Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 17-001-31-10-003-2016-00217-02.

Sala: SALA CIVIL - FAMILIA

Ponente: Angela María Puerta Cardenas

Fecha: 2017-08-15

Sujetos procesales: DEMANDANTE: C.A.S. \

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Rad: 17-001-31-10-003-2016-00217-02. I. OBJETO DE LA DECISI�N Procede entonces la Sala a adoptar la decisi�n que en derecho corresponda, se precisa que los antecedentes son conocidos por ustedes y conocen los detalles del proceso, entonces por preverlo as� el CG.P., no se volver� sobre los antecedentes, sabemos bien que lo que se pretende por parte del demandante, es que se declara la existencia de la uni�n marital que tuvo con el se�or Carlos Arturo y que se declare la consecuente patrimonial, respecto de lo cual la parte demandada se opone, aduciendo que no existi�.

III. CONSIDERACIONES 3.1. Para la Sala el Problema Jur�dico a dilucidar es Si con el l�mite impuesto en el art�culo 328 del C.G.P debe establecerse si, como lo afirma el recurrente, incurri� el sentenciador en la falencia probatoria que se le atribuye, esto es, la de omitir valorar la documental y hacerlo de manera parcializada e incoherente como lo anunci� en sus reparos, respecto de la prueba testimonial, as� como determinar, si como lo pregona el mismo recurrente, se acreditaron por ese extremo de la Litis, los supuestos axiol�gicos invocados como constitutivos de la uni�n marital de hecho y la sociedad patrimonial que afirma la parte demandante haber existido entre �l y el ya fallecido Carlos Arturo Salazar Pati�o. 3.3.

Supuestos jur�dicos 3.3.1 De conformidad con el art. 1 de la ley 54 de 1990 y atendiendo al condicionamiento de la Corte Constitucional en sentencia C-075 de 2007, en palabras de la Corte Suprema de Justicia ��hay uni�n marital de hecho cuando se da una comunidad de vida entre dos personas, de igual o diferente sexo, con �nimo de singularidad y permanencia� (SC de 15 de noviembre de 2012, rad. 2008-00322-01, ratificada en sentencia SC10561-2014), donde se agrega que esta sociedad, se constituye por la �concatenaci�n de actos emanados de la voluntad libre y espont�nea de los compa�eros permanentes, con el fin de aunar esfuerzos en pos de un bienestar com�n�, y � presupone la conciencia de que forman un n�cleo familiar, exteriorizado en la convivencia y la participaci�n en todos los aspectos esenciales de su existencia, dispens�ndose afecto y socorro, guard�ndose mutuo respeto, propendiendo por el crecimiento personal, social y profesional del otro� (SC 5 de agosto de 2013, exp 2008 -00084-02 y reiterada en SC 4499 de 2015) Acentuando entonces en esa misma definici�n un presupuesto esencial de esa uni�n, como lo es el de singularidad, el que se refiere �al n�mero de lig�menes o uniones maritales y no a la condici�n sui generis de la relaci�n; esto es, la exigencia es que no haya en ninguno de los compa�eros permanentes m�s uniones maritales que la que los ata, la que, en consecuencia, ha de ser exclusiva.

Porque si uno de ellos, o los dos, sostienen no s�lo esa uni�n sino otra u otras con terceras personas, se convierte en una circunstancia que impide la configuraci�n del fen�meno� (Cas. Civ., sentencia de 20 de septiembre de 2000, expediente No. 6117). De tal suerte, que esa instituci�n excluye de por s� �que alguien pueda compartir toda la vida� con m�s de una pareja�, lo que comporta que �la ausencia de singularidad para el momento en el que se pretende haya de surgir una uni�n marital de hecho, es circunstancia suficiente para impedir que, jur�dicamente, pueda ten�rsele como tal (Cas.

Civ., sentencia de 12 de diciembre de 2001, expediente No. -2003-01261-01) pues la ley s�lo le otorga efectos civiles a la uni�n marital de hecho cuando �deviene indicativa de una sola relaci�n; es decir, la realidad de la uni�n marital de hecho entre compa�eros puede pregonarse siempre y cuando no concurra, por los mismos per�odos, otra de similar naturaleza y caracter�sticas, entendiendo como tal la simultaneidad de ataduras, permanente y simple; eventualidad que, seg�n las circunstancias, comportar�a la destrucci�n de cualquiera de ellas � de ambas, impidiendo, subsecuentemente, el nacimiento de un nexo de ese linaje� (Sent.

Cas. Civ., 18 de diciembre de 2012, Exp. 2007 00313 01). 3.3.2 Otro aspecto a analizar es que, seg�n el art. 2 de la Ley 54 de 1994, modificado por el 1 de la Ley 979 de 2005, la sociedad patrimonial entre compa�eros permanentes, se presume y hay lugar a declararla, cuando la uni�n ha subsistido por dos a�os y que de estar impedido cualquiera de los compa�eros permanentes para contraer matrimonio, se hayan disuelto sus sociedades conyugales, as� no las hubieran liquidado (sentencia C 700 octubre 16 de 2013), por lo que de constituirse tal sociedad, comienza a partir de la disoluci�n de la sociedad conyugal surgida de un matrimonio anterior. 3.3.3 Otro aspecto es al que alude a los principios de necesidad y carga de la prueba, consagrados en los arts. 164 y 167 del CGP, se desprende que quien pretende le sea reconocido el derecho que invoca debe acreditar los supuestos que los constituyen y a quien se le reclama, el de probar los de su excepci�n o defensa; actividad que se desarrolla atendiendo el procedimiento probatorio que atribuye a cada uno de los sujetos procesales un actuar determinado seg�n se trate de aportaci�n, aducci�n, practica o valoraci�n, �ltima labor que le corresponde al juez, bajo las reglas de la sana cr�tica y haciendo conocidos los razonamientos que realiza para cada prueba, -art. 176 del C.G.P-, lo que hace evidente que practicadas las pruebas �stas pertenecen al proceso y no a quien las solicit�, comunidad que las hace servir a todas las partes que intervienen en �l. 3.3.4 Por �ltimo de los presupuestos jur�dicos es lo que corresponde con la valoraci�n de la prueba testimonial, debe tenerse en cuenta en el declarante que su exposici�n sea espontanea, exacta y completa, debiendo exponer �� la raz�n de la ciencia de su dicho� y explicar �las circunstancias de tiempo, modo y lugar� en las que ellos tuvieron ocurrencia y, adem�s, la forma como llegaron a "su conocimiento".

(CSJ. Cas. Civil, sentencia del 9 de junio de 2015 exp SC 16929) y en todo caso, cuando se presenten testimonios divergentes y en ejercicio de las reglas de la sana critica�corresponde al juzgador dentro de su restringida libertad y soberan�a probatoria y en ejercicio de las facultades propias de las reglas de la sana cr�tica establecer su mayor o menor credibilidad, pudiendo escoger a un grupo como fundamento de la decisi�n desechando otro�� y no a la parte por raz�n de haberlos solicitado � Ver por ejem.

Cas Civ. 11 de nov.1998 exp.5281, reiterada en las de 30 de nov. de 2005 exp.8788, 26 de junio de 2008 exp.0055, 25 de mayo de 2010 exp.2004-00556-01 y 2 de diciembre de 2011, exp. 2005-00050-01 3.4 Del caso en concreto 3.4.1 Del tr�mite surtido en primera instancia se logra evidenciar que el a-quo, omiti� resolver sobre la tacha propuesta por los extremos de la Litis frente a algunos testigos, antes de proseguir con el an�lisis de la prueba, es necesario resolver sobre tales peticiones a efectos de dejar establecido, si los mismos van a hacer analizados y en qu� t�rminos, para lo cual se tiene que: (i) Plante� el apoderado de la parte demandada tacha frente al testigo James Robinson G�mez L�pez, con sustento en que �ste ten�a parentesco con el demandante ya que era su t�o; sin embargo, su discrepancia no encuentra sustento alguno, pues bien es sabido que en asuntos de familia a diferencia de otros tr�mites, dada la naturaleza de los conflictos que ah� se discuten, la declaraci�n de familiares se torna relevante, pues quien m�s que sus miembros para tener conocimiento de aspectos que s�lo se revelan en la intimidad de ese entorno. Ahora, del contexto de la declaraci�n no se desprende que el testigo fuera incoherente en su relato, por el contrario, denot� claridad y espontaneidad en el mismo, lo que implica que la tacha propuesta frente a �l no sea acogida.

(ii) Aunque el apoderado de la parte demandante, en la declaraci�n de Juan Guillermo Alzate Salazar, refiri� �se tacha de conformidad con el inciso segundo del art�culo 211 del C�digo General del Proceso el testimonio del testigo que va a declarar en estos momentos, inclusive los anteriores, por cuanto el C�digo General del Proceso actual no dice que tenga que ser antes como lo dec�a el C�digo de Procedimiento civil, el actual art�culo dice que la tacha deber� formularse con expresi�n de las razones en que se funda y no dice que tenga que ser antes, entonces en este momento tacho de sospechosas las declaraciones no solo de �l, sino las anteriores en virtud del inciso segundo del art�culo 211 del C�digo General del Proceso y con el fin de que sean apreciadas circunstancias en la sentencia como bien lo establece la norma��, deviene que aunque de su manifestaci�n, se infiere que lo que quiso fue tachar a ese declarante y a los que le hab�an precedido, encuentra esta Corporaci�n que su solicitud es improcedente, pues como �l lo refiri� el art. 211 del C.G.P. exige que en la proposici�n de la tacha se aduzcan las razones en las que se fundan, pero del contexto de su intervenci�n, la cual se acab� de trascribir, se extrae que ninguna se plante� en ese sentido, lo que implica que la misma, se declare impr�spera. 3.4.2.

Seguimos ahora, frente a hechos relevantes que aparecen probados y que no ofrecieron discusi�n a las partes (i) El se�or Carlos Arturo Salazar Pati�o, de quien pregona el demandante fue su compa�ero permanente, despu�s de permanecer por largos a�os en Estados Unidos (40 en el decir de los demandados) decidi� volver a vivir en Colombia, concretamente en Manizales, regresando a finales de 2002 y residenci�ndose en un apartamento de su propiedad ubicado en la carrera 23 No. 49-71 apartamento 1103 Edificio Plaza 51 que hab�a adquirido en el a�o 1998, el cual hizo desocupar y refaccionar para tal efecto, por lo que su mudanza all� se suscit� entre marzo y abril de 2003, aproximadamente; entre tanto permaneci� en la casa de una de sus hermanas.

(ii) Otro hecho que tampoco ofrece discusi�n es que poco tiempo despu�s de su llegada y ante la necesidad de que un tercero manejara su carro y por ende lo transportara, le fue presentado por su hermano Hernando Octavio Salazar Pati�o el se�or demandante, quien efectivamente desde entonces colabor� con tales menesteres, lo que no fue en lo �nico que intervino. Fue en esa forma y para esa �poca, entonces, como se conocieron los mencionados.

(iii) La residencia en Manizales del se�or Salazar Pati�o fue interrumpida por espacio aproximado de un a�o, aproximadamente en el 2006, aparentemente, tiempo durante el cual vivi� en Bogot� D.C. en el apartamento de su hermano Hernando Octavio, lugar donde tambi�n vivi� por la misma �poca el demandante. En la etapa final de la estad�a del se�or Carlos Arturo all�, tambi�n ocup� el mismo apartamento su due�o, �sea el se�or Hernado Octavio.

(iv) Luego de adoptar la decisi�n de dejar la ciudad de Bogot�, el mencionado se�or, osea Carlos Arturo, adquiri� una caba�a en el sector de Sant�gueda en la que residi� por un tiempo mientras le desocupaban de nuevo el apartamento; posteriormente continu� us�ndola como lugar de paseo y encuentro con familiares y amigos, hasta que la vendi� en el a�o 2011.

(v) Desde el a�o 2010 el se�or Carlos Arturo vio menguada su salud y falleci� en esta ciudad de Manizales el 10 de mayo de 2015 como consecuencia de un c�ncer de pr�stata, durante toda esta �poca la persona que lo acompa�� sin falta a cumplir con sus citas m�dicas y que le colabor� con todos los tr�mites referentes a consecuci�n de citas, reclamo de medicamentos, autorizaciones, atenciones a su salud y todos los necesarios para obtener los servicios m�dicos por aqu�l requeridos fue exclusivamente el actor.

Se dice que no hay discusi�n alguna por cuanto o bien fueron hechos aceptados al contestar la demanda o hicieron expresa manifestaci�n de ellos en los interrogatorios de parte absueltos por los demandados; igualmente a ello refirieron la totalidad de los testigos de ambas partes. Ciertamente los hechos antes rese�ados por si solos no permiten estructurar los presupuestos para declarar la existencia de la uni�n marital de hecho y la consecuente sociedad patrimonial entre compa�eros permanentes, empero, como se ver� enseguida, la totalidad de la prueba recaudada permite colegir que luego que el se�or Carlos Arturo volviera del exterior para residenciarse en Manizales y que obtuviera la colaboraci�n del se�or Juli�n Andr�s Rend�n Ladino para que le manejara su carro y lo transportara a hacer sus vueltas, la relaci�n que fluy� entre ellos fue cada vez m�s cercana al punto que se convirti� en una relaci�n sentimental de pareja y posterior convivencia, es decir, una uni�n marital que por haber permanecido en el tiempo gener� efectos patrimoniales entre los compa�eros permanentes. 3.4.3 Las razones f�cticas que sustentan la tesis conforme al an�lisis probatorio que acomete la Sala, son las siguientes: Confrontada�la motivaci�n de la sentencia confutada con los reparos de la parte impugnante, se logra evidenciar que en efecto el juzgador no valor� de manera conjunta los medios probatorios obrantes en el plenario, am�n que no sustent� la raz�n por la que desech� gran parte de la prueba documental y no analiz� en contexto la prueba recaudada, en especial la testimonial y los interrogatorios de parte.

De haberlo hecho conforme las reglas de la sana cr�tica, hubiera advertido, como lo hace esta Colegiatura, que pocos a�os despu�s de estar viviendo el se�or Carlos Arturo en su apartamento, lleg� a habitarlo tambi�n el se�or Juli�n Andr�s con quien hab�a conformado una comunidad de vida lo que implic� que desde ese momento compartieron techo, mesa y lecho; juntos continuaron residiendo all� hasta que se fueron a vivir a Bogot� por espacio aproximado de un a�o en un apartamento de propiedad del hermano de aquel, se�or Hernando Octavio Salazar, quien al final de la estancia de aquellos lleg� tambi�n a residir en el mismo lugar.

Luego que se regresaran a esta regi�n y que les fuera desocupado el apartamento, volvieron a habitarlo de manera conjunta y en la misma calidad de compa�eros permanentes, hasta el deceso del se�or Carlos Arturo, momento a partir del cual sigui� viviendo solo pero en el mismo lugar el demandante. Enseguida se acomete un an�lisis de la situaci�n f�ctica que las pruebas revelan, a efectos de acreditar lo que en el p�rrafo anterior se dej� consignado.

V�ase: 3.4.3.1 Aunque en apariencia los testimonios solicitados por la parte demandada y los propios interrogatorios que conforman ese extremo de la Litis, negaron categ�ricamente la existencia de la uni�n marital entre Juli�n Andr�s y Carlos Arturo, en un an�lisis contextualizado con lo informado por el demandante, por los declarantes llamados a su instancia y los indicios que se derivan de algunos hechos probados, se extrae lo contrario.

Ciertamente la aludida relaci�n de pareja no era p�blica como razonablemente lo explic� el demandante, pues Carlos Arturo, a pesar de ser un hombre independiente, era tambi�n reservado; tem�a que su familia y en especial sus hermanas lo recriminaran y rechazaran por su condici�n sexual; estas, dada su posici�n social y edad, ten�an creencias arraigadas en su cultura conservadora, como bien se revel� en sus declaraciones, situaci�n que seg�n las reglas de la experiencia es com�n que se presente, como tambi�n lo es la dificultad que tienen las personas de avanzada edad de asumir su homosexualidad situaci�n que quieren esconder en la medida que les sea posible, contrario a los j�venes que se asumen hoy con mayor facilidad.

Dicho aspecto f�cilmente permite pensar que la preferencia sexual de Carlos Arturo no fuera conocida por los miembros de su familia ni por allegados a ella, o si sospechada, no era aceptada de manera abierta, aspecto que obligaba al juzgador a que no s�lo se limitara a la expresi�n literal de las declaraciones sino a un b�squeda m�s concienzuda en la prueba; en casos como este no s�lo debe hacerse un an�lisis exhaustivo y coordinado de la prueba recaudada sino que debe aplicarse perspectiva de g�nero, por tratarse de personas que hacen parte de una poblaci�n estereotipada y discriminada. 3.4.3.2 Otro aspecto el segundo es que, no existe sustento en la sentencia de la raz�n por la que el juzgador no tuvo en cuenta los testimonios de los se�ores Jorge Eliecer Echeverry N��ez y Luis Alberto Arango Madro�ero solicitados por el actor; de hecho, contrario a lo que de manera general refiri� respecto a todos aquellos que hab�an sido llamados por este, los nombrados si probaron la existencia de la uni�n marital deprecada.

Es que siendo esos declarantes porteros en el edificio donde se acept� por los demandados y todos los testigos, vivi� siempre Carlos Arturo �sea porteros del edificio Plaza 51 ubicado en la Cr. 23 No. 49-71- su declaraci�n se tornaba relevante, pues aquellos siendo personas que se encontraban por fuera del c�rculo familiar del causante y por la cercan�a que tuvieron con ellos, fueron los que m�s tuvieron cercan�a con �l en su entorno �ntimo; ellos, por obvias razones, pudieron darse cuenta que Juli�n Andr�s en realidad no era un simple visitante asiduo de la vivienda del se�or Carlos Arturo, sino que habitaba ah� de manera permanente.

Es que a pesar que los vigilantes de seguridad no entraban propiamente al apartamento pues su trabajo era estar en la porter�a, si hablaron inclusive de �l advirtiendo que all� hab�a un cuarto, un estudio, una sola cama; es decir, su concepci�n en lo referente a que Juli�n Andr�s conviv�a con Carlos Arturo, que para ellos era de una uni�n de compa�eros permanentes, no pod�a ser desechada sin ninguna justificaci�n como finalmente se hizo el A-quo, m�xime que fueron claros los testificantes en indicar que tiempo despu�s que el causante hubiera llegado de Estados Unidos, el demandante no s�lo era visto por ellos como un simple visitante sino como un habitante m�s de ese apartamento, pernoctaba en ese lugar todos los d�as, llevaba amigos, permanec�a en �l como su residente, entraba y sal�a en compa��a del causante e incluso, cuando en algunas ocasiones llegaban tomados, llegaron a escuchar, los porteros, uno de ellos en especial discusiones entre ellos propias de una pareja; uno de ellos incluso lleg� a advertir muestra de afecto como lo es un beso que se dieron.

Ahora bien, aunque la fecha de inicio no fue uniforme pues uno de aquellos adujo que esa relaci�n de convivencia hab�a comenzado en el 2005, mientras que el otro afirm� que hab�a ocurrido en el 2004, lo cierto es que ello es comprensible, teniendo en cuenta que Carlos Arturo empez� a ocupar el inmueble aproximadamente en marzo o abril de 2003, estando �l reci�n llegado de Estados Unidos y poco despu�s de conocerse con Juli�n, hecho �ste que no ofrece discusi�n; de all� que no fuera de inmediato que se suscit� la convivencia, lo que indica que las fechas dadas por esas personas se encontraron acordes a la realidad, m�xime si se tiene en cuenta que si son terceros ajenas a la relaci�n ente Carlos y Juli�n, no es discordante que no hubieran indicado una fecha exacta del comienzo de la uni�n, por el contrario haberla dado de esa manera, deriva que su declaraci�n se pueda apreciar como espont�nea y no previamente acordada.

Tales declaraciones, en lo esencial resultan coherentes, no incurren en contradicciones may�sculas, son responsivas y denotan amplio conocimiento de los hechos, permitiendo darle credibilidad a las aseveraciones que all� hacen. 3.4.3.3 Otro aspecto, de suma importancia resultan tambi�n los testimonios de los profesionales de la salud que atendieron las patolog�as de c�ncer y control de VIH sufridas por Carlos Arturo, quienes indicaron que durante la �poca de tratamiento -2009 al 2013-, el �nico acompa�ante del paciente era Juli�n Andr�s, quien no s�lo lo llevaba y lo esperaba sino que se encargaba de estar pendiente de sus citas y tratamientos e incluso, por petici�n de Carlos Arturo, en el a�o 2013 Juli�n entr� con �l a consulta con la Dra. Mar�a Isabel Sandoval Garc�a, quien atend�a sus controles por VIH, galena a quien si bien en un principio el propio paciente, le hab�a dicho que Juli�n era como su hijo, en dicha consulta ya le revel� que era su pareja, por lo que recomend� a este �ltimo que se hiciera una prueba para descartar que fuera portador de la enfermedad.

Es de la sana cr�tica que a una consulta de estas uno no entre con una persona que no sea muy cercana a uno, lo que si resulta l�gico es que entre con su compa�era permanente En igual sentido lo inform� la radio terapista Claudia Isabel Montenegro M�ndez, pues sostuvo que en el a�o 2013, conoci� a Carlos Arturo por ser su paciente y a Juli�n porque siempre lo acompa�aba, enter�ndose por �ste �ltimo que ellos eran pareja.

Por �ltimo el Dr. Hern�n Dar�o Salazar Piedrahita, refiri� que siendo el onc�logo radi�logo de Carlos Arturo por el c�ncer de pr�stata que padec�a, en el 2009 conoci� a Juli�n quien lo llevaba a consulta y al final de la enfermedad lo acompa�aba a la misma, era su �acompa�ante permanente� y aunque a �l su paciente no le cont� de la relaci�n de pareja, una auxiliar de su consultorio, Luisa Fernanda Ram�rez, en �chismes de pasillo� se lo coment�.

En su declaraci�n, �sea en la de Luisa Fernanda, esta afirm� haber conocido de ese hecho porque aunque en un principio pens� que Juli�n era el hijo de Carlos Arturo, alguna vez ella le pregunto al paciente que si �al hijo le entregaba las �rdenes para tramit�rselas y �l fue el que me dijo que era la pareja, que le entregara las �rdenes a la pareja�, o sea a Juli�n Andr�s, a quien finalmente se las entreg�.

Si bien estos testimonios no informaban del tiempo que llevaban, si era exclusiva la relaci�n, de donde viv�an, en fin todos los detalles acerca de la pareja, lo cierto es que dan cuenta de la existencia de la relaci�n sentimental y era esa la visi�n que ten�an de ellos, lo que aunado a la puntual declaraci�n de los porteros y otras que enseguida se traer�n a colaci�n, de documentos obrantes a la foliatura e incluso de los indicios que tambi�n se se�alar�n a continuaci�n, conducen certeza acerca de que, contrario a lo que pretendieron hacer ver los demandados, la relaci�n de Juli�n con Carlos Arturo no era solo de amistad y agradecimiento, tampoco lo era laboral, sino una uni�n marital de hecho que perdur� por varios a�os.

Cabe decir de dichos testigos, que adem�s de ser responsivos y coherentes, no se avizora alg�n motivo por el que pudieran faltar a la verdad, por el que quisieran beneficiar al se�or demandante, no resultan forzadas ni aluden a temas que no tuvieran porque estar en su conocimiento, permitiendo derivar de ellas m�rito probatorio en sustento de la tesis que se defiende, como se dijiera en este proceso, qu� raz�n tendr�an de mentir los m�dicos del se�or Carlos Arturo. 3.4.3.4 Ahora aunque los testimonios de los se�ores James Robins�n G�mez L�pez y Lina Mar�a Rend�n, provienen de familiares cercanos a Juli�n � esposo de una t�a del demandante y novia de un t�o del mismo, respectivamente, ello no los torna per se, en sospechosos; es m�s, sus dichos concuerdan en lo relevante con la declaraci�n de varios de los testigos de la parte demandada y con la propia evidencia que arrojaron las declaraciones de los convocados.

V�ase: Expuso el se�or James R�binson que estando en su casa en el 2003, el d�a de la final del Once Caldas por lo que tiene muy presente la �poca, le fue presentado por Juli�n Andr�s el se�or Carlos Arturo quien hab�a llegado de Estados Unidos y para el que aqu�l iba a trabajar manej�ndole el carro; para ese entonces no eran pareja pero la relaci�n se hizo muy estrecha y despu�s lo fueron como a los dos a�os y medio o tres.

Dice tener conocimiento de la convivencia entre aquellos por hab�rselo confirmado el mismo Carlos Arturo, el que lleg� a ser muy amigo suyo, compart�an en la casa del testigo tomando aguardiente, frecuentaba con asiduidad el apartamento donde aquellos viv�an, fue tambi�n a la finca en Sant�gueda que tuvo el difunto. Sabe que la pareja nunca se separ�, que no s�lo vivieron en Manizales sino tambi�n en Bogot� y que la uni�n perdur� hasta la muerte de �ste.

Conoci� el apartamento de la pareja en el que s�lo hab�a una cama que era la compartida por ellos. Tambi�n manifest� que conoce al se�or Hernando Octavio hermano de Carlos Arturo, corroborando que la pareja se conoci� porque este los present�, que los tres vivieron en Bogot� en el mismo apartamento, que explica la raz�n porque al ser preguntado acerca del por qu� el se�or Hernando negar�a tener conocimiento de la relaci�n de su hermano con Juli�n, dijo: �no veo como uno pueda negar algo que se ve a ojos vistos�, expresi�n coloquial que denota sinceridad en las aseveraciones al respecto hechas.

Este testigo, aunque reconoce que algunos meses antes del fallecimiento de Carlos Arturo Juli�n, tuvo tambi�n un noviazgo con una se�ora Paula Andrea, no por ello la convivencia entre ellos hab�a cesado, de hecho fue Juli�n el �nico que lo asisti� en su enfermedad, el que se encargaba de las citas, de llevarlo, de gestionar todo lo pertinente para su salud.

La se�ora Rend�n Trujillo tambi�n fue clara en manifestar el conocimiento de la relaci�n de convivencia como pareja que ten�an Carlos Arturo y Juli�n Andr�s; que la �nica pareja permanente que tuvo este fue aquel. Preguntada de si ellos se presentaban como compa�eros permanentes frente a las dem�s personas, expuso que siempre estaban juntos, para donde iba uno iba el otro pero no se presentaban como novios o como tales.

Dado que ella era enfermera les colabor� como tal en la enfermedad de Carlos Arturo, a llevarle o aplicarle medicamentos, colaborar en la consecuci�n de citas; de esta forma conoci� el apartamento donde resid�an aquellos. Ambos declarantes, a pesar de tener cierta relaci�n familiar con el demandante (tio pol�tico uno y novia de otro t�o la otra), no por ello resultan sospechosos, am�n que es claro el conocimiento amplio que ten�an de los hechos, el que da precisamente ese tipo de cercan�a permiten; no denotan marcado �nimo de favorecimiento, sus respuestas no devienen forzadas, lo que permite derivar de sus dichos m�rito probatorio; importante resulta que coinciden en muchos detales de la vida de Carlos Arturo, inclusive Juli�n que fueron referenciados por los demandados en sus interrogatorios o lo que se dijo al contestar la demanda. 3.4.3.5 Otro medio suasorio que da certeza de que Juli�n Andr�s resid�a en el mismo apartamento con el se�or Carlos Arturo como su pareja y que no fue valorado por el Juzgador fue la prueba documental.

Es as� como obran en el plenario, extractos del fondo de pensiones ING (Fols 27-34 C. Juzgado) y del fondo de Pensiones y Cesant�as Protecci�n (Fls. 36-38 C. Juzgado) dirigidos al se�or Rend�n Ladino, que tienen impresa como direcci�n de este la del apartamento de propiedad de Carlos Arturo. As� pues el hecho de reportar como sitio de recibo de correspondencia el inmueble en menci�n, constituye un indicio de vivir all�, pues es m�xima de la experiencia que cuando se reporta una direcci�n residencial y para diferentes prop�sitos, es porque la persona vive all�.

As� mismo existen varias facturas de compra o servicios a nombre de aquel en las que figura como direcci�n del adquiriente la del inmueble en menci�n, como son: - el documento rese�ado como �Declaraci�n y pago de impuestos de veh�culo� (motocicleta de propiedad del actor) realizada el 19 de marzo de 2013 (Fl. 26 C. Juzgado); - sendas facturas de venta de Telares Medell�n del 23 y 27 de diciembre de 2014, respectivamente (Fls. 22-23 C. Juzgado); -factura expedida por Radios & Rines S.A. de una llanta datada el 17 de junio de 2011.

Tambi�n obra una constancia de radicaci�n de queja ante COMCEL el 14 de noviembre de 2011 por parte del demandante, en la que se indica como direcci�n para recibir respuesta la del mismo apartamento (Fl. 43 C. Juzgado) Igualmente se evidencian copias de �Formato �nico de Transacci�n� de la casa de cambios Cambiamos S. A. que dan cuenta de transacciones realizadas tanto por Carlos Arturo como por Juli�n Andr�s en el a�o 2006, en las que ambos reportan como direcci�n de residencia la Calle 61 3-14 CA 102 en Bogot� y el tel�fono fijo, que fue la direcci�n donde ellos vivieron durante el t�rmino aproximado de un a�o en la ciudad de Bogot�, hecho que no est� en discusi�n. Fueron aportados, adem�s: - Factura de venta expedida por el hotel Ibis en Medell�n a nombre de Juli�n Andr�s Rend�n Ladino por el alojamiento all� en la noche del 20 de enero de 2013 en habitaci�n para dos personas, en la que se se�ala como direcci�n del usuario la del apartamento donde resid�an en Manizales (Fl. 21 C. Juzgado); - Estado de cuenta expedido por la Administradora Hotelera Dann Ltda., a nombre del se�or Carlos Arturo Salazar Pati�o por la estad�a suya y la de Juli�n Andr�s Rend�n Ladino del 3 al 6 de diciembre de 2004 en la habitaci�n 307.

El primero de tales documentos revela, igual que los anteriores rese�ados, que la direcci�n de residencia del demandante era la misma donde viv�a el difunto Carlos Arturo; el segundo permite colegir la relaci�n sentimental ya existente para esa �poca entre la pareja Salazar � Rend�n, pues un hombre de las caracter�sticas de Carlos Arturo: mayor, serio, reservado y con capacidad econ�mica, no se quedar�a con un joven que simplemente le hace el favor de manejarle su auto y hacerle sus vueltas, en una misma habitaci�n de un importante hotel y por varias noches.

En el tema de la llegada de la correspondencia a Juli�n en tal apartamento, vale la pena resaltar que la se�ora Mar�a Gloria Salazar, hermana del difunto Carlos, refiri� en su interrogatorio que Juli�n dec�a que viv�a en el apartamento de este y que le estaba llegando la correspondencia all� y que aunque ella requiri� a su hermano para que no lo siguiera permitiendo, �ste no tom� cartas en el asunto; permisi�n indicativa que le resultaba normal esa situaci�n que solo se explica por la convivencia entre Arturo y Juli�n, pero que no pod�a ponerla en evidencia de su hermana ya que como se pudo concluir de otras pruebas testimoniales y del interrogatorio de parte del demandante, �l nunca quiso que sus hermanas, se enteraran por su cuenta de esa convivencia, lo que finalmente no le fue tal dif�cil, pues todos los testimonios de sus familiares revelan que ellos iban a visitarlo muy espor�dicamente a su apartamento y cuando lo hac�an era porque �l los invitaba, ocasiones en las que alguna de ellas o muchas, estuvo presente Juli�n. Respecto de lo que se anuncia por parte apoderado de la parte demanda, de que era con el �nimo tal vez de fingir otra direcci�n, pues no se explica frente a facturas de ventas que uno quiere esconder la direcci�n real o que la de en la ciudad de Medell�n, no resulta de recibo para la Sala.

La prueba documental analizada, en especial la correspondencia que de manera peri�dica le llegaba a Juli�n, en cambio constituye un indicio, que para ese periodo, era tambi�n habitante del inmueble al que correspond�a la direcci�n en ella se�alada y el serlo, es un inmejorable indicio acerca de la convivencia con el se�or Carlos Arturo, lo que refuerza la tesis que se viene desarrollando.

Llama la atenci�n este juez plural, acerca de lo revelador frente a la uni�n marital objeto de este proceso tema, el mensaje que la sobrina de Carlos Arturo, (Gloria Marcela Alzate Salazar) le mand� a Juli�n Andr�s v�a whatsApp, reconocido por �sta en su declaraci�n igual que su contenido, ustedes recordaran y no es necesario traerlo a colaci�n lo que en ella se dijo, de lo que se extracta que ah� se denota que se conoc�a por parte de la familia que el pudiera tener derechos, lo que se explica si que no es acorde con la sana cr�tica que en la concepci�n de los familiares del fallecido Carlos Arturo, se tuviera la perspectiva que el aqu� demandante ten�a derechos de no ser, porque exist�a alguna relaci�n sentimental con su t�o con efectos patrimoniales.

Aunque la remitente en su declaraci�n trat� de explicar su mansaje en el hecho que la familia pensaba que por haber sido tan cercano Juli�n a su t�o este le pudo haber dejado algo pero no como pareja, su elucidaci�n luce a�n m�s contradictoria, pues no es coherente que se le pida permiso para entrar a alguien que supuestamente no viv�a en el apartamento, esa clase de deferencias s�lo revela que la familia de Carlos Arturo o cuando menos algunos de ellos, como lo es la que dirigi� el mensaje sab�an que Juli�n viv�a con �ste. 3.4.3.6 En esta tarea de valoraci�n probatoria, evidencia la Sala que tanto en las deponencias de los hermanos de Carlos Arturo: Octavio, Mar�a Gloria y Adiela, en las de sus sobrinos y cu�ada: Gloria Marcela y Juan Guillermo �lzate Salazar y Mayerly Latorre Mendieta, incluso en la que rindi� quien se adujo haber realizado labores dom�sticas en la casa del de cujus: Martha Rocio L�pez Aguirre, as� como de quien dijo haber sido compa�era permanente del demandante, Paula Andrea Botero Casta�o, informan �stos de manera constante y un�nime que Juli�n Andr�s, tiempo despu�s de que conoci� a Carlos Arturo en el a�o 2003 y lo m�s relevante a�n sin que mediara una relaci�n laboral, �ste se convirti� en su acompa�ante asiduo, pues lo trasportaba en el veh�culo de aquel, le hac�a las vueltas que necesitaba como comprar medicamentos, acompa�arlo a citas m�dicas y realizar otras diligencias; sal�a a divertirse en su compa��a, permanec�a con �l, toda su familia sin excepci�n lo conoc�a y o�an de �l, que era su mano derecha, adem�s de ser un tema continuo en sus charlas; m�s relevante aun, viajaba con �l en planes de esparcimiento como a Medell�n, Armenia, Bogot�, a la costa de Colombia; era un part�cipe constante en las reuniones familiares y en la finca que Carlos Arturo tuvo hasta el 2011 en Santagueda, incluso que dispon�a de sus bienes.

Respecto de la preferencia del se�or Carlos Arturo por mantener y vivir solo, de su rigidez, seriedad y lo reservado que era, as� como de lo celoso que era con sus bienes, obran declaraciones que considera la Sala relevante resaltar: La testigo Gloria Marcela Alzate Salazar, sobrina del difunto, dijo: �Mi t�o era una persona muy reservada, mi t�o no le gustaba que se le metieran en la vida de �l, como �l vivi� 40 a�os en Estados unidos independiente total, pues o sea mi t�o no le gustaba ni que nos le meti�ramos pues all�, �l incluso llegaba muchas veces bravo porque �ah que vea que Juli�n que se me llev� el carro anoche, que rabia a m� no me gusta�, entonces nosotros ni siquiera nos atrev�amos pues a meternos como en eso porque precisamente por lo independiente que era no le conoc�amos pues as� como su vida, no�.

Tambi�n el se�or Juan Guillermo Alzate Salazar (sobrino) dijo: �Juli�n Andr�s apareci� en la vida del t�o m�o, ayud�ndole como le cuento a hacer toda esta cantidad de actividades, Juli�n Andr�s se convirti� para mi t�o en una persona de confianza, yo tuve la oportunidad de conocerlo, Juli�n Andr�s sabe claramente, usted lo sabe claramente que esa relaci�n que se ten�a era una relaci�n m�s de confianza; en varias oportunidades tuve la posibilidad de compartir con �l, inclusive con mi t�o, porque yo inclusive muchas veces me encontraba en la calle, en el carro, y ellos dos me llevaban en el carro�, posteriormente dice �, sin embargo tengo que admitir ac�, aprovechando este espacio para reconocer que en el tiempo que la relaci�n de los dos era supremamente tirante, mi t�o era una persona supremamente independiente, cuando una persona vive sola durante tantos a�os y lo digo yo porque tambi�n vivo solo, nos volvemos muy independientes, mi t�o era una persona que por su psicolog�a y por su manera de ser pr�cticamente era una persona que no, nunca convivir�a con nadie, en absoluto, ni siquiera con un familiar porque �l era una persona supremamente independiente,� m�s adelante dice � y muchas veces en muchas oportunidades mi t�o se ve�a supremamente alterado por qu� raz�n? Porque muchas veces me comentaba Carlos Arturo, me comentaba totalmente salido de la ropa como se dice por ah�, que se le llevaba el carro al escondido, que esperaba que se durmiera, cog�a las llaves y se iba en �l, recuerdo que una vez fui y fuimos al carro y estaba totalmente sucio �este se�or se me fue pues con el carro y qu�, ni siquiera me avis�, esper� a que yo me durmiera�, entonces dice diciendo que � la relaci�n era muy tirante� En efecto, no es ajustado a la sana cr�tica que se insista por los testigos, los que acabe de referenciar, que el se�or Juli�n no viv�a en el apartamento de Carlos Arturo, pero que s� dispusiera de lo suyo cuando le viniera en gana; que el carro se lo cogiera luego que �l se durmiera, pues es obvio que para enterarse que se hab�a dormido ya, era porque el tambi�n resid�a all�, �de qu� otra forma pudiera hacerlo? Tambi�n es contrario a la sana l�gica que una persona de quien se adujo era sicorr�gida, independiente y celosa con sus bienes, como dicen los deponentes lo era el se�or Carlos Arturo, permitiera que alguien que no era de su familia y que no ten�a ninguna relaci�n laboral con �l, ya que esto �ltimo fue negado por todos los demandados, siguiera abusando de su confianza en cuanto prosegu�a tom�ndose esas atribuciones.

Y no se diga que Carlos Arturo no prescind�a de �l porque lo necesitaba como lo trat� de plantear su familia, pues por muy � metel�n� que fuera como lo expresaron sobrinos y hermanas, utilizando ese t�rmino, no es concebible que dicho se�or, permitiera que siguiera a su lado y de una manera tan cercana cuando esas labores las pod�a hacer f�cilmente otra persona que respetara sus propiedades y privacidad; ello no tiene ninguna otra explicaci�n a que sucediera por ser su compa�ero permanente.

Otro aspecto conexo con lo que se viene argumentando es que el codemandado Hernando Octavio en su interrogatorio trat� de hacer ver que cuando su hermano Carlos Arturo, se fue a vivir a Bogot� durante aproximadamente un a�o entre el 2006 y el 2007, lo hizo s�lo y que Juli�n Andr�s se le apareci� all� sin ninguna explicaci�n, pero no como su pareja sino como su acompa�ante, situaci�n que tambi�n se erige como un indicio, pues no resulta l�gico que estando Carlos all� y no teniendo ninguna relaci�n con Juli�n aceptara que �ste se le apareciera y lo recibiera en su apartamento donde tambi�n residi� pues as� lo acept� el declarante; m�s extra�o a�n que habiendo ayudado �ste para que el joven consiguiera trabajo, �sea Carlos Arturo a Juli�n, como tambi�n lo fue declarado, luego que Carlos decidiera volverse a residenciar en Manizales, tambi�n lo hubiera hecho Juli�n, tal situaci�n s�lo se explica por la convivencia como pareja que ten�an. 3.4.3.7 Que los demandados trataran de hacer ver que Juli�n Andr�s, tuvo relaciones de noviazgo con otras mujeres, con excepci�n de Paula Andrea de la que se s� obra prueba, no desfigura la convivencia permanente que se pudo establecer existi� entre Juli�n y Carlos, pues adem�s que sospechoso resulta para la Sala, que aunque los demandados en su gran mayor�a afirmaran que no conoc�an de la vida de Juli�n porque ni siquiera les interesaba, informaran con lujo de detalles que conocieron a sus novias dando sus nombres y apellidos, de haber sido as�, ya que no existe prueba de ello, esa situaciones devendr�an en relaciones espor�dicas de infidelidad, que no desdibuja la uni�n marital de hecho conformada, pues aceptar lo contrario implicar�a que relaciones ocasionales, sin ninguna motivaci�n clara a establecerse como permanentes, fueran suficientes para dar por terminada una uni�n permanente, cuando la finalizaci�n de la misma s�lo deviene de actos inequ�vocos de los compa�eros de no seguir un proyecto de vida juntos y permanentes, lo que en este caso no ocurri� 3.4.4 A pesar que para la Sala, es evidente que el a-quo desatin� en concluir la inexistencia de la Uni�n Marital de hecho conformada entre los se�ores Juli�n Andr�s y Carlos Arturo, no deviene di�fano que la misma haya iniciado en marzo de 2003 como se inform� en la demanda, pero s� que finiquit� el 10 de mayo de 2015, pues de la prueba testimonial recolectada incluso a instancia de la parte demandante y de lo afirmado por el accionante en su interrogatorio de parte, se colige que el inicio de esa convivencia comenz� el 1 de marzo de 2005 y que la misma perdur� hasta el fallecimiento del compa�ero de actor.

Ello en consideraci�n a que: Insistentemente el actor en su interrogatorio, adujo que la convivencia con el se�or Carlos Arturo, se hab�a iniciado cuando �ste lleg� de Estados Unidos en el 2003, pues luego de que se lo present� el hermano de aquel, de manera inmediata se inici� la misma; sin embargo, de los testimonios que fueron llamados a su instancia, se colige lo contrario: Uno de los porteros del edificio donde se dio la convivencia -Jorge Eliecer Echeverry N��ez- afirm� que Juli�n empez� a vivir en el apartamento de propiedad de Carlos Arturo 2 a�os despu�s de que �l hab�a regresado del aludido pa�s, lo que significa habiendo ocurrido ello en el 2003 que le fue entregado y refaccionado el apartamento, aquel s�lo inici� la convivencia que refiere en la demanda a partir del 2005.

En el mismo sentido declar� su t�o James Robinson G�mez L�pez, testigo �ste que resulta excepcional por el amplio conocimiento que tiene de los hechos, su profunda amistad con la pareja y la manera coherente como hizo su relato, se insiste, desprovisto de apasionamiento o marcado inter�s en beneficiar al actor. Mencion� frente a este t�pico que en el 2003 Juli�n s�lo se propuso manejar el veh�culo de Carlos Arturo y hacerle algunas vueltas; la relaci�n se fue afianzando y fue dos a�os y medio despu�s, aproximadamente, que se estableci� la convivencia. El otro portero del edificio Luis Alberto Arango Madro�ero, tambi�n hizo referencia a que recordaba haber visto a Juli�n desde aproximadamente el 2004, pero s�lo un tiempo despu�s, �l ya permanec�a como un residente m�s en el apartamento de don Carlos Arturo.

De tal suerte que atendiendo que el propio demandante en su interrogatorio dijo que aunque no recordaba con precisi�n la fecha exacta de inici� cre�a que hab�a sido en marzo o mayo y que de los aludidos testimonios se logra extraer que no fue de 2003 como se dijo en la demandada sino del 2005, esta ser� tomado por la Sala como el hito de inicio de la convivencia, am�n que no existe ning�n documento o declaraci�n que respalde la fecha que se afirm� en el escrito genitor, pues la correspondencia que obra en el plenario s�lo data del 2010 en adelante (Fols 27-34 C1) y de los testimonios de los m�dicos tratantes, el conocimiento que de la pareja refirieron tener, s�lo empieza del 2009, ya que s�lo desde ese a�o el Dr. Hern�n Dar�o Salazar refiri� tener como paciente a Carlos Arturo, los dem�s indicaron conocerlo despu�s del 2013.

Ya en lo que corresponde a la fecha de terminaci�n de la relaci�n, s� se encuentra evidencia que la misma, la que corresponda a la del fallecimiento del se�or Carlos Arturo � 10 de mayo de 2015 � (Fol. 40 C1). Ello en raz�n a que, sin desconocer que existe una declaraci�n extrajuicio datada el 15 de enero de 2015, suscrita por el demandante y la se�ora Paula Andrea Botero Casta�o, en la que se expuso que ellos iniciaron una uni�n marital de hecho el 15 de mayo de 2014, documento que por dem�s fue el respaldo de las afiliaciones en salud y caja de compensaci�n familiar de aquella y sus hijos como beneficiarios de Juli�n Andr�s, los que el accionante acept� haber suscrito en su interrogatorio, am�n de admitir la relaci�n sentimental con ella, lo cierto es que de conformidad con el art�culo 2 de la ley 979 de 2005, los �nicos mecanismos para acreditar la declaraci�n de la uni�n marital de hecho son la escritura p�blica ante Notario por mutuo consentimiento de los compa�eros permanentes; el acta de conciliaci�n suscrita por los compa�eros permanentes, en centro legalmente constituido; la sentencia judicial, mediante los medios ordinarios de prueba consagrados en el c�digo procesal civil, de tal suerte, que la declaraci�n extrajuicio aunque se encuentre suscrita por quien aparentemente declar� tener una relaci�n de tal envergadura y pese a las consecuencias que pueda acarear, no es un medio para acreditar la conformaci�n de esa instituci�n; como cualquiera documento merece ser valorado, pero ello no implica que con aquel pueda darse por estructurada una uni�n marital de hecho, puesto que para ello es preciso demostrar de manera inequ�voca los requisitos que para la existencia de ese instituto exige el legislador en la Ley 54 de 1990.

De tal suerte que la afirmaci�n contenida en dicha declaraci�n, no puede tomarse como una plena prueba o presunci�n no desvirtuable de que tal informaci�n corresponda a la verdad frente a la convivencia ah� referida y la fecha de iniciaci�n, o que, en palabras de la Corte Suprema de Justicia �constituya un imperativo ineludible para que�. el juez en la respectiva sentencia en la que se discuta el tema, deban estimarla como v�lida y darle eficacia a lo as� declarado� pues otra vez la Corte �la falta de demostraci�n no se supera acudiendo al principio de buena fe que debe regir todas las relaciones personales y que aparece institucionalizado en el art�culo 83 de la Constituci�n Pol�tica, ya que no se desconoce este postulado en el caso examinado, si se aprecia que vistas las probanzas documentales lo que se dice de ellas, sin desestimar su existencia f�sica, es que no sirven para acreditar la configuraci�n de la uni�n marital de hecho y sociedad patrimonial entre compa�eros permanentes�.

Es pues este un precedente de importancia para esta Sala en cuento la Corta concluy� que el hecho de existan documentos que aluden a ese tipo de situaciones no impide que pueda que pueda desvirtuarse o probado en contrario. En este preciso caso, dicha prueba documental qued� en solitario a la hora de acreditar que el demandante en realidad inici� una nueva uni�n marital de hecho con Paula y que por ese hecho termin� la que ten�a con Carlos Arturo, dado que las dem�s pruebas en contexto revelan lo contrario, a�n la declaraci�n de �sta que por estar plagada de contradicciones no es posible darle credibilidad.

Y es que la se�ora Paula Andrea, en su testimonio adujo que ella s� convivi� con Juli�n Andr�s por un a�o y desde el periodo que se afirma en la declaraci�n extrajuicio que ella misma reconoci� haber suscrito, empero su deponencia decae ante los dem�s medios probatorios, los que revelan que no era posible la convivencia, pues Juli�n Andr�s no s�lo permanec�a en el d�a con Carlos Arturo sino tambi�n en la noche, tal como se dej� visto.

Su declaraci�n no luci� espont�nea, sincera, responsiva ni coherente; m�s que las circunstancias de tiempo, modo y lugar acerca de tal uni�n marital, lo que expuso con ah�nco iba dirigido a hacer notar que el demandante y el se�or Carlos Arturo no ostentaban la calidad de homosexuales, pese a que en relaci�n con �ste no se le hab�a siquiera preguntado pero aun as� aclar� su heterosexualidad.

Fue tal su obsesi�n de que no quedara duda alguna de ello, que en dos oportunidades manifest� que este siempre dec�a que quisiera tener 20 a�os menos para volver a disfrutar de la vida rumbeando con amigas que era lo que hac�a cuando estaba joven con Juli�n, pues sal�an �l con una amiga y �ste con otra, sin tener en cuenta que ello nunca pudo ser, pues cuando lo fue joven Carlos Arturo, a�n no hab�a siquiera nacido Juli�n Andr�s, luego no pudieron departir en esa clase de eventos, adem�s que hasta la saciedad qued� probado que se hab�a ido para Estados Unidos donde vivi� por 40 a�os, como lo dice su familia, luego nunca pudo hacer ese tipo de programas con su compa�ero Juli�n y por ende es mendaz el dicho de la declarante.

En su declaraci�n hizo tambi�n referencia a un sinn�mero de novias que tuvo Juli�n durante su vida, se�alando sus nombres, de donde eran y varios detalles que sin duda le era imposible de conocer, pues el tiempo que adujo vivi� con �l fue cercano a la muerte de Carlos; incluso de algunas de ellas hab�an hecho referencia otros testigos de la parte demandada situ�ndolas en �pocas pret�ritas, como el caso de una mejicana con quien hab�a estado durante su residencia en Bogot�, que lo fue muchos a�os antes de la supuesta relaci�n con la testificante.

Tambi�n incurre en otras contradicciones como decir que Carlos y Juli�n se conocieron en Bogot� porque se los present� un amigo, cuando, como se dej� dicho, fueron presentados por el se�or Hernando Octavio, hermano de Carlos en Manizales y no diez a�os atr�s sino poco despu�s de que llegara de Estados Unidos; aunque dijo que siempre Juli�n fue a dormir con ella o se quedaron ambos a dormir en el apartamento de Carlos en un sof�-cama que hab�a en uno de los cuartos, en otras de sus respuestas dijo que en tal mueble, osea en el sof� cama, se qued� a dormir muchas veces �ste; en cuanto a que fueron a la notar�a a declarar acerca de su convivencia para poderla afiliar a ella y a sus hijos a la seguridad social, �por qu� no lo hizo antes, si la relaci�n declarada databa de varios meses atr�s?.

Pese a que inicialmente dijo que hab�an puesto un negocio y que hab�a colaboraci�n de su parte no por dinero, reconoci� que trabaj� para �l pero y que esa relaci�n laboral que termin� mal, al punto que tuvo que demandarlo ente la justicia regional del trabajo y que en vista que aqu�l le pag� lo adeudado, desisti� de la demanda, aclarando que una cosa era la relaci�n de pareja y otra la laboral lo cual ellos ten�an muy claro; de all� que resulte razonable lo expuesto por Juli�n al decir que tal declaraci�n es producto de la mala t�nica en que quedaron por el inconveniente laboral.

As� pues esta declaraci�n que fue la �nica prueba que acompa�a los documentos acerca de la existencia de una uni�n marital entre el demandante y Paola Andrea, que permitir�a hacer suponer que ya hab�a acabado la anterior que tuvo aqu�l con el se�or Carlos, no ofrece ninguna credibilidad, por las m�ltiples contradicciones en que incurri�, por el marcado �nimo de perjudicar al declarante, por su poca espontaneidad y por aludir a hechos que en modo alguno pudieron ser ciertos.

Y es que, valga aclarar, tanto los demandados en sus interrogatorios de parte, como los dem�s testigos llamados por ambas partes que aludieron a la relaci�n entre Juli�n Andr�s y la se�ora Paula Andrea, los tuvieron como novios, ninguno hizo menci�n a que fueran esposos o compa�eros permanentes. Tambi�n el demandante acept� haber tenido una relaci�n con ella (que no una uni�n marital), explicando que lo hizo con la aquiescencia de su compa�ero luego que se enterara que este era portador de VIH; le sugiri� intimar con otra persona con la condici�n que no fuera un hombre y que no lo fuera dejar ni lo rechazara, lo que evidentemente Juli�n Andr�s no hizo o por lo menos no obra prueba en tal sentido.

Fue contundente el testigo Robinson G�mez L�pez, quien como se dijo antes conoci� de la relaci�n de noviazgo entre el actor y Paula Andrea, al responder frente a la apreciaci�n que le mereciera la declaraci�n extrajuicio suscrita por estos acerca de su convivencia marital, cuando dijo:�Si claro, eso lo hizo para poder afiliar a esta se�ora porque tiene dos hijos, a una EPS, Y que hayan vivido en la casa de la mam� de Juli�n Andr�s con sus dos hijos es cierto, pero que ellos hayan convivido en alg�n momento, sea en la casa de la mam� de Juli�n Andr�s en Malabar o en el apartamento de Plaza 51 donde conviv�a con don Carlos, nunca tuve conocimiento de eso, o sea, que no estoy faltando en ning�n momento a la verdad� Bueno muy posiblemente el no tuvo en cuenta las consecuencias que esto iba a traerle luego; para m� lo hizo m�s como un favor para afiliarla a una EPS, no creo cu�l m�s haya sido el motivo de hacerlo�� Recabando entonces sobre el extremo final de la uni�n marital entre el demandante y el hermano de los demandados, es tambi�n conveniente decir que todos los parientes del fallecido que rindieron versi�n y los dem�s declarantes en el proceso, manifestaron que hasta el final de los d�as de aquel, Juli�n Andr�s estuvo a su lado cuid�ndolo, consiguiendo sus citas m�dicas, llev�ndolo y pendiente de su alimentaci�n y tratamiento; ninguno de ellos se atrevi� a desconocer tal hecho.

Elocuente resulta en este aspecto lo dicho por una de las m�dicas que lo atend�a y quien no tendr�a raz�n alguna para mentir, en el sentido que ella cre�a que ellos viv�an juntos porque a altas horas de la noche aquel se comunicaba con ella para informarle el estado de salud de su paciente y c�mo hab�a pasado la noche. Tambi�n los porteros del edificio, personas que en raz�n de su cargo son testigos de primera mano respecto de esta situaci�n, expusieron al un�sono que Juli�n vivi� con Carlos Arturo hasta el final de sus d�as, de hecho contin�o habitando el apartamento despu�s de su muerte.

Esta �ltima circunstancia, que Juli�n se quedara como su residente, tambi�n revela que ten�a su residencia en ese lugar al momento del fallecimiento de su compa�ero, de no haber sido as� ni los porteros ni la administraci�n lo hubieran permitido, como tampoco autorizar la entrega de las llaves existentes en la recepci�n ni acatado su orden concerniente a que no se permitiera la entrada de los familiares de Carlos Arturo, pues no es acorde con la sana cr�tica que los vigilantes ejecutaran dichos ordenamientos sin provenir de quien consideraban el habitante de ese apartamento, m�s a�n cuando dichos porteros no eran espor�dicos ya que llevaban laborando en la propiedad horizontal desde 15 y 17 a�os. 3.4.5 Efectos de la uni�n marital probada Acreditado como se encuentra, que la uni�n marital entre Juli�n Andr�s y Carlos Arturo, perdur� por un t�rmino mayor a 2 a�os (1 de marzo de 2005 al 10 de mayo de 2015, fecha de fallecimiento de su compa�ero) y que no se acredit� que ninguno de ellos tuviera una sociedad conyugal vigente, es procedente declarar la consecuente sociedad patrimonial por ese t�rmino, ante la estructuraci�n de la hip�tesis prevista en el art 1 de la ley 979 de 2005. 3.5.

Cuesti�n final Analizada la valoraci�n que realiz� el a-quo y el tratamiento que el sentenciador dio al tr�mite en primera instancia, se evidencia que aunque en el sustento jur�dico se hizo alusi�n a la igualdad de los derechos frente a las parejas del mismo sexo, en el an�lisis probatorio el juzgador ech� de menos ese precepto, pues no tuvo en cuenta que por hechos de discriminaci�n, la convivencia entre dos hombres no se mostraba di�fana ni evidente frente a la familia y amigos, salvo algunos muy �ntimos; ello devino en que la decisi�n no se adoptara bajo una verdadera perspectiva de g�nero, pues no por el hecho que el causante Carlos Arturo se abstuviera de mostrar su relaci�n de manera p�blica significaba que la misma no existiera; de la prueba recaudada surg�a ese hecho pero el juzgador basado en los estereotipos de lo que deb�a entenderse una pareja heterosexual omiti� analizar lo que implicaba la relaci�n entre personas del mismo sexo, que con reservas para no ser rechazados ante la familia y sociedad, s�lo demostraban su afecto de manera �ntima. 3.6 Conclusi�n Colof�n de lo expuesto, se revocar� la sentencia censurada, con la condena en costas parcial a cargo de la parte convocada en ambas instancias, pues aunque no por el t�rmino establecido en la demanda, el demandante acredit� la existencia de la uni�n marital de hecho y la consecuente sociedad patrimonial con quien tild� de compa�ero permanente, lo que deviene que el recurso haya prosperado.

La declaraci�n de ser de esta declaraci�n es la prueba obrante en el proceso m�s all� de las afirmaciones que en la demanda se hayan hecho, esto es lo que revela el caudal del probatorio y es a lo que la Sala debe atener, a ello nos debemos 5. DECISI�N Por lo expuesto, el Tribunal Superior Del Distrito Judicial de Manizales en Sala de Decisi�n Civil-Familia, administrando justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley, REVOCA la sentencia proferida el 12 de diciembre de 2016, por el Juzgado Tercero de Familia de Manizales, dentro del proceso verbal de declaraci�n de existencia de uni�n marital de hecho y la consecuente sociedad patrimonial promovido por el se�or JUL�AN ANDR�S REND�N LADINO en contra de los herederos determinados e indeterminados del se�or CARLOS ARTURO SAZALAR PATI�O y, en su lugar:

RESUELVE

PRIMERO: DECLARAR la existencia de la uni�n marital de hecho conformada por el demandante y el se�or CARLOS ARTURO SAZALAR PATI�O, entre el 1 de marzo de 2005 y el 10 de mayo de 2015, fecha de fallecimiento de �ste �ltimo. En consecuencia, se declara no probadas las excepciones formuladas por la parte demandada.

SEGUNDO: DECLARAR la existencia de la sociedad patrimonial conformada por los se�ores JUL�AN ANDR�S REND�N LADINO y CARLOS ARTURO SAZALAR PATI�O, entre el 1 de marzo de 2005 y el 10 de mayo de 2015, y que la misma se encuentra disuelta y en estado de liquidaci�n.

TERCERO: Se declara impr�speras las tachas a los testigos que fueron planteadas por los extremos de la Litis.

CUARTO: Se CONDENA en costas en ambas instancia a la parte demandada y en favor del demandante, las cuales ser�n tasadas ante la a - quo en la forma que determina el art�culo 366 del C.G.P. Las de esta instancia, ser�n fijadas por la Magistrada Ponente, de conformidad con el art�culo 366 numeral 3 del C.G.P.

QUINTO: 3.- Oportunamente devu�lvase el expediente al juzgado de origen. LOS MAGISTRADOS, �NGELA MAR�A PUERTA C�RDENAS SOFY SORAYA MOSQUERA MOTOA �LVARO JOS� TREJOS BUENO AUTO DE AGENCIAS: Seg�n se determin� en el numeral cuarto de la providencia que se acaba de proferir, se fija, como agencias en derecho en esta instancia, la suma de dos millones de pesos M/cte.

($2.000.000. oo). Esta decisi�n de notifica en estrados.     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