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DOSIFICACI�N PUNITIVA � PROCEDIMIENTO: Criterios para la Ubicaci�n en los Cuartos de Movilidad y de Individualizaci�n de la Pena. DOSIFICACI�N PUNITIVA: No porque existan circunstancias de menor punibilidad ello conlleva inexorablemente a la imposici�n de la pena en su expresi�n m�nima, es factible fijar un monto superior siempre que converjan las exigencias de ley.
Los pasos adelantados a efecto de la fijaci�n de la pena en concreto, se realizaron con observancia del principio de legalidad, estableci�ndose que las circunstancias de menor y mayor punibilidad no son criterios para disminuir o incrementar la sanci�n, sino para la determinaci�n del �mbito punitivo de movilidad, y de darse una de las primeras �carencia de antecedentes penales-, no implica que se deba partir del extremo inferior del cuarto punitivo m�nimo; pudiendo el juez, conforme el sistema de cuartos y dentro del poder de discrecionalidad reglada que le asiste, ubicarse dentro del rango correspondiente al cuarto escogido y de acuerdo con los criterios de ponderaci�n de la pena, tales como la gravedad de la conducta punible y la intensidad del injusto, graduar la sanci�n definitiva, reglas que fueron aplicadas en el presente caso.
Sin embargo, se advierte que el incremento del rango punitivo establecido para alejarse del extremo inferior del cuarto m�nimo para individualizar la sanci�n no fue razonado, en tanto no todos los motivos que tuvo en cuenta el sentenciador se encuentran respaldados por elementos probatorios, correspondiendo realizar la correcci�n frente a la tasaci�n de la pena.
Adem�s se considera acorde la rebaja punitiva otorgada al haberse presentado allanamiento a cargos en la Audiencia de Formulaci�n de Imputaci�n, lo cual cont� con el visto bueno de la Judicatura, por lo cual no cabr�a retractaci�n alguna. SUSPENSI�N CONDICIONAL DE LA EJECUCI�N DE LA PENA � Requisitos. SUSPENSI�N CONDICIONAL DE LA EJECUCI�N DE LA PENA � Aplicaci�n del Principio de Favorabilidad.
SUSPENSI�N CONDICIONAL DE LA EJECUCI�N DE LA PENA - RECEPTACI�N DE HIDROCARBUROS � No figura dentro de la lista de delitos excluidos. No habr�a lugar a conceder el mencionado subrogado con fundamento en el originario art. 63 del C�digo Penal -Ley 599 del 2000-, en tanto no se cumple con el requisito objetivo; sin embargo atendiendo al Principio de Favorabilidad, es procedente su concesi�n al dar aplicaci�n a la reforma establecida por la ley 1709 de 2014, al satisfacerse tal presupuesto y dado que no existen sustentos jur�dicamente atendibles que permitan considerar que el delito por el cual se procede se encuentra dentro del listado de prohibiciones se�aladas en el art�culo 68A del C�digo Penal. / Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto Sala de Decisi�n Penal Magistrado Ponente: Franco Solarte Portilla Asunto: Apelaci�n sentencia con allanamiento a cargos Delito: Receptaci�n de hidrocarburos Acusado: EJGR Radicaci�n: 528356000538201003048-01 N.I. 22327 Aprobaci�n: Acta No. 2018 � 065 (Abril 26 de 2018) San Juan de Pasto, mayo tres de dos mil dieciocho Objeto del Pronunciamiento Resuelve el Tribunal el recurso de apelaci�n interpuesto por quien obra como defensor de EJGR, en contra de la sentencia condenatoria adiada a 1 de junio de 2017, por la cual el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Tumaco � Nari�o, conden� al prenombrado como coautor del reato de receptaci�n de hidrocarburos, y le deneg� los subrogados de suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y prisi�n domiciliaria.
Resumen de los hechos Las diligencias revelan que el 9 de diciembre de 2010 a las 2:30 de la tarde, el se�or EJG y otra persona, atendiendo el requerimiento del pelot�n motorizado cicl�n I del �Plan Meteoro� del Ej�rcito Nacional, detuvieron la marcha del veh�culo tipo carro tanque color azul, de placas KUL 930 en el que se movilizaban, a la altura del Kil�metro 101 de la v�a Tumaco Pasto; al inspeccionar el automotor se percataron las autoridades que llevaban una sustancia l�quida de olor fuerte con caracter�sticas similares a la gasolina en uno de sus compartimientos, respecto de la cual no se aport� gu�a de permiso o autorizaci�n para su transporte.
Una vez efectuada la prueba de marcaci�n de combustible por parte de la Polic�a Judicial, en las instalaciones de la Estructura de Apoyo de Tumaco se verific� la il�cita procedencia de la sustancia al tratarse de 300 galones de gasolina sin el cumplimiento de los rangos �ptimos de marcaci�n establecidos legalmente, de manera que se procedi� a la captura de los tripulantes por el presunto delito de receptaci�n de hidrocarburos.
S�ntesis de la actuaci�n cumplida En audiencias concentradas preliminares, el Juzgado Tercero Penal Municipal de Tumaco (N) declar� la ilegalidad de la captura y dispuso la libertad de los procesados. A la postre, el ente acusador deprec� se giren las respectivas �rdenes de captura, haci�ndose efectiva respecto de EJGR. Fue as� como el d�a 22 de octubre de 2016, ante la misma autoridad prenombrada, se llevaron a cabo las diligencias preliminares tendientes a la legalizaci�n de la captura por orden judicial; superada �sta, la Fiscal�a imput� al referido ciudadano los f�cticos antes descritos, correspondientes al reato de receptaci�n de hidrocarburos, en modalidad dolosa, a t�tulo de coautor, cargos que fueran aceptados de manera libre, consciente y voluntaria por el imputado, una vez se le pusiera de presente la potestad de renunciar a sus garant�as penales y se le ofreciera una rebaja de hasta el 50% de la pena imponible; acto judicial que fue declarado legal por el juez control de garant�as.
Se inst� por parte del ente acusador medida de aseguramiento privativa de la libertad consistente en detenci�n preventiva en la residencia del encartado, misma que al advertirse necesaria, adecuada, proporcional y razonable fue decretada en el mismo escenario procesal. La providencia impugnada La primera instancia, conforme a la aceptaci�n de cargos unilateral, imprimi� al asunto el impulso correspondiente a la terminaci�n anticipada del proceso penal, centrando en consecuencia su atenci�n en la verificaci�n del m�nimo probatorio que d� cuenta de la ocurrencia de la conducta punible y la responsabilidad del procesado en su comisi�n. Para ello, infiri� la autor�a y participaci�n en la conducta a partir de los elementos de juicio aportados por el ente fiscal, esto es, el informe de captura en flagrancia, el acta de incautaci�n del hidrocarburo, el informe de investigador de campo y el acta de derechos del capturado y constancia de buen trato.
A rengl�n seguido y agotado el an�lisis respecto de la tipicidad objetiva y subjetiva de la conducta, de la culpabilidad y la antijuridicidad, el a quo abord� el tema de la dosimetr�a penal, indicando para el efecto que de conformidad con el art�culo 61 del Estatuto Sustantivo Penal, comporta establecer los cuartos punitivos del tipo b�sico de receptaci�n de hidrocarburos previsto en el art�culo 327C ib�dem, cuya pena de prisi�n oscila entre los 6 a 12 a�os, o lo que es lo mismo, de 72 a ciento 114 meses, y multa de 1.000 a 6.000 mil salarios m�nimos legales mensuales vigentes, eligiendo el Juzgador el cuarto m�nimo comprendido de 72 a 90 meses, comoquiera que solamente concurre la circunstancia de menor punibilidad atinente a la carencia de antecedentes penales.
Se�al� que en consonancia con el citado articulado, es la gravedad de la conducta, el da�o real o potencial creado, la naturaleza de las causales que agravan o aten�an la conducta, la intensidad del dolo, la preterintenci�n o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y su funci�n a cumplir en el caso concreto, los aspectos a tener en cuenta a efectos de tasar la pena a imponer, dentro del margen de movilidad que ofrece el cuarto punitivo seleccionado.
En ese orden, resalt� la primera instancia que la conducta endilgada al procesado es de aquellas de mayor gravedad y especial connotaci�n en la costa pac�fica nari�ense, y que dadas las rudimentarias condiciones de refinamiento del combustible sustra�do il�citamente, su m�s seguro destino hubiera sido servir como precursor para la obtenci�n de base de coca, aunado a los perjuicios irrogados no s�lo a la estatal petrolera que funge como sujeto pasivo de la conducta, sino tambi�n a las finanzas con que se procura el cumplimiento de los fines del Estado, as� como al medio ambiente.
Siendo ello as�, el a quo procedi� a fijar la pena en concreto, para lo cual estim� que la receptaci�n de hidrocarburos es uno de los eslabones de la cadena que inicia con la extracci�n rudimentaria y peligrosa del combustible, su refinaci�n artesanal, transporte y suministro a los laboratorios de procesamiento de sustancias estupefacientes, para a la postre advertir la pretensi�n de materializaci�n del inter�s criminal por parte del procesado que se deduce de la forma como transportaba el hidrocarburo, circunstancias que a su juicio evidencian la necesidad del cumplimiento de la pena para asegurar el fin resocializador y de prevenci�n general.
Agreg� que el inculpado exterioriz� su �nimo de someterse a la justicia en la primera oportunidad que le fue posible, develando tambi�n su arrepentimiento frente a la conducta que se le reprocha, contexto que de todas maneras no le permite al Juzgador ubicarse en la pena m�nima del cuarto seleccionado, pero tampoco en la m�xima, tasando en consecuencia la pena en concreto en 88 meses de prisi�n. En lo que hace a la multa, expres� que atendiendo a la particular situaci�n econ�mica del acusado comporta ubicarse en la pena menor del cuarto m�nimo, esto es, 1000 salarios m�nimos legales mensuales vigentes a la �poca en que se perpetr� el reato atentatorio del bien jur�dico del orden econ�mico y social.
Por �ltimo, a la pena de prisi�n y de multa ya computadas, el sentenciador les aplic� la rebaja del 50% que en tr�mite de la audiencia de formulaci�n de imputaci�n fuera ofrecida por la Fiscal�a contemplada en el art�culo 351 Procesal Penal, la que advirti�, asoma legal, imponiendo en definitiva a EJGR la pena de 44 meses de prisi�n, 500 salarios m�nimos legales mensuales vigentes de multa al a�o 2010, e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por igual tiempo al de la pena principal.
Avocado el estudio de los subrogados penales precis� el Fallador, que en atenci�n a la fecha en que el justiciable incurri� en el punible y en virtud del principio de favorabilidad, se da aplicaci�n a lo normado en la Ley 599 de 2000 sin las reformas introducidas por la Ley 1709 de 2014. En tal contexto, advirti� que no concurre el requisito objetivo para la concesi�n del mecanismo de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, en punto a que la pena a imponer supera el factor objetivo previsto en el art�culo 63 del C�digo Penal.
Por su parte y en lo que hace a la prisi�n domiciliaria, rese�� la primera instancia que siendo que la pena m�nima para el punible por el que se condena al procesado es de 6 a�os, no es dable la concesi�n de dicho sustituto al no verse satisfecho el requisito previsto en el numeral 1� del art�culo 38 del C�digo Penal, atinente a que la sentencia se imponga por conducta punible cuya pena m�nima prevista en la ley sea de 5 a�os de prisi�n o menos, raz�n por la que dispuso librar la respectiva orden de encarcelamiento para el cumplimiento de la sanci�n. Argumentos de la impugnaci�n Inconforme con la decisi�n en lo que ata�e a la dosificaci�n punitiva y de contera con la negaci�n de los subrogados penales, el abogado defensor objet� en tales �tems la providencia proferida por el primer nivel.
Argument� que si bien es cierto no desdice del aspecto subjetivo del fallo condenatorio, comoquiera que el mismo proviene precisamente de la aceptaci�n de responsabilidad que de manera libre, espont�nea y debidamente asesorado efectu� el sentenciado durante la audiencia de formulaci�n de imputaci�n, no acaece lo mismo respecto de la individualizaci�n de la pena que refleja la decisi�n objeto de la alzada.
Ello, por cuanto rese�� que en vista del ofrecimiento efectuado por la Fiscal�a 23 EDA, consistente en la rebaja del 50% de la pena a imponer conforme lo precept�a el art�culo 351 procesal penal, es que se opt� por la aceptaci�n de cargos, sin que nada se dijera frente al incremento de la pena por la gravedad del delito, lo que aunado a la ausencia de agravantes al tratarse de un delincuente primario, indicaba que la pena a imponer no pod�a exceder de la m�nima, esto es, de 3 a�os de prisi�n. Asegur� que con el proceder de la Fiscal�a durante la audiencia de individualizaci�n de la pena, de deprecar de la Judicatura se incremente el quantum punitivo por la gravedad de la conducta y la afectaci�n de intereses de la comunidad, se enga�� tanto a su prohijado como a la propia defensa, pues obraron con la convicci�n de que la pena a imponer no era otra que 3 a�os de prisi�n, esperando con ello la concesi�n del subrogado de la suspensi�n de la ejecuci�n de la pena de que trata el prenombrado art�culo 63.
Se�al� que si bien al Juzgador le asisten prerrogativas para graduar la pena, debi� sujetarse al ofrecimiento efectuado por el ente acusador en desarrollo de la audiencia de formulaci�n de imputaci�n, que no en lo manifestado durante la audiencia de individualizaci�n de la pena, en acatamiento a los principios de lealtad y congruencia. Censur� el incremento punitivo efectuado por el Juzgado Sentenciador en aplicaci�n del art�culo 61 del C�digo Penal, aumentando sin m�s la pena en 8 meses (sic) bajo el supuesto de que son m�s las circunstancias de cargo que las favorables al procesado.
Tra�do a colaci�n el concepto de lo que se entiende por da�o ambiental, desde�� que del comportamiento de su prohijado se pueda predicar v�lidamente tal proceder, comoquiera que no media probanza alguna que as� lo indique, pues si acaso su actuar se limit� al transporte del crudo antes extra�do. Desestim� tambi�n el argumento empleado por el Juez de instancia, atinente a la supuesta afectaci�n de las finanzas estatales destinadas al cubrimiento de caros fines como la salud y la educaci�n, cuando es lo cierto que tales prerrogativas cuentan con rubros espec�ficos para su efectiva materializaci�n; adem�s enfatiz� que ante ello, debe tenerse en cuenta que ya su representado exterioriz� su arrepentimiento al aceptar los cargos endilgados y someterse a los rigores de la justicia. Corolario de lo anterior, indic� el libelista que la sentencia recurrida debe ser modificada conforme al ofrecimiento inicial efectuado por el ente acusador, esto es, que la pena privativa de la libertad irrogada a su prohijado sea de 3 a�os, con la multa e inhabilidad respectiva, concediendo en consecuencia el subrogado penal de suspensi�n de ejecuci�n de la pena al cumplirse los requisitos legales previstos para ello.
Consideraciones En consonancia con el numeral 1� del art�culo 34 del Estatuto Adjetivo Penal, es competente la Corporaci�n para examinar el fondo del asunto planteado en esta oportunidad en sede de apelaci�n. Para ello, no sobra se�alar que conforme a la teor�a de la apelaci�n, el juez de segunda instancia debe pronunciarse exclusivamente respecto de los �tems planteados por el recurrente y de aquellos que inescindiblemente resulten relacionados con aquellos, sin que, �dicho sea de paso- pueda dejar de manifestarse oficiosamente cuando avizore afectaci�n a prerrogativas fundamentales ajenas al tema de la alzada.
Siendo ello as� y atendiendo los presupuestos f�cticos y los puntos objeto de disenso, debe ocuparse en esta oportunidad el Tribunal de dilucidar los siguientes problemas jur�dicos: �Incurri� en yerro la primera instancia respecto de la dosificaci�n punitiva, al no ubicarse en el extremo inferior del cuarto punitivo m�nimo, y de contera no haber contemplado las circunstancias de menor punibilidad como la carencia de antecedentes que le cobija al penado, y en su lugar s� detenerse a incrementar la pena bajo el supuesto de puntos atinentes al narcotr�fico, a la afectaci�n ambiental y las finanzas estatales con la comisi�n del delito? De ser v�lido el cuestionamiento anterior, �deber� otorgarse a EJGR el subrogado de la suspensi�n condicional de la pena, tal como lo reclama la parte recurrente? Respecto del primer problema jur�dico, emerge necesario abordar el tema de la dosificaci�n punitiva y las reglas que lo rigen, espec�ficamente en lo que concierne a las determinaciones de tipo cuantitativo como cualitativo; para ello el juzgador debe entonces establecer los l�mites punitivos, aspecto que innegablemente lo conducen a regirse por el principio de la legalidad de la pena, para a partir de ah� encaminarse a lo que la jurisprudencia de anta�o advirti� como la garant�a del �poder judicial de connotaci�n� como fue analizado por la Corte Suprema de Justicia, as�: �Por el contrario, cuando el juez tiene que fundamentar de manera expl�cita los motivos de la determinaci�n cualitativa y cuantitativa de la pena (tal como ahora lo prescribe el art�culo 59 de la ley 599 de 2000), no realiza juicios de �ndole f�ctica, sino que en un principio establece los l�mites punitivos que el principio de legalidad de la pena le impone y, a partir de ah�, dispone de lo que en la teor�a del garantismo penal se denomina poder judicial de connotaci�n con miras a individualizar la pena que corresponda, en atenci�n a la valoraci�n que efect�e de los hechos que ya consider� demostrados cuando apreci� la prueba que condujo a la certeza de la conducta punible y la responsabilidad del procesado: �Una vez aceptada conforme a ciertas interpretaciones y pruebas la verdad jur�dica y f�ctica de una imputaci�n dada, �cu�les son los criterios pragm�ticos a los que el juez debe atenerse en la decisi�n sobre la [�] la cantidad [�] de la pena? [�] A diferencia de la denotaci�n, que permite una comprobaci�n emp�rica apta para fundar decisiones sobre la verdad o sobre la falsedad, la connotaci�n requiere sin embargo, inevitablemente, juicios de valor: en cuanto basados en referencias emp�ricas, en efecto, los juicios de �gravedad� o �levedad� de un hecho suponen siempre, como se dijo, valoraciones subjetivas no verificables ni refutables.
Es claro que los criterios de valoraci�n que presiden la connotaci�n y la comprensi�n son innumerables y variados. El art. 133 del c�digo penal italiano, por ejemplo, indica una larga serie de �stos: la naturaleza, la especie, los medios, el objeto, el tiempo, el lugar y cualquier otra modalidad de la acci�n, la gravedad del da�o o del peligro ocasionado, la intensidad del dolo o el grado de la culpa, los motivos para delinquir, el car�cter del reo, sus antecedentes personales, sus modelos de vida, sus condiciones individuales, familiares y sociales.
Se trata de indicaciones sin duda �tiles para orientar al juez sobre los elementos a tener en consideraci�n. Estos criterios, aunque numerosos y detallados, no son sin embargo exhaustivos: por su naturaleza la connotaci�n escapa en efecto a una completa predeterminaci�n legal. Y sobre todo, a causa de su inevitable car�cter gen�rico y valorativo, carecen de condiciones para vincular al juez, al que sin embargo se remiten siempre los juicios de valor sugeridos por aqu�llos�.� (Negrillas fuera de texto) En consideraci�n al referido precedente, se impone en principio mencionar que el Legislador reserv� en el C�digo Penal un cap�tulo destinado a fijar los �criterios y reglas para la determinaci�n de la punibilidad� y dentro del mismo, en su art�culo 61, se concretan los �fundamentos para la individualizaci�n de la pena�.
Disposici�n en la que se consigna el sistema de cuartos, con el cual se busca reducir el extenso �mbito de movilidad que generalmente existe entre la pena m�nima y la m�xima establecida en la ley para cada delito, limitando de contera el relativo poder de discrecionalidad del juez a la hora de imponer una sanci�n. Bajo ese par�metro legislativo se hace necesario tener en cuenta los pasos que inexcusablemente debe seguir el juzgador en el proceso de la individualizaci�n de la pena privativa de la libertad, tal como lo determin� la Corte Suprema de Justicia en pasado pronunciamiento: �1.- A voces del art�culo 60 del C�digo Penal, establecer primero los l�mites m�ximos y m�nimos dentro de los cuales ha de moverse el juez, para cuyo efecto habr� de tenerse presente la pena prevista en la correspondiente disposici�n para el delito y de todas las circunstancias que modifican tales extremos y que se estructuran al momento de la comisi�n de la conducta punible, tales como la tentativa; el estado de marginalidad, pobreza o ignorancia extremas; la ira o intenso dolor; y, la cuant�a de lo apropiado en los delitos contra el patrimonio econ�mico, entre otras. 2.- Superado ese primer ejercicio, sigue la fijaci�n de los cuartos de movilidad punitiva y punto seguido, atendiendo las reglas fijadas en el art�culo 61 ib�dem, seleccionar el correspondiente cuarto dentro del cual el sentenciador escoger� la pena a irrogar.
Para el correcto ejercicio de este punto, s�lo tendr�n cabida las circunstancias gen�ricas de mayor y/o menor gravedad, previstas en los art�culos 55 y 58 del Estatuto Represor, siempre que las mismas no hayan sido previstas de otra manera, pues algunas, como por ejemplo, la contemplada en el numeral 10 del art�culo 241 ejusdem, entre muchas otras, tuvieron incidencia en la fijaci�n de los l�mites punitivos, rese�ados aqu� en el numeral primero supra.
En ese orden, como bien se conoce, la ubicaci�n en el cuarto m�nimo procede ante la inexistencia de circunstancias de mayor punibilidad y la presencia de atenuantes gen�ricos, en los medios ante la concurrencia de unas y otros y en el m�ximo, cuando solo se avizoran circunstancias de mayor punibilidad. 3.- Hecho lo anterior, proceder� el juez a escoger la pena, la cual deber� estar dentro del marco de movilidad punitiva antes establecido y atendiendo para ello �la mayor o menor gravedad de la conducta, el da�o real o potencial creado, la naturaleza de las causales que agraven o aten�en la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintenci�n o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y la funci�n que ella ha de cumplir en el caso concreto�, como lo ense�a el inciso tercero del art�culo 61 del C�digo Penal.
Sobre el punto, es necesario aclarar que la ubicaci�n en el cuarto m�nimo de movilidad no obliga al juzgador a imponer la pena menor dispuesta en la norma, pues ello va en contrav�a de la concepci�n de los cuartos, establecidos para atribuir distinto tratamiento punitivo para delitos t�picamente iguales, diferente empero en sus particularidades. 4.- Finalmente, entran en juego los denominados �fen�menos pos delictuales�, que son aquellas �circunstancias f�cticas, personales o procesales� que inciden en el quantum punitivo a irrogar, pero que aparecen con posterioridad a la comisi�n del delito.
Ejemplos de ellas pueden citarse a la rebaja concebida a consecuencia de la aceptaci�n de responsabilidad penal, el reintegro en el peculado y la reparaci�n en los delitos contra el patrimonio econ�mico, entre otras�. (Subrayas de la Sala). Seg�n lo expuesto, veamos ahora lo que ocurri� en el asunto que nos concita, de cara al punto de censura planteado por la parte recurrente: recordemos que en el escenario de la formulaci�n de imputaci�n, la Fiscal�a no atribuy� al procesado circunstancias de mayor punibilidad contenidas en el art�culo 58 del C�digo Penal, antes por el contrario se observa en el plenario que carece de antecedentes penales, aspecto �ste considerado como de menor punibilidad a voces del numeral 1� el art�culo 55 �bidem, situaciones que indudablemente nos permiten inferir de entrada que el Sentenciador no pod�a sino ubicarse dentro del cuarto m�nimo de movilidad para individualizar la pena, cosa que en efecto se dio.
Ya dentro del proceso de individualizaci�n de la pena, partiendo de los extremos punitivos contemplados en el delito imputado, que para el caso es la receptaci�n de hidrocarburos descrito en el art�culo 327C del C�digo Penal, se tiene que la sanci�n privativa de la libertad va de 6 a 12 a�os, en meses de 72 a 144, y una multa de 1000 a 6000 SMLMV; en raz�n del cuarto de movilidad en el cual se ubic� el Juzgador, se tiene que para el cuarto m�nimo la pena oscila de 72 a 90 meses, rango dentro del cual advirti� el Juez de primera instancia como necesario llevar a cabo la ponderaci�n del caso en relaci�n con los aspectos que indica el inciso 3� del art�culo 61 del C�digo Penal; circunstancia que permite perfilar que la selecci�n del mencionado cuarto no implica per se �como parece entenderlo el togado- ubicarse en el extremo inferior.
Veamos cu�les fueron las motivaciones que sostuvo el Juzgador para determinar la pena que finalmente se impuso al sentenciado, las que se pueden resumir en 4 aspectos, a saber: i) las condiciones rudimentarias de refinamiento del combustible sustra�do de manera ilegal del Oleoducto Trasandino � OTA �, genera la posibilidad de que su destino final ser�a servir como precursor para la obtenci�n de base de coca; ii) en la forma como se obtuvo el combustible ocasion� grave perjuicio a la estatal petrolera ECOPETROL, as� como tambi�n da�o al medio ambiente; iii) la comisi�n de la conducta fue asegurada por el encartado al verificarse la forma como fue transportado el hidrocarburo; y, iv) se trata de un delito que hace parte del eslab�n de la cadena para luego suministrar la sustancia a los laboratorios de procesamiento de sustancias estupefacientes.
Los argumentos esbozados por la primera instancia llevan a la Sala a reflexionar si cada uno de ellos tiene la comprobaci�n suficiente para considerar la magnitud de la gravedad de la conducta o la intensidad del injusto; para ese ejercicio debemos entonces centrarnos en lo probado dentro del asunto que concita nuestra atenci�n y ser� con fundamento en esos elementos a partir de los cuales la Corporaci�n verificar� la concurrencia de tales apreciaciones, o si por el contrario ser� necesario desecharlas para entonces adecuar la tasaci�n punitiva al pron�stico real del ingrediente que estipula la normatividad aplicable en la materia.
Para abordar el tema de la gravedad de la conducta, el criterio a valorar se centra en las circunstancias especiales que hacen que el il�cito cometido sea m�s reprochable en tanto afecta en mayor o menor medida el bien jur�dico tutelado por la ley, es por ello que el plus que ha de estudiarse en la conducta desplegada deber� ir m�s all� de los aspectos que acompa�an al delito en sus agravantes gen�ricos o espec�ficos, siendo entonces estas situaciones catalogadas por la doctrina como manifestaciones existenciales que caracterizan determinada conducta.
En el caso en concreto se refleja que las afirmaciones tra�das a colaci�n relacionadas con la posible destinaci�n del hidrocarburo como precursor de la base de coca e incluso de servir la conducta penal desplegada como uno de los eslabones para el transporte y suministro del combustible a los laboratorios de procesamiento de sustancias estupefacientes, se quedan en el plano de la mera especulaci�n, pues no se acompasan con la realidad y particularidades del delito cometido.
Es as� como se podr�a f�cilmente deducir que tales circunstancias por el contrario s� servir�an para robustecer la concreci�n de otro tipo de reproche penal, el cual justamente est� destinado a salvaguardar el bien jur�dico de la salud p�blica, y que para mayor precisi�n ha sido destacado por el legislador en el C�digo Represor, como ser�a el caso del delito de transporte de sustancias para el procesamiento de narc�ticos, conducta �sta que aqu� no fue imputada al procesado.
Conforme a la misma l�nea argumentativa podemos catalogar ahora que el raciocinio volcado respecto a que el comportamiento ejecutado por el encartado afect� el medio ambiente como producto de la obtenci�n y transporte il�cito del combustible, constituye as� mismo una premisa que no se encuentra respaldada por los elementos probatorios de que se nutre el proceso, puesto que asegurar circunstancias como esas desvirtuar�a el contenido de la conducta que le fue endilgada al procesado, pasando la frontera de la adecuaci�n t�pica del delito por el cual se allan� a los cargos, para entonces configurar que la gravedad del delito se funda es en la comisi�n de otro tipo de reatos establecidos en el Estatuto de las penas, como ser�a aquellos relacionados contra los recursos naturales.
Ahora bien, frente a la dimensi�n de la gravedad de la conducta referente al da�o causado con el delito a la central estatal petrolera de Colombia � Ecopetrol, debemos tener en cuenta que el punible que en esta ocasi�n se reprocha al encartado se destina a la tutela del bien jur�dico del orden econ�mico social, lo que entonces se relaciona con la preservaci�n de la armon�a o el equilibrio de las relaciones de producci�n, explotaci�n, comercializaci�n, consumo de bienes y servicios, por lo tanto el llevar a cabo una de las formas que contempla el legislador de apoderamiento de los hidrocarburos, sus derivados, biocombustibles o mezclas que los contengan, emerge precisamente como un hecho notorio con diferentes repercusiones sociales como potenciales, pues se trata de una conducta que inicia con la extracci�n rudimentaria y riesgosa del crudo, su refinaci�n artesanal, transporte y el final suministro a destinos inciertos.
Tales asertos se constituyen de manera efectiva en una forma de ir en contrav�a del sistema de organizaci�n y planificaci�n general de la econom�a, en tanto que se trata de un combustible que al no cumplir con los est�ndares legales de calidad y fabricaci�n, ocasiona en alguna medida el detrimetro en la comercializaci�n del crudo, el cual se encuentra de manera exclusiva depositada en la referida empresa, de ah� que merezca ubicarse este aspecto en un motivo de mayor reproche propio de la caracterizaci�n de este tipo de conductas delictivas.
Pasemos entonces a determinar la forma como se destin� el transporte del combustible ilegal por parte del penado: recordemos que de acuerdo a las piezas procesales obrantes en el plenario, se tiene probado que el hidrocarburo se movilizaba en un carro tanque, que al ser inspeccionado por el personal del ej�rcito se percat� que se trataba de una sustancia que se asemejaba a la gasolina.
De estas referencias podemos construir de manera razonada cu�les son las condiciones que caracterizan de manera especial la realizaci�n de la conducta, aspecto que al ser tocado por la primera instancia procede la Corporaci�n a abordar en los siguientes puntos: Utiliz� el encartado un medio de transporte que a simple vista pod�a pasar inadvertido, en tanto que al ser un carro tanque, se supone que se trataba de una sustancia permitida para ser movilizada en este tipo de veh�culos, lo que en principio generaba para las autoridades la confianza de que las personas que ocupaban el rodante no estar�an ejecutando una conducta il�cita, en tanto que nada m�s id�neo que un automotor de esas caracter�sticas para transportar un combustible en condiciones normales, siendo ello un eficiente distractor para los uniformados que ejerc�an control en la v�a. Inicialmente se permiti� la inspecci�n del veh�culo por parte del Ej�rcito en uno de los compartimientos que estaba vac�o, con lo cual se predicar�a el �nimo de distraer la atenci�n en el control que se estaba ejerciendo por los policiales, para luego percatarse que en la otra parte del tanque se transportaba una sustancia que inicialmente se asemeja a la gasolina, inferencia que desde luego se nutre de la forma como el inculpado opt� para transportarla.
El encartado junto con la persona que conduc�a el rodante se mostraron de entrada indiferentes al conocimiento de que en el carro tanque se transportaba alguna sustancia, completando su actitud con la manifestaci�n de carecer de la gu�a para su transporte, partiendo del convencimiento que hasta ese momento parec�a ser gasolina, aspectos que generaron la sospecha necesaria para que el l�quido encontrado sea sometido a la valoraci�n pericial necesaria, con la cual se determin� la marcaci�n de los m�rgenes del ppm de combustibles, determin�ndose que la concentraci�n del hidrocarburo no era el exigido por la estatal petrolera en Colombia.
El panorama que se visualiza con el an�lisis que antecede nos lleva a establecer que las razones de las que se robustece la gravedad de la conducta cometida por el sentenciado, ya no se concentran en los 4 puntos plasmados por el Juez de primera instancia, sino que se reducen a 2 justificables motivaciones que provienen de la premeditaci�n para el desarrollo de la conducta delictiva, acrecentando su ejecuci�n a partir del empleo de un medio id�neo que configura con creces la habilidad calculada para impedir el descubrimiento de la ilicitud en la que se encontraba inmerso el encartado.
Las anotaciones mencionadas aterrizan entonces la decisi�n judicial en lo probado en el �mbito jur�dico del caso concreto, mismas que al ser tomadas de los elementos probatorios, permiten dimensionar y abarcar la realidad social de la que emana, como el resultado final de la sanci�n a imponer al procesado. Dicha contextualizaci�n del accionar delictivo inherente a la conducta atribuida a GR que para el caso concreto se agota en el verbo rector transportar, misma que se tipifica con el solo hecho de movilizar o llevar de un lugar a otro la sustancia prohibida, lo que pretende es resaltar que el reato en que incurri� el encartado ostenta una evidente gravedad al perpetrarse precisamente en un entorno en el que prolifera gran variedad de conductas delictivas que van en contrav�a de multiplicidad de bienes jur�dicos, siendo entonces estas apreciaciones razonables para alejarse del extremo m�nimo del cuarto inferior.
M�s no puede pretender el abogado apelante aducir que �el encartado con el transporte de la gasolina il�cita no ha causado ning�n perjuicio a la sociedad�, pues como se vio, el injusto endilgado se agota, entre otros verbos rectores, en el transporte de la sustancia, constituy�ndose entonces en un tipo penal de mera conducta de cuya comisi�n el procesado se confes� culpable con el visto bueno de la Judicatura, y por ende, sin que haya lugar a retractaci�n alguna, como veladamente lo pretende la defensa al arg�ir haber sido sorprendido con las resultas del proceso derivadas del allanamiento a la imputaci�n v�lidamente adelantada.
Con todo, corresponde aqu� hacer la correcci�n frente a la tasaci�n de la pena, que como bien se dedujo l�neas atr�s, no podr� afincarse de manera definitiva ni completa en las manifestaciones de la gravedad de la conducta contenidas en la sentencia objeto de recurso, sino que deber� ahora soportarse de manera parcial en algunas de ellas, como oportunamente lo analiz� la Sala.
As� las cosas, tendr� la Corporaci�n el deber de someterse al rango legal de donde parti� el Juez de instancia para fijar la pena, esto es el cuarto m�nimo que va de 72 a 90 meses, y siendo consecuentes con el incremento (16 meses) establecido por el Fallador, el cual como se infiri� se fund� en 4 aspectos, de los cuales la Sala �nicamente rescat� 2 de ellos, le daremos entonces a estos el valor proporcional correspondiente al aument� que en su momento se fij� en el fallo, es decir, haciendo un simple ejercicio aritm�tico: si 16 lo dividimos entre 4, nos dar� como resultado 4, que ser�a en ultimas el valor que se la asignar� a cada una de las razones que sirven ahora de fundamento para determinar el incremento de la pena por el �tem de la gravedad de la conducta desplegada por el encartado.
Por lo tanto, la pena a fijar quedar� en 80 meses de prisi�n, guarismo al que se aplicar� la rebaja del 50% que reconoci� el Juzgador de instancia por el allanamiento a cargos al que se someti� el penado en la audiencia de formulaci�n de imputaci�n; en consecuencia, la sanci�n a imponer ser� de 40 meses de prisi�n, sin que medie ninguna modificaci�n en la pena de multa establecida en la sentencia apelada.
No puede dejar de mencionarse que el incremento del rango punitivo establecido para alejarse del extremo inferior del cuarto m�nimo de movilidad en que se ubic� el Juez de primera instancia para individualizar la pena del procesado, deviene ahora razonado, puesto que adem�s de determinar la da�osidad causada con la conducta, tambi�n se enfrasc� en el reproche de lo que refleja en la comunidad tales reatos, constituy�ndose ello en las razones por las cuales la Sala se aparte del raciocinio vertido por el abogado apelante, cuando afirma que se produjo un enga�o en el convencimiento que motiv� a su representando para aceptar los cargos, lo cual no es m�s que una mirada personal y subjetiva del acontecer procesal al que se someti� el penado.
Es oportuno traer a colaci�n un precedente que se acomoda justamente a la censura vertida por el togado, puesto que el criterio antes referido ya ha sido expuesto por esta Colegiatura con similares argumentos: �Ahora bien, debe decirse que la Sala no comparte la posici�n asumida por la defensa, de acuerdo con la cual a su defendido no era dable imponerle una pena superior a la m�nima dispuesta en la norma para el delito cometido.
De prosperar tal concepci�n, perder�a la raz�n de ser el sistema de cuartos atr�s resaltado, como que siempre habr� un espacio dentro del cual el juzgador pueda moverse atendiendo los criterios legalmente se�alados. Tal sistema consulta adem�s los principios de razonabilidad y proporcionalidad, por cuanto permite signar tratamiento punitivo diferencial para casos diversos, respetando desde luego el marco legal y con apego a la realidad f�ctica de cada evento delictuoso en particular.
No en vano el inciso tercero del art�culo 61 atr�s referido, demanda del juzgador un ejercicio de ponderaci�n para efectos de tasar la pena, que comporta el examen particular del asunto en cuesti�n, que incluye la mayor o menor gravedad de la conducta, el da�o causado con la misma, la naturaleza de las causales de agravaci�n y la intensidad del dolo, entre otras circunstancias.� (Resaltado de la Sala) El raciocinio al que se hace alusi�n ha sido efectivamente fortalecido por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en tanto que al referirse sobre el tema precis� �que establecer los l�mites punitivos en el cuarto de movilidad m�s beneficioso para el procesado no implica que la sanci�n tenga que individualizarse siempre y en todo los casos en el m�nimo, pues lo uno obedece a la concurrencia de circunstancias gen�ricas de agravaci�n que se hayan imputado en la resoluci�n de acusaci�n o su equivalente (inciso 2� del art�culo 61 de la Ley 599 de 2000); y lo otro, a criterios como la gravedad del asunto, el da�o potencial o real creado, la intensidad del dolo y la funci�n que ha de desempe�ar la pena en el caso concreto (inciso 3� ib�dem)�. Como se ve, el c�lculo que se planteara la defensa de que la sanci�n que se le impondr�a a su representado, una vez aceptados los cargos por el ofrecimiento de una rebaja del 50% de la pena consagrada para el tipo penal enrostrado, �no pod�a sobrepasar de la m�nima, es decir, 3 a�os de prisi�n�, va en contrav�a de los par�metros legales ya estudiados, pues se itera, ese no es un criterio para la tasaci�n de la pena en concreto, sino que hace parte de la etapa final del proceso de individualizaci�n de la sanci�n, que como se vio atr�s, se aplica una vez se haya determinado por el juzgador la sanci�n que se ha de imponer, siendo ello un aspecto claramente post delictual.
Ahora, tampoco es de recibo la interpretaci�n a la que llega el apelante cuando sostiene que por el hecho de carecer de antecedentes penales su representado, la pena a irrogar deb�a ubicarse en el m�nimo del guarismo contemplado por el delito que se le imput�; de ser aceptada tal afirmaci�n, implicar�a incurrir en una proscrita doble valoraci�n, ya que esa circunstancia de menor punibilidad sirve s� de par�metro para la determinaci�n del �mbito punitivo de movilidad, sin que ello implique autom�tica e imperativamente para el fallador ubicarse en el extremo inferior del cuarto punitivo seleccionado.
Sobre el particular, la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 8 de junio de 2006, radicado 24375 se�al�: �(�) a pesar de presentarse s�lo diminuentes inexorablemente la sanci�n no debe ser la m�nima, pues el an�lisis de los diversos criterios que sirven para dosificar la pena pueden conducir a que la misma se incremente dependiendo de la ponderaci�n de cada uno de los elementos se�alados en el citado art�culo 61�.(Subrayas fuera de texto) De manera tal que el pedimento de la defensa se aparta de los postulados del pluricitado art�culo 61 respecto de los criterios a tener en cuenta para fluctuar entre el m�nimo y m�ximo punitivo que ofrece el sistema de cuartos establecido por el legislador, ya que dentro de ese margen el juez goza de una importante facultad para tasar la pena a partir de la valoraci�n de los medios de convicci�n respecto de la intensidad del injusto y sus dem�s componentes, siempre que tales asertos vayan acompa�ados del deber de motivar la decisi�n que se adopte, tal como lo indica el art�culo 59 del C�digo de Procedimiento Penal. Significa lo anterior, que no media yerro alguno en el proceso de dosificaci�n punitiva cuando el Juzgador opta por alejarse del extremo m�nimo del cuarto inferior, aun cuando solamente obren circunstancias de menor punibilidad, claro est�, siempre que al fijar una pena mayor, la misma se encuentre fundada en los criterios que contempla la normatividad aplicable para ese cometido; razones estas suficientes para establecer que habr� que desestimarse ese punto de censura elevado por el togado.
Ahora bien, ante la modificaci�n de la sanci�n a imponer al se�or EJGR, ser� menester que la Sala se detenga a verificar el segundo punto de censura planteado, correspondiente a si habr�a posibilidad de reconocer a favor del penado el subrogado de la suspensi�n condicional de la pena, contemplado en el art�culo 63 del Estatuto Adjetivo. Para la valoraci�n del mecanismo jur�dico que se indica, partiendo del principio rector de legalidad contemplado en el Estatuto de las penas, ser� menester inicialmente verificar si resulta aplicable la norma preexistente al hecho cometido o si por el contrario por el principio de favorabilidad es posible acoger la norma posterior al acto imputado.
As� entonces tenemos que los f�cticos que incriminan al encartado ocurrieron el 9 de diciembre de 2010 y para ese entonces el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena contenida en texto original del art�culo 63 de la Ley 599 de 2000, exig�a como factor objetivo para su valoraci�n que la pena impuesta en la sentencia sea de prisi�n que no exceda de 3 a�os, presupuesto que para el caso en concreto no se satisface, ya que aun habi�ndose modificado la sanci�n a imponer por la Corporaci�n, aquella supera el rango punitivo mencionado (40 meses), relevando a la Sala de evaluar los dem�s aspectos relacionados en la norma para su concreci�n. Es pertinente ahora analizar la aplicaci�n del subrogado penal con la importante modificaci�n que introdujo la Ley 1709 de 2014, puesto que por favorabilidad a simple vista se encuadra la concurrencia de uno de los requisitos objetivos, que indica que la pena a imponer no exceda de 4 a�os de prisi�n, y en esta ocasi�n la sanci�n ser� de 40 meses.
Particular inter�s despierta lo relacionado con el siguiente elemento exigido en la antedicha norma, que es lo atinente a que como condici�n para conceder el citado suced�neo, la sentencia de condena no debe haberse emitido por la comisi�n de uno de los delitos enlistados en el inciso 2� del art�culo 68 A del C�digo Penal, por lo que la Sala se ocupa enseguida de hacer una reflexi�n destinada a establecer si la �receptaci�n� que se halla incluida en el se�alado listado corresponde a la conducta delictiva tipificada en el art�culo 327 C ib�dem, que concierne al presente asunto.
Un barrido a la normatividad que ha venido regulando la tem�tica prohibitiva del art�culo 68 A referido nos ubica inicialmente en la Ley 1142 de 2007, que introdujo la �exclusi�n de beneficios y subrogados�, figura esta entendida como una medida de pol�tica criminal direccionada a la prevenci�n y represi�n de la actividad delictuosa reincidente, con norte hacia la generaci�n de espacios de convivencia pac�fica y seguridad ciudadana, finalidad jur�dica que se quiso reforzar con la expedici�n de la Ley 1453 de 2011, mediante la cual el legislador hizo expl�cita la prohibici�n de beneficios judiciales cuando se trata de la comisi�n de unos determinados delitos, destac�ndose aquellas conductas atentatorias del bien jur�dico de la administraci�n p�blica. En el mismo per�odo se introdujo una nueva modificaci�n a dicho art�culo con la Ley 1474 de 2011, con la concreta inspiraci�n en reprimir el flagelo de corrupci�n estatal, disponiendo gen�rica prohibici�n de los beneficios para los delitos contra la administraci�n p�blica, m�s la norma conserv� el listado de los il�citos que ya se encontraban siendo objeto de la mentada exclusi�n. Alentado con la misma intenci�n el legislador profiri� la Ley 1709 de 2014, normativa que adicion� el inciso 2� al art�culo 68 A, luego modificado por la Ley 1773 de 2016.
Pues bien, como ya fue dicho, el actual art�culo 32 de la susodicha Ley 1709, incluy� en el inciso 2� a la �receptaci�n� como a uno de los punibles que, con otros, est� exceptuado espec�ficamente de recibir cualquier beneficio judicial o administrativo, para quien en calidad de autor o part�cipe resultase ser por ello condenado. Surge entonces el interrogante de si esa prohibici�n opera ya para la tipificaci�n del art�culo 327C o la del 447 que llevan id�ntico ep�grafe, �ste atentatorio del bien jur�dico de la eficaz y recta impartici�n de justicia, aqu�l afrentoso del orden econ�mico social.
Una reflexi�n ha sido concebida en pos de considerar que la prohibici�n est� dada para el denominado injusto de receptaci�n de hidrocarburos, conclusi�n que se socorre, quiz�s como �nico argumento, en la t�cnica legislativa dispuesta en la confecci�n normativa, en espec�fico, atendiendo el orden expuesto en el listado de las conductas punibles objeto de exclusi�n, que parecer�a en principio, tras un vistazo, llevar la misma disposici�n geogr�fica seguida para ubicar el orden de los delitos en la parte especial del C�digo Penal, atendiendo la primac�a de unos bienes jur�dicos materia de tutela respecto de otros.
En ese contexto, podr�a sugerirse que es la tipificaci�n del art�culo 327C la que est� cobijada con la mentada prohibici�n, porque la menci�n de �receptaci�n� se hace justo despu�s de un delito perteneciente al mismo cap�tulo al que aqu�l pertenece, el de �apoderamiento de hidrocarburos, sus derivados, biocombustibles o mezclas que los contengan�, previsto en el 327A del C�digo de Penas.
Sin embargo, tal razonamiento sucumbe tras un examen cuidadoso de la forma c�mo est� confeccionado el multicitado art�culo 68A y concluir que tal disposici�n no conserva el aludido orden. N�tese c�mo dicho canon en el inciso 2� comenz� por enunciar los punibles que protegen los bienes jur�dicos de la administraci�n p�blica, sigue con los que amparan el derecho internacional humanitario, los de formaci�n e integridad sexual, seguido de la descripci�n de otros reatos que no conservan una determinada secuencia, sin considerar, como pudiera creerse, claramente un orden.
En guisa de ejemplo tenemos c�mo de la captaci�n masiva y habitual de dinero (art�culo 316), pasa a la utilizaci�n indebida de informaci�n privilegiada (art�culo 258); o de la extorsi�n (art�culo 244), sigue el homicidio agravado de que habla el numeral 6� del art�culo 104. Cabe advertir que aparte de lo anterior, no existen sustentos jur�dicamente atendibles que permitan considerar que la se�alada prohibici�n es para el injusto del art�culo 327C.
No cuenta la Sala con informaci�n consignada sobre el punto en la exposici�n de motivos previa a la reforma de la Ley 1709 en lo que apunta al art�culo 68A inciso 2�, con lo que resulta imposible extraer de all� un soporte de pol�tica criminal indicativo de que el reato contra el orden econ�mico social en examen sea el objeto de la exclusi�n de beneficios, ya sea por su gravedad o incidencia social.
Pero si se quiere ahondar en razones, procurando escudri�ar el esp�ritu legislativo respecto al punto, rep�rese en esta observaci�n: Se tiene conocimiento oficial de que el Ejecutivo ha presentado a consideraci�n del Congreso de la Rep�blica el Proyecto de Ley 148 de 2016, dirigido al �Fortalecimiento de la Pol�tica Criminal y Penitenciaria en Colombia, por medio del cual se modifican la Ley 1709 de 2014, algunas disposiciones del C�digo Penal, el C�digo de Procedimiento Penal y Carcelario, la Ley 1121 de 2006 y se dictan otras disposiciones�.
Alentado el Gobierno Nacional por la necesidad de enfrentar la palmaria problem�tica de hacinamiento carcelario y otros temas anejos, decidi� o�r el concepto de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, cuyos miembros se mostraron partidarios de eliminar el r�gimen legal de exclusi�n de beneficios judiciales y administrativos, en particular de las previsiones prohibitivas del art�culo 68A del C�digo Penal.
A juzgar por la exposici�n de motivos, el Ministerio de Justicia y del Derecho no desatiende el concepto de autoridad de la alta Corte, pero se inclina por el momento por la revisi�n del aludido r�gimen. Pues bien, sin desde�ar el inter�s jur�dico de esa propuesta legislativa en otros t�picos, importa ahora para los fines de este asunto advertir c�mo el proyecto en menci�n se ocupa de relacionar uno a uno los delitos actualmente excluidos en la se�alada norma, y en ese trabajo detallado, en la p�gina 11, se enuncia el de �receptaci�n�, pero deja entreverse que no se refiere a la del art�culo 327C varias veces citado, porque descarta para ese reato la competencia de los juzgados especializados, siendo que el art�culo 35 numeral 12 de la Ley 906 de 2004 a dicha autoridad se la asigna.
No olvidar que la Ley 1709 de 2014 naci� a la vida jur�dica a instancia de proyecto presentado por el Ejecutivo Nacional, el mismo que ahora propulsa esta nueva reforma. Esta conclusi�n jur�dica no es nueva, como que el Tribunal ya tuvo oportunidad de pronunciarse sobre el tema, de este modo: �Pues bien, el legislador consagr� en el art�culo 68 A, modificado por el art�culo 32 de la ley 1709 de 2014, que en punto de tr�fico de hidrocarburos y derivados solo estar�a proscrita la concesi�n de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, la prisi�n domiciliaria, o cualquier otro beneficio judicial o administrativo para los punibles de apoderamiento de hidrocarburos, (establecido en el art�culo 327 A) y contrabando de hidrocarburos y sus derivados (establecido en el art�culo 319-1 del C.P).
Como en dicho listado de prohibiciones no se encuentra la tipolog�a del receptaci�n de hidrocarburos que trata el art�culo 327 C del C.P, adicionado por el art�culo 1 de la Ley 1028 de 2006, fuerza concluir que hay lugar a la concesi�n del subrogado penal de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena al se�or EJBD ��. Lo antedicho nos conduce a concebir entonces que para el caso que estamos examinando, se dar�an los llamados presupuestos objetivos exigidos por el art�culo 63 del C�digo Penal para conceder en favor del acusado el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, con la ya mentada reforma de la Ley 1709, art�culo 32, por aplicaci�n del principio de favorabilidad, debido ello a que la pena impuesta ser� menor de los 4 a�os de prisi�n, seg�n visto supra, y adem�s, porque el delito objeto de condena no se encuentra incluido dentro del listado del art�culo 68A del C�digo Penal.
Comoquiera que el procesado no registra antecedentes penales, no hay lugar a considerar ninguna condici�n de �ndole subjetiva para denegar el beneficio, seg�n as� lo manda el numeral 2� ib�dem. Se conceder� pues al ciudadano EJGR el sustituto penal de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, por un periodo de prueba de 4 a�os, previo el dep�sito como cauci�n de la suma de $ 200.000 en la cuenta que tenga disponible el Juzgado de conocimiento, y el cumplimiento de las obligaciones contempladas en el art�culo 65 de la codificaci�n penal sustancial, consignadas en acta que suscribir� el beneficiario, que son: �1.
Informar todo cambio de residencia. 2. Observar buena conducta. 3. Reparar los da�os ocasionados con el delito, a menos que se demuestre que est� en imposibilidad econ�mica de hacerlo. 4. Comparecer personalmente ante la autoridad judicial que vigile el cumplimiento de la sentencia, cuando fuere requerido para ello. 5. No salir del pa�s sin previa autorizaci�n del funcionario que vigile la ejecuci�n de la pena.
Estas obligaciones se garantizar�n mediante cauci�n.� Basten entonces las anteriores consideraciones, para por un lado, modificar el numeral primero de la sentencia objeto de recurso relacionado con la pena a imponer al se�or EJGR que ser� de 40 meses de prisi�n, y por otro revocar el numeral tercero de la providencia para en su lugar conceder el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena en los t�rminos analizados en el presente prove�do.
Decisi�n En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y autoridad de la ley, Resuelve Primero.- Modificar el numeral primero de la sentencia de primera instancia, en el sentido de CONDENAR al se�or EJGR a la pena principal de CUARENTA (40) meses de prisi�n y multa de QUINIENTOS (500) salarios m�nimos legales mensuales vigentes, a la �poca en que se infringi� la norma penal, como responsable en calidad de COAUTOR del delito de RECEPTACI�N DE HIDROCARBUROS.
La pena de multa es a favor del Consejo Superior de la Judicatura de conformidad al art�culo 42 del C�digo Penal. Segundo.- Revocar el numeral tercero de la providencia impugnada y en su lugar CONCEDER a favor del se�or EJGR, el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, por un t�rmino de prueba de cuatro (4) a�os, en aplicaci�n favorable del art�culo 32 de la Ley 1709 de 2014.
Para la materializaci�n del beneficio deber� el condenado suscribir el acta de obligaciones contemplada en el art�culo 65 del C�digo Penal, la cual se garantizar� con la prestaci�n de cauci�n prendaria por valor de doscientos mil pesos ($200.000), que deber� consignarse en la cuenta de dep�sitos judiciales del Juzgado de Conocimiento. Tercero.- Confirmar en lo dem�s la providencia objeto de recurso.
Esta decisi�n se notifica en estrados y se hace saber que contra ella procede el recurso extraordinario de casaci�n. C�piese y c�mplase, Franco Solarte Portilla Magistrado Blanca Lidia Arellano Moreno Silvio Castrill�n Paz Magistrada Magistrado Juan Carlos �lvarez L�pez Secretario Si bien el libelista refiri� que el incremento fue de 8 meses, lo cierto es que la sentencia de primera instancia devela que el aumento al extremo inferior del cuarto m�nimo de movilidad en que se ubic� el fallador para la fijaci�n de la pena fue de 16 meses. CSJ SP Proceso No 21731. 20 feb 2008.
M.P. Julio Enrique Socha Salamanca. Ferrajoli, Luigi, Derecho y raz�n. Teor�a del garantismo penal, Editorial Trotta, Madrid, 2001, pp. 404-405. Sentencia de mayo 27 de 2004, Radicado 20642, M.P. Alfredo G�mez Quintero. Inciso 3� del art�culo 61 del C�digo Penal. SARAY BOTERO, N. (2011). Dosificaci�n Judicial de la Pena. Bogot� D.C. Editorial Leyer.
(pp 226). ARBOLEDA VALLEJO, M, & RU�Z SALAZAR, J. A. (2016). Cap�tulo IX Delitos contra el orden econ�mico social. Manual de Derecho Penal Especial. (pp 607-608). Bogot� D.C. Editorial UniAcademia Leyer. El concepto del hecho notorio, mismo que parafraseando al maestro Jairo Parra Quijano en su obra Manual de Derecho Probatorio, es aquel conocimiento que le asiste al Juez y a personas de mediana cultura en un determinado conglomerado social al tiempo en que se profiere la decisi�n, que est� exento de prueba, y por ende, sin que sea menester constatar con medios probatorios aquello que emerge palpable so pena de afectar la econom�a procesal. Partes por mill�n, es una unidad de medida con la que se mide la concentraci�n. Seg�n lo indic� el informe pericial la gasolina se encuentra en un par�metro de 04.0 hasta 5.6 de ppm, mientras que la sustancia incautada present� una marcaci�n de -0,1 ppm.
Ver a folios 36-38 carpeta investigativa. Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, Sala Penal, Sentencia Rad. 2009-00174 NI 3139, Agosto 2 de 2010. M.P. Franco Solarte Portilla. SP, Rad 25632, enero 27 de 2010, M.P. Julio Enrique Socha Salamanca. cfr. fl.85 escrito de impugnaci�n �Toda sentencia deber� contener una fundamentaci�n expl�cita sobre los motivos de la determinaci�n cualitativa y cuantitativa de la pena.� Art�culo 6�.
Legalidad. Nadie podr� ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante el juez o tribunal competente y con la observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio. La preexistencia de la norma tambi�n se aplica para el reenv�o en materia de tipos penales en blanco. // La ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior se aplicar�, sin excepci�n, de preferencia a la restrictiva o desfavorable.
Ello tambi�n rige para los condenados. // La analog�a s�lo se aplicar� en materias permisivas.. Enumer�ndose 11 delitos contra la administraci�n p�blica, 3 contra el patrimonio econ�mico y 1 contra el orden econ�mico y social. Que pertenece al T�tulo X Delitos Contra el orden Econ�mico y Social, Cap�tulo Segundo, De los Delitos contra el Sistema Financiero Que pertenece al T�tulo VII Delitos Contra el Patrimonio Econ�mico, Cap�tulo Sexto, De las Defraudaciones. Que pertenece al T�tulo VII Delitos Contra el Patrimonio Econ�mico, Cap�tulo Segundo, De la Extorsi�n. Que pertenece al T�tulo I Delitos Contra la Vida y la Integridad Personal, Cap�tulo Segundo, Del Homicidio. Consultado el 20 de abril de 2018, disponible en las p�ginas web. HYPERLINK "http://190.26.211.102/proyectos/images/documentos/Textos%20Radicados/proyectos%20de%20ley/2016%20-%202017/PL%20148-16%20Fortalecimiento%20de%20la%20Politica%20Criminal%20y%20Penitenciaria.pdf" http://190.26.211.102/proyectos/images/documentos/Textos%20Radicados/proyectos%20de%20ley/2016%20-%202017/PL%20148-16%20Fortalecimiento%20de%20la%20Politica%20Criminal%20y%20Penitenciaria.pdf HYPERLINK "http://servoaspr.imprenta.gov.co/gacetap/gaceta.pdf?v_numero=786&v_anog=2016" http://servoaspr.imprenta.gov.co/gacetap/gaceta.pdf?v_numero=786&v_anog=2016 Huelga decir que el aludido proyecto de Ley se erige ya como un documento p�blico de donde puede surgir id�neamente fundamentos de interpretaci�n, para el caso, porque de �l se extrae una tendencia legislativa, su esp�ritu, considerando su historial. Tribunal Superior de Pasto, Sala de Decisi�n Penal, Sentencia del 26 de septiembre de 2017, Radicado N.I. 21993, Magistrado ponente SILVIO CASTRILL�N PAZ. Sentencia Segunda Instancia SPA Radicaci�n: No. 2010-03048-01 NI 22327 M.P. Franco Solarte Portilla PAGE PAGE 20 'LM�������������� � � N X � � � 'K���������������������r�a�rP�a� hT.hJ|�CJOJQJ^JaJ hT.h��CJOJQJ^JaJ hT.h�a6CJOJQJ^JaJ hT.h )�CJOJQJ^JaJ hT.h�zoCJOJQJ^JaJ#hT.h=E5�CJOJQJ^JaJ#hT.h�v�5�CJOJQJ^JaJ#hT.h�&W5�CJOJQJ^JaJ#hT.h�15�CJOJQJ^JaJ#hT.h )�5�CJOJQJ^JaJ[�� � y{�����()*^���������������������$�L���^�L`���a$gd�]Q$a$gd�]Qdhgd�]Q $dha$gd�]Q$&dP��a$gd�g�$a$gdt�$a$gdM�$a$gd������ ����� ' ( 8 � � � � � �����ޫ��x�x��gxVxE hT.hKCJOJQJ^JaJ hT.hz�CJOJQJ^JaJ hT.h]-�CJOJQJ^JaJ hT.hA<�CJOJQJ^JaJ hT.h�y�CJOJQJ^JaJ hT.h�E6CJOJQJ^JaJ hT.hI"CJOJQJ^JaJ hT.h�k�CJOJQJ^JaJ hT.h�67CJOJQJ^JaJ hT.h )�CJOJQJ^JaJ hT.h<�CJOJQJ^JaJ $&@Z��-Ncwy{�����������ͼ����x���fTBTBTBT#hT.ht�5�CJOJQJ^JaJ#hT.h�zo5�CJOJQJ^JaJ#hT.h�65�CJOJQJ^JaJ hT.h)jCJOJQJ^JaJ hT.hM�CJOJQJ^JaJ hT.h7}CJOJQJ^JaJ hT.h��CJOJQJ^JaJ hT.h�~%CJOJQJ^JaJ hT.h19�CJOJQJ^JaJ hT.h]-�CJOJQJ^JaJ hT.h Q�CJOJQJ^JaJ��ijlmyzX\��������(),��������ͼ����~o]P@hP8�h�]Q5�CJOJQJaJh�]Q5�CJOJQJaJ"h� 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