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Providencia — Tribunal Superior de Neiva

Fecha: 2018-03-22

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ANTECEDENTES HECHOS Los mismos fueron narrados en la sentencia de primera instancia en los siguientes t�rminos: �Fueron dados a conocer por denuncia instaurada por el se�or LUIS CARLOS VALENZUELA quien refiri� que el 15 de septiembre de 2013, en horas de la tarde, fue sorprendido DIOGENES LOSADA por su esposa SANDRA MILENA CLAROS, expiando su hijo menor de edad OAVC de 13 a�os de edad, mientras �ste se encontraba en el ba�o, raz�n por la cual fue increpado y alejado del lugar.

Posteriormente, tuvo conocimiento por parte de sus hijos OAVC y JDVC �ste �ltimo de 8 a�os de edad, que hab�an sido manipulados sexualmente por el se�or DIOGENES LOSADA�. ACTUACI�N PROCESAL Radicado el escrito de acusaci�n �fs. 6 a Carpeta No 1�, el 25 de noviembre de 2014 el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pitalito llev� a cabo la respectiva audiencia, el seis de abril de 2015 realiz� la audiencia preparatoria, el 16 de junio de la misma anualidad instal� el juicio, el cual continu� en sesiones del dos de julio y 21 de septiembre de 2015, 31 de agosto y 25 de octubre de 2016, 11 de agosto y tres de octubre de 2017, ocasi�n �ltima cuando se indic� el sentido condenatorio del fallo, se dio el tr�mite se�alado en el art�culo 447 del C�digo de Procedimiento Penal y se profiri� y ley� sentencia objeto de alzada.

EL FALLO Relatados los hechos, identificado e individualizado el procesado, resumidos los alegatos de cierre y sintetizado lo aportado por las pruebas practicadas en juicio, especialmente los testimonios de Luis Carlos Valenzuela, OAVC, Sandra Milena Claros, la Psic�loga Sonia Mar�a Mosquera, Carmenza Anacona, Consuelo Mu�oz, CCA, HDG, DGL, CGL, Yolanda Guerrero Ch�vez, Mar�a Eulalia Losada y Di�genes Losada; el a quo le confiri� elevada credibilidad a los enf�ticos, un�vocos y coherentes testimonios de los menores OAVC y JDVC y de la psic�loga Sonia Mar�a Mosquera y con fundamento en ello declar� s�lido el se�alamiento efectuado por las v�ctimas del abuso sexual contra el acusado y desestim� los testimonios de la defensa por haber apuntado a acreditar la buena condici�n humana de Di�genes Losada e intentar tejar una rencilla previa entre �ste y la familia Valenzuela Claros y, finalmente, concluy� tener conocimiento m�s all� de toda duda razonable sobre la existencia del hecho juzgado y la responsabilidad penal del procesado respecto del mismo y le impuso a Di�genes Losada las penas destacadas al inicio de este prove�do.

LA APELACI�N El sentenciado tras aludir sucintamente a la actuaci�n procesal, atribuy� la causa de los hechos denunciados en su contra, al deseo de los denunciantes de perjudicarlo por no profesar su mismo culto religioso y no haberle vuelto a colaborar en la venta de unas aves de corral. Indic� que la se�ora Sandra Claros, en cierta ocasi�n lo observ� cuando �l se aproxim� a la puerta de un ba�o a reclamarle a su menor hijo OAVC la devoluci�n de su celular que previa e intempestiva le hab�a arrebatado, escena calificada por esa se�ora como voyerista o depravada.

Expres� desacuerdo con la acusaci�n formulada en su contra por el acceso carnal de los menores hijos de la denunciante, pues seg�n el dictamen de medicina legal, para la �poca de los hechos no existi� lesi�n antigua o actual, es decir, no se prob� lo relativo con la violaci�n denunciada. Tambi�n se mostr� inconforme respecto del alegado abuso del menor JDVC, ya que cierto d�a, cuando estaba en su casa descansando en un sof�, despu�s de su ardua jornada laboral, ese joven se lanz� sobre su cuerpo, por lo que lo increp� y le pidi� se abstuviera de molestarlo, por cuento se hallaba cansado.

Continu� relatando que, en ese momento lleg� la se�ora Sandra, el ni�o se asust� e inmediatamente ingres� a la habitaci�n de su hermana, la mam� lo llamaba y el ni�o no contestaba, pero finalmente el menor sali� por otra puerta, siendo observado por su progenitora, quien le pregunt� qu� estaba haciendo, a lo cual JD respondi� que no hac�a nada raro y solo se dedicaba a jugar con otros muchachos, pero ella no le crey� y le manifest� que �l algo le estaba haciendo pero no quer�a confesarlo, y finalmente le dijo a su hijo que expresara que �l lo hab�a violado, pero el ni�o se negaba, por lo que la se�ora Sandra lo amenaz� con castigarlo f�sicamente si no sosten�a lo que ella le dec�a. Adicion� que posteriormente Sandra se reuni� con Oscar, una se�ora de nombre Martha y su hijo J y les manifest� que ellos deb�an declarar que �l les daba dinero, comida, regalos y los hab�a violado.

Destac� que luego aqu�lla se�ora entr� en contacto con Arley Rodr�guez y le orden� denunciarlo por la violaci�n de su hijo M, pero ese se�or se abstuvo de hacerlo, por cuanto al ser examinado su descendiente por un m�dico, dio resultado negativo para lesiones producto de acceso carnal. Por �ltimo, enfatiz� que esa misma se�ora le dijo al menor HDG que lo denunciara por violaci�n. Destac� que el juez de primera instancia no tuvo en cuenta su versi�n de los hechos, como tampoco los testimonios de Hern�n Dar�o Guti�rrez y Demer Garc�a Losada.

Por �ltimo, tras cuestionar la credibilidad conferida por el fallador a las pruebas presentadas por la fiscal�a, como tambi�n la ausencia de valoraci�n de las probanzas de descargo, seg�n las cuales, los hechos denunciados no son veraces, estim� estarse de cara a una seria duda que da al traste con la sentencia condenatoria e impone aplicar la figura del in dubio pro reo consagrado en el art�culo 7� del C�digo de Procedimiento Penal y desarrollado por la Corte Suprema de Justicia en la providencia emitida el 26 de enero de 2005 en el radicado 15.834, por lo que pidi� la revocatoria de la sentencia condenatoria para en su lugar proferir una de car�cter absolutorio.

CONSIDERACIONES Atendiendo lo medular de los variados cuestionamientos probatorios planteados por el acusado, compete a la Sala resolver el siguiente problema jur�dico: �La Fiscal�a no alleg� al juicio las pruebas destinadas a crear en el fallador el conocimiento exigido por el art�culo 381 del C�digo de Procedimiento Penal para deducirle responsabilidad penal al imputado DI�GENES LOSADA respecto del delito de acto sexual con menor de catorce a�os en concurso homog�neo, persistiendo en su lugar serias dudas sobre el particular? Previo a adentrarnos en el estudio del anterior problema jur�dico, d�gase preliminarmente que, pese a no haberle concedido el a quo oportunidad al procesado para manifestar su postura frente a la sentencia condenatoria proferida en su contra, la misma fue apelada por su defensor, sin embargo, la sustentaci�n se consign� en escrito firmado el cinco de octubre de 2017 por el sentenciado Di�genes Losada.

En relaci�n con la anterior particularidad procesal, res�ltese que la misma no impide atender de fondo el disenso planteado por el condenado; pues as� no haya sido �l quien interpuso la apelaci�n sino su defensor, lo cierto es que seg�n criterio trazado por la jurisprudencia constitucional, la defensa t�cnica y la material se constituyen en principio en una unidad y, por lo tanto, en lugar de excluirse entre s�, se armonizan o complementan, salvo eventual conflicto entre sus pretensiones, caso en el cual, a la luz del art�culo 130 del C�digo de Procedimiento Penal, prevalecen las de la primera, situaci�n distinta a la aqu� ocurrida.

Adem�s, muy seguramente, de haberse concedido la oportunidad al sentenciado de apelar, como debe ser, habr�a procedido de conformidad, conforme lo permite inferir el hecho de haber sustentado la alzada propuesta por su defensor. Observase que sobre la cooperaci�n y armon�a que en principio caracteriza a la defensa t�cnica y material, la Corte Constitucional precis�: ��para controvertir la actividad acusatoria del Estado el ordenamiento prev� dos modalidades de defensa que no son excluyentes sino complementarias.

De un lado, la defensa material,��que es la que lleva a cabo personalmente el propio imputado y que se manifiesta en diferentes formas y oportunidades�. De otro, la defensa t�cnica,��que es la ejercida por un abogado, quien debe desplegar una actividad cient�fica, encaminada a asesorar t�cnicamente al imputado sobre sus derechos y deberes� .

(Negrillas del Tribunal) Dilucidado el anterior asunto, empi�cese por recordar que, si bien todo procesado est� amparado por la presunci�n de inocencia y le corresponde al Estado allegar probanzas capaces de derruirla y as� acreditar la materialidad del il�cito juzgado y responsabilidad penal del mismo, para ese prop�sito no se exige un grado de certeza absoluto sino relativo, esto es, m�s all� de toda duda razonable.

Sobre el concepto de duda razonable la jurisprudencia ha manifestado lo siguiente: ��la Sala se ha referido reiteradamente a la necesidad de precisar el concepto de duda razonable, para establecer el alcance del est�ndar de conocimiento previsto como presupuesto de la condena. Por su relevancia para la soluci�n del presente caso, cabe destacar algunas precisiones sobre el concepto de hip�tesis f�cticas concurrentes y exculpatorias, cuando las mismas pueden considerarse como verdaderamente plausibles.

Sobre el particular, en la decisi�n CSJSP, 8 marzo 2017, Rad. 44599, dijo: El art�culo 372 de la Ley 906 de 2004 dispone que �las pruebas tienen por fin llevar al conocimiento del juez, m�s all� de duda razonable, los hechos y circunstancias materia del juicio y los de la responsabilidad penal del acusado, como autor o part�cipe�. En los aspectos relevantes, esta disposici�n es reiterada en el art�culo 381 �dem.

La Sala es consciente de los debates suscitados en torno a lo que debe entenderse por duda razonable, y de la consecuente necesidad de desarrollar jurisprudencialmente dicho concepto. En tal sentido ha planteado, por ejemplo, que puede predicarse la existencia de duda razonable cuando durante el debate probatorio se verifica la existencia de una hip�tesis, verdaderamente plausible, que resulte contraria a la responsabilidad penal del procesado, la aten�e o incida de alguna otra forma que resulte relevante (SP 1467, 12 Oct. 2016, Rad. 37175, entre otras).

Por la din�mica propia del sistema regulado en la ley 906 de 2004, las hip�tesis que potencialmente pueden generar duda razonable pueden ser propuestas por la defensa. Sin embargo, no puede descartarse que, como en este caso, dicha hip�tesis est� impl�cita en la acusaci�n y/o sea detectada por el juez durante el juicio oral, as� las partes no hagan expresa alusi�n a ella.

Igualmente, ha resaltado que la constataci�n de la existencia de hip�tesis exculpatorias �o atenuantes-, verdaderamente plausibles, supone una valoraci�n cuidadosa de los medios de prueba, especialmente cuando estos se refieren directamente a datos o hechos indicadores a partir de los cuales puede inferirse un hecho jur�dicamente relevante en particular�(Subraya la Sala).

Ubicados ya en el caso estudio y decisi�n, decl�rase no ser objeto de controversia lo atinente a la identidad del procesado, su arraigo, su carencia de antecedentes penales, su captura por orden judicial el cinco de julio de 2014, la identidad de los menores OAVC y JDVC y los resultados del examen f�sico practicado a los referidos ni�os por el m�dico forense Jorge Luis Chavarro Mar�n y contenidos en los respectivos Informes periciales de cl�nica forense; pues estos aspectos fueron expresamente estipulados por las partes y cuentan con los respectivos soportes probatorios allegados a la actuaci�n para el efecto.

Entrando ya en materia, decl�rese de entrada carecer de futuro las cr�ticas formuladas por el apelante contra la sentencia de primera instancia; pues contrario a su respetable y comprensible opini�n, el an�lisis cr�tico y en conjunto de las probanzas regularmente practicadas en juicio, permiten obtener el nivel de conocimiento exigido por el inciso segundo del art�culo 381 del C�digo de Procedimiento Penal a efectos de proferir sentencia condenatoria en su contra por los delitos materia de acusaci�n, seg�n se ilustrar� ampliamente en los siguientes p�rrafos.

Recu�rdese que, la presente actuaci�n tuvo su g�nesis en la denuncia formulada el 28 de noviembre de 2013 por los progenitores de OAVC y JDVC, se�ores Luis Carlos Valenzuela Trujillo y Sandra Milena Claros, quienes se�alaron a Di�genes Losada de haber sido quien someti� a vej�menes de naturaleza sexual a sus menores hijos, cuando ellos resid�an en la Vereda La Palma, corregimiento de Bruselas, jurisdicci�n rural del municipio de Pitalito.

Obs�rvese que, en la sesi�n inaugural de juicio celebrada el dos de julio de 2015, Luis Carlos Valenzuela Trujillo asegur� que Di�genes Losada viv�a en su misma vereda o comunidad y, por lo tanto, eran vecinos desde hac�a ocho a�os aproximadamente. Hizo notar lo relacionado con la amigable relaci�n mantenida con el acusado hasta cuando se descubri� lo sucedido con sus menores hijos.

Indagado sobre lo acaecido con los citados menores, coment� que, seg�n se lo relat� sus se�ora esposa, el 15 de septiembre de 2013 ella sorprendi� a Di�genes Losada observando a su menor hijo OA mientras este se hallaba en el ba�o, raz�n por la cual increp� al acusado sobre su proceder, habi�ndole respondido que no le estaba faltando el respeto al menor, sin embargo, una vez fue informado de la situaci�n, previno a sus hijos sobre la necesidad de tomar distancia del referido se�or.

Destac� que luego de lo citado episodio, otros menores empezaron a frecuentar la casa del encartado, por lo que su esposa le coment� del incidente a una vecina de nombre Martha a fin de prevenirla en torno al indecoroso comportamiento del acusado. Adem�s, a ra�z del anterior comentario, su esposa Sandra habl� con la hermana del procesado sobre el particular, conversaci�n escuchada por su menor hijo JD, quien luego tom� de la mano a su progenitora y en medio del llanto le confes� que Di�genes le hab�a hecho da�o, pues le quitaba la ropa y se le sub�a. Agreg� que al enterarse de la situaci�n, le pregunt� a su hijo sobre el asunto, habi�ndole afirmado JD que Di�genes lo desnudaba, se le sub�a, le tapaba la boca y en ocasiones le daba dinero.

Por lo anterior, luego de enterar a la vecina Martha de lo sucedido y o�r que el hijo de ella tambi�n le hab�a hecho menci�n sobre las agresiones sexuales del encartado, tom� la decisi�n de denunciarlo. Dio cuenta de la relaci�n amigable mantenida hasta ese momento por su familia con el se�or Losada, pues incluso frecuentaban su casa y �l igualmente los visitaba.

Concret� que Di�genes resid�a con su mam�, hermana y sobrinos, pues nunca le conoci� esposa o compa�era. Enfatiz� haber tenido que someter a tratamiento psicol�gico a sus hijos a ra�z de los incidentes vividos con Di�genes Losada, al punto que su hijo menor actuaba con rebeld�a y ten�a episodios depresivos en la escuela, por lo que debi� cambiarlo de colegio.

Adicion� no haber tenido inconveniente alguno con el procesado previo a los hechos. Contrainterrogado por la defensa sobre el comportamiento de sus hijos antes del 15 de septiembre de 2013, el testigo refiri� que su ni�o menor tra�a cierta rebeld�a y el mayor se mostraba depresivo y no quer�a estudiar, pero �l lo obligaba a acudir a las aulas.

Agreg� que tras recibir ayuda psicol�gica, OA ha mejorado en su conducta y superando la situaci�n de abuso. Indic� que en el a�o 2012 OA perdi� el grado sexto, �poca durante la cual, seg�n relato del propio menor, Di�genes Losada ya lo estaba sometiendo a vej�menes sexuales. D�gase que el testimonio en cuesti�n fue corroborado en lo medular por la declaraci�n de la se�ora Sandra Milena Claros, madre de los menores abusados, quien confirm� que, en efecto, su familia manten�a relaci�n de amistad con el encartado hasta cuando se enteraron de lo sucedido con sus hijos, al punto que �l era vecino y visitaba o frecuentaba su vivienda.

Indagada sobre lo sucedido con sus descendientes, la testigo en medio del lamento y los sollozos, contest�: ��un s�bado estaba mi hijo mayor en el ba�o y el se�or Di�genes lo estaba mirando sobre el ba�o, entonces yo le dije que por qu� �l hac�a eso, le llam� la atenci�n y le dije que por favor no se acercara m�s a mis hijos� y �l me dijo que s�, que �l no les hab�a hecho nada a los ni�os,�pero m�s sin embargo �l empez� a llevar otros ni�os all� a la casa de �l y yo me preocup� por lo que hab�a mirado, porque no fue m�s lo que mir�, sino que lo mir� que �l estaba revisando a mi hijo por el ba�o,�entonces yo tom� la decisi�n de hablar con las mam�s de esos ni�os, pues yo les dije que no le dijeran nada a �l sino que le pusieran cuidado a los ni�os y yo empec� a preguntarle a mis hijos, y entonces mi hijo, a los poquitos d�as, mi hijo peque�o, yo iba a coger un caf� con �l y �l se agarr� a cogerme de la mano, se agarr� a llorar y me dijo, mami, es que Di�genes a m� me hizo cosas, me empez� a contar cosas que a m� me duelen mucho��.

Al ped�rsele se sirviera indicar lo relatado por su hijo menor sobre el procesado, la testigo expres�: ��me dijo que �l lo cog�a y le met�a el pene por la colita y que empezaba a mojarlo, que le mostraba pel�culas groseras, me dijo tambi�n que le tapaba la boca��. Indic� que sus hijos frecuentaban la vivienda del acusado, pues iban a jugar con sus sobrinos. Agreg� que el d�a que su hijo menor le cont� lo ocurrido, OA le pregunt� por qu� lloraba y ella le contest� que Di�genes abusaba de su hermanito, ante lo cual OA tom� un machete, lo golpe� contra el piso en repetidas ocasiones y luego le confes� que el procesado tambi�n abusaba sexualmente de �l.

Precis� que el incidente ocurrido en el ba�o, se escenific� aproximadamente entre el 15 y 17 de septiembre de 2013. Indagada acerca de si los menores le comentaron desde cu�ndo ven�an d�ndose los hechos denunciados, la testigo manifest� que seg�n OA, los abusos empezaron cuando cursaba el quinto a�o de primaria; entre tanto, el m�s peque�o le indic� que los hechos ven�an sucediendo desde cuando estaba en primer grado de escolaridad.

Al pregunt�rsele a la deponente sobre c�mo era el actuar de sus hijos antes de enterarse ella de lo sucedido, ofreci� la siguiente ilustraci�n: �Pues la verdad mis hijos eran normales, pero desde que pas� todo eso, o sea, ellos callaban pero nunca me dijeron nada. Ahora el comportamiento de mi hijo peque�o pues no ha sido f�cil, porque �l es agresivo, �l me grita que me odia y me ha tocado llevarlo al psic�logo muchas veces, est� en tratamiento, no ha sido f�cil con �l. Y con el ni�o grande, la verdad pues �l es m�s callado y todo, �l no dice nada, dice, mami, ya tranquila que eso va a pasar�.

Neg� haber tenido inconveniente alguno con el procesado antes de tener conocimiento de los hechos objeto de juzgamiento. A la pregunta acerca de si sus hijos suelen mentir en relaci�n con las situaciones que les ocurren, la testigo estim� no creerlos capaces de inventar una historia tan terrible, menos si no fue f�cil que contaran lo sucedido.

Adem�s, si sus hijos nunca tuvieron acceso en su casa a pel�culas pornogr�ficas, no tendr�an por qu� conocer de las mismas y manifestar que el acusado los pon�a a mirarlas, salvo que en efecto, Di�genes haya procedido en ese sentido. En cuanto a las pruebas en comento, d�gase que, contrario a lo sugerido por el apelante, la Sala no advierte en los testimonios de los esposos Valenzuela Claros, �nimo vindicativo contra el procesado o inter�s malsano por causarle da�o a trav�s de la falsa sindicaci�n de las conductas punibles materia de acusaci�n; pues en primer lugar, ellos enfatizaron no tener conocimiento directo y personal de las abusos sexuales contra sus menores hijos OA y JD, pues toda la informaci�n sobre el particular la obtuvieron de sus propios labios.

Es decir, si los deponentes no procuraron darle mayor alcance a sus atestaciones y as� intentar hacer m�s cre�ble la incriminaci�n contra el procesado, significa que se trata de testimonios y relatos fiables y dotados de valiosa credibilidad. En segundo t�rmino, Juan Carlos y Sandra resaltaron lo atinente a las buenas relaciones personales mantenidas con Di�genes Losada antes de enterarse de lo sucedido con sus hijos, pues eran vecinos, se visitaban rec�procamente y nunca sostuvieron ri�a, altercado o desavenencia alguna, como para pensar en atribuirle a esas diferencias o rencillas los se�alamientos en su contra.

En tercer lugar, no existiendo raz�n valedera y s�lida para dudar de los testimonios de Luis Carlos y Sandra, en el sentido de haber sido sus hijos quienes les contaron de las agresiones sexuales del encartado, mal podr�a colegirse sin m�s ni m�s, que fueron ellos quienes obligaron a sus menores hijos a se�alar falsamente al procesado de haberlos sometido a vej�menes sexuales, como si en verdad le guardaran tal odio a Di�genes Losada que no les importara en lo m�s m�nimo exponer a sus menores descendientes al escarnio p�blico y arriesgarlos a una afectaci�n psicol�gica con la invenci�n de tan delicada y grave acusaci�n. Adem�s, obs�rvese que, la espontaneidad, coherencia y aflicci�n que caracteriz� los relatos vertidos en el juicio por Luis Carlos y Sandra, por s� solos dejan al descubierto elevada sinceridad en sus testimonios, lo que sin duda permite cobijarlos con valiosa credibilidad, as� se trate de prueba de referencia de los ataques sexuales de los cuales fueron v�ctimas sus menores descendientes.

Sin embargo, como estos testigos dieron cuenta personal de las buenas relaciones previas entre su familia y el encartado, el comportamiento adoptado por las v�ctimas antes y despu�s de descubrirse los actos libidinosas a los que eran sometidos y la afectaci�n psicol�gica sufrida por los menores a ra�z del abuso sexual juzgado, sobre estos puntuales temas la Sala los tendr� como testigos directos.

Dest�quese no ser cierto lo pregonado por el recurrente, en el sentido de haber sido los testimonios de Luis Carlos y Sandra, la prueba sobre la cual se edific� la declaratoria de responsabilidad penal del acusado Losada; pues las probanzas que en verdad permiten obtener el conocimiento m�s all� de toda duda razonable en torno a la existencia de los delitos juzgados y la participaci�n en los mismos del enjuiciado, son las declaraciones de las propias v�ctimas, sumado al testimonio de la Psic�loga del ICBF.

N�tese que el joven OAVC, con 14 a�os de edad para el momento de su testimonio, tras aludir a la composici�n de su n�cleo familiar y concretar su lugar de residencia, dijo conocer a Di�genes Losada por raz�n de ser vecinos en la Vereda La Palma. Indagado el menor sobre los hechos materia de investigaci�n y juzgamiento, dio la siguiente respuesta: �Pues �l me manoseaba el cuerpo cuando estaba solo en la casa, �l iba y empezaba a molestarme�.

A la pregunta sobre cu�ntas veces ocurrieron esos hechos, el ni�o contest� con cierta especie de desd�n, lo siguiente: �Jum, muchas veces, no s�. Hizo notar que su mam� se dio cuenta de lo acontecido con el procesado, ya que en cierta ocasi�n, mientras estaba en el ba�o de su casa, vio a Di�genes cuando lo observaba a trav�s de la ventana.

Cuestionado sobre las manifestaciones de Di�genes a fin de justificar su proceder o actuar, el menor testigo contest�: �Que eso era normal, que eso no era nada raro�. Agreg� que mientras Di�genes le �hac�a eso�, su rendimiento escolar era deficiente, lo cual ahora ha mejorado. Interrogado acerca de si Di�genes realizaba similares actos con otros ni�os, el testigo asegur� que el procesado le confes� que ten�a relaciones con otros menores, cuyos nombres dijo no recordar bien.

Enfatiz� haber sido sus padres y los psic�logos quienes le han brindado la ayuda necesaria a fin de superar la situaci�n por �l vivida. De otro lado, neg� rotundamente haber sido aleccionado o ilustrado previamente sobre c�mo deb�a rendir su declaraci�n en el curso del juicio, pues solo le aconsejaron no faltar a la verdad. Al solicit�rsele se sirviera precisar las partes de su cuerpo manoseadas o tocadas por Di�genes, el menor respondi�: �El pene, la cola, me besaba la boca tambi�n�.

Interrogado sobre las partes del cuerpo con las cuales el procesado lo tocaba, expres�: �Pues con las manos, con el pene tambi�n de �l� . Agreg� que los hechos se escenificaron reiteradamente y en varios sitios, entre ellos, en la casa cuando �l estaba solo o en la finca, mientras su pap� le ped�a alg�n favor. A la pregunta sobre por qu� permit�a esos actos y qu� le imped�a revelarlos, respondi�: �Mucho miedo a que mi pap� me castigara, me pegara�.

Precis� que, seguramente, Di�genes le contaba lo que le hac�a a otros menores para as� poderle hacer lo mismo a �l. A�adi� que una vez enter� a sus padres de lo acaecido, logr� distanciarse o alejarse del hoy procesado. Indagado sobre la forma c�mo Di�genes lo despojaba de su ropa, el testigo asegur� que lo hac�a a la fuerza. Preguntado acerca de si alguna vez fue accedido o penetrado por el acusado, luego de bajar la mirada y mostrarse avergonzado, contest� afirmativamente.

Al cuestion�rsele cu�ndo se present� esa situaci�n, exclam�: �Pues no me recuerdo muy bien la fecha, pero pues fue en mi casa�. Seguidamente neg� recordar cu�ntos a�os ten�a al momento del referido incidente, sin embargo, respondi� que para esa �poca cursaba tercer grado. Adicion� que en ese momento, esto es, cuando declar� en juicio, ya estaba en grado octavo.

Contrainterrogado por la defensa, dio cuenta de su buena relaci�n con sus padres, neg� que su padre lo haya forzado a trabajar en la finca, asegur� que este solo le pega cuando se porta mal y aludi� a los malos resultados escolares a ra�z del sufrimiento padecido con ocasi�n de los hechos investigados, pues viv�a muy aburrido. Neg� haber tenido mal rendimiento acad�mico antes del 2013.

Al respecto expres�: �Antes de que me pasara eso no me iba mal�. A su turno, JDVC, menor de 10 a�os de edad cuando testific�, luego de referirse a la conformaci�n de su familia, indicar que vive en la Vereda La Palma y asegurar que conoce la diferencia entre decir la verdad y mentir, afirm� conocer a Di�genes Losada hace mucho tiempo, pues es vecino.

Si bien admiti� tener alguna amistad con el procesado, a la pregunta sobre lo sucedido con ese se�or, guard� total silencio. Pese a lo anterior, interrogado acerca de si hab�a sucedido algo desagradable con el se�or Di�genes Losada, respondi� afirmativamente, pero cuando se le pidi� se sirviera relatar lo acontecido, nuevamente permaneci� callado.

Al puntual interrogante acerca de si Di�genes le hab�a hecho algo, contest� de forma positiva, pero debido a su nuevo mutismo cuando se le pidi� detallara lo ocurrido, el juzgado decret� un receso. Reanudada la audiencia, se le pregunt� de nuevo qu� le hac�a Di�genes y tras un profundo suspiro, el ni�o exclam�: ��l me hac�a fumar cigarrillo�.

Indagado sobre qu� m�s le hac�a el acusado, el menor agreg�: ��l me quitaba la ropa, se me montaba encima y me mojaba, y me hac�a ver pel�culas groseras�. La se�ora fiscal le pregunt� c�mo era su relaci�n con el procesado antes de los hechos, pero como el ni�o no contest�, la fiscal a fin de refrescar memoria, pidi� se leyera una entrevista, se le preguntara si �l la hab�a rendido y si era suya la firma ah� estampada, a lo cual no se opuso la defensa.

Seguidamente la psic�loga del ICBF ley� en presencia del menor JD lo siguiente: �No recuerdo en qu� fecha sucedieron esos hechos, este se�or Di�genes es un vecino de toda la vida,�ese se�or me hac�a fumar cigarrillo normal, este se�or despu�s me met�a el pene por la cola, me mojaba en la cola, esto pas� varias veces, esto siempre pas� en la pieza de �l, yo iba a la pieza de �l porque �l me enga�aba con dulces, me dec�a que fuera, que �l me daba chitos, cuando yo llegaba �l me cog�a y me encerraba en la pieza de �l, �l me quitaba la ropa y �l tambi�n se quitaba la ropa, se quedaba pelado, se pon�a pel�culas pornogr�ficas, las colocaba en el DVD y el televisor.

Cuando �l me empezaba a quitar la ropa me daba picos en la boca, cuando yo me iba para la escuela �l me pasaba plata y yo la botaba y �l la recog�a, esto pasaba siempre que yo ven�a de la escuela en horas de la tarde, yo salgo de la escuela a las dos de la tarde y cuando paso para mi casa es que �l me hace estas cosas. Este se�or me tapaba la boca para que yo no gritara y me cog�a duro los brazos con las manos de �l y como se me acostaba encima, con los pies de �l me enredaba los m�os. �l me acostaba boca abajo en una cama, en ese cuarto hab�a un chifonier como rojo con verde, ten�a un equipo de sonido, el televisor que era gris, era cuadrado de los viejos, en las paredes ten�a afiches pegados de cosas de Dios.

Como este se�or iba a una iglesia, para que no supieran lo que hace, �l me dec�a que no fuera a contar porque si lo hac�a mi pap� se iba a la c�rcel. Este se�or me enga�aba siempre con dulces y cuando yo no quer�a entrar me cog�a a la fuerza y me entraba al cuarto, en esa casa viv�a la mam� de �l, una hermana, viv�an tres sobrinos y otro que naci�, eran cuatro.

El cuarto donde �l dorm�a era a un ladito de la casa, con puerta pero sin ba�o, el ba�o quedaba dentro de la casa, yo entraba al resto de la casa a jugar con los ni�os que viv�an ah�, ah� todav�a viven esos ni�os, una ni�a se llama Carolina, otra Jeniffer, un ni�o que se llama Demier, que tiene como 13 a�os creo. Yo le cont� a mi mam� un d�a que �bamos para la finca y pues ya me decid� a contar porque mi amigo Pablo, �l ya hab�a contado lo que este se�or le estaba haciendo a �l tambi�n, yo sab�a porque el mismo Di�genes me hab�a contado que �l le hac�a lo mismo a Pablo, yo no s� si a mi hermano le han hecho cosas, pero a mi hermano Oscar este a�o le contaba que �l hac�a esas cosas con otros ni�os.

Este se�or sigue viviendo ah� en la misma parte, ya no se mete conmigo, ahora anda es con otros ni�os, no me recuerdo el nombre, pero es de ah� de la vereda�. Al menor se le pregunt� si esa era la declaraci�n que �l le hab�a rendido con antelaci�n y si esa era su firma, a lo que respondi� afirmativamente, y al cuestion�rsele si lo le�do fue lo sucedido con Di�genes Losada, nuevamente dio respuesta positiva o afirmativa.

Ahora, en relaci�n con los testimonios rendidos por las v�ctimas del abuso sexual, manifi�stese que los mismos cumplen a plenitud las exigencias jurisprudenciales fijadas a efectos de generar en el fallador el conocimiento m�s all� de toda duda razonable sobre la existencia de la conducta delictiva y la responsabilidad del acusado en los delitos sexuales.

Tales condiciones son las siguientes: �a) Que no exista incredibilidad derivada de un resentimiento por las relaciones agresor�agredido que lleve a inferir en la existencia de un posible rencor o enemistad que ponga en entredicho la aptitud probatoria de este �ltimo. �b) Que la versi�n de la v�ctima tenga confirmaci�n en las circunstancias que rodearon el acontecer f�ctico, esto es, la constataci�n de la real existencia del hecho; y �c) La persistencia en la incriminaci�n, que debe ser sin ambig�edades y contradicciones�.

Obs�rvese que las referidas exigencias se satisfacen a plenitud respecto del testimonio de OAVC; pues de un lado, el joven no dej� traslucir que su inequ�voco se�alamiento contra el acusado obedeciera a sentimientos de rencor u odio hacia el mismo, por el contrario, el adolescente se refiri� a Di�genes Losada como su amigo y vecino, y precis� que la relaci�n con �l solo se afect� cuando su mam� se enter� del abuso sexual.

Adem�s, neg� la existencia de alguna dificultad previa entre �l y su familia. Es decir, no se advierte la presencia de factor alguno en el testimonio de OA, que permita colegir su animadversi�n contra el enjuiciado, capaz de haberlo llevado a atribuirle falsamente los actos libidinosos materia de acusaci�n y juzgamiento. Adicionalmente, la narraci�n de OA encuentra confirmaci�n perif�rica en otros medios de prueba, pues sus padres Luis Carlos y Sandra testificaron que Di�genes Losada acud�a con alguna frecuencia a su casa, circunstancia esta que, seg�n lo revel� el joven, la aprovechaba el procesada para saciar con �l sus apetencias libidinosas, someti�ndole reiteradamente a vej�menes sexuales mientras permanec�a en la vivienda de sus padres, es decir, lo atinente a la vecindad, amistad y familiaridad con el encartado, fue confirmada por los progenitores del menor ofendido.

Tambi�n se corrobor� con el testimonio de la madre del ni�o, lo atinente a que en cierta ocasi�n sorprendi� a Di�genes observando a OA por encima del ba�o, escena que le gener� desconfianza hacia �l, y a la postre le permiti� descubrir la comisi�n de los vej�menes luego denunciados, pues sus hijos terminaron por confes�rselo. Igual sucedi� con el da�o psicol�gico causado con el abuso sexual en el joven OA, ya que no solo �l, sino sus padres, aludieron a la depresi�n o tristeza sufrida a ra�z de las agresiones sexuales de marras, a la p�rdida del sexto grado de educaci�n debido a la falta de �nimo para estudiar y a la urgencia con la que debieron someterlo a tratamiento psicol�gico a fin de lograr se sobrepusiera a los da�os causados con los vej�menes.

En conclusi�n, decl�rese no haberse tratado el testimonio de OA de un relato aislado, solitario y desprovisto de toda verificaci�n o corroboraci�n; pues aun cuando s�lo �l presenci� y padeci� las actos sexuales en su contra, como suele ocurrir en esta modalidad delictual, varios aspectos circundantes de su testimonio armonizaron con el conjunto probatorio, especialmente, con las declaraciones de sus padres, aquilat�ndose as� a�n m�s el dicho del menor ofendido.

Adem�s, no puede ignorarse la persistencia en la incriminaci�n contra el encartado, por cuanto el menor OA no solo le confes� a sus progenitores lo relacionado con la manipulaci�n o manoseo sexual del cual era v�ctima por parte de Di�genes Losada, sino que luego eso lo replic� frente a la psic�loga del ICBF encargada de valorarlo, como se explicar� en p�rrafos posteriores, y finalmente, transcurridos varios a�os, reiter� su narraci�n de los hechos e inconfundible incriminaci�n en el curso del juicio oral.

Es decir, OA lejos estuvo de mostrarse dubitativo o confundido en torno a la ocurrencia de los hechos, menos se ha retractado de sus se�alamientos contra Di�genes Losada, y en cambio, ha sostenido en lo medular una misma versi�n en el curso de la investigaci�n y el juzgamiento, evidenci�ndose as� la solidez y seriedad de su sindicaci�n contra el encartado.

De otro lado, la narraci�n de OA en el juicio oral estuvo libre de contradicciones y ambages, toda vez que, pese a la inocultable verg�enza y dolor del menor al relatar y revivir sufridos episodios de su ni�ez, el joven dio di�fana cuenta de los actos abusivos ejercidos en su contra por el encartado, entre ellos, la manipulaci�n de su pene y gl�teos, los besos en su boca, el manoseo de cuerpo y el frote del miembro viril del abusador en su humanidad.

Incluso, interrogado sobre si hubo acceso carnal, el joven tras superar la timidez y congoja, respondi� afirmativamente. Adem�s, enfatiz� haberse iniciado los vej�menes sexuales mucho tiempo atr�s, ya que estim�, todo empez� cuando cursaba tercer a�o de primaria. Por lo tanto, no existe raz�n valedera para declarar haber sido producto de la manipulaci�n de los padres, las categ�ricas e insistentes manifestaciones incriminatorias del menor, menos que lo fueron con el �nico prop�sito de perjudicar al procesado en raz�n a la existencia de diferencias religiosas; pues su nitidez, coherencia, persistencia y detalle del testimonio en comento, son propias de quien evoca un episodio vivido realmente en el pasado y se apega a la verdad de lo ocurrido.

Por lo tanto, bien hizo el a quo al concederle elevado poder suasorio al testimonio valorado. Situaci�n similar a la anterior se predica del testimonio del menor JD, quien debido a su corta edad, esto es, 10 a�os cuando declar� y ocho al salir a la luz los acontecimientos, hizo un relato menos fluido que el de su hermano OA, e incluso, guard� silencio frente a varias preguntas neur�lgicas formuladas por la Fiscal�a. No obstante, admiti� su relaci�n de amistad con Di�genes Losada y termin� por expresar que �ste lo hac�a fumar cigarrillo, le quitaba la ropa, se le sub�a, lo mojaba y lo hac�a ver pel�culas que tild� de groseras.

El sencillo pero inequ�voco relato de JD, tambi�n satisface los criterios fijados por la jurisprudencia a fin de poder darle credibilidad al testimonio de un menor; pues en primer lugar, no se evidenci� inter�s por perjudicar al encartado con falsas sindicaciones en su contra, ya que no solo admiti� ser su amigo, sino que se trata de un ni�o de escasa edad, de quien dif�cilmente podr�a colegirse que es capaz de guardar tal odio contra Di�genes Losada como para inventar que este �ltimo abusaba de �l; en segundo t�rmino, el relato de JD tiene confirmaci�n en el testimonio de sus progenitores y hermano OA, pues ellos tambi�n aseguraron que Di�genes era amigo de la familia y vecino de la Vereda La Palma; y por �ltimo, JD fue persistente en su se�alamiento contra el acusado, pues adem�s de haberles contado a sus padres que fue abusado por �l, igual informaci�n le suministr� a la psic�loga del ICBF, a la Fiscal�a y a la juez de primera instancia. En consecuencia, no hab�a raz�n de peso para restarle poder suasorio a los dichos de este menor.

As� mismo, puesta de presente al menor JD la entrevista por �l rendida en la fase investigativa, es decir, mucho tiempo antes del juicio, con el fin de refrescar memoria y evitar la revictimizaci�n, la misma fue autenticada y le�da por la funcionaria del ICBF, pudi�ndose as� deducir su complementaci�n y armon�a con su lac�nico testimonio.

N�tese que, en esa originaria ocasi�n, dado el menor tiempo transcurrido desde la perpetraci�n de los abusos sexuales juzgados, mayor era la capacidad de evocaci�n de lo sucedido, circunstancia que sumada a la ingenuidad propia de un ni�o de ocho a�os de edad, le permiti� narrar con ciertos detalles circunstanciales las escenas de la cuales fue v�ctima a manos del procesado.

Pasando ahora al an�lisis del testimonio de la Psic�loga del ICBF, Sonia Mar�a Mosquera Guti�rrez, dest�quese que ella declar� haber valorado el 20 de mayo de 2014 a los menores OAVC y JDVC, con miras a restablecer sus derechos y constatar su estado emocional, vali�ndose de una entrevista semiestructurada y del uso del diagrama de la figura humana, donde los ni�os se�alaron las partes de su cuerpo objeto de manipulaci�n. El procedimiento, hallazgos y conclusiones sobre la valoraci�n practicada a OA, se consignaron en el respectivo Informe de evaluaci�n psicol�gica, donde se hizo constar, entre otros aspectos, el cambio de estado an�mico del joven, quien mostr� verg�enza y rabia cuando aludi� al abuso sexual padecido.

Tambi�n se indic� que seg�n el espont�neo y libre relato del menor, el se�or Di�genes Losada tocaba sus partes �ntimas y lo besaba, aprovechando los momentos cuando el infante estaba solo. La Psic�loga dedujo o concluy� que el menor OA presentaba una afectaci�n emocional, pues se evidenci� rabia, impotencia, frustraci�n, entre otros cambios en su estado de �nimo, por lo que recomend� iniciar tratamiento psicol�gico.

En el informe de evaluaci�n psicol�gica practicada al ni�o JD, luego de aludirse a su buen estado de �nimo, se indic� que el mismo relat� espont�neamente haber sido manipulado en sus partes �ntimas por Di�genes Losada, quien le tocaba el pene y los gl�teos, caus�ndole malestar e inquietud, pues sab�a que eso estaba mal. Precis� que seg�n se lo expres� el ni�o, los referidos vej�menes ocurr�an en horas de la tarde, cuando �l llegaba de la escuela y su casa estaba sola, siendo llamado a jugar por el victimario, quien una vez culminaban las actividades l�dicas, lo conduc�a hasta su habitaci�n, lo despojaba de su vestimenta, le introduc�a el pene en el ano, �lo mojaba�, le daba besos, lo hac�a fumar cigarrillo y ver pel�culas de sexo.

La referida experta y profesional en la conducta humana concluy� que el ni�o ten�a una red afectiva que favorec�a su equilibrio emocional, pero recomend� acompa�amiento psicol�gico. En consecuencia, si pese a no haberse practicado por la Psic�loga Mosquera una entrevista forense, s� calific� de cre�ble del relato del menor JD; pues su postura, expresividad y fluidez le permiti� colegir que en verdad hablaba de aspectos significativos de su vida; si respecto a los dichos de OA, la psic�loga explic� tratarse de un joven m�s prevenido y avergonzado, pero con un relato coherente; y si incluso, la profesional asegur� que los ni�os se�alaron en una figura humana las partes del cuerpo manoseadas o manipuladas por Di�genes Losada, al punto que en los dibujos se observa marcada la zona del pene, boca y gl�teos; mal podr�a tildarse de infundada la sindicaci�n de los menores contra el procesado, ya que esta incriminaci�n en vez de variar se ha mantenido inc�lume en lo medular desde la investigaci�n hasta el juicio, mereciendo por consiguiente valioso poder de convicci�n. En cuanto a la cr�tica del apelante a la credibilidad conferida a los testimonios rendidos por los menores ofendidos, pese a que los dict�menes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses descartan lesi�n antigua o actual en los ni�os; resp�ndase que en los Informes periciales de cl�nica forense del dos de diciembre de 2013, donde se plasmaron los hallazgos de las valoraciones f�sicas practicadas a los menores JD y OA, se indic� que no exist�an �huellas externas de lesi�n reciente al momento del examen que permitan fundamentar una incapacidad m�dico legal� y se descart� la presencia de lesiones en el ano; sin embargo, esta circunstancia en modo alguno descarta de tajo la veracidad de los hechos narrados por las v�ctimas, pues ambos coincidieron en aludir a manipulaciones sexuales presentadas de tiempo atr�s, por lo que las alteraciones que pudieron sufrir en sus cuerpos a ra�z de las agresiones sexuales, se debieron atenuar sustancialmente con el simple paso del tiempo o no haber dejado mayores huellas visibles.

Es que, seg�n lo prev� el Reglamento t�cnico para el abordaje forense integral en la investigaci�n del delito sexual, expedido en el a�o 2009 por el Instituto Nacional de Medicina Legal, la ausencia de lesiones en el ano no descarta su manipulaci�n. Para mejor entendimiento del asunto se transcribe en lo pertinente la citada reglamentaci�n: ��se debe tener en cuenta que las maniobras cr�nicas en el esf�nter anal, hacen ceder poco a poco la estructura y ampl�an su capacidad hasta lograr una hipoton�a sin producir lesi�n. Igualmente, cuando no se ofrece resistencia a la penetraci�n anal, puede no producirse ning�n cambio a nivel del reborde anal, o solamente cambios muy discretos, que por su levedad, desaparecen en pocos d�as.

Aun el hecho de que no se encuentren lesiones en el ano y que el tono, la forma y los pliegues est�n normales, no descarta la ocurrencia de penetraci�n, eyaculaci�n, contacto a nivel anal por lo que se debe valorar la versi�n de la v�ctima� . En ese orden de ideas, la sola ausencia de lesiones o huellas en el ano, no desvirt�a los s�lidos se�alamientos de JD y OA contra Di�genes Losada ni significa la ausencia de pruebas sobre la estructuraci�n material del delito de actos sexuales abusivos con menor de 14 a�os; pues de un lado, los testimonios de las v�ctimas no chocan con la pericia m�dica, por cuanto no en todos los casos la penetraci�n anal produce huellas, lesiones o rastros visibles y permanentes de agresi�n; y de otro, si bien los menores dieron cuenta de haber sido, no solo tocados en sus partes �ntimas, sino accedidos carnalmente, la imputaci�n jur�dica de la acusaci�n se circunscribi� a la descripci�n t�pica del art�culo 209 del C�digo Penal, lo que conllev� la declaratoria de responsabilidad penal de Di�genes Losada solo por los tocamientos libidinosos, para as� evitar la violaci�n del principio de congruencia, conducta punible respecto de la cual no es imperativo acreditar la presencia de huellas en los genitales de la v�ctima.

En cuanto al alegado desconocimiento por el fallador de las probanzas de descargo; cont�stese al apelante que las mismas lejos est�n de minar o al menos debilitar las escasas pero s�lidas probanzas tra�das al juicio por la Fiscal�a, como para pensar en el surgimiento de una situaci�n de duda o vacilaci�n con suficiencia e idoneidad para diluir la responsabilidad del enjuiciado frente a las conductas punibles materia de proceso.

Es que, en sesi�n de juicio del 21 de septiembre de 2015, la se�ora Carmenza Anacona Ru�z, tras indicar su condici�n de madre de cuatro hijos menores de edad, declar� que en el 2012 o 2013, mientras asist�a a la iglesia del movimiento misionero, se conform� un coro del cual hizo parte Di�genes Losada, quien a la postre le compr� a ella una organeta.

Agreg� que, como Di�genes desconoc�a c�mo funcionaba el referido instrumento musical, en cierta ocasi�n envi� a su hijo D para que le brindara la respectiva explicaci�n, momento a partir del cual el ni�o empez� a frecuentar la vivienda del procesado. La testigo expres� que cierto d�a la se�ora Sandra Claros le aconsej� no dejara ir a sus hijos a la casa de Di�genes Losada, pues al parecer le gustaba molestar a los ni�os.

A�adi� que d�as despu�s, Sandra lleg� a su casa en compa��a de Martha, quienes le indicaron que denunciar�an a Di�genes por haber violado a sus hijos, e incluso, le aseguraron que D tambi�n hab�a sido abusado, sin embargo, ella les replic� que no denunciar�a hasta estar segura del abuso, por lo que interrog� a D sobre el particular, pero el ni�o neg� que el procesado le hubiera hecho algo, por lo que Martha lo presion� para que contara lo sucedido.

Puntualiz� no haber denunciado al se�or Losada, ya que su hijo neg� toda agresi�n sexual en su contra por parte de �l. A la pregunta sobre si Sandra Claras tuvo alg�n inconveniente previo a la denuncia con el encartado, contest�: �Yo lo �nico que tengo entendido es que ella en la iglesia,�donde estaban ellos, los pon�an a vender unos pollos apanados, entonces la se�ora lo mandaba a �l a vender.

S� que un d�a que �l ya no quiso volver a vender los pollos, ella se disgust�. Eso es lo que yo tengo entendido, no se m�s�. Similar narraci�n a la precedente hizo Hern�n Enrique Guti�rrez Valderrama, esposo de Carmenza Anacona y primo de Di�genes Losada, quien dijo haber conocido de los se�alamientos de Sandra Claros contra el procesado, pero manifest� desconocer si los mismos ocurrieron o no.

As� mismo, Consuelo Mu�oz G�mez, vecina hace 25 a�os de la Vereda La Palma, manifest� haber conocido en este lugar a Di�genes Losada, respecto de quien nunca se ha escuchado nada malo, por el contrario, dijo tratarse de una persona servicial, amable y querida por la comunidad. Admiti� que todo cuanto sabe del proceso contra Di�genes Losada, se lo cont� su progenitora Eduviges Losada, quien le dijo que el problema surgi� porque las se�oras Sandra y Martha convencieron al procesado para ingresar a una iglesia cristiana, donde �l les ayudaba en la venta de unos pollos, pero como luego desisti� de acudir al culto, esas mujeres tomaron represalias en su contra y lo denunciaron falsamente.

En relaci�n con estos testimonios de descargo, manifi�stese que en criterio del Tribunal, carecen de la entidad demostrativa necesaria a fin de producir perplejidad seria sobre la ocurrencia de los hechos juzgados y la responsabilidad del acusado en los mismos. Lo anterior por cuanto en primer lugar, a la se�ora Carmenza Anacona Ru�z nada le consta acerca de la relaci�n o trato existente entre Di�genes Losada y los hermanos Valenzuela Claros, pues nunca acudi� a sus reuniones o encuentros, por lo que poco o nada podr�a saber en cuanto a si el acusado abus� sexualmente o no a los multicitados menores; en segundo lugar, la ocurrencia de los vej�menes sexuales contra OA y JD no los descarta el hecho que el procesado no haya sometido a D, hijo de la testigo, a iguales actos; y por �ltimo, la testigo no explic� razonablemente por qu� el supuesto disgusto entre Sandra Claros y el acusado por haberle retirado el apoyo para la venta de unos pollos, tuvo tal influencia que la movi� a denunciarlo falsamente por un delito sexual cometido contra sus menores hijos, por lo que el asunto qued� simplemente en la referencia de la testigo de una domestica incomodidad o molestia, sin sustancial y suficiente conexi�n directa con las graves y serias sindicaciones contra el encartado.

Tampoco Hern�n Enrique Guti�rrez Valderrama y Consuelo Mu�oz G�mez ofrecieron informaci�n trascendente con miras en verdad a dilucidar lo sucedido en el presente caso, pues ambos admitieron desconocer lo realmente ocurrido, e incluso, la �ltima declarante es una simple testigo de o�das, por cuanto se limit� a repetir la narraci�n escuchada de labios de la madre del acusado respecto a los hechos investigados.

Continuando con la valoraci�n de pruebas de la defensa, recu�rdese que el menor CAA, hijo de Carmenza Anacona, neg� que Di�genes le hubiese causado da�o alguna a JD y su hermano O, menos haberlo atacado a �l sexualmente; pues en varias oportunidades estuvo en su casa, jugando y tocando la organeta, sin haberle nunca el procesado insinuado algo extra�o.

Neg� tener conocimiento de los vej�menes sexuales padecidos por J y O, ya que jam�s ha conversado con ellos sobre el particular. Por su parte, HDGA dijo que Di�genes Losada es un buen amigo suyo, pues acudieron a la misma iglesia y juntos recibieron clases para aprender a tocar instrumentos musicales, pero aqu�l jam�s lo toc� indebidamente.

Adicion� que en su vereda se rumor� que el procesado lo hab�a violado, lo cual no es cierto. Finalmente, refiri� que en cierta ocasi�n do�a Martha le pidi� dijera la verdad, sin embargo, no pod�a afirmar lo que no sucedi� ni le consta. DGL, sobrino de Di�genes Losada, tras manifestar que vive en la Vereda La Palma con su progenitora, abuela, padrastro, hermanos y el acusado, declar� que JD y OA son sus mejores amigos desde la infancia, pero desconoce si a ellos les ha sucedido algo malo.

Destac� que Di�genes es como un padre para �l y aclar� que su t�o jam�s lo ha tocado. A�adi� que el procesado sol�a jugar en su casa con �l y los hermanos Valenzuela, pues todos eran muy amigos. Precis� que Di�genes le ayudaba a do�a Sandra a los quehaceres de la casa, e incluso les ayud� a construir la vivienda donde residen ella y su familia.

La ni�a CL, hermana de HDGA y sobrina del encartado, neg� haber sido tocada o manoseada por Di�genes Losada y enfatiz� que nada le consta sobre lo sucedido con los menores OA y JD. Precis� que su vivienda, donde tambi�n resid�a su t�o Di�genes, est� ubicada a escasos cinco pasos de la casa de los Valenzuela. Decl�rese que los testimonio de los anteriores menores tampoco desdibujan la s�lida incriminaci�n contra el acusado; pues ninguno de ellos aport� informaci�n relevante a efectos de descartar la comisi�n del abuso sexual contra OA y JD; ya que estos ni�os no estuvieron presentes mientras se escenificaron los acontecimientos, y pese a negar todo comportamiento indebido de Di�genes Losada mientras jugaban o se reun�an con los hermanos Valenzuela Claros, esa situaci�n por s� sola no desdice la seria y cre�ble narraci�n de las v�ctimas OA y JD en torno a lo acaecido; toda vez que los menores no ten�an por qu� estar presentes en todos y cada uno de los encuentros mantenidos por el encartado con los ofendidos, como para colegir la imposibilidad material de la conducta punible juzgada.

Adicionalmente, dest�quese que la circunstancia que Di�genes Losada no haya sido se�alado por los otros ni�os de la Vereda La Palma, con quienes sol�a departir, de haberlos vilipendiado sexualmente, en modo alguno es denotativo de su inocencia en el caso sub judice; pues no se le acus� de ser un abusador en serie o haber agredido a JD y OA en presencia de otros menores, no, la sindicaci�n contra el acusado se circunscribi� personalmente a dos v�ctimas en particular, por lo que a efectos de deducir su responsabilidad en el caso en estudio, intrascendente, por decir lo menos, resulta la circunstancia de no haber agredido sexualmente a otros vecinos menores de edad o a sus sobrinos. En otras palabras, la prueba de los vej�menes sexuales contra OA y JD y su autor�a en cabeza de Di�genes Losada, no est� condicionada o dependen de si se acredit� o no el abuso sexual suyo contra otros ni�os.

En cuanto al testimonio de Yolanda Yaneth Guerrero, d�gase que su credibilidad o poder de convicci�n es bien limitado, por no decir, que nulo; por cuanto ella misma admiti� desconocer por completo lo relacionado con el comportamiento delictivo enrostrada por la Fiscal�a contra Di�genes Losada, pues solo se enter� o escuch� que presuntamente el acusado hab�a incurrido en actos abusivos contra unos ni�os.

Igual situaci�n se presenta en relaci�n con el testimonio de Mar�a Eugenia Losada, hermana del procesado y madre de los ni�os D y C, quien luego de explicar que comparte vivienda con Di�genes Losada y sus hijos, declar� no tener conocimiento sobre la ocurrencia de los hechos investigados. Sobre el asunto expres�a �l lo acusan de que �l ha tocado unos ni�os, que �l hab�a violado unos ni�os, no s� si es verdad o es mentira, pero la verdad nosotros de eso no sabemos nada.

Es la realidad�. Sin embargo, reconoci� que los menores Valenzuela Claros iban con cierta frecuencia a su casa a jugar con sus hijos, e incluso, en ocasiones, todos ve�an televisi�n en la sala o en la habitaci�n del procesado. En punto al testimonio del procesado Di�genes Losada, quien renunci� a su derecho a guardar silencio, expr�sese que, si bien neg� el cargo por el cual fue acusado, es decir, enfatiz� no haber agredido a los hermanos Valenzuela Claros, y en cambio, le atribuy� los se�alamientos de los menores en su contra, a las desavenencias religiosas y de negocios que tuvo con la madre de ellos, tal justificaci�n no es de recibo para la Sala; pues el acusado ni los dem�s testigos de descargo explicaron en detalle por qu� a ra�z de un evento tan nimio o insignificante, como es haberse negado el procesado a seguir ayud�ndole a Sandra Claros a vender unos pollos, ella tom� la decisi�n de vengarse en esa forma tan desproporcionada y arriesgada, obligando a sus menores hijos a se�alarlo falazmente de haber sido el autor de unos agravios sexuales, menos si como el mismo procesado lo confes�, siempre mantuvo buena relaci�n personal con los Valenzuela Claros y jam�s tuvo discrepancias con ellos en cuanto a negocios.

Es decir, no resulta veros�mil y cre�ble que, por no haber vuelto a la iglesia cristina ni ayudado Di�genes a vender unas aves, Sandra Claros, su esposo y sus hijos, hayan armado una tramoya tan delicada y grave en su contra. Adicionalmente, dest�quese que seg�n el acusado, cuando en octubre de 2013 Sandra Claros lo vio cerca al ba�o donde se hallaba OA, no estaba observ�ndolo con prop�sito lujuriosos, sino pidi�ndole el celular que momentos antes el ni�o le hab�a arrebatado en juego; sin embargo, esta justificaci�n contrasta con lo narrado por la denunciante, quien dijo estar segura de lo visto u observado ese d�a, esto es, a Di�genes espiando a su hijo mientras �l hac�a sus necesidades fisiol�gicas en el ba�o de la casa.

En todo caso, si en gracia de discusi�n se aceptara que ese d�a el encartado no despleg� ning�n comportamiento indebido contra el menor, ello en nada alterar�a su declaratoria de responsabilidad, pues lo cierto es que ese suceso le gener� desconfianza a Sandra Claros, lo que a la postre le permiti� descubrir los abusos a los que eran sometidos sus menores hijos, ya que los ni�os terminaron confes�ndole lo sucedido.

As� mismo, ins�stase que la contundencia, claridad, solidez, espontaneidad y racionalidad de los se�alamientos realizados por OA y JD contra el encartado, por s� solos permiten descartar la alegada manipulaci�n desplegada por la madre de los menores a fin que estos inventaran la ocurrencia de los vej�menes sexuales. Igualmente, resp�ndase al impugnante que el suceso puesto de presente por �l en su escrito de alzada, en el sentido que en cierta ocasi�n mientras estaba recostado en su sof�, JD se lanz� sobre su cuerpo, �l lo rechaz� y en ese momento lleg� la madre del ni�o a buscarlo, surgiendo as� los se�alamientos de Sandra de haber agredido sexualmente a su hijo; carece de todo asidero probatorio; pues ni los testigos de la Fiscal�a, menos los de la defesa, se refirieron a ese presunto episodio, por lo que mal har�a la Sala al conferirle credibilidad a la aislada y solitaria narraci�n del acusado, cuando la incriminaci�n en su contra no se apoy� exclusivamente en un testimonio sino en varias probanzas concatenadas, concordantes, arm�nicas y corroboradas entre s�.

Tampoco podr�a d�rsele mayor solidez probatoria a la narraci�n del procesado, seg�n la cual, cuando estaba recostado en el sof�, Sandra Claros presion� a JD para que lo se�alara de haberle causado da�o, pero el ni�o se neg�, ante lo cual la se�ora lo amenaz� con pegarle si no proced�a como se le indicaba, raz�n por la cual JD termin� diciendo que �l lo tocaba; pues en primer lugar, no resulta del todo entendible y razonable que una madre y mujer religiosa como lo era Sandra Claros, obligue a su hijo de escasos ocho a�os a inventarse una historia colmada de episodios de abusos sexuales, con el �nico fin de perjudicar a un vecino porque �l ya no profesaba su credo ni le ayuda a vender unos pollos, como si se tratara de una fan�tica religiosa a quien esas nimiedades le resultaran m�s importantes que la tranquilidad, estabilidad emocional e integridad de su menor descendiente; y en segundo t�rmino, JD nunca admiti� haber sido aleccionado o presionado para declarar contra el procesado, e incluso, Sandra Claros, sostuvo haber sido el menor JD quien por iniciativa propia le confes� lo sucedido con Di�genes Losada.

En cuanto a la supuesta alianza de Sandra Claros y su vecina Martha a efectos de persuadir a los ni�os de la Vereda La Palma para que declararan contra el encartado; d�gase que si bien es cierto, Carmenza Anacona Ru�z reconoci� que en cierto momento, Sandra y Martha le informaron sobre la denuncia que formular�an contra Di�genes y le sugirieron que su hijo D tambi�n pod�a haber sido v�ctima de �l; lo cierto es que el actuar de Sandra y Martha no podr�a v�lidamente enmarcarse en un plan mal�volo ideado a fin de orquestar falsos testigos, como lo sugiere o pretende hacerlo ver el apelante; ya que no hay prueba sobre el particular, y en cambio, ese proceder es medianamente entendible, por cuanto habi�ndose enterado de labios de sus hijos que el acusado los agred�a sexualmente y conociendo ellas que D, hijo de Carmenza, �ltimamente frecuentaba la casa de Di�genes, cab�a la posibilidad que este ni�o tambi�n hubiera sido otra de sus v�ctimas, por lo que, alertaron a su mam� sobre el asunto.

Adem�s, el mismo HDGA refiri� que su vecina Martha le pidi� decir la verdad, pero �l no pod�a se�alar a Di�genes de lo que no hab�a ocurrido, es decir, el ni�o nunca manifest� que sus vecinas lo hubieran presionado u obligado a declarar contra el encartado, sino que lo exhortaron a decir la verdad. Por lo tanto, eliminada estar�a toda duda sobre el supuesto indebido proceder de las referidas mujeres.

Adem�s, el mismo procesado admiti� haber aceptado cargos en el proceso donde fungi� como denunciante Martha, quien en verdad se llama Martha Cecilia Mu�oz, por lo que en serio entredicho estar�a el alegado irregular proceder de esta se�ora, y de paso, el de Sandra Claros, pues finalmente Di�genes confes� la veracidad de la sindicaci�n de Martha en su contra.

Por �ltimo, enfat�cese que, las pruebas de la defensa en lugar de apuntar a solidificar el prop�sito del procesado de evidenciar la inexistencia de los delitos por los cuales fue acusado, tuvo un efecto contrario; pues a partir de las mismas se edific� el serio y grave indicio de oportunidad, ya que as� como lo hizo la familia Valenzuela Claros, los testigos de la defensa dieron cuenta de la extrema y sospechosa cercan�a de Di�genes Losada con los ni�os de la Vereda La Palma, y particularmente con OA y JD, al punto de compartir con ellos en diferentes escenarios y ser considerado por los menores como un amigo m�s, comportamiento este poco usual en un hombre con m�s de 30 a�os, edad en la que el c�rculo social suele estar integrado por personas adultas, no por ni�os.

En consecuencia, resuelto en las anteriores t�rminos el problema jur�dico y disyuntiva planteada al inicio de la parte motiva de esta providencia, es decir, habi�ndose acreditado m�s all� de toda duda lo relativo a la materialidad de las conductas punibles juzgadas y la responsabilidad de Di�genes Losada en las mismas, la �nica opci�n a disposici�n de la Sala es la de conferirle total benepl�cito a la sentencia de primera instancia, m�xime si la participaci�n protag�nica del acusado en los hechos aqu� juzgados se demostr� a plenitud con las s�lidas pruebas practicadas oportuna y regularmente en el juicio a pedido de la Fiscal�a. En raz�n y m�rito de lo expuesto, la Sala Tercera de Decisi�n Penal del Tribunal Superior de Neiva, administrando justicia, en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, RESUELVE:

PRIMERO. CONFIRMAR �ntegramente el fallo de procedencia y origen anotados por los motivos consignados en l�neas anteriores.

SEGUNDO. MANIFESTAR que la presente decisi�n queda notificada en estrados y contra la misma procede el recurso extraordinario de casaci�n dentro de los cinco d�as siguiente a la �ltima notificaci�n, al tenor del art�culo 183 de la Ley 906 de 2004, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE. JAVIER IV�N CH�VARRO ROJAS HERNANDO QUINTERO DELGADO �LVARO ARCE TOVAR LUISA FERNANDA TOVAR HERN�NDEZ Secretaria Folio No. Tomo No. del libro de sentencias penales.  Corte Constitucional, Sentencia C � 069 de 2009.

Mp Dra. Clara In�s Vargas Hern�ndez  Negrillas fuera del texto original.  C.S.J. SP19617-2017. Sentencia del 23 de noviembre de 2017, radicaci�n 45.899, Mp Dra Patricia Salazar Cu�llar.  Fls. 137 a 161  A partir de 12:50  A partir de 13:30  A partir de 15:08  A partir de 17:22  A partir de 18:12  A partir de 18:54  A partir de 27:14  A partir de 28:27  A partir de 01:18:02  A partir de 01:19:20  A partir de 01:20:57  A partir de 01:21:34  A partir de 01:25:37  A partir de 01:25:55  A partir de 01:26:36  A partir de 01:30:33  A partir de 01:01  A partir de 05:12  A partir de 05:43  A partir de 05:52  A partir de 06:21  A partir de 06:51  A partir de 09:28  A partir de 09:50  A partir de 10:11  A partir de 10:48  A partir de 16:49  A partir de 17:40  A partir de 24:30  A partir de 27:39  A partir de 01:48  A partir de 05:09  A partir de 01:58  A partir de 02:38  A partir de 06:20  A partir de 10:11  C.S.J. Sentencia del 23 de septiembre de 2009, Radicaci�n 23.508.

M.P. Julio Enrique Socha Salamanca  Fs. 178 a 182 C.1.  Fs. 183 a 187 C.1.  A partir de 16:32  A partir de 21:29  HYPERLINK "http://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/40696/Reglamento+T%C3%A9cnico+para+el+abordaje+Forense+integral+en+la+investigaci%C3%B3n+del+delito+sexual+Versi%C3%B3n+3..pdf/903d3c02-f27f-2125-9985-fa247f3d449a" http://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/40696/Reglamento+T%C3%A9cnico+para+el+abordaje+Forense+integral+en+la+investigaci%C3%B3n+del+delito+sexual+Versi%C3%B3n+3..pdf/903d3c02-f27f-2125-9985-fa247f3d449a.

P�g. 93.  A partir de 05:45  A partir de 07:37  A partir de 08:14  A partir de 20:08  A partir de 03:29  A partir de 27:42  A partir de 39:22  A partir de 14:49  A partir de 31:20  A partir de 43:59  A partir de 54:28  A partir de 58:49  Sesi�n de juicio del 25 de octubre de 2016- A partir de 10:20-.  A partir de 11:05     PAGE  Procesado Di�genes LosadaRadicaci�n 41551 61 05 092 2013 82089 01DelitoActos sexuales con menor de 14 a�os Tribunal Superior de Neiva, Sala Tercera de Decisi�n Penal P�gina  PAGE 13 de  NUMPAGES 13 N����� �˳��kR:":.h8^4h8^45�@���CJOJQJ]�aJmH sH.h8^4h8^4@���CJOJQJ\�]�aJmH sH 1h8^4h8^45�@���CJOJQJ\�]�aJmH sH *h8^4h8^4CJOJQJ\�]�aJmH sH 2h8^4h8^45�@���CJOJQJ]�^JaJmH $sH $.h8^4h8^45�6�@���CJOJQJaJmH sH.h8^4h8^45�@���CJOJQJ]�aJmH sH -h8^4h8^45�6�CJOJQJ\�aJmH sH:jh8^4h8^45�6�CJOJQJUaJmHnHsH u /NO��������������������� dh1$5$9Dgd8^4dh5$7$8$9D@&H$gd8^4$$d5$7$8$9DH$a$gd8^4$� 5$7$8$9DH$^� a$gd8^4$5$7$8$9D@&H$a$gd8^4$� �x5$7$8$9DH$^� a$gd8^4���o p q ~  � � � � �����������{{�$����dh5$7$8$9DH$]��^��a$gd8^4$�hdh5$7$8$9DH$^�ha$gd8^4$ & Fdh5$7$8$9DH$a$gd8^4$dh5$7$8$9DH$a$gd8^4dh5$7$8$9DH$gd8^4$$ & Fdh5$7$8$9D@&H$a$gd8^4� � n o q ~ � � ���5; ���ζΠ�Π�sY>Ys5h8^4h8^46�@���CJOJQJ\�]�^JaJmH $sH $2h8^4h8^4@���CJOJQJ\�]�^JaJmH $sH $*h8^4h8^45�CJOJQJ]�aJmH sH -h8^4h8^46�CJOJQJ\�]�aJmH 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