Micelio

Providencia — Tribunal Superior de Neiva

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S�NTESIS DE LOS HECHOS Seg�n la sentencia confutada, los hechos sucedieron as�: ��la noche del 30 de abril de 2011, JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA se encontraba ingiriendo licor en la cantina de Mercedes Serrato Galeano del Municipio de Colombia Huila, sitio en el que tambi�n se encontraba JORGE ENRIQUE RODR�GUEZ HERRERA; aproximadamente a las 8:00 de la noche, cuando JES�S MAURICIO se dispon�a a salir de establecimiento, JORGE ENRIQUE despic� una botella lanz�ndola a JES�S MAURICIO sin que lo lesionara, �ste se retir� al estadero los Pomos donde ingiri� licor hasta pasadas las 02:00 de la madrugada hora en que arrib� JORGE ENRIQUE RODR�GUEZ HERRERA, momentos despu�s, se suscit� una nueva escaramuza entre estos sin que ninguno resultara lesionado por la oportuna intervenci�n de sus compa�eros de mesa, pero cuando Jes�s Mauricio se dirig�a por el parque del poblado se encontraron y se agredieron nuevamente resultando lesionado JES�S MAURICIO en regi�n escapular izquierda y dos heridas m�s en codo izquierdo causadas al parecer con el pico de una botella y JORGE ENRIQUE RODR�GUEZ recibi� dos heridas en regi�n precordial que le ocasionaron la muerte de manera inmediata y causados con arma blanca (navaja)(�)� FUNDAMENTOS DE LA SENTENCIA APELADA El a quo, luego de identificar al procesado, referirse a la actuaci�n procesal, teor�a del caso de la fiscal�a y defensa e intervenciones en el juicio oral, indic� que los medios de conocimiento permit�an entender, m�s all� de toda duda razonable, que el comportamiento del acusado se adecuaba al tipo penal de �Homicidio�, como lo establece el art�culo 103 del C�digo Penal.

Adujo que la materialidad del delito estaba acreditada con las estipulaciones probatorias suscritas entre las partes, con las que dieron por cierto que servidores de Polic�a Judicial le hicieron inspecci�n a cad�ver a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera, y que adem�s falleci� como consecuencia de m�ltiples lesiones que comprometieron el miocardio (coraz�n) en dos ocasiones, heridas causadas con arma corto punzante lo que le caus� asistolia: �Manera de muerte: Laceraci�n al pericardio, miocardio y endocardio de ventr�culo izquierdo del coraz�n en dos ocasiones.� Respecto de la responsabilidad de JES�S MAURICIO CR�Z MOLINA en esos hechos, dijo que con una estipulaci�n probatoria se tuvo por probado que el acusado se present� voluntariamente a la estaci�n de Polic�a de Colombia, Huila, el 1 de mayo de 2011.

Igualmente, que las pruebas de la fiscal�a y defensa se�alaban que el procesado fue el que la caus� las dos lesiones con arma corto punzante a Jorge Enrique. Se�al�, adem�s, que de los testimonios de Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero Jim�nez, Alejandro Daza Castro, Jhon Fredy Rojas Salas, Rub�n Daza Castro, Santos Yamid Cruz Ospina, Mercedes Serrato Galeano, Luis �ngel Aray�n Malambo y Duvier Ram�rez Bustos, se extra�a sin ninguna dificultad que entre las familias del acusado y el occiso, quienes resid�an en la Vereda Carrasposo del Municipio de Colombia, Huila, hab�a un antecedente b�lico, pues un miembro de la familia del victimario hab�a lesionado con arma blanca a Jorge Enrique.

Explic� que desde el primer momento en que el procesado y la v�ctima se encontraron en la fuente de soda de Mercedes Serrato Galeano, hubo insultos y agresiones mutuas, lo que contin�o luego cuando volvieron a converger en el estadero Los Pomos, donde JES�S MAURICIO lanz� una botella a la mesa del occiso, con la suerte de que los hechos no pasaron a mayores porque Deisy Trujillo intervino sacando a este �ltimo fuera del lugar.

Asegur� que el sindicado mostr� su intenci�n de agredir a la v�ctima dado que esgrimi� un arma blanca (�pate-cabra�) y exclam� en varias oportunidades que esa noche lo matar�a. Resalt� que luego de que Deisy Trujillo sac� a Jorge Enrique del establecimiento Los Pomos, este, junto a su t�o Luis y otras personas, se dirigieron al parque del municipio donde tambi�n se hizo presente el acusado, lugar donde siguieron las agresiones que terminaron con la muerte de la v�ctima; episodio que no pod�a presentarse como aislado de los dem�s. Argument� que la prueba practicada en juicio no demostraba que Jorge Enrique Rodr�guez Herrera hubiera atacado s�bitamente al sindicado, sino que los mismos testigos de la defensa descartan ese ataque repentino; entre ellos, Luis �ngel Aray�n Malambo quien dio a conocer que cuando sali� hacia el parque junto con Faiber Garc�a, Gonz�lez, Marcela Garc�a y el acusado se encontraron con la v�ctima quien estaba en compa��a de otras personas lo que hac�a pensar la inminencia de un ataque al menos verbal.

Afirm� el juez que aunque el testigo dijo que el finado atac� con un pico de botella, los contrincantes fueron al suelo, forcejearon y luego el acusado sali� corriendo perseguido por el occiso quien metros m�s adelante cay�, al que al voltearlo boca arriba le vieron la pu�alada, con lo que termina aceptando que el procesado fue el que caus� las lesiones a Jorge Enrique lo cual aconteci� en medio de una ri�a. Igual consecuencia deriv� de lo dicho por Dover Ram�rez Bustos.

Descart� que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA hubiera actuado bajo la eximente de responsabilidad de leg�tima defensa, debido a que la Corte Suprema de Justicia, en su jurisprudencia, tiene decantado que en los casos de ri�a no se presenta esta figura. Asever� que el testimonio de Luis �ngel Aray�n Malambo es parcializado pues falta a la verdad cuando dijo que en Los Pomos fue el occiso quien atac� al acusado, siendo que el resto de prueba revela que fue al contrario; o cuando dijo que en el parque no le hab�a visto arma al procesado pero al mismo tiempo termina aceptando que este lesion� al occiso de una pu�alada; o que inicialmente refiriera que las lesiones de MAURICIO las caus� Jorge Enrique cuando aquel intent� escapar, pero en el redirecto cambia su versi�n para indicar que se las produjo cuando estaba en el suelo.

De similar forma el juez se refiri� al testigo Duver Ram�rez Bustos, pues, seg�n su versi�n, en el parque solo se encontraba JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA y Luis, lo que es contrario a lo dicho por Luis �ngel Aray�n quien indic� que en ese sitio se encontraban con Faiber Garc�a, Gonz�lez, Marcela Garc�a y Mauricio. Adem�s, expuso que en el contrainterrogatorio asegur� que nunca le hab�a observado navaja al victimario, pero cuando el fiscal le impugn� credibilidad mediante entrevista rendida con anterioridad, se�al� que efectivamente s� sac� navaja y se defendi�.

En torno a la declaraci�n de Rub�n Daza Castro, consider� que hab�a cometido una imprecisi�n en su relato debido a comentarios de terceros, pero la misma hab�a sido aclarada con el testimonio de Luis �ngel Aray�n Malambo. Razon� que la ira e intenso dolor no se configuraba en este caso porque no se hab�a presentado una provocaci�n o incitaci�n por parte de la v�ctima sino una cadena de agresiones verbales y f�sicas mutuas cuyo antecedente eran los problemas que de tiempo atr�s ten�an las familias de los implicados.

De acuerdo a lo anterior, tuvo por probado que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA mat� con dos pu�aladas en el miocardio a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera, sin que se evidenciara que su conducta estuviera amparada en la leg�tima defensa o que hubiera actuado con ira o intenso dolor, raz�n por la cual lo conden� a 228 meses y 6 d�as de prisi�n como autor del delito de �Homicidio�, as� como a las penas accesorias de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por un periodo igual a la pena principal; as� mismo, le neg� los subrogados de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y la prisi�n domiciliaria.

SUSTENTACION DEL RECURSO DE APELACI�N El apoderado del sentenciado, al sustentar el recurso de apelaci�n, afirm� que el juzgado de primera instancia analiz� el testimonio de Luis �ngel Aray�n Malambo de forma equivocada, pues este fue claro en manifestar que �l estuvo presente en el parque de Colombia, Huila, junto a Faiber Garc�a, Jhon Gonz�lez, Marcela Garc�a y el acusado cuando el occiso sali� con una botella despicada y atac� a este �ltimo inici�ndose un forcejeo y cayendo al piso, lo que demuestra el ataque de improvisto por parte de la v�ctima.

Asimismo, que en la agresi�n intervino un tercero conocido como �El Loco�, a quien junto con Faiber tuvieron que detener para que no agrediera con una piedra al procesado, situaci�n que respalda la leg�tima defensa alegada al acreditarse un ataque ilegitimo e inminente que oblig� a su prohijado a agredir al occiso con la navaja que llevaba en el bolsillo para salvaguardar su propia integridad y vida, que estuvieron en grave riesgo al punto de alcanzar a recibir serias lesiones en la regi�n escapular izquierda y codo.

Manifest� que de realizar un an�lisis l�gico y en sana cr�tica a las lesiones sufridas por su defendido, habr�a concluido que el finado tuvo por la espalda a JES�S MAURICIO, lo que demuestra que fue Jorge Enrique quien persigui� al acusado con el pico de botella. Critic� la incoherencia del testimonio de Rub�n Daza quien acomod� su versi�n a la situaci�n al contar que el acusado apu�al� a la v�ctima detr�s de un bus, lo que es contrario a lo dicho por Luis Ignacio Herrera Hern�ndez quien se�al� que la herida fue propinada cuando Jorge Enrique ten�a una rodilla en el suelo y la mano en la silla, lo que en su criterio le hace perder valor suasorio a esas declaraciones, ya que observan hechos diferentes a pesar de encontrarse tan cerca del lugar donde sucedieron los hechos.

Reproch� que a pesar de la mencionada incongruencia y otras incoherencias se le diera valor al testimonio de Rub�n Daza Castro, pero no al testimonio de Luis �ngel Aray�n Malambo cuando relat� c�mo sufri� las heridas su prohijado. Resalt� que Rub�n Daza dijo que la v�ctima no ten�a ninguna botella en la mano, mientras que Luis �ngel Aray�n fue claro en contar que Jorge Enrique s� ten�a un envase el cual despic� y cort� a su defendido, tal y como lo corrobora la estipulaci�n realizada con la fiscal�a. Igualmente destac� que tanto Rub�n Daza como Luis Ignacio Hern�ndez no fueron claros en dar a conocer quien persegu�a a quien, y siempre dijeron que el sindicado no estuvo herido ni en el establecimiento de Mercedes ni en Los Pomos, con lo que se refuerza lo dicho por Luis �ngel Aray�n Malambo cuando indic� que fue en el parque que JES�S MAURICIO fue herido por Jorge Enrique con una botella despicada.

Asegur� que en el presente caso nunca se present� una ri�a, ni en el parque ni en los episodios anteriores mencionados por los testigos, dado que jam�s hubo roce entre v�ctima y victimario sino �nicamente improperios. Explic� que aun de aceptarse que hubo una ri�a existen decisiones judiciales que contemplaban de manera excepcional le legitima defensa dentro de estas circunstancias, como lo explic� este Tribunal en sentencia proferida dentro del proceso 2011-00007-01 donde se indic� que se puede presentar �leg�tima defensa en el curso de una ri�a y esto cuando uno de los contendientes quebranta sustancialmente con deslealtad y ventaja las condiciones de lucha rompiendo as� la continuidad de los actos como expresara Carrara�, situaci�n que se present� en este caso cuando el occiso se le fue encima a su cliente, golpe�ndolo, tumb�ndolo e hiri�ndolo con una botella despicada, ayudado por su t�o quien quiso atacarlo con una piedra. Por �ltimo, argument� que a pesar de ser una figura totalmente diferente, se estructuraba la ira e intenso dolor a favor de su cliente, dado que en el estadero de Mercedes Jorge Enrique hab�a cacheteado y pateado a JES�S MAURICIO al punto de hacerlo ir del sitio, en el establecimiento Los Pomos le tir� una botella y en el parque lo agredi� con una botella, circunstancias que llevaron a su defendido, como le pasar�a a cualquier persona, a actuar bajo tal estado.

De esta forma, solicit� que se revocara la decisi�n de primera instancia y en su lugar se reconociera que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA le quit� la vida a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera en leg�tima defensa, o en su defecto, que actu� bajo un estado de ira e intenso dolor. CONSIDERACIONES A. Competencia: No existe discusi�n sobre la competencia de esta Sala de Decisi�n para asumir el conocimiento de este asunto en segunda instancia, dado que convergen los supuestos f�cticos de la norma 34, numeral 1�, del C.Pr.P. B. Problemas jur�dicos: En el sub j�dice se resolver� si las pruebas practicadas ponen al descubierto que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA seg� la vida de Jorge Enrique Rodr�guez Herrera bajo el amparo de la causal de ausencia de responsabilidad consagrada en el numeral 6�, del art�culo 32, del C.P., esto es, leg�tima defensa, caso en el cual se revocar� el veredicto confutado y se absolver� al encartado de los cargos enrostrados.

Adicionalmente, ante el evento de resolverse negativamente el anterior cuestionamiento, se establecer� si el sentenciado actu� en estado de ira e intenso dolor. C. Soluci�n a los problemas jur�dicos planteados La leg�tima defensa est� consagrada, como ya se anticip�, en el numeral 6�, del art�culo 32, del C�digo Penal, que a su tenor literal indica: �ARTICULO

32. AUSENCIA DE RESPONSABILIDAD.�No habr� lugar a responsabilidad penal cuando: (�) 6. Se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresi�n actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresi�n. Se presume la leg�tima defensa en quien rechaza al extra�o que, indebidamente, intente penetrar o haya penetrado a su habitaci�n o dependencias inmediatas.� (�) La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, explic� que la leg�tima defensa se configura cuando: �La causal de ausencia de responsabilidad del numeral 6� del art�culo 32 del C�digo Penal, de la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresi�n actual o inminente, permite a la persona proteger un bien jur�dicamente tutelado sea propio o ajeno, siempre que medie proporcionalidad.

Los elementos que la informan son: i) una agresi�n ileg�tima o antijur�dica que genere peligro al inter�s protegido legalmente; ii) el ataque ha de ser actual o inminente, esto es, que se haya iniciado o sin duda alguna vaya a comenzar y a�n haya posibilidad de protegerlo; iii) la defensa ha de resultar necesaria para impedir que el ataque se haga efectivo; iv) la entidad de la defensa debe ser proporcionada cualitativa y cuantitativamente es decir respecto de la respuesta y los medios utilizados; v) la agresi�n no ha de ser intencional o provocada.

Surge patente que en la eximente de responsabilidad en comento, la necesidad de la defensa est� determinada por la existencia previa o concomitante de una agresi�n, entendida �sta, en sentido lato, como la conducta intencional de otro orientada a producir da�o a un bien jur�dico, o en t�rminos legos, como el acto de acometer a alguien para matarlo, herirlo o hacerle da�o.� Al descender al caso de la especie, halla la Sala que se encuentra plenamente acreditado, con las prueba, (y sobre ello no hicieron reparo alguno las partes), que en la madrugada del 1� de mayo de 2011, en el parque principal del municipio de Colombia, Huila, JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA hiri� en dos ocasiones, con arma blanca tipo navaja, a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera, gener�ndole laceraciones en el pericardio, miocardio y endocardio de ventr�culo izquierdo del coraz�n, lo que desencaden� su muerte por asistolia.

Entonces, tanto la materialidad de la conducta de reproche como la autor�a de la misma, no ofrecen discusi�n. La defensa t�cnica atac� la decisi�n de primera instancia porque, seg�n aleg�, el juez no tuvo por acreditada la causal de ausencia de responsabilidad denominada �leg�tima defensa�, la que, conforme a su criterio, est� plenamente probada con las evidencias tributadas durante el juicio oral.

Esta Sala, de modo contrario al respetable argumento del apelante, considera que de las pruebas practicadas en este asunto no se avizora la configuraci�n de la referida eximente de responsabilidad; veamos porqu�: Empi�cese por recordar que, al momento de decidir, el juez est� obligado a realizar un an�lisis integral a todas las pruebas que presenten las partes, bajo el amparo de las reglas de la sana cr�tica, y una de ellas es la experiencia. Pues bien, es precisamente ese estudio de las evidencias cosechadas en esta causa, el que permite concluir, allende duda razonable, que JES�S MARICIO CRUZ MOLINA no le quit� la vida a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera por la necesidad de defender su integridad personal o su vida de una injusta agresi�n, actual o inminente, sino que lo hizo como desenlace de un curso causal cuyo g�nesis no fue un ataque a sus propios derechos, sino la enemistad surgida entre �l y la v�ctima que lo motiv� a tomar la decisi�n de ultimar a su contrincante, tal cual se deduce de los episodios hostiles que ambos hab�an protagonizado horas atr�s de los hechos que interesan a esta causa, de la conducta asumida por el acusado esa noche, y de la forma en que este finalmente acab� con la vida del hoy occiso.

Ab initio debe resaltar esta Colegiatura que cuando el sentenciado lesion� mortalmente a Jorge Enrique, no era la primera vez que ambos se enfrentaban aquella noche, pues horas antes se hab�an encontrado, en por lo menos dos ocasiones, en algunos establecimientos de comercio de la poblaci�n, lugares en donde hab�an protagonizado disputas en las que mostraron mutuamente sus intenciones de agredirse mortalmente.

De una parte, tenemos que los testimonios de Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Alejandro Daza Castro, Santos Yamid Cruz Ospina y Mercedes Serrato Galeano, son contestes en revelar que a inicios de la noche del 30 de abril de 2011, el acusado y el ahora occiso coincidieron en la fuente de soda de propiedad de Mercedes Serrato, ubicada en el casco urbano del municipio de Colombia, Huila, donde estuvieron bebiendo cerveza.

Estos testigos tambi�n concuerdan en manifestar que entre sentenciado y v�ctima surgi� un altercado. Sin embargo, el testigo Luis Ignacio Herrera Hern�ndez no pudo identificar qui�n de los dos inici� el problema, as� como tampoco lo pudo hacer Alejandro Daza Castro quien solo manifest� que sindicado y v�ctima intercambiaron pu�etazos y cachetadas, sin especificar cu�l de ellos propici� la reyerta.

En cambio, Santos Yamid Cruz Ospina fue m�s claro en su relato y logr� refinar la situaci�n, pues cont� que al llegar a la mencionada fuente de soda, junto con su primo, CRUZ MOLINA, observ� que en el lugar se encontraban los Herrera, haciendo con ello referencia al interfecto y a su t�o. All�, junto al acusado, se tomaron 2 cervezas, pero por insistencia de este �ltimo adoptaron la decisi�n de irse de ese sitio.

Afirm� que saliendo del lugar, el finado, quien estaba ubicado cerca del port�n, le propin� una patada y una cachetada al sentenciado, raz�n por la cual tuvieron que devolverse y optaron por salir por otro port�n. Refiri� que al salir por esa otra parte se encontraron de nuevo con Jorge Enrique quien, acompa�ado de otras personas y vali�ndose de una botella despicada, trat� de lesionar al acusado sin lograr tal prop�sito porque este lo esquiv� d�ndole vueltas a un cami�n turbo que se encontraba parqueado en ese sitio; no obstante, al alejarse del lugar, aquellos les lanzaron una botella con el prop�sito de herirlos, la que no logr� impactarlos.

La historia contada por Cruz Ospina fue corroborada por Mercedes Serrato Galeano, propietaria de la mencionada fuente de soda, quien al igual que Santos Yamid Cruz Ospina dio a conocer que a comienzos de la noche de aquel 30 de abril de 2011, JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, al igual que Jorge Enrique Rodr�guez Hern�ndez, se encontraban en su local y en mesas separadas tomando cerveza, cuando vio que el occiso le propin� una patada y una cachetada al sentenciado, raz�n por la cual este opt� por ingresar, en compa��a de Santos Yamid, a la casa de la testigo que quedaba unida a su negocio, a fin de resguardarse de las agresiones.

Narr� que el procesado y Santos Yamid estuvieron dentro de su casa por alrededor de 20 minutos, y que luego salieron a la calle por una puerta que quedaba en el pasillo de su casa y que era una salida diferente a la del establecimiento de comercio. Se�al� que al salir de la vivienda, JES�S MAURICIO y Santos Yamid fueron objeto de hostigamientos por parte de Jorge Enrique y otras personas que estaban afuera, quienes trataron de lesionarlos lanz�ndoles una botella, agresi�n que el acusado y su acompa�ante lograron evitar al salir por detr�s de un cami�n tipo turbo que estaba estacionado en ese lugar.

Estos testimonios, en especial el de la se�ora Mercedes Serrato Galeano, a quien no se le observa alg�n inter�s en las resultas del proceso por ser ajena a los hechos y no tener cercan�a ni con el acusado ni con la v�ctima, permiten tener por demostrado que en los albores de la noche del 30 de abril de 2011, aproximadamente a las 7:00 u 8:00 p.m., en la fuente de soda de propiedad de la testigo, Jorge Enrique Rodr�guez Hern�ndez agredi� de una patada y cachetada a JES�S MAURICIO y, minutos m�s tarde, al salir el acusado con su acompa�ante por una puerta alterna, trat� nuevamente de lesionarlo, primero utilizando una botella despicada y luego lanz�ndole un envase sin lograr alcanzar a su objetivo.

En otras palabras, all� no se present� una ri�a propiamente dicha, sino que hubo una agresi�n unilateral por parte del hoy difunto al acusado, la que no pas� a mayores debido a las maniobras evasivas que realizaron este y su acompa�ante, Santos Yamid Cruz Ospina. Aparte del anterior suceso, los testigos escuchados en juicio oral tambi�n dieron cuenta de otro enfrentamiento entre sentenciado y v�ctima, y que acaeci� horas m�s tarde en el establecimiento de raz�n social �Los Pomos�, tambi�n ubicado en el municipio de Colombia, Huila.

De este nuevo suceso dieron informaci�n Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero Jim�nez, Alejandro Daza Castro, Jhon Fredy Rojas Salas, Rub�n Daza Castro, Luis �ngel Aray�n Malambo y Duver Ram�rez Bustos. Todos ellos, uniformemente, ilustraron que pasada la media noche de ese d�a JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA y Jorge Enrique Rodr�guez Herrera estaban en la discoteca �Los Pomos�, cuando se form� entre ellos una disputa en la que se lanzaron botellas.

Luis Ignacio Herrera Hern�ndez manifest� que estando en la discoteca �Los Pomos�, entre acusado y v�ctima inici� una confrontaci�n en la que los implicados intercambiaron algunos pu�os. Por su parte, Deisy Trujillo, dijo que mientras estaba bailando se dio cuenta que entre procesado y occiso empez� una disputa en la que se lanzaron botellas; empero, ninguno de estos dos declarantes pudo determinar, a ciencia cierta, qui�n fue el que inici� el altercado.

En cambio, Yamid Quintero Jim�nez, quien acompa�aba a la v�ctima, s� se�al� a JES�S MAURICIO como la persona que inici� la reyerta al lanzar una botella a la mesa donde se encontraba Jorge Enrique, lo que corrobor� Rub�n Daza Castro quien adem�s inform� que result� herido a consecuencia de los vidrios expulsados por los envases rotos. Con todo, contrario a lo anterior, Luis �ngel Aray�n Malambo indic� que entre sentenciado y occiso hubo un intercambio de insultos, luego de los cuales este �ltimo empez� a lanzar botellas.

Duver Ram�rez Bustos tambi�n afirm� que fue Jorge Enrique quien promovi� el conflicto al lazarle botellas al procesado. De estas opuestas versiones no es posible determinar con certeza qui�n fue el que inici� las agresiones; si fue el sindicado o acaso la v�ctima; no obstante, lo que s� se evidencia, es que en este segundo encuentro ya no hubo una agresi�n unilateral por parte de Jorge Enrique a JES�S MAURICIO, como hab�a sucedido horas antes en la fuente de soda de la testigo Mercedes Serrato Galeano, sino que esta vez s� se trab� una ri�a entre ambos en la que cada uno despleg� conductas encaminadas a lesionar a su adversario, para cuyo fin se valieron de palabras ofensivas y posteriormente envases de vidrio que se arrojaron mutuamente.

As� lo dieron a conocer los testigos de ambas partes. De un lado Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, quien dijo que estando en el estadero �Los Pomos� se dio cuenta que entre acusado e interfecto se form� una discusi�n y se lanzaron algunos pu�etazos. Por su parte, Luis �ngel Aray�n Malambo, afirm� que en el momento cuando JES�S MAURICIO se dirigi� al ba�o, el finado tambi�n se levant� y se dirigi� en la misma direcci�n y al encontrarse con el otro se insultaron y Jorge Enrique inst� a JES�S MAURICIO a matarse, posterior a lo cual le lanz� unos �botellazos�.

Como puede verse, las declaraciones de estos �ltimos testigos presentados por fiscal�a y defensa son mucho m�s coherentes y revelan con mayor fidelidad lo que verdaderamente aconteci� a la media noche del 30 de abril de 2011, en el establecimiento �Los Pomos�, en tanto ambos testigos, sin ning�n reparo, aceptan que sus compa�eros de andanzas s� tuvieron una confrontaci�n en la que se trataron con palabras soeces y luego utilizaron, a guisa de armas, algunas de las botellas de vidrio de las bebidas que expend�an en el sitio, lanz�ndolas a su adversario.

Tal situaci�n refleja con mayor lealtad lo que sucedi� entre JES�S MAURICIO y Jorge Enrique, cuyas familias eran rivales de anta�o seg�n lo cont� Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, de tal suerte que cuando se encontraron en una discoteca, a altas horas de la noche, los �nimos estaban sobresaltados debido al impase de horas antes y al influjo de bebidas embriagantes consumidas por ambos.

Y no como quisieron hacerlo ver Yamid Quintero Jim�nez, Rub�n Daza Castro y Duver Ram�rez Bustos, quienes solamente se�alan a uno u otro como el �nico responsable de la disputa, lo que delata sus �nimos de beneficiar, en torno a este especifico punto, los dos primeros a Jorge Enrique y el �ltimo al sentenciado, mas no el de reflejar lo realmente acontecido.

Otra revelaci�n importante que surgi� en esta nueva confrontaci�n, fue que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA descubri� al p�blico su intenci�n asesina. N�tese que Luis Ignacio Herrera Hern�ndez coment� que durante la discusi�n que sostuvo su sobrino con el sentenciado, este sac� un arma blanca, la que no describi�, y dijo que ten�a que matar a la v�ctima.

Tal cosa tambi�n fue dada a conocer, de manera concordante, por la testigo Deisy Trujillo, quien coment� que al darse cuenta del problema sac� a Jorge Enrique de �Los Pomos�, y una vez afuera vio cuando el acusado, a quien no distingu�a bien, desde la pista de baile del establecimiento, en varias oportunidades y en medio de groser�as, le dec�a al hoy occiso que esa noche lo iba a matar, �que estaba sentenciado�, y al mismo tiempo exhib�a en una de sus manos un arma blanca que caracteriz� como una navaja �pate-cabra�, cuya hoja met�lica por un lado tenia filo y por el otro serrucho.

Yamid Quintero fue otra de las personas que dio raz�n de la intenci�n asesina del sentenciado, como que cont� que una vez Deisy Trujillo sac� de �Los Pomos� a Jorge Enrique, JES�S MAURICIO tambi�n sali� y, portando un arma blanca, varias veces dijo que esa noche ten�a que matar a la v�ctima. En similares t�rminos lo narr� para la causa el se�or Rub�n Daza Castro.

Por si lo anterior no fuera suficiente, tenemos a Alejandro Daza Castro, esposo de Deisy Trujillo, quien declar� que aquella noche, mientras estaba en la discoteca �Los Pomos�, le toc� intervenir en el conflicto porque una vez su esposa sac� del lugar a Jorge Enrique, vio que el sentenciado CRUZ MOLINA se fue detr�s con una �pu�aleta en la mano�, raz�n por la que se interpuso en su camino y lo detuvo.

Luego trat� de persuadirlo para que desistiera de su intenci�n, pero el procesado le contestaba que el problema no era con �l y que ten�a que matar a la v�ctima. La �pu�aleta� la describi� como de aquellas que por un lado tiene filo y por el otro serrucho, de aproximadamente unos 15 cm. de largo. Entonces, aunque es posible colegir que los mencionados testigos, dada su cercan�a con la v�ctima, est�n tergiversando los hechos para poner al acusado como el victimario, lo cierto es que para la Sala no hay duda alguna de la veracidad de sus dichos por cuanto en el juicio oral tambi�n declar� Jhon Fredy Rojas Salas, persona considerada altamente fiable a ra�z de su mayor afinidad con el propio JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, y a la que no puede endilg�rsele un �nimo vindicativo como eventualmente s� se podr�a atribuir a los restantes testigos de cargo, amigos del occiso.

Pues bien; ha de destacarse que el referido declarante cont� que conoc�a de a�os atr�s al acusado y a Jorge Enrique. Relat� que esa noche, esto es, entre el 30 de abril y 1 de mayo de 2011, ingres� a la discoteca �Los Pomos�, lugar en el que estaba JES�S MAURICIO, quien le brind� un trago. Igualmente refiri� que se sent� a acompa�ar al procesado y se tom� el trago, instante en el cual CRUZ MOLINA le manifest� en varias ocasiones que esa noche iba a matar a Jorge Enrique, sin que le indicara un motivo para ello a pesar de que varias veces lo interrog� al respecto.

Igualmente le mostr� una navaja que el testigo identific� como una �pate-cabra�. En su relato, este deponente asegur� que luego de conversar con el sentenciado, se fue a bailar a la pista del establecimiento, y estando en esa actividad se percat� de una disputa en la que participaba JES�S MAURICIO y en la que estaban lanzando botellas, motivo por el que lo cogi� y lo sac� del sitio, llev�ndolo en direcci�n a la salida del pueblo a fin de evitarle problemas, pues sab�a que portaba una navaja.

Expuso, tambi�n, que estando en la calle y a una distancia aproximada de 20 a 30 metros de la discoteca �Los Pomos�, el acusado nuevamente le mostr� la navaja �pate-cabra�, la que cargaba ahora en la mano, y que en varias oportunidades le reiter� que esa noche iba a matar a Jos� Enrique, sin darle a conocer los motivos para ello, pese a que varias veces se lo pregunt�.

Rememor� Jhon Fredy Rojas Salas, que despu�s de este �ltimo encuentro se alej� del sentenciado y se fue nuevamente para �Los Pomos�, donde se reuni� con sus propios amigos. La Sala, entonces, considera que este testigo est� revestido de mayor imparcialidad y fiabilidad que los de los restantes testigos de cargo y de descargo, debido a su simpat�a con el procesado al que la noche de los hechos trat� de proteger aconsej�ndolo para que desistiera de su prop�sito criminal a fin de evitarle los problemas legales que precisamente hoy lo embargan, por lo que ser�a err�neo intuir que, dado el antecedente, sin ninguna justificaci�n ahora s� tenga el �nimo perverso de querer perjudicarlo contando unos sucesos no apegados a la realidad de lo acontecido.

El testimonio bajo juramento de Jhon Fredy Rojas Salas reviste una importancia superlativa para el esclarecimiento de los hechos, porque evidencia que no es ficci�n lo narrado por los versionistas Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero, Rub�n Daza Castro y Alejandro Daza Castro, sino que corresponde a la realidad de lo sucedido la noche del 30 de abril y madrugada del 1 de mayo de 2011, en la discoteca �Los Pomos�, lugar donde JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA revel� p�blicamente su intenci�n de asesinar a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera aquella noche, adem�s que exhibi� la navaja tipo �pate-cabra� que posteriormente utilizar�a para consumar el punible.

As� mismo, sirve aquella declaraci�n para desmentir las versiones de Luis �ngel Aray�n Malambo y Duver Ram�rez, quienes siempre pretendieron mostrar al sentenciado como alguien inerme que jam�s alberg� la intenci�n de matar a su rival, y que prefer�a huir de cualquier confrontaci�n con Jorge Enrique. Ahora bien; esos sucesos acaecidos minutos antes del desenlace fatal y debidamente acreditados en la actuaci�n, estructuran un grave indicio de que el homicidio de Jorge Enrique Rodr�guez Herrera no ocurri� como consecuencia de una acci�n defensiva desplegada por JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, sino que ello fue producto de una idea premeditada que el sentenciado ten�a desde que estaba en la discoteca �Los Pomos�, la que consum� minutos m�s tarde en el parque central de la localidad ya mencionada, cuando el occiso estaba desprevenido.

Es que solo basta con analizar detenidamente la forma en que se consum� el homicidio y que fue dada a conocer por las personas que lo presenciaron, para colegir que fue JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA quien alevemente atac� a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera cuando este estaba descuidado, y no al rev�s como lo pretende hacer creer la defensa en su teor�a del caso.

Por una parte, Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, t�o de la v�ctima, expuso que despu�s de que Deisy Trujillo sac� a Jorge Enrique del establecimiento �Los Pomos� se dirigieron hacia una casa que la mam� de la v�ctima ten�a en Colombia, Huila, y que se ubicaba en la misma direcci�n del parque central. Mencion� que al pasar frente a una bomba de gasolina cercana se devolvi� y compr� dos cervezas, una se la pas� a Jorge Enrique y la otra se la qued� �l, luego se dirigieron caminando hacia el parque mientras se las tomaban, y una vez llegaron al lugar la v�ctima se qued� cerca de una banca conversando con Rub�n Daza Castro y Yamid Quintero, mientras que el testigo se alej� aproximadamente unos 20 metros para llamar a Alejandro; en ese momento escuch� que algunas personas gritaban �lo mat�, por lo que al voltear la mirada para curiosear lo que suced�a vio el momento en que JES�S MAURICIO le asestaba las pu�aladas a su sobrino. Especific� que al voltear la mirada observ� que su familiar ten�a una rodilla en el suelo y la mano sobre la banca mientras que el acusado estaba de frente agredi�ndolo con un arma blanca a la altura del pecho.

Afirm� que Jorge Enrique trat� de defenderse utilizando la botella que ten�a en la mano, la que impulsaba contra el procesado, pero no pudo darse cuenta si con esta acci�n lo hab�a impactado. Narr� que inmediatamente JES�S MAURICIO cometi� la agresi�n sali� corriendo por la calle principal en direcci�n a �Los Pomos�, y que �l trat� de darle alcance en una persecuci�n infructuosa.

Respecto a lo sucedido con su sobrino luego del ataque, dijo que Yamid lo recogi� y se lo llev� al hospital. La anterior versi�n de los hechos coincide plenamente con lo manifestado por Yamid Quintero Jim�nez, quien cont� que Deisy Trujillo se llev� a Jorge Enrique fuera de la discoteca �Los Pomos� y se dirigieron hacia el parque central del municipio, lugar al que �l tambi�n lleg� momentos despu�s. Explic� que a Jorge Enrique lo sentaron en una banca del parque donde qued� en compa��a de Rub�n, momento en el que vio cuando JES�S MAURICIO, de forma repentina, se abalanz� de frente contra el occiso y con arma blanca le propin� dos pu�aladas, luego de lo cual sali� corriendo siendo perseguido por Luis Ignacio quien no pudo darle alcance.

Puntualiz� que cuando el occiso era agredido por el acusado trat� de defenderse con una botella que ten�a en la mano. El mismo testigo mencion� que pudo observar el homicidio porque estaba junto a �Cristian, Faber, Enel Montero�, a unos 5 metros de distancia del lugar donde fue ultimado Jorge Enrique. Por su parte, Rub�n Daza Castro, aunque difiere en ciertos aspectos de la forma en que se desarrollaron los hechos, en lo medular concuerda con los anteriores testigos al se�alar que en la madrugada del 1 de mayo de 2011 se encontraba junto con el occiso en una banca del parque del municipio de Colombia, Huila, cuando de repente apareci� JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA portando una �pu�aleta� y se abalanz� contra el occiso para tratar de lesionarlo.

Sin embargo, en lo que s� presenta diferencia con las otras versiones de cargo, es que cont� que la v�ctima no fue apu�alada en el sitio de la banca, sino que ello ocurri� detr�s de un bus que se encontraba parqueado cerca, pues una vez el sentenciado se abalanz� contra Jorge Enrique, este reaccion� y corri� detr�s del automotor, tratando de esquivar al agresor, pero al salir de detr�s del veh�culo se �desgonz� en los pies de su t�o Luis Ignacio.

Al continuar con la historia de lo sucedido, nuevamente coincide con los relatos de Luis Ignacio Herrera Hern�ndez y Yamid Quintero Jim�nez, al contar que una vez el procesado apu�al� a Jorge Enrique, sali� corriendo siendo perseguido por el t�o de la v�ctima sin que pudiera alcanzarlo. Estos testimonios, salvo la notable diferencia de versi�n de los hechos contada por Rub�n Daza Castro, escenifican perfectamente lo que sucedi� en la madrugada del 1 de mayo de 2011, en la que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, con dolo y de forma intempestiva, en el parque del municipio de Colombia, Huila, atac� a Jorge Enrique Rodr�guez Herrera aprovech�ndose que este se encontraba desprevenido conversando con Rub�n Daza Castro, lo que le impidi� ejercer una apropiada defensa para repeler a su agresor y salvaguardar su vida, al punto que a pesar de ser embestido de frente no pudo rebatir el ataque siendo herido mortalmente, con arma blanca, dos veces en el pecho, pudiendo �nicamente blandir infructuosamente una botella de cerveza que ten�a en su mano. Puestas las cosas en este lugar, la Sala se aparta del razonamiento realizado por el juzgado de primera instancia en cuanto no considera que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA le haya quitado la vida a Jorge Enrique en medio de una ri�a, sino que, por el contrario, se avizora que las pruebas practicadas lo que reflejan es un ataque unilateral por parte del acusado en momentos en que la v�ctima ya no se encontraba en confrontaci�n, circunstancia esta que no conlleva un cambio sustancial en torno a la materialidad y responsabilidad en el punible de homicidio por el cual se procesa a CRUZ MOLINA.

En cambio, s� acert� el juez a quo cuando no otorg� credibilidad a los testimonios de Luis �ngel Aray�n Malambo y Duver Ram�rez Bustos, porque de sus versiones se desprende una acomodaci�n de los hechos con el �nico fin de favorecer al acusado. Nada m�s obs�rvese que los dos testigos referidos, aunque aseguraron haber compartido con el procesado dentro del establecimiento �Los Pomos� y darse cuenta del altercado que all� se present� con Jorge Enrique, negaron rotundamente haber visto que JES�S MAURICIO portara navaja.

Tales manifestaciones no son cre�bles porque el procesado, aquella noche, empu�� una navaja a plena vista del p�blico presente en la discoteca, arma con la que amenaz� de muerte a la v�ctima, como lo dieron a conocer Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero, Rub�n Daza y Alejandro Daza Castro, y lo confirm� Jhon Fredy Rojas Salas, coincidiendo todos ellos en que se trataba de una �pate-cabra�.

Si los testigos de la defensa hubieran sido veraces en sus declaraciones, habr�an aceptado que el acusado, cuando estuvo en la discoteca �Los Pomos�, llevaba consigo una navaja, la que blandi� en p�blico; pero, contrario a ello, encaminaron sus esfuerzos por tratar de hacer creer lo contrario. Y no es aceptable pensar que estos dos testigos no pudieron ver el arma blanca que cargaba su amigo aquella noche, dado que si la misma fue observada por terceros, lo m�s factible es que tambi�n debi� ser vista por ellos, en especial cuando estuvieron departiendo con el acusado en la discoteca, y presenciaron el altercado que este protagoniz� con Jorge Enrique.

De igual forma, no es veros�mil lo afirmado por Luis �ngel Aray�n Malambo y Duver Ram�rez Bustos, al decir que mientras JES�S MAURICIO estuvo en la discoteca �Los Pomos� siempre trat� en lo posible de evitar el enfrentamiento con Jorge Enrique, por lo que opt� por abandonar el lugar. En este proceso qued� demostrado que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, contrario a lo dicho por los mencionados deponentes, no fue una persona tranquila que tratara de evadir el conflicto con la v�ctima mientras estuvo en el establecimiento �Los Pomos�, como s� lo hizo horas antes en la fuente de soda de Mercedes Serrato Galeano. En la discoteca su comportamiento fue agresivo, hostil, proclive a la ri�a, incluso desde antes de que se empezaran a lanzar botellas con Jorge Enrique, y por cuya cabeza ya rondaba la idea de matar al oponente, prop�sito criminal que inicialmente dio a conocer a Jhon Fredy Rojas Salas cuando lo invit� a tomarse un trago y que intent� materializar con navaja en mano luego del cruce de botellas, pero que no logr� debido a que Deisy Trujillo r�pidamente sac� a Jorge Enrique del local, y porque Alejandro Daza Castro le cerr� el paso.

Adem�s, porque Jhon Fredy Rojas Salas agarr� al sentenciado y se lo llev� en direcci�n a la salida del pueblo a una distancia aproximada de 20 metros de la discoteca. Estos hechos por ning�n motivo pudieron pasar inadvertidos para Luis �ngel Aray�n Malambo y Duver Ram�rez Bustos, pues esa noche acompa�aron al procesado, aunque, con el �nimo de favorecerlo, narran una realidad diferente a la que verdaderamente aconteci�, en la que solo atinan a decir, el primero de ellos, que JES�S solo se puso bravo, y el segundo, que este no puso cuidado a la situaci�n y solo se fue del lugar.

Ahora, en lo que tiene que ver con el preciso momento en el que JES�S MAURICIO le quit� la vida a Jorge Enrique, ambos testigos aducen que fue la v�ctima quien atac� y que el sentenciado lo �nico que hizo fue defenderse. Empero, para la Sala, como viene de verse, estas versiones no reflejan la forma en que se desarroll� ese suceso. Los testigos coinciden en afirmar que cuando el sentenciado pasaba por el parque de la referida municipalidad, Jorge Enrique le sali� al paso a JES�S MAURICIO y con una botella despicada, en la mano, se le abalanz� con la intenci�n de lastimarlo.

Lo que sucedi� despu�s, var�a entre uno y otro testigo. Por una parte, Luis �ngel Aray�n Malambo cont� que una vez Jorge Enrique atac� al procesado, hubo un forcejeo en el que ambos cayeron al piso, lugar en el que siguieron luchando por un breve lapso, luego de lo cual el sentenciado se levant� y arranc� a correr siendo perseguido por la v�ctima que metros adelante cay� al suelo.

Expres� que no vio al sentenciado utilizar navaja para defenderse, y solo se dio cuenta de las pu�aladas que sufri� Jorge Enrique cuando Faiber, persona que presuntamente tambi�n transitaba con el acusado, le dio la vuelta al cuerpo del occiso que se encontraba tirado en el piso. De otro lado, Duver Ram�rez Bustos, expuso que cuando pasaba en compa��a del acusado y otras personas por los lados del parque municipal, observ� que Jorge Enrique sali� de forma improvista de atr�s de unos �arbolitos� que se hallaban en el lugar, seguidamente rompi� una botella en el suelo y se abalanz� contra JES�S MAURICIO a quien atac� hiri�ndolo con cortes en la espalda y el brazo, luego de lo cual el procesado cay� al piso donde sigui� recibiendo patadas por parte del occiso.

Detall� que JES�S MAURICIO, de un momento a otro, logr� levantarse del suelo y golpear a Jorge Enrique, e inmediatamente sali� corriendo. Al igual que Luis �ngel Aray�n Malambo, asegur� no haber visto que el sentenciado cargara o utilizara en ese momento una navaja. Tales atestaciones bosquejan innegables y graves contradicciones que les restan verosimilitud.

Es que no se entiende c�mo, mientras Luis �ngel Aray�n Malambo dijo que acusado y v�ctima cayeron al suelo en donde forcejearon, Duver Ram�rez Bustos da una versi�n diferente al se�alar que el �nico que cay� al piso fue el sentenciado y que estando all� sigui� recibiendo patadas por parte de Jorge Enrique. Si los testigos de la defensa estuvieran diciendo la verdad de lo que sucedi� aquella madrugada del 1 de mayo de 2011, no se presentar�an esta serie de contradicciones en sus versiones, sino que los relatos guardar�an mejor coherencia y similitud en cuanto a la forma en que se desarroll� el presunto ataque por parte de la v�ctima; sin embargo, as� no acontece.

En cambio, al analizar los relatos de Luis Ignacio Herrera Hern�ndez y Yamid Quintero Jim�nez, se encuentra que los mismos s� son contestes en dar a conocer la forma en que JES�S MAURICIO lesion� mortalmente a Jorge Enrique cuando este se encontraba en una banca del parque central del ya referido pueblo huilense. Igual de inveros�mil es la posici�n de inferioridad que dicen los testigos de la defensa asumi� el acusado cuando fue supuestamente atacado por la v�ctima.

Duver Ram�rez Bustos afirm� que luego del ataque y los cortes el acusado cay� al suelo donde sigui� recibiendo patadas, y Luis �ngel Aray�n Malambo asegur� que entraron en un forcejeo en el que ambos se fueron al piso, lugar donde Jorge Enrique logr� posicionarse por encima de la espalda del sentenciado lo que aprovech� para cortarlo en espalda y brazo.

Fuera de las incongruencias ya mencionadas, de las anteriores versiones claramente se desprende que los testigos tratan de se�alar a JES�S MAURICIO como la v�ctima, para lo cual recurren a situarlo en la escena de los hechos en una posici�n desventajosa en la que el occiso ejerc�a superioridad, lo que no corresponde a la realidad que revelan las dem�s pruebas practicadas.

Es que si Jorge Enrique hubiera tenido la ventaja en el ataque, otro habr�a sido el desenlace. T�ngase en cuenta que si la intenci�n del occiso era lesionar de gravedad o incluso quitarle la vida al acusado utilizando para ello un envase despicado como lo afirmaron los testigos de la defensa, al haberlo tenido bajo sus pies, o estar sobre su espalda, f�cilmente habr�a logrado su cometido.

Pero, contrario a ello, el procesado solo sufri� un corte en la espalda y otro en su codo, la que en comparaci�n con las lesiones padecidas por Jorge Enrique, son heridas menores que no afectaron �rganos vitales. Y aunque la defensa afirm� que con la estipulaci�n realizada con la fiscal�a en el que dieron por probada la existencia de heridas en el cuerpo de JES�S MAURICIO se demostraba que el occiso s� tuvo por la espalda a su cliente, lo cierto es que ese convenio no tiene el alcance que el abogado le pretende dar, ya que con el mismo las partes solo dieron por probado que el sentenciado sufri� unas cortadas en la espalda y codo, pero nunca se dijo que con tal estipulaci�n probatoria se daba por hecho indiscutible que Jorge Enrique, aquella madrugada, logr� posicionarse por detr�s de su agresor para lastimarlo.

Igualmente, las cortadas de JES�S MAURICIO tienen una explicaci�n razonable que fue dada a conocer por Luis Ignacio Herrera Hern�ndez y Yamid Quintero Jim�nez, y es que las mismas las caus� Jorge Enrique cuando vanamente trat� de defender su vida para lo cual utiliz� la botella de cerveza que ten�a en la mano, la que impuls� en varias ocasiones contra su asesino pero que en �ltimas no sirvi� para evitar ser herido mortalmente.

Precisamente el �rea del cuerpo donde Jorge Enrique fue herido, esto es, el pecho, refuerza lo dicho por los testigos de cargo que presenciaron el homicidio, cuando afirmaron que el acusado atac� de frente. Tambi�n sirve para descartar que JES�S MAURICIO haya apu�alado a Jorge Enrique en defensa propia, ya que no fue una sino dos las veces que incrust� su navaja en el cuerpo de la v�ctima, y no lo hizo en cualquier parte del cuerpo de su oponente sino que escogi� el pecho con lo que logr� afectarle el coraz�n, lo que demuestra que la intenci�n del sentenciado siempre fue la de cercenarle la vida para lo cual escogi� un punto anat�mico que sab�a era de vital importancia. Otra disparidad entre las declaraciones de los testigos de la defensa tiene que ver con la presencia de un segundo agresor.

Luis �ngel Aray�n Malambo dijo que en el parque, aparte de Jorge Enrique, se present� una persona que apodan �El Loco�, y que el defensor identifica como Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, t�o de la v�ctima, quien con una piedra que ten�a en la mano trat� de lastimar al acusado por lo que el testigo tuvo que intervenir y detenerlo. Duver Ram�rez Bustos tambi�n declar� que el t�o de la v�ctima se encontraba en el lugar de los hechos, pero a diferencia del testigo anterior, no lo se�al� como un segundo agresor.

En efecto, Luis Ignacio Herrera Hern�ndez s� estaba en el mismo parque donde Jorge Enrique fue ultimado, solo que se encontraba a una distancia aproximada de 20 metros con relaci�n a su sobrino, y a diferencia de lo que manifest� Luis �ngel Aray�n Malambo, no particip� ni intervino en ese enfrentamiento, salvo una breve persecuci�n al agresor, como �l mismo lo dio a conocer y como fue confirmado por Yamid Quintero Jim�nez.

Si Luis Ignacio Herrera Hern�ndez hubiera tratado de lastimar a JES�S MAURICIO utilizando una piedra, como lo alega la defensa, es evidente que Duver Ram�rez Bustos tambi�n debi� haberse percatado de ello; sin embargo, ello no ocurri�. Este disentimiento entre uno y otro testigo de descargo, es otra muestra de que Luis �ngel Aray�n Malambo no dio a conocer los hechos como en verdad acontecieron, sino que los tergivers� para favorecer al acusado, lo que hizo incluyendo un agresor m�s con el fin de dar realce a la presunta desventaja en que se encontraba JES�S MAURICIO.

Lo expuesto, no permite dar credibilidad a las declaraciones de los testigos de la defensa, puesto que, en este proceso, qued� demostrado que sus relatos no reflejan de forma fidedigna lo que acaeci� la ma�ana del 1 de mayo de 2011, sino que est�n acomodados para favorecer al sentenciado. Ahora bien, resulta cierto que la declaraci�n de Rub�n Daza Castro presenta serias falencias que le restan poder suasorio a su versi�n de los hechos; empero, esta situaci�n no tiene la trascendencia necesaria para exonerar de responsabilidad a JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA por el delito de homicidio del que fue condenado.

Es que si le rest�ramos toda credibilidad a la declaraci�n de Daza Castro, todav�a subsiste en el dossier prueba suficiente que acredita que el sentenciado, la madrugada de marras, de forma dolosa y premeditada caus� la muerte de Jorge Enrique, tal y como se extrae de los testimonios de Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero Jim�nez, Alejandro Daza Castro y Jhon Fredy Rojas Salas.

Conforme al an�lisis realizado por esta Sala, se desecha de plano que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA hubiera actuado bajo la causal de ausencia de responsabilidad por ejercer su leg�tima defensa, porque las pruebas pusieron al descubierto que el asesinato lo cometi� dolosamente luego de concebir ese prop�sito desde que estaba en el establecimiento �Los Pomos� y que materializ� horas m�s tarde en el parque principal de Colombia, Huila.

De otra parte, tampoco es viable reconocer a favor del sentenciado la disminuyente punitiva de ira e intenso dolor peticionado por la defensa. El atenuante rogado est� consagrado en el art�culo 57 del C�digo Penal, que dicta: �ARTICULO 57. IRA O INTENSO DOLOR. El que realice la conducta punible en estado de ira o de intenso dolor, causados por comportamiento ajeno grave e injustificado, incurrir� en pena no menor de la sexta parte del m�nimo ni mayor de la mitad del m�ximo de la se�alada en la respectiva disposici�n.� La Corte Suprema de Justicia tiene dicho que la ira e intenso dolor se configura cuando: �Ahora bien, en punto de la figura consagrada en el art�culo 57 del C�digo Penal, se debe recordar que su reconocimiento requiere la demostraci�n de todos sus elementos, esto es, i) un acto de provocaci�n grave e injusto; ii) la reacci�n del agente bajo un estado an�mico alterado -ira o intenso dolor-, y iii) una relaci�n causal entre ambas conductas.� En especial, nuestro superior funcional explic� que en los casos en que no haya inmediatez entre el agravio injusto y la conducta punible que se afirma se realiz� bajo ira e intenso dolor, se debe hacer un estudio riguroso del caso a fin de corroborar que la reacci�n fue producto de la situaci�n emocional afectante.

En estos t�rminos se pronunci�: �Pero tambi�n se ha destacado en orden a nutrir de mayor certeza el contenido y alcance de la figura, que deben ser objeto de rigurosa valoraci�n aquellos casos en que la reacci�n carece de la inmediatez suficiente que permita entenderla como efecto de esa situaci�n emocional afectante del propio dominio de los actos, con conductas de diversa especie que vienen a presentarse dentro de un escenario temporo espacial distinto y que suelen desligarse del est�mulo original y del �mbito protector con su sanci�n atemperada que la ley ha previsto y a situarse en cambio como especies de vindicaci�n o represalia, que no admiten la degradaci�n punitiva ni un tratamiento consiguientemente ben�fico por la ley, sin que desde luego en todos los casos el simple transcurso del tiempo entre la ofensa y la reacci�n sea suficiente por s� para desconocer el estado de ira, ya que puede ocurrir que el agravio perdure por cierto lapso en el ofendido y surja la reacci�n violenta como consecuencia de un comportamiento que, en todo caso, debe ostentar las caracter�sticas de ser �grave e injustificado� De acuerdo a la citada norma, a los pronunciamientos de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y al trasluz de los hechos revelados por el acervo probatorio, se concluye que JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA no le quit� la vida a Jorge Enrique estando bajo un estado de ira e intenso dolor.

En el presente caso, qued� evidenciado que Jorge Enrique inici� el conflicto en la fuente de soda de Mercedes Serrato Galeano, al propinarle una cachetada y un puntapi� al acusado y, posteriormente, a la salida del lugar, cuando trat� de lesionarlo lanz�ndole un envase. Tambi�n qued� demostrado que horas m�s tarde, entre acusado y v�ctima, surgi� una nueva disputa, esta vez en la discoteca �Los Pomos�, all� se agredieron mutuamente, primero con insultos y luego lanz�ndose botellas de licor.

No hay ninguna duda que la muerte de Jorge Enrique ocurri� tiempo despu�s cuando se encontraba en una banca del parque central del poblado aquel. Lo anterior deja entrever que la conducta homicida del enjuiciado no fue una reacci�n directa e inmediata al proceder de la v�ctima cuando estuvo en la fuente de soda de Mercedes, o de la ri�a suscitada entre ambos en �Los Pomos�, sino que se trat� de una decisi�n pensada, planeada y llevada a cabo luego de transcurrido alg�n tiempo.

Hay que tener en cuenta que JES�S MAURICIO, desde que estaba en la discoteca �Los Pomos�, ten�a decidido matar a Jorge Enrique esa madrugada. As� se lo comunic� a Jhon Fredy Rojas Salas momentos previos al altercado en ese lugar y as� lo publicit� minutos despu�s ante los testigos Luis Ignacio Herrera Hern�ndez, Deisy Trujillo, Yamid Quintero Jim�nez, Alejandro Daza Castro y Rub�n Daza Castro.

Tan obvia era su intenci�n homicida, que se aprovision� de un arma blanca con la cual cometer el punible, espec�ficamente una navaja que los testigos identifican como una �pate-cabra�. No es de recibo que se diga que JES�S MAURICIO solo reaccion� a un acto de provocaci�n grave e injusto, primero porque no hubo inmediatez entre la agresi�n que recibi� en la fuente de soda; segundo porque lo que se present� en la discoteca �Los Pomos� se trat� de una ri�a en la que ambos contendientes se agredieron mutuamente, y tercero porque cuando el sentenciado le quit� la vida a Jorge Enrique, este �ltimo no estaba en estado de confrontaci�n sino en un estado de reposo, en una banca del parque central, donde desprevenidamente esa madrugada conversaba con uno de sus compa�eros de farra, lo que permiti� al acusado atacarlo de frente y apu�alarlo en el pecho.

Tales circunstancias rompen el nexo causal necesario entre la provocaci�n grave e injusta y la reacci�n del sujeto activo bajo el estado an�mico de ira, que exige la norma para que se configure el atenuante. Menos puede aceptarse que la homicidio haya sido causado con ira por las heridas que sufri� el acusado, puesto que en este juicio qued� claro que esas lesiones fueron el resultado de la maniobra de repulsa que despleg� en vano la v�ctima, tal como lo declararon Luis Ignacio Herrera Hern�ndez y Yamid Quintero Jim�nez.

As� las cosas, al descartarse la configuraci�n de la leg�tima defensa como causal de ausencia de responsabilidad y la ira e intenso dolor como atenuante del delito de homicidio cometido por JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, no queda m�s que confirmar la sentencia que en primera instancia profiri� el Juzgado Tercero Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Neiva, Huila, el 27 septiembre de 2016.

En raz�n y m�rito de lo expuesto, la Sala Segunda de Decisi�n Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Neiva, Huila, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,

RESUELVE

PRIMERO: CONFIRMAR la sentencia adiada el 27 de septiembre de 2016, mediante la cual el Juzgado Tercero Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Neiva, Huila, conden� a JES�S MAURICIO CRUZ MOLINA, como autor del delito de homicidio, de acuerdo a las razones expuestas.

SEGUNDO: Contra este fallo procede el recurso extraordinario de casaci�n, el cual deber� interponerse dentro del t�rmino se�alado en el art�culo 183 de la Ley 906 de 2004, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010.

TERCERO: La notificaci�n queda surtida en estrados sin perjuicio de la que debe intentarse en forma personal de conformidad con el art�culo 169 de la Ley 906 de 2004. C�MPLASE Los magistrados, JHON ROGER L�PEZ GARTNER JAVIER IV�N CH�VARRO ROJAS HERNANDO QUINTERO DELGADO DANIEL D�AZ SALGADO Secretario ad hoc  Sentencia de primera instancia. Fls. 317 a 330 cuaderno original 1.  Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia. SP291-2018.

Radicaci�n No. 48609. M.P. Fernando Alberto Castro Caballero. En la que se reitera la providencia CSJ SP, 6 Dic. 2012, Rad. 32598.  Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia. AP2644-2017. Radicaci�n n.� 45.749. M.P. Eyder Pati�o Cabrera.  CSJ SP, 8 oct. 2008, rad. 29338.     PAGE  Radicaci�n: 41-078-60-00-589-2011-80034-01Procesado: JES�S MAURICIO CRUZ MOLINADelitos:Homicidio PAGE \* MERGEFORMAT20 Sala Segunda de Decisi�n Penal del Tribunal Superior de Neiva  TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE NEIVA, HUILA SALA SEGUNDA DE DECISION PENAL  ����������������$$d5$7$8$9DH$a$gd� $d1$5$7$8$9DH$a$gd� $$5$7$8$9DH$a$gd� $5$7$8$9DH$a$gd� $ & F5$7$8$9DH$a$gd� $d5$7$8$9DH$a$gd� +;D;K;U;�;�;|=}==�=�=<>�ǩǎ�p�pQ3:h� h� @���CJOJQJ\�]�^JaJmH $nH sH $tH =h� h� 5�@���CJOJQJ\�]�^JaJmH $nH sH $tH:h� h� @���CJOJQJ\�]�^JaJmH $nH sH $tH 4h� h� @���CJOJQJ^JaJmH nH sH tH:h� h� 6�@���CJOJQJ\�^JaJmH $nH sH $tH 7h� h� @���CJOJQJ\�^JaJmH $nH sH $tH 7h� h� @���CJOJQJ\�^JaJmH $nH sH $tH <>=>�>�>�>�>C?D?�?�?K@L@�C�C(E)E�G�G�H�H�������������������$��5$9D]��a$gd� $d5$9Da$gd� $$d5$7$8$9DH$a$gd� $��5$7$8$9DH$]��a$gd� $d5$7$8$9DH$a$gd� <>=>g>�>�>�>�>C?D?�?�?�ĩ���pRp4:h� h� 5�@���CJOJQJ\�^JaJmH $nH sH $tH:h� h� @���CJOJQJ\�]�^JaJmH $nH sH $tH:h� h� @���CJOJQJ\�]�^JaJmH $nH sH $tH 4h� h� 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