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ASUNTO Resuelve la Sala el recurso de apelaci�n interpuesto por el defensor de la se�ora JANETH MAR�N MURILLO, contra la sentencia proferida por el Juzgado Penal del Circuito de Aguadas, Caldas, el diecinueve (19) de diciembre de dos mil doce (2012), y mediante la cual conden� a la pena principal de diecisiete (17) a�os y cuatro (4) meses de prisi�n como autora responsable del punible de homicidio simple, siendo ofendida con la acci�n, la se�ora Luz Adriana Loaiza.
II.
HECHOS Estos se consignaron en la decisi�n de primer nivel en los siguientes t�rminos: �Fueron narrados en el escrito de acusaci�n de la siguiente manera, �El d�a 4 de diciembre de 2011, a eso de las 02:00 horas, el operador de la estaci�n de polic�a municipal de P�cora, Caldas, report� al funcionario de la Unidad B�sica de investigaci�n criminal �SIJIN- de Aguadas, patrullero KLEIDERMAN ALEJANDRO ESPINOSA PINEDA, que en el hospital de dicha poblaci�n se encontraba un cuerpo sin vida de una persona de sexo femenino, la cual fue llevada por personal policial ya que se hallaba en estado de inconsciencia Seg�n informaci�n de primer respondiente aportado por personal de vigilancia del municipio de p�cora (sic), conformado por los se�ores patrulleros JORGE MARIO VELASQUEZ ORTIZ y JAVIER ADOLFO AYALA CASTRO, fueron notificados por el radio operador de la estaci�n de polic�a de Salamina que verificaran una informaci�n donde un ciudadano hab�a expuesto que en el sector del barrio Mariscal de esa localidad, exactamente en la salida para el corregimiento de Castilla, se halla sobre un and�n ubicado en la calle 1 con carrera 4, el cuerpo de una persona de sexo femenino. Fue as� como de inmediato la patrulla de la polic�a se dirigi� hasta el sector se�alado y observaron en el cuerpo de una mujer que ol�a a licor, al revisar que no atend�a los llamados de los policiales estos decidieron trasladarla en la motocicleta de servicio hasta las instalaciones del hospital local donde fue atendida y al revisar el cuerpo, el m�dico de turno manifest� que la persona se encontraba ya sin signos vitales.
De acuerdo con el protocolo de necropsia practicado a la occisa por parte del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Unidad B�sica de Aguadas, se concluy� por parte del galeno que la muerte se produjo por herida trasfixiante de coraz�n, secundario a un taponamiento cardiaco, en un shock cardiog�nico de inmediata instalaci�n ocasionada por arma cortopunzante�.
III. ACTUACI�N PROCESAL El doce (12) de enero de dos mil doce, (2012) ante el Juez Promiscuo Municipal con Funci�n de control de Garant�as de P�cora, -Caldas-, la Fiscal�a �nica Seccional solicit� orden de captura en contra de la se�ora JANETH MAR�N MURILLO, la que se hizo efectiva dos (2) d�as despu�s, legaliz�ndose la misma. Se le formul� a �sta, imputaci�n por el delito de Homicidio Agravado, art�culos 103 y 104, numeral 7� del C.P., cargos que no fueron aceptados.
Ante la solicitud de imposici�n de medida de aseguramiento, la misma fue aceptada, orden�ndose la detenci�n preventiva en el domicilio de aqu�lla. Esa decisi�n fue apelada por la Fiscal�a Instructora del proceso, la que en efecto fue revocada en segunda instancia, orden�ndose su traslado a la reclusi�n de mujeres de esa localidad. La audiencia de formulaci�n de acusaci�n se efectu� el veintinueve (29) de marzo del mismo a�o, por el Juzgado Penal del Circuito de la localidad de Aguadas �Caldas, mientras que la preparatoria tuvo lugar el catorce (14) de junio siguiente.
El juicio p�blico y oral fue iniciado el dieciocho (18) de julio del mismo dos mil doce (2012); continuando al d�a siguiente, as� como los d�as catorce (14) de agosto y trece (13) de septiembre, finiquitando con sentido de fallo condenatorio por el homicidio en la persona de la se�ora LUZ ADRIANA LOAIZA. La lectura del fallo se produjo el diecinueve (19) de diciembre de dos mil doce (2012).
EL FALLO IMPUGNADO La a quo, luego de efectuar un an�lisis de la prueba, tanto individual como en conjunto, verific� la ocurrencia de los hechos y la responsabilidad de la acusada, al propinarle un chuz�n en el pecho, la noche del tres (3) de diciembre del a�o dos mil once (2011), en hechos ocurridos en el municipio de P�cora. Las versiones de los testigos presenciales indican que entre la acusada y la occisa, se dio una discusi�n moment�nea; la segunda profer�a palabras soeces a la primera quien permanec�a en silencio; su accionar se limit� a quitarse de encima a la agresora, arribando en esos momentos la polic�a y llev�ndose a la hoy v�ctima con destino a la Estaci�n de Polic�a, en tanto que Janeth regresaba al Bar donde se encontraba minutos antes en actitud normal.
En cuanto al agravante endilgado, -consider� la a quo-, la prueba practicada no lo estructura, pues de condenarse por homicidio agravado, se vulnerar�an garant�as fundamentales de la acusada, dado que se desconocer�a el principio de legalidad, tal y como lo tiene dicho la Corte Suprema de Justicia en m�ltiples decisiones. Record�, que la causal aludida en el numeral 7� del art�culo 104 del C.P., referida a la situaci�n de indefensi�n, conocida como alevos�a, se da cuando el sujeto activo la haya procurado con su actividad o se haya aprovechado de ella, sin contribuir a producirla; comprende el modo de matar a traici�n, sin que el que lo hace se exponga en absoluto, puesto que el implicado emple� medios, modos o formas de ejecuci�n para asegurar la muerte deseada, sin riesgos para el autor.
Esa situaci�n no fue la acaecida en este evento, por la forma de ocurrencia de los hechos, pues, no hubo premeditaci�n alguna para la comisi�n de la conducta que configure la dicha causal. Es que es necesario el actuar sobre seguro, sin riesgo alguno por parte del accionar de la v�ctima o de terceros con el prop�sito de oponerse o rechazar la agresi�n, siendo precisamente ese aprovechamiento indigno, esa serena y fr�a deliberaci�n del sujeto activo lo que el legislador ha tenido en cuenta para calificar la muerte en el numeral 7� del art�culo 104 citado.
En el sub examine no se puede afirmar que la acusada se aprovech� de la especial situaci�n de desvalimiento e indefensi�n de la se�ora Luz Adriana Loaiza. Tampoco puede decirse que la ejecuci�n del delito por parte de Janeth Mar�n Murillo fue premeditada, s�bita e inesperada o por sorpresa, de tal suerte que no tuviera oportunidad de defensa y estuviera a merced de su victimaria.
Sintetiz�, que con la prueba practicada no es posible estructurar la causal imputada, no obstante haberse acusado por homicidio agravado, siguiendo as� la l�nea jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, seg�n la cual �en materia de congruencia entre acusaci�n, solicitud de condena y sentencia, los funcionarios no est�n ligados de manera estricta a las calificaciones jur�dicas del Fiscal si de lo que se trata es de favorecer la situaci�n del acusado�.
Las anteriores reflexiones, -recalc� la Juez-, imponen se�alar que en este evento se re�nen las exigencias del art�culo 381 de la Ley 906 de 2004 para proferir sentencia condenatoria en contra de JANETH MAR�N MURILLO, como autora responsable del delito de homicidio en la persona de la se�ora LUZ ADRIANA LOAIZA, toda vez que el juzgado adquiri� el conocimiento, m�s all� de toda duda, acerca de la existencia del delito y de la responsabilidad penal de la acusada.
LA IMPUGNACI�N Inconforme con la decisi�n, recurri� en apelaci�n el defensor del procesado, quien en su escrito advierte: 1. Que a pesar de las m�ltiples dudas generadas en el proceso, no se aplic� el in dubio pro reo, al contrario, se conden� a su defendida sin existir certeza, m�s all� de toda duda razonable, como responsable del delito de homicidio. 2.
La sentencia de la A quo est� soportada en una inferencia personal, sin respaldo probatorio, ya que los dos testigos de visu desvirt�an tal deducci�n de la juez, al manifestar al un�sono, que Janeth realiz� solo un toque fugaz con un elemento met�lico peque�o en el pecho de la fallecida. 3. No es dable predicar o promulgar que la acusada ocasion� dos heridas y que cada testigo, a pesar de estar juntos y observar la agresi�n de principio a fin, vieron una lesi�n por separado, diferente en momentos distintos, explicando as� lo inexplicable, o sea, el por qu� la occisa ten�a dos heridas. 4.
Las reglas de la experiencia ense�an que si dos testigos observan una misma agresi�n, no tienen por qu� ver dos situaciones distintas y en diferentes tiempos, quedando claro que Janeth solo rasgu�� a Luz Adriana con una llave en su mano. 5. Ambos deponentes son coincidentes en que Janeth hizo un solo lance o movimiento hacia la corporeidad de Luz Adriana, dimanando de la cosecha de la propia juez, el postulado de dos lances, para auto explicarse la existencia de las dos lesiones que aquella presentaba. 6.
La ocurrencia del fallecimiento de la se�ora Luz Adriana, tiempo despu�s del encuentro f�sico con Janeth, abre cabida a un boquete temporo -espacial, en el que encajan varias teor�as, que confluyen en el padecimiento de una segunda lesi�n, -no la �nfima hecha por Janeth-, sino por parte de persona o personas diversas a la implicada. 7. Si los testimonios son veraces y cre�bles, de d�nde expone el juzgado el argumento que cada uno vio momentos distintos? Es inexplicable que Juli�n no observara a Janeth separar a Luz Adriana dejando las manos de forma tangencial ocasionando la herida mortal y que Manuel Salvador tampoco viera cuando Janeth separa a la occisa abriendo las manos de lado, ocasion�ndole una herida superficial. 8.
Qued� claro, que es imposible que con un leve golpe Janeth Mar�n Murillo produjera dos heridas en el pecho de Luz Adriana. 9. Uno de los derechos b�sicos del in dubio pro reo, donde la duda se resuelve a favor del acusado, pero en la sentencia ocurre lo contrario, la duda se resuelve en su contra y esto tambi�n se observa con relaci�n al dictamen pericial. 10.
Qued� claro tambi�n, que Janeth no fue en busca de Luz Adriana y que fue �sta quien al observar a la acusada se le abalanz� para agredirla, por lo que Janeth no tuvo tiempo alguno de planear el homicidio, ni la actuaci�n dolosa de ejecutarlo, d�ndose la posibilidad de una leg�tima defensa en exceso; hubo una agresi�n injusta, de car�cter inminente, que se repeli� para evitar ser lesionada, excedi�ndose en �sta. 11.
La occisa nunca manifest� dolor o malestar propios de una herida de tal magnitud. Los polic�as igual la vieron normal y solo le percibieron un peque�o rasgu�o en el pecho, que no fue la herida mortal, mientras estuvo all� en calidad de retenida, estuvo l�cida, al punto de convencer a los uniformados para que la dejaran ir para la casa. 12.
Seg�n lo certifica el Agente del Comando de Polic�a de Salamina, a la una de la madrugada del 4 de diciembre, estaba Luz Adriana viva, siendo atracada por un sujeto, lo que fue corroborado cuando los polic�as encontraron a la occisa desmayada. 13. Son demasiadas las situaciones sorteadas por LUZ ADRIANA posteriores al encuentro con JANETH MARIN, que permiten suponer que el agresor mortal fue otro, porque la herida era de tal magnitud que no pudo permanecer por mucho tiempo de pie, pero que por la inexperiencia de quien realiz� el trabajo forense qued� en el aire y a la postre perjudic� a una madre de familia inocente, que estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada. 14.
Ruega finalmente se revise con detenimiento la sentencia impugnada, revoc�ndola y absolviendo a su defendida en aplicaci�n al in dubio pro reo. Subsidiariamente se modifique la sanci�n con cualquiera de las circunstancias atenuantes anotadas, sin profundizar sobre ellas, ante la plena inocencia de su representada. VI. CONSIDERACIONES DE LA SALA Competencia 1.
Es competente la Sala para resolver la alzada propuesta, conforme lo habilita el art. 34 numeral 1�. de la Ley 906 de 2004. Problema jur�dico 2. La Sala debe esclarecer, i) si la valoraci�n dada por la se�ora Juez de instancia a las pruebas presentadas en el juicio oral, se corresponde o no con la realidad de los hechos, por cuanto, -seg�n el censor-, existen seria dudas en cuanto a la responsabilidad de su prohijada; ii) subsidiariamente, si el comportamiento de �sta, se ubica en la causal de ausencia de responsabilidad de la leg�tima defensa y por ende debe ser absuelta de todos los cargos, o, finalmente, iii) si existe como m�nimo para que se le reconozcan las diminuentes punitivas del estado de ira y/o el exceso en la leg�tima defensa.
De la valoraci�n probatoria 3. Como bien lo ha sostenido esta Colegiatura en otrora, la etapa de la valoraci�n probatoria la realiza el fallador, una vez que las partes han presentado sus argumentos y su personal apreciaci�n en cuanto al m�rito que se le debe otorgar al acopio probatorio, obviamente desde la perspectiva de la teor�a del caso.
Significa ello, que en esta etapa el juzgador realiza la correspondiente reconstrucci�n f�ctica (juicio de hecho) y jur�dica (juicio de derecho), en cuanto a la comisi�n de la conducta punible y la participaci�n y responsabilidad penal del acusado, lo cual deber� concluir sobre el grado de conocimiento �m�s all� de toda duda� y con base en los precisos criterios de valoraci�n se�alados en el respectivo cap�tulo de la citada Ley 906 de 2004.
Conforme con lo anterior, ha de determinarse que s�lo pueden ser objeto de apreciaci�n aquellos medios de prueba en cuyo proceso de producci�n y aducci�n, se respetaron los derechos fundamentales y los requisitos formales que establece la ley como condici�n de su validez. Ha de recordarse tambi�n, que en la labor de apreciaci�n probatoria y en especial de la prueba testimonial lo esencial es su contenido suasorio, lo cual permite al juzgador contar con elementos de juicio para darle o no credibilidad a la luz de un examen racional, siempre sujetado a los par�metros de la sana cr�tica.
En torno al tema la Corte Suprema de Justicia tiene dicho: ��Surge inicialmente reiterar que la apreciaci�n de las pruebas constituye la operaci�n mental que realiza el funcionario judicial con el fin de conocer el m�rito que pueda deducirse de su contenido, actividad que cuenta con apoyo en los principios de la ciencia, los postulados de la l�gica y las m�ximas de la experiencia. Por manera que dentro de dicha actividad el funcionario debe verificar, en primer t�rmino, si las pruebas incorporadas al proceso cumplieron con el rito establecido en la ley en lo atinente al proceso de producci�n y aducci�n, para seguidamente establecer hasta d�nde cada una cumple con el postulado de pertinencia, conducencia y utilidad para su convencimiento y, finalmente, debe confrontarlas entre s� a fin de purificarlas de errores, contradicciones y discrepancias.
Dicho de otra forma, el m�todo de apreciaci�n de las pruebas adoptado por el C�digo de Procedimiento Penal impone un examen individual y de conjunto, de la naturaleza del objeto percibido, el estado de sanidad de los sentidos con los que se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, de las singularidades que puedan incidir en el alcance de la prueba examinada, los supuestos l�gicos, los fundamentos aportados por la ciencia, las premisas t�cnicas y las reglas de la experiencia para inferir la soluci�n jur�dica que la situaci�n examinada amerita.
Recu�rdese que cumplido con lo anterior, el funcionario debe proceder a realizar una reconstrucci�n hist�rica (juicio de hecho), declarando en la decisi�n motivada qu� hechos afirmados por los sujetos procesales se encuentran probados y cu�l es su convencimiento de los que son objeto del debate, para posteriormente proceder a la elaboraci�n del correspondiente juicio de derecho.
Los testigos del caso sub judice 4. Venidos al caso que concita nuestra atenci�n, debe enfatizarse que si bien las personas que declararon en juicio y que fueron testigos de visu, esto es, Juli�n Andr�s Quintero P�rez y Manuel Salvador Aguirre Hurtado, observaron a la hoy occisa encuellar y maltratar verbalmente a la acusada; tambi�n lo es que �sta se encontraba menos embriagada que la primera y dotada de una arma cortopunzante, como quien dice, estaba en mejores condiciones para causar da�o. As� se desprenden de las declaraciones rendidas por los citados testigos: JULI�N ANDR�S QUINTERO P�REZ �En este momento siempre estoy nervioso por lo que he recibido siempre amenazas de la persona del pap� de la se�ora, me han ido a acusar muy feo a la casa, me han querido como, pues no me encuentro en este momento para estos casos, porque es primer vez que yo vengo a un caso de estos� El pap� de Janeth me ha salido a la calle y ha ido a buscarme a la propia casa con una persona forastera entonces ese es el miedo que a m� me da� Pues la primer vez me sali� que yo como me llamaba, que yo por qu� estaba acusando a Janeth de esa cosa y que m�s adelante nos ve�amos frente a frente a ver qu� pasaba en el juicio y que tranquilo que yo no me preocupara que porque ellos tienen familia, yo no s� en d�nde que en la polic�a entonces que ellos cobran venganza sobre esto� Despu�s fue con una persona forastera a mi propia casa tocando, preguntando a los vecinos que d�nde viv�a yo�.
La fiscal�a como que le llamo la atenci�n al se�or� Pues yo me siento nervioso y lo que est� escrito ya est� ah� escrito� A Janeth la distingo de simple vista�la distingo hace por ah� cinco a�os�En ning�n momento he tenido problemas con Janeth A Luz Adriana, la distingo de simple vista hace por ah� 5 a�os tambi�n� Yo trabajo en la taberna �Laos�, yo soy el DJ de la taberna, all� se encierra mucho calor, entonces yo me salgo por la noche a tomar aire fresco debido al calor que hace, en el momento, me sal�, me par� en la esquina de la casa chancera, estaba ah� charlando con un compa�ero de la finca un amigo de la finca cuando sent� que por detr�s se me arrecost� (sic) una persona en la reja de la casa chancera, cuando escuchamos que dijo la se�ora que se recost� por detr�s, que ah� viene esta malparida, entonces ya cogimos y nos tiramos hacia el and�n, cuando miramos cual era la persona que ven�a, ven�a una persona del lado de al frente por el parque, en el momento la se�ora que ven�a la alcanz� a ver, se le peg� en el �.. la se�ora que venia alcanz� a la otra persona se le peg� as� en el pecho a la persona y la otra se�ora sac� las manos y simplemente se las retir� as� de encima, cuando alz� las manos y se escondi�, vi que alumbr� algo un metal la persona a la que retir� le sigui� alegando agredi�ndola verbalmente, en el momento pasaba la patrulla y como la se�ora estaba agredi�ndola a la otra verbalmente se llev� a la se�ora.
Se llev� a la se�ora que quit� encima la polic�a, hasta ah� vi a esa persona. Ya cuando la polic�a se fue con la persona vi cuando despu�s la se�ora que qued� en el sitio limpi� una puntica, pero no vi bien si era una navaja o un destornillador no vi, si vi que limpi� algo de sangre, de ah� me retir� yo tambi�n a seguir trabajando� Pues en el momento no me sab�a el nombre, pero en este momento ya me lo s�, se llama Janeth.
La persona que se llev� la polic�a es la mujer que venia cruzando el parque, en el momento no me sabia el nombre de la persona, �.se llama Luz Adriana� Luz Adriana se encontraba algo embriagada,�. por lo que en el d�a ella estuvo en la taberna y siempre se le notaba, sali� algo embriagada de ah� y por la noche cuando la volvimos a ver siempre venia embriagada �No, no le vi armas a Luz Adriana� (Se encontraba sola el d�a de los hechos�En los hechos si vi a Janeth Marin� estaba en estado normal�Tambi�n se encontraba sola�M�s o menos a dos o tres metros de la taberna�Entre 11 y 30 y 12 de la noche, porque a esa hora siempre estoy acostumbrado a salir a tomar el aire�Las personas que vieron los hechos, no s� si de pronto los mismos fueron las empleadas de un establecimiento que se llama �el Chispero� y de m�s personas que hab�an por ah� en el momento� El sitio estaba m�s bien� pues ni muchas ni bastantes luces No, vi que alumbraba algo como ya le dije, que le alumbr� algo cuando retir� las manos� a una distancia de la casa chancera como a dos o tres metros�Janeth se recost� en la reja �..Janeth fue la persona que dijo que ah� viene la perra� le dec�a palabras soeces a la otra se�ora� cuando la occisa se le arrima a Janeth le dice que esta me quit� a mi marido y Janeth se la retir� de ah� encima y ah� la occisa empez� a decir palabras soeces�trat�ndola de perra Cuando Luz Adriana se le arrima a la otra persona y la coge del cuello, Janeth coge y saca las manos y se la retira as� y de ah� fue donde se le vio alumbrar un metal en las manos de Janeth�Despu�s de que ocurri� eso, la occisa empez� a insultarla en el momento lleg� la polic�a y se llev� a la occisa y Janeth sigui� para abajo�Luz Adriana ten�a marido, lo distingo no m�s�No le conoce esposo a Janeth� No tengo conocimiento de que se trataba simplemente vi de que le alumbr� un metal�En el momento en que recogen la polic�a a la occisa, Janeth sigue su camino y limpia un arma entonces ah� donde yo v� como rastros de sangre�La limpi� con los dedos�La vi en el momento en que la patrulla la recogen� DEFENSOR Ella sigui� discutiendo ah�, o sea Luz Adriana, en ning�n momento se quej� ni cay� al suelo ni nada�La se�ora Luz Adriana agredi� a la se�ora Janet en el momento de como la coge.
REDIRECTO FISCAL Manuel Salvador Aguirre, no conozco ese nombre. El Despacho Eso fue en diciembre del a�o pasado� Los polic�as llegaron y se llevaron a Adriana, la montaron en la moto eran dos polic�as�� Por su parte, esto fue lo que declar� el se�or MANUEL SALVADOR AGUIRRE HURTADO ��A Luz Adriana yo la distingu�a de vista en el pueblo, la distingu�a en la calle que tomaba mucho trago todo eso, la ve�a mucho por ah� en el pueblo� S�, a Janeth Mar�n tambi�n la distingu�a en el pueblo� pues uno en el pueblo pr�cticamente a todo mundo lo distingue y todo mundo los distingue a uno, yo la distingu�a por ah� en la calle�Pues lo que vimos nosotros, est�bamos ah� en una esquina y ellas estaban ah� como alegando no s�, y ya ella como que se le arrim� un poquito y alegaron muy poquito y yo no s� ella como que la chuz� con algo por que la muchacha en un momentico la llevaron los polic�as y pues seg�n eso dicen de que se muri� Yo estaba con un amigo que se llama Juli�n, pues y por ah� hab�a mucha gente pero yo estaba con el conversando en la esquina� Se trata de la morena pues yo no s� el nombre de ella y la mona pues tampoco me recuerdo mucho el nombre de ella, ellas estuvieron ah� un momentico alegaron, la negra la trataba mal, la mona no s� qu� le dir�a, y ella como que la estruj� y ya en ese momento pues yo no vi m�s nada de eso, pues ella, nosotros vimos como una navajita algo chiquitico no s� si eso fue que ella se muri� o que pero eso fue lo que vimos en ese momento�.
Pues lo que nosotros vimos ella ten�a como una navajita chiquita en la mano y ya despu�s de que la negra se retir� le limpi� una cosita con la navajita y sali� y se fue y ya la negra se la llevaron� Ellas ni pelearon ni se tocaron, la mona estruj� a la negra y listo no m�s, eso fue lo que nosotros vimos� La negra la trababa mal y la otra yo no s� qu� le dir�a pero ella tambi�n le hablaba no s� qu� le dir�a en ese momento� En eso momento ella estaba sola, o sea Luz Adriana� Janeth en el momento tambi�n estaba sola..
Ella limpi� como una cosita no s� si era una navaja o s� que era pero ella si ten�a como un algo en la mano�Al otro d�a como a medio d�a pues la gente ya comentaba por ah� en la plaza� Pues que la negra apareci� muerta por all� arriba yo no s� ad�nde como en el instituto por all� arriba y pues entonces, pues en eso momento pasaron en una moto dos polic�as y se la llevaron y por all� la �largaron� en el instituto y por all� apareci� muerta dicen� Nosotros est�bamos ah�, ah� mismo pas� una moto con dos polic�as y la metieron ah� como ella estaba ah� como en la calle como alegando entonces la subieron y se la llevaron�Ella, la negra estaba algo embriagada� pues uno la ve�a m�s o menos que si, pues no estaba muy borracha pero dem�s que si ten�a unos tragos en la cabeza� La mona estaba como en m�s en sano juicio�Ella se mont� sola en la moto, o sea la negra.
DEFENSOR La negra se le arrim� a ella pues como a cogerla de la nuca y ya ella fue cuando ella ya la empuj�No se fijamente si era una navaja o que pero era algo met�lico brillantico� Los polic�as siguieron con ella hacia arriba� no s� si se la llevaron al comando� El Despacho La negra le dec�a palabras, pues soeces y ella pues la mona no, era m�s callada y ya pues ah� fueron donde sucedieron los hechos�yo creo que una mera vez�� 5.
Ambos testigos son coincidentes en afirmar que cuando la occisa lleg� a la reja de la puerta de �Su Suerte�, de inmediato encuell� a la acusada, al tiempo que la ofend�a en forma verbal, pero que la reacci�n de �sta fue zafarse abriendo las manos y en una de ellas, se le observ� brillar una punta met�lica, sin que lograran identificar la clase de arma, y en esos momentos arrib� la polic�a; se llevaron a Luz Adriana, pues se ten�a previo conocimiento que estaba armando desorden debido a su estado de embriaguez, sin que percibieran el actuar de la acusada con el punz�n, en tanto que Janeth se qued� en lugar, limpi� el elemento utilizado y regres� al establecimiento p�blico como si nada hubiera pasado.
Pero, tambi�n es acertado deducir, que quien provoc� las rencillas aquella noche, fue ni m�s ni menos que la propia Luz Adriana Loaiza. Desde el momento mismo que observ� a Janeth en una esquina de la plaza, de inmediato la abord�, la encuell� y la reacci�n de Janeth no se hizo esperar, hiri�ndola en el pecho, lo que a la postre termin� con su vida minutos m�s tarde, seg�n lo dieron a conocer los diferentes testigos que desfilaron durante el debate del juicio p�blico y oral, as� como las valoraciones m�dico-legales arrimadas legal y oportunamente al proceso, en especial el informe pericial de necropsia.
V�ase: �PRINCIPALES HALLAZGOS DE NECROPSIA Al termino (sic) de la necropsia se pudo evidenciar la presencia de (2) dos heridas por arma cortopunzante, al parecer navaja, en regi�n anterior del t�rax, penetrante a coraz�n, una de �llas (sic) suficiente e idonea (sic) para producir lal (sic) muerte en un shock cardiog�nico, de inmediata instalaci�n� Vanos fueron los intentos de Janeth, de tratar de evadir el encuentro con la agraviada de tiempo atr�s, quien al parecer no pensaba declinar en el empe�o de enfrentarse a aqu�lla.
Decidi� entonces �Luz Adriana-- abordarla y enfrentarla, pero con tan mala suerte que su oponente �Janeth-- se encontraba armada. Y as�, en cuesti�n de segundos, se deshizo de ella; al tiempo que ello ocurr�a, hac�a presencia la polic�a para llevarse a Luz Adriana en calidad de retenida, en tanto que a Janeth no le observaron nada, procediendo �sta a continuar con su noche de fiesta, tal y conforme lo dejaron consignado los testigos de visu. 6.
Lo que igualmente qued� claro, es que la se�ora Luz Adriana Loaiza fue agredida en su cuerpo, recibiendo dos heridas graves que repercutieron minutos m�s tarde en su existencia, ante el shock cardiog�nico por heridas de arma cortopunzante. Parece indiscutible, que Janeth albergara intenci�n homicida. Es lo cierto que quien inici� la gresca fue precisamente la occisa, al tratar mal de palabra y al tomar por el cuello �encuellar-- a Janeth.
La acusada reaccion� contra la ac� v�ctima, pero no puede afirmarse con rotundidad que estuviese animada de manera certera en causar la muerte, pues, puede decirse que el lance de quien est� encuellado, es ciego, sin rumbo, mejor dicho, donde caiga. A ello s�mese el estado de alicoramiento de quien hiere. Testigo �nico 7. Basados pues en la prueba testimonial recopilada en este evento, resulta necio quitarle contundencia y credibilidad a JULI�N ANDR�S QUINTERO P�REZ y MANUEL SALVADOR AGUIRRE HURTADO, por ser �como se dijo-, los �nicos testigos de los acontecimientos.
En ellos no se perciben incongruencias e inconsistencias; esta Corporaci�n no las avizora; al contrario, sus dichos ostentan sinceridad, imparcialidad, coherencia y verosimilitud, no hay apasionamientos o prop�sitos de faltar a la verdad, y por tanto merecen todo el cr�dito otorgado por la Juzgadora de Instancia, que ahora se convalida, m�xime, que a pesar de existir amenazas por parte del progenitor de la acusada, en contra de Juli�n Andr�s como lo advirti�, se ratific� en lo manifestado en la entrevista que se le hiciera en los albores de la investigaci�n, por lo que sus dichos valen y tienen respaldo en las dem�s pruebas practicadas. 8.
Para el censor, los relatos de Juli�n Andr�s y Manuel Salvador se tornan sospechoso y hasta contradictorios; pero no puede desconocerse que justamente el rol de la defensa, en el SAP es proactivo; debe procurar demostrar tambi�n su teor�a; el principio de igualdad de armas, hace plausible una actuaci�n de esta naturaleza. Por eso no puede mancharse de sospecha, simplemente porque s�, la aportaci�n de elementos materiales probatorios por la defensa.
La Leg�tima Defensa 9. La leg�tima defensa se erige en un tipo permisivo por medio del cual est� autorizado que una persona vulnere el bien jur�dico de otra, si esta �ltima inicia un proceso de agresi�n injusta �actual o inminente�que marca la justeza de la reacci�n del primero, en tanto la dicha reacci�n sea proporcionada y adem�s necesaria.
En palabras de la CSJ: �La leg�tima defensa es el derecho que la ley confiere de obrar en orden a proteger un bien jur�dicamente tutelado, propio o ajeno, ante el riesgo en que ha sido puesto por causa de una agresi�n antijur�dica, actual o inminente, de otro, no conjurable racionalmente por v�a distinta, siempre que el medio empleado sea proporcional a la agresi�n. Requiere, por tanto, para su configuraci�n, que en el proceso se encuentre acreditado la concurrencia de los siguientes elementos: a).
Que haya una agresi�n ileg�tima, es decir, una acci�n antijur�dica e intencional, de puesta en peligro de alg�n bien jur�dico individual (patrimonio econ�mico, vida, integridad f�sica, libertad personal). b). Que sea actual o inminente. Es decir, que el ataque al bien jur�dico se haya iniciado o inequ�vocamente vaya a comenzar y que a�n haya posibilidad de protegerlo. c).
Que la defensa resulte necesaria para impedir que el ataque injusto se materialice. d) Que la entidad de la defensa, sea proporcionada, tanto en especie de bienes y medios, como en medida, a la de la agresi�n. e) Que la agresi�n no haya sido intencional y suficientemente provocada. Es decir que de darse la provocaci�n, �sta no constituya una verdadera agresi�n ileg�tima que justifique la reacci�n defensiva del provocado.� Tambi�n la doctrina patria ha dicho lo siguiente, respecto de la agresi�n, como puerta de entrada en la causal eximente que se estudia: �Habr� necesidad de a defensa gen�rica-abstracta, desde el momento en que exista la agresi�n antijur�dica y mientras lo sea, es decir, la necesidad de defender de alguna forma los derechos puestos en peligro.
A su vez habr� necesidad de defensa en concreto --espec�fica-- en el sentido de adoptar la defensa racionalmente necesaria o proporcionada, es decir, el procedimiento defensivo que se requiera en caso (sic) concreto". Del primer aspecto de la necesidad se colige la existencia o no de la leg�tima defensa. Si no hay agresi�n antijur�dica --no hay necesidad de defensa gen�rica--, tampoco habr� la posibilidad de ejercer leg�tima defensa.
Mientras que existiendo la primera, si no se observa la necesidad de defensa concreta, lo que acontece es que no se cumple el requisito de la racionalidad en la defensa, proporcionalidad del C�digo Penal Colombiano, es decir, hubo exceso en la defensa" (p. 125) En palabras del profesor Claus Roxin: �El derecho a la legitima defensa actualmente vigente se basa en dos principios: la protecci�n individual y el prevalecimiento del Derecho.
Es decir: en primer lugar la justificaci�n por legitima defensa presupone siempre que la acci�n t�pica sea necesaria para impedir o repeler una agresi�n antijur�dica a un bien jur�dico individual; la legitima defensa es para el "particular un derecho protector duro y enraizado en la convicci�n jur�dica del pueblo". De ello se pueden derivar ya diversas consecuencias que son importantes para la interpretaci�n del derecho de leg�tima defensa.
As� no son susceptibles de legitima defensa los bienes jur�dicos de la comunidad; pues la comunidad no es un "otro" en el sentido del � 32 II. De lo contrario cada ciudadano se erigir�a en polic�a auxiliar y podr�a invalidar el monopolio de la violencia por parte del Estado. "Por ello por regla general el ciudadano no puede hacer frente con la leg�tima defensa a una perturbaci�n del orden publico, en la medida en que no sean simult�neamente lesionados sus derechos" (BGHSt 5, 247).
Por otra parte, el derecho a defender a terceros solo se da en la medida en que el agredido quiera ser defendido; si no quiere, no precisa protecci�n individual, por muy censurable que por lo dem�s pueda ser la conducta agresiva. "Si el lesionado no quiere impedir la agresi�n pese a que tanto jur�dica como materialmente podr�a tomar esa decisi�n, tampoco tendr� un tercero derecho a imponer su auxilio y defender al otro" (BGHSt 5, 248).
Por ultimo, contra una tentativa inid�nea, aunque sea punible, no cabe legitima defensa, pues la misma no pone en peligro ning�n bien jur�dico individual�. Para que la dicha eximente pueda reconocerse, conforme a nuestra legislaci�n, quien pretende ampararse en ella debe actuar i) merced a la existencia de una agresi�n injusta, actual o inminente, ii) con da�o o riesgo para un derecho propio o ajeno, iii) con necesidad de ser defendido, iv) con una respuesta proporcional a la agresi�n evidenciada y v) con �nimo de defensa. 10.
En el sub judice luego de analizada y estudiada la actuaci�n procesal, resulta evidente que en este caso no se estructuran los requisitos legales para reconocer la leg�tima defensa pretendida frente al homicidio de Luz Adriana Loaiza. Y ello porque el haz probatorio ofrece certeza, tanto sobre la ocurrencia del punible contra la vida, como de la responsabilidad de la acusada como autora de la muerte de aqu�lla y como esta fue la decisi�n de instancia, menester es su convalidaci�n, con base en los siguientes conceptos.
En el presente caso, se alega por el censor la causal de ausencia de responsabilidad de la leg�tima defensa, por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresi�n actual o inminente, como lo consagra el art�culo 32-6 del C. Penal. 11. Es �sta, como se sabe, una forma permitida como facultad del individuo para autoafirmarse mediante su propia defensa, ante el ataque antijur�dico proveniente de otro, entre otras razones, para mantener el instinto de conservaci�n o por la protecci�n de bienes igualmente importantes; no obstante, deben concurrir ciertas circunstancias para la completa legitimaci�n de la defensa.
As� pues, la agresi�n debe consistir no s�lo en la afectaci�n que est� padeciendo la persona, sino que debe evidenciarse la puesta en peligro de un bien jur�dico importante que el derecho autoriza proteger, sea de actos intencionales de otros o, simplemente imprudentes, con tal que impliquen una amenaza grave e injusta. 12. Igualmente, necesario es que los mecanismos utilizados para el rechazo, siendo id�neos, no hubiesen entrado en contradicci�n con los que se manipulaban en su contra, y que nada de lo ocurrido en el momento mismo hubiese sido previsto o provocado por el que se dice autorizado para el rechazo.
Como ya se adelant� supra, es cierta la agresi�n f�sica padecida por la acusada, respaldada con los testigos, en especial los de visu por estar cerca de ellas, cuando Luz Adriana encuell� a Janeth, hall�ndose �sta parada en la esquina de �Su Suerte�. Empero, no obstante la existencia de la agresi�n, lo que si no ofrece dudas merced a las probanzas que han sido recaudadas, es que esa agresi�n no alcanz� la gravedad ni comport� un intenso riesgo como el pretendido por el opugnante sobre su representada; de ah� la inexistencia de un peligro que hiciera necesaria la defensa.
Dicho de otro modo, aun pudi�ndose motejar de indebido el encuellamiento por parte de quien ya anunciaba mala voluntad sobre la acusada, tal acci�n no alcanza los lindes de ser una aut�ntica agresi�n en el contexto situacional que se analiza. M�s bien, lo que la actuaci�n retrata es un conjunto de personalidades agresivas e intolerantes, que dado el medio en que discurre su vida, encuentran en la violencia, la soluci�n de cualquier conflicto interpersonal. 13.
Los testigos directos alcanzaron a ver, a muy corta distancia, que cuando Luz Adriana trat� de coger por el cuello a Janeth, �sta de inmediato reaccion� abriendo las manos y haciendo un lance sobre Luz Adriana, momento en el que se le advirti� una punta brillante, la que indiscutiblemente pertenec�a a un arma cortopunzante, no definida, ni identificada.
Los testigos pudieron observar como Jeaneth limpiada el arma, y son enf�ticos en mostrar inerme y embriagada a la occisa. As� las cosas, si la defensa no se observa prima facie como necesaria, el tipo permisivo no puede abrirse paso. 14. Se reitera que Juli�n Andr�s Quintero P�rez y Manuel Salvador Aguirre Hurtado, no observaron en manos de Luz Adriana, arma alguna.
Que solo trat� mal de palabra a Janeth y la asi� por el cuello. La acusada reaccion� hiriendo con un arma a la hoy occisa. Si entre los requisitos para el reconocimiento de la leg�tima defensa, est�n la existencia de una agresi�n actual o inminente e injusta, contra un derecho propio o ajeno; que haya necesidad de la defensa; y, que la defensa sea proporcionada a la agresi�n, aqu� mal pudiera decirse que hubo una agresi�n en los t�rminos que exige la ley; y en todo caso si que puede afirmarse lo desproporcionado de la reacci�n. El que pueda decirse que no existe una agresi�n en los t�rminos que demanda el art. 32-6 del CP., impide siquiera considerar la existencia de un posible exceso.
El contexto en el cual suele hablarse de exceso, b�sicamente se da a partir de la idea de una agresi�n injusta de un tercero que justifica una reacci�n defensiva, que a la postre resulta desproporcionada, en fin, salida de madre. No puede olvidarse que la legitima defensa excedida s�lo falla en la reacci�n, que se desmesura, pero en todo lo dem�s, los requisitos permanecen inamovibles.
Si aqu� se tiene por claro que no existi� prima facie una agresi�n bastante o una agresi�n actual, por parte de la occisa, en un contexto que la vida de MAR�N MURILLO se viera ad portas de periclitar, dif�cil resulta entender que el ese actuar con arma blanca hacia su rival, pueda equipararse a una defensa necesaria, porque no puede echarse en el olvido que, para que la defensa sea leg�tima debe ser eso: necesaria.
Y aqu� no se perge�a la necesidad de defender algo. La ira e intenso dolor 15. Se queja igualmente el recurrente de la falta de aplicaci�n del art�culo 57 del C�digo Penal, el cual contempla el estado de ira e intenso dolor, como circunstancia aminorante de la pena. Sobre esta atenuante de la responsabilidad, la Corte Suprema de Justicia, de antiguo ha sostenido: �Para que sea procedente la aminorante punitiva por ira se exige la demostraci�n de todos y cada uno de los elementos que la estructuran, toda vez que as� como no toda conducta que causa encono puede ser calificada de agresiva, tampoco toda provocaci�n es necesariamente grave e injusta, ni mucho menos su existencia supone el desencadenamiento del estado de ira, ni todo estado irascible o de dolor por s� solo da lugar a la aplicaci�n de esta espec�fica atenuante, pues bien se ha clarificado ser requisito indispensable que cualquiera de estos estados, hayan tenido su origen directo en un comportamiento grave e injusto.
Siempre es por ello necesario que el an�lisis de cada caso se haga bajo las contingencias que espec�ficamente lo caracterizan, esto es, sopesando los antecedentes subjetivos y objetivos que le son inherentes, en forma tal que posibiliten valorar con aplicaci�n al decurso de los hechos su real concurrencia y as� poder determinar no solamente si en efecto ha mediado un comportamiento ajeno que es grave e injustificado sino adem�s causante de la ira -o del intenso dolor- que motivaron la realizaci�n de la conducta�. (Se enfatiza por el Tribunal).
En el autorizado concepto del profesor Fernando Vel�squez Vel�squez, la figura requiere que: �el agente obre, al momento de cometer el hecho, en un estado de perturbaci�n del psiquismo que altere de manera grave y transitoria su afectividad, para decirlo en otras palabras, se requiere la presencia de una situaci�n pasajera y repentina que incida en la actividad sicoafectiva del sujeto ( ). �Debe mediar un comportamiento ajeno, grave e injusto.
Con el t�rmino ajeno se quiere significar que la emoci�n debe ser suscitada en el agente por la irrupci�n de una acci�n humana desplegada por un tercero distinto a �l, sea de car�cter activo u omisivo, bastando con un movimiento provocador encaminado a molestarlo, a ofenderlo en su honor o dignidad, a agraviarlo, a herirlo, etc Se exige adem�s que el actuar del tercero sea grave, pues debe tener la entidad, la importancia suficiente, como para que el prop�sito del agresor cause su efecto en el ofendido tambi�n ese actuar debe ser injusto, esto es, en sentido jur�dico contrario a derecho u opuesto a la norma, no desde un punto de vista �tico, moral o religioso.
Asimismo en tercer lugar se requiere una relaci�n de causalidad entre el comportamiento desplegado por el tercero y el estado de ira o intenso dolor padecido por el agente, de tal manera que el uno sea consecuencia del otro.� Tambi�n se ha dicho: �El verdadero fundamento de la atenuante no reside en una disminuci�n de la voluntad, sino en que el hombre es menos due�o de su voluntad, en que la raz�n cede su paso a la voluntad obnubilada ante el injusto.
No es tanto el estado de ira el que aten�a, sino el �acto injusto y grave� que la produce. No es tanto el estado s�quico �ira, dolor, temor, celos- el que da fundamento a la atenuante, sino la falta de raz�n de quien provoca tal estado� 16. Es preciso dejar claro adem�s, que no basta la alegaci�n simple de la circunstancia que se enlista: es necesario que la misma se perfile en sus exactos contornos, dado que se trata de un instituto jur�dico con unos precisos y claros requisitos, los cuales deben establecerse en el caso concreto.
Cierto es que el fallo de primer grado, luego de haber valorado la figura de la ira e intenso dolor, consider� que en manera alguna se reun�an los requisitos para reconocer a la procesado esa circunstancia, pues es perentorio que la misma, est� plenamente demostrada. Y venidos al caso concreto, se tiene que los testigos directos de los eventos desafortunados, manifestaron al indag�rseles respecto de si la acusada estaba siendo atacada para ese momento en que lesion�, fueron un�nimes al decir, �Cuando Luz Adriana se le arrima a la otra persona y la coge del cuello, Janeth coge y saca las manos y se la retira as� y de ah� fue donde se le vio alumbrar un metal en las manos de Janeth�� 17.
Tal respuesta ha de resaltarse en esta sede porque ello marca el punto de inicio del an�lisis de la Colegiatura, pues, a decir verdad, si bien los testigos han sido claros al enfatizar haber observado a Luz Adriana �encuellar� a Janeth, lejos est� de haber alcanzado el grado de peligro o de da�o para justificar la eliminaci�n de la vida ajena, como aqu� acaeci� y ya se analiz� y despach� negativamente supra.
Como se ha dicho no toda provocaci�n tiene los tintes de gravedad e injusticia para reconocer la aminorante punitiva. La norma exige que el comportamiento ajeno sea GRAVE, y esto obviamente exige la mirada de un observador imparcial. No puede pretenderse, como supra lo ha dicho la CSJ, que todo enojo, sea legible dentro del contexto de la aminorante punitiva en cita.
De ser ello as�, el derecho penal estar�a hecho para privilegiar las personalidades reactivas o con tendencia al enojo y la c�lera, simplemente por ello. Sobre ello se ha dicho: �(i) �El verdadero fundamento de la atenuante no reside en una disminuci�n de la voluntad, sino en que el hombre es menos due�o de su voluntad, en que la raz�n cede su paso a la voluntad obnubilada ante el injusto.
No es tanto el estado de ira el que aten�a, sino el �acto injusto y grave� que la produce. No es tanto el estado s�quico �ira, dolor, temor, celos- el que da fundamento a la atenuante, sino la falta de raz�n de quien provoca tal estado� (ii) �Hay una cierta tendencia en la opini�n com�n, que no est� familiarizada con la t�cnica jur�dica, a creer que puesto que los hombres que reaccionan ante una agresi�n moral suelen estar irritados, es la ira, la c�lera, el fundamento de la excusa.
Pero esto constituye un paladino error. Si la ira o la c�lera excusaran por s� mismas en materia penal, querr�a esto decir que una pasi�n nefasta, reputada por todos los moralistas como un vicio del car�cter, alcanzar�a una recompensa ante la ley. Querr�a esto decir que los hombres violentos, impulsivos, incapaces de controlar sus pasiones, estar�an en una situaci�n de privilegio frente a los mesurados, tranquilos y ben�volos.
No podr�a ser m�s antijur�dica semejante pretensi�n. (�) Pero tampoco se puede legitimar la agresividad anormal. La ferocidad y el furor de la violencia no son propios de la mayor�a humana, no pueden constituir impulsos �ticos. Y su car�cter excepcional indica que proceden no del motivo razonable y comprensible que movi� al legislador a consagrar la atenuante, sino de otra cosa, del car�cter antisocial del agente, el cual constituye por el contrario una agravante de la responsabilidad, puesto que revela un alto grado de peligrosidad�.
(Se subraya) Lo dicho da lugar a que la Sala confirme la sentencia recurrida, en el sentido de que no se puede reconocer tampoco dicha aminorante de la pena. Con todo, la Sala no puede desconocer: i) que el hecho imputado tuvo suceso dentro de un contexto de personas alicoradas y con tendencia a reaccionar violentamente; ii) que la lesi�n (mortal) inferida fue inopinada y iii) que ciertamente hubo intenci�n de herir, pero no claramente de matar.
Ante ello la sala estudiar� si es del caso descartar la existencia de un homicidio preterintencional. Del Homicidio Preterintencional 18. Si bien en el presente cometido, no se configuraron las atenuantes de la leg�tima defensa, como tampoco la ira e intenso dolor alegados por el Defensor y negados �con acierto-, en la decisi�n primigenia, en criterio de la Sala es posible estudiar la existencia de un Homicidio Preterintencional.
El art�culo 105 del CP expresa: �El que preterintencionalmente matare a otro, incurrir� en la pena imponible de acuerdo con los dos art�culos anteriores disminu�da de una tercera parte a la mitad� Ha dicho la jurisprudencia sobre el homicidio preterintencional: (i) "En Colombia la doctrina tiene establecido que la disposici�n hoy vigente sobre homicidio preterintencional, contempla la hip�tesis f�ctica de quien con el prop�sito de perpetrar una lesi�n corporal, ocasiona la muerte de su v�ctima, de tal forma que el resultado producido, por falta de previsi�n, o por haber confiado imprudentemente en poder evitarlo, excede la voluntad del agente, situaci�n que dista de coincidir con los hechos a que se refiere este cargo de la acusaci�n proferida contra NELSON BAEZ.� (ii) �Desde la �poca de los trabajos preparatorios para la redacci�n del C�digo Penal de 1980, los integrantes de la Comisi�n de 1974 convinieron en que el fen�meno de la preterintencionalidad es una mezcla de dolo y culpa que se presenta en los tipos de doble resultado, el primero de los cuales debe ser imputado a t�tulo de dolo y el segundo a t�tulo de culpa.
Es, por lo tanto, la realizaci�n de una acci�n que se inicia dolosamente y que produce unos resultados que exceden el querer de quien la ejecuta. En relaci�n con el tema de la previsi�n, materia origen del presente debate, la norma, cuya redacci�n inicial caus� controversias por los t�rminos "representado o previsto" utilizados para el resultado m�s grave -La conducta es preterintencional cuando el resultado excede la intenci�n directa del agente, de modo que pudo ser representado o previsto-, fue modificada en el seno de la Comisi�n a sugerencia de uno de sus integrantes, pues se consider� suficiente el empleo del vocablo previsto, en el entendido de que nadie puede prever sino lo que se ha representado.
En igual sentido hubo pronunciamiento respecto de la palabra directa referida al prop�sito, pues se estim� que ella hac�a alusi�n espec�fica a esa clase de dolo. Delimitado as� el concepto de la preterintenci�n, y con la advertencia de que al individuo se le pod�a atribuir como consecuencias de su acto s�lo "aquellas que pudieron ser previsibles", la redacci�n definitiva del texto se aprob� con la siguiente f�rmula: "La conducta es preterintencional cuando su resultado excede la intenci�n del agente, pero era previsible." En las Comisiones de 1978 y 1979 pr�cticamente imper� la misma f�rmula, s�lo que la expresi�n "pero era previsible" se vari� por "siendo previsible", la cual se antepuso a la alocuci�n "excede la intenci�n del agente", modificaciones que en nada cambian el esp�ritu del precepto y antes, por el contrario, lo tornan m�s inteligible al int�rprete, tal como aparece hoy definido en el Art. 24 de la Ley 599 de 2000, que como ya se dijo, fue fiel reproducci�n del 38 del C. Penal de 1980.
Realizada la anterior acotaci�n a manera de antecedente legislativo, d�gase que existe responsabilidad preterintencional cuando el resultado m�s grave es previsible para el agente, debi�ndosele reprochar por no haber reparado en esa situaci�n pudiendo haberlo hecho. Luego, para la estructuraci�n del homicidio preterintencional, se requiere de los siguientes elementos: a) Una acci�n dolosa tendiente a causar da�o en el cuerpo o en la salud. b) Producci�n de la muerte de la v�ctima. c) Nexo de causalidad entre las lesiones y la muerte. d) Previsibilidad del resultado muerte. e) Identidad y homogeneidad del bien jur�dico tutelado, en el entendido de que en nuestra legislaci�n la muerte que se origina en unas lesiones personales dolosas se reprime como un tipo especial de homicidio.
Significa ello que respecto del elemento previsibilidad, lo que la ley exige en relaci�n con el delito preterintencional es que el agente haya tenido la posibilidad de prever el resultado mayor, no que efectivamente lo haya previsto, valga decir, que a pesar de haber tenido la capacidad de prever ese resultado m�s grave al inicialmente propuesto, omita hacerlo.
Craso error el del Ad-Quem, habida consideraci�n de su equivocaci�n acerca del entendimiento que tiene del homicidio preterintencional, al estimar que para su estructuraci�n el resultado muerte debe ser previsto por el agente, cuando una tal conducta de lo que precisa es que exista el prop�sito de causarle da�o a la persona que a la postre resulta muerta, muerte que no fue querida ni prevista, aunque hubiera podido preverse.
De ah� el yerro predicable en las premisas conclusivas del Tribunal, pues, quien con dolo de lesiones prev� la muerte de su v�ctima, y sin embargo obra conforme a esa representaci�n, el homicidio as� producido ser�a doloso a t�tulo de dolo eventual, como con acierto lo pregonan el demandante y la agencia del Ministerio P�blico�. 19. Se tiene que, conforme con las especiales circunstancias de los acontecimientos, la forma como se present� el enfrentamiento entre ambas mujeres, la clase de arma utilizada por la acusada, -navaja peque�a-, as� como las heridas ocasionadas con la misma, descritas en el informe pericial de necropsia �que no superan un centimero de di�metro--, es posible advertir la existencia de un hecho preterintencional.
En efecto, dice la necropsia: �DESCRIPCI�N DE LAS LESIONES POR ARMA BLANCA: 1.1. Herida penetrante de 1 cm de dm, en regi�n anterior del t�rax a 5 cms de la l�nea media anterior y a 29 cms del vertice (sic). 1.2. Lesiones: Piel tejido celular subcutaneo (sic), penetra a torax, lacera pericardio, ingresando a coraz�n, donde produce una herida transfixiante de ventriculo (sic) izquierdo, con un taponamiento cardiaco, lo que le produjo la muerte, en un shock cardiogenico (sic) de inmediata instalaci�n. 2.1.
Herida de 1 cm en regi�n mamaria izquierda, a 14 cms de la l�nea media anterior y a 41 cms del vertice (sic). 2.2. S�lo comprometi� piel y tejido celular subcut�neo� (Se subraya). Es deducible que la intenci�n de Janeth Mar�n Murillo, era la de �quitarse de encima� a la v�ctima �como lo dice uno de los testigos--; tal persona en aquellos momentos la estaba cogiendo del cuello.
Empero, no puede afirmarse a pie juntillas, que estaba en su �nimo ocasionarle la muerte. Tampoco es advertible un c�lculo preciso de la herida mortal, pues, recu�rdese que se hallaba encuellada, con lo cual el lance se advierte hecho a topa tolondro; sin dimensionar, sin mesurar. La preterintenci�n en concepto del Profesor Orlando G�mez L�pez, �significa ocasionar un resultado m�s all� del que se quer�a producir, es decir, obrepasar el resultado y ocasionar uno m�s grave.
Se trata, como ya lo anotaba Santo Tom�s, de una muerte no intencionada pero fruto de la ejecuci�n de una acci�n il�cita, o de una acci�n l�cita pero ejecutada sin el suficiente cuidado, de lo que se deriva la muerte, por culpa, de otra persona. Se debe hablar propiamente de un �resultado preterintencional� y no solo de preterintenci�n, pues la preterintencionalidad se entiende como la producci�n de un resultado t�pico mayor que el propuesto�� 20.
Esa apreciaci�n no es aislada y menos caprichosa; al contrario, tiene su asidero en las declaraciones de los testigos presenciales -- Juli�n Quintero P�rez y Manuel Salvador Aguirre Hurtado-- quienes al un�sono advirtieron en juicio la forma como ambas mujeres se encontraron: la v�ctima cogi� del cuello a la acusada al tiempo que �sta levant� una mano y se la puso en el pecho a aquella, percibi�ndose un peque�o brillo met�lico, al parecer una navaja, apart�ndola de s�, momentos en que hicieron presencia los uniformados, llev�ndose detenida a la hoy occisa, pero no a Janeth, quien se devolvi� para el establecimiento donde se encontraba departiendo.
Significa ello que el conflicto mutuo (ri�a) fue en cuesti�n de segundos, sin que haya dado espacio o tiempo para calificar una verdadera intenci�n homicida en Janeth; ocurre empero, que la v�ctima estaba desarmada, mientras que la otra persona cargaba un arma cortopunzante, con la cual le caus� la muerte, la que advino de manera posterior a los hechos.
Nada se sabe sobre la demora en la atenci�n m�dico-quir�rgica; recu�rdese que la v�ctima, tenida por agresora, en lugar de ser llevada al sanatorio, fue conducida a la estaci�n policial, con lo cual es claro que no era advertible �prima facie-- un estado de lesi�n mortal. En palabras de la CSJ: �3.3. Finalmente, la modalidad preterintencional de la conducta punible consiste en que el ��resultado siendo previsible, excede la intenci�n del agente� (art�culo 24 de la Ley 599 de 2000): En esta forma de culpabilidad, habiendo dirigido el sujeto su voluntad conscientemente a la concreci�n de un resultado t�pico y antijur�dico, produce a la postre otro de la misma naturaleza pero diverso y m�s grave del que directa e inmediatamente quer�a. De acuerdo con un sector de la doctrina nacional, el fen�meno de la preterintenci�n se caracteriza, desde el punto de vista objetivo, por la verificaci�n de dos resultados t�picos: el primero, hacia el cual se orient� voluntaria y concientemente la conducta del actor, y el segundo, m�s grave pero colocado en la misma direcci�n de aqu�l, que no fue querido y finalmente se produjo por falta del deber de cuidado que le era exigible al agente en el desarrollo de la conducta antijur�dica.
Por contraste de lo que sucede en la conducta dolosa, en la preterintencional no hay coincidencia entre el prop�sito inicial del agente y el resultado, ya que lo ocasionado es un efecto da�oso superior o m�s grave, esto es, excesivo en relaci�n con la intenci�n del agente, un resultado ultra intencional. Cuando el art�culo 24 de la Ley 599 de 2000 �de id�ntica redacci�n al art�culo 38 del Decreto Ley 100 de 1980� se�ala que la conducta es preterintencional si su resultado, siendo previsible, rebasa la intenci�n o referente ps�quico del agente, est� descartando toda forma de resultado t�pico que pueda atribuirse al caso fortuito, pues �ste siempre es imprevisible o inevitable, e igualmente aqu�l que pueda ser atribuido a dolo eventual, ya que en esa especie de dolo el resultado no excede el prop�sito del agente, por cuanto �ste lo acepta o asume una vez que, al advertir la probabilidad de su acaecimiento, de todas maneras act�a a sabiendas del riesgo que asume hacia un resultado lesivo que �l ya sabe cual puede ser �para efectos de la atribuci�n de responsabilidad penal a t�tulo de dolo, tanto da querer directamente el evento, como saber que se puede producir si no se hace nada para evitarlo�.
En s�ntesis, para la configuraci�n de la conducta punible preterintencional, es preciso que se re�nan los siguientes requisitos: a) una acci�n dolosamente orientada a la producci�n de un resultado t�pico; b) verificaci�n de un resultado t�pico m�s grave, al que no apuntaba la intenci�n del agente, pero que era previsible por �l; c) nexo de causalidad entre el primero y el segundo evento, y d) homogeneidad entre uno y otro resultado o, lo que es igual, identidad del bien jur�dico tutelado.� No es advertible �por otra parte�la existencia de manifestaciones anteriores o posteriores que digan algo distinto de la simple intenci�n de herir; el n�mero de golpes y su extensi�n no dicen nada distinto que la intenci�n de herir: y, ciertamente, la herida �que fue mortal�se caus� de manera inopinada; esto es, por mero azar; no exist�a el c�lculo de herir al coraz�n; de inferir una lesi�n cordial, en fin, de asestar una pu�alada definitivamente segadora de la vida.
Si la procesada se hallaba asida por el cuello, poco c�lculo, ten�a; en fin, en ella la capacidad de direccionar el golpe, era francamente inexistente. A topa tolondro, dijimos supra. 21. Conforme con lo dicho entonces, la Sala dispondr� la condena de la se�ora JANETH MARIN MURILLO, por el delito de Homicidio Preterintencional, pues, en efecto, existe claridad acerca de la intenci�n de inferir una lesi�n dolosa, con identidad de sujeto activo y de bien jur�dico afectados, produci�ndose una resulta allende la intenci�n inicial, conectado causalmente con el primer resultado lesivo �lesiones personales--.
De la pena por imponer 22. Tomando como base la norma transcrita supra, - art�culo 105 del C.P.-, habr� de decirse entonces y dado que la primera instancia impuso una pena de prisi�n de diecisiete (17) a�os y cuatro (4) meses de prisi�n a la procesada, o lo que es lo mismo, doscientos ocho (208) meses, a �sta cantidad se le disminuir� la mitad, que corresponde, a ciento cuatro (104) meses, que restados a los doscientos ocho (208) iniciales, arroja un total ciento cuatro (104) meses de prisi�n, o lo que es lo mismo, ocho (8) a�os y ocho (8) meses, que a la postre ser� la pena definitiva a imponer a la se�ora JANETH MAR�N MURILLO, como autora responsable del delito de Homicidio preterintencional.
En la misma cantidad, se impondr� la accesoria de interdicci�n en derechos y funciones p�blicas. En los dem�s aspectos no habr� variaci�n alguna con respecto a la sentencia de primer grado. Apunte Final 26. Con lo expuesto en precedencia, esta Colegiatura considera que se ha dado respuesta a los planteamientos del censor, encaminados a que se absolviera a su defendida, i) por no haberse demostrado su autoria en la comisi�n del delito, pero que, como se dej�, no existe duda al respecto; ii) subsidiariamente, al presentarse una leg�tima defensa; o, iii) como m�nimo se le reconociera la diminuente de IRA E INTENSO DOLOR.
Empero como viene de verse, en este asunto se encontraron satisfechos los presupuestos del delito DEL HOMICIDIO PRETERINTENCIONAL. (( Por lo expuesto, El TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE MANIZALES, --Sala Penal de Decisi�n-- Administrando Justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, i) CONFIRMA la decisi�n de condena impuesta por el Juzgado Penal del Circuito de Aguadas �Caldas-, a la se�ora JANETH MAR�N MURILLO, como autora dolosa de la muerte de LUZ ADRIANA LOAIZA, pero ii) LA MODIFICA en cuanto a la modalidad de Homicidio por el que habr� de responder, que lo ser� como PRETERINTENCIONAL; iii) Como consecuencia de ello, la pena definitiva por imponer ser� de OCHO (8) A�OS y OCHO (8) MESES DE PRISI�N. En igual cantidad se fija la accesoria de interdicci�n en derechos y funciones p�blicas. iv) En los dem�s aspectos no habr� variaci�n alguna con respecto a la sentencia de primer grado.
Contra esta decisi�n, procede el recurso extraordinario de casaci�n, el cual deber� interponerse ante este Tribunal, dentro de los cinco (5) d�as siguientes a la �ltima notificaci�n y en un t�rmino posterior com�n de treinta (30) d�as deber� ser presentada la demanda que de manera precisa y concisa se�ale las causales invocadas y sus fundamentos.
NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, JOSE FERNANDO REYES CUARTAS DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A ANTONIO TORO RUIZ Johana Franco Herrera Secretaria Sentencia del 11 de abril de 2007, Rad. 26.128. Corte Suprema de Justicia �Sala de Casaci�n Penal- Proceso No. 26394. M.P. Dr. Jorge Luis Quintero Milan�s. Aprobada Acta No. 288 del 8 de octubre de 2008.. CD No. 5. pista No. 6. minuto 00:14:50 al 01:04:40 y pista No. 7 hasta el minuto 00:10:00 CD No. 5.
Pista No. 18. minuto 00:02:58 al 00:35:34 y pista No. 19 al minuto 00:11:50 Cfr. Folios 1-5 del cuaderno de evidencias de la Fiscal�a. Cfr. CSJ-Penal. No. 34412 (23-11-2011) CSJ- Penal. Proceso No. 11679 (26-06-02) Leg�tima defensa. Jaime Sandoval Fern�ndez. Editorial Temis, Bogot�, pgs. citadas. Claus Roxin. Derecho Penal PG. Tomo I. Fundamentos de la estructura de la Teor�a del delito.
Trad. de Diego M. Luz�n Pe�a/otros. Madrid, Civitas, 1997, p. 608 ss. Fernando Vel�squez Vel�squez. Derecho Penal Parte General. 4� edici�n. Medell�n, Comlibros, 2009, p. 755 ss. Corte Suprema de Justicia. Proceso 29338. Decisi�n de Octubre 8 de 2008. Fernando Vel�squez Vel�squez. Derecho Penal PG. Bogot�, Editorial Temis, 1994, p. 614 ss. Orlando G�mez L�pez.
El Delito Emocional, Bogot�, Editorial Temis, p. 39 Orlando G�mez L�pez. El Delito Emocional, Bogot�, Editorial Temis, p. 39 Carlos Lozano y Lozano. Elementos de derecho penal. Ediciones LERNER, Bogot�, 1961, p. 282 y 287 CSJ- Penal- No. 16915 (16-05-2001) CSJ-Penal- No. 15663 (14-03-2002) Ver folios 3-4 del cuadernillo de evidencias presentadas por la Fiscal�a. EL HOMICIDIO.
TOMO I ORLANDO G�MEZ L�PEZ. P�gina 489. CAP�TULO XVIII EL HOMICIDIO PRETERINTENCIONAL. Corte Suprema de Justicia �Sala de Casaci�n Penal-. Proceso No. 29000. M.P. Dr. Julio Enrique Socha Salamanca. Aprobado por Acta No. 162 del 18 de junio de 2008. CULPABILIDAD, REYES ECHAND�A, Alfonso. Editorial TEMIS, segunda reimpresi�n de la tercera edici�n, 1997, p�ginas 115 a 134. PAGE Radicaci�n No. 2011-80273-01 Procesada: Janeth Mar�n Murillo Delito: Homicidio Simple Asunto: sentencia de 2� instancia Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal PAGE PAGE 1 n������������������ �����ϵܧܖܧ�t�t�cRcRcA� h�*h�bCJOJQJ^JaJ h�*h�5CJOJQJ^JaJ h�*hDrQCJOJQJ^JaJ h�*h�C�CJOJQJ^JaJ h�*hKnCJOJQJ^JaJ h�*h{�CJOJQJ^JaJh#/�CJOJQJ^JaJh�*hDrQOJQJ^Jh�*h�4OJQJ^Jh�*hOJQJ^J h�*hCJOJQJ^JaJ#h�*h5�CJOJQJ^JaJ 7mn������� �������������������$ &F1$7$8$H$a$gd$+ 1$7$8$H$gd$+$�dh^�a$gd$+$a$gd$+$����^��`��a$gd$+gd$+$a$gd$+ $ T U b c d e k l m o � ��κ��}haZSZLZLZLZB8h�*hR}]5�9�h�*h�55�9�h�*hKnh�*h�nPh�*h�ih�*ho^T)h�*h0-�5�>*CJOJQJ\�^JaJ)h�*ho5�>*CJOJQJ\�^JaJ&h�*ho5�CJOJQJ\�^JaJ&h�*hDrQ5�CJOJQJ\�^JaJ&h�*hKn5�CJOJQJ\�^JaJ&h�*ho5�CJOJQJ\�^JaJ h�*hoCJOJQJ^JaJh�*hoOJQJ^J � � � � � JKU V <=��������������������$���<^��`�<a$gd$+ $dha$gd$+$��dh`��a$gd$+ 1$7$8$H$gd$+ $1$7$8$H$a$gd$+gd$+��`��gd$+ $1$7$8$H$a$gd$+� � � � � � � � � � � � � � � � " # $ B G L N O P Q W Y _ a b j t � � � � � � � 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