Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 17614-31-12-001-2017-00185-01

Sala: SALA CIVIL - FAMILIA

Ponente: Sofy Soraya Mosquera Motoa

Fecha: 2019-05-16

Sujetos procesales: JOSÉ IGNACIO CANAVAL SÁNCHEZ EN CONTRA DE GLORIA LILIAN MEJÍA ESCOBAR.

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NO CONSTITUYE UNA TRANSCRIPCI�N DE LAS GRABACIONES OFICIALES. SE PUBLICA PARA FACILITAR LA CONSULTA O EXAMEN DE LA DECISI�N ORAL. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N CIVIL FAMILIA MANIZALES  Magistrada Ponente: SOFY SORAYA MOSQUERA MOTOA Manizales, diecis�is (16) de mayo de dos mil diecinueve (2019) I. OBJETO DE DECISI�N Se resuelve el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante contra la sentencia proferida el 26 de octubre de 2018 por el Juzgado Civil del Circuito de Riosucio, Caldas, dentro del proceso verbal de Responsabilidad Civil Extracontractual promovido por el se�or JOS� IGNACIO CANAVAL S�NCHEZ en contra de GLORIA LILIAN MEJ�A ESCOBAR.

II.

ANTECEDENTES 2.1. Las pretensiones est�n dirigidas a que se declare que la demandada es civilmente responsable de los da�os causados al predio distinguido con folio de matr�cula inmobiliaria 293-23169, con ocasi�n de la explotaci�n desde el a�o 2013 de una cantera ubicada al interior del inmueble y la servidumbre minera establecida; en consecuencia, se condene al pago en favor del demandante y de la sucesi�n del se�or �scar Emilio Casta�eda Ocampo, en proporci�n del 50% para cada uno, de las sumas de $224.100.000 por las afectaciones al terreno y $17.595.000 por concepto de servidumbre equivalente al 10% del valor del material extra�do y vendido, adem�s de las costas del proceso. 2.2.

Resumen del sustento f�ctico: - El se�or Jos� Ignacio Canaval S�nchez es propietario del 50% de un inmueble llamado La Colina, ubicado en el Corregimiento de Irra, municipio de Quinchia, Risaralda, con �rea de 15-4131 hect�reas, identificado con folio de matr�cula inmobiliaria 293-23169, cuyos linderos se indican en la demanda. El restante 50% figura a nombre del extinto �scar Emilio Casta�eda Ocampo, cuya sucesi�n se encuentra en tr�mite y donde el demandante tiene inter�s en calidad de cesionario de dos herederos. - Desde el a�o 2013, la se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar, c�nyuge sobreviviente del se�or �scar Emilio Casta�eda Ocampo, sin previa autorizaci�n inici� la explotaci�n de la cantera que se encuentra dentro del referido inmueble. - El se�or Canaval S�nchez ten�a suscrito contrato de arrendamiento con el se�or �scar Emilio Casta�eda Ocampo sobre el 50% del inmueble de propiedad de este �ltimo. - Los trabajos desplegados en la cantera contravienen el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio de Quinch�a, Risaralda; adem�s, fueron realizados de manera irregular al no estar legalizados ante la Agencia Nacional de Minera y se desconoce el fundamento del tr�mite de formalizaci�n adelantado por la se�ora Mej�a Escobar, pues su ingreso al predio fue de facto. - El d�a 20 de abril de 2016 se suspendi� la explotaci�n minera, sin embargo, la demandada no ha cancelado suma alguna al se�or Canaval S�nchez o a la sucesi�n del causante Casta�eda Ocampo por ese concepto, gener�ndose los perjuicios reclamados. 2.3.

La se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar contest� la demanda de manera extempor�nea. 2.4. Agotadas las etapas del proceso, la Juez de primera instancia emiti� sentencia negando las pretensiones y condenando en costas a la parte actora, quien apel�. Consider� que no estaba demostrado el da�o como elemento estructural de la responsabilidad civil, debido a que de las pruebas practicadas no se puede concluir la certeza de los perjuicios como lo es la depreciaci�n del valor del inmueble con ocasi�n de la explotaci�n minera, m�s a�n cuando ni siquiera se acredit� el uso que se le daba al terreno con anterioridad, la producci�n que se obten�a y los ingresos que generaba.

Recalc� que el material extra�do es de propiedad del Estado siendo improcedente el reclamo sobre las ganancias, aunado a que la demandada tiene autorizaci�n para desarrollar la actividad y es poseedora de la herencia del se�or �scar Emilio Casta�eda Ocampo en virtud de su calidad de c�nyuge sobreviviente; de otra parte, los propietarios de los predios donde exista la legalizaci�n del Estado para realizar explotaci�n minera est�n obligados soportar la servidumbre, la cual debe ser determinada por la autoridad competente conforme lo manda la Ley 685 de 2011; los deslizamientos que se�al� el perito no son m�s que sucesos que pueden llegar a acontecer pero que a la fecha no se han verificado, quedando en mera hip�tesis el supuesto da�o. 2.5.

Los reparos a la sentencia se centraron en exponer que: i) la explotaci�n de la cantera fue efectuada de manera irregular, como quiera que se realiz� con maquinaria pesada y transgrediendo criterios normativos en la materia contenidos en el POT, tales como la distancia entre el lugar de explotaci�n e infraestructuras civiles, y el tama�o de los taludes; ii) el derecho de gananciales que tiene la demandada dentro de la sucesi�n del se�or Casta�eda Ocampo y la posesi�n de la herencia no le otorga la posesi�n material sobre el inmueble, estando impedida para ejercer actos de se�ora y due�a; iii) el Estado no es el �nico a quien se le puede ocasionar da�os en raz�n de una explotaci�n minera por ser el propietario del material extra�do; iv) el perjuicio reclamado no es hipot�tico y futuro porque el terreno ha sufrido cambios que el perito constat� al desarrollar la experticia se�alando el �rea que se encuentra afectada, adem�s, no se cancelaron los derechos de explotaci�n; v) se desconoce que lo implorado ya fue causado, haciendo improcedente su reclamaci�n a trav�s del tr�mite de servidumbre indicado en la decisi�n. III.

CONSIDERACIONES Satisfechos los presupuestos procesales en esta acci�n y realizado el control de legalidad que ordenan los art�culos 42 numeral 12 y 132 del C�digo General del Proceso, sin que se avizore causal de nulidad o irregularidad que invalide lo actuado u obligue a retrotraer el tr�mite a etapa anterior, se encamina la Sala a resolver la alzada.

La conducta procesal de las partes ser� analizada a lo largo de la providencia. Problema jur�dico: Bajo los l�mites que traza el impugnante en la sustentaci�n de su recurso y con las restricciones de los art�culos 320 y 328 del C�digo de General del Proceso, corresponde a esta instancia establecer si la demandada es responsable de los da�os que el demandante alega haber sufrido junto con la sucesi�n del causante �scar Emilio Casta�eda Ocampo, a consecuencia de la explotaci�n minera efectuada entre los a�os 2013 y 2016 al interior del bien inmueble distinguido con folio de matr�cula inmobiliaria 293-23169; o si por el contrario, como lo estim� el Juez A quo, no existe un perjuicio cierto atribuible al actuar de la convocada.

Para resolver el interrogante que este asunto suscita, se CONSIDERA: 1. Analizada la posici�n del se�or Jos� Ignacio Canaval S�nchez, estima la Sala que le asiste inter�s para actuar en nombre propio y en representaci�n de la sucesi�n porque, de un lado, ostenta el derecho de dominio sobre el 50% del predio donde se ubica la cantera objeto de la explotaci�n aqu� cuestionada, seg�n se desprende de la escritura p�blica N� 194 de 22 de mayo de 2008 de la Notar�a de Sup�a y el certificado de tradici�n N� 293-23169 de la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Bel�n de Umbr�a (fls. 2 a 7 C1); de otra parte, se encuentra reconocido como cesionario de derechos de los herederos �scar Eduardo Casta�eda Mej�a y Sergio Casta�eda Mej�a en la sucesi�n del se�or �scar Emilio Casta�eda Ocampo, tramitada en el Juzgado Promiscuo del Circuito de Quinch�a, Risaralda (fls. 193 y 198 C1); de ah� su legitimaci�n para reclamar el detrimento en favor suyo y de la masa herencial, al tenor de lo consignado en el art�culo 2342 del C�digo Civil.

La norma establece que la indemnizaci�n derivada de la responsabilidad por los delitos y las culpas puede ser pedida por: i) el due�o o poseedor de la cosa sobre la cual ha reca�do el da�o o su heredero, ii) el usufructuario, habitador o usuario, si el perjuicio se produce sobre el derecho, y iii) quien tenga la cosa con obligaci�n de responder por ella, si est� ausente el due�o; ubic�ndose el actor en el primer evento, pues lo acompa�a la doble calidad de copropietario y cesionario de derechos herenciales, circunstancia que si bien no le otorga la calidad de heredero si le transmite todas las facultades y prerrogativas patrimoniales inherentes a dicha condici�n. La Corte Suprema de Justicia al estudiar el negocio jur�dico de cesi�n de derechos herenciales, ha precisado que �(�) es cierto que el convenio en cuesti�n no produce como efecto el traspaso de la condici�n de �heredero�, dado su car�cter de personal e intransmisible, puesto que no es viable dar a otro su lugar en la familia, o su grado de parentesco, pero s� genera como consecuencia, la p�rdida para el �cedente� de las facultades y prerrogativas legalmente reconocidas sobre los derechos patrimoniales del acervo hereditario.�, quedando como titular de estos derechos el cesionario.

En cambio, no puede derivarse legitimaci�n de la supuesta calidad de arrendatario de la parte del inmueble de propiedad del fallecido �scar Emilio Casta�eda Ocampo, en tanto que ninguna prueba eficaz present� el interesado para demostrarla, limit�ndose a aportar un contrato de arrendamiento del referido predio y otros, con un t�rmino de duraci�n de dos a�os, comprendidos entre el 25 de enero de 2011 y el 25 de enero de 2013 (fls. 9 a 11 C1), sin acreditar su continuidad en el tiempo; quedando en entre dicho el inter�s cierto y actual para implorar el resarcimiento de los supuestos da�os padecidos en calidad de inquilino. Por consiguiente, el estudio se limitar� a los elementos estructurales de la responsabilidad civil extracontractual, de cara a los reparos que se sustentaron en el recurso de alzada, esto es, a los pedimentos incoados en favor del se�or Canaval S�nchez como due�o del 50% del terreno que fue objeto de la presunta explotaci�n irregular y como cesionario de derechos herenciales reconocido dentro de la sucesi�n del otro propietario. 2.

La responsabilidad civil se concibe como el deber legal de reparar, resarcir o indemnizar el quebranto inmotivado de un derecho, bien, valor o inter�s jur�dicamente protegido, siendo menester para su surgimiento la concurrencia �ntegra de sus elementos estructurales conforme a su clase o especie, cuya demostraci�n, salvo norma expresa en contrario, corresponde al accionante (arts. 1757 C.C. y 167 C.G.P.).

Dentro del concepto de responsabilidad civil se destaca la derivada de actividades peligrosas, concebida en el art�culo 2356 del C�digo Civil y desarrollada por la jurisprudencia, entendiendo por estas, toda acci�n que �el hombre realiza mediante el empleo de cosas o energ�a susceptibles de causar da�o a terceros�, de manera que quien decida ejercerlas debe adoptar toda diligencia y cuidado que se le exige en relaci�n a las caracter�sticas propias de cada una.

Al referirse a este tipo de actividades, la Corte Suprema de Justicia en sentencia SC del 17 de julio de 2012, rad. 2001-01402-01, citada en providencia SC9788 del 25 de julio de 2014, indic� que �Acerca de las �actividades peligrosas� esta Corporaci�n en sentencia de 17 de mayo de 2011 exp. 2005-00345-01, record� que a pesar de que el C�digo Civil colombiano no las define �(�) ni fija pautas para su regulaci�n, la Corte ha tenido oportunidad de precisar que, por tal, debe entenderse aqu�lla que �(�) aunque l�cita, es de las que implican riesgos de tal naturaleza que hacen inminente la ocurrencia de da�os,(�)� (G.J. CXLII, p�g. 173, reiterada en la CCXVI, p�g. 504), o la que �(�) debido a la manipulaci�n de ciertas cosas o al ejercicio de una conducta espec�fica que lleva �nsito el riesgo de producir una lesi�n o menoscabo, tiene la aptitud de provocar un desequilibrio o alteraci�n en las fuerzas que -de ordinario- despliega una persona respecto de otra�, (�)�.� En punto a la responsabilidad que de las actividades peligrosas se puede derivar, la Corte Suprema de Justicia ha sostenido entre otras en sentencias de 26 de agosto de 2010, expediente 00611; 18 de diciembre de 2012, expediente 00094; 6 de octubre de 2015, rad. 2005-00105; y 26 de abril de 2016, expediente 2010-00111, que aquella se define a partir de la presunci�n de culpabilidad, siendo necesario para su estructuraci�n la reuni�n de tres requisitos: i) el ejercicio de la actividad peligrosa, ii) el da�o y iii) el nexo de causalidad que los vincule.

Desde otro �ngulo dicho concepto significa que la exoneraci�n que pretenda el convocado �debe plantearse en el terreno de la causalidad, mediante la prueba de un elemento extra�o (fuerza mayor o caso fortuito, hecho de un tercero o culpa exclusiva de la v�ctima)�, lo que hace inviable que pueda eximirse �nicamente probando haber desplegado toda la diligencia y cuidado exigible en el desarrollo de la acci�n; ser� necesario entonces la acreditaci�n de una circunstancia que fracture el nexo de causalidad.

Referente a la explotaci�n minera, el �rgano de cierre en materia civil ha precisado que �(�) t�cnicamente esas tareas son consideradas una �actividad de alto riesgo�, debido a la exposici�n permanente a situaciones o factores que constituyen amenazas para la integridad f�sica de las personas que en ella participan, lo que repercute en elevados �ndices de accidentalidad, no solo en la �miner�a ilegal�, sino tambi�n con significativa frecuencia y severidad, en las �actividades mineras amparadas con un t�tulo minero�, identific�ndose entre las causas de m�s repetici�n, los derrumbes y explosiones por metano, entre otros (�)�.

Sin discusi�n acerca de la naturaleza de la responsabilidad endilgada, esto es, la extracontractual, se ocupar� la Colegiatura de verificar la concurrencia de los presupuestos axiol�gicos antes mencionados, como requisito inexcusable en el surgimiento de la obligaci�n indemnizatoria. 3. Examinado el material probatorio a la luz de la experiencia y la sana cr�tica, concuerda la Sala con la Juez de primera instancia en la ausencia de prueba del da�o cuya reparaci�n se pretende.

Son estas las razones: 3.1. En el escrito percutor el demandante reclam� para �l y para la sucesi�n por concepto de �perjuicios materiales o patrimoniales� las sumas de, $224�100.000 por da�o en el predio y $17�595.000 por servidumbre de explotaci�n; sin especificar si se trata de da�o emergente o lucro cesante, si son consolidados o futuros.

Seg�n el dictamen pericial adosado con la demanda, el inmueble afectado tiene una extensi�n de 15.4131 hect�reas y su valor se calcula en $227�435.800, a raz�n de $18�000.000 por hect�rea; aval�o que se dice, se obtuvo aplicando los m�todos autorizados en la Resoluci�n 620 de 2008 expedida por el Instituto Geogr�fico Agust�n Codazzi, en concreto, los de comparaci�n o de mercado y de costo de reposici�n. En su informe el experto se�al� que con base en una topograf�a hecha en el a�o 2014 y haciendo perfiles cada 10 m., pudo establecer la topograf�a original para calcular el volumen aproximado del material extra�do entre el 2013 y el 2016, para un total de 10.350 m3.

Teniendo en cuenta que el precio de venta del material en la zona est� cerca de $17.000 m3 y que comercialmente el costo por servidumbre es del 10% del valor, es decir $1.700 m3, estim� que el valor adeudado por este concepto es de $17�595.000. As� mismo, afirm� que el �rea explotada en la actualidad corresponde a 2.769 m2, pero sus efectos se extienden 200m alrededor, generando una afectaci�n real en un �rea de 12.45 hect�reas, la cual se encuentra inhabilitada ya que no se puede usar en actividades agropecuarias dado el riesgo de deslizamiento o ca�da de animales, riesgos por da�os a terceros o a obras civiles, perdiendo todo valor comercial.

En consecuencia, calcul� el perjuicio econ�mico en la suma de $224�100.000, resultante de multiplicar el precio de la hect�rea por el �rea afectada. 3.2. Analizado el dictamen allegado como prueba de los perjuicios reclamados y la exposici�n realizada en audiencia por el experto, se puede afirmar lo siguiente: a.- La Resoluci�n 620 de 2008 del Instituto Geogr�fico Agust�n Codazzi, contempla cuatro m�todos para la realizaci�n de aval�os dentro del marco de la Ley 388 de 1997, entre los que se encuentran i) el de comparaci�n o de mercado, que busca establecer el valor comercial del bien a partir del estudio de las ofertas o transacciones recientes de bienes semejantes y comparables al objeto del aval�o, y ii) el de costo de reposici�n, que estima el valor comercial a partir del costo total de la construcci�n a precios de hoy menos la depreciaci�n acumulada.

Seg�n los art�culos 1 y 10 de la Resoluci�n, para la aplicaci�n del m�todo de comparaci�n es menester el estudio de ofertas o transacciones recientes de bienes semejantes y comparables al del objeto de aval�o, las cuales deben ser clasificadas, analizadas e interpretadas para llegar a la estimaci�n comercial; siendo necesario que en la presentaci�n del estudio se haga menci�n expl�cita del medio del cual se obtuvo la informaci�n y la fecha de publicaci�n y, en los eventos en que sea posible, anexar fotograf�as de los predios en oferta o de los que se ha obtenido datos de transacci�n para facilitar su posterior an�lisis.

De otra parte, para el c�lculo del aval�o la mentada normativa en su precepto 11 indica que es indispensable obtener la media aritm�tica de las muestras aplicando las f�rmulas estad�sticas rese�adas en esa reglamentaci�n, la cual debe arrojar un coeficiente de variaci�n inferior a m�s (+) o a menos (-) 7,5%, pues de lo contrario no conviene utilizar la media resultante para fijar el valor asignable al bien.

El m�todo de reposici�n en cambio, busca establecer el valor comercial del bien objeto de aval�o a partir de la estimaci�n del costo total de la construcci�n a precios de hoy (arts. 3 y 13), consiste en tomar un bien semejante al del aval�o y restarle la depreciaci�n acumulada, a ese resultado se adiciona el valor correspondiente al terreno. Este m�todo se debe usar en caso que el bien objeto de aval�o no cuente con bienes comprables por su naturaleza, o cuando no existan datos de mercado (ofertas o transacciones) y corresponda a una propiedad no sujeta al r�gimen de propiedad horizontal (art. 13).

Examinado el dictamen de cara a la normativa citada, sin mayor esfuerzo se advierte que no cuenta con el rigorismo y tecnicidad que la norma exige para la elaboraci�n de aval�os con base en los m�todos se�alados, entre otras porque omite la informaci�n comparativa y anexos pertinentes, no indica c�mo se analizaron los datos hallados en el mercado, ni explica de qu� forma se aplic� el m�todo de comparaci�n, si se obtuvo o no la media aritm�tica y en qu� porcentaje; tampoco aclara por qu� se utiliz� el m�todo de costo de reposici�n cuando supuestamente s� se contaba con bienes comparables y datos de mercado, adem�s no precisa cu�les son las construcciones avaluadas, ni especifica la depreciaci�n acumulada y la forma de establecerla.

Ergo, por lo menos en lo que ata�e al aval�o comercial del bien y del precio de la hect�rea, la experticia se muestra incompleta y dudosa, lejos de constituir un medio de prueba confiable de las conclusiones vertidas en el informe. A ello se suma la falta de acreditaci�n en el Registro Abierto de Avaluadores exigida por Ley 1673 de 2013, por medio de la cual se reglament� la actividad del avaluador, se�alando que los avaluadores deben poseer la formaci�n debidamente reconocida para llevar a cabo la valuaci�n acorde con el tipo de bienes y encontrarse inscritos en el mentado registro; exigencias que no cumpli� el Ingeniero Luis Carlos R�os R�os, pues no present� documento que acreditara su pertenencia al RAA y sus conocimientos se circunscriben al dise�o y planteamiento minero, exploraci�n y explotaci�n de los recursos minerales, manejo ambiental en miner�a, derecho minero y ambiental, m�s no al aval�o comercial de bienes inmuebles. b.- El Ingeniero de Minas y Metalurgia Luis Carlos R�os R�os expres� que la afectaci�n al terreno se concreta en la imposibilidad de su uso para actividades agropecuarias por el riesgo de deslizamiento y ca�da de animales, aseverando que ello conlleva a la p�rdida de todo valor comercial de las 12.45 hect�reas irradiadas, pues la explotaci�n minera aumenta la inclinaci�n del terreno, impactando a corto, mediano y largo plazo por el movimiento de tierras; por lo que concluy� que el da�o tiene relaci�n con la disminuci�n del valor comercial del predio y el uso potencial del suelo.

El perito dej� claro en su exposici�n que desconoce si el demandante ha tenido negocios fallidos por la explotaci�n de la mina o si se han perdido reses con ocasi�n a la cantera, acotando que el dictamen proyecta lo que va a suceder, seg�n la normativa aplicable en la materia. De manera contradictoria tambi�n manifest� que una cantera puede generar un valor al bien como activo minero, si se tiene una licencia de explotaci�n en regla.

Interpretando las pretensiones de demanda de cara a los elementos de prueba, entiende la Sala que el da�o reclamado corresponde a un da�o emergente por la desvalorizaci�n del terreno a causa del movimiento de tierras y su inutilidad para el uso agr�cola y ganadero debido al riesgo de deslizamientos; lo que a su vez representa una disminuci�n en el patrimonio de los reclamantes.

El da�o, como uno de los elementos axiol�gicos de la responsabilidad civil, se define como la lesi�n a un inter�s jur�dicamente tutelable en cabeza de quien lo reclama y que genera para el autor el deber de indemnizar; se caracteriza por ser cierto y real, permitiendo considerar no s�lo aquel que es actual sino tambi�n el que se funda en una razonable probabilidad de causaci�n; sin �l no puede concebirse el resarcimiento o la reparaci�n de perjuicios.

La Corte Suprema de Justicia ha precisado que es �todo detrimento, menoscabo o deterioro, que afecta bienes o intereses l�citos de la v�ctima, vinculados con su patrimonio, con su esfera espiritual o afectiva, o con los bienes de su personalidad�. Adem�s, es el requisito �m�s importante (�), al punto que sin su ocurrencia y demostraci�n, no hay lugar a reparaci�n alguna�, pues solo es susceptible de reparaci�n aquel perjuicio que sea ��directo y cierto� y no meramente �eventual o hipot�tico�, esto es, que se presente como consecuencia de la �culpa� y que aparezca �real y efectivamente causado��.

En sentencia del 25 de febrero de 2002, expediente N� 6623, la Corte reiter� que no basta que el perjuicio sea cierto, y como tal, exista o llegue a existir, sino que es indispensable su demostraci�n al interior del proceso, �No en balde se exige, a t�tulo de requisito sine qua non para el surgimiento de la prenotada obligaci�n resarcitoria, la certeza del eslab�n en comento, calidad que deber� establecerse, inexorablemente, con sujeci�n al tamiz de la jurisdicci�n. De all� que si no se comprueba o determina su existencia -como hecho jur�dico que es-, a la vez que su extensi�n y medida, el Juez no poseer� argumento v�lido para fundar, en l�nea de principio, una condena cualquiera enderezada a obtener su resarcimiento, debiendo, en tal virtud, exonerar de responsabilidad al demandado, por m�s que el demandante, a lo largo de la litis, haya afirmado lo contrario, salvo las restrictas excepciones admitidas por la ley o por la jurisprudencia (v. gr.: intereses moratorios).

(�)�, recalcando que �Quien afirma que su demandado le ha inferido un da�o por su dolo o su culpa, est� obligado, si quiere que se le repare por decisi�n judicial, a producir la prueba de la realidad del perjuicio demostrando los hechos que lo constituyan y su cuant�a, o se�alando a este respecto, cuando menos, bases para su valoraci�n�. Por su parte la doctrina ha sido un�nime en afirmar que �Para que el perjuicio se considere existente es indiferente que sea pasado o futuro, pues el problema ser� siempre el mismo: probar la certeza del perjuicio, bien sea demostrando que efectivamente ya se produjo, bien sea probando que, como lo enuncia una f�rmula bastante utilizada en derecho colombiano, el perjuicio �aparezca como la prolongaci�n cierta y directa de un estado de cosas actual� (�) no debe confundirse perjuicio futuro con perjuicio eventual e hipot�tico, puesto que aqu�l �es indemnizable, siempre y cuando se demuestre oportunamente que se realizar�.

En el caso bajo an�lisis se reclama la suma de $224�100.000, correspondiente al valor de las 12.45 hect�reas supuestamente afectadas, a raz�n de $18�000.000 por hect�rea, porque seg�n se afirm�, perdieron por completo su valor comercial; sin embargo, no es entendible por qu� se demanda con base en el precio absoluto de la hect�rea como si el terreno hubiera desaparecido por completo o salido del patrimonio de los reclamantes cuando ello no ha sucedido.

Esa inconsistencia se agrava si se recuerda que el aval�o presentado no es confiable por las razones antes esbozadas, cuestiones que dejan en entredicho la certeza y precisi�n del monto exigido. Si se mira como un da�o emergente, encuentra la Sala que la parte interesada no se preocup� por acreditar cu�l era el precio del inmueble antes de la intervenci�n de la demandada y c�mo se redujo por efecto de la explotaci�n minera, limit�ndose a afirmar sin sustento distinto a la opini�n de un perito, que el �rea afectada hab�a perdido todo valor; omitiendo concretar la afectaci�n en el patrimonio del extremo demandante.

El perito tampoco explic� de manera t�cnica porqu� el �rea afectada era de 200 metros por todos los lados desde el punto de explotaci�n; ni present� estudios serios de suelos para fundar sus afirmaciones relacionadas con la desestabilizaci�n de tierras, su dimensi�n e impacto. Es tan dudosa la existencia del da�o demandado, que el perito en la sustentaci�n de su estudio ante la A quo indic� que si se tiene una licencia de explotaci�n minera en regla, una cantera puede generar un valor adicional al bien por tratarse de un activo minero; entonces no puede entenderse como a la vez que el terreno se desvaloriza por el movimiento de tierras, puede incrementar su precio por la presencia del yacimiento si cuenta con licencia; incongruencia que impide apreciar con claridad el da�o atribuido a la se�ora Mej�a Escobar.

La parte interesada no demostr� con pruebas id�neas cu�l era la destinaci�n del suelo antes de que iniciara la cuestionada explotaci�n, si era agr�cola o ganadera, ni que con posterioridad a las acciones atribuidas a la demandada las mismas no se hubieran podido seguir desarrollando; limit�ndose el demandante a mencionar en su declaraci�n la ocurrencia de un derrumbe hace aproximadamente dos a�os y la ca�da de algunos animales que han sido rescatados, sin proporcionar mayores detalles acerca de la magnitud de esos eventos y su conexi�n directa con la explotaci�n de la cantera.

No puede pues el accionante aspirar al resarcimiento por la imposibilidad de dar determinado uso al suelo cuando no se acredit� la destinaci�n que se le daba antes y la que se deseaba dar en un futuro. En el dictamen nada se plasm� acerca del uso dado a la finca, en cambio, al referirse a la vegetaci�n natural se menciona que son suelos �superficiales, pedregosos y en sectores rocosos, de baja a moderada fertilidad, bien drenados, con susceptibilidad a procesos erosivos, con facilidad de periodos de sequ�a.Tierras aptas para bosques protectores.

Con pr�cticas de conservaci�n de suelos, se pueden establecer cultivos como ca�a, cacao y frutales por sistema multiestrato. La producci�n pecuniaria se puede efectuar en forma extensiva con pasto como baricharia� (fl. 22 C1), lo cual plantea serias dudas acerca de la imposibilidad de pr�cticas agropecuarias. En otras palabras, carece de todo respaldo la afirmaci�n de que el predio ha perdido todo su valor, quedando en la incertidumbre la raz�n por la cu�l ser�a absolutamente in�til para cultivos y pastoreo o cualquier otra labor o destinaci�n. Si bien el se�or Jos� Ignacio Canaval declar� que sus ingresos derivan de la explotaci�n de los potreros, los cuales han cedido por estar ubicados en la parte alta de la cantera, ning�n soporte probatorio adjunt� para apoyar sus afirmaciones, desconoci�ndose si ha sufrido p�rdidas en su actividad econ�mica y la cuant�a; hip�tesis que valga decirlo, corresponder�a m�s al concepto de lucro cesante por la ganancia o provecho dejado de percibir (art. 1614 C.C.), modalidad de da�o que no fue pedida y mucho menos probada.

Lo mismo podr�a predicarse con relaci�n a los supuestos negocios que se han frustrado por la existencia de la cantera; hecho hu�rfano de pruebas que permitan conocer a ciencia cierta que han sido los efectos de la explotaci�n endilgada a la demandada la raz�n de que eventuales compradores desistan de su oferta. Acot�ndose que no fue en ese el contexto en que se delimit� el supuesto da�o. Ahora, si de lo que se trata es de un da�o que aunque no es actual s� es cierto porque se basa en riesgos que tarde o temprano se van a materializar con los deslizamientos que impedir�n el uso agropecuario y ganadero de la tierra, se topa la Sala con que no existe en el conjunto probatorio ninguna medio de convicci�n que acredite de forma t�cnica o cient�fica que as� ser� inevitablemente, verbigracia, estudios topogr�ficos o an�lisis de tierras; se limit� el perito a afirmar que la actividad minera siempre genera impacto por el movimiento de algo que estaba estable, sin determinar c�mo ser�an esos deslizamientos, en que magnitud, si ello har�a totalmente in�til esa parte del inmueble o si por el contrario, podr�a destinarse a otro tipo de actividades productivas.

La clasificaci�n de la acci�n minera como una actividad riesgosa no origina per se da�os pecuniarios; de conformidad con el art�culo 167 del C�digo General del Proceso, la parte interesada debe cumplir la carga procesal de demostrar que el perjuicio acaeci� o que necesariamente va a ocurrir m�s adelante, porque solo as� la decisi�n judicial tendr� sustento; labor que definitivamente no fue desarrollada en forma adecuada, toda vez que no basta probar que el terreno no es el mismo desde que comenz� la extracci�n de material, sino que ese evento ha conllevado una disminuci�n en el patrimonio del reclamante.

El profesional en minas se circunscribe a mencionar la existencia de un riesgo de deslizamiento debido a la inclinaci�n del terreno que aumenta por la explotaci�n efectuada, no obstante, sus conclusiones se quedan en una contingencia que puede ocurrir o no, y que incluso, a voces del propio perito, se pueden mitigar si se realizan los estudios pertinentes; variable que lo torna a�n m�s imprevisible el supuesto da�o futuro.

Por si fuera poco, se sabe por las declaraciones de parte y testimonios recaudados, que antes de la intervenci�n de la se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar el propio demandante y su cond�mino explotaron la cantera, desconoci�ndose la magnitud de esa actividad y el estado del inmueble antes del a�o 2013; incertidumbre que no permite establecer qu� deterioros serian atribuibles a la demandada y cu�les no. Recu�rdese que los testigos Javier Isaza Guzm�n, Benjam�n S�nchez Ram�rez y Mauricio Hoyos Zapata informaron sobre la extracci�n de material con antelaci�n; afirm� Benjam�n S�nchez que en alg�n momento Oscar Casta�eda hab�a solicitado concesi�n para la explotaci�n de oro y les cedi� un porcentaje a �l y a Jos� Ignacio; mientras que Javier Isaza expuso que hace seis a�os trabaja en la finca y que cuando lleg� la cantera no estaba tan trabajada como ahora, aunque s� ten�a un talud; y Mauricio Hoyos refiri� que ha trabajado en minas con el demandante en la finca.

Incluso, el propio Jos� Ignacio Canaval S�nchez en su interrogatorio dijo tener conocimiento de que el se�or Casta�eda Ocampo sac� provecho de la mina, aunque �muy poquito�. A su vez, la se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar sostuvo que el 12 de septiembre de 2012 le fue aprobada una �legalizaci�n�, esto es, un permiso del estado para explotaci�n manual, pero luego se expidi� el Decreto 09 de 2016 que lo prohibi�.

Afirm� que las actividades desplegadas no fueron de explotaci�n sino de mitigaci�n y adecuaci�n por orden de la Agencia Nacional de Minas y la Corporaci�n Ambiental de Pereira. Narr� que el material que ha sacado es porque ha ca�do del talud que hab�a desde antes, cuando su esposo y el se�or Jos� Ignacio Canaval explotaban la cantera. Las versiones tra�das, generan a�n m�s dudas en torno a la certeza del da�o y su cuantificaci�n; advirti�ndose que no se aprecia con claridad en el dictamen pericial, la valoraci�n de esa explotaci�n pret�rita a la hora de establecer la afectaci�n del inmueble, en concreto para dilucidar cu�l era su estado para el a�o 2013 y el deterioro a partir de esa data hasta el d�a en que cesaron las actividades desarrolladas por la demandada; siendo desproporcionado que se le intente endilgar la totalidad del supuesto perjuicio por la explotaci�n minera, cuando con antelaci�n se ven�a extrayendo material por otras personas.

Llama la atenci�n que el versado en minas se haya abstenido de indagar s� de manera previa a la labor desarrollada por la demandada, existieron desniveles y movimientos de tierra en el �rea examinada, a fin de efectuar un dictamen detallado y ajustado a la realidad que diera raz�n del da�o real y cierto ocasionado por la conducta exclusiva de la convocada, imprecisi�n que deja entredicho las conclusiones contenidas en el peritazgo; aparte que al momento de absolver el interrogatorio ante la A quo, se limit� a informar que consideraba que los taludes evidenciados eran atribuibles a la extracci�n realizada por la se�ora Gloria Lilian Mej�a, sin mayores razones t�cnicas.

De acuerdo con lo ilustrado, esta Corporaci�n no cuenta con medios de convicci�n para deducir de manera certera y precisa un detrimento en el patrimonio del se�or Jos� Ignacio Canaval S�nchez y de la Sucesi�n del causante Oscar Casta�eda, representado en la desvalorizaci�n de su propiedad por efecto de la cantera explotada por la demandada, m�xime si se tiene en consideraci�n que la experticia practicada por el Ingeniero de Minas y Metalurgia no goza de virtualidad para acreditar el menoscabo en el valor del predio, como se ha venido explicando.

Por �ltimo, aunque se diera por acreditada la afectaci�n al terreno relatada por el especialista, lo cierto es que ello no demuestra la depreciaci�n sufrida por el patrimonio del actor, al carecer la prueba de t�cnica, precisi�n y sustento suficientes en relaci�n con el valor comercial del predio y las causas de su devaluaci�n. En conclusi�n, el da�o que se endilga a la demandada no ostenta la calidad de cierto y por lo tanto, no satisface el primer elemento de la responsabilidad civil. 3.3.

En lo que concierne al pago de los derechos de servidumbre por la explotaci�n, cabe decir que no se atempera al concepto de da�o como elemento de la responsabilidad civil extracontractual, en tanto no corresponde a uno originado en culpa o delito atribuible a la convocada (arts. 2341 y 2356 C.C.). No se olvide que la se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar no es cualquier persona ajena que ejecut� actos de explotaci�n de la cantera que est� al interior del inmueble del que es propietario el aqu� demandante en un 50%; ella forma parte del conjunto de interesados en la sucesi�n del titular de dominio del restante 50% de las cuotas proindiviso radicadas sobre el mismo bien, de manera que lo que se presenta en el sub judice no es el enfrentamiento de un propietario frente a quien ejerce la explotaci�n minera, sino de un comunero respecto del heredero de su hom�logo, contexto que bien puede suscitar un tr�mite de divisi�n de frutos de cosa com�n regulado en el art�culo 2328 del C�digo Civil, o una reclamaci�n para distribuci�n de frutos al interior de la sucesi�n seg�n el art�culo 1395 del mismo estatuto; cuestiones ambas que escapan al resorte de este litigio.

Discurre el recurrente que la posesi�n legal de la herencia en cabeza de la demandada no le otorga el derecho a explotar el inmueble. Al respecto, el art�culo 757 del C�digo Civil se�ala que en el momento en que se defiere la herencia, la posesi�n de ella se confiere por ministerio de la ley al heredero, sin que pueda disponer de los bienes.

Quiere decir que si bien la se�ora Gloria Lilian Mej�a no tiene la calidad de due�a, s� ostenta junto con los herederos la posesi�n sobre la cuota parte de dominio proindiviso de su c�nyuge fallecido sobre el inmueble, pudiendo ejercer las atribuciones que esa condici�n le confiere. Otra cosa es la configuraci�n de un posible ejercicio abusivo de esa posesi�n de la herencia, tema ajeno al objeto de este litigio, por lo que no se adentrar� la Sala en su estudio.

A m�s de lo se�alado, conviene mencionar que en relaci�n con los supuestos da�os derivados de la servidumbre no retribuida, el peritaje tambi�n deja mucho que desear, debido a que no se sabe de donde obtuvo el experto los datos que utiliz� en la ecuaci�n matem�tica que arroj� como resultado una extracci�n de 10.350 m3 de material y el valor que con base en ello asign� al da�o, tales como el precio de venta del material en la zona y el porcentaje estimado para la servidumbre de la que supuestamente se benefici� la se�ora Gloria Lilian Mej�a. Las razones esgrimidas son suficientes para negar esta reclamaci�n. 4.

Se duele la parte recurrente de que la explotaci�n realizada por la se�ora Gloria Lilian Mej�a fue irregular porque adem�s de no contar con t�tulo minero y licencia ambiental, contravino el POT del Municipio de Quinch�a, debido a que se no hizo de forma artesanal sino con equipos amarillos como retroexcavadora y buld�cer, sin respetar la altura m�xima de los taludes y la distancia con infraestructuras civiles.

De ser ciertas esas irregularidades sin duda podr�an generar consecuencias de tipo administrativo o judicial para la se�ora Mej�a Escobar, pero no originan por s� mismas un da�o resarcible en cabeza de los propietarios del inmueble o sus herederos, en tanto que es inexorable demostrar que con ocasi�n a las mismas se caus� un perjuicio cierto y real que debe ser reparado.

De manera que no basta con afirmar que la explotaci�n fue ilegal, debi� acreditarse con pruebas eficaces que esa circunstancia fue el origen del da�o. Los esfuerzos de la parte demandante en la etapa probatoria se enfilaron a rebatir la legalidad de la actividad minera que estaba ejecutando la se�ora Gloria Lilian Mej�a Escobar, despreocup�ndose por acreditar de manera irrefutable la existencia del da�o y su cuantificaci�n, en la medida que los medios de convicci�n son insuficientes para demostrar la desvalorizaci�n o depreciaci�n del bien a ra�z de la explotaci�n minera.

Parte del recaudo suasorio estuvo dirigido a comprobar la extracci�n de material con posterioridad a la suspensi�n del tr�mite de legalizaci�n el 20 de abril de 2016, el uso de maquinaria pesada, la vulneraci�n al Plan de Ordenamiento Territorial de Quinch�a en lo que se refiere a la altura de taludes y distancia entre la cantera e infraestructuras civiles; sin aportar nada que lleve a concluir que el aval�o comercial del terreno ha disminuido, o que han fracasado los negocios jur�dicos que el demandante pretend�a celebrar con terceros por el trabajo minero, o que han ocurrido deslizamientos o que inevitablemente van a suceder.

Debe memorarse que el da�o es la raz�n de ser de la responsabilidad y su determinaci�n ocupa el primer lugar en la labor que deben desarrollar los intervinientes y el juez al interior del proceso; importancia que ha reconocido la doctrina al puntear que �[S]i no hubo da�o o no se puede determinar o no se le pudo evaluar hasta all� habr� de llegarse; todo esfuerzo adicional, relativo a la autor�a y a la calificaci�n moral de la conducta del autor resultar� necio e in�til.

De ah� tambi�n el desatino de comenzar la indagaci�n por la culpa de la demandada.�; por ende, la tarea demostrativa relacionada con las anomal�as en la extracci�n de material no satisfacen el elemento primordial y trascendental para que las pretensiones salgan avante, al centrarse en refutar la rectitud del actuar de la se�ora Mej�a Escobar.

Como acotaci�n final y en aras de cerrar la discusi�n, es insostenible que la parte actora fundamente la responsabilidad de la citada en la ilegalidad de su actividad minera, y a la vez intente obtener provecho econ�mico justific�ndose en el no pago de los derechos de explotaci�n que deben cancelarse por la titularidad de dominio que ostenta sobre el inmueble donde se encuentra ubicada la cantera objeto de extracci�n de material, pues resulta il�gico que busque lucrarse de un actuar que se�ala como ilegal; m�s a�n cuando el art�culo 170 de la Ley 685 de 2001 (C�digo de Minas) se�ala que no hay lugar a servidumbre alguna en beneficio de obras o trabajos de exploraci�n o explotaci�n sin t�tulo minero vigente. 5.

Aunque no fue tema de impugnaci�n, debe se�alarse en relaci�n con la conducta procesal de las partes, que si bien la convocada no contest� oportunamente la demanda, dando lugar a una presunci�n de certeza respecto de los hechos susceptibles de confesi�n (art. 97 C.G.P.), ello no es patente de corso para acceder a las pretensiones cuando no se re�nen los presupuestos axiol�gicos de la responsabilidad civil extracontractual, tal como qued� claro en este caso. 6.

Conclusi�n. La sentencia objeto de apelaci�n ser� confirmada porque la parte demandante no cumpli� con su carga de demostrar los da�os que pretend�a fueran resarcidos, tal como lo manda el art�culo 167 del C�digo General del Proceso, pues ni siquiera el hecho de que la demandada se haya abstenido de contestar el escrito genitor en la oportunidad procesal conferida da por sentada la existencia de los perjuicios implorados, raz�n por la cual no se hace menester analizar los otros elementos estructurales de la responsabilidad civil.

No habr� condena en costas de segunda instancia porque no se encuentran causada aunque no haya prosperado el recurso (art�culo 365 numerales 1 y 8 C.G.P.). V. DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, en Sala Civil Familia de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia proferida el 26 de octubre de 2018 por el Juzgado Civil del Circuito de Riosucio, Caldas, dentro del proceso verbal de Responsabilidad Civil Extracontractual promovido por el se�or JOS� IGNACIO CANAVAL S�NCHEZ en contra de GLORIA LILIAN MEJ�A ESCOBAR.

SIN CONDENA en costas de segunda instancia. Por Secretar�a, DEVU�LVASE oportunamente el expediente al juzgado de origen. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE, SOFY SORAYA MOSQUERA MOTOA Magistrada Ponente �NGELA MAR�A PUERTA C�RDENAS �LVARO JOS� TREJOS BUENO Magistrada Magistrado  Corte Suprema de Justicia, sentencia SC-2379 de 2016, MP. Dr. Margarita Cabello Blanco.

Posici�n desarrollada desde sentencias de Casaci�n del 30 de enero de 1970 y 7 de octubre de 1993.  Corte Suprema de Justicia, Sentencia 3 de mayo de 1965.  Corte Suprema de Justicia, SC 17 de julio de 2012, rad. 2001-01402-01, citada en SC9788 del 25 de julio de 2014.  Corte Suprema de Justicia, Sentencias de 26 de agosto de 2010, expediente 00611; 18 de diciembre de 2012, expediente 00094; 6 de octubre de 2015, rad. 2005-00105; posici�n reiterada recientemente en sentencia de 26 de abril de 2016, expediente 2010-00111.  Corte Suprema de Justicia, Sentencias 6 de octubre de 2015, rad. 2005-00105; 26 de abril de 2016, expediente 2010-00111.  Corte Suprema de Justicia, Sentencias 17 de mayo de 2011, expediente 25290-3103-001-2005-00345-01; 3 de noviembre de 2011, expediente 73449-3103-001-2000-00001-01.  Corte Suprema de Justicia, SC9788 del 25 de julio de 2014.  Fl. 32 C.1.  Corte Suprema de la Justicia, SC del 4 de abril de 2001, exp. 5502.  Corte Suprema de la Justicia, SC del 1� de noviembre de 2013, rad. 1994-26630-01, citada en SC16690-2016.  Corte Suprema de Justicia, SC del 27 de marzo de 2003, rad. 6879, citada en SC16690-2016.  Juan Carlos Henao, El Da�o � An�lisis comparativo de la responsabilidad extracontractual del Estado en Derecho Colombiano y Franc�s, Universidad Externado de Colombia, a�o 1998, p�gina 131; doctrina en la que se cita al Consejo de Estado, Secci�n 3ra, exp. 1494 del 4 de noviembre de 1975 y 413-414 del 28 de junio de 1967.  Juan Carlos Henao, El Da�o � An�lisis comparativo de la responsabilidad extracontractual del Estado en Derecho colombiano y Franc�s, Universidad Externado de Colombia, a�o 1998, p�gina 131; doctrinante que cita la obra del Dr. Fernando Hinestrosa �Responsabilidad extracontractual: antijuridicidad y culpa�.     Rad. 17614-31-12-001-2017-00185-01 Responsabilidad Civil Extracontractual ��l m � � � � � �   " ', - / 0 E � � � � * @ O t � � � � � � �����ʯ��ʌ��������re�����������re�h�F?5�OJQJ\�^Jht'h�F?5�OJQJ\�^Jh�F?OJQJ^Jht'h�F?OJQJ^J+ht'h�F?@���OJQJ^JmHnHtH $u4jht'h�F?@���OJQJU^JmHnHtH $uht'h�F?5�OJQJ^Jh|>�haE5�OJQJ^JhaE h� ahaEh�e�h�&:�OJQJ^J#./l m � � � � � � � / 0 F G � � � � �������������������� $da$gd�F?$�/ d`�/ a$gd�F?dgd�F? $da$gd�F? d*$gd|>�$a$gdaE$a$gdaEgd�*�� � � � � � � � � 2W\h}MO��mpbcdi�������ac�����������������������������������������rgrh�F?5�OJQJ^Jh$llh�F?5�OJQJ^JhD�h�F?OJQJ^JhD�h�F?5�OJQJ^Jh�X�h�F?6�OJQJ^Jht'h�F?5�OJQJ^Jh�F?OJQJ^Jht'h�F?OJQJ^Jh�F?B*OJQJ^Jph!ht'h�F?B*OJQJ^Jph$ht'h�F?5�B*OJQJ^Jph&� VWz{ghNO��jkcd��bc��cd���������������������� �/ �/ d`�/ gd�F? )�/ d`�/ gd�F?$��d`��a$gd�F? $da$gd�F?�3bcdyz�   1 3 � � � �"�"�"�"�"����õ��ܚ�vivXJXJ7J$h�Vh�F?5�B*OJQJ^Jphh�F?B*OJQJ^Jph!ht'h�F?B*OJQJ^Jphh|�h�F?OJQJ^J!h|�h�F?B*OJQJ^Jph$h|�h�F?5�B*OJQJ^Jphh|�h�F?5�OJQJ^Jh^Nh�F?OJQJ^Jh^Nh�F?5�OJQJ^Jht'h�F?5�OJQJ^Jh�F?5�OJQJ^Jht'h�F?OJQJ^Jh�F?OJQJ^Jh$llh�F?OJQJ^Jdyz  �"�"�"�"�&�&c)d)�+�+*.+.�/�/y1z1��������������������$ ����d`��a$gd�F?$ ��da$gd�F?$ �/ da$gd�F? �/ �/ d`�/ gd�F?$ �/ da$gd�F?�"�"�"�"�"�"M%�%&&&?&�&�&�)w+x+y+�/�/�/�/w1y1z1�1�1�1�1�1U2����ᾰ��������t��f���Y�L�L�h�z�h�F?OJQJ^JhUm�h�F?OJQJ^JhG�h�F?5�OJQJ^Jh�F?6�B*OJQJ^Jphjh�F?0JU^J$h� oh�F?6�B*OJQJ^Jphh��h�F?OJQJ^Jh�F?B*OJQJ^Jphh�F?OJQJ^Jht'h�F?5�OJQJ^Jh�F?5�OJQJ^Jht'h�F?OJQJ^J!ht'h�F?B*OJQJ^JphU2�2�2�2�2�23 33 363J3M3�3�3�3�3�344�6�6 7!7"7x7�7�76888b8�8�8�9::[:\:^:j:�:�:O;P;];������������öööèڨ�ÛÛÛ��Íڍ~�q�q�~�h�Ah�F?OJQJ^Jjh�Ah�F?0JU^Jh�xxh�F?6�OJQJ^Jh�zh�F?OJQJ^Jh�m�h�F?6�OJQJ^Jh�!|h�F?OJQJ^Jh�F?OJQJ^JhUm�h�F?OJQJ^Jh�F?6�OJQJ^Jjh�F?0JU^Jh(w$h�F?6�OJQJ^J,z1N3O3"7#7S9T9R;S;�=�=�>�>�?�? 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de globoCJOJQJ^JaJ`�/��1` �e�0Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH D@BD *3N�Texto nota pie, Car,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,ft5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH @�/��Q@ *3N�Texto nota pie Car, Car Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Footnote Text Char Char Char Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Cha Car,Ref Car-B*CJOJPJQJ^JaJmH phsH tH &`�� *3N�Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,FC,referencia nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Pie de P�gina,Appel note de bas de page,Footnotes refss,Footnote number,BVI fnr,f,4_G,16 Point,Superscript 6 Point,Texto nota al pie,Texto de nota al pi,Footnot@�B*CJH*T�rT *3NINICIO$��dh`��a$CJOJQJmH $sH $tHH�/���H *3N INICIO CarCJOJPJQJ^JaJtH<@�< yy� Encabezado  ��8!H�/���H yy�0Encabezado CarCJOJPJQJaJB �B yy�0 Pie de p�gina  ��8!N�/���N yy�0Pie de p�gina CarCJOJPJQJaJH�/���H � T�tulo 1 CarCJOJPJQJmHsH\�/���\ � T�tulo 2 Car,5�6�CJOJPJQJ\�]�aJmH sH tH V�/���V � T�tulo 3 Car&5�CJOJPJQJ\�aJmH sH tH 8) ��8 � N�mero de p�ginal�l � Nota al pie"! �h�P5$7$8$9DH$`�PB*CJaJmH phsH n�O"n � Texto predeterminado"5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH pB2p $� 0Texto independiente#�x5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH d�/��Ad #� 0Texto independiente CarB*OJPJQJmH phsH H>RH &� Puesto,T�tulo%$a$ aJmHsHD�/��aD %� Puesto CarCJOJPJQJmHsH@Jr@ (� Subt�tulo'$a$ aJmHsHJ�/���J '� Subt�tulo CarCJOJPJQJmHsHPP@�P *� Texto independiente 2 )d��x^�/���^ )� Texto independiente 2 CarCJOJPJQJaJ^"�^ � Descripci�n+$5$7$8$9DH$a$B*aJmH $phsH $hR�h -� Sangr�a 2 de t. independiente,�d��x^�n�/���n,� !Sangr�a 2 de t. independiente CarCJOJPJQJaJ�/��� � rTexto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car, Car Car,Texto nota pie Car Car Car Car Car Car Car Car Car Car Car CarOJQJ^JmH sH tH B^�B � 0 Normal (Web)/�d�d[$\$:U ��: � 0 Hiperv�nculo >*ph�>W ��> � Texto en negrita5�\�H�"H � textocaja2�d�d[$\$ mH sH tH B�/��1B � apple-converted-space,�/��A, � texto_navy,X ��Q, � @�nfasis6]�eb� 7� HTML con formato previo76 �2�(� P�x �4 �#\'�*�.2�5@9CJOJPJQJaJZ�/��qZ 6� HTML con formato previo Car OJPJQJt��t � Texto independiente 218$a$&5�6�CJOJPJQJaJmH sH tH $D��D � sinespaciado19�d�d[$\$r��r �F? P�rrafo de lista:��d��^��m$ CJOJPJQJaJmH $sH $tH N� ���N �F? Sin espaciado;CJ_HaJmH $sH $tH D' ���D �F?0Ref. de comentarioCJaJJ�J >�F?0Texto comentario=7$8$CJaJL�/���L =�F?0Texto comentario Car OJPJQJLj��L @�F?0Asunto del comentario?5�\�\�/��\ ?�F?0Asunto del comentario Car5�OJPJQJ\�j�/��j �F?EstiloA�d�d1$7$8$H$[$\$(CJOJPJQJ^J_HaJmH sH tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!8#3��theme/theme/theme1.xml�Y]�7}/�? ���k�K���I��$�NJ���QV32#y7&J�X(��� ���m ����f۔6���^i�cɖ�ɒ�R��eFs��ѽҹ���K�"�������x��$���[�~��:\�x�(�q�]`�^�����hG�8���|��P��N��GЌ�6�1<��$Bn�iq��c��b�T�#Db׉Qn�`㌱s}2!#��.��(�.F4H�8�Ѱ�òD�h�!�r��1;�{�u(��ܒ�s���h'3�b��f�W�]f0>��>��Aީ��^���W*6q�z�֫���F0Ҕ����4;]?�j����[�V�^�_�������+P������D��+P��7�W���W�_���K��W7� Rn�K~�,G�C&�^�›�ׯW2�+̆|v�.&,��Z� �H�������Qr�g�LC�x33ͥJ�_����ԕ���H���� �h�|>J�L�܏���A^�����g����'9y����ϩ#�� ���ի���ɧ�_Ͼ{��+;������_��a������ϟ����?xl��t�Ç$�ܹ����,������A�v�ݢO9�����'B}m�(��:،��$��<�k��\�ǫad���X�pU���y8���Γ����Б���F~{�h+�� BlмAQ,��X8�;��2�;�q�'��q6��t��dH�ٴ2�B"���F�m�f���a�6�.>2��*��bj��2� �\QD���!�H�H����LO1eNo�9��\O`�Zү���ӾO��L9���C���.;

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