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Radicaci�n110016000016201607626 01ProcedenteJuzgado Dieciocho Penal del Circuito AcusadoMar�a Carolina C�ceres Ni�oSituaci�n Jur�dicaEn libertadDelitoTr�fico, fabricaci�n o porte de estupefacientes Decisi�nConfirma I.- VISTOS: 1. Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n presentado por la defensa, contra la sentencia proferida el 16 de noviembre de 2017 por el Juzgado Dieciocho Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Bogot�, conforme la cual conden� a Mar�a Carolina C�ceres Ni�o por el delito de tr�fico, fabricaci�n o porte de estupefacientes agravado.
II.- IMPUTACI�N F�CTICA 2. El 24 de diciembre de 2016 fue capturada Mar�a Carolina C�ceres Ni�o en las instalaciones de la URI de la localidad de Kennedy, cuando miembros de la polic�a, al practicarle una requisa para su ingreso a ese lugar, encontraron que llevaba en su cabello 10 c�psulas que conten�an 2 gramos de coca�na y 2 contentivas de 4.5 gramos de marihuana.
III.- ACTUACI�N PROCESAL 3. El 25 de diciembre de 2016 ante el Juzgado Sesenta Penal Municipal con funci�n de control de garant�as de Bogot�, la FGN formul� imputaci�n a Mar�a Carolina C�ceres Ni�o por el delito de tr�fico, fabricaci�n o porte de estupefacientes agravado, verbo rector �llevar consigo�, conducta descrita en el art�culo 376-2 del C�digo Penal, cargo que no fue aceptado por la imputada. 4.
El 11 de mayo de 2017 se llev� a cabo la audiencia de acusaci�n ante el Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Bogot�; el 25 de agosto de 2017, fecha se�alada para la preparatoria, el juez accedi� a variar la diligencia para verificar la legalidad del preacuerdo, en el que Mar�a Carolina C�ceres Ni�o negoci� con la FGN la aceptaci�n de los cargos a cambio del reconocimiento de las circunstancias de marginalidad y pobreza extrema. 5.
Aprobado el preacuerdo, el 16 de noviembre de 2017 el juez de conocimiento emiti� el fallo condenatorio, que fue objeto de recurso de apelaci�n por la defensa. IV.- FALLO DE PRIMERA INSTANCIA: 6. El Juzgado Dieciocho Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Bogot� conden� a Mar�a Carolina C�ceres Ni�o a cuarenta y cuatro (44) meses de prisi�n y multa de 34.02 s.m.l.m.v. como autora del delito de tr�fico, fabricaci�n o porte de estupefacientes agravado verbo rector �llevar consigo�. 7.
Le neg� la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y la prisi�n domiciliaria por expresa prohibici�n del art�culo 68 A del C�digo Penal. 8. Igualmente, neg� la prisi�n domiciliaria como madre cabeza de familia al indicar que no demostr� la incapacidad o ausencia permanente del padre de los menores de edad, o de t�os o abuelos, quienes tienen la obligaci�n moral y jur�dica de hacerse cargo de aquellos.
V.- RECURSO DE APELACI�N 9. El defensor solicit� conceder la prisi�n domiciliaria a su prohijada porque el padre de los menores de edad nunca se ha hecho cargo de los infantes al punto que ni siquiera ha cumplido con la obligaci�n alimentaria, siendo entonces Mar�a Carolina C�ceres Ni�o la persona que viene ejerciendo la custodia y cuidado personal. 10.
Finalmente dijo que demostrar la ausencia del padre a trav�s de otras pruebas diferentes a los entregados en el traslado del art�culo 447 del C.P.P. ser�a muy dif�cil. VI.- CONSIDERACIONES DE LA SALA: 11. Competencia: De conformidad con lo preceptuado en el numeral 1� del art�culo 34 de la Ley 906/04, esta Corporaci�n es competente para conocer del recurso de apelaci�n interpuesto por la Fiscal�a contra la sentencia de primera instancia. 12.
En t�rminos del numeral 1� del art�culo 43, y el art�culo 179 de la Ley 906/04, modificado por el art�culo 91 de la Ley 1395/10, resuelve la Colegiatura el asunto planteado por el recurrente dentro del marco delimitado por el objeto de la impugnaci�n. 13. Problema jur�dico planteado: Se centra en establecer la viabilidad de conceder a Mar�a Carolina C�ceres Ni�o la prisi�n domiciliaria bajo los requisitos establecidos en el art�culo 314-5 de la Ley 906/04 y 750/02. 14.
Anotaci�n Preliminar. Jurisprudencia de la Sala de Casaci�n Penal sobre las facultades de la FGN, su condici�n de titular de la acci�n penal y los l�mites del control que ejercen los jueces sobre los preacuerdos. El Tribunal Supremo tiene definido que, por regla general, el juez no est� facultado para ejercer un control sustantivo sobre los preacuerdos que celebren las partes.
Y sobre las facultades del juez plural de segunda instancia, ense�a que estas se limitan a considerar los argumentos del recurrente sin entrar al examen de fondo sobre la legalidad del preacuerdo aprobado por el a quo: 1. La jurisprudencia ha trazado una l�nea de pensamiento, conforme con la cual la acusaci�n (que incluye los allanamientos y preacuerdos que se asimilan a ella) estructura un acto de parte que compete, de manera exclusiva y excluyente, a la Fiscal�a, desde donde deriva que la misma no puede ser objeto de cuestionamiento por el juez, las partes ni los intervinientes, con la salvedad de que los dos �ltimos pueden formular observaciones en los t�rminos del art�culo 339 procesal.
En esas condiciones, la adecuaci�n t�pica que la Fiscal�a haga de los hechos investigados es de su fuero y, por regla general, no puede ser censurada ni por el juez ni por las partes. Es claro, entonces, que el juez no tiene competencia para cuestionar la imputaci�n efectuada por el fiscal, como que ese acto es propio del titular de la acci�n penal.
Por tanto, allegado el escrito de acusaci�n o el acta de allanamiento que, aceptada, equivale al mismo, el juez de conocimiento tiene limitada su participaci�n, como que, trat�ndose de un acto voluntario y libre de aceptaci�n de la imputaci�n, debe aceptarlo y convocar a la audiencia para individualizar la pena, seg�n se lo impone el inciso final del art�culo 293 procesal (auto del 6 de mayo de 2009, radicado 31538). 15.
Posteriormente, en sentencia SP13939-2014, la Corte analiz� el T�tulo II de la Ley 906, rotulado con el nombre de �PREACUERDOS Y NEGOCIACIONES ENTRE LA FISCAL�A Y EL IMPUTADO Y ACUSADO� y concluy�: 3. En t�rminos de legalidad o estricta tipicidad, el Fiscal puede definir qu� conducta imputa o imputar una menos gravosa, pero no le est� permitido �crear tipos penales�. 4.
El Juez de Conocimiento est� obligado a aceptar el acuerdo presentado por la Fiscal�a, salvo que este desconozca o quebrante las garant�as fundamentales. Acerca de esta �ltima circunstancia, para la Sala es claro que las garant�as fundamentales a las cuales se refiere la norma para permitir la injerencia del juez, no pueden examinarse a la luz del criterio subjetivo o arbitrario del mismo y deben remitirse exclusivamente a hechos puntuales que demuestren violaciones objetivas y palpables necesitadas del remedio de la improbaci�n para resta�ar el da�o causado o evitar sus efectos delet�reos.
En este sentido, a t�tulo apenas ejemplificativo, la intervenci�n del juez, que opera excepcional�sima, debe recabarse, se justifica en los casos en que se verifique alg�n vicio en el consentimiento o afectaci�n del derecho de defensa, o cuando el Fiscal pasa por alto los l�mites rese�ados en los puntos anteriores o los consignados en la ley �como en los casos en que se otorgan dos beneficios incompatibles o se accede a una rebaja superior a la permitida, o no se cumplen las exigencias punitivas para acceder a alg�n subrogado. 16.
Dichos precedentes, fueron ratificados en sede de tutela en los fallos CSJ STP, 24 sep. 2013, rad. 69478; CSJ STP, 13 nov. 2013, rad. 70392; CSJ STP, 4 dic. 2013, rad. 70.712 y CSJ STP, 27 feb. 2014, rad. 72092, al interior de los cuales ampar� el derecho fundamental al debido proceso, porque para la Corte se present� una injerencia indebida del juez en las funciones propias del fiscal. 17.
El precedente y la doctrina probable expuesta por la Corte Suprema. Se acepta que los precedentes o la doctrina probable desarrollada por la jurisprudencia superior en materia de los l�mites que tienen los jueces para controlar los preacuerdos que suscriban las partes del proceso penal, constituye postura asentada que ocasionalmente tiene adiciones o precisiones que complementan el criterio esencial. 18.
En esas condiciones los jueces deben acatar el precedente y la doctrina probable, pero tal regla no significa que se haya fijado como axioma una obediencia ciega sobre lo definido por la superioridad. 19. Ello es as� porque la Corte Constitucional estableci� que si bien la jurisprudencia tiene un valor preponderante en el sistema normativo, los jueces singulares o plurales pueden apartarse de ella, caso en el cual se debe asumir una carga adicional por los operadores judiciales, explicando las razones, exponiendo los motivos, destacando las razones que le llevan, en el caso concreto, a no plegarse a lo desarrollado por el tribunal de cierre de la jurisdicci�n ordinaria. 20.
El anterior predicamento jurisprudencial fue reforzado legalmente con la inequ�voca previsi�n del C�digo del General del Proceso (Ley 1564 de 2012), que en las disposiciones generales del T�tulo Preliminar, art�culo 7, previ� que �cuando el juez se aparte de la doctrina probable, estar� obligado a exponer clara y razonadamente los fundamentos jur�dicos que justifican su decisi�n�. 21.
Como esta Sala de Decisi�n no comparte las limitaciones que ha impuesto la Corte Suprema a los controles que pueden ejercer los jueces sobre las actividades de la FGN y los preacuerdos que celebran las partes, especialmente por los resultados parad�jicos e inexplicables para la ciudadan�a en ejercicio de criterios de sentido com�n, enseguida se cumplir� con la carga argumentativa exigida por la Corte Constitucional. 22.
Punto de partida 1: la FGN debe ser controlada por los jueces. En el sistema procesal regulado por la Ley 906 de 2004, la FGN es una parte que cumple el cometido estatal de perseguir los delitos. Para ello tiene amplias facultades y poderes, pero son los jueces quienes determinan la legalidad de las actividades que desarrolle la autoridad requirente. 23.
Es por ello que, por ejemplo, la FGN debe acudir ante los jueces para que controlen la legalidad de las capturas, el rigor de una imputaci�n, la satisfacci�n de las exigencias constitucionales y legales para imponer una medida de aseguramiento, verificar que realiz� el descubrimiento probatorio. Igualmente, ante los jueces proponen los delegados fiscales el m�rito para precluir una investigaci�n. 24.
Lo dicho significa que las tareas que cumple la FGN necesariamente son sometidas al control de los jueces. Dicho de otra manera: como la Constituci�n fij� en los jueces la obligaci�n de velar por la prevalencia de los derechos fundamentales y perseguir en el ejercicio de sus funciones por la realizaci�n de la justicia, imperativo resultar tener la �ltima palabra frente a las actividades que desarrolla la autoridad encargada de perseguir los delitos. 25.
Es oportuno recordar aqu� que la jurisprudencia constitucional ha reiterado que El�control�sobre los preacuerdos celebrados entre la Fiscal�a y el acusado� o imputado es�judicial,�debe ser ejercido por�el juez de conocimiento, quien verificar� si el mismo desconoce o quebranta garant�as fundamentales. S�lo recibir�n aprobaci�n y ser�n� vinculantes para el juez de conocimiento cuando superen este juicio sobre la satisfacci�n de las garant�as fundamentales de todos los involucrados en la actuaci�n (Arts. 350 inciso 1� y 351 inciso 4� y 5�).
El �mbito y naturaleza del control que ejerce el juez de conocimiento est� determinado por los principios que rigen su actuaci�n dentro del proceso penal como son el respeto por los derechos fundamentales de quienes intervienen en la actuaci�n y la necesidad de lograr la eficacia del ejercicio de la justicia (Art.10); el imperativo de hacer efectiva la igualdad de los intervinientes en el desarrollo de la actuaci�n procesal y proteger, especialmente, a aquellas personas que por su condici�n econ�mica, f�sica o mental, se encuentren en circunstancias de debilidad manifiesta (Art. 4�); as� como el imperativo de establecer con objetividad la verdad y la justicia (Art. 5�).
De particular relevancia para determinar el alcance de este control es el inciso 4� del art�culo 10, sobre los principios que rigen la actuaci�n procesal:��El juez podr� autorizar los acuerdos o estipulaciones a que lleguen las partes y que versen sobre aspectos en los cuales no haya controversia sustantiva, sin que implique renuncia a los derechos constitucionales�. 26.
Punto de partida 2: los preacuerdos tiene como prop�sito darle prestigio a la administraci�n de justicia y no para desprestigiarla. El legislador dispuso, como criterio orientador general, que los preacuerdos que celebren las partes tienen como prop�sito aprestigiar la administraci�n de justicia. Ello significa, ni m�s ni menos, que cuando un acuerdo conduce al desprestigio de la judicatura, el mismo no debe ser aprobado porque atenta contra las bases mismas del sistema premial. 27.
Siguiendo tal derrotero, la jurisprudencia ense�a que �un preacuerdo elaborado de manera prolija y rigurosa deber�a expresar de manera precisa sus finalidades, lo relevante es que de su contenido material se deriven elementos de juicio que permitan ver de qu� manera se concreta y aprestigia el valor justicia, en qu� forma se consigue la humanizaci�n de la pena, c�mo con el preacuerdo en verdad se soluciona el conflicto social generado por el delito y se provee eficazmente a la reparaci�n integral de los perjuicios ocasionados por este, o, en fin, de qu� manera con esta modalidad de la justicia premial el procesado logra participar en la definici�n del caso�. 28.
Tambi�n consider� que si �el aprestigiamiento de la justicia es la finalidad de los preacuerdos�, tal finalidad se lesiona cuando �el preacuerdo en estudio no configura otra cosa que el desconocimiento y la burla a cualquier intento de solucionar el asunto de manera justa, en la medida en que se desarroll� sobre una sumatoria de improcedentes beneficios que desconocieron la gravedad de los hechos objeto de acusaci�n, y sus nocivas consecuencias� (negrilla agregada). 29.
Punto de partida 3: el preacuerdo no debe soslayar el n�cleo f�ctico de la imputaci�n y sostenerse en un m�nimo demostrativo de lo que se concede. Los preacuerdos pueden celebrarse sobre diferentes cuestiones, como el grado de participaci�n del sujeto, la cantidad de ejecuci�n de la acci�n (consumaci�n vs. tentativa), para eliminar causales gen�ricas o espec�ficas de agravaci�n, etc., pero la FGN no puede pactar creando delitos o circunstancias a los que no hizo referencia en la imputaci�n. 30.
Igualmente, los convenios premiales deben tener un soporte f�ctico m�nimo demostrativo de lo que se acuerda. Como lo ha sostenido la jurisprudencia. El acuerdo o la negociaci�n comporta� la existencia de un fundamento f�ctico y probatorio sobre el cual se produce el acuerdo� 31. Es inadmisible que se pacte un exceso en la leg�tima defensa o un error vencible que degrade en tipo imprudente, cuando de ellas no exista referencia alguna en la imputaci�n. 32.
Es por lo anterior que, para preacordar leg�timamente la existencia de circunstancias de marginalidad, ignorancia o pobreza extremas, resulta imperioso que se aporten elementos m�nimamente demostrativos de ellas. Cuando no existen en el proceso elementos que permitan inferir, inducir o siquiera sospechar de la existencia de tales circunstancias, resulta contrario al ordenamiento jur�dico conceder mediante acuerdo la causal de atenuaci�n. 33.
Punto de partida 4: el preacuerdo no debe desconocer los derechos de la v�ctima. La jurisprudencia ha establecido que en materia de acuerdos y preacuerdos, entre otros, no deben ser desconocidos los derechos de las v�ctimas, situaci�n que efectivamente se presenta cuando el derecho a la verdad transmuta en falacias que desconocen lo que realmente ocurri�, que desfiguran la verdad que la forma como fueron atacados o vulnerados los bienes jur�dicos protegidos y cuya titularidad corresponde a una(s) v�ctima(s) concreta(s). 34.
La funci�n de control que ejercen los jueces sobre los preacuerdos: Como bien lo ha repetido en diversas ocasiones esta Sala, el proceso penal es un escenario de controversia en virtud del principio de legalidad que no puede desarrollarse de manera arbitraria, debi�ndose ce�ir a los principios consagrados en la Constituci�n Pol�tica y la ley, como condici�n de validez de los actos que se cumplen dentro del mismo. 35.
Efectuado el preacuerdo, el representante del ente acusador lo presentar� ante el juez de conocimiento (dado que est� sujeto a la aprobaci�n de un togado) como escrito de acusaci�n porque (i) se acord� una pena menor, (ii) se elimin� de la acusaci�n alguna causal de agravaci�n punitiva o (iii) alg�n cargo espec�fico, o, (iv) al ser tipificada la conducta, dentro de su alegaci�n conclusiva, de una forma espec�fica con miras a disminuir la pena -Ley 906/04, art�culo 350-1-2-. 36.
Igualmente el art�culo 351 ib�dem se�ala que tambi�n podr�n el fiscal y el imputado llegar a un preacuerdo sobre los hechos y sus consecuencias, y si hubiere un cambio favorable para el imputado en relaci�n con la pena a imponer, ello constituir� la �nica rebaja compensatoria por lo pactado. 37. Ahora, ese control judicial del acuerdo no se cumple con una simple reconocimiento formal, ya que debe verificar que las garant�as fundamentales tales como la legalidad, estricta tipicidad y debido proceso, se hayan preservado; estas garant�as est�n materializadas en el art�culo 351 de la Ley 906/04 que se�ala que �los preacuerdos celebrados entre fiscal�a y acusado obligan al juez de conocimiento, salvo que ellos desconozcan o quebranten las garant�as fundamentales�, y el art�culo 368 ib�dem que indica que en caso de advertir el juez desconocimiento o quebrantamiento de garant�as fundamentales en la manifestaci�n de culpabilidad realizada por el acusado al inicio del juicio, rechazar� la alegaci�n de culpabilidad y adelantar� el procedimiento como si hubiese habido una alegaci�n de no culpabilidad. 38.
As� entonces, cuando el juez ejerce el control de legalidad debe verificar, entre otras cosas, que existe un m�nimo de elementos probatorios que certifiquen la responsabilidad del procesado, que �ste acept� los cargos de manera libre, consciente y voluntaria y que se presenta una estricta consonancia entre la situaci�n f�ctica y la jur�dica. 39.
Frente a este aspecto, la jurisprudencia ha insistido que con dichas figuras se busca que el n�cleo f�ctico de la imputaci�n no se soslaye en el momento de realizar el proceso de adecuaci�n t�pica, lo que impone que se determinen todas las circunstancias espec�ficas que fundamentan la imputaci�n jur�dica, porque esta debe aparecer debidamente circunstanciada: [S]i en el ejercicio del control judicial que le asiste dentro del tr�mite de los preacuerdos y negociaciones el juez de conocimiento encuentra en el escrito presentado por las partes una incongruencia entre la imputaci�n f�ctica y la jur�dica o, mejor dicho, un error en la calificaci�n jur�dica de los hechos atribuidos en la audiencia de formulaci�n correspondiente (verbigracia, por haber seleccionado de manera equivocada el nomen iuris de la conducta, o la modalidad de coparticipaci�n criminal, o la imputaci�n al tipo subjetivo, o el reconocimiento de una circunstancia de agravaci�n, o el desconocimiento de una atenuante, etc�tera), y �ste adem�s repercute sustancialmente en la determinaci�n de los l�mites punitivos, estar� ante el quebrantamiento de la garant�a judicial del debido proceso en lo que se refiere al principio del estricta jurisdiccionalidad del sistema, y en particular al axioma garantista seg�n el cual no hay etapa de juicio sin una previa y adecuada acusaci�n. 40.
De esta manera tanto el fiscal como la defensa tienen perfecto conocimiento de los t�rminos de la imputaci�n y qu� es lo que se negocia; por ello, a partir de ah� se debe establecer correctamente la imputaci�n f�ctica y jur�dica con las precisiones que impongan los hechos y la tipicidad de la conducta, por lo que resulta viable entrar a negociar los t�rminos de la imputaci�n. 41.
En consecuencia, el juez al verificar los t�rminos del preacuerdo debe revisar conscientemente qu� se negocia y si este convenio est� dentro de los par�metros legales y no vulnera garant�as fundamentales y la legalidad; por ende, cuando hay una negociaci�n de por medio no le es v�lido al ente acusador seleccionar libremente el tipo penal, o las circunstancias de mayor o menor punibilidad, as� como el reconocimiento de alguna atenuante; por el contrario, debe obrar de acuerdo con los hechos del proceso y con los elementos probatorios que haya recolectado: El preacuerdo, para hacer referencia �nicamente a la situaci�n planteada en la demanda, tiene como objeto fijar �los t�rminos de la imputaci�n� (art�culo 350 �dem), lo cual implica la admisibilidad por parte del imputado, en forma libre, consciente, espont�nea y voluntaria, de situaciones que, adem�s de gozar de amparo legal y constitucional, cuentan con un m�nimo de respaldo probatorio, por lo que el acuerdo debe determinar sin duda alguna la imputaci�n f�ctica y jur�dica por la que se ha de proferir condena.
En consecuencia, deben ser objeto de convenio, habida consideraci�n de los elementos de prueba y evidencias recaudadas, entre otros aspectos, el grado de participaci�n, la lesi�n no justificada a un bien jur�dico tutelado, una espec�fica modalidad delictiva respecto de la conducta ejecutada, su forma de culpabilidad y las situaciones que para el caso den lugar a una pena menor, la sanci�n a imponer, los excesos en las causales de ausencia de responsabilidad a que se refieren los numerales 3, 4, 5, 6 y 7 del art�culo 32 del C.P, los errores a que se refieren los numerales 10 y 12 de la citada disposici�n, las circunstancias de marginalidad, ignorancia o pobreza extremas (art�culo 56), la ira o intenso dolor (art�culo 57), la comunicabilidad de circunstancias (art�culo 62), la eliminaci�n de casuales gen�ricas o espec�ficas de agravaci�n y conductas posdelictuales con incidencia en los extremos punitivos, pues todas estas situaciones conllevan circunstancias de modo, tiempo y lugar que demarcan los hechos por los cuales se atribuye jur�dicamente responsabilidad penal y por ende fijan para el procesado la imputaci�n f�ctica y jur�dica (Negrillas y subrayas fuera de texto). 42. �En la misma l�nea�hermen�utica�se ha pronunciado la Corte Constitucional, para quien resulta inadmisible que la FGN tenga facultades ilimitadas a la hora de los�preacuerdos.
Espec�ficamente en la�sentencia C-1260/05 subray�: [E]n esta negociaci�n el Fiscal no podr� seleccionar libremente el tipo penal correspondiente sino que deber� obrar de acuerdo con los hechos del proceso. La facultad otorgada al fiscal de tipificar la conducta con miras a disminuir la pena es una simple labor de adecuaci�n y no de construcci�n del tipo penal por el mismo.
Las normas positivas deben consagrar previamente las conductas punibles y concretar igualmente las sanciones que ser�n objeto de aplicaci�n por el fiscal. Por ende, se cumple a cabalidad con el principio de legalidad penal cuando se interpreta en correspondencia con el de tipicidad plena o taxatividad en la medida que la labor, en este caso del fiscal, se limita a verificar si una determinada conducta se enmarca en la descripci�n t�pica legal previamente establecida por el legislador o en una relacionada de pena menor.
En conclusi�n,�la Corte�declarar� la exequibilidad del numeral 2, del art�culo 350 de�la Ley�906 de 2004, que dispone que �Tipifique la conducta de su alegaci�n conclusiva, de una forma espec�fica con miras a disminuir la pena�, en el entendido que el fiscal no puede en ejercicio de esta facultad crear tipos penales; y que en todo caso, a los hechos invocados en su alegaci�n conclusiva no les puede dar sino la calificaci�n jur�dica que corresponda conforme a la ley penal preexistente (se resalta). 43.�De lo rese�ado se concluye que la FGN no est� facultada para hacer lo que quiera frente a un delito o sus responsables.
En este sentido, la misma jurisprudencia constitucional citada explica con claridad: Es claro, entonces, que cuando el numeral acusado refiere a�que el fiscal podr� adelantar conversaciones para llegar a un acuerdo�-preacuerdos desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n- en el que el imputado se declarar� culpable del delito imputado, o de uno relacionado de pena menor, a cambio de que el fiscal��Tipifique la conducta, dentro de su alegaci�n conclusiva, de una forma espec�fica con miras a disminuir la pena�,�no se refiere a la facultad del fiscal de crear nuevos tipos penales, pues trat�ndose de una norma relativa a la posibilidad de celebrar preacuerdos entre la Fiscal�a y el imputado, la facultad del fiscal en el nuevo esquema procesal penal est� referida a una labor de adecuaci�n t�pica, seg�n la cual, se otorga al fiscal un cierto margen de apreciaci�n en cuanto a la imputaci�n, pues con miras a lograr un acuerdo se le permite definir si puede imputar una conducta o hacer una imputaci�n que resulte menos gravosa; pero de otro lado,�en esta negociaci�n el Fiscal no podr� seleccionar libremente el tipo penal correspondiente sino que deber� obrar de acuerdo con los hechos del proceso.� � � En efecto, en relaci�n con la posibilidad de celebrar preacuerdos entre�el fiscal�y el imputado, aquel�no tiene plena libertad para hacer la adecuaci�n t�pica de la conducta, pues se encuentra limitado por las circunstancias f�cticas y jur�dicas que resultan del caso.�Por lo que,�a�n mediando una negociaci�n entre el fiscal y el imputado, en la alegaci�n conclusiva debe presentarse la adecuaci�n t�pica de la conducta seg�n los hechos que correspondan a la descripci�n que previamente ha realizado el legislador en el C�digo penal. � La Corte�reafirma que�la facultad otorgada al fiscal de tipificar la conducta con miras a disminuir la pena es una simple labor de adecuaci�n y no de construcci�n del tipo penal por el mismo.
Las normas positivas deben consagrar previamente las conductas punibles y concretar igualmente las sanciones que ser�n objeto de aplicaci�n por el fiscal. Por ende,�se cumple a cabalidad con el principio de legalidad penal cuando se interpreta en correspondencia con el de tipicidad plena o taxatividad en la medida que la labor, en este caso del fiscal, se limita a verificar si una determinada conducta se enmarca en la descripci�n t�pica legal previamente establecida por el legislador o en una relacionada de pena menor. � En conclusi�n,�la Corte�declarar� la exequibilidad�del numeral 2, del art�culo 350 de la Ley 906 de 2004, que dispone que��Tipifique la conducta de su alegaci�n conclusiva, de una forma espec�fica con miras a disminuir la pena�,�en el entendido que el fiscal no puede en ejercicio de esta facultad crear tipos penales; y que en todo caso, a los hechos invocados en su alegaci�n conclusiva no les puede dar sino la calificaci�n jur�dica que corresponda conforme a la ley penal preexistente�(Se destaca). 44.
Lo anterior quiere decir que el ente fiscal debe contar con elementos materiales de prueba que permitan al juez deducir que efectivamente el imputado cometi� la conducta il�cita y que adem�s se encuentra configurada o existe base para considerar viable la atenuante, o la agravante, o el grado de participaci�n e inclusive alguna de las circunstancias establecidas en los art�culos 32 o 56 del C�digo Penal, as� las partes lo hayan preacordado. 45.
Siguiendo la l�nea argumentativa rese�ada, es claro que el modelo procesal acusatorio implementado en la Ley 906 de 2004, si bien se�al� que la FGN es la titular de la acci�n penal, mantuvo en los jueces los poderes de decisi�n de acuerdo con los hechos probados (da mihi factum, dabo tibi ius) y definici�n del derecho aplicable al caso (iura novit curia), de modo que en �ltimas es la judicatura la encargada de validar la legalidad de la actividad cumplida por la autoridad requirente. 46.
Y ello debe ser as� porque de acuerdo con la Constituci�n Pol�tica, los jueces bajo ninguna circunstancia pueden irrespetar o permitir que se violente el ordenamiento jur�dico, ni siquiera por la FGN. Por lo anterior es que reiteradamente esta Colegiatura, en sinton�a con lo expuesto por otras Salas de Decisi�n del Tribunal Superior de Bogot� y lo resuelto por otros Tribunales, ha defendido que los jueces ejercen plenos poderes de control sobre los allanamientos y preacuerdos, m�s cuando en los supuestos de delitos flagrantes algunos consideran que se puede estar transgrediendo la legalidad de la pena. 47.
No sobra destacar que esta Sala ya ha declarado, en un espec�fico caso, la inviabilidad de aceptar un preacuerdo, cuando de los elementos materiales probatorios y evidencia f�sica no emerge circunstancia alguna que permitiera inferir las condiciones de marginalidad, ignorancia o extrema pobreza predicadas en la negociaci�n por la FGN. 48.
El planteamiento propuesto permite evitar que, por ejemplo, con motivo de un preacuerdo se termine dando v�a libre a la extinci�n de la acci�n penal por prescripci�n de la misma, eventualidad que puede ocurrir no s�lo porque los plazos extintivos se reducen a partir de la imputaci�n sino porque el delito preacordado puede ser de una entidad menor que permite la prescripci�n de la acci�n penal. 49.
Y ello es as� porque las cuentas que se deben hacer para establecer si la acci�n penal se extingui� por el paso del tiempo, tiene como punto de referencia el delito expresamente considerado en la sentencia, permiti�ndose que si tal asunto no fue observado por el juez de primer grado seguramente el ad quem o el Tribunal de Casaci�n, dediquen su esfuerzo a declarar que la acci�n penal se extingui�, debi�ndose aceptar que dicho camino conduce a la justicia a un precipicio. 50.
Cr�ticas a los abusos de la FGN en materia de preacuerdos. En reciente pronunciamiento del Presidente de la Sala de Casaci�n Penal, se dijo que la FGN est� haciendo un mal uso de la figura de los preacuerdos porque se est�n entregando estos beneficios judiciales a procesados que no cumplen con todos los requisitos exigidos por la ley, postura que interpreta la realidad judicial que se est� presentando. 51.
Con una sencilla exploraci�n de la casu�stica se constata la existencia de una enorme cantidad de dislates en los preacuerdos suscritos por los delgados fiscales, quienes sin ninguna consideraci�n por las v�ctimas y la sociedad, haci�ndole un flaco servicio a la imagen de la justicia, suscriben convenios por delitos de notoria gravedad que terminan convertidos en conductas bagatelares, con penas irrisorias y, peor a�n, posibilitando as� que los condenados sean acreedores a los subrogados o sustitutos penales, convirti�ndose la tarima de la justicia premial en el escenario propio de una justicia que no cumple ni satisface las obligaciones que le imponen la Constituci�n y la ley. 52.
Con todo lo dicho, este juez plural de segunda instancia entra a examinar de fondo la legalidad del preacuerdo, porque se impone acudir a los fundamentos del Estado social democr�tico de derecho y la jurisprudencia constitucional para hacer prevalecer los criterios de justicia material. 53. El preacuerdo en el presente asunto. En el sub examine refulge evidente que la encartada suscribi� preacuerdo con la FGN en el que pact� el reconocimiento de la circunstancia de marginalidad prevista en el art�culo 56 del C�digo Penal. 54.
Para la Sala no resulta viable aceptar un preacuerdo en los t�rminos en que fue suscrito por las partes porque de los elementos materiales probatorios y evidencia f�sica no emerge circunstancia alguna que permita inferir las condiciones de marginalidad, ignorancia o extrema pobreza que predica la FGN; sin embargo, como en el espec�fico caso la Sala observa que la lesi�n del bien jur�dico fue menor, al encontrarse una peque�a cantidad de sustancia aunado a que la sanci�n impuesta resulta proporcional, se atendr� a los t�rminos del preacuerdo y se entrar� a considerar los argumentos del recurrente. 55.
Competencia para resolver la prisi�n domiciliaria bajo los requisitos del art�culo 314 del C.P.P. Preliminarmente hab�a dicho esta Sala de decisi�n Penal en sentencia del 27 de marzo de 2017, radicado 110016000015201506186 01, que para resolver este cuestionamiento resultaba pertinente traer a colaci�n lo se�alado por la Corte Suprema de Justicia sobre el art�culo 461 de la Ley 906/04, el cual remite al 314 de la misma obra, precepto respecto del cual el Tribunal Supremo indic� que cada uno de estos institutos posee su propio �mbito y contenido, en el entendido que la detenci�n domiciliaria tiene que ver con el decurso del proceso; la prisi�n domiciliaria, con el proferimiento del fallo; y la sustituci�n de la pena, con la efectividad corporal de esta. 56.
Lo antes dicho ha llevado a que se entienda que el art�culo 314 ib�dem cobra fuerza solo y �nicamente para solicitar la sustituci�n de la detenci�n preventiva, ya ejecutoriada la sentencia, en los eventos en que el imputado o acusado sea mayor de 65 a�os, teniendo en cuenta su personalidad, la naturaleza y modalidad del delito; la imputada o acusada est� pr�xima al alumbramiento o despu�s del mismo; cuando el imputado o acusado padezca enfermedad grave; o cuando se est� ante imputado o acusado �madre cabeza de familia�, opera cuando ya est� ejecutoriado el fallo: Los art�culos 413 y 314 de la Ley 906 de 2004 est�n localizados en el cap�tulo III �Medidas de aseguramiento�, del t�tulo IV �Del r�gimen de la libertad y su restricci�n�, del libro II del nuevo C�digo de Procedimiento Penal.
La prisi�n domiciliaria aparece en el art�culo 58 del C�digo Penal, conformante del cap�tulo I �De las penas, sus clases y efectos�, del t�tulo IV �De las consecuencias jur�dicas de la conducta punible�, del libro I del C�digo Penal �Parte general. Es claro, entonces, que cada uno de esos institutos posee su propio �mbito y contenido. La detenci�n domiciliaria tiene que ver con el recurso del proceso; la prisi�n domiciliaria, con el proferimiento del fallo, y la sustituci�n de la pena, con la efectividad corporal de esta.
Se trata, entonces, de fen�menos jur�dicos bien diversos, que cumplen funciones en diferentes momentos de la actuaci�n procesal. Los requisitos, as�, son particulares para cada una de ellas, lo que implica que no puede haber incompatibilidad de la normativa de los dos primeros, o de alguno de ellos, con el tercero 57. Posteriormente, la Corte Suprema de Justicia reiter�: En desarrollo de tal argumento, en el mismo prove�do, la Sala puntualiz�: Este trato ben�volo se entiende porque en la filosof�a del sistema oral acusatorio el querer del legislador fue restringir el cumplimiento de la detenci�n bajo el r�gimen carcelario, para privilegiar, de manera general, un r�gimen que no est� sujeto a la severidad de la reclusi�n intramural, la que tendr� lugar �nicamente cuando se considere necesario para los fines estrictamente se�alados en el art�culo 308 de la Ley 906 de 2004.
Pero, esa regla general que rige en el tr�mite procesal no puede extenderse a los casos donde el Estado despu�s de destronar la presunci�n de inocencia, condena al cumplimiento de una pena privativa de la libertad, porque en tales eventos la aplicaci�n de la medida debe responder a otros fines distintos a los se�alados en el referido precepto instrumental, que no son otros que los fines espec�ficos de la pena establecidos en el art�culo 4� del C�digo Penal �Ley 599 de 2000-.
(Se destaca). 58. As� entonces, la solicitud de este instituto con base en el art�culo 314 de la Ley 906 de 2004, procede ante los jueces de ejecuci�n de penas conforme al art�culo 461 de la Ley 906 de 2004 o en sede de casaci�n ante la Corte Suprema de Justicia, dado que esta emite sentencias con car�cter definitivo: 2.1.3. Esta norma, que en principio ser�a aplicable para la imposici�n de la medida de aseguramiento, tambi�n procede para efectos de la sustituci�n de la pena de prisi�n por la domiciliaria, toda vez que el art�culo 461 del ordenamiento procesal faculta al juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad para sustituir la ejecuci�n de la sanci�n privativa del derecho �en los mismos casos de la sustituci�n de la detenci�n preventiva�. 2.1.4.
Dada �la inmediatez en la efectiva protecci�n de la restricci�n de la libertad�, la competencia del juez de ejecuci�n no s�lo debe recaer en dicho funcionario, sino tambi�n en la Corte cuando emite un fallo condenatorio, pues lo hace con el car�cter de definitivo. 59. Entonces se tiene que la sustituci�n de la medida deber� ser resuelta por el Juez de Ejecuci�n de Penas y Medidas de Seguridad conforme lo indica el art�culo 461 de la Ley 906/04, es decir, cuando ya se encuentra ejecutoriado el fallo; sin embargo, dicha tesis ha sido revaluada por la misma Sala Penal de la Corte Suprema, cuando en tutela STP1276-2015, del 12 de febrero de 2015, radicado 77598, consider� que resulta errada la interpretaci�n en la medida en que cuando la sentencia de condena no se encuentra ejecutoriada no es factible mantener en suspenso la decisi�n porque vulnera los derechos del acusado, m�xime cuando la norma autoriza al juez de primera instancia para resolver toda situaci�n que no sea objeto de apelaci�n. 4.5.
De la lectura de los precedentes emitidos por esta Sala de Casaci�n Penal se observa que ambos hacen alusi�n a la diferenciaci�n entre dichos institutos pero, de manera concreta, analizaban la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena al tenor del art�culo 461 del C�digo de Procedimiento Penal, que opera en los mismos casos de sustituci�n de la detenci�n preventiva seg�n el art�culo 314 ib�dem, mientras que, seg�n se infiere del contexto del caso analizado en la providencia del Tribunal de Manizales, en dicha ocasi�n se estudi� la procedencia de la prisi�n domiciliaria. 4.6.
Ello denota la errada intelecci�n realizada por el a quo, toda vez que los mismos no son aplicables al asunto que concita la atenci�n en esta oportunidad, en donde el actor JORGE ELEICER SILVA MERCH�N se encuentra a�n privado de la libertad en virtud de la medida de aseguramiento que se le impuso dentro del proceso, de manera que y en la medida que la sentencia de condena emitida en su contra no se encuentra ejecutoriada � el proceso se encuentra pendiente de resolver el recurso extraordinario de casaci�n en esta Corporaci�n-, la solicitud que elev� ante el juzgado de conocimiento sin lugar a dudas propende por la sustituci�n de la detenci�n preventiva en establecimiento carcelario por su lugar de residencia tras alegar su condici�n de padre cabeza de familia, al tenor de lo previsto en el art�culo 314 numeral 5 del C�digo de Procedimiento Penal. 4.7.
Ante una tal petici�n, refulge evidente que el funcionario llamado a pronunciarse no es otro que el juez de primera instancia, de un lado porque, rep�tase, la privaci�n de la libertad obedece a la detenci�n preventiva de que es objeto el actor y no a la prisi�n domiciliaria, la cual fue negada en el fallo condenatorio que todav�a no adquiere firmeza, y de otro, porque la normatividad penal adjetiva establece que le corresponde pronunciarse sobre solicitudes de dicha �ndole.
As� lo dispone el art�culo 154 contentivo de los asuntos a tramitarse en audiencia preliminar ante el juez de control de garant�as en su numeral 8, en el sentido que le compete al juez que ejerce dicho rol conocer de las peticiones de libertad que se presenten con anterioridad al anuncio del sentido del fallo; al igual que el art�culo 190 ib�dem.
(�) 4.8. As� las cosas y descartada la competencia tanto del juez de control de garant�as como del juez ejecutor para proveer sobre las peticiones de libertad y similares formuladas despu�s del anuncio del sentido del fallo pero antes de su ejecutoria, fuerza concluir que el competente para conocerlas no es otro que el juez de conocimiento, ya que de aceptarse la posici�n del juzgado accionado, avalada por el a quo, equivaldr�a a sostener que aquellas personas que son objeto de medida de aseguramiento de detenci�n preventiva intramural en el curso del proceso no cuentan con la posibilidad de deprecar la sustituci�n de la misma en su lugar de residencia con arreglo a las causales previstas en el aludido articulo 314 sino hasta que la sentencia de condena emitida en su disfavor cobre firmeza; aseveraci�n que a juicio de la Sala carece de todo sentido en tanto tornar�a inane la consagraci�n que hizo el legislador de dicha posibilidad pero sobre todo, violenta de manera flagrante su derecho a acceder a la administraci�n de justicia y al debido proceso 60.
Bajo ese contexto, es evidente que no le estar�a a la Sala vedado referirse a la sustituci�n de la medida de internamiento en centro de reclusi�n por la domiciliaria, en los eventos previstos en el art�culo 314 de la Ley 906 de 2004, pues la exclusi�n de beneficios y subrogados penales previsto en el art�culo 68 A Ley 906 de 2004, inciso segundo, se�ala que no aplica respecto de la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena en los eventos de los numerales 2, 3, 4 y 5. 61.
Del reconocimiento de la condici�n de madre cabeza de hogar prevista en el art�culo 314 de la Leyes 906 de 2004 y 750 de 2002. Surge incuestionable que la posibilidad de acceder al mecanismo de la prisi�n domiciliaria por virtud de lo dispuesto en la Ley 750 de 2002, a partir de las disposiciones m�s benignas que regulan la materia (Ley 906 de 2004, art�culo 314-5), est� supeditada a que se demuestre, dentro del proceso, que se tiene la condici�n de �cabeza de familia�. 62.
Tambi�n ha destacado la jurisprudencia que el procesado que aduzca esa calidad deber� acreditar que est� a cargo del cuidado de los ni�os, que su presencia en el seno familiar es necesaria porque los menores dependen de �l no solo econ�micamente sino en cuanto a su salud y cuidado y, por tanto, que la medida se hace necesaria para garantizar el inter�s superior del ni�o y no simplemente se utiliza como una excusa para evadir el cumplimiento de la pena en el sitio de reclusi�n. 63.
As� mismo en reciente pronunciamiento la Corte Suprema de Justicia explic� que para conceder el sustituto de la prisi�n domiciliaria bajo los par�metros del art�culo 1� de la Ley 750/02, el juez debe analizar que el desempe�o personal, laboral, familiar o social de la procesada permitan determinar que no pondr� en peligro a la comunidad o a las personas a su cargo, hijos menores de edad o hijos con incapacidad mental permanente. 64.
Igualmente en fallo de tutela la Corte Suprema de Justicia indic� cuales eran los requisitos para ser valorados y ponderados por el juez al resolver sobre la solicitud de prisi�n domiciliaria del padre o madre cabeza de familia: Por lo anterior, es menester que el juez competente para determinar la procedencia o no del beneficio de la prisi�n domiciliaria, luego de considerar los requisitos objetivos que consagra la norma procedimental penal, realice un an�lisis concienzudo y mediante un ejercicio de ponderaci�n, verifique el cumplimiento de todas las circunstancias f�cticas que rodean la solicitud, consistentes en: �i) el inter�s superior del menor, ii) la gravedad de la conducta que lesion� el bien jur�dico tutelado, iii) la situaci�n de indefensi�n en que pueda verse abocado el ni�o o adolescente y iv) la garant�a de que el beneficiado no vaya a evadir la justicia� (Ver CSJ STP, 6 de agosto de 2013, Rad. 68.224 y CSJ STP, 14 de mayo de 2013, Rad. 66.744).
Adem�s, ha dicho la Corte Constitucional sobre el juicio de ponderaci�n que debe hacer el juez frente a los derechos de los menores en el caso del padre o madre cabeza de familia que solicita el beneficio de la prisi�n domiciliaria lo siguiente: �aunque la presencia de un principio constitucional de cierto peso abstracto no hace inocuo el juicio de ponderaci�n, s� demarca una clara l�nea de soluci�n a la colisi�n de principios.
El juez constitucional reconoce, por tanto, una medida que restrinja el esquema de protecci�n del menor, porque limita el goce de sus derechos fundamentales prevalentes, debe ser sometida a un examen de constitucionalidad de mayor rigor que establezca si el sacrificio al que se someten dichas garant�as se justifica necesariamente en aras de la satisfacci�n de los intereses que se le contraponen.
En otros t�rminos, el juicio de ponderaci�n debe dirigirse a establecer si el sacrificio infligido a los derechos de los menores es rigurosamente necesario frente al beneficio perseguido por la norma. (C-154/07, �nfasis agregado). Por lo tanto, el funcionario competente para resolver la solicitud de sustituci�n de una medida intramural por la domiciliaria elevada por el padre o madre cabeza de familia privado de la libertad � sujetos de especial protecci�n constitucional por su situaci�n de vulnerabilidad �, debe, luego del an�lisis de los factores atr�s descritos, llevar a cabo un juicio de ponderaci�n entre el inter�s superior del menor y la satisfacci�n del orden justo, ambos, axiomas constitucionalmente consagrados, para determinar si es necesario el sacrificio a que podr�a someterse uno de estos con la decisi�n que se adopte. 65.
Caso concreto. El censor solicita la aplicaci�n del numeral 5 del art�culo 314 de la Ley 906/04 y de los requisitos de la Ley 720/02 para que sea concedida la prisi�n domiciliaria a su prohijada, norma que a su tenor se�ala que la detenci�n preventiva en establecimiento carcelario, podr� sustituirse por la del lugar de residencia cuando el procesado fuese cabeza de familia �de un hijo menor o que sufriere incapacidad permanente, siempre y cuando haya estado bajo su cuidado�. 66.
En los t�rminos de la realidad procesal, raz�n le asiste al juzgado de instancia cuando se�al� que del acervo probatorio allegado a la foliatura no es posible concluir que se hace indispensable la presencia de Mar�a Carolina C�ceres Ni�o en su lugar de residencia, porque sus hijos de 11 y 13 a�os no est�n desprotegidos dado que cuentan con familiares cercanos como su hermano Steven C�ceres Ni�o, datos que fueron confirmados con el acta de derechos del capturado. 67.
Adem�s de ello en el �acta de arraigo al indiciado� la procesada manifest� que viv�a en uni�n libre, lo que corrobora que existen otras personas que pueden hacerse cargo de los menores de edad. 68. En ese orden, no hay lugar a se�alar que la procesada tiene la condici�n de madre cabeza de familia, en cuanto al cuidado y amor que los menores requieren para su adecuado desarrollo, porque no es suficiente con aludir la carga econ�mica que le corresponde afrontar para el sostenimiento de las personas que conforman su hogar; tambi�n es indispensable que se patentice, a trav�s de los elementos de comprobaci�n, que la sentenciada prodiga asistencia integral y que no se cuenta con otra persona para asumir ese rol, circunstancias de tajo desvirtuadas en el presente asunto, porque los menores cuentan con su t�o e igualmente el padre de aquellos quien es su obligaci�n velar por su bienestar. 69.
No se puede olvidar que conforme al principio de solidaridad consagrado en el art�culo 1� de la Constituci�n Pol�tica, los familiares de los menores tienen el deber de protecci�n para con �stos, siendo los llamados a velar por sus cuidados ante la ausencia de los progenitores, tal como se ha se�alado en reiteradas oportunidades el m�ximo Tribunal Constitucional. 70.
Respecto al deber de solidaridad ha establecido la Corte Constitucional que: La Corte encuentra que se est� haciendo referencia al deber de solidaridad social contendido en la Constituci�n Pol�tica, en los art�culos 1�, 46, y en especial, el 95, numeral 2, que estableci� dentro de los deberes de la persona y del ciudadano �obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas.� El deber de solidaridad est� directamente relacionado con la dignidad humana, y consiste en exigir tanto del Estado como de las personas que est�n en mejor situaci�n (sea en el �mbito econ�mico, social, educativo, f�sico, etc.), la colaboraci�n inmediata cuando las circunstancias lo exijan para evitar un riesgo a la salud o a la vida. 71.
Tambi�n observa la Sala que Mar�a Carolina C�ceres Ni�o preacord� con la FGN las circunstancias de marginalidad y pobreza extrema a cambio de aceptar el delito de tr�fico, fabricaci�n o porte de estupefacientes, situaci�n que permite verificar la clase de personalidad negativa para vivir en comunidad, y su gran insensibilidad social, frente al da�o que causan a la salud la comercializaci�n de esta clase de sustancias adem�s del mal ejemplo que da a sus hijos con esa actividad delincuencial. 72.
De todas maneras, se oficiar� al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, para que eval�e la situaci�n de los menores hijos de la procesada y adelanten los tr�mites necesarios, con el fin de protegerlos y de esa manera determinar la presencia de un familiar cercano, que les pueda brindar las condiciones de afecto y seguridad que requieren dada la situaci�n en la que se encuentra su progenitora. 73.
Captura inmediata. Recu�rdese que la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, indic� en la sentencia de 26 de septiembre de 2007, radicaci�n 27431, criterio reiterado en las providencias de 30 de enero de 2008 y 6 de marzo de 2008, radicaciones 28788 y 28910, respectivamente, que el fallador se encuentra habilitado para disponer la reclusi�n del procesado en establecimiento penitenciario, en este evento desde la firma de la providencia y no conceda subrogado ni sustituto penal alguno: � cuando se condena a un procesado a pena privativa de la libertad y se le niegan subrogados o penas sustitutivas, resulta imperativo que la privaci�n de la libertad se ordene en el mismo momento en que se anuncia el sentido del fallo.
Dicho en otras palabras: cuando un acusado en contra de quien se anuncia un fallo de condena que conlleva la imposici�n de una pena privativa de la libertad cuya ejecuci�n no tiene que ser suspendida, los jueces deben cumplir la regla general consistente en disponer su captura inmediata para que empiece a descontar la sanci�n impuesta. Y si tal mandato lo incumple el a quo se debe impartir el correctivo por el ad quem.
Excepcionalmente el juez podr� abstenerse de ordenar la captura inmediata. En este caso recae sobre el servidor judicial una carga argumentativa conforme la cual debe justificar ampliamente, razonada y razonablemente, conforme lo cual debe quedar suficientemente explicado el por qu� le resulta innecesaria la orden de detenci�n inmediata. Esto podr�a presentarse, por ejemplo, cuando aparece debidamente demostrado que el acusado padece de una grave enfermedad.
En todo caso cada situaci�n deber� ser analizada en forma concreta; muy probablemente no estar�n cubiertas por la excepci�n (i) aquellas personas que han rehuido su comparecencia ante los jueces, (ii) quienes se han escondido o dificultado las notificaciones a lo largo de la actuaci�n, (iii) los que han utilizado estrategias dilatorias en busca de beneficios, (iv) los procesados que han tenido que ser conducidos policialmente para que hagan presencia en la actuaci�n, y (v) en general cuando se den las mismas circunstancias que ameritan la imposici�n de una detenci�n preventiva. 74.
En tal sentido, se ordena a la Secretar�a de la Sala que de manera inmediata, sin esperar la ejecutoria de la decisi�n, libre orden de captura contra Mar�a Carolina C�ceres Ni�o. DECISI�N A m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOT�, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,
RESUELVE
1.- CONFIRMAR integralmente la sentencia recurrida. 2.- OFICIAR en los t�rminos anotados en esta decisi�n. 3.- LIBRAR las �rdenes de captura. 4.- La presente decisi�n se notifica en estrados y contra la misma procede el recurso extraordinario de casaci�n. C�piese y c�mplase. Alberto Poveda Perdomo Magistrado Jairo Fernando Fierro Cabrera Ramiro Ria�o Ria�o Magistrado Magistrado Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 6 de febrero de 2013, radicaci�n 39892. Corte Constitucional, sentencias C-836/01 y C-621/15. Corte Constitucional, sentencia C-516/07. La ley procesal tiene previsto que los preacuerdos tienen como finalidad �humanizar la actuaci�n procesal y la pena; obtener pronta y cumplida justicia; activar la soluci�n de los conflictos sociales que genera el delito; propiciar la reparaci�n integral de los perjuicios ocasionados con el injusto y lograr la participaci�n del imputado en la definici�n de su caso, la Fiscal�a y el imputado o acusado podr�n llegar a preacuerdos que impliquen la terminaci�n del proceso�.
Igualmente, se impone que �el funcionario, al celebrar los preacuerdos, debe observar las directivas de la Fiscal�a General de la Naci�n y las pautas trazadas como pol�tica criminal, a fin de aprestigiar la administraci�n de justicia y evitar su cuestionamiento�. Ley 906 de 2004, art. 348. �En el plano pr�ctico, particularmente de cara a la sociedad, la legitimaci�n del poder judicial deriva de factores como la sujeci�n de sus funcionarios al imperio de la Constituci�n (en estricto sentido, del bloque de constitucionalidad) y la ley; la adopci�n de decisiones libres de presiones e interferencias de naturaleza pol�tica, econ�mica, religiosa, social; la administraci�n pronta, recta, eficiente y eficaz de justicia, concepto que abarca la necesidad de aprestigiar el rol de administrador de justicia, mediante la toma de posturas �ticas, probas y transparentes�.
Cfr. Nota Editorial, Derecho Penal y Criminolog�a, volumen 34, n�mero 96, Bogot�, 2013, p. 9. Cfr. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, auto de 28 de octubre de 2015, radicaci�n 46831. Corte Constitucional, sentencia C-516/07. Sobre los derechos de las v�ctimas, in extenso puede verse Corte Constitucional, sentencia C-516/07. La Corte Constitucional ha considerado en materia de acuerdos y preacuerdos lo siguiente (i) la existencia de estas figuras no vulnera,�per se, el derecho fundamental al debido proceso;
(ii) el fiscal no cuenta con una libertad absoluta al momento de adecuar la conducta punible; (iii) a los hechos invocados en su alegaci�n conclusiva, el fiscal no les puede dar sino la calificaci�n jur�dica que corresponda conforme a la ley penal preexistente; (iv) la intervenci�n de las v�ctimas en los acuerdos y preacuerdos debe ser compatible con los rasgos esenciales del sistema penal de tendencia acusatoria;
(v) no existe una necesaria coincidencia de intereses entre la v�ctima y la Fiscal�a, situaci�n que debe ser tenida en cuenta en materia de preacuerdos; (vi) si bien la v�ctima no cuenta con un poder de veto de los acuerdos celebrados entre la Fiscal�a y la defensa, tiene derecho a ser o�da e informada acerca de su celebraci�n;� (vii) en la valoraci�n del acuerdo, el juez velar� porque el mismo no desconozca o quebrante garant�as fundamentales del imputado y de la v�ctima; y (viii) en determinados casos, el legislador puede restringir o incluso prohibir la celebraci�n de acuerdos o preacuerdos (Sentencia C-059/10). Recu�rdese que son garant�as fundamentales, entre otras, la legalidad de los delitos y de las penas, motivo por el cual el juez no puede dejar de verificarlas sin pretermitir su deber, al menos hasta cuando una ley lo autorice a hacer caso omiso de ellas. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 27 de octubre de 2008, radicaci�n 29979. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 10 de mayo de 2006, radicaci�n No. 30610. Tribunal Superior de Bogot�, Sala de Decisi�n Penal, autos de 25 de agosto de 2014, radicaci�n 110016000019201403599 01; 27 de octubre de 2011, radicaci�n 110016000000201100380 01; 24 de octubre de 2013, radicaci�n 1100160000102201100526 01; y 17 de febrero de 2014, radicaci�n 110016000013201222924 02. Por ejemplo, en la providencia de 15 de noviembre de 2013, radicaci�n 110016000017201213408 01, proferida con ponencia del doctor Pareja Reinemer. Entre muchas, se pueden citar las siguientes: Tribunal Superior de Manizales, Sala de Decisi�n Penal, auto de 19 de marzo de 2014, radicaci�n 201382413 01, M.P. Reyes Cuartas; y el Tribunal Superior de Quibd�, auto de 10 de octubre de 2013, radicaci�n 273616001113201100033, M.P. Socha Mazo. Cuando se trata de casos de flagrancia la pena se puede disminuir hasta en una cuarta parte del beneficio por allanamiento o preacuerdo, seg�n el momento procesal en que se utilice la v�a r�pida de terminaci�n del proceso; a su turno, en los supuestos en se llega a un preacuerdo para que la conducta se degrade por medio de los dispositivos amplificadores del tipo (supuestos de autor�a rebajados a complicidad o de consumado a tentado), la rebaja efectiva de pena desborda las previsiones de la Ley 906 de 2004 en sus art�culos 351, 352 y 367, en concordancia con el 301 (modificado por el art�culo 57 de la Ley 1453 de 2011). Proceso Penal radicado 11001600000201501376 01 contra Jos� Auli L�pez Chac�n por tr�fico de estupefacientes.
Apelaci�n contra la decisi�n del 20 de noviembre de 2015 proferida por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado de Bogot�, que improb� el preacuerdo. Se precisa que dicha decisi�n fue atacada por v�a de tutela y en sentencia de 25 de febrero de 2016, radicaci�n 84228, la Corte Suprema de Justicia dijo que tal proceder constitu�a una invasi�n el rol de la FGN.
En similares t�rminos se pronunci� la Sala en auto del 15 de mayo de 2017 dentro del radicado 110016000015201680077 01 seguido contra Jhonatan Stevens D�vila y otros por el delito de porte de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas. Reportaron los medios de comunicaci�n que �El presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Fern�ndez Carlier,�hizo un fuerte llamado de atenci�n por lo que considera un mal uso de la figura del preacuerdo por parte de la Fiscal�a General.
Para el magistrado en muchas oportunidades se est�n entregando estos beneficios judiciales a procesados que no cumplen con todos los requisitos exigidos. Considera que no se puede fijar un preacuerdo�como una exoneraci�n por los delitos cometidos.��Es un llamado a los fiscales de este nuevo procedimiento abreviado para que tengan en cuenta que a la persona se le debe juzgar por el delito que cometi� y que el beneficio del preacuerdo solo est� representado en una cantidad que le corresponda� (Cfr. HYPERLINK "http://www.elespectador.com/noticias/judicial/jalon-de-orejas-de-la-corte-suprema-por-mal-uso-de-los-preacuerdos-por-la-fiscalia-articulo-681103 2017/02/21" http://www.elespectador.com/noticias/judicial/jalon-de-orejas-de-la-corte-suprema-por-mal-uso-de-los-preacuerdos-por-la-fiscalia-articulo-681103 2017/02/21).
Informaci�n similar apreci� en otros medios, por ejemplo, HYPERLINK "http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/magistrado-eugenio-fernandez-pide-que-se-revise-como-se-otorgan-los-preacuerdos/20170221/nota/3389834.aspx" http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/magistrado-eugenio-fernandez-pide-que-se-revise-como-se-otorgan-los-preacuerdos/20170221/nota/3389834.aspx (2017/02/21). Muestra fehaciente de lo dicho ocurri� en un proceso en el que en la en la audiencia de imputaci�n se describi� la ocurrencia de un secuestro extorsivo; en la acusaci�n se habl� de una extorsi�n agravada, pero para los fines del preacuerdo todo qued� reducido a un simple constre�imiento ilegal.
Cfr. Tribunal Superior de Bogot�, Sala de Decisi�n Penal, sentencia de 13 de enero 2016, radicaci�n 110016000100201400027 02. Corte Constitucional, sentencia C-1260/05. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 19 de octubre de 2006, radicaci�n 25724. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n, Sentencia del 30 de julio de 2014, radicado No. 38.992. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 22 de junio de 2011, radicado 35943. Sentencia CSJ Nro. 30106 del 30 de septiembre de 2009. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, radicado No. 45065 Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 2 de diciembre de 2014, radicado No. 77.028. Ver folio 47. Folio 44. Corte Constitucional Sentencia T � 900/02 PAGE Ley 906 de 2004 � Sentencia de Segunda Instancia Radicaci�n: 11001600001601607626 01 Procesada: Mar�a Carolina C�ceres Ni�o Delito: Estupefacientes P�gina PAGE 30 de NUMPAGES 30 PAGE \* MERGEFORMAT 1 234?Sjz{~�����ij���}kWC/W* hB4r\�&hYJ|hYJ|5�CJOJQJ\�^JaJ&hYJ|haM5�CJOJQJ\�^JaJ&hYJ|h�i95�CJOJQJ\�^JaJ#h�S4h�i9:�CJOJQJ^JaJ$h�S4h�i9@���CJOJQJ^JaJ#h�S4h�i95�CJOJQJ^JaJ h�S4h�hCJOJQJ^JaJ h�S4h�i9CJOJQJ^JaJh�S4h�i95�CJ\�aJ&jh�0�CJUaJmHnHtH $uh�S4h�h@���CJaJh�S4h�i9@���CJaJ4?Sj����������������s$ ����dh*$`��a$gd�S4$��dh`��a$gd�S4$��d�`��a$gd�S4$��d���`��a$gd�S4$��`��a$gdB4r$��`��a$gd�S4$ � ��`��a$gd�S4���d�^�`��gd�S4$��`��a$gd�S4���������������� & 0 6 C D E G ������Ը��ԸԈ{m{f{\RH{f{h]�OJQJ^Jh�oUOJQJ^Jh�y�OJQJ^Jh�S4h�G�h�y�OJQJ^JmH sH h�S4h�G�OJQJ^J'h�S4h�E�5�@���CJOJQJ^JaJh�i�CJOJQJ^JaJhcVCJOJQJ^JaJh�OqCJOJQJ^JaJhYJ|CJOJQJ^JaJ h�S4h�i9CJOJQJ^JaJh�i9CJOJQJ^JaJh�S4h�i9CJ\�aJ�� D ��h�X$���$If^���a$gd�y�}kd�$$If�l��0�� b�� t��0�������6��������������4�4� 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y�http://www.elespectador.com/noticias/judicial/jalon-de-orejas-de-la-corte-suprema-por-mal-uso-de-los-preacuerdos-por-la-fiscalia-articulo-681103 2017/02/21 !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~�������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������� !"#$%&'()����+,-./01����3456789����������������>?��������B��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �FP��&��AData ��������������1Table����������WordDocument ����;�SummaryInformation(������������*DocumentSummaryInformation8��������2MsoDataStore���������C��&��`���&��W0Q���Z�LE��N2��FD�O�A==2���������C��&��`���&��Item ���� �����Properties������������UCompObj���� v���������������� 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