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H: 10:00 a.m. Manizales, treinta (30) de junio de dos mil diecisiete (2017). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 2 de agosto de 2016 por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Manizales, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO a la pena de 48 meses de prisi�n, luego de ser hallado responsable del delito de PREVARICATO POR ACCI�N que la Fiscal�a le endilg� y que se encuentra consagrado en el art�culo 413 del C�digo Penal.
HECHOS El se�or JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO, en su calidad de Profesional Universitario adscrito a la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, dict� el Auto No. 106 del 14 de abril de 2009, mediante el cual dispuso la legalizaci�n minera de hecho en relaci�n con un �rea que no se encontraba libre para ser otorgada, como quiera que ya estaba asignada en concesi�n del contrato 587-17.
Tal irregularidad fue ventilada por interventor�a de la Contralor�a General, desde la cual se dio traslado a la Fiscal�a para investigar el posible prevaricato por acci�n cometido por el servidor de la Delegaci�n minera, al dictar acto administrativo que contrariaba de plano el art. 58 de la Ley 685 de 2001 (C�digo de Minas) que dispone: �El contrato de concesi�n otorga al concesionario, en forma excluyente, la facultad de efectuar dentro de la zona concedida, los estudios, trabajos y obras necesarias para establecer la existencia de los minerales objeto del contrato y para explotarlos de acuerdo con los principios, reglas y criterios propios de las t�cnicas aceptadas por la geolog�a y la ingenier�a de minas�.
ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Previa citaci�n del se�or CHAC�N LASSO, ante Juzgado con funci�n de control de garant�as, el d�a 25 de julio de 2014 se adelant� audiencia de formulaci�n de imputaci�n, en la cual se le endilgaron cargos como autor responsable del delito de �prevaricato por acci�n�, respecto del cual se declar� inocente. Valga acotar que no se impuso medida de aseguramiento. 3.2.
Posteriormente present� la Fiscal�a escrito de acusaci�n, realiz�ndose la audiencia para su formulaci�n oral el d�a 28 de octubre de 2014, data en la que, ante el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Manizales, se le atribuy� de manera definitiva la conducta punible contra la Administraci�n P�blica definida en el art�culo 413 del C�digo Penal. 3.3.
Ya el d�a 4 de mayo del a�o 2015 se celebr� la audiencia preparatoria, en la cual se deprecaron y decretaron las pruebas a introducir y practicar durante el juicio oral que, tras diversos intr�ngulis procesales, pudo llevarse a cabo los d�as 9, 10, 11 y 14 de marzo del a�o 2016, culminando con la emisi�n de un sentido del fallo de car�cter condenatorio. LA SENTENCIA A los 2 d�as del mes de agosto del a�o 2016 la Juez de conocimiento dio lectura al fallo mediante el cual se conden� al enjuiciado a las penas principales de 4 a�os de prisi�n y multa de 66,66 smlmv para el 2009, sin concesi�n de suspensi�n condicional del castigo, pero s� el sustituto de prisi�n domiciliaria por cumplimiento de los requisitos legales vigentes para el momento de los hechos.
Para arrimar a tal conclusi�n, la Juez a quo comenz� pronunci�ndose en torno al conocimiento necesario para condenar, la presunci�n de inocencia y el delito endilgado, tras lo cual descendi� al caso en concreto, refiriendo que hab�a sido acreditado que el servidor p�blico JULIO ROBERTO CHAC�N, en raz�n de sus funciones dict� decisi�n mediante la cual en un proceso de legalizaci�n minera de hecho (LH0191-17) determin� un �rea libre susceptible de otorgamiento ubicada en el sector de Belalc�zar de 8362 metros cuadrados, cuando ello no era posible, pues con la prueba de cargo y hasta la de descargo, entre la cual se cuenta el testimonio mismo del procesado, se conoci� que tal determinaci�n desconoc�a los arts. 58, 331 y 165 de la Ley 685 de 2001 que dejan en claro que el otorgamiento de licencias debe ser de �reas libres de contratar, lo cual se verifica a trav�s del Registro Nacional Minero.
En este sentido dict� la Juez que fue conocido que para autorizar una explotaci�n minera de hecho debe siempre verificarse que no sean �reas ya concedidas, en tanto la ley proh�be la explotaci�n de �reas concurrentes o superpuestas a otras que ya han sido entregadas, como aqu� ocurr�a con el terreno asignado a la explotaci�n minera de hecho, a pesar de que tal parcela integraba el �rea objeto del contrato de concesi�n al se�or Jos� Francisco Barbier del 25 de abril de 2002, inscrito en el registro minero el 11 de julio del mismo a�o. Informaci�n que determin� la Juez que era f�cilmente constatable a trav�s del software AutoCAD, el cual emple� el Ministerio de Minas y Energ�a para dilucidar pocos meses despu�s de la emisi�n del auto, que el �rea materia de la legalizaci�n minera de hecho no era susceptible de otorgamiento atendiendo la existencia del t�tulo minero No. 583-17 a favor del se�or Francisco Barbier, lo cual indicaba claramente que el terreno a asignar se superpon�a a uno ya otorgado, como finalmente lo admiti� el acusado en su declaraci�n. Ya en torno al desconocimiento del procesado que el �rea a asignar ya hab�a sido objeto de concesi�n y que se acogi� a estudio t�cnico que le indicaba que hab�a un �rea libre a asignar, se concluy� como una hip�tesis indemostrada, por cuanto no se conoci� de modo objetivo la existencia de tal estudio, quedando ello en el solo dicho del implicado que no podr�a acogerse por la fuerza suasoria de la prueba de cargo y otras probanzas como el testimonio de la ge�loga que indic� que durante el proceso de legalizaci�n ya sab�a que el �rea a asignar hac�a parte de un globo de terreno concesionado, lo cual se concluy� le era dable conocer al procesado, m�xime cuando con la prueba se habl� de las facilidades para tal efecto del software AutoCAD, con el cual para el 2009 contaba la Unidad Delegada Minera de Caldas.
En lo que tiene que ver con que el Registro Minero presentaba fallas y no funcionaba a�n con eficiencia, la Juzgadora apunt� que, si bien se reconoci� que presentaba falencias, fue conocido tambi�n que s� estaba funcionando, hasta el punto que se inscribi� el contrato de concesi�n del se�or Barbier y tambi�n se registr� el acto administrativo materia de juzgamiento, del cual se coligi� fue producto de un prevaricato y no de un error indemostrado, como tambi�n indemostrado fue que el �rea de la concesi�n del se�or Barbier hubiera sido reducida, lo cual impide acoger la tesis defensiva que tambi�n debe acreditarse con medios de prueba legales, conducentes y pertinentes, y por tanto lleva a la condena de quien s� conoc�a los elementos subjetivos del tipo, y si se dudase de ello, en todo caso s� estaba en posibilidad plena de conocerlos.
Se dict� as� el juicio de responsabilidad, el cual no se desdijo por el hecho de que el procesado llevase veinte d�as en su cargo, pues el asumir tal rol de jefe de la Unidad implicaba el contar con idoneidad para desarrollarlo, incurriendo en una violaci�n de la ley flagrante que lesion� a la administraci�n p�blica, aun cuando era posible adoptar otro modo de proceder.
LA APELACI�N Una vez notificadas las partes de la decisi�n en estrados, el abogado Defensor fue el �nico sujeto procesal en apelarla, solicitando de manera principal la nulidad de la actuaci�n desde el juicio oral inclusive, y ya de modo subsidiario reclamando la revocatoria del fallo de condena. En cuanto a la solicitud de nulidad, aduce el Censor que se sustenta en una violaci�n del derecho de defensa y del principio de igualdad de armas como componente del debido proceso.
Sobre el particular comenz� haciendo glosas en torno al derecho de defensa, en sus facetas t�cnica y material, enfatizando en el deber de los jueces de procurar su amparo, luego de lo cual arguy� que en el caso en concreto la Juez de manera errada opt� por adelantar la audiencia de juicio oral, a pesar de que al inicio de tal diligencia se conoci� que el Defensor p�blico que asumi� el asunto, en sus propias palabras, no conoc�a bien el fondo del proceso, lo recibi� en el estado en que se hallaba y para ese momento no hab�a acaudalado los documentos que en la audiencia preparatoria se hab�a comprometido la Defensa a poner en conocimiento de la Fiscal�a y que estaban pendientes de respuesta a trav�s de sendos derechos de petici�n que no sab�a si hab�an sido respondidos.
Siguiendo su cr�tica el Impugnante censura que la Juez optara s�lo por un receso cuando desde un comienzo quedaron en evidencia los problemas que hab�a para el ejercicio defensivo, siendo claro que no se contaba para ese momento ni habr�a de contarse en proximidad con documentos importantes que hab�an sido decretados como prueba, pero que no se hab�an conseguido, ratificando el proceder irregular de la Juez por reconocer expresamente que la Defensa llegaba al juicio oral sin conocimiento del tr�mite procesal y sin embargo ordenar proseguir la diligencia, en desconocimiento del art. 138 del C.P.P. que le reclama velar por la salvaguarda de los derechos de quienes intervienen en el proceso.
Continuando con su argumentaci�n, expres� el Censor que dos horas no eran tiempo suficiente para corregir los problemas presentados y asegurar una defensa id�nea del se�or CHAC�N, quien fue juzgado en un tr�mite en que la prueba documental de descargo brill� por su ausencia, precisamente porque la Defensa no se encontraba preparada para el juicio oral, como el abogado mismo lo reconoci� y la Juez lo verific�, tanto al inicio de la audiencia como en la fase de pr�ctica de pruebas en que el Apoderado del acusado fall� en la introducci�n documental, optando por prescindir de cualquier incorporaci�n en raz�n a que la documentaci�n no le fue trasladada en momento oportuno a la Fiscal�a y ni siquiera hab�a sido conseguida, siendo ello determinante para el fallo condenatorio en el que se concluy� que la hip�tesis exculpatoria no sal�a avante por falta de soporte objetivo, m�s all� del testimonio del propio acusado.
Colige as� el Apelante que se est� ante una vulneraci�n del derecho a una defensa t�cnica, la cual no fue corregida en su momento por la Juez que debi� abstenerse de dar curso al juicio oral, del cual ahora se clama su anulaci�n, sustentando tal petici�n en otra irregularidad sustancial, pero �sta ya atinente a una vulneraci�n del derecho a la defensa material, la cual se alega violada en el momento en que la Juez cerr� la posibilidad del acusado de contrainterrogar directamente a los testigos de cargo, tal y como lo dispone el literal k) del art. 8 C.P.P., sugiri�ndole erradamente que sus cuestionamientos los ventilara a trav�s de su apoderado, quien as� lo permiti� pero sin que ello opere como una convalidaci�n admisible, porque trat�ndose del derecho de defensa esta figura de convalidaci�n no opera.
A todo lo anterior sum� el Impugnante como proceder judicial irregular, el permitir que el Representante de v�ctimas realizara preguntas directamente, pues ello tira por la borda el principio de igualdad de armas, producto del cual la jurisprudencia ha vedado a tal interviniente la posibilidad de formular interrogatorio. Tras lo anterior, procedi� el Defensor impugnante a desarrollar los argumentos para reclamar un fallo absolutorio: En este sentido comenz� expresando que de una mirada de la prueba documental recaudada (esencialmente la evidencia 9), con respaldo en testimonios, se desprend�a que dentro del contrato de concesi�n 583-17 se presentaron tres diferentes �reas para explotaci�n, que si bien no se registraron en el Catastro Minero Colombiano, s� quedaron consignadas y, por tanto, generaron que de las hect�reas inicialmente otorgadas quedaran 175 y 125 metros libres para adjudicar a quien lo solicitara.
Ahora, fundado en la misma evidencia No. 9 y la No. 10 predica el Censor que, a pesar de no aportarse como tal, fue acreditado que la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas s� realiz� estudios t�cnicos, arrojando como resultado el del 17 de diciembre de 2008, conforme al cual hab�a 0 hect�reas y 8362 m2 susceptibles de otorgamiento, lo cual fue producto de realizar un an�lisis de coordenadas en planas de Gauss, tal y como se observa en el auto catalogado como prevaricador, del que se desprende entonces que la evaluaci�n de superposiciones no se hizo con el Catastro Minero, del cual se aport� prueba testimonial que daba cuenta de los problemas que ten�a en sus inicios, por lo que se trabajaba con otras herramientas, como planas de Gauss y planchas IGAC.
A continuaci�n expres� la Defensa que, con persona que estuvo vinculada al proceso LH191-17 y que fue testigo, se conoci� que la Delegaci�n Minera de Caldas envi� oficios con destino al Registro Minero Colombiano para inscribir las reducciones de �rea, siendo as� como, independiente de lo ocurrido con tales inscripciones, para la dependencia departamental el contrato de concesi�n 583-17 s� ten�a reducciones de �rea, y por tanto las tuvieron en cuenta para los estudios t�cnicos y, posteriormente, para otorgar �reas que aparecieran libres, sin acogerse al catastro minero que para el 2008 y 2009 no era confiable.
Con base a lo anterior se alega que no se ha estructurado el delito de prevaricato por acci�n, pues el auto dictado por el acusado no es manifiestamente contrario a la ley, en tanto que �ste se fund� en estudio t�cnico de libertad de �rea en el que se tuvieron en cuenta reducciones del �rea por 97,26% de las 180 hect�reas inicialmente asignadas, no obrando as� caprichosa o arbitrariamente, por lo que no aparec�a la faz objetiva del delito, pero tampoco la subjetiva por cuanto no actu� movido por la intenci�n en defraudar a la Administraci�n P�blica, sino guiado por estudio t�cnico del que s� se prob� su existencia (evidencias 1, 9 y 10) y que se fund� en las planchas del IGAC que al ser sometidas al programa AutoCAD con la informaci�n que reposaba en la Unidad Delegada, era muy distinta a la que se obten�a al emplear el mismo programa pero con la informaci�n posterior que negaba la reducci�n de �reas.
Con tales fundamentos, se reclam� entonces la absoluci�n de CHAC�N LASSO, ya fuera por no configuraci�n del delito ora, cuando menos, por reconocimiento de un error de tipo, en tanto que no le era dable al procesado saber que su decisi�n contrariaba la ley, sino que cre�a se acog�a a ella por estar decidiendo con base en estudios t�cnicos s�lidos.
CONSIDERACIONES Problema jur�dico. Tras la pr�ctica de la prueba, la Juez de primer nivel ha concluido que al se�or CHAC�N LASSO le era f�cil conocer que el otorgamiento de �rea dentro de la solicitud de legalizaci�n minera de hecho no ten�a vocaci�n de prosperidad, porque para el a�o 2009 que dict� el Acto Administrativo de autorizaci�n contaba con herramienta sofisticada y sencilla en su empleo (AutoCAD) que le permit�a identificar que se trataba de un �rea superpuesta a otra que ya hab�a sido otorgada, sin existir prueba de un error que desdijera el delito de prevaricato por acci�n. Ante tal decisi�n, el �ltimo Defensor del acusado (distinto a quien lo asisti� durante el juicio) ha interpuesto el recurso vertical de apelaci�n, emple�ndolo como instrumento procesal para ventilar dos tipos de reparos: El primero encaminado a mostrar que el se�or JULIO ROBERTO CHAC�N fue violentado en su derecho fundamental a una debida Defensa, lo cual es base para anular el juicio oral en el que se le limit� su participaci�n y fue restringido en la aducci�n probatoria por irregularidades que no ten�a por qu� soportar.
Y una segunda argumentaci�n -planteada como subsidiaria- en la que se clama por un fallo absolutorio, producto de la existencia de prueba que s� desestructura tanto el tipo objetivo del prevaricato por acci�n, como su faz subjetiva. Se est�, pues, ante una impugnaci�n con dualidad de peticiones, una de nulidad y otra de absoluci�n, que por su presentaci�n coligada, dan lugar al siguiente ac�pite: 6.1.
Prevalencia de la absoluci�n sobre la declaraci�n de Nulidad de la actuaci�n. 1. El debido proceso, como presupuesto constitucional de una administraci�n de justicia que no instrumentaliza al hombre, sino que acoge una visi�n antropoc�ntrica en la que el rito s�lo se explica c�mo forma para hacer efectivas las garant�as sustanciales, es la base axiol�gica para que cualquier proceso administrativo o judicial establecido respete la igualdad de los sujetos procesales y, por tal, se acoja a reglas claras que no promuevan distinci�n, desventaja o desbalance, pues aquel procedimiento donde tales atributos sean cercenados, eliminada de tajo quedar� la opci�n de participaci�n equitativa que permite arrimar a soluciones dial�gicas en las que la franca confrontaci�n es protagonista.
Cuando ello ocurre, no puede pues el Juez, como garante de la legalidad y estandarte de los derechos fundamentales de las partes, mantenerse inerme, sino que deber� adoptar medidas que conjuren las irregularidades procesales con incidencia sustancial en las prerrogativas de los sujetos en jur�dica contienda. Es all� entonces cuando aparece el instituto de la nulidad, como herramienta extrema de la cual se echa mano s�lo cuando no exista otro remedio procesal para subsanar precisas o taxativas irregularidades que tienen la entidad suficiente para socavar las bases del sistema, del proceso en particular o, m�s all�, las garant�as de las partes en contienda o del procesado mismo.
Al respecto ha puntualizado la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia: �A nivel te�rico, es pertinente decir que cuando se declara una nulidad en el curso del proceso penal, quien hace tal declaraci�n asume el rol de juez constitucional (l�ase de garant�as), por el simple hecho de que el referente fundamental para adelantar el proceso penal es la observancia plena de las formalidades procesales y el respeto de las garant�as debidas a los sujetos intervinientes, es decir, el cumplimiento de la Constituci�n y de la Ley. �La declaratoria de nulidad es sin lugar a dudas una medida de excepcional car�cter, de may�scula trascendencia en el proceso judicial, teniendo en cuenta que la anulaci�n es el mayor castigo a la actuaci�n, tanto que obliga a rehacerla; luego, una determinaci�n de dicha magnitud s�lo procede cuando la irregularidad que se detecta afecta realmente garant�as de los sujetos procesales, ora porque se desconocen las bases fundamentales del debido proceso (instrucci�n � juzgamiento) ya porque se desconocen garant�as defensivas.
Principio de trascendencia. �Por lo dem�s, cuando se detecten irregularidades nimias (porque no se libr� una comunicaci�n, porque no se surti� una notificaci�n), no obstante advertir �concluir- que el interviniente conoce la decisi�n, la imputaci�n, la existencia del proceso y la trascendencia del debate as� como sus derechos como sujeto procesal, el principio que en t�rminos generales orienta el adelantamiento del tr�mite es el de convalidaci�n (la rectificaci�n del yerro) en la medida que hacer las correcciones a la ritualidad �con respecto de las garant�as de parte- propicia el buen desarrollo de los procesos, las intervenciones judiciales, la eficacia y la eficiencia de la Administraci�n de Justicia�.
Frente a lo anterior, podr�a colegirse entonces que siempre que se est� ante una grave vulneraci�n de garant�as, no subsanable ni sujeta a convalidaci�n, es preciso retrotraer la actuaci�n; sin embargo, no es tal regla un absoluto infranqueable, como quiera que ya la jurisprudencia patria ha tenido lugar a sellar que en aquellos eventos en que se presenta una solicitud de nulidad por la Defensa, atendiendo un vicio de garant�a o estructura que s�lo ata�e y afecta al procesado, pero a la vez el operador judicial halla elementos de convicci�n de fondo que permiten adoptar una decisi�n absolutoria, deber� optar por esta �ltima opci�n, entendiendo que el Defensor que clama por la correcci�n de los defectos procesales, realmente no est� movido por inter�s distinto a sacar avante una decisi�n de absoluci�n. En este sentido tr�igase a colaci�n decisi�n del 21 de octubre de 2013 (Rad.32983) en la cual la Corte Suprema de Justicia plante� la anterior tesis, fundada a su vez en otros pronunciamientos precedentes: �No obstante, tal como ha sido indicado por la Sala, �la Corte se ha orientado por sostener que de llegarse a presentar tensi�n entre las alternativas de declarar la ineficacia de lo actuado a consecuencia de encontrar acreditada la configuraci�n de vicios de estructura o de garant�a que afectan exclusivamente al procesado, y la de excluirlo de responsabilidad penal, en sede extraordinaria debe resolverse a favor de la opci�n que le reporte mayor significaci�n sustancial, que no es otra que la del derecho a la absoluci�n por los cargos que le fueron formulados, como finalidad superior perseguida por la garant�a fundamental de defensa t�cnica y material.
Sobre dicho particular, ha se�alado que: � �Si el derecho de defensa tiene como fin brindar al sujeto pasivo de la acci�n penal herramientas jur�dicas para oponerse a la pretensi�n punitiva estatal y buscar, de esa forma y por regla general, desvirtuar las pruebas de cargo y, por consiguiente, obtener la declaraci�n judicial de su inocencia, ninguna raz�n tiene invalidar la actuaci�n con el �nico objetivo de garantizar el adecuado ejercicio del derecho de defensa cuando las pruebas recaudadas imponen el proferimiento de una absoluci�n. En esos casos, la mejor garant�a de protecci�n del derecho de defensa es la adopci�n en este momento de la decisi�n favorable a los intereses del acusado. � �Recu�rdese que, seg�n lo tiene dicho la Sala, �una de las caracter�sticas de la nulidad es que debe prosperar si se advierte que con la sentencia se ha causado un da�o al procesado y que con la recomposici�n del proceso obtendr�a un beneficio, es decir, un bien� (se resalta, ahora)�. � � �A este respecto, asimismo la Corte ha precisado lo siguiente: � �El reconocimiento de la absoluci�n como expresi�n m�xima de la garant�a del derecho de defensa del procesado y su elevaci�n a objeto de protecci�n prevalente, implica que frente a varios planteamientos de la defensa, debe preferirse el que propone la absoluci�n, por encima de los que plantean nulidades que s�lo afectan garant�as de quien las propone, es decir, de vicios que no aparejan vulneraci�n simult�nea de derechos de las otras partes o comprometan situaciones de inter�s general. � �Tambi�n presupone una variaci�n en el concepto tradicional del principio de prioridad, que ense�a que los cargos de nulidad deben necesariamente prevalecer en su postulaci�n, estudio y efectos inherentes a ellos, sobre los que s�lo plantean errores in iudicando o de juicio, pues frente a esta nueva interpretaci�n doctrinal pierde el car�cter absoluto que lo caracterizaba, para tornarse relativo, en virtud de la introducci�n de nuevos referentes de valoraci�n, distintos de la simple legalidad o ilegalidad del procedimiento. � �Es posible que esta nueva postura doctrinal no sintonice con la l�gica casacional tradicional, ni con la t�cnica propia del recurso, pero rescata, sin lugar a dudas, la realizaci�n de derechos y principios trascendentes en el marco de un Estado Social y Democr�tico de Derecho, como el derecho a una justicia pronta, a la presunci�n de inocencia y la prevalencia del derecho sustancial sobre el adjetivo, todos ellos de rango constitucional�.
Criterio que se ha afianzado con el tiempo, tal y como puede constatarse en la decisi�n SP-3963-2017 (Rad.40216), en la cual ante la formulaci�n de un cargo de nulidad por parte de la Defensa, se relativiz� la opci�n de decretarla a pesar de la entidad del defecto, para optar por la determinaci�n m�s favorable para tal sujeto procesal y, claro est�, asimismo para su prohijado, a quien se le favoreci� entonces con el llamado principio de prioridad.
Al respecto dict� el Alto Tribunal: �La prosperidad del �ltimo cargo propuesto en la demanda presentada por el defensor de MANUEL TRONCOSO �LVAREZ, cuyo efecto concreto es el proferimiento de un fallo de reemplazo de car�cter absolutorio, releva a la Corte de pronunciarse sobre los dem�s, que comportar�an la nulidad de la sentencia impugnada de tener �xito.
Esto en desarrollo del principio de prioridad, seg�n el cual la absoluci�n prevalece sobre la nulidad, criterio adoptado por la Corte, entre otras, en la sentencia CSJ SP, oct. 21 de 2013, rad. 32983.� 2. Se desprende as� de lo anterior que en el asunto de marras, en el cual es la Defensa la que ha activado la alzada, fungiendo como apelante �nica, de verificarse que existen elementos de convicci�n para absolver al se�or JULIO ROBERTO CHAC�N, debe as� disponerse, dej�ndose de lado el estudio de la nulidad esbozada, como quiera que por fundarse en una vulneraci�n al derecho de defensa, que ata�e s�lo al procesado que habr�a de absolverse, resulta ser un t�pico inane.
Tal y como desde ya se anticipa que lo es, porque al realizar un an�lisis integral de la impugnaci�n, de la mano de un nuevo justiprecio de la prueba, es dable colegir que JULIO ROBERTO CHAC�N debe ser favorecido con un fallo absolutorio. 3. No obstante, no quiere la Sala dejar de lado en un todo la situaci�n presentada en sede de primera instancia en lo tocante al derecho de defensa del acusado, de quien debe decirse que la garant�a a tener un juicio oral y p�blico dentro del cual pueda ofrecer sus propias pruebas no es una prerrogativa balad�, sino una expresi�n basilar del debido proceso que no puede dejarse de lado y mucho menos subvalorarse por coyunturas procesales no atribuibles a quien ocupa el banquillo del acusado.
Como con tino el Impugnante ha sugerido que ocurri� al momento de la instalaci�n del juicio oral, por cuanto en tal escenario, en efecto, se escuch� reconocer al Defensor que, a pesar del paso del tiempo, s�lo hasta el d�a anterior hab�a revisado el asunto y se hab�a dado cuenta que no contaba con muchos de los documentos que se hab�an solicitado y decretado como prueba a introducir, escenario inesperado que dej� en evidencia, de un lado, que el Representante judicial de CHAC�N LASSO estaba mal preparado para dicho momento y, del otro lado, que la coartada defensiva forjada desde etapas precedentes se iba a quedar desprovista de respaldo probatorio, por falta de una gesti�n defensiva correcta.
Particularidades que, si bien daban lugar a los reparos y amonestaciones que la Juez de primer nivel realiz�, censurando con acierto la pasividad extendida en el tiempo en las labores de recaudo de la documentaci�n decretada pero faltante, no pueden ser motivo para que el acusado, de quien est� en vilo su libertad, su buen nombre y hasta su tranquilidad, quedase sometido a un juicio oral en el cual, de entrada, estaba fijado un escenario de desbalance en el cual no podr�a ejercer la defensa previamente proyectada.
Y no por su falta o pecado, sino por las incorrecciones de quien lo defend�a, lo cual acentuaba el estado de desprotecci�n en que ya se hallaba, siendo necesaria la fijaci�n de una nueva fecha, la cual se entiende, en asocio con la a quo, que era una disposici�n inc�moda porque aumentaba la fatiga del proceso en favor de la parte morosa, lo cual deben evitar los operadores judiciales, pero nunca desconociendo garant�as sustanciales como aquella que ata�e a una defensa id�nea.
Luego, en este punto era viable adentrarse a evaluar la incidencia que sobre los derechos del se�or JULIO ROBERTO CHAC�N, tuvo el proceder restringido de quien lo prohijaba, sin que finalmente as� se haga, porque como viene de anticiparse, es la absoluci�n del acusado la tem�tica a desarrollar. 6.2. De la Absoluci�n a decretar como producto de un nuevo justiprecio de la prueba. 1.
Ninguna controversia se suscit� en el juicio oral en torno a la existencia de una regulaci�n normativa en materia minera que dispone que para autorizar la exploraci�n y/o explotaci�n de �reas, debe verificarse que se encuentren libres, esto es, que ya no hayan sido objeto de alguna de las modalidades de otorgamiento de terrenos para la labor minera.
De este modo, de principio a fin del juicio oral, con el reconocimiento expreso de la mayor�a de testigos, e incluso del acusado, se forj� como verdad procesal que la Ley 685 de 2001 (C�digo de Minas) dispone que para autorizar una explotaci�n minera de hecho debe siempre verificarse por la autoridad encargada del otorgamiento que no sea sobre terrenos que ya hubiesen sido objeto de licencia previa, evitando as� explotaciones concurrentes o de �reas superpuestas.
Opci�n vedada por el ordenamiento minero que es la que se ha planteado a la que ha dado lugar el acusado JULIO ROBERTO CHAC�N al dictar el Auto No. 106 del 14 de abril de 2009, en tanto que con �ste dispuso que a la legalizaci�n de hecho LH-191-17 le era susceptible el otorgamiento de un �rea libre de 0 hect�reas y 8362 metros cuadrados, cuando tal espacio, de acuerdo a sus coordenadas, hac�a parte del �rea previamente concedida para el contrato minero 583-17.
Ahora, una pregunta: �por qu� se determin� que tal decisi�n administrativa del profesional de la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas era ostensiblemente contraria a la Ley? De acuerdo al fallo de primer nivel, lo fue porque al procesado no le resultaba dif�cil darse cuenta de su yerro, como quiera que le bastaba revisar el Registro Minero Nacional (RMN) para conocer el �rea de la licencia minera 583-17 y empleando el software AutoCAD podr�a conocer que se correspond�a con el �rea pedida dentro de la solicitud de legalizaci�n de hecho LH-191-17.
El procesado, por su parte, no quiso desconocer la irregularidad y siempre la reconoci�, al punto de expresar en el juicio oral que la Fiscal�a hab�a hecho bien su trabajo, pues en realidad su decisi�n s� termin� generando una superposici�n de terrenos, pero quiso explicar que ello no fue caprichoso, arbitrario ni torticero, sino el producto de evaluar un estudio t�cnico que su equipo de trabajo le present� y que daba a conocer que 8362 metros cuadrados se hallaban libres, lo cual acogi� porque ello estaba fundado en los registros que los expedientes ten�an, sin acudir directamente al Registro Minero Nacional, del cual predic� que no era siempre de fiar porque presentaba irregularidades.
La Juez no desconoci� las virtudes de tal coartada, pero sell� que, adem�s de que se soportaba en las palabras hu�rfanas del acusado, sin contarse con el estudio t�cnico que supuestamente fue base de an�lisis del acusado y que, por tal, dar�a lugar a una nueva visi�n del asunto, tambi�n era claro que para el 2009 el software AutoCAD ya era de uso com�n y no hab�a lugar para que el jefe de la Unidad Delegada Minera de Caldas adoptara decisiones sin acoger tal herramienta, como tampoco d�ndole la espalda al Registro minero. 2.
Pues bien; tras generar un contexto sobre el asunto en particular, hemos de cuestionarnos entonces si la prueba mostr� que JULIO ROBERTO CHAC�N incurri� en defecto ostensible, esto es, no de forma irrelevante o nimia, sino palmaria y, por tanto, grosera y en contrav�a a la recta actividad estatal, o si al contrario se est� de cara ante un proceder, quiz� desafortunado, pero no manifiestamente contrario a la ley.
Disyuntiva que conduce a recordar, de manera preliminar, que la norma que consagra el tipo penal materia de juzgamiento reza: �el servidor p�blico que profiera resoluci�n, dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrir� en prisi�n de��, lo que denota que para su configuraci�n se requiere, (i) de un sujeto activo calificado que (ii) mediante un actuar que se exteriorice en el mundo y (iii) posea relevancia jur�dica, (iv) atente contra la administraci�n p�blica al contrariar la ley (v) pero de forma palmaria o grosera, como viene de referirse.
En este sentido la Corte Suprema de Justicia en sentencia de Casaci�n Penal del 8 de julio de 1999 expres�: �el delito de prevaricato tiene como esencia la disparidad o contradicci�n manifiesta con las normas de Derecho aplicables en cada caso. Es fundamental, agrega, que las resoluciones y dict�menes sean injustos en el sentido que se apartan ostensiblemente del Derecho, sin que importen los motivos que el empleado tenga para ello��; y m�s recientemente se ha ratificado sobre el delito en comento diciendo: �Tal ocurre, por ejemplo, cuando las decisiones se sustraen sin argumento alguno del texto de preceptos legales claros y precisos, o cuando los planteamientos invocados para ello no resultan de manera razonable atendibles en el �mbito jur�dico, v.g. por responder a una palmaria motivaci�n sof�stica grotescamente ajena a los medios de convicci�n o por tratarse de una interpretaci�n contraria al n�tido texto legal. �Con un tal proceder debe advertirse la arbitrariedad y capricho del servidor p�blico que adopta la decisi�n, en cuanto producto de su intenci�n de contrariar el ordenamiento jur�dico, sin que, desde luego, puedan tildarse de prevaricadoras las providencias por el �nico hecho de exponer un criterio diverso o novedoso y, de manera especial, cuando abordan tem�ticas complejas o se trata de la aplicaci�n de preceptos ambiguos, susceptibles de an�lisis y opiniones dis�miles�.
Dicho lo anterior, se torna preciso se�alar que para el operador jur�dico que se apresta a realizar el juicio de adecuaci�n t�pica respecto del delito de Prevaricato por acci�n resulta entonces imperioso elucidar, adem�s de la real existencia de un acto protuberante de discordancia con el ordenamiento jur�dico de parte de un servidor p�blico [tipicidad objetiva], que tal obrar sea producto de un prop�sito doloso, lo que implica que aqu�l conoce la transgresi�n al imperio de la ley en la cual incurre al proferir el il�cito dictamen, resoluci�n, concepto, auto o sentencia y pese a ello persevera en su plan y la emite.
Finalmente, debe hacerse hincapi� en el elemento normativo del prevaricato por acci�n que se�ala que la resoluci�n ha de ser manifiestamente contraria a la ley, lo que excluye lo irrelevante, exiguo y/o lo que por falta de claridad normativa (y hasta f�ctica) se torna controvertible. Al respecto, bien puede traerse a colaci�n autorizada doctrina que se�ala: �La resoluci�n o el dictamen han de ser �manifiestamente contrarios a la ley�.
Lo manifiesto es lo ostensible, lo evidente, �que hiere al ojo�; la ilegalidad del acto proferido no debe ser discutible; debe ser clara e incontrovertible; se excluyen de incriminaci�n los actos o dict�menes respecto de los cuales hay controversia sobre su legalidad o ilegalidad; tales controversias �doctrinales o jurisprudenciales- pueden ser consecuencia de vac�os legales o deficiencias en la redacci�n de la norma, y llevan al funcionario a asumir una posici�n que es sustentable y sostenible, caso en el cual el elemento �manifiestamente ilegal� no estar� presente. �- Es necesario que haya un claro contrasentido, oposici�n evidente, entre el acto y el precepto legal, o que se hayan violado flagrantemente una norma positiva; por lo cual se excluyen las violaciones al dec�logo, al derecho natural o a los principios generales del derecho que no est�n expresamente aceptados por una norma positiva. �- No prevarica quien ante las dificultades para interpretar una norma, hace una intelecci�n equivocada de ella, si no se da el aspecto subjetivo, o el prop�sito de fallar contra derecho�. 3.
Se aprecia as� como la simple falta a la ley no es punible, como con tino debe ser, perteneciendo as� al terreno del derecho penal s�lo aquellas disposiciones dentro de la administraci�n p�blica que son claramente contra legem, y que adem�s se explican en un proceder doloso, en el que no hab�a lugar a la vacilaci�n interpretativa de la norma desatendida ni tampoco dificultades estimativas de las circunstancias del asunto a resolver, siendo di�fano el modo conforme a derecho a asumir, que finalmente se deja de lado.
Como no cree la Sala que lo haya hecho el se�or JULIO ROBERTO CHAC�N, de quien debe decirse de entrada que no le es atribuible una interpretaci�n contraria al n�tido texto legal, pues no se conoci� que �l hubiese emitido concepto o decisi�n en la que avalara, contrario al sentido de la ley, que las superposiciones de �rea en las concesiones mineras eran permitidas, y al contrario, en el auto que se tilda de prevaricador dicta que el �rea de 8362 metros cuadrados susceptible de otorgamiento, lo es porque aparece como �rea libre.
En efecto, nos hallamos ante un asunto en el que el acusado, no ha querido introducir una interpretaci�n normativa caprichosa o en la cual desconoce de tajo el contenido de la ley, quedando en claro que, de acuerdo al Auto No. 106 del 14 de abril de 2009, siempre contempl� que hab�a que eliminar superposiciones para establecer cu�l terreno estaba libre y, por tanto, pasible de concesi�n. Tanto as� que no accedi� de plano a la solicitud de asignaci�n del �rea deprecada por el se�or Casta�eda, sino que, como se aprecia en el mismo auto, lo restringi� a aquel espacio (8362 m2) que luego de eliminar las superposiciones aparec�a libre, en un claro entendimiento y acatamiento de la normativa que veda la opci�n de licencias m�ltiples sobre una misma �rea.
Pero ciertamente el delito de prevaricato por acci�n no se restringe a lo anterior, siendo tambi�n pasible de su configuraci�n el que un servidor p�blico, realice una grotesca interpretaci�n de los hechos para hacer factible una decisi�n que realmente ser�a inviable conforme a una mirada recta de los medios de convicci�n, como aqu� se ha predicado lo hizo el se�or CHAC�N LASSO al momento en que, manteniendo intacto el sentido de la ley, opt� por otorgar un �rea ya previamente conferida a una explotaci�n minera licenciada.
Realidad que podr�a censurarse de colegir que el profesional Universitario de la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, obr� con plena conciencia de la irregularidad que estaba generando y con la voluntad en concretarla a trav�s del ejercicio de su autoridad como servidor p�blico. Aspectos resaltados referentes al dolo que para esta Corporaci�n no se han colmado, porque, tras un an�lisis integral de la prueba, s� se considera que hay elementos de convicci�n serios y objetivos que denotan que la decisi�n del acusado no obedeci� a un �nimo frontal dirigido a defraudar la ley, sino que ha sido el producto de una realidad difusa, que pudo dar lugar a errores, pero no aquellos fatuos o necios que sanciona el tipo penal del prevaricato por acci�n. 4.
Para fundamentar lo anterior, �chese de ver que la Juez de la causa avizor� inviable absolver al acusado porque �no conoci� en momento alguno la existencia de ese estudio previo, pues el mismo no fue introducido por parte de la Defensa y la �nica manifestaci�n con relaci�n al mismo, es el dicho del se�or Julio Roberto Chac�n Lasso�, para adicionar m�s adelante: �Al parecer e internamente la Unidad de Defensa podr�a tener un conocimiento diferente, que aseguran hace parte de unos informes, visitas y an�lisis, pero al Despacho no se le trajo ese conocimiento de que efectivamente exista un estudio anterior, por lo que con aquello no es posible fundar un conocimiento, pues el mismo no existe en el proceso�, todo lo cual la condujo a sellar finalmente: �si la Defensa pretende alegar, verbigracia, un error, lo m�nimo que debe hacer es demostrar la existencia del mismo; lo cual bastaba con un elemento y era la existencia del denominado estudio al que se hac�a referencia, que diera cuenta que efectivamente un estudio t�cnico le asegur� que esa �rea estaba libre�.
Conclusi�n de la Juez de primer nivel que esta Sala acompa�a, en el sentido de que trat�ndose de una ilicitud que sanciona el obrar abierta o manifiestamente contrario a la ley, exculpatorio resultar�a el que la determinaci�n adoptada en el Auto No. 106 hubiese tenido por fundamento, no el capricho, sino un estudio t�cnico; del cual la a quo determina que no fue acreditada su existencia, pero discurriendo ahora la Sala sobre el particular en diverso modo.
Lo anterior porque, si bien dentro del arsenal probatorio no aparece el documento como tal, contentivo del estudio t�cnico referido, con la prueba practicada fue conocido que los expedientes con que contaba la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas fueron objeto de auditor�a y concreta revisi�n por parte de la Contralor�a General de la Rep�blica, por el Ministerio de Minas y Energ�a, y por la Procuradur�a 22 Judicial II Ambiental y Agraria, levant�ndose sendas actas en las que se refiri� la verificaci�n del estudio t�cnico del 17 de diciembre de 2008 que alega el acusado le sirvi� de base para decidir, desdibuj�ndose as� que se tratase de un documento ilusorio del que se pregonaba su existencia como una simple argucia para defenderse del proceso penal, sino que en realidad fue un documento cierto, que hizo parte del proceso de legalizaci�n LH-191-17.
N�tese como en la denuncia producto de la auditor�a llevada a cabo por la Contralor�a General de la Rep�blica, signada por una l�der de auditor�a, un supervisor y el Director de vigilancia fiscal, se plasma en el ac�pite de hechos denunciados: �Evaluado el expediente por los t�cnicos de la Unidad, el 17 de diciembre de 2008, se determin� como �rea libre 8.362 metros cuadrados, despu�s de realizar recorte de superposiciones con la propuesta 645-17 y el contrato 583-17�, encontrando m�s adelante una reiteraci�n de lo anterior, al insistirse en que: �El 17 de diciembre de 2008, la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, a la solicitud de legalizaci�n LH0191-17 perteneciente al se�or Jos� Gabriel Casta�eda, determin� que eliminadas las superposiciones, se gener� un �rea libre susceptible de otorgamiento�.
Informaci�n que no fue obtenida a trav�s de las palabras del acusado, ni a trav�s de ninguna otra persona como tal, como trat�ndose de una manifestaci�n subjetiva, sino que fue tomada del informe del Grupo Auditor del Ministerio de Minas y Energ�a, documento que tambi�n fue aportado al dossier, convirti�ndose as� en elemento pasible de an�lisis, tanto como para conocer que los ingenieros encargados de la Auditor�a estuvieron los d�as 30 de septiembre y 1� de octubre de 2009 en las instalaciones de la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, observando directamente los documentos originales que reposaban en los expedientes del contrato de concesi�n 583-17 y de la solicitud de legalizaci�n LH-0191-17, para determinar finalmente lo siguiente: �Al 30 de septiembre de 2009, dentro del expediente de la solicitud de legalizaci�n No. 0191-17, se encontraron las siguientes situaciones: (�) �El 17 de diciembre de 2008, la Delegaci�n minera expidi� un �Estudio de libertad de �rea en respuesta del resultado de la visita minero ambiental, como parte de la legalizaci�n de miner�a de hecho� (Resaltado es nuestro), en el cual advierte que la solicitud de legalizaci�n presenta superposici�n con el �rea del contrato de concesi�n 583-17.
Por tanto, se procedi� a eliminar las superposiciones existentes quedando un �rea libre susceptible de otorgar al solicitante de la legalizaci�n un (1) �rea equivalente a cero (0) hect�reas y 8.362 metros cuadrados.� Ahora bien, la Procuradur�a Delegada atr�s relacionada, adem�s de valerse del informe del Ministerio de Minas y Energ�a, tambi�n realiz� una visita de los expedientes, para plasmar as� en su propio oficio (dirigido al Gobernador de Caldas) que hubo Concepto T�cnico del 17 de diciembre de 2008 en el cual se determin� un �rea libre por 8362 metros cuadrados. De esta manera entonces, surge una primera conclusi�n y es que dentro de esta causa s� hubo prueba objetiva de la existencia de un concepto t�cnico del cual se vali� el acusado a la hora de dictar el Auto No. 106 del 14 de abril de 2009, pudiendo as� darle cr�dito en este sentido cuando en el juicio oral quiso explicar que su determinaci�n no fue arbitraria ni dirigida a defraudar la ley, sino el correlato de las conclusiones que un grupo t�cnico, especializado en la materia, le ofreci�.
Conclusiones que, para ahondar en la ausencia de una contrariedad ostensible con la ley, debe tenerse presente que no fueron de aval absoluto al reclamo de terreno que con la solicitud de legalizaci�n de hecho se inco�, sino que se determin� -tal y como se avizora en el informe del Ministerio de Minas y Energ�a atr�s citado- que gran parte del �rea relacionada estaba superpuesta al contrato de concesi�n 583-17, por lo que debi� realizarse un recorte de las �reas superpuestas para un total reducido de 8362 metros cuadrados como terreno libre.
Es decir, en este caso, cuando JULIO ROBERTO CHAC�N dict� el auto materia de juzgamiento, no estaba acogiendo en un todo la solicitud del se�or Jos� Gabriel Casta�eda, como era de esperar si estuviese movido por un deseo ciego y manifiesto de faltar a la legalidad, sino que dispon�a que una porci�n del �rea reclamada estaba libre, no de modo infundado, sino tras una labor t�cnica de eliminaci�n de superposiciones.
De esta manera, para la Sala, con la prueba recaudada, es dable colegir la existencia del estudio t�cnico que, como con tino lo hab�a definido la Juez de primer nivel, resultaba de inconmensurable val�a para avalar la coartada defensiva del se�or CHAC�N LASSO. 5. Pero, tras lo anterior, surge un importante y necesario cuestionamiento: �Por qu� el grupo t�cnico y el acusado llegaron a una conclusi�n diversa a la del Comit� interventor del Ministerio de Minas y Energ�a que en su informe dict�: �se concluye que la solicitud de legalizaci�n No. 0191-17, dentro del t�tulo minero mencionado [583-17], no presenta �rea susceptible de otorgamiento�? Pregunta que encuentra como respuesta que para la verificaci�n de una superposici�n por parte del Ministerio de Minas y Energ�a se tuvo en cuenta, como no se hizo por la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, la informaci�n que reposaba en el Registro Minero Nacional (RMN), fuente que fue acreditado que para el momento de los hechos ten�a inscrita como �rea legalmente aprobada 180 hect�reas.
Dato que no habr�a de esperarse que omitiera el acusado, puesto que la Ley 685 de 2001 le exige que se atenga al RMN como herramienta de autenticidad y publicidad de los actos afines con la exploraci�n y explotaci�n minera, aspecto que ciertamente denota la incorrecci�n del funcionario procesado, pero que, en criterio de esta Corporaci�n, no tiene la entidad suficiente para sustentar el juicio de responsabilidad penal, como quiera que CHAC�N LASSO, producto de la prueba recaudada, aparece, no como aquel que desatiende de modo dictatorial o irracional el deber de acogerse al RMN, sino que lo hace movido por circunstancias que generaban un escenario irregular, pasible de un proceder diverso.
Se pasa a exponer lo anterior: Con la misma documentaci�n ya relacionada, y de manera espec�fica con el informe del Grupo auditor del Ministerio de Minas y Energ�a, se ha dado a conocer que, tras el registro en el RMN del contrato �nico de concesi�n 583-17 el 11 de julio del a�o 2002, no volvieron a hacerse inscripciones en tal registro, a pesar de que hubo actos susceptibles de inscripci�n, tal y como lo era la aprobaci�n del PTO (Plan de trabajos y obras) para un �rea requerida de 4,9 hect�reas, lo cual implicaba la reducci�n ostensible del �rea para la ejecuci�n del proyecto. �Y si no fue registrado tal acto, d�nde qued� consignada tal modificaci�n que reduc�a el �rea de la concesi�n minera del se�or Barbier? Pues precisamente ello, siendo una determinaci�n t�cnica de la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas, reposaba en la carpeta que en tal dependencia se constru�a como expediente del contrato de concesi�n No. 583-17, tal y como el Ministerio de Minas y Energ�a lo corrobor�, respaldando as� de modo objetivo cuando el acusado manifest� en el juicio oral que la documentaci�n con que contaban fue la que lo llev� a adoptar el auto materia de juzgamiento.
Auto que, en consecuencia, puede concluirse fue motivado por un estudio t�cnico proveniente del grupo que precisamente ten�a el se�or JULIO ROBERTO CHAC�N como apoyo para adoptar sus decisiones, entre las cuales estaban las relacionadas con concesiones y legalizaciones mineras, para las cuales deb�a verificar que no se dieran superposiciones, lo cual era de esperar que hiciera con base al RMN, sin que as� lo hiciera, pero no por apegarse a designios torticeros o antojadizos, sino porque se vali� de la informaci�n que en sus bases de datos (expedientes) reposaban, lo cual para esta Sala desdibuja el panorama delictual, en tanto que no resulta palmariamente ileg�timo que para resolver sobre una legalizaci�n y un contrato de licencia minera, se preste atenci�n a los actos que en sus carpetas aparecen materializados y que, ciertamente, era de esperar que fueran objeto de formalizaci�n en el Registro Minero.
Registro minero que, de manera indiscutible, para el a�o 2009 ya se encontraba en funcionamiento, pero que a trav�s de las mismas pruebas pudo conocerse que no era un sistema de inscripciones fiel y sin tacha, pues qued� en evidencia que de los actos posteriores a la constituci�n de la licencia minera 583-17, que efectivamente tuvieron existencia, ninguno de ellos fue registrado, quedando as� en claro que, tal y como el acusado lo propuso en la vista p�blica, se presentaban deficiencias operativas que justificaban que la Unidad Delegada Minera de Caldas resolviera con base en sus carpetas.
En respaldo de lo anterior, n�tese como en el informe del Ministerio de Minas y Energ�a se certifica que de la mirada del expediente del contrato de concesi�n 583-17 se extract� que en el a�o 2002 se aprob� PTO para un �rea requerida de 4,9286 hect�reas, quedando en claro que la reducci�n del �rea a que ha aludido el procesado, adem�s de existente, efectivamente no fue inscrita en el Registro Minero Nacional, lo cual denota sus baches, los cuales no fueron en sus inicios, sino que se extendieron en el tiempo, al punto que el PTO del a�o 2009 a trav�s del cual se readecu� el �rea a 121 hect�reas y 6000 metros cuadrados tampoco fue objeto de inscripci�n, tal y como tambi�n tuvo lugar a verificarlo el Ministerio de Minas que, por tal, expres� en su ya aludido informe: �En la actualidad, el contrato de concesi�n No. 583-17, cuenta con un programa de Trabajos y Obras aprobado para un �rea correspondiente a 121 hect�reas y 6000 metros cuadrados.
Sin embargo, en el Registro Minero Nacional se encuentra inscrito con el �rea contratada, es decir, 180 hect�reas y 536 metros cuadrados.� De ah� que en la denuncia presentada por la Contralor�a se plasme: �El titular del contrato presenta un primer PTO (Plan de Trabajos y Obras) con fecha 29 de mayo de 2002, en el cual se reduce el �rea de trabajo al cauce del r�o Risaralda, aun �rea de 4 hect�reas y 9286 m2.
Aunque este PTO fue aprobado el 1� de agosto de 2002, el �rea reducida no fue inscrita en el Registro Minero Nacional. De esta forma el �rea inscrita en el RMN sigue siendo 180 hect�reas 536 m2�, y m�s adelante: �El titular del contrato de concesi�n 583-17 presenta segundo PTO cuya fecha de aprobaci�n es 15 de abril de 2009, por medio con el cual solicita una ampliaci�n de �rea a 121 hect�reas 6000 m2.
(�) Aunque este nuevo PTO fue aprobado, tampoco se inscribi� en el RMN, por lo cual el �rea del t�tulo sigue siendo 180 hect�reas 536 m2�, en una clara muestra que, tal y como la a quo lo relacion�, el Registro Minero presentaba desorganizaci�n, lo cual era base para entender que se trataba de un sistema de datos no fidedigno que, a juicio de esta Sala, daba lugar a que los servidores de la Unidad Delegada Minera se valieran de la informaci�n con la cual contaban, y que no hab�a surgido de la nada, ni se trataba de conceptos subjetivos, sino que era documentaci�n objetiva en la cual aparec�a informaci�n que ten�a vocaci�n de registro, como era predicable de las reducciones de �reas que, se insiste, no eran una invenci�n, sino una realidad de acuerdo a los archivos de la entidad que decid�a y que, es dable colegir, ten�a presente, al igual que lo hizo el Ministerio de Minas, que el RMN presentaba deficiencias.
De esta manera, aun cuando hab�a un modo ortodoxo de abordar las solicitudes de legalizaci�n minera, como era acogi�ndose al RMN al que llamaba la ley a atender, con la prueba presentada qued� verificado que tal sistema de recaudo informativo no estaba en estado de funcionamiento �ptimo y presentaba baches, los que no se debieron constatar en otros casos, sino que precisamente en el contrato 583-17 aparecieron vac�os del Registro minero que da fuerza al argumento defensivo, seg�n el cual, la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas ten�a razones para basarse en sus archivos a la hora de abordar las solicitudes, sin que ello representara un abordaje antojadizo, sino la consecuencia de una situaci�n coyuntural que en tal tiempo se presentaba.
Luego, si bien no se avala que el acusado hubiese desconocido el RMN, para esta Sala se aprecia como probable, y con gran fuerza persuasiva, que ello no fue en raz�n al intento dirigido a defraudar a la ley y lacerar a la administraci�n p�blica, sino que fue una incorrecci�n que se germin� en otra irregularidad, como era la falencia del RMN que no era de fiar, torn�ndose as� probable que un profesional del derecho, encargado de una oficina de licenciamiento minero, aprobara como �rea libre aquella que su grupo t�cnico, encargado en concreto de realizar el trabajo de campo y especializado, le dictaminara que estaba libre, la cual no result� de un benepl�cito absoluto a la solicitud incoada ante la Unidad de Delegaci�n Minera, sino luego de verificar que gran parte del �rea solicitada se encontraba superpuesta y, por tanto, no era pasible de otorgamiento, como s� lo era la peque�a porci�n de 8362 metros cuadrados.
Espacio que result�, d�gase con contundencia, de una reducci�n del �rea de concesi�n del se�or Barbier, como modificaci�n al contrato minero del que su existencia no qued� entre sombras como se concluy� por la a quo, sino que finalmente s� qued� certificada a trav�s de las auditor�as realizadas a los expedientes, s�lo que no fue inscrita en el RMN; no porque se tratase de una modificaci�n ilusoria o ficticia, sino por las irregularidades ya referidas que presentaba el sistema, tanto en el a�o 2002, como en el 2009. 6.
Producto de lo hasta aqu� discurrido, impera entonces dictar -como ya se hab�a anticipado- un fallo de segunda instancia absolutorio, ante la verificaci�n que quien aparece como acusado, adem�s de que no desconoci� el sentido literal de la ley, contemplando siempre que las superposiciones de �rea en las concesiones mineras eran prohibidas, cuando dict� el Auto No. 106 del 14 de abril de 2009 no acudi� a ardid o maniobra grotesca para viabilizar lo inviable, sino que se apeg� a una documentaci�n existente, en especial un estudio t�cnico que le marc� un sendero para decidir, haci�ndolo finalmente de manera err�nea, no por un arbitrario designio dirigido a desconocer la ley que es lo que pune el delito de prevaricato que aqu�, finalmente, no cabe por la acci�n de un servidor p�blico que tuvo su germen en una omisi�n: el que en el RMN no se realizaran las anotaciones sobre reducciones de �rea que, se insiste y resalta, no fueron una ilusi�n, sino que la prueba han mostrado como existentes.
Ahora bien, para rematar la decisi�n, d�gase que tal determinaci�n de absoluci�n no queda en vilo por el hecho de que para el a�o 2009, o incluso desde antes, el software de AutoCAD fuera de empleo usual para la verificaci�n de �reas superpuestas, porque como bien lo plante� la Defensa no es �sta una base de datos que indique de manera abstracta y definitiva los terrenos ya cedidos, sino que opera como herramienta especializada en coordenadas a la cual se le introducen datos para realizar c�lculos, siendo as� como para este caso, incluso empleando el AutoCAD por parte del grupo t�cnico al servicio del se�or CHAC�N LASSO, habr�a lugar a inconsistencia con los an�lisis propios de las auditor�as en los que se ten�an en cuenta el RMN que, se insiste, no ten�a inscrita la informaci�n con la que contaban los expedientes que se hallaban en poder del aludido grupo t�cnico.
En este sentido, hablar de planas de Gauss y planchas IGAC, o del empleo de AutoCAD pierde relevancia, cuando para analizar si hubo superposiciones de �rea se trabaj� con 180 o 121 hect�reas respecto a la licencia 583-17, terrenos muy diversos a aqu�l de poco m�s de 4 hect�reas que tuvo en cuenta el grupo t�cnico, no por azar, sino atendiendo tambi�n informaci�n oficial existente, que debe reconocerse no estaba inscrita, pero s� lo deber�a estar, porque como bien lo dict� en juicio oral el ingeniero interventor del Ministerio de Minas y Energ�a, todo t�tulo minero y sus modificaciones esenciales deben ser registradas, lo cual desdibuja la reprimenda, quiz� no administrativa, pero s� en el plano punitivo del se�or JULIO ROBERTO CHAC�N al actuar guiado por un PTO aprobado que reduc�a ostensiblemente el �rea cedida al se�or Barbier, y que por estar asentada como realidad en las carpetas de la Unidad de Delegaci�n Minera de Caldas fue que incluso lleg� a generar altercados e inconvenientes con tal se�or.
Ahora, durante el juicio oral hubo una testigo especial, como fue Paula Andrea L�pez Galvis, quien afirm� al final de su testimonio que ella, en su calidad de ge�loga de la Unidad de Minas de la Gobernaci�n de Caldas, durante el tr�mite de la legalizaci�n verific� que el �rea a asignar al se�or Casta�eda lo era de terreno ya otorgado al contrato 583-17, lo cual hab�a hecho con base al RMN y con el software AutoCAD, siendo esta informaci�n insumo de la Juez de primer nivel para aducir que el procesado s� conoc�a entonces, o al menos le era dable conocer, el yerro en que incurr�a; conclusi�n de la cual dista esta Sala, como quiera que, adem�s de que el proceso de legalizaci�n LH-0191-17 no culmin� con el auto materia de juzgamiento, sino que ha sido un tr�mite extendido en el tiempo, no puede desconocerse que fue con posterioridad a la decisi�n del se�or CHAC�N LASSO que intervino la ge�loga testigo, habiendo indicado en la vista p�blica indic�: �Mucho despu�s, posteriormente, se certific� el �rea a trav�s del catastro minero colombiano, yo la certifiqu� y el resultado fue que no hab�a �rea susceptible�, dejando en claro que con los conceptos t�cnicos iniciales y las decisiones germen de la causa penal ella no tuvo que ver, al punto de aclarar al final de su deponencia: �Yo certifiqu� el �rea despu�s, puede tener 1, 2 o 4 revaluaciones t�cnicas, porque en muchos momentos las hab�a�.
As� las cosas, con esta testigo no logra adverarse que el procesado estaba sobre aviso, siendo dable que su error, el cual no se desconoce, no fue una expresi�n de conocimiento y voluntad, sino el resultado de un abordaje indebido de la actuaci�n, vali�ndose de estudios t�cnicos que no ten�an en cuenta el catastro minero, pero que, por en�sima vez se insiste, no fue producto de una nada prevaricadora, sino de la documentaci�n obrante en los expedientes y que habr�a de estar asentada -en un plano ideal- en el RMN, sirviendo todo ello de base para que ahora el Juez penal, independiente de eventuales censuras en el plano administrativo, concluya no acreditado el elemento �abiertamente contrario a la ley� a que hace relaci�n el delito de prevaricato por acci�n por el cual a trav�s de este prove�do se dicta un fallo absolutorio.
Por todo lo precedentemente discurrido, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO: REVOCAR la sentencia proferida el d�a 2 de agosto del a�o 2016 por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Manizales, Caldas, a trav�s de la cual se conden� al se�or JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO como responsable del delito de Prevaricato por acci�n que la Fiscal�a le endilg�.
SEGUNDO: Como corolario de lo anterior, ABSOLVER al se�or JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO del delito contra la administraci�n p�blica acabado de relacionar y consagrado en el art. 413 del C.P., en atenci�n a los argumentos esgrimidos en la parte considerativa de este prove�do.
TERCERO: Por virtud de lo precedente, CONCEDER libertad a favor del se�or JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO, sujeto respecto del cual, en consecuencia, SE ORDENA la liberaci�n inmediata, siempre y cuando no sea requerido por otra autoridad. A trav�s de secretar�a se expedir� la correspondiente boleta de libertad y las dem�s comunicaciones que deban realizarse a las autoridades interesadas en el asunto.
CUARTO: INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y c�mplase. Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE JOSE FERNANDO REYES CUARTAS DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal - Secretaria. El escrito de acusaci�n se halla del folio 1 a 7 del expediente, mientras que el acta de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n se avizora en el folio 19 del mismo. Desde el folio 53 del expediente se encuentra el acta de la audiencia preparatoria, en tanto que la del juicio oral se puede verificar entre los folios 74 y 77. Cfr. Corte Suprema de Justicia, Sentencia del 11 de abril de 2007, Rad. n�m. 26128. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de abril 14 de 2010.
M. P., doctor Alfredo G�mez Quintero, Radicaci�n 30960. Cfr. entre otras, sentencia de casaci�n de 10 de junio de 2008 Rad. 28693 y casaci�n 27816 de 17 de junio de 2009. Sentencia del 11 de diciembre de 2003, radicaci�n 19775. En la referida providencia del 5 de mayo de 2010. Rad. 30948. Sentencia del 10 de agosto de 2010. Rdo. 34175.
M.P: Mar�a del Rosario Gonz�lez de Lemos. As� lo ha resaltado la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia: �Como en m�ltiples ocasiones lo ha sostenido la Corte, el juicio para establecer si la resoluci�n, el dictamen o el concepto proferido por el servidor p�blico deviene en protuberante discordancia con el ordenamiento jur�dico, debe ser enfocado desde una perspectiva objetiva, imperativo que se deriva del dise�o legislativo del tipo penal comentado por cuanto contiene un ingrediente normativo claro: �manifiestamente contrario a la ley�, que afecta de modo directo a la acci�n indeseada, la de proferir resoluci�n, dictamen o concepto. // En esas condiciones, tal verificaci�n es de legalidad o ilegalidad o, de otra manera expresado, de cotejamiento entre el contenido de la resoluci�n, del dictamen o del concepto con lo que manda, ordena o proh�be el ordenamiento jur�dico, a fin de establecer si las disposiciones de la resoluci�n o las materias del dictamen o del concepto son coherentes o incoherentes con los dictados de la ley aplicada.� (Proceso No. 22586, decisi�n de 16/01/2005.
MP. Dr. Espinosa P�rez). Concepto emitido por Pedro Alfonso Pab�n Parra en la octava edici�n de su �Manual de Derecho Penal. Tomo II. Parte Especial� (p�gs. 966 y 967). P�gina 30 de la sentencia obrante entre los folios 139 y 158 del cuaderno principal. Folio 6, cuaderno de pruebas. �dem. Ver folios 52 y 54 del cuaderno de pruebas. Ver folio 72 del cuaderno de pruebas. Ver folio 55 y 56 del cuaderno de pruebas. Ver folio 67 del cuaderno de pruebas. Min 9, video del 11 de marzo de 2016. P�gina PAGE 1 de NUMPAGES 40 Sistema Acusatorio: 2011-00835-02 JULIO ROBERTO CHAC�N LASSO Prevaricato por acci�n Revoca Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 6Jes�����������. 5 a t � � � � � ���ׯׯ�������wawOwOwOw"h��CJOJQJ^JaJmH sH +h�:xh�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�w�CJOJQJ^JaJmH sH %h{TJ5�CJOJQJ^JaJmH sH %h~m5�CJOJQJ^JaJmH sH "h~mCJOJQJ^JaJmH sH +h^4�h�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH (h^4�h�w�CJOJQJ^JaJmH sH %h�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH 6Je������� � � � �������������� ��dh�^��gd^4�$��dh`��a$gd�w� ��dh�^��gd{TJ$ &Fdh�a$gd�w� $dha$gd�w�dhgd�w�$��dh^��a$gd�w�$d&dP��a$gd�w� $da$gd�w�� � D Z � � � � � � � � =Gc����������ڶڠ�w�e�S�A"h�T�CJOJQJ^JaJmH sH "h��CJOJQJ^JaJmH sH "h�N�CJOJQJ^JaJmH sH +h^4�h^4�5�CJOJQJ^JaJmH sH %h�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH +h^4�h�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH "h{TJCJOJQJ^JaJmH sH "h��CJOJQJ^JaJmH sH "h�w�CJOJQJ^JaJmH sH %h��5�CJOJQJ^JaJmH sH ��&;<=R]� � � )*+������ܰ��}����jU@(h�Wh�w�CJOJQJ^JaJmH sH (hX0�h�w�CJOJQJ^JaJmH sH %h�w�5�CJOJQJ^JaJmH sH 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Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista&`����w��Ref. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,f,FC,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,4_GH*>@>�w��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha, Car,Car,Ca,ft,FAd�� CJOJPJQJaJmHsHtH \�/��\�w�Texto nota pie Car CJOJPJQJ^JaJmH sH,�/��!,�w��Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car, Car Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH F@2F�w� Encabezado ��8!d��L�/��AL�w�Encabezado CarOJPJQJ^JmH sH 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