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H: 5:30 p.m. Manizales, diecisiete (17) de febrero de dos mil diecis�is (2016). 1. ASUNTO Una vez aceptado el impedimento y recompuesta la Sala se procede a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa frente a la sentencia proferida el d�a 25 de septiembre de 2015 (adicionada con providencia del 23 de octubre de 2015) por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Manizales, Caldas, mediante la cual la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS fue hallada responsable del concurso homog�neo del delito de �Fraude procesal� que la Fiscal�a le endilg�. 2.
HECHOS Dentro de proceso de sucesi�n intestada y proceso declarativo de existencia de uni�n marital de hecho respecto al occiso Salom�n Restrepo Medina, su compa�era permanente, la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS, ados� como prueba registro civil de nacimiento del 1� de octubre de 1991 de su hijo Edwin, quien aparec�a inscrito tambi�n como hijo del causante, pues fue registrado con los apellidos Restrepo �vila, conoci�ndose que tal registro presentaba una anomal�a, como era que fue constituido con posterioridad a uno previo que ya ten�a el joven Edwin, quien hab�a sido tambi�n inscrito el 27 de julio de 1987 en la Notar�a �nica del C�rculo de Puerto Boyac�, Boyac�, con los apellidos Caballero �vila, esto es, como hijo de la se�ora OMAIRA �VILA y del se�or Campo El�as Caballero; situaci�n que quiso ocultar la mujer que, de forma fraudulenta, se coligi� present� el segundo de los registros, en perjuicio de los dem�s herederos y en desmedro del ejercicio correcto y eficaz de la administraci�n de justicia, raz�n por la cual se germin� la causa penal que ahora nos convoca. 3.
ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Tras buscarse infructuosamente la comparecencia de la se�ora OMAIRA �VILA, el d�a 11 de mayo del a�o 2010 se surti� diligencia en fase de control de garant�as en la que se le declar� persona ausente, tras lo cual, con la presencia de su representante judicial, se surti� la formulaci�n de la imputaci�n, endilg�ndole la Fiscal�a el delito de Fraude procesal en concurso homog�neo; luego de lo cual se reclam� y decret� medida de aseguramiento en su contra. 3.2.
Culminada la fase investigativa, el �rgano persecutor present� escrito de acusaci�n, correspondi�ndole el conocimiento al Juzgado Segundo Penal del Circuito de Chinchin�, Caldas, despacho que el d�a 29 de enero de 2015 celebr� audiencia de formulaci�n oral de acusaci�n, en la que a la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS se le atribuy� definitivamente el delito contra la Recta y Eficaz impartici�n de justicia atr�s referido y enlistado en el art�culo 453 del C�digo Penal. 3.3.
El proceso sigui� su curso normal, siendo as� como los d�as 13 de noviembre de 2010, 20 de enero de 2011 y 10 de marzo del mismo �ltimo a�o se surti� la audiencia preparatoria, fij�ndose la realizaci�n del juicio oral, el cual se instal� el d�a 23 de mayo de 2011, sin que pudiese seguir su curso ordinario, toda vez que la Defensa promovi� una solicitud de preclusi�n por inexistencia del hecho, la cual fue resuelta de forma desfavorable por el Juzgado, promovi�ndose la apelaci�n que conoci� este Tribunal que ratific� la negativa del pedimento. 3.4.
Retornado el expediente al Juez Segundo Penal Circuito de Chinchin�, �ste se declar� impedido atendiendo las consideraciones realizadas al resolver la preclusi�n, por lo que remiti� el asunto a su hom�logo primero de la misma localidad, el cual tambi�n se declar� impedido por haber realizado an�lisis de fondo cuando fungi� como juez de garant�as en segunda instancia, raz�n por la que el proceso se direccion� al Juzgado Primero Penal del Circuito de Manizales, siendo en este punto en el que su titular no consider� fundado el impedimento del �ltimo de los jueces de Chinchin�, raz�n por la que promovi� que la disyuntiva fuera zanjada por este Tribunal, el cual mediante providencia del d�a 5 de agosto de 2011 ratific� que el impedimento planteado era fundado y, en consecuencia, asign� la competencia al Juzgado de Manizales ya relacionado. 3.5.
Definido pues el Juzgado encargado de adelantar el juicio oral, tal audiencia fue diligenciada en su primera parte (presentaci�n de teor�a del caso por la Fiscal�a) el d�a 6 de febrero de 2012, escenario en el que se pidi� un aplazamiento para mejor preparaci�n de la defensa, a lo cual se accedi� y gener� que el tr�mite se continuara el 13 de agosto de 2012, data en la que la Defensa reclam� la nulidad del proceso, la cual fue negada por el a quo y por este Tribunal en sede de segunda instancia. 3.6.
Atendiendo todos los anteriores intr�ngulis procesales y las diversas contingencias que ocasionaron la dilaci�n del asunto, s�lo hasta los d�as 24 y 25 de agosto del a�o 2015 pudo desplegarse la pr�ctica de pruebas, la que una vez finalizada permiti� que el Juez, tras escuchar los alegatos de clausura, emitiera un sentido del fallo de car�cter condenatorio.
4. LA SENTENCIA 4.1. Superado el anterior discurrir procesal, a los 25 d�as del mes de septiembre de 2015, se profiri� el fallo con el cual se conden� a la procesada a las penas principales de 90 meses de prisi�n, multa por 250 smlmv e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por 75 meses, otorg�ndosele la prisi�n domiciliaria, luego de concluirse que, producto de la pr�ctica de pruebas, se conoci� que la se�ora OMAIRA �VILA, a sabiendas de que el registro civil en el que su hijo aparece con el apellido Restrepo no se compagina con el verdadero estado civil de �ste, hizo uso del mismo a fin de obtener sentencia judicial que la favoreciera a ella y a su descendiente, perjudicando a terceros que s� ten�an filiaci�n con el se�or Salom�n Restrepo.
Para arrimar a tal conclusi�n el a quo comenz� refiriendo la acreditaci�n de dos registros civiles de nacimiento del hijo de la procesada, los cuales ten�an marcadas diferencias, destac�ndose los apellidos del inscrito y el nombre de su progenitor, siendo as� como se concluy� que uno de ellos fue elaborado bajo manifestaci�n falsa del interesado, pudi�ndose colegir a trav�s de la prueba testimonial que lo fue el segundo, en tanto que dos conocidos cercanos de la procesada supieron que el se�or Campo El�as Caballero era el padre de Edwin, como efectivamente se constata con la partida de bautismo del joven, apareciendo como el progenitor, al igual que en el registro civil primigenio.
En el mismo sentido relacion� el Juzgador que el testigo Jaime Restrepo (hermano del occiso y cu�ado de la procesada) fue claro en referir que en la fiesta de bautismo era presentado Campo El�as Caballero como el padre de Edwin, y adem�s inform� que su hermano conoci� a OMAIRA �VILA en el a�o 1989 o 1990, datas para las cuales el peque�o ya hab�a nacido, lo que consider� el Juzgador que se respaldaba con lo dicho por la testigo Mar�a Cenelia Ceballos (ex esposa de Jaime Restrepo), quien por la amistad que sosten�a con OMAIRA, le escuch� decir en una conversaci�n que ten�a dos registros civiles de nacimiento de su hijo pero que s�lo empleaba en el que aparec�a como hijo de Salom�n, para que cuando �ste faltara ella pudiese reclamar lo que consideraba era justo que le correspond�a por trabajar tanto al lado de �ste para formar un patrimonio, pudiendo as� dejar sin nada a sus otras hijas, es decir, Victoria Eugenia y Luz Stella.
As� las cosas, con la prueba documental y testimonial se denot� que tras la muerte del se�or Salom�n Restrepo, su compa�era sentimental hizo valer un registro civil irregular como prueba, con el �nico fin de obtener sentencia judicial a su favor, lo cual hizo con plena conciencia, raz�n por la que era dable predicar su responsabilidad por el delito de fraude procesal, en el que incurri� en concurso homog�neo por emplear el registro civil en dos procesos civiles distintos. 4.2.
Le�da la anterior decisi�n la Representaci�n de v�ctimas adujo que el punto referente a la cancelaci�n del registro civil fraudulento no hab�a sido tocado, situaci�n que motiv� que el Juzgador de instancia, mediante decisi�n del 23 de octubre de 2015, procediera a complementar lo decidido con fundamento en la existencia de una omisi�n en la parte resolutiva, determinando que como quiera que el estado civil es �nico y su registro tambi�n, no podr�a avalarse la existencia de dos registros civiles, por lo que era dable la cancelaci�n del segundo que se concluy� fue fraudulento, como finalmente se adicion� con el fallo. 5.
LA APELACI�N 5.1. Una vez notificada a las partes actuantes la decisi�n en estrados �nicamente la Defensa interpuso recurso vertical de apelaci�n, el cual sustent� oralmente en los siguientes t�rminos: Plante� inicialmente el Censor que se utiliz� el presente proceso para sacar avante las pretensiones de una impugnaci�n de paternidad que ya no podr�a promoverse, usando as� la jurisdicci�n penal para saltarse la civil, logrando lo ya caduco, como fue la cancelaci�n de un registro civil que, por dem�s, dejan a una persona no vinculada al proceso y a su hija menor de edad sin apellido, en desmedro de la dignidad que es principio rector del procedimiento penal.
De esta forma hizo relaci�n el apelante a un defecto org�nico por falta de competencia del juez penal para decidir una impugnaci�n de paternidad ya caduca. El Defensor censur� a continuaci�n que se hubiesen desconocido las direcciones que exist�an de la se�ora OMAIRA en los procesos civiles, no logrando una notificaci�n correcta de la investigaci�n en su contra, por lo que se configur� un vicio en cuanto a la vinculaci�n, sin que nunca hubiese sido citada a indagatoria, lo cual dar�a lugar a una nulidad, como tambi�n lo dar�a el que se hubiese cambiado de sistema de enjuiciamiento (de Ley 600 a Ley 906) en detrimento del respeto de las formas propias que le correspond�an al juzgamiento.
Aparece luego con la alzada, un ataque a la imparcialidad, tras lo cual se insiste en la afectaci�n del debido proceso por el hecho de iniciar el tr�mite bajo las formas de la Ley 600, constituyendo incluso parte civil, para luego, sin anular, cambiarlo todo al nuevo procedimiento, despu�s de lo cual se duele el Censor de que el hecho aqu� juzgado ya fue fallado en un proceso por falsedad iniciado en La Dorada, que termin� por prescripci�n de la acci�n. De otra parte la Defensa califica como anormalidad procesal el que se decidiera respecto a la anulaci�n del registro civil de nacimiento de Edwin Restrepo, sin que fuese vinculado al proceso, viol�ndosele los caros derechos que como menor de edad en su momento ten�a, y quien no podr�a verse perjudicado por un proceso penal que debi� culminar con preclusi�n porque ya se hab�a adelantado otro tr�mite civil por el mismo hecho, culminando con la sentencia que neg� la nulidad del registro civil de nacimiento del joven Edwin Restrepo, quedando ejecutoriada en debida forma.
Despuntado lo precedente insisti� el Defensor en que no hubo decisi�n alguna que determinara que el segundo registro civil era falso, por lo que no se contaba con el elemento material del fraude procesal que para este caso ser�a el registro falso de nacimiento, para lo cual indispensable era prueba de ADN que indicara que Edwin no era hijo del se�or Restrepo, a lo que sum� que si hubo una defraudaci�n fue de parte de este mismo se�or Salom�n Restrepo al momento de la inscripci�n, estando as� ante un hecho irregular prescrito.
Todo lo expuesto lo fundament� en el fallo de tutela T-390 de 2005, el cual apunt� trataba un asunto an�logo al aqu� concitado y, por consiguiente, apto para mostrar que el registro civil de Edwin Restrepo no era dable cancelarlo por el juez penal, para suplir el que no se hubiese logrado a trav�s de la acci�n de nulidad ni la investigaci�n de paternidad que nunca se intent� en este caso. 5.2.
La Fiscal�a, como sujeto procesal no recurrente, present� escrito con el que reclam� la confirmaci�n del fallo de instancia, planteando inicialmente que se est� ante una falta de sustentaci�n del recurso de apelaci�n, en tanto no se ha atacado la sentencia, sino que se duele el Censor que no se haya presentado una demanda de impugnaci�n de la paternidad.
A continuaci�n refiri� que para adelantar el proceso no se omiti� la direcci�n de la se�ora OMAIRA y, por el contrario, se le cit� en debida forma, por lo que pudo declar�rsele persona ausente, garantiz�ndole as� su derecho de defensa, lo cual se constat� al advertir como durante el juzgamiento la procesada cambi� varias veces de apoderado.
Luego la Fiscal�a se�al� que no tuvo una mirada parcializada del asunto sino que cumpli� con su designio constitucional, sin incurrir en irregularidades que dieran lugar a nulidades que debieron discutirse en la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, como no se hizo, porque el proceso respet� las garant�as, las que tampoco se vulneraron por no citarse a la causa penal a Edwin, pues se trataba de un asunto para resolver el fraude procesal de aquella, lo cual tuvo como consecuencia evidenciar que Edwin ten�a un doble registro civil de nacimiento, lo que claramente no puede permitirse y deb�a corregirse con la cancelaci�n del espurio. 5.3.
Tambi�n por escrito la representaci�n de las v�ctimas sugiri� la confirmaci�n de la sentencia de primer nivel, acotando inicialmente que con la apelaci�n no se atac� la credibilidad de los testigos, los cuales adujo eran fundamento s�lido, junto con la restante prueba (como la partida de bautismo y los registros civiles mismos), que acreditaba que el segundo registro civil de nacimiento de Edwin es falso.
Pas� el abogado a referir que el hecho de que hubiese prescrito la acci�n penal acerca de la falsedad del registro civil de nacimiento, no desdice su car�cter de falso, siendo tal aspecto esencial para verificar el fraude procesal que implicaba el acto de su utilizaci�n, episodio que era el que se juzgaba, mas no su formaci�n falaz a�os atr�s. Tras lo anterior, se refiri� el replicante a la conciencia de la antijuridicidad de la procesada, la cual dedujo de las manifestaciones que le hizo a su amiga Cenelia, quien testific� en juicio.
Finalmente explic� el Abogado la raz�n por la que este asunto se surti� correctamente bajo los ritos de la Ley 906 de 2004, sin que fuese necesario vincular a la procesada mediante indagatoria, sino, tal y como aconteci�, citada, emplazada y posteriormente declarada persona ausente, pudiendo ejercer su derecho de defensa, pasando luego a decir que la orden del juez de cancelar el segundo registro civil de nacimiento se sustenta en los arts. 22 y 101 del C.P.P., sin que la jurisprudencia citada por el impugnante sea aplicable a este caso. 6.
CONSIDERACIONES. 6.1. Planteamiento del asunto. Es hecho conocido y no controvertido que dentro de dos procesos civiles, como lo son la sucesi�n intestada del se�or Salom�n Restrepo Medina y la declaraci�n de uni�n marital de hecho entre �l y la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS, �sta ha hecho uso, como prueba, del registro civil de nacimiento No. 16264715 del 1� de octubre de 1991 en el que se registr� a Edwin Restrepo �vila como hijo de los mencionados.
Sustrato f�ctico que es el que dio vida a la presente causa penal, como quiera que se conoci� que el jovencito Edwin previamente ya hab�a sido registrado el 27 de julio de 1987 como hijo de la se�ora �VILA BALLESTEROS y el se�or Campo El�as Caballero, lo cual permiti� identificar que cuando la mujer hizo uso del segundo de los registros civiles se val�a, con plena conciencia, de un documento espurio para lograr una decisi�n judicial favorable a sus intereses pero no ajustada a la realidad.
Componente base para el delito de �Fraude procesal� por el que se le ha enjuiciado y condenado, gener�ndose con tal decisi�n la cancelaci�n del registro civil aludido, las cuales son decisiones que han sido rebatidas por la Defensa que, a trav�s de su impugnaci�n, plantea varios reparos: (i) uno direccionado a plantear la improcedencia de declarar la existencia de un fraude procesal, cuando la base es un documento que se predica espurio pero que no ha sido formalmente determinado como falso y cuando, adicionalmente, no se ha acreditado con prueba de ADN que Edwin Restrepo no es hijo del se�or Salom�n Restrepo;
(ii) otro relacionado con la inviabilidad de cancelar un registro civil por parte del juez penal, menos a�n cuando ello tiene su escenario natural, cual es el proceso civil de impugnaci�n de la paternidad que aqu� no se intent� y que fue negada en proceso ordinario de nulidad de tal documento (iii) y finalmente una serie de censuras relacionadas con la forma como se despleg� esta causa penal generadoras, a su juicio, de nulidad, como lo fue la Ley procesal acogida, la notificaci�n de la se�ora OMAIRA de su calidad de procesada y la no vinculaci�n de los afectados con la decisi�n de cancelaci�n del registro civil supuestamente fraudulento.
Aspectos todos que se proceder� a desarrollar a continuaci�n, teniendo presente que por sus caracter�sticas reclaman de un juicioso an�lisis jur�dico, as� como probatorio. 6.2. Asunto preliminar. Imposibilidad de retomar temas ya debatidos y resueltos, que no ata�en directamente al contenido de la decisi�n de instancia. El recurso de apelaci�n se considera como el remedio procesal que tiene por fin lograr que un �rgano judicial funcionalmente superior con respecto a quien dict� una decisi�n que se estima injusta, la revoque y/o reforme, total o parcialmente.
Se trata, por tanto, de un medio de impugnaci�n que tienen las partes para atacar las resoluciones judiciales, ya sea por estimar que se ha incurrido en una err�nea apreciaci�n de la materia del litigio, de los hechos, o de la prueba, ora porque se ha realizado una interpretaci�n o aplicaci�n equivocada del derecho. De ah� que la jurisprudencia patria haya sido y sea del criterio, seg�n el cual, �el objeto sobre el cual debe recaer su discurso [del Impugnante] no puede ser otro diferente a la providencia misma�.
Empero, habr� de sumarse que con la interposici�n de los recursos ordinarios frente a una sentencia judicial, podr�an ventilarse, adem�s de los yerros que aparentemente han quedado contenidos en ella, defectos de orden procesal que maculan con ilegalidad la actuaci�n y, por tal, vician el fallo confutado. Lo cual, a no dudarlo, no puede identificarse como la posibilidad que frente a la apelaci�n de un auto o una sentencia se proponga cualquier desacuerdo pret�rito que se dej� pasar o que ya fue discutido y decidido, siendo as� como al analizar un recurso ordinario no podr� avalarse que el Impugnante desv�e su camino y reabra debates superados a trav�s de decisiones ya ejecutoriadas.
Ello en atenci�n a importantes principios de orden procesal (con incidencia sustancial), tales como la seguridad jur�dica y la cosa juzgada, los cuales tienen como norte evitar que el aparato jurisdiccional altere situaciones que ya fueron definidas y respecto de las cuales las partes ya tienen certeza, lo que les significa contar con que una decisi�n que ya ha sido sometida al estudio de un juez, que ha cobrado ejecutoria material, bien porque Jueces Superiores la han confirmado, ora porque contra la misma no se interpusieron los recursos ordinarios, no sea variada posteriormente de manera repentina, tirando por la borda decisiones pasadas, como si no existieran.
Al respecto, la Honorable Corte Constitucional en Sentencia C-462 de 2013, con ponencia del Magistrado Mauricio Gonz�lez Cuervo, se�al� que: �2.2.1. La cosa juzgada constituye una cualidad que se predica de una determinada hip�tesis f�ctica o normativa. La expresi�n �cosa juzgada� caracteriza un determinado conjunto de hechos o de normas que han sido objeto de un juicio por parte de un tribunal con competencia para ello y en aplicaci�n de las normas procedimentales y sustantivas pertinentes.
La cosa juzgada encuentra fundamento (i) en la necesidad de preservar la seguridad jur�dica que se anuda a la consideraci�n de Colombia como un Estado Social de Derecho (art. 1), (ii) en la obligaci�n de proteger la buena fe al promover la predictibilidad de las decisiones judiciales (art. 83), (iii) en el deber de garantizar la autonom�a judicial impidiendo que luego de examinado un asunto por el juez competente y seg�n las reglas vigentes, pueda reabrirse un debate (art. 228) y (iv) en el deber de asegurar la supremac�a de la Constituci�n (art. 4).
A este fundamento se adscribe el car�cter intangible, inmutable, definitivo, indiscutible y obligatorio que acompa�a a la cosa juzgada. (Subrayado y negrilla fuera de texto.). Con relaci�n a la aplicaci�n de dicho principio, la Corte Suprema de Justicia ha manifestado la improcedencia de retomar de manera indefinida temas que han sido abordados de fondo por las mismas autoridades judiciales, y lo ha realizado de la siguiente manera: �2.
Efectivamente la solicitud deprecada por el actor ante el Juzgado accionado, ya fue resuelta en la fecha atr�s mencionada mediante providencia contra la cual �ste, no obstante haber sido debidamente notificado el 4 de enero de 2010, no expres� desacuerdo alguno a trav�s de los recursos ordinarios.� �En este orden de ideas, es necesario recordar que la doctrina constitucional ha sido clara y enf�tica en se�alar que la inconformidad de las partes con las actuaciones de los funcionarios judiciales ha de ser planteada y debatida en su debida oportunidad y al interior del escenario natural, acudiendo para ello a los medios de impugnaci�n instituidos en la ley (�)� (�) �3.
Resulta entonces ajustado al Ordenamiento el auto atacado por cuanto, se reitera, lo solicitado ya hab�a sido resuelto y no es viable plantear reiteradamente asuntos jur�dicamente consolidados, en particular cuando sobre las tem�ticas decididas, se insiste sin introducir variante alguna, caso en el cual habr� de sujetarse a lo dispuesto en aplicaci�n de los principios de econom�a procesal, eficiencia y cosa juzgada, puesto que, de lo contrario, podr�an debatirse perennemente las cuestiones judiciales, situaci�n que implicar�a no solamente una limitaci�n injustificada de la seguridad jur�dica, sino un desgaste inoficioso de la administraci�n de� justicia.�(Resalt� y subray� la Sala) En este orden de ideas, f�cil se advierte que el atributo de inmutabilidad que adquieren decisiones adoptadas en precedencia dentro de un mismo proceso, al hacer tr�nsito a cosa juzgada, imposibilita a la Sala para reabrir la materia que solventaron.
Todo lo cual se hace aplicable para este asunto en el que, si bien la Defensa impugnante ha esbozado censuras que habr�n de conocerse, se tiene tambi�n que parte de su argumentaci�n se trata de la exposici�n de reparos frente al discurrir procedimental en relaci�n con los cuales ya lanz� su cr�tica, reclamando incluso la nulidad de lo actuado, lo cual ha sido ventilado en anteriores oportunidades y zanjado mediante decisiones, tanto del Juzgado de primer nivel como por este Tribunal, que han adquirido firmeza.
En efecto, al analizar lo ya debatido se encuentra: 1. La se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS ha sido vinculada a la presente causa penal a trav�s de la declaratoria de persona ausente que acaeci� en fase de control de garant�as, trat�ndose de una determinaci�n que de ser un desafuero reclamaba que al realizarse la audiencia de formulaci�n de acusaci�n se propusiera la nulidad, la que finalmente no se reclam� en tal diligencia surtida el 7 de septiembre de 2010.
Empero, con posterioridad el reparo referente a la vinculaci�n formal de la procesada fue ventilado al inicio del juicio oral el 13 de agosto del a�o 2012, cuando la Defensa reclam� la nulidad de lo actuado, entre otros motivos, por obviarse groseramente la ubicaci�n de su cliente, obteniendo un pronunciamiento de fondo de la Juez competente en su momento, pasando luego la tem�tica a debate en sede de segunda instancia, la cual se desat� por este Tribunal a trav�s de auto del 11 de septiembre de 2012 (aprobado mediante acta No. 317) en el que se dedic� un ac�pite exclusivo a la comparecencia del procesado y a la figura de la declaratoria de persona ausente, para concluir en el caso concreto que a la se�ora OMAIRA �VILA no se le someti� a una lesi�n de garant�as que justificara la invalidaci�n de la actuaci�n. 2.
Ahora bien, en las mismas decisiones del 13 de agosto de 2012 del Juzgado Primero Penal del Circuito de Manizales y del 11 de septiembre de 2012 de la Sala Penal del Tribunal Superior de Manizales, se avizora un estudio acerca de la inexistencia de un doble juzgamiento por los mismos hechos, al cotejarse que en efecto hubo un proceso penal respecto del cual oper� el fen�meno de la preclusi�n por prescripci�n (causal objetiva), decidi�ndose que se trataba del asunto referido a la presentaci�n del registro civil de nacimiento de Edwin Restrepo en la investigaci�n penal por el homicidio del se�or Salom�n Restrepo, mas no en los procesos civiles de sucesi�n y declaraci�n de uni�n marital de hecho que es por lo que se ha generado la presente actuaci�n; aclarando que se incurre en el delito de fraude procesal cuantas veces se emple� el documento falaz.
La Sala del Tribunal, en efecto, fungiendo como juez de segundo nivel, sin posibilidad de m�s instancias, sell�: �Y as�, por cada intento de fraude al operador de justicia, necesariamente se tendr� un posible nuevo il�cito. Y es que esa investigaci�n en la cual pudo advertirse la comisi�n de una conducta contra la Administraci�n de Justicia, aunque pudiera considerarse la matriz de estas diligencias, en manera alguna da lugar a entender que ese era el proceso apto para investigar otras presuntas actuaciones fraudulentas ejercidas por la procesada en otros escenarios judiciales o administrativos�. 3.
Ahora bien, tambi�n se ha ventilado lo referente al sistema de enjuiciamiento adoptado para sobrellevar este asunto, censurando que lo fuese bajo los ritos de la Ley 906 de 2004, decisi�n que ya ha tenido oportunidad de explic�rsele por parte de las autoridades judiciales a la procesada, en tanto fue la que se tuvo en cuenta atendiendo que el hecho investigado data del a�o 2005, �poca para la cual en el distrito judicial de Manizales ya estaba implementado el sistema penal acusatorio por el que se impuls� este caso que, al igual que lo referido a la vinculaci�n de la procesada, era una tem�tica a censurar en su momento en la audiencia de formulaci�n de la acusaci�n, como no ocurri�, quedando as� saneado el procedimiento en el que tampoco se exterioriz� nunca una consecuencia nociva de acoger las reglas de la Ley 906 de 2004, las cuales se han respetado a cabalidad y, por tal, restan trascendencia a la cr�tica de la que su escenario de exposici�n ha precluido. 4.
Finalmente d�gase que otro reparo que ha sido reiterado es aquel que apunta a se�alar que la no declaratoria de nulo por falsedad del registro civil de nacimiento objeto de este juzgamiento genera el decaimiento del proceso por inexistencia del hecho, pues una argumentaci�n tal fue planteada por la Defensa al solicitar la preclusi�n del proceso y que fue resuelta por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Chinchin� el 23 de mayo de 2011 mediante auto en el que se concluy�: �En el caso que nos convoca la situaci�n planteada no es de ese talante, y a la parte e intervinientes les asiste raz�n en afirmar que la sola existencia de la sentencia del Juzgado Promiscuo de Familia sobre la nulidad del prementado registro civil, no deslegitima la pretensi�n de la Fiscal�a, ni determina de manera objetiva, que la conducta no haya existido o que la procesada no sea responsable de ella, puesto que de una parte, la Fiscal�a ha solicitado la pr�ctica de otras pruebas que deber�n valorarse en conjunto, y de otra, el delito de FRAUDE PROCESAL, no tiene como fundamento material, ni formal, la declaratoria de falsedad de un documento, sino la utilizaci�n fraudulenta o enga�osa del mismo, en la forma como lo ha indicado el ente investigador, ante un funcionario p�blico, con el fin de obtener sentencia, resoluci�n o acto administrativo contrario a la ley, lo cual est� por debatirse dentro del juicio que est� pendiente de realizar.
Por lo anterior la causal primera alegada por la defensa para la preclusi�n de la investigaci�n, no tiene respaldo f�ctico ni jur�dico�; decisi�n que fue confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior mediante auto del 21 de junio de 2011. Pues bien. Se comprende as� porque en el presente asunto, tal y como se ha anticipado, no es dable dar curso �ntegro a la apelaci�n interpuesta por la Defensa, manteniendo indemne tem�ticas como (i) el procedimiento aplicado, (ii) la vinculaci�n a la causa de la se�ora OMAIRA �VILA, (iii) doble juzgamiento por proceso pasado por falsedad y fraude que culmin� con preclusi�n y (iv) imposibilidad de continuar ejercicio de la acci�n penal por inexistencia del hecho; asuntos relevantes pero ya debatidos en estadios procesales superados, precluidos y clausurados a trav�s de autos -incluso de segunda instancia- ejecutoriados, raz�n suficiente para que no haya ahora un nuevo pronunciamiento judicial sobre el particular, y mucho menos una nueva censura bajo el amparo de la apelaci�n del fallo, pues de esta manera se da un empleo indebido a la posibilidad de impugnar, en tanto no se recurrir� lo decidido, sino que, a trav�s de una argucia procedimental, se dar� apertura a una manida discusi�n sobre pedimentos ya negados mediante decisiones ejecutoriadas.
Es el punto entonces de darle curso a las dem�s censuras que s� se perfilan novedosas y ata�en a lo decidido en la sentencia. 6.3. Competencia del Juez penal para conocer de este asunto. Bien es sabido que el derecho penal ha sido entendido, dados sus pesarosos efectos, como la ultima ratio del poder, por lo que no todo el ordenamiento puede guiarse por normas de orden jur�dico-penal, sino s�lo aquellos atentados m�s gravosos que afectan de forma acentuada las bases axiol�gicas de la organizaci�n pol�tica (principio de fragmentariedad) y reclaman una reacci�n institucional poderosa.
Es as� entonces como los comportamientos simplemente inmorales y todas aquellas conductas que constituyen injustos administrativos o civiles, deber�n mantenerse al margen de la criminalizaci�n, lo cual conduce a la Sala a asignarle la raz�n al Impugnante cuando sugiere que no podr� la jurisdicci�n en su especialidad penal convertirse en panacea para discutir cualquier controversia jur�dica que habr�a de ventilarse por naturaleza ante el juez civil.
Sin embargo, con ello no puede desconocerse que existen comportamientos humanos que teniendo trascendencia en el plano civil, en paralelo y en raz�n a su gravedad, tambi�n ata�en al derecho penal, por lo que su discusi�n trasciende al derecho privado y se convierte en un asunto investigable por las autoridades encargadas de la persecuci�n penal.
En efecto, existen actos que poseen efectos civiles que se debaten en tal rama de la jurisdicci�n, sin ir m�s all�, pero existen otros que, interesando al derecho privado, tambi�n son de relevancia jur�dico penal. Para ejemplificar lo acotado d�gase: Quien estando casado sostiene relaciones sexuales extramatrimoniales da lugar a que su c�nyuge reclame la cesaci�n de efectos civiles del matrimonio que han constituido, sin que tal acto posea alg�n tipo de relevancia y efectos en el plano penal, como no ocurre cuando la causal de divorcio no es ya la infidelidad, sino los ultrajes y trato cruel de uno de los c�nyuges a su pareja, pues por la afectaci�n que de bienes jur�dicos protegidos por el derecho penal genera esta conducta, deber� investigarse si encuadra en el delito de violencia intrafamiliar, sin que genere limitante para el ius puniendi el que la jurisdicci�n ordinaria en su especialidad civil haya tomado decisiones respecto al matrimonio.
De esta manera, entonces, se perfila que hay conductas que pueden generar ciertos efectos civiles susceptibles de declaraci�n mediante el proceso civil, y a su vez tener incidencia para el derecho penal y, por tal, generar un juicio de responsabilidad criminal que culmine en una decisi�n condenatoria. Pi�nsese, por ejemplo, en quien como causahabiente se conoce que ha sido quien pag� para que se diera muerte al causante, pues en este caso, no s�lo ser� indigno de heredar en el plano civil, lo cual habr� de declararse dentro del proceso sucesoral, sino que tambi�n recibir� la consecuencia jur�dica que el ordenamiento penal contempla por el delito de homicidio.
Lo cual significa para este caso que el hecho de que el eventual empleo de un registro civil fraudulento diese lugar a la impugnaci�n de la paternidad y p�rdida de efectos de tal documento contentivo del estado civil de una persona (efectos civiles), no es �bice para que, de manera simult�nea, la Fiscal�a investigase e impulsara el juzgamiento de quien promovi� el fraude con el que se ha lacerado la administraci�n de justicia y su correcto funcionamiento.
Es decir, que unos ser�n los efectos sobre la filiaci�n que un registro civil de nacimiento falso ocasione, y otras las consecuencias penol�gicas que su empleo doloso reclama; lo que ahora se traduce en que el Juez penal s� est� habilitado para conocer y pronunciarse acerca de los hechos que aqu� conciernen, sin que ello signifique que est� avocando competencia para resolver sobre la impugnaci�n de la paternidad, pues su an�lisis es en torno a si el hecho investigado se identifica como conducta t�pica, antijur�dica y culpable.
Siendo este el punto para adentrarse a clarificar si est�n dados los presupuestos jur�dicos y probatorios como para calificarlos constitutivos de fraude procesal o si, tal y como ha sido planteado con la apelaci�n, estamos de cara a unos hechos que no pueden tildarse de fraudulentos por la falta de certidumbre en relaci�n con que lo signado en el registro civil de nacimiento de Edwin sea falso. 6.4.
Configuraci�n del delito de fraude procesal. 6.4.1. Para comenzar, sea del caso referir, como ya ha sido sellado en otras oportunidades por esta Sala, que el delito de Fraude procesal significa simulaci�n o falacia en una actuaci�n procesal, judicial o administrativa, y para que sea punible se requiere que quien enga�a tenga el deber jur�dico de decir la verdad. �Art�culo��453.�� Fraude procesal.
El que por cualquier medio fraudulento induzca en error a un servidor p�blico para obtener sentencia, resoluci�n o acto administrativo contrario a la ley, incurrir� en prisi�n de cuatro (4) a ocho (8) a�os, multa de doscientos (200) a mil (1.000) salarios m�nimos legales mensuales vigentes e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas de cinco (5) a ocho (8) a�os.
El Fraude procesal es, pues, el hecho realizado por cualquier persona que, interesada en resolver un asunto jur�dico que se est� adelantando ante un despacho judicial o autoridad administrativa, provoque un enga�o a trav�s de informaciones falsas, para obtener una decisi�n judicial o administrativa en su beneficio y como consecuencia de esa informaci�n. Tal ilicitud se configura a trav�s de elementos objetivos y subjetivos.
Entre los elementos objetivos se encuentran: i) el sujeto activo, que puede ser cualquier persona que tenga un inter�s en la decisi�n del asunto jur�dico que se est� conociendo; y ii) el empleo de medios fraudulentos en procesos judiciales o administrativos, que se caracteriza por presentar al Funcionario judicial o a la autoridad administrativa, los hechos o las circunstancias diferente de c�mo aparecen en la realidad, es decir, contrarios a la verdad; esos medios fraudulentos pueden consistir en la manifestaci�n de testimonios falsos, documentos falsos, alteraci�n de registros, escritos falaces, etc.
Mientras que entre los elementos subjetivos del delito de Fraude procesal, se encuentra el dolo, es decir, la intenci�n y conocimiento del autor de estar provocando error en el Funcionario judicial o a la administraci�n, con el prop�sito �ltimo de conseguir una sentencia o resoluci�n favorable para sus intereses pero contraria a la ley por haber logrado ladinamente que se declarase lo que, respetando la realidad, no hubiese acontecido. 6.4.2.
Despuntado lo precedente habr� de analizarse entonces si ha quedado acreditado en el sub judice el uso del medio fraudulento, lo que niega el Apelante planteando que el registro civil de nacimiento en cuesti�n no ha sido declarado falso, tampoco ha sido anulado y, de contera, no hay prueba que indique que Edwin Restrepo no es hijo del �bito Salom�n Restrepo. 1.
Pues bien, frente al particular, lo primero que quiere despuntar esta Sala es que el registro civil de nacimiento en cuesti�n, esto es, aqu�l de serial No.16264715 de la Registradur�a del Estado Civil de Puerto Salgar, Cundinamarca, con el que se registr� el nacimiento de Edwin Restrepo �vila, como hijo de OMAIRA �VILA BALLESTEROS y del se�or Salom�n Restrepo, no podr�a entenderse genuino por la inexistencia de un fallo condenatorio en el que se predique que se trata de un documento falso.
Si bien la existencia de una decisi�n penal en ese sentido clarificar�a de forma absoluta el aparecimiento ilegal a la vida jur�dica del documento, la ausencia de un pronunciamiento tal no impide que ahora, el Juez penal competente para este caso, de acuerdo a la prueba que ha sido practicada, pueda arrimar a una conclusi�n acerca del origen espurio del registro civil en cuesti�n. La falsedad documental est� establecida como un atentado contra la fe p�blica y, por tal, pueden adelantarse procesos penales para sancionar al responsable de su creaci�n o de su utilizaci�n, sin embargo, el car�cter de falso de un documento no est� ligado a que exista necesariamente un fallo penal por falsedad, siendo una caracter�stica fenomenol�gica constatable en el plano f�ctico, por lo que podr� identificarse con un examen juicioso de las pruebas dentro de un proceso penal diverso al de falsedad.
Es decir, para este caso en el que se investiga un fraude procesal, pod�a y puede concluirse, con fundamento en el arsenal probatorio acaudalado, que el documento que sirve de base de tal ilicitud encarna una ilegalidad por alteraci�n de la realidad, sin que ello decaiga por ausencia de condena alguna por falsedad; m�xime en este asunto en el que se ha conocido que la falsedad del registro civil de nacimiento aludido s� fue objeto de investigaci�n por la Fiscal�a pero no culmin� en un juzgamiento con pr�ctica de pruebas, como quiera que por el paso del tiempo oper� el fen�meno de la prescripci�n. Lo que se traduce en que no se arrim� a fallo con el que se concluyera que el documento era genuino, sino que una contingencia procesal ha impedido tal debate, el que ahora se ha vuelto a suscitar como presupuesto para definir la existencia de un fraude procesal, lo que ha hecho el a quo coligiendo que el registro civil es falaz, sin que ello sea ileg�timo, pues no se est� contradiciendo providencia en contrario y se ha arrimado a tal conclusi�n con base en la prueba practicada, la que no se practic� en el proceso que ces�, se insiste, por virtud de la prescripci�n acaecida.
Luego, no constituye factor impeditivo para este proceso el que la causa criminal que por falsedad se inici� por el registro civil de nacimiento pluri-mencionado no culmin� en una decisi�n de responsabilidad, apareciendo probable que las pruebas en el sub examine recaudadas permitieran as� concluirlo y legitiman ahora a este Juez Ad quem para ratificarlo. 2.
Ahora bien, tambi�n se propone con la impugnaci�n que no podr�a alegarse la falsedad del registro civil de nacimiento de Edwin Restrepo porque el proceso civil en el que se reclam� su nulidad culmin� con sentencia que neg� la pretensi�n. Particularidad que no podr�a dejar pasar esta Sala y que conduce a revisar tal fallo civil de nulidad que, para suerte de su an�lisis, fue aportado cuando se fijaron las estipulaciones, encontr�ndose al evaluarlo que el Juez Promiscuo de Familia de Chinchin�, se abstuvo de pronunciarse frente a la eventual nulidad que encarnaba el documento, al avizorar que lo que realmente persegu�a la parte demandante era la impugnaci�n de la paternidad, pretensi�n que ten�a un procedimiento espec�fico para intentarse, sujeto a precisos t�rminos de caducidad, los que no podr�an soslayarse para terminar en un proceso de nulidad despojando al hijo reconocido de su filiaci�n con quien lo ha reconocido.
Conclusi�n que, ciertamente, no denota la genuinidad o falsedad del registro civil de nacimiento, porque el Juez civil ha evitado cualquier consideraci�n que coloque en entredicho la eficacia del documento, pues adver� que de esa manera estar�a avalando la impugnaci�n de paternidad encubierta en la solicitud de nulidad, contrariando as� importantes reglas legales y jurisprudenciales sobre el ataque de la filiaci�n entre padres e hijos.
As� las cosas, aparece una nueva particularidad procesal que ha limitado al Juez civil para pronunciarse de fondo sobre la legalidad y autenticidad del registro civil, manteni�ndose la idea conforme a la cual, no hay providencia judicial que concluya que tal documento posee una correspondencia con la realidad, es decir, es ver�dico. 3. Encontr�ndose pues esta Sala con que la causa penal por falsedad del registro civil de nacimiento de Edwin Restrepo ha debido cesar por haber operado el fen�meno jur�dico de la prescripci�n, sin una conclusi�n de fondo; y que el Juez civil en el proceso de nulidad se abstuvo de anular dicho documento porque hacerlo encarnar�a un defecto procesal como ser�a generar los efectos propios de un procedimiento de impugnaci�n de paternidad caduco, es claro que el car�cter ileg�timo y espurio del registro civil le correspond�a evaluarlo al Juez penal, sin tener un referente en otras decisiones judiciales y como consecuencia de ser el encargado de analizar la configuraci�n de un injusto penal que est� relacionado con la irregularidad de un documento que, se insiste, es supuesto de hecho verificable con autonom�a en la presente causa, sin que signifique obst�culo la ausencia de otra decisi�n que anulase o declarara la falsedad del registro.
Lo cual hizo el Juez que en esta causa penal fungi� como a quo, concluyendo que identificaba lo falaz del registro civil; desenlace al que tambi�n desemboca ahora esta Sala, bajo las siguientes razones: 4. A no dudarlo la ciencia se ha convertido en herramienta altamente �til para la verificaci�n de hechos, tal y como acaece con la paternidad de una persona, la cual puede ser objeto de an�lisis cient�fico a trav�s de la prueba de ADN, con la que se consiguen resultados probabil�simos, dif�cilmente franqueables, lo cual se traduce en que, en efecto, la pr�ctica de una prueba tal permite resultados fehacientes para aclarar si determinada persona tiene por padre a quien lo ha reconocido como tal.
Es as� entonces como se halla que en el procedimiento civil se ha establecido una relevancia inusitada a dicha prueba de ADN cuando de aclarar la paternidad de alguien se trata, torn�ndola prueba reina para arrimar a una conclusi�n certera. F�rmula probatoria que no aplica para este caso porque, adem�s de que en materia penal impera el principio de la libertad probatoria, en esta controversia no se est� buscando verificar qui�n es el padre del joven Edwin, sino si su segundo registro civil de nacimiento encarna un acto irregular que, constituyendo una informaci�n espuria, fue empleado para defraudar la administraci�n de justicia. Lo cual se colige, al igual que lo hizo el a quo, que logra abstraerse con la prueba documental y testimonial aportada: Con la documental porque habi�ndose adosado la partida de bautismo del joven Edwin, por tratarse de un instrumento empleado en una tradici�n cat�lica para sentar con absoluta seriedad en el seno de la iglesia la informaci�n de sus nuevos miembros, resulta ser de gran relevancia para conocer la realidad sobre el nombre a asignar al bautizado, su fecha de nacimiento y la identificaci�n de sus padres, lo cual aqu� se verifica, pues aparece que el 11 de noviembre de 1989 fue inscrito EDWIN ELIAS CABALLERO �VILA, peque�o nacido el 27 de junio de 1987 en Puerto Boyac�, e hijo de OMAIRA �VILA BALLESTEROS y el se�or Campo El�as Caballero Rubiano. Informaci�n que se corresponde en un todo con el primero de los registros civiles, identificado con el n�mero serial 11749691, como no con el que aqu� aparece dubitado, pues en �ste ya aparece una fecha de nacimiento diversa (17 de junio de 1987) y como padre Salom�n Restrepo, lo cual comienza a mostrar que el segundo de los registros encarna una irregularidad, pues no hay raz�n para que en la partida de bautismo se hubiese alterado la verdad, por lo que el documento que no se corresponde con ella comienza a tambalear.
Conclusi�n que se ratifica al verificar, de un lado, que el primero de los registros se levant� con base en el registro m�dico del Hospital San Cayetano V�squez de Puerto Boyac� que fue presentado, el cual no posee visos de falsedad, mientras que en el segundo de los registros no se relaciona certificaci�n del hospital de nacimiento sino que se plasm� que el jovencito naci� en la �casa de habitaci�n� y aparece que los datos del nacimiento se tomaron supuestamente de la partida de bautismo, lo que por lo expuesto es claro que no pudo ser as�, pues en uno y otro aparece informaci�n diversa.
As� las cosas, el registro civil de nacimiento en el que aparece inscrito Edwin El�as Caballero �vila no hay m�cula alguna que impida creer en su veracidad, mientras que aqu�l en el que se registra como Edwin Restrepo �vila hay una informaci�n que se dice haber sido tomada de la partida de bautismo con la que no se corresponde. A lo que se suma como factor generador de recelo que trat�ndose del registro de un reci�n nacido adelantado, por regla general, con prontitud, en este caso se avista que el primer registro fue sentado el 27 de junio de 1987, es decir, pasados 10 d�as a partir del nacimiento; mientras que en el segundo de los registros aparece que la inscripci�n se realiz� el 1� de octubre de 1991, lo cual se traduce que acaeci� cuando Edwin ya contaba con poco m�s de 4 a�os de edad, aspecto indicativo de que ocurri� una situaci�n especial que motiv� la realizaci�n de un segundo registro, lo cual entiende esta Sala que fue valerse de la nueva relaci�n que la se�ora OMAIRA hab�a formado con quien la auxiliaba en el plano econ�mico.
Circunstancia que se respalda en las palabras de Victoria Eugenia Restrepo, Jaime Restrepo y Mar�a Cenelia Ceballos, siendo este el punto para pasar a hablar de la prueba testimonial como fundamento complementario para colegir la falacia del segundo de los registros, en tanto que, con absoluta claridad, espontaneidad y contundencia, fueron consistentes en dar a conocer que cuando el occiso Salom�n Restrepo se conoci� con la se�ora OMAIRA �VILA ya Edwin hab�a nacido, advirti�ndose p�blicamente que era hijo de Campo El�as y que fue por la relaci�n de amor que aqu�l opt� por registrar como suyo a quien no era su hijo.
En efecto, durante el juicio oral pas� por estrados la se�ora Victoria Eugenia Restrepo informando que en el a�o 1990, cuando ella descubri� que su padre Salom�n ten�a un amor�o naciente en el Magdalena Medio, busc� qui�n era la mujer, d�ndose cuenta que era la se�ora OMAIRA, a la cual abord� en lugar en el que la vio que estaba con un hijo peque�o del que obviamente no podr�a ser de su padre.
Lo que, a su turno, fue ratificado por el se�or Jaime Restrepo Medina, quien como hermano del se�or Salom�n y siendo quien present� a �ste con la se�ora OMAIRA, estaba plenamente habilitado para declarar lo que declar�, como fue que su hermano no era el padre de Edwin, porque cuando ellos empezaron la relaci�n tal ni�o ya ten�a un a�o y medio aproximadamente.
Lo que quiso corroborar recordando que por la vecindad y amistad que ten�a con OMAIRA estuvo en el bautizo del ni�o en el que Campo El�as fung�a como el padre que era, hasta cuando se dej� de la mujer como pareja y ella comenz� la nueva relaci�n que dio lugar a dos hijos con Salom�n y la inscripci�n como hijo propio de quien no lo era, lo cual adujo el testigo Jaime Restrepo que le fue ratificado personalmente por su propio hermano. Finalmente tambi�n depuso en juicio la se�ora Mar�a Cenelia Ceballos, la que como cu�ada de Salom�n y amiga cercana de la procesada OMAIRA �VILA, admiti� que no sab�a c�mo comenz� la relaci�n de ellos, pero que testific� que en una conversaci�n en confianza escuch� de boca de la acusada que su hijo ten�a dos registros civiles, empleando s�lo aqu�l que le ser�a favorable para cuando Salom�n faltase.
Suerte de comentario en confianza que, aunado a todo lo despuntado, discurre esta Sala constituye insumo gnoseol�gico suficiente para predicar que el registro civil No. 16264715 del 1� de octubre de 1991 en el que se registr� a Edwin Restrepo �vila como hijo del se�or Salom�n Restrepo, fue una maniobra para crear una filiaci�n no contemplada por la ley, puesto que no se trat� de una vinculaci�n matrimonial, extramatrimonial o civil, sino el acuerdo de voluntades para desdibujar la realidad, con los consabidos potenciales efectos que ello acarrear�a en un futuro, como efectivamente acaeci� a la hora de morir el se�or Salom�n, en el que se tuvo entonces un documento con el cual reclamar derechos de forma falaz.
El cual aparec�a totalmente apto para alcanzar efectos jur�dicos, pues dif�cilmente podr�a colocarse en tela de juicio por el hecho de tener una apariencia de veracidad que lo torn� apto para enga�ar a las autoridades judiciales, no as� a las hijas verdaderas del se�or Salom�n, quienes vieron con sorpresa como quien hab�a sido su hijastro, por virtud de un documento desconocido, pas� a aparecer para la ley como su hijo, lo que constituye grave alteraci�n de la realidad que, ciertamente, no lograba tampoco alcanzar a los testigos de cargo referidos, pues por su conocimiento directo, sab�an que el se�or Salom�n no podr�a ser el padre de Edwin.
Sino que lo era Campo El�as Caballero, mismo que aparece inscrito como padre en el registro civil en el que se registr� a Edwin El�as Caballero �vila d�as despu�s del nacimiento de �ste y con respaldo en el certificado m�dico y la partida de bautismo; documento genuino del que quiso hacer caso omiso la se�ora OMAIRA �VILA, para hacer valer el que con posterioridad y en desmedro de los par�metros legales cre� (en asocio del se�or Salom�n Restrepo), con la idea de que llegar�a el d�a en que podr�a emplearlo a su favor, tal y como lo hizo en el a�o 2005, en dos procesos en los que, por lo despuntado, se dio la presentaci�n fraudulenta de un documento que no se correspond�a con la realidad y que era absolutamente apto para hacer incurrir en error a la jurisdicci�n. Jurisdicci�n que ahora, a trav�s de este prove�do, luego de la ocurrencia de una prescripci�n penal y la imposibilidad procesal de anular el registro de nacimiento en el �rea civil, logra reivindicarse declarando que estamos ante el delito de fraude procesal.
Conducta punible que tuvo por base un registro civil de nacimiento espurio, lo cual se pudo conocer a trav�s de la pr�ctica de pruebas, sin obviamente poder tomar decisiones en cuanto al injusto contra la fe p�blica, pero que no por ello deja de existir en el plano fenomenol�gico, torn�ndose fundamento de la defraudaci�n que aqu� sancion� el Juez Primero Penal del Circuito de Manizales y que ahora confirma esta Sala. 6.5.
Decisi�n de cancelar el registro civil de nacimiento. Se sabe que, adicional a la declaratoria de responsabilidad, el Juez a quo dispuso: �ORDENAR la cancelaci�n del Registro Civil de nacimiento expedido por la Registradur�a del Estado Civil de Puerto Salgar, Cundinamarca, con indicativo serial 16264715, se(sic) fue expedido a nombre de Edwin Restrepo �vila, nacido el 17 de junio de 1987, hijo de Omaira �vila Ballesteros y Salom�n Restrepo Medina�; determinaci�n que ha atacado la Defensa por tratarse, a su juicio, de una usurpaci�n de las competencias del juez civil, ya que se estar�a permitiendo dar curso a una impugnaci�n de paternidad.
Pues bien, lo primero que quiere referirse en este aparte de la decisi�n es que cuando el Juez civil se adentr� a evaluar la eventual nulidad del registro civil de nacimiento relacionado se preocup� por los efectos civiles que ello acarrear�a y, por tal, limit� su poder de decisi�n al encontrar que, de forma excesiva, terminar�a avalando una encubierta impugnaci�n de la paternidad.
Decisi�n que, en efecto, se encuentra que no fue caprichosa y, al contrario, se fundament� jurisprudencialmente, bas�ndose principalmente en la decisi�n T-390 de 2005 (Corte Constitucional) en la que se advierte como criterio s�lido que no pueden convertirse las acciones ordinarias de nulidad en f�rmulas soterradas para corregir la mora que genera la caducidad de la acci�n de impugnaci�n de la paternidad o maternidad.
Sin embargo, tal postura no parte de supuestos de hecho en los que se envuelve una ilicitud trascendente para el derecho penal, sino que hace referencia delimitada al respeto de los tr�mites espec�ficos que para cada pretensi�n eligi� el legislador y los t�rminos perentorios para su interposici�n, procurando as� que el funcionario al que le corresponda el conocimiento de una acci�n civil de nulidad, al identificar que se est� buscando dejar sin efectos una filiaci�n paternal, determine que no es la acci�n correcta y, por consiguiente, restrinja su decisi�n, para que los demandantes incoen la acci�n de impugnaci�n de paternidad si a�n no ha caducado.
Labor judicial de an�lisis que no le corresponde al Funcionario penal, como quiera que la base de estudio de �ste es la acreditaci�n de una conducta que se pueda calificar como t�pica, antijur�dica, culpable y que genera unos efectos lesivos que no pueden tolerarse y reclaman intervenci�n, punto de quiebre para adoptar disposiciones para restablecer las cosas a su estado anterior a la ocurrencia del injusto penal.
Lo cual, en otras palabras, significa que no es dable en este caso, con fundamento en normas procedimentales civiles restringir la operatividad de la jurisdicci�n penal, pues a ella no le ata�e determinar cu�l es el tr�mite judicial id�neo para promover pretensiones civiles, sino que le corresponde verificar la ocurrencia de una conducta punible, a continuaci�n identificar sus efectos nocivos y, comprendiendo que el delito no es fuente leg�tima de derechos y obligaciones, procurar deshacer cualquier acto ligado a la ilicitud y que est� ocasionando la permanencia del agravio.
Y es que el Juez Primero Penal del Circuito de Manizales, y ahora esta Sala, a diferencia de los jueces civiles, no est�n resolviendo s�lo con base en una irregularidad advertida en el registro, sino con la constataci�n plena que ha sido producto de un artificio il�cito de parte de la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS, por lo que, yendo m�s all�, ahora se tiene certidumbre sobre lo espurio del documento y la incidencia de su utilizaci�n para el plano punitivo, configur�ndose pues una defraudaci�n de la administraci�n de justicia que ser�a il�gico que, por un lado impusiera un castigo a su autora, pero por el otro dejase que el acto jur�dico (registro civil de nacimiento) siguiera con vida jur�dica, cuando la misma legislaci�n procedimental penal ha contemplado como una facultad y un deber del ejercicio jurisdiccional que el Juez penal procure el restablecimiento del derecho.
Sobre el particular el art�culo 22 del C.P.P. dispone: �Cuando sea procedente, la Fiscal�a General de la Naci�n y los jueces deber�n adoptar las medidas necesarias para hacer cesar los efectos producidos por el delito y las cosas vuelvan al estado anterior, si ello fuere posible, de modo que se restablezcan los derechos quebrantados, independientemente de la responsabilidad penal�, lo que se identifica ahora como que, a pesar de que no hubo una decisi�n de fondo sobre la falsedad del registro civil No. 16264715 del 1� de octubre de 1991 en el que se registr� a Edwin Restrepo �vila como hijo del se�or Salom�n Restrepo (debido a la prescripci�n), s� ha habido otro proceso penal en el que tal situaci�n irregular, como realidad con relevancia jur�dica, ha quedado demostrada, como igualmente lo ha sido su empleo fraudulento y, por tanto, configurativo del delito enlistado en el art. 453 del C.P., lo que sirve de sost�n jur�dico para que el Juez penal adopte medidas para deshacer los efectos del obrar delictual que no se discuti� y no conoci� el Juez civil, el que ha quedado maniatado, como no el Juez a quo de este asunto, ni ahora la Sala, que encuentra que la Ley que lo rige (Ley 906 de 2004) le ordena textualmente: �En la sentencia [condenatoria] se ordenar� la cancelaci�n de los t�tulos y registros respectivos cuando exista convencimiento m�s all� de toda duda razonable sobre las circunstancias que originaron la anterior medida [obtenci�n fraudulenta].� Facultad judicial sobre la que se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia, manifestando de anta�o con pertinencia para este asunto: �No se puede cuestionar entonces el deber que le impone la ley al Juez de ordenar la cancelaci�n de los registros espurios, simplemente por ser una funci�n que tradicionalmente cumpl�a el Juez Civil en el correspondiente proceso de nulidad del acto jur�dico vertido en el documento adulterado, ya que en raz�n del principio de la unidad de jurisdicci�n al Juez Penal se extiende la competencia para decidir sobre cuestiones vinculadas con el hecho punible y por tanto complementarias con la defensa jur�dica y social del crimen. �Aceptar la pretensi�n de nonadar la integridad del precepto, implicar�a reconocer que el delito puede ser fuente o causa l�cita de aquellos derechos que la constituci�n denomina �adquiridos con justo t�tulo y que deben ser protegidos por la ley a�n en detrimento de los derechos del leg�timo titular, de los que pretendi� despojarlo el autor del hecho criminal.� Aparte jurisprudencial que corrobora todo lo que viene de plantearse, como es que la verificaci�n de que un delito ha tenido ocurrencia y ha generado unos efectos nocivos, es sustrato f�ctico y jur�dico para que el Juez penal que lo ha verificado disponga las medidas necesarias y, en especial, opte por cancelar los registros que han sido obtenidos fraudulentamente.
Luego, no tiene eco para esta Sala el planteamiento defensivo, seg�n el cual, no podr�a el juez penal invadir la �rbita civil disponiendo cancelar registros civiles de nacimiento, pues ha quedado bien claro que puede hacerlo y, por disposici�n de la ley, debe hacerlo. En esa medida, tambi�n en cuanto a la orden de cancelaci�n del Registro Civil de nacimiento expedido por la Registradur�a del Estado Civil de Puerto Salgar, Cundinamarca, con indicativo serial 16264715, a nombre de Edwin Restrepo �vila, esta Sala habr� de confirmar la decisi�n de instancia, sin considerar que ello sea un desconocimiento de los derechos que como personas dignas poseen Edwin y su hija menor.
Lo anterior por cuanto, si bien es cierto, la decisi�n genera repercusiones sobre su personalidad jur�dica y su identificaci�n con relaci�n al Estado del que hacen parte, no puede ser ello factor legitimador para mantener una ilegalidad, la cual se ordena corregir, con la necesidad de que el se�or Edwin El�as Caballero �vila, basado en las resultas de esta causa penal, adelante los tr�mites administrativos pertinentes ante la Registradur�a para lograr las anotaciones del caso sobre su registro y el de su hija menor, situaci�n adyacente a la ilicitud que denota que �sta y aqu�l han sido tambi�n damnificados del obrar de su ascendiente OMAIRA �VILA BALLESTEROS, la que, eventualmente, deber� responder por el perjuicio ocasionado a los suyos y quienes ahora deber�n promover las acciones administrativas y judiciales que a bien tengan, de un lado, para el resarcimiento de los da�os y, de otro, para la correcci�n de su estado civil.
Estado civil maculado, valga acotar, por el acto de falsificaci�n en que incurrieron en el a�o de 1991 la aqu� procesada y el se�or Salom�n Restrepo, mas no directamente por el empleo de dicho documento en dos procesos civiles, supuesto que es por el que aqu� se ha juzgado y se sanciona a la se�ora OMAIRA �VILA, lo cual explica por qu� no se les vincul� como v�ctimas dentro de la presente causa penal. 6.6.
Apunte final. Claridad acerca del tr�mite del recurso de apelaci�n contra sentencias. En los t�rminos del art�culo 179 del C.P.P. cuando en contra de la sentencia se interpone el recurso de apelaci�n, la sustentaci�n del mismo podr� desplegarse oralmente en el acto, tras lo cual se le correr� inmediato traslado a las partes no recurrentes, o existe otra posibilidad que es que el sustento de la alzada podr� materializarse por escrito dentro de los 5 d�as siguientes a su interposici�n, supuesto que generar� que los no recurrentes tambi�n puedan hacerlo por escrito en un lapso an�logo.
Lo cual significa que si el recurso de apelaci�n es oralmente sustentado, no ser� dable para las partes e intervinientes no recurrentes optar por tomarse los 5 d�as para presentar su r�plica por escrito, siendo lo ortodoxo que lo hagan en la misma audiencia de lectura de sentencia, como aqu� no ocurri�, conllevando a que esta Sala haga un llamado de atenci�n para que esta situaci�n irregular no se repita.
Acotando que no se adopta ninguna decisi�n anulatoria o similar porque, para fortuna del proceso, m�s all� del manejo indebido de la r�plica frente al recurso, no se avizora una vulneraci�n ostensible de garant�as fundamentales que obligue retrotraer lo actuado hasta el estadio procesal en que se ha evidenciado la incorrecci�n. 7. DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE, CONFIRMAR la sentencia proferida el d�a 25 de septiembre de 2015 (adicionada con providencia del 23 de octubre de 2015) por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Manizales, Caldas, mediante la cual la se�ora OMAIRA �VILA BALLESTEROS fue hallada responsable del concurso homog�neo del delito de �Fraude procesal� que la Fiscal�a le endilg�, ratificando la orden de cancelaci�n del registro civil de nacimiento que fue constituido de manera fraudulenta.
INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y C�mplase: Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A HORACIO GUTI�RREZ ESTRADA (Conjuez) Daniel Ortega Jim�nez Secretario El escrito de acusaci�n se avista entre los folios 5 y 10 del cuaderno 1, mientras que el acta de su formulaci�n oral aparece a partir del folio 28 del mismo. Todo lo relacionado con los diferentes impedimentos y su resoluci�n se avista entre los folios 216 y 257 del cuaderno No. 1. Confrontar los folios 299, 336 y 359 del cartulario. El acta de las diligencias en que se practic� la prueba y se emiti� el sentido del fallo se encuentran entre los folios 537 y 552 del cuaderno No. 2. La Corte Suprema de Justicia, en su Sala de Casaci�n Penal, mediante la sentencia adiada Septiembre 28 de 1999, radicado 14.288, explic� que: � el recurso de apelaci�n tiene por finalidad la revisi�n de la legalidad de la decisi�n de primer grado en los aspectos materia de inconformidad, no perseguir una revaloraci�n integral de los medios de prueba, pues su objetivo ha de ser definido y determinado por el impugnante �. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal.
Auto del 9 de septiembre de 2009, Radicado 32.537. Pueden confrontarse en ese sentido las sentencia C-153 de 2002 y C-1034 de 2003. As� por ejemplo lo ha indicado, entre otras, la sentencia C-600 de 2010. Entre muchas otras providencias en esa direcci�n se encuentran la C-798 de 2003, la C-1034 de 2003, la C-244 de 2006 y la C-716 de 2008. CSJ STP 26 abr. 2011, rad. 53402.
M.P. Jos� Leonidas Bustos Mart�nez. Confrontar entre los folios 336 y 352 del cartulario. Ver auto de segunda instancia entre los folios 359 y 397. Confrontar los folios 161 y 189 del expediente. Es importante tener en cuenta que ello fue decidido en complemento del fallo, es decir, en providencia complementaria a la cual acudi� el Juez de instancia al advertir que, por el hecho de no haber adoptado determinaci�n en concreto frente a uno de los pedimentos esbozados en sus alegaciones por la Representaci�n de las v�ctimas y que era necesario como efecto de la argumentaci�n desarrollada en la parte considerativa, hab�a incurrido en una �omisi�n sustancial en la parte resolutiva�, causal que adujo est� contemplada como habilitante de la modificaci�n del fallo de instancia en el art�culo 412 de la Ley 600 de 2000, a la que se acudi� por virtud del principio de integraci�n y complementariedad, como quiera que la actual sistem�tica procedimental penal no establece un precepto acerca de la posibilidad de reforma de la sentencia. Complementaci�n del fallo que esta Sala avizora que, en efecto, no se trat� de la alteraci�n de lo primigeniamente decidido, ni la introducci�n de aspectos sorpresivos, sino que realmente fue la manera para concretar en la parte resolutiva un pronunciamiento frente al pedimento expreso de las v�ctimas, lo que no podr�a dejarse pasar, pues de no hacerse se limitar�a la doble instancia frente a tan importante t�pico, lo cual aparece leg�timo, m�xime en este caso en el que las partes no se opusieron a tal complementaci�n, conscientes que la adici�n se limitaba a una tem�tica que s� reclamaba pronunciamiento por parte del a quo, sin referirse a reformas o alteraciones de lo ya dictado, sino a establecer en la parte resolutiva la consecuencia necesaria de acuerdo a la falsedad verificada en la considerativa.
Distinto hubiera sido que se hubiese cambiado la calificaci�n jur�dica, que las penas se hubiesen alterado, que se variara la fundamentaci�n jur�dica o probatoria base del fallo o que se dispusieran �rdenes no reclamadas, pero aqu� lo que ha acaecido es que se ha debido ampliar el pronunciamiento en la parte resolutiva, en tanto se olvid� darle respuesta al pedimento de un interviniente especial, lo cual es medida v�lida, m�s a�n cuando ha sido fundamentada jurisprudencialmente por el Juzgador que, se insiste, no ampli� la decisi�n para corregir un defecto, sino para superar una omisi�n. El Juzgador, como base de su determinaci�n de complemento, cit� la decisi�n adoptada en el radicado No. 34547 de 2011 en la que la Corte Suprema de Justicia dict�: �Como la sentencia cuya adici�n se solicita fue proferida en segunda instancia por esta Corporaci�n el 27 de abril de la corriente anualidad, la Sala es competente para resolver la petici�n formulada.
Siendo ello as�, y visto que las normas de alternatividad penal no reglamentan el tema relativo a las modificaciones de la sentencia, para decidir el punto propuesto debe acudirse, en aplicaci�n del principio de complementariedad, a la Ley 600 de 2000 que regula la situaci�n de la siguiente manera: �Art. 412. Irreformabilidad de la sentencia. La sentencia no es reformable ni revocable por el mismo juez o sala de decisi�n que la hubiere dictado, salvo en caso de error aritm�tico, en el nombre del procesado o de omisi�n sustancial en la parte resolutiva. ��. �Lo anterior, adem�s, porque conforme al criterio expuesto por la Sala sobre el particular, el estatuto procesal penal constituye la normativa aplicable al tema de las aclaraciones y adiciones por regular integralmente esas materias, motivo por el cual no hay lugar a acudir, con esos prop�sitos, a las disposiciones del C�digo de Procedimiento Civil.
El tenor literal de esa norma permite colegir la existencia del principio general de irreformabilidad de la sentencia, postulado que s�lo puede ser atemperado en los eventos expresamente enlistados all�, es decir, �en caso de error aritm�tico, en el nombre del procesado o de omisi�n sustancial en la parte resolutiva�, porque, en lo dem�s, el fallo se torna inmodificable por el mismo funcionario que lo profiri�.� Aparte declarado inexequible. Inciso segundo del art�culo 101 del C.P.P., referente a la suspensi�n y cancelaci�n de registros obtenidos fraudulentamente. Corte Suprema de Justicia, sentencia del 3 de diciembre de 1987. ART�CULO 179.
TR�MITE DEL RECURSO DE APELACI�N CONTRA SENTENCIAS. <Art�culo modificado por el art�culo HYPERLINK "http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_1395_2010_pr001.html" \l "91" 91 de la Ley 1395 de 2010. El nuevo texto es el siguiente:> El recurso se interpondr� en la audiencia de lectura de fallo, se sustentar� oralmente y correr� traslado a los no recurrentes dentro de la misma o por escrito en los cinco (5) d�as siguientes, precluido este t�rmino se correr� traslado com�n a los no recurrentes por el t�rmino de cinco (5) d�as. PAGE P�gina PAGE 44 Sentencia Ley 906, 2008-00523-06 OMAIRA �VILA BALLESTEROS Fraude procesal Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal P�gina PAGE 1 Sentencia Ley 906, 2013-83612-01 JULI�N ANDR�S OTALVARO FORERO Homicidio agravado y Porte ilegal de arma Confirma sentencia condenatoria Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67IJKft{�����������" \ f � � � � ��̺��̨�̺���̨���vhv�hZhvhLh3CJOJQJ^JaJhQkCJOJQJ^JaJh�= CJOJQJ^JaJ h��h�= CJOJQJ^JaJ#h��h�= 5�CJOJQJ^JaJh�= 5�CJOJQJ^JaJ"hQkCJOJQJ^JaJmH sH "h�= CJOJQJ^JaJmH sH (h��h�= CJOJQJ^JaJmH sH h�= mH sH +h��h�= 5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Kf�������� � � � ����������������������`��gd�= $dha$gd�= ��dh^��gd�= gd�= $dh&dP��a$gd�= $dha$gd�= / 8 9 Q R \ ] i j � � � � � � � � � � �� D f � � ���ĵ���ӧ������v��h��h�䧄��h�DiCJOJQJ^JaJhGg`CJOJQJ^JaJ#h��h�= 5�CJOJQJ^JaJ hM�h�= CJOJQJ^JaJh�D9CJOJQJ^JaJh�= 5�CJOJQJ^JaJh35�CJOJQJ^JaJ h��h�= CJOJQJ^JaJh3CJOJQJ^JaJh�= CJOJQJ^JaJ$"#ru������v} 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