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H: xxx a.m. Manizales, treinta y uno (31) de julio de dos mil diecisiete (2017). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra del fallo proferido el d�a 23 de septiembre de 2016 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, Caldas, a trav�s del cual se conden� al se�or LUIS ALBERTO MOTATO MORALES a la pena principal de 15 a�os de prisi�n, luego de ser hallado responsable del concurso homog�neo de Acceso carnal abusivo con incapaz de resistir que la Fiscal�a le endilg�.
HECHOS La menor Y.A.S.T., nacida el 18 de febrero de 1999 y diagnosticada con un retraso mental leve y con comportamientos autistas, para cuando ten�a 15 a�os, esto es, durante el a�o 2014, tuvo una serie de encuentros con el vecino LUIS ALBERTO MOTATO, de quien expres� a su madre y autoridades que los domingos que su mam� se iba a trabajar y la esposa e hija de �l se iban para misa, �l entraba furtivamente a su casa por un hueco que hab�a en una malla que separaba las dos viviendas, llev�ndola siempre hacia una cama en la que hab�a despojo de prendas, d�ndole besos en partes pudendas, sexo oral, introducci�n de dedos en la vagina, tocamientos con el pene y penetraciones anales, acciones lascivas que despleg� sin restricci�n por la condici�n mental de la jovencita que, en medio de su inmadurez intelectiva, narr� a compa�eritas del colegio que ten�a un vecino mayor que era su novio, extendi�ndose la informaci�n hasta llegar a la madre que, de ese modo, confirm� las sospechas que ya hab�a creado, siendo as� como acudi� a denunciar.
ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Tras solicitarse, ordenarse y hacerse efectiva la captura del se�or LUIS ALBERTO MOTATO MORALES, el d�a 13 de enero de 2016 fue presentado ante el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Riosucio, Caldas, escenario en el que, tras legalizarse su aprehensi�n, se le formul� imputaci�n como autor responsable del delito de �Acceso carnal abusivo con incapaz de resistir� (art. 210 C.P.), en concurso homog�neo.
El imputado se declar� inocente, luego de lo cual en su contra se solicit� e impuso medida de aseguramiento privativa de la libertad en establecimiento carcelario. 3.2. Culminada la fase de investigaci�n y presentado el escrito de acusaci�n con el que se radic� la competencia en el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, Caldas, el d�a 29 de marzo de 2016 se llev� a cabo la audiencia de formulaci�n oral de acusaci�n, en la que al se�or MOTATO MORALES se le atribuy� de manera definitiva el concurso de la conducta punible contra la libertad, integridad y formaci�n sexuales atr�s referida y enlistada en el art�culo 210 del C�digo Penal. 3.3.
Ya el d�a 26 de abril de 2016 se surti� la audiencia preparatoria, dentro de la cual se decretaron las pruebas a practicar e introducir en el juicio oral que se adelant� en varias sesiones los d�as 29 y 30 de junio, y 5 de agosto de 2016, �ltima fecha en la que se cerr� la diligencia con la emisi�n de un sentido del fallo de car�cter condenatorio. LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA Superado el anterior discurrir procesal, a los 23 d�as del mes de septiembre del a�o de 2016, se profiri� el fallo con el cual al procesado se le impuso una pena principal de 15 a�os de prisi�n (12 a�os por delito base + 3 a�os por concurso homog�neo), sin concesi�n de subrogado o sustituto punitivo alguno por expresa prohibici�n legal contenida en la Ley 1098 de 2006.
Para arribar a tal conclusi�n, el Juez comenz� expresando que fue conocido que el acusado era vecino de la menor Y.A.S.T., con recurrente acercamiento y opci�n de compartir, lo cual le permit�a estar al tanto de la discapacidad mental de �sta, dado su retraimiento, personalidad deprimida, d�ficit cognitivo, todo lo cual fue verificado en juicio a trav�s de las valoraciones realizadas a la jovencita en el ICBF dentro del proceso de restablecimiento de derechos, y valoraci�n por fonoaudiolog�a, de las cuales se extractaba un estado de minusval�a cognitiva que fue la que precisamente hizo que el acusado, como fue ventilado en estrados por la menor misma, le ofert� amor eterno y la perdurabilidad de un noviazgo, irracional entre una chiquilla de 14 a�os y un hombre de 46 a�os con esposa.
En punto de la existencia de los reatos sexuales y el compromiso de MOTATO MORALES cit� textualmente el Juzgador las palabras de Y.A.S.T. cuando en cuatro ocasiones (una de ellas en juicio) narr� el modo en que los domingos cuando ella quedaba sola y LUIS ALBERTO MOTATO tambi�n estaba solo, se encontraban en la casa de uno u otro y proced�an a despojarse de sus prendas de vestir, momento en que comenzaban las maniobras sexuales, las que eran de variado tenor, como sexo oral, penetraciones anales, etc., luego de lo cual pas� el Juez a decir que tales sindicaciones se respaldaban en el testimonio de la madre de la jovencita, quien cont� que luego de recibir una llamada an�nima que la alertaba sobre las irregularidades que se presentaban en casa, inici� las averiguaciones que la llevaron a que su hija terminara cont�ndole las mismas circunstancias sobre el abuso, dejando siempre en claro que era protagonizado por su vecino LUIS ALBERTO.
Tras lo anterior indic� el a quo que la condici�n mental de la menor no le restaba credibilidad, m�xime cuando su retraso mental y autismo no le impidieron ser coherente, circunstanciada e hilvanada, sin mostrarse fantasiosa como lo pregona la Defensa porque en principio en Medicina Legal dijo sostener relaciones sexuales con su compa�ero de escuela W.E.J., trat�ndose en verdad de un hecho adicional sobre el que no se ahond�, y que se dej� de lado pero mostrando que la menor no ten�a capacidades s�lidas de decisi�n, ratific�ndose as� la existencia del delito a instancias del vecino MOTATO MORALES, quien cont� con la oportunidad para actuar de acuerdo a las circunstancias, como la soledad de �l y la ni�a, y la facilidad de acceso a la residencia de ella.
Prosigui� su argumentaci�n el Juez haciendo alusi�n a las virtudes declarativas de Y.A.S.T., sin descalificarla en cuanto a las manipulaciones anales porque los dict�menes m�dicos indicaran que no presentaba secuelas, como quiera que el mismo doctor que la evalu� aclar� en juicio que el �rea perianal se regenera con rapidez y es, por tanto, posible que con el paso del tiempo no haya huellas, adicionando luego el Juzgador que, en todo caso, se acredit� que la v�ctima fue objeto de sexo oral, por lo que se verificaba la existencia del acceso carnal en t�rminos del art. 212 del C.P., sin que ello se desmereciera o se contradijera cuando la ni�a hizo alusi�n a un contacto sexual con un compa�ero de la escuela.
Con quien pudo haber rozamientos y no ning�n tipo de penetraci�n, como en juicio as� se dijo por la menor, de la que finalmente se coligi� que no requer�a necesariamente que su credibilidad fuera evaluada por una psic�loga, lo cual es tarea del Juez, quien analiza las pruebas como unidad y en contexto, como aqu� lo hizo para dictar un fallo de responsabilidad por una pluralidad de conductas t�picas, antijur�dicas y culpables.
LA IMPUGNACI�N Una vez notificada la decisi�n en estrados, por parte de la Unidad de Defensa (Defensor y procesado) se interpuso recurso de apelaci�n, siendo sustentado por escrito. 5.1. El Abogado del acusado centr� su cr�tica en la credibilidad asignada a la menor Y.A.S.T., alegando que ella hab�a incurrido en importantes contradicciones y contrariedad con la prueba cient�fica.
A este respecto aleg� que la menor expres� ante m�dico legista que con un compa�ero de colegio tuvo sexo vaginal, mientras que con el procesado relacion� que le introduc�a dedos en su vagina y lleg� a penetrarla analmente, a pesar de que la prueba sexol�gica forense mostr� que el himen de la jovencita est� intacto y que el ano es normo configurado, sin signos de lesiones, siendo ello claro factor para colocar en duda su cr�dito, el que tambi�n se aleg� afectado por el que Y.A.S.T. hubiera negado en una deponencia contacto con el pene del acusado para venir a referir sexo anal y en el juicio oral hacer alusi�n a sexo oral, siendo todo ello motivo de recelo que justifica la necesidad de que el cr�dito de la menor fuese evaluado por una psic�loga, m�xime cuando la jurisprudencia ha decantado que a los menores no se les debe creer solo por tal calidad.
Al respecto cit� jurisprudencia el Defensor, terminando su argumentaci�n aludiendo al principio del in dubio pro reo para clamar por la absoluci�n de su prohijado, con base a las deficiencias probatorias rese�adas. 5.2. El se�or LUIS ALBERTO MOTATO, por su parte, a trav�s de escrito con el que deprec� su absoluci�n, manifest� que reconoc�a haber ido a casa de la menor, pero no de modo furtivo, ni por un hueco, sino por la puerta y por invitaci�n de la madre de aquella, como cuando particip� del cumplea�os 15 de la ni�a, la cual fue diagnosticada con dificultades cognitivas que daban a entender que no hac�a manifestaciones coherentes, verbigracia, al referir haber sido penetrada vaginalmente cuando realmente no lo hab�a sido.
A continuaci�n el acusado disidente reprob� que la menor no hubiera recordado la fecha del �ltimo abuso, cuando previamente hab�a dicho que lo fue el 28 de septiembre de 2014, luego de lo cual se critica que la menor, a pesar de decir que no le ment�a a la ley, dijo no haber sostenido relaciones con Wilmer, cuando ya hab�a expresado que cuando sostuvo contacto con �l, el pene le sangr�.
Tras lo precedente pas� a relacionar LUIS ALBERTO MOTATO que su apoderado dimiti� de todos los declarantes que �l quer�a traer a juicio, as� como tambi�n le aconsej� guardar silencio como estrategia, catalogando ello como una mala asesor�a y una deficiente defensa. CONSIDERACIONES 6.1. Planteamiento del problema. �La menor Y.A.S.T. ha timado a su familia, al grupo interventor del ICBF y ahora a la Judicatura, al lograr, a trav�s de su testimonio, un fallo de condena en contra del se�or LUIS ALBERTO MOTATO por unos episodios sexuales abusivos inexistentes, o, por el contrario, ella s� ha sido objeto de tales vej�menes lascivos que han sido clarificados con la prueba practicada? La anterior pregunta conduce a una dualidad de opciones que es la que debe adentrarse a analizar la Sala, para lo cual resulta indispensable una nueva estimaci�n del caudal probatorio, teniendo como eje las diferentes manifestaciones de Y.A.S.T., las cuales el a quo determin� coherentes, hilvanadas y veraces, mientras que la Defensa alega que encierran contradicciones tales como para generar, cuando menos, la duda que siempre debe resolverse a favor del acusado.
En aras de dar contexto al asunto y teniendo en cuenta que tanto la decisi�n confutada como la Apelaci�n incoada tienen por base lo dicho por Y.A.S.T., quien adem�s de presentar una deficiencia cognitiva es menor de edad, previo al an�lisis en concreto de la prueba, se har� un ac�pite preliminar acerca del testimonio de los menores de edad en delitos sexuales. 6.2.
Del testimonio de menores de edad. Ya ha sido tratado y concluido en m�ltiples ocasiones por la jurisprudencia patria y por numerosas providencias de esta Colegiatura que, en trat�ndose de delitos sexuales, dada la naturaleza de ellos, por regla general se desarrollan en entornos solitarios, alejados de la vista de terceros, lo que correlativamente implica que para su esclarecimiento no suele contarse con el testimonio de personas distintas a los implicados mismos, siendo as� como de inconmensurable valor resulta lo que tengan para se�alar quienes se reputan v�ctimas, dado que por su especial -aunque siniestra- ubicaci�n en la escena de la afrenta libidinosa, son la fuente de cognici�n por antonomasia para arrimar a una verdad s�lida acerca de lo ocurrido; la que, ciertamente, podr� nutrirse de otros insumos probatorios que de manera indirecta realcen y respalden a quien dice haber sido abusado.
Se ha llegado a concluir entonces que el testimonio de la v�ctima, antes que desestimarse en abstracto como en �pocas y sistemas pret�ritos, en la hora de ahora reclama gran atenci�n, perfil�ndose como modo sinigual y digno de cr�dito para reconstruir el episodio il�cito investigado, lo cual no se desdice porque el agraviado se trate de un infante o adolescente, como quiera que tambi�n, contrario a ideas retr�gradas acerca de la mentalidad fantasiosa e inmadurez cognitiva de los ni�os para aprehender y transmitir la realidad, cient�ficamente se ha concluido que est�n mentalmente habilitados para dar cuenta clara de sus experiencias. M�s a�n cuando ellas son fuertes y, por tal, tienen la capacidad de fijarse en la memoria de quien las padece a una edad que, si bien es corta, le ha permitido adquirir conciencia suficiente para discernir entre lo bueno y lo malo, pudiendo as� clarificar cuando un contacto, una caricia o un acercamiento es pernicioso para su formaci�n psico-f�sica.
Todo lo anterior se puede condensar en lo dicho por la Corte Suprema de Justicia en fallo del 11 de mayo de 2011, citado en decisi�n m�s reciente del 25 de septiembre del a�o 2013 [Rad. 40455]: �Y, desde luego, testigo de excepci�n para el efecto lo es la v�ctima, no s�lo porque precisamente sobre su cuerpo o en su presencia se ejecut� el delito, sino en atenci�n a que este tipo de ilicitudes por lo general se comete en entornos privados o ajenos a auscultaci�n p�blica. �As� mismo, cuando se trata, la v�ctima, de un menor de edad, lo dicho por �l resulta no s�lo valioso sino suficiente para determinar tan importantes aristas probatorias, como quiera que ya han sido superadas, por su evidente contrariedad con la realidad, esas postulaciones injustas que atribu�an al infante alguna suerte de incapacidad para retener en su mente lo ocurrido, narrarlo adecuadamente y con fidelidad o superar una cierta tendencia fantasiosa destacada por algunos estudiosos de la materia. �Ya se ha determinado que en casos traum�ticos como aquellos que comportan la agresi�n sexual, el menor tiende a decir la verdad, dado el impacto que lo sucedido le genera.� Providencia en la que, d�gase desde ya, no se sugiere que lo dicho por los ni�os debe identificarse como una verdad absoluta, lo cual proh�ja esta Sala que considera que un discurrir tal ser�a un exabrupto gnoseol�gico, pues as� como se dice que los ni�os, al igual que los adultos, est�n capacitados para dar fe de acontecimientos, tambi�n como lo hacen los adultos, los ni�os pueden alterar la realidad de los sucesos, a trav�s de relatos preparados que obnubilan la realidad de lo sucedido.
Al fin y al cabo, tanto en adultos como ni�os concurre aquella condici�n humana de ser sujetos con intereses y pasiones, los cuales operan como factores motivacionales que, dependiendo de las circunstancias, tienen la aptitud para que se quiera faltar o apegar a la verdad. As� las cosas, demanda tambi�n el testimonio de los ni�os y adolescentes el riguroso an�lisis que el art�culo 404 del C�digo de Procedimiento Penal ha fijado como directriz para determinar la credibilidad de quien asiste a estrados, lo que, en todo caso, no puede llevar a soslayar aquella idea razonable, seg�n la cual, dif�cilmente un menor se expondr� como individuo vulnerable a la carga que implica decirse v�ctima de una agresi�n sexual, por lo que cuando la relatan hay gran probabilidad que ella s� haya tenido ocurrencia. Postura que se ha consolidado a trav�s del tiempo por la jurisprudencia nacional, la que se ha preocupado por indagar sobre los alcances gnoseol�gicos y morales de los infantes.
Vale citar entonces aparte referido en m�ltiples decisiones de la CSJ, tal y como la del 3 de febrero de 2010 (Rad.30612) en la que se lee: �Estudios recientes realizados por profesionales de esas �reas, indican que no es cierto que el menor, a pesar de sus limitaciones, no tiene la capacidad de ofrecer un relato objetivo de unos hechos y muy especialmente cuando lo hace como v�ctima de abusos sexuales. �De acuerdo con investigaciones de innegable car�cter cient�fico, se ha establecido que cuando el menor es la v�ctima de atropellos sexuales su dicho adquiere una especial confiabilidad. �Una connotada tratadista en la materia, ha se�alado en sus estudios lo siguiente: ������ �Debemos resaltar, que una gran cantidad de investigaci�n cient�fica, basada en evidencia emp�rica, sustenta la habilidad de los ni�os/as para brindar testimonio de manera acertada, en el sentido de que, si se les permite contar su propia historia con sus propias palabras y sus propios t�rminos pueden dar testimonios altamente precisos de cosas que han presenciado o experimentado, especialmente si son personalmente significativas o emocionalmente salientes para ellos.
Es importante detenerse en la descripci�n de los detalles y obtener la historia m�s de una vez ya que el relato puede variar o puede emerger nueva informaci�n. Estos hallazgos son valederos a�n para ni�os de edad preescolar, desde los dos a�os de edad. Los ni�os peque�os pueden ser l�gicos acerca de acontecimientos simples que tienen importancia para sus vidas y sus relatos acerca de tales hechos suelen ser bastante precisos y bien estructurados.
Los ni�os pueden recordar acertadamente hechos rutinarios que ellos han experimentado tales como ir a un restaurante, darse una vacuna, o tener un cumplea�os, como as� tambi�n algo reciente y hechos �nicos. Por supuesto, los hechos complejos (o relaciones complejas con altos niveles de abstracci�n o inferencias) presentan dificultad para los ni�os.
Si los hechos complejos pueden separarse en simples, en unidades m�s manejables, los relatos de los ni�os suelen mejorar significativamente. A�n el recuerdo de hechos que son personalmente significativos para los ni�os pueden volverse menos detallistas a trav�s de largos per�odos de tiempo. �Los ni�os tienen dificultad en especificar el tiempo de los sucesos y ciertas caracter�sticas de las personas tales como la edad de la persona, altura, o peso.
Tambi�n pueden ser llevados a dar un falso testimonio de abuso ya que, como los adultos, pueden ser confundidos por el uso de preguntas sugestivas o tendenciosas. Por ej. El uso de preguntas dirigidas, puede llevar a errores en los informes de los ni�os, pero es m�s f�cil conducir err�neamente a los ni�os acerca de ciertos tipos de informaci�n que acerca de otros.
Por ejemplo, puede ser relativamente f�cil desviar a un ni�o de 4 a�os en los detalles tales como el color de los zapatos u ojos de alguien, pero es mucho m�s dif�cil desviar al mismo ni�o acerca de hechos que le son personalmente significativos tales como si fue golpeado o desvestido. La entrevista t�cnicamente mal conducida es una causa principal de falsas denuncias. �Habr� que captar el lenguaje del ni�o y adaptarse a �l seg�n su nivel de maduraci�n y desarrollo cognitivo para facilitar la comunicaci�n del ni�o. Por ej.
Los ni�os peque�os pueden responder solamente aquella parte de la pregunta que ellos entienden, ignorando las otras partes que pueden ser cruciales para el inter�s del adulto. Por lo tanto es conveniente usar frases cortas, palabras cortas, y especificar la significaci�n de las palabras empleadas. Los entrevistadores tambi�n necesitan tener en cuenta que a veces, la informaci�n que los ni�os intentan aportar es certera, pero su informe acerca de esto puede parecer no solo err�nea, sino exc�ntrica (burda) para un adulto.
Por ejemplo, un chico puede decir que �un perro volaba� sin decir al entrevistador que era un mu�eco que �l pretend�a que pudiera volar. �El diagn�stico del Abuso Sexual Infantil se basa fuertemente en la habilidad del entrevistador para facilitar la comunicaci�n del ni�o, ya que frecuentemente es reacio a hablar de la situaci�n abusiva [ ].� Aparece as� di�fana la real posibilidad de que un peque�o, quien pareciera s�lo estar entre juegos, despreocupado de su entorno, en realidad lo experimenta y aprehende, estando absolutamente habilitado para describirlo, junto con sus particulares vivencias, lo cual, se reitera, es una probabilidad mas no una verdad apod�ctica, siendo entonces necesario evaluar con gran cautela los dichos de los ni�os y adolescentes, sin dejar de lado que entre m�s exigua sea su permanencia en el mundo, menor visi�n consolidada tendr�n de sus experiencias, siendo algunas ef�meras, otras gaseosas y otras entendidas bajo concepciones inexpertas, ajenas a la estructura de pensamiento de los adultos, quienes claramente poseen una significaci�n diversa a la de los ni�os en cuanto a lo que vivencian.
Es en este punto entonces en el que debe reconocerse que no podr� decirse que todo ni�o que denuncia la ocurrencia de un delito sexual constituye prueba aut�noma y no necesitada de an�lisis, sino que, bajo ciertas caracter�sticas de su expresi�n, debe ser acogido como sincero, sin desconocer, que siempre ser� necesario evaluar si el infante declarante: (i) posee la consistencia suficiente para que su relato reciba valor de verdad y, de otra parte, (ii) si fue debidamente abordado por quienes lo interrogaron, bajo la idea que una entrevista t�cnicamente mal conducida, como acaba de leerse en la jurisprudencia en cita, puede ser causa de una falsa denuncia. Par de aspectos que siempre deber� tener presente el operador judicial encargado del justiprecio de la prueba. 6.3.
Valoraci�n en concreto de la prueba. Cuando se estudian los escritos de apelaci�n, de entrada se encuentra que no se coloca en tela de juicio la existencia de la sindicaci�n por parte de Y.A.S.T., reconoci�ndose t�citamente que, no una, sino en varias oportunidades ha indicado ya que LUIS ALBERTO MOTATO la hizo objeto de experiencias sexuales, siendo clara en las circunstancias espaciales en que se presentaron.
Tampoco expresan los disidentes que haya existido y hubiese sido acreditado un motivo para que la menor o su madre hubieran querido lanzar una falsa inculpaci�n para perjudicar ladinamente al acusado, siendo �ste tambi�n un t�pico no necesitado de an�lisis. Adicional a lo anterior, no se dice que la testigo se ha contradicho con otro deponente, ni se afirma que alg�n testigo la desmintiera en sus graves se�alamientos.
Se aprecian as� una serie de aspectos que deben mantenerse al margen de las consideraciones en sede de segunda instancia, las cuales s� deben versar y centrarse en la consistencia interna de la menor, entendido ello como la correlaci�n entre sus diferentes manifestaciones, es decir, la uniformidad en su versi�n, sin divergencias ostensibles como las que Defensor y acusado alegan que se presentaron en Y.A.T.Z. en puntos esenciales como: (i) dijo en principio no haber entrado en contacto con el pene del acusado, para posteriormente llegar a decir que hubo roces, sexo oral y hasta penetraci�n anal;
(ii) reconoci� primero haber tenido relaciones coitales con un compa�ero de clase en las que incluso el pene de �l sangr�, para tiempo adelante contradecirse y decir que nunca ha tenido relaciones vaginales. Y, de otra parte, es preciso tambi�n el examen de la consistencia externa, en relaci�n con prueba pericial m�dica que mostr� que Y.A.T.Z. no presentaba desgarro de himen (el cual no era el�stico o complaciente) ni lesiones a nivel anal, lo que para los apelantes denota la falta de credibilidad de la jovencita, por cuanto cuando se le pregunt� por experiencias sexuales relacion� un coito vaginal con un compa�ero de la escuela y, adem�s, introducci�n de dedos en la misma zona por parte del se�or MOTATO MORALES, lo cual le hubiera representado un desgarro himeneal, afirmando de otra parte que domingo a domingo tambi�n el acusado la penetraba analmente, lo cual habr�a de esperar que generase secuelas en tal zona corporal, sin que as� se hubiese certificado.
Pues bien, es el punto entonces de evaluar si tales tachas declarativas son existentes, si se logran explicar y, por tanto, s� debe entenderse que la joven Y.A.T.Z., ya sea por su condici�n mental o cualquier otro motivo reservado, ha variado la realidad, o sus dichos tienen plena correspondencia con ella: 1. En lo relacionado con la contradicci�n en cuanto la menor asever� que no tuvo contacto con el pene y posteriormente adujo que hasta penetraci�n anal se present�. �Es f�cil revelar las experiencias sexuales personales? La respuesta que la Sala aventura es negativa, entendiendo que esta esfera humana, a pesar de lo natural que es, ha estado siembre cobijada por tab�es que llaman a la reserva del pudor, siendo as� dif�cil hablar abierta y expl�citamente sobre el modo como se vive la denominada �intimidad�.
Criterio que se acent�a cuando quien habla es un menor de edad y, adicional a lo anterior, encuentra un factor externo que lo coh�be a hablar, como cuando la experiencia sexual le es censurada por alguna autoridad. Lo precedente se expresa porque en este caso no estamos ante una jovencita que hablase abiertamente de sus experiencias sexuales, luego las callase o negase y hubiera incurrido en oscilaciones declarativas sospechosas, sino que se trat� de aquella peque�a de 15 a�os con deficiencias cognitivas que, como era de esperar, en un principio moriger� sus palabras, siendo m�s expl�cita en las siguientes ocasiones que habl�, refiriendo en todas ellas un claro contacto con el pene del acusado.
Contacto que, en verdad, neg� al principio cuando fue llevada ante profesional de la Medicina que fung�a como m�dico legista, trat�ndose de un hombre desconocido para la menor que no la acondicion� para formar la anamnesis, sino que la abord� directamente, cuestion�ndola as� de forma frontal por tema de grueso calibre que dif�cilmente habr�a de narrar con confianza ante una persona desconocida.
Particularidad capaz de limitar a la menor que se acompa�a por una situaci�n especial adicional, como es que cuando Y.A.S.T. fue interrogada sobre lo sucedido con el vecino, estaba en presencia de su se�ora madre, quien con los d�as entendi� la importancia de respaldar a su hija, pero que as� no lo hizo en un comienzo en el que, consternada por lo que una vecina le hab�a contado, abord� con vehemencia a su hija para hacerle reclamos por haber sostenido relaciones sexuales, exigi�ndole en medio de la alteraci�n una explicaci�n a la ni�a con correa en mano (como la progenitora misma lo admiti� en juicio), en una suerte de �mpetu capaz, a no dudarlo, de generar recelo en Y.A.S.T. para que desde un comienzo ofreciera datos tan espec�ficos como que LUIS ALBERTO MOTATO la buscaba penetrar vaginal y analmente, y que ella le hab�a realizado sexo oral.
Se aprecia as� probable que en el primero de los abordajes formales al que fue sometida Y.A.S.T., ella estuviese presionada por el extra�o que ten�a en frente, y tambi�n por su alterada progenitora, al punto de no hablar abiertamente lo que hasta a un adulto sano le resulta dif�cil revelar, optando as� mejor por una posici�n intermedia de no ocultar la realidad pero s� morigerarla al plantear que, aunque s� lo ha visto, no ha entrado en contacto con el pene del vecino al que ten�a por novio suyo.
Manifestaci�n restringida o delimitada que no reiter� nunca m�s la menor, ni mantuvo tampoco en el tiempo, como quiera que, como la misma prueba lo denota, ya para el d�a siguiente habl� que hab�a sido objeto de penetraci�n anal, como de ah� en adelante sigui� dici�ndolo, con la confianza que siempre representa el tiempo, el cambio positivo de su madre y el hacer parte de un proceso terap�utico.
Al respecto, h�gase notar que el 5 de octubre de 2014, esto es, un d�a despu�s del primer abordaje, la jovencita es llevada a una nueva evaluaci�n porque ese mismo d�a dijo haber sido objeto de penetraci�n anal, lo cual m�s all� de haber sido cierto o no, deja en claro que desde las primeras revelaciones de la peque�a y el juicio oral ha habido consistencia en cuanto al modo de acto sexual que protagonizaba con el acusado, el que tambi�n relacion� en la denuncia del 6 de octubre de 2014, en la cual dijo: �LUIS ALBERTO me ha penetrado el pene por detr�s, mejor dicho por el roto por donde hago pop� y eso me duele mucho, yo le digo que eso me duele y �l sigue y sigue meti�ndome el pene, tambi�n me pregunta usted siente rico y yo le digo no, es que me duele�; clara y reiterada versi�n que disipa la contradicci�n alegada por la Defensa.
Y para respaldar lo precedente n�tese como, por ejemplo, en juicio oral la jovencita expresa, como quien admite un error, que ella era quien le hac�a ojitos al acusado, lo cual nunca dijo en un principio, no por una contradicci�n o porque estuviese mintiendo, sino porque al principio las cosas no estaban dadas para una revelaci�n cabal, apareciendo razonable que la peque�a aminorara o mostrara como de menor entidad lo sucedido, hasta cuando ya vino a sentirse apoyada, y entendi� que estaba llamada a revelar todo lo sucedido, como fue que ella parec�a consentir las relaciones, las que no se limitaban a desvestirse, sino que iban m�s all�, a verdaderos contactos f�licos. 2.
En cuanto al encuentro sexual con su compa�ero de clase. S� pudo ser un acto diverso al acceso carnal. Nos encontramos ante un proceso por un delito sexual cometido, no en contra de persona con plenitud mental, sino con afectaci�n tal como para pregonarla incapaz de resistir, en tanto que, si bien es capaz de expresarse y, al parecer, sabe pronunciarse frente a opciones que se le ofrecen, su capacidad racional para decidir est� menguada, haciendo que sus determinaciones no gocen de madurez suficiente.
En este sentido, el cartulario formado denota que Y.A.S.T. desde muy escasa edad mostr� un retraso en sus procesos de aprendizaje, siendo ello impeditivo de una correcta evoluci�n cognitiva de la peque�a que ha exteriorizado a lo largo de su existencia comportamientos autistas y dificultades para entender con suficiencia su entorno. Caracter�sticas que pudieron incidir en la percepci�n de la menor de si fue penetrada o simplemente objeto de fricci�n genital confundible con una verdadera c�pula.
Pero all� no para el razonamiento, puesto que de Y.A.S.T. tambi�n hemos de expresar que se trata de una jovencita que para el a�o 2014 contaba con 15 a�os de edad, teniendo la candidez propia de una naciente adolescencia y la inocencia que sus dificultades cognitivas e inteligencia diezmada le representaban, como era, por ejemplo, el no tener una s�lida orientaci�n en tiempo y espacio, ni una visi�n consistente de la realidad, dentro de la cual se hallan las vivencias sexuales, sobre las que, en consecuencia, no habr�a de esperar que Y.A.S.T. fuese una experta, siendo al contrario razonable que frente a tal esfera vital estuviese muy desinformada, al margen del conocimiento que da la experiencia y que tan esquivo aparece a jovencitos que apenas �comienzan a vivir�, tal y como para el 2014 ocurr�a con la referida menor.
Luego, nos hallamos ante una persona con escasa edad y retardo mental que explican que por las dificultades intelectivas y la carencia de experiencia, pudiese equivocar la realidad sobre la novedosa experiencia de exploraci�n sexual que sosten�a con un amiguito de clase, con quien no ten�a una relaci�n madura, sino que se concertaron para experimentar algo nuevo, como era un contacto coital, el que pudo intentarse, pero quedando como simple conato.
Conclusi�n que no se forma de manera caprichosa, sino como producto del an�lisis de las palabras de Y.A.S.T., quien en juicio oral no quiso hablar del tema, pero que en pasada oportunidad, como fue el examen sexol�gico del 4 de octubre de 2014, expres� que su compa�ero le propuso que tuvieran relaciones sexuales a las que ella accedi�, siendo as� como se fueron hacia un cuarto de la casa de �l en la cual fue desvestida, mientras que su amiguito la penetraba supuestamente, punto de la historia en que no entreg� datos de un encuentro sexual normal, sino que expres� extra�amente que hubo s�lo una penetraci�n, porque el pene de su amiguito, y no su vagina, comenz� a sangrar.
Es decir, Y.A.S.T. ha referido una irrupci�n vaginal como producto de una relaci�n sexual, pero �sta la ha caracterizado de un modo muy particular, esto es, restringida a un solo movimiento de penetraci�n e interrumpida r�pidamente por un sangrado del ni�o con quien experimentaba, lo cual es una relaci�n de episodios que torna factible que tal contacto �ntimo, realmente no lleg� a una penetraci�n apta para desgarrar el himen de la jovencita, quien en medio de sus problemas cognitivos y su candidez se crey� penetrada, sin as� haber ocurrido, y como seguramente hubiera podido ocurrir de no presentarse una contingencia como la relacionada por la menor, la cual tambi�n es probable, entendiendo que siendo el pene un �rgano susceptible de lesiones, m�xime para un menor que comienza a experimentar su sexualidad, pudo existir sangre en el intento de penetraci�n que no se concret�.
N�tese que la ni�a hace alusi�n a que ella no sinti� dolor en momento alguno, y que la sangre visualizada no era suya, sino del pene de su amiguito, por lo que as� se perfila la inexistencia de la penetraci�n, la que as� se ratifica por el hecho de que el aparecimiento de la sangre fue referido por la menor como el episodio que los hizo asustar, frenar en sus intenciones y volver a vestirse, en clara muestra que la relaci�n sexual no se desarroll� normalmente, sino que pronto hubo un signo de alerta que hizo que todo quedase en el intento, sin llegar a fragmentar el himen de la joven que, se insiste, no contaba con la experiencia ni la capacidad mental como para dar fe clara de esa novedosa vivencia que protagonizaba, la cual pudo interpretar como una penetraci�n, sin realmente serlo. 3.
En cuanto a la manipulaci�n dactilar de su vagina. Tambi�n pudo mantener indemne el himen. Fue aclarado en la audiencia de juicio oral por los profesionales de la medicina que fungieron como m�dicos legistas para este caso que no todo contacto o manipulaci�n vaginal genera desgarro del himen, dejando en el ambiente como verdad que la ausencia de lesiones en tal zona no descartaba la penetraci�n con otro elemento de menor di�metro que un pene normal.
Se fij� as�, a trav�s de prueba pericial m�dica, la posibilidad de que una introducci�n dactilar en la vagina no dejase vestigios, lo cual trasladado para este caso conduc�a y conduce a sellar que es perfectamente compatible el que Y.A.S.T. fuera objeto de tocamientos de vagina, con introducci�n de falanges, con la ausencia de un desgarro himeneal.
A lo anterior hemos de sumar que no ha sido conocido en detalle el modo en que el contacto manual con la vagina se desarroll�, siendo posible que, como en otros tantos casos, fuese un contacto superficial que no alcanz� a comprender la cavidad vaginal, lo cual resulta m�s probable por el hecho de que la menor misma indic� en el juicio oral que siempre tuvo mucho miedo de ser accedida por su vagina, por lo que sol�a ser muy esquiva con tal zona genital, al punto de permitir mejor que su vecino la abordara por la parte trasera y, por tanto, limitando la invasi�n que implicar�a una penetraci�n dactilar.
De este modo, no se acompa�a al Impugnante cuando finca la falta de veracidad de la menor Y.A.S.T. en la incompatibilidad entre la penetraci�n dactilar referida y la prueba pericial sexol�gica. 4. En cuanto a la ausencia o real existencia de una penetraci�n anal. Dentro del presente asunto se present� prueba pericial m�dica con la cual se dict� que Y.A.S.T. no presentaba lesiones en la regi�n anal y perianal, lo cual ha entendido la Defensa como una clara muestra de la inexistencia de la penetraci�n anal referida por la jovencita.
Sin embargo, se deja de lado con la impugnaci�n que cuando se le cuestion� a la Doctora Andrea Estefan�a Rodr�guez por tal hip�tesis, expres� que no pod�a dar una respuesta categ�rica, como quiera que la cicatrizaci�n en cada persona es diferente, siendo posible que una manipulaci�n anal no deje rastro o deje huellas que desaparezcan prontamente.
De este modo fue que ella indic� como colof�n sobre el particular que el que no haya lesiones en el cuerpo de Y.A.S.T. no significa que necesariamente las manipulaciones anales referidas por ella fueran mentira o producto de la fantas�a. Concepto que se corresponde con el Reglamento T�cnico para el Abordaje Forense Integral en la investigaci�n del delito sexual del Instituto Nacional de Medicina Legal (versi�n 3, julio de 2009) al dictar: �Igualmente, cuando no se ofrece resistencia a la penetraci�n anal, puede no producirse ning�n cambio a nivel del reborde anal, o solamente cambios muy discretos, que por su levedad, desaparecen en pocos d�as�, expres�ndose a continuaci�n: �Aun el hecho de que no se encuentren lesiones en el ano y que el tono, la forma y los pliegues est�n normales, no descarta la ocurrencia de penetraci�n, eyaculaci�n, contacto a nivel anal por lo que se debe valorar la versi�n de la v�ctima�. De este modo entonces, resulta posible que la menor, entre las muchas ocasiones que se ha referido que fue objeto de la lascivia de su vecino, hubo algunas en las que pudo ser penetrada analmente, sin que para el momento del examen sexol�gico, en raz�n a la complacencia (viciada) de ella para las relaciones sexuales y el paso del tiempo, evidenciara rastros claros de tales abusos.
Abusos que, por tanto, no pod�an afirmarse o descartarse con el solo an�lisis m�dico de Y.A.S.T., siendo indispensable la evaluaci�n de su testimonio, con el cual explic� que ella no fue nunca violentada, sino que por las promesas de un noviazgo formal cedi� al abordaje de su vecino que, como fue conocido en juicio, nunca la hizo objeto de violencia. Y habi�ndose dicho que un an�lisis correcto de la prueba no conduc�a a afirmar que no hubo penetraci�n anal, hemos de esbozar adicionalmente que, en punto de las penetraciones anales, entre las muchas ocasiones en que la ni�a fue abordada, al igual que con la penetraci�n vaginal, tambi�n se podr�a estar ante una indebida interpretaci�n de lo que ocurr�a, crey�ndose ella penetrada teniendo por base el dolor, cuando en realidad era objeto de rozamientos invasivos tambi�n dolorosos.
Al respecto cabe volver a cuestionarse: �Cu�l es el referente que tiene la ni�a para saber lo que implica una penetraci�n? Un adulto con mente sana y una vida sexual activa, puede hacerlo, al punto de diferenciar el rozamiento, pero ello no es tan categ�rico respecto a la ni�a inexperta y con d�ficit cognitivo y comportamiento autista de este caso, aquella peque�a a la que se le ha cuestionado por unas experiencias de penetraci�n anal sobre las que, en sana l�gica, un adulto tambi�n podr�a fallar, interpretando que por haberle dolido fue penetrado, sin ser tal.
Tesis secundaria que adicionada a la primera, la cual viene a ser la m�s importante, conforman un todo argumentativo para colegir que Y.A.S.T. no deb�a ser desestimada, apareciendo cre�ble y no contradicha por prueba t�cnica cuando expres� que LUIS ALBERTO MOTATO la desvest�a, le besaba sus senos, le hac�a sexo oral, le ped�a a ella tambi�n sexo oral, el cual culminaba con eyaculaciones en la boca, mientras que en otras oportunidades terminaban en otras partes corporales, entre ellas, la parte trasera de su cuerpo, ya que como ella no se dejaba abordar por delante, era manipulada sexualmente en su zona anal, en la que s� sent�a el dolor coherente con tal vivencia. 5.
Punto adicional referente a la impugnaci�n. En el dossier aparece denuncia con la que se le pidi� a la menor Y.A.S.T. ofrecer una versi�n de los hechos, como efectivamente lo hizo. Pero tal versi�n no fue plasmada con apego a lo dicho literalmente por la v�ctima denunciante, porque si bien en ella hay referencias como si la jovencita estuviese hablando en primera persona, en el mismo cuerpo del relato se aprecian referencias en tercera persona, en una entremezcla de relaci�n epis�dica que da cuenta que la autoridad receptora no se apeg� a las palabras exactas de la menor, siendo posible que cuando plasm� como �ltima fecha de los hechos �28 de septiembre del a�o en curso�, no se trataba de una referencia expresa de Y.A.S.T., sino la concreci�n -con calendario en mano- del �ltimo domingo que ella ten�a en mente que hubo encuentro sexual furtivo, sin alusi�n a fechas que ella durante su vida no ha sabido dominar en raz�n a su condici�n mental.
Luego, no se acoge el que la Defensa censure que la menor dijese una fecha en su denuncia y ya no la relacionara en el juicio oral, porque lo que la Sala colige es que en ninguno de los dos momentos ha estado habilitada para entregar un dato exacto, siendo as� como al denunciar fue auxiliada a la hora de plasmar una fecha, sin que ello desdiga su cr�dito. 6.
Conclusi�n. No ha habido, pues, censura capaz de mostrar que los hechos por los que se ha investigado y juzgado son inexistentes, apareciendo como producto del an�lisis integral de la prueba, el grado de convicci�n, m�s all� de duda razonable, de que LUIS ALBERTO MOTATO s� fue el autor de los abusos y accesos carnales en contra de la adolescente que se entreg� con meridiana facilidad a los deseos de su vecino por la fragilidad de su raciocinio y sus consecuentes dificultades para adoptar decisiones aut�nomas.
Suerte de deficiencia intelectiva que es la que hace que hablemos de una v�ctima incapaz de resistir, dado que no tiene aptitudes s�lidas para darle rumbo a su vida de acuerdo a las opciones que le ofrece el entorno, el cual, para favor de la justicia, s� ha quedado en claro que ella percibe y sabe transmitir, tal y como lo hizo en el juicio oral en el que con gran suficiencia exterioriz� a la audiencia todo un triste escenario de amor furtivo para ella, que en realidad no era m�s que el abuso de un adulto sano y entendido frente a aquella peque�a que sab�a vulnerable.
C�tese textualmente a la jovencita en el modo contundente en que habl� sobre todo el escenario de abuso que debi� padecer: �Entonces �l me empezaba a besar por todas partes, en la boca, en el cuello, me chupaba la vagina, me chupaba los senos� eh, c�mo es� es que me toca pensar. Tambi�n me lo met�a por detr�s y a m� me dol�a demasiado, entonces.
Pues porque �l al principio quer�a siempre hac�rmelo por delante pero yo nunca acced� a que me lo hiciera por delante porque a m� me da mucho miedo, entonces como �l vio que yo no me dejaba por delante, �l me lo empez� a hacer por detr�s. Y cuando �l me chupaba los senos, �l me los chupaba muy duro y a m� me dol�a. �l me hac�a que yo me agachara pues mientras que �l me lo iba metiendo.
Y qu� m�s (sonr�e como pensando). �l siempre me dec�a que me quer�a mucho y pues� es que me pongo a pensar� siempre me dec�a que me quer�a mucho� es que me pongo a pensar. Entonces �l se demoraba en la casa mucho rato porque �l calculaba a qu� hora llegaba la esposa y la hija a la casa y �l� (Pensando) ah y �l en unas veces hac�a que yo me acostara en la cama para �l poder desarrollarse encima de m�, pues por delante, y otras veces cuando me lo met�a se desarrollaba ah� mismo por detr�s. �l me hac�a que yo me tragara el semen que porque �l dec�a que eso sab�a muy rico y pues yo me lo tragaba, aunque me daban ganas de vomitar, y entonces� me pongo es a pensar, �l me hac�a muchas morbosidades, tambi�n cuando me ve�a, pues, �l y yo casi siempre lo hac�amos en la casa m�a y otras veces lo hac�amos en la casa de �l.� Fuertes palabras que entreg� en un lapso considerable en el que nunca se mostr� que estuviese fantaseando, sino entregando una historia sobre sus experiencias, con la cadencia y elocuencia de quien no est� abstra�do de la realidad, sino que hace una verdadera remembranza, la cual se le dificultaba a la menor, siendo as� como en momentos hac�a pausas, pero no como quien intenta recordar un libreto, sino como quien tiene mucho para contar, tal y como es el caso de esta jovencita que a sus 15 a�os vivi�, no una, sino una importante cantidad de encuentros �ntimos con su vecino, experimentando diferentes pr�cticas sexuales que hasta para una persona mentalmente plena se hac�an dif�ciles de recordar, como en la audiencia finalmente s� pudo hacerlo aquella ni�a que no fue conocido que tuviera una tendencia a la mentira, como tampoco un inter�s malsano en perjudicar al acusado, a quien en su candidez vio c�mo su novio, pero que no lo era, ya que realmente era quien se aprovechaba de la situaci�n para saciar su libido, en un escenario apto para tales fines, en tanto cont� con el auspicio de la soledad generada por la partida de los suyos a misa y la de la madre de la menor a trabajar.
As�, se encuentra el mencionado indicio de oportunidad, claro respaldo del contundente se�alamiento de la menor, quien tambi�n encontr� apoyo en su madre, como quiera que con su testimonio dio cuenta de la existencia de informaci�n externa en torno a lo que estaba sucediendo con su vecino, concret�ndose as� sus sospechas respecto a LUIS ALBERTO MOTATO, como quiera que a �l ya lo hab�a visto en actitud extra�a frente a su hija, y ya hasta le hab�a hecho reclamo por el modo at�pico en que la trataba, �haci�ndole ojitos� y dici�ndole palabras bonitas, propias de un cortejo que ella obviamente como madre no admit�a y que, por tanto, se concret� cuando la casa estaba sola, momento, domingo a domingo, en que su hija, incapaz de resistir, cedi� al designio concupiscente de quien ya fuera responsabilizado en primera instancia, con confirmaci�n ahora a trav�s de este fallo de segundo nivel.
Fallo que tampoco reclama de la existencia de una prueba pericial psicol�gica que dictamine que Y.A.S.T. no falta a la verdad, porque tal conclusi�n no puede lograrse a trav�s de esta ciencia, la cual si bien puede llegar a identificar patrones de realidad o mentira en un relato, no tiene la solidez para afirmar que alguien es cre�ble o no, tarea �ltima que le corresponde al Juez que, m�s all� de un relato, tiene un abanico de probanzas para integrar y justipreciar como una masa, tal y como ahora se ha hecho para concluir que la menor Y.A.S.T. ha entregado una versi�n s�lida de lo sucedido, sin incurrir en contradicciones -no superables- en torno a sus propios dichos pasados, ni encontrar objeci�n en la prueba t�cnica o pericial que, como viene de verse, no desdibujaba que aquella fue accedida carnalmente por su vecino LUIS ALBERTO MOTATO.
Procesado al que debe dec�rsele, ya para finalizar, que fue defendido por un abogado que asisti� cumplidamente a todas las audiencias programadas, que particip� activamente en su rol, que propugn� por los intereses de su prohijado, al punto de impugnar el fallo de primera instancia, sin que se encuentre irregularidad tangible en su gesti�n como para adoptar alg�n remedio procesal, el que no puede avalarse por la supuesta intenci�n del acusado en declarar en su propio juicio y haber sido cohibido por su abogado, porque adem�s de ser ello una posibilidad estrat�gica factible y, por tal, no sancionable, no hay elementos de convicci�n para sellar que ello, al igual que la ausencia de otros testigos, obedeci� a un capricho del profesional en oposici�n voluntaria a la efectiva defensa del acusado.
DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO: CONFIRMAR �ntegramente la sentencia proferida el d�a 23 de septiembre de 2016 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, Caldas, a trav�s de la cual se conden� al se�or LUIS ALBERTO MOTATO MORALES a la pena principal de 15 a�os de prisi�n, luego de ratificar su responsabilidad como autor del concurso homog�neo de Acceso carnal abusivo con incapaz de resistir que la Fiscal�a le endilg� SEGUNDO: INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOSE FERNANDO REYES CUARTAS Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal -Secretaria- Verificar el acta de la audiencia preliminar entre los folios 12 y 14 del cuaderno principal. El escrito de acusaci�n se encuentra entre los folios 21 y 27 del cuaderno principal, mientras que el acta de su formulaci�n oral se avista en el folio 36 del mismo. El acta de la audiencia preparatoria aparece a folios 42 y 43 del cartulario. Ver folios 68, 72 y 83. Corte Suprema de Justicia, Casaci�n 40455 del 25 de septiembre de 2013: �Se tiene dicho, y se reafirma, que en t�rminos generales en el relato de una menor v�ctima de agresi�n sexual existe una tendencia a referir lo realmente acaecido, en cuanto un hecho de tal naturaleza genera un trauma que permite grabarlo en la memoria y narrarlo en forma m�s o menos fiel.� Encontrado en la direcci�n Web: http://www.medicinalegal.gov.co/documents/48758/78081/R1.pdf/33c02064-1556-47c7-93ba-80caa5d4117c Monteleone, James. �Child Abuse: Quick Reference for Healthcare Professionals, Social Services, and Law Enforcement�.
G.W. Medical Publishing Inc., St. Louis, 1998. Monteleone, James. �Physical Findings Associated with Anal Sexual Abuse�, op. cit. 128. A partir del min 11, video contentivo de la declaraci�n de la menor. P�gina PAGE 1 Sentencia Sistema Acusatorio: 2014-00532-01 LUIS ALBERTO MOTATO MORALES Acceso carnal abusivo con incapaz de resistir Confirma Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala de Decisi�n Penal .67Kfx|�����������ൗx�]�xAxAxAx�7h26�5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH 4h26�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH =hU�hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH:hU�hE,6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH h:#hE,mH nH sH tH 7hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH =h:#hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH 67Kf��������� ��������������$��dh�`��a$gdE, ��dh�^��gdE,$ &F �dh�a$gdE,$dh�a$gdE,$��dh�^��a$gdE,gdE,$dh�&dP��a$gdE,$dh�a$gdE,����� " 3 = A H I \ � � � � � � ����kL1�1k1k1k1k1k4hE,6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH =h�?0hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH:h:#hE,6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH 7hU�5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH 7hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH =h:#hE,5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH =h:#hU�5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH � � � � 4 A Y [ � � � � � � ����������q�RCh�I76�CJOJQJ^JaJ=h:#hU�5�6�CJOJPJQJ]�^JaJmH nH sH tH 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