Micelio

Providencia — Tribunal Superior de Neiva

Radicado: 2011-03018-01

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II.- DE LOS HECHOS: El 13 de diciembre de 2011, en el municipio de Pitalito, en la carrera 8 No. 14-08 fue hallada sin vida el cuerpo de la se�ora �..ESPERANZA CASTRO QUINTERO, (�) en la parte trasera interna del inmueble, con el pantal�n debajo de los gl�teos, con m�ltiples abrasiones post morten en las �nalgas� (Sic). Presenta una lesi�n sobre la regi�n occipital ocasionada con arma contundente.

Se estableci� que la occisa viv�a sola (�) [y que] la �ltima persona que con la que comparti� fue con el se�or HERMES TRUJILLO PINTO, amigo de la occisa y quien adem�s le adeudaba un dinero a esta, ya que se dedicaba al pr�stamo de dinero a inter�s�. De esta persona se indica que fue la que caus� la muerte violenta de aquella dama. III.- ACTUACI�N PROCESAL El 9 de febrero de 2013, ante el Juzgado �nico Promiscuo Municipal de Oporapa se celebraron las audiencias preliminares concentradas de legalizaci�n de captura; de formulaci�n de imputaci�n en la que se le comunic� a Hermes Trujillo Pinto que se le investigar�a como autor de homicidio agravado cometido en la persona de Esperanza Castro Quintero; y de imposici�n de medida de aseguramiento de detenci�n preventiva carcelaria.

La Fiscal�a present� escrito de acusaci�n que verbaliz� el 24 de julio de 2013 ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito de esa localidad; el 28 de agosto de ese a�o se evac�a la audiencia preparatoria; y, el juicio oral, desde el 22 de octubre de 2013 al 19 de febrero de 2014, diligencia en la que comunic� que el fallo ser�a absolutorio, que elabor� el 29 de abril del precitado a�o, decisi�n recurrida.

IV.-DE LA SENTENCIA Destaca que la Fiscal�a llam� a juicio a Hermes Trujillo Pinto por el ADN hallado en las u�as de la mano derecha de la obitada, trazas que correspond�an al acusado, persona que a su vez presentaba abrasiones en el rostro, brazos, manos, abdomen, flanco abdominal y muslo izquierdo y, adem�s que le adeudaba dinero, fue la �ltima persona que estuvo con la v�ctima.

Advierte que aunque el perito bi�logo concluy� que exist�a una probabilidad de 512�454.306 que dos individuos escogidos al azar coincidieran en la mezcla del material biol�gico sacado de las u�as de la occisa, como ocurri� con el ADN de Trujillo Pinto; tambi�n dijo que podr�a existir transferencia por el simple roce del material forense examinado, incluso en la ejecuci�n de la tanatopraxia, tesis que acoge.

Destaca que el acusado es empleado de la funeraria �Los Olivos� y fue quien al preparar el cad�ver con su compa�ero �scar Andr�s Artunduaga limpi� las manchas de tinta que not� en los dedos de la difunta, que hizo con algod�n e hipoclorito, sin usar guantes, procedimiento que explicar�a la presencia de su material gen�tico encontrado a la interfecta, al existir contacto directo, focalizado y reiterativo con dichas partes.

Afirma que las explicaciones dadas por el acusado y su conyugue sobre las lesiones que se observaban en distintas partes del cuerpo del acusado fueron corroboradas por �scar Andr�s Artunduaga, que dijo que vio aquellas marcas con anterioridad a los hechos, sin que la Fiscal�a controvirtiera el origen de las mismas. Del dinero que el acusado adeudaba a la v�ctima nunca se determin� el monto del mutuo, pues Trujillo Pinto dijo que eran $500.000.oo y la hermana de la occisa $2.000.000.oo; sin embargo, en caso de existir, es un indicio lev�simo pues en la misma situaci�n estar�an las 28 personas que suscribieron las letras de cambio halladas en la vivienda de la obitada.

Afirma que tampoco se acredit� que Hermes Trujillo Pinto fuese la �ltima persona que tuvo contacto con la interfecta, pues nunca la fiscal�a aport� alg�n entreverado de llamadas de los tel�fonos de los involucrados. En ese sentido, de los testimonios allegados se infiere que fue Eber Antonio Rodr�guez Monsalve, el ebanista, la �ltima persona que llam� la v�ctima para preguntarle si ir�a a su casa a terminar el trabajo.

Bajo esta l�gica concluye que ninguna inferencia seria de responsabilidad existe, m�s all� de toda duda razonable, y en aplicaci�n del principio universal del in dubio pro reo lo absuelve a Hermes Trujillo Pinto. V.- SUSTENTACI�N POR PARTE DE LA FISCAL�A Alega que el homicida era parte del c�rculo personal de la obitada y ello se refleja en que ninguna evidencia se encontr� de ingreso forzado a la vivienda, coligiendo que penetr� en forma consentida, destacando que la familiaridad que exist�a entre Hermes Trujillo Pinto y la occisa le habr�a permitido acceder de esa forma por la cercan�a que ten�an.

A lo anterior concatena lo observado en el cad�ver, pues, el pantal�n y la ropa interior de la difunta quedaron en la parte inferior de las nalgas, evidenciando que se trat� de conato de agresi�n sexual y que el tarquino fue repudiado por la f�mina hasta con las u�as. Respalda aquella aseveraci�n el hecho de que el advenedizo no aprovech� para apropiarse de las joyas o t�tulos valores; aunque, empero, la letra de cambio que el acusado confes� que suscribi� nunca apareci�, que seg�n �l ese mismo d�a satisfizo, sin que tampoco se hallara toda la plata que dijo haberle cancelado y por eso lo se�ala como la �ltima persona que estuvo con Esperanza Castro Quintero, antes de su muerte.

Refuerza ese corolario las lesiones observadas al encartado por el forense, que seg�n dijo ten�an una antig�edad de 4 y 7 d�as, tiempo que se ajusta a la �poca del homicidio; descartando el galeno que una teja de zinc fuese su origen, pues se acoplaban m�s a las heridas que irrogan las u�as humanas, lo que se aviene al informe pericial de gen�tica forense que confirma que los aportantes de la mezcla de c�lulas obtenidas en la mano derecha de la obitada pertenecen a Hermes Trujillo Pinto, precisando que para que se hallara el ADN del encartado se requiri� m�s que un proceso de fricci�n, pues no cualquier roce genera rastro de material gen�tico, sentenciando que debi� ser prolongado y que ello solo pudo existir con un enfrentamiento.

Todo esto explica el comportamiento extra�o y diciente del acusado, que nunca manifest� el p�same a sus allegados, ni asisti� al funeral, a pesar de su cercan�a con la difunta, pues aunque el juez de instancia dud� de la presencia del acusado en la residencia de la occisa, es claro que �l mismo se ubic� en la precitada vivienda un poco antes de la ocurrencia del hecho.

Asevera que la defensa cre� duda por cuanto su prohijado manipul� el cad�ver de la v�ctima en la funeraria; sin embargo, al haber usado hipoclorito puro, que se caracteriza por ser un l�quido fuerte, el posible intercambio de ADN debi� haber desaparecido. Manifest� que Hermes Trujillo Pinto adujo que las heridas obedec�an a un accidente con una teja de zinc, se�alando que se presentaron fuera de la ventana de ocurrencia de los hechos; aun as�, destaca, el m�dico legista sostuvo que eran contempor�neas al tiempo del deceso de la v�ctima.

Aunado a ello, calific� de sospechoso el testimonio de �scar Andr�s Artunduaga, atendiendo a que el precitado ante Polic�a Judicial refiri� que se percat� de las lesiones la tarde que le entreg� el cuerpo de Esperanza Castro Quintero a Trujillo Pinto. Asimismo, tach� de ambiguo lo narrado por Elizabeth Arellano en relaci�n al incidente con la teja de zinc, debido a que, a su juicio, se mostr� dubitativa en aspectos de f�cil rememoraci�n. Reitera que no ofrece otra explicaci�n el hallazgo de ADN del acusado en el interior las u�as, m�s aun cuando medicina legal indica que se presentan con m�s definici�n el rasgu�o que el simple roce corporal, caracter�stica que qued� en el rostro y en el cuerpo, existiendo una correspondencia ineludible, pues si toc� las manos de la occisa para limpiarla, el material gen�tico habr�a aparecido en las manos, no en la zona ungueal de la u�a, y con el uso del hipoclorito desparecer�a, lo que no acaeci�.

As� las cosas, concluye que Hermes Trujillo Pinto es el autor del homicidio de Esperanza Castro Quintero, en consecuencia, solicita se revoque la decisi�n objeto de alzada y en su lugar se profiera sentencia condenatoria. VI.- NO RECURRENTE La defensa reclama mantener la decisi�n pues: i) existe confusi�n sobre la fecha del deceso de Esperanza Castro Quintero, toda vez que la Fiscal�a indic� que ocurri� el 13 de diciembre de 2011 pero la exhumaci�n la fija el 7 del mismo mes y a�o; ii) el sorites que enuncia que el homicida ingres� a la vivienda en forma �natural�, que el victimario es un conocido de la occisa, que la v�ctima era acreedora del acusado, carecen de solidez para respaldar la conclusi�n de que su agenciado es autor de la muerte violenta de la prestamista; iii) reitera que �scar Andr�s Artunduaga, compa�ero de trabajo de Hermes Trujillo Pinto, observ� las cicatrices del acusado antes al deceso de la v�ctima; iv) que aquellas escoriaciones ten�an diferentes estados de cicatrizaci�n, por lo tanto, fueron hechas en distinto tiempo, algunas provocadas con �latas� de zinc como elemento corto contundente; v) que el perito forense adujo que las trazas de ADN se transmiten por simple rose, lo que pudo ocurrir cuando su prohijado limpi� las u�as a la occisa; y, vi) la relaci�n sentimental entre el acusado y la interfecta nunca se demostr�.

VIII.- CONSIDERACIONES Competencia: Esta Corporaci�n es competente para conocer del recurso de apelaci�n interpuesto por la Fiscal�a contra la sentencia de primera instancia, por haberla proferido un Juez Penal del Circuito de este Distrito Judicial, que resolver� dentro del marco delimitado por el objeto de la apelaci�n. Problema jur�dico planteado: Seg�n lo expuesto por el recurrente y el contenido de sus argumentaciones, el cuestionamiento se circunscribe a establecer si los elementos materiales probatorios dan cuenta de una cadena indiciara que desvirt�e la presunci�n de inocencia que el a quo oper� a favor de Hermes Trujillo Pinto.

Inicialmente ind�quese que la presunci�n de inocencia y el�in dubio pro reo�aparecen consagrados en los tratados y convenciones internacionales de derechos humanos,�la Constituci�n Pol�tica�y la ley colombiana, erigi�ndose tales preceptos en axiomas que orientan la actuaci�n de las autoridades judiciales cuando deben determinar la responsabilidad de una persona en un delito, de donde se desprende que su aplicaci�n resulta imperativa so pena de desconocer los derechos fundamentales de los que son��titulares los asociados.

Pero es bueno recordar que la evidencia f�sica produce con frecuencia m�s confianza que las declaraciones verbales y no mienten sobre el grado de culpabilidad o sospecha de las personas en un hecho delictivo; �sta no exagera, como a veces lo hacen los testigos, tampoco confunde las cosas, m�s bien las interpreta de la manera como ocurrieron; de ah� su importancia. Frente a ellas el a quo estim� que ninguna certeza de responsabilidad en los hechos le proporcionaba las trazas de ADN del acusado halladas en las u�as de la v�ctima, ya que ofici� como preparador del cad�ver para la pompa f�nebre y por ello pudo existir transferencia gen�tica en la labor que realiz�; como tampoco las escoriaciones causadas y observadas en el cuerpo del tanotopractor para la �poca del homicidio, pues los testigos de descargos indican que se causaron antes de ocurrir la muerte violenta investigada, descart�ndose que obedezca a un enfrentamiento con la obitada.

Replica la Fiscal�a que con el informe pericial forense no solo establece que la mezcla de ADN encontrada en las u�as de la occisa es de Hermes Trujillo Pinto, sino que el material gen�tico estaba en la parte interna de la misma, lugar al que nunca migrar�a por simple roce, y que la �nica explicaci�n para que ello hubiese ocurrido es que las us� para repudiar a su atacante.

De otro lado, las heridas del acusado son m�s compatibles con las lesiones que se causan con las u�as que con una teja de zinc; adem�s, resalta que el compa�ero laboral del encartado solo las vio cuando preparaban el cuerpo para embarcarlo en el ata�d. Antes de entrar en honduras debe resaltarse que a la acusaci�n le corresponde la carga de acreditar los elementos que fundan la responsabilidad penal, de modo que si no consigue llevar al fallador al grado de convicci�n exigido para condenar, este debe absolver al acusado.

Por eso, ante la incertidumbre, para desatar el busilis planteado por el recurrente se hace necesario acudir a la �prueba indiciaria� , al suceso del cual puede inferirse un hecho desconocido, como ense�a la H. Corte Suprema de Justicia, que el indicio: " no es otra cosa que la capacidad de razonamiento del juez a partir de la contemplaci�n de la prueba indirecta; el indicio lo construye el juez ante la falta de prueba directa." La doctrina refiere que aquel se encuentra conformado por tres elementos inescindibles y concatenados: Hecho indicador (conocido).

Una regla de experiencia (ce�ida a los raseros de la sana cr�tica, la l�gica, ciencia y el sentido com�n). Hecho indicado, el cual se infiere luego de enfrentar los dos anteriores componentes mediante un silogismo l�gico. Del hecho indicador se pregona que es: i) indivisible, pues "sus elementos constitutivos no pueden tomarse separadamente como indicadores" y, ii) debe estar plenamente demostrado.

Tambi�n se afirma que la inferencia l�gica debe basarse en una regla de la experiencia que permita establecer el grado de probabilidad (verosimilitud, alta posibilidad o certeza) y, dependiendo de ello, la prueba indiciaria tendr� mayor o menor fuerza demostrativa. Sumado a lo anterior, el valor probatorio del indicio depende, no tanto de su n�mero sino de la solidez del hecho indicante, su concordancia y convergencia y su relaci�n con las dem�s pruebas, as� como la fiabilidad de la regla de experiencia tenida en cuenta, vale decir, de su univocidad.

En el presente caso no se discute la materialidad del delito de homicidio aqu� investigado, ni que la muestra de ADN fuera hallada en la parte sub-ungueal de la mano derecha de la occisa, tampoco que esta reporta un alto grado de probabilidad de que su aportante sean el acusado y la interfecta, adem�s del estado de semi-desnudes como se encontr� el cad�ver y las abrasiones observadas en el cuerpo del incriminado.

La cr�tica apunta al poder suasorio de los indicios que destaca el recurrente para mostrar la contundencia, univocidad y solidez de la incriminaci�n y al grado de certeza del correspondiente juicio de responsabilidad, que se generan si se confrontan adecuadamente, lo que hubiese permitido establecer que con los medios de convicci�n recaudados surgen los supuestos probatorios para condenar y para arribar a esa conclusi�n m�s all� de toda duda razonable.

Pues bien, Sonia Castro Quintero previno sobre los iniciales hechos indicantes a la SIJIN de Pitalito, reportando que en la semana que falleci� su hermana se comunic� con ella el viernes a las 4:30 p.m., que el s�bado como no le contestaba telefone� a las 10:00 a.m., a Mercedes Pe�a Castro, prima y vecina de la occisa para que indagara, avis�ndole ella que la reja estaba abierta y el perro suelto, lo que era inusual, enter�ndose entonces de su muerte.

Paralelamente, todos esos �ltimos momentos de vida de la interfecta los confirma Ever Antonio Rodr�guez Monsalve, pues, el jueves de esa semana labor� hasta las 8:30 p.m. en la casa de la finada donde instalaba una cocina integral y unas puertas; y, como no termin�, el viernes a las 10:50 a.m., la patrona lo llama para exigirle que contin�e despu�s del mediod�a, hora en la que acudi� a la casa sin que ella abriera, regresando el s�bado a las 7:00 a.m., con el mismo resultado.

Advierte que el recibo de energ�a y el collar del perro estaban en el suelo. Todo lo anterior permite inferir que el viernes 2 de diciembre de ese a�o, a la 10:50 de la ma�ana a�n se encontraba con vida, pues ya despu�s del medio d�a no se abre la puerta al operario ni le contesta a su hermana a las 4:30 de la tarde. Siguiendo la l�nea argumentativa sobre los hechos indicantes, Sonia Castro Quintero vuelve a destacar el episodio ocurrido en la empresa mortuoria, cuando se top� con Trujillo Pinto, apodado �Tito�, de quien supon�a que era buen amigo de su hermana y por ello le result� extra�o la actitud de ingratitud y de desapego que mostr�, pues con desparpajo le soslay� el saludo sin mostrar congoja por el duelo, pese a que �l le colaboraba a Esperanza en el cobro de los r�ditos y, en ese c�rculo de negocios que ella manejaba, sol�a confiarle o prestarle dinero, como lo hizo en agosto, tres meses antes de su deceso, cuando le facilit� $2.000.000.oo, mutuo que el deudor pagar�a a la prestamista ejecutando para ella la obra blanca del segundo piso, con los acabados y detalles pertinentes, pago en especie que se origina en el hecho de que el sueldo de la funeraria no le alcanzaba, seg�n le coment� la occisa a la deponente.

Pues bien, ese d�a en la funeraria lo not� nervioso y evasivo, vio en el rostro y las manos no solo su indiferencia, tambi�n observ� la marca de la culpa en los rasgu�os que lo incriminaban, record� que su hermana era �gil con las manos para herir de esa manera, entr� en sospecha y eso la motiv� a revisar las letras de cambio que guardaba la difunta, encontr� desorden y extra�� la obligaci�n cambiaria del tanat�logo, pero el homicida dej� intacto el dinero, las joyas y los enseres de la casa, y desmiente que el incriminado hubiese satisfecho esa obligaci�n porque su consangu�nea nunca le coment� tal finiquito, pese a que ella sol�a revelarle todo lo que le ocurr�a, por el estrecho lazo de hermandad que desde siempre conservaban.

Unido a lo antepuesto est�n las atestaciones de Alberto Tejada Valbuena, m�dico adscrito al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, que al valorar a Hermes Trujillo Pinto y al fijar fotogr�ficamente sus lesiones conceptu� que las heridas observadas fueron causadas con un mecanismo corto-contundente, precisando que el impacto en un cuerpo por el desplome de una teja como lo describe el examinado suele dejar lesiones m�s severas; es decir, un mayor compromiso que los que deja unos �simples rasgu�os�.

Advierte que estos tienen de 4 a 7 d�as de antig�edad, lapso de tiempo que coincide con el deceso de la v�ctima y, aunado a ello, asever� que concuerdan con las contusiones que presentaba el procesado. Resalta que las cicatrices del flanco izquierdo del abdomen son lineales, con cortes paralelos y se distinguen de las otras heridas pues estas se avienen m�s a las que irrogan las u�as que a las que causa el roce violento del alero de un tejar; en cambio, de las laceraciones del rostro, s� son compatibles con el filo del �labe.

En el informe t�cnico m�dico legal de Lesiones consign� que Hermes Trujillo Pinto presentaba: �1. Abrasi�n de 1.5x0.1 cm; de forma oblicua, con costra hem�tica seca y descamaci�n y eritema (colorado) en sus bordes, localizado en la mejilla izquierda; abrasi�n de 1.5x0.1 cm, sin costra hem�tica, hipopigmentada, (en resoluci�n) vertical, localizada en el lado derecho de la regi�n mentoniana; abrasi�n de 1x0.1 cm, oblicua, con costra hem�tica seca y descamaci�n central, localizada en la parte lateral del tercio superior del brazo izquierdo; abrasi�n de 4x0.2 cm, con costra hem�tica seca y eritema perilesional, localizada en la parte anterior del tercio medio del brazo izquierdo; dos abrasiones 9x0.1 cm y 3x0.1 cm, verticales, con costra hem�tica seca y descamaci�n (en resoluci�n) localizadas la primera en el tercio medio del brazo izquierdo y la segunda sobre el tercio superior de la parte interna del antebrazo izquierdo; tres abrasiones que oscilan entre 1.5x0.1 y 05x0.1 cm, localizadas en el dorso de la mano izquierda; abrasi�n de 0.8x0.2 cm con costra hem�tica seca localizada en la regi�n palmar de la falange media del dedo pulgar (primer dedo) de la mano izquierda; cinco abrasiones que oscilan entre 0.6x0.2 cm, y 0.2x0.1 cm, localizadas en la parte lateral y media del dedo anular (cuatro dedo) de la mano izquierda; abrasi�n oblicua de 1x0.1 cm, con �ngulo lateral con costra hem�tica seca localizada en la parte lateral del tercio medio del brazo derecho; abrasi�n de 1.3x0.2 cm, oblicua, localizada en la parte anterior del antebrazo derecho, �rea de articulaci�n de la mu�eca; abrasi�n de 0.7x0.2 cm, de forma transversal, con costra hem�tica seca, localizada en dorso de la falange media del tercer dedo de la mano derecha; abrasi�n de 2.5x0.1 cm, sin costra hem�tica con descamaci�n hipopigmentada (en proceso de cicatrizaci�n o resoluci�n) localizada en el flanco derecho del abdomen; dos abrasiones de 3x0.1 cm, y 1.5xd0.1 cm, verticales, paralelas, con una distancia de 2 cm, una de la otra, localizada en el flanco izquierdo del abdomen; abrasi�n de 1.5x0.1 cm, vertical, localizada en la parte anterior del tercio medio del muslo izquierdo�.

(Destaca la Sala) Elizabeth Arellano Trujillo y �scar Andr�s Artunduaga revelaron que las heridas del implicado antecedieron al hecho que se juzga. La jurisprudencia destaca que en ocasiones el testimonio de familiares o amigos puede afectar la objetividad, especialmente cuando se orienta a favorecer al allegado, por ello, sin descartarlos, aconseja someterlos a un examen intr�nseco m�s detallado y profundo y emprender un cuidadoso examen extr�nseco.

Sobre la credibilidad de estos testimonios debe resaltarse que el se�or Artunduaga refiri� que las observ� antes de la Tanatopraxia, aseveraci�n que jam�s descarta las ubicadas en el flanco izquierdo del abdomen porque es obvio que las ve como compa�ero de trabajo del acusado, en el espacio laboral que compart�an y por ello solo pod�a referenciar las estaban a su vista como las excoriaciones del rostro, brazos y manos; en cambio, es poco probable que observara los rasgu�os del vientre porque normalmente se trabaja vestido, con la ropa puesta, no con el torso desnudo.

De otro lado, es cierto que la prueba indica que la obitada solo ten�a material gen�tico en una de sus manos, precisamente en la diestra, mientras que en el flanco izquierdo del abdomen del acusado estaban unas heridas rectil�neas, con cortes equidistantes, distinta a las otras lesiones, y que se aven�an a las causadas con las u�as de un ser humano, lo que perif�ricamente y en forma objetiva respaldar�a la teor�a del caso de la Fiscal�a, que ello es una expresi�n fenom�nica de un acto defensa de la v�ctima ubicada de frente a su victimario, que le permitir�a lastimar al otro en la lateralidad contraria; adem�s, si se trat� de una agresi�n sexual es indiscutible que el cl�max de la agresi�n este se despojara de alguna de sus prendas, empezando por la camisa, facilitando la impronta que se analiza en su aspecto extr�nseco.

Sin embargo, Elizabeth Arellano Trujillo, aclara que su consorte alternaba el servicio funerario con otros tareas como constructor, versi�n que confirma la denunciante, oficio en el que sol�a resultar herido como con el impase de la teja de zinc de una �enramada� que desliz� lesionando sus manos y cara; empero, sobre las lesiones del abdomen precisa que se las causa otro d�a sin dar mayor explicaci�n, reiterando que lo usual era que se lacerara con tejas o alambres en esa actividad.

Es indiscutible que en la intimidad de un ambiente familiar, la pareja del acusado sea la �nica o de las pocas personas que podr�a dar cuenta de lo que hay en el cuerpo de su amado, sobre todo de lo que para los dem�s se oculta a la vista, precisamente lo que est� bajo la camisa, versi�n que la Fiscal�a jam�s impugn� en su credibilidad en el juicio oral.

El acusado explica que la SIJIN lo convoc� el lunes siguiente de la muerte de Esperanza a rendir una declaraci�n y que por las lesiones que le observaron lo enviaron a que Medicina Legal para que lo valorara, advirti�ndoles que la semana anterior a la muerte de su amiga se lastim� construyendo una �enramada�, con media teja que le hab�a sobrado y que resolvi� lanzarla sobre la cubierta, sin calcular el tiro, robl�n que se le devolvi� oblig�ndolo a meter sus manos para proteger sus hijas que se ubicaban detr�s suyo, momento en se producen las laceraciones.

Asegura que en esa actividad es normal herirse con alambres, puntillas y baldosas. Regresando al concepto del Bi�logo Carlos Arturo Mora Torres, genetista adscrito al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se tiene que �ste concluy� que la mezcla de las c�lulas obtenidas de las u�as de la mano derecha de la v�ctima con el acusado �no se excluyen�, y asegura que existe una probabilidad de 512�454.306 que �ESPERANZA CASTRO QUINTERO y HERMES TRUJILLO PINTO sean los aportantes de la mezcla de c�lulas a que lo sean otros dos individuos al azar en la poblaci�n de la referencia�; pero, sobre todo, adujo que aunque es dif�cil trabajar las trazas dejadas en las u�as, por lo general es que el ADN sea del mismo individuo y cuando se detecta que es de otro sujeto es porque existe transferencia, que puede presentarse por mucho rose o por agresi�n. Refiere que aunque es posible que con el trato diario migre material gen�tico, por lo general se encuentra muy da�ado o no es muy bueno; destacando que en el presente asunto hubo suficiente para llegar a una tipificaci�n �ptima. �scar Andr�s Artunduaga rectifica aquellas conclusiones; pues, encontr�ndose el cad�ver en la sala de velaci�n, observ� manchas de tinta dejadas con la necrodactilia y por eso pidi� a su compa�ero limpiar las manos de la finada, labor que realiz� sin los elementos de bioseguridad, con algod�n e hipoclorito.

En ese sentido, el genetista Carlos Arturo Mora Torres acepta que en la ejecuci�n de la tanatopraxia se pueda presentar transferencia de c�lulas; pero, depender� de la fricci�n que se aplique al sacar la muestra. En este punto la Fiscal�a le pregunt� al Bi�logo lo siguiente: Preguntado:�Sobre qu� parte de la u�a fue hallado ese material de ADN, me refiero la parte de arriba, la parte sub ungueal, que parte de la u�a se extrajo esa muestra que se dice no pertenece a Esperanza Caicedo (sic) sino a otra persona? Contest�.

Para trabajar u�as lo que trabajamos es el corte de la u�a, �sea la parte superior y la parte sub ungueal de la u�a donde se haya m�s acumulaci�n de muestras biol�gicas por cualquier rose. Preguntado �C�mo puede llegar el ADN de otra persona a esa parte de la u�a fuera de su propietaria, que se tiene que haber dado para efectos de que pueda llegar material de ADN diferente al de su propietario (�)? Contest�.

Estas muestras de u�as son bastantes complicadas de manejar porque no se encuentra. Generalmente se encuentra ADN del mismo individuo. Cuando se encuentra ADN de otra persona es o por mucho rose, o por alguna agresi�n. Preguntado �En el trato diario de usted estar con otra persona, darle la mano o simplemente rosarse se puede producir ese fen�meno de traslado de ADN? Contest�.

Si se puede pero no, el ADN que se traslada est� muy da�ado porque es el ADN que el cuerpo va eliminando por lo tanto est� muy degradado y no se puede obtener un perfil gen�tico muy bueno. Preguntado �Podemos concluir que para que se encuentre ADN en esa zona es porque hubo un material bastante firme para efectos de su cotejo? Contest�. Principalmente porque hay buena cantidad, no s� por qu� motivo, cual es la causa de tanta cantidad o suficiente cantidad de ADN bueno para hacer una tipificaci�n. Por su parte, la defensa pregunt�: Preguntado �A la probable transmisi�n de las muestras es posible que en la ejecuci�n de la Tanatopraxia pueda transmitirse de uno a otro dichas muestras? Contest�: Depende de quien haga suficiente una fricci�n para llevarse la muestra, no s�.

Preguntado. �Simplemente si es posible porque en estos casos de la Tanatopraxia pues hay un rose directo? Contest�: Hay posibilidades. Aunque se acredit� que Hermes Trujillo Pinto fue quien llev� a cabo la Tanatopraxia al cuerpo de Esperanza Castro Quintero como empleado de la Funeraria Los Olivos, el precitado afirm� que pese a que en un inicio us� los elementos de bioseguridad tales como guantes de l�tex y tapabocas, aquel y �scar Andr�s Artunduaga sostienen que cuando se percataron que los dedos de la v�ctima estaban manchados de tinta, el encausado sin guantes tom� algod�n e hipoclorito y con su mano retir� la tinta alojada en sus pulpejos y u�as, hecho con el cual explicaron la presencia de ADN en sus u�as, as�: �Al darnos cuenta con el compa�ero que ten�a las manos, entonces yo tom� las manos de ella, primero tom� el hipoclorito, vaci� un poquito en la vasija que tenemos all� y luego cog� algod�n y luego tom� la mano de ella (�) cog� el algod�n, lo moj� y proced� a limpiar las manos de las u�as de ella bien as� con el algod�n a limpiarla porque estaba era aqu� por las yemas, la tinta estaba sobre las u�as y sobre la yema, entonces yo manipule las dos manos de ella tomando una mano y con la otra mano limpiando ( ).� Es claro entonces que el encausado debi� seguir los lineamientos de la empresa de usar los elementos de bioseguridad, as� se tratara del cuerpo de una amiga que ya se encontraba descontaminado, pues ten�a conocimiento de los riesgos que le generar�a su no uso, pero los mismos est�n relacionados con su salud, jam�s con verse involucrado en un proceso penal.

En este punto es importante referenciar que si bien la finalidad de la prueba de ADN es aportar informaci�n para poder incriminar o exonerar al sujeto juzgado en un juicio; la literatura muestra que no es prueba definitiva porque se han dado situaciones en las que la muestra forense no coincide con las del sospechoso y, sin embargo, es el culpable del hecho; en otras ocasiones, la muestra gen�tica hallada concuerda con la del sospechoso y este sea inocente.

En Europa, a lo largo de 16 a�os, la polic�a cient�fica lleg� a recopilar en diferentes escenas del crimen hasta 40 muestras de ADN que pertenec�an a la misma persona. A los investigadores no s�lo les despistaba la cantidad y variedad de delitos cometidos �entre los que se encontraban homicidios, allanamientos de morada y robos�, sino tambi�n la amplitud geogr�fica de sus acciones.

Un an�lisis de las pruebas de ADN realizado en Austria sugiri� que se trataba de una mujer y que probablemente era del este de Europa o de Rusia. En realidad, el ADN que aparec�a una y otra vez s� que pertenec�a a una mujer, pero no se trataba de una peligrosa asesina en serie, sino a una trabajadora de Greiner Bio One, una f�brica de bastoncillos.

Las muestras que hab�an encontrado una y otra vez no se hallaban ni en la taza de porcelana china, ni en el asiento de atr�s de la polic�a asesinada, ni en el cad�ver del inmigrante muerto, sino en los bastoncillos que hab�an estado utilizado, que no estaban adecuadamente esterilizados y, por ello, todav�a portaban restos del ADN de la trabajadora.

Aqu�, la Fiscal�a hace hincapi� en el resultado de la pericia gen�tica que concluy� que la mezcla de ADN, que se obtuvo de las u�as de la mano derecha de la occisa, no excluye como aportantes a Hermes Trujillo Pinto y Esperanza Castro Quintero. Resalta que esta se hall� en la parte ungueal de la u�a circunstancia que confirmar�a que existi� m�s que un proceso de fricci�n prolongado para que la muestra migrara all� y corroborar�a que la obitada enfrent� a su agresor.

Recu�rdese que �scar Andr�s Artunduaga, luego de la necropsia, el viernes 2 de diciembre de 2011 recogi� el cuerpo de Esperanza Castro Quintero y lo entreg� al Tanat�logo de turno, pero cuando se dispon�a a sacar los restos a la sala de velaci�n se percat� que quedaban residuos de tinta y le encarg� a Hermes que lo hiciera, persona que ya hab�a finalizado su trabajo y se hab�a quitado los elementos de bioseguridad, momento en que tom� las manos de la occisa y las limpio con algod�n e hipoclorito.

Pero el episodio europeo relatado muestra que si bien el an�lisis de ADN puede ser un procedimiento cient�fico s�lido, no es inteligente basar una investigaci�n completa o una decisi�n solo en ello, mas aqu� que el tanat�logo olvid� los protocolos de bioseguridad a seguir en el procedimiento adicional, que realiz� una vez hab�a finalizado el trabajo de preparaci�n del cad�ver para la pompa f�nebre, pues omiti� el uso de guantes al limpiar la tinta de la necrodact�lia impregnada en las manos de la difunta, por tratarse de los despojos de su amiga con quien hab�a compartido en vida, el cuerpo ya estaba limpio y no ten�a �asco�; adem�s, nunca pens� en las consecuencias adversas del irregular procedimiento.

Es que en el Juicio se acredit� la cercan�a social de aquellos, como quiera que el acusado sol�a movilizar a la obitada en su motocicleta de un lado para otro, a tal punto que ella le confiaba el dinero de los cobros y le facilit� plata para que terminara de construir; de all� que no resultar�a extra�o que el tanotopractor para remover las mancha en las manos del cad�ver lo hiciera m�s all� del simple tratamiento superficial y que explorara la parte sub ungueal de las u�as y dejara all� parte de su material gen�tico.

Debe agregarse que para la toma de la muestra forense aludida fue necesario ordenar la exhumaci�n del cad�ver, lo que significa que en su primera oportunidad el encargado de la necropsia y del levantamiento del cad�ver, si sigui� todos los protocolos, no encontr� el ADN que se hall� en la segunda oportunidad, lo que descartar�a su presencia, pues esta se halla despu�s de que el tanat�logo sin los elementos de bioseguridad limpia la tinta de necrodactilia del cad�ver.

De otro lado, el acusado revela que el jueves 1 de diciembre de 2011, a las 8:30 de la ma�ana, en cuanto sali� del turno de la noche, cancel� y recogi� a la obitada la letra de $500.000 del pr�stamo que hab�a tomado, pero la existencia de aquel contrato de mutuo no es argumento s�lido para hacerlo responsable en el hecho investigado; adem�s, la cuant�a no se logr� determinar, pues mientras Sonia Castro Quintero asegur� que aquel adeudaba a su hermana $2.000.000.oo, Trujillo Pinto refiere que solo fueron $650.000.oo, deuda que asever� hab�a saldado el d�a anterior a su muerte, lo que concuerda con la fecha de pago de la empresas que son los �ltimos d�as de cada mes y el cancela el 1 de diciembre de ese a�o. En relaci�n a que el procesado fue la �ltima persona que estuvo con la v�ctima, es claro para la Sala que Ever Antonio Rodr�guez Monsalve �Ebanista� fue quien la observ� por �ltima vez con vida y comparti� con aquella, pues n�tese que el deponente fue enf�tico en manifestar que estuvo con la obitada el jueves en el barrio Solarte acompa��ndola a cobrar unos intereses, luego de lo cual se qued� laborando en su vivienda hasta las 8:30 de la noche.

De igual modo, sostuvo que al d�a siguiente habl� con ella v�a telef�nica y le inform� que no ir�a a trabajar en las horas de la ma�ana. En cuanto a la certeza, la duda razonable y el principio in dubio pro reo, el art�culo 5� de la Ley 906 de 2004 consagra que �los jueces se orientar�n por el imperativo de establecer con objetividad la verdad y la justicia�.

La verdad se concreta en la correspondencia que debe mediar entre la representaci�n subjetiva que el sujeto se forma y la realidad u objeto aprehendido por aquel que, trat�ndose del proceso penal, apunta a una reconstrucci�n lo m�s fidedigna posible de una conducta humana con todas las vicisitudes materiales, personales, sociales, modales, sicol�gicas, etc., que la hayan rodeado, a partir de la cual el juez debe realizar la pertinente ponderaci�n de su tratamiento jur�dico conforme con las disposiciones legales, para ah� s�, asignar la consecuencia establecida en la ley.

En procura de dicha verdad, el art�culo 7� de la citada Ley indica: �Presunci�n de inocencia e in dubio pro reo. Toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal, mientras no quede en firme decisi�n judicial definitiva sobre su responsabilidad penal. En consecuencia, corresponder� al �rgano de persecuci�n penal la carga de la prueba acerca de la responsabilidad penal.

La duda que se presente se resolver� a favor del procesado. En ning�n caso podr� invertirse esta carga probatoria. Para proferir sentencia condenatoria deber� existir convencimiento de la responsabilidad penal del acusado, m�s all� de toda duda�. As� las cosas, no resulta conforme con la teor�a del conocimiento exigir que la demostraci�n de la conducta humana objeto de investigaci�n sea absoluta, pues ello siempre ser� un ideal imposible de alcanzar, como que resulta frecuente que variados aspectos del acontecer que constituy� la g�nesis de un proceso penal no resulten cabalmente acreditados, caso en el cual, si tales detalles son m�nimos o intrascendentes frente a la informaci�n probatoria ponderada en conjunto, se habr� conseguido la certeza racional, m�s all� de toda duda, requerida para proferir fallo adverso.

Para proferir sentencia condenatoria se requiere del concurso de prueba que produzca certeza del hecho punible y de la responsabilidad del procesado. Esto equivale tanto como a decir que, dentro de la escala probatoria determinada por nuestro estatuto procesal, de la probabilidad de la responsabilidad del justiciable que es el estado de esp�ritu en que se halla el juzgador al convocarlo a juicio, se debe pasar en este momento del proceso al m�s alto grado del conocimiento, el cual supone la eliminaci�n de toda duda racional, deviniendo la seguridad de que los hechos han ocurrido de determinada manera que es lo que, en esencia, constituye la certeza.

En el presente evento, para la Sala no existe el conocimiento m�s all� de toda duda razonable en torno a la responsabilidad de Hermes Trujillo Pinto, contrario sensu, los elementos de juicio arrimados solo generan dudas sobre la participaci�n del procesado en el hecho investigado, incertidumbre que para esta Corporaci�n es racional, conforme a los medios probatorios allegados y analizados en conjunto, raz�n por la cual se confirmar� el fallo recurrido.

Por las razones anteriormente expuestas, El TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE NEIVA, en Sala de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, R E S U E L V E CONFIRMAR la sentencia recurrida, de fecha y origen conocidos, por las razones plasmadas en precedencia y en cuanto ata�e al objeto de disenso.

Contra la presente decisi�n procede recurso de casaci�n en los t�rminos previstos en los art�culos 186 y siguientes de la ley 906 de 2004. Las partes quedan notificadas en estrados. HERNANDO QUINTERO DELGADO �LVARO ARCE TOVAR JOS� ENRIQUE JES�S HERNANDO CABALLERO QUINTERO LUISA FERNANDA TOVAR HERN�NDEZ Secretaria.  Fls. 6,7.  Fl. 47.  Fls. 54 a 56.  Fls. 71 a 73.  Fls. 125 a 128.  Fl. 162.  De conformidad con lo preceptuado en el numeral 1� del art�culo 34 de la Ley 906 de 2004  Numeral 1� del art�culo 43 y el art�culo 179 de la Ley 906 de 2004, modificado por el art�culo 91 de la Ley 1395/10  Por ejemplo: Declaraci�n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, art�culo XXVI;

Declaraci�n Universal de los Derechos Humanos, art�culo 11; Convenci�n Americana de Derechos Humanos, art�culo 8-2; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol�ticos, art�culo 14-1; Convenio Europeo de Derechos Humanos, art�culo 6-2; Reglas M�nimas para el Proceso Penal -�Reglas de Mallorca�-, 32� y 33�; y Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos -�Carta de Banjul�-, art�culo 7-1.b.  Corte Constitucional, sentencias� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-460-92.htm" T-460/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-463-92.htm" T-463/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-471-92.htm" T-471/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-500-92.htm" T-500/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-520-92.htm" T-520/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-525-92.htm" T-525/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-581-92.htm" T-581/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/C-599-92.htm" C-599/92,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-053-93.htm" C-053/93, HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-145-93.htm" T-145/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-162-93.htm" T-162/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-272-93.htm" T-272/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-274-93.htm" T-274/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-375-93.htm" T-375/93, C-096/03,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-390-93.htm" C-390/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-411-93.htm" C-411/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-420-93.htm" T-420/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-450-93.htm" T-450/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-538-93.htm" T-538/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-561-93.htm" T-561/93,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/T-097-94.htm" T-097/94, HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-176-94.htm" C-176/94,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-213-94.htm" C-213/94,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-248-94.htm" C-248/94,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-004-96.htm" C-004/96,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-244-96.htm" C-244/96,� HYPERLINK "http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-245-96.htm" C-245/96,�C-374/97, C-774/01, por ejemplo.  La Corte Suprema de Justicia sobre el tema dijo: "Sabido es que la prueba de indicios es de naturaleza tal que no comporta fuerza suficiente sino mediante el conjunto que con ellos se forma.

Por s� s�lo cada uno es como d�bil hilo que no tiene tal vez resistencia para soportar un leve peso; pero unidos y trabados entre s�, se convierten como en fuerte y poderoso cable capaz de vencer grandes resistencias, y adquieren, por disposici�n expresa de la ley, valor de plena prueba". Sentencia del 15 de marzo de 1893, G. J. a�o VIII, No. 389, p�gina 205-2.  C.S.J, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 13 de febrero de 2008, radicado N� 19920.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 19 de febrero de 2014.

Minuto 44:47 a minuto 53:42.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 22 de octubre de 2013. Hora 02:21 a hora 02:39.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 22 de octubre de 2013. Hora 01:48 a hora 02:14.  Fls. 103, 104.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 11 de marzo de 2009, radicado 21.703.  en �lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, el estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, a la personalidad del declarante, a la forma como hubieren declarado y las singularidades que puedan observarse del testimonio�  En cuanto se refiere a verificar su concatenaci�n con el resto de medios de convicci�n que integran el recaudo probatorio, de manera que s� solo en forma insular denota total ausencia de coherencia con las dem�s pruebas que se ofrecen confiables, se le puede restar valor acreditativo, exponiendo razonadamente los motivos para arribar a tal conclusi�n.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 19 de febrero de 2014.

Hora 01:18 a hora 01:51.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 19 de febrero de 2014. Hora 02:30 a hora 02:41.  Fls. 93 a 95.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 19 de febrero de 2014. Hora 01:18 a hora 01:51.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 22 de octubre de 2013. Minuto 12:18 a minuto 23:40.  Audiencia de juicio oral, sesi�n del 19 de febrero de 2014.

Hora 01:18 a hora 01:51.     PAGE  Radicaci�n 2011 03018 01 Hermes Trujillo Pinto PAGE  SALA CUARTA DE DECISI�N PENAL P�gina PAGE20 de NUMPAGES22 H\z����] ^ � �ǭ����uS6!6(h�2�h�2�CJOJQJ^JaJnH tH 9h�2�h�2�B*CJOJQJ^JaJmH nH phsH tH Ch�2�h�2�5�@���B*CJOJQJ\�^JaJmH nH phsH tH <h�2�h�2�5�B*CJOJQJ^JaJmHnH phsHtH 0h�2�h�2�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 3h�2�h�2�5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 3h�2�h�2�6�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH;jh�2�h�2�6�CJOJQJU^JaJmHnHsH $u *HI\z{|��������������������$$dh5$7$8$9D@&H$a$gd�2�dh5$7$8$9DH$gd�2�$5$7$8$9DH$a$gd�2� 5$7$8$9DH$gd�2�$dh5$7$8$9DH$a$gd�2�$ �)dh*$5$7$8$9DH$a$gd�2���# $ % 9: � � �  ���������s$�S5$7$8$9DH$^�Sa$gd�2�$��5$7$8$9DH$`��a$gd�2�$dh5$7$8$9DH$a$gd�2�$��dh5$7$8$9DH$]��a$gd�2�$dh5$7$8$9DH$a$gd�2�$5$7$8$9DH$a$gd�2�$�3dh5$7$8$9DH$]�3a$gd�2� � � " # % 7 8 9: � �  & ' i���ī�u��[�<�u������<h�2�h�2�6�B*CJOJQJ^JaJmH nH phsH tH 3h�2�h�2�6�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 6h�2�h�2�5�CJOJQJ\�^JaJmH nH sH tH 3h�2�h�2�5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 0h�2�h�2�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 9h�2�h�2�B*CJOJQJ^JaJmH nH phsH tH 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2$$��5$7$8$9D@&H$+5�B*CJOJQJ\�aJmH phO��sH tH vv �2�T�tulo 3$$��5$7$8$9D@&H$+5�B*CJOJQJ\�aJmH phO��sH tH NA ���N Fuente de p�rrafo predeter.Vi���V 0 Tabla normal:V �4�4� la�,k ���, 0 Sin lista \�/���\ �2� T�tulo 1 Car+5�B*CJOJQJ\�aJmH ph6_�sH tH \�/��\ �2� T�tulo 2 Car+5�B*CJOJQJ\�aJmH phO��sH tH \�/��\ �2� T�tulo 3 Car+5�B*CJOJQJ\�aJmH phO��sH tH.�/���. �2�0 Sin lista1`@2` �2�0 Encabezado ��8!5$7$8$9DH$CJaJmH sH tH H�/��AH �2�0Encabezado CarCJaJmH sH tH 8)`��Q8 �2�N�mero de p�ginaf @bf �2� Pie de p�gina �C�"5$7$8$9DH$CJaJmH sH tH N�/��qN �2�Pie de p�gina CarCJaJmH sH tH t>�t �2�Puesto#$���<5$7$8$9D@&H$a$*5�CJ KHOJQJ\�^JaJ mH sH tH V�/���V �2� Puesto Car*5�CJ KHOJQJ\�^JaJ mH sH tH jB�j �2�Texto independiente�x5$7$8$9DH$CJaJmH sH tH Z�/���Z �2�Texto independiente CarCJaJmH sH tH l��l �2�Texto independiente 31$dha$CJOJQJmH sH tH �/��� �2�hl�&`���� �2��Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Appel note de bas de page,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Ref,de nota al pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FCH*|J�|  �2� Subt�tulo $�5$7$8$9DH$^�a$/5�@���B* CJOJQJ]�aJmH ph3�sH tH b�/��b �2� Subt�tulo Car/5�@���B* CJOJQJ]�aJmH ph3�sH tH nQn "�2�0Texto independiente 3!�x5$7$8$9DH$CJaJmH sH tH ^�/��!^ !�2�0Texto independiente 3 CarCJaJmH sH tH D�/��1D �2�Car Car3CJOJPJQJ^JaJtH |�B| �2� Preformatted2$ �# �~= ��z9��!v%5$9DH$OJQJ^JmH $sH $tH *@R* &�2��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Cha,FA Fu�notentext,FA Fu�notentext,Footnote Text Char Char,texto de nota al%5$7$8$9DH$tH �/��a %�2��Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Cha Car,FA Fu�notentext Car,FA Fu�notentext Car mH sH tH h�rh (�2�Texto de globo'5$7$8$9DH$ CJOJQJ^JaJmH sH tH \�/���\ '�2�Texto de globo Car CJOJQJ^JaJmH sH tH ^��^ �2� Body Text 24)$��5$9D]��a$CJaJmH $sH $tH ~��~ �2�estilo10*����d�����5$7$8$9DH$]��^��%B*CJOJ QJ aJmH phsH tH �I��,�2�Encabezado de mensajew+�n���$d%d&d'd-D5$7$8$9DH$M� ��N��O��P��Q��^�n`���CJOJQJaJmH sH tH x�/���x +�2�Encabezado de mensaje Car-CJOJQJaJfHmH q� ��sH tH zC�z.�2�Sangr�a de texto normal-��x5$7$8$9DH$^�CJaJmH sH tH b�/���b -�2�Sangr�a de texto normal CarCJaJmH sH tH zN��z 0�2�%Texto independiente primera sangr�a 2/�h�h�^�h`�hj��j /�2�)Texto independiente primera sangr�a 2 Carl�l �2� P�rrafo de lista1��5$7$8$9DH$^��m$CJaJmH sH tH p�"p �2�Texto independiente 222$��dh^��a$@���CJOJQJtH �R2� 4�2�Sangr�a 2 de t. independiente$3�d��x5$7$8$9DH$^�CJaJmH sH tH n�/��An 3�2�!Sangr�a 2 de t. independiente CarCJaJmH sH tH >W ��Q> �2�Texto en negrita5�\�Z�bZ �2� Plain Text165$7$8$9DH$OJPJQJmH sH tH tP@rt 8�2�Texto independiente 27d��x5$7$8$9DH$CJaJmH sH tH ^�/���^ 7�2�Texto independiente 2 CarCJaJmH sH tH V�/���V �2�Default 97$8$H$!B*CJ_HaJmH phsH tH n��n �2� Profesi�n&:$ �ndh5$7$8$9DH$a$5�CJ OJQJmH $sH $tH V�/���V �2��Texto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car,texto de nota al pie Car1,Footnote Text Char Char Char Car Car Car Car1,FA Car1,Ref. de nota al pie1 CarOJ QJ _HmH sH tH b^�b �2�0 Normal (Web) <�d�d5$7$8$9DH$[$\$CJaJmH $sH $(�/���( �2�i_aj16�]�4�/���4 �2� letra14pt1CJaJB�o���B �2�apple-converted-space<U`��< �2�0 Hiperv�nculo >*B*ph�N� ��N �2� Sin espaciadoACJ_HaJmH sH tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� 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DIREDOCSCatalina Maria Manrique2Microsoft Office Word@@@H�R��@H�R���ρ����՜.��+,��D��՜.��+,��,� hp|��� ���� � ��N�  T�tulo� 8@ _PID_HLINKS�Al�LNBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-245-96.htmMKBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-244-96.htmOHBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1996/C-004-96.htmCEBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-248-94.htmHBBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-213-94.htmN?Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-176-94.htmY<Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/T-097-94.htm]9Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-561-93.htmT6Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-538-93.htm]3Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-450-93.htm]0Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-420-93.htmK-Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-411-93.htmM*Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-390-93.htm_'Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-375-93.htm_$Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-274-93.htmY!Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-272-93.htmZBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-162-93.htm]Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/T-145-93.htmMBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1993/C-053-93.htmCBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/C-599-92.htm\Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-581-92.htmXBhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-525-92.htm] Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-520-92.htm] Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-500-92.htm]Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-471-92.htm_Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-463-92.htm\Bhttp://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-460-92.htm  !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~���������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �FЏ"�R����Data �������������1Table����� PWordDocument����C SummaryInformation(�������������DocumentSummaryInformation8����������CompObj������������v������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������ ���� �F$Documento de Microsoft Word 97-2003 MSWordDocWord.Document.8�9�q