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H: 5:30 P.M. Manizales, diez (10) de marzo de dos mil catorce (2014). ASUNTO Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 19 de septiembre de 2012 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Chinchin�, Caldas, a trav�s de la cual se conden� al se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA como autor responsable de los delitos de HOMICIDIO CULPOSO y LESIONES PERSONALES CULPOSAS que la Fiscal�a le endilg� a ra�z del accidente de tr�nsito en el que perdi� la vida la se�ora Deisy Del Socorro Serna y result� lesionado el ni�o Juan Camilo Molina. 2.
HECHOS Por zona rural del municipio de Chinchin�, m�s concretamente, por la finca �Villa Clara� de la vereda �La Paz de Curazao�, en horas de la ma�ana del d�a 28 de octubre de 2006, se transportaba en una motocicleta Suzuki GP el se�or Elmer de Jes�s Molina, junto con su esposa Deisy del Socorro Serna y su hijo Juan Camilo Molina, mientras que por la misma v�a pero en sentido contrario se movilizaba el se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA, quien transportaba a varios pasajeros en un campero Toyota de placas PSA-054, modelo 1970.
Siendo aproximadamente las 9:20 a.m. los referidos automotores se encontraron en su marcha, gener�ndose una colisi�n en la que perdi� la vida la mujer que se transportaba en la motocicleta, quien fue golpeada por la llanta lateral [de repuesto] del carro, mientras que su hijo menor result� lesionado al caer. A juicio del �rgano Persecutor, de la causaci�n del accidente era responsable el conductor del campero, al invadir el carril que no le correspond�a, ir a exceso de velocidad y movilizarse con pasajeros en la parte delantera, lo que afect� su visibilidad, raz�n por la que se sigui� en su contra la presente causa penal. 3.
ACTUACI�N PROCESAL 3.1. Surtido el procedimiento bajo los par�metros contenidos en la Ley 906 de 2004, ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Chinchin�, Caldas, en funci�n de control de garant�as, el d�a 12 de abril de 2011 se adelant� audiencia de formulaci�n de imputaci�n, en la cual al se�or GARC�A VALENCIA se le atribuy� responsabilidad por los delitos de homicidio y lesiones personales, ambos en modalidad culposa.
Tales cargos no fueron aceptados por el imputado. 3.2. Una vez adelantada la investigaci�n, el d�a 12 de mayo de 2011 la Fiscal�a radic� el escrito de acusaci�n en el que, en definitiva, formul� cargos en contra del encartado �nicamente por el delito de Homicidio Culposo, deprecando por aparte la declaratoria de preclusi�n de la investigaci�n que por el delito de lesiones culposas adelant�, argumentando la imposibilidad de continuar con el ejercicio de la acci�n penal, dada la ausencia de querella y la imposibilidad de conseguir al representante legal de la v�ctima para cumplir con el requisito de procedibilidad atinente a la conciliaci�n. Tanto en primera como en segunda instancia la solicitud fue despachada desfavorablemente, aduci�ndose que al tratarse de un delito en el que la v�ctima era un menor de edad, al tenor de lo dispuesto por el art�culo 74 de la Ley 906 de 2004, no era necesaria la querella y, en consecuencia, deb�a d�rsele el tr�mite de una investigaci�n de oficio, en la que no era necesario agotar el requisito de procedibilidad aludido. 3.3.
Superado el anterior intr�ngulis procesal, el d�a 11 de julio de 2011, ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Chinchin�, se program� la celebraci�n de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, en curso de la cual, la Juez, luego de constatar que se estaba acusando tambi�n por el delito en relaci�n con el cual se neg� la preclusi�n, se declar� impedida por haber conocido de la segunda instancia de tal solicitud de la Fiscal�a, lo cual hizo que el proceso fuera remitido a su hom�loga del Juzgado Primero Penal del mismo Circuito, quien mediante providencia del 13 de julio de 2011 acept� el impedimento y, por consiguiente, avoc� el conocimiento de la causa. 3.4.
En consecuencia, el d�a 10 de agosto de 2011 se llev� a cabo la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, en la que, de forma categ�rica, la Agencia Fiscal le endilg� cargos al se�or LUIS ALBERTO GARC�A por los delitos atentatorios de la vida y de la integridad personal atr�s referidos, en modalidad culposa. 3.5. A continuaci�n, el d�a 15 de febrero del a�o 2012 se celebr� audiencia preparatoria, decret�ndose en tal oportunidad las pruebas a practicar durante el juicio oral que, habi�ndose surtido en varias sesiones, el 22 de agosto de la misma anualidad culmin� con un sentido del fallo de car�cter condenatorio respecto de ambas ilicitudes.
4. SENTENCIA IMPUGNADA El d�a 19 de septiembre de 2012, la Juez de la causa profiri� la sentencia condenatoria que en derecho correspond�a y a trav�s de la cual impuso en disfavor del procesado las penas principales de 36 meses de prisi�n (suspendida), multa por valor de $ 10`877.960 y privaci�n al derecho a conducir veh�culos por 52 meses.
La Juez a quo, luego de realizar algunas disquisiciones de orden te�rico acerca de los delitos culposos, disert� que acreditada estaba la relaci�n causal existente entre la conducta del acusado y el resultado pluri-ofensivo producido, no a trav�s de una reconstrucci�n t�cnica de los hechos ni experticias que se sabe estuvieron ausentes, sino a trav�s de las versiones que -en entrevistas- ofrecieron algunos pasajeros del campero que no acudieron al juicio a rendir su testimonio, pero que pod�an estimarse gracias a la libertad probatoria que consagra el C�digo de Procedimiento Penal.
Al respecto plante� la Juzgadora que estaba demostrada la imposibilidad de localizar los testigos, raz�n por la que pese al principio de inmediaci�n de las pruebas, ante tal contingencia era viable que las entrevistas ingresaran al dossier para ser evaluadas (como prueba de referencia), tal como en el sub judice se hac�a, otorg�ndoseles el valor suficiente para un fallo de car�cter condenatorio, puesto que de las entrevistas de Marisela Molina, Elmer de Jes�s Molina [conductor de la motocicleta] y Ricardo Guti�rrez, en correspondencia con el testimonio de Jaime Abelardo C�rdenas, se abstra�a que el campero avanzaba a alta velocidad, repleto de pasajeros -con algunos en el cap�-, ocupando de forma irresponsable toda la v�a interveredal, lo cual hizo que el motociclista debiera arrojarse a la cuneta, con tan mala fortuna que no pudo evitar que la mujer fuera impactada por la parte trasera del campero, que era conducido por un sujeto que no tuvo el cuidado que un hombre responsable tendr�a, transgrediendo los arts. 68 y 131 del C�digo Nacional de Tr�nsito. 5.
LA IMPUGNACI�N Una vez notificada la decisi�n en estrados, la Defensa interpuso el recurso de apelaci�n que sustent� oportunamente mediante escrito con el cual censur� la valoraci�n probatoria desarrollada en primera instancia, aduciendo que con las probanzas acaudaladas no se pod�a edificar un fallo de condena. Sobre el particular refiri� el Impugnante que al juicio asisti� agente de tr�nsito que plasm� en su informe de polic�a que la causa del accidente radic� en que el motociclista vio el campero que ven�a en sentido contrario y al tratar de esquivarlo perdi� el control, resbal� y cay� en una v�a que era muy angosta, asfaltada y no estaba demarcada para dos carriles, sin existir croquis o bosquejo topogr�fico del lugar, cont�ndose as� �nicamente con informe de atenci�n de urgencias, informes m�dico legales, protocolo de necropsia e informe pericial de alcoholemia, los cuales no aportaban informaci�n certera de las condiciones del accidente, lo que imped�a determinar la trayectoria de los veh�culos, su velocidad, como tampoco la eventual invasi�n de carril o p�rdida de visibilidad del conductor.
De otra parte asever� el Censor que el testigo presencial que asisti� a juicio termin� aceptando que por su posici�n en el campero no pudo percatarse del accidente sino luego de ocurrido. Adicionalmente expres� que no pod�a avalarse cuando dijo que el Jeep llevaba 30 � 35 pasajeros a alta velocidad, porque no podr�a explicarse que nada hubiese ocurrido a tales ocupantes en el viaje o al momento del accidente, adem�s que era un tema de percepci�n que no podr�a acreditarse con el dicho subjetivo de alguien, sino con pruebas t�cnicas que en el presente caso no se presentaron.
Acerca de las entrevistas introducidas como prueba de referencia, reprob� el Apelante que se admitieran cuando en la audiencia preparatoria no fueron decretadas como tales, adem�s que la no consecuci�n de los testigos se debi� a la negligencia para adelantar prontamente la investigaci�n, por lo que no se estaba ante un evento excepcional para admitirla y, tampoco, para convertirla en base de la condena, pues sobre las entrevistas no se pudo ejercitar la contradicci�n de su contenido.
De esta manera deprec� el Defensor la absoluci�n de su prohijado, culminando su argumentaci�n aduciendo que el motociclista tambi�n increment� indebidamente el riesgo, porque al llevar un ocupante m�s de los permitidos afect� su capacidad de maniobra, no pudiendo evitar un accidente que se present� en una v�a estrecha, que no era de dos carriles. 6.
CONSIDERACIONES Hecho acreditado y no sujeto a controversia es que el d�a 28 de octubre de 2006, en la v�a que une a la vereda �La Paz de Curazao� con el casco urbano del municipio de Chinchin�, se present� un accidente de tr�nsito en el que estuvieron involucrados una motocicleta y un campero de transporte p�blico que era conducido por el se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA, sujeto que en primera instancia ha sido responsabilizado, al considerarse que despleg� la conducta imprudente que fungi� como fuente eficiente del siniestro.
A tal conclusi�n lleg� la Juez de instancia con base en las pruebas acaudaladas, las que la Defensa ha expresado -a trav�s de su impugnaci�n- no eran aptas ni suficientes para un fallo de condena, puesto que no hubo rudimentos que esclarecieran de forma objetiva las circunstancias del accidente, del �nico testigo que asisti� a juicio no se pod�a deducir responsabilidad del procesado y, finalmente, se permiti� la indebida introducci�n de unas entrevistas como prueba de referencia, para convertirlas en base de la decisi�n, sin poderse confrontar a los entrevistados.
Ante tal panorama, encuentra entonces la Sala que el problema jur�dico se centra en determinar si con las pruebas practicadas e introducidas al dossier se lograba conseguir el conocimiento necesario para proferir un fallo condenatorio o si, por el contrario, se est� ante una precariedad probatoria que implicaba mantener inc�lume la presunci�n de inocencia. Pues bien, esta Sala quiere anunciar desde ya que respaldar� la postura defensiva, en cuanto, tal como pasar� a exponerse, en el presente asunto la condena se sustent� en prueba de referencia, siendo las dem�s probanzas adosadas inanes para formar el convencimiento de que el il�cito imprudente le era atribuible al se�or LUIS ALBERTO GARC�A. A efectos de dar contexto y contenido a la discusi�n, previo al estudio del caso en concreto, se desarrollar� un ac�pite referente a la prueba de referencia y a aquella regla probatoria que indica que tal medio no podr� ser fundamento �nico de un fallo condenatorio. 6.1.
De la prueba de referencia. La prueba testifical est� referida a las declaraciones que hace cualquier individuo sobre lo que ha visto o escuchado personal y directamente, vale decir, se caracteriza por su inmediaci�n con el acontecimiento que ha presenciado. Dentro de esta clase de prueba testifical est�n las declaraciones de los testigos de o�das, esto es, aquellos testimonios de personas que no han presenciado personalmente el suceso sobre el cual se interroga pero que, indirectamente, tuvieron conocimiento de ellos.
Esta clase de prueba de referencia, en el Sistema Penal Acusatorio Europeo ha sido admitida como prueba v�lida para un pronunciamiento condenatorio en aquellos casos que sea imposible obtener y practicar prueba original y directa; y ha sido excluida para fundamentar un fallo de condena en los casos en que existan testigos presenciales de los hechos, caso en los cuales obliga al �rgano judicial a o�rlos directamente. �Es cierto que la regulaci�n de la ley responde, como tendencia, al principio de inmediaci�n de la prueba, entendi�ndose por tal la utilizaci�n del medio de prueba m�s directo y no los simples relatos sobre �ste, pero ello no significa que deban rechazarse en forma absoluta los testimonios de referencia u o�das, porque no siempre es posible obtener y practicar la prueba original y directa, que en muchos supuestos puede devenir imposible, y, en definitiva, la problem�tica que plantea la prueba de referencia es, como en cualquier otra prueba, el relativo a su veracidad y credibilidad. �Es igualmente cierto que, en la generalidad de los casos, la prueba de referencia es poco recomendable �y de ah� el justificado recelo jurisprudencial sobre ella-, pues en muchos casos supone eludir el oportuno debate sobre la realidad misma de los hechos y el dar valor a los dichos de personas que no han comparecido en el proceso, y es por ello por lo que, como criterio general, cuando existan testigos presenciales o que de otra manera hayan percibido directamente el hecho por probar, el �rgano judicial debe o�rlos directamente en vez de llamar a declarar a quienes oyeron de ellos el relato de su experiencia e, incluso, cuando los funcionarios de polic�a tengan la fundada sospecha de que los testigos presenciales pueden ausentarse al extranjero, deben trasladarlos inmediatamente ante la autoridad judicial a fin de que, bajo la necesaria contradicci�n exigida por el art�culo 448, sean interrogados los testigos en calidad de prueba sumarial anticipada�.
En el sistema acusatorio que rige en Colombia, el C�digo de Procedimiento Penal dispone en el art�culo 381 que para condenar se necesita del conocimiento, m�s all� de toda duda, acerca del delito y de la responsabilidad penal del acusado, fundado en las pruebas debatidas en el juicio. Igualmente dispone que la sentencia condenatoria no puede fundamentarse exclusivamente en pruebas de referencia. Luego, el mismo c�dice, dedic� una parte a las reglas relativas a la prueba de referencia, disponiendo que �sta es admisible �nicamente cuando el declarante manifieste bajo juramento que ha perdido la memorial sobre los hechos, es v�ctima de un delito de secuestro, desaparici�n forzada o evento similar, padece de grave enfermedad que le impide declarar o ha fallecido.
Asimismo dispuso en el art�culo 440 que la prueba de referencia podr�a utilizarse para fines de impugnaci�n de la credibilidad de la prueba. De acuerdo con tales disposiciones, la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, ha se�alado y ha concluido que el testimonio de o�das, o indirecto, o de referencia s�lo es pertinente por excepci�n cuando por alguna raz�n -acreditada en t�rminos razonables- no se pueda recaudar la prueba directa.
Y, como tal, la prueba indirecta no es v�lida por s� sola, ni el conjunto de pruebas indirectas, para desvirtuar la presunci�n de inocencia, sino que siempre necesitar� la presencia de otros medios de conocimiento que la soporten o respalden. �El C�digo de Procedimiento Penal para el sistema acusatorio, Ley 906 de 2004, contempla un r�gimen especial para las pruebas de referencia, cuya regulaci�n, si bien no es precisa y puede llamar a confusiones, tiende a acompasar sus prop�sitos con los par�metros internacionales de justicia.�1.1 En Colombia, el r�gimen de procedimiento penal adoptado con la Ley 906 de 2004 consagra la prueba testifical directa como norma general, al prever en el art�culo 402 (conocimiento personal) que el �testigo �nicamente podr� declarar sobre aspectos que en forma directa y personal hubiese tenido la ocasi�n de observar y percibir�. �Ello es as�, por cuanto forma parte del principio de inmediaci�n en materia probatoria que el contenido de la declaraci�n se circunscriba a lo visto o escuchado en forma personal y sin intermediarios, para no romper la conexi�n directa que debe existir entre el sujeto que percibe y el objeto de la percepci�n. �En virtud de aquel principio, en el juicio oral �nicamente se estimar�n los contenidos probatorios que se hubiesen producido e incorporado en forma p�blica, oral y ante el juez de conocimiento, con excepci�n de los eventos en que se admite la prueba anticipada y la prueba de referencia. �1.2 Sin embargo, no siempre es factible que los testigos comparezcan personalmente al juicio, caso en el cual, acreditada en t�rminos razonables la imposibilidad de recaudar el testimonio de la fuente directa, por razones constitucionales vinculadas a la realizaci�n de la justicia material, se confiere cierto grado de validez al testigo de referencia, que tambi�n suele llamarse testigo de o�das o testigo indirecto, y es una especie del g�nero de pruebas de referencia admisibles en la legislaci�n. �Acreditar en modo razonable la imposibilidad de que el testigo directo comparezca, forma parte de las exigencias legales que condicionan la pertinencia, el decreto y la pr�ctica excepcional del testimonio de referencia. Similar tipo de condicionamientos, mutatis mutandi, se predica en general de todas las pruebas de referencia. �En el anterior sentido el art�culo 375 del C�digo de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), se�ala que el elemento material probatorio, la evidencia f�sica y el medio de prueba ser�n pertinentes cuando se refieran directa o indirectamente, a los hechos o circunstancias relativos a la comisi�n de la conducta delictiva y a sus consecuencias, as� como a la identidad o a la responsabilidad penal del acusado; y cuando solo sirvan para hacer m�s o menos probable uno de los hechos o circunstancias mencionados, o se refiera a la credibilidad de un testigo o de un perito.
Y en el mismo orden de ideas, el art�culo 379 dice una vez m�s que es excepcional la admisibilidad de las pruebas de referencia, porque la regla general es el acatamiento del principio de inmediaci�n. �1.3 Las particularidades de la prueba de referencia y la dificultad pr�ctica de controvertir los contenidos referidos determinan que a ese g�nero de pruebas la legislaci�n reconozca un poder suasorio restringido, al estipular en el art�culo 381 que �la sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en pruebas de referencia�, consagrando as� una tarifa legal negativa, cuyo desacatamiento podr�a configurar un falso juicio de convicci�n. �Quiere decir lo anterior que el aporte del testigo de referencia no es suficiente por s� solo como medio de conocimiento v�lido para desvirtuar la presunci�n de inocencia, pues para tal efecto es indispensable la presencia de otros medios probatorios para verificar o confirmar el contenido del relato indirecto.
As� es que, la entidad suasoria de la prueba de referencia no depende de s� misma, sino del respaldo que le brinden las otras pruebas, aunque sea a trav�s de la construcci�n de inferencias indiciarias. (�). �1.6 Ahora bien, el art�culo 438 del mismo C�digo enlista unos casos como los �nicos en los cuales es admisible la prueba de referencia. No obstante, dicha norma no puede interpretarse aisladamente, sino en el marco constitucional y en armon�a con la sistem�tica probatoria del nuevo r�gimen de procedimiento penal, uno de cuyos fines superiores consiste en la b�squeda de la verdad compatible con la justicia material, por lo cual, el Juez en cada evento determinar� cu�ndo es pertinente alguna prueba de referencia que pretendan aducir las partes; y en todo caso, el Juez queda obligado a otorgar a ese g�nero de pruebas un valor de convicci�n menguado o restringido, como lo manda el art�culo 381. �Es que la problem�tica real sobre la prueba de referencia gira esencialmente en torno de su credibilidad o poder suasorio, antes que en torno de su pertinencia o legalidad.
En trat�ndose de testigos de referencia, el problema central lo constituye la credibilidad que pueda otorgarse a la declaraci�n referenciada, pues estos testigos son transmisores de lo que otros ojos y o�dos han percibido, por lo cual, se insiste, la credibilidad que pudiere derivar de ese aporte probatorio queda supeditada al complemento con otro g�nero de pruebas, y condicionada a que no sea posible la intervenci�n de los testigos directos.
(�) �1.10 En s�ntesis, las pruebas de referencia -el testimonio de o�das o indirecto entre ellas-, s�lo son pertinentes por excepci�n cuando por alguna raz�n acreditada en t�rminos razonables no se pueda recaudar la prueba directa; y como tal, la prueba indirecta no es v�lida por s� sola, ni en conjunto de pruebas indirectas, para desvirtuar la presunci�n de inocencia m�s all� de toda duda razonable, sino que siempre ser� necesaria la presencia de otros medios de conocimiento.� As� entonces, queda claro que la prueba de referencia es v�lida para aquellos casos en que es imposible obtener prueba directa sobre los hechos, y que jam�s podr� proferirse sentencia de condena basada exclusivamente en prueba indirecta, en tanto debe estar acompa�ada de otros medios de conocimiento, que bien puede tratarse de indicios.
Para respaldar lo que viene de exponerse, valga traer a colaci�n la sentencia 38773 del 27 de febrero de 2013, en la que la Corte Suprema de Justicia, adem�s de ratificar los aspectos atr�s esbozados, se�al�: �La excepcionalidad de la prueba de referencia se fundamenta en su poca confiabilidad, pues los riesgos en el proceso de valoraci�n se multiplican por diversos factores, como por ejemplo la ausencia de inmediaci�n objetiva y subjetiva, la imposibilidad de confrontar directamente en juicio el testigo que tuvo conocimiento personal del hecho, y la falta de an�lisis de los procesos de percepci�n, memoria, sinceridad y narraci�n del mismo, todo lo cual redunda negativamente en su consistencia probatoria�. �En su admisi�n dentro de los procesos penales, empero, incidi� el principio de justicia material.
Es decir, para impedir la impunidad cuando por circunstancias especiales no puedan asistir los testigos a rendir su declaraci�n en la audiencia p�blica, el legislador opt� por no prohibirla en forma absoluta. �De todas maneras, en raz�n del escaso m�rito que arroja, estableci� en el inciso segundo del art�culo 382 que la sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en prueba de referencia, introduciendo as�, como ha tenido oportunidad de expresarlo la Corte, una tarifa legal negativa para menguar el valor probatorio de esa clase de elemento�.
(�) �Lo anterior porque las exposiciones rendidas por fuera del debate p�blico y que versan sobre aspectos observados de manera directa y personal, no son los �nicos eventos constitutivos de prueba de referencia, sino tambi�n, como qued� visto, las declaraciones en las cuales no se permite el contradictorio del adversario, as� como cuando se ofrecen relatos de o�das. �Es claro que si la prueba no se practica en el juicio oral por parte del director de la causa, la misma se aparta de los principios de publicidad e inmediaci�n. De la misma manera, si en su recaudo no se permite la confrontaci�n por la parte contra la cual se aduce, no se garantiza en ese caso el principio de contradicci�n. Y finalmente, si el testigo no declara sobre aspectos que le consten directamente, la declaraci�n desatender� la exigencia del conocimiento personal a que alude el art�culo 402.
De ah� que en cualquiera de esos casos dejar� de tener el car�cter de prueba directa para convertirse en prueba de referencia. Se trata, por tanto, de situaciones que en forma excluyente le hacen perder a la declaraci�n su naturaleza jur�dica para degradarle su valor probatorio�. 6.2. Del caso en concreto. 6.2.1. Durante la fase probatoria del juicio oral desarrollado en este caso, por estrados pasaron cinco personas, siendo cuatro de ellas tra�das a instancias de la Fiscal�a para respaldar la acusaci�n. De tal cuarteto de declarantes, tres fueron servidores de polic�a judicial, mientras que el sujeto restante fue el �nico tra�do a la vista p�blica como testigo directo de los hechos.
El primero de los gendarmes que fue llamado a testificar, lo fue el agente de tr�nsito Jos� David Betancurt, quien expres� que el radio operador le inform� de un accidente por ca�da de una motocicleta, dirigi�ndose con prontitud al preciso lugar donde le indicaron hab�a tenido ocurrencia, pero que cuando lleg� ya no estaban las personas implicadas, como tampoco hab�a veh�culo automotor alguno, siendo as� como parti� hacia el hospital en el que se encontraban los heridos, lugar en el que conoci� que un veh�culo Toyota estaba involucrado en el siniestro.
Cuando se le cuestion� por croquis, gr�fico o imagen alguna en el que se hubiesen plasmado las condiciones del tramo de v�a en que se dio el accidente, neg� su realizaci�n, aduciendo que al haberse movido los veh�culos no lo consider� necesario, siendo as� como dentro de su declaraci�n, �nicamente, se obtuvo su dicho en el sentido de que la v�a estaba en regular estado, no estaba demarcada y que era muy angosta, no teniendo el ancho para considerarse de doble carril.
A continuaci�n, se acerc� al estrado el investigador de criminal�stica Miguel Fernando Rend�n, quien explic� que hab�a sido el encargado de entrevistar a los testigos directos de los hechos, luego de lo cual, a instancias de la Agencia Fiscal, se le pusieron de presente las respectivas entrevistas que fueron ingresadas como prueba de referencia. Prueba de referencia que la Juez admiti� luego de que el tercero de los gendarmes, esto es, el agente de la SIJIN Yeison Quintero Londo�o, testificara que hab�a sido imposible la ubicaci�n de los testigos, entre ellos el conductor de la motocicleta y su hija [que era testigo directa por ir viajando en el campero Toyota], de los cuales no se conoc�a su paradero y, por consiguiente, adem�s de no asistir a juicio, tampoco hab�an estado prestos para una diligencia de reconstrucci�n de lo sucedido.
De esta manera, con el primero de los policiales no se aport� informaci�n relevante acerca de las particularidades del accidente, pese a que se trataba del primer respondiente; y con el segundo y tercero se viabiliz� la admisi�n de las entrevistas como pruebas de referencia, pero sin hacer menci�n directa a las condiciones de un accidente que, valga resaltar, ninguno de los tres pudo percibir.
Y sumadas a las entrevistas, entre los documentos con vocaci�n probatoria que conforman el cartulario, se hallan los que fueron estipulados: (i) el documento de identidad del procesado, (ii) el documento de identidad de la occisa, (iii) los reportes de atenci�n en urgencias de los dos lesionados, (iv) el informe m�dico legal de las lesiones sufridas por el menor Juan Camilo Molina, (v) el protocolo de necropsia realizado a Deisy del Socorro Serna, junto a su registro civil de defunci�n, (vi) el informe pericial de alcoholemia realizado a la occisa, y (vii) documentos relacionados con los veh�culos involucrados.
E ingresados a trav�s de testigo de acreditaci�n fueron: (i) el informe del primer respondiente, en el que rese�� la existencia de un accidente, sin esbozar las condiciones del mismo, (ii) el formato de inspecci�n t�cnica a cad�ver, junto con unas fotograf�as tomadas a la occisa, y finalmente (iii) toda la documentaci�n con la que se acreditaron las diligencias desarrolladas por miembro de la SIJIN para lograr la ubicaci�n de los potenciales testigos.
Por �ltimo, respecto a la prueba de cargo conseguida en este proceso, queda faltando por contar el testimonio del se�or Jaime Abelardo C�rdenas, quien el d�a de los hechos se transportaba en el campero involucrado y, por consiguiente, se dijo que ten�a conocimiento directo de lo acaecido. 6.2.2. Luego de tal recuento de las probanzas acaudaladas, sea del caso apuntar que tal como era de esperarse, la Sentenciadora de primer nivel no tuvo en cuenta para su decisi�n gran parte de la documentaci�n aportada y que era inane para tales efectos, siendo as� como en la sentencia confutada, ella dej� entrever que las entrevistas introducidas fueron el cimiento suasorio sobre el que edific� la condena, textualmente expresando: �� Ninguna duda ofrece al proceso en cuanto a la relaci�n causal existente entre la conducta del acusado y el m�ltiple resultado lesivo que produjo con su accionar, as� de pronto la investigaci�n hubiera carecido de algunos elementos vitales que robustecieran la determinaci�n de dicho t�pico, habida cuenta se dej� de realizar inicialmente el croquis del accidente que usualmente ilustra el sitio donde ocurri� el insuceso, rutas, estado de la v�a, dimensi�n, demarcaciones, huellas de frenada (si las hubo), lugares donde quedaron los veh�culos involucrados en el mismo y cayeron las v�ctimas, pues el campero se movi�, habida cuenta en �l fueron trasladados los lesionados al hospital local, en tanto que la motocicleta su due�o y conductor se la llev� para una finca circunvecina; omiti�ndose incluso posteriormente la inspecci�n al lugar, pero ello no es �bice para que tales t�picos, en lo pertinente, puedan ser reconstruidos a partir de las versiones -que a manera de entrevistas- brindaron algunos ocupantes del carro y el mismo piloto de la motocicleta que no comparecieron al juicio a rendir sus testimonios, acudiendo para dicho menester al fen�meno de la �libertad probatoria� que consagra el art�culo 237 del C�digo de Procedimiento Penal.� De la anterior cita y, m�s concretamente, del aparte subrayado, se logra evidenciar entonces que las circunstancias en que se desarroll� el accidente y de las cuales dedujo responsabilidad la Juzgadora, las reconstruy� no con fundamento en prueba pericial, documental o testimonial, sino que lo hizo con base en unas entrevistas rendidas por personas que no asistieron a juicio.
Y de lo subrayado se avizora tambi�n que con la sentencia se le otorg� pleno valor al contenido de las entrevistas, argumentando la Juez que los elementos materiales probatorios y evidencia f�sica que recauden quienes fungen como �rganos de investigaci�n son plenos medios de conocimiento y tienen vocaci�n probatoria, siempre que su aducci�n al proceso penal se haga respetando la posibilidad de contradicci�n en juicio. 6.2.3.
Pues bien, sobre el particular habr� de se�alar la Sala que, en realidad, un acto investigativo -como lo es una entrevista- puede llegar a hacer parte de la cauda probatoria, cuando ella ha sido llevada a la audiencia de juicio oral y sujeta a cotejo y refutaci�n dentro de la diligencia, pero ello, res�ltese, ata�e a su aptitud para ingresar como medio de conocimiento, mas no para asignarle pleno poder suasorio, tal como lo hizo la Juez a quo que, de manera equivocada, afirm� en su decisi�n [cfr. fl. 302] que �las susodichas entrevistas adquieren el car�cter de prueba, pudi�ndose fincar sobre ellas una decisi�n adversa��.
En efecto, para que las entrevistas recibieran el calificativo de prueba directa debieron ser incorporadas al juicio a trav�s de quienes las rindieron y sujetas adem�s al interrogatorio cruzado, pero como ello no ocurri�, sino que fueron introducidas por intermedio del servidor de polic�a judicial que las tom�, no perdieron el car�cter de referencia, discurriendo ahora la Sala que fueron leg�timamente admitidas debido a una causa razonable como lo era la imposibilidad de ubicaci�n de los entrevistados, pero valoradas a plenitud de manera errada, atendiendo a que no podr�an ser el fundamento probatorio esencial para condenar.
As� las cosas, se tiene que la introducci�n de las entrevistas no fue contraria a derecho y, en cambio, result� ser una determinaci�n v�lida y razonable, pero que no desdec�a que se estaba ante unos elementos de convicci�n de mermado valor suasorio, tal como siempre lo admiti� el Fiscal delegado para este asunto, y que, por lo tanto, no podr�an ser componente �nico para responsabilizar al encartado.
Y es que, respecto de las entrevistas aplicaba y aplica aquella regla probatoria, que funge como tarifa legal negativa, seg�n la cual, no podr� soportarse probatoriamente un fallo de condena exclusivamente en prueba de referencia, lo que significa que no podr�a responsabilizarse al se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA con base en aquellos instrumentos adosados a trav�s del testimonio del entrevistador. 6.2.4.
De esta manera, deber� analizarse si la sentencia condenatoria se soport� en otros medios de prueba u otros elementos de convicci�n, lo que prontamente se resuelve al dilucidar que, aparte de las pluri-mencionadas entrevistas, ninguna probanza sirvi� para tales efectos. Lo anterior, por cuanto gran parte de la documentaci�n aportada sirvi� para acreditar la existencia de un accidente de tr�nsito en el que resultaron implicados una motocicleta Suzuki GP y un campero Toyota de placas PSA-054, modelo 1970, y en el que perdi� la vida la se�ora Deisy del Socorro Serna y result� lesionado el ni�o Juan Camilo Molina, pero sin poder abstraer informaci�n relevante para elucidar o, cuando menos, inferir las circunstancias particulares que rodearon el fat�dico suceso.
Extra�ando, entonces, tanto el a quo como ahora esta Colegiatura que, al no poderse levantar un croquis, dentro de las diligencias de investigaci�n no se identificara el preciso lugar donde tuvo ocurrencia el accidente y se documentaran las caracter�sticas de la v�a, lo cual estuvo ausente, al igual que una reconstrucci�n de lo ocurrido. Ahora, reit�rese que en lo que ata�e a la prueba testimonial, dos gendarmes fueron relevantes para el ingreso de las entrevistas, como quiera que uno de ellos las tom�, mientras que el otro testific� acerca de la imposibilidad para conseguir a los entrevistados; restando un policial m�s que, siendo agente de tr�nsito, lleg� hasta el sitio del accidente, pero acerca de �ste, poco o nada refiri�.
Y en lo que hace referencia al testigo presencial Jaime Abelardo C�rdenas, in�ciese resaltando que, en efecto, �ste admiti� en la vista p�blica que no observ� ni el antes ni el durante del accidente, sino que se dio cuenta de �l cuando ya los ocupantes de la motocicleta se encontraban en el suelo. En efecto, literalmente inform�: �yo los vi cuando estaban en el suelo, mas yo no los vi cuando ellos ven�an� yo los vi cuando dijeron que una moto se estrell�, claros asertos que ense�an que no era testigo apto para referir las precisas particularidades del caso que, ind�quese, ser�n siempre de trascendencia para determinar la eventual imprudencia en la conducci�n por parte del procesado, la v�ctima, ambos o ninguno. Ahora, acerca de la forma como conduc�a el procesado, expres� ��l iba bien, sino que la carretera es muy estrecha, y la moto tambi�n iba bien, sino que la carretera es muy estrecha y no alcanz� a extraviarle (sic) al carro�, aduciendo s� que LUIS ALBERTO GARC�A ven�a ligero y con sobrecupo, pues llevaba aproximadamente 30 o 35 personas, transportando incluso a dos en el cap� del automotor.
En relaci�n con tal deponencia, considera la Sala que no puede ser el dicho conforme al cual el conductor ven�a �ligero�, fundamento suficiente para deducir que en verdad lo hac�a a exceso de velocidad, puesto que los rodantes precisamente tienen por utilidad realizar desplazamientos con prontitud y, por consiguiente, que se diga que el campero avanzaba ligero no genera la certidumbre necesaria para concluir que lo hac�a ileg�timamente, incrementando el riesgo permitido, dado que avanzando ligero tambi�n podr�a estar amparado por el l�mite de velocidad m�ximo permitido, el que para la �poca de los hechos no era inferior a 60 km/h.
Velocidad que, por disposici�n legal [art. 74 C.N.T.], deb�a reducir el conductor si transitara por un lugar donde hubiesen personas concentradas, se tratase de zona residencial, si las condiciones de visibilidad se hubieran afectado, estuviese pr�ximo a una intersecci�n o hubiese se�ales de tr�nsito que as� lo ordenaran; supuestos todos que no fueron acreditados, como era de esperarse, en un proceso en el que la Juez, ni de las palabras de los testigos, ni de imagen alguna, como tampoco de experticia o estudio t�cnico, pudo formarse una idea s�lida de las caracter�sticas del tramo de v�a en que se present� el accidente, cont�ndose a lo sumo, con las palabras del guarda de tr�nsito y el testigo presencial que dijeron, escuetamente, que la v�a era asfaltada, no ten�a condiciones �ptimas y que era demasiado angosta.
Ahora bien, no puede olvidarse que el testigo indic� que el conductor permiti� que pasajeros se ubicaran en la parte de encima de su veh�culo y que, incluso, permiti� que dos personas m�s viajaran en la parte delantera del veh�culo, aspecto que resulta reprobable en forma suma pero que, probatoriamente, juega a favor de la hip�tesis conforme a la cual, LUIS ALBERTO GARC�A viajaba a una velocidad razonable, en tanto si estuviese avanzando en su marcha a exceso de velocidad muy seguramente alguno de los pasajeros que viajaban de forma irregular hubiese ca�do durante el viaje o al momento en que fren� por el encuentro directo con la motocicleta.
Pero nada de ello ocurri� y en relaci�n con la velocidad del procesado �nicamente arrim� a juicio una persona a se�alar que viajaba �ligero�, pero nunca expres� que el conductor hubiese sido irresponsable, expresando al contrario, que iba bien por el carril que le correspond�a y que la colisi�n con la motocicleta se produjo porque la v�a se estrechaba demasiado.
Todo ello lo ratific� al ser confrontado. Y si bien mencion� el testigo que el conductor procesado llevaba dos pasajeros en el cap�, no se�al� que ellos le hubiesen impedido o dificultado la visibilidad, siendo as� como, en correspondencia con los argumentos de la Defensa, esta Sala colige que las palabras del aludido testigo de cargo, antes que incriminar a GARC�A VALENCIA, fungen como importante insumo probatorio para poner en tela de juicio que �ste hubiese maniobrado su veh�culo en vulneraci�n al principio de confianza que rige la actividad riesgosa de conducci�n. 6.2.5.
Ya se ha hecho, pues, un recuento de las pruebas que conforman este proceso [dejando de lado las entrevistas], encontr�ndose que, de su cotejo integral, no logra arrimarse a la conclusi�n de la Juez de primera instancia, seg�n la cual, el procesado viol� el deber objetivo de cuidado al invadir el carril que no le correspond�a, viajar a excesiva velocidad y con un sobrecupo que afect� su visibilidad.
Y no logra arrimarse a tal conclusi�n, porque: (i) la real velocidad a la que se desplazaba el procesado no se acredit� de forma t�cnica y el �nico testigo presencial que asisti� a juicio no ofreci� informaci�n de la cual abstraer que LUIS ALBERTO GARC�A exced�a los l�mites de velocidad permitido, m�s all� de que iba ligero; (ii) para hablar de una invasi�n de carril es necesario que se trate de una v�a con, al menos, dos carriles, y en este caso, aunque no se acredit� certeramente, dos testigos que estuvieron en el lugar de los hechos hicieron hincapi� en el hecho de que el tramo de la v�a en que se present� el accidente era muy angosto, no pudi�ndose considerar de doble carril;
(iii) el sobrecupo del campero implicado, discurre la Sala, s� est� demostrado a trav�s de la prueba testimonial, pero no puede deducirse que le represent� al conductor un impedimento visual para evitar la colisi�n. As� las cosas, la prueba es escasa y ello fue reconocido por la Juzgadora misma cuando, de forma equ�voca, ech� mano de las entrevistas como insumo probatorio suficiente para acreditar las condiciones del accidente.
Entrevistas que, adem�s de su valor suasorio mermado que ex ante representaban, debe decirse, tampoco ofrec�an confiabilidad absoluta, porque dos de las tres aportadas provinieron, precisamente, del sujeto que conduc�a la moto accidentada [esposo y padre de los afectados] y de la hija de la se�ora que perdi� la vida, quedando as� en entredicho su objetividad, la cual no pudo ser evaluada en primera instancia ni ahora por este Juez plural, puesto que, parad�jicamente, las aparentes v�ctimas se desentendieron del proceso y no volvieron a interesarse por sus resultas, no siendo ubicadas para que asistieran a juicio a testificar.
Y al no hacerlo, de ellos s�lo se conoci� lo que dijeron en sus entrevistas, las que no pueden recibir el calificativo de consistentes y contundentes, como quiera que de las dos versiones ofrecidas por la hija de la occisa, en la primera afirm� que percibi� que el conductor viajaba a alta velocidad, ocupando toda la v�a y que por las dos personas que tra�a en el cap� no pudo avistar la moto con la que choc�, mientras que un a�o despu�s, al ser nuevamente entrevistada, dijo que no vio el accidente por las tres personas que ubicadas en el cap� tapaban toda la visibilidad.
Ellas son inconsistencias que, producto de un id�neo interrogatorio, quiz� se hubiesen podido superar, pero al no haber estado en juicio se perdi� tal posibilidad y, as�, sobre este Juez Plural de segunda instancia se ciernen relevantes dudas sobre la ecuanimidad y veracidad de una persona, que a no dudarlo, vari� sus palabras y ten�a inter�s directo en las resultas de este proceso.
Al igual que ocurr�a con el motociclista, quien no pudo ser tra�do a juicio para que clarificara si se estaba ante una indebida invasi�n de carril de parte del procesado o, por el contrario, ambos ven�an por el mismo sentido porque se trataba de un �nico carril, tal y como lo apuntaron el guarda de tr�nsito y el se�or Jaime Abelardo C�rdenas.
Finalmente aparece el se�or Ricardo Guti�rrez, quien al viajar tambi�n en el campero, fue entrevistado acerca del accidente, refiriendo que el campero ocupaba toda la v�a, lo cual podr�a reafirmar que estamos ante un accidente que se present� en una v�a de un �nico carril, por lo que mal se har�a en atribuir como causa eficiente del accidente una imposible invasi�n de carril. 6.3.
A manera de colof�n Producto de la garant�a constitucional a la presunci�n de inocencia, resulta imperioso que dentro del proceso penal el �rgano Persecutor demuestre mediante prueba legal y oportunamente allegada a la actuaci�n penal que la conducta tuvo ocurrencia, pero adem�s, que aquella resulta atribuible de manera fundada al encartado.
Al respecto ha de recordarse que dentro de la concepci�n del Proceso Penal en un Estado Social y Democr�tico de derecho, y de acuerdo con el postulado de presunci�n de inocencia, al Estado es al que le corresponde desvirtuarla, garant�a �sta de la que goza toda persona contra la cual se emite una imputaci�n o acusaci�n. Sobre el particular se ha precisado: �As�, en el proceso penal s�lo es predicable el concepto negativo de carga de la prueba, en tanto que al acusado no le corresponde probar su propia inocencia que, por otra parte, se presume mientras no exista actividad probatoria suficiente de la que pueda desprenderse lo contrario y lograr desvirtuar esa verdad interina que lo protege, con mayor ah�nco durante el proceso, sino que dicha carga se desplaza hacia la parte acusadora, quien debe probar los elementos constitutivos de la pretensi�n penal y desvirtuar la pluri-citada presunci�n de inocencia.� Dicho lo anterior, huelga decir que en el sub judice se cont� con prueba documental y testimonial con la que se prob� con suficiencia lo relacionado a la existencia de un accidente de tr�nsito acaecido el 28 de octubre de 2006, en el que estuvo implicado [causalmente] el se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA; pero sin conseguirse claridad acerca de las circunstancias de modo y lugar en que se present� el atropellamiento, todo lo cual ha conducido a la conclusi�n, seg�n la cual, estamos ante un proceso en el que no se obtuvo prueba asaz para deducir que la forma como conduc�a el procesado su veh�culo, lo era de forma contraria a las normas de tr�nsito.
En efecto, las caracter�sticas del tramo de v�a donde tuvo ocurrencia el siniestro, ante la precariedad probatoria, debieron y deben imaginarse o sospecharse, al haberse o�do �nicamente de boca de los testigos �y no de prueba t�cnica- que era una v�a asfaltada, en regular estado, que no presentaba demarcaci�n alguna y que era muy estrecha, aspecto este �ltimo que, como ya se ha indicado, juega a favor de la revocatoria del fallo confutado, como quiera que para responsabilizar al procesado se le reprob� haber invadido el carril contrario, pero tal conclusi�n no es posible ofrecerla cuando hay testigos [incluso agente de tr�nsito] que indican que tal v�a era muy estrecha y, por tanto, no era de doble carril.
As�, ante una v�a de un �nico carril, deb�an analizarse sus particulares caracter�sticas para establecer que precauciones deb�an tomarse para evitar una colisi�n y as� determinar de quien se esperaba alg�n comportamiento cauteloso, pero este proceso careci� de tales rudimentos y, se reitera, las precisas condiciones de la v�a son una inc�gnita que no pudo descifrar la judicatura, siendo as� como la Juzgadora de primer nivel, omitiendo la imposibilidad de condenar con base en prueba de referencia, convirti� tres entrevistas en fundamento de un fallo condenatorio, lo cual le estaba legalmente vetado [por virtud del inc. 2� del art. 381 del C.P.P.], permiti�ndose colegir que LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA ven�a por el carril que no le correspond�a, a excesiva velocidad y con su visibilidad afectada, aspectos todos que no se lograban ni logran elucidar a partir de la prueba directa.
As�, si se suprimiesen las tres entrevistas o ellas no se hubiesen aportado, el fallo de condena hubiese quedado desprovisto de respaldo probatorio, lo cual significa, nada m�s y nada menos, que estamos ante una sentencia que ilegalmente se soport� en prueba de referencia, respecto de un accidente en el que no se conoci� si el motociclista que se movilizaba con dos personas m�s, lo hac�a de forma responsable y/o era de quien se esperaba un comportamiento prudente y cuidadoso.
As� las cosas, en esta instancia impera revocar el fallo condenatorio proferido por la Juez de primer nivel, no obedeciendo a la efectiva comprobaci�n de la inocencia del procesado, sino a la aplicaci�n del in dubio pro reo, por falta de cumplimiento de la carga legal radicada en cabeza de la Fiscal�a, que no pudo desplegar una investigaci�n adecuada ni aprovisionarse de pruebas aptas para lograr sacar avante una teor�a del caso que qued� hu�rfana de rudimentos para soportar que el se�or GARC�A VALENCIA incurri� en una infracci�n a las normas de tr�nsito o, de forma gen�rica, violent� el deber objetivo de cuidado que se esperaba tuviese, quedando la dubitaci�n de si conduc�a sin la cautela que de �l se exig�a, si la v�ctima se expuso imprudentemente al riesgo [concretado] o si se est� ante un caso en el que quien deb�a obrar de forma cautelosa lo era el motociclista, o en el que se exculpa a los implicados por las condiciones de la v�a, las que debieron intuirse porque nunca se conocieron, m�s all� de que era muy angosta, aspecto que desdice que la causa eficiente hubiese sido una indebida invasi�n de carril.
Y es que quiz�, de haberse dilucidado las caracter�sticas de la v�a, se hubiese podido clarificar c�mo deb�an comportarse, tanto los automotores que se desplazaban desde Chinchin� hacia la vereda �La Paz de Curazao�, como los que lo hac�an en sentido contrario, pero aqu� ello falt�, por lo que se tiene certidumbre que la llanta lateral del campero golpe� la humanidad de la hoy occisa, habiendo dudas catedralicias respecto al c�mo de la colisi�n, de la que no se puede victimizar a quienes obviamente resultaron afectados, sin conocerse que era lo que del motociclista se esperaba.
De esta manera, tal escenario de dubitaci�n deber� resolverse a favor de GARC�A VALENCIA, en un proceso penal donde la insuficiencia o escasez probatoria al respecto no deja camino distinto a esta Magistratura que proferir una sentencia absolutoria, en tanto el emitir un fallo en contra del conductor enjuiciado, se constituir�a en un atentado grave a la presunci�n de inocencia y se tornar�a en el respaldo a una investigaci�n desprovista de las pruebas aptas para irrogar a un ciudadano el poder�o del Ius Puniendi, retornando a retr�grados y superados escenarios de responsabilidad objetiva, en los que se pun�a la mera causaci�n del da�o, sin importar el hoy indispensable juicio subjetivo de reproche que, en este caso, hubiese podido acreditarse �entre otros- a trav�s de la hija y esposo de la occisa, quienes han demostrado su desinter�s por este asunto.
Por tales pot�simas razones se impone que esta Sala entre a revocar en su integridad el fallo condenatorio de primera instancia, para en su lugar, absolver al procesado de los cargos que por los delitos de homicidio y lesiones personales culposas le fueron formulados. En raz�n y m�rito de lo expuesto, EL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE MANIZALES, en SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO: REVOCAR en su integridad el fallo proferido el d�a 19 de septiembre de 2012 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Chinchin�, Caldas, a trav�s del cual se conden� al se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA como responsable de los delitos que la Fiscal�a le endilg�.
SEGUNDO: En su lugar, ABSOLVER al se�or LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA de los cargos que por los delitos de HOMICIDIO CULPOSO y LESIONES PERSONALES CULPOSAS se le acus�.
TERCERO: En contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y C�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOS� FERNANDO REYES CUARTAS Johana Franco Herrera Secretaria El acta de la audiencia de formulaci�n de imputaci�n se halla a folios 13 y 14 del cartulario. Lo concerniente a la solicitud de preclusi�n y sus respectivas negativas se hallan en el cuaderno No. 2 componente del expediente. Todo lo referido en el ac�pite anterior puede constatarse a partir del folio 41 hasta el 52 del cuaderno principal. El acta de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n se halla de folio 57 a 60. El acta de la audiencia preparatoria hallase a parir del folio 92 del cartulario, mientras que lo atinente al juicio oral puede verificarse en los folios 148, 181, 267 y 278 del mismo. La prueba penal.
Carlos Clement Durant. Editorial tiran lo blanch libros, p�gina 165. Art�culo 438 del C�digo de Procedimiento Penal. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de junio 17 de 2006. Al punto de las estipulaciones probatorias hemos de recordar que, conforme al art�culo 356 del C�digo de Procedimiento Penal, se constituyen en institutos procesales dirigidos a darle celeridad a la pr�ctica de pruebas cuando entre las partes �contendientes� no hay discusi�n acerca de hechos o circunstancias relacionadas con la ilicitud que se investiga, pactando que se tengan por ciertos y, por consiguiente, no sujetos a controversia.
Es decir, que la estipulaci�n probatoria versa sobre supuestos f�cticos que componen la materia de investigaci�n y que las partes quieren tener por probados, m�s no sobre alg�n medio de prueba, de manera gen�rica, lo que implica que el operador judicial a la hora de analizar las estipulaciones probatorias, deber� centrar su atenci�n en identificar los hechos que se dar�n por ciertos, m�s all� de la incorporaci�n pactada de documentos.
Sobre el particular ha referido la Corte Suprema de Justicia en reiteradas ocasiones: �Dentro de tales condiciones, en virtud del sistema de enjuiciamiento con tendencia acusatoria consagrado en la Ley 906 de 2004, el legislador previ� que en algunos eventos los intervinientes pod�an renunciar a la actividad probatoria sobre determinados hechos o sus circunstancias, sustentado en un acuerdo o pacto, por cuanto que �stos no ser�n objeto de controversia en el juicio, motivo por el cual el juzgador debe darlos por ciertos en los precisos t�rminos pactados entre aquellos, como claro desarrollo de los postulados de eficiencia y celeridad propios de dicho modelo, a menos que advierta una violaci�n de un derecho fundamental. �As�, el par�grafo del art�culo 356 de la citada Ley 906 de 2004, contempla: que se �entiende por estipulaciones probatorias los acuerdos celebrados entre la fiscal�a y la defensa para aceptar como probados alguno o algunos de los hechos o sus circunstancias�. �Lo anterior quiere decir que una vez presentado el escrito de acusaci�n y surtida la correspondiente audiencia de formulaci�n de acusaci�n, de acuerdo con la etapa de descubriendo de las pruebas en precedencia rese�adas, en el tr�mite de la audiencia preparatoria los intervinientes podr�n manifestar al juez de conocimiento que entre ellos (fiscal�a y defensa), celebraron estipulaciones probatorias, en tanto que dan como probados algunos hechos o sus circunstancias, toda vez que sobre tales aspectos no versar� la confrontaci�n de los adversarios. �Frente al punto antes destacado, vale reiterar que el acuerdo o el pacto celebrado entre la fiscal�a y la defensa se centra sobre los hechos o sus circunstancias, y no sobre la incorporaci�n al debate oral y p�blico de un determinado medio de convicci�n, elemento material probatorio, evidencia f�sica o informe. �En tales condiciones, una vez que los intervinientes del juicio oral y p�blico han manifestado al juez de conocimiento que celebraron estipulaciones probatorias sobre un hecho o sus circunstancias, claro resulta que la actividad probatoria no puede recaer sobre el mismo a fin de dar por demostrado lo que ya se dio por establecido en virtud de dicho acuerdo o, para oponerse a �l durante el debate.� (Resaltado nuestro). No se determina con certeza cual era el l�mite de velocidad permitido porque no se conoce si la v�a era urbana, rural, o se trataba de una v�a nacional, departamental o municipal; las que tienen trato diferenciado. CSJ Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 29 de agosto de 2007.
Rad. 23.906 M.P: Jorge Luis Quintero Milan�s. P�gina PAGE 2 de NUMPAGES 35 Sentencia Ley 906, 2006-81463-01 LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA Lesiones Personales Culposas Revoca y Absuelve Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal P�gina PAGE 1 de NUMPAGES 35 Sentencia Ley 906, 2006-81463-01 LUIS ALBERTO GARC�A VALENCIA Lesiones Personales Culposas Revoca y Absuelve Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67Kf���������! 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���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista&@�&3ue�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Footnote Text Char Char Char,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Cha,Footnote Text Cha$a$CJmH sH X�/��X3ue0Texto nota pie CarCJOJPJQJ^JaJtH �/��3ue�Texto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Footnote Text Char Char Char Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH D@"D3ue Encabezado �C�"mHsHP�/��1P3ueEncabezado CarCJOJPJQJ^JaJtH H�@BH3ueP�rrafo de lista ��^��m$H&`��QH 3ue�Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,f,Ref,de nota al pieH*R^bR 3ue0Normal (Web)�d�d[$\$aJmH $sH $tH $B��qB3ueapple-converted-spaceZ��Z3ue Profesi�n$ �ndha$5�CJ OJQJmH $sH $V�`���V3ue Sin espaciado CJOJPJQJ_HmH sH tH J �J3ue0 Pie de p�gina ��8!mHsHV�/���V3ue0Pie de p�gina CarCJOJPJQJ^JaJtH,X`���,�f�nfasis6�]�hP�h�w�Texto independiente 2d��xCJOJQJmHsHtHZ�/���Z�w�Texto independiente 2 CarCJOJPJQJX��X�w�Normal arial$dh�xa$CJOJQJ^JaJb�o��b��Default 7$8$H$-B*CJOJ QJ ^J _HaJmH phsH tH,��,�*� texto_navyH�"H #��0Texto de globo"CJOJQJaJ`�/��1`"��0Texto de globo Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH ^Q@B^%0�0Texto independiente 3$�xCJaJmHsHtH^�/��Q^$0�0Texto independiente 3 CarCJOJPJQJaJPK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6_rels/.rels���j�0���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ 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