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I. ASUNTO Se decide el recurso de apelaci�n interpuesto por la Fiscal�a Instructora y la Representante del Ministerio P�blico, contra la sentencia proferida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Manizales, Caldas, el tres (3) de julio de dos mil doce (2012), mediante la cual absolvi� al se�or ALIRIO GIL SOSA, acusado del delito de Desaparici�n Forzada Agravada, donde aparece como v�ctima el menor C.C.G.O. II.
HECHOS Resumidos en el escrito de acusaci�n en los siguientes t�rminos: �Los hechos que ameritan la presente acusaci�n, tuvieron lugar en la finca el Pomo, vereda de San Vicente, Corregimiento de Montebonito, Municipio de Marulanda, Caldas, finca de propiedad del se�or JOS� BEJARANO, al parecer un d�a martes del a�o 2005, conforme a denuncia que presentara la madre del menor C.C.G.O., nacido el 8 de mayo de 2000 personita que ten�a o iba a cumplir cinco a�os de edad y quien a pesar de su corta edad fue sometido a trabajos forzados y a mal trato f�sico por parte del padre de crianza, ALIRIO GIL SOSA.
La v�ctima, para el momento de su desaparici�n presentaba un brazo fracturado sin que recibiera atenci�n m�dica. Estos hechos fueron puestos en conocimiento de las autoridades, el 2 de marzo de 2.011 por la se�ora FABIOLA OSPINA PARRA, cc n�mero 24.780.416, de 45 a�os de edad, residente en MONTEBONITO, separada de su compa�ero, quien es el denunciado desde el mes de diciembre de 2010, noticia criminal que presenta ante la Corregidora Municipal de Polic�a de MONTEBONITO ALBA NIDIA ESCOBAR y que luego ampl�a ante el funcionario de la Polic�a judicial MAURO QUINTERO ARIAS, a quienes les relata la muerte violenta o desaparici�n forzada de su hijo CRISTIAN CAMILO GARC�A OSPINA de cinco a�os de edad�.
III. ACTUACI�N PROCESAL El ocho (8) de agosto de dos mil once (2011), el ente Instructor solicit� orden de captura en contra del se�or ALIRIO GIL SOSA ante el Juzgado Promiscuo Municipal con Funci�n de Control de Garant�as de Manzanares �Caldas-, la que se hizo efectiva al d�a siguiente y el d�a diez (10), el mismo Despacho Judicial tuvo la oportunidad de legalizarla, en tanto la fiscal�a le imputaba cargos por el delito de Desaparici�n forzada, los que ciertamente no fueron aceptados por el vinculado, imponi�ndosele medida de aseguramiento de detenci�n preventiva en establecimiento carcelario.
Por tales circunstancias, la Fiscal�a Segunda Especializada del Gaula, radic� escrito de acusaci�n el nueve (9) de septiembre del mismo dos mil once (2011), correspondi�ndole asumir la investigaci�n, al Juzgado Penal del Circuito Especializado de esta capital, llevando a cabo audiencia de formulaci�n de acusaci�n diez (10) d�as despu�s, mientras que la preparatoria se verific� tres (3) meses despu�s. El juicio p�blico y oral se desarroll� en cinco (5) sesiones, iniciando el seis (6) de marzo de dos mil doce (2012), continuando el veintitr�s (23) y veinticuatro (24) de abril, seis (6) de junio, culminando con sentido de fallo absolutorio el siete (7) de junio del a�o en menci�n. IV.
EL FALLO IMPUGNADO El Juez A quo, luego de realizar una valoraci�n jur�dica de los medios de conocimiento arrimados al proceso, en particular, lo que parecer�a en principio una condici�n de sospecha por lo referido a la percepci�n y la memoria, en atenci�n a lo previsto por el art�culo 404 del C.P.P., debido a las limitaciones cognitivas de la se�ora OSPINA PARRA, result� ser un factor favorable a su credibilidad, conforme a lo explicado por el m�dico psiquiatra del Instituto de Medicina Legal y ciencias Forenses, doctor Ricardo Sarmiento Garc�a. La se�ora OSPINA, -dijo el fallador primario-, como lo resalt� el profesional m�dico, estuvo en capacidad de explicar y mantener en diversos escenarios el mismo relato sobre la suerte de su menor hijo, lo cual incluy� el exhaustivo cuestionario realizado en desarrollo del juicio oral, sin que el Despacho encontrase contradicciones serias e insalvables en la narraci�n nuclear del hecho investigado.
La prueba pericial est� respaldada por el conocimiento de un psiquiatra forense, vinculado directamente con el Instituto de Medicina Legal con cerca de 10 a�os de experiencia en docencia; realiz� sobre la se�ora Ospina Parra la prueba m�s id�nea en la actualidad, esto es, la entrevista psiqui�trica completa, evidenciando factores importantes de la personalidad del testigo, sin que la defensa hubiese aportado elementos t�cnicos de igual peso, que determinasen la insuficiencia o incorrecci�n del tipo de valoraci�n. Adicionalmente, la explicaci�n de la pericia fue clara, precisa, coherente y con una correspondencia l�gica en la narraci�n misma de la testigo en el juicio.
Por lo cual, estim� el Despacho, que cumple los requisitos se�alados por el art�culo 420 del C.P.P. para otorgar un alto valor de convicci�n a la prueba pericial, y, en consecuencia, para otorgar fuerza a los argumentos que giran en torno a la credibilidad de la rese�a de los hechos por la se�ora FABIOLA OSPINA. Estim� el se�or Juez de conocimiento, que el testimonio de la se�ora FABIOLA OSPINA, analizado en conjunto con los dem�s elementos que dan soporte l�gico, es la mayor fuente de convencimiento aportada al proceso, consintiendo en grado de certidumbre, que descarta la posibilidad l�gica de que los hechos ocurriesen como pretendiera establecerlo la defensa, esto es, que el ni�o C.C.G.O. fuese entregado a un tercero. Hecho que no puede ser negado en el an�lisis de la responsabilidad penal, como quiera que la acusaci�n ha girado en torno al delito de desaparici�n forzada, siendo necesario reconocer que la se�ora OSPINA PARRA expres� que de lo percibido se percat� que el menor hab�a muerto por la acci�n del acusado y que esa muerte se verific� casi instant�neamente en su presencia y que con posterioridad ignor� lo que el se�or GIL SOSA hiciese con el cad�ver de su peque�o hijo.
Record� el operador jur�dico que la desaparici�n forzada es un delito contra la libertad individual protegida por el art�culo 165 del C.P., siendo una garant�a fundamental del individuo, cuya existencia legal de la persona comienza al nacer, de modo que a contrario sensu, su existencia termina con la muerte y por lo tanto, la protecci�n que diferentes normas otorga, solamente a los individuos.
As�, ante la posibilidad de que el ni�o C.C.G.O., hubiese muerto en circunstancias en que aparentemente no alcanz� a ser afectada su libertad individual, no resulta posible concluir que se adecue el comportamiento del se�or ALIRIO GIL SOSA a la conducta de desaparici�n forzada. Es que si bien no existe certeza sobre el referente de la muerte, como quiera que solo se tiene un conocimiento aportado por la madre del menor, al no contase con el cad�ver que as� lo determine, la simple posibilidad del deceso en las circunstancias se�aladas, no permiten afirmar m�s all� de duda razonable la existencia del delito y la responsabilidad del acusado.
Pero, inclusive predicando la certeza de la muerte, tomando en cuenta que la acusaci�n se surti� solo por el delito de desaparici�n forzada, se estar�a ante un vicio de congruencia en violaci�n del art�culo 448 del C.P.P., al desconocerse los l�mites de la imputaci�n jur�dica se�alada en la formulaci�n de acusaci�n, no pudiendo en este caso degradarse la imputaci�n judicialmente, ya que se incurrir�a en una completa modificaci�n de la denominaci�n jur�dica, inclusive con variaci�n absoluta del bien jur�dico tutelado.
Concluy� el Despacho fallador, que existe incertidumbre sobre la afectaci�n real a la libertad individual. Como quiera que no es posible que en sede del art�culo 165 del C.P. se desaparezca un cad�ver, pues obvio es que no es titular de atributos como la libertad individual, solo predicables del individuo durante su existencia vital y en este evento, la madre siempre ha tenido certeza de la muerte, lo que desconoce es el paradero del cad�ver de su peque�o. Al no estar acreditados los requisitos del art�culo 381 del Instrumental Penal para proferir sentencia condenatoria contra el se�or ALIRIO GIL SOSA por el delito de desaparici�n forzada del ni�o C.C.G.O., aquel fue absuelto de todos los cargos por los cuales se present� la acusaci�n. V. LA IMPUGNACI�N Presentada como se advirti�, por la se�ora Delegada de la Fiscal�a General de la Naci�n y la Representante del Ministerio P�blico, bajo los siguientes puntos: La Fiscal�a 1.
De entrada solicita que el fallo proferido en primera instancia sea revocado en su integridad y en su lugar se le condene al se�or ALIRIO GIL SOSA como autor responsable del delito consagrado en el art�culo 165 del C. P., con la circunstancia de agravaci�n punitiva por ser la v�ctima un menor de edad. �menor de cinco a�os-. 2. La situaci�n f�ctica para la revocatoria de dicha decisi�n se encuentra debidamente establecida.
En efecto, se llev� a la certeza del se�or juez, la prueba de la existencia, de la materialidad de la infracci�n, al igual que la responsabilidad penal del acusado, m�s all� de toda duda razonable. 3. Ese conocimiento se llev� con prueba directa como la testimonial, indirecta con la documental y pericial con las investigaciones que fueron realizadas por los funcionarios de la Polic�a Nacional a quienes se les impartieron esas �rdenes. 4.
El testimonio de la se�ora FABIOLA OSPINA DE PARRA, dio a conocer como su excompa�ero ALIRIO GIL SOSA, le produjo la muerte a su peque�o hijo por asfixia al introducirle un pl�tano en la boca, es decir, que hubo un ahogamiento e inmediatamente lo coloc� en un colch�n, para al d�a siguiente desaparecerlo. 5. Cuando la Corregidora entonces recibe la denuncia en la que se narra con lujo de detalles lo ocurrido en aquella �poca y dejar ver el retardo mental que tiene la denunciante, es decir, que en ese mismo momento la autoridad tuvo conocimiento que estaba en presencia de una mujer con debilidad f�sica y ps�quica debido al mal trato recibido por el acusado. 6.
Es el acusado quien en horas de la madrugada sale con el ni�o, luego regresa sin �l y ante la pregunta de su progenitora por el paradero del menor, responde que si sigue preguntando correr�a la misma suerte, amenazas que se prologaron a sus otros dos hijos, L�zaro y Jes�s. 7. El ni�o desapareci� sin que existiera una inspecci�n t�cnica al cad�ver o acta de necropsia que indicara la forma y manera de la muerte, o la causa de �sta, si se produjo o no, el hecho es que hasta ese momento se tuvo conocimiento de la existencia de ese ni�o y de ah� en adelante todo qued� en la oscuridad para las autoridades. 8.
El art�culo 28 de la Constituci�n, consagra el n�cleo esencial de todos los derechos y los tratados internacionales hablan de la privaci�n de la libertad en todas sus formas y aqu� se dio cuenta de c�mo se priv� de la libertad, no solo a la mujer, sino al ni�o a tal punto que en estos momentos no se sabe donde se encuentra el cad�ver. 9.
En la sentencia apelada no se aplic� el art�culo 165 del C.P. luego de agotado el juicio. Tampoco se aplic� el 166, circunstancia de la agravaci�n punitiva por ser menor de edad. No hubo interpretaci�n de la circunstancia de atenuaci�n punitiva, esto es, que la pena se aten�a cuando la persona informa donde se encuentra el cad�ver del menor y ese cad�ver es esencial para poder la fiscal�a hacer cargos por el delito de homicidio agravado. 10.
Aqu� no existe la menor duda que el se�or ALIRIO GIL SOSA cometi� unos actos aberrantes contra el menor C.C.G.O., lo lesion� hasta el punto de desaparecerlo, a�n est� desaparecido, la fiscal�a lo sigue buscando, porque la �ltima persona que estuvo en contacto con el ni�o, que lo tuvo en sus brazos, que no se lo dej� ver a su madre, que sali� con �l sin asistencia m�dica, es la persona llamada a responder, no otro diferente que ALIRIO GIL SOSA, porque viol� el art�culo 28 de la Constituci�n y los art�culos 165 y 166 del C.P. 11.
Reitera su solicitud de revocatoria de la sentencia por no aplicaci�n de los art�culos se�alados y la aplicaci�n indebida del art�culo 7� y se de aplicaci�n a los derechos internacionales de la mujer y de los ni�os. El Ministerio P�blico 12. El tema de disenso se circunscribe al punto de la valoraci�n realizado por el se�or juez de instancia del testimonio de la se�ora FABIOLA OSPINA PARRA, al colegir que de �ste no se deduce m�s all� de toda duda, la privaci�n de la libertad del peque�o C.C. 13.
No por ausencia de valoraci�n, sino por un falso raciocinio al momento de efectuarla, concluyendo de manera err�nea el se�or Juez que al menor no se le priv� de la libertad. La duda sobre la suerte final del menor que predica y que extra�a el se�or juez, de donde afinca la aplicaci�n del principio universal del in dubio pro reo, encontrando que ese tipo estructural del tipo, en general de los considerados desaparecidos es una situaci�n que se presenta como constante dentro de esa adecuaci�n t�pica. 14.
El se�or Juez ha dejado la salvedad en su sentido del fallo y en desarrollo del mismo, que del supuesto f�ctico de la acusaci�n de la fiscal�a, ha fallado precisamente en ese t�pico o en el elemento estructural del tipo de la desaparici�n forzada del menor C.C. como persona. 15. El se�or Juez no observ� la regla de la sana cr�tica al valorar el testimonio de la se�ora Fabiola Ospina, toda vez que no puede predicarse que �sta observ� a su peque�o hijo sin vida tan solo porque puede diferenciar los conceptos de vida y muerte o tan solo porque dice textualmente, �Que el se�or Alirio le fracas� a su hijo�, �Me lo mat� en mis propios ojos�. 16.
No se deduce bajo la �ptica de la l�gica que la se�ora Fabiola pudiera verificar que su peque�o al ser agredido por el se�or Alirio, dejara de respirar, o que por un per�odo de tiempo m�s o menos prolongado lo observara sin movimiento. 17. Lo que se deduce del relato de la testigo Fabiola es que Alirio agredi� al peque�o C., lo sofoc� mec�nicamente al obligarlo ingerir un pl�tano, el ni�o se mostr� cian�tico y grit� y a la madre no le fue permitido acercarse a su hijo, ni acudirlo, no pudo constatar en qu� condiciones qued�, tan solo que fue dejado en una habitaci�n sobre un colch�n donde no pudo acceder la se�ora Fabiola, se desconoce el m�vil de este hecho considerado igualmente como criminal. 18.
Lo que sabe es que Alirio evadi� a Fabiola, se llev� al peque�o sin conocerse a�n su destino, luego regres� a la casa por una pala o pica, como lo indica la misma Fabiola Ospina, quien se reporta como �nico testigo directo de estos hechos y que esa pala o pica era para sepultar al menor y luego regresa afirmando que el cad�ver no estaba donde lo hab�a dejado y desde esa fecha, noviembre de 2004 y los primeros meses de 2005, el se�or Alirio ha acudido a toda serie de embustes para impedir que la se�ora Fabiola y la sociedad en general, conozcan el real paradero del menor C.C. 19.
El se�or Juez va m�s all� de la valoraci�n bajo las premisas de la sana cr�tica y le a�ade componentes de su propia cosecha como es la comprobaci�n de que el peque�o no fue privado de su libertad y ocultado, sino que fue muerto, sin que haya conocimiento m�s all� de toda duda de tal evento. 20. Solicita igualmente la revocatoria de la decisi�n absolutoria y se condene al se�or ALIRIO GIL SOSA, por el delito de desaparici�n forzada agravada, en la humanidad del peque�o C. quien entraba con cuatro o cinco a�os de edad, para el momento de los hechos.
Los no recurrentes -la representante de las v�ctimas- 21. La Fiscal�a prob� su teor�a del caso, la prueba testimonial y todo lo que se trat� en �l, demostr� tanto la existencia material de la infracci�n, as� como la responsabilidad endilgada al se�or ALIRIO GIL SOSA de desaparecimiento, pues para considerarse que fue un homicidio, debi� haberse demostrado probatoriamente con un registro civil de defunci�n, la muerte del menor. 22.
Aqu� lo �nico que se prob� fue la existencia de su nacimiento, en mayo de 2000, que convivi� con el se�or ALIRIO GIL SOSA, con su madre y los hijos de aquel y que en un momento determinado �ste no volvi� a convivir con los mismos. Lo que se prob� fue que el ni�o fue desaparecido, porque a�n no ha sido declarado muerto. 23. Coadyuva el recurso de apelaci�n de la fiscal�a y solicita que la sentencia de primera instancia sea revocatoria en su integridad.
El Defensor 24. Establece el art�culo 176 del C.P.P. los requisitos para subir en apelaci�n una sentencia de primera instancia y esos requisitos vienen se�alados concretamente, a que se debe de argumentar por parte del apelante el disenso que tenga con relaci�n de la sentencia apelada. 25. Advierte que la fiscal�a no sustent� en debida forma el recurso de apelaci�n interpuesto, por lo que procede por parte del se�or juez de primera instancia no conceder tal recurso por falta de la debida sustentaci�n. 26.
No advierte en los argumentos de la fiscal�a que se haya referido concretamente a la valoraci�n que el se�or juez hizo a la prueba y a la conclusi�n a que lleg� que no hay in dubio pro reo como lo presionara la defensa en sus alegatos de conclusi�n con el an�lisis que se hiciera de prueba y s� concluye el a quo, que es at�pica la conducta. 27.
Siendo esa la esencia de la decisi�n primigenia y argumentada, no encuentra en ninguno de los argumentos del recurso de apelaci�n propuesto por la fiscal�a que se haya referido a ese t�pico. 28. No se atac� la sentencia en lo esencial, en lo que se deb�a de atacar, si es t�pica o at�pica la conducta de desaparici�n forzada, art�culo 165 del C.P. que fuera por el que se acusara a GIL SOSA. 29.
En cuanto a los argumentos del Ministerio P�blico, tambi�n apelante, deja a la segunda instancia que tome la decisi�n que corresponda, en atenci�n a que si efectivamente son sus argumentos de at�pica la conducta de desaparici�n forzada la que procede en la segunda instancia o es esa falta de valoraci�n, conforme a la regla de la sana cr�tica sobre toda la prueba expuesta en esta instancia. 30.
Si se valora el testimonio de cargo y concretamente el testimonio de la se�ora Fabiola Ospina Parra, se podr�a llegar a la conclusi�n, que efectivamente el ni�o muri� antes de hacer cualquier acci�n con el cuerpo para haberlo desaparecido, de ah� total credibilidad a ese testimonio y si as� se valorara esa prueba conforme a las reglas de la sana cr�tica, pero se echa de menos todo el caudal probatorio de la defensa, el que indica un patr�n de conducta de la se�ora Fabiola Ospina Parra en que regala sus hijos. 31.
Si esta se�ora, con la incapacidad mental que refiri� aqu� el profesional de la psicolog�a, tiene una discapacidad mental m�nima leve, que no le permita ser fantasiosa y que por lo tanto se le debe dar credibilidad a su versi�n, entonces en qu� queda aquello en que por m�s de cinco a�os tuvo la capacidad de enga�ar a familiares y amigos, vecinos, en el sentir de que el ni�o lo hab�an llevado unos familiares de Alirio Gil Sosa, o que se lo hab�an llevado unos paramilitares, o sea, que la se�ora si tiene la capacidad de ser fantasiosa y de enga�ar a las personas. 32.
Entonces se queda en que al ni�o se le dio muerte, o al ni�o lo regal�, o lo rob� o se lo llevaron a la fuerza paramilitares? Abonado a las dos versiones de los hijos de Alirio Gil Sosa y �ste mismo, cuando dicen desde el primer momento que al ni�o lo hab�an regalado. 33. Esa valoraci�n de los medios probatorios en la balanza tienen igual valor y ah� es donde se crea la duda que ha reclamado la defensa para que se falle el proceso con el in dubio pro reo y ese es el pedimento que eleva para que se confirme la sentencia absolutoria de primer grado.
VI. CONSIDERACIONES DE LA SALA Competencia 1. Es competente la Sala para resolver la alzada propuesta, conforme lo habilita el art. 34 numeral 1� de la Ley 906 de 2004. Problema jur�dico 2. La Sala debe establecer, si, en efecto, como lo plantean la Fiscal�a y el Ministerio P�blico, i) el fallador primario incurri� en errores de hecho y de derecho, los cuales lo llevaron a afirmar la presunci�n de inocencia, absolviendo al procesado ALIRIO GIL SOSA en virtud del principio in dubio pro reo; o, ii) si la prueba que milita en el proceso, resulta suficiente, m�s all� de toda duda, para derrumbar esa presunci�n de inocencia, debi�ndose condenar al procesado en menci�n como responsable del delito endilgado.
De la desaparici�n Forzada en Colombia 3. En la Convenci�n interamericana sobre desaparici�n forzada de personas celebrada Belem do Par�, Brasil, el 9 de julio de 1994, aprobada por la XXIV Asamblea de la OEA, y firmada por Colombia el 4 de agosto de 1994 como mecanismo de erradicaci�n del delito, acord�: �El presente tratado tiene como objeto especificar las obligaciones que tienen los Estados dentro del sistema interamericano de protecci�n de los derechos humanos en relaci�n con la desaparici�n forzada de personas. �Como lo ha reconocido la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aun en ausencia de un tratado que las especifique, la gran mayor�a de las obligaciones estatales en relaci�n con la desaparici�n forzada de personas proviene del reconocimiento mismo de los derechos humanos. De tal forma, el solo reconocimiento de ciertos derechos, bien sea a trav�s de la costumbre, de las normas convencionales, o de cualquiera de las fuentes de derecho internacional contempladas en el art�culo 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia o reconocidas por la jurisprudencia internacional, obliga a los Estados a crear los mecanismos necesarios para garantizar su eficacia dentro de sus respectivas jurisdicciones.
La selecci�n de los mecanismos de protecci�n adecuados, la determinaci�n de la forma de desarrollarlos y la creaci�n de mecanismos de cooperaci�n internacional resultan determinantes a la hora de garantizar la eficacia pretendida.� �Con todo, estos son aspectos que, por su especificidad, dif�cilmente pueden ser resueltos a trav�s del derecho internacional consuetudinario o del solo reconocimiento convencional de determinados derechos.
El presente tratado tiene por objeto fijar pautas a las cuales deben sujetarse los ordenamientos internos de los Estados que hacen parte del sistema interamericano de protecci�n de los derechos humanos. En tal medida, sus disposiciones no resultan directamente aplicables en los ordenamientos internos, sino que deben ser desarrolladas por los Estados a trav�s de normas internas.
Las cl�usulas del tratado imponen a los Estados obligaciones de prevenir, suprimir y sancionar la desaparici�n forzada, con el fin de erradicarla de los pa�ses del sistema interamericano, contribuyendo de este modo a proteger los m�ltiples derechos fundamentales vulnerados con tal conducta. La Convenci�n impone ciertos deberes a los Estados, como sujetos obligados a protegerlos.
Por otra parte, la misma Convenci�n afirma que los Estados no pueden eximirse de cumplir tales deberes en ning�n caso, y que el delito no es aceptable ni siquiera durante los estados de excepci�n.� Resaltado fuera de texto Igualmente la prohibici�n de la desaparici�n forzada est� consagrada en el art�culo 12 de la Constituci�n y establecida en varios instrumentos internacionales como delito de lesa humanidad, tales como en la Declaraci�n de las Naciones Unidas sobre la Protecci�n de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas y en la constituci�n de la Corte Penal Internacional. � En suma, existe consenso de los Estados que conforman la comunidad internacional en prohibir esta conducta atroz, al determinar que tal proscripci�n " hace parte del ius cogens o derecho consuetudinario, de donde podemos concluir que es una norma imperativa para todos los Estados, as� �sta no se encuentre consagrada o reglamentada en sus respectivas legislaciones, en raz�n a que se da una incorporaci�n autom�tica a la misma�. 4.
De otro lado, reza el art�culo 15 del pacto internacional de derechos civiles y pol�ticos, que nadie ser� condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos seg�n el derecho nacional o internacional. Tampoco se impondr� pena m�s grave que la aplicable en el momento de la comisi�n del delito. Si con posterioridad a la comisi�n del delito la ley dispone la imposici�n de una pena m�s leve, el delincuente se beneficiar� de ello.
Caso concreto 5. Colombia como pa�s signatario de la citada convenci�n donde se consider� la desaparici�n forzada como delito continuado o permanente, mientras no se establezca el destino o paradero de la v�ctima, y por esa especial�sima condici�n menester es concluir, que para la fecha de comisi�n de los hechos narrados aqu�, la desaparici�n forzada ya estaba tipificada como delito y por ende para el derecho internacional se trata de conducta delictiva, y nuestro pa�s como signatario de tal convenci�n como bloque de constitucionalidad prevalece en el orden interno, al tratarse de un acuerdo para combatir tan desde�able conducta e insta a los pa�ses firmantes establecer en el derecho positivo la norma con tal prop�sito.
Recordemos apartes de la sentencia de constitucionalidad C-580/02 sobre la citada convenci�n o tratado sobre la desaparici�n forzada: � �El art�culo 1 establece los compromisos estatales generales que ser�n desarrollados en los art�culos posteriores.� Dentro de tales compromisos el Estado colombiano adquiere los deberes de abstenerse de realizar y de impedir la desaparici�n forzada de personas, aun en estados de excepci�n; el de sancionar a las personas involucradas en el mismo a cualquier t�tulo; el de cooperar con los dem�s Estados partes para prevenir, sancionar y erradicar el delito y; el de adoptar las medidas internas necesarias para implementar la Convenci�n. �� �El art�culo 2 define la desaparici�n forzada como una privaci�n de la libertad de una o m�s personas, con la autorizaci�n, apoyo o aquiescencia del Estado, en la cual, independientemente de su forma, no se da informaci�n sobre su paradero, se niega el hecho o no se informa sobre la ubicaci�n de la persona, impidi�ndole ejercer sus recursos y garant�as legales.� En relaci�n con esta definici�n es necesario que la Corte se detenga sobre diversos aspectos. � En primer lugar, en lo que se refiere al �mbito de aplicaci�n de la definici�n.� Como lo dice su mismo texto, los efectos de la definici�n de desaparici�n forzada se circunscriben a la aplicaci�n de la Convenci�n.� Ello significa que la responsabilidad del Estado por el incumplimiento de las obligaciones consagradas dentro de la Convenci�n �por supuesto dentro del sistema interamericano de protecci�n de los derechos humanos- est� determinada por los elementos contenidos en el art�culo 2�.� En particular, en lo que se refiere a la tipificaci�n, a la investigaci�n y a la sanci�n del delito.� Contrario a lo que ocurre en otros instrumentos internacionales, como aquellos que se derivan de la creaci�n de �rganos jurisdiccionales internacionales, la definici�n no pretende determinar directamente los elementos constitutivos de responsabilidad penal individual.
Como ejemplos de tales instrumentos se pueden citar las Resoluciones 808 y 827 de 1993, y el informe de la Comisi�n de Expertos S/25274, para la creaci�n del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, as� como la Resoluci�n 955/94 y su anexo contentivo del Estatuto del tribunal para Ruanda; as� como el Estatuto de Roma y el texto final del documento preparatorio de los elementos de los cr�menes de los que conoce la Corte Penal Internacional PCNICC/INF/3/Add. 2. sino que fija ciertos elementos a los cuales las partes deben adecuar su derecho penal interno, de conformidad con las obligaciones contenidas en los literales b) y d) del art�culo 1�, y con el inciso primero del art�culo 3� de la Convenci�n.� De tal modo, la definici�n impone apenas un m�nimo de elementos del tipo, pero no afecta la facultad del Estado de asumir mayores responsabilidades en la protecci�n �interna o internacional- de los derechos que se pretenden garantizar a trav�s de la desaparici�n forzada. � �De lo anterior se derivan varias consecuencias.� Entre ellas, las siguientes:� 1) al tiempo con la Convenci�n, pueden coexistir otras fuentes de derecho internacional que ampl�en el alcance de la responsabilidad internacional del Estado, por dentro o por fuera del sistema interamericano, mediante una definici�n m�s amplia de la desaparici�n forzada;� 2) la definici�n del art�culo 2� establece un m�nimo que debe ser protegido por los Estados partes, sin perjuicio de que estos adopten definiciones m�s amplias dentro de sus ordenamientos internos; y por lo tanto, 3) los elementos de la definici�n contenida en el art�culo 2� no tienen el efectos sobre la determinaci�n de responsabilidades penales individuales por el delito de desaparici�n forzada. � 6.
En dicho fallo de constitucionalidad, se hizo referencia a la Sentencia C-317/2002, seg�n la cual la Corte Constitucional efect�o un repaso de los instrumentos internacionales sobre desaparici�n forzada y mencion� el art�culo 2� de la presente Convenci�n, refiri�ndose a la forma como este instrumento internacional coadyuva indirectamente a la erradicaci�n de este delito mediante la imposici�n de obligaciones a los Estados firmantes y concluy�: "Como queda visto, la comunidad internacional ha reconocido que la desaparici�n forzada es un crimen de lesa humanidad pues se trata de un atentado m�ltiple contra derechos fundamentales del ser humano en cuanto supone la negaci�n de un sinn�mero de actos de la vida jur�dico-social del desaparecido, desde los m�s simples y personales hasta el de ser reconocida su muerte, situaci�n que acarrea para los Estados el deber de adoptar medidas legislativas, administrativas, y de pol�tica para prevenir y erradicar este crimen de lesa humanidad.
(resaltado fuera de texto) � 7. De acuerdo con lo anterior y considerando que se trata de un mecanismo con el fin de prevenir, sancionar y suprimir la desaparici�n forzada como un aporte decisivo para la protecci�n de los derechos humanos y el Estado de Derecho, al estado Colombiano le correspond�a tomar las medidas de car�cter legislativo y judicial en orden a cumplir con los compromisos asumidos en dicha Convenci�n, y fue as�, como expidi� la ley 599 de 2000, C�digo penal, donde tipific� el delito de desaparici�n forzada y una sanci�n en tal evento con el art�culo 165 de la citada codificaci�n. �Art. 165.- El particular que someta a otra persona a privaci�n de su libertad cualquiera que sea la forma, seguida de su ocultamiento y de la negativa a reconocer dicha privaci�n o de dar informaci�n sobre su paradero, sustray�ndola del amparo de la ley, incurrir� en prisi�n de veinte (20) a treinta (30) a�os, multa de mil (1.000) a tres mil (3.000) salarios m�nimos legales mensuales vigentes yen interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de diez (10) a veinte (20) a�os.
A la misma pena quedar� sometido, el servidor p�blico, o el particular que act�e bajo la determinaci�n o la aquiescencia de aqu�l, y realice la conducta descrita en el inciso anterior.� 8. Ahora bien. Sobre el perfeccionamiento del hecho punible de la Desaparici�n Forzada, la doctrina ha sostenido que su consumaci�n no es f�cil de determinar, en cuanto su confecci�n demanda varios comportamientos de obligatoria actualizaci�n para estimar configurado el hecho, de tal suerte que s�lo una vez demostrado el �ltimo estadio de ejecuci�n de la conducta, se pueda predicar su consumaci�n, vale decir, cuando el sujeto activo niegue el ocultamiento de la v�ctima y se reh�se a informar su paradero, que es exactamente lo que ha venido ocurriendo en el presente evento, pues, a pesar del tiempo transcurrido, -m�s de siete (7) a�os-, el se�or Gil Sosa no ha dicho nada sobre el paradero del infante C.C., no obstante haber sido la �ltima persona que estuvo con �l, de acuerdo a los diversos testimonios rendidos por la progenitora de aquel, se�ora Fabiola Ospina Parra, persona que en el juicio oral ratific� lo que ha venido afirmando durante todo este tiempo en torno con la desaparici�n del menor. ��Yo no me llev� a C. porque �l lo hab�a matado� Pues Alirio GIL lo mat�, pues lo ahog� con un pedazo de pl�tano maduro, lo mat� en mis propios ojos m�os, por eso lo digo o sino no dec�a nada� Ese caso ocurri� como un martes� a las seis de la tarde� Pues yo estaba en la cocina� Alirio pues se fue a trabajar entonces le ech� mano a un pl�tano y se lo dio al ni�o que se lo comiera y el ni�o le dijo que no quer�a y �l le dijo, se lo come o sino lo mato, entonces Alirio parti� un pedazo y se lo embuti� hasta por ac�, (la testigo muestra la garganta) y se puso renegrido el ni�o y peg� un grito y no fue m�s� Yo me puse a llorar, que m�s iba a hacer� Pues que me iba a explicar si yo lo ve� (sic), lo mat� en propios ojos m�os� Yo no s�, cuando lo mat� lo meti� en una pieza, encima de un colch�n y al otro d�a no s� que lo har�a�Pues yo esa noche no dorm� llorando� Me dijo que no me pusiera a decir nada porque o sino me mataba a mi tambi�n� al otro d�a, yo no s� que lo hizo, se desapareci� con �l, porque yo le dije que lo iba a llevar al cementerio y �l dijo, que no lo tra�a, que porque no iba a dar visaje, o sea, que la gente lo ve�a y que le preguntaba lo que hab�a pasado y ya se desapareci� con �l y yo no s�Yo le pregunt� que d�nde estaba el ni�o y me contest� que pa que iba a saber hijuepucha (sic)� Yo sola lo v�, ah� no hab�a m�s nadie� Lo otros ni�os estaban en el pasto y cuando llegaron preguntaron qu� qu� hab�a pasado y �l les dijo que se callaran o les daba en esa geta (sic)�� A simple vista, la versi�n parece inveros�mil, pero no lo es tanto, en especial cuando se refiere a la desaparici�n del menor, situaci�n que ha tenido coherencia, congruencia y claridad durante el desarrollo de todo el proceso, y lo m�s importante, ha permanecido en el tiempo, porque, si bien no existe prueba clara y directa relacionada con la muerte del infante, s� la hay con respecto a su desaparecimiento, as� lo dieron a conocer la pluralidad de testigos que desfilaron en el juicio oral y que la Sala tuvo la oportunidad de escuchar, motivo por el cual har� una peque�a transcripci�n de algunos de ellos, para corroborar los dichos de la denunciante y testigo directa de los hechos, que ciertamente involucran en grado sumo al se�or Alirio Gil Sosa.
Empezaremos por recordar lo manifestado por los propios hijos del acusado, JES�S ALIRIO GIL BUSTOS y JOS� L�ZARO GIL �LVAREZ. El primero de los nombrados dijo: �Tengo 13 a�os� Nac� en San Antonio Tolima, mi pap� se llama Alirio y mi mam� Raquel� Mi mam� no s� donde vive� Yo vivo en Manzanares� He vivido en una vereda que se llama San Vicente� en la casa viv�a con un hermano m�o y mi pap�, mi hermano se llama JOS� L�ZARO� la fecha, no se�ora, no me acuerdo� No me acuerdo bien, pero si me acuerdo que s� vivimos como m�s de cinco meses all� en el Pomo�S� se�ora, en el Pomo� Porque �l se fue con la mam� a vivir all� con nosotros�Fabiola Ospina� Vivi� 7 a�os� Del Pomo nos pasamos para otra vereda que se llama la Sonrisa, de la sonrisa pa la vereda Montebonito y de ah� pa una vereda que se llama La Suecia y ya de ah� nosotros nos fuimos pa el pueblo pero pa otra casa� De cuantos a�os ten�a C.C. no me acuerdo bien� �l era delgadito y un poquito mono� la relaci�n era bien, �ramos como hermanos� No s� a donde est� porque nosotros cuando supimos qu� lo hicieron, no s� a donde est�, no s� S� se�ora� Eso fue un domingo por la ma�ana� Ahora que me acuerdo era un s�bado por la tarde y �l qued� con la mam� y nosotros nos vinimos pa ac� pa el pueblo, mi pap�, mi hermano L�zaro y yo� Llegamos el domingo por la tarde y llegamos y no lo encontramos en la casa, entonces mi pap� le pregunt� a do�a Fabiola que d�nde estaba el ni�o y ella le dijo que se lo hab�an llevado unos militares� que no sab�a pa donde se lo hab�an llevado� Estaba bien de salud� No ten�a nada�.
Otra declaraci�n, s� se�ora�.en Manzanares� No me recuerdo con los que estuve yo declarando� No se�ora, no lo he vuelto a ver� Pues nosotros le preguntamos a ella que d�nde estaba pero no preguntamos nada m�s� Han pasado como unos siete a�os�Yo ten�a por ah� unos siete a�os cuando eso pas�. S�, yo me acuerdo de algunas cosas� S� se�ora, yo jugaba con C.C., con juegos que �l tra�a de armar y tambi�n jug�bamos por ah� corriendo en el patio� No se�ora, pues a �l no le toc� trabajar ni le dijimos que trabajara, no s� si se le gustar�a o no trabajar�.Yo sal�a con mi pap� y a veces con mi hermano L�zaro� A C.C. no le gustaba casi salir, �l no lleg� a salir sino que se quedaba con la mam�No se�ora, porque ella se mariaba (sic) y casi no le gustaba salir al pueblo�Ellos dos no sal�an al pueblo.
No se�ora, no recuerdo�Yo del aporri�n (sic) no me acuerdo�S� rend� una declaraci�n, pero no recuerdo haber dicho de aporriones (sic) de C.C�. No me acuerdo de haberlo visto aporriado (sic)� Cuando la �ltima vez que lo vi pues estaba en la casa que fue cuando nosotros nos fuimos pa Manzanares� era un s�bado� era por la tarde� Llegamos el domingo, no s� que horas ser�an, pero era por la tarde�No se�ora, no recuerdo el nombre del due�o de la finca�Tampoco me recuerdo el nombre de la esposa de �l�S� se�ora, ellos s� visitaban la finca�Ellos fueron, la se�ora fue una sola vez y �l s� iba varias veces� S� se�ora, cuando ellos iban a la finca C.C. viv�a con nosotros�Ella contest� que se lo hab�an llevado los militares�No se�ora, pero yo he escuchado decir es que son gente de por all� que le dicen es que paracos�Paracos, como ellos manten�an por ah� cerquita� No los conoc�No, ella no dio nombres de ninguno que se hubieran llevado al ni�o� Olga era donde ella primero viv�a antes de irse a vivir con nosotros, ella viv�a all�Do�a Olga es una se�ora donde estuvo ella primero en la misma casa y despu�s se fue a vivir con mi pap� y con nosotros y ya, pues yo y mi hermano�Ella no quer�a que se fuera con mi pap� y le dec�a que iba a mandar los paracos, eso manten�a diciendo do�a Olga� Ella viv�a en una finca y ten�a una cantina en el pueblo� Yo la conoc� ya cuando yo viv�a en el pueblo� Nosotros cuando fuimos a vivir al pueblo, no fue a Manzanares sino a Montebonito, eso ya fue como llegando 2011, creo que era ya termin�ndose el a�o 2010 para llegar el 2011� Viv�a mi pap�, yo y mi hermano y Fabiola y antes de que se desapareciera, C.C. estuvo viviendo con nosotros� A nosotros s� nos llevaban donde los m�dicos, nos llevaba mi pap� al que necesitara ir al m�dico llevaba, a cualquiera�A C.C. lo llevaba mi pap� donde el m�dico� Yo conoc� a do�a Olga como en el 2010, no me acuerdo que mes fue�Despu�s de que C. desapareci�, naci� un hermano m�o que se llama ANDR�S, hijo de Fabiola y de mi pap�tiene 7 a�os�M�s despu�s naci� una ni�a que se llama MAYERLY que tiene 5 a�os, tambi�n es hija de Fabiola y de mi pap� Fabiola vivi� con nosotros como hasta el 2010� Yo me fui a llevarle el almuerzo a mi pap� y cuando yo volv� ya no estaba Fabiola, es que se hab�a ido pa el pueblo�Mi pap� nos trataba bien� Ella nos trataba bien� A L�zaro lo trataba m�s o menos bien, casi no lo respetaba, ella era grosera con �l, no lo dejaba sacar comida de la cocina ni le serv�a nada�Ella manten�a muy grosera con �l�.A C.C., lo trataba bien, como el hijo�Mi pap� a C.C. tambi�n lo trataba bien� MINISTERIO P�BLICO. �C.C. era menor que yo� Era cerca de mi edad� No, �l todav�a no estudiaba, jugaba y manten�a en la casa�.C. no iba con nosotros, L�zaro y yo s� lo acompa��bamos para ayudarle a mi pap� �� EL MENOR JOS� L�ZARO GIL �LVAREZ �No me recuerdo en que a�o nac�En San Antonio Tolima�16 a�os� estudio�estoy haciendo primero, seg�n do y tercero de primaria�Mi pap� se llama ALIRIO GIL y mi mam� ESTRELLA �LVAREZ� Mi mam� yo no la conozco y con mi pap� s� he vivido�En una finca que se llama El Pomo� Primero viv�amos solos y luego con una se�ora que se llama Fabiola Ospina Parra�Y nosotros dos y mi pap� y en veces llegaban los patrones de la finca a quedarsen (sic) all�, pero nosotros no m�s�El se�or se llama JOS� BEJARANO y la se�ora no me recuerdo como se llama� Y el ni�o ese que se perdi� con ese viv�amos nosotros all�C.C. me parece que se llamaba�era hijo de Fabiola, pero no se quien era el pap�No me recuerdo, ten�a como 6 o 7 a�os yo creo, pero no estoy bien seguro, no me recuerdo bien�Lo conoc� cuando la se�ora Fabiola se fue a vivir con mi pap�, ella lo llev� all� y por eso lo conoc�Nosotros nos quer�amos y la llev�bamos bien, para nosotros era como un hermano de nosotros� No me recuerdo cuando fue la �ltima vez que vi a C.C�.
Nosotros viv�amos en la finca El Pomo� De ah� nos fuimos pa otra vereda que se llama La Sonrisa� No me recuerdo que tanto tiempo estuvimos� Los patrones eran los que iban all�, nadie m�s�C.C no estudiaba cuando eso��l era delgadito, de seis o siete a�os� No me recuerdo que a�o era�Tengo 16 a�os�No recuerdo cuantos a�os ten�a yo para esa �poca�con esa se�ora tuvo dos hijos, una ni�a y un ni�o, se llama Andr�s y la ni�a se llama MAYERLY� Andr�s tiene 7 a�os y naci� en la vereda La Sonrisa y Mayerly tiene 5 a�os y all� tambi�n naci� en la misma vereda de la Sonrisa�Est�n en Bienestar unos en el mismo hogar y Mayerly est� en otro hogar pero all� mismo en Manzanares� Pues ella en veces cuando estaba brava, nos rega�aba y nos pegaba cuando estaba contraria con nosotros� Con C.C. era bien, ella s� quer�a a C.C. Pues �l cuando le daba ira en veces nos rega�aba o nos pegaba, pero tampoco nos trataba mal� Mi pap� a C.C. le daba un trato bien� cuando estaba contento con ella la trataba bien y cuando le daba ira le alegaba y todo�S� se�ora, en veces le pagaba, si, en veces a ella�De pronto porque no hac�a las comidas ligero o porque le daba rabia con ella, entonces le pegaba�No, CC.
No le garitiaba (sic) a mi pap�, no me recuerdo quien era� S� se�ora, una mano, como que se aporre� y se la descompuso�S� la ten�a aporriada (sic)�Se cay� y se aporre� y se descompuso la mano�No, no lo llevaron donde el m�dico, ninguno de los dos dijo que lo iban a llevar� solamente le pusieron hojas es que de chica me parece, eso no m�s, pero no lo llevaron al hospital ni nada�] Cuando tocaba s� ten�amos que ir donde el m�dico� Mi pap� nos llevaba a Jes�s y yo�No, en ese tiempo que C. estuvo all� mi pap� no lo lleg� a llevar� Un d�a nosotros nos fuimos para Manzanares y ella qued� en la casa con �l, con C. y nosotros nos quedamos por all� y al otro d�a por la tarde venimos y �l ya no estaba, C.C. ya no estaba� S� preguntamos por el ni�o, mi pap� pregunt� por �l y la respuesta de ella fue que hab�an venido por �l y se lo hab�an llevado, es que esa gente es que paramilitares se lo hab�an llevado, es que esa gente que le dicen es que paracos�No se�ora, no s� qui�n ser� esa gente� Los paracos son gente armada, una ley�No se�ora, no dijeron ning�n de nombre de ellos�Tampoco nombraron quien se hab�a llevado al ni�o�No se�ora, no lo volvimos a ver al ni�o despu�s de eso� Olga una que es de Montebonito, ella ten�a una finca y Fabiola viv�a all� en la finca de ella� ella ten�a una finca all� en una vereda que se llama Santa Clara� Mi pap� como que le ten�a pereza a ella a do�a Olga, no s� por qu�, pero le ten�a pereza�Ella ten�a o tiene una cantina.
No se�ora, no supe qui�n se lo llev�, nunca supe, tampoco s� donde est� el ni�o�No me recuerdo que d�a nos fuimos pa Manzanares con mi pap� Tampoco me recuerdo a qu� fuimos� A Manzanares era que sal�amos �bamos era a mercar� No se�ora, nunca escuch� a Fabiola reclamarle nada a mi pap� por C�. antes de irnos pa Manzanares esa fue la �ltima noche que lo vi, pero no me recuerdo que estaba haciendo�� 9.
Tambi�n rindi� testimonio la se�ora EMISMELVA CU�LLAR DE BEJARANO, propietaria de la finca para la �poca y quien tuvo la oportunidad de compartir en ocasiones con el acusado y su familia. �� Cuando yo fui la primera vez que llegu� all�, ten�a el ni�o un bracito partido, ten�a su bracito negrito y amarrado con un pa�uelo, entonces yo le fui a sobar esa noche entonces no se dej� de mi, entonces don Alirio me dijo que no, que lo dejara quieto que �l lo arreglaba, entonces yo le dije esa noche a Fabiola que me dejara traer al ni�o, que yo lo tra�a ac� al hospitalito para que lo enyesaran y que luego me lo llevaba para la finca donde yo estaba y lo cuidaba y que cuando ya el ni�o estuviera bien se lo regresaba a la finca y entonces ella en el momento me dijo que s� y el ni�o tambi�n, que s� que se ven�a conmigo y ella le dijo a �l por la noche y ya al otro d�a por la ma�ana me dijeron que no, que no me dejaban traer el ni�o� �l es que le dijo que no me dejaba traer el ni�o que porque yo de pronto me quedaba con �l, viendo que yo lo iba a traer era para que le enyesaran el bracito y para cuidarlo� Pues como yo me madrugu� a venir, �l qued� durmiendo en esa finca�.
La segunda vez yo fui con un hijo que se llama CARLOS ANDR�S BEJARANO, entonces fuimos y cuando fuimos ya el ni�o no estaba, entonces yo llegu� y pregunt� por el ni�o y me dijeron que se lo hab�a llevado un sobrino de �l, de don Alirio para Venadillo Tolima, que hab�an venido por �l que no ten�an hijos y que se lo hab�an llevado para Venadillo Tolima� Yo me imagino que don Alirio le peg� a Fabiola por celos, porque vio a Carlos all� en la cocina� El se�or Alirio s� le pegaba a do�a Fabiola, porque ese d�a ella lleg� toda aporriada (sic)�Estaba golpeada en la cara y lleg� sangrando de la boca y de las narices y toda embarrada y entonces yo le pregunt� a ella que por qu� le hab�a pegado y ella no me contestaba nada� Yo s� les pregunt� que por qu� el ni�o estaba aporriado del brazo y ellos me contestaron que se hab�a ca�do de un barranco y se hab�a fracturado el bracito� Pues ellos m�s o menos duraron de unos cinco (5) a seis (6) meses,.
No recuerdo bien� ellos se fueron pa la vereda La Sonrisa�Yo no volv� a saber nada de esa familia, porque ya nosotros nos vinimos para ac� para Manizales, ya me fui para el Fresno por all� hasta que el esposo m�o falt�, entonces no me volv� a dar cuenta de nada de ellos. Hasta el a�o antepasado que me dijeron que iba a subir la autoridad all�, que porque don Alirio es que hab�a asesinado al ni�o y lo hab�a sepultado en la finca, eso me lo dijo el hijo m�o porque �l sali� all� al pueblo y le contaron� El se�or don Alirio siempre era bravo con do�a Fabiola y con los hijos, una vez al esposo m�o le toc� meterse porque �l le estaba dando a L�zaro con una mata de guadua, y entonces a mi esposo le toc� meterse y decirle que as� no se castigaba a la familia, mi esposo fue el que me cont�S� que dos veces han subido a buscar al ni�o a esa finca, pero que no han encontrado nada� Desde que salieron de la finca no los volv� yo a ver� No me recuerdo de �l� Puede ser �l, el se�or que est� ah� de camisa blanca, es la misma persona que viv�a en la finca con do�a Fabiola� EL DESPACHO En cinco o seis meses que don Alirio vivi� en la finca yo fui como en tres veces� Yo llegaba por la noche, descansaba un d�a y al otro d�a me madrugaba, no me quedaba sino un d�a allᅔ Analizados los anteriores testimonios en conjunto, la versi�n de la se�ora Fabiola Ospina Parra aparece veros�mil, y tal concepto fue reconocido en su momento por el propio fallador primario, m�xime luego de haber escuchado al profesional en psiquiatr�a, Doctor RICARDO SARMIENTO GARC�A, quien la valor�, dejando entrever que sus manifestaciones no est�n alejadas de la realidad, al contrario, tienen un alto grado de credibilidad, �Cuando estamos hablando de una persona con un retraso mental leve, primero estamos haciendo referencia a que es un retraso que no viene desde temprana edad, cierto, moderado vemos que ya est� caminando fuera de tiempo, que no habla a tiempo, el retraso mental leve empieza a notarse a una edad un poquito m�s tard�a, generalmente cuando empieza la escolaridad, es aqu� donde empiezan a verse las dificultades en el aprendizaje, las dificultades para aprender a leer, para aprender a escribir, la escasa socializaci�n, la baja autoestima que suelen tener estas personas, la dificultad para abstraer ciertos conceptos que se van teniendo a trav�s de la edad� Una persona con retraso mental leve puede defenderse dentro de su municipio, tiene la capacidad para establecer ciertas relaciones de pareja, manteniendo desde luego cierta dependencia�Puede comprender preguntas y puede responder, no obstante la velocidad y la agilidad para hablar y para tener un pensamiento con una velocidad adecuada, pues no es igual a la de un adulto en condiciones normales� Ser fantasioso implica una mayor capacidad intelectual, o sea, tener un buen nivel de fantas�a implica tener una buena capacidad intelectual, dig�moslo as�, digamos como para inventar cosas que de pronto puedan serle cre�bles a otros, por ejemp0lo, un ni�o puede ser fantasioso, pero si uno va a ver la fantas�a pues obviamente uno percibe que el ni�o est� en una total fantas�a y que lo que dice es muy salido digamos de lo que puede ser real o no, por el mismo pensamiento concreto que tiene un ni�o� Entonces una persona con un retraso mental leve, no tienen una buena capacidad para manifestar aspectos fantasiosos y que puedan ser f�cilmente cre�bles para otros adultos que son normales� No, esas fueron respuestas muy espont�neas, digamos que yo no tuve que hacer esfuerzo dentro de las preguntas para que ella me pudiera responder.
EL DESPACHO S� se�or, la se�ora Fabiola se demora en captar, entender y narrar, pero entiende su entorno�S� se�or, comprende la importancia de los hechos� No es solamente exploratoria, digamos que nosotros la idea nuestra es como servir a la justicia, mostrarle algunos aspectos relacionados con el comportamiento y con el estado mental de una persona y de pronto las relaciones o posibles v�nculos que puedan darse entre unos hechos determinados que han ocurrido y la condici�n mental de esa persona� Nosotros como tal, por eso lo ponemos en t�rminos de posibilidades, cuando yo digo ac� es posible, pues, el relato es coherente y l�gico y es posible y susceptible de haber ocurrido, no compete a uno como perito decir con certeza, porque ser�a quitar la funci�n del se�or juez la autoridad en estos casos, entonces nosotros no podemos decir con certeza que algo es veraz como tal, porque eso implica muchos m�s elementos probatorios.
En este caso lo que manifiesto es, yo no veo que lo que diga la se�ora est� basado en un delirio, es decir, no tiene una consistencia delirante como tal� Nosotros no podemos decir definitivamente eso es mentira o definitivamente eso es verdad, aqu� nos limitamos a decir, la versi�n que tiene esa persona, guarda cierta coherencia, tiene cierta l�gica y es susceptible de ocurrir, es decir, estamos suministrando ese concepto que ser� una prueba m�s a utilizar con base en todo los elementos que se tengan recaudado dentro de un proceso o una investigaci�n determinada� Lo que si yo puedo decir es que si esta se�ora, con ese nivel intelectual y con las condiciones que ella tiene, si eso fuera mentira como tal, pues uno esperar�a y hay ciertas caracter�sticas en estudios que han hecho que definitivamente ella no mantuviera los mismos detalles y los mismos aspectos que ha narrado, es decir, que hay coincidencia en los detalles m�s relevantes de la versi�n que ella da sobre los hechos en diferentes entrevistas, esa es una de las situaciones que uno puede ver en los ni�os o en general en la mayor�a de testimonios, entonces es muy dif�cil que la persona mantenga detalles muy similares si no los ha vivido, si incluso habi�ndolos vivido hay detalles muy finos que uno cambia de una versi�n a otra en los testimonios, es decir, si yo doy un testimonio de algo que me pas� ahorita y ma�ana, o en ocho d�as o en quince d�as doy un testimonio, posiblemente guardo cosas muy relevantes, pero habr�n detalles finitos en los que uno pueda variar, el color de determinados aspectos, de determinadas circunstancias podr�n variar en un momento dado, pero en general se van a mantener las cosas m�s macro, las cosas m�s grandes.
Ahora, cuando alguien no ha vivido algo y empieza a dar versiones y mucho m�s si la persona tiene un d�ficit intelectual o se es un ni�o, entonces m�s f�cilmente cambia detalles grandes o detalles que uno considera podr�an ser importantes, los puede cambiar y no los mantiene, entonces es lo que uno dice ac� y me llama la atenci�n que ella s� est� considerando en general detalles muy macro, muy grandes, con respecto a como ocurrieron los hechos, diferentes aspectos que uno le cuestione, los conserva m�s o menos en las entrevistas anteriores y en la que yo le hago� Por tener un retraso mental leve, no significa que tenga una tendencia a la mentira.
El hecho de que tenga un retraso mental leve para el presente caso, no la hace una persona que tenga que ser mentirosa, no van de la mano dig�moslo as�, retraso mental leve y mentira, no.� 10. Resulta entonces poco razonable la decisi�n del a quo al absolver al se�or Gil Sosa, cuando la cauda probatoria se�ala su responsabilidad. El nudo hecho de que la se�ora Ospina Parra hable primero de la muerte del menor y que luego Alirio lo desaparece, en concepto del a quo, no alcanza para configurar el delito investigado.
Para la segunda instancia, no es factible aceptar la calificaci�n jur�dica de la conducta sugerida por el se�or Juez fallador, toda vez que la misma no encontrar�a soporte f�ctico o probatorio. Con todo, t�ngase presente que no existe prueba cient�fica que indique que efectivamente el menor v�ctima fue agredido y perdi� su vida; no puede soslayarse adem�s �es cierto-- que su cuerpo sin vida no ha sido hallado en lugar alguno y al ser ello as� la materialidad de un homicidio quedar�a absolutamente hu�rfana.
Es que no debe olvidarse, que la ocurrencia de un delito contra la vida demanda la acreditada e irrebatible existencia de un cuerpo que no presente funciones vitales, circunstancia que, se itera, no acontece en el presente evento. As� las cosas, el argumento expuesto por el operador jur�dico para absolver al se�or Alirio Gil Sosa no encuentra fundamento probatorio alguno. En todo caso sus conclusiones devienen de una interpretaci�n forzada de expresiones que en modo alguno podr�an ser tomadas como base para variar hoy d�a la adecuaci�n t�pica efectuada a lo largo del proceso.
Recu�rdese que la materialidad de una conducta no depende de aseveraciones o reflexiones de los intervinientes en el proceso penal, sino de hechos y pruebas id�neas para demostrarla. De la responsabilidad del procesado 11. Desterrada como se encuentra, de la epistemolog�a procesal, la tarifa legal, el universo mental del juzgador se abre para valorar de manera conjunta y arm�nica, las pruebas allegadas al proceso, sin m�s limitaciones que las reglas de las ciencias, de la l�gica y la experiencia decantada de la vida.
Por ello, asentar en el simple criterio de ser el testimonio incongruente y contradictorio por provenir de la propia madre del menor desaparecido, desconoce que en multitud de ocasiones s�lo tales personas pueden ofrecer alguna clase de versi�n de los hechos, pues, por ejemplo, terceros ignoran el discurrir �ntimo de la vida de una familia.
Como se aprecia, existe prueba directa que se�ala al se�or ALIRIO GIL SOSA como responsable de esta conducta punible, ello sumado a un conjunto de indicios que pueden desvirtuar la presunci�n de inocencia que le asiste. El fallo impugnado parece dar a entender que el in dubio pro reo nace como una consecuencia inevitable de la ausencia de prueba directa, lo cual no s�lo es una incorrecci�n jur�dica sino adem�s un evidente vaciamiento de contenido de la teor�a de la prueba indiciaria, cuya vocaci�n de utilidad, devendr�a inexistente.
De los indicios 12. Sumado a lo ya explicado, en este asunto se cuenta tambi�n con pluralidad de indicios que conllevan a la conclusi�n inequ�voca de la responsabilidad penal del se�or Alirio Gil Sosa en la conducta endilgada por la Fiscal�a. Se ha dicho que el indicio es medio probatorio a trav�s del cual se obtiene el conocimiento indirecto de la realidad; consta de los siguientes elementos: i) Un hecho indicador que debe estar demostrado en el proceso con cualquiera de los medios de prueba autorizados por la ley, menos con otro indicio; y, ii) un razonamiento l�gico que permite derivar, a partir del hecho probado, la existencia de otro hecho.
En materia de indicios, su manejo y el grado de convicci�n que generan, la Jurisprudencia desde anta�o tiene dicho: (i) �El indicio, seg�n la ley penal es un hecho de que se infiere l�gicamente la existencia de otro hecho. La fuerza de convicci�n que produce se funda, pues, en la naturaleza de las cosas y de sus relaciones, esto es, en que, demostrada la existencia de algo, hay que suponer la de otros seres, o en que, acreditado el acaecimiento de un suceso, resulta forzoso admitir el de otro u otros.
Se trata, pues, de un proceso l�gico, o de an�lisis y s�ntesis, que permite, seg�n el curso ordinario de la vida humana, deducir conclusiones firmes. Tal es el motivo para que a la prueba de indicios se le haya llamado �prueba de hombre�, porque no consiste en la demostraci�n directa de los hechos, sino en al deducci�n racional de que se han realizado, por haberse cumplido otro u otros�.
(ii) �En la clasificaci�n de los indicios, tanto por la doctrina especializada como por la jurisprudencia de la Sala, tradicionalmente se ha apelado al concepto de indicios necesarios y contingentes, sobre cuya naturaleza y caracter�sticas diferenciales, la Corte ha precisado: �Los indicios pueden ser necesarios cuando el hecho indicador revela en forma cierta o inequ�voca, la existencia de otro hecho a partir de relaciones de determinaci�n constantes como las que se presentan en las leyes de la naturaleza; y contingentes, cuando seg�n el grado de probabilidad de su causa o efecto, el hecho indicador evidencie la presencia del hecho indicado��.
En posterior providencia, se ratificaron estos conceptos, de la siguiente forma: �Por excelencia un medio cr�tico, l�gico e indirecto es el indicio, construido a partir de pruebas directas autorizadas por la ley. Aplicando las reglas de la sana cr�tica se obtiene por inferencia el conocimiento de hechos, sujetos, y circunstancias que interesan al proceso penal.
El indicio as� obtenido es necesario si de manera cierta e inequ�voca el hecho indicador revela el hecho desconocido y ser� contingente, por el grado de probabilidad respecto del acontecimiento que se busca conocer��. A su vez, en correspondencia con la doctrina especializada, la Sala ha puntualizado que los indicios contingentes pueden ser graves o leves, seg�n el grado de probabilidad que ostenten para inferir el hecho indicado: �Estos �ltimos son graves, si el nexo que une las premisas del indicio es racional, l�gico, probable, inmediato, estable, seriamente indicativo del hecho indicado, seg�n las reglas de la experiencia, y es leve el indicio cuando esa relaci�n constituya apenas una de las varias posibilidades que se presenten en el caso concreto�.
De anta�o, ya hab�a precisado la Sala sobre tales categor�as indiciarias lo siguiente: �La connotaci�n de levedad o gravedad del indicio no corresponde a nada distinto al control de su seriedad y eficacia como medio de convicci�n que en ejercicio de la discrecionalidad reglada en la valoraci�n probatoria realiza el juez, quien despu�s de contemplar todas las hip�tesis confirmantes e infirmantes de la deducci�n establece jerarqu�as seg�n el grado de aproximaci�n a la certeza que brinde el indicio, sin que ello pueda confundirse con una tarifa de valoraci�n preestablecida por el legislador.
Se trata de una simple ponderaci�n l�gica que permite al funcionario judicial asignar el calificativo de grave o vehemente al indicio contingente cuando el hecho indicante se perfila como la causa m�s probable del hecho indicado; de leve, cuando se revela s�lo como una entre varias causas probables, y podr� darle la menguada categor�a de lev�simo cuando deviene apenas como una causa posible del hecho indicado�.
De lo expuesto refulge con total nitidez que la Sala nunca ha establecido tarifa alguna para descalificar la credibilidad de los indicios contingentes, a diferencia de lo expuesto por la demandante. Al contrario, les reconoce valor a partir de su an�lisis conjunto, en tanto resulten convergentes y concordantes, como se ha expresado, entre otras, en la siguiente decisi�n, cuyos apartes pertinentes conviene transcribir: ��(L)a fuerza persuasiva de los indicios emana de su apreciaci�n conjunta, ya que cada uno, tomado individualmente, salvo que fuera necesario, carece de suficiencia demostrativa para llevar a la certeza, y sin que el demandante hubiera asumido la carga de evidenciar que apreciados mancomunadamente y teniendo en cuenta su articulaci�n, convergencia y concordancia, no conduc�an a ella� (subrayas fuera de texto).
Postura que, adem�s, concilia con la tesis mayoritaria de la doctrina especializada, como lo ha se�alado uno de sus m�s reconocidos exponentes: �Trat�ndose de indicios de esta clase, que hemos calificado de vehementes, y que alg�n autor llama necesarios, basta, pues, uno solo, para establecer ciertamente un hecho. Cuando los indicios no revisten este car�cter se necesitar� el concurso de varios para llegar a la certeza, no pudi�ndose racionalmente fijar n�mero alguno m�nimo, necesario y suficiente para producir la convicci�n. Ese n�mero variar� seg�n las circunstancias de cada caso, seg�n la fuerza o peso de los indicios que entran en la combinaci�n, la regla aplicable en este punto es la misma que se formula respecto de los testigos; los indicios se pesan, m�s que se cuentan; y la mejor prueba de ello es que un solo indicio infirmativo, el alibi o negativa loci, destruye por completo todo un sistema de cinco o m�s indicios graves, precisos y concordantes� (subrayas fuera de texto). 13.
En el caso de la especie es indiscutible que la prueba indiciaria obrante en el expediente compromete en grado sumo la responsabilidad del se�or ALIRIO GIL SOSA en la desaparici�n del ni�o C.C., en primer lugar, salta a la vista el indicio denominado "de presencia" en el lugar de los hechos. Indicio de �presencia� en el lugar de los hechos 14.
Conforme a la doctrina: �1� La presencia u oportunidad f�sica. "Despu�s de probar la existencia misma de la infracci�n (cuerpo del delito), resulta primordial establecer que el acusado se encontraba al tiempo y en el lugar del delito; porque es siempre necesario suponer su presencia, para creer en su culpabilidad; y si se omite probarla, podr� ser negada.
Lo m�s frecuente consiste en que se infiera de las circunstancias, no precisamente que el acusado se encontraba presente en el tiempo exacto y en el lugar preciso de la acci�n, sino solamente que estuvo en un momento y en un lugar lo suficientemente pr�ximos como para haberse podido trasladar all�: de lo cual surge una doble inferencia, que puede discutirse por partes y cuya fuerza depende de condiciones variadas".
El llamado indicio de presencia f�sica es resultado de la investigaci�n. Por ejemplo: en el lugar donde se cometi� el hurto se encontraron huellas dactilares suficientes. El dactiloscopista las examina y confronta con las huellas del sospechoso o con las que tiene en su archivo de una persona ya conocida. Concluye que entre esas huellas existe identidad.
Esta es prueba de que esa persona estuvo en ese lugar. Un testigo declara que vio a esa persona salir del lugar donde se cometi� el hurto en tiempo cercano a su comisi�n. Si es cre�ble ese testimonio, entonces prueba que dicha persona estuvo en ese lugar al tiempo del delito. Dos pruebas que concurren a demostrar la presencia f�sica de la persona que se viene mencionando en el lugar del hecho y al tiempo de cometerse.
La investigaci�n arroja ese resultado y el juez lo utiliza para afirmar que probablemente esa persona es autora del delito que investiga. Pero claro, s�lo prueba esto y nada m�s que esto�. (Resaltos a�adidos). Con base en ese discernimiento, el Juez debe elaborar juicios y raciocinios que le servir�n para estructurar el sentido del fallo.
En ese conjunto de ejercicios mentales de reflexi�n e inteligencia, el Juez no puede apartarse de los postulados de la l�gica, de las m�ximas de la experiencia, ni, por supuesto, de las reglas de la sana cr�tica y de las ciencias. 15. En raz�n de lo anterior, forzoso es concluir que el acusado efectivamente para la tarde de ocurrencia de los hechos aqu� investigados, estaba en el escenario donde se perpetr� el crimen, antes, durante y despu�s. As� lo declar� en las entrevistas, como se vio, su compa�era permanente y madre del peque�o, FABIOLA OSPINA PARRA, manifestando haber visto a Alirio coger al ni�o, introducirle un pl�tano en la boca, llevarlo a un cuarto, acostarlo en un colch�n y al otro d�a llev�rselo para nunca m�s regresarlo: Puse el denuncio cuando me abr� de Alirio, o sea que me fui del lado de �l�.Porque me pegaba mucho y me trataba muy feo� No se�ora, yo no recuerdo cuando vi al ni�o en el �ltimo momento� Yo no s� d�nde est� el ni�o, yo no lo volv� a ver desde que �l se lo llev� No se�ora, yo no regal� a C.C�.
Yo s� he regalado los ni�os pero cuando hay modo de regalarlos y uno no puede ver por ellos y hay una persona que tenga m�s modito que uno, pues se lo da�Pero es que yo no los entregu� sino que fueron por ellos, por ANDR�S y MAYERLY� Yo nunca hab�a pensado entregar a C, porque era el compa�ero m�o y yo lo quer�a mucho, donde yo me iba se iba conmigo� No se�ora, yo no le entregu� el ni�o a nadie porque yo lo quer�a mucho� No se�ora, al ni�o no se lo llev� ninguna persona extra�a, estoy segura que nadie se lo llev� 16.
Por manera que si para la construcci�n del indicio es preciso el esclarecimiento de un hecho indicador, debidamente probado, sin dubitaci�n alguna se concluye que la �presencia� en el lugar de los hechos del acusado, ha quedado demostrado a trav�s de la prueba testimonial referida y expuesta. Ello debe connotarse como de car�cter grave. Contundentes son los hechos que relat� el deponente en sus entrevistas ante la SIJIN de la Polic�a Judicial, en los que dicho sea de paso, en aquella oportunidad, no se observaron malquerencias, ni �nimos vengativos pues, se limit� a la narraci�n de lo por ella vivenciado antes, durante y despu�s de la ocurrencia de los fat�dicos hechos aqu� investigados, tal y como lo hiciera con exactitud al m�dico psiquiatra que la valor� en su momento y con los resultados ya conocidos. 17.
En efecto, el relato de los hechos que retratan la presencia en el lugar del f�ctum delictivo de ALIRIO GIL SOSA, los testimonios que dan cuenta de los maltratos f�sicos y verbales, no solo a su compa�era permanente, sino a la menor v�ctima C.C., a quien la mayor�a de los testigos lo observaron lesionado un brazo, -fracturado-, luego el inexplicable pero real y verdadero desaparecimiento del ni�o, son situaciones que perge�an la advertida responsabilidad de GIL SOSA, m�xime cuando �ste no ha hecho el m�s m�nimo esfuerzo por averiguar su destino. Y, es que tampoco debe olvidarse, que se tendr�n m�s elementos para valorar la prueba testimonial, cuando el testigo tuvo contacto directo con los hechos, habida cuenta que es m�s sencillo esclarecer los acontecimientos declarados por �ste que los de aquellos que tuvieron un contacto indirecto, o, a lo mejor no lo tuvieron, como fueron los testigos de la defensa y por lo tanto sus dichos pueden no presentar la misma pureza o el mismo sentido establecido por el emisor primigenio.
El indicio de la mentira o de la falsa justificaci�n 18. sobre este aspecto se tiene dicho: �La declaraci�n falsa ordinariamente est� amalgamadamente con la imposibilidad de justificar adecuadamente un cargo�. (ii) �En las anotadas condiciones, las deducciones del ad quem sobre las falsas manifestaciones del procesado, no se revelan contrarias a la�prueba allegada al proceso, ni a las reglas de la sana cr�tica, pues la investigaci�n demostr� que las afirmaciones del acusado, que el Tribunal destaca, no correspond�an a la verdad.
Y es claro que la mentira puede ser indicativa de responsabilidad cuando no tiene justificaci�n, e involucra aspectos sustanciales de la investigaci�n, o conduce a la destrucci�n de una coartada, como ocurri� en el caso en estudio.�� Un hecho indicador en este caso lo constituye la actitud asumida por el se�or ALIRIO, al referir una serie de situaciones que solo tienen cabida en su imaginaci�n, como el iniciar una relaci�n amorosa con la se�ora Fabiola autorizado por Chuqui, un paramilitar, quien a su vez le inform� que aquella sosten�a relaciones sexuales con varios de sus subordinados y que al regresar una tarde a la finca con sus dos menores hijos Jes�s Alirio y Jos� L�zaro ya no encontr� el menor C.C., pues seg�n Fabiola, se lo hab�an llevado los paramilitares, sin que �l hubiera hecho nada al respecto.
Estos relatos solo encontraron respaldo a medias con las declaraciones contradictorias de sus dos menores hijos, pero que fueron desvirtuadas en su totalidad por otros testigos, como el de la se�ora EMISMELVA CU�LLAR DE BEJARANO y el de la propia FABIOLA OSPINA PARRA. Si bien esas versiones ciertamente sirvieron de pretexto para evadir su responsabilidad ante el fallador primario, actitud que irrumpe la inferencia l�gica de su compromiso en los hechos aqu� investigados, amen de la existencia de otras probanzas que como se anotara supra, refuerzan su capacidad incriminatoria y los reparos en punto de los testimonios de cargo no encuentran eco en esta instancia y fenecen a la hora de soportar la decisi�n primigenia. �Cuando la ley formula la exigencia de que para proferir fallo condenatorio la responsabilidad debe estar plenamente comprobada, no hace sino manifestar que se deben llenar todos los elementos que determinan la creencia de que un hecho il�cito es imputable a una persona y que al hab�rsele asignado tal responsabilidad, no queda duda alguna de su culpabilidad� No siempre resulta tarea sencilla y f�cil desentra�ar el verdadero valor de convicci�n que determinada prueba ofrece.
En la generalidad de los casos la prueba en un proceso penal se encuentra diseminada en distintas formas, cuyo valor demostrativo para conducir a la certeza legal surge apenas del conjunto de todas las que la legislaci�n procesal autoriza para tal efecto. Solamente en casos de muy restringida ocurrencia, la demostraci�n de la responsabilidad del acusado surge mediante una sola y �nica categor�a de prueba�.
La libre convicci�n del juez �dice el procesalista VANNINI- no debe entenderse en el modo sentimental de una �voz para el esp�ritu� que tranquiliza la conciencia del juez mismo, sino como libre y l�gica apreciaci�n de efectivos elementos de prueba, aunque esta consistiera en la exclusiva pero seria confesi�n del procesado, en las solas declaraciones del querellante o en la de un solo testigo�.
Conclusi�n 19. Existe prueba de cargo suficiente y de signo incriminatorio que se�ala al se�or ALIRIO GIL SOSA como autor del delito de Desaparici�n Forzada en el menor C.C.G.O. A diferencia de lo dispuesto por el a quo, para esta Sala de Decisi�n el conjunto testimonial e indiciario (grave, concordante y convergente) extra�do de la instrucci�n realizada, permite razonablemente deducir la responsabilidad penal del procesado, raz�n por la cual se revocar� la decisi�n de instancia. Dosificaci�n punitiva 20.
Es menester, de acuerdo con lo anterior, tasar la pena por imponer al se�or ALIRIIO GIL SOSA. La conducta endilgada en la formulaci�n de acusaci�n fue de Desaparici�n Forzada, que define y sanciona el canon 165 descrito supra, Agravada por el art�culo 166, numeral 3� del CP: �1� 2� 3. Cuando la conducta se ejecute en menor de dieciocho (18) a�os, mayor de sesenta (60) o mujer embarazada�, con prisi�n de cuatrocientos ochenta (480) a seiscientos (600) meses, y multa de dos mil seiscientos sesenta y seis punto sesenta y seis (2.666,66) a siete mil quinientos (7.500) salarios m�nimos legales mensuales vigentes, incluido el aumento se�alado en el art�culo 14 de la Ley 890 de 2004.
Conforme al sistema de cuartos, la pena oscila entonces entre cuatrocientos ochenta (480) y seiscientos (600) meses de prisi�n, rango que debe ser dividido en cuartos de la siguiente manera: Cuarto m�nimo1� cuarto medio2� cuarto medioCuarto m�ximo480 a 510 meses y multa de 2.666,66 a 3.875 smlmv510 a 540 meses y multa de 3.875 a 5.083 smlmv540 a 570 meses y multa de 5.083 a 6.292 smlmv570 a 600 meses y multa de 6.292 a 7.500 smlmv Debe ubicarse esta Colegiatura en el cuarto m�nimo de movilidad, al no haberse determinado en la acusaci�n, alguna de las circunstancias de mayor punibilidad previstas en el art�culo 104 de la citada ley, por lo que fijaremos la sanci�n en el tope m�nimo de dicho cuarto. Se impone por tanto una pena definitiva de cuatrocientos ochenta (480) meses de prisi�n y multa por valor de dos mil seiscientos sesenta y seis punto sesenta y seis (2.666,66) salarios m�nimos legales mensuales vigentes, para la fecha de los hechos.
De igual forma, se le condena a la pena accesoria de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas, por un t�rmino de veinte (20) a�os. Mecanismos Sustitutivos de la Pena 21. Atendiendo al quantum de la pena impuesta, no es procedente la concesi�n del subrogado penal, por cuanto la norma exige como requisito objetivo, que la pena de prisi�n no exceda de tres (3) a�os.
Por igual motivo se niega la sustituci�n de la pena intramural, por la Prisi�n Domiciliaria. Ante la improcedencia de estos, se ordena librar la orden de captura respectiva, una vez esta decisi�n sea firmada por los integrantes de la Sala, pues, el acusado estuvo sometido a medida de aseguramiento por este caso, hasta el momento en que se le absolvi� en primera instancia (fl. 149 fte.).
( Por raz�n y m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, i) REVOCA la sentencia que por v�a de apelaci�n ha revisado y en consecuencia, ii) CONDENA al se�or ALIRIO GIL SOSA como autor responsable del hecho punible de DESAPARICI�N FORZADA AGRAVADA, a) a la pena principal de cuatrocientos ochenta (480) meses de prisi�n y multa por valor de dos mil seiscientos sesenta y seis punto sesenta y seis (2.666,66) salarios m�nimos legales mensuales vigentes, para la fecha de los hechos, y b) a la accesoria de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas, por el t�rmino de veinte (20) a�os; iii) Se niegan al procesado el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y la prisi�n domiciliaria, por tanto iv) se ordena librar orden de captura en su contra, una vez los integrantes de la Sala de Decisi�n, firmen este prove�do. v) Env�ense las copias de rigor a las autoridades administrativas encargadas de registrar esta sentencia. vi) Esta decisi�n se notifica en estrados y contra ella procede el recurso extraordinario de Casaci�n, el cual deber� interponerse ante este Tribunal, dentro de los cinco (5) d�as siguientes a la �ltima notificaci�n y en un t�rmino posterior com�n de treinta (30) d�as deber� ser presentada la demanda que de manera precisa y concisa, se�ale las causales invocadas y sus fundamentos.
NOTIF�QUESE Y C�MPLASE Los Magistrados, DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOS� FERNANDO REYES CUARTAS ANTONIO TORO RUIZ Johana Franco Herrera Secretaria Corte Constitucional, C-580/02 "Como queda visto, la comunidad internacional ha reconocido que la desaparici�n forzada es un crimen de lesa humanidad pues se trata de un atentado m�ltiple contra derechos fundamentales del ser humano en cuanto supone la negaci�n de un sinn�mero de actos de la vida jur�dico-social del desaparecido, desde los m�s simples y personales hasta el de ser reconocida su muerte, situaci�n que acarrea para los Estados el deber de adoptar medidas legislativas, administrativas, y de pol�tica para prevenir y erradicar este crimen de lesa humanidad.
C-317/02 Al respecto el Prof. Camilo Sampredro Arrubla en �Lecciones de derecho penal. Parte especial. Universidad Externado de Colombia. Bogot� 2003. P�g. 733 nos dice que: �El del art�culo 165 es pues un tipo penal de los que (sic) denominados de conducta acumulativa, porque no es suficiente para la adecuaci�n t�pica que el sujeto activo cualificado (debe ser miembro de un grupo armado al margen de la ley, servidor p�blico o particular que act�e bajo la aquiescencia o determinaci�n del funcionario) prive de la libertad a otro, sino que hace falta que, luego de la conducta principal o rectora, el agente la oculte (lo que aparece apenas l�gico), se niegue a reconocer la privaci�n o, reconoci�ndola, a dar informaci�n sobre su paradero, logrando, adem�s sustraerla del amparo de la ley�. CD No 6. v�deo �nico minuto 01:07:30 hasta el y CD No. 7 del juicio v�deos 1 y 2 minuto 00:26:45 CD No. 7.
Audio No. 2. minuto 00:02:50 al 00:35:50 y audio No. 3. Minuto 00:00:05 al 00:30:15 CD No. 7. video No. 3. Minuto 00:34:20 CD No. 8. V�deo No. 1. Minuto00:05:30 al 00:22:25 CD No. 8. V�deo No. 2. Minuto 00:01:11 al 01:20:37 Sentencia del 21 de febrero de 1950. Sentencia de fecha octubre 26 de 2000, rad. 15610. Sentencia de fecha julio 8 de 2004, rad. 18451. Ib�dem. Sentencia de fecha mayo 8 de 1997, rad. 9858, tambi�n en sentencia del 9 de agosto de 2006, rad. 23251. Sentencia del 16 de julio de 2001, rad. 11754. Dellepiane Antonio, citado por Devis Echandia, Hernando, en Teor�a General de la Prueba Judicial, Tomo II, Biblioteca Jur�dica Dik�, Medell�n, 1993. Proceso No. 24212, decisi�n de setiembre 17 de 2008. Alfonso Ortiz Rodr�guez, Lecciones de derecho probatorio penal.
Impresores Baena- Garc�s, Medell�n, 1987, P�gs. 207 y s. s ARENAS SALAZAR, Jorge. Cr�tica del indicio en materia penal. Editorial TEMIS. Bogot� 1988. P�gs. 106 y 107. CSJ. Sala de Casaci�n penal, Rad. Proceso N� 13265, decisi�n de dieciocho de enero del dos mil uno. MP. Dr. Arboleda Ripoll Sentencia del 27 de octubre de 1960. Sentencia del 10 de febrero de 1961. Casaci�n del 8 de agosto de 1952. PAGE 1 Radicado No. 2011-80058-01 Procesado: Alirio Gil Sosa Delito:: Desaparici�n Forzada Agrv.
Asunto: Fallo de 2� instancia Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal PAGE 30 PAGE 20 Radicado No.2011-80058-01 Procesado: Alirio Gil Sosa Delito: Desapariici�n Forzada Agrv. Asunto: Fallo de 2� instancia Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 6Jfgy|����������������������Ԟ������zhVh�h�h�A(h;h�@�CJOJQJ^JaJmH sH "h�S�CJOJQJ^JaJmH sH "h�^�CJOJQJ^JaJmH sH "h�iCJOJQJ^JaJmH sH "h�(dCJOJQJ^JaJmH sH "h;CJOJQJ^JaJmH sH "h?x�CJOJQJ^JaJmH sH "h&.�CJOJQJ^JaJmH sH (h\�h�@�CJOJQJ^JaJmH sH +h+'h�@�5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Jfg}~���������} �������������������L�^�L�gd�@��L��^�L`��gd�@�$a$gd�@�$�dh^�a$gd�@� $dha$gd�@��dh^�gd�@�$dh&dP��a$gd�@� $dha$gd�@�������� % N O � � � � � � � � � � � � � � � � � ����������ses��s�sW�W�s�s�s�s��hl,!CJOJQJ^JaJh�5CJOJQJ^JaJh��CJOJQJ^JaJh;CJOJQJ^JaJh+'CJOJQJ^JaJ h\�h�@�CJOJQJ^JaJ#h\�h�@�5�CJOJQJ^JaJ#h\�h+'5�CJOJQJ^JaJh+'5�CJOJQJ^JaJ h\�h+'CJOJQJ^JaJh�@�CJOJQJ^JaJ� � + H I ] e h n v } ~ � ��ǶǶ��ۊ|ۊ�n��\D/h\�h+'6�B*CJOJQJ\�^JaJph�#h�g�h�g�5�CJ OJQJ^JaJ h"o!CJOJQJ^JaJh+'CJOJQJ^JaJh��CJOJQJ^JaJh"o!5�CJOJQJ^JaJh+'5�CJOJQJ^JaJ h��5�9�CJOJQJ^JaJ&h�ih�i5�9�CJOJQJ^JaJ h\�h�@�CJOJQJ^JaJ&h�ih�@�5�6�CJOJQJ^JaJ} ~ � � � � ��V W 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Alla desaparici��n Forzadala Fiscal��a Generalla investigaci��n. Por�La Jurisprudencia�la Ley�la ley. Aplicando�la OEA�la Pena la Polic��ala Polic��a Judicialla presente Convenci��n la Prisi��nla Prisi��n Domiciliaria. la Protecci��n �la Prueba�la Prueba Judicialla Rep��blica la Resoluci��n�LA SALA�la Sentencia C-317�la XXIV Asamblea �ProductID�?p�?���a�z�0�%��G��`��� ���a�g t%Ի���F�{J`4��d���a��VU���a���.7�V����`�Ɔ����a�Le��ؓ$����a�,�� b����a�t���{��z����a�� w<�m�&�N�C�G�%�0���a�1��@<2A��ذ;r��dJ��a�\EX5�4A��a��"��՜.��+,��D��a���Y��T�[��a�d�@0��I^��a�$��������U��a� P;`:h��a��&I����I�b�Y�\�do��a��f�Q�Pb��a�����'��&�y��a��~LX�㈷ZJ� ZDɬ�|��a�la SIJIN��s��a�� jhu�� "C��`U���dv��a�6-��9� ��a���e<�m�&�N�C�G�%�#��a�8sapolicylookup��a�{ �Dd�L��p6� ��a��n &��ַ�I�-� R��d��a���G^��I��a���՜.��+,��+��a��k�7�6.��a� la Polic��a%��a��n�f �e 8��a�v X�c�{? K��J�Q��d?��a��2��a�Is����IM��?�\ Q�dɅ�a�d�����̅�a�7ۺ՚��pD�=�NQ���dÅ�a�������Oh��+'��ƅ�a��E��S��IO�gZ���Bd݅�a�#Ѕ�a�\��T�0H�ׅ�a���QQ�^c�P�K��N�V�r�d��a����a�08��K�@L���#Y���d��a�& |�k�U+�E�mA^�I�d���a��hV�8Y����a�_�s��^��FNH��b�0���d���a�b �%Z�<)� �M���Er�Rd���a�����a�w�cj ��~�PF��w�t��d���a������Oh��+'�����a� �jc(=�����O�����a��y��J��n����a�D��k�1����a�� ��P����a���@� P� ���a�\��������a�M2Ԗ�[�^oF��/��6nd���a��g<�m�&�N�C�G�%����a�$�������a��?pX��X�K��a�vN��a�<� ��E��a����51M��l��g�X��a�4���; �F_��a�l��9��`�R��a�Ԟ�'��+�i��a�)�T?%�]^�J��� �>pdl��a�$ Xa��F�c��a�pf��a� z�$�g1+B��������d}��a��f<�m�&�N�C�G�%�Jp��a���RX�<���L�VN]$D{�dw��a���F��p� ��a��N$Oõ`�K�TgM �z�d��a�! �*�B -XC��ޓ��L<d��a�\�f��wI���11�&d��a�|`%�J'J'��a��5�r���F�篯��I�d��a��q����iI�K�b�S$�d(��a�� /��a�? ��51M��l��g��"��a��p<�m�&�N�C�G�%�E9��a�/��Dd�L��p6� <��a��t �s 3��a�4�(T 8S 6��a���ȓ͆�a��L�7Md��K��~|�j�d���a���� �dž�a�i35K��@��~�O�qچ�a��� �ц�a��n��N�Ԇ�a��0H��P���a����a����a��@HI��R����a�10�%��G��`������a�� 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