Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: SISTEMA ACUSATORIO: 2010-00035-01

Sala: SALA PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2014-04-10

Sujetos procesales: LA DEFENSA EN CONTRA DE LA SENTENCIA PROFERIDA EL DÍA 10 DE AGOSTO DE 2012 POR EL JUZGADO PENAL DEL CIRCUITO DE RIOSUCIO, CALDAS,

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H: 5:30 p.m. Manizales, diez (10) de abril de dos mil catorce (2014). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 10 de agosto de 2012 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, Caldas, mediante la cual se conden� a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N MORALES a las penas principales de 174 meses de prisi�n y multa equivalente a 98 smlmv, luego de ser hallada responsable del delito de Proxenetismo con menor de edad, consagrado en el art�culo 213A del C�digo Penal.

HECHOS La menor I.Y.R.B., nacida el 24 de abril de 1995, viv�a en el municipio de Riosucio y en su barrio ten�a como vecina a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N MORALES, con quien se relacion� y form� una amistad, pese a que �sta le llevara 13 a�os de diferencia en edad. La ni�a I.Y.R.B. presentaba una condici�n econ�mica precaria, raz�n por la que no pod�a comprarse los objetos que ambicionara, tal como ocurr�a respecto de unas chanclas que quer�a y que su madre le dijo no le pod�a comprar, pero que su amiga GLORIA MERCEDES le indic� que s� pod�a conseguir, plante�ndole que la manera para obtener f�cilmente el dinero era yendo donde un hombre que estaba dispuesto a pagarle a cambio de que sostuvieran relaciones sexuales.

La adolescente acept� la propuesta y, en compa��a de su �patrocinadora�, a finales del mes de julio del a�o 2009, se dirigi� hacia la casa del sujeto con el que efectivamente sostuvo relaciones sexuales y quien le dio como pago $30.000, tal y como GLORIA MERCEDES GUZMAN se lo hab�a anticipado al persuadirla de que entregara su cuerpo por dinero.

Tales encuentros sexuales se repitieron y producto de ellos la ni�a de 14 a�os para el momento de los hechos [julio y agosto de 2009] qued� en embarazo, momento en que su madre conoci� lo sucedido y formul� la denuncia con la que se origin� el proceso en contra de la �celestina�. ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Una vez hecha efectiva la orden de captura impartida, ante el Juzgado Promiscuo Municipal con funci�n de control de garant�as de Sup�a, Caldas, el d�a 8 de julio de 2011 se adelant� audiencia de formulaci�n de imputaci�n, en la cual a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N MORALES se le endilgaron cargos por el delito de �Proxenetismo con menor de edad� consagrado en el art�culo 213A del C�digo Penal, en relaci�n con el cual se declar� inocente. 3.2.

Surtida la fase de investigaci�n, la Fiscal�a radic� escrito de acusaci�n, correspondi�ndole el conocimiento del asunto al Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, c�lula judicial que el d�a 19 de septiembre de 2011 celebr� la audiencia para su formulaci�n oral, a trav�s de la cual definitivamente se le atribuy� a la inculpada el delito referido a la explotaci�n sexual atr�s referido. 3.3.

A continuaci�n, el d�a 19 de octubre de 2011 se desarroll� la audiencia preparatoria en la que se solicitaron y decretaron las pruebas a practicar en el juicio oral que, en efecto, se surti� en varias sesiones, culminando el d�a 21 de junio del a�o 2012 con un sentido del fallo condenatorio. LA SENTENCIA El d�a 10 de agosto de 2012 la Juez de conocimiento dio lectura al fallo con el cual se conden� a la procesada a las penas principales de 174 meses de prisi�n [sin concesi�n de suced�neos punitivos] y 98 smlmv como multa, luego de constatarse su responsabilidad en la ilicitud contra la Libertad Sexual, que no dejaba de ser antijur�dica porque la v�ctima hubiese dado su consentimiento para participar de los encuentros lascivos.

Para arrimar a tal conclusi�n, plante� la Falladora de instancia que la prueba esencial lo era el testimonio de la menor v�ctima, quien en juicio explic� que hab�a tenido varios encuentros con el sujeto que le present� la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N para que sostuvieran relaciones sexuales a cambio de dinero, ofreciendo en anteriores oportunidades, ante trabajadora social, m�dico legista y psic�logo, versiones que si bien presentaron inexactitudes importantes, no le restaban cr�dito a la inculpaci�n, pues no fueron sobre aspectos torales de la ilicitud -como que GLORIA MERCEDES fue quien organiz� los encuentros- sino sobre aspectos que pod�an olvidarse por el paso del tiempo, m�xime cuando entre la primera vez que habl� y el juicio transcurrieron 31 meses.

En el mismo sentido, expres� que adem�s de la mella que el tiempo hace sobre la memoria, se estaba ante una joven que no quer�a rememorar lo vivido, sin poder recordar detalles de los hechos como fecha y direcci�n porque esto no suele preocuparles a los adolescentes, tal como lo era I.Y.R.B., quien ten�a una condici�n social, familiar y econ�mica precaria que la condujeron a aceptar los encuentros sexuales sin que ello le generara una notoria afectaci�n que no pudo percibir el psic�logo que la evalu�, explic�ndose as� porque le narr� lo sucedido sin alterarse.

Finalmente plante� la Juez que la narrativa inculpatoria de la menor se respaldaba en la prueba restante, como lo era el testimonio de la madre de la v�ctima, quien ratific� que su hija y la procesada eran amigas y que supuestamente �sta le hab�a regalado unas chanclas que no ten�a como comprar su hija, la que tuvo un hijo del se�or que GUZM�N MORALES le present�, lo que tambi�n fue expresado en igual manera por Gloria Patricia L�pez, conocida de la v�ctima que supo que la ni�a estaba sosteniendo relaciones sexuales por dinero.

LA APELACI�N Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, se les dio la posibilidad de interponer el recurso de apelaci�n contra ella, siendo la Defensa la �nica parte que hizo uso de dicha prerrogativa, presentando oportunamente escrito con el cual reclama la absoluci�n de su prohijada, bajo el argumento de que hubo una indebida valoraci�n probatoria, fund�ndose la decisi�n en el testimonio de la supuesta v�ctima, sin tener en cuenta sus relevantes contradicciones, como tampoco se tuvo presente el informe psicol�gico ofrecido en juicio.

Censur� el Impugnante que la Juez concluyera que la menor incurri� en importantes contradicciones que en otros escenarios o casos s� restar�an credibilidad, sin explicar las diferencias de �stos con el presente asunto, encontr�ndose que las inconsistencias de I.Y.R.B. no fueron de poca monta, sino relacionados con el n�cleo central de los hechos investigados, pues en una oportunidad habl� de tres encuentros con el se�or Aricapa, en otra oportunidad de dos y en otra de uno; a la trabajadora social le dijo que sucedieron en una casa vieja del hermano de quien le pag� y en otra que en el lugar de trabajo de �ste; sobre el dinero que recibi� tambi�n present� diversos dichos, al igual que ocurri� cuando refiri� quien la acompa�aba a los encuentros.

De otra parte, plante� la Defensa que no se obtuvo prueba que el hijo de I.Y.R.B. fuese del se�or Aricapa, por lo que los encuentros de �ste con la menor fueron s�lo especulaci�n, como tambi�n lo fue que se dieron en un marco de comercio sexual, el que demandaba de una versi�n coherente, un�voca y permanente en el tiempo, que no se present�, puesto que hubo numerosas deficiencias que se justificaron indebidamente en las condiciones sociales, familiares y econ�micas de la v�ctima, las que en verdad no le imped�an ofrecer un relato uniforme, sin poderse acudir entonces a una falsa regla de la experiencia acerca de la percepci�n que de los hechos tienen los adolescentes.

Posterior a la cr�tica del testimonio de la menor, reprob� el Defensor la interpretaci�n que de la prueba pericial (psicol�gica) realiz� la Juez, al desconocer que le asign� credibilidad media a la ni�a por la ausencia de detalles en su relato; controvirtiendo el peritaje con la visi�n particular del asunto, mas no con base en otra informaci�n especializada, queriendo as� desechar sus conclusiones t�cnicas por la supuesta no comprensi�n de las condiciones de la menor que explicaban su forma de responder, cuando lo correcto era atenerse a que, producto de sus conocimientos, tal forma de responder era propia de una persona que dejaba dudas en su credibilidad.

CONSIDERACIONES 6.1. El delito que centra la atenci�n de la Sala sanciona a aquellos que, mediante pr�cticas persuasivas o labores organizacionales, introducen a un menor de 18 a�os en el gravoso mundo del comercio carnal, en el que se trasgrede la dignidad humana y se lacera la integridad sexual, al instrumentalizar el cuerpo, convirti�ndolo en mercanc�a que se vende.

Tal conducta le fue atribuida a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N MORALES, bajo la hip�tesis de que, vali�ndose de la amistad que ten�a con la ni�a I.Y.R.B., la condujo a que sostuviera relaciones sexuales con un sujeto que le dar�a como contraprestaci�n dinero para que pudiera comprar lo que quisiera, lo que ocurri� entre julio y agosto del a�o 2009, cuando la convenci� de que sostuviera contactos lascivos con el se�or Francisco Aricapa para conseguir unas chanclas que quer�a y que, dados sus recursos econ�micos, no pod�a comprar por sus propios medios, ni a trav�s de su madre.

A juicio de la Juez de primera instancia ello fue probado a trav�s, principalmente, del testimonio de la menor v�ctima, quien encontr� respaldo en los restantes testigos, y no fue desacreditada por el psic�logo (perito) que la evalu�, quien no comprendi� que su forma de responder y el contenido de las respuestas se explicaban en las condiciones personales de la ni�a; aspectos todos que censur� la Defensa apelante, quien con la impugnaci�n ha referido que se le asign� indebido cr�dito a I.Y.R.B. e impropiamente se desech� la prueba pericial que no respaldaba a la menor, como deb�a suceder, sino que permiti� ratificar las dudas que acerca de su credibilidad lograron plantearse.

Ante este panorama la Sala halla entonces que estamos de cara a un problema de valoraci�n probatoria, que genera, en sede de segunda instancia, la necesidad de adentrarse a una nueva estimaci�n de la cauda probatoria que permita elucidar si la prueba reunida era asaz para editar un fallo condenatorio o, por el contrario, no permit�a llegar al conocimiento necesario para condenar. 6.2.

Y como quiera que la sana cr�tica se constituye en la directriz de orden gnoseol�gico para la valoraci�n de las pruebas, antes de entrar en materia del an�lisis al universo probacional aqu� conseguido, valga sentar alguna ilustraci�n sobre el tema del examen probatorio, actividad respecto de la cual la Corte Suprema de Justicia ha explicado que, adem�s de cognoscitiva, es hist�ricamente reconstructiva, a efectos de determinar si los hechos objeto de escrutinio penal, se adecuan a la descripci�n t�pica de la Ley.

En tal sentido esa Alta Corporaci�n ha dicho sobre este tema: �La sana cr�tica impone al funcionario judicial valorar la prueba contrast�ndola con los restantes medios, y teniendo en cuenta la naturaleza del objeto percibido, el estado de sanidad de los sentidos con los que se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi� y las singularidades que puedan incidir en el alcance de la prueba examinada. �El examen probatorio, individual y de conjunto, adem�s de los criterios se�alados, acude a los supuestos l�gicos, no contrarios con la ciencia, la t�cnica ni con las reglas de la experiencia, para inferir la soluci�n jur�dica que la situaci�n examinada amerita. �En consecuencia, el razonamiento para determinar en un proceso penal si un hecho dado ocurri� o no (facticidad), y, en la primer eventualidad, las posibilidades en que se ejecut�, solo puede apoyarse en premisas argumentativas que apliquen las reglas de la sana cr�tica, en los t�rminos que vienen de explicarse, no a trav�s de la personal o subjetiva forma de ver cada sujeto la realidad procesal examinada�.

La misma Corporaci�n, sobre la relaci�n entre la apreciaci�n probatoria y el grado de conocimiento necesario para dictar sentencia condenatoria, ha establecido: �El acto de apreciaci�n probatoria se erige en la operaci�n mental que tiene por fin conocer el m�rito que pueda inferirse del contenido de la prueba. De ah� que cuando se habla de apreciaci�n o valoraci�n probatoria se parte de un estudio cr�tico individual y de conjunto de los elementos de juicio allegados v�lidamente al proceso, motivo por el cual el funcionario judicial debe examinar la credibilidad, fiabilidad o confianza que le merece la probanza y, posteriormente, examinarla en su conjunto. �Dicho de otra manera, en la apreciaci�n de los medios de prueba solamente se deben estimar aquellos en cuyo proceso de aducci�n y producci�n se respetaron todos su ritos, luego se debe verificar su pertinencia, conducencia y utilidad frente al convencimiento del funcionario judicial, para seguidamente proceder a realizar una reconstrucci�n hist�rica del acontecer f�ctico en discusi�n, teniendo como �nicos par�metros los postulados que informan la sana cr�tica, formando de esa manera un todo sint�tico, coherente, l�gico y concluyente. �En lo que respecta a la sentencia la ley exige que para dictar fallo de condena se requiere el grado de conocimiento de certeza, grado al que se llega luego de apreciar de manera individual y mancomunada todos los elementos de juicio allegados v�lidamente al proceso. �La certeza implica que el funcionario judicial est� fuera de toda duda, es decir, que acepta la existencia de unos hechos con criterio de verdad desde dos planos a saber: (i) Subjetivo.

Consistente en la manifestaci�n de aceptar el hecho como cierto y (ii). Objetivo. Son los fundamentos probatorios que se tienen para concluir en la existencia de dicho hecho. �En otras palabras, la certeza no es otra cosa que la convicci�n del hecho. Conocimiento al que se arriba luego de concluir que �ste encuentra cabal correspondencia con lo que revelan los medios de prueba incorporados al tr�mite, luego de ser examinados de acuerdo con los postulados de la l�gica, de la ciencia o de las m�ximas de la experiencia, excluy�ndose de esta manera las ideas contrarias que se ten�an de �l.� �En ese orden, el juez adoptar� fallo condenatorio s�lo cuando, luego de hacer la valoraci�n del material probatorio llegue internamente a la convicci�n en grado de certeza sobre la materialidad del hecho punible y sobre la responsabilidad del procesado.

Si no alcanza ese nivel de convencimiento, de modo que tenga incertidumbre sobre alguno de los mencionados elementos, es preciso acudir al principio de in dubio pro reo. Esa duda -ha reiterado la Corte- debe ser trascendente, esto es, de una entidad suficiente que no permita tener certeza en relaci�n con el aspecto objetivo o subjetivo del comportamiento punible�. Dicho lo precedente, aparece entonces que los medios de prueba deben apreciarse individualmente y en conjunto conforme al principio de an�lisis sistem�tico, en busca de una reconstrucci�n coherente de los hechos relevantes con apoyo en los postulados de la l�gica, la ciencia y las reglas de la experiencia, todo lo cual significa que para proferir un fallo condenatorio se torna necesario por parte del operador judicial el convencimiento o grado de convicci�n adecuada -contrario al capricho, la arbitrariedad, los prejuicios y la opini�n privada- de que los hechos objeto de estudio encuadran en la descripci�n delictiva establecida por el legislador y sobre los mismos puede predicarse la responsabilidad penal del procesado, gracias a una certidumbre producto de an�lisis objetivos y razonables. 6.3.

Ahora bien, a la sana cr�tica que venimos refiri�ndonos, claramente, no escapa la prueba testimonial, en tanto deber� el Juez verificar la credibilidad de la versi�n vertida por los testigos a partir de una confrontaci�n de las respuestas ofrecidas con la l�gica, la experiencia y la ciencia. Precisamente la verosimilitud del testimonio depende de su concordancia con el sentido com�n, con lo usual y con leyes de raigambre cient�fico, teniendo siempre presente que al conformarse de las palabras de un sujeto con intereses y pasiones, no siempre estar� dispuesto a decir la verdad.

A no dudarlo, la mentira es un componente de la condici�n humana. En esta l�nea de pensamiento que hemos trazado, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, ha dicho: �La sana cr�tica se identifica con los ejercicios de verificabilidad del conocimiento hacia la aprehensi�n de la verdad, proceso en el que los jueces deber�n ser respetuosos de las m�ximas generales de experiencia, leyes de la l�gica, la ciencia, y de los criterios t�cnico-cient�ficos estatuidos para valorar determinado medio de prueba que para el caso del testimonio se hallan consagrados en el art�culo 403 de la ley 906 de 2004, que al ser correctamente aplicadas permiten efectuar inferencias acertadas, llegar a conclusiones y otorgar credibilidad a los distintos medios de convicci�n habida raz�n de la verosimilitud de los mismos.(�) �Las contradicciones sobre aspectos accesorios no destruyen la credibilidad del testimonio aunque s� la aminoran, sin que ello traduzca ruptura de la verosimilitud, pero al recaer sobre contenidos secundarios terminan siendo un desacuerdo aparente, esto es, no real y por ende conciliable que habr� de ser valorado con ponderaci�n y razonabilidad adoptando una especie de hermen�utica de favorabilidad apreciativa al interior de las expresiones f�cticas dispares en lo no esencial. �Lo que destruye el valor y la credibilidad de los testimonios vistos en su unidad o con relaci�n a otros, es la verdadera contradicci�n sobre aspectos esenciales relevantes y esa depreciaci�n ser� mayor cuando sea menos explicable la contradicci�n. �Es cierto que uno de los presupuestos para la eficacia probatoria del testimonio es su claridad, precisi�n y conformidad, es decir, que no comporten contradicciones internas en sus expresiones, ni externas en relaci�n a otros medios de convicci�n. (�)� Todo lo anterior plenamente aplicable al testimonio de la v�ctima de una conducta punible, quien por su desafortunada pero especial posici�n en el escenario del il�cito, resulta de inconmensurable val�a para la claridad de lo realmente sucedido, porque siendo los delitos fen�menos que suelen perpetrarse fuera del alcance de otros ojos, el relato del agraviado, sin importar si se trata de un menor o no, se torna de suma relevancia para conocer su existencia y su autor responsable, sin significar ello que deba ser cre�do de forma presunta o absoluta, sino que deber� tambi�n ser sometido a las reglas estatuidas para la apreciaci�n de los testimonios, es decir, teniendo en cuenta la sanidad de sus sentidos, las condiciones de aprehensi�n de la realidad durante la ocurrencia del delito, los procesos de rememoraci�n, la estructura de las respuestas ofrecidas, su personalidad, sus posibles contradicciones e inconsistencias, los criterios cient�ficos sobre la memoria, su eventual inter�s en faltar a la verdad, entre otros t�picos [subjetivos y objetivos] que le suman o restan credibilidad; escenario en el que se verificar� adem�s si sus falencias son aparentes, superables o explicables. �La jurisprudencia de la Sala ha sido reiterativa en se�alar que los menores de edad no deben desecharse como testigos por el solo hecho de su edad, sino que corresponde al Juez, dentro de la sana cr�tica, evaluar sus dichos conjuntamente con las dem�s pruebas a fin de otorgarles el alcance a que haya lugar.

Ha insistido esta Corporaci�n, igualmente, desde la sentencia del 26 de enero de 2006 (cas. 23706), que la declaraci�n del menor v�ctima de abusos sexuales, por el impacto del acto en su memoria, es altamente confiable. �Aqu� no se reniega de esos lineamientos sino se reafirman. Y se enfatiza que la Corte, de la misma forma que ha rechazado la tesis de considerar falsos los testimonios de los menores de edad por ser f�cilmente sugestionables o carecer de pleno discernimiento, en ning�n momento ha expresado que deba cre�rseles en todos los casos, s�lo por su condici�n de posibles v�ctimas de un abuso sexual.

Como testigos que son, deben examinarse sus dichos de conformidad con los criterios de apreciaci�n del testimonio previstos en el art�culo 404 del C�digo de Procedimiento Penal de 2004, sin parcialidad ni prejuicio de ning�n tipo y sin marginar de la evaluaci�n los dem�s medios de convicci�n, de cuyo ejercicio finalmente surgir� el m�rito que les corresponda�. 6.4.

Del caso en concreto. Con lo discurrido hasta este punto se obtiene, pues, sustrato te�rico relevante para evaluar individual y conjuntamente las pruebas acaudaladas, actividad anal�tica en la que ser� preponderante estudiar la consistencia interna de la ni�a I.Y.R.B., y cotejarla con la prueba pericial psicol�gica aqu� practicada y que, a juicio de la Defensa, coloc� en vilo la veracidad de aqu�lla. 6.4.1.

Cuando se ausculta la impugnaci�n presentada se avizora que la Defensa no elabor� reparo alguno en cuanto al relato que en juicio oral, esto es, bajo la inmediaci�n de la Juez, realiz� la v�ctima, tal y como era de esperarse, pues en una mirada particular o recogida de las palabras de I.Y.R.B. en tal escenario, no se logra fundar censura alguna y, por el contrario, se advierte a una ni�a que, estando m�s avanzada en su proceso de maduraci�n, se mostr� centrada en lo que se le cuestion�, exponiendo con claridad todos los hechos que rodearon este asunto, dando a entender con suficiencia que GLORIA MERCEDES GUZM�N fue la persona que la indujo o persuadi� para que entregara su cuerpo a cambio de dinero.

En verdad, al escuchar a la menor en juicio, no se genera dubitaci�n alguna acerca de la forma como se desarrollaron los hechos, expresando a la audiencia, de manera hilada y circunstanciada, que ten�a un hijo que su progenitor no quiso reconocer, sujeto que conoci� por intermedio de la procesada que, sabiendo su inter�s en adquirir unas chanclas, se vali� de tal contingencia para sugerirle una manera de adquirirlas con �facilidad�, acompa��ndola hasta el lugar en el que sostuvo las relaciones sexuales que le significaron una contraprestaci�n dineraria.

En efecto, en juicio literalmente hizo claras expresiones como: �Al padre de mi hijo lo distingu� a trav�s de Gloria Mercedes�, �Me lo present� Gloria Mercedes en� el sitio la Playita�, �s�, �l me dio dinero, a cambio de acostarme con �l�, �yo ten�a muchas ganas de unas chanclas, y ella me dijo que a cambio de as� con hombres me daban plata para las chanclas, y as� obten�a yo m�s plata�, �yo quer�a unas chanclas y entonces me dijo del medio para uno conseguir plata, haciendo lo que yo hice�, �Ella me dijo que s�lo as� obten�a m�s dinero� y�ndome con el se�or Francisco�.

Todo ello expresado, it�rese, con la ecuanimidad suficiente para no ensanchar sus se�alamientos, denotando objetividad al admitir que todo ello ocurri� con su consentimiento, pues para nada de lo que ocurri� fue constre�ida y nunca recibi� malos tratos, siendo tambi�n neutral al expresar que el restante del dinero que recibi� en la primera oportunidad que sostuvo relaciones sexuales con el se�or Aricapa, luego de comprar las chanclas, se lo dio a GLORIA MERCEDES, mujer que en las restantes oportunidades no le pidi� o reclam� dinero. 6.4.2.

Luego de lo enantes expuesto, resulta entonces oportuno arrimar al punto controversial de las palabras de I.Y.R.B., para lo cual deber� hacerse el recorrido de todas las oportunidades en que se pronunci� sobre el il�cito que aqu� nos convoca, para determinar si estamos ante una ni�a vacilante que no puede atenderse, o ante una v�ctima cre�ble en la que las contradicciones son superables.

Pues bien. Los hechos, se reporta, acaecieron entre julio y agosto de 2009, siendo aproximadamente dos meses despu�s que I.Y.R.B. se refiri� a lo ocurrido [29 de octubre de 2009], no bajo una entrevista formal, sino en la anamnesis que el m�dico legista elabor� previo al examen f�sico que le habr�a de realizar. Lo anterior para decir que no estamos ante el rigor de una declaraci�n en la que se ahonda en la b�squeda de informaci�n, sino ante un requisito para construir un informe m�dico legal, dirigido a conseguir datos que orienten al m�dico en su evaluaci�n y permitan colocarlo en contexto con el motivo de ella, por lo que pide una narraci�n, no elaborada ni profunda de lo acaecido.

Por ello nos encontramos ante una primera versi�n lac�nica en la que, luego de que la madre de la menor expresara que su vecina GLORIA MERCEDES indujo a su hija a tener relaciones sexuales a cambio de dinero, la ni�a misma dijo ser amiga de GLORIA MERCEDES y que (i) para comprarse unas chanclas para las que su mam� no ten�a la plata, (ii) le ofreci� llevarla a un lugar en el que conseguir�a el dinero, (iii) siendo as� como la llev� con un sujeto con el que sostuvo relaciones sexuales y que le dio $30.000 y posteriormente, en una segunda oportunidad, le dio $20.000.

Ninguna otra informaci�n aport�. Acerca de esta narrativa es preciso reiterar que es escueta, pero ello no le resta profundidad, pues de la anamnesis se logra abstraer la existencia del delito de proxenetismo y quien fungi� como proxeneta intermediaria, logr�ndose avizorar que tales asertos se corresponden a plenitud con lo dicho por la ni�a en el juicio oral, puesto que en tal escenario tambi�n (i) hizo alusi�n a la intenci�n de comprar unas chanclas como origen de la propuesta indebida que le formul� su vecina GLORIA MERCEDES GUZM�N, (ii) dijo que no recordaba muy bien pero que recibi� pagos por $30.000 � $40.000 y que ya luego se le pag� la suma de $20.000, (iii) habiendo ocurrido los encuentros sexuales en dos o tres ocasiones.

As� las cosas, entre la primera oportunidad que habl� la menor ante una autoridad que consign� lo expresado y el d�a del juicio oral, se halla identidad en la exposici�n de los aspectos esenciales de la conducta investigada, sin vacilaci�n alguna en el se�alamiento de la se�ora GLORIA MERCEDES como la encargada de viabilizar los encuentros sexuales, los que no supo clarificar si ocurrieron en dos o tres ocasiones; vacilaci�n que no resulta extra�a ni generadora de recelo habiendo pasado casi 3 a�os desde que los hechos acaecieron. 6.4.3.

Luego de su examen f�sico por m�dico forense, de la menor no se conoce una nueva versi�n hasta cuando acudi� a su residencia una Trabajadora Social adscrita a la Comisar�a de Familia de Sup�a. Ello ocurri� el 25 de agosto del 2010, es decir, pasado un a�o desde la ocurrencia de los hechos y, dado que la profesional acud�a a evaluar el entorno social y familiar de la menor, al interior del procedimiento de restablecimiento de sus derechos, interrogar por la ocurrencia del delito no era tampoco tarea esencial, aunque s� se le cuestion� al respecto.

Fue as� como I.Y.R.B. reiter� que al padre de su hijo lo conoci� porque se lo present� su vecina MERCEDES, recibiendo dinero en cada una de las oportunidades en que sostuvieron relaciones sexuales. Pero en esta oportunidad refiri� tres encuentros sexuales y que por ellos recibi� un pago de $30.000, desarroll�ndose ellos en una casa vieja de propiedad del hermano del sujeto con el que sosten�a las relaciones sexuales.

Lo primero que quiere decir la Sala es que del informe mismo ofrecido por la Trabajadora social se desprende que tal informaci�n de la menor no fue una transcripci�n textual de lo que ella mencion�, como de manera equivocada lo dijo la profesional en juicio. Es que no resulta de recibo que abriendo comillas, como si se tratara de una glosa textual, se hablara de la menor en tercera persona.

En efecto, se lee: �la adolescente I. refiere� el periodo de gestaci�n debi� afrontarlo sola ya que el se�or nunca se interes� en ella ni su hijo��. Ellas no pueden ser palabras textuales de I.Y.R.B. Ahora, seg�n el informe hubo tres encuentros sexuales en la casa del hermano de Francisco y por cada uno recibi� $30.000, siendo estos los precisos puntos en los que fundamenta la Defensa la imposibilidad de asignar cr�dito a la menor, por ser inconsistente con otra informaci�n. Sobre el particular plantea la Sala: �se conoci� que el lugar en el que resid�a o laboraba el se�or Francisco era distinto a una casa vieja de su hermano? Este aspecto no se clarific� y es viable pensar que se trataba del mismo espacio sobre el que no se profundiz�, convirti�ndose en vac�o favorable para la Defensa plantear inconsistencias inexistentes.

Lo anterior realzado por la siguiente cuesti�n �hab�a alguna necesidad de cambiar el lugar de ocurrencia de los hechos? Para la Sala la respuesta es negativa, como tambi�n se tornaba innecesario que aumentara o restara una de las oportunidades en que tuvo encuentros sexuales, pues decir que fueron uno, dos, tres o m�s, ning�n beneficio o ganancia le aparejaba a la menor, quien ya hab�a aceptado que otorg� su voluntad para vender su cuerpo por invitaci�n o proposici�n de la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N. Adicional a lo dicho es preciso decir que resulta admisible que una ni�a que tiene experiencias sexuales en las que ha emitido su consentimiento para que se realicen, pasado un a�o desde su ocurrencia no recuerde, con certidumbre, cu�ntos fueron los encuentros y mucho menos cu�nta fue la cantidad exacta de dinero que recibi� como contraprestaci�n, siendo as� razonable que vacile sobre tales aspectos, mas no en la manera como lleg� al mundo de la prostituci�n, esto es, auspiciada por una amiga [la procesada], cuando supo de su inter�s de adquirir unas chanclas.

Para respaldar lo precedente vale recordar que la menor nunca fue coaccionada y, a trav�s de las gestiones persuasivas de su �amiga�, consider� una buena opci�n vender su cuerpo, raz�n por la que esta ilicitud no est� enmarcada por un escenario de afectaci�n emocional que dejase a la ni�a traumatizada, quedando as� los contactos sexuales, como no suele suceder, como sucesos integrados a la cotidianidad de la ni�a, sobre los que s� resulta factible avalar que no se recuerden con precisi�n. As� las cosas, que I.Y.R.B. no recordara la cantidad exacta de oportunidades en que tuvo contacto sexual con quien le pagaba resulta explicable, m�xime cuando su duda est� en si fueron 2 � 3 ocasiones, sin que se trate de un bache significativo como podr�a ser haber dicho en principio que no pas� nada, para luego aseverar que fueron dos oportunidades, o plantear inicialmente dos encuentros y luego hablar de diez.

Lo mismo es predicable del dinero recibido, puesto que no hay una abismal diferencia en hablar de un pago inicial de $30.000 y subsiguientes de $20.000, o hablar de un pago siempre igual de $30.000. En ello pudo existir una clareza absoluta. 6.4.4. Ahora, para el 11 de noviembre de 2010 la ni�a I.Y.R.B. fue sometida una vez m�s a relatar el vejamen de explotaci�n sexual del que fue v�ctima ante psic�logo adscrito a la Secretar�a de Salud de Sup�a, y fue as� como al pregunt�rsele por la procesada GUZM�N MORALES indic� que hab�a sido su amiga pero que ya no, porque tuvieron un problema con unas chanclas.

Hasta aqu� podr�a pensarse que habr� una inculpaci�n an�loga de la enjuiciada, pero aunque la adolescente ratific� que fue aqu�lla quien la condujo hacia la persona que le habr�a de pagar por sostener relaciones sexuales, ofreci� un relato con diferencias realmente notables, como que GLORIA MERCEDES la llev� donde Francisco Aricapa, copul� con �l, pero s�lo esa vez, porque ya luego fue con unas amigas y Claudia Patricia Flores hacia donde otros se�ores, teniendo relaciones sexuales con uno de ellos, el cual le pag�.

De atenderse esta versi�n, ciertamente, perder�a cr�dito la menor v�ctima, pero n�tese que fue en esta oportunidad que quien la evalu�, psic�logo experimentado, advirti� que cuando la ni�a I.Y.R.B. hablaba de estos temas, intentaba restarle importancia a lo sucedido y pretend�a dirigir la atenci�n del entrevistador hacia otro tema, denotando baches como ausencia de secuencia temporal y espacial.

As�, es dable colegir que al psic�logo no conocer las dem�s oportunidades en que la ni�a se pronunci� acerca del agravio, no pudo llegar a conclusiones en las que sopesara las distintas versiones, pero la Judicatura s� puede adelantar tal labor, abstrayendo que en las oportunidades que la ni�a se expres� ante m�dico legista, ante la trabajadora social que fue a su casa y ante la audiencia que particip� del juicio oral, no hay lugar a hacer relevantes reparos y las aparentes inconsistencias ya han sido superadas, encontr�ndonos ante un n�cleo f�ctico expuesto de igual manera, existiendo s� una oportunidad m�s en la que la agraviada expuso lo sucedido con alteraci�n de lo acaecido, pero para fortuna de la Judicatura, ante experto en psique humana que avizor� que estaba evadiendo el tema y omitiendo detalles, raz�n por la que es dable concluir que en tal ocasi�n s� quiso alterar la realidad.

De tal alteraci�n, luego de mucho analizarse, no se halla un motivo di�fano para que tuviese lugar, m�xime cuando ante el psic�logo, I.Y.R.B. tambi�n se�al� a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N como celestina de su encuentro l�brico con el se�or Aricapa, ello no lo ocult�, pero lo que s� puede se�alarse es que, precisamente, en la oportunidad que aport� informaci�n distinta, fue en la misma que afortunadamente no aport� detalles, evadi� el tema y, en s�, parec�a no querer ofrecer la verdad, debi�ndose colegir entonces que ante el psic�logo vari� la realidad de lo sucedido.

Realidad que considera la Sala s� se acompasa con las otras tres oportunidades en que I.Y.R.B. habl� sobre el caso, en las que hay una solidez de las versiones, sin surgir dubitaci�n alguna acerca de que fue GLORIA MERCEDES GUZM�N la persona que particip� activamente para que ella tuviera contacto con la persona que le pagar�a por tener relaciones sexuales, claro componente f�ctico del delito de proxenetismo con menor de edad, que no podr�a desdecirse ahora porque en la oportunidad que se avizor� intenci�n en evadir el tema cambi� aspectos de lo sucedido, it�rese, sin que tampoco se negara u omitiera decir que la procesada actu� como celestina.

Celestina que ten�a una relaci�n de amistad con I.Y.R.B., por lo que mal har�a en referirse la existencia de alguna motivaci�n para que �sta �ltima hiciera se�alamientos tan graves, siendo por el contrario su cercan�a la que permiti� que la conducta punible se materializara. Y si no existen razones para que la menor ladinamente buscara el encarcelamiento de la se�ora GUZM�N MORALES, no puede admitirse que optara por mancillar su propio pudor y crear enemistades, forjando un proceso en el que saldr�a perdedora por un simple capricho, sino que contrariamente debe colegir este Juez Plural que su inculpaci�n obedece a una realidad, sin que pueda avalarse que la naturalidad con que narr� lo ocurrido responde a la mendacidad de la menor, sino que fue consecuencia de sus condiciones sociales, econ�micas y culturales, las que la han hecho percibir con llaneza y sin recelo el caso de explotaci�n sexual del cual ha sido v�ctima, no otorg�ndole la relevancia que merece.

De ah� que hubiese emitido su consentimiento para entregar su cuerpo a cambio de dinero. As� las cosas, la credibilidad media que el psic�logo le otorg� a la ni�a era de esperarse, pues en tal oportunidad I.Y.R.B. habl� de unos hechos desconocidos y vari� los que ocasionaron el proceso, ello lo avala la Sala, pero dejando claro que tal falta de sinceridad no concurri� en las otras oportunidades en las que habl� sobre el delito.

Y no puede demeritarse la inculpaci�n realizada por la adolescente por ausencia de signos indicativos de perturbaci�n por lo acaecido, grave atentado contra la libertad, integridad y formaci�n sexuales de una menor que ha fulgurado como verdad de un proceso en el que al apreciar la prueba testimonial aparece digna de cr�dito. Verdad que tambi�n ofreci� la ni�a a su madre y a una amiga, las que fueron contestes al apuntar que escucharon de I.Y.R.B. que hab�a sostenido relaciones sexuales con �Pacho�, sujeto que era el padre de su hijo y a quien hab�a conocido por intercesi�n de GLORIA MERCEDES GUZM�N. 6.4.5.

Atendiendo lo expuesto en precedencia, no puede la Sala acceder a la solicitud de revocatoria propuesta por la Defensa, porque si bien hay desarreglo en algunas de las palabras de I.Y.R.B., ella, sin intenci�n ladina alguna, a trav�s del tiempo ha dicho que entreg� su cuerpo por dinero y result� embarazada de un sujeto a quien se vincul� a un proceso de investigaci�n de la paternidad, que no promover�a la ni�a si no tuviese fundamento para llevarlo a estrados.

Y �cu�l es el fundamento?: que independiente de que sea o no el padre del beb� de la v�ctima, sostuvo relaciones sexuales con ella, no producto de una relaci�n ordinaria, sino fruto de la tercer�a de la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N, quien gestion� lo necesario para que la ni�a entregase su cuerpo y que quien tuvo las relaciones sexuales diera una contraprestaci�n en dinero.

Por todo lo precedentemente discurrido, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:

PRIMERO: CONFIRMAR en su integridad la sentencia proferida el d�a 10 de agosto de 2012 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, Caldas, mediante la cual se conden� a la se�ora GLORIA MERCEDES GUZM�N MORALES a las penas principales de 174 meses de prisi�n y multa equivalente a 98 smlmv, luego de ser hallada responsable del delito de Proxenetismo con menor de edad, consagrado en el art�culo 213A del C�digo Penal.

SEGUNDO: De acuerdo al art�culo 102 del C�digo de Procedimiento Penal [modificado por la Ley 1395 de 2010] ADVERTIR que una vez adquiera firmeza la presente sentencia condenatoria, dentro del t�rmino de 30 d�as, las v�ctimas del delito podr�n solicitar [ante el Juzgado que conoci� del proceso en primera instancia] la iniciaci�n del INCIDENTE DE REPARACI�N INTEGRAL, con el cual podr�n lograr el resarcimiento de los perjuicios generados con el punible.

TERCERO: Contra la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOSE FERNANDO REYES CUARTAS Johana Franco Herrera Secretaria.  En vigor de la Ley 1329 de 2009, que entr� a regir el 17 de julio de tal anualidad.  El acta de la audiencia de legalizaci�n de captura, formulaci�n de imputaci�n y de solicitud de medida de aseguramiento se halla a partir del folio 10 del cuaderno principal.  El acta de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n se encuentra a folios 29 y 30 del cuaderno principal; mientras que el escrito de acusaci�n se halla entre los folios 17 y 22.  De folio 37 a 40 del cuaderno principal se encuentra el acta de la audiencia preparatoria.  C.S.J. Sala de Casaci�n Penal.

Rad. 21068 del 25 de mayo del a�o 2005.  C.S.J. Sala de Casaci�n Penal. Rad. 30443 del 25 de mayo de 2011. M.P. Augusto Ib��ez Guzm�n.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal. Sentencia del 17 de junio de 2010; Radicado 33734.  Es preciso recalcar que cuando tal testigo directo se trata de un menor de edad, no es dable demeritar completamente su versi�n como otrora se hac�a, ya que ha sido superado aquel atavismo gnoseol�gico y se ha concluido a trav�s de juiciosos estudios cient�ficos la capacidad de aportar la verdad, independientemente de la edad que se tenga.  Corte Suprema de Justicia, sentencia de casaci�n 34568 del 23 de febrero de 2011.     P�gina  PAGE 1 de  NUMPAGES 26 Sistema Acusatorio: 2010-00035-01 GLORIA MERCEDES GUZMAN MORALES Proxenetismo con menor de edad Confirma Condena Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67Kf������) 0 � �  5 = n � � � � � ���´ԥ���n�����Y�G"hz�CJOJQJ^JaJmH sH (h��h�;CJOJQJ^JaJmH sH +h�:xh�;5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�;CJOJQJ^JaJmH sH h�;5�OJQJ^JmH sH h�c/5�OJQJ^JmH sH h�c/OJQJ^JmH sH #h�f�h�;5�OJQJ^JmH sH  h�f�h�;OJQJ^JmH sH  h�x�h�;%h�;5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Kf������� � � � � � �����������������$��dh`��a$gd�;$��dh`��a$gd�;$ & Fdha$gd�; $dha$gd�;$��dh^��a$gd�;gd�;$dh&d P�� a$gd�; $dha$gd�;� � � � � � � � � � � � � �    ) U W k � � � Njk���ɳܡܡܡܡ�����������y�g�Q+h��h9�5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�ZRCJOJQJ^JaJmH sH "h��CJOJQJ^JaJmH sH h9�"h9�CJOJQJ^JaJmH sH "h�E�CJOJQJ^JaJmH sH +h�LXh�;5�CJOJQJ^JaJmH sH %h�;5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�;CJOJQJ^JaJmH sH "h�L^CJOJQJ^JaJmH sH � � � � ��23��������noqr��������������������������� ��dh^��gd�;$ & Fdha$gd�;gd��$��dh`��a$gd�;�����  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Encabezado  ��8!mHsHX�/��X �;Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH @ �;�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha, Car,Car,ft,CaCJaJmHsHf�/��!f �;Texto nota pie Car,Ca CarCJOJPJQJ^JaJtH H&`��1H �;�Ref. de nota al pie,Ref,de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,fH*�/��A �;�Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH T�`��RT �; Sin espaciado$a$CJ_HaJmH sH tH J bJ �;0 Pie de p�gina  ��8!mHsHV�/��qV �;0Pie de p�gina CarCJOJPJQJ^JaJtH �C@�� �iTSangr�a de texto normal$�3�7dh]�3`�7a$CJOJQJaJmH sH tHf�/���f �iTSangr�a de texto normal CarCJOJPJQJmH sH f�O�f �iT Normal&$��dh5$7$8$9DH$`��a$CJOJPJ QJ^JaJZZ@�Z �iTTexto sin formatoCJOJ QJ aJmH $sH $tHZ�/���Z �iTTexto sin formato CarOJ PJQJ ^J mH $sH $H��H 9�0Texto de globoCJOJ QJ aJ`�/���` 9�0Texto de globo Car$CJOJ PJQJ ^J aJmH sH tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!8#3��theme/theme/theme1.xml�Y]�7}/�? ���k�K���I��$�NJ���QV32#y7&J�X(��� ���m ����f۔6���^i�cɖ�ɒ�R��eFs��ѽҹ���K�"�������x��$���[�~��:\�x�(�q�]`�^�����hG�8���|��P��N��GЌ�6�1<��$Bn�iq��c��b�T�#Db׉Qn�`㌱s}2!#��.��(�.F4H�8�Ѱ�òD�h�!�r��1;�{�u(��ܒ�s���h'3�b��f�W�]f0>��>��Aީ��^���W*6q�z�֫���F0Ҕ����4;]?�j����[�V�^�_�������+P������D��+P��7�W���W�_���K��W7� Rn�K~�,G�C&�^�›�ׯW2�+̆|v�.&,��Z� �H�������Qr�g�LC�x33ͥJ�_����ԕ���H���� �h�|>J�L�܏���A^�����g����'9y����ϩ#�� ���ի���ɧ�_Ͼ{��+;������_��a������ϟ����?xl��t�Ç$�ܹ����,������A�v�ݢO9�����'B}m�(��:،��$��<�k��\�ǫad���X�pU���y8���Γ����Б���F~{�h+�� BlмAQ,��X8�;��2�;�q�'��q6��t��dH�ٴ2�B"���F�m�f���a�6�.>2��*��bj��2� �\QD���!�H�H����LO1eNo�9��\O`�Zү���ӾO��L9���C���.;

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