Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2011-00030-01

Sala: SALA PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2014-03-17

Sujetos procesales: JUEZ PRIMERO PROMISCUO MUNICIPAL DE CONOCIMIENTO DE SALAMINA, CALDAS,

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H: 05:30 P.M. Manizales, diecisiete de marzo de dos mil catorce (2014). ASUNTO La Juez Primero Promiscuo Municipal de conocimiento de Salamina, Caldas, conden� a los se�ores LUIS ALFONSO CHAPARRO OSPINO y ELISANDER MORA S�NCHEZ, por haberlos hallado responsables de la delincuencia de EXTORSI�N AGRAVADA, donde result� ofendido el se�or LUIS FERNANDO S�NCHEZ CASTA�O. Dentro de la misma sentencia, absolvi� por los mismos hechos al se�or YUSTIN JEFRED DUARTE GUTI�RREZ.

Notificada la decisi�n en estrados, los defensores de los condenados interpusieron el recurso vertical de apelaci�n el que �nicamente fue sustentado dentro de los cinco d�as siguientes por el defensor de Elisander Mora S�nchez; raz�n por la cual se halla la actuaci�n en esta instancia, la que ahora se apresta a desatar el recurso.

HECHOS Seg�n el escrito de acusaci�n, la familia de Luis Fernando S�nchez Casta�o y �ste, fueron chantajeados por algunas personas que se hac�an pasar como integrantes del Frente 52 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc; lo ocurrido consisti� en que el cinco de julio de dos mil ocho, arribaron a la finca �La Alborada� varios sujetos camuflados quienes aduciendo ser subversivos, a trav�s de amenazas de muerte exigieron la entrega de una caleta y la suma seiscientos mil pesos, para luego mediante llamadas telef�nicas, exigir la entrega de cinco millones de pesos, de los que la v�ctima s�lo pudo conseguir dos millones de pesos que gir� por �Servientrega� a una persona designada para ello.

Labores investigativas e informaci�n suministrada por las v�ctimas, permitieron que se lograra individualizar e identificar a los se�ores Elisander Mora S�nchez, Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez y Luis Alfonso Chaparro Ospino, como las personas que estuvieron presentes desde la primer exigencia: el primero, quien se hac�a pasar por el comandante �Jairo� del Frente 58 de las Farc, el segundo, identific�ndose como miembro activo de ese grupo subversivo y portando armas largas y el �ltimo quien los acompa�aba y recib�a los desayunos que intimidatoriamente hab�an hecho preparar.

ACTUACI�N PROCESAL 3.1. El 29 de octubre de 2011, el Juzgado Tercero Promiscuo Municipal en funci�n de control de garant�as, realiz� audiencia de legalizaci�n de captura, formulaci�n de imputaci�n e imposici�n de medida de aseguramiento intramural en contra de los se�ores Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez y Elisander Mora S�nchez, temas estos que se evacuaron sin contratiempo alguno. 3.2.

El 19 de enero de 2012, el Juzgado Segundo Penal Municipal con funciones de control de garant�as ambulante, de Valledupar, legaliz� la captura del se�or Luis Alfonso Chaparro Ospino; en la misma audiencia, la fiscal�a le formul� imputaci�n por el delito de Extorsi�n Agravada y all� mismo, la Juez, por petici�n de la Fiscal�a, le impuso medida de aseguramiento intramural, la que no fue objeto de controversia. 3.3.

El veinte de enero de dos mil doce, la Fiscal�a delegada para este asunto, radic� escrito de acusaci�n en contra de los se�ores Elisander Mora S�nchez, Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez y Luis Alfonso Chaparro Ospino, por el il�cito de Extorsi�n agravada, por haberse cometido la conducta por servidor p�blico o que haya sido miembro de las fuerzas de seguridad del Estado y por haberse cometido el constre�imiento mediante amenaza de ejecutar muerte, lesi�n o secuestro, o acto del cual pueda derivarse calamidad, infortunio o peligro com�n; situaci�n que motiv� que el veintid�s de febrero de ese mismo a�o, se efectuara la respectiva audiencia de acusaci�n. 3.4.

El catorce de marzo de dos mil doce, se llev� a cabo la respectiva audiencia preparatoria; y los d�as 23 y 24 de mayo, y 7 de junio de 2012, se realiz� la audiencia del juicio oral, en la que luego de culminada la pr�ctica de pruebas, las partes presentaron sus alegatos de conclusi�n, en los que la Fiscal�a deprec� sentencia de condena en contra de Elisander Mora S�nchez y Luis Alfonso Chaparro Ospina, y absolutoria por duda, a favor de Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez; en tanto que el Ministerio P�blico solicit� sentencia de condena en contra de los procesados; mientras que los Defensores de los procesados, pidieron a favor de �stos un fallo exonerativo de responsabilidad.

Culminados los alegatos, la Juez de conocimiento emiti� el sentido del fallo absolutorio en favor de Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez y condenatorio para Luis Alfonso Chaparro Ospino y Elisander Mora S�nchez. 3.5. El diecisiete de julio de dos mil doce, la Juez Primero Promiscuo Municipal de conocimiento, profiri� sentencia conforme el sentido del fallo.

All�, inicialmente se�al� que qued� demostrada la materialidad del delito de Extorsi�n Agravada, pues las v�ctimas fueron abordadas por personas que simularon pertenecer a un grupo armado al margen de la ley, las que exigieron dinero bajo amenazas de muerte. En cuanto a la responsabilidad de los procesados, se�al� que Elisander Mora S�nchez es coautor del delito achacado, por haber sido la persona que se identific� como el comandante �Jairo� y quien lanz� amenazas de muerte contra ellos de no acceder a sus pretensiones econ�micas.

De igual manera debe responder penalmente el se�or Luis Alfonso Chaparro Ospino por haber sido identificado y se�alado por la hija de la v�ctima, como el individuo que acompa�aba al supuesto comandante �Jairo� y quien cronicaba situaciones de vivencia personal referente a las acciones de su comandante. Y en lo que respecta al se�or Yustin Jefreth Duarte Guti�rrez, decidi� absolverlo de los cargos imputados, pues las v�ctimas en el desarrollo del juicio no pudieron ubicarlo de manera precisa en el lugar de los hechos. 3.6.

Notificada la sentencia en estrados, �sta fue impugnada por los Defensores de los procesados que fueron condenados, quienes mostraron su inconformidad con la misma as�: 3.6.1. El Defensor de Elisander Mora S�nchez, subray� que la Falladora de instancia extract� de la prueba inferencias il�gicas y subjetivas, puesto que de la prueba practicada se deduce claramente que el �nico prop�sito de su defendido era obtener a trav�s de amenazas la informaci�n o entrega de una caleta, m�s nunca hubo exigencias con el prop�sito de procurar para s� o para otro un provecho econ�mico, por lo que imposible resulta responsabilizarlo de un delito de Extorsi�n, cuando no se dan los elementos estructurantes de �sta; a lo sumo, alega el Censor, hubo otra conducta como podr�a ser la de Constre�imiento Ilegal.

En consecuencia, solicita en su favor, una sentencia de car�cter absolutorio. 3.6.2. El Defensor de Luis Alfonso Chaparro Ospino, mostr� su inconformidad con el fallo confutado, porque su prohijado nunca particip� en la conversaci�n sostenida entre el se�or Yarlis Alberto Mascote y el ofendido, por tanto, no conoc�a nada de la forma en que Mascote Armenta hab�a obtenido el suministro de nueve desayunos; adem�s, porque si efectivamente estaba apoyando un acto il�cito, seguramente, dice el apelante, su actitud habr�a sido m�s hostil con la se�ora Adriana S�nchez.

Este recurso fue declarado desierto por la C�lula Judicial al haberse sustentado de manera extempor�nea, por lo que a la luz del principio de especialidad, la Sala no se referir� a los puntos expuestos por dicho recurrente. CONSIDERACIONES: 4.1. Problema jur�dico La cuesti�n planteada por el Censor radica en que aqu� no se est� frente a un delito de Extorsi�n sino, simple y lisamente ante un delito de Constre�imiento Ilegal, pues sus exigencias nunca tuvieron el prop�sito de obtener un provecho econ�mico para s� o para terceros. 4.2.

Bien, a efectos de abordar el tema y establecer qu� tanta raz�n tiene el impugnante, por v�a de apelaci�n, la Sala inicialmente se referir� a ambos delitos para determinar la diferencia que existe entre uno y otro, y luego, conforme el an�lisis de la prueba recaudada, definir en esta instancia la situaci�n jur�dica del se�or Mora S�nchez. 4.2.1.

De los delitos de Constre�imiento ilegal y Extorsi�n El delito de Constre�imiento Ilegal est� previsto y reprimido en el C�digo Penal, en el art�culo 182, el cual contempla un supuesto de hecho del siguiente tenor literal: �El que fuera de los casos especialmente previstos como delito, constri�a a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, incurrirᅔ; su prop�sito no es m�s que proteger bienes jur�dicos como la autonom�a personal, valga decir, salvaguardar el derecho que tiene toda persona de decidir conforme a su libre albedrio, esto es, separado de interferencias que provengan del mundo externo a trav�s de actos violentos; por ejemplo, el que mediante violencia o amenazas compele a otro a cometer un delito, o a no presentarse a declarar en un juicio, o abstenerse de entregar documentos capaces de producir efectos jur�dicos, incurre en Constre�imiento Ilegal, ya que a trav�s de esos actos malos, doblega la voluntad de una persona que ya no act�a de manera aut�noma, sino en raz�n de los actos violentos o amenazantes del victimario.

La finalidad del delito de Constre�imiento Ilegal es pues, propender por proteger la libertad de autodeterminaci�n o autonom�a personal de todo ser humano, y sancionar a aquellas personas que tiendan a minarla por medio de actos violentos que muevan o impulsen a otra persona a hacer, cumplir u omitir alguna cosa. �La toma de decisiones, como tolerar, hacer u omitir alguna cosa, en un momento determinado forma parte de la esfera de libertad de una persona, y se ve vulnerada con el delito de constre�imiento ilegal.

Cuando una persona es privada de su libertad de decisi�n por cualquier medio coercitivo que tuerza el �nimo de la v�ctima, se incurre en el constre�imiento ilegal. �El aspecto objetivo de la comisi�n del constre�imiento, es la fuerza suficiente para torcer el �nimo de la v�ctima; es decir, que la �vis f�sica� o la �vis compulsiva� que se ejerce en el agente sean suficientes para causar el cambio de opini�n, llevando a la persona a desenvolver una conducta en la que, en condiciones normales, no desarrollar�a. Haciendo analog�a con el delito de secuestro simple: si en el secuestro se viola la libertad individual de una persona por obligarla f�sica o psicol�gicamente a estar en donde no quiere estar, en el constre�imiento ilegal se obliga a una persona �tambi�n coercitivamente� a hacer, tolerar u omitir, en contra de su voluntad� Ahora bien, cuando el Legislador dice en el C�digo Penal, art�culo 244 que se da el delito de Extorsi�n, cuando: �El que constri�a a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el prop�sito de obtener un provecho il�cito o cualquier utilidad il�cita o beneficio il�cito, para s� o para un tercero, incurrirᅔ, ya est� exigiendo una conducta con un prop�sito m�s definido, como es la de doblegar la voluntad de una persona para hacer, tolerar u omitir, aquello que el sujeto activo quiere, esto es, un provecho que, dado el t�tulo donde fue ubicada esta conducta, es necesariamente de orden econ�mico, de donde se infiere que �ste, a diferencia del Constre�imiento Ilegal, es pluriofensivo de resultado, en tanto que menoscaba la libertad de autodeterminaci�n y el patrimonio ajeno. Y si bien, entre ambos delitos existe coincidencia, en cuanto que con los dos, el sujeto activo busca obligar a una persona a la producci�n de un resultado, cuando ambos dicen: �el que constri�a a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa�, tambi�n lo es que ambos difieren en cuanto el aspecto subjetivo, ya que en el caso de la extorsi�n lo que el sujeto activo busca obtener con esa coerci�n, es un beneficio econ�mico, mientras que en el Constre�imiento Ilegal, el contenido de la petici�n del actor est� por fuera del �nimo de lucro; por tanto, para saber cu�ndo se est� en presencia de uno u otro basta con saber cu�l es el aspecto subjetivo y si �ste es de contenido econ�mico, claro queda que se est� incuestionablemente frente una conducta de Extorsi�n. La jurisprudencia nacional, se ha ocupado ampliamente del tema y ha concluido que lo que diferencia el delito de Extorsi�n del Constre�imiento es precisamente la finalidad econ�mica, puesto que el Constre�imiento ilegal no tiene una connotaci�n espec�fica, ni ning�n ingrediente subjetivo, como si lo tiene la Extorsi�n, al agregarle al apremio la expresi�n: ��con el prop�sito de obtener provecho il�cito o cualquier utilidad il�cita o beneficio il�cito�, referencia que traslada la misma conducta del campo de la autonom�a personal, adem�s, al campo del patrimonio econ�mico, d�ndole mayor preeminencia al bien jur�dico patrimonial y relegando a un segundo plano el de la libertad.

Por ejemplo, la Corte Constitucional, en sentencia C�284 de 1996, se refiri� a estos dos il�citos, en los siguientes t�rminos: �La Corte no comparte ese argumento por cuando considera que existe -como bien lo se�alan la Vista Fiscal y el ciudadano interviniente- un v�nculo axiol�gico muy estrecho entre las conductas extorsivas y el secuestro pues, aun cuando estos tipos se encuentran en distintos cap�tulos y t�tulos del C�digo Penal, ambos delitos atentan potencialmente contra los mismos bienes jur�dicos, esto es, contra la libertad personal y el patrimonio econ�mico.

En efecto, en muchas ocasiones el secuestro -que es primariamente un delito contra la libertad- se efect�a para obtener un provecho econ�mico, mientras que la extorsi�n -que primariamente afecta el patrimonio- se lleva a cabo mediante el constre�imiento, esto es, por medio de la imposici�n de una conducta al sujeto pasivo del delito. La extorsi�n afecta entonces no s�lo el patrimonio sino tambi�n la libertad de la persona, tal y como lo ha se�alado la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, cuando indic� que "la extorsi�n es un delito pluriofensivo, ya que menoscaba principalmente dos bienes jur�dicos, la libertad de autodeterminaci�n y el patrimonio econ�mico" Es m�s, a nivel de la dogm�tica penal, se considera que la �nica diferencia espec�fica entre la extorsi�n y el constre�imiento ilegal -cl�sico delito contra la libertad personal y la autonom�a individual- es la b�squeda de obtenci�n de provecho econ�mico, a tal punto que la extorsi�n puede ser definida como un constre�imiento ilegal con finalidad econ�mica.

Al respecto dijo la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia en la sentencia anteriormente citada: � "Precisamente lo que distingue el tipo de delito contra la autonom�a personal descrito en el citado art�culo 276, del il�cito de extorsi�n, es el elemento subjetivo del tipo contenido en la expresi�n "con el prop�sito de obtener provecho il�cito".

La referencia subjetiva traslada la misma conducta del campo de la autonom�a personal, adem�s al del patrimonio econ�mico�. Y la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, en sentencia del tres de diciembre de dos mil nueve, sobre el mismo tema, subray�: �Sin embargo, en torno a las inquietudes planteadas por la censora con relaci�n al tema cuyo pronunciamiento sugiere, basta decir que la Corte ya se ha referido a lo que constituyen los bienes jur�dicos tutelados en los delitos de extorsi�n y constre�imiento ilegal, as� como tambi�n a las diferencias entre ambas conductas punibles. �Como ejemplo pueden citarse providencias del 25 de mayo de 2005 (Radicado 17.666) y 24 de octubre de 2007 (Radicado 22.065). �En efecto, en el primero de los precedentes citados, se dice: �Constre�imiento. �El constre�imiento ilegal aplicado sobre una persona con el prop�sito de obtener provecho il�cito para s� o para un tercero, exige ese prop�sito definido, con capacidad de doblegar la voluntad de quien lo padece, hasta llevarlo a tolerar u omitir aquello que para el sujeto activo se traduce en un provecho, a condici�n de que ese provecho o utilidad sea de estirpe distinta a la econ�mica; puesto que la consagraci�n de esta conducta punible protege esencialmente la autonom�a personal, seg�n la ubicaci�n de este tipo en el C�digo Penal. �La norma sustancial que consagra el constre�imiento ilegal contempla la acci�n a constre�ir, esto es, de obligar o compeler al sujeto pasivo por cualquier medio que est� al alcance del autor, cuyo prop�sito consistir� en alcanzar un provecho il�cito para s� o para un tercero. �Extorsi�n. �Esta conducta punible, implica que el sujeto activo constri�e a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el prop�sito de obtener un provecho il�cito o cualquier utilidad il�cita o beneficio il�cito, necesariamente de naturaleza econ�mica, para s� o para un tercero. �Aunque es evidente que en la extorsi�n se socava la autonom�a personal a trav�s del constre�imiento, hasta la aniquilaci�n de la voluntad, el bien jur�dico principalmente tutelado es el patrimonio econ�mico, a juzgar por la ubicaci�n del tipo en el C�digo Penal.

Tan es as�, que el delito de extorsi�n puede quedarse en el estadio de la tentativa cuando se embate contra la libre determinaci�n a trav�s de amenazas, pero no se logra el hacer, omitir o tolerar aquello que al sujeto activo reportar�a la finalidad econ�mica�. �En suma, bien puede colegirse que no es necesario el desarrollo jurisprudencial apenas sugerido�.

En conclusi�n, con el delito de Constre�imiento Ilegal, el legislador busc� proteger �nica y exclusivamente el bien jur�dico de la autonom�a personal, en tanto que con la tipificaci�n del delito de Extorsi�n, lo que hizo el legislador fue atacar directamente acciones que vayan en contra del derecho a la propiedad, valga decir, aquellos actos que est�n dirigidos a obtener un provecho econ�mico il�cito, como consecuencia natural de un enriquecimiento injusto, sin causa ni t�tulo legal, es pues, la acci�n a trav�s de la cual el agente activo obliga a otro, trav�s del empleo de amenazas o violencia, a poner a la orden de aqu�l cosas, dineros o documentos de contenido netamente econ�mico. 4.2.2.

El asunto A juicio del libelista, la juez de primera instancia, incurri� en yerros por violaci�n directa por indebida aplicaci�n del art�culo 244 del C�digo Penal que tipifica el delito de Extorsi�n, cuando debi� aplicarse el art�culo 182 de la misma obra, que consagra el delito de Constre�imiento Ilegal, provocado por la errada interpretaci�n y an�lisis de la prueba recaudada, de la que coligi� equivocadamente que su prohijado hab�a hecho exigencias econ�micas, cuando seg�n la prueba, �ste lo �nico que requiri� fue informaci�n y entrega de una caleta, en tanto que sus compa�eros, inconsultamente fueron quienes hicieron los pedidos econ�micos.

As� entonces, necesario resulta destacar de entrada, que ese desacuerdo con el criterio del Fallador no es m�s que su acomodada �ptica probatoria, porque conforme al an�lisis global de la prueba recaudada dentro del juicio oral y p�blico, de todo el contexto de los hechos y lo precedentemente expuesto, se est� realmente frente un delito de Extorsi�n agravada y no ante un Constre�imiento Ilegal como lo pretende el libelista.

Ello es as�, porque est� demostrado y comprobado dentro de la actuaci�n que en los primeros d�as del mes de julio del dos mil ocho, a la finca �La Arboleda�, jurisdicci�n de San F�lix, Caldas, donde resid�a el se�or Luis Fernando S�nchez y su familia, arribaron varios sujetos, dos de los cuales dijeron ser los comandantes �Armando� y �Jairo� del frente 52 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, quienes asiendo armas de largo y corto alcance expresaron que necesitaban la �caleta� que all� hab�a dejado el comandante Kadafi; pero ante la negativa de las v�ctimas comenzaron a insultarlos y a amenazarlos con un mal futuro, gui�ndolos hac�a la espesura donde �Armando� le dec�a a �Jairo� que a cu�l mataba primero, d�ndoles un ultim�tum para que indicaran el lugar donde se encontraba el bot�n, lo que no pudieron lograr, regres�ndolos a la vivienda, donde les exigieron la hechura de unos desayunos y posteriormente la consecuci�n de una suma de dinero que fue proporcionado al d�a siguiente.

Unos d�as despu�s de �stos hechos, el Comandante �Armando�, telef�nicamente se comunic� con el ofendido a quien le hizo otra exigencia de dinero en la suma de cinco millones de pesos, de los cuales s�lo pudo conseguir dos millones de pesos que, por orden del comandante �Armando�, consign� a favor del se�or Breiner G�mez Noriega. De este acontecer, quienes directamente los vivenciaron: Luis Fernando S�nchez y su hija Adriana Mar�a S�nchez T�llez, dieron cuenta a trav�s de entrevistas que ofrecieron el 3 de enero de 2011, en las que cada uno narra la forma como se presentaron los hechos, las amenazas de que fueron v�ctimas y de las exigencias de entrega de una caleta, la preparaci�n de desayunos y posterior pedimento de dinero; testigos que posteriormente, en diligencias de reconocimiento fotogr�fico y videogr�fico, se�alaron las placas fotogr�ficas correspondientes a Yarlis Alberto Moscote Armenta y de Elisander Mora S�nchez, como los dos individuos que dec�an ser los comandantes �Armando� y �Jorge�, pertenecientes a la guerrilla.

Por ejemplo, Luis Fernando S�nchez Casta�o en esa diligencia reconoci� a Yarlis Alberto Moscote Armenta como la persona que en su finca, siempre estuvo apunt�ndole con el arma de fuego, amenaz�ndolo con asesinarlo si no reun�a al campesinado de la vereda para que le colaboraran econ�micamente y como aqu�l sujeto que le exigi� inicialmente la suma de seiscientos mil pesos y una decena de cigarrillos, y el que d�as despu�s, le pidi� cinco millones de pesos de los cuales s�lo le pudo dar la suma de dos millones de pesos.

E igualmente se�al� la fotograf�a correspondiente a Elisander Mora S�nchez, de quien dijo se present� a su finca aduciendo ser el Comandante �Jairo� del Frente 52 de las Farc, el que constantemente hablaba por radio con el comandante �Kadafi�, adem�s de que fue el individuo que solicitaba la entrega de la caleta y quien junto con �Armando�: ��fueron juntos a pedirme la plata�.

Y Adriana Mar�a S�nchez T�llez, igual que su progenitor, se�al� la foto correspondiente a Elisander Mora S�nchez, de quien dijo reconocerlo porque se identific� como el Comandante �Jairo� de las Farc, fue quien constantemente la amenazaba con matarla con un arma de fuego si no entregaba la �caleta� y porque en varias ocasiones fue a la casa de ellos en compa��a del comandante �Armando�, deponentes que en el juicio oral sostuvieron la narraci�n de los hechos y el se�alamiento contra las mencionadas personas.

Es as� como Luis Fernando S�nchez Casta�o, v�ctima directa de los hechos, rememor� en el juicio varios episodios que dieron lugar a que fueran calificados por la Juez de primera instancia como un delito de Extorsi�n: inicialmente expres� que cuando lleg� a la casa de su finca en horas de la noche, encontr� que la misma hab�a sido explorada por personas extra�as; luego expuso que al d�a siguiente, en horas de la ma�ana advirti� alrededor de su casa varios individuos, dos de los cuales se presentaron como integrantes de la guerrilla, identific�ndose como comandantes �Armando� y �Jairo�, quienes lo inquirieron sobre una supuesta caleta que hab�a dejado all� el Comandante �Kadafi�, la que deb�a entregar porque de lo contrario atentar�an contra su vida; posteriormente se�al� que aquellos desconocidos despu�s de intimidarlo con armas, al igual que a su hija, le pidieron varios desayunos para ellos y las personas que los acompa�aban; para acto seguido referir que el Comandante �Armando� acompa�ado de �Jairo�, quien simulaba constantemente comunicarse con el comandante �Kadafi�, le demand� la entrega de seiscientos mil pesos y unos cigarrillos, a lo que accedi� entreg�ndolos al d�a siguiente; y finalmente, explic� que dos d�as despu�s de aquellos hechos, empez� a recibir llamadas por parte del comandante �Armando� constri��ndolo para la entrega de gruesas sumas de dinero, de lo que solo pudo cumplirle con dos millones de pesos que consign� a una cuenta de Bucaramanga a nombre del se�or Breiner.

Despu�s de hacer este relato, el testigo expres� que debido a esos chantajes, �l y su familia, presentaron un estado an�mico de zozobra y miedo, lo que llev� a su esposa a presentar quebrantos de salud y a su hija a un aborto, indicando adem�s que tuvo que descuidar la finca y los animales que all� ten�a, de los cuales veinte reses se murieron, pues aquellas personas que lo ven�an extorsionando lo ten�an vigilado.

Finalmente y despu�s de una larga e infruct�fera discusi�n entre la Juez y las partes por la forma como el Fiscal interrogaba, el testigo se�al� al se�or Elisander Mora S�nchez, como la persona que dijo ser el Comandante �Jairo� Por otro lado, la hija del denunciante, tambi�n se ratific� en las entrevistas que rindi� en la etapa investigativa y sostuvo que tanto Armando como Jairo, fueron las personas que le exig�an entregar la caleta y quienes constantemente los manten�an intimidando con asesinarlos.

Pues bien, un an�lisis sosegado de las versiones ofrecidas por las v�ctimas en todo su contexto, permite concluir la concurrencia en este asunto de los elementos estructurantes del delito de Extorsi�n, as�: a) La existencia de un constre�imiento, para hacer, tolerar u omitir una cosas. En el caso sometido a examen, la fuerza con capacidad de viciar el consentimiento del ofendido es n�tida.

As� lo demuestran de manera concreta la denuncia incoada por el ofendido y sus posteriores intervenciones, coadyuvada por el testimonio de su hija Adriana Mar�a, quienes de consuno dan cuenta del hecho de que al fundo rural donde viv�an, se presentaron varios individuos, dos de los cuales se identificaron como comandantes �Armando� y �Jairo�, quienes inicialmente exigieron la entrega de una supuesta �caleta� que hab�a dejado all� el comandante Kadafi, la que de no entregar, dar�a lugar a acabar con la vida de ellos: ��.ya empezaron a tratarme mal, dici�ndome gran hijueputa usted nos cree guevones a nosotros, no sea malparido, nos entrega la caleta o lo dejamos tendido aqu텔, intimid�ndolos adem�s con armas de fuego con las que les apuntaban en la cabeza y traslad�ndolos a un rastrojo donde aquellos individuos discut�an sobre qui�n ser�a el primero en morir: ��Armando le d�a al otro comandante, empezamos con este viejo hijueputa o a cual matamos primero��; luego, y siempre bajo constantes amenazas contra sus vidas e incluso de minar la finca: ��Armando le dijo a la gente que iba con ellos que fueran a minar por el filo arriba��, le pidieron el suministro de alimentos, cigarrillos y la suma de seiscientos mil pesos, requerimientos a los que la v�ctima accedi� dado el temor de ser asesinado �l y su familia.

Chantaje que d�as despu�s continuaron haciendo por v�a telef�nica, obligando a la v�ctima a consignar a una cuenta bancaria la suma de dos millones de pesos. M�rese entonces, que esa intimidaci�n y amenazas de un mal futuro, doblegaron la voluntad de la v�ctima y de su familia, quienes presas del p�nico, del miedo y la zozobra, quebrados coercitivamente, accedieron a sus pretensiones, haci�ndoles desayunos, entreg�ndoles dineros y posteriormente consign�ndoles en una cuenta que les fue entregada para que siguieran haciendo la voluntad de ellos.

En este punto, la coacci�n: �se caracteriza por la fuerza compulsiva desplegada por el delincuente que lleva a su v�ctima a doblegar su querer y a cumplir con una exigencia, no por que (sic) su voluntad as� libremente se imponga, sino por el hecho de que la consternaci�n, la zozobra, el miedo, el temor, entre otros presupuestos, lo llevan a actuar tal como se lo piden�. b) Que la acci�n u omisi�n que se exige por parte del sujeto activo del comportamiento, tenga naturaleza patrimonial.

Sobre este punto tampoco hay duda. De los relatos que hicieron las v�ctimas, f�cil se advierte que la presencia de estos individuos en la heredad del denunciante, haci�ndose pasar por subversivos, cuando realmente y conforme la prueba hac�an parte del Ej�rcito Nacional, no estaba dirigida m�s que obtener un provecho econ�mico il�cito, pues desde el mismo instante que arribaron a la finca del ofendido, empezaron a amenazarlos con asesinarlos si no entregaban una caleta, lo que ha de entenderse como un bot�n, constituido bien por armas, objetos o dinero y luego de ello, empezaron a realizar exigencias m�s precisas como la confecci�n de alimentos, la entrega de seiscientos mil pesos y luego, ya telef�nicamente, el suministro de m�s dinero pero en cantidades considerables.

Luego entonces, ante requerimientos de �ndole lucrativo, f�cil es concluir, sin necesidad de profundas disquisiciones, que estamos ante un delito de Extorsi�n y no de Constre�imiento como equivocadamente lo entiende la Defensa del procesado Mora S�nchez, quien a pesar de que en sus argumentos acepta que por parte de su prohijado hubo amenazas con destino a las v�ctimas para que estas informaran sobre una caleta o la entregaran, sostiene que tal proceder no constituye m�s que un Constre�imiento, cuando en realidad de verdad, se trataba de una exigencia de utilidad para ellos y obviamente de contenido econ�mico. c) Que el sujeto activo de la conducta delictiva, logre un provecho patrimonial para s� o para un tercero; o de no haberlo logrado, que o haya sido porque s�lo pudo constre�ir a la v�ctima y porque �sta no accedi� a lo pedido por el agente o realiz� una conducta diferente a la exigida por aqu�l. Este presupuesto, tambi�n se cumpli� en este asunto.

Recu�rdese que seg�n la afirmaci�n de la familia v�ctima de este asunto, ante las exigencias coercitivas de que fueron objeto, frente al miedo de perder la vida ante el mal futuro que se cern�a en ellos, no tuvieron otra alternativa que sucumbir a ellas y proceder a cocinarles, a entregarles dinero y cigarrillos al d�a siguiente de arribar a su fundo y luego a consignarles en una cuenta bancaria de Bucaramanga; situaciones que dejan clara la consumaci�n y el agotamiento de la Extorsi�n. Delito por el que deber� responder penalmente el procesado Elisander Mora S�nchez, como de manera acertadamente lo dedujo el Sentenciador de primer nivel, porque si bien es cierto no fue la persona que exigi� los primeros seiscientos mil pesos, ni despu�s telef�nicamente los cinco millones de pesos a que hacen alusi�n las v�ctimas, tambi�n lo es que ello no significa que ese delito de Extorsi�n se mute o se traslade para el Constre�imiento Ilegal como equivocada y ama�adamente lo pretende el libelista, porque aunque no fue quien los exigi�, si fue una de las personas que se present� a la finca de sujetos pasivos: Fue quien se identific� como el Comandante �Jairo�; el que intimid� con arma de fuego a las v�ctimas; el que junto con el supuesto Comandante �Armando�, le exig�an a la familia S�nchez T�llez, hicieran entrega de una caleta o bot�n que hab�a dejado all� el comandante �Kadafi�; el que los amenazaba con matarlos; el que simulaba dialogar con �Kadafi� sobre la suerte que correr�an sus v�ctimas y el que estuvo presente en el momento en que su compa�ero �Armando� lo coaccionaba con la entrega de seiscientos mil pesos y unos cigarrillos: �El testigo lo reconoce porque este era el que hablaba por radio supuestamente con Cadafi, adem�s �ste se present� como el Comandante Jairo del frente cincuenta y dos de las Farc y me dijo que ven�a de parte de Cadafi por una caleta que Cadafi me hab�a entregado.

Este sujeto era el acompa�ante de Yarlis Alberto Moscote Armenta y fueron juntos a pedirme la plata��. Por manera que si estuvo en la finca del ofendido, en las primeras exigencias dinerarias; y all� realiz� un papel protag�nico e importante para doblegar la voluntad de los ofendidos, al amenazarlos, al exigirles la entrega de una caleta, al simular hablar por tel�fono con un supuesto superior de ellos, el discutir con su compa�ero Armando para ver a qui�n asesinaban primero y estar presente en la exigencia de seiscientos mil pesos, donde tambi�n fing�an contrariedad por la negativa inicial de la v�ctima de acceder a la entrega de dinero, fuerza concluir que se est� en presencia de una coautor�a impropia que lo lleva a responder penalmente por el delito de Extorsi�n agravada, pues aunque no era el que exig�a el dinero, si era quien, obedeciendo a una clara divisi�n de tareas, colaboraba para lograr la consecuci�n del mismo con ese roll intimidatorio que realiz� en la finca de las v�ctimas, hecho que por s� solo lo convierte en coautor.

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, ha sido concreta y expl�cita, se�alando en sentencia del 9 de septiembre de 1980, lo siguiente: �El fen�meno de la coparticipaci�n criminal, entendido como realizaci�n conjunta del hecho punible, comprende la intervenci�n de autores, coautores y c�mplices�Son coautores aquellos autores materiales o intelectuales que conjuntamente realizan un mismo hecho punible, ya sea porque cada uno de ellos ejecuta simult�neamente con los otros o con inmediata sucesividad id�ntica conducta t�pica (Pedro, Juan y Diego hacen sendos disparos de rev�lver sobre Juan y lo matan), ora porque realizan una misma y compleja operaci�n delictiva con divisi�n de trabajo, de tal manera que cada uno de ellos ejecuta una parte diversa de la empresa com�n�.- ��ser�n coautores quienes a pesar de haber desempe�ado funciones que por s� mismas no configuren el delito, han actuado como copart�cipes de una empresa com�n �comprensiva de uno o varios hechos- que, por lo mismo, a todos pertenece como conjuntamente suya�.

Posici�n que ha mantenido en el tiempo, se�alando para el primer evento de la sentencia transcrita que aquella coautor�a se denomina propia, en tanto que para el segundo, cuando los agentes realizan una misma actividad il�cita con reparto de tareas, se denomina coautor�a impropia, en atenci�n a que cada cual act�a por su lado, pero todos aportan para el prop�sito com�n; criterio este �ltimo que sostuvo con el advenimiento de la Ley 599 de 2000, en sentencia de julio 11 de 2002, en la que dijo que: ��los actuales desarrollos dogm�ticos y jurisprudenciales se orientan por reconocer como caracter�stica de la denominada coautor�a impropia, que cada uno de los sujetos intervinientes en el hecho punible no ejecutan integral y materialmente la conducta definida en el tipo, pero s� lo hacen prestando contribuci�n objetiva a la consecuci�n del resultado com�n en la que cada cual tiene dominio funcional del hecho con divisi�n de trabajo, cumpliendo acuerdo expreso o t�cito, y previo o concurrente a la comisi�n del hecho, sin que para la atribuci�n de responsabilidad resulte indispensable que cada interviniente lleve a cabo o ejecute la totalidad del supuesto f�ctico contenido en el tipo o que s�lo deba responder por el aporte realizado y desconectado del plan com�n, pues en tal caso, una teor�a de naturaleza objetivo formal, por ende, excesivamente restrictiva, sin duda muy respetuosa del denominado principio de legalidad estricto, no logra explicar la autor�a mediata ni la coautor�a, como fen�menos expresamente reconocidos en el derecho positivo actual (art. 29 de la ley 599 de 2000), los cuales a pesar de no haber sido normativamente previstos en la anterior codificaci�n, no pueden dar lugar a entender que no fueron objeto de consideraci�n o que el sistema construy� un concepto de autor distinto del dogm�ticamente establecido� Posteriormente, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, explic� los elementos que estructuran la coautor�a impropia, as�: �El tema de la �coautor�a impropia� que el recurrente considera inexistente en el ordenamiento jur�dico colombiano, al punto de sostener que su aplicaci�n por v�a jurisprudencial llegar�a a derogar t�citamente el fen�meno jur�dico de la complicidad, ha sido objeto de esmerados estudios por parte de esta Corporaci�n dentro de la vigencia del C�digo Penal de 1980 y que dieron lugar a reiterados pronunciamientos. �En efecto, la Corte ha sostenido y reiterado, de antiguo, que cuando varias personas conciertan libre y voluntariamente la realizaci�n de un mismo hecho (conducta) punible, con distribuci�n de funciones en una id�ntica y compleja operaci�n delictiva, de tal manera que cada uno de ellos ejecuta una parte diversa de la empresa com�n, todos tienen la calidad de coautores, por ello act�an con conocimiento y voluntad para la producci�n del resultado com�nmente querido o por lo menos aceptado como probable. �Es criterio que el concepto as� expresado, como se dijo en algunos salvamentos de voto, podr�a conducir a involucrar al c�mplice dentro de una ampliada comprensi�n del t�rmino �coautor�, dado que tambi�n interviene en el hecho com�n, en virtud de un acuerdo previo, inclusive con �dominio� de su propia intervenci�n, que forma parte de la empresa total. �En este punto en el que el censor centra su argumento, cuando afirma que el s�lo concierto previo no permite configurar la coautor�a, Empero, de la posici�n asumida por la Corte, se destaca la afluencia de varios principios para entender el concurso de personas dentro de la instituci�n de la coparticipaci�n criminal, a saber, el de la ejecutividad, entendida �sta como la exteriorizaci�n de la conducta, m�nimo hasta el grado de tentativa, de la identidad, de manera que en torno a una misma empresa delictiva se aglutinen los part�cipes, la convergencia doloso, el cual supone el acuerdo de voluntades y de la divisi�n de trabajo como efecto de lo concertado y concretado.

Si la intervenci�n as� convenida, se pod�a deducir la �realizaci�n de una misma y compleja operaci�n delictiva�. Esta forma de participaci�n ten�a que ser calificada como de autor, dado que el art�culo 23 de la codificaci�n anterior consideraba como autor al que realizara el hecho punible, como as� tambi�n lo establece el c�digo actual (Ley 599/2000)� Como puede observarse, para que se d� la coautor�a impropia es necesario: (i) la concertaci�n libre y voluntaria de varias personas para cometer determinado delito, acuerdo que puede ser expreso t�cito o incluso de �mpetu;

(ii) la distribuci�n de funciones o rolles en una id�ntica y compleja operaci�n delictiva; (iii) el conocimiento y voluntad de producir un resultado com�nmente querido; y (v) el dominio funcional del hecho. Presupuestos que en el caso de estudio se satisfacen a plenitud; lo uno, porque est� claro que Elisander, quien se titul� como el Comandante �Jairo�, concert� con �Armando� y otras personas m�s, para arribar a la finca del ofendido y constre�irlo para que entregara una supuesta caleta y dinero en efectivo, contubernio que se deduce del hecho de presentarse ambos a dicha vereda, identificarse como guerrilleros, intimidar a las v�ctimas y aceptar impl�citamente cualquier amenaza o requerimiento que uno de ellos le hiciera a los perjudicados; lo otro, porque luego de presentarse al sitio de los hechos, se identific� como subversivo, fing�a dialogar con el Comandante Kadafi de la guerrilla, intimidaba al denunciante e hija y aparentaba ser el jefe de las dem�s personas que se presentaron all�; tambi�n porque, el papel protag�nico que realiz� le permit�a tener dominio funcional sobre los hechos; am�n de que ten�a claro conocimiento de que la finalidad de presentarse all�, era la de obtener un provecho econ�mico.

Todo lo anterior, desnuda la fuerza de los argumentos de la defensa, convirti�ndolos en d�biles e irrazonables, pues ser�a ingenuo pensar que una persona que se presenta a una finca acompa�ado de otras, que all� se hace pasar por militante de la subversi�n, que exige la entrega de una caleta, y que permite que uno de sus compa�eros, pida mediante amenazas alimentos y dinero, simplemente cometi� Constre�imiento Ilegal, dizque porque no fue quien hizo las exigencias, cuando bien se sabe que cuando son varias las personas que conciertan realizar determinado delito, cada uno responder� como autor del mismo, as� su papel, mirado aisladamente, no constituya ese delito.

En conclusi�n, como la prueba recaudada ense�a con meridiana claridad que hubo una Extorsi�n y que en esta tuvo un papel protag�nico y trascendental el se�or Elisander Mora S�nchez, se confirmar� la sentencia en su integridad. En m�rito de lo precedentemente expuesto, El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, -Sala de Decisi�n Penal- administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, Resuelve, Confirmar la sentencia que por v�a de apelaci�n se ha revisado.

Contra la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE JOS� FERNANDO REYES CUARTAS DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A Johana Franco Herrera Secretaria  Folios 44 a 52, frente, cuaderno principal.  P�ginas 18 a 23, frente, cuaderno principal.  Folios 35 y 36, frente.  Planas 44 a 52, frente, cuaderno principal.  Folios 70 a 72, frente.  Folios 76 a 78, frente, cuaderno principal.  P�ginas 117 a 119 y 125 a 126, frente, cuaderno principal.  Folios 140 a 161, frente, cuaderno principal.  Folios 170 a 186, frente, cuaderno principal.  P�ginas 242 y 243, frente, cuaderno principal.  Folios 249 a 252, frente, cuaderno principal.  Manual de Derecho Penal, parte especial, Carlos G. Castro Cuenca, coordinador.

Editorial Temis, p�gina 204. A�o 2011.  Magistrado Ponente, Doctor Alejandro Mart�nez Caballero.  C�digo Penal, Decreto 100 de 1980, art�culo 355; equivalente al art�culo 244 del C�digo Penal, Ley 599 de 2000.  Magistrado Ponente Dr. Sigifredo Espinosa P�rez. Radicaci�n 33036.  Folios 79 a 83, del cuaderno de pruebas, identificada como la prueba No. 7 de la Fiscal�a  Folios 201 y 202, frente, del cuaderno de prueba.  P�ginas 203 y 204, frente, cuaderno de pruebas.  Confrontar testimonio que se encuentra en el CD del juicio oral, registros 8, 9 y 10.  Ver auto del 20 de abril de 2005.

Radicado 23.424.  Folios 85 a 131, frente, del cuaderno de pruebas  Folios 201 y 201, frente, cuaderno de pruebas. Manifestaci�n que sostuvo en el juicio oral y p�blico en la que precis� que el se�or Mora S�nchez estuvo presente cuando la primera exigencia de dinero. (Cfr. Audio del juicio oral, registros 8,9 y 10).  Magistrado Ponente, Doctor Alfonso Reyes Echand�a.  Confrontar sentencia de 11 de mayo de 1994, radicado 8.513.

M. P., Doctor Guillermo Duque Ruiz.  Radicaci�n 11862, M.P., Doctor Fernando Arboleda Ripoll.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia del 18 de febrero de 2004. Radicado 17252.     P�gina  PAGE 1 de  NUMPAGES 27 Sistema Acusatorio: 2011-00030-01 LUIS ALFONSO CHAPARRO OSPINO Y ELISANDER MORA S�NCHEZ Extorsi�n agravada Confirma Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67JKLg�������� ; < q � ����ӫ�ӈu�u�_QCQC4Ch��5�CJOJQJ^JaJh��CJOJQJ^JaJh�"�CJOJQJ^JaJ+h�"�h�"�5�CJOJQJ^JaJmH sH %hl35�CJOJQJ^JaJmH sH  h��h�"�OJQJ^JmH sH "hl3CJOJQJ^JaJmH sH +h�:|h�"�5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�"�CJOJQJ^JaJmH sH (h�:|h�"�CJOJQJ^JaJmH sH h�"�%h�"�5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Lg������d e � ��������������$��dh�`��a$gd��$ & Fdh�a$gd�� $dh�a$gd�� $dh�a$gd��$��dh�^��a$gd��$��dh^��a$gd�"�gd�"�$dh&d P�� a$gd�"� $dha$gd�"�� � � � D c d e � �  @ G � � � � � � � A a � � z � � � � ~������������ŷ���x�����j�\�\�\�h=6�CJOJQJ^JaJh�c�CJOJQJ^JaJ'jh&|�0JCJOJQJU^JaJh&|�CJOJQJ^JaJh�*�5�CJOJQJ^JaJh�*�CJOJQJ^JaJh�LCJOJQJ^JaJhyDdCJOJQJ^JaJh�!�5�CJOJQJ^JaJh��CJOJQJ^JaJh��5�CJOJQJ^JaJ � � � ����IJ��������������v��$��d��`��a$gd �$��dh�`��a$gd�c�$��dh�`��a$gd d��gd�c�$ & 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2$d�����@&`�7a$&5�CJOJPJQJ\�aJmH sH tH NA ���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri���R 0 Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista F@�F �"�0 Encabezadod���C�"4��4 �"�0Encabezado CarL L �"� Pie de p�ginad���C�":��!: �"�0Pie de p�gina Car^�2^ �"�0Texto de globo d��CJOJ QJ aJmHsHtHP�/��AP �"�0Texto de globo CarCJOJ QJ ^J aJT�`��RT �"� Sin espaciado$a$CJ_HaJmH sH tH D�@bD �"� P�rrafo de lista ^��m$&@r& &|��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,FA Fu Car,Footnote Text Char Char Char,texto de nota al pie Car,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote referenc,Car,ft, Car d��CJaJmHsHtH�/��� &|��Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car1,Footnote reference Car1,FA Fu Car2,FA Fu Car Car1,Footnote Text Char Char Char Car1,texto de nota al pie Car Car1,texto de nota al pie Car1,Car CarCJaJ�&`���� &|�lRef. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Appel note de bas de pageH*�/��� �^h�Texto nota pie Car1,Texto nota pie Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car1,FA Fu Car Car,Footnote Text Char Char Char Car,texto de nota al pie Car CarOJQJ^J_HmH sH tH H�/���H �^hS�mbolo de nota al pieH*D�/���D �^hRef. de nota al pie1H*Z�/���Z �[� T�tulo 1 Car*5�CJ OJPJQJ\�^JaJmH sH tH Z�/���Z �[� T�tulo 2 Car*5�CJOJPJQJ\�^JaJmH sH tH \>�\  �[�T�tulodh�a$&5�CJ OJPJQJ\�aJmH sH tH V�/��V �[� T�tulo Car*5�CJ OJPJQJ\�^JaJmH sH tH bJb "�[� Subt�tulo!dh�a$&5�CJ OJPJQJ\�aJmH sH tH \�/��!\ !�[� Subt�tulo Car*5�CJ OJPJQJ\�^JaJmH sH tH �C2� $�[�Sangr�a de texto normal#d�����`�7a$ CJOJPJQJaJmH sH tH r�/��Ar #�[�Sangr�a de texto normal Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH ~TR~ �[�Texto de bloque%dh�x�x]�7^�7a$*6�CJOJPJQJ]�^JaJmH sH tH �B@b� '�[�Texto independiente#&d��5$7$8$9DH$]�3a$ CJOJPJQJaJmH sH tH j�/��qj &�[�Texto independiente Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH tQ�t 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