Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Neiva

Radicado: 41016600058720148002903

Sala: SALA PENAL

Ponente: Javier Iván Chávarro Rojas

Fecha: 2018-02-22

Sujetos procesales: LUIS FERNANDO GARCÍA REYES

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ANTECEDENTES HECHOS Seg�n se colige de la actuaci�n, el cuatro de marzo de 2014, en la Finca El Cedro, jurisdicci�n rural del municipio de Villavieja, varios sujetos amenazaron con armas de fuego a Ezequ�as Quintero D�az, Sonia Alejandra Veru Perdomo y su hijo menor de edad, retuvieron a estos �ltimos en una habitaci�n y obligaron al primero a reunir 36 cabezas de ganado, las que fueron embarcadas en varios camiones que llegaron al referido predio, uno de los cuales era conducido por Luis Fernando Garc�a Reyes.

Una vez los referidos veh�culos emprendieron su marcha, fueron interceptados por la Polic�a, siendo capturados sus respectivos pilotos. ACTUACI�N PROCESAL Radicado el escrito de acusaci�n, el 25 de julio de 2014 el Juzgado Primero Penal del Circuito de Neiva llev� a cabo la correspondiente audiencia, el 18 de septiembre de la misma anualidad se realiz� la audiencia preparatoria, el 11 de mayo de 2015 se instal� el juicio, el cual continu� en sesiones del 12 y 13 de mayo, 5, 6 y 7 de octubre siguientes, 8 y 9 de febrero, 20 de mayo, y 6 de septiembre de 2016, cuando se indic� el sentido absolutorio del fallo a favor de Diego Mauricio Tovar Adames y Jorge Antonio Fl�rez Parra, en tanto que, el 30 de noviembre siguiente se manifest� que se condenar�a a los se�ores Garc�a Reyes y Calder�n Castillo, y el 13 de enero de 2017 se profiri� la sentencia objeto de alzada.

Encontr�ndose la actuaci�n en el Tribunal para resolver los recursos de apelaci�n interpuestos por los defensores de LUIS FERNANDO GARC�A REYES y JOS� LUIS CALDER�N CASTILLO, �ste �ltimo solicit� la aplicaci�n de la Ley 1820 de 2016, raz�n por la cual la actuaci�n retorn� al a quo para lo pertinente, quien en decisi�n del dos de agosto de 2016 le concedi� la amnist�a de iure respecto del delito previsto y sancionado en el art�culo 365 del C�digo Penal, orden� su traslado a una ZVTN, decret� la ruptura de la unidad procesal y dispuso la suspensi�n del proceso respecto de CALDER�N CASTILLO, mientras entraba en funcionamiento la JEP.

EL FALLO Identificados e individualizados los procesados, relatados los hechos, sintetizadas las teor�as del caso de las partes, relacionadas las estipulaciones probatorias, resumido lo aportado por los testigos y abreviado el contenido de los alegatos de conclusi�n; el a quo declar� haberse configurado el punible de secuestro simple agravado, pues los se�ores Ezequ�as Quintero y Sonia Alejandra Veru Perdomo indicaron haber estado privados de la libertad junto a su menor hijo J.S.Q.V., de tan solo tres a�os de edad, mientras los procesados cargaban el ganado para hurtarlo; suceso corroborado por los policiales C�rdenas �vila y C�rdenas Arenas, as� como por el confeso Robinson Prado Ortua.

Descart� la tesis de los defensores, seg�n la cual, Ezequ�as Quintero cohonest� con los facinerosos a fin de hurtar el ganado, pues de ser as� no habr�a informado en tiempo real y bajo clave al due�o de la finca sobre la perpetraci�n del il�cito, tal y como lo relat� su patr�n el se�or Fernando Blanco Cucal�n. Enfatiz� haber sido tan forzosa la estad�a de los mayordomos de la Finca El Cedro en uno de los cuartos de la casa durante el hurto, que la se�ora Veru Perdomo asegur� haber tenido que realizar sus necesidades fisiol�gicas en ese lugar, pues los secuestradores le imped�an salir.

Adem�s, precis� que si bien durante la ejecuci�n del secuestro y el hurto del ganado, Wendy y Arcenio Pascuas arribaron a la vivienda, permiti�ndoseles a las v�ctimas salir a atenderlos para que no sospecharan, �stas no pudieron enterarlas de lo que ocurr�a, pues los visitantes no entendieron las se�ales de alerta por ellos efectuadas. Agreg� que el punible de fabricaci�n, tr�fico, porte o tenencia de armas de fuego tambi�n se estructur�, pues Ezequ�as Quintero y su esposa fueron coincidentes en afirmar que los tres hombres que llegaron inicialmente a la finca portaban un revolver; aspecto �ste corroborado por Robinson Prado Ortua, quien precis� haberse acordado el d�a previo a los hechos, que Farley S�nchez Garc�a llevar�a un arma para amenazar a los mayordomos.

Igual ocurri� con el delito de hurto calificado y agravado, cuya configuraci�n dedujo de los testimonios de los mayordomos del fundo, quienes aseveraron haberse valido los asaltantes de la violencia para sustraerse 36 semovientes, recuperados a menos de 300 metros de la hacienda. Agreg� que el se�or Prado Ortua refiri� que un d�a antes de los hechos se reuni� con Jos� Luis Calder�n y otros implicados a efectos de ultimar los detalles del hurto a perpetrar, habi�ndose pactado que el pago por su actividad resultar�a de dividir lo obtenido en partes iguales entre �l, Jos� Luis, Fernando, Felipe, �El Paisa� y Farley; reuni�n donde se acord� lo atinente al uso del arma de fuego por �ste �ltimo a fin de intimidar a los mayordomos del fundo.

Refiri� que la circunstancia de estar el testigo Robinson Prado Ortua en un programa de protecci�n a testigos no puede equipararse a un beneficio ni permite dudar de sus manifestaciones y se�alamientos, pues su objeto es salvaguardar la integridad f�sica de quienes colaboran con la administraci�n de justicia. De otro lado, refiri� que seg�n lo revel� el polic�a Cristhian Ernesto Corzo Pinz�n, el se�or Luis Fernando Garc�a Reyes fue capturado en la v�a que de la Finca El Cedro conduce a Villavieja, cuando transportaba 12 semovientes en la turbo de placa TMA689; habi�ndose referido por Robinson Prado Ortua que aquel conoc�a los pormenores del il�cito a perpetrar, pues Fairley le cont� que el procesado lo hab�a acompa�ado en otros il�citos similares al presente.

Adem�s, Jorge Antonio Fl�rez Parra indic� haber sido Garc�a Reyes quien lo puso en contacto con Fairley para suministrarle los datos de su veh�culo a fin de tramitar la gu�a, lo cual es indicativo de su conocimiento sobre el delito a ser perpetrado. Resalt� haberse acreditado que, Calder�n Castillo y Garc�a Reyes, el d�a de los hechos se comunicaron v�a celular, evidenci�ndose as� su relaci�n personal y trato previo a los acontecimientos; situaci�n que descarta la ajenidad de �ste acusado con los delitos materia de juzgamiento, pues su permanente contacto con los dem�s ejecutores del il�cito deja al descubierto su apoyo deliberado a la empresa criminal.

LA APELACI�N El letrado asegur� que en la sentencia se incurri� en un falso juicio de existencia por tergiversaci�n de las pruebas, pues por ejemplo, no se tuvo en cuenta que Robinson Prado Ortua simplemente refiri� que Garc�a Reyes sab�a de la actividad il�cita, pero jam�s concret� cu�les eran los roles y el plan a ejecutar por cada uno de los implicados en el hurto, seg�n lo exige la jurisprudencia a fin de predicar la existencia de coautor�a. Puso de presente que la afirmaci�n de Prado Ortua, seg�n la cual, Fairley S�nchez era quien portaba el arma de fuego, no encaja con la atestaci�n de Sonia Veru, quien neg� que en la audiencia de juicio estuviera presente la persona que la amenaz� y oblig� a permanecer en un cuarto de la vivienda.

Adem�s, enfatiz� que Sonia Ver� y el comandante de la Estaci�n de Polic�a de Villavieja, negaron haber observado conducta extra�a en Garc�a Reyes, e incluso, estuvo presto a colaborar con las autoridades cuando las mismas llegaron a la escena de los sucesos. Tras citar apartes del testimonio de Fairley S�nchez Garc�a, quien admiti� lo atinente al hurto del ganado, cit� jurisprudencia relativa al deber de los juzgadores de motivar sus decisiones, insisti� en la necesidad de verificarse el cumplimiento de los presupuestos de la coautor�a y aludi� al deber de demostrar el dolo de manera independiente, esto es, con prueba diversa a la que acredita el motivo que determina al sujeto a consumar el hecho t�pico.

Neg� el proceder doloso de Garc�a Reyes, pues aunque el d�a de marras se perpetraron algunos il�citos, solo unas pocas personas eran conscientes de su ejecuci�n, entre las cuales no puede incluirse a los transportadores del ganado. Por lo tanto, pidi� la revocatoria de la decisi�n de primera instancia, la absoluci�n de su patrocinado y su inmediata libertad.

CONSIDERACIONES Atendiendo los concretos motivos de disenso del defensor apelante y respetando las limitaciones previstas en los art�culos 20 del C�digo de Procedimiento Penal y 31 de la Constituci�n Pol�tica, la Sala resolver� el siguiente problema jur�dico: �Se allegaron al juicio los elementos de conocimiento exigidos por el inciso segundo del art�culo 381 del C�digo de Procedimiento Penal para proferir sentencia condenatoria contra LUIS FERNANDO GARC�A REYES, como coautor responsable de los delitos objeto de acusaci�n, o por el contrario, debi� absolv�rsele por duda probatoria? A fin de absolver el anterior interrogante, recu�rdese preliminarmente que todo procesado est� amparado por la presunci�n de inocencia, y por lo tanto, el Estado debe desvirtuarla a trav�s de probanzas capaces de acreditar en grado de certeza la responsabilidad penal del mismo, pues de subsistir perplejidad razonable sobre el particular, �sta debe resolverse a favor del reo, por mandato del numeral 2� del art�culo 14 de la Carta Internacional de derechos humanos, el ordinal 2� del art�culo 8 del Pacto de San Jos�, el numeral 2� del art�culo 11 de la Declaraci�n Universal de los Derechos Humanos, el art�culo 29 de la Constituci�n Pol�tica y el 7� del C�digo de Procedimiento Penal.

En consecuencia, compete al juzgador valorar las pruebas a la luz de las reglas de la sana cr�tica y en su conjunto, a fin de eliminar la duda razonable sobre la existencia material de la conducta punible investigada y la responsabilidad enrostrada al acusado, ya que de lo contrario y permaneciendo inc�lume la presunci�n de inocencia, la absoluci�n se impone como �nica alternativa.

Sobre el concepto de duda razonable la jurisprudencia ha manifestado lo siguiente: ��la Sala se ha referido reiteradamente a la necesidad de precisar el concepto de duda razonable, para establecer el alcance del est�ndar de conocimiento previsto como presupuesto de la condena. Por su relevancia para la soluci�n del presente caso, cabe destacar algunas precisiones sobre el concepto de hip�tesis f�cticas concurrentes y exculpatorias, cuando las mismas pueden considerarse como verdaderamente plausibles.

Sobre el particular, en la decisi�n CSJSP, 8 marzo 2017, Rad. 44599, dijo: El art�culo 372 de la Ley 906 de 2004 dispone que �las pruebas tienen por fin llevar al conocimiento del juez, m�s all� de duda razonable, los hechos y circunstancias materia del juicio y los de la responsabilidad penal del acusado, como autor o part�cipe�. En los aspectos relevantes, esta disposici�n es reiterada en el art�culo 381 �dem.

La Sala es consciente de los debates suscitados en torno a lo que debe entenderse por duda razonable, y de la consecuente necesidad de desarrollar jurisprudencialmente dicho concepto. En tal sentido ha planteado, por ejemplo, que puede predicarse la existencia de duda razonable cuando durante el debate probatorio se verifica la existencia de una hip�tesis, verdaderamente plausible, que resulte contraria a la responsabilidad penal del procesado, la aten�e o incida de alguna otra forma que resulte relevante (SP 1467, 12 Oct. 2016, Rad. 37175, entre otras).

Por la din�mica propia del sistema regulado en la ley 906 de 2004, las hip�tesis que potencialmente pueden generar duda razonable pueden ser propuestas por la defensa. Sin embargo, no puede descartarse que, como en este caso, dicha hip�tesis est� impl�cita en la acusaci�n y/o sea detectada por el juez durante el juicio oral, as� las partes no hagan expresa alusi�n a ella.

Igualmente, ha resaltado que la constataci�n de la existencia de hip�tesis exculpatorias �o atenuantes-, verdaderamente plausibles, supone una valoraci�n cuidadosa de los medios de prueba, especialmente cuando estos se refieren directamente a datos o hechos indicadores a partir de los cuales puede inferirse un hecho jur�dicamente relevante en particular�(Subraya la Sala).

Adicionalmente, obs�rvese que el inciso final del art�culo 381 del C�digo de Procedimiento Penal establece una tarifa legal negativa, al impedir se soporte la responsabilidad penal del acusado en s�lo prueba de referencia, pues literalmente se�ala: �La sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en prueba de referencia�. Entrando ya en materia, decl�rase de entrada que pese a los sencillos e inconclusos argumentos planteados por el jurisconsulto apelante con miras a evidenciar los equ�vocos del juez de primera instancia, un estudio minucioso de las probanzas practicadas en juicio, deja al descubierto que, contrario a la respetable opini�n del a quo, en el presente caso no despej� la duda razonable sobre la responsabilidad del enjuiciado en los delitos materia de acusaci�n, por lo que, en aplicaci�n de los principios de presunci�n de inocencia e indubio pro reo, debi� ser absuelto de todos los cargos endilgados en su contra.

Obs�rvese que en sesi�n de juicio del 11 de mayo de 2015, el se�or Ezequ�as Quintero D�az, relat� que para marzo de 2014 prestaba sus servicios como mayordomo de la Finca El Cedro, ubicada en el Corregimiento La Victoria, jurisdicci�n de Villavieja, siendo su empleador el se�or Guillermo �ngel Solano, y su jefe inmediato Fernando Blanco Cucal�n, quien fung�a como administrador de la finca �A partir de 20:10�.

Precis� que, el cuatro de marzo de 2014, tres sujetos irrumpieron en la Finca El Cedro con el pretexto de necesitar una llave para desvarar una moto, sin embargo, una vez lo observaron con su celular en la mano, le apuntaron con una arma de fuego tipo revolver, le advirtieron que no llamara a nadie, pues eran miembros de las FARC e iban a llevarse un ganado porque su patr�n no les hab�a pagado �la vacuna��A partir de 22:11�.

Agreg� que le ordenaron construir el embarcadero para cargar el ganado, por lo que debi� colaborarle a los asaltantes. Tras referir que mientras sucedieron los hechos una jovencita de la vereda lleg� a la finca a pedir le permitiera cargar su celular, vi�ndose obligado a presentar a los asaltantes como sus familiares, a�adi� que una vez termin� de armar el embarcadero, arrib� tambi�n el se�or Arsenio Pascuas, vi�ndose nuevamente forzado a simular que los maleantes eran sus parientes�A partir de 23:54�.

Declar� que tambi�n debi� reunir el ganado, pues era constantemente amenazado con el arma de fuego por un sujeto que parec�a el jefe del grupo, mientras su esposa e hijo, de cuatro a�os de edad, permanec�an recluidos en una habitaci�n de la finca bajo la vigilancia de otro sujeto�A partir de 25:44�. Asegur� que una vez reuni� el ganado y regres� a la vivienda, observ� tres camiones y junto a ellos a los procesados presentes en la audiencia, quienes de inmediato se presentaron con sus nombres y apellidos �A partir de 28:45�.

Interrogado acerca de las actividades desplegadas por estos sujetos, contest� que unos se encargaron de llenar unas tulas de tierra, es decir, �unos las llenaban, otros las cargaban hasta el embarcadero para levantarlo a la altura del rabo del cami�n��A partir de 31:44�. Indic� que una vez se rode� el ganado, �a m� me encierran en la pieza con mi se�ora y mi ni�o, y ellos empiezan a empujar el ganado hacia el embarcadero, unos lo empujaban, el ganado iba subiendo a los camiones y lo iban marcando��A partir de 32:52�.

Asegur� haber recibido algunas llamadas a su celular, por lo que lo despojaron del mismo y cada vez que timbraba le permit�an contestar pero era amenazado para no contar lo sucedido�A partir de 35:20�. Agreg� que su n�mero de celular era 3202935738, habiendo sido contactado por Fernando Blanco, a quien ya le hab�an avisado que algo raro suced�a en ese predio, por lo que bajo clave le inform� que hab�a ladrones en el inmueble�A partir de 38:00�.

De otro lado, manifest� que los asaltantes tambi�n ten�an en su poder un arma com�nmente conocida como �guacharaca o chang�n��A partir de 42:50�. Expres� que luego de cargados los semovientes en los veh�culos, los conductores se marcharon y en el inmueble solo quedaron los tres hombres iniciales, quienes les advirtieron que de ser sorprendidos por la polic�a, los matar�an, sin embargo, transcurridos unos 15 minutos arribaron varios gendarmes a la finca y los tres sujetos huyeron del lugar�A partir de 46:33�.

Adicion� que los asaltantes sacaron 36 cabezas de ganado del inmueble�A partir de 58:34�. Contrainterrogado sobre si observ� a Garc�a Reyes el d�a cuando se cometi� el hurto de marras, el testigo respondi� que lleg� junto a los dem�s sujetos de los camiones, pero neg� que lo hubiera amenazado o portara alg�n arma de fuego, sin embargo, enfatiz� que el procesado ayud� a llenar de arena algunas tulas y se mantuvo distante de �l y su familia�A partir de 01:11:52�.

El espont�neo relato del se�or Quintero D�az fue corroborado en lo medular por su esposa Sonia Alejandra Veru Perdomo�A partir de 03:26�, quien dio cuenta del arribo de tres sujetos a la Finca El Cedro de Villavieja, su retenci�n y la de su hijo de tres a�os en una habitaci�n de la vivienda, el uso de armas de fuego por los maleantes, la posterior llegada de varios sujetos en tres camiones, entre ellos, Luis Fernando Garc�a Reyes, la il�cita sustracci�n de varias cabezas de ganado por dichos sujetos, la posterior presencia policial en la finca y la recuperaci�n de los semovientes.

Incluso, explic� que un sujeto, no presente en la audiencia, era quien los amenazaba y portaba el arma de fuego�A partir de 29:59�. Adem�s, neg� haber sido amedrentada por el acusado, menos haberlo visto portando alg�n arma�A partir de 38:01�. Manifi�stese que, la espontaneidad, sencillez y claridad de las anteriores declaraciones, permite conferirles valiosa credibilidad, m�xime si el apelante no controvirti� su poder suasorio.

Por lo tanto, estas probanzas demuestran en grado de certeza racional que, el cuatro de marzo de 2014 se cometieron las conductas punibles materia de acusaci�n y juzgamiento, esto es, secuestro simple agravado en concurso y hurto calificado y agravado. Sin embargo, contrario a la respetable opini�n del juzgado de primera instancia, las pruebas oportuna y regularmente practicadas en juicio, no permiten arribar a la misma conclusi�n anterior en cuanto a la participaci�n consciente y voluntaria del se�or Garc�a Reyes en los precitados il�citos; pues si bien estuvo presente donde se retuvo al mayordomo de la Finca El Cedro y a su familia y dispuso del cami�n por �l conducido para esa �poca a efectos de cargar y movilizar los vacunos il�citamente sustra�dos del inmueble, tal y como se extracta del testimonio de las v�ctimas, los policiales Luis Hern�n D�az Medina y Cristian Ernesto Corzo Pinz�n y las mismas pruebas de descargo; esta circunstancia por s� sola no ser�a suficiente a fin de declarar acreditado el actuar doloso del acusado, y por ende, deducir su condici�n de coautor de los il�citos materia de acusaci�n. Lo anterior por cuanto en el proceso se dieron al menos dos hip�tesis sobre lo sucedido, una, la propuesta por la Fiscal�a, seg�n la cual, Garc�a Reyes se ali� con los dem�s procesados con el exclusivo fin de retener a los moradores de la Finca El Cedro y sustraer il�citamente el ganado; otra, la ofrecida por la defensa, seg�n la cual el acusado ignoraba o desconoc�a por completo el plan delictual de los dem�s part�cipes en los hechos y su presencia en el mentado fundo rural se debi� a su oficio de conductor vehicular.

En consecuencia, si la Fiscal�a pretend�a sacar abante su hip�tesis delictiva, debi� acreditar que Garc�a Reyes no fue un simple contratista del cual se valieron los maleantes para transportar los semovientes en raz�n a su profesi�n de conductor, sino que conoc�a previamente y hab�a intervenido en la planeaci�n de la ejecuci�n de los variados il�citos, a los cuales contribuir�a a trav�s del transporte de los semovientes hurtados, sin embargo, en criterio de la Sala, subsisten serias dudas sobre el particular.

Es que, a efecto de acreditar la responsabilidad del enjuiciado en los hechos materia de juzgamiento, el ente acusador trajo al juicio al testigo Robinson Prado Ortua, quien el cinco de octubre de 2015 declar� haber sido condenado por el hurto de un ganado en hechos sucedidos el cuatro de marzo de 2014 en jurisdicci�n rural de Villavieja.

Precis� que el d�a previo a la comisi�n de los reatos, se reuni� en Neiva con Fairley, Jos� Luis Calder�n, alias �el paisa� y otro sujeto, a fin de acordar los pormenores del il�cito, quienes ya hab�an conseguido los veh�culos donde se transportar�an los semovientes, e incluso, los acompa�� a girarle $800.000.oo a Fernando para su viaje desde de Bogot�A partir de 10:34�.

A la puntual pregunta sobre a cu�l Fernando se refer�a, se�al� al acusado, quien de inmediato se identific� con su nombre completo y n�mero de identificaci�n�14:58�. Precis� que �Javier� o Fairley fue quien le gir� el dinero a Fernando, pues se conoc�an de tiempo atr�s y hab�an trabajado juntos�5:50�. Indagado el testigo sobre los asuntos tratados en ese reuni�n del tres de marzo, respondi�: �El hurto de ganado en esa finca de por all� de Villavieja��16:46�.

Adicionalmente, expres� que inicialmente se pens� en utilizar cuatro veh�culos, pero finalmente solo llegaron tres, uno de los cuales lo consigui� el se�or Calder�n, y los dem�s Fairley, quien ya hab�a contactado a Fernando para el efecto y solo estaba pendiente el env�o del dinero� 18:26�. Incluso, cuestionado acerca del precio negociado por el transporte del ganado en los camiones, precis� lo siguiente: �A tres millones de pesos, porque sab�an lo que estaban haciendo, sab�an a que se enfrentaban�� 22:28�.

De otro lado, sostuvo que el cuatro de marzo de 2014, estando ya todo organizado, Fairley y otros dos sujetos llegaron temprano a la finca a reunir el ganado, mientras �l se qued� en Neiva a la espera del arribo de los veh�culos, uno de los cuales era conducido por Fernando Garc�a, quien lleg� a eso de las 6:30 de la ma�ana, junto al cami�n del se�or Antonio, sin embargo, debi� esperar hasta las 10 de la ma�ana al conductor de la turbo, se�or Diego Tovar Adames, luego de lo cual se marcharon con destino a Villavieja�23:44�.

Precis� que �Javier� o Fairley consigui� en Florencia las gu�as para la movilizaci�n del ganado�36:16�. Narr� que, cuando hicieron presencia en la finca, ya parte del ganado estaba agrupado, sin embargo, Fairley, �el Paisa� y el mayordomo del fundo se hallaban en un potrero reuniendo el restante, por lo que estacionaron los camiones, concluyeron el arreglo del embarcadero, vali�ndose de unas tulas llenas de arena, y finalmente, cargaron los animales �38:02�.

Al ped�rsele por la Fiscal�a informara si los conductores de los veh�culos sab�an lo que estaban haciendo, esto es, que se estaba hurtando unas cabeza de ganado, el testigo respondi�: �El �nico que no sab�a era el se�or Diego Tovar Adames, era el �nico que no sab�a, el se�or Fernando s� sab�a���A partir de 43:12�. Seguidamente se le pidi� explicaciones sobre el por qu� ten�a el convencimiento que Fernando conoc�a del hurto, y contest� haber recibido tal informaci�n de labios de Fairley o Javier.

Para mejor entendimiento de lo anterior se transcribe la respuesta: �Porque el se�or Fairley o Javier nos hab�a comentado en esa reuni�n, nos hab�a dicho que �l sab�a, �l sab�a desde Bogot�, ya sab�a a qu� ven�a��A partir de 44:07�. Al indag�rsele por qu� afirmaba que Jorge Antonio Fl�rez ten�a conocimiento sobre la comisi�n del il�cito, ofreci� la siguiente aclaraci�n: �el se�or Fernando fue el que lo trajo ah�, ah� no, pues la verdad ah� si no s� c�mo, no s�, el �nico que s� que sab�a, era el se�or Fernando��44:32�.

Concret� haberse cargado primero el cami�n de Fernando, luego el de Antonio, y por �ltimo, la turbo�46:01�, luego de lo cual, �l y los choferes se marcharon, pero en el fundo qued� Fairley, �el Paisa� y otro sujeto, con la misi�n de vigilar al mayordomo y su esposa, para as� asegurarse que el ganado llegara a su destino, es decir, a Bogot�, donde ser�a vendido en un matadero clandestino �48:22�, sin embargo, cuando hab�an avanzado escasos 100 metros, fueron interceptados por una patrulla policial y detenidos una vez los gendarmes se enteraron del hurto de esos semovientes.

Refiri� que el dinero producto de la venta de los vacunos ser�a repartido en partes iguales, �entre el se�or Jos� Luis Calder�n, el se�or Fernando, el se�or Felipe, el paisa y mi persona�y el se�or Fairley��A partir de 57:01�. Preguntado acerca de si antes de ese cuatro de marzo hab�a cometido otros hurtos de ganado con las mismas personas, respondi� que lo hab�an intentado infructuosamente.

Indic� que a Jos� Luis Calder�n lo conoci� un a�o antes de los hechos, �en intentos de ir a cargar ganado en otras partes��01:00:53�, en tanto que, a Antonio Fl�rez y Diego Tovar, solo los distingui� el d�a del hurto. En cuanto a Fernando Garc�a, expres�: �No lo hab�a visto pero el se�or Fairley hablaba mucho de �l� que era muy bueno para ese trabajo, y que cargaba, y que eso era muy bueno para llevarlo a esos trabajos��A partir de 01:01:52�.

Agreg� que, mientras se llevaba a cabo la labor de cargar el ganado, Fairley siempre mantuvo en su cintura un arma de fuego, concretamente, un revolver calibre 38�01:12:31�. En relaci�n con el testimonio en comento, d�gase que en principio, a la declaraci�n rendida por Prado Ortua podr�a atribu�rsele valioso poder de persuasi�n; pues con el conocimiento y seguridad propios de quien participa activamente en un suceso, dio detallada cuenta de lo acontecido d�as previos al asalto a la Finca El Cedro, como tambi�n de lo escenificado durante y despu�s de su ejecuci�n. En general, el testigo, vali�ndose de un lenguaje locuaz, espont�neo y sencillo, adem�s de confesar su intervenci�n activa en las conductas punibles aqu� juzgadas, delat� a sus compinches, sin importarle las eventuales consecuencias adversas en su contra.

Pese a lo anterior, el testimonio en cuesti�n debe ser sopesado o valorado junto a las dem�s probanzas, especialmente de cara al testimonio de Fairley S�nchez Garc�a, quien tras invocar su oficio de comerciante de ganado, narr� que en marzo de 2014 fue contactado por Felipe o alias �Maracuya�, quien le propuso comprar un ganado producto del hurto a consumarse en la Finca El Cedro de Villavieja, contando con la anuencia o el conocimiento del respectivo mayordomo�A partir de 11:57�.

Neg� su intervenci�n en la contrataci�n o negociaci�n del transporte de los semovientes, pues fue Robinson quien le inform� que si se contrataba conductores �sabedores� del hurto, cobraban $3.000.000.oo, en cambio, si desconoc�an la procedencia il�cita del ganado, solo se les pagaba $1.600.000.oo a los camiones y $1.300.000.oo a la turbo; habi�ndose pactado contratar conductores ajenos al il�cito, �no sabedores� o no conocedores del hurto�22:40�.

Tras puntualizar sobre su arribo a tempranas horas a la Finca El Cedro a rodear o reunir el ganado junto al mayordomo y otros dos sujetos, insisti� en no haberse secuestrado a Ezequ�as y a su esposa, pues contribuyeron voluntariamente a la referida tarea. Tambi�n neg� el uso armas de fuego en los hechos�25:08�. Dijo haberse pactado en reuniones realizadas previamente a la comisi�n de los il�citos, lo atinente a que, Robinson y �El Paisa� se encargar�an de obtener los documentos para movilizar los animales�36:11�.

Tambi�n neg� que alguno de los procesados hubiera estado presente en las reuniones donde se pact� la perpetraci�n del il�cito�36:58�. Record� que para esa �poca usaba un celular cuyo n�mero era 3214528321�56:41�. A�adi� que en principio no quer�a venir hasta el Huila por el ganado, pues pod�a recibirlo en Bogot�, sin embargo, debi� venirse a esta regi�n unos cuatro o cinco d�as antes del hurto, habi�ndose quedado en un hotel�58:27� y reunido el viernes anterior a los hechos con alias �Maracuy�, y el s�bado con Robinson, a quienes no conoc�a previamente�01:03:18�.

Se atribuy� la tarea de haberles entregado el anticipo o adelanto de dinero a los conductores de los camiones, pues el d�a anterior al hurto le pidi� los datos al se�or Fernando para el respectivo giro�01:08:05�. Sobre la negociaci�n realizada con el acusado, el testigo refiri�: �Siempre quien se comunicaba con �l era Robinson, s� que fue v�a telef�nica, le ped� unos datos, eso fue en horas de la tarde, Robinson me dec�a que le diera la plata a �l, yo le dije que no, que yo mismo le colocaba la plata a los conductores��01:14:34�.

Interrogado en torno a si fue Robinson quien le suministr� el n�mero del celular del procesado, el testigo expres�: �Robinson siempre le marcaba de mi tel�fono porque �l no manten�a el tel�fono de �l�. Incluso, al pregunt�rsele si eso significaba que Robinson tuvo contacto con Fernando a trav�s del celular 3214528321, respondi� afirmativamente�01:15:16�.

Declar� no recordar con precisi�n cu�nto dinero le gir� a Fernando, pero dijo que al parecer fueron $600.000.oo, en tanto que, al conductor de la turbo, quien lleg� a la finca con Jos� Luis Calder�n, le adelant� $200.000.oo�01:16:40�. Reiter� no conocer previamente a Jos� Luis, pero antes de los hechos Robinson us� su celular para comunicarse con �l�01:24:37�.

Enfatiz� haberse convenido que se contratar�an dos camiones por $1.600.000.oo cada uno y la turbo por $1.300.000.oo�01:28:19�. Indagado sobre si los choferes ten�an conocimiento previo sobre la il�cita procedencia del ganado, esto es, que era producto de un hurto, respondi� negativamente. Neg� haber tenido en sus manos las gu�as para la movilizaci�n de los semovientes�02:09:33� y asegur� que s�lo le prest� el celular a Robinson unos d�as antes del hurto�02:13:14�.

Al pregunt�rsele si conoc�a a Garc�a Reyes antes de los hechos materia del proceso, respondi� negativamente, e incluso, puntualiz� que tuvo contacto con �l a trav�s de Robinson�02:14:32�. Agreg� que solo vio a Fernando hasta el d�a del cargue del ganado, pero casi no interactuaron porque estaba muy ocupado�02:15:52�. Indagado sobre si el acusado Luis Fernando ten�a conocimiento que el ganado era producto de un hurto, ofreci� la siguiente respuesta: �No se�or��02:17:40�.

Adem�s, a la pregunta formulada sobre desde cu�ndo Robinson ten�a comunicaci�n con Fernando, contest�: �Sinceramente s� que estuvieron en comunicaci�n Robinson y �l para un viaje, pero no me acuerdo espec�ficamente que d�a se concret� el negocio� �02:20:18�. Dest�quese que, dada las inocultables contradicciones torales entre los testimonios de Prado Ortua y S�nchez Garc�a, se impone la valoraci�n detallada y celosa de este par de probanzas; pues trat�ndose de lo depuesto por personas juzgadas por los mismos hechos, y por ende, provistos de natural inter�s en las resultas del proceso, entendible resultar�a el deseo de variar, ocultar o adicionar determinadas circunstancias modales a los acontecimientos realmente acaecidos.

Obs�rvese que Prado Ortua y S�nchez Garc�a coincidieron en lo relativo a la participaci�n de Garc�a Reyes en los hechos juzgados, pero mientras el primero asegur� que el acusado ten�a pleno conocimiento de la comisi�n del hurto del ganado y compart�a el plan criminal trazado para el efecto, Fairley neg� todo v�nculo del procesado con los il�citos cometidos el d�a de marras, al punto de expresar que solo fue contratado para transportar el ganado, pero sin haber tenido ninguna informaci�n sobre su il�cita procedencia. A fin de superar la anterior disyuntiva, d�gase que ciertos apartes del testimonio de Prado Ortua, en lugar de evidenciar el actuar doloso del encartado, producen seria incertidumbre sobre el particular.

Por ejemplo, relat� que el tres de marzo de 2014, esto es, un d�a antes a la perpetraci�n del asalto a la finca, se llev� a cabo una reuni�n con los dem�s part�cipes del delito planeado a efectos de coordinar el apoderamiento del ganado en zona rural de Villavieja, a la cual, adem�s de �l, asistieron Fairley, �el paisa� y otro sujeto, sin embargo, nada ilustr� sobre por qu� si el acusado estaba cohonestado con esos sujetos y junto a ellos ten�a pleno dominio del plan delictivo, no acudi� a la reuni�n a discutir y afinar los pormenores del acuerdo antisocial, como s� lo hicieron los dem�s part�cipes, pese a que, por ejemplo, Fairey resid�a igualmente en Bogot�.

Adem�s, si seg�n lo declar� Prado Ort�a, Luis Fernando Garc�a Reyes participar�a equitativamente de las utilidades producto de la venta del ganado il�citamente sustra�do, no tendr�a mayor explicaci�n razonable lo dicho en torno a que tambi�n le pagar�an $3.000.000.oo por transportarlo; pues si su rol o aporte al fin delictual propuesto, consist�a en cumplir esa concreta actividad, no resultar�a entendible que recibiera un pago a cambio de la misma y simult�neamente obtuviese parte de las ganancias conseguidas tras cumplir el plan criminal.

En otras palabras, si en verdad Garc�a Reyes era coautor y en la divisi�n de tareas deb�a transportar parte de los bienes objeto de il�cito, no tendr�a por qu� haber obtenido un pago anticipado a la repartici�n de las eventuales ganancias en igualdad de condiciones a sus compa�eros de fechor�as. Tambi�n se advierte curioso, por decir lo menos, que si Garc�a Reyes y Prado Ortua fueron coautores de las conductas punibles cometidas el cuatro de marzo de 2014, �ste �ltimo nunca lo hubiese observado ni entablado conversaci�n con �l, y solo supiera de su participaci�n en el asalto de marras, por voces o comentarios de Fairley S�nchez, menos si Padro Ortua asegur� haber intentado en pret�rita ocasi�n cometer id�ntico delito junto a los procesados.

Las anteriores inconsistencias en el testimonio de Prado Ortua, dejan en serio entredicho y duda la alegada participaci�n consicente del encartado en los hechos punibles materia de proceso. Esta perplejidad la agiganta la circunstancia de no haber podido este declarante dar cuenta personal y directa del presunto actuar doloso del enjuiciado; pues la informaci�n sobre la intervenci�n del acusado a t�tulo de coautor del hurto del ganado y dem�s il�citos, la obtuvo de labios del Fairley, quien le dijo que Garc�a Reyes sab�a del il�cito a perpetrarse y era bueno cargando y transportando ganado.

Bajo tales condiciones, lo dicho por Prado Ortua acerca del conocimiento y de la participaci�n del acusado en los il�citos aqu� debatidos, no pasa de ser una prueba de referencia, la cual resulta insuficiente para fundamentar un fallo condenatorio, seg�n previsi�n del inciso final del art�culo 381 del C�digo de Procedimiento Penal. Por lo tanto, si el testimonio de Prado Ortua es prueba de referencia del conocimiento y voluntad del encartado de cometer los delitos materia de acusaci�n, y si la misma es insuficiente para derruir la presunci�n de inocencia del procesado, lo correcto habr�a sido constatar si quien transmiti� la presunta informaci�n al testigo de o�das, la sostuvo.

Sobre el asunto, obs�rvese que, seg�n se destac� en p�rrafos anteriores, Fairley S�nchez Garc�a neg� que Luis Fernando Garc�a Reyes hubiese tenido conocimiento previo de la proyectada comisi�n de los il�citos de marras, e incluso, enfatiz� haberse pactado con Robinson que los conductores de los camiones no sabr�an del hurto del ganado y por ello solo se les pagar�a $1.600.000.oo. a cada uno. Es decir, si a Prado Ortua no le consta personalmente si el enjuiciado conoc�a del hurto planeado, menos si iba a contribuir en su ejecuci�n, pues esa informaci�n se la suministr� Fairley; y si �ste �ltimo tajantemente lo desminti�, al punto de negar la intervenci�n consciente de Luis Fernando en el transporte de un ganado de il�cita procedencia, debilitado en grado sumo quedar�a la alegada participaci�n dolosa del acusado en las conductas punibles juzgadas, pues se reitera, la fiscal�a no logr� despejar la duda razonables en torno a si el encartado ten�a conocimiento previo de los hechos constitutivos de las infracciones t�picas a ser cometidas y quer�a su ejecuci�n. De otro lado, dest�quese que ni siquiera Jorge Antonio Fl�rez Parra, imputado inicialmente en estos mismos hechos, pero absuelto a petici�n de la propia Fiscal�a, se�al� a Luis Fernando Garc�a Reyes de haber conocido y patrocinado los il�citos en comento; pues tras manifestar que reside en Soacha y hace 30 a�os es conductor de cami�n, expres� que el procesado, a quien conoce de toda la vida, lo contact� para cargar un ganado, trabajo por el que pagar�an $1.600.000.oo, habi�ndole entregado $390.000.oo en Soacha y $300.000.oo en Villavieja�A partir de 06:42�.

Al pregunt�rsele a este testigo si Fernando le coment� qui�n los contrataba, el testigo respondi�: ��l me dijo que lo contrataba un se�or llamado Javier, yo le pregunt� que si lo conoc�a y �l me dijo que era una persona seria, honorable, de San Vicente del Cagu�n�, y como confiaba en Fernando, no indag� m�s sobre el asunto. Explic� que Fernando conduc�a el carro de su padre Roberto Fl�rez, mientras �l manejaba su propio veh�culo�10:49�.

Asegur� que mientras estaba amarrando su cami�n y alist�ndose para salir de la finca, Fernando le entreg� $300.000.oo y le dej� las gu�as del ganado en un asiento del carro�13:48�. Indagado acerca de si ley� las gu�as, respondi� negativamente, pues su veh�culo fue el �ltimo en cargarse y una vez estuvo listo, tuvo que empezar a conducir, momento cuando se dio su detenci�n por la Polic�a. Asegur� haberle realizado m�ltiples reproches y reclamos a Fernando por haberle indicado que conoc�a a quien los contrataba, al punto que ya no se hablan�14:57�.

Neg� haberse percatado sobre quien dirig�a la labor de cargue del ganado, pues su veh�culo fue el �ltimo en cargarse y esper� su turno distanciado de los dem�s conductores�16:23�. Tambi�n neg� haber visto a personas secuestradas o retenidas en la finca ese d�a. Enfatiz� que solo se dio cuenta de la il�cita procedencia del ganado, una vez fue detenido por los policiales.

Neg� conocer a los dem�s implicados en el il�cito de marras�19:55�. Admiti� que el tres de marzo de 2014, Fernando le pas� el tel�fono para que hablara con el se�or Javier, a quien le suministr� sus datos y los de su veh�culo�21:37�. Reiter� que en Soacha recibi� como adelanto la suma $400.000.oo, menos el descuento del giro, cantidad girada a Fernando por el contratante.

Explic� que ese tres de marzo, Fernando lleg� a la casa de su padre en Soacha, le coment� que hab�an salido dos viajes y le inform� cu�nto pagaban, por lo que decidi� viajar, siempre y cuando el contratante pagara anticipo, pues solo as� el negocio le causar�a confianza �25:39�. Tild� a Luis Fernando de mentiroso, pues si a �l no sab�a qui�n era Javier, no ten�a por qu� haberle asegurado tratarse de una persona seria�34:38�.

Dio cuenta de la condici�n de transportador de mercanc�a del se�or Luis Fernando, sin embargo, hizo notar que hac�a aproximadamente un a�o hab�an empezado en forma espor�dica a cargar ganado�36:12�. Refiri� que una vez se cumpliera la tarea contratada, o sea, movilizar o transportar los semovientes, se recibir�a el saldo pendiente�40:55�.

De otro lado, manifest� que, mientras permanec�a recluido en la c�rcel, el se�or Fernando le admiti� que no conoc�a bien a sus contratantes�42:27�. Corrobor� lo dicho por Fernando sobre el itinerario seguido por los conductores una vez llegaron a Neiva y se dirigieron hacia Villavieja en asocio de Robinson luego de arribar el tercer cami�n�44:26�.

Neg� haber observado cualquier clase de amas de fuego en la finca el Cedro de Villavieja. Igualmente, neg� haber transportado el ganado bajo presi�n o amenazas�01:07:39�. En cuanto al testimonio en estudio, d�gase que si bien corresponde a la versi�n de uno de los procesados, respecto de quien tambi�n podr�a inferirse le presencia de inter�s en las resultas del proceso, el mismo merece representativa credibilidad; pues en forma sencilla, espont�nea, razonada y veros�mil, el deponente Fl�rez Parra dio di�fana cuenta del negocio propuesto por su compa�ero Garc�a Reyes, el precio pactado por el transporte a realizarse entre Villavieja y Bogot�, el giro de dinero a t�tulo de anticipo por la persona que contact� al acusado, el di�logo sostenido v�a telef�nica con el contratante a efectos de suministrarle sus datos, el encuentro en Neiva con Robinson y los ocupantes del tercer cami�n y la aparente normalidad percibida el d�a de autos en la Finca El Cedro, una vez arrib� con los dem�s transportadores a cargar el ganado.

Adem�s, sin evidenciarse �nimo de ocultar informaci�n o inter�s desmesurado por salir bien librado del proceso, Fl�rez Parra termin� por confirmar ciertos asuntos del testimonio de Fairley S�nchez Garc�a y Luis Fernando Garc�a, entre ellos, el atinente al precio a pagarse por el transporte del ganado, esto es, $1.600.000.oo. Igualmente, el testimonio revela con nitidez que la pr�ctica de contratar el servicio de transporte de carga a trav�s de celular, es usual en el gremio transportador, como tambi�n el pedir adelanto o anticipo de dinero a fin de concretar los negocios.

Por �ltimo, esta prueba dej� al descubierto que, siempre y cuando se d� un anticipo, los transportadores no encuentran obst�culo para desplazarse de improvisto a cualquier zona del territorio patrio a prestar sus servicios. Las anteriores circunstancias reforzar�an a�n m�s la hip�tesis propuesta por la defensa, seg�n la cual, Luis Fernando Garc�a Reyes fue contratado por los maleantes para que les transportara un ganado, cuyo origen il�cito desconoc�a por completo.

Ahora, si bien Fl�rez Parra refiri� que al preguntarle a Garc�a Reyes sobre qui�n los contrataba, �ste le respondi� tratarse de una persona seria del municipio de San Vicente del Cagu�n; esa sola expresi�n no permite inferir que el procesado conoc�a a los asaltantes, menos que compart�a su plan criminal y estaba dispuesto a aportar a su ejecuci�n mediante el traslado de los bovinos materia de hurto; pues esa manifestaci�n bien pudo ser un artificio del cual se vali� para motivarlo o animarlo a aceptar la mentada oferta de trabajo y as� evitar su colega desistiera de la misma y terminara frustr�ndose la ganancia econ�mica que obtendr�a, o podr�a ser indicativa de todo lo contrario, es decir, el trato previo entre el procesado con uno de los asaltantes, circunstancia reveladora de su mendacidad, la cual incluso tampoco ser�a suficiente para deducirse su coparticipaci�n en la comisi�n del hurto del ganado.

Es decir, si esta particular situaci�n tiene al menos dos explicaciones medianamente razonables, una exculpatoria, y otra incriminatoria, se estar�a en presencia de una duda o incertidumbre en torno a si en verdad el enjuiciado conoc�a de antemano a los dem�s maleantes, y por ende, intervino dolosamente en la perpetraci�n de los hechos juzgados.

En lo relacionado con el testimonio rendido por el acusado Luis Fernando Garc�a Reyes, d�gase que el mismo luego de indicar que vive en Soacha y labora desde hace 15 a�os como transportador de mercanc�a al servicio de diversas empresas, sostuvo que generalmente es contratado a trav�s de celular y mediante comisionistas, conocidos o extra�os�05:23�.

Narr� que a eso de las 8:00 de la ma�ana del tres de marzo de 2014, ingres� a su celular una llamada de un n�mero desconocido, y al contestar, un sujeto se identific� como Javier y le manifest� que ten�a un viaje para el d�a siguiente a un sitio ubicado a hora y media de camino de la ciudad de Neiva y necesitaba de sus servicios para transportar un ganado, ante lo cual le contest� que por ese trabajo cobraba $1.600.000.oo, por lo que su interlocutor qued� en llamarlo m�s tarde a concretar la negociaci�n�11:29�.

Agreg� que unos 15 minutos despu�s el se�or Javier lo llam� y acept� pagarle el precio pedido, se pact� el pago de un anticipo por valor de $400.000.o y se suministraron sus datos personales y los del veh�culo a fin de tramitar los documentos de rigor. Precis� que para esa �poca manejaba un cami�n de propiedad de Jos� Fl�rez, padre de Jorge Antonio Fl�rez�15:47�.

Testific� haber sido interrogado por Javier acerca de si conoc�a a alg�n otro conductor que pudiera ayudarle con otro viaje, ante lo cual le pidi� un tiempo para averiguar, y luego de terminar la llamada se dirigi� a un parqueadero pero no encontr� a nadie disponible, luego acudi� a casa de Antonio Fl�rez y le hizo el comentario del trabajo, y estando junto a �l, recibi� nueva llamada de Javier, ocasi�n aprovechada para pasarle al tel�fono a Antonio, quien le dio sus datos y los del respectivo veh�culo.

Agreg� que, cumplido lo anterior, convers� nuevamente con Javier y le pidi� un anticipo para su compa�ero, comprometi�ndose aquel a girarles $800.000.oo. M�s tarde, esto es, entre las 12:30 y 1:00 de la tarde, Javier lo llam� a su celular y le inform� que ya hab�a girado el dinero, habi�ndole pedido en ese momento que al cargar el ganado le entregara $300.000.oo m�s por cada carro, pues con lo enviado no pod�a hacer todo el viaje, y finalmente, fue con Antonio hasta la empresa de giros y retir� el dinero�16:21�.

Relat� que, a eso de las ocho de la noche sali� de su casa, se reuni� de nuevo con Jorge Antonio, llam� a Javier a confirmarle que iban de camino, se detuvo junto a su compa�ero en el peaje El Pat�, donde descansaron hasta las 5:00 de la ma�ana, y dos horas despu�s llegaron a la glorieta del terminal de Neiva, desde donde llam� al n�mero de Javier y le inform� que hab�an arribado, respondi�ndole el contratante que ya enviaba al se�or que lo acompa�ar�a durante el viaje.

Adicion� que luego fue contactado v�a celular por el sujeto enviado por Javier, quien lleg� hasta el sitio donde estaban los camiones, se present� como Robinson y le indic� que deb�an esperar para salir. Precis� que a eso de las nueve de la ma�ana Robinson le indic� se dirigiera por la salida a Bogot�, pero se detuvieron cerca al cementerio central, donde tambi�n esper� durante lapso prologando junto a Antonio Fl�rez.

Adujo que una vez lleg� el tercer veh�culo al lugar, Robinson se subi� a su cami�n y ah� s� emprendieron la marcha�22:05�. Destac� que a la finca llegaron entre 11:30 y 12:00 del d�a, ocasi�n cuando le pregunt� a Robinson qui�n era Javier, habi�ndole se�alado a un se�or que estaba en los corrales. Indic� que Robinson se baj� del cami�n, mientras �l se qued� en la cabina, luego revis� el carro, vio a una mujer que lo salud� y a un ni�o jugando en el patio de la casa, y finalmente, cuando se lo ordenaron, estacion� el veh�culo en el embarcadero y ayud� a cargar el ganado.

Afirm� que Javier le pregunt� cu�l era su nombre, y una vez le respondi� que se llamaba Fernando Garc�a, recibi� de su manos los documentos y los $300.000.oo acordados, pidi�ndole se marchara, pero le respondi� que esperar�a a su compa�ero Antonio, e incluso, como este �ltimo estaba cargando el ganado, le pidi� sus documentos y la parte del dinero, habi�ndoselos entregado Javier.

Sucedido lo anterior, relat� que guard� sus papeles en el carro, le entreg� a Antonio la parte que le correspond�a, le puso los documentos en un lugar visible de la cabina de su cami�n, le recibi� agua a la se�ora de la casa y fue el primero en salir de la finca, pero cuando hab�a avanzado unos 800 metros, fue interceptado por unos policiales, quienes le pidieron exhibiera sus documentos y los de la carga y lo indagaron sobre la procedencia del ganado, por lo que les facilit� los documentos y les inform� que acaba de sacar los animales de una finca, sin embargo, lo hicieron devolver al fundo y le indicaron que los semovientes eran hurtados, y pese a las explicaciones ofrecidas, fue detenido.

Adem�s, dijo haberle comentado a un polic�a que un sujeto le hab�a pagado por el viaje, quien le permiti� llamarlo al celular, sin obtener comunicaci�n por cuanto la llamada se iba a buz�n de voz�45:00�. A la puntual pregunta en torno a si conoc�a a las dem�s personas que fueron detenidas ese d�a a ra�z del hurto del ganado, contest� que solo distingue a Antonio Fl�rez, por mantener una vieja amistad�57:13�.

Contrainterrogado por la Fiscal�a sobre el recorrido realizado desde Neiva hasta Villavieja en compa��a de Robinson y los dem�s conductores, neg� conocer bien esta capital, pero narr� que, cuando iban por el aeropuerto, Robinson le indic� que estaba perdido y le pidi� le regalara minutos para llamar al conductor del tercer veh�culo, con quien se comunicaron y le pidieron hacerse adelante para poder seguirlo�01:32:45�.

Asegur� que el primer veh�culo en llegar a la finca fue la turbo�01:38:20�. Se�al� a Javier de haber sido quien lo enga�� desde el principio, pues posteriormente supo que respond�a al nombre de Fairley. Adem�s, afirm� que el sujeto observado en los corrales de la finca fue el mismo que testific� bajo el nombre de Fairley�01:40:07�. Neg� haber le�do los documentos de movilizaci�n de los animales, pues se confi�, dado que durante el viaje iba una persona encargada de los semovientes�01:51:24�.

Decl�rese no resultar irrazonable o inveros�mil el testimonio de Luis Fernando Garc�a Reyes, como tampoco artificioso, exagerado o fantasioso lo medular de su relato; pues dio cuenta de pr�cticas comunes y ordinarias en el gremio transportador, especialmente de ganado vacuno. Obs�rvese que el procesado brind� explicaci�n comprensible sobre por qu� acept� la propuesta telef�nica de prestar el servicio de transporte requerido por un sujeto que se identific� como Javier, pero a la postre result� ser un sujeto de nombre Fairley, quien habilidosamente lo convenci� de trasladarse desde Bogot� hasta Villavieja a movilizar un ganado, habi�ndole girado el respectivo anticipo a fin de ganar su confianza y lograr que emprendiera en el acto su viaje.

Este concreto relato fue confirmado parcialmente por el propio Fairley, e incluso por Jorge Antonio, quienes admitieron lo relativo al giro del dinero y su posterior recibo. Adicionalmente, d�gase que si Jorge Antonio neg� haber le�do las gu�as del ganado, donde se consign� que los semovientes proven�an de Florencia, no ser�a inveros�mil que Garc�a Reyes tampoco las hubiese revisado en detalle, y por ende, es probable la inadvertencia de la irregularidad all� consignada sobre el lugar de origen de los bovinos, y que mantuviera la seria convicci�n que el transporte del ganado era una actividad l�cita.

Incluso, si Robinson era el encargado de acompa�ar a los transportadores en el viaje, tal situaci�n pudo en verdad generarle confianza a Garc�a Reyes, al punto de abstenerse de revisar que los documentos del ganado estuvieran en orden, m�xime si seg�n sus dichos, las gu�as las recibi� cuando ya se aprestaban a salir del fundo. La Sala no desconoce que en ciertos aspectos de los testimonios de Fairley S�nchez, Robinson Prado y Fernando Garc�a existe disparidad; pues por ejemplo, este �ltimo asegur� que un sujeto que se anunci� como Javier, lo llam� para contratar el servicio de transporte, sin embargo, mientras Robinson indic� que Fairley consigui� los camiones, �ste �ltimo refiri� haber sido Robinson quien se ocup� de esa labor a trav�s de su celular 3214528321.

Pese a lo anterior, el an�lisis link del investigador Alberth Mauricio Ibarguen a la l�nea celular de Garc�a Reyes, revela que antes del cuatro de marzo de 2014, no salieron ni ingresaron llamadas del celular que Fairley admiti� usar para esa �poca, como tampoco del abonado celular de Robinson. En cambio, esta misma probanza evidencia que d�as previos a los hechos, el celular usado por Garc�a Reyes recibi� llamadas del abonado celular No 3142498421�cuyo usuario se desconoce y no fue analizado�, de donde igualmente sal�an llamadas al celular No 3203008707, portado por Jos� Luis Calder�n, y al 3144455915, utilizado por Robinson Prado Ortua.

Lo anterior permite deducir que, tanto la tesis de Robinson como la de Fairley, sobre el origen de las llamadas efectuadas al procesado, estar�a en situaci�n de total perplejidad o incertidumbre; pues se reitera, desde los tel�fonos celulares sometidos a rastreo y an�lisis link y usados antes de la fecha de autos por las dos personas en comento, no se entabl� ninguna comunicaci�n con el acusado Garc�a Reyes.

Pese a todo ello, no podr�a descartarse a plenitud que Robinson y Farley se hubiesen comunicado v�a celular con Garc�a Reyes a trav�s de la desconocida l�nea N� 3142498421, por cuanto de la misma salieron llamadas al tel�fono del acusado, de Robinson y de Jos� Luis, lo cual permitir�a inferir la posibilidad de haberse tratado de otra l�nea telef�nica usada por Fairley, desde donde �l o Robinson, haci�ndose pasar por Javier, contactaron al enjuiciado.

En todo caso, pese a que las referidas inconsistencias impiden dilucidar qui�n contact� y contrat� al procesado para el transporte de los semovientes, pues Fairley y Robinson se hicieron se�alamientos mutuos y la prueba t�cnica no permite superar la duda sobre el particular, esta vacilaci�n no podr�a ser usada v�lidamente a efectos de derivarle consecuencias probatorias adversas al acusado; ya que de un lado, no se prob� que el procesado mintiera sobre qui�n lo contact�, por cuanto jam�s indic� el n�mero del celular del cual lo llam� alias �Javier� para ofrecerle el contrato de transporte de ganado, y de otro, la imposibilidad de la defensa de acreditar su hip�tesis, no trae como inexorable consecuencia la prosperidad de la tesis contraria, menos si la carga de la prueba recae en el ente acusador.

Recu�rdese que en un caso con cierta similitud al aqu� estudiado, donde qued� en evidencia la falta de credibilidad del principal testigo de descargo, esa Corporaci�n ofreci� la siguiente ilustraci�n: �La Sala comparte los argumentos del Juzgado y el Tribunal en torno a la credibilidad de este testigo, porque su versi�n sobre el hallazgo casual de los elementos b�licos (la subametralladora, el supresor de sonido, el cargador y las municiones) es tan inveros�mil como la explicaci�n consistente en que, sin saber usarlos, los portaba para defenderse.

Sin embargo, el hecho de que se descarte este testimonio, que sirve de sustento a una tesis contraria a la de la Fiscal�a, no implica que esta (la premisa f�ctica de la acusaci�n) se deba dar por probada. Lo anterior por varias razones: En primer t�rmino, el derecho a la presunci�n de inocencia, seg�n se anot� en el numeral 6.2, tiene entre sus principales implicaciones la radicaci�n de la carga de la prueba en cabeza de la Fiscal�a General de la Naci�n. Por tanto, el hecho de que una hip�tesis planteada por la defensa no encuentre respaldo en una de las pruebas propuestas para tales efectos, no implica que, autom�ticamente, se pueda tener por cierta la tesis contraria (la de la acusaci�n), sin que se haya ofrecido suficiente evidencia para sustentarla.

Un argumento en tal sentido podr�a encajar en una de las modalidades de la falacia ad ignorantiam�. Por otra parte, expr�sese que el a quo afianz� la responsabilidad penal del encartado en el hecho de haberse probado que Garc�a Reyes intercambi� llamadas el d�a de autos con los celulares de los tambi�n implicados Robisnon, Jos� Luis y Diego Mauricio; sin embargo, el fallador no tuvo en cuenta las explicaciones brindadas sobre el particular por el acusado, quien de un lado, admiti� que una vez lleg� a esta capital le inform� a Javier de su arribo y �ste le prometi� enviar a la persona encargada de guiarlo en el viaje, habiendo recibido una llamada de Robinson a efectos de poder encontrarse para emprender la marcha; y de otro, asegur� que una vez arrancaron camino, Robinson le dijo que estaba perdido, raz�n por la cual prest� su celular para llamar a los ocupantes de la turbo para que tomaran la delantera, ya que uno de ellos s� conoc�a Neiva.

Lo anterior justificar�a por qu� el an�lisis link efectuado por el investigador Alberth Mauricio Ibarguen a los celulares de los implicados, arroj� la existencia de una comunicaci�n a las 6:45, entre los abonados usados por Robinson y Luis Fernando, dos llamadas salientes del tel�fono del acusado al celular de Jos� Luis Calder�n, a las 9:39 y 10:37 de la ma�ana de ese d�a, una llamada saliente del celular de Jos� Luis al del enjuiciado a la 10:01 a.m. y una llamada saliente del tel�fono de Diego Mauricio al del encartado a las 10:02 de la ma�ana, todas de duraci�n inferior al minuto.

As� mismo, tal y como lo sugiri� la defensa, el a quo tampoco tuvo en cuenta la actitud asumida por Garc�a Reyes una vez fue detenido por las autoridades transportando en su cami�n parte del ganado hurtado, aspecto este que favorec�a la hip�tesis de la defensa; pues seg�n lo narr� el policial Cristian Ernesto Corso Pinz�n, quien intercept� y detuvo al procesado, Luis Fernando le relat� que acaban de cargar el ganado en una finca cercana y se mostr� tranquilo durante el procedimiento�34:22 y 01:11:29�.

Incluso, contrainterrogado por la defensa sobre lo dicho por el procesado al momento de su aprehensi�n, el policial manifest� que el reci�n detenido le dijo �que acabada de cargar el ganado en la finca de atr�s y que ah� ten�a la gu�a��01:13:53�. Es decir, si Luis Fernando guard� cierta tranquilidad al ser abordado por el gendarme, si le confes� que reci�n se hab�a cargado el ganado en los camiones en una finca cercana, si con miras a probar la l�cita procedencia de los semovientes, espont�neamente le exhibi� la gu�a al policial y si el encartado no dio muestras de exaltaci�n durante el procedimiento de captura; razonable es concluir que esa tranquilidad y despreocupaci�n del enjuiciado en el tr�mite policial de marras, pudo obedecer a su desconocimiento del irregular apoderamiento de los semovientes y su conciencia de estar prestando el servicio para el cual hab�a sido contratado.

No puede perderse de vista que, pese a que en principio, solo a los peritos se les permite en el juicio emitir opiniones, en la providencia arriba citada, la Corte Suprema de Justicia admiti� que �existen aspectos de alto inter�s para la administraci�n de justicia, de los que suelen ocuparse los ciudadanos en las conversaciones cotidianas y que, ordinariamente, dan lugar a la emisi�n de opiniones espont�neas, como es el caso de los estados de �nimo, el �nerviosismo� y otros aspectos comportamentales�; inferencias que �pueden ser determinantes para decidir sobre la responsabilidad penal, especialmente cuando se trata de demostrar los elementos estructurales del dolo y, en general, los fen�menos mentales que no pueden ser percibidos directamente por los sentidos�.

Por consiguiente, si Luis Fernando Garc�a Reyes no se turb� a ra�z de la inesperada presencia policial, se mantuvo dispuesto a brindar las explicaciones del caso en cuanto a la procedencia del ganado y sin temor alguno les mostr� a los uniformados los documentos donde se registraba que los semovientes proven�an de Florencia, no de Villavieja; plausible resulta colegir su ajenidad en el plan criminal dise�ado con suficiente antelaci�n por Fairley, Robinson y los dem�s sujetos.

En resumidas cuentas, la posible coparticipaci�n delictual del procesado en los hechos objeto de juicio est� respaldada en las siguientes circunstancias: i) Haber sido sorprendido el acusado transportando el ganado hurtado junto a otros dos conductores, seg�n se prob� con el testimonio de los agentes captores y la confesi�n del acusado. ii) Haber accedido Luis Fernando a transportar los animales previamente hurtados, pese a las inconsistencias en las gu�as entregadas por alias �Javier�. iii) Lo referido por Fairley S�nchez Garc�a a Robinson Prado Ortua, en el sentido del conocimiento previo de los il�citos por parte de Garc�a Reyes. iv) La manifestaci�n de Prado Ortua de haberse convenido la repartici�n igualitaria del dinero producto de la venta de ganado, entre �l, sus dem�s compa�eros de fechor�a y Garc�a Reyes v) El cruce de llamadas telef�nicas realizadas el cuatro de marzo de 2014 entre los celulares de Luis Fernando, Robinson y Diego Mauricio.

Ahora, los anteriores factores adversos al enjuiciado se aten�an por las siguientes razones: i) La prestaci�n del servicio de transporte de carga al cual se dedica el procesado, exige, l�gicamente, su presencia en el lugar donde est�n los bienes a ser transportados, como tambi�n, la carga de los mismos en su veh�culo. ii) Si bien la informaci�n consignada en las gu�as le permit�a al procesado inferir la existencia de alguna irregularidad con el transporte contratado, pues en las mismas se afirmaba que los semovientes proven�an de Florencia, pero el cargue se estaba efectuando en una finca de Villavieja; esta situaci�n pudo pasar inadvertida para Garc�a Reyes, pues atendiendo su relato sobre el particular�no desvirtuado por ninguna probanza�, la documentaci�n solo la recibi� cuando ya se dispon�an a salir con el ganado de la finca, circunstancia modal que le impidi� revisarla.

Adem�s, como siempre estuvo acompa�ado en el veh�culo del encargado del acarreo del ganado, es decir, Robinson Prado, es plausible deducir veracidad en su manifestaci�n de haberse confiado y por ello no haberse detenido en revisar esas gu�as. iii) La afirmaci�n de Robinson en sentido de haber tenido Garc�a Reyes pleno conocimiento del hurto de ganado a ser perpetrado, es prueba de referencia; pues esta manifestaci�n supuestamente la escuch� de labios de Fairley, sin embargo, este testigo si bien nunca fue interrogado sobre dicho puntual asunto, s� neg� enf�ticamente la participaci�n de aquel en el reato, es decir, la Fiscal�a no demostr� si en verdad Fairley hizo o no tal aseveraci�n, menos que su contenido fuera cierto, ya que Fairley neg� que el procesado fuera su socio en el hurto de marras. iv) Lo dicho por Prado Ortua en torno a haberse pactado la divisi�n en partes iguales del dinero producto de la venta il�cita del ganado, no resulta del todo cre�ble; pues de un lado, Garc�a Reyes no estuvo presente en las reuniones donde se acordaron los pormenores del il�cito, lo cual en principio no es propio de un coautor, y de otro, si el encartado ten�a participaci�n en las utilidades del delito, no se explica por qu� el mismo Prado Ortua refiri� haberse acordado pagarle $3.000.000.oo por su trabajo, como si se tratara de un ajeno y simple contratista. v) A�n con cierta reserva, es posible explicar las llamadas v�a celular sostenidas por Garc�a Reyes con Robinson, Jos� Luis y Diego Mauricio el d�a de los hechos, pues si los tres camiones donde ellos se movilizaban iban en caravana, bien pudo ser necesario entablar comunicaci�n con sus choferes para fines log�sticos, seg�n lo explicara el encartado vi) La serenidad y �nimo de colaboraci�n del procesado durante el actuar de los agentes captores, robustece a�n m�s su ajenidad en los delitos objeto de acusaci�n. Enfat�cese que lo antes declarado no equivale a la demostraci�n plena de la inocencia de Garc�a Reyes en los delitos en debate, pero lo cierto es que el an�lisis cr�tico y en conjunto de las probanzas, si bien respalda parcialmente la hip�tesis de la Fiscal�a, tambi�n torna viable la versi�n ofrecida por la defensa a fin de explicar el actuar del acusado, lo cual ocasiona un estado de incertidumbre, frente al cual lo m�s sensato es atender la previsi�n del inciso 2� del art�culo 7� del C�digo de Procedimiento Penal y 29 de la Constituci�n Pol�tica y resolver esa duda o vacilaci�n a favor reo, absolvi�ndolo no solo respecto del actuar doloso en delito contra el patrimonio econ�mico, sino en relaci�n con los dem�s il�citos.

Lo anterior puesto que, si no se despej� la perplejidad en cuanto a la presunta intervenci�n dolosa de Garc�a Reyes en la sustracci�n del ganado, si las v�ctimas del secuestro simple negaron que el acusado las hubiera amenazado o retenido en la Finca El Cedro, si solo lo vieron durante el cargue del ganado, y si el mayordomo y su esposa nunca fueron amordazados o amedrentados en presencia suya; mal podr�a asegurarse que Luis Fernando brind� aporte deliberado en la comisi�n del punible de secuestro, conoci� de su ejecuci�n o asumi� ese resultado como parte de su intervenci�n en el plan dise�ado para la sustracci�n del ganado, es decir, imposible resultar�a atribuirle responsabilidad a t�tulo de coautor en el delito contra la libertad personal.

Adem�s, si ninguna de las v�ctimas se�al� a Garc�a Reyes de haber exhibido o portado arma de fuego en la escena de los hechos, y si la Polic�a no incaut� ning�n elemento b�lico ese d�a, ni hay prueba sobre la aptitud del artefacto b�lico usado por Fairley; tampoco podr�a colegirse que el procesado incurri� en delito de fabricaci�n, tr�fico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones, menos si Robinson refiri� que mientras permanecieron en la finca los trasportadores, Fairley nunca utiliz� el arma, limit�ndose a cargarla en su cintura, lo que permite deducir que probablemente Garc�a Reyes ni quiera la observ�.

Recu�rdese que seg�n lo prev� el inciso 2� del art�culo 29 del C�digo Penal, �Son coautores los que, mediando un acuerdo com�n, act�an con divisi�n del trabajo criminal, atendiendo la importancia del aporte�. Sobre el tema, la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia ha ofrecido la siguiente ilustraci�n: ��para que una persona pueda ser considerada coautora de un delito, no s�lo se exige su voluntad incondicional de realizarlo, sino tambi�n su contribuci�n objetiva, es decir, la importancia de su aporte en la fase ejecutiva, pues ello es lo que en �ltimas determina el llamado �codominio del hecho�, entendiendo como �hecho� el proceso causal que con la conducta se pone en marcha.

Precisamente, como lo recuerda el Procurador Delegado en su concepto, de acuerdo con la llamada �teor�a del dominio del hecho�,�es autor aqu�l que se encuentra en capacidad �( ) de continuar, detener o interrumpir, por su comportamiento, la realizaci�n del tipo� . Por lo tanto, cuando son varios los sujetos que preacordados concurren a la realizaci�n de la conducta antijur�dica, para que el aporte configure coautor�a se requiere que sea esencial, y que se materialice durante la ejecuci�n t�pica.

De all� que s�lo quien domina el hecho puede ser tenido como autor; mientras que el c�mplice es aqu�l que simplemente presta una ayuda o brinda un apoyo que no es de significativa importancia para la realizaci�n de la conducta il�cita��. As� las cosas, es decir, si en duda qued� la existencia del acuerdo com�n entre Garc�a Reyes y los dem�s implicados a efectos de ingresar arbitrariamente varios de ellos a la Finca El Cedro de Villavieja, amenazar y retener a sus ocupantes, y finalmente, apoderarse de varias cabeza de ganado y transportarlas en camiones con destino a Bogot�; si no puede colegirse que Garc�a Reyes haya participado dolosamente en la divisi�n del trabajo criminal; y si pese a la importante labor cumplida por el acusado, esto es, transportar parte de los semovientes hurtados, tampoco resulta dable concluir en grado de certeza racional que esa tarea fue cumplida por compartir el plan criminal previamente trazado por Fairley, Robinson y los dem�s malhechores, pues bien pudo tratarse simplemente del ejercicio leg�timo de su oficio de transportador; sin mayor fundamento serio y s�lido quedar�a la responsabilidad deducida contra el procesado y la condena impuesta en su contra a t�tulo de coautor de los delitos materia de acusaci�n, lo cual impone revocar esa determinaci�n por vacilaci�n probatoria.

Resuelto en los anteriores t�rminos el problema jur�dico planteado al inicio de la providencia, en el sentido de existir factores que le imprimen respaldo a la tesis de la Fiscal�a, pero que tambi�n tornan plausible la hip�tesis contraria, esto es, la que da cuenta de que el encartado probablemente no sab�a de la il�cita procedencia del ganado a transportar y no particip� en el acuerdo para secuestrar al mayordomo de la Finca El Cedro y su familia, ni conoc�a del uso de un arma de fuego por los dem�s implicados; lo procedente ser� revocar la providencia recurrida, para en su lugar, absolver a Luis Fernando Garc�a Reyes de los cargos objeto de acusaci�n. Lo anterior impone levantar las medidas restrictivas vigentes por cuenta de este proceso contra Garc�a Reyes, como tambi�n disponer que la libertad provisional de la cual se encuentra gozando actualmente se torne definitiva una vez ejecutoriada la presente providencia. En raz�n y m�rito de lo expuesto, la Sala Tercera de Decisi�n Penal del Tribunal Superior de Neiva, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley, RESUELVE:

PRIMERO. REVOCAR la sentencia de fecha y procedencia anotadas para en su lugar ABSOLVER por duda probatoria al se�or LUIS FERNANDO GARC�A REYES, acusado por la presunta comisi�n de las conductas punibles de hurto calificado y agravado, secuestro simple en concurso homog�neo y fabricaci�n, tr�fico, porte o tenencia de armas, accesorios, partes o municiones.

Por Secretar�a l�brense los oficios de rigor.

SEGUNDO. LEVANTAR todas las medidas restrictivas de derechos del acusado, que se hubieren impuesto en virtud del presente proceso, una vez adquiera firmeza la presente decisi�n.

TERCERO. DISPONER que la libertad provisional de la cual se encuentra gozando actualmente Garc�a Reyes, se torne definitiva una vez ejecutoriada la presente providencia.

CUARTO. MANIFESTAR que la presente decisi�n queda legalmente notificada en estrados y contra la misma podr� interponerse el recurso de casaci�n dentro del t�rmino indicado en el art�culo 183 del C�digo de Procedimiento Penal, modificado por el art�culo 98 de la Ley 1395 de 2010. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE JAVIER IV�N CH�VARRO ROJAS HERNANDO QUINTERO DELGADO  �LVARO ARCE TOVAR LUISA FERNANDA TOVAR HERN�NDEZ Secretaria Folio No. Tomo No. del libro de sentencias penales  El 8 de agosto de 2017 pas� al despacho por �ltima vez y a efectos de resolver la presente alzada-f. 3 C.9 Tribunal Superior.  Seg�n oficio N� 2183 del 13 de julio de 2017, suscrito por la titular del Juzgado Cuarto Penal Municipal con Funciones de Control de Garant�as de Neiva, en audiencia de la misma fecha se orden� la libertad por vencimiento de t�rminos a favor del se�or Luis Fernando Garc�a Reyes�f. 170 C.2.�.  �Toda persona acusada de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley�  �Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su responsabilidad (�)�.  �Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley en juicio p�blico en el que se le hayan asegurado todas las garant�as necesarias para la defensa�.  Negrillas fuera del texto original.  C.S.J. SP19617-2017.

Sentencia del 23 de noviembre de 2017, radicaci�n 45.899, Mp Dra Patricia Salazar Cu�llar.  A partir de 14:39  Sesi�n de juicio del seis de octubre de 2015�A partir de 09:59�.  Ver Informe de investigador de campo del 28 de agosto de 2014 y CD�Evidencia N� 28�.  En este caso, consistente en proponer la verdad de una aseveraci�n (la hip�tesis f�ctica de la Fiscal�a) por el hecho de que no se ha demostrado que es falsa.

Esto sin perjuicio de las implicaciones de la presunci�n de inocencia, que se mantiene cuando no logra ser desvirtuada.  C.S.J. SP19617-2017. Sentencia del 23 de noviembre de 2017, radicaci�n 45.899, Mp Dra Patricia Salazar Cu�llar.  Ver testimonio del policial Alberth Mauricio Ibarguen e Informe de investigador de campo del 28 de agosto de 2014�Evidencia N� 28�.  Ibidem  Clauss Roxin, Autoria y dominio del hecho en derecho penal, Madrid, Marcial Pons, p�g.42.  C.S.J. Sentencia del 9 de marzo de 2006, Radicado 22327.     PAGE  Procesado Luis Fernando Garc�a ReyesRadicaci�n 41016 60 00 587 2014 80029 03DelitoSecuestro agravado y otros Tribunal Superior de Neiva, Sala Tercera de Decisi�n Penal P�gina  PAGE 20 de  NUMPAGES 41 QY~��������������볝��������nXBn*h��h��@���CJOJQJ\�]�aJsH*h��h��5�@���CJOJQJ]�aJsH.h��h��@���CJOJQJ\�]�aJmH sH -h��h��5�CJOJQJ\�]�aJmH $sH $*h��h��CJOJQJ\�]�aJmH $sH $&h��h��CJOJQJ\�]�aJsHGjh��h��5�@���B* CJOJQJU]�aJmHnHph3�sHu'h��h��5�@���CJOJQJaJsH  2QRS�������������������������$� dh5$7$8$9DH$^� a$gd��dh5$7$8$9D@&H$gd��$5$7$8$9DH$a$gd��$dh5$7$8$9DH$a$gd������ � � � � � � �������~ggg$�hdh5$7$8$9DH$^�ha$gd��$ & Fdh5$7$8$9DH$a$gd�� �� dh5$7$8$9DH$gd��$ ��dh5$7$8$9DH$a$gd��$dh5$7$8$9DH$a$gd��� dh5$7$8$9DH$^� gd��$$ & Fdh5$7$8$9D@&H$a$gd�� �� � � � � � � � .sw������殘�|g�O6O6O�1h��h��6�@���CJOJQJ\�]�aJmH $sH $.h��h��@���CJOJQJ\�]�aJmH $sH $(h��h��@���CJOJQJaJmH $sH $7h��h��@���B*CJOJQJ\�]�aJmH phsH *h��h��5�@���CJOJQJ]�aJsH.h��h��@���CJOJQJ\�]�aJmH sH >jh��h��@���CJH*OJQJU\�]�^JaJmH $sH 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