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H: 5:30 P.M. Manizales, diecisiete de marzo de dos mil catorce (2014). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Fiscal�a y el Representante de la v�ctima, en contra de la sentencia proferida el d�a 25 de julio de 2012 por el Juzgado Tercero Promiscuo Municipal de Salamina, Caldas, mediante la cual la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ y su hija ALBA NERY MART�NEZ BETANCUR fueron absueltas del delito de Hurto Agravado, que como autora y c�mplice respectivamente les atribuy� la Fiscal�a.
HECHOS Tuvieron ocurrencia en una caseta dedicada a la venta de comidas ubicada en el sector de la galer�a del municipio de Salamina, y de propiedad de la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ, la cual era atendida tambi�n por la se�ora Mar�a del Socorro Giraldo, quien fung�a como empleada de la primera. Y se contraen a que el d�a 29 de noviembre de 2011, la �ltima de las mujeres nombradas solicit� un permiso para ausentarse por escasos minutos de su lugar de trabajo para ir a comprar una pintura que requer�a, dejando dentro de la caseta su bolso con sus ahorros, los cuales ascend�an a la suma de $2`500.000, cantidad que cuando regres� y revis� no encontr� en su totalidad, avizorando que le faltaban $800.000, los cuales dedujo hurt� su patrona, quien ya se hab�a ido para su casa, raz�n por la que llam� a hacerle el reclamo, sin encontrar una explicaci�n que la dejara satisfecha.
En consecuencia, Mar�a del Socorro acudi� prontamente a las autoridades a denunciar el hecho, momento en que comenzaron las pesquisas que permitieron que la Fiscal�a acusara a LUZ MARINA BETANCUR como autora del latrocinio y a su hija ALBA NERY MART�NEZ como c�mplice, al advertirse que esta �ltima estaba en el lugar de los hechos y recibi� el dinero de mano de su madre, para luego irse en su motocicleta.
ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Surtido el procedimiento bajo los par�metros contenidos en la Ley 906 de 2004, ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Salamina, en funci�n de control de garant�as, el d�a 13 de diciembre de 2011 se adelant� audiencia de formulaci�n de imputaci�n, en la cual, tanto a LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ como a ALBA NERY MART�NEZ BETANCUR se les atribuy� responsabilidad por el delito de �Hurto agravado�, conforme a los art�culos 239 y 241 (Num. 2� y 10�) del C�digo Penal.
La primera como autora, su hija como c�mplice, sin que ninguna admitiera los cargos; luego de lo cual se les impuso medida de aseguramiento no privativa de la libertad. 3.2. Una vez presentado el escrito de acusaci�n, el d�a 1� de marzo de 2012, ante el Juzgado Tercero Promiscuo Municipal de Salamina, se dio inicio a la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, la cual se vio interrumpida en dos oportunidades por sendas recusaciones respecto al Fiscal y al Juez, siendo declaradas ambas infundadas.
Superado el anterior intr�ngulis procesal, el d�a 18 de abril de 2012, se logr� que a las dos implicadas se les endilgara definitivamente la conducta punible atentatoria del patrimonio econ�mico atr�s referido. 3.3. Posteriormente, esto es, el d�a 23 de mayo de 2012, se celebr� la audiencia preparatoria, dentro de la cual se solicitaron y decretaron las pruebas a practicar en el juicio oral que, en efecto, se surti� el d�a 28 de junio de la misma anualidad, culminando con un sentido del fallo de car�cter absolutorio a favor de ambas acusadas. LA SENTENCIA El d�a 25 de julio de 2012 el Juez de conocimiento dio lectura a la sentencia absolutoria anunciada, argumentando, luego de hacer algunos planteamientos sobre la prueba indiciaria, que los testimonios y documentos presentados por el Fiscal para formar los indicios de responsabilidad no ten�an tal entidad, porque que las acusadas celebraran una fiesta de cumplea�os o realizaran una consignaci�n 8 d�as despu�s del supuesto hurto no conduc�an a acreditar el latrocinio, sin contarse con prueba de que la se�ora Mar�a del Socorro hubiese tenido la cantidad de dinero que refiri� en su bolso, mucho menos entonces que le hubiese sido sustra�do.
Para el a quo resultaba sospechoso que el testigo Fernando Tabares viera cuando la procesada LUZ MARINA le pasaba billetes de $50.000 a su hija ALBA NERY, porque si fuera producto de un hurto lo que se supone es que se hubiesen escondido para repartirse el bot�n; considerando tambi�n sospechoso lo expuesto por Mar�a Lucero Gonz�lez, pues resultaba extra�o que hubiera visto que ALBA NERY consignaba $400.000.
As�, para el Juez fue m�s veros�mil cuando la se�ora Ligia Hincapi� aclar� que su nuera le entreg� dinero a ALBA NERY pero para comprar el aceite para una moto, sin que nunca viera alg�n bolso perteneciente a Mar�a del Socorro, observando s�lo el de LUZ MARINA cuando ella lo tom� para sacar una tarjeta de �Iv�n Botero G�mez� que iban a utilizar para conseguir un electrodom�stico.
De esta manera se concluy� que no se contaba con los elementos suasorios para proferir un fallo de condena, siendo sospechoso que una mujer que trabajaba en un puesto de comidas en el que se le pagaban $7.000 diarios y que recibe de su hija $50.000 � $100.000 mensuales, tuviera tanta cantidad de dinero en su bolso, adicional a un CDT por $4`000.000, aspectos controversiales que conduc�an a un fallo absolutorio, dentro de un proceso en el que no hubo testigos directos del hurto.
LA APELACI�N Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, tanto la Fiscal�a como el Representante de la v�ctima interpusieron recurso de apelaci�n, el cual fue oportunamente sustentado en los t�rminos del art�culo 91 de la Ley 1395 de 2010. 5.1. El Apoderado judicial de la agraviada plante� que entre las denunciadas y la denunciante no exist�a una animadversi�n o malquerencia que condujeran a una falsa incriminaci�n, sino que exist�an unos lazos de amistad y laborales que se rompieron precisamente porque a la se�ora Mar�a Amparo le hurtaron su dinero, lo que la hizo dejar su trabajo, sugiriendo el Impugnante que �sta fue la �nica raz�n que tuvo su representada para presentar una denuncia nutrida de dichos veros�miles, amparados por la buena fe que tambi�n se presume de quienes son atracados a mano armado, as� no aparezcan el ladr�n ni el dinero, lo cual no tuvo en cuenta el Juez, quien indebidamente reclam� una prueba -distinto al testimonio de la v�ctima- de que el dinero estaba en el bolso y dentro de la caseta donde laboraba.
Posterior a la anterior argumentaci�n, el Apelante esboz� que con la prueba testimonial se pod�a conocer que no hubo persona alguna que se acercara al sitio donde ocurri� el hurto, por lo que no se pod�an sembrar las dudas para enrostrarle el il�cito a otra persona, lo que fue ratificado por el Investigador que certific� que tomar el bolso desde afuera de la caseta era muy dif�cil y, si ello hubiese ocurrido, muy seguramente quien lo hizo se hubiera llevado el bolso, como no ocurri� porque fueron las procesadas quienes tomaron parte del dinero, siendo relevante que momentos despu�s el testigo imparcial Luis Fernando Tabares viera como LUZ MARINA le pasaba el dinero a su hija ALBA NERY, en billetes de $50.000.
De esta forma reclam� el Representante de la v�ctima la revocatoria del fallo absolutorio, censurando que el Juez dijese que era extra�o pensar en tal hurto a plena luz del d�a, porque dadas las circunstancias ello s� se pod�a dar en una caseta de propiedad de la procesada en la que nadie sospechar�a que se estaba consumando un hurto, como tampoco lo har�an al observar que entregaba billetes de $50.000 a su hija, precisa denominaci�n en la que ten�a la v�ctima todo su dinero ahorrado y guardado en el bolso, producto de su esfuerzo, como lo era tambi�n el que ten�a en el CDT y que consigui� no s�lo producto de su trabajo en la caseta, porque tambi�n recib�a dinero por arrendamiento y el que le mandaba su hija mes a mes. 5.2.
En el mismo sentido la Agencia Fiscal tambi�n reclam� un fallo de car�cter condenatorio, amparado en que el Juez de primer nivel no despleg� una correcta estimaci�n de las pruebas, cercenando de plano lo dicho por la v�ctima misma, de la cual se conoci� hizo un oportuno reclamo de su dinero, cont�ndole de forma alterada a quien se encontraba a su paso lo que le hab�a ocurrido en su lugar de labores, lo que no har�a una persona cuerda que se encontraba a gusto con su trabajo, siendo aqu� desatendida por el Juez porque le parec�a sospechoso que con un trabajo como el suyo pudiese tener un ahorro de $2`500.000, sin prestar atenci�n cuando ella explic� que trabajaba m�s por estar ocupada que por necesidad, porque ten�a ingresos de arrendamiento y que su hija le colaboraba.
M�s adelante ratific� el Fiscal que el Juez descart� la prueba indiciaria y le dio errada valoraci�n a la prueba testimonial, basando la absoluci�n en el testimonio de la suegra de LUZ MARINA BETANCUR, quien quiso sugerir que el bolso no estaba presente en la caseta y que las procesadas s�lo se entregaron un billete de $50.000, cuando la realidad es que fueron varios, tal como lo refiri� un testigo que se mostr� imparcial que no fue atendido por el Juez, como tampoco lo fue Luz Clemencia Casta�eda cuando puso en conocimiento que la se�ora LUZ MARINA ya en otra oportunidad le hab�a hurtado un celular de su caseta (que queda al lado), como tambi�n hurt� el dinero de Mar�a del Socorro, sin que ello pudiera desdecirse porque las implicadas no buscaron un lugar propicio para repartirse el bot�n, como si se tratara de un raponazo o de un hurto violento.
Con su Apelaci�n hizo hincapi� el Fiscal en que la prueba indiciaria ten�a plena aplicaci�n en la actual sistem�tica procedimental, para lo cual trajo a colaci�n apartes jurisprudenciales. CONSIDERACIONES Cuando se analiza el tr�mite probatorio surtido en el juicio oral adelantado en el presente asunto, se avizora que, en verdad, no hubo testigo alguno que declarara haber visto el preciso momento en que el dinero de la se�ora Mar�a del Socorro Giraldo era il�citamente sustra�do de su bolso y, aunado a lo anterior, fue ella la �nica persona que dio cuenta de la existencia del dinero.
Fue por lo anterior que se dio gran trascendencia a la prueba indiciaria, de parte de la Fiscal�a [coadyuvado por el Representante de la v�ctima] para se�alar que con las pruebas practicadas e introducidas se lograban construir juicios l�gicos que conduc�an a la s�lida conclusi�n conforme a la cual, LUZ MARINA BETANCUR y su hija ALBA NERY MART�NEZ eran las responsables del hurto, frente a lo cual se opuso la Defensa, arguyendo que con las probanzas acaudaladas no se lograba derruir la presunci�n de inocencia, por imposibilidad de formar juicios l�gicos que denotaran responsabilidad.
El Juez de primer nivel aval� la tesis defensiva y, en consecuencia, profiri� un fallo absolutorio que sustent� en que la prueba era sospechosa, d�bil y, por tanto, infructuosa para inferir responsabilidad, conclusi�n que es la que ha sido puesta en tela de juicio con la apelaci�n y que, en esa medida, es la que deber� escudri�ar y re-evaluar la Sala.
Para tales efectos es preciso comenzar con algunas disquisiciones acerca de los indicios. 6.1. De la prueba indiciaria Los indicios han sido retirados del ordenamiento procesal penal como expreso medio de prueba, sin embargo, tal circunstancia de orden legal no implica que no pueda hacerse uso de ellos ni otorg�rseles valor dentro de la actual sistem�tica penal, ya que atendiendo la libertad probatoria que la enmarca, es totalmente viable que el juez eche mano de un medio de conocimiento de la realidad, apegado a las reglas de la l�gica, que encuentra su base en el m�todo deductivo, apareciendo como apto para llevar al operador judicial a colegir, m�s all� de toda duda razonable, la existencia de un delito y qui�nes son sus art�fices.
Y es que no fueron los indicios en la actual sistem�tica procesal-probatoria penal excluidos de los medios de prueba porque se quisieran erradicar como f�rmula para la consecuci�n del conocimiento, sino que se avizor� que su formulaci�n era errada, ya que los medios de prueba se entienden como las herramientas con que cuentan las partes para dar a conocer hist�ricamente los hechos, tal como lo son los documentos, testimonios, experticias, etc.; definici�n en la que no hab�a cabida para los indicios que, m�s que un medio, son la construcci�n l�gica posterior que realiza el operador judicial.
Es decir, no son elementos tangibles con poder suasorio, sino abstracciones l�gicas formadas a partir de la valoraci�n de tales elementos, por lo que no puede un indicio aparejarse a una prueba, sino m�s bien a la deducci�n cr�tica que de ella se consigue. As� las cosas, los indicios tienen pleno valor en cualquier juicio de responsabilidad, siempre y cuando la conclusi�n deducida no sea fruto del caprichoso razonamiento del juez, sino que aparezca como consecuencia del an�lisis entre un hecho indicante plenamente acreditado y una regla de la experiencia o de la l�gica que indique que de un hecho A se sigue, necesaria o probablemente, un hecho B. Para aclarar lo que viene de decirse resulta pertinente traer a colaci�n sentencia de la Corte Suprema de Justicia [Rad. 32912] del 10 de agosto del a�o 2010, en la que sobre el tema puntualiz�: �Son m�ltiples y pac�ficas las sentencias de esta Corte en las que se ha referido a los requisitos y valoraci�n de la prueba indiciaria, entendida �sta como aquel medio cognoscitivo de proyecciones sustanciales que se identifica en el plano de lo general con la estructura del silogismo deductivo en el cual es dable identificar: (i) La premisa menor o hecho indicador, (ii) La premisa mayor o inferencia l�gica en la que tienen operancia los ejercicios de verificabilidad de la sana cr�tica que se apoyan en leyes de la l�gica, la ciencia y postulados de la reflexi�n y el raciocinio, y (iii) La conclusi�n o hecho indicado. �De igual manera se ha sostenido que los indicios pueden ser necesarios cuando el hecho indicador revela en forma cierta o inequ�voca la existencia de otro hecho a partir de relaciones de determinaci�n constantes como las que se presentan en las leyes de la naturaleza; y contingentes, cuando seg�n el grado de probabilidad de su causa o efecto, el hecho indicador evidencie la presencia del hecho indicado. �A su vez, los �ltimos pueden ser calificados de graves, cuando entre el hecho indicador y el indicado media un nexo de determinaci�n racional, l�gico, probable e inmediato, fundado en razones serias y estables, que no deben surgir de la imaginaci�n ni de la arbitrariedad del juzgador, sino de la com�n ocurrencia de las cosas; y de leves, cuando el nexo entre el hecho indicador y el indicado constituye apenas una de las varias posibilidades que el fen�meno ofrece�.
Y valga anotar que, en los eventos donde algunos de los hechos habr�n de ser probados por la v�a indiciaria, no basta que exista un hecho indicante y una m�xima de la experiencia o la l�gica que conduzcan a tales deducciones razonables, porque adem�s de ello, recae sobre el juez la carga de verificar que los hechos independientemente probados y a los que se llega por la v�a indiciaria se compaginen, no sean excluyentes y concurran hacia una misma teor�a acerca de la forma como sucedi� el evento investigado, porque de lo contrario el proceso de abstracci�n l�gica ha fallado.
La misma decisi�n que viene de citarse se�ala: �Tambi�n se resalta que en materia de prueba indiciaria, adem�s de la acreditaci�n del hecho indicante, de la debida inferencia racional fundada en las reglas de la sana cr�tica y del establecimiento del hecho desconocido indicado, cuando son varias las construcciones de ese orden, �es de singular importancia verificar en el proceso de valoraci�n conjunta su articulaci�n, de forma tal que los hechos indicadores sean concordantes, esto es, que ensamblen entre s� como piezas integrantes de un todo, pues siendo �stos fragmentos o circunstancias accesorias de un �nico suceso hist�rico, deben permitir su reconstrucci�n como hecho natural, l�gico y coherente, y las deducciones o inferencias realizadas con cada uno de aquellos han de ser a su vez convergentes, es decir, concurrir hacia una misma conclusi�n y no hacia varias hip�tesis de soluci�n� Fulgura de lo anterior, entonces, que los indicios mantienen pleno vigor, como habr�a de esperarse en un sistema garante de la libertad probatoria y que no desconoce que en el espinoso camino de apreciar las pruebas no solamente se acredita aquello que algunos ojos observaron, sino que de hechos probados se pueden inferir otros que no han sido referidos.
As�, los testigos quiz� no vieron que hubiese llovido, pero s� avistaron las calles mojadas, lo que permite colegir, bajo el an�lisis de otras circunstancias, que s� ocurri� tal fen�meno natural. Para culminar el presente ac�pite, sea oportuno citar aparte doctrinal en el que se puntualiz�: �En este cometido, el indicio juega un papel preponderante sobre todo en el campo penal, donde, como afirma Carnelutti � El delito es un trozo del camino, del cual quien lo ha recorrido trata de destruir las huellas �.
Las pruebas sirven, precisamente, para volver atr�s, o sea para hacer o, mejor a�n, para reconstruir la historia. �C�mo hace quien, habiendo caminado a trav�s de los campos, quiere recorrer en sentido contrario el mismo camino? �Sigue las huellas de su paso �. �Por eso, con raz�n se ha dicho que sin el indicio habr�a que borrar de los c�digos muchos delitos porque ser�an indemostrables, pues de ordinario se consuman en la sombra, donde sus huelas no quedan impresas en la retina de ning�n espectador ni en la expl�cita constancia de un documento, sino tan s�lo en el mudo testimonio de un hecho fenom�nico.
Otro tanto ocurrir�a con el elemento subjetivo del tipo, cuya naturaleza espiritual lo hace inasible, siendo necesario acudir a criterios de inferencia para su demostraci�n, resultantes obviamente del indicio. �Como ejercicio mental para a partir de un hecho conocido concluir la probable o segura existencia de otro desconocido, el indicio es tan antiguo como el homo sapiens, porque desde el momento en que se dio el intelecto humano surgi� el razonamiento l�gico y con �l lo que ahora se conoce probatoriamente como el indicio. 6.2.
Caso concreto. 6.2.1. Una decisi�n de condena �nicamente puede ser producto de un complejo proceso gnoseol�gico de construcci�n de la verdad, en el que el encargado de zanjar la litis, a trav�s de un juicioso examen de los elementos de convicci�n, obtiene certidumbre acerca de la ocurrencia del il�cito y su responsable, superando cualquier vacilaci�n probatoria que enturbie la verdad procesal.
En este sentido, la Ley 906 de 2004 ha optado porque el proceso penal se ci�a a los presupuestos de juicio oral, p�blico, con inmediaci�n de las pruebas, contradictorio, concentrado y en donde se respeten la totalidad de las garant�as procesales y constitucionales a cada una de las partes e intervinientes dentro de la actuaci�n, para que quien sea objeto de imputaci�n jur�dica tenga derecho de controvertirla en un tr�mite que �nicamente culminar� con decisi�n condenatoria cuando se desvirt�e la inocencia que, como garant�a constitucional, se presume.
Para que ello acaezca es necesario que el Juzgador cuente con el convencimiento suficiente acerca de la comisi�n del delito y la responsabilidad de la personas o personas a quien se acusa. 6.2.2. Se expone lo anterior, porque para esta Sala por parte del Juzgador de primera instancia s� se present� una limitada estimaci�n de la prueba que le impidi� llegar a conclusiones s�lidas a las que s� era dable arrimar.
En efecto, debe reconocerse que la cauda probatoria fue escasa y no pose�a el poder suasorio para evidenciar, de forma aut�noma, la existencia del delito y sus responsables, pero ello no significa que hubiese sido inane o infructuosa, porque toda ella entrelazada permit�a conocer relevantes circunstancias de tiempo, modo y lugar para inferir responsabilidad.
Responsabilidad que no hall� el a quo, pero que esta Sala s� encuentra respecto de la se�ora LUZ MARINA BETANCUR, no as� de su hija ALBA NERY MART�NEZ, a quien se le atribuy� el delito como c�mplice, sin que se acreditaran los elementos de tal forma de participaci�n. Se pasa a exponer. 6.2.3. Cuando se analiza la sentencia confutada se encuentra que para el Juez que la edit� no hab�a certidumbre acerca de la existencia del dinero hurtado, por lo que este aspecto se convirti� en el primero de los argumentos para fincar las dudas que direccionaron su decisi�n. Pues bien, tal conclusi�n parece ser apresurada y, cuando menos, encierra un prejuicio de parte del Juez, pues se advierte que sin realizar un riguroso examen bajo el tenor del art. 404 del C.P.P. del testimonio de la se�ora Mar�a Del Socorro Giraldo, termin� dejando en un segundo plano sus manifestaciones, negando as� t�citamente que ella estuviese habilitada para referirse al dinero de su propiedad, el que tra�a consigo.
En verdad, del fallo se desprende que para el Juez hab�a orfandad probatoria para determinar que el bolso del que aparentemente fue sustra�do lo hurtado ten�a la suma de $2`500.000, y para llegar a tal conclusi�n, necesariamente fue porque desconfi� o, para mejor decir, no crey� en las palabras de la se�ora Mar�a Del Socorro, lo cual le implicaba una carga argumentativa en la que explicase los motivos para razonar as�, labor que no despleg�, pudiendo as� la Sala percibir, como ya lo hab�a anunciado, que por la condici�n de v�ctima se le cercen�, se le ved� tener cr�dito.
Tal forma de estimar la prueba resulta desacertada, odiosa y contraria al criterio, seg�n el cual, para acreditar hechos relacionados con el il�cito se puede contar con un testigo �nico, pudiendo ser la v�ctima misma, siempre y cuando apreciada bajo las reglas de la sana cr�tica se logre formar un buen pron�stico de verosimilitud. Lo anterior acompasado con aquel criterio jurisprudencial, que reza que el cr�dito a asignar a la v�ctima que funge como conocedor �nico de los precisos hechos investigados, est� directamente relacionado con: (i) la posibilidad de sus atestaciones, (ii) que el se�alamiento haya sido consistente y no se encuentre maculado por contradicciones y (iii) que las condiciones particulares del testigo indiquen su capacidad de aprehender la realidad y que no le asiste ladino inter�s en alterarla en disfavor de una persona respecto de la cual tiene una aversi�n u ojeriza.
Y sea este el punto de la discusi�n para apuntar que de ninguno de estos esca�os de an�lisis sale mal librada la se�ora Mar�a del Socorro Giraldo, quien en uso de sus cinco sentidos asisti� a la audiencia de juicio a reiterar una inculpaci�n que desde un comienzo hab�a lanzado, haci�ndolo de forma circunstanciada, manteniendo la ecuanimidad para relatar la forma como se desarrollaron los hechos, sin que de su comportamiento en el estrado pudiese inferirse mendacidad, como tampoco un inter�s en inculpar falsamente a una enemiga.
De tal relato adem�s es preciso se�alar que fue ofrecido con objetividad porque, antes que lanzar la testigo exagerados se�alamientos, mantuvo los estribos para admitir que la se�ora LUZ MARINA BETANCUR se hab�a portado bien con ella, que hab�an sostenido una buena relaci�n y, m�s importante aun, que no la hab�a visto tomar el dinero. Y esta misma claridad y objetividad que la acompa�aron al referirse a la mujer que hab�a denunciado, las mantuvo al referirse al contenido de su bolso, lo que hizo sin dudar, sin la vacilaci�n propia de quien altera la verdad y, por el contrario, con la seguridad caracter�stica de quien asiste a reclamar lo suyo, sin mentiras, tretas o artima�as, tal como desde el mismo 29 de noviembre de 2011 lo hab�a hecho ante las autoridades.
As� las cosas, de la forma de comportarse de la testigo y sus particulares caracter�sticas no es dable restarle cr�dito, tal como lo hizo el a quo, quedando pendiente analizar un aspecto en verdad especial, como lo es que en su sitio de trabajo tuviese una suma tan alta de dinero: $2`500.000. Pues bien, sobre tan particular circunstancia quiere dejar sentado de una vez la Sala que no estuvo desprovista de explicaci�n, ni la ofrecida fue irrazonable o tra�da de los cabellos, pues la audiencia escuch� como la se�ora Giraldo expuso que no sol�a llevar el dinero a su lugar de trabajo y que lo manten�a en su casa guardado, pero que como para la fecha de los hechos ten�a a un obrero que estaba haciendo unos arreglos en su residencia, a quien ten�a que dejar a solas, por desconfianza no quiso dejar el dinero y, en consecuencia, opt� por llevarlo consigo, guardado en su bolso y resguardado en la caseta donde laboraba.
Ella constituye una explicaci�n razonable y, por tanto, no despreciable, puesto que resulta absolutamente cre�ble que ante la necesidad de dejar a un desconocido dentro de la casa, se tomen precauciones, dentro de las cuales puede estar la de no dejar dinero y se lo lleve al lugar de trabajo, bajo la idea de que nada malo va a ocurrir y, en todo caso, con la conciencia de que es una medida circunstancial.
Lo extra�o ser�a que la se�ora dijese que siempre andaba con tal cantidad de dinero en su cartera, pero Mar�a del Socorro clarific� que ello fue excepcional, que era la segunda vez que lo hac�a e, it�rese, por un v�lido motivo como era que su casa en ese momento no ofrec�a en ese momento la seguridad para guardar tama�a suma de dinero, en tanto all� estaba un tercero, realizando unos trabajos.
Pero �ser� que esta mujer si ten�a la posibilidad de contar con $2`500.000 en su poder? Se hace el anterior cuestionamiento porque fue evidente que el Juez no crey� en tal posibilidad y fincado en la labor que ella desempe�aba, la cual le significaba un pago de $7.000 diarios, form� la duda. Duda que esta Sala no comparte, porque si bien mirada de forma insular la labor de la se�ora Giraldo queda en evidencia que sus ingresos laborales eran escasos, debe tenerse presente que ella adujo que laboraba por estar ocupada, porque ya no ten�a obligaci�n alguna, no deb�a pagar arriendo y antes recib�a los c�nones de una residencia, como tambi�n recib�a el dinero que mes a mes le enviaba su hija.
Es decir, no era una persona que dependiera de lo que ganara, sino que ten�a otras fuentes de ingresos y, en todo caso, no puede perderse de vista que, tal y como ella misma lo explic�, no se trataba de un dinero que hubiese conseguido de un d�a para otro, sino que era producto de su continuo ahorrar durante largo tiempo. Y ello lo cree la Sala, no de forma caprichosa o irracional, sino porque, acreditado result� que es una mujer que para principios de febrero de 2011 hizo un dep�sito a t�rmino (CDT) por $4`000.000, circunstancia que constituye clara muestra de que, independiente de que hubiese retirado o no tal dinero, para finales del mismo a�o le era posible tener en su poder $2`500.000 que iba a destinar a arreglos de su casa, los cuales ya hab�a comenzado a realizar.
Hab�an comenzado, pero tambi�n d�gase, no pudieron terminarse, porque como bien lo testific� el obrero que en su casa laboraba y que por estrados desfil�, tan s�lo dur� 4 d�as laborando sin completar los arreglos, porque el 29 de noviembre de 2011 lleg� a la casa quien lo hab�a contratado y alterada por lo ocurrido le expres� que no pod�a continuar con la obra porque le hab�an robado dinero.
En efecto, expres� el oficial de obra Jairo Galvis �ella lleg� casi llorando y me dijo don Jairo vamos a tener que parar porque la plata se me la robaron�, claro aserto que la mujer no ten�a la necesidad de hacerle al pe�n. Y sea este el punto para se�alar que a trav�s del obrero tambi�n se logr� conocer que en verdad la se�ora Mar�a del Socorro sali� de su lugar de trabajo por escasos minutos para ir a comprar con �l una pintura que requer�an en la casa, es decir, s� se ausent� del lugar en el que ten�a su bolso y, adem�s, con lo anterior se revela que el motivo por el cual sac� sus ahorros de casa era real, pues queda plenamente constatado que hab�a dejado en su residencia a un trabajador.
Producto de lo anterior, para esta Sala, antes que existir motivos para no creer que Mar�a del Socorro Giraldo tuviese $2`500.000 en su bolso, hay elementos de convicci�n para darle cr�dito a sus palabras en ese sentido, lo cual se ve realzado por el hecho de que en juicio se conoci� que cuando tal mujer descubri� la sustracci�n de su dinero, inmediatamente comenz� a contarlo a las personas de la zona y, de manera pronta, acudi� a las autoridades, expresando siempre, sin vacilaciones, que acababa de ser v�ctima de un hurto.
Tal forma de obrar estuvo caracterizada por un desasosiego que percibieron todos aquellos que conocieron lo ocurrido; desasosiego que es propio de quien acaba de tener una mala experiencia, como es perder parte de los ahorros, sin que ello pueda atribuirse a una majestuosa representaci�n teatral o una pantomima de una mujer que se lament�, llor� y se quej� ante su patrona, con las consecuencias que sab�a que ello le aparejar�a. Y lo que cont� lo hizo con tanta naturalidad y objetividad que pudiendo expresar que la totalidad de su dinero le hab�a sido hurtado, siempre dijo que le hab�an sido robados �s�lo� $800.000, qued�ndole $1`700.000, cantidad que asegur� haber mostrado al formular la denuncia, importante circunstancia sobre la que, por infortunio, no se le cuestion� al gendarme que la recibi�, pues no se contaba con que tal situaci�n iba a ser puesta en duda por el Juez que, desconfiado de forma perniciosa, exigi� casi ver el dinero para dar por cierta su existencia. Se cuestiona la Sala �si no era con el dicho de la due�a del dinero que nunca apareci�, c�mo m�s acreditar la existencia de �ste? Ello ser�a tarea tit�nica y carga que no puede exig�rsele a una mujer que no dio lugar a dudas con sus palabras, pero a la que la judicatura le estaba exigiendo, quiz� una constancia de su dinero, lo que obviamente no pod�a tener, pues era un dinero que no hab�a retirado de entidad financiera o similar, sino que estaba ahorrando y guardando en su residencia, tal como de manera veros�mil lo refiri�. 6.2.4.
En esa medida, para acreditar la existencia del dinero que hab�a en el bolso y la fracci�n [$800.000] que fue hurtada, fue suficiente el testimonio impoluto de la v�ctima, respaldado por otras circunstancias acreditadas que la nutrieron de credibilidad, sin necesidad de acudir a indicios, a los que s� debe recurrirse para formar un juicio de responsabilidad respecto a la se�ora LUZ MARINA BETANCUR.
Producto de lo expuesto se tiene que la se�ora Mar�a del Socorro s� ten�a un dinero guardado en su bolso y que �ste lo hab�a guardado al interior de la caseta en que laboraba, perdi�ndolo de vista cuando se dirigi� a comprar una pintura que requer�a para los arreglos de su casa. As� se tiene que el bolso -con el dinero- qued� desprotegido de su due�a, por lo que la oportunidad propicia estaba dada para que fuera objeto de una indebida sustracci�n, lo que efectivamente ocurri�, siendo dable cuestionarse: �lo tomaron desde el exterior o desde el interior de la caseta? Producto de la investigaci�n se conoci� que, as� fuera con dificultad, era posible que fuera tomado desde el exterior de la caseta, eso s�, clarific�ndose que muy seguramente por el esfuerzo que deb�a hacerse cualquier persona que estuviese en el lugar lo hubiese observado.
As� las cosas, pese a que el bolso se pudiera sustraer desde afuera, era una maniobra que de haber ocurrido hubiese sido observada y referida por la persona que atend�a en el momento, como lo era la se�ora LUZ MARINA BETANCUR, la cual no ten�a motivo alguno para callar tal situaci�n y, por el contrario, al ser se�alada como responsable era la llamada a explicar lo realmente ocurrido.
Pero como esta mujer no lo indic� nunca, dif�cilmente puede creerse que el bolso fue tomado desde la parte exterior de la caseta, lo cual se ve reforzado por el hecho de que estamos ante un hurto en el que no se perdi� la cartera que conten�a el dinero, sino que se perdi� parte del dinero, lo cual implicaba que quien lo hurt�, tomara el bolso, lo abriera, buscara, sustrajera parte del dinero y volviera a colocar el �recept�culo� en su puesto, suerte de comportamiento que no es de esperarse de un �raponero� que por el lugar pasara, porque muy seguramente el bolso tambi�n se hubiese llevado y no se someter�a al riesgo de ser descubierto para devolver lo que le era innecesario devolver.
De lo anterior se reflexiona adem�s que quien tom� el dinero ten�a la posibilidad entonces de escudri�ar el bolso con relativa facilidad, adem�s que ten�a la intenci�n de que no se conociera r�pido el il�cito, por lo que tuvo el cuidado de no tomar el dinero en su totalidad, claros rasgos predicables, producto de un juicio racional, de la se�ora LUZ MARINA BETANCUR, quien era la �nica persona que se encontraba en la caseta y quien necesitaba que cuando Mar�a del Socorro regresara no notara con prontitud lo acaecido.
Atendiendo lo discurrido en precedencia aparece, pues, que si alguien hubiese tomado el bolso desde afuera muy seguramente no lo hubiese regresado con parte del dinero, y la procesada BETANCUR, por su posici�n en el teatro de los acontecimientos, lo hubiese avistado y, en consecuencia, referido a su empleada, lo cual no ocurri�, present�ndose la p�rdida del dinero precedido del registro del bolso, lo que ciertamente pod�a realizar con facilidad la mujer que se hallaba al interior de la caseta.
Mujer que, atendiendo las palabras de la v�ctima, cuando regres� su empleada se mostr� extra�a, expresando que se encontraba enferma y que se iba a ir para su casa para arreglar pollos, actividad que s�lo realizaban los jueves, pero que ese d�a, pese a que era martes, se dispuso a realizar. Es decir, la procesada LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ, ante la llegada de su empleada se comport� de forma inusual y, en sana l�gica, debe sellarse que ello obedeci� a que algo inusual se hab�a presentado, lo que no se cree que sea una enfermedad, sino la necesidad de no dejar notar su extra�o comportamiento y, adem�s, no estar presente para el momento en que Mar�a del Socorro abriera su bolso y descubriera lo ocurrido.
Por tanto, adem�s de que las condiciones estuvieron dadas para que la aludida procesada revisara el bolso de su empleada, su comportamiento posterior fue sumamente extra�o, y�ndose para su casa; par de aspectos que, a trav�s de un juicioso examen racional, conducen a perfilar que LUZ MARINA BETANCUR s� fue la que tom� el dinero, conclusi�n que se reafirmaba y reafirma por las palabras del testigo Luis Fernando Tabares, quien estando en el lugar de los hechos, pudo observar como aquella le pasaba a su hija billetes de $50.000.
En correspondencia con los Impugnantes cabe preguntar: �por qu� motivo desestimar tan claro aserto del aludido testigo y dar cr�dito ciego a las palabras de la suegra de la procesada que dijo que s�lo se trataba de un billete? La Sala no lo encuentra y considera que cuando se analiza el testimonio del se�or Tabares se avizora su objetividad, porque antes que ir a respaldar la acusaci�n a toda costa, aclar� que �plata tenemos todos� y que por ello era posible que la se�ora BETANCUR s� tuviese ese dinero, pero siendo enf�tico y sin dar lugar a equ�vocos, que en verdad fueron varios los billetes de $50.000 que le vio entregar a su hija.
En efecto, el testigo no levant� sospecha alguna como para deducir que faltaba a la verdad y, al contrario, denot� su seriedad al admitir que estaba charlando con sus amigos a un costado de la caseta (a dos pasos) y que no vio que alg�n dinero fuera sustra�do de un bolso, misma seriedad que tuvo al afirmar con contundencia que varios eran los billetes de $50.000 que ALBA NERY recib�a de su madre, luego de lo cual se iba en una motocicleta.
Y en verdad como lo dijo el testigo, cualquier persona puede tener considerable dinero en la ma�ana, pero no puede perderse de vista que eran billetes de $50.000 los que entregaba LUZ MARINA a su hija, misma denominaci�n de aquellos que ten�a Mar�a del Socorro, siendo entregados justo en el momento que ella no se encontraba; particularidades que podr�an entenderse como una coincidencia si no estuvieran acompa�ados de las circunstancias generadoras de recelo ya expuestas.
En un lugar se pierden unos billetes de $50.000 y en ese mismo escenario se observa a una persona entregando billetes de igual denominaci�n a una persona que se va del lugar con prontitud. Tal suerte de circunstancias son incriminatorias, m�xime cuando la entrega del dinero se presenta en el preciso momento en que la persona a la que se le pierde el dinero no se encuentra en el lugar y se sabe ha salido a comprar una pintura, la que al llegar no encuentra a la misma patrona, sino a una mujer alterada que dice estar enferma para ausentarse de la caseta, evadiendo as� el posible examen que de ella hiciese su empleada, como tambi�n la segura confrontaci�n que habr�a de hacerle al descubrir el desfalco.
Es por lo antecedente, entonces, que se arriba a la conclusi�n s�lida de que el hurto le es atribuible a la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ, sin necesidad de acudir a argumentos endebles que correctamente estim� as� el Juez de primera instancia, como lo era que 8 d�as despu�s las procesadas hicieron una consignaci�n en el banco y que 15 d�as despu�s realizaron una fiesta de cumplea�os, pero que, no debi� soslayar, no eran elementos de juicio suficientes para obviar el otro tanto que aqu� se han alzaprimado por su contundencia para elucidar, a trav�s de una construcci�n l�gico-racional, que no pudo ser otra persona la responsable por la p�rdida del dinero, siendo LUZ MARINA BETANCUR quien estaba en el mismo lugar que el bolso, quien contaba con las condiciones id�neas para revisarlo, quien entreg� dinero a su hija (quien r�pidamente se fue del lugar) y quien adopt� un comportamiento extra�o, inusual que advirti� la empleada defraudada.
Y se dice que estaba en condiciones id�neas para revisarlo porque las caracter�sticas de la caseta la libraban de la vista p�blica y, en todo caso, si alguien la hubiese visto contaba con la seguridad de que no sospechar�an de la naturaleza de su obrar. En esa medida estamos ante un hurto que por cuant�a no excedi� de diez salarios m�nimos, por lo que encaja en el inc. 2� del art�culo 239 del C�digo Penal, agrav�ndose por la confianza que deposit� la v�ctima en su jefe, al fiarse de dejar el bolso en la caseta, lo que claramente le facilit� a la procesada BETANCUR DE MART�NEZ el c�modo acceso al contenido del mismo y la consecuente perpetraci�n del il�cito que pierde su calidad de simple por tal aprovechamiento y defraudaci�n de las relaciones de cordialidad y confianza que entre ellas exist�a. 6.2.5.
Pero no ser� agravado por la comisi�n del delito por acuerdo entre dos o m�s personas [causal 10�], dado que como viene de anunciarse, este proceso s� ha quedado desprovisto de pruebas que incriminen a la se�ora ALBA NERY MART�NEZ, como quiera que el �nico elemento de convicci�n con el que se cuenta sobre el particular, es el dicho de Luis Fernando Tabares en el sentido de que vio cuando ella recibi� de su madre unos billetes de $50.000, que ya se ha concluido son los que ten�a la v�ctima en su bolso, pero que por ser entregados a un tercero no conducen necesariamente a concluir su efectiva participaci�n en el il�cito.
En verdad, es dif�cil creer que la hija no tuviese conocimiento del origen del dinero que se le estaba entregando; sin embargo, ello es s�lo una conjetura que no alcanza el poder suasorio suficiente como para derruir la presunci�n de inocencia de una persona que no se conoce hubiese acordado realizar el il�cito en asocio con su madre, ni se conoce que hubiese recibido el dinero con consciencia de su origen.
Su presencia en la caseta y el recibo del dinero son aspectos generadores de recelo, pero insuficientes para aplicar el rigor del Ius puniendi que, como bien es sabido, tiene claros l�mites, entre los cuales est� la presunci�n de inocencia. 6.3. Tasaci�n de la pena. Nos encontramos ante la ilicitud contra el Patrimonio Econ�mico consagrada en el inciso 2� del art�culo 239 del C�digo Penal que para aquellos que se apoderan de cosa mueble ajena que tiene un valor inferior a diez salarios m�nimos legales mensuales, impone una pena principal que oscila entre 16 y 36 meses.
Ahora, como quiera que se trata de un hurto desplegado en clara circunstancia de agravaci�n punitiva [aprovechando la confianza depositada por el due�o, poseedor o tenedor de la cosa en el agente], ser� preciso que los l�mites punitivos se ensanchen de la mitad a las tres cuartas partes. As�, los l�mites atr�s referidos, quedaran en 24 (16+8) y 63 (36+27) meses de prisi�n. Atendiendo lo anterior, encontramos que el �mbito de movilidad en la pena de prisi�n es de 39 meses, los que habr�an de dividirse en cuatro cuartos, pero que ahora se hace innecesario, pues esta Sala colige que, atendiendo que respecto de la procesada no hay constancia de la concurrencia de circunstancias de mayor punibilidad debe tomarse como referente el primer cuarto, y dentro de �ste, conforme a la modalidad de la conducta y su consecuente necesidad de sanci�n, la pena m�nima resulta ajustada y razonable, siendo as� como la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ habr� de purgar una pena de prisi�n de veinticuatro (24) meses de prisi�n. Mismo lapso que, al tenor de los art�culos 51 y 52 del C�digo Penal, se tendr� en cuenta para la sanci�n accesoria de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas. 6.4.
Concesi�n de subrogados. Dadas las caracter�sticas de la ilicitud y la consecuencia sancionatoria establecida, en este caso hay lugar a la concesi�n del subrogado atinente a la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, pues atendiendo lo dispuesto por el art�culo 29 de la nueva Ley 1709 de 2014, nos encontramos ante una pena que no excede de 4 a�os y una procesada que es infractora primaria, responsable de una ilicitud frente a la cual no se han establecido talanqueras para la concesi�n de suced�neos, estableci�ndose entonces en esta oportunidad un periodo de prueba de 2 a�os.
En m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO: MANTENER INC�LUME la sentencia aqu� revisada por v�a de apelaci�n en cuanto absolvi� a la se�ora ALBA NERY MART�NEZ BETANCUR del delito de Hurto Agravado que la Fiscal�a le atribuy� como c�mplice.
SEGUNDO: REVOCAR la sentencia proferida el d�a 25 de julio de 2012 por el Juzgado Tercero Promiscuo Municipal de Salamina, Caldas, en cuanto a la absoluci�n resuelta a favor de la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ por el delito de Hurto Agravado, que como autora se le endilg�, para en su lugar y conforme a lo discurrido en el ac�pite de consideraciones, CONDENAR a la se�ora LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ, de condiciones civiles y personales conocidas en la actuaci�n, como responsable del delito de Hurto Agravado, consagrado en el art�culos 239 [inciso 2�] y 241 [num. 2�] del C�digo Penal, a la pena principal de veinticuatro (24) meses de prisi�n. Igualmente se le condena a la pena accesoria de interdicci�n en el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por el mismo lapso que la privativa de la libertad.
TERCERO: CONCEDER a la sentenciada LUZ MARINA BETANCUR DE MART�NEZ la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena privativa de la libertad, quedando sujeta a un periodo de prueba de dos (2) a�os, para lo cual deber� suscribir un acta de compromisos, conforme a lo previsto en el art�culo 65 del C�digo Penal.
CUARTO: De acuerdo al art�culo 102 del C�digo de Procedimiento Penal [modificado por la Ley 1395 de 2010] ADVERTIR que una vez adquiera firmeza la presente sentencia condenatoria, dentro del t�rmino de 30 d�as, las v�ctimas del delito podr�n solicitar [ante el Juzgado que conoci� del proceso en primera instancia] la iniciaci�n del INCIDENTE DE REPARACI�N INTEGRAL, con el cual podr�n lograr el resarcimiento de los perjuicios generados con el punible.
QUINTO: Notif�quese la presente decisi�n a las partes, inform�ndoles que en contra de la misma procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y c�mplase. Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOSE FERNANDO REYES CUARTAS Johana Franco Herrera Secretaria. Lo concerniente a la audiencia de formulaci�n de imputaci�n y solicitud de medida de aseguramiento se halla en el folio 7 del cuaderno de �control de garant�as�. El escrito de acusaci�n se encuentra de folio 1 a 7 del cuaderno principal.
Por su parte, el acta de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n se halla en los folios 13,31 y 71. Los folios 74 y 75 del cartulario corresponden al acta de audiencia preparatoria, mientras que la constancia de la audiencia de juicio oral se avista de folio 82 a 84. Extracto tomado del texto �Prueba Indiciaria y su manejo jurisprudencial� del ex Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y profesor Jorge An�bal G�mez Gallego.
Encontrado en la red, en el enlace: http://www.icdp.co/revista/articulos/28/Jorge%20Anibal%20Gomez.pdf. P�gina PAGE 1 de NUMPAGES 31 Sistema Acusatorio: 2011-00104-01 LUZ MARINA BETANCUR y ALBA NERY MART�NEZ Hurto Agravado Revoca parcialmente Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67Kft|����������( * 4 9 J M T 5 6 U c d e � ����IJIJ������w��a�a�������+h�n�h�n�5�CJOJQJ^JaJmH sH (h�n�h�n�CJOJQJ^JaJmH sH %h�J�5�CJOJQJ^JaJmH sH %h��5�CJOJQJ^JaJmH sH "h��CJOJQJ^JaJmH sH "h�n�CJOJQJ^JaJmH sH +h~'�h�n�5�CJOJQJ^JaJmH sH %h�n�5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Kf�������� � � � �/������������������$��dh`��a$gd�n�$��dh`��a$gd�n�$ &Fdha$gd�n� $dha$gd�n�$��dh^��a$gd�n�$dh&dP��a$gd�n� $dha$gd�n�� � � � � � 47R{���_s0A�@K��������ƴ������~l�����ZHZ���Z�"h�}�CJOJQJ^JaJmH sH "h�OCJOJQJ^JaJmH sH "hn~sCJOJQJ^JaJmH sH "h�G<CJOJQJ^JaJmH sH "h�"�CJOJQJ^JaJmH sH "hTCJOJQJ^JaJmH sH "h7�CJOJQJ^JaJmH sH 'h�?�h�n�5�OJQJ^JaJmH sH %h�n�5�CJOJQJ^JaJmH sH $h�?�h�n�OJQJ^JaJmH sH /0����wx��������$%�����������������������$��dh`��a$gd�e���dh^��gd�n�$ &Fdha$gd�n� 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���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin listaD@�D�n� Encabezado ��8!mHsHX�/��X�n�Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH @�n��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha,Car, Car,CaCJaJmHsHX�/��!X�n�0Texto nota pie CarCJOJPJQJ^JaJtH H&`��1H�n��Ref. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,fH*�/��A�n��Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH Z�`��RZ�n� Sin espaciado$CJOJPJQJ_HaJmH sH tH n�Obn�n�estilo1 ����d�����]��^��%B*CJOJ QJ aJmH $phsH $tH $,��q,�n� 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