Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: . 2010-00523-01

Sala: SALA PENAL

Ponente: César Augusto Castillo Taborda

Fecha: 2017-12-01

Sujetos procesales: DEFENSA TÉCNICA CONTRA LA SENTENCIA DEL JUZGADO PENAL DEL CIRCUITO DE LA DORADA, CALDAS.

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ASUNTO Resuelve la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por la defensa t�cnica contra la sentencia emitida por el Juzgado Penal del Circuito de La Dorada (C), mediante la cual conden� al se�or JOS� ANDR�S GORDILLO a la pena principal de catorce (14) a�os de prisi�n e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por un tiempo igual a la pena principal, como autor de la conducta punible de ACTOS SEXUALES ABUSIVOS CON MENOR DE 14 A�OS, AGRAVADO, EN CONCURSO HOMOG�NEO.

HECHOS El a quo los sintetiz� de la siguiente manera: �De acuerdo a entrevista que le recepcionara la Psic�loga de la Comisar�a de Familia de Victoria (Caldas), a la menor E.Y.S.R., dentro del proceso de restablecimiento de derechos que surgi� en raz�n de la situaci�n de abandono y desprotecci�n en que seg�n report� la ciudadan�a se encontraba, refiri� que durante su permanencia en casa de su t�a ESTELA ROMERO en la vereda �Bellavista�, jurisdicci�n del municipio de Victoria, en horas de la noche mientras la t�a dorm�a o cuando no se encontraba, el compa�ero sentimental de �sta de nombre JOS� ANDR�S GORDILLO la sacaba de la cama donde ambas dorm�an y la llevaba cargada hasta la suya, donde en repetidas ocasiones la someti� a tocamientos con las manos y los dedos en la cola y la vagina luego de arroparla y bajarle los pantalones, am�n de haber ejercitado actos er�tico sexuales sobre ella con el pene, seg�n lo exteriorizado por dicha menor�  III.

ACTUACI�N PROCESAL El 03 de marzo de 2011 el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de La Dorada (Caldas), expidi� orden de captura contra Jos� Andr�s Gordillo que fue prorrogada en dos oportunidades y se hizo efectiva el 12 de julio de 2013. Consecuentemente y en esa misma calenda el hoy procesado fue llevado ante el Juzgado Quinto Promiscuo Municipal de La Dorada (Caldas) en funci�n de control de garant�as, c�lula judicial que tras declarar legal la captura y presidir la diligencia de formulaci�n de imputaci�n por el delito de Actos Sexuales con menor de 14 a�os, agravado, en concurso homog�neo, cargos que no fueron aceptados por el procesado, le impuso medida de aseguramiento de detenci�n preventiva en establecimiento carcelario.

Allegado el proceso al Juzgado Penal del Circuito de La Dorada (C), el 05 de noviembre de 2013 se llev� a cabo la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, la audiencia preparatoria se realiz� el 18 de marzo de 2014 y el Juicio Oral tuvo lugar los d�as 29 de julio de 2014, 24 de marzo y 18 de junio de 2015, 21 de enero y 04 de mayo de 2016, fecha en la cual se anunci� sentido del fallo condenatorio.

La lectura de sentencia se celebr� el 28 de septiembre de 2016. III. EL FALLO IMPUGNADO El Juez a quo efectu� disquisiciones en punto al tipo penal por el cual conden� al procesado y se refiri� al caso concreto indicando que la Fiscal�a acredit� la ocurrencia del hecho y la responsabilidad de Jos� Andr�s Gordillo, pues la prueba lo se�ala con contundencia como autor del delito de Actos Sexuales con menor de 14 a�os agravado, en concurso sucesivo y homog�neo.

Expuso que se le dio especial relevancia al relato que la menor E.Y.S.R. efectuara ente la Psic�loga de la Comisar�a de Familia de Victoria, Caldas, dada su coherencia y consistencia pues especific� la manera y las oportunidades en que los abusos se dieron por parte del procesado. Estim� que se acredit� que la menor para la �poca de ocurrencia de los hechos contaba 8 a�os de edad, pues los abusos se perpetraron entre los meses de mayo de 2009 y septiembre de 2010, y se comprob� con el registro civil de nacimiento que la ni�a E.Y.S.R. naci� el 28 de marzo de 2002.

Procedi� a realizar un recuento de las circunstancias que dieron origen a la investigaci�n, manifestando que la menor E.Y.S.R. le inform� a la Psic�loga Mar�a Dilia Quintero G�mez las situaciones de abuso sexual al momento de abordarla, en virtud del proceso de restablecimiento de derechos iniciado por las condiciones de pobreza y abandono en que se encontraba dentro de su hogar, conformado por su t�a Estela Romero y su esposo Jos� Andr�s Gordillo.

Advirti� que las declaraciones ofrecidas por dos de los testigos demostraron que E.Y.S.R. permanec�a en su hogar sola, atravesando necesidades, estaba atrasada en el estudio y reflejaba s�ntomas de desnutrici�n, motivo por el cual algunas personas de la Vereda Bellavista optaron por solicitar la intervenci�n de la Comisar�a de Familia. Refiri� el a quo que las exposiciones realizadas por la menor agraviada fueron respaldadas con la declaraci�n rendida por la Psic�loga arriba referenciada, quien basada en su cercan�a y percepci�n calific� dicho relato de espont�neo, consistente, l�gico, coherente y entrado en detalles para su edad, describiendo la experiencia vivida con el esposo de su t�a, sin que se advierta un inter�s malsano en querer perjudicarlo.

Argument� que lo referido por la menor ante la profesional no es ajeno al ambiente familiar en el que se encontraba, pues tal como lo relataron varios testigos, la t�a de la menor sal�a todos los d�as temprano dejando a la ni�a sola en su casa, por lo que no puede considerarse que �sta falta a la verdad cuando recrea episodios constantes de abuso sexual por parte del procesado Jos� Andr�s Gordillo en su ausencia. Menos lo hace cuando reporta comportamientos de igual naturaleza materializados en horas de la noche para cuando su t�a ya hab�a regresado, pero no advertidos por �sta, pues por su estado de alicoramiento y vencida por el sue�o resulta probable que no se diera cuenta.

Consider� que el hecho de que la menor se hubiera inhibido para declarar en el juicio, no le resta credibilidad a las incriminaciones que quedaron plasmadas en la entrevista integrada a la valoraci�n psicol�gica y tampoco se puede desconfiar de su veracidad al no haberle contado de inmediato a su t�a lo que ven�a sucediendo, pues de acuerdo a las particulares condiciones de vida y dada la cotidianidad que aparej� esta clase de comportamientos sobre su humanidad, es entendible que los hubiera asentido como normales hasta cuando alguien le hizo saber que no lo eran.

Expuso que la Psic�loga Mar�a Dilia Quintero G�mez destac� que para la edad de la menor E.Y.S.R. no tiene por qu� estar refiriendo actos sexuales de tal manera, a trav�s de un lenguaje que si bien es propio para su edad y su nivel de educaci�n, recrea en detalle en que consistieron, por lo que se considera un relato impropio para alguien que no ha sido objeto o que no ha participado en este tipo de pr�cticas.

Adujo que si bien los menores no necesariamente son ajenos a la mentira, cuando lo hacen incurren en contradicciones, fantas�as, exageraciones y otras circunstancias que con facilidad revelan que est�n faltando a la verdad, lo que no se advierte en este caso. En punto a la prueba pericial destac� que la psic�loga que acudi� al juicio oral, acredit� con su declaraci�n la preparaci�n y experticia, as� como su idoneidad y experiencia, aspectos que no fueron desacreditados por la defensa; de igual manera, explic� detalladamente la valoraci�n que efectu� y la fuente de sus conclusiones.

Se�al� el Juez de primera instancia que, contrario a lo manifestado por el perito de la defensa, s� se observ� un prop�sito en el peritazgo efectuado por la Dra. Mar�a Dilia Quintero G�mez, que fue el de establecer la ocurrencia o no de conductas de tipo sexual en que la menor fuera v�ctima. Resalt� que no puede compararse la valoraci�n efectuada a la menor por parte de la Dra. Mar�a Dilia, con un peritazgo para definir veracidad de un testimonio porque no tiene la misma finalidad, ni la misma estructura, lo que no descarta al efectuado por la mencionada psic�loga como pasible de ser valorado y de fincar en este el convencimiento para condenar.

Estim� el Despacho que el dictamen pericial cumpli� su cometido, pues las conclusiones a las que arrib� la perito desde su enfoque profesional, compaginan en un todo con el examen mancomunado a la luz de la sana cr�tica y las reglas de la experiencia de todo el caudal probatorio arrimado al proceso, el cual deja al descubierto la ocurrencia de un atentado contra la sexualidad de la menor, as� como el autor directo de tales afrentas, por lo que en definitiva, sentenci� a Jos� Andr�s Gordillo como autor penalmente responsable del injusto penal de actos sexuales abusivos con menor de 14 a�os.

IV. LA APELACI�N Recurrente El defensor del procesado recurri� el fallo de primera instancia, argumentando que el Juez a quo ciment� su sentencia en una prueba directa inexistente. Se�al� que la valoraci�n psicol�gica puede ingresar como prueba directa s�lo si �sta ha cumplido con los criterios establecidos para su elaboraci�n, pues si no se cumple con estos requisitos la valoraci�n efectuada se compadecer�a con una simple entrevista tomada a la v�ctima en una oportunidad anterior al juicio, por lo que se tratar�a de una prueba de referencia. Expuso que la valoraci�n efectuada por la psic�loga de la Defensor�a de Familia del municipio de Victoria (C), no cumpli� lo exigido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, pues la entrevista practicada por la Dra. Mar�a Dilia Quintero G�mez no tiene los criterios suficientes para ser tenida en cuenta como una prueba directa.

Aleg� que en los documentos presentados no reposa la autorizaci�n para realizar la valoraci�n psicol�gica y esto tiene consecuencias jur�dicas. Estim� que si la prueba no es directa, ese conocimiento que se requiere para condenar se basa exclusivamente en pruebas de referencia y dentro del presente asunto no hay prueba directa alguna, pues los diferentes testigos que declararon no tienen conocimiento acerca de la presunta comisi�n del hecho punible.

Consider� el recurrente que el juez de primera instancia le da una interpretaci�n errada a la valoraci�n psicol�gica, toda vez que para poder apreciarla como prueba directa se requer�a que la Dra. Mar�a Dilia Quintero G�mez realizara una valoraci�n de tipo psicol�gico, conforme con los protocolos establecidos y exigidos por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Manifest� que se pudo evidenciar con el psic�logo jur�dico experto en el tema, Dr. Luis Fernando Rocha Afanador, que la entrevista realizada por la psic�loga est� mal elaborada, pues �ste explic� cu�les son los requisitos de fondo y de forma para realizar esta clase de entrevistas y cu�les son las consecuencias jur�dicas de no efectuar una debida valoraci�n. En virtud de lo anterior solicit� revocar la decisi�n proferida. 2.

No recurrente La Fiscal�a argument� que no le qued� claro el punto de disenso del se�or defensor con la decisi�n proferida por el Juez a quo, pues no especific� cu�les eran las exigencias que tiene el Instituto Nacional de Medicina Legal y que la psic�loga debi� haber utilizado en la valoraci�n psicol�gica. Expuso que el Juez de primera instancia realiz� un an�lisis minucioso de cada una las pruebas, para concluir que el relato que dio la menor a la psic�loga ingresaba de manera directa, en raz�n a que en el juicio se estableci� que este fue espontaneo, l�gico y coherente respecto a su edad.

Adujo que la menor mostraba afecto a su agresor y solo en el momento en que se present� la intervenci�n por parte de la Comisar�a de Familia del Municipio de Victoria, por petici�n de un familiar del acusado al ver el estado de abandono en que se encontraba la ni�a, �sta da a conocer lo que estaba ocurriendo dentro de la residencia en donde conviv�a con su t�a y con el se�or �Jorge Eliecer� (sic).

Manifest� que el juez de instancia realiz� un an�lisis del escaso material probatorio que se recaud� en el juicio, pero que fue suficiente para demostrar la autor�a y la participaci�n del se�or Jos� Andr�s Gordillo en los hechos por los cuales fue condenado y solicit� de esta Colegiatura que se confirme el fallo. CONSIDERACIONES DE LA SALA Competencia Conforme al art. 34-1� del C. de P.P esta Sala es competente para decidir el recurso propuesto.

Problema jur�dico Corresponde a esta Sala analizar los planteamientos expuestos en la impugnaci�n, con el fin de determinar: i) si la prueba tomada como base de la condena impuesta al se�or JOS� ANDR�S GORDILLO es una prueba de referencia y ii) si la probanza principal de cargo introducida en el juicio brinda conocimiento concordante, coherente, suficiente y permite el hallazgo de una verdad, m�s all� de toda duda razonable para sustentar el fallo impuesto, o si, como lo advierte la defensa, los medios cognoscitivos carecen de la credibilidad y coherencia necesaria y por ello llevan al traste la hip�tesis acusatoria.

Los argumentos del apelante llaman a la Sala, de un lado, a cotejar si en este caso s�lo se ha contado con prueba de referencia, lo cual se verificar� tras realizar algunas disquisiciones preliminares sobre tal concepto de orden probatorio. De acompa�ar a la Defensa no ser� necesario seguir adelante en el estudio de los motivos de censura, siendo lo ortodoxo echar mano de la regla seg�n la cual, no hay lugar a condena s�lo con prueba de referencia. Pero de verificarse la existencia de prueba de diversa �ndole, habr� oportunidad de evaluar su poder suasorio.

As� se efectuar� a continuaci�n: ALCANCE DE LA VERSI�N EXTRA JUICIO DE LOS MENORES DE EDAD. 1.1. La prueba de referencia. Seg�n lo consagrado en nuestro Estatuto Procesal Penal, el fin de las pruebas es llevar el conocimiento del Juez m�s all� de toda duda razonable, a cerca de los hechos, las circunstancias en que ocurrieron los mismos y la responsabilidad penal del procesado.

Uno de los principios imperantes en el proceso penal en Colombia es el de la inmediaci�n de la prueba, que se materializa con la regla general del art�culo 16 de la Ley 906 de 2004 que se�ala que ser� prueba solamente la que se produzca e incorpore en el juicio oral. Luego, trat�ndose de una causa penal, prevalece como sustento principal para las decisiones judiciales la prueba practicada en el juicio oral, con presencia de un juez imparcial y por intermedio de interrogatorios cruzados con posibilidad de contradicci�n. Sin embargo, debe tenerse en cuenta el car�cter din�mico del derecho y que los trasegares propios de cada proceso son diferentes.

Si bien el escenario ideal ser�a que cada investigaci�n penal culmine en el desfile de testimonios en el juicio oral de todas las personas que tengan alg�n conocimiento pertinente a los hechos, no siempre ocurre as�, pues en ocasiones resulta imposible llevar ante el juzgador a quienes cuentan directamente con informaci�n. En b�squeda de una soluci�n a esta problem�tica, la sistem�tica penal permite de manera excepcional la presentaci�n e introducci�n de prueba de referencia, en los t�rminos de los art�culos 437 y 438 del c�digo procesal penal, donde se establece una tarifa legal negativa consistente en que no hay lugar a condena s�lo con ese tipo de prueba.

Sin perjuicio de lo anterior, de vieja data esta Sala sigue el criterio, con apoyo en la jurisprudencia nacional, de que la prueba de referencia o indirecta no debe desecharse per se, pues si se respaldada en otros medios probatorios puede resultar insumo complementario para corroborar lo que la prueba directa denota, para culminar en un fallo de responsabilidad.

Declaraci�n extra-juicio de los menores v�ctimas de delito sexual En el caso de marras la rese�ada postura inviste relevancia sustancial, pues en casos de delitos sexuales en los que aparece como v�ctima un ni�o o un menor de edad, esta colegiatura en reiterada jurisprudencia ha se�alado que la especial protecci�n de los menores de edad v�ctimas de delitos sexuales permite que no siempre sea necesaria su conducci�n hasta el estrado judicial para que ratifique sus dichos, cuando este evento podr�a resultar traum�tico.

Lo expuesto guarda relaci�n con el principio pro infans, pues lo que se pretende es que no se re-victimice a quien ha debido soportar dif�ciles vej�menes libidinosos a una edad tan corta, premisa que se aterriza a la normatividad vigente con lo consagrado en el par�grafo del art�culo 275 de la Ley 906 de 2004, el cual fue adicionado por la Ley 1652 de 2013:�Tambi�n se entender� por material probatorio la entrevista forense realizada a ni�os, ni�as y/o adolescentes v�ctimas de los delitos descritos en el art�culo� HYPERLINK "http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_0906_2004_pr005.html" \l "206A" 206A�de este mismo C�digo�.

En ocasiones la asistencia a una audiencia a ofrecer una declaraci�n sobre tan escabrosos recuerdos, podr�a remover emociones y da�os psicol�gicos, tal vez ya superados para quien no cuenta con la madurez suficiente para entender este tipo de actuaciones legales. Respecto del tema de los agravios que debe soportar una persona v�ctima de delitos sexuales, la doctrina especializada sostiene: �Las v�ctimas en general, y las de las agresiones sexuales en particular, tienen que hacer frente no s�lo a da�os f�sicos o a p�rdidas materiales, sino a todo un c�mulo de s�ntomas y reacciones indicativos de las importantes repercusiones psicol�gicas o emocionales resultantes de la victimaci�n (Echebur�a et al., 1989, 1995;

Koss y Burkhart, 1989; Resick, 1990; Lurigio y Resick, 1990; Mayhew, 1985, Riggs y Kilpatrick, 1990; Katz, 1991; Janoff-Bulman, 1989; Resocl y Nishith, 1997; entre otros)�. Con todo, la jurisprudencia del �rgano de cierre en lo penal, de vieja data sostiene que es viable que la declaraci�n extra-juicio de un menor puede ser admitida como elemento de juicio imperante y valorada por el juez, sin atenci�n a la limitante propia de la prueba de referencia. �Ello ha conducido a que la Sala incluso advierta, en seguimiento de claras pautas constitucionales y legales, que en determinados eventos se hace necesario valorar con plenos efectos las entrevistas o versiones rendidas previamente, dado el da�o que puede causar obligar a que el menor acuda a la audiencia (a�n con las posibilidades de C�mara Gesell y la mediaci�n de profesionales que los asistan) o se le pida recordar el evento traum�tico.�.

(Resaltado nuestro). De esta manera, si bien esta magistratura reconoce la necesidad de matizar el an�lisis de toda prueba indirecta o de referencia, tambi�n en anteriores oportunidades se viene aclarando que la especial protecci�n que el Estado debe garantizar a los menores de edad, m�xime cuando son v�ctimas de delitos sexuales, permite que la rigidez al momento de la valoraci�n de esta prueba pueda ser morigerada.

Sobre el particular se citar� una providencia con ponencia de la Magistrada Gloria Ligia Casta�o Duque -del d�a 19 de mayo de 2017- en la que se se�al�: (�)�De esta manera, si bien es clara la mengua suasoria que de entrada representa toda prueba indirecta o de referencia, cuando de delitos sexuales cometidos en contra de menores de edad se trata, el rasero se morigera y, por virtud de ello, las deponencias ofrecidas por las v�ctimas extra-juicio adquieren una relevancia especial que las torna susceptibles de justiprecio casi pleno por el Juez.� (negrillas contenidas en el texto original) En virtud de lo anterior, esa informaci�n especialmente, respaldada en otros medios de prueba, puede conducir a un fallo de responsabilidad, pues la jurisprudencia Constitucional, la del m�ximo �rgano en lo Penal y la de esta Sala han sido pacificas en indicar que siempre se debe efectuar un an�lisis en conjunto �principio de unidad de la prueba- antes de efectuar cualquier aseveraci�n en torno a la responsabilidad del procesado.

Colof�n de lo anterior las manifestaciones de un menor de edad pueden y deben ser tenidas en cuenta por los operadores judiciales, aun cuando �stas tengan lugar en un escenario ajeno al juicio oral. Entonces, para el caso concreto la declaraci�n rendida por la peque�a E.S.Y.R. es atendible como verdadera prueba apta para arrimar al conocimiento del juez m�s all� de toda duda razonable de la autor�a de la conducta endilgada al se�or Jos� Andr�s Gordillo.

Declaraci�n extra-juicio de la menor E.Y.S.R. En el presente asunto la menor E.Y.S.R. decidi� acudir a juicio a deponer sus manifestaciones sobre los hechos; sin embargo, una vez se inicia el interrogatorio, ante la primera de las preguntas que le esboza la defensora de familia, referente a si la ni�a conoc�a cuales son las partes �ntimas del cuerpo humano, rompe en llanto y se debe suspender la diligencia ante la angustia y el nerviosismo de una v�ctima que decide finalmente no declarar.

Si bien esta Colegiatura no podr�a conocer a ciencia cierta los motivos por los que no se logr� recibir en juicio la declaraci�n de la menor, su actitud y las circunstancias propias en las que ocurrieron los hechos permiten inferir que se encuentra sumamente afectada y que el tema le genera desosiego, por lo que fue la misma defensora de familia quien solicit� no interrogar de nuevo a la menor respecto de estas tem�ticas pues se intenta evitar una re-victimizaci�n, postura compartida por todos los asistentes a la audiencia y que fue acogida por el juez de instancia. Adicional a lo anterior, tal como se adujo en precedencia el silencio de la menor en juicio en nada deslegitima la validez probatoria de su dicho ante otros escenarios, la que a tono con las dem�s piezas del recaudo, pueden otorgar al operador judicial luces para resolver el asunto concreto.

Hip�tesis que cobra gran relevancia en el caso de autos, pues existe una declaraci�n previa rendida por la v�ctima ante un profesional especializado que s� asisti� al juicio oral, como se expondr� m�s adelante. Como arriba se explic�, las entrevistas rendidas a los menores de edad constituyen una prueba, si bien de referencia, deber� tener un tamiz diferente y especial, pues incluso la jurisprudencia patria les ha otorgado plenos efectos para su an�lisis.

Di�fano aparece entonces que en el caso de marras la entrevista que rindi� la menor E.Y.S.R. en un escenario ajeno al juicio oral debe ser analizada �ntegramente por esta magistratura. Cabe anotar, previo al an�lisis de fondo de la declaraci�n de la v�ctima, que esta Sala ha estimado que el testimonio de los menores no puede ser desechado por tener estos una capacidad imaginativa especial y propia de su edad, as� como tampoco por ser f�cilmente sugestionables.

En esta oportunidad ha de analizarse el testimonio, de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica, apart�ndonos en todo caso de los reparos antes referidos. En el presente asunto los dichos esbozados durante la valoraci�n realizada a la menor constituyen el se�alamiento principal en contra del se�or Jos� Andr�s Gordillo por los presuntos actos sexuales a que fuera sometida en varias oportunidades.

En efecto, al revisar el dossier, se halla que la ni�a E.Y.S.R. a sus 8 a�os de edad refiri� ante la profesional en psicolog�a, de manera coherente durante toda su valoraci�n, que su t�o Andr�s �JOS� ANDR�S GORDILLO- con quien viv�a, esposo de su �mam� Estela� era la persona que todas la noches la sustra�a del lecho en el que descansa con su t�a en ocasiones incluso sin despertarla y la acostaba en el rinc�n de su cama en el que inicia tocamientos en sus partes �ntimas con la mano y con su miembro viril, adem�s de ejercer estos actos en el d�a en ocasiones cuando su t�a se ausentaba del hogar.

A la pregunta de la psic�loga de por d�nde le mete la mano su t�o, la menor contest� �por la bizcocha� nombre por el cual reconoce la vagina, seg�n pruebas practicadas a la menor y tal como lo refiri� la psic�loga en juicio. Hasta que la menor despierta y se opone, sin embargo, con amenazas de que le va a pegar la obliga a guardar silencio.

Entre otros se�alamientos, obrantes a folio 131 del expediente, se encuentran �stos que hizo la peque�a: (�) P. Mu�strame ac� en el dibujo donde te ha tocado tu t�o Andr�s? E.Y.S.R. Ac� (se�ala la vagina y lo que ella denomin� como la bizcocha) P. Y con qu� te ha tocado E.Y.S.R. Con la mano. (�) P. Como te toca E.Y.S.R. Me mete la mano P. Donde te mete la mano E.Y.S.R. En la bizcocha? (�) P. Y como es que te hace? E.Y.S.R. Por detr�s y por delante P. Y donde pone Andr�s el pene? E.Y.S.R. En el culito a met�rmelo P. Y te lo mete E.Y.S.R. No. (�) De este modo, entonces, nos hallamos ante un se�alamiento inequ�voco, contundente y directo del se�or JOS� ANDR�S GORDILLO como abusador sexual de la sobrina de su compa�era sentimental, sin que se advierta en la menor una animadversi�n para generar perjuicios en su �t�o�; y es que la peque�a victima llega a aceptar que cuando su t�a la abraza en las noches su victimario no se acerca a ella para no despertar a la se�ora STELLA, es decir, sus dichos atienden a la l�gica y la raz�n, por lo que se les otorgar� credibilidad.

Ahora si bien: esta sindicaci�n no se efectu� en el juicio dado que la peque�a no pudo hablar pues la tensa situaci�n la venci�, s� ocurri� a trav�s de su versi�n extra juicio durante una valoraci�n ante una experta en la psiquis humana que s� acudi� al juicio oral, profesional de quien no debe resaltarse que oy� a la ni�a, sino sus conceptos y conclusiones respecto de los rasgos de credibilidad a trav�s de sus conocimientos especializados.

En punto de las contradicciones en la declaraci�n de la menor, referenciadas por la psic�loga como vac�os de memoria, que fueron tenidos en cuenta por el censor para deslegitimar sus dichos, debe indicarse que las confusiones de la ni�a en nada se tocan con los hechos objeto de an�lisis si no con la ocurrencia de otros supuestos tocamientos a�os atr�s por quien fue su padrastro.

Debe resaltarse que en ning�n momento de su entrevista ante la perito la ni�a equivoc� el nombre de su t�o, o el lugar de los hechos o la manera como ocurr�an, siempre fue conteste en se�alar que los tocamientos ten�an lugar en su vivienda, en las noches y en los ratos de soledad con su t�o, efectuando manifestaciones subidas de tono y explicitas respecto de los tocamientos que padeci�.

En lo atinente a los presuntos actos sexuales de los que fue v�ctima por parte de su ex-padrastro en la �poca en la que conviv�a con �l y su difunta madre, esto ser� objeto de una nueva investigaci�n dada la compulsa de copias que orden� el juez fallador, pero en nada deslegitiman la declaraci�n que la ni�a ofreci� sobre los hechos materia de an�lisis en esta instancia. Una vez analizados los dichos expuestos por la menor y a los que se le otorgar� plena credibilidad �Ser� que s�lo ello es el respaldo de la decisi�n de condena de primera instancia? Siendo necesariamente negativa la contestaci�n a este interrogante, pues como viene de decirse, la Sala tiene el criterio de que la especial condici�n de la declaraci�n ex juicio de un menor no puede constituir �nica prueba para un fallo de car�cter condenatorio.

Es as� como el ad-quem efectu� un an�lisis de los dichos de la menor concatenados con la valoraci�n que le efectu� la perito en psicolog�a que expuso su declaraci�n en juicio, prueba pericial que se analizar� en p�rrafos posteriores. Antes de adentrarnos a analizar esta prueba, resulta necesario abordar una aclaraci�n preliminar en lo que toca con las diferencias entre prueba pericial y prueba de referencia.

3. PRUEBA PERICIAL VS. PRUEBA DE REFERENCIA. Es deber de este tribunal esclarecer algunos conceptos que en ocasiones se confunden durante la sustentaci�n oral del recurso de alzada. Acl�rese, la concurrencia a un proceso penal de un profesional en alg�n �rea espec�fica que tuvo la oportunidad de conceptuar desde su experticia respecto de alguna circunstancia relevante para los hechos que se investigan, tiene la calidad de perito, siendo esta una clasificaci�n probatoria especifica que difiere de cualquier otro medio de prueba.

Pues necesariamente debe entenderse que su presencia en el recinto y su participaci�n en la causa penal no obedecen a su condici�n personal, sino a su idoneidad profesional. La doctrina especializada, se refiere a la noci�n m�s b�sica de una prueba pericial de la siguiente manera: �Cuando en sentido general, en el proceso se requieran conocimientos especializados, es decir de aquellos que escapan a la cultura de las gentes y puede y debe recurrirse a quienes por sus estudios, experiencia etc�tera los posean; esos conocimientos pueden ser t�cnicos, cient�ficos o art�sticos.� (�) (Negrilla nuestra) En lo tocante espec�ficamente con una prueba pericial de psicolog�a, si bien se requiere en la mayor�a de ocasiones que quien practique la valoraci�n escuche la versi�n de los hechos objeto de controversia directamente de la misma v�ctima, su llamado al proceso no tiene como fin una reproducci�n fidedigna de lo que la v�ctima le expuso, sino la explicaci�n del examen t�cnico que efectu� y las consecuencias y concepciones que extrajo del mismo.

En s�ntesis, trat�ndose de una prueba pericial, no podr�a nunca confundirse el testimonio del experto llamado a juicio con un testimonio de referencia, como equivocadamente lo tom� el censor, lo cual encuentra respaldo en la jurisprudencia nacional: (�) Plurales han sido los pronunciamientos de esta Sala donde se ha dicho que los testimonios de peritos expertos en sicolog�a o siquiatr�a no son de referencia, porque, aunque generalmente obtienen informaci�n de la persona sujeta a examen, la raz�n de ser de su experticia no son los hechos de los cuales tienen conocimiento, ni la responsabilidad del enjuiciado, sino aspectos especializados que interesan al proceso, verbigracia la confiabilidad de su relato, siendo esta particularidad la que los distingue del testigo t�cnico. (Subraya la Sala) �En segundo t�rmino, tampoco son prueba de referencia las atestaciones de los profesionales en sicolog�a y siquiatr�a que valoraron a la ofendida, pues su dicho en el juicio oral, complementado con los informes elaborados con anterioridad, constituyen una prueba t�cnica que involucra conocimientos cient�ficos en su pr�ctica y conclusiones.� (Negrilla nuestra) En virtud de lo anterior, nos encontramos ante una verdadera prueba pericial pues la declaraci�n de la doctora Mar�a Dilia Quintero, psic�loga adscrita a la comisaria de familia de Victoria, Caldas, contrario a lo que opina el censor y como se explicar� a continuaci�n, tiene todos los matices para ser calificada de esta manera.

As� necesariamente dista de una prueba de referencia y podr�a ser sustento de una declaratoria de responsabilidad penal. Teniendo clara la condici�n de perito de la doctora Mar�a Dilia Quintero pasar� la Sala a analizar su idoneidad para conceptuar sobre la materia. D�gase pues, en consonancia con los presupuestos establecidos, que se pudo apreciar que la Dra. Mar�a Dilia Quintero G�mez ten�a la experiencia para realizar dicha valoraci�n, pues es profesional en psicolog�a, ha realizado capacitaciones en temas relacionados con valoraciones judiciales en casos de abuso sexual por parte de la Fiscal�a e ICBF, labor� en diferentes instituciones e hizo parte de la Comisar�a de Familia de Victoria (C), alrededor de tres a�os y medio, por lo tanto realiz� una evaluaci�n psicol�gica adecuada, atendiendo lo consagrado en el protocolo SATAC, toda vez que pod�a emplear las t�cnicas de entrevista que considerara pertinentes, tras lo cual expidi� un informe pericial que fue introducido en el juicio por intermedio de su testimonio.

Adem�s, su declaraci�n se advierte coherente, concreta y con amplios conocimientos respecto de su especialidad. No se advierte en la profesional inter�s mal sano en perjudicar al procesado o una postura parcializada. Al contrario la experta se centr� en explicar el camino que sigui� para llegar al concepto cient�fico que efectu� tras la valoraci�n de la menor y que fue vertido en el juicio oral y dem�s elementos que us� para expedir el informe pericial allegado al caudal probatorio, la t�cnica que us�, el protocolo que sigui� y la interpretaci�n, desde su �rea de especialidad, de los dichos y reacciones emocionales de la ni�a durante su valoraci�n. Este Tribunal considera que se encuentra m�s que acreditada la condici�n de perito de la doctora Quintero G�mez Claro lo anterior, en este �ltimo ac�pite la Sala efectuar� el estudio de las dem�s probanzas allegadas al juicio y los argumentos del censor para oponerse al fallo de primera instancia. Declaraci�n de la psic�loga Mar�a Dilia Quintero G�mez Como principal motivo de inconformidad expone el defensor que la valoraci�n psicol�gica realizada a la menor E.Y.S.R. no cumple con los protocolos establecidos y exigidos por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para este tipo de evaluaciones, por lo tanto, no pod�a ser tenida en cuenta como prueba directa dentro del proceso.

D�gase desde ya, la Sala no comparte los argumentos esbozados por el recurrente, pues: i. de conformidad lo discurrido en precedencia, la Psic�loga de la Comisar�a de Familia del Municipio de Victoria (C) concurre a esta causa en calidad de perito no de testigo, ii. la misma realiz� una evaluaci�n detallada y tal como ella misma lo manifest� en el informe de valoraci�n psicol�gica elaborado el 13 de septiembre de 2010, practic� una entrevista semiestructurada orientada con el protocolo SATAC.

N�tese c�mo el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses estableci� en la gu�a para la realizaci�n de pericias psiqui�tricas o psicol�gicas forenses en ni�os, ni�as y adolescentes presuntas v�ctimas de abusos sexuales, la cual estaba vigente para la fecha en la que se realiz� dicha valoraci�n, las siguientes consideraciones: �El evaluador deber� analizar si el relato ofrecido por la v�ctima tiene coherencia interna, es decir, si la narrativa muestra una sucesi�n de hechos concatenados de tal forma que puede llegar al resultado de los hechos investigados; si tiene coherencia externa, o sea, si es concordante con la realidad en que se mueven los actores; si el uso de t�rminos y conceptos de temporalidad, espacialidad, frecuencia y otras capacidades cognitivas son acordes con el desarrollo evolutivo del menor; si el respaldo afectivo es coherente con las ideas que expresa; y si tiene espontaneidad, detalles, contextualizaci�n en tiempo y espacio de acuerdo a la edad.

(�) El psiquiatra o psic�logo que realiza estas pericias debe recolectar informaci�n del ni�o, ni�a o adolescente y sus allegados, no solo sobre los hechos investigados sino del contexto en que se dan estos, enfatizando en las caracter�sticas de la v�ctima seg�n el ciclo vital por el que atraviesa, la descripci�n de su medio social y familiar�.

De igual manera, en relaci�n con los protocolos para realizar las entrevistas resalt�: �Cada perito puede utilizar a su criterio las distintas t�cnicas de entrevista existentes y sustentar� las razones de su elecci�n en el contexto espec�fico de cada caso, recordando que la utilizaci�n de una t�cnica adecuada permite obtener un relato de los hechos y su contexto preservando el testimonio.

Antes de hacer uso de t�cnicas como juego o dibujo para obtener una versi�n de los hechos, es importante haber recolectado previamente un relato verbal con el fin de no introducir sesgo en la informaci�n aportada por el ni�o o ni�a, de manera que dichas ayudas diagnosticas solo sirvan para confirmar o aclarar la informaci�n ya aportada�.

(Negrilla nuestra). El se�or defensor present� como prueba de descargo la declaraci�n del Psic�logo Luis Alejandro Rocha Afanador, quien manifest� que el informe realizado por la Dra. Mar�a Dilia Quintero G�mez no es un peritaje sino una valoraci�n y en la metodolog�a se est� utilizando la entrevista semiestructurada a trav�s del protocolo SATAC, el cual es de recolecci�n de informaci�n pero no determina veracidad.

Expuso que en psicolog�a existen protocolos espec�ficos para la validez de credibilidad del testimonio, el m�s utilizado en Colombia es el SVA que tiene tres fases, una de las cuales es el CBCA. Am�n de lo anterior, adujo que no es posible que se determine la validez de la credibilidad del testimonio a trav�s de un relato consistente, coherente y detallado, se�alando como hecho importante que en el informe no aparece el consentimiento informado el cual es obligatorio para realizar la valoraci�n psicol�gica.

Considera esta Colegiatura que lo manifestado por el perito no afecta de fondo la valoraci�n realizada ni el an�lisis de lo manifestado por la menor, pues ataca solamente la forma y la estructura de la valoraci�n, pero no as� el an�lisis de las conclusiones y los m�todos usados por la perito para llegar a �stas. Resalta la Sala que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, instaur� en la gu�a atr�s citada que cada perito puede utilizar a su criterio las distintas t�cnicas de entrevista existentes, y en este caso la profesional no plante� que haya empleado un protocolo para determinar la credibilidad sino para analizar si E.Y.S.R. se encuadra en el perfil de una menor v�ctima de agresiones sexuales.

Esta colegiatura efectu� un cuidadoso an�lisis de lo dicho por la perito ante el juez fallador, encontrando que la doctora Quintero G�mez fue expl�cita y clara al se�alar que sigui� todos los pasos del protocolo SATAC: iniciando con el acercamiento a la peque�a para crear ambientes de simpat�a y confianza, continuando con el an�lisis de su contexto de vida, los reconocimientos de las partes del cuerpo humano, el contexto de los tocamientos, con especificaci�n de quien los efectuaba, en qu� forma, cuando y en cuantas oportunidades y finalmente depone sus conclusiones cient�ficas, indicando que considera cre�bles los dichos de la menor dada su capacidad cognitiva para entender la diferencia entre la verdad y la mentira, l�gica en sus manifestaciones, estado mental y dem�s elementos de evaluaci�n psicol�gica.

Criterios de justiprecio que se compadecen con un examen pericial, pues, it�rese fue efectuado por un experto en la materia y con el seguimiento de un protocolo que consider� efectivo y acredit� ante el ad-quem como el m�todo �m�s completo� y �confiable� asegurando que es un instrumento con alta validez cient�fica y que se encuentra reconocido por el Colegio de Abogados como m�todo aplicable en casos como el actual. Adicionalmente, el perito de la defensa ataca la valoraci�n psicol�gica realizada a la menor porque considera que se debi� emplear el protocolo sustentado en criterios CBCA, por lo que plantea el recurrente que, al no utilizar dicha t�cnica imped�a conferirle valor probatorio.

Argumentos que no tendr�n eco en esa sede, en tanto respecto de este tipo de reparos la Corte Suprema de Justicia ha expuesto en m�ltiples pronunciamientos, que esta prueba �no goza de aceptaci�n en la comunidad cient�fica nacional e internacional, la cual la ha descartado por la disparidad de criterios que existen en torno a su aplicaci�n y por el enorme subjetivismo que conlleva.� De modo que los argumentos esbozados no tienen el suficiente alcance para descalificar la prueba practicada. 4.1.2.

Refiere tambi�n el defensor en su disenso que no se cuenta en el expediente con alg�n documento que acredite que el Comisario de Familia de la municipalidad hubiere ordenado a la psic�loga de su equipo interdisciplinario la pr�ctica de una valoraci�n a la ni�a E.Y.S.R. en virtud de su posible calidad de v�ctima de un delito sexual, siendo as�, a consideraci�n del censor deb�a guardar secreto profesional, pues al no tratarse de una entrevista forense no deb�a publicitar lo que ocurri� en el marco de la evaluaci�n a la menor.

Esta Colegiatura desestimar� tal postura, por tres razonamientos esenciales: primero porque la psic�loga fue clara al se�alar que su valoraci�n se produjo a ra�z de la solicitud de su superior jer�rquico en virtud de una situaci�n advertida durante la visita a la casa de la menor, argumento que se mantuvo durante todo su interrogatorio sin contradicci�n alguna y que incluso fue consignado en el aparte inicial de su informe pericial en el que se se�ala la autoridad destinataria del informe: doctor H�ctor Ad�n L�pez Alfaro, comisario de familia. Si esto fuera poco, a folio 87 del expediente obra oficio mediante el cual el mismo Comisario de Familia de la localidad donde resid�a la menor remite al Fiscal Seccional delegado para el municipio el dictamen pericial suscrito por la psic�loga Mar�a Dilia Quintero, en el que se se�ala �De la manera m�s comedida le enviamos el dictamen pericial presentado por la se�ora Psic�loga de esta Comisar�a de Familia, ordenado dentro de la actuaci�n administrativa de Restablecimiento de Derechos iniciada a favor de la ni�a� (�) As�, si bien la solicitud del examen psicol�gico no aparece en el expediente, �ste es un tr�mite que no necesariamente debe anexarse en una noticia criminal, pues no prueba ning�n hecho relevante, adicional a que con la manifestaci�n del mismo superior de la profesional de que s� orden� esta valoraci�n se subsana la situaci�n planteada por el apelante.

Por �ltimo pero no de menor jaez, el oficio en comento ingres� al caudal probatorio con fines de estipulaci�n de los hechos all� rese�ados, es decir desde los albores del juicio se dio por hecho cierto que el Comisario de Familia fue quien remiti� a la Fiscal�a la informaci�n preliminar y la copia del dictamen para que se iniciara la investigaci�n penal de la especie, es decir el Director de la dependencia administrativa acept� haber ordenado este examen y en tanto recibi� los resultados y los dirigi� ante el ente acusador como es de su competencia, as�, al ser un hecho estipulado entre las partes y sobre el cual no cabe contradicci�n alguna no pueden tener eco las manifestaciones del se�or defensor en esta sede.

En cuanto al consentimiento informado, que no reposa dentro de las diligencias, se tiene que si bien se ha establecido que antes de iniciar una valoraci�n psicol�gica en el caso de ni�os, ni�as y adolescentes, se requiere del consentimiento informado de su representante legal, dentro del presente asunto no se conoce si el mismo fue realizado pero no fue aportado dentro del informe de valoraci�n psicol�gica, o si por el contrario no se efectu�.

Debe decirse que esto no es motivo para invalidar la actuaci�n o para que �sta no sea tenida en cuenta, pues quien debe alegar si hubo alguna vulneraci�n a sus derechos es la propia v�ctima y no su victimario, luego, estos argumentos ser�an justificables solo para proteger los derechos de los menores. Adicionalmente, la psic�loga que efectu� la valoraci�n es conteste en indicar que la t�a de la menor se desplaz� con el equipo y con la ni�a hasta las dependencias de la Comisar�a e incluso se entrevist� con la profesional, por lo que en presencia de su acudiente se ingres� con la menor a la entrevista, quien si bien no estuvo presente durante la valoraci�n, s� lo estuvo instante anteriores y posteriores a la misma por lo que si suscribi� o no su consentimiento informado en todo caso lo efectu� t�citamente.

As� mismo, el apelante no manifest� este reproche ni en la audiencia preparatoria, ni en el juicio oral, pues se evidenci� que no se opuso al ingreso de la valoraci�n como prueba de la Fiscal�a, alegando la omisi�n de requisitos legales o la vulneraci�n de derechos fundamentales. No encuentra entonces esta Sala motivos para considerar que al no obrar dentro del proceso el consentimiento informado para realizar la valoraci�n psicol�gica se deba invalidar la actuaci�n y se mantendr� inc�lume su presunci�n de legalidad.

Seguidamente, plantea el apelante una serie de inconformidades relacionadas con la estructura de la valoraci�n realizada, argumentando que tal como lo manifest� el testigo de la defensa, �sta no cumpli� con lo establecido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, por lo tanto se le dio una interpretaci�n que no correspond�a y no pod�a ser tenida en cuenta.

Al contrario de lo expuesto por el apelante, tal como lo exhibi� la se�ora Fiscal en su alocuci�n como no recurrente, en la sustentaci�n del recurso no se especific� cu�les eran las exigencias que tiene el Instituto Nacional de Medicina Legal y que la psic�loga debi� haber empleado en la valoraci�n de la infante, toda vez que se limit� a realizar conjeturas y esbozar ideas repetitivas que no afectan en nada el contenido de la valoraci�n, sin se�alar un reparo concreto al estudio y la sistem�tica de la valoraci�n efectuada a la menor por la especialista en la psiquis, como tampoco se efecto de manera completa durante la elocuci�n en juicio del perito de descargo.

Se itera al impugnante, de conformidad con lo arriba expuesto, que la declaraci�n que rindi� la psic�loga Mar�a Dilia Quintero ante el ad-quem no se debe tener en cuenta en materia probatoria como una prueba de referencia de lo manifestado por la menor, pues su calidad es de opini�n pericial, como arriba se adujo no asiste al juicio como testigo de o�das de lo que la menor le se�al�.

Los dichos de la menor ingresaron al proceso como prueba de car�cter excepcional y especial, como se explic� en precedencia, y difiere su declaraci�n de la valoraci�n que la psic�loga le efectu� a la ni�a con ocasi�n a la misma; son dos medios de prueba diversos que no pueden confundirse o fusionarse en uno solo y tampoco se pueden tener como dependientes entre s�, como equivocadamente lo tom� el censor, al indicar que si el peritaje no se encuentra correctamente realizado, la entrevista de la menor no podr�a ingresar como prueba al caudal probatorio, pues esta introducci�n probatoria es de car�cter legal y tiene sustento jurisprudencial en precedentes tanto de esta Sala como de la Corte Suprema de Justicia y la guardiana de la Constituci�n. Y es que su papel no era el de declarar en juicio a manera de testigo de o�das de lo que la menor le hab�a se�alado en oportunidad anterior.

La finalidad de la declaraci�n, como se explic� en el ac�pite correspondiente era conceptuar en raz�n a su profesi�n, lo cual explica que se limit� a leer la fiel copia de la declaraci�n que ella misma recibi� a la ni�a y posteriormente efectuara un an�lisis de las conclusiones que extrajo tras el an�lisis de todos los elementos constitutivos de la valoraci�n. As�, se entiende por qu� se�al� que a su juicio y conforme a su experiencia y las pruebas realizadas a la menor considera cre�ble su testimonio.

Precisa la Sala, siendo �ste uno de los motivos de desacuerdo del apelante, que �ste es s�lo un concepto especializado y una conclusi�n de la psic�loga, lo que no quiere decir que esta Colegiatura o el juez de instancia deban adoptar una posici�n s�lo por esta manifestaci�n. Adem�s si bien el juzgador es el encargado de valorar la credibilidad de un testimonio, nada impide que quien cuente con el conocimiento y la experiencia al momento de recibir el testimonio de un menor ofrezca explicaciones de porqu� considera cre�ble o no su declaraci�n. La profesional adujo que el relato de la menor fue espont�neo y coherente, que la ni�a ten�a capacidad cognoscitiva para identificar claramente quien hizo qu� y que sus reacciones al tocar el tema evidenciaban la afectaci�n emocional propia de lo que estaba refiriendo, como era el haber sido objeto de tocamientos sexuales por parte de quien para la �poca era su figura paterna, los que la experta encontr� suministrados con l�gica.

Esta colegiatura advierte que en la declaraci�n de la perito y su informe se encuentran m�ltiples se�alamientos respecto de las reacciones que la peque�a reflej�, como que la menor efect�a silencios prolongados antes de referirse al tema de los tocamientos, expone miradas asustadizas y se muestra corporalmente inhibida e inquieta. Este tipo de aseveraciones, respaldadas en su conocimiento cient�fico no podr�an desecharse bajo la errada premisa del impugnante, quien las tilda de viciadas e infundadas por no apegarse a los protocolos.

A juicio de este juez plural, los dichos de la perito en la audiencia son la consecuencia de una evaluaci�n t�cnica, realizada por una profesional con vasta experiencia en manejo de casos similares con menores de edad. Quien, ante el fallador de instancia relat� ampliamente como realiz� un abordaje profesional a la menor, sometido al examen mental directo, la entrevista semi-estructurada, test de la familia y las partes del cuerpo, labores de escrutinio que explic� y aplic� con apego a los c�nones para su desarrollo, sin que prueba en contrario o impugnaci�n durante el contrainterrogatorio mostrasen algo diferente pues como arriba se se�al� el peritaje de descargo no logr� desdibujar lo manifestado por la doctora Quintero G�mez.

Con todo, hasta el momento se cuenta con una prueba de car�cter especial como lo es la declaraci�n de E.Y.S.R. anterior al juicio oral y ante quien no ostenta la calidad de juez de conocimiento de esta causa, probanza que si bien cuenta con valor suasorio mayor que la de un testimonio de referencia gen�rico, no se tuvo en cuenta como elemento �nico para sustentar el fallo inculpatorio que se dict� en primera instancia en contra del procesado.

Este elemento de prueba se encuentra acompa�ado y reforzado con una prueba pericial que sustenta la capacidad ps�quica y cognoscitiva de la menor para construir un relato coherente con los hechos que vivi� y que se compadece con su estado emocional al momento de contextualizarlos y narrarlos ante la profesional que la evalu�. Otro de los argumentos esbozados por el apelante en lo referente a la poca credibilidad que le otorga al relato de la menor se enfoca principalmente en que la existencia de los hechos resulta dudosa ante el silencio de la menor en varios escenarios, como el juicio oral o durante su convivencia con la familia que la acogi� cuando fue retirada del seno dentro del cual sucedieron los hechos.

Extra�a al censor que seg�n declar� la se�ora FLOR MAR�A ROMERO DE MEJ�A -prima segunda de E.Y.S.R. y quien hizo las veces de madre sustituta por m�s de cuatro (04) a�os posteriores a la sustracci�n de la peque�a de su n�cleo familiar en virtud de este proceso y el de restablecimiento de derechos que se adelant� en su favor para la �poca de los hechos- la menor nunca le cont� nada referente a los hechos objeto de esta causa, abstenci�n que a juicio del impugnante resulta irregular en un contexto de vida familiar posterior a un hecho traum�tico.

De conformidad con lo expuesto se pregunta la Sala �el silencio de una menor por m�s de cuatro a�os respecto de las agresiones sexuales de las que fue v�ctima podr�a restar credibilidad a sus dichos? Tras el an�lisis de los diferentes testimonios y pruebas documentales obrantes, la Sala encuentra que este interrogante s�lo puede ser resuelto si se analiza la situaci�n familiar y personal y el contexto de vida de la menor E.Y.S.R. al momento de consumaci�n de los vej�menes sexuales de los que fue v�ctima, y as� se har� a continuaci�n. Para contestar el interrogante resulta de suma importancia se�alar cuales fueron los inicios de esta causa penal.

V�ase pues c�mo la notitia cr�minis fue presentada por quien para el a�o 2010 ostentaba el cargo de Comisario de Familia del municipio de Victoria, Caldas, autoridad que para la �poca y con motivo de una situaci�n de abandono que la menor E.Y.S.R. padec�a dentro de su n�cleo familiar, conformado por su t�a Estella Romero, su hermano menor y el compa�ero permanente de su t�a, el se�or JOSE ANDR�S GORDILLO, inici� un proceso administrativo, en virtud del cual se vislumbr� que adem�s de sus nada envidiables condiciones de vida, la ni�a al parecer hab�a sido v�ctima de tocamientos por una de sus figuras parentales, el compa�ero de su t�a materna.

As�, seg�n lo adujo la doctora Mar�a Dilia Quintero ante el a-quo, el proceso de restablecimiento de derechos de la menor inici� con una visita a su casa; el equipo de la Comisar�a de Familia se desplaz� hasta la vereda Bella Vista del municipio de Victoria (C) a efectos de verificar sus condiciones de vida y las de su hermano menor, encontr�ndose con un panorama desolador.

La ni�a portaba ropa sucia, padec�a afecciones de salud (ten�a lesiones de brote en su piel, mal estado dentario y signos de desnutrici�n), la casa estaba desorganizada y desaseada y su t�a materna, quien ten�a la custodia de la menor supuestamente para garantizar sus m�nimos existenciales, se encontraba profundamente dormida al punto que debieron ejercer llamados para que despertara y les permitiera el ingreso. En tr�mite del procedimiento, el Comisario de Familia advierte una posible situaci�n de abuso sexual por parte del compa�ero de la t�a de la menor hacia �sta y ordena de inmediato su conducci�n hasta la Comisar�a de Familia a efectos realizarle la valoraci�n psicolog�a del caso. Por lo anterior no es extra�o para la Sala que la ni�a no hubiere acudido a quien hac�a las veces de madre para esa �poca para contarle lo que suced�a con su �t�o�, pues no sinti� nunca el apoyo y cuidado que todas las familias deben prodigarle a sus ni�os para reforzar lazos de confianza que permitan comunicaci�n y alerta a tiempo de esta clase de situaciones.

Recu�rdese que se trata de una menor que ha padecido circunstancias sumamente dif�ciles para su corta edad. Para la fecha de los hechos, a sus ocho (08) a�os ya hab�a soportado el fallecimiento de sus padres, el cambio de domicilio y ciudad de residencia en varias oportunidades y por si lo anterior fuera poco, la se�ora ESTELA ROMERO quien es su t�a materna y a quien el ICBF por intermedio de la Comisar�a de Familia de Victoria, Caldas, le otorg� su custodia y cuidado, permiti� que la menor quedara en estado de orfandad por la impericia con la que emprendi� la labor que le fue encomendada.

Es as� como todos los testigos que tuvieron alg�n conocimiento respecto del modo de vivir de la familia son contestes al se�alar que la t�a de la menor se ausentaba por largos espacios de tiempo de su hogar y se desentend�a por completo de sus cuidados. Este descuido se evidencia en los testimonios de vecinos del sector como Leidy Johana Quintero y Jorge Eliecer S�nchez Gordillo, quienes fueron enf�ticos en se�alar que la ni�a pasaba largos espacios de tiempo sola en su vivienda e incluso en ocasiones soportaba hambre por no contar con unos referentes de afecto que garantizaran estos aspectos tan esenciales del desarrollo de un menor.

Por lo tanto, si su �nica figura materna no demuestra inter�s hacia ella o siquiera se ocupa de ofrecerle los cuidados m�s b�sicos, �c�mo va a buscar apoyo en �sta para informarle semejante situaci�n? Ahora, asunto de suma importancia es que la misma psic�loga que entrevist� a la menor indic� que antes de la valoraci�n la ni�a tomaba los hechos con cierta naturalidad hasta que advirti� que fue objeto de vej�menes por parte de su �t�o Andr�s�; as� incluso durante la entrevista se pudo advertir, seg�n manifestaciones de la psic�loga que la efectu�, c�mo la menor evidenciaba con su cambio de emociones la dualidad de amor-rencor hacia el procesado, al darse cuenta de los agravios de los que fue v�ctima. Incluso el abandono de la menor y la necesidad de garantizarle una ni�ez en condiciones dignas para su desarrollo, fueron los causantes del inicio de su proceso de restablecimiento de derechos, con ocasi�n del cual fue retirada de su casa de habitaci�n en la que conviv�a con la se�ora ESTELA ROMERO y con el hoy procesado, para ser llevada a la casa de otra de sus familiares, la se�ora FLOR MAR�A ROMERO, prima de la ni�a, quien tuvo a la menor a su cuidado por m�s de cuatro a�os.

El recurrente consider� en su alocuci�n que ante el silencio de la ni�a en a�os posteriores a la declaraci�n y al no haber exteriorizado el tema con su cuidadora, la se�ora FLOR MAR�A ROMERO, la existencia de los hechos es dudosa, pues eventos tan traum�ticos necesariamente deben ser compartidos por quien genera un ambiente de confianza y protecci�n a la v�ctima.

Sin embargo, tras el estudio de la prueba en su totalidad, lo que la Sala advierte es que la prima de la E.Y.S.D no refleja en absoluto empat�a alguna para con ella, pues incluso en el discurrir de su declaraci�n se refiere a la menor como �esa ni�a� y olvida aspectos tan b�sicos y esenciales como por ejemplo cuantos a�os ten�a al momento de ingresar a residir en su vivienda.

Incluso la misma testigo acepta en juicio que la menor al llegar a su hogar se ve�a afectada de alguna manera, pues ten�a comportamientos propios de un ni�o que ha padecido alguna clase de trauma, se�al� la testigo �La ni�a nunca me dijo nada durante los 4 a�os que estuvo en mi casa, yo la ve�a afligida manten�a como acomplejada�. Sin embargo nunca se advierte preocupaci�n en la declarante respecto de la situaci�n de la ni�a o que alguna vez durante ese tiempo haya intentado acercarse a ella, a indagar el porqu� de su penumbra.

Incluso en sus manifestaciones la testigo revela que cinco meses antes del juicio �entreg� a la menor al ICBF pues �no hab�a quien la gobernara�; as� son los t�rminos utilizados para referirse a E.Y.S.R. e incluso las palabras utilizadas y la actitud de desprendimiento que evidencia la testigo al referirse a la peque�a que, valga decir, son recurrentes durante toda su declaraci�n, permiten entrever a la Sala el poco afecto para con la menor que tiene la testigo.

En ese estado de cosas, es apenas entendible que la menor haya retra�do sus sentimientos y optado por no evocar aquellas memorias que seguramente le generaban dolor, pues si quien la acoge en su hogar no le garantiza un ambiente de confianza y amor, dif�cilmente un ni�o se sentir� seguro para compartir tan indeseables experiencias, m�xime una peque�a que nunca ha contado con un verdadero apoyo de su n�cleo familiar.

Es decir, a�os despu�s de la ocurrencia de los hechos no ha cambiado la suerte de la ni�a, quien contin�a desprovista del amor que requiere para su normal formaci�n y desarrollo integral. Los menores v�ctimas de agresiones sexuales no siempre se encuentran abiertos a hablar de esta tem�tica con cualquier persona aunque sea cercana, la naturaleza misma del punible convierte a su sujetos pasivos en personas retra�das y calladas, solitarias y avergonzadas, que no expresan f�cilmente sus dolencias a menos de que sientan seguros y tranquilos.

En s�ntesis, la Sala no acoger� las manifestaciones del apelante en las que se duele de que la psic�loga MARIA DILIA QUINTERO sea la �nica persona a la que la menor manifest� estos hechos y que no se le puede otorgar credibilidad, pues en un estado como el que se acaba de ilustrar es m�s que l�gico y coherente que la ni�a s�lo se atreva a descubrir los hechos cuando la retiran de su hogar y la llevan a la Comisar�a de Familia, en donde en un ambiente apartado de su dif�cil realidad y bajo el seguimiento y acompa�amiento de una especialista en una entrevista de m�s de cuarenta (40) minutos revela lo ocurrido.

Finalmente, en el caso de marras existe un hecho indiciario que soporta la existencia de los hechos investigados y que permite inferir a esta magistratura que los mismos s� ocurrieron en los t�rminos referidos por la menor V�ctima, como se analizar� a continuaci�n. �tem final Indicio de prueba en el caso de marras Si bien los indicios no se encuentran descritos como medios de prueba al interior del articulado de la ley 906 de 2004, ha sido enf�tica la jurisprudencia en destacar que los mismos no desaparecieron como formas probatorias para determinar dentro del proceso penal la existencia de los hechos; aunque su tratamiento s� demanda estrictos par�metros de valoraci�n que obligan al Juez a fundar cada uno de ellos en las reglas de l�gica, experiencia o sana critica, que permitan determinar, a no dudarlo, no s�lo la existencia contundente del indicio, sino que, adem�s, se aprecie n�tidamente la forma en la que logra arribarse a ellos.

El art�culo 240 de la Ley 1564 de 2012 exige que �para que un hecho pueda considerarse como indicio, deber� estar debidamente probado en el proceso�. As� mismo lo ha profundizado la CSJ, veamos: �Ante todo recu�rdese que el indicio surge de un hecho indicador, probado en el proceso, del cual el operador judicial infiere l�gicamente la existencia de otro, es decir, es un hecho conocido del cual se deduce otro desconocido.

As�, pues, la actividad del juez consiste en tomar el hecho demostrado y analizarlo bajo las reglas de la experiencia y de la l�gica, para que como resultado aparezca la conclusi�n l�gica que se est� buscando. Dicho de otro modo: ��Todo indicio se configura a trav�s de un hecho indicador singularmente conocido y probado, un hecho indicado a demostrar, el que a trav�s de un proceso de inferencia l�gica permite deducir la autor�a, responsabilidad o las circunstancias en que se ejecut� la conducta punible�.

Todo ello para significar que la atribuci�n de eficacia probatoria a los indicios, como ocurre con los medios de convicci�n en general, depende de su confrontaci�n o cotejo con el conjunto del acervo probatorio y de su gravedad, concordancia, convergencia y relaci�n con las pruebas que hayan sido recolectadas en el juicio oral.� Adentr�ndonos en el estudio del indicio que se puede construir a ra�z de lo probado en juicio, se tiene que en este asunto existe un indicador de la posible comisi�n de la conducta.

En efecto, durante la etapa probatoria se demostr� con varios elementos allegados al proceso y declaraciones de testigos en juicio que la peque�a E.Y.S.R. ha tenido que vivir en un contexto sumamente desolador durante su corta vida, todos los testigos del juicio que se pronunciaron respecto de esta tem�tica coinciden en que la menor estaba en condici�n de abandono durante su convivencia con el procesado, nadie se preocupaba por su bienestar o su condici�n psicol�gica, cualquier afectaci�n no era visible f�cilmente, porque nadie prestaba atenci�n a sus comportamientos o el cambio en los mimos.

Esta situaci�n podr�a germinar un ambiente de tranquilidad para quien tuviere intenciones libidinosas con E.Y.S.R., pues al ser una menor retra�da, callada y solitaria resulta una perfecta destinataria de estas fechor�as sin que se tenga mayor peligro de alguna exteriorizaci�n de sus angustias. Este asunto fue objeto de debate por parte del censor quien adujo que el abandono familiar no es un precedente obligado para una situaci�n de agresi�n sexual; sin embargo, considera la Sala que s� puede tenerse en cuenta como prueba indiciaria.

En este asunto existi� la oportunidad perfecta para delinquir, pues se prob� dentro del juicio que la menor conviv�a con el se�or Jos� Andr�s Gordillo, quien de manera evidente era consciente de que su compa�era sentimental era una asidua consumidora de licor, casi a diario, al momento de llegar a su casa ca�a en un sue�o profundo del que dif�cilmente despertar�a para advertir la acci�n delictual, por lo que se configuraba as� el escenario perfecto para la trasgresi�n de los derechos de la ni�a. A partir del anterior hecho indicador, de una manera razonable y, sobre todo, valorando con l�gica las circunstancias expuestas que rodearon la vida de la menor antes y durante el tiempo que fue v�ctima de los tocamientos, podemos concluir la existencia de una prueba indirecta consistente en un indicio contingente que gravita en contra de la presunci�n de inocencia del se�or JOSE ANDR�S GORDILLO declarada en la sentencia confutada.

As� pues, para la Sala, como acertadamente fue deducido por el Juez primario, la prueba testimonial de cargo, aunque poca, es s�lida, y los cuestionamientos de la defensa no le hacen mella en punto de su credibilidad, al contrario, aqu�lla es coherente y eficaz para soportar un fallo de responsabilidad. Los dem�s t�picos de la sentencia no fueron objeto de discordia. **** Por raz�n y m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE MANIZALES -Sala de Decisi�n Penal-, Administrando Justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, CONFIRMA �ntegramente la sentencia de la fecha, naturaleza y procedencia anotadas, en cuanto se declar� culpable al se�or JOS� ANDR�S GORDILLO del delito de actos sexuales con menor de catorce a�os, agravado y en concurso homog�neo, agotado en la menor E.Y.S.R. Contra esta decisi�n procede el recurso extraordinario de casaci�n, el cual deber� interponerse ante este Tribunal, dentro de los cinco (5) d�as siguientes a la �ltima notificaci�n y en un t�rmino posterior com�n de treinta (30) d�as deber� ser presentada la demanda que de manera precisa y concisa se�ale las causales invocadas y sus fundamentos.

NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, C�SAR AUGUSTO CASTILLO TABORDA GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal Secretaria  Cfr. fl. 264 del cuaderno principal.  Cfr. fl 7  por el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de la misma localidad el 25 de octubre de 2011, Cfr. fl 17 � 18 y por el por el Juzgado Cuarto Promiscuo Municipal el 23 de noviembre de 2012, Cfr. fl 28 � 29.  Cfr. fl 38 � 39  Art. 380 C.P.P.  Entre otros, proceso No. 40893 del 04/06/13 M.P. Fernando Alberto Castro Caballero.  Al respecto han dicho Carmen Herrero Alonso y Eugenio Garrido Mart�n en escrito titulado reacciones sociales hacia las v�ctimas de los delitos sexuales y contenido en la obra Delincuencia sexual y sociedad.

Ediciones Ariel S.A. Barcelona 2002. P�gs. 163, 164, 166, 167 y 169.  Confrontar la sentencia del 18 de mayo de 2011, Corte Suprema de Justicia Sala de Casaci�n Penal. Radicado 33651; as� como tambi�n la sentencia SP3623-2014, bajo el Rad. 36108.  Ver sentencia del 12 de julio de 2005. Aprobada mediante acta No. 646. M.P: Jos� Fernando Reyes Cuartas.  Cfr. folio 140 del expediente  Cfr. folio 138 del expediente.  PARRA QUIJANO, Jairo �Manual de Derecho Probatorio� Decima Quinta edici�n, Librer�a Ediciones del Profesional LTD, P�g. 627.  C.S.J. Casaci�n 36624, AP-822-2014, 28 de febrero de 2014.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 29 de febrero de 2008, radicaci�n No. 28257.  Cfr. Folios 131 a 151 cuaderno principal  Febrero 01 de 2010, Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses  Ib�dem p�gina 25  Ib�dem p�gina 27  As� lo refiri� la perito en su declaraci�n: �Hemos utilizado en otros casos este m�todo y el Mitch y el Michigan.

Pero est�n, digamos que este complementa, recoge otros m�todos y es m�s completo.� (�) �Es muy bueno, es una gu�a, una orientaci�n, permite establecer m�s claridad� (�) Es una gu�a, es confiable.� Video 05 CD 1 del juicio oral minuto 00:0013 a 00:01:06.  Video 04 CD 1 del juicio oral minuto 00:59:13  Cfr. CSJ 46868, noviembre 02 de 2016, M.P. Luis Guillermo Salazar Otero, SP. 9 de dic. de 2010, rad. 34434, reiterada en AP5030-2014.  Ver folios 131 y 132 del expediente.  Cfr. Folio 138  Esto adujo la profesional: �cuando llegamos a hacer la visita dicha se�ora estaba durmiendo y no sinti� el ruido del campero y tuvimos que saludar y llamar para que se despertara�.

Video 04 CD 1 del juicio oral minuto 00:53:25  Se�al� la testigo �Hay un llamado a la comisaria donde se dice pues que la ni�a ha sido v�ctima de violencia m�s negligencia y descuido, inicialmente yo no tengo la idea que haya abuso sexual pero posteriormente cuando ya se hace la entrevista a la ni�a sale a flote que ha sido manipulada sexualmente y es donde la comisaria de familia procede a llevar la ni�a y ordena la valoraci�n psicol�gica por abuso sexual y tambi�n la valoraci�n m�dica legal� Video 04 CD 1 del juicio oral minuto 00:04:25  Seg�n obra a folio 137 del expediente, durante la valoraci�n psicol�gica de la ni�a, la menor reconoce al procesado como su t�o Andr�s.  Se�al� la psic�loga en su declaraci�n �No, no se identifica o pues me percato s�, de que no vaya a haber cualquier manipulaci�n externa para que la ni�a utilice, o sea manipulada para decir algo, claro pero no se encuentra nada relacionado con manipulaci�n de la ni�a, ella es muy espont�nea cuando narra los hechos y es m�s, tiene una emocionalidad, digamos que se confunde, hay afecto pero tambi�n algo negativo contra el se�or Andr�s.� Cfr. CD N�1 del juicio oral, video 4 minuto 00:06:42.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, auto de 5 de octubre de 2006, radicaci�n 25582.  En el mismo sentido pero respecto del proceso civil Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil.

Sentencia de 3 de marzo de 1984.  Sentencia No. 38050 del 29-02-12, MP. Jos� Luis Barcel� Camacho  Entre estos, el se�or Geimar Cardona Franco, quien fue docente de E.Y.S.R. y en su declaraci�n manifest�: �La ni�a lleg� a la sede en el 2009 para el grado primero, la ni�a no ven�a bien, su rendimiento acad�mico era malito, no era bueno, el desarrollo cognoscitivo no era bueno, la ni�a estuvo como desde mayo hasta noviembre, ellos se fueron despu�s volvieron en el 2010 unos mesecitos y ya, hasta que fue Bienestar por ella.

A la ni�a le gustaba mucho buscar afecto como en los profesores y en las doctoras. A la ni�a le gustaba sentarse sola en un rinconcito, ella no ten�a amigos, los ni�os como que no la quer�an. (�) La ni�a era de dif�cil aprendizaje. La ni�a me comentaba que a la mam� la hab�an matado. Ella casi no hablaba era como retra�da.�     PAGE  Radicaci�n No. 2010-00523-01 Procesado: Jos� Andr�s Gordillo Delito: Actos Sexuales con menor de 14 a�os agravado en concurso Asunto: Sentencia de 2� instancia Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal PAGE  PAGE 20 $/56efgyz�����������������������������п��혎�����ra������S�Sh7?,CJOJQJ^JaJ h�ih�WCJOJQJ^JaJhh�CJOJQJ^JaJh�"CJOJQJ^JaJhciOJQJ^Jh�WOJQJ^Jh�y�5�CJOJQJ^JaJh�WCJOJQJ^JaJ hh�WCJOJQJ^JaJh�.CJOJQJ^JaJh�W5�CJOJQJ^JaJ#hh�W5�CJOJQJ^JaJ 6fgz����       �����������������$�h1$7$8$H$^�ha$gd�W & F1$7$8$H$gd�Wgd�W�L�^�L�gd�W$� dh^� a$gd�W $dha$gdcidhgdci�L��dh^�L`��gdci $da$gd�e��         S [ � � � ���������tbPbP>P"h>VVCJOJQJ^JaJmH $sH $"h�WCJOJQJ^JaJmH $sH $"h B#CJOJQJ^JaJmH $sH $)ht5�hA}5�>*CJOJQJ\�^JaJ#h�W5�>*CJOJQJ\�^JaJ#hA}5�>*CJOJQJ\�^JaJ&h�5 h�W5�CJOJQJ\�^JaJh�5 h=^QOJQJ^Jh bOJQJ^Jh�WOJQJ^Jh��OJQJh�WOJQJh�WCJOJQJ^JaJ   �    2 3 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Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0 Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista <@�< �W Encabezado  ��8!X�/��X �WEncabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH B @B �W Pie de p�gina  ��8!^�/��!^ �WPie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH 8)`��18 �WN�mero de p�gina @B  �W�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Texto nota pie Car Car Car,ft,C,FA,Car,Car2,CaCJaJB�/��QB �W�Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Cha Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH &`��a �W�Ref. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Nota de pie,Texto nota al pie,Appel note de bas de page,Footnotes refss,Footnote number,BVI fnr,f,Ref1,Ref. de nota al pie 2,Fago Fu�notenzeichen,4_G,16 Point,R,Footnote,FCH*bB@rb �WTexto independiente$dha$CJOJQJ^JaJj�/���j �WTexto independiente Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH ��/���� �WCUERPO DE TEXTO5$ ��n�d���1$7$8$H$`�a$1B*CJOJPJQJ_HaJmH nHphsH tH6�/���6 �W�Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Texto nota pie Car Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Texto nota pie Car Car Car Car,ft Car,FA Fu Car1$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH:U`���: �W Hiperv�nculo >*ph�8^�8 �W0 Normal (Web)��H�/���H �WS�mbolo de nota al pieH*4 4 D` P Bibliograf�aZ�`���Z (q^|0 Sin espaciado$CJOJPJQJ_HaJmH sH tH VCV !�_�Sangr�a de texto normal ��x^�b�/��b �_�Sangr�a de texto normal CarCJOJPJQJaJR�/��!R "� T�tulo 1 Car!5�6�>*CJOJ PJQJ mH $sH $h�2h "� Body Text 3 #$ �5$7$8$9DH$a$CJOJ QJ aJmH $sH $L�BL �7� Body Text 2$$5$7$8$9DH$a$aJL�RL &-,�0Texto de globo%CJOJ QJ ^J aJ`�/��a` %-,�0Texto de globo Car$CJOJ PJQJ ^J aJmH sH tH l/rl �$@Lista"'����5$7$8$9DH$^�`���%B*CJOJQJaJmH $phsH $tH N�/���N �$@Sin espaciado CarCJOJPJQJaJB�o���B 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