaJh�Keh�Ke6�CJaJjh�4�0JCJUaJh�4�CJaJh�KeCJaJ�r ss�s�s�s�s�t�t�t�t1u�u[vrvyv|v}vDxExFxGxzzzzzz:z;zE{W{u{�{�{�{�{�{�������ŹűũũŠ�������wow�wgwg_g_gh��CJaJh�!6CJaJh�8CJaJh�TECJaJh��h�6�CJaJh��6�CJaJh��h��6�CJaJh�6�CJaJh�CJaJh��CJaJh��h��6�CJaJh��CJaJh��CJaJh<CJaJhn�CJaJhL_CJaJh<=�CJaJhL_hL_CJaJ%�u{v|vFxGxzz{{�|�|[}\}~~�~�~��7�8���������������������������������$�Sdh^�Sa$gd�m�$�ndh^�na$gd�� $dha$gd���{�{�|�|}}Y}Z}[}~��������҂ׂ���"�;�M�N�r�s�t�v�����̓������������Ƅ܄ �/�0�L������������������������������������x�x�x�p�x�hW �CJaJhX�CJaJh |�CJaJh%�CJaJh>�CJaJh��CJaJh>�h>�CJaJh>�h%�CJaJh>�hZ^[CJaJh>�h.\�CJaJh�m�hNF6�CJaJhNFCJaJh.\�CJaJh9/�CJaJh�!6CJaJh��CJaJ+����#�,�D�L�_�e���X�Y�Z�[�\������ �%�g�l�������Ȉʈˈ̈������M�N�P�T�x�y�z�{������������������ļ̴̩���虑���{����wnh]�6�CJaJh]�jh�+�0JCJUaJh]�CJaJhC*!CJaJh�8CJaJh�A�CJaJh�A�h�A�CJaJh�+�CJaJh�?gCJaJhX�CJaJh�A�CJaJh�F�h�F�5�CJaJh|?CJaJh�F�CJaJh!QCJaJh�y�CJaJ'��[�\�����ˈ̈����y�z���M�N���E�F� ��i�j������������������������� $�S^�Sa$gd��$�ndh^�na$gd:S�$�Sdh^�Sa$gd�� $dha$gd��{�|�E�G��������0�L�M�N�O���������;�G�X�j�C���Ў� � � ����������Ž��������~�v�n�n�nf�^�^f^h�x�CJaJhCJaJh�._CJaJhpv�CJaJjhP0JCJUaJhPhP0JCJaJh:S�h:S�6�CJaJhn�CJaJh:S�CJaJh]�CJaJhPCJaJh.\�CJaJh%�CJaJh]�6�CJaJh]�h]�6�CJaJh]�h]�6�CJaJh:S�6�CJaJ"��f�h�i�j�����������������������ђ������6�=�Y�w�{�|�}�~�����������Ŕ����������ʺ�ʪʪ�����������vj^j^j^jhst�h4=�6�CJaJhst�h�~�6�CJaJhst�h�u�6�CJaJh�u�h�h4=�CJaJh�CJaJh�u�CJaJh�v CJaJh�%�CJaJh:S�CJaJhgCJaJhT�CJaJh�2CJaJh9/�CJaJh�x�CJaJhCJaJh�x�h�x�6�CJaJh��6�CJaJ$����������{�|���Z�[�����ɜ˜!�"�Q�R��� ������������������������������$�Sdh^�Sa$gdst� $�S^�Sa$gd�z$a$gd4=� $dha$gd��Ŕ+�,�1�G�J�R�p�u���� � � ���(�-����������������ɖϖܖ��������&�/�1�A�e�j�y�������1�;�I�J�U�V�Y�f�k�v�z�}���������������'�4�=�>�����™̙�� �������������������������������������������������������������������������������hst�h�M�6�CJaJhst�heR�6�CJaJhst�h�u�6�CJaJhst�h'2�6�CJaJhst�h4=�6�CJaJM�)�B�C�r���������������šƚʚ͚֚ךۚ������%�@�K�N���������ƜǜȜɜ˜L�~���������ٞڞ-��������������������������������ı��������~s~h]@Zh]@ZCJaJh]@ZCJaJh4<5CJaJh�.}CJaJh�u�CJaJh�%�CJaJhst�h4=�CJaJ$jhst�h�u�0J6�CJUaJhst�h�u�6�CJaJhst�heR�CJaJhst�heR�6�CJaJhst�h4=�6�CJaJhst�h�M�6�CJaJ,-�/�O�R�S����������� ��^�_���������ߡ�����?�@�u�v����� �~���������أߣ�H�h�j�k����������ȿ��������������������Ȫ��𗏗���~rh1nNh1nN6�CJaJhRla6�CJaJhjPCJaJh1nNCJaJh�B�CJaJhst�h�u�CJaJhst�6�CJaJhst�hst�6�CJaJh]@Z6�CJaJhst�h�B�6�CJaJhst�h]@Z6�CJaJhst�CJaJh]@ZCJaJh4<5CJaJh�zCJaJ*����u�v���������������+�,���������v�w�B�C�����Ŷƶֹ�������������������������� $dha$gd�B�$�Sdh^�Sa$gdst���������������å�� � �;�L�����������ǦȦͦ��K�l�o�������Ƨǧ���&�9�@�V�X�]�r�s�����-�E�h��������ƾ�������������������������Ʀ����������~����h'{�CJaJh��CJaJhxkCJaJhD CJaJh�'�CJaJhMx#CJaJh�5GCJaJh�e�CJaJh�Q�CJaJh]j�CJaJh�8h]j�CJaJh�B�CJaJh1nNh�B�6�CJaJh1nN6�CJaJhRla6�CJaJ1��������������������Ʃթة���������«̫�(�K�}�����ʬ����������íѭv��������������������讥���������؅؅��z�r�jrjh�'�CJaJhgc�CJaJhn�h#HCJaJh#HCJaJhCnLCJaJh�RlCJaJh�P=CJaJhMx#6�CJaJhMx#hMx#6�CJaJh�R�CJaJh� �CJaJjh�5G0JCJUaJh�v CJaJh��CJaJhMx#CJaJhxkCJaJh�5GCJaJ(����r�z�����3�4�������������մ����ɵN�O�o�¶�E�F�K�T�ŷ������ � ���.�4�p�Թع�������7��������������������ظحإإ��������������������h��CJaJhE�h�> 6�CJaJh�> CJaJh�CJaJh U9CJaJh�v�h�v�CJaJh�:CJaJh�` CJaJhE�CJaJh�R�CJaJh�v�CJaJhgc�CJaJh}V�CJaJh�'�CJaJhst�CJaJ/ֹ׹W�X�����������������4�5����2�3� � �}����������������������� $dha$gd�Yo$�ndh^�na$gd! $�S^�Sa$gd��$�Sdh^�Sa$gd�� $dha$gd�B�7�G�U�V�X�¼ü��+�/�1�4�6�����T�U��������������������������������4�L���������������������������ȗ�����wowoh{WCJaJh3`�CJaJh}V�CJaJh�S�CJaJh�w�CJaJhhS6CJaJhk*hk*6�CJ\�aJhk*6�CJ\�aJhpH�CJaJh�v�CJaJhk*CJaJh�R�CJaJh�:CJaJh��CJaJh�,�CJaJh�> CJaJh� �CJaJ(L�M�����������/�H�t�u�������B�C�P���$�*���������1�2�4�5� �������|�}�~����������������������������𨜑��~vn~fhF �CJaJh�?�CJaJhF �CJaJh�?�hF �CJaJh�J�CJaJh�?�h�YoCJaJh!h!6�CJaJh!jh!0JCJUaJh�oPCJaJhYi�CJaJh��CJaJh��h3`�CJaJh��h{WCJaJh3`�CJaJh{WCJaJh$�CJaJ$}�~�����s�u�����]�^�����������6�7������������������������������ $dha$gd x $dha$gd�5? $dha$gd�B�$�Sdh^�Sa$gd�A� $dha$gd�Yo����r�s�t�u�������'�(�]�^�������������������������������������i�j�t�������������ͽ��������������������yq�i�i�]hBZh�e�6�CJaJh�e�CJaJh+R�CJaJh7I�CJaJh�QCJaJh;fZhBZ6�CJaJhBZCJaJh�G)CJaJh�l�CJaJh�oPCJaJh�5?CJaJh�'�CJaJh�?�CJaJh3`�CJaJh{WCJaJh!h{W6�CJaJh!h!6�CJaJh�Yoh!CJaJ$���������!�3���E�z�{�|�}��������:�>�B������� � � ��$�(�U�X�j�y�������������̹�������������z�r�r�r�r�r�j_h[1�h60CJaJh�Y�CJaJh�E�CJaJh�J�CJaJh�Y�h�E�CJaJh�Y�h�aCJaJh�Y�hW/CJaJjh�a0JCJUaJh�aCJaJhW/CJaJh xhD CJaJh xCJaJh xh�e�CJaJh xB*CJaJphKIIhBZh xCJaJhBZ6�CJaJ#����������������H�I������������������������������������G������������=�e�k�~��������ŹŹŹŹŹŹѹűک��������x�x�phph�CJaJh�cCJaJh xhD CJaJjhIg}0JCJUaJh�J�CJaJhIg}CJaJh�>�CJaJh��CJaJh�E�CJaJh�2�h[1�6�CJaJh�2�h606�CJaJh�2�6�CJaJh[1�CJaJh[1�h60CJaJh�Y�CJaJh[1�h�E�CJaJ(��������������������q�r�)�*�����^_!"������������������������ $dha$gd�B� $dha$gd x$�ndh^�na$gd[1�~������������)�@�o�p�������������������2�7���w�x������� ���+�5�O�n�o�p�5�U��������������������������������������������������ب�}�h��B*CJaJphh��h��B*CJaJphh�}<CJaJh�J�CJaJh�R�CJaJhTW�CJaJhp �CJaJh�?CJaJh�CJaJh#HCJaJhMY�CJaJh�[�CJaJh�N�CJaJh�cCJaJh�CJaJ.���������(�>�]�^�v���)�����!�"�z����������������$/3M��V_���%�����_v!"������������������;ͳͨ��������������������ؘ��؅hn�h#HCJaJh� �CJaJhfCJaJhV4CJaJhMY�hTW�CJaJhMY�hMY�CJaJhMY�h��B*CJaJph�hMY�h��CJaJh��CJaJhMY�CJaJh�J�CJaJhTW�CJaJh7�CJaJ3"#%KLM�d� � � � �    % 2 3 4 6 7 � � � KLNP������������������������ue�X���hJZ6�CJaJmH sH h�Z�hJZ6�CJaJmH sH h�Z�6�CJaJmH sH h�Z�h�Z�6�CJaJmH sH hJZ6�CJaJh�Z�CJaJhJZ6�CJaJh7`h7`6�CJaJhJZCJaJh7`CJaJhfCJaJh�u�CJaJh/@h�_�5�CJaJh�_�5�CJaJh/@5�CJaJh]j�5�CJaJ"LM��^_��_�1 � c � v � � 5 6 � � NP������������������������ $dha$gd�Z�$�Sdh^�Sa$gdJZ $dha$gd7` $dha$gd���HIJK$AIJ^in� ,�����9;<�����������·���������x�p`S`Kh�_�CJaJh>O�6�CJPJmH $sH $h� �h�_�6�CJPJmH $sH $h�ZCJaJhHCJaJhV4CJaJh>O�CJaJhMY�CJaJh4�CJaJh4�h�%c6�CJaJh�Zh�%cCJaJh�Zh/z�CJaJh/z�CJaJh�%cCJaJh�;�CJaJhfCJaJh�Z�CJaJh�Z�6�CJaJh�Z�h�Z�6�CJaJPJL@A����;<��,-����CDV!W!������������������������ $dha$gdMY� ��U"�3�S�dh]�3^�S`�gd�� $dha$gd���Nnp����()*+,-���������78b|�������������ҿ۴�������s�k`kXk�h�eCJaJhW5hW5CJaJhW5CJaJjh�'z0JCJUaJh�{�CJaJh��B*CJaJphh��h��B*CJaJphh4�CJaJhd[eCJaJh`X8h/yoCJaJ$jh�@�h�'z0J6�CJUaJh/yo6�CJaJh�@�6�CJaJh/yoh/yo6�CJaJh�'zCJaJh/yoCJaJ"��������������%&.?@ABCD�������)*=����ʾ����������������������}�r}j}j}b}h2�CJaJh�{�CJaJhMY�h�CJaJh�CJaJhd[eCJaJjhMY�0J6�CJUaJh�6�CJaJh�hW56�CJaJh�h�6�CJaJh�hW56�CJaJhMY�hW56�CJaJhMY�hMY�6�CJaJhMY�hMY�CJaJhMY�hW5CJaJhW5CJaJ&=I�} � � &!S!U!V!W!�!�"�"�"�"�#�#�#�#�#�#�#�#�#�#�#�# $ $$$$$$($�����������׼�׬��������}�����}�tiah�%�CJaJh�%�h�1�CJaJh�1�5�CJaJh�%�5�CJaJh�1�h�1�5�CJaJh�1�hhPG5�CJaJjhhPG0JCJUaJhhPGCJaJhd[eCJaJh�hd[eCJaJhMY�CJaJh2�CJaJh m9CJaJh�h�6�CJaJh�CJaJh�h�6�CJaJ#W!�"�"�#�#$$�$�&B'F'(*)*],^,�.�.�.�.�0�0%2&2\3�����������������������$�nd^�na$gd�%� $dha$gdhPG$ ���3dh]�3a$gdpj $dha$gd��($-$�$�%�%%'&'A'B'C'D'F'�'�'�(�(�) *&*'*(*�+,u,�-�-�.///�/�������������������{�s��k����_h� �h� �6�CJaJhr~�CJaJh2�CJaJhhPGCJaJh� �CJaJh�hCJaJh�c�CJaJh�1�hhPG5�CJaJh2�h�%�OJQJ^Jh2�h�c�OJQJ^Jh2�h�c�6�OJQJ^Jh2�h�%�5�6�OJQJ^Jh2�h�%�6�OJQJ^Jh�%�CJaJh�%�h�%�CJaJ�/�/�/�0�0�0�0�0�0�0�1�1�1�12%2&2h2i243N3[3\3f3�3�3�3�34=4N4�4�4555�5L6]6_6����ƾ�ƮƮ����������ƦƦƦƦƦƦ�{�skshl�CJaJh� �CJaJh��B*CJaJphh��h��B*CJaJphh�CJaJhyL�CJaJhRCJaJh�pTCJaJh�c�CJaJh�hCJaJh� �CJaJh� �6�CJaJh� �h� �6�CJaJh� �h��6�CJaJ h��h��6�B*CJaJph'\3]3�4�4�5�5_6`6l6m6'7(7x7y7�7�7 88����������������� dh��7$8$gd�WV dh7$8$gd�� $dh7$8$a$gd�� $dh7$8$a$gdM�$ & Fdh7$8$a$gd�� $dha$gd��$ ���3dh]�3a$gdpj_6`6l6m67#7'7(7-77797:7w7x7y7�7�7 8888*8+8=8?8@8A8B8I8O8�����±���� �  ��v� hZL�vh]c�CJPJaJmH sH h�WVCJPJaJmH sH h�W�CJPJaJmH sH h� �CJPJaJmH sH hV4CJPJaJmH sH h�W�CJPJaJmH sH h�A�h�<CJPJaJmH sH h�A�h�n�CJPJaJmH sH h�A�h�<CJPJaJmH sH h�<CJPJaJmH sH &h�A�h�<5�CJPJ\�aJmH sH h�A�h�W�CJaJ88+8>8@8A8B8_8j8k8l8m8n8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8���������������������� $7$8$a$gd�"� $7$8$a$gd� � $7$8$a$gd�@- ��7$8$gd�< $7$8$a$gd�<O8^8_8i8j8l8n8~8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8�8����Ϳ������s�e�WF�8�h��CJPJaJmH sH h�@-h�@-CJPJaJmH sH h�W�CJPJaJmH sH h%+�CJPJaJmH sH hV4CJPJaJmH sH h�A�h� �CJPJaJmH sH h�A�h� �CJPJaJmH sH h� �CJPJaJmH sH hl�CJPJaJmH sH h�W�CJPJaJmH sH h�A�h�W�CJPJaJmH sH h�A�h�<CJPJaJmH sH h�A�h�<CJPJaJmH sH �8�8�8�8K:;;u<k=�=�=�=�=�=>>��ʳ���|�q^OB-O)h�h�oB*^JmH nH $phsH tH $h�h�o^JmH sH h�h�oOJQJmH sH %jh�9h�o0JOJPJQJUh=\�h�omH $sH $h=\�h�o6�>*B*^Jphh=\�h�o6�B*^Jph/h=\�h�o6�>*B*CJOJQJ^JaJph,h=\�h�o6�B*CJOJQJ^JaJph#h=\�h�o6�CJOJQJ^JaJ0jh=\�h�o0J6�CJOJQJU^JaJh�A�h^o�CJaJ�8;�=>*>=?�?�?@\@�@�@A^A�A�A�A�A�A�A�A�A���������������������gdz� $dha$gdMY�gdP$a$gd�+�$a$gd�4�$a$gd=\�$dh��[$\$a$gd=\�>>>>*>+>,>A>�>?=?>???�?�?�?�?�?�?�?�?�?@@ @@@@@[@\@]@a@�@�@�@������ȽȽ������鑇�{p{p{p���e���Z�h�ah�omH $sH $h!h�omH $sH $h�5Gh�5GmH $sH $h�5GmH $sH $h�5Gjh�5G0JUh�u�h�omH $sH $h:S�hPmH $sH $hPmH $sH $hPjhP0JUh�+�h�+�mH $sH $h�+�mH $sH $h�+�jh�+�0JUh�4�h�omH $sH $h�omH $sH $h�ojh�o0JU#�@�@�@�@�@�@AAAA]A^A_A�A�A�A�A�A�A�A�A�A�A�A�A�A�AB B B$B%B2B7B8B>B�����������ø���������������}r}�f�[h�o5�CJ\�aJh� �h� �CJ\�aJh� �h� �CJaJhsZh�oCJaJhsZh�o5�CJ\�aJjh� Uh� hhPGh�omH $sH $hMY�hMY�mH $sH $hMY�hMY�CJaJ!jhMY�hMY�0JCJUaJh�'zh�omH $sH $jh�o0JUhIg}h�omH $sH $h�omH $sH $h�o#�A�A�ABB%B8B_BnBoBpBqBrB�B�B�B�B�B����������������� $7$8$a$gd�"� $ ��8!a$gd�h� $� ^� a$gdRw3gdz�>B@B]B^B_BeBfBhBnBoBqBrByBzB�B�B�B�B�B�B�B�B�B������������nZ�L>n�hV40JB*CJaJph333hMY�0JB*CJaJph333&h�H�0JB*CJaJmHnHph333u!h�GOh�o0JB*CJaJph333*jh�GOh�o0JB*CJUaJph333h�o0JB*CJaJph333h*�0JB*CJaJph333h�ohsZh*�CJaJh�oCJ\�aJh�o5�CJ\�aJhsZh�oCJaJhRw3h�oCJaJh�oCJaJhsZh�o5�CJ\�aJ�B�B�B��h�A�h^o�CJaJh� 9 0&P{1�h:p*���/ �"I!��"��#��$��%����� ���&s0H02����&6FVfv������2(��&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv��8X�V~�������� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@_HmH $nH $sH $tH $V`��V �D�Normal7$8$(CJOJPJQJ^J_HaJmH $sH $tH H@H 39�T�tulo 3$$dh@&a$ 5�PJ\�NA ���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R  Tabla normal�4� l4�a�,k ���, Sin lista ^B@�^ �D�Texto independiente$dha$CJaJmH sH n�/��n �D�Texto independiente Car(CJOJPJQJ^J_HaJmH sH tH R�/��R 39� T�tulo 3 Car"5CJOJQJ\^JaJmH $sH $h^@"h �%�0 Normal (Web)�d�d7$8$[$\$ CJOJPJQJ^JaJmH sH 2@22 z��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Car Car,Footnote Text Char,CCJPJ^JaJmH sH tH��/��A� z�DTexto nota pie Car,Footnote Text Char Car,ft Car Car Car,ft Car Car1OJPJQJ^JmH $sH $�/��Q z��Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car Car,C CarOJQJ^JmH sH &`��a z��Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Ref,de nota al pie,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,f,FZ,4_GH*^J<@r< u`� Encabezado  ��8!X�/���X u`�Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH B @�B u`� Pie de p�gina  ��8!^�/���^ u`�Pie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH 8)`���8 �h�N�mero de p�ginaL��L �*�Texto de globoCJOJQJ^JaJ`�/���` �*�Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH $sH $tH �/��� ]k��Footnote Text Char1,Footnote Text Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char Char1,Footnote reference Char,FA Fu Char,texto de nota al pie Char,Footnote Text Char Char Char Char1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car CharCJOJQJmH sH tH h�o���h �TPUNICO$$���p�p1$7$8$H$`��a$ OJQJ^J_HaJmH sH tH n�n �PP�rrafo de lista ��7$8$^��m$ CJOJPJQJ^JaJmH sH,X ��, ��@�nfasis6�]�:U ��!: ��0 Hiperv�nculo >*ph�J+2J $N�Texto nota al final#CJaJb�/��Ab #N�Texto nota al final CarOJPJQJ^JmH $sH $tH F* ��QF N�Ref. de nota al finalH*PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!8#3��theme/theme/theme1.xml�Y]�7}/�? ���k�K���I��$�NJ���QV32#y7&J�X(��� ���m ����f۔6���^i�cɖ�ɒ�R��eFs��ѽҹ���K�"�������x��$���[�~��:\�x�(�q�]`�^�����hG�8���|��P��N��GЌ�6�1<��$Bn�iq��c��b�T�#Db׉Qn�`㌱s}2!#��.��(�.F4H�8�Ѱ�òD�h�!�r��1;�{�u(��ܒ�s���h'3�b��f�W�]f0>��>��Aީ��^���W*6q�z�֫���F0Ҕ����4;]?�j����[�V�^�_�������+P������D��+P��7�W���W�_���K��W7� Rn�K~�,G�C&�^�›�ׯW2�+̆|v�.&,��Z� �H�������Qr�g�LC�x33ͥJ�_����ԕ���H���� �h�|>J�L�܏���A^�����g����'9y����ϩ#�� ���ի���ɧ�_Ͼ{��+;������_��a������ϟ����?xl��t�Ç$�ܹ����,������A�v�ݢO9�����'B}m�(��:،��$��<�k��\�ǫad���X�pU���y8���Γ����Б���F~{�h+�� BlмAQ,��X8�;��2�;�q�'��q6��t��dH�ٴ2�B"���F�m�f���a�6�.>2��*��bj��2� �\QD���!�H�H����LO1eNo�9��\O`�Zү���ӾO��L9���C���.;

B�l��C�?�)��L����\!����M������(�Ni5A�yb��ě�;X� �Jj@� =�H|���ɺ���:��o�XFu^��늺�&��p���dLοvw�<��a�l����^����to[��^�W �-���V]mܣ��� �t �q�u�P��}h�v���q�.�J� �4A��I����p���ˮt2��)wf�ö_5[}K<�G�l�������4�Ī�����!Rt��z��+�S���$ m߆�֙I�j!Q_6� �s����;aѴ�hH��Tm�jyV`����������Q!��2Oi���U�|���Lc�>b9V�nJ�[�'G�N�7ȴAB�n& U�x��������0[Q^�x�\7W)5��P,WÊF��o�8k��n]h�+���[��0eFh�r'���� ��[^D���l$�t��EYf ]��4�JtR5����CI�r����@c�!�[��pn�5AV�9H��d<����Ӯ��H�����*�>U�gKK6�t��s@��MS̯�eDŽ�ןr�1�ϙ�����Za�dW����Pڎ�,DYE��<�+)�騻<�]6f���Le�ՃjTӼj��V�Ӎd�4�\�LCUdմ���ò ���lE^c� 1�K�§ҽ.�֭ͥ��*��g��oP4j�� j�� K��Z�ڱ�)�ޤHhŧ�t���FX���3U~�[���4Y�+U��ɇ~4��xt�#� �R  � �@U�T6`���Ҁ+g���{�䷽���R����W*4�v����j��K�N�Fe?=u�ç(���^T���K���vaĢ"S�*EE\���+��Kz�� ������J�Ymvj�f��/x�N�� j�B�Ի�n�7���s��^�x�^�P+A���$�F�P�*��Wo7z^�A�������«x����PK! ѐ��'theme/theme/_rels/themeManager.xml.rels��M �0���wooӺ�&݈Э���5 6?$Q�� �,.�a��i����c2�1h�:�q��m��@RN��;d�`��o7�g�K(M&$R(.1�r'J��ЊT���8��V�"��AȻ�H�u}��|�$�b{��P����8�g/]�QAsم(����#��L�[������PK-!����[Content_Types].xmlPK-!�֧��6 0_rels/.relsPK-!ky���theme/theme/themeManager.xmlPK-!8#3���theme/theme/theme1.xmlPK-! ѐ��'� theme/theme/_rels/themeManager.xml.relsPK]� <?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="yes"?> <a:clrMap xmlns:a="http://schemas.openxmlformats.org/drawingml/2006/main" bg1="lt1" tx1="dk1" bg2="lt2" tx2="dk2" accent1="accent1" accent2="accent2" accent3="accent3" accent4="accent4" accent5="accent5" accent6="accent6" hlink="hlink" folHlink="folHlink"/>-W4b$cM��ǔ��1�z���)7A��: Dl�Q��R��6 9 �:����� ||���� � #�i����?�"x' 1�7�<�@�N�Y�Z�]:a:j�r�{��{��Ŕ�-�������7�L�������~���"���=($�/_6O8�8>�@>B�B�B���������������������������������������������������������!��!�7MHlY�b�u�����ֹ}���"PW!\38�8�A�B��������������������������!�����@� @���������H ��0�( � ����0�( � ��B �S ���� ?���_GoBackW�:W�:����OR�������34�l�l�xy@�G��067<7�9�9�9�9�9�9�9�9::�:�:`_h_Ԓ֒�0�9�9�9�9�9�9�9�9::�:�:33 ! �0�0*6�7�78^9�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9:::$:2:7:i:i:j:j:k:k:m:n:q:r:y:�:�:�:�:�:�: ! �0�56�9�9:$:2:7:i:i:j:j:k:k:y:�:�:�:�:G*j�32������������0���^��`�0�o(.� �8����8^�8`����h�H.� ��L��^�`�L��h�H.� �� ����� ^�� `����h�H.� �� ����� ^�� `����h�H.� �x�L��x^�x`�L��h�H.� �H����H^�H`����h�H.� �����^�`����h�H.� ���L���^��`�L��h�H.G*j����������ޅ        +G%+R=�\#I)�%�,x0�CR2�;�A�[�Jr!Rady_�%ad }jo�t� �� V� �Nyw��(�12j!pX N# *�7�>�Z���!h1=Au�w~B�x �@�\�dhCyER�hxk�� �U�Z.g�g=p�p�y �� 1<_<�F�LN�j.t7�$�-<@�LqX�[�z�{o � + r6 �S ET �U IW �[ �g Ns ~ H �% �( ) =0 Q;U Y 6e �w � �# 8 �< �M �X fg �u �z � }  � C3 pB %S ^ �_ �` ma yi �l �v ~ � D /! �( �( E+ �/,2 52 �> �K @P �V �g <NFI\Slx0|�@ 5#�&w/�?a]�`�e�k�0�'�+,222l>�H�O�`�a#I+�0A<N>\?xD�`�h�� +��7�Va�fYo6�r'�2�7�>HZm[ x��)�xz�: f�� |*�*'B{[�d>s�x�� 7�"�/�2�D�Oa\Mc|������.4�5�J!Q�V�ka;+FH^~d�z. u��*+.T.#H�O\v�� ��&_0p3�=�BP _�f�q�u��|%U(@.y4�7;Y@d�|�} 5�!�&�3�<�C;^RnRo�s�t ":�:�;�E�J�Y�o�N�JZ�acj�q�tA�$�G"I\]c/hm�t�w{C; �B mC gI T �r �s �!!�!C*!�P!�i!�i!�w!�"< "6("�/"0"�M"�N".R"�q"b#�#+6#T;#rJ#X#�`#�w#Mx#$� $]$}$/6$^;$�Y$}d$�e$�j$i}$+%L%K7%�@%UW%'r%�{%�~%&� &�&�&�&�&�8&+=&� '�'�'U'/='C>'bU'En'�(�(�((�&(s((�-(�.(0(}5(�@(�V(wY(t(�w(|(� )�)�)c&)�G)�N)xS)�T)�z)k*�*�%*(*�(*�2*C3*�<*P=*�H*vR*2~*w+�!+K%+�3+!7+�@+�^+�_+qo+�t+N|+�,T,�,]!,�5,zG,7U,Bi,�{,�-�-U3-�8-�@-�i-n-�u-�.�&.�:.@S.O].o.�q.�%/�,/�K/W/�h/�y/0t#0 +0�0060&<0T<0�F0P0�S0R`0�`0a0�c0�k0Ks0�y0�1� 1o*1�/1N31� 2a2�2� 2+2�52�_2�a2�b2�i2�j2�q2<3k 3�3�3�3Q"3�63Ch3Rw3|x3� 4�4V40.4�94�@4�D4/R4�T4�i4�5�54<5C?5QF5W5�d5Zh5�h5�66�!6116o66|Q6hS6T6�W6�i6,q6�r6k7 7`-7�:7H<7MS7�Y7Ic7�i7Tl7�t7�w7�8�"8�*8�V8`X8�k8l8�~8T9�9�L9 U9�X9�\9 m9�t9�}9r:S:�:�8:�=:�O:mZ:Le:�u:;|:k;�;�$;�t;�v;]|;�<t <�<�<Q<"!<�%<�P<�R<�t<�}<�=f=O =!=,=�P=�T=G`=�p=�>w>>�>�%>�2>�B>D>\H>�_>�`>�j>�w>C~>�~>�?�?^?A*?�/?�5?�E?H?UT?#\?�]?�^?�q?|?�@/@�3@�R@tX@.c@�u@~@AAMA�(A$-A�3An5APOA`VAkhA?yAM|A<B0BW:BFBQcB�tB"C@CHC,C ACJC�QCuiC�kC\!D 'D�;D_D1_DjD�wD�E`.E}AE�TE�TE�`E�bERdEZeE�nEyE� F�FUF YFamF�|F G�&G*G,G�5GhPG&]G�eG,oGEzH_{H]I�Il I�&I�0I�0I%3I$6I�8I�9Il@I�MI�`I�jIWJJ� JRJ�J�%J�'J�jJoJ~Jx K�K�+K{1K�PK\fK�L�L� L�>LlNL�QL�lLCnL�rL�~LpMMVDM~XM�aM�hM�}M�NN�+N7NmBN�CN�WN\N1nN�rNp#OBO�GO�IO[NO�NOSOpiO�xO�P�4P�OP�TPiPjP�oP�pP�qP|P�Q� Q#Q�$Q�*Q6+Q�;QVFQ�UQ]Q�]Q{_Q�tQ�vQ�RX*R&0R�4R]9R�BR�DR�YRbR.yR�S�)S*S�HS�ISkaS�aSdS`gS T�T�T�T�TCTmT/'T�-T=FT"TT�gT�kT�pTtT�U�U�5U�BU�UUD[U�]U-eU V�Vt,V0V'1V�3VtCVLVtMV�WVbV:cV^fV�gV�{V�W5>W�OWlW pW�zW{W"X�X�X�/X�/X�2X�GX�fXoXYY%Y�&Yz'Y�<Y�NY�OY�RYSY,Z�Z�Z�*Z�.Z/0Z]@ZBZ*WZ�YZ;ZZ�^Z;fZ7mZ A[5C[?M[;W[Z^[�j[wl[�n[l}[�}[:3\�4\�8\);\J;\�@\�A\�V\�\\� ]�]�]�$]�4]�:]{U]Z]�\]Zq]�x]^x;^2F^mQ^_�_�._�3_L_ `�`�`�'`"0`7`:`vC`�K`Gi`ts`w`[a�a�a� a�+a�-aD<aVBaOCa|Xa"_a�kaRlacraRxa�b�'b<bN^b�hb�hb�mb�xb�c<c`c�%c�+cH7c�=c�]cLfc�lc_zc�{ci dd4!da$d�1dIdLd�Ld�Ydbd�ldMpdyd�e�e�e�e�*eL<e�Ked[e]e�^e�^ere�|e�f�f!6f?f�Cf�bf�efQuf�vfG}f�gg3gR%g'g�8g<g�?g/@g.Jg Lg=Zgegh1 hOh�hh'h�0hK;hx<h�LhTQh�dh�mhvhi ii�iiFi�i$i�/i�;i�<i�Hi�Ti�]i�fi�qinvi�{i�|i" j(j�Gj4Pj{djJejpjk�"k-k�;k=kLk8Lk5kklRAl�Rl�klK!m(m�)m�+m'5m�5m�7m<m�UmCVm�_m�gm&wm�nFnJ-n�6n]8n�9n_=n�FnWXn(bnWdn�hnwpn�qn. ou o"o�7o�No(Oo�Wo�YoKZo$_o�mo�uo/yo�pJp�prp�,pX3p&9p�=p�Ap�apWnp�ppeupovp�q]quq,qHq�$q�6q~7qEqQq[qZeq�zq�r�rsrr�#r;'rv:r Br!CrSer�hr�hrJ{r\0s�2s]7sv9s�As�Xs*cs�%t2t#DtNStHht�mt�rt6uFuuu�uzvv�)v�4vv;v�=vjQv�Wv�Xv�Xv}v? w�w�w])w�4w�Fw�Uw�\w�hw�jw�zw� x�x�xL9xI[x�]xz{x}|x�y�y�y�y�yvy4&y�2y�Ny�Wy�Zyeay<myryV z�zCzSz�'z�QzFVzlpz5~z�{�{`3{-l{�|f|X |U;|�V|c|�r|a}C'}�.}�8}x:}�F}Ig}�h}�j}�~�0~ G~r^~?`~�k~�o~- o2?3�X�o�s��>���2��0�n2��5�<��H� L�2P��Q�f��n� s��v��������I"��#�4��<�H��R��e�lw�'{������ �,!�^(�,,�O9�>O��Z�7e�Jj�����"�Q5�97�6c��c�i�5l��l�\�l�09��F�vN��_��d� |���W �WI�L�EO��^�De��������E�pH�GW��g�v�]!�_+�^�]l��w�_x��z�6�d�t�� �;��@��N��!��%�9/��4�C�|)�=\�3`��c�:m��o�jt��{�S � ����.�'/��>�L�sO��W�$t��v��y�����&�j*�"2�a<��F��K�lR��S��e�@z����5��9�@��B�mD��I�oV�[��\��}�l���t��#��1�UA�S��V��\��`�Wp��z�� ������(�LG��X�.\�]c��k�*u�����8��.��2��4��9��_���l��%��+��?�SP��P��[��h�����C9�n>��a� d������L&��-�#0��2�4�E��S��U��W�MY��f�x� �� �1����1��:��[�6^�u`�b� h�r~������� �\B�KI��K�]��m�o�����?��D�U��`�Ah��h�el��m��y��z��� �� ������2�08��W��c��r�5)��3��8�4D��\��d��e��~�����E����;�I�bf��p��v�����W�%� 1�u1�'2��O��`��i�]j�9{�{�� �4@��H�EL��L��R���� �v'��W��]��`�!q�Zq�.s�pv�my�+�V �� �x���&�7,��;��V��c��q�Fw�c}�@�������E��F��S��h��r���� �.�Y��"� /�=1�[1�G��M��P�Z]�rd�@f��l��o��z�n��$�y-�~V��X��{��I����@#��1�]?��V�0l�7�$�������l9��B��K�fQ��Q��Q��Y�_�� �J�G��X�������A3��;�$C�OF�U���<�� �-�d���T����A��S��W�X�� �C � �$'�|+�oC��X��d�e���u��*�4=��?�!A�6H��N�<V�bV��l��l�>�-�R:��>��?��I��Q��Y�ha��e��q�&x��~���2��>��P�bQ��[��� ��A�TI��S�VY�.��?�OB��E�I���2�S�( �'��/��M��_�k��p�Oz��}��U�A��4�f��f����D�p)�J8��D�\\��_�.x��{�����#�$��&��E�%G�H���"�K+�5�5H��J�5O��Z��[��h��!��#��>�h[��l�Jx���������T)��/��5� 8�p9��G�Q��Z�]��w�ey���d��%��*��0�H��\��k��n���F ��$��F��J�X�m��m��v�`|��}���%'�$N�]�6n�/p�st��)��_��q��w�$~���/��2�EJ��J��n�^o����_�*������(�N0�U4�'<��F��i��m��p�Lw�r�+�L4��7�:S�����0 ����(�]/�P;�h=�yL��S�J]��e��k��n���d��(��(�1��d��d�Rl��s���m �� �39��=�eR��_�ah��h�n�_n��s�|�x�"�6)�/��1��6��:��>�w@��^��g��l��t��}�v~� �J�p�����~+�VC�pR�uq�b{����G�����3!�Y&��2��;��\��g�*l�Es�� �N&�&7�5C�>O��R��d��i���3 �K1��7��:�'>�"E��_�k�!v�v�w�s�V�z��2�r9��S��X��Z��^��f�hg�(h��o��~�@ �{8�ZH��U�%[��d�e�Nf�dn��q����9 ���O1��9��H��O��V�TW��Z��l��{����C#�?3�DI��Z�]���C��$��+��7�wL��W��d� h�y��� �Z ���p*��,��8�J�^W��b����#�5%��&�r'��*��8��]�[a�?e�Lg��n�,r��x�:�-���4��"��?��B��M��i�9m��s��(�h7��F�,O�IT�GW�e�Ag��u���� �x ����������F��U��\��^��_�3`�g�8�!/��=��K��Y��b��u�����F ���$�X(�]3��?�\U��}��',�z?�H��U�<b�n������ �� ����)��<�1@��R��a�j��w��|�u*��5�!D�M��^��y��������&��M�@N�+R�����%��8�=E�+[��s��t�~�[�� �� �N �������R ��#�]-�:/�+=��A��N��T� f��m�&r�gv��y���& ��6��;�x>��A�+g��{��~�����8���a5��@�;_������*��U��]�#p���3%��,�[-��>��K�T��\�p�]p�>r��v��y��z����M*��9�6\�sb�7f��u��x�����|�� ��7�Z��h�]k��z���N �����N7��;�8<�I@�\Q�"x���^��%��,��/��5��8��E��X��s��t���C�� ���;2��5��:�IR�F ���T�$�s�u-�^0��4��<�D��F��U�<[�}k�~���g*��;�K��Z��i�vo� |�� ���_���8(��(��3��?��J��R�9[�-`��g��y��~�� �%���v���Z"�a'��*�AM�N��V�~j��j��y�S�G����$�%�2�4�>7��W��v�@x�}y������?������3�VG��H��K��Z�"d��m������)��5�`6��8�]A�6Q��[�/h�[p� �Z���'�+��.��C��G�`I�;K��O�mX�um������$��+��F��Q�)R��p�N�2 ���'��+�r0��D�7I��K��v�C�^��1�39��P�G\��h����\:�cO��U�d`��`��u� }���p �1���w+��.��;�#C� Z�b��{����!�z7��>��G��I�bR�MV�=i��@5�D�9F�Db�qb�v��v�Sx������&��8�D��T��Y�']�Xa�/z��~� �� ���X'�j;�(O��Y��r�Kt�T� �##�m'��?�i@� L�V�}V�Yi�z���K��%�%+��B�lX� ]�g��p��z��{������*��6��;�A�}H�/O��R� |�}�� �����r&��6�v;��>� Y��b��d��t�d��-��=�V>�&L�oV���M�6�Y��:��<��=�B��C�[U���p��.��.�5��:��L�gc�k�zs�ew� �I �����e����.�Q�tY��r��u�,���? �����EB�`D� S��T�td��e�ri�[w��x�S{���� ����-�M0��>��>� D��S�8Z��[��g�> ���8�Y5�'\��`�d�) ��U��d���%��(��+��2�v>��>�$c�~f��m��n�Bu��~�� ����|%��%��H�JU��_��_��k�it��� �- �m�� ��+�cG��I��P��R�FY��w���[���7�_�k�h�,!�;$�*�1��<�^Z��c�!p�� ����I��P��Z��]� i�5��!��%��7�<=��O��R��a�Gc��l��0�0�@������:�@��Unknown������������G��.�Cx� �Times New Roman5��Symbol3.� �*�Cx� �ArialK,��Bookman Old Style7.�����@�Calibri9.� �.��� �Segoe UIA����$B�Cambria Math"1������ug�2y� *vg#I�.�-�&�.�-�&��������4#0#02�q���HP ��?�����������������������D�2!xx� ���'TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL mag.cabreraUsuario de Windows �������Oh��+'��0������� 4@ ` l x ������(TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL mag.cabreraNormalUsuario de Windows35Microsoft Office Word@���-@�� ��@�ƞ;�@ +_�d�-�.�����՜.��+,��0 hp���� ���� � �� The houze!&�#0 (TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL T�tulo  !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~�����������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������      ����"#$%&'(����*+,-./0����������������56��������9��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �F`��d�8@1Table��������������]WordDocument ��������;�SummaryInformation(����!DocumentSummaryInformation8������������)MsoDataStore�������������d�p`ނ�d�NBYW���AW�CC��I��C��4Q==2�������������d�p`ނ�d�Item ��������6Properties������������UCompObj���� v���������������������������� ���� ��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?> <b:Sources SelectedStyle="\APASixthEditionOfficeOnline.xsl" StyleName="APA" Version="6" xmlns:b="http://schemas.openxmlformats.org/officeDocument/2006/bibliography" xmlns="http://schemas.openxmlformats.org/officeDocument/2006/bibliography"></b:Sources> <?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?> <ds:datastoreItem ds:itemID="{9A161634-4058-405A-82B2-623FA42DF779}" xmlns:ds="http://schemas.openxmlformats.org/officeDocument/2006/customXml"><ds:schemaRefs><ds:schemaRef ds:uri="http://schemas.openxmlformats.org/officeDocument/2006/bibliography"/></ds:schemaRefs></ds:datastoreItem>�� ���� �F$Documento de Microsoft Word 97-2003 MSWordDocWord.Document.8�9�q