Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2008-83003-01, SENTENCIA LEY 906.

Sala: SALA PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2014-02-28

Sujetos procesales: DEFENSA EN CONTRA DE LA SENTENCIA PROFERIDA EL DÍA 15 DE ENERO DE 2013 POR EL JUZGADO PRIMERO PENAL MUNICIPAL CON FUNCIÓN DE CONOCIMIENTO DE MANIZALES, CALDAS

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H: 5:30 PM. Manizales, veintiocho (28) de febrero de dos mil catorce(2014) 1. ASUNTO. Procede la Sala a desatar el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 15 de enero de 2013 por el Juzgado Primero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento de Manizales, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or CARLOS ALBERTO CARMONA BETANCURTH, como responsable de la conducta punible de Lesiones Personales Culposas. 2.

HECHOS. El joven Jorge Andr�s Giraldo, en horas de la ma�ana del d�a 18 de octubre de 2008, se movilizaba en su motocicleta por la carrera 27 con calle 13 de esta localidad, avanzando en su marcha tranquilamente hasta el instante en que, de un parqueadero ubicado al costado de la ruta, retrocedi� una camioneta de estacas de placas BCA-252 que al invadir la v�a colision� con la motocicleta que avanzaba por el carril que le correspond�a y que no pudo evadir el obst�culo.

Por tratarse de una invasi�n de carril, las pesquisas se siguieron en contra del conductor de la camioneta, esto es, el se�or CARLOS ALBERTO CARMONA BETANCURTH, quien funge como procesado en la causa que centra ahora la atenci�n de la Sala. 3. ACTUACI�N PROCESAL. 3.1. Posterior a la interposici�n de la querella y de haberse surtido audiencia de conciliaci�n que fue declarada fracasada, el d�a 14 de junio del a�o 2011 se llev� a cabo audiencia de formulaci�n de imputaci�n, en la cual al se�or CARLOS ALBERTO CARMONA se le atribuy� responsabilidad por el delito de lesiones personales culposas, al haber generado imprudentemente incapacidad m�dico-legal, deformidad f�sica [en el cuerpo] de car�cter permanente y perturbaci�n funcional del miembro inferior derecho [�rgano de la marcha] de car�cter permanente al joven Jorge Andr�s Giraldo.

Tales cargos no fueron aceptados por el imputado. 3.2. En consecuencia, el d�a 18 de agosto de 2011 se realiz� audiencia de formulaci�n de acusaci�n ante el Juzgado Primero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento de Manizales, Caldas, en la cual al conductor se le endilg� definitivamente la conducta punible contra la integridad personal atr�s referida. 3.3.

Superados los estadios procesales enantes mencionados, el d�a 14 de octubre de 2011 se realiz� audiencia preparatoria, escenario en el que se decretaron las pruebas a practicar en el juicio oral que, luego de varios aplazamientos, se pudo surtir el d�a 2 de octubre del a�o 2012, culminando con un sentido del fallo de car�cter condenatorio.

4. LA SENTENCIA IMPUGNADA. El d�a 15 de enero del a�o 2013, el Juez de conocimiento dio lectura al fallo condenatorio previamente anunciado, imponiendo al conductor procesado las penas de 9 meses y 18 d�as de prisi�n [suspendida], 6,93 smlmv como multa y la prohibici�n de conducir veh�culos automotores por 1 a�o. Para llegar a tal conclusi�n, el a quo asign� relevante poder suasorio a la versi�n ofrecida en juicio por la v�ctima, argumentando que �ste logr� hacer una reconstrucci�n hist�rica del acontecimiento y de su responsable, cuando expuso de manera veros�mil que se desplazaba a 40 � 50 km/h por el carril que le correspond�a de la v�a, siendo sorprendido por una camioneta que retrocedi� demasiado r�pido desde un parqueadero, sin poder reaccionar para evitar la colisi�n que finalmente se present�, aspectos todos que, a juicio del Juzgador, pudo referir el motociclista por su infortunada pero inmejorable ubicaci�n en el teatro de los acontecimientos, sin que se hubiese percibido �nimo malsano de tergiversar la verdad o inculpar falsamente al procesado, quien call�, no desdiciendo los dichos incriminatorios que en frente suyo se lanzaron.

Para el Juez, de todas las pruebas se desprende que la camioneta realiz� una invasi�n del carril por el que iba el motociclista que ten�a la prelaci�n en el desplazamiento, sin que se acreditara que �ste lo hacia a alta velocidad, porque adem�s de no contarse con prueba t�cnica sobre tal t�pico, la v�ctima afirm� hacerlo respetando los l�mites, lo que no desdijeron los testigos de descargo que refirieron que se movilizaba r�pido pero sin atreverse a se�alar un kilometraje aproximado, siendo as� como la velocidad de la moto no pudo ser el factor determinante del accidente.

De esta forma se profiri� un fallo de condena con el que se concluy� que CARLOS ALBERTO CARMONA, pese a ser un profesional de la conducci�n, desatendi� el deber objetivo de cuidado, siendo imprudente al realizar una maniobra de retroceso que implicaba invadir el carril cuya prelaci�n la ten�a la moto que no observ� por falta de cautela o precauci�n. 5.

LA APELACI�N. Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, se les dio la posibilidad de interponer el recurso de apelaci�n contra ella, espacio en el que �nicamente la Defensa opt� por hacer uso de tal prerrogativa, sustentando el mismo dentro de los 5 d�as que la ley procesal le otorga para hacerlo, mediante escrito con el que reclam� la revocatoria del fallo.

Plante� el Censor que el agente de tr�nsito que atendi� el accidente no pod�a radicar responsabilidad alguna en el procesado porque no fue testigo directo de los hechos, llegando al lugar del acontecimiento momentos despu�s, para realizar un croquis que no permit�a conocer lo realmente ocurrido, puesto que cuando lleg� la escena estaba alterada, contaminada.

De otra parte censur� el Defensor que el testimonio de la v�ctima fuera la base de la decisi�n de condena, porque doctrinalmente se ha establecido que el testimonio del ofendido es defectuoso y sospechoso, como considera no lo fueron los testimonios de los dos testigos presenciales de descargo que, sin tener inter�s en las resultas del proceso, adujeron que el motociclista hacia un �pique� en una pendiente y a alta velocidad [despampanante], por lo que excedi� el riesgo permitido, pasando por un lugar que le era conocido, por lo que sab�a que constantemente carros sal�an del lugar que sali� la camioneta. 6.

CONSIDERACIONES. Siendo la ocurrencia de un delito imprudente el que en esta oportunidad reclama la atenci�n de la Sala, se considera que la manera id�nea de desatar la alzada ser�, a trav�s del cotejo de las probanzas acaudaladas, dilucidar cu�l fue la causa eficiente del accidente, para determinar si le asisti� raz�n al a quo cuando responsabiliz� al conductor de la camioneta o, por el contrario, se equivoc� y lo procedente era el proferimiento de un fallo absolutorio ante la configuraci�n de una auto-puesta en peligro de parte del motociclista.

Pues bien, para efectos de darle contexto y contenido a la discusi�n, sea del caso comenzar esbozando algunas disquisiciones sobre los delitos culposos, luego de lo cual se descender� al caso en concreto. 6.1. De los delitos culposos. Al ser el Derecho Penal, una herramienta de control social represiva de las conductas m�s reprobables social y jur�dicamente, que se exterioriza, como su nombre lo indica, a trav�s de penas, no puede convertirse en primera ratio de acci�n estatal para la punici�n de todas aquellas conductas humanas que ocasionen da�os a los bienes jur�dicos, sino s�lo de aquellas que, adem�s de ser significativamente lesivas, superan los l�mites de lo jur�dicamente permitido.

Es decir, la actividad del Ius Puniendi acarrea trascendentales y dr�sticas consecuencias, y por tal motivo, s�lo podr� imponerse sanci�n a quien haya defraudado gravemente las expectativas sociales desplegando una conducta reprimida por el Legislador, donde sea dable determinar la vinculaci�n real del agente con el resultado, fruto de un juicio de responsabilidad en el que se logre dilucidar que su conducta se encuentra en el campo de lo antijur�dico, m�s all� del an�lisis de simple causalidad fenomenol�gica entre ella y el resultado da�oso.

Por lo anterior es que el actual C�digo Penal reza en su art�culo 9� que �para que la conducta sea punible se requiere que sea t�pica, antijur�dica y culpable� y que �la causalidad por si sola no basta para la imputaci�n jur�dica del resultado�, implicando ello que la labor del operador judicial, para culminar en una sentencia condenatoria por un delito culposo, ser� primordialmente la verificaci�n de la existencia tanto de una relaci�n de causalidad natural como una de car�cter jur�dico entre el obrar del agente y el resultado reprochado.

En este sentido resulta pues necesario, para atribuir jur�dicamente un resultado a una persona [a t�tulo de culpa], que se verifique de forma preliminar que, ontol�gicamente, el resultado fue fruto de la conducta desplegada por aqu�l [correspondencia de causa a efecto], para seguidamente, atendiendo las teor�as del riesgo, determinar que la conducta del agente se constituy� en un riesgo jur�dico-penal relevante [trascendencia] y no autorizado [ileg�timo] que se concret� efectivamente en la resulta lesiva de un bien jur�dico.

Lo anterior ha sido enmarcado dentro de la teor�a de la imputaci�n jur�dica, sobre la que la Corte Suprema de Justicia ha expresado de manera reiterada: �1. Como es evidente, la simple relaci�n de causalidad material no es suficiente para concluir en la responsabilidad penal de un procesado. A ello es menester agregar otras razones, entre ellas, las que demuestran que la consecuencia lesiva es "obra suya", o sea, que depende de su comportamiento como ser humano. O, como se dice en el nuevo C�digo Penal, que plasma expresamente aquello que desde mucho tiempo atr�s se viene exigiendo, "La causalidad por s� sola no basta para la imputaci�n jur�dica del resultado" (art�culo 9o.). �2.

En casos como el analizado, la imputaci�n jur�dica -u objetiva- existe si con su comportamiento el autor despliega una actividad riesgosa; va m�s all� del riesgo jur�dicamente permitido o aprobado, con lo cual entra al terreno de lo jur�dicamente desaprobado; y produce un resultado lesivo, siempre que exista v�nculo causal entre los tres factores.

Dicho de otra forma, a la asunci�n de la actividad peligrosa debe seguir la superaci�n del riesgo legalmente admitido y a �ste, en perfecta ilaci�n, el suceso fatal. �Dentro del mismo marco, la imputaci�n jur�dica no existe, o desaparece, si a�n en desarrollo de una labor peligrosa, el autor no trasciende el riesgo jur�dicamente admitido, o no produce el resultado ofensivo, por ejemplo porque el evento es imputable exclusivamente a la conducta de la v�ctima. �La relaci�n causal, entonces, est� clara: conducci�n de un bus, es decir, actividad peligrosa.

Luego, superaci�n del riesgo permitido, con pluralidad de infracciones; y despu�s, finalmente, ca�da de la v�ctima por conducta culposa imputable al gu�a de la m�quina (�)� (Resaltado nuestro) Visto lo anterior, se advierte pues que para que una conducta sea susceptible de reproche y pueda recibir el calificativo de culposa, resulta indispensable que se haya desarrollado bajo la extralimitaci�n o infracci�n de un riesgo jur�dicamente permitido, no siendo admisible deducir responsabilidad penal en aquellos eventos donde la conducta es causa natural del resultado lesivo, pero aquella estuvo dentro de los l�mites de lo autorizado normativamente.

En esa medida, causalmente puede encontrarse el nexo entre una conducta y un resultado gravoso, pero el derecho penal se preocupa adem�s de ello, porque �stas tengan una conexi�n jur�dica, producto de una elevaci�n del riesgo que no es tolerada por el ordenamiento vigente. �a. El fen�meno de la elevaci�n del riesgo se presenta cuando una persona con su comportamiento supera el arrisco admitido o tolerado jur�dica y socialmente, as� como cuando tras sobrepasar el l�mite de lo aceptado o permitido, intensifica el peligro de causaci�n de da�o. �b. Para que exista imputaci�n jur�dica del resultado es menester que la creaci�n del riesgo, por superaci�n o por intensificaci�n del mismo, genere el resultado lesivo, es decir, que haya nexo de fundamento a consecuencia entre uno y otro�.

Dicho lo anterior, se perfila entonces que la labor del Juez, a la hora de resolver procesos por delitos donde el obrar del agente ha sido culposo, debe dirigirse especialmente a la b�squeda del riesgo jur�dicamente desaprobado y creador del resultado lesivo de bienes jur�dicos; labor que, ante los avances de una sociedad, que ha permitido por consenso el desarrollo de numerosas actividades que implican peligro y en la cual se desenvuelven cuantiosas relaciones intersubjetivas de divisi�n de funciones y responsabilidades, no es f�cil.

No es f�cil, tal como ocurre en la circulaci�n vial, la cual por los peligros que apareja, se encuentra controlada bajo el imperio de numerosas normas de tr�nsito, sobre las que se sustenta la confianza de los transe�ntes, pasajeros y conductores, quienes esperan de los dem�s un comportamiento acorde que impida la ocurrencia de eventos siniestros, los que se pueden dar tanto por la concreci�n de riesgos jur�dicos como antijur�dicos.

Al fin y al cabo en ello radica su peligrosidad. Y a prop�sito del principio de confianza preciso sea citar a la Corte Suprema cuando sobre el particular ha dicho: �Tal principio de confianza opera en una comunidad determinada de interrelaci�n, cuando quien realiza el riesgo tolerado conforme a las normas que disciplinan la actividad correspondiente puede esperar que quienes intervienen en el tr�fico jur�dico tambi�n observen a su vez las reglas pertinentes, de modo que no se le puede imputar un resultado antijur�dico en desarrollo de la actividad riesgosa permitida conforme al deber de atenci�n, si en �sta interfiere un tercero que desatiende la norma de cuidado que le es exigible, o si a pesar de no atender la norma de cuidado esta desatenci�n no fue determinante en tal producto, sino la injerencia, dolosa o culposa, de ese tercero. �La determinaci�n de la efectividad del principio de confianza en un �mbito de interrelaci�n est� guiada por la apreciaci�n racional de las pautas que la experiencia brinda o de las concretas condiciones en que se desenvuelve una actividad u organizaci�n determinada, porque son elementos que posibilitan se�alar si una persona, al satisfacer las reglas de comportamiento que de ella se esperan, est� habilitada para confiar en que el dolo o la culpa de los dem�s que interact�an en el tr�fico jur�dico no la van a afectar� 6.2.

Del caso en concreto. Del cotejo de las pruebas, lo primero que se avizora es que del accidente ocurrido el 18 de octubre de 2008 en la carrera 27 con calle 13 de la localidad, en el plano fenomenol�gico, el se�or CARLOS ALBERTO CARMONA tuvo injerencia directa, puesto que se conoci� que las lesiones que sufri� Jorge Andr�s Giraldo ocurrieron cuando �ste en su motocicleta se estrell� con una camioneta que conduc�a el mentado procesado.

As� las cosas, entre el obrar del procesado y el resultado lesivo que nos convoca, se encuentra un v�nculo causal, primer esca�o para deducir responsabilidad, pero claro est�, no suficiente, siendo indispensable proceder a analizar si con la forma como condujo el veh�culo CARMONA BETANCURTH hubo una elevaci�n del riesgo desaprobada normativamente.

Pues bien, a juicio del abogado disidente, el accidente obedeci� a una auto-puesta en peligro de parte del motociclista lesionado, pero tal postura no ser� de recibo para esta Colegiatura, porque si bien Jorge Andr�s Giraldo desarrollaba actividad altamente riesgosa como lo es la conducci�n de automotores, lo que se abstrae de las pruebas, tambi�n lo es que lo hac�a en respeto de los c�nones de tr�nsito, es decir, que desplegaba actividad peligrosa pero en el marco de la legalidad, por lo que si bien hay una puesta en peligro, ella es jur�dicamente leg�tima.

Lo anterior porque la versi�n de la v�ctima no encontr� baches que afectaran su credibilidad, la que sea el momento para se�alar, no puede degradarse por el solo hecho de tratarse de las palabras del agraviado, en tanto, no es la condici�n del sujeto sino la verosimilitud de sus aseveraciones la que le otorgan cr�dito, como ac� ocurre respecto de un testigo-v�ctima que asisti� a juicio, no a lanzar inculpaciones excedidas, sino que lo hizo para referir, de forma ecu�nime, que el d�a 18 de octubre de 2008 avanzaba por la v�a a una velocidad aproximada de 40 � 50 km/h y que fue sorprendido por una camioneta que retrocedi� de forma intempestiva desde un garaje.

Y la Defensa plantea que los dos testigos de descargo no fueron tenidos en cuenta, pero tres aspectos hacen que sus atestaciones resulten inanes para la decisi�n de fondo: (i) Con sus testimonios dejaron entrever subjetividad en sus palabras, por inconsistencia relevante como que al hablar del procesado refirieron que muy poco fue lo que invadi� el carril, pretendi�ndolo amparar, apuntando acto seguido que el motociclista iba por la mitad de la v�a, queriendo sugerir que �ste no respetaba las normas de tr�nsito al no movilizarse por su carril, sin ser conscientes de que ambas afirmaciones jugaban a favor del procesado pero no pod�an admitirse o avalarse, porque de haberse presentado los hechos as�, el accidente no hubiese tenido ocurrencia, dado que el motociclista con s�lo seguir su marcha no hubiera colisionado con la camioneta.

(ii) Al referirse el par de testigos a la velocidad de la moto, en correspondencia con el a quo, habr� de reiterarse que ninguno ofreci� un referente cuantitativo que diera luces al asunto, como tampoco se�al� una velocidad espec�fica que Jorge Andr�s Giraldo hubiese superado, limit�ndose a expresar uno de los testigos que �ven�a bastante ligero�, mientras que el otro refiri� que la velocidad de la moto era �despampanante�, aspectos que no se oponen al dicho de la v�ctima, en el sentido a que iba a 40 � 50 km/h, porque tal velocidad de desplazamiento tambi�n indica que el motociclista iba ligero, lo que pudieron percibir as� los testigos pero que no podr� ser calificado como un incremento indebido del riesgo, atendiendo a que era una velocidad legalmente autorizada para desplazarse.

(iii) Ahora, los dos testigos dijeron que la moto ven�a picada [avanzando s�lo en la llanta trasera] y ello se opone abiertamente a lo dicho por la v�ctima misma, pero independiente de tal controversia, sea este el punto para referir que zanjarla se hace infructuoso, porque dadas las caracter�sticas del accidente, que Jorge Andr�s Giraldo picara su moto no se constituye en evento determinante del accidente.

En efecto, esta Sala considera que tenemos una motocicleta que avanzaba por el carril que le correspond�a y a una velocidad autorizada, y que eventualmente hubiese avanzado en una llanta, aunque prohibido, no ser�a fuente causal del accidente, en tanto, el componente f�ctico determinante o definitorio para que la colisi�n se presentase fue la obstaculizaci�n que de la marcha de la moto se present�, la que obedeci� a la irrupci�n que en la v�a se dio por parte de la camioneta.

En otras palabras, si la moto respetaba los l�mites de velocidad y avanzaba por su carril, el ser inoportuna e intempestivamente interferida por un veh�culo que sal�a de un garaje, sin lugar a dudas, se constituy� en la causa eficiente del resultado, del que no depend�a su concreci�n que la moto fuera en una o dos llantas, sino de que el se�or CARLOS ALBERTO CARMONA, conductor de la camioneta, hubiese tenido la cautela necesaria para desarrollar maniobra tan riesgosa -o potencialmente lesiva- como lo es ocupar, en retroceso, una v�a de relativa concurrencia vehicular, que es de doble carril y en pendiente.

Pero, entonces, cabe preguntarse en este punto de la discusi�n �estaba amparado normativamente el procesado para tal maniobra? Lo que se responde diciendo que, obviamente, los carros que son guardados en garajes pueden y deben salir, pero siendo esta una maniobra que implica la irrupci�n de la v�a p�blica desde un espacio privado, quienes transitan por aquella tienen prelaci�n, por lo que la obligaci�n de tomar todas las precauciones del caso no radican en quien est� moviliz�ndose por la v�a sino en quien se insertar� en ella.

Para el caso concreto, lo era el conductor de la camioneta, quien adem�s deb�a extremar los cuidados porque, acreditado result�, no lo hac�a de frente sino a trav�s de una peligrosa maniobra de retroceso que implicaba menor visibilidad; maniobra que efectivamente llev� a cabo, con tan mala fortuna que no mir� o no percibi� al motociclista que ten�a prelaci�n. Y si ten�a prelaci�n el motociclista, se equivoca la Defensa cuando sugiere que deb�a aqu�l estar atento a si un carro iba a emerger del garaje del que era usual que salieran veh�culos, porque contraria a tal postura, se sabe que quien lleva la v�a, por virtud del principio de confianza, f�a que los dem�s no defraudaran las expectativas y, por consiguiente, espera que los otros part�cipes del tr�nsito vehicular respeten a quienes tienen prelaci�n en la v�a. Un pensamiento distinto conducir�a al absurdo de que cada conductor, en cada esquina, estuviese obligado a verificar que los dem�s respeten el pare, el sem�foro o cualquier otra se�alizaci�n semejante, cuando precisamente el tr�nsito vehicular est� regulado por normas que lo facilitan, tal como lo son aquellos c�nones que proh�ben la obstaculizaci�n de la v�a y la necesidad de prestar cautela suma cuando se va a atravesar un carril en el que no se posee prelaci�n, como lo es el caso del se�or CARLOS ALBERTO CARMONA, quien con su obrar termin� siendo la causa eficiente del accidente sufrido por Jorge Andr�s. Sujeto lesionado al que no le era exigible otro comportamiento al que desarrollaba, pues lo hac�a respetando las normas de tr�nsito, como s� le era exigible al procesado, quien �nicamente podr�a retirar la camioneta del garaje -o taller- cuando estuviera plenamente seguro de que ning�n otro automotor avanzaba por la v�a, proceder que no observ�, pues retrocedi� de forma imprudente, elevando y concretando un riesgo jur�dicamente relevante y desaprobado.

Riesgo concretado que qued� plasmado en el croquis que realiz� el agente de tr�nsito que fungi� como primer respondiente, quien en realidad no tuvo la posibilidad de percibir el preciso momento de la colisi�n, pero que s� lleg� hasta el teatro de los acontecimientos para certificar que la motocicleta marchaba por v�a p�blica en la que ten�a prelaci�n, avanzando sin inconveniente hasta cuando colision� con una camioneta que, pudo percibir directamente el agente de tr�nsito, sal�a en retroceso de un garaje, quedando para el momento de la colisi�n su cabina sobre el and�n, pero parte de la carrocer�a sobre la v�a, aproximadamente 1,25 metros, en una clara irrupci�n que para realizarse requiere del m�ximo cuidado que no tuvo el procesado que, ahora, debe responder por su obrar incauto, imprudente.

En m�rito de lo precedentemente expuesto, El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, -Sala de Decisi�n Penal- administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, Resuelve: Confirmar la sentencia proferida el d�a 15 de enero de 2013 por el Juzgado Primero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento de Manizales, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or CARLOS ALBERTO CARMONA BETANCURTH, como responsable de la conducta punible de Lesiones Personales Culposas.

Contra la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE JOS� FERNANDO REYES CUARTAS DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A Johana Franco Herrera Secretaria  El escrito de acusaci�n se halla a partir del folio 2 del expediente, mientras que el acta de su formulaci�n oral se avizora en el folio 11 del expediente.  El acta de la audiencia preparatoria est� en el folio 19 del cartulario.  Lo ocurrido en el juicio oral se registr� en documento obrante a partir del folio 96.  Corte Suprema de Justicia. Sala de decisi�n penal.

Sentencia de Casaci�n del 20 de abril de 2006 MP: �lvaro Orlando P�rez Pinz�n. Rad: 22941. [Posici�n reiterada en providencia 32174 del 02 de septiembre de 2009].  Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Penal. sentencia del 11 de mayo de 2005 (Radicado 22.511).  Corte Suprema de Justicia. Sala de Casaci�n Penal. Decisi�n de �nica instancia del 17 de septiembre de 2003.

Rad: 17765.     P�gina  PAGE 1 de  NUMPAGES 17 Sentencia Ley 906, 2008-83003-01 CARLOS ALBERTO CARMONA Lesiones Personales Culposas Confirma  Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal  578Kfx{����������֮���q�_�q�N *OJQJ^JnH $tH $h�`OJQJ^JnH $tH $ hgL�h�`OJQJ^JnH $tH $"7$7�7:8*;+;�;�;J>K>L>W@X@Y@Z@v@y@z@������������}iUF7 h��CJ OJQJ\�^JaJ h* L>Y@Z@v@{@ B B|C}C�ENHOH�H�H�K�N�NSPTP6R7R�T�T�V��������������������������$��dh`��a$gdU� $��^��a$gd�`gd�`z@{@vALBoBpB�B�B�B�BzC{C|C}C�D�D�D�D#ECE�E]FyF�F�FzG���ôôôô�����x�iZiKiKi h�hCJ OJQJ\�^JaJ h�AECJ OJQJ\�^JaJ h�X�CJ OJQJ\�^JaJ h�*}CJ OJQJ\�^JaJ h"w�CJ OJQJ\�^JaJ h �CJ OJQJ\�^JaJ hWWwCJ OJQJ\�^JaJ h�qYCJ OJQJ\�^JaJ h�h^CJ OJQJ\�^JaJ hHPBCJ OJQJ\�^JaJ hBV_CJ OJQJ\�^JaJ h�aCJ OJQJ\�^JaJ zG�G�G#H;HNHlHpH�H�H�H�H�H�H�HI�I�I?JuJ�J�J�J�J�JjK�K�K�K����Ҵ�����r��c��T���T� h� 2CJ OJQJ\�^JaJ h�AECJ OJQJ\�^JaJ )hGPh��5�6�CJ OJQJ\�^JaJ h"w�CJ OJQJ\�^JaJ hP!nCJ OJQJ\�^JaJ h ")CJ OJQJ\�^JaJ h LXLZLmL�L�L�L�L�LvN�N�N:OuO�O�P�P�P�P�PRQ�Q�Q�Q�Q�Q�Q�QRRRR R4R�R��������ѱѢ���u�����f�f�f�f�f�f�f�f h|F�CJ OJQJ\�^JaJ h�AECJ OJQJ\�^JaJ hh�CJ OJQJ\�^JaJ h"w�CJ OJQJ\�^JaJ h L�CJ OJQJ\�^JaJ h� 6�CJ OJQJ\�^JaJ h0ZMCJ OJQJ\�^JaJ h� CJ OJQJ\�^JaJ hP!nCJ OJQJ\�^JaJ hP!n6�CJ OJQJ\�^JaJ $�R�R�R�RS3TU8U]V`V�V�V�V�V�V�V`WW�W{X�X�X�X�XY@YAYEY�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�����������ҴҴҥ���x�i�i�i�iZ����� h2CJ OJQJ\�^JaJ h tCJ OJQJ\�^JaJ h!=iCJ OJQJ\�^JaJ h�*�CJ OJQJ\�^JaJ h�AECJ OJQJ\�^JaJ h:'BCJ OJQJ\�^JaJ h"w�CJ OJQJ\�^JaJ h6tCJ OJQJ\�^JaJ h�4�CJ OJQJ\�^JaJ h|F�CJ OJQJ\�^JaJ h&&�CJ OJQJ\�^JaJ #�V�V X X�Y�YX\Y\%^&^LaMaEcFc�c�c�c�c�c�c�c�c��������������������� dh�gdU� $dha$gdU�$��dh`��a$gd�a$��dh�`��a$gd�a$��dh`��a$gdU��Y�Y�Y�Y�YFZ�Z[�[�[`\j\ dsdtd�d�d�d�d eee$e&e'e{e}e~eef fffWfXf�f�f=g>g?gAgBg����������������ÿ��ßß�~k^ZRZRjh g@gAgCgDgFgGgIgJgRgwg�g�g�g�ghhh8hihjhkh���������������������� � C�" �v�^�v�gd�5\ � C�"Q �v�^�v�gd�5\ $�v�^�v�a$gd�5\�v�^�v�gd�5\gdU�BgDgEgGgHgJgRgYgZg`gagbgcggghgrgsgugvgwg�g�g�g�g�g�g�g�g������̱̱��̱̱���q�q�\q\Njh�UmHnHu)h h�B*CJOJQJ^JaJph���#h�B*CJOJQJ^JaJph���)h�.h�B*CJOJQJ^JaJph���1hUeB*CJOJQJ^JaJhmHnHph���u5jh�.h�B*CJOJQJU^JaJhph���,h�.h�B*CJOJQJ^JaJhph���!hZb�h�B*CJ$OJQJph���jh ��1 �>��ӝDgHH�[IQ-�{z�%~ @]���}�^�l�7 g�?�e������ZcKWu�SH�R����u�&ֺ�j���_����X���v�[�2_&��N�x����n�U3�V�AHMմ:&�ST��/����W�l^#���3+���_az���� /��mc=�d�f��� ��A��I�'�dk̺s�n+J�M!�x�| S�`�� X��3^wYQU� �Yg+ �~c��L�,��4� �m˝�XW�y�y��� &�L ��y h�B��%S\��� cn��Ǽ�K7�el�A��į��W��w-?3?�a�UY^{#���f�;� �.�3.� �5��������C���5�������3wW�$� �9ˏB; ����8 ��|�(,��'Uĸe�8W�IV!`Y�a��=U` YՀ��WEV�V��-I�Lj�n'0���nS$�ha�fKxn��$Y}�S5���G �D��j�����;�� Y�} /6 Z���^\a���ȱ��Ɲ*=��El�|�Z��uV�=M}��j��#?3�;ě 5��^�x�/u�{�d������W ��z�`7�ʶۊ�Jb�72ٻ#I�����xuX�c�u���j����i@��7�r�R(�Wl-f����p���Y a[&z��{� 5ȺKK\��h�f�D vR (���m[KCΧ�$G�I� �Cwԋϋ�ȏR�3 �Gq� �����G�,��r�X��& ���7��~�=COi>���oq�>���qQ @Y0��釥z �� z �~��(|��(�-�e;�O�h�Cz��������: `� v_^����q�)��ks8R��ݺ�@����N�>��.5�TFȵ�J����� ͡*r��Y�ň��2���� ~��'�fA��T"[���*�y��� ��~F��:�[ E�����T6R�)�8�;ЛF U�Y��&����5c ��>V� �h��"�?�ͪ.k@���l0�i��M��E�m`9(b"�c�=Գ�'H^t�������A��W��O��bܹ� r�!�=P�e����^��=��+52l� �0 �f� |� \��}p��Ci �a7�-E������]���~�?�KR]�%T���R�" 5,�꣗ݕ蔅|�|���Q#f�!���U�`��X�* Ւ��P�)n��:�:�8l�V�QEf?��!Z���� t��W�kV N�M�1���� ������ޅZ��="d��;E �B7���������_+H�Y���B# �Ǟ��!F��,�R��5'3w�_�� o��_�S���S����E.|���n��Sus,��a&��>2 A�0X���6��sY,���l-�+�o��4 T�bS�E!��* ��]S�d�`Oj8j���P���f1d@y㎭ �&^���W�w d�?�8�L�\��m�Dc�̇��F�m{B�� (^����x̬�F� ��N"D1,�N v�'�CK,7��lN�����J��� u��-���a���a4{ �!*M�B�叀j-� �X��ہ@t�����74��!��?\ ~@4�'[��y]�x&*���s@��8���1���8ע��,�q\[���b��汷_�@1���[P "F ���I�^T2,���TCʲzb��������L=�:�?��C�hQ ��$ � �G��E� �}� O6����N> �����y��q���6o�n@ �!·[�% [G��E�� ��,������M����BܸC3���x�Dng����B��t+w�T����Im�����ώa�4m��v��v��716;�7�"|�� �0F�H��NC��� �4I�0k��'�ex� ��'ƶߧ��0�A�G�Kl� �b���#A�y^�K��h�m�7���z1����o���)#�� �&^�'�/�4ͦ��i��F��;4w�Ѻ����?!��[g����n��K�&uC��,�y�i��0�r��%?Ӵ�M!�+w��d~p�}j-i������n�`9����%_��y_�.����̌f���6�l_ʿ����?�c��x�K�4D 66666666666666666666666666�666666666�66666666666hH66666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666�62���� 0@P`p������2(�� 0@P`p������ 0@P`p������ 0@P`p������ 0@P`p������ 0@P`p������ 0@P`p��8X�V~ OJPJQJ_HmH $nH $sH $tH $L`��L U�Normal$CJOJPJQJ_HaJmH sH tH b@b U��T�tulo 2$$��@&'5�B*CJOJQJ\�aJmHphO��sHNA ���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0 Tabla normal �4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista \�o���\ U�� T�tulo 2 Car+5B*CJOJPJQJ\^JaJphO��tH \ @\ U� Encabezado  �C�" CJOJPJQJaJmH $sH $tHL�o��L U�Encabezado CarOJPJQJ^JmH $sH $NB@"N U�Texto independiente�xmHsHb�o��1b U�Texto independiente Car CJOJPJQJ^JaJtH  @B U��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha, Car,CarCJaJmHsH.�o��Q. 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