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HECHOS Acaecieron el d�a 2 de junio de 2012, en el Centro recreacional La Rochela, de la vereda Sant�gueda, del Municipio de Palestina (C), sitio en el cual se hallaba alojada �en compa��a de otras personas-- en una caba�a all� situada, la se�ora CLAUDIA MARCELA GIRALDO GALLEGO, lugar hasta el cual lleg� en estado de ebriedad, el acusado CARLOS EDUARDO RUIZ LONDO�O, quien infiri� golpes a su ex pareja �la se�ora GIRALDO�los que le ocasionaron incapacidad de 40 d�as y secuelas m�dico-legales de deformidad f�sica que afecta el cuerpo, de car�cter permanente; asimismo, perturbaci�n funcional del �rgano de la prensi�n, de car�cter permanente.
ACTUACI�N PROCESAL Ante el Juez Promiscuo Municipal de Palestina (C), se llev� a cabo audiencia de formulaci�n de imputaci�n, el d�a 11 de marzo de 2014, en el cual se formularon cargos a RUIZ, por el delito de lesiones personales (arts. 111, 112-2�, 113-2�, 114-2�, 115-1� CP); los cuales rehus�. La acusaci�n tuvo suceso el 6 de noviembre de 2014; los cargos fueron id�nticos a los de la imputaci�n, pero se adicion� la agravante que norma el art. 104-11� CP.
(por remisi�n del art. 119 CP). La preparatoria del juicio, se escenific� el 12 de agosto de 2015 y cuando se aprestaba el inicio del juicio oral, las partes presentaron un preacuerdo. Tal consisti� en: i) retirar la agravante que norma el art. 119 CP; ii) partir de la pena m�nima sin el sistema de cuartos y iii) conceder el beneficio de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena (art. 63 CP) (f. 450).
El acuerdo fue aprobado por la juez de instancia. LA SENTENCIA La se�ora juez a quo encontr� ajustado a derecho el preacuerdo celebrado. Luego de enlistar la evidencia existente en la carpeta, efectu� unas breves consideraciones sobre la estructura del hecho punible en cuesti�n, demostrando c�mo cada uno de los estadios del delito, se halla perfectamente esclarecido en la actuaci�n, todo lo cual, dice, se afianza con la aceptaci�n de responsabilidad que hiciera [RUIZ] al celebrar [el] preacuerdo con la fiscal�a primera local.
Por ello, en conclusi�n, y conforme con el acuerdo, dict� la sentencia respectiva, imponi�ndole pena de prisi�n de cuarenta y ocho (48) meses; multa de 34.66 smlv/2012 (amortizables por un plazo de 24 meses) e interdicci�n en derechos y funciones p�blicas por igual periodo; asimismo, suspendiendo la ejecuci�n de dicha pena por un t�rmino de cuatro (4) a�os, bajo cauci�n de 200 mil pesos.
LA IMPUGNACI�N 1. Proviene de la se�ora apoderada de la v�ctima, quien discrepa del fallo. Enlisto las actividades de investigaci�n, hablando de tentativa de feminicidio (�?), igualmente recalcando que �conforme con el resultado de la negociaci�n por considerarla lesiva de los derechos de las v�ctimas��; lament�ndose que solo fue �para informarle lo definido sin posibilidad alguna de modificar su contenido�.
Asimismo, se duele que toda la oferta del procesado se acept�, pero �En cambio a favor de la v�ctima, no se previ� nada a pesar de las secuelas, y de que la representaci�n de v�ctimas llam� la atenci�n sobre el particular en la parte de la negociaci�n que pudo estar presente�. La representaci�n de las v�ctimas alega que �En la intervenci�n que realiz� la representaci�n de v�ctimas ante el despacho en la audiencia de individualizaci�n de pena y sentencia, se puso de presente el extenso historial de violencias que hab�a sufrido la se�ora Giraldo por su exesposo y ahora procesado.
Se anot� que en distintas oportunidades el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses hab�a Llamado la atenci�n de Las autoridades para darle protecci�n oportuna a la se�ora Giraldo, con miras a evitar que fuera nuevamente agredida. As� mismo, se anot� que el Estado le otorg� al se�or Ruiz por medio de la instancia administrativa, suficientes oportunidades para modificar su conducta lesiva contra los derechos de la se�ora Giraldo y sus menores hijas; sin embargo este reiteradamente hizo caso omiso a las mimas, haci�ndose necesaria e imperiosa la intervenci�n penal, ante el elevado riesgo de feminicidio.� Y por ello depreca que se tenga en cuenta esto para tasar la pena; igualmente, reclam� que se deber�an aplicar las penas accesorias que norman los numerales 10 y 11 del art. 43 de la Ley 599/2000.
Como conclusi�n pidi� que la pena deber�a elevarse para ocluir la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena; no debi� la a quo ce�irse al acuerdo sino a la gravedad del asunto; por ello se lamenta de que todo se dio al victimario y nada a la v�ctima. En fin, dice la apelante, �Ning�n argumento de la representaci�n de las v�ctimas fue tenido en cuenta durante y posterior a la celebraci�n del preacuerdo�; �En suma, se puso de presente en toda la actuaci�n que estaban siendo desconocidos los derechos de las v�ctimas pero ninguna medida se adopt� para protegerlos por parte de la justicia� Finalmente critica la existencia de una acumulaci�n indebida de beneficios; asimismo, denuncia que la jueza renunci� a su facultad de establecer las penas accesorias como m�nima garant�a para los derechos de las v�ctimas, en contrav�a de las facultades legales que a cada quien le otorga la ley. 2.
Tanto la Fiscal�a como la defensa replicaron el alegato de la apelante. Veamos: La Fiscal�a dice que no son ciertas las afirmaciones de la impugnante en cuanto �el d�a se�alado para dar inicio a la audiencia de juicio oral se reunieron en el despacho de la fiscal�a la unidad de defensa, la representaci�n de las v�ctimas, para aperturar (sic) la posibilidad de realizar un preacuerdo que reuniera las expectativas de todos los participantes�;
(�) �no es cierto que a la representante de v�ctimas se le haya sorprendido entre la defensa y la fiscal�a con un preacuerdo de �ltima hora, porque el mismo d�a del juicio se iniciaron las conversaciones con amplia participaci�n de los legitimadas e intervinientes.� (�) Por lo dem�s estima que el pacto �retirar una agravante, partir de m�nimos y suspender la ejecuci�n de la pena�es lo que justamente fue motivo de consenso para que se aceptaran los cargos, de donde se concluye que no hay raz�n alguna para hablar de dobles beneficios.
Tampoco observa razonable que se impongan las penas accesorias que se piden. 3. Por su parte la defensa entiende que al haber sido objeto de impugnaci�n el consenso celebrado entre las partes, �a estas alturas del proceso, alegar que el preacuerdo celebrado entre Fiscal�a y defensa vulnera los derechos de la v�ctima, como se hace en el recurso de apelaci�n, es un acto de deslealtad con los intervinientes en el proceso y es una acci�n temeraria� (�) Asimismo, entiende que no es cierto que se haya ignorado a las v�ctimas pues, �la representaci�n de v�ctimas dej� constancia en el preacuerdo de no estar conforme con el resultado de la negociaci�n por considerarla lesiva de los derechos de las v�ctimas� (�) Y por si no fuera bastante recalca la defensa: �Pero adem�s, con esas afirmaciones, desconoce la apoderada de la v�ctima que el preacuerdo es un acto entre las partes del proceso penal, es decir, entre Fiscal�a y defensa, en el que el interviniente "v�ctima" tiene que estar presente, pero no tiene ninguna facultad de "modificar" su contenido, como pretenden las abogadas que han representado a la v�ctima�.
De otra parte, agrega la defensa, el �nico beneficio concedido fue quitar la agravante, pues, el subrogado hace parte de la ejecuci�n de la pena; asimismo, las consecuencias accesorias de la ley 1257/08 no pueden prosperar en tanto no se trata de un delito de violencia intrafamiliar. CONSIDERACIONES DE LA SALA Competencia 1. Seg�n lo dispone el CPP, en su art. 34-1�, a esta Sala corresponde desatar la alzada propuesta por la representaci�n de las v�ctimas.
Problema jur�dico 2. �Desconoci� la se�ora juez a quo, los derechos de las v�ctimas, al tramitar el preacuerdo? �Concedi� la se�ora juez a quo, en el sub judice, un doble beneficio, lo que hace ileg�timo el acuerdo celebrado? �Deben imponerse penas accesorias, de cara a la protecci�n de la familia, al procesado Ru�z Londo�o, con ocasi�n de los hechos que se juzgan aqu�? Los preacuerdos y el papel de las v�ctimas 3.
Nuestro sistema de procesamiento penal, es de partes; sin embargo, ha considerado la intervenci�n de otros protagonistas, aunque sin posibilidad de alegar pretensi�n alguna, de cara a lo que es la esencia del �ter penal, a saber, el esclarecimiento de la existencia de un hecho punible y el discernimiento sobre qui�n es el responsable del mismo y la pena que ha de impon�rsele.
Acorde con tal postulaci�n, ni la v�ctima ni el ministerio p�blico, ostentan una pretensi�n dentro del proceso penal. En cualquier caso, ello no quiere decir que el papel de las v�ctimas pueda ser ignorado, pues, es evidente que la aspiraci�n de que se hallen verdad, justicia y reparaci�n, tambi�n se ha erigido en misi�n del proceso, como anhelo de una justa composici�n del conflicto que nace entre la sociedad y el trasgresor de la norma, pero integrando a su vez, a quien recibe el impacto de la acci�n desde�able. 4.
Sin embargo, el papel de las v�ctimas, no puede conspirar con la posibilidad de que se alcance una soluci�n anticipada del conflicto. En efecto, la aspiraci�n de que en mayor medida se resarza el da�o, queda reservada al tr�mite del incidente de reparaci�n integral. Y las esperanzas de hallar verdad y justicia, deben ciertamente tenerse en cuenta, pero han de ser armonizadas con el inter�s estatal de obtener una pronta soluci�n del conflicto.
Pero el papel de las partes y su trasunto, el acuerdo, en la medida que se conduzca dentro de los c�nones legales, ha de ser respetado por el juez, cuando se materializa en un consenso, sin que las v�ctimas �o en su caso, el Ministerio P�blico�puedan frustrar el asentimiento alcanzado por los protagonistas del proceso penal. 5. As� las cosas, debe tenerse por claro que, en general, el papel de las v�ctimas es residual, y ello se acent�a si se trata de una terminaci�n anticipada.
Y no podr�a ser de otra manera, si en la mira del legislador estaba en que al juicio, apenas llegara un n�mero muy reducido de causas penales, esto es, que el sistema estaba construido sobre la idea b�sica de alcanzar el mayor n�mero de consensos, posible. Claro que esto ha sido infirmado, todos los d�as, por el mismo legislador, pero, en fin, tal cr�tica no es de esta sede, en cambio s� impera acoger aquella idea que es faro hermen�utico.
De la legitimidad de la recurrente 6. Llegados a este punto, la Sala debe observar dos cuestiones puntuales: i) que evidentemente las partes acordaron dentro de los l�mites que otorga la ley --conforme a la calificaci�n jur�dica dada al asunto, esto es, no se irrespeta el principio de legalidad�al quitar una agravante del delito, lo que opera dentro del llamado margen de maniobra de la Fiscal�a para lograr el acuerdo, y, por otra parte, ii) que las condicionantes de la imposici�n de la pena �a saber, arrancar de m�nimos sin el sistema de cuartos y conceder el subrogado que norma el art. 63 del C.P.�no acusan contrariedad con regla alguna, pues, ciertamente, el quantum de la pena impuesto no extravasa lo legal, y en lo que ata�e al requisito subjetivo, tal es perfectamente transigible por los sujetos procesales.
V�ase: �Ahora bien, atinente al instituto de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, su otorgamiento, como se se�ala expresamente en la jurisprudencia citada por el Tribunal, efectivamente puede ser preacordado por las partes. Y ello es apenas natural, e incluso deseable, acota la Corte, pues, para evitar innecesarias discusiones o prolongaci�n del tr�mite procesal por la v�a de las impugnaciones �recu�rdese que a�n en los casos de allanamiento o preacuerdos es factible acudir al mecanismo impugnaticio para discutir el monto de la pena o la negativa de subrogados-, que incluso tornan m�s dispendioso el proceso, al punto de eliminar por este camino lo que se obtuvo con la aceptaci�n previa de responsabilidad penal, lo ideal es que entre las partes se acuerden previamente tambi�n esas cuestiones si se quiere accesorias.
El l�mite de lo pasible de acordar en punto de subrogados, como lo significa la Corte en la jurisprudencia en rese�a (CSJ SP, 1 de junio de 2006, rad. 24764), es la vulneraci�n de garant�as fundamentales. (�) Para la Sala no existe ning�n tipo de vulneraci�n de garant�as fundamentales si el Fiscal, dentro de su potestad de parte acusadora y acorde con el margen de maniobra que exige la justicia premial para rendir frutos, acuerda conceder al procesado el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, una vez cubierta la exigencia temporal dispuesta en el art�culo 63 del C.P. Entiende la Corte que el presupuesto de legalidad se cumple si efectivamente el tope de pena consagrado en la norma citada es respetado, pues, respecto del requisito subjetivo establecido en el numeral segundo de la misma, perfectamente caben lucubraciones particulares, referidas espec�ficamente a las circunstancias individuales del delito y la persona a quien se atribuye, que refieran a la modalidad del delito o la necesidad concreta de pena, factores pasibles de negociaci�n por el Fiscal, conforme las necesidades que el caso concreto comporte.
(�) Entonces, cuando el juez es desplazado y son las partes las que acuerdan efectivamente cubiertas las exigencias que tornan innecesaria la aplicaci�n de la pena de prisi�n, simplemente se est� reemplazando el relativo arbitrio judicial, como igual ocurre cuando en el preacuerdo se fija en concreto la sanci�n definitiva.� (Se subraya).
As� las cosas, est� claro que la apelante carece de legitimidad para impugnar, en la medida que su aspiraci�n se reduce a tres cuestiones a saber: la primera, que fue ignorada en el tr�mite del preacuerdo, cuando es lo cierto que tuvo entera participaci�n en su discusi�n, al punto de haber apelado �sin �xito-- la decisi�n aprobatoria del preacuerdo.
Cosa distinta es que nada de lo que interpuso como raz�n v�lida, para oponerse al mismo, haya sido escuchado. La segunda, que no se le impusieron las penas accesorias que norma el art. 43 CP (nums. 10-11); y la tercera, que hubo concesi�n de dobles beneficios. 7. Pues bien. En punto de los �dobles beneficios�, tampoco encuentra raz�n la muy digna opugnante, pues, como bien lo enfatiz� la se�ora defensora, el �nico beneficio concedido y que ayuda con mucho, en la suerte del procesado, es el retiro de la agravante.
Ello por cuanto el acordar que se parta de m�nimos y se conceda el beneficio que norma el art. 63 CP., hace parte de ese margen de maniobra, propio de los preacuerdos y atiende al criterio de la forma c�mo se ejecutar� la pena y no a un quantum aflictivo o a una adecuaci�n t�pica, que modifique los espacios de tasaci�n de la pena. 8. Y en lo que dice relaci�n con las penas accesorias, que introdujera la Ley 1257/08, modificatorias del art. 43 de la Ley 599/2000, lleva raz�n la defensa cuando argumenta que dichas consecuencias accesorias del delito, deben tener una base racional de justificaci�n de su imposici�n (art. 59 CP), las cuales remiten a la teleolog�a de dicha Ley �1257�as� como de la nov�sima 1761, que no es cosa distinta �entre otros fines-- de tratar con un mayor rigor a quienes han atentado contra la integridad de su propio n�cleo familiar.
Por ello resultar�a un aut�ntico contrasentido, tener por secundum jus el retiro de la plurimentada causal de agravaci�n de la pena y por ende el estimar acorde con la ley el preacuerdo, y a su turno, imponer unas penas accesorias cuyo entibo se funda en el dicho plus de injusto, ya retirado del asunto sub judice. Por ello esta r�plica, tampoco prosperar�.
As� las cosas, como se ve de manera n�tida, aqu� la aspiraci�n est� en la ruta de la agravaci�n punitiva. Y para ello tiene dicho la Corte Suprema, de cara a la legitimidad para recurrir: �La decisi�n de esta Sala de proferir el fallo de reemplazo impartiendo la aprobaci�n del mencionado preacuerdo no violenta el eventual derecho de las v�ctimas de manifestarse sobre el mismo, ya que han tenido toda la posibilidad de referirse a aquel desde su presentaci�n, a lo cual han renunciado guardando silencio permanente; m�s a�n cuando la Corporaci�n ya se ha ocupado del inter�s que tienen para solicitar una pena m�s alta; al se�alar (AP de 30 de noviembre de 2011 Radicado 36901): Como n�tidamente se expresa en el precedente citado, es claro que en aquellos asuntos en los que la investigaci�n y juzgamiento de un delito termina -por la v�a normal o anticipada- con sentencia condenatoria, la parte civil no siempre tiene inter�s para impugnarla, sobre todo si lo hace con el exclusivo prop�sito de que se irrogue una sanci�n m�s gravosa y se niegue cualquier sustituto o subrogado al penado, pues los valores de verdad y justicia, no tienen relaci�n intr�nseca con el monto de pena o el modo de ejecuci�n de la sentencia. En verdad, siempre que la adecuaci�n t�pica sea la correcta y la sanci�n penal se determine discrecionalmente dentro de los l�mites punitivos y los criterios de individualizaci�n consagrados por el legislador, los fines superiores rese�ados quedar�n satisfechos con la declaraci�n de responsabilidad penal del procesado por el juzgador y la imposici�n de la pena correspondiente.� (Se subraya).
Preacuerdos y control material 9. Esta Sala, no de ahora, sino desde los albores del sistema de procesamiento en vigor �Ley 906 de 2004�ha defendido la idea de que el juez no puede ser apenas un notario del consenso y que, al contrario, ha de conservar y ejercer con plenitud, sus funciones de jurisdicente de cara al modelo del Estado Constitucional de Derecho.
Y as�, ha sostenido de manera prolija que en frente de circunstancias objetivas, di�fanas, absolutamente incontrastables, el juez no puede legalizar un consenso, que pretenda su eliminaci�n. Ello ha sucedido por ejemplo cuando se poseen varias toneladas de alcaloides, que por virtud del acuerdo se reducen a unos gramos; o cuando por raz�n del convenio, quien realiz� de propia mano y en solitario, el verbo rector de la conducta punible, es tratado como un c�mplice.
O cuando se elimina la agravante de quien, con calculada intenci�n, lleva en automotor �encaletada� un arma de fuego; d�gase lo mismo del parentesco o de la existencia de una relaci�n matrimonial formal o establecida por v�nculos naturales. Y as�, un sinf�n de casos, incluso cuando se otorga la diminuente de las condiciones de marginalidad, a quien vive con arraigo y con las comodidades promedio de un ciudadano de clase media.
Por supuesto que delimitar cu�ndo se hace control material y por ende, se invade la �rbita del fiscal, no es asunto pr�stino, ayuno de controversia. De hecho, la H. Corte Suprema de Justicia ha encausado a un fiscal por desconocer abiertas realidades objetivas y le ha condenado por el delito de prevaricato. Frente a esas negociaciones que desconocen lo objetivo, la actitud de la Sala ha sido improbar los preacuerdos; la opini�n de la Corte Suprema es que ello no puede hacerse, aunque s� deba recriminarse la conducta de los Fiscales: �Finalmente, la Corte no pretende desconocer, que existen muchos Fiscales que pasan por alto los (�) presupuestos de contenci�n y al amparo de las muy amplias facultades otorgadas por el legislador, de manera sistem�tica y reiterada festinan beneficios inmerecidos en asuntos que no comportan complejidad o dificultad para su demostraci�n cabal en juicio.
Esa manida forma de asumir el preacuerdo como especie de tronera que le permite desasirse f�cilmente de los asuntos sometidos a su consideraci�n, ha conducido de manera perversa a que en lugar de fungir la Fiscal�a como soberana del poder de negociaci�n, ahora clama por la solicitud de la defensa a fin de contar con la oportunidad de mermar su carga laboral.
Desde luego que la Corte conoce de la congesti�n de los fiscales y la enorme cantidad de investigaciones sometidas a su conocimiento. Pero, de ninguna manera ello puede justificar tantos y tan gratuitos beneficios otorgados a los acusados, que lejos de aprestigiar la justicia, como lo demanda el inciso segundo del art�culo 348 de la Ley 906 de 2004, terminan por hacerla objeto de cuestionamientos y crear una lamentable sensaci�n de impunidad en el ciudadano. Sin embargo, se repite, no est�n llamados los jueces a poner coto a tantos desafueros, pues, la naturaleza misma del sistema premial y las facultades consagradas en la ley se lo impiden.
(AP13939-2014).� Con todo, la dicha Corporaci�n, ha puesto algunos eventos, en que la subregla que niega el control material, debe hacerse de lado. Esto dijo la Corte Suprema: �4. El Juez de Conocimiento est� obligado a aceptar el acuerdo presentado por la Fiscal�a, salvo que este desconozca o quebrante las garant�as fundamentales. Acerca de esta �ltima circunstancia, para la Sala es claro que las garant�as fundamentales a las cuales se refiere la norma para permitir la injerencia del juez, no pueden examinarse a la luz del criterio subjetivo o arbitrario del mismo y deben remitirse exclusivamente a hechos puntuales que demuestren violaciones objetivas y palpables necesitadas del remedio de la improbaci�n para resta�ar el da�o causado o evitar sus efectos delet�reos.
En este sentido, a t�tulo apenas ejemplificativo, la intervenci�n del juez, que opera excepcional�sima, debe recabarse, se justifica en los casos en que se verifique alg�n vicio en el consentimiento o afectaci�n del derecho de defensa, o cuando el Fiscal pasa por alto los l�mites rese�ados en los puntos anteriores o los consignados en la ley �como en los casos en que se otorgan dos beneficios incompatibles o se accede a una rebaja superior a la permitida, o no se cumplen las exigencias punitivas para acceder a alg�n subrogado-.� 10.
Como supra se dijera, de anta�o esta Sala de manera asaz argumentada, citando los precedentes respectivos (carga de la argumentaci�n) se ha separado de algunos criterios de la Corte en esta materia, aunque a decir verdad sean pocos pero no de poca monta. Este Tribunal, de la mano de la Corte ha enfatizado en que hay acuerdos que hieren eo ipso el sentido jur�dico, y por ello no pueden ser atendidos.
Dicho esto, la Sala ha examinado que en la gran mayor�a de ocasiones, los procesados en frente de quienes este Tribunal u otros del pa�s, han decido actualizar sus funciones de examen profundo del acuerdo a que han llegado las partes, han debido concurrir en acci�n de tutela ante la H. Corte Suprema de Justicia. Y all� �es deber decirlo�el criterio del organismo de cierre, se ha impuesto casi sin excepci�n, salvo que se extravase el principio de legalidad en el preacuerdo �en materia de pena t�pica-- o se concedan subrogados o sustitutos privativos de la libertad sin comparecer los requisitos objetivos.
Y a decir verdad, esto no solo ha congestionado la H. Corte Suprema sino que adem�s �y esto es lo definitivo�se trasgrede el derecho a la igualdad de trato ante la ley, que todos los ciudadanos ostentan, pues, al paso que unos tribunales siguen la jurisprudencia de la H. Corte Suprema sin apartarse de ella, otros �como �ste-- han defendido argumentalmente posturas diversas �cercanas a las del H.M. disidente de la Sala de Casaci�n Penal, Dr. Fern�ndez Carlier--.
En dicha direcci�n, puede concluirse que el tratamiento dispar por parte de esta Corporaci�n ante la reiterada jurisprudencia de la H. Corte Suprema, ante todo en materia de tener por ilegales los pre-acuerdos que versan sobre materias indudablemente objetivas �parentesco, cantidad de drogas portadas, armas �encaletadas�, ingreso de sicotr�picos a centros penitenciarios, tener por c�mplice al autor solitario, etc.� han generado un trato desigual en el contexto nacional.
Obviamente no arbitrario ni irracional, pues ha obligado al acudimiento a la acci�n de tutela, donde se han impuesto quiz� mejores razones, que las que aqu� se han exhibido. De suerte que la Sala ha decidido en esta ocasi�n, mutar su criterio de a�os, en guarda de la igualdad de trato, moviendo a un lado sus razones y plegarse a las de la H. Corte, obviamente con las necesidades de examinar cada caso y sus vicisitudes.
As� tambi�n lo ha explicitado la H. Corte Suprema, es menester que se haga siempre. Y haciendo eco de lo que la H. Corte proclama, en veces los acuerdos, trasuntan lenidades chocantes. Y quien debe responder por ello, dice la magna Colegiatura en cita, es la Fiscal�a. Esto afirma el supra citado prove�do: �Sin embargo, el an�lisis de su contenido permite verificar que no se trata de un designio imperativo para el juez, ni mucho menos de un concepto que deba gobernar su decisi�n de aprobar o improbar el acuerdo, sino de una especie de desider�tum dirigido al Fiscal para que gobierne su tarea bajo esos postulados.
Sobra referir que el acoger o no, como lo dice el apartado transcrito, las directivas de la Fiscal�a General de la Naci�n, escapa a la labor de verificaci�n del juez, dada la ninguna fuerza vinculante que las mismas comportan. (�) �Entiende la Corte que el preacuerdo presentado por la Fiscal�a cumple con los presupuestos de legalidad propios del instituto y por ello ratifica su aprobaci�n y la consecuente condena.
Empero, no puede dejar de registrar la manera si se quiere irresponsable en que algunos fiscales, conforme a los asuntos que d�a a d�a examina la Sala, pasan por alto m�nimos presupuestos de contenci�n y al amparo de las muy amplias facultades otorgadas por el legislador, de manera sistem�tica y reiterada festinan beneficios inmerecidos en asuntos que no comportan complejidad o dificultad para su demostraci�n cabal en juicio.
Esa manida forma de asumir el preacuerdo como especie de tronera que le permite desasirse f�cilmente de los asuntos sometidos a su consideraci�n, ha conducido de manera perversa a que en lugar de fungir la Fiscal�a como soberana del poder de negociaci�n, ahora clama por la solicitud de la defensa a fin de contar con la oportunidad de mermar su carga laboral.
Desde luego que la Corte conoce de la congesti�n de los fiscales y la enorme cantidad de investigaciones sometidas a su conocimiento. Pero, de ninguna manera ello puede justificar tantos y tan gratuitos beneficios otorgados a los acusados, que lejos de aprestigiar la justicia, como lo demanda el inciso segundo del art�culo 348 de la Ley 906 de 2004, terminan por hacerla objeto de cuestionamientos y crear una lamentable sensaci�n de impunidad en el ciudadano. Sin embargo, se repite, no est�n llamados los jueces a poner coto a tantos desafueros, pues, la naturaleza misma del sistema premial y las facultades consagradas en la ley se lo impiden.� Esto hace que la Corporaci�n, deba tambi�n advertir que cuando el desaguisado deje entrever algo m�s que una simple lenidad excesiva, sino un craso irrespeto de la ley, deba compulsar copias para que ese mismo ente ejerza el control penal que es menester. 12.
La Sala tambi�n acoger� la tesis �ltimamente construida por la Corte, en el sentido de que la flagrancia no puede ocluir los acuerdos, de manera que esa talanquera es apenas subsidiaria: �Aunque esta Corporaci�n, en eventos similares a este �ltimo aspecto que se revisa, ha considerado que en casos de restricci�n de la libertad por flagrancia, la pena no puede ser superior a la contemplada en la norma antes indicada y, por lo tanto, resultan razonables las determinaciones que contienen una negativa de aprobar preacuerdos por no advertir esa circunstancia, lo cierto es que esa postura ha sido modificada por el Pleno de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia (SP2168-2016), en los siguientes t�rminos: (�) Dentro de las modalidades de preacuerdo, contempladas en el Libro III, T�tulo II, Cap�tulo �nico del C�digo de Procedimiento Penal de 2004, una es la que modula el delito imputado o por el cual se acusa, y otra la que ofrece al incriminado una rebaja de pena por aceptaci�n de responsabilidad en la conducta endilgada.
Por consiguiente, si el pacto se hace sobre la base de la aceptaci�n de los cargos formulados en la imputaci�n y la negociaci�n se concreta en la cantidad de pena a imponer, habr� de examinarse el momento en el que ese convenio tuvo lugar para efectos de hacer la rebaja de pena, ya sea conforme a los par�metros del primer inciso del art�culo 351 o del 352 ib�dem.
En estos eventos, si la captura fue en flagrancia, es claro que la rebaja deber� observar los l�mites all� previstos, de cara a lo demarcado en el par�grafo del precepto 301 de la Ley 906 de 2004, con la modificaci�n del 57 de la Ley 1453 de 2011. As� se desprende con nitidez de la sentencia adoptada en sede de control abstracto por la Corte Constitucional CC C-645/12, en la que se declar� exequible el par�grafo del art�culo 57 de la Ley indicada �en el entendido de que la disminuci�n en una cuarta parte del beneficio punitivo all� consagrado, debe extenderse a todas las oportunidades procesales en las que es posible al sorprendido en flagrancia allanarse a cargos y suscribir acuerdos con la Fiscal�a General de la Naci�n, respetando los par�metros inicialmente establecidos por el legislador en cada uno de esos eventos.
En las conclusiones de esa decisi�n, se consign�: La Corte Constitucional entonces declarar� exequible el par�grafo del art�culo 57 de la Ley 1453 de 2011, mediante el cual fue modificado el art�culo 301 de la Ley 906 de 2004, en el entendido de que la disminuci�n del beneficio punitivo en una cuarta (1/4) parte all� consagrado, debe extenderse a todas las oportunidades procesales en las que es posible allanarse a cargos y suscribir acuerdos con la Fiscal�a General de la Naci�n, respetando los par�metros inicialmente establecidos por el legislador en cada uno de esos eventos donde se permite la discrecionalidad por parte de los operadores judiciales.
Al respecto, es imperativo resaltar que la aplicaci�n en sentido amplio de la norma demandada, respete los par�metros originalmente establecidos en la Ley 906 de 2004, cuando la terminaci�n anticipada del proceso ocurra en una etapa distinta a la formulaci�n de la imputaci�n, y reconozca el margen que le es propio tanto a la Fiscal�a para poder negociar, como al juez para fijar discrecional pero razonadamente la pena acorde con la efectividad que para la investigaci�n y la econom�a procesal brinde el imputado o acusado.
Cosa distinta ocurre si se hace una negociaci�n sobre los hechos o sus consecuencias, de modo que haya una degradaci�n en la tipicidad, como ser�a, por ejemplo, eliminar alguna causal de agravaci�n, incluir un dispositivo amplificador o degradar su forma de participaci�n, toda vez que la consecuencia es imponer la pena que corresponda y tenerla como soporte para estudiar los subrogados y sustitutos.
Ninguna remisi�n ha de hacerse a los montos de que hablan los c�nones 351 y 352 del estatuto procesal de 2004. Entonces, hay que tener en cuenta que todo depender� de lo que las partes acuerden, pues �se insiste- una cosa es que convengan disminuci�n en la cantidad de pena imponible, caso en el cual queda indemne el grado de participaci�n imputado y no se podr� pactar una disminuci�n distinta a la del par�grafo del art�culo 301, en concordancia con los preceptos 351 y 352 del C�digo de Procedimiento Penal.
Y, otra desemejante es si, como acaeci� en esta oportunidad, se hizo un negocio en punto de la tipicidad, degradando el t�tulo de la participaci�n, en cuanto la pena ser� la prevista para el c�mplice, con todas sus consecuencias, y ninguna injerencia tiene el l�mite de rebaja por raz�n de la captura en flagrancia. (Subrayas y negrillas fuera del texto original).� �As� las cosas, es evidente c�mo esta Corporaci�n ha precisado este aspecto y, en tal virtud, concluido que si la negociaci�n de un preacuerdo gravita sobre la degradaci�n de la forma de participaci�n y, con ello, la obtenci�n de una pena m�s favorable, esta �ltima deber� corresponder a aquella dispuesta para ese espec�fico grado de participaci�n convenido, sin remisi�n alguna al tipo de captura y, en especial, a la limitante del art�culo 57 de la Ley 1453 de 2011, que modific� el 301 de la Ley 906 de 2004, la cual s�lo se atender� cuando el acuerdo sea sobre la cantidad de la pena.� 11.
De vuelta al sub judice, en honor de lo dicho, a pesar de que se trata de una circunstancia evidentemente objetiva �pues el justiciable es padre de dos menores concebidas por quien aqu� figura como v�ctima�la Sala ha entendido que el eliminar dicha pr�stina circunstancia, es parte del llamado margen de maniobra del Fiscal, para lograr un acuerdo que colabore con las cargas de la justicia y haga m�s llevadera la suerte del acriminado.
Dicho de otra manera, aqu� �el indiciado o procesado se declara culpable pero con eliminaci�n de una causal de agravaci�n punitiva o alg�n cargo espec�fico� con lo cual las alusiones al feminicidio o a la agravaci�n por ser mujer, pierden toda importancia, porque ello ha sido retirado del caso. La Sala entiende que no se han extravasado las competencias del Fiscal y que se han garantizado justicia y reparaci�n. Por ello no pod�a haber reparos al acuerdo.
Con el criterio que ahora se recoge por la Sala, lo procedente habr�a sido declarar la nulidad de la decisi�n por medio de la cual se aprob� el preacuerdo y, por contera, de la sentencia impugnada. Ello no se har� en este caso. Por las razones primeramente advertidas, la Sala declarar�, entonces, inadmisible el recurso de apelaci�n, por carencia de LEGITIMIDAD de la recurrente, para impugnar la decisi�n objeto de la alzada.
( Por lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, Sala de Decisi�n Penal, administrando Justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, DECLARA INADMISIBLE el recurso interpuesto. Contra esta decisi�n procede el recurso de reposici�n.
NOTIFIQUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, JOS� FERNANDO REYES CUARTAS ANTONIO TORO RUIZ GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE Daniel Ortega Jim�nez Secretario CSJ-Penal, No. AP 2370-2014 (43523): �En consecuencia, la justicia premial necesariamente debe otorgar alg�n margen de maniobra al Fiscal para que pueda adelantar su tarea de forma efectiva, en el entendido, adem�s, que en estos casos se trata de una forma de composici�n del conflicto en la cual el juez interviene apenas de manera adjetiva, para vigilar que no se superen m�nimos de legalidad y protecci�n de garant�as fundamentales.� CSJ-Penal.
No. 43523 (7/5/2014) Cfr. CSJ, Proceso No. 42184 (15-10-2014) �1. El Fiscal goza de plena autonom�a para aceptar o no negociar, y en procura de lograr el acuerdo debe citar a la v�ctima, pero lo expresado por esta no tiene car�cter obligacional, ni puede impedir la presentaci�n de lo pactado.� Los hechos aqu� tratados datan del d�a 2 de junio de 2012.
Entonces reg�an los arts. 104-11 (mod. por el art. 26 de la Ley 1257/2008 --�11. [Adicionado por el art�culo 26 de la ley 1257 de 2008] Si se cometiere contra una mujer por el hecho de ser mujer�) y el 119 en su versi�n original dec�a: �ART�CULO 119. Cuando con las conductas descritas en los art�culos anteriores, concurra alguna de las circunstancias se�aladas en el art�culo 104 las respectivas penas se aumentar�n de una tercera parte a la mitad�.
Su inciso 2� fue modificado por la Ley 1098/2006: �Cuando las conductas se�aladas en los art�culos anteriores se cometan en ni�os y ni�as menores de catorce (14) a�os las respectivas penas se aumentaran (sic) en el doble�. // Todo ello obliga pensar si efectivamente podr�a aqu� aplicarse la agravante 11� del art. 104 (mod. Por la Ley 1257/2008), por remisi�n del 119 CP., si se tiene en cuenta que a la fecha fue derogada dicha agravaci�n por el art. 13 de la Ley 1761/15, y a su vez, el art. 119-2�, fue modificado por la misma ley 1761 anotando que �Cuando las conductas se�aladas en los art�culos anteriores se cometan en ni�os y ni�as menores de catorce (14) a�os o en mujer por el hecho de ser mujer, las respectivas penas se aumentar�n en el doble.� (subrayas a�adidas) lo que obliga ciertamente examinar, si una tal circunstancia como �sta aqu� comparece, la cual es enteramente valorativa, y si se identifican o no, y en todo caso, si contiene efectos agravantes ocluidos por el principio de favorabilidad.
Por ende, todo ello entrar�a dentro del margen de negociabilidad del Fiscal. Y en todo caso, considerar si la nov�sima agravante de la Ley 1761 es exactamente la misma de las Leyes 1758 y 1098. Con todo, estas son disquisiciones que se ahorran ahora, porque es lo cierto que la dicha circunstancia fue, precisamente, lo que dio entibo al preacuerdo. Cfr. SP9853-2014 -Radicaci�n n� 40.871-(Aprobado Acta No. 226); diecis�is (16) de julio de dos mil catorce (2014). Reiterado en auto del 6 de junio de 2007, radicaci�n 27.278, auto del 27 de junio de 2007, radicaci�n 27.177, auto del 24 de octubre de 2007, radicaci�n 24.561. Proceso No. 46688 (25/11/2015).
All� se dijo que constitu�a clara actuaci�n contra la ley �por ejemplo, cuando las decisiones se sustraen sin argumento alguno del texto de preceptos legales claros y precisos, o cuando los planteamientos invocados para ello no resultan de manera razonable atendibles en el �mbito jur�dico, entre otros casos, por responder a una palmaria motivaci�n sof�stica, grotescamente ajena a los medios de convicci�n o por tratarse de una interpretaci�n contraria al n�tido texto legal�, (�) �En una tercera versi�n del mismo preacuerdo, realizada en la audiencia del 8 de julio de 2011, el fiscal ahond� e hizo m�s notorio el desconocimiento del precepto, pues, sin elemento de juicio serio alguno, y alej�ndose cada vez m�s de la prueba sobre el verdadero monto de la defraudaci�n, concluy� y pact� que el procesado, seg�n consta en la trascripci�n de la audiencia, �precisamente por las dificultades probatorias� y basadas las partes �en las pr�cticas de la justicia premial que caracteriza el sistema acusatorio�, en realidad se hab�a apoderado de $50.000.000, por lo que reintegrar�a esa suma en dos contados.� (Subrayamos). CSJ- STP2327-2016- Radicaci�n N� 84.228.
Febrero 25 de 2016. CSJ, Proceso No. 42184 (15-10-2014) CSJ, Proceso No. 42184 (15-10-2014) STP17226-2014, STP3646-2015 STP10043-2015, radicados 76549,78742 y 80476. CSJ-Penal- Acci�n de tutela No. 84886 (31-3-2016) Llamado, por el HM E. Fern�ndez Carlier, �Preacuerdo con degradaci�n�, en SV a Proceso No. 45736 (24-02-2016). PAGE 1 No. 20120124701 Procesado: Carlos Eduardo Ruiz Londo�o Delito: Lesiones personales Asunto: Fallo de 2� instancia Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal PAGE PAGE 2 6Kgy|������������������ ����������ԭԭԛ�yhWF h'J&hlU�CJOJQJ^JaJ h'J&h�:�CJOJQJ^JaJ h'J&h�K�CJOJQJ^JaJ h'J&h�N%CJOJQJ^JaJ h'J&h�_�CJOJQJ^JaJ#h'J&h�_�5�CJOJQJ^JaJ(h'J&h�yZCJOJQJ^JaJmH sH "h�eCJOJQJ^JaJmH sH (h'J&h�_�CJOJQJ^JaJmH sH +h'J&h�_�5�CJOJQJ^JaJmH sH 678Kg}~������� � ����������������$��dh`��a$gd'J&$ &Fdha$gd'J&�8dh^�8gd'J&dhgd'J&$�dh^�a$gd'J& $dha$gd'J&�dh^�gd'J&$dh&dP��a$gd'J& $dha$gd'J&� � � �.
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���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin listaH@�H�_� Encabezado ��8!mHsHtHX�/��X�_�Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtHB @B�_� Pie de p�gina ��8!^�/��!^�_�Pie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH 8)`��18�_�N�mero de p�gina@B�_��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha,FA,ft,CarCJaJH�/��QH�_��Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Car Car Car Car,Footnote Text Char Char Char Car Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH &`��a�_�0�Ref. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Appel note de bas de page,Footnotes refss,Ref. de nota al pie 2,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,FH*8�/��q8�_��Texto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Cha Car,ft Car,FA Fu Car1$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH B�/���B�_�apple-converted-spaceN^�N �_�0Normal (Web)�d�d[$\$mH $sH $tH $:U ���: �0Hiperv�nculo >*ph�RQ@�R��Texto independiente 3�xCJaJj�/���j��Texto independiente 3 Car CJOJPJQJaJmH sH tH L��L �;�0Texto de globoCJOJQJ^JaJ`�/���`�;�0Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6_rels/.rels���j�0���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml�M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� 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