Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 17001-31-10-004-2017-00173-02

Sala: SALA CIVIL - FAMILIA

Ponente: Sofy Soraya Mosquera Motoa

Fecha: 2019-05-30

Sujetos procesales: LUZ DARY BUITRAGO SÁNCHEZ CONTRA ANGÉLICA QUINTERO FRANCO.

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NO CONSTITUYE UNA TRANSCRIPCI�N DE LAS GRABACIONES OFICIALES. SE PUBLICA PARA FACILITAR LA CONSULTA O EXAMEN DE LA DECISI�N ORAL. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N CIVIL FAMILIA MANIZALES  Magistrada Ponente: SOFY SORAYA MOSQUERA MOTOA Manizales, treinta (30) de mayo de dos mil diecinueve (2019) I. OBJETO DE LA DECISI�N Decide la Sala la apelaci�n de la sentencia emitida el 20 de noviembre de 2018 por el Juzgado Cuarto de Familia de Manizales, dentro del Proceso de declaraci�n de existencia de uni�n marital de hecho promovido por la se�ora LUZ DARY BUITRAGO S�NCHEZ contra la se�ora ANG�LICA QUINTERO FRANCO y HEREDEROS INDETERMINADOS del se�or JOS� HERN�N GIRALDO OLARTE, tr�mite al que fue integrada como parte del extremo pasivo, la se�ora MAR�A EUGENIA GIRALDO QUINTERO, heredera determinada del se�or Giraldo Olarte.

II.

ANTECEDENTES 2.1. A trav�s de escrito datado 4 de mayo 2017, la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez solicit� se declare que entre ella y el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte existi� una uni�n marital de hecho desde febrero de 1997 hasta el d�a 16 de agosto de 2016, fecha en la que falleci� �ste �ltimo. Las precitadas reclamaciones tienen sustento f�ctico en que los mencionados convivieron bajo el mismo techo, de manera estable y permanente durante 19 a�os, desplegando comportamientos de marido y mujer, pese a que el v�nculo matrimonial que ten�a el se�or Giraldo Olarte con la se�ora Ang�lica Quintero Franco estuviera vigente. 2.2.

Las demandadas propusieron las excepciones de falta de legitimaci�n en la causa por activa e inexistencia de la uni�n marital de hecho. Asimismo, la curadora ad litem de los herederos indeterminados del se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte, intercal� la excepci�n de inexistencia de la uni�n marital de hecho y sociedad patrimonial. 2.3. Agotadas las dem�s etapas procesales, el Juez defini� el asunto mediante sentencia del 20 de noviembre de 2018 en la que declar� probadas las excepciones planteadas, por no evidenciarse una comunidad de vida entre la demandante y el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte que sustentara la uni�n marital de hecho, y existir para ese entonces, un v�nculo matrimonial vigente entre �ste y la se�ora Ang�lica Quintero Franco que en modo alguno fue desatendido.

Se conden� en costas a la parte demandante. 2.4. El apoderado de la parte demandante apel� exponiendo como reparos concretos que la labor judicial se centr� en la existencia del v�nculo matrimonial y la sociedad conyugal vigente en ese entonces, pese a que tales circunstancias no son puntos de debate, habida cuenta que lo que se busca es que se determine que hubo una convivencia simult�nea de la demandada y el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte con el matrimonio del mismo y la se�ora Quintero Franco, para efectos de adquirir derechos pensionales y no de refutar la uni�n conyugal.

En cuanto a los elementos de permanencia y publicidad que debe reunir una uni�n marital de hecho, se�al� que resulta imposible que la relaci�n sostenida por la actora con el difunto haya sido ocultada durante 17 a�os, m�s a�n si se tiene en cuenta que el se�or Giraldo Olarte llev� una vida privada, al punto que su esposa e hija no ten�an conocimiento de diversos asuntos de �l. Implor� se considere el decreto y pr�ctica de otros testimonios tendientes a acreditar los presupuestos axiol�gicos para que salgan avante las pretensiones de la demanda.

III. CONSIDERACIONES Reunidos a cabalidad los denominados presupuestos procesales, am�n de no observarse causal de nulidad que pueda invalidar la actuaci�n, se enfocar� la Sala en resolver la apelaci�n formulada, registrando que de la conducta procesal de las partes no hay indicios por deducir (art. 280 C.G.P.), como que ambas intervinieron activamente en el proceso, concurrieron a las audiencias y se aprestaron a la resoluci�n del litigio.

En tal norte, bajo el l�mite que traza la parte impugnante en la sustentaci�n de su recurso y con las restricciones en materia de competencia de los art�culos 320 y 328 del C�digo de General del Proceso, corresponde a este Colegiado establecer si entre el extinto JOS� HERN�N GIRALDO OLARTE y la se�ora LUZ DARY BUITRAGO S�NCHEZ se conform� uni�n marital de hecho, a pesar de que de manera simult�nea se mantuvo el v�nculo matrimonial del fallecido y la se�ora Ang�lica Quintero Franco.

Previo a la valoraci�n de los medios de prueba recopilados, se recuerda que: 1. La Ley 54 de 1990, en su art�culo 1, instituye la uni�n marital de hecho como aquella conformada libremente por dos personas, del mismo o de diferente sexo (sentencias C-075 de 2007 y C-683 de 2015), que sin estar casadas, hacen una comunidad de vida permanente y singular.

Debe entenderse que cuando la norma exige que los compa�eros no est�n casados, hace referencia a la inexistencia de un v�nculo matrimonial entre s�, pues de estarlo, como lo clarific� la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 10 de septiembre de 2003, M.P.: Manuel Isidro Ardila Vel�squez, expediente N� 7603, �sus relaciones tanto personales como econ�micas ser�an las dimanantes del matrimonio; aserto que definitivamente lo apuntaba la consideraci�n de que si el casamiento es con terceras personas, no es impedimento para la uni�n, ni para la sociedad patrimonial� , esto �ltimo, aclara la Sala, siempre y cuando la sociedad conyugal est� disuelta aunque no haya sido liquidada (sentencia C-700 de 2013).

El �nimo de singularidad y permanencia que debe estar presente en los compa�eros permanentes se traduce, en palabras de la Corte Suprema de Justicia, en un �concepto integrado por elementos f�cticos objetivos como la convivencia, la ayuda y el socorro mutuos, las relaciones sexuales y la permanencia, y subjetivos otros, como el �nimo mutuo de pertenencia, de unidad y la affectio maritalis, que unidos adem�s a la descendencia com�n y a las obligaciones y deberes que de tal hecho se derivan, concretan jur�dicamente la noci�n de familia� .

La convicci�n de la existencia de dichos elementos requiere entonces la prueba irrefutable de realidades que los exterioricen, tales como la convivencia de ordinario bajo un mismo techo o cohabitaci�n, el compartir lecho y mesa, y asumir en forma permanente y estable ese diario quehacer existencial; esto, porque no se trata de una vinculaci�n transitoria o espor�dica, sino de un proyecto de vida y hogar comunes que no podr�an darse sin la cohabitaci�n que posibilita que una pareja comparta todos los aspectos y avatares de esa vida en com�n. Expres� la Corte Suprema de Justicia en Sentencia del 10 de septiembre de 2003, expediente 7603, que �la uni�n marital no tiene vida, vale decir, no nace, sino en cuanto que se exprese a trav�s de los hechos, reveladores de suyo de la intenci�n genuina de mantenerse juntos los compa�eros; aqu� a diferencia del matrimonio, porque al fin y al cabo casarse, no obstante ser uno de los pasos m�s trascendentales del ser humano, puede ser decisi�n de un momento m�s o menos prolongado, la uni�n marital es fruto de los actos conscientes y reflexivos, constantes y prolongados: es como la confirmaci�n diaria de la actitud.

Es un hecho, que no un acuerdo, jur�dico familiar�; Resalta la Corte Constitucional en sentencia C-257 de 2015, que a diferencia de la sociedad patrimonial �el surgimiento de la uni�n marital de hecho no depende de un t�rmino concreto, sino de la voluntad para conformarla, de la singularidad de la relaci�n, y del acompa�amiento constante y permanente, que permita vislumbrar estabilidad y compromiso de vida en pareja.� En sentencia SC1656 de 2018, la Corte Suprema de Justicia reconoci� como requisitos sustanciales de la uni�n marital de hecho: i) la voluntad responsable de conformarla que aparece �cuando la pareja integrante de la uni�n marital en forma clara y un�nime act�an en direcci�n de conformar un familia.

Por ejemplo, disponiendo de sus vidas para compartir asuntos fundamentales de su ser, coincidiendo en metas, presentes y futuras, y brid�ndose respeto, socorro y ayuda mutua�; y ii) la comunidad de vida permanente y singular, consistente en la conducta de la pareja que confirma la intenci�n de formar familia a trav�s de hechos objetivos concretos como �la convivencia, la ayuda y el socorro mutuos, las relaciones sexuales y la permanencia� y subjetivos como �el �nimo mutuo de pertenencia, de unidad y la affectio maritalis�. 2.

En casos como el que concentra la atenci�n de la Sala, surge la obligaci�n de las autoridades judiciales de analizar si en virtud de los supuestos f�cticos sobre los que gravita el debate, se debe aplicar un enfoque con perspectiva de g�nero, definido por la Corte Constitucional como el mecanismo que busca, a partir de las reglas constitucionales que proh�ben la discriminaci�n por razones de g�nero, obtener una igualdad procesal realmente efectiva, aplicando criterios de interpretaci�n diferenciados para que los derechos de la persona v�ctima de violencia de g�nero sean valorados judicialmente de manera ponderada con las prerrogativas del agresor.

Se hace necesario entonces analizar si el actuar del operador judicial puede permearse de estereotipos relacionados con la familia y la mujer que conducen a la normalizaci�n de la violencia, al punto de hacerla en ocasiones casi imperceptible; motivo por el cual, el �rgano de Cierre Constitucional ha precisado que �(�) cualquier interpretaci�n judicial en la que la ponderaci�n probatoria se inclina en favor del agresor, porque no son cre�bles las pruebas aportadas por hacer parte de la�esfera privada�de la pareja, sobre la base de la dicotom�a�p�blico-privado�resulta contraria a la Constituci�n Pol�tica y a los tratados internacionales sobre la protecci�n de las mujeres.�; �ltimos que han sido adoptados por el ordenamiento jur�dico colombiano, como la Declaraci�n sobre la Eliminaci�n de Todas las Formas de Discriminaci�n contra la Mujer, la Convenci�n sobre Eliminaci�n de Todas las Formas de Discriminaci�n contra la Mujer y la Convenci�n de Bel�m do Par�; acompasados con la Leyes 294 de 1996 y 1257 de 2008 que reconocen el derecho de toda mujer a tener una vida libre de violencia e instauran herramientas de protecci�n para la mujer v�ctima de violencia intrafamiliar.

Al tamiz de lo esbozado, si bien en el de marras concurren dos mujeres que de cara a sus circunstancias particulares, al parecer, sostuvieron relaciones simult�neas con el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte; situaci�n que fue aceptada expresa o t�citamente por las involucradas, ya sea por los estereotipos de g�nero arraigados en nuestra sociedad, la cultura discriminatoria que a�n subyace o por motivos como estabilidad econ�mica, amenazas, intimidaciones, humillaciones, presiones psicol�gicas, afectaci�n de la autoestima, ausencia de orientaci�n, invisibilizaci�n de la mujer en la colectividad, entre otros; lo cierto es que entre ellas no se evidencia la imperiosa necesidad de aplicar un enfoque diferencial con perspectiva de g�nero por encontrarse en plano de igualdad dentro del tr�mite procesal, en raz�n de que las dos fueron v�ctimas de conductas que atentaron contra su dignidad personal.

Con todo, se hace necesario un llamado de atenci�n al Juzgador en relaci�n con el lenguaje utilizado en su sentencia, el cual, como se ver� m�s adelante incorpor� de forma innecesaria expresiones inadecuadas hacia la demandante que en vez de ser argumentos del fallo se muestran como reproches de su conducta. 3. En el escrito percutor la demandante implor� se declare que entre ella y el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte, existi� una uni�n marital de hecho desde el mes de febrero de 1997 hasta el 16 de agosto de 2016, de manera simult�nea al v�nculo matrimonial que aquel ten�a con la se�ora Ang�lica Quintero Franco.

En la sentencia confutada argument� el se�or Juez que las pruebas en modo alguno permit�an dilucidar una comunidad de vida entre la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez y el extinto Jos� Hern�n Giraldo Olarte, careciendo la presunta relaci�n de las caracter�sticas propias y esenciales de una uni�n marital de hecho, como lo son la permanencia y la singularidad.

En consonancia, declar� probadas las excepciones propuestas por las demandadas denominadas �Falta de legitimaci�n en la causa por activa� e �Inexistencia de la Uni�n Marital de Hecho�. 4. Examinadas en conjunto las pruebas del proceso de cara a las reglas de la sana cr�tica, coincide la Sala con el resultado avistado por el Juez de la primera instancia, en cuanto no convergen los elementos para declarar que entre el extinto Jos� Hern�n Giraldo Olarte y la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez se conform� una uni�n marital de hecho.

Son estas las razones: a. La uni�n marital se manifiesta de forma positiva en una comunidad de vida y prop�sitos afines de dos personas que voluntariamente deciden constituir una vida familiar a trav�s de un v�nculo de hecho que las une y que se caracteriza por ser permanente y singular, esto es, con una prolongaci�n en el tiempo que denote estabilidad y la posibilidad de una relaci�n de car�cter indefinido, y que se trate de una y solo una relaci�n que sostenga la pareja con independencia de que exista un v�nculo matrimonial vigente, en tanto que �ste �ltimo no es incompatible con una nueva uni�n. b. De acuerdo con el material probatorio recaudado, el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte, estando casado con la se�ora Ang�lica Quintero Franco, como se desprende del registro civil de matrimonio visto a folio 11 del cuaderno principal, inici� una relaci�n sentimental con la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez, de la que se origin� una estima mutua, empero, en ning�n momento mut� hasta convertirse en una verdadera uni�n familiar acompa�ada de hechos palpables como la convivencia bajo el mismo techo, singularidad, auxilio y socorro mutuos, adem�s del elemento subjetivo consistente en el �nimo de conformar una familia, donde deben confluir la admiraci�n, solidaridad y el prop�sito de compartir una vida, una cotidianidad.

Tal conclusi�n se obtiene del escrutinio integral de los medios de convicci�n documental y testimonial, los cuales revelan que el se�or Giraldo Olarte mantuvo una relaci�n transitoria con la se�ora Buitrago S�nchez, distinguida por frecuentar la casa de la �ltima pero no pernoctar all�, colaborar econ�micamente m�s no generar lazos de solidaridad y ayuda mutua, tanto en lo monetario como en lo que se refiere al acompa�amiento y socorro en momentos de enfermedad, de lo que en modo alguno se puede desprender un comportamiento de consortes, que sumado al hecho de no haber procreados hijos, dan cuenta de que su idilio fue clandestino, alterno y circunstancial, desprovisto de convivencia habitual e intenci�n de concebir una uni�n con vocaci�n de familia.

En efecto, de las declaraciones de CARLOS ARTURO BUITRAGO S�NCHEZ, ANA MAR�A GUTIERREZ AGUIRRE y MARIA OLGA BERNAL, hermano y amigas de la demandante se tiene lo siguiente: El se�or CARLOS ARTURO BUITRAGO S�NCHEZ, hermano de Luz Dary Buitrago S�nchez, expres� que la relaci�n entre su hermana y el extinto se demostraba con el hecho de que el se�or Giraldo Olarte fue muy especial, atento y detallista, iba a la casa de ella de manera permanente, ve�a televisi�n y escuchaba m�sica, y en ocasiones pasaba la noche, pues all� ten�a elementos de aseo personal y pijamas, ayudaba econ�micamente comprando cosas, muebles y ollas; explic� que no pernoctaba constantemente porque se iba para la casa de su esposa, de lo que ten�a pleno conocimiento la actora, al punto que nunca fue presentada a la familia de Jos� Hern�n, ni pudo concurrir a visitarlo mientras estuvo hospitalizado para evitar problemas con la se�ora.

ANA MAR�A GUTIERREZ AGUIRRE, se�al� que conoci� al se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte en las reuniones familiares que realizaba Luz Dary, recalcando que fue un se�or cari�oso y detallista, colaborador con los gastos de ese hogar aunque nunca los vio comprando cosas juntos; que �l manten�a presente en la casa de la demandante, donde se quedaba hasta las 12 o 1 de la ma�ana y espor�dicamente pernoctaba, ya que all� ten�a ropa; frente a la enfermedad que sufri� el se�or Jos� Hern�n y que lo tuvo hospitalizado, se�al� que su amiga Luz Dary asisti� a la Cl�nica por fuera del horario de visitas ya que �l le ten�a prohibido que se presentara, porque a pesar de todo respetaba su matrimonio.

MARIA OLGA BERNAL, expreso que conoci� a Jos� Hern�n Giraldo Olarte cuando concurr�a a la casa de su amiga Luz Dary a departir en reuniones sociales, quien le contaba que �l permanec�a en su casa, se quedaba all� hasta las 10 u 11 de la noche y en algunas ocasiones se quedaba a dormir, recalcando que el extinto ayudaba econ�micamente, pagando facturas y mercando, manten�a pendiente de los hermanos de su amiga y era detallista con ella, llevando flores e invitando a eventos especiales, sin embargo, durante el tiempo que estuvo hospitalizado, Luz Dary no lo pod�a ir a ver porque para �l estaba primero la otra familia.

Los testimonios rese�ados coinciden con las manifestaciones de la se�ora LUZ DARY BUITRAGO S�NCHEZ al rendir su interrogatorio, quien de manera contundente destruye cualquier duda sobre si su relaci�n sentimental con el se�or Giraldo Olarte constitu�a una uni�n marital de hecho, con afirmaciones como: i) su pareja se repart�a entre los dos hogares, el de ella y el de la se�ora Ang�lica Quintero Franco, ii) en caso de enfermedad de Jos� Hern�n acordaron que no se hiciera presente sino que esperara la llamada de �l, estando hospitalizado lo visitaba en horas diferentes a aquellas en que lo hacia la c�nyuge para evitarse problemas, iii) �l ten�a pago un auxilio de esos de funeraria y la se�ora de �l fue la que hizo las vueltas, iv) en una ocasi�n, Jos� Hern�n le dijo que si alguna vez se sent�a mal lo despachara en un taxi para su casa, v) nunca conversaron sobre las razones de porque Jos� Hern�n no daba la nomenclatura de la casa de ella como direcci�n para recibir su correspondencia personal, vi) ella le dijo a Jos� Hern�n, no saque a su esposa de la afiliaci�n de la polic�a porque yo tengo mi salud y no tengo problema con mis medicamentos, d�jele a ella ah�, que no hay problema, vii) yo siempre tuve claro que �l era un hombre casado y que �l ten�a su esposa, siempre le dije a �l, yo no quiero da�ar su matrimonio, yo quiero que contin�e su hogar y salimos nosotros.

Nunca le da�e su matrimonio, ni deje que �l da�ara su relaci�n con la esposa, viii) yo siempre reconoc� la vida de ellos de casados y la convivencia conmigo, �l se repart�a entre los dos hogares, y ix) �l no me present� a m� como compa�era permanente ante nadie, porque yo no conoc� la familia de �l. Aunque la demandante se esforz� por demostrar la convivencia simult�nea entre ella y el extinto, y este �ltimo con la demandada Quintero Franco, otorgando solidez e importancia a que Jos� Hern�n conoci� sus parientes, vecinos y compa�eros de trabajo, estuvo pendiente de los asuntos de su familia como grados, matrimonios, nacimientos y fallecimientos, tuvo detalles de llevar flores, serenatas, utensilios de cocina y electrodom�sticos, irse de paseo a Cafam o La Rochela, colaborar con el mercado y las facturas de su casa, sentarse a ver televisi�n o escuchar m�sica en su compa��a, preparar el almuerzo o desayuno; tales hechos carecen de la entidad necesaria para derrumbar las circunstancias destacadas por los testigos antes referidos, incluso sus propias manifestaciones en lo que respecta a la estabilidad del v�nculo matrimonial del fallecido, toda vez que el escenario ilustrado no conlleva per se la existencia de una uni�n con sentido de permanencia, duraci�n y constancia, al carecer los involucrados de genuina voluntad de conformar una comunidad de vida; m�s a�n cuando situaciones como las relatadas tambi�n pueden hallarse en relaciones espor�dicas e inestables.

Tal es la ausencia del �nimo mutuo de pertenencia, unidad y affectio maritalis que al ser interrogada la se�ora Luz Dary sobre su relaci�n con el se�or Giraldo Olarte, sus respuestas revelan que entend�a la conducta de �ste como detalles o simple generosidad para con ella, m�s no como parte del cumplimiento de sus deberes como compa�ero permanente, o del socorro y ayuda mutua intr�nsecos en una relaci�n sentimental como la aducida en la demanda; convicci�n de la demandante que impide a la Colegiatura reconocer una pareja s�lida direccionada a establecer una familia, compartiendo como si fueran uno solo asuntos fundamentales de la vida cotidiana. c. La parte demandada no tuvo que hacer mayor faena para desacreditar las declaraciones rendidas por la convocante, insistiendo en que jam�s tuvieron conocimiento de la existencia de una relaci�n extramatrimonial del se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte y que �ste nunca exterioriz� intenci�n de dar por terminado su v�nculo matrimonial o al menos separarse de cuerpo de su c�nyuge, manteniendo su consorcio hasta sus �ltimos d�as de vida.

En tal sentido, narr� el se�or HEVER ANDR�S VALENCIA GARC�A, quien ha vivido en la casa del matrimonio Giraldo � Quintero, que nunca tuvo conocimiento de que su suegro hubiera sostenido una relaci�n amorosa por fuera del matrimonio, jam�s lleg� a faltar a la casa por m�s que llegara tarde en la noche y se caracterizaba por ser una persona hogare�a; durante el tiempo que estuvo hospitalizado fueron las demandadas y �l quienes estuvieron a su cuidado.

De igual modo, EDELMIRA GARC�A DE VALENCIA, suegra de la demandada Mar�a Eugenia Giraldo Quintero, expres� no conocer a la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez y menos una relaci�n entre ella y el se�or Jos� Hern�n, quien permanec�a en su residencia compartiendo con sus nietos, los cuales a su vez le contaban que estaban con el abuelo, y en la enfermedad fue atendido por la esposa, su hija y su yerno. JES�S ANTONIO GALLEGO DUQUE, vecino de la pareja hace 35 a�os, afirm� que Jos� Hern�n nunca le coment� que tuviera otra mujer por fuera del matrimonio; adem�s, siempre permaneci� en su casa al lado de su esposa, respondiendo econ�micamente porque Ang�lica es ama de casa y se le ve�a pendiente de todo lo que acontec�a en su hogar, si sal�a a la calle a sus diligencias siempre volv�a en la noche; cuando se enferm�, sus cuidados dependieron de la se�ora Ang�lica y dem�s familiares.

VIRGELINA MAR�A HERRERA y ANA GLADYS MEJ�A, vecinas del matrimonio hace m�s de 35 a�os, indicaron que no tener conocimiento de que entre el se�or Jos� Hern�n y la demandante hubiera una uni�n sentimental, resultando extra�o porque siempre se le vio ayudando a Ang�lica con los quehaceres del hogar, respondiendo econ�micamente con el mercado y facturas, y cuando sal�a a la calle solo, aproximadamente a las 9:00 de la noche ya se encontraba de nuevo en su casa, sumado a que en muchas ocasiones sal�a con su esposa yendo a misa o a mercar.

Los medios suasorios analizados revelan unos declarantes espont�neos, abiertos y directos, que si bien no son exactos y contundentes individualmente, en conjunto se logra apreciar que los hechos narrados por todos concuerdan entre s�, dejando por sentado que entre Ang�lica Quintero Franco y Jos� Hern�n Giraldo Olarte siempre existi� una convivencia constante y permanente con �nimo de conformar una familia, compartiendo techo, lecho y mesa, ofreciendo detalles que coinciden con lo rese�ado por la parte demandante y que desvirt�an el surgimiento de una uni�n marital de hecho entre Buitrago S�nchez y Giraldo Olarte.

Por sabido se tiene, que en situaciones como la planteada, especial consideraci�n tiene la autonom�a del fallador dado que, seg�n lo ha ense�ado la Corte Suprema de Justicia, �(�) cuando se enfrentan dos grupos de testigos, el juzgador puede inclinarse por adoptar la versi�n prestada por un sector de ellos, sin que por ello caiga en error colosal, pues �en presencia de varios testimonios contradictorios o divergentes que permitan conclusiones opuestas, corresponde a �l dentro de su restringida libertad y soberan�a probatoria y en ejercicio de las facultades propias de las reglas de la sana cr�tica establecer su mayor o menor credibilidad, pudiendo escoger a un grupo como fundamento de la decisi�n desechando otro� (G.J. tomo CCIV [204], No. 2443, 1990, segundo semestre, p�g. 20), (�)�.

Desde luego que dicha autonom�a no es arbitrariedad, ni habilita para que se adopten dentro del marco de la valoraci�n de las pruebas decisiones irracionales; tampoco es una patente de corso que permita a los funcionarios judiciales distanciarse de la objetividad que aquellas incorporen, so pretexto de privilegiar a unas frente a otras; sin embargo, observ�ndose que en el caso concreto el Juez de primera instancia, al igual que esta Sala, avistan que los dos grupos de testigos conciertan en la prolongaci�n, indemnidad, convivencia, comunidad de vida, acompa�amiento, solidaridad, �nimo de conformaci�n de familia y permanencia del matrimonio de Ang�lica Quintero Franco y Jos� Hern�n Giraldo Olarte, resulta innecesario inclinarse hacia alguno de los dos extremos cuando todos apuntan hac�a una misma conclusi�n. Ello, anudado a las declaraciones rendidas por las demandadas que, en s�ntesis, coincidieron en que el se�or Jos� Hern�n permanec�a en la casa que comparti� con la se�ora Ang�lica, realizaba tareas caseras diarias, nunca falt� a dormir, asumi� los gastos del hogar, siempre estuvo pendiente de qu� faltaba para el desayuno o el almuerzo, y fueron ellas quienes estuvieron al tanto de la salud y los servicios m�dicos que lleg� a requerir.

Esos pormenores que se acoplan con la documental que muestra que el se�or Jos� Hern�n reconoci� como su residencia, la casa de la se�ora Ang�lica y no la de la demandante, llegando su correspondencia personal a ese lugar; se vali� de la demandada para acudir al m�dico, como se desprende de la historia cl�nica aportada, siendo ella quien mostr� mayor conocimiento del estado de salud del extinto en sus �ltimos d�as de vida; el reconocimiento de la sustituci�n de la asignaci�n mensual de retiro que gozaba por parte de la Polic�a Nacional fue en favor de su c�nyuge, as� como el pago de la indemnizaci�n por acaecer el siniestro amparado y por ser la beneficiaria designada por el fallecido dentro de la p�liza de Accidentes Personales Colectivos que adquiri� en vida con Seguros de Vida del Estado S.A.; adem�s, la entrega de sus cenizas por parte de la funeraria Capillas de la Fe fue a la se�ora Quintero Franco; quedando entonces decantado que quien fung�a como compa�era de vida del se�or Giraldo Olarte fue esta �ltima. d. Lo que se percibe, como suele suceder en la realidad social, es que el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte sostuvo una relaci�n extramatrimonial con la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez, sin embargo, no mostr� intenci�n alguna de abandonar el hogar que hab�a conformado con la se�ora Ang�lica Quintero Franco, compartiendo con �sta techo, lecho y mesa, participando de la coexistencia diaria como esposos y la intenci�n de formar familia, exteriorizada a trav�s de la convivencia, ayuda y socorro mutuos, acompa�amiento en la enfermedad, permanencia, �nimo de pertenencia, unidad y compromiso de vida en pareja.

Dicho de otra manera, para la Sala es claro que los elementos que re�ne el v�nculo matrimonial acreditado por la parte demandada no los goza la relaci�n amorosa que tuvo la demandante con el fallecido, habida cuenta que, la primera constituye una real convivencia entre dos personas y la segunda no deja de ser una relaci�n circunstancial y espor�dica, pese a haberse extendido por muchos a�os.

Es que la sola prolongaci�n en el tiempo no muta un lazo amoroso en el que se han compartido momentos y experiencias en una familia de hecho soportada en la firme intenci�n de su conformaci�n bajo las premisas de permanencia, estabilidad y singularidad. Mem�rese que la singularidad, pilar fundamental de la uni�n marital de hecho, conlleva que los consortes no pueden establecer compromisos paralelos con otras personas.

As� lo ha dicho la Corte Suprema de Justicia: �(�) no se permite la multiplicidad de uniones maritales, ni mucho menos la coexistencia de una sola con un v�nculo matrimonial en el que no est�n separados de cuerpos los c�nyuges, sin embargo cuando hay claridad sobre la presencia de un nexo dom�stico de hecho, los simples actos de infidelidad no logran desvirtuarlo, ni se constituyen en causal de disoluci�n del mismo, que solo se da con la separaci�n efectiva, pues, como toda relaci�n de pareja no le es ajeno el perd�n y la reconciliaci�n�.

Sobre esa misma l�nea ha transitado de anta�o la Corte Suprema, sosteniendo en la Sentencia de casaci�n civil del 20 de septiembre de 2000, expediente 6117, M.P. Silvio Fernando Trejos Bueno, que �si uno de los compa�eros tiene vigente un v�nculo conyugal, lo contrae despu�s, o mantiene simult�neamente una relaci�n semejante con un tercero, no se conforma en las nuevas relaciones la uni�n marital, e incluso, eventualmente se pueden desvirtuar las que primero fueron iniciadas; en el fondo, impl�citamente se produce el efecto personal de la exclusividad de la relaci�n.� Y agreg�: �De otro lado, esa unicidad se reafirma porque la uni�n marital exige que los compa�eros permanentes hagan una "comunidad de vida permanente y singular"; la permanencia toca con la duraci�n firme, la constancia, la perseverancia y, sobre todo, la estabilidad de la comunidad de vida, y excluye la que es meramente pasajera o casual; esta nota caracter�stica es com�n en las legislaciones de esta parte del mundo y se concreta aqu� para efectos patrimoniales en dos a�os de convivencia �nica; e indudablemente atenta contra esa estabilidad y habr� casos en que la descarta el hecho mismo de que un hombre o una mujer pretenda convivir, como compa�ero permanente,�con un n�mero plural de personas, evidentemente todas o algunas de estas relaciones no alcanzan �a constituir una uni�n marital de hecho.

Y que la comunidad de vida sea singular ata�e con que sea solo esa, sin que exista otra de la misma especie, cuesti�n que impide sostener que la ley colombiana dej� sueltas las amarras para que afloraran en abundancia uniones maritales de hecho, y para provocar conflictos mil para definir los efectos patrimoniales; si as� fuera, a cambio de la seguridad jur�dica que reclama un hecho social incidente en la constituci�n de la familia, como n�cleo fundamental de la sociedad, �se obtendr�a incertidumbre. � La singularidad de algo puede entenderse por su peculiaridad o especialidad, atendiendo que no se parece del todo a otra cosa.

Pero tambi�n entra�a el contrario de plural. El empleo que de ella hizo la ley 54 dice m�s de la segunda de las anotadas acepciones que de la primera; vale decir, refiere es al n�mero de lig�menes o uniones maritales y no a la condici�n�sui generis�de la relaci�n; esto es, la exigencia es que no haya en ninguno de los compa�eros permanentes m�s uniones maritales que la que los ata, la que, en consecuencia, ha de ser exclusiva.

Porque si uno de ellos, o los dos, sostiene no s�lo esa uni�n sino otra u otras con terceras personas, se convierte en una circunstancia que impide la configuraci�n del fen�meno. Cuando se insin�a que por la evidente posibilidad pr�ctica de que una persona tenga relaciones maritales con varias personas debe d�rsele el correspondiente cubrimiento jur�dico a cada una de ellas, se le da �visos superficiales y simplemente matem�ticos a lo que debe ser una comunidad ubicando dentro de ella las varias relaciones en los que una misma persona conviva con otras en forma simult�nea, desvirtuando en forma radical el concepto de unidad familiar tan ampliamente defendido en nuestra Constituci�n y lo que el legislador expresamente pretendi� con dicha regulaci�n.� 5.

Como reparo concreto a la sentencia, el apoderado de la demandante adujo que el A quo se circunscribi� a determinar la existencia de un v�nculo matrimonial y una sociedad conyugal vigente, pese a que nunca fue puesto en debate por parte de su prohijada, pues lo �nico que se pretende es que la autoridad judicial determine la existencia simult�nea de la uni�n de Luz Dary y Jos� Hern�n, y el matrimonio de este �ltimo y la se�ora Ang�lica.

La acusaci�n no tiene vocaci�n de prosperidad porque, conforme al art�culo 167 del C�digo General del Proceso, le correspond�a a la parte pasiva probar los hechos que desvirtuaban los supuestos f�cticos que cimentaban los pedimentos de la demanda, siendo entonces razonable que toda la actividad probatoria desplegada por ese extremo haya sido dirigida a demostrar que entre los a�os 1997 y 2016 el v�nculo matrimonial Quintero � Giraldo no solo estaba vigente, sino que gozaba de los elementos que componen una comunidad de vida permanente, estable y duradera.

Desacierta el replicante al considerar que el an�lisis efectuado por el juez de primera instancia se limit� a comprobar la existencia de un v�nculo matrimonial, puesto que su labor fue encaminada a verificar que los esposos nunca dejaron de convivir y tener un compromiso de vida, escenario que llevaba al fracaso lo pretendido por la promotora, pues se reitera, no puede coexistir una uni�n marital de hecho con un matrimonio en el que no est�n separados de cuerpos los c�nyuges, como err�neamente se propone en la alzada al se�alar que se puede declarar la concurrencia de convivencias.

Critic� el estudio concerniente a los presupuestos de publicidad y permanencia que deb�a poseer la relaci�n de la interesada con el extinto, toda vez que �ste tuvo una esfera de su vida privada que ni siquiera su c�nyuge y su descendencia pudieron conocer, y mucho menos los testigos tra�dos al proceso; por consiguiente, que sus familiares y vecinos no hubieran conocido a la se�ora Luz Dary Buitrago S�nchez no significa la inexistencia de una convivencia permanente entre ellos, distinguida por la intenci�n de conformar una unidad familiar; este reproche tampoco tiene asidero, como quiera que los referidos elementos no son m�s que dos de muchos que deben demostrarse para que sea declarada la uni�n marital de hecho.

Si en gracia de discusi�n se aceptara la tesis esgrimida por el apelante, situaciones como no compartir techo y lecho, ausentarse en momentos de enfermedad dejando de prestar la ayuda y el socorro pertinente, y consentir la convivencia permanente y estable dentro del v�nculo matrimonial que ten�a vigente el se�or Jos� Hern�n Giraldo Olarte, tampoco encuentran justificaci�n en la vida privada del mencionado para que pueda considerarse la viabilidad de lo deprecado.

Es de acotar que la noci�n de la actora sobre los ingresos del se�or Jos� Hern�n, en contraste con el desconocimiento de las demandadas al respecto, no es m�s que un hecho hu�rfano en medio de todo un conjunto probatorio del que se colige que el v�nculo matrimonial que ten�a el difunto siempre estuvo acompa�ado de una comunidad de vida, careciendo esa contingencia de peso para derrumbar la postura acogida en esta providencia. 6.

Cabe resaltar que aunque en la sentencia confutada fueron objeto de valoraci�n probatoria las fotograf�as aportadas a pesar de haber sido excluidas como medios de convicci�n en el momento procesal oportuno; esa irregularidad ninguna incidencia tiene en la sanidad del proceso ni en esta decisi�n; acotando que no fue objeto de reparo por las partes y que lo considerado en relaci�n a esas documentales en nada cambia la convicci�n de este Colegiado. 7.

Implor� el recurrente el decreto y pr�ctica de varios testimonios de vecinos y conocidos de los se�ores Luz Dary Buitrago S�nchez y Jos� Hern�n Giraldo Olarte con el fin de acreditar los presupuestos de publicidad y permanencia de su relaci�n amorosa, aduciendo que se omitieron en el escrito genitor a pesar de ser conducentes y �tiles; petici�n que la Sala considera improcedente puesto que est� a cargo de la parte interesada solicitar en tiempo oportuno las pruebas que considere pertinentes y asegurar la comparecencia de los testigos que den credibilidad a los fundamentos f�cticos de la demanda.

Aunado a lo anterior, la petici�n no se encuadra en los eventos previstos en el art�culo 327 del Estatuto Procesal vigente. Supeditada a ello, mal har�a esta Sala en acceder al pedimento expuesto por el profesional dentro de los reparos concretos formulados contra la sentencia impugnada cuando debi� hacerlo amparado en las causales apuntadas y dentro del t�rmino de ejecutoria del auto que admiti� la alzada. 8.

Como cuesti�n final, quiere la Sala enfatizar en el deber de los servidores judiciales de utilizar en sus providencias y en especial, en asuntos de familia, un lenguaje no solo comprensible sino que evite ridiculizar o estigmatizar sin necesidad alguna de las partes involucradas. En ese orden, se convoca al Juez para que en adelante, en vez de disculparse, en su discurso omita referencias dirigidas a calificar los sentimientos y motivaciones de los presuntos compa�eros como por ejemplo, quien era m�s o menos importante para el difunto, si se trataba o no de una �compa�era seria y que se respete�, que pueden herir la autoestima de quien por a�os comparti� un idilio con otra persona, as� el mismo no haya alcanzado la categor�a de uni�n marital de hecho.

Conclusi�n: En compendio, la decisi�n apelada ser� confirmada en su integridad, al no haber cumplido la demandante LUZ DARY BUITRAGO S�NCHEZ, su carga de probar de manera eficaz los elementos configurativos de una uni�n marital de hecho entre ella y JOS� HERN�N GIRALDO OLARTE; en cambio, obran pruebas irrefutables de que en el v�nculo matrimonial del se�or JOS� HERN�N GIRALDO OLARTE y ANG�LICA QUINTERO FRANCO no hubo separaci�n de cuerpos que permitiera afianzar como una uni�n marital de hecho la relaci�n sentimental que existi� entre los primeros.

Subsecuentemente se condenar� en costas de segunda instancia a la parte apelante en favor de la demandada, por no haber prosperado su recurso y encontrarse causadas en esta etapa (art�culo 365 numerales 1 y 8 C.G.P.). La liquidaci�n de las costas se har� por el Juzgado de conocimiento en primera instancia, seg�n lo dispuesto en el art�culo 366 del Estatuto procesal vigente, incluyendo las agencias en derecho que en su momento fije la Magistrada Ponente (COSTAS SUJETAS A CAUSACI�N EN SEGUNDA INSTANCIA).

III. DECISI�N Por lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, en Sala de Decisi�n Civil Familia, administrando justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia emitida el 20 de noviembre de 2018 por el Juzgado Cuarto de Familia de Manizales, dentro del Proceso de declaraci�n de uni�n marital de hecho promovido por la se�ora LUZ DARY BUITRAGO S�NCHEZ en contra de ANG�LICA QUINTERO FRANCO y HEREDEROS INDETERMINADOS del se�or JOS� HERN�N GIRALDO OLARTE, tr�mite al que fue integrada como parte del extremo pasivo, la se�ora MAR�A EUGENIA GIRALDO QUINTERO, heredera determinada del se�or Giraldo Olarte..

Se CONDENA en costas de segunda instancia a la parte apelante en favor de la demandada. La liquidaci�n se har� por el Juzgado de conocimiento en primera instancia, seg�n lo dispuesto en el art�culo 366 del C�digo General del Proceso, incluyendo las agencias en derecho que en su momento fije la Magistrada Ponente (CONDENA SUJETA A CAUSACI�N).

Por Secretar�a, DEVU�LVASE oportunamente el expediente al juzgado de origen. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE, SOFY SORAYA MOSQUERA MOTOA Magistrada Ponente �NGELA MAR�A PUERTA C�RDENAS �LVARO JOS� TREJOS BUENO Magistrada Magistrado  Fls. 3 a 6 C.1.  Fls. 32 a 114, 165 a 169 C.1.  Fls. 179 a 183 C.1.  Fls. 179 a 183 C.1.  Corte Suprema de Justicia,�sentencia del 10 de septiembre de 2003, M.P.: Manuel Isidro Ardila Vel�squez, Exp. 7603.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, sentencia del 12 de diciembre de 2001, Exp.

No. 6721.  Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-257 de 2015. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, sentencias SC1656 de 2018 y del 5 de agosto de 2013, Exp. 00084.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, sentencias SC1656 de 2018 y 239 del 12 de diciembre de 2001; �ltima reiterada en Exp. 00558 del 27 de julio de 2010 y 00313 del 18 de diciembre de 2012.  Ib�dem.  Corte Constitucional, sentencia T-338 de 2018.  Ib�dem.  Ley 51 de 1981.  Asamblea General de Naciones Unidas, 7 de noviembre de 1967.  Ley 248 de 1995.  Fls. 56 a 65 C.1.  Fls. 43 a 45, 82 a 112 C.1.  Fl. 50 C.1.  Fls. 52 a 54 C.1.  Fl. 66 C.1.  SC de 5 agosto 2013, Rad. 2004-00084-02; citada en SC4361 de 2018, Rad. 2011-00241-01.     17001-31-10-004-2017-00173-02 Declaraci�n Uni�n Marital de Hecho ��n o � � � � / 0 J \  C U W Y [ � � ��PQ�������Ŭ�ş��xlx^x�^lOl^lOlxlxjh�eqh)q�0JU^Jh�eqh)q�5�CJ\�^Jh�eqh)q�CJ\�^Jh�eqh)q�CJ^Jh�eqh)q�5�CJ^Jh�eqh)q�5�OJQJ\�^Jh�eqh)q�OJQJ^J0jh�eqh)q�OJQJU^JmHnHtH $uh�eqh)q�5�OJQJ^JhB{5�OJQJ^JhB{ h� ahB{h)q�5�OJQJ^Jhs 5�OJQJ^J01n o � � � � � � � / 0 I �����������������$�3�d]�3`�a$gd)q�$�3d]�3a$gd)q�$ �� da$gd)q� $da$gd)q�$a$gdB{$a$gdB{ d*$gd� I J D E V W x y ��  +,STi������������������ �d`�gd)q� �3d]�3gd)q�$�3�d]�3`�a$gd)q��3�d]�3`�gd)q�$ ��3d]�3a$gd)q���  :;��Tij!"�6[IK~��7�������������誜��}�}����o�a�Qh�eqh)q�6�OJQJ]�^Jh�eqh)q�OJQJ]�^Jh�eqh)q�6�OJQJ^J h�eqh)q�OJQJ^JnH $tH $h�eqh)q�OJQJ\�^Jh�eqh)q�5�OJQJ^Jh�eqh)q�OJQJ^Jh�eqh)q�5�CJ\�^Jh�O�CJ^Jh�eqh)q�CJ\�^Jjh�eqh)q�0JU^Jh�eqh)q�CJ^Jh�eqh)q�5�CJ^Jij��HI^_)*K L o"��������������$��d`��a$gd)q�/$d��[$\$a$gd)q�$ ����d`��a$gd)q�$ ��da$gd)q� $da$gd)q�$ �/ 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globoCJOJQJ^JaJ`�/��1` �e�Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH D@BD *3N0�Texto nota pie, Car,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,ft5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH 0�/��Q0 *3N0�Texto nota pie Car, Car Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Footnote Text Char Char Char Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Cha Car-B*CJOJPJQJ^JaJmH phsH tH &`�� *3N0�Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,FC,referencia nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Pie de P�gina,Appel note de bas de page,Footnotes refss,Footnote number,BVI fnr,f,4_G,16 Point,Superscript 6 Point,Texto nota al pie,Texto de nota al pi@�B*CJH*T�OrT *3NINICIO$��dh`��a$CJOJQJmH $sH $tHH�/���H *3N INICIO CarCJOJPJQJ^JaJtH<@�< yy�0 Encabezado  ��8!H�/���H yy�0Encabezado CarCJOJPJQJaJB �B yy�0 Pie de p�gina  ��8!N�/���N yy�0Pie de p�gina CarCJOJPJQJaJH�/���H � T�tulo 1 CarCJOJPJQJmHsH\�/���\ � T�tulo 2 Car,5�6�CJOJPJQJ\�]�aJmH sH tH V�/���V � T�tulo 3 Car&5�CJOJPJQJ\�aJmH sH tH 8) ��8 � N�mero de p�ginal�l � Nota al pie"! �h�P5$7$8$9DH$`�PB*CJaJmH phsH n�"n � Texto predeterminado"5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH pB2p $� Texto independiente#�x5$7$8$9DH$B*CJaJmH phsH d�/��Ad #� Texto independiente CarB*OJPJQJmH phsH :>R: &� Puesto%$a$ aJmHsHD�/��aD %� Puesto CarCJOJPJQJmHsH@Jr@ (� Subt�tulo'$a$ aJmHsHJ�/���J '� Subt�tulo CarCJOJPJQJmHsHPP�P *� Texto independiente 2 )d��x^�/���^ )� Texto independiente 2 CarCJOJPJQJaJ^"�^ � Descripci�n+$5$7$8$9DH$a$B*aJmH $phsH $hR�h -� Sangr�a 2 de t. independiente,�d��x^�n�/���n,� !Sangr�a 2 de t. independiente CarCJOJPJQJaJ�/��� � rTexto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car, Car Car,Texto nota pie Car Car Car Car Car Car Car Car Car Car Car CarOJQJ^JmH sH tH B^@�B � 0 Normal (Web)/�d�d[$\$:U ��: � 0 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