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H: 5:30 pm Manizales, tres (03) de septiembre de dos mil quince (2015). 1. ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Fiscal�a y la Representaci�n de las v�ctimas frente a la sentencia proferida el d�a 21 de abril de 2015 por el Juzgado Penal del Circuito de Puerto Boyac�, Boyac�, mediante la cual los se�ores CARLOS MARIO SABOGAL VIZCA�NO, LLENIER S�NCHEZ VANEGAS y OBDULIO ENCISO OSORIO fueron absueltos de las conductas punibles de �Homicidio agravado� y �Porte ilegal de arma de fuego de uso personal� que la Fiscal�a les atribuy� en concurso heterog�neo. 2.
HECHOS Tuvieron ocurrencia en horas de la tarde del s�bado 24 de marzo del a�o 2012, fecha en la que varios hombres que se movilizaban en una canoa de motor arrimaron al muelle de la vereda Santa B�rbara del municipio de Puerto Boyac�, lugar en el que abordaron al se�or Yimi Hern�n Arciniegas, quien mientras cumpl�a con sus labores cotidianas de extracci�n de arena y gravilla del r�o (negocio de familia), fue atacado con arma de fuego, gener�ndosele graves heridas que, instantes despu�s, le ocasionaron la muerte.
Las autoridades de polic�a concurrieron al lugar, en el que se pudieron entrevistar con las personas que, por su cercan�a al lugar de los hechos, pudieron avistar el episodio mortal y visualizar a sus autores, a los cuales se�alaron para germinar as� la causa penal que ahora centra la atenci�n de la Sala. 3. ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1.
Librada orden de captura en contra de los tres implicados y hecha �sta efectiva, el d�a 12 de diciembre de 2012 fueron llevados ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Puerto Boyac�, Boyac�, espacio en el que, luego de legalizarse la aprehensi�n, se les formul� imputaci�n por el concurso heterog�neo de Homicidio Agravado (por el estado de indefensi�n de la v�ctima) y Porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.
Los imputados no aceptaron los cargos, luego de lo cual procedi� la Fiscal�a a solicitar la imposici�n de medida de aseguramiento intramural, la cual decret� el Juez, quedando as� SABOGAL VIZCA�NO, S�NCHEZ VANEGAS y ENCISO OSORIO detenidos preventivamente. 3.2. Culminada la fase investigativa present� la Fiscal�a escrito de acusaci�n, correspondi�ndole el conocimiento del asunto al Juzgado Penal del Circuito de Puerto Boyac�, Boyac�, despacho que avoc� conocimiento y, en consecuencia, el d�a 4 de marzo de 2013 surti� la audiencia de formulaci�n oral de la acusaci�n, a trav�s de la cual al tr�o de acusados se les atribuyeron de manera definitiva los delitos contra la vida y la seguridad p�blica atr�s referidos. 3.3.
Despu�s de cuantiosos intr�ngulis de orden procesal que dificultaron la continuaci�n del proceso, el d�a 13 de mayo de 2014 se pudo efectuar la audiencia preparatoria, con ocasi�n de la cual se deprecaron y decretaron las pruebas a practicar en la diligencia de juicio oral que, en efecto, fue surtida los d�as 29 de julio, 13 y 14 de agosto de 2014 y, finalmente, el 22 de enero del a�o 2015, fecha en la que luego de escucharse los alegatos de conclusi�n de las partes se procedi� a la emisi�n de un sentido del fallo de car�cter absolutorio.
4. LA SENTENCIA A los 21 d�as del mes de abril de 2015 se profiri� el fallo absolutorio, con el cual se sell� inicialmente que respecto de la conducta de porte ilegal de armas no hubo acopio probatorio por parte de la Fiscal�a, as� como tampoco una solicitud de condena en tal sentido, raz�n por la que, de plano, proced�a la absoluci�n respecto de tal ilicitud atentatoria de la Seguridad P�blica por la que se acus�.
A continuaci�n rese�� el a quo que se contaba con suficientes pruebas y, por consiguiente, certidumbre, en torno a la materialidad de la muerte violenta del se�or Yimi Arciniegas, por lo que el tema probatorio se centraba en determinar si los tres acusados hab�an sido coautores. En tal sentido apunt� el Juez que del hecho de sangre se contaba con 3 testigos, dos de ellos (Cristian Johan Caro y Iv�n Dar�o Grajales) percibiendo momentos del ataque o de la huida, pero no identificando a los atacantes, como s� pareci� hacerlo la �nica testigo Ver�nica Johana Moreno, centro de la acusaci�n que merec�a especial atenci�n. Previo a su an�lisis, concluy� el Juez que del se�or OBDULIO ENCISO no se hab�a hecho ning�n se�alamiento en juicio, y no se elucid� c�mo se le vincul� a la investigaci�n, por lo que imperaba su absoluci�n, m�xime cuando las descripciones de los testigos fueron muy limitadas y no permitieron afirmar que estaba refiri�ndose al se�or ENCISO OSORIO, quien no fue objeto de reconocimiento en fila de personas y su reconocimiento fotogr�fico fue excluido como prueba.
De forma subsiguiente indic� el Juzgador que la absoluci�n operaba tambi�n a favor del acusado LLENIER S�NCHEZ VANEGAS, nombre que no conoc�a ni rese�� la testigo, aduciendo s� que conoc�a que uno de los atacantes respond�a al nombre de �pata limpia� y que se trataba de un desmovilizado de las AUC, dato que favorec�a al procesado porque, de acuerdo a certificaci�n del Alto comisionado para la paz, S�NCHEZ VANEGAS no hab�a hecho parte de proceso de desmovilizaci�n alguno, lo que se traduc�a en una ausencia de se�alamiento directo en contra de quien fue acusado, habiendo una descripci�n f�sica gen�rica como que era un hombre alto, blanco y con ojos claros, la cual podr�a ser predicable de gran cantidad de personas, sin aportar la se�ora Ver�nica datos m�s precisos que, generaba dudas, que no hubiese hecho al haber manifestado que en las AUC convivi� dos a�os con el homicida �pata limpia�.
En torno al procesado CARLOS MARIO SABOGAL, inici� el Juez recordando que mientras la testigo Ver�nica lo coloc� en el teatro de los hechos como el conductor de la canoa en que se transportaban los atacantes, varios testigos apuntaron que se encontraba trabajando en planta petrolera a distancia del lugar del atentado, haci�ndolo desde las 7:00 am hasta las 7:00 pm (como constaba en planillas de labores de la empresa y certificaci�n de su empresa empleadora), encontr�ndose en juicio con que aquellos que sosten�an contacto con el procesado no lo vieron ausentarse de su sitio de labores, lo cual era excepcional y requer�a de especiales permisos de los supervisores, adicion�ndose que, de acuerdo a la labor que desplegaba, no pod�a dejar abandonado su turno, lo cual consider� el Fallador fue informado con seguridad y sin un inter�s malsano en alterar la realidad, convergiendo en sus aspectos cardinales.
A lo cual se contrapon�a, seg�n el a quo, el testimonio de la se�ora Ver�nica Johana, quien fue hostil con las partes y con el juez, mostr�ndose retadora y temeraria, expresando que convivi� dos a�os con las autodefensas, aspectos que pueden desdecir su personalidad y, de contera su credibilidad, la que se consider� minada tambi�n porque en el interrogatorio hablara de 3 personas, para luego decir que los atacantes eran 4, pugnando con lo dicho por los otros dos testigos de cargo.
De esta forma concluy� el Juez que se estaba ante una tesis defensiva soportada en testigos serios, coherentes, objetivos y desinteresados en favorecer a toda costa a CARLOS MARIO SABOGAL, m�xime cuando eran s�lo compa�eros de trabajo, que no amigos del procesado, lo cual se respaldaba en que no fueron impugnados en su credibilidad, quedando as� fijada una versi�n que se acompasaba con la dificultad de que el procesado fuese desde su sitio de labores al lugar de los hechos y regresara sin ser notado; siendo as� como se estaba ante dos teor�as del caso defendibles, sin ser posible derruir una y acoger la otra, lo que significaba que se estaba en un estado de vacilaci�n que implicaba acudir a la m�xima del in dubio pro reo, quedando inc�lume entonces la presunci�n de inocencia. 5.
LA APELACI�N Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, tanto la Fiscal�a como la Representaci�n de las V�ctimas interpusieron en oportunidad recurso de apelaci�n, sustentando su disenso a trav�s de sendos escritos. 5.1. La Apoderada judicial de las v�ctimas plante� que el Juzgador realiz� una indebida valoraci�n de la prueba testimonial, en tanto de lo atestiguado por Ver�nica Johana Moreno, m�s all� de los reparos en torno a su groser�a al pronunciarse o su nivel de formaci�n, se abstra�a con claridad que �Caim�n Moyero� fue el motorista que particip� del obrar homicida, haci�ndolo con la transparencia para soportar un fallo de condena en contra de CARLOS MARIO SABOGAL, quien pudo salir del campo petrolero en el que trabajaba, por tratarse de lugar abierto en el que al supervisor no le era dable controlar todo lo que hac�an sus empleados, como tampoco lo deb�an hacer sus compa�eros de labores, pudiendo as� ir en su canoa al sitio de los hechos, como efectivamente lo vio la testigo con el casco de la empresa petrolera en que laboraba. 5.2.
La Fiscal�a por su parte, estando de acuerdo con la absoluci�n del se�or OBDULIO ENCISO, censur� el que no se hubiesen declarado responsables los dos procesados restantes. Ante la inconformidad plante� la Agencia Fiscal que no pod�an preferirse los tres testigos de la defensa por encima del testimonio �nico de la se�ora Ver�nica Johana Moreno, pues la prueba no se aprecia de acuerdo a su cantidad, sino a su contenido, apareciendo que aquella dijo de manera contundente que cuatro personas arrimaron en canoa al lugar de los hechos, que tres se bajaron a realizar el cometido criminal, mientras el otro se qued� en la embarcaci�n que manejaba, trat�ndose del se�or CARLOS MARIO SABOGAL, alias �Caim�n Moyero�, a quien conoc�a de tiempo atr�s, tal y como tambi�n conoc�a a alias �Pata Limpia� al haber compartido con �l al interior de una organizaci�n criminal, pudiendo ratificar la polic�a judicial que esos eran los respectivos apodos de los procesados.
En ese sentido alzaprim� la Fiscal�a el poder suasorio que pose�a la testigo presencial de los hechos y que sostuvo contacto directo con los homicidas, sin que dejara entrever un �nimo vindicativo o mendacidad y, al contrario, denotando coherencia, naturalidad, verosimilitud y consistencia, para se�alar como responsables a quienes ya conoc�a, respald�ndose en los policiales de la SIJIN que ratificaron la entidad y posibilidad del se�alamiento de la testigo.
En respaldo de ello hizo la Apelante una cita del poder del testimonio �nico. Luego de lo cual se pronunci� frente a la prueba de descargo, expresando que los testigos se basaron en unas planillas en las que se fijan los turnos pero que son sujetas a modificaci�n y los que permitieron conocer que la planta petrolera presenta un muelle en el que pudo ubicar su canoa el procesado para dirigirse al lugar de los hechos, el cual quedaba a 5 minutos. 5.3.
El Ministerio P�blico y la Defensa, como sujetos procesales no recurrentes, se pronunciaron sobre el particular. El primero para coadyuvar el reclamo de condena exclusivo de CARLOS MARIO SABOGAL; mientras que la Defensa, como era de esperar, peticionando la confirmaci�n del fallo absolutorio de instancia, adujo que la no asistencia de alg�n procesado al juicio es una potestad y garant�a, m�s no un factor para deducir responsabilidad, la que aqu�, tambi�n plante�, no podr�a soportarse en una testigo ineficaz que no ha podido llenar los vac�os en la labor investigativa de la Fiscal�a, la que s�lo pudo probar la materialidad de la conducta, sin clarificar si los autores, m�s all� de apodos, fueron LLENIER S�NCHEZ y CARLOS MARIO SABOGAL, los cuales consider� no podr�an verse perjudicados por una deficitaria investigaci�n y una testigo contradictoria. 6.
CONSIDERACIONES. Tal y como ocurre generalmente con los delitos contra la vida, la existencia de la ilicitud resulta de f�cil constataci�n, sin que este caso sea la excepci�n, pues hubo clara prueba -no controvertida- conforme a la cual, aproximadamente a las 2:00 pm del d�a 24 de marzo de 2012 el se�or Yimi Hern�n Arciniegas perdi� la vida de manera violenta, luego de ser impactado por tres proyectiles provenientes de arma de fuego.
Ahora bien, tres fueron las personas vinculadas como coautores de tal episodio criminal, siendo uno de ellos absuelto por la ausencia de alg�n elemento siquiera que lo incriminara (OBDULIO ENCISO), determinaci�n que fue plenamente avalada por partes e intervinientes, como no lo ha sido la absoluci�n de los se�ores CARLOS MARIO SABOGAL y LLENIER S�NCHEZ, en tanto la Fiscal�a y la Representaci�n de las v�ctimas, insisten en que en contra de ellos el testimonio de la supuesta testigo de viso se perfila asaz para derruir su presunci�n de inocencia, aspecto que ser� el que deber� evaluar esta Sala, a trav�s de un nuevo justiprecio integral del caudal probatorio, luego del cual podr� conocerse s� hay certidumbre en torno a los coautores del crimen o, en realidad, campea el escenario de vacilaci�n que condujo al a quo a abstenerse de condenar. 6.1.
Y como la sana cr�tica se constituye en directriz para la valoraci�n de las pruebas, antes de entrar en materia del an�lisis del universo probacional acaudalado, valga sentar alguna ilustraci�n sobre el tema de la valoraci�n probatoria, actividad respecto de la cual la Corte Suprema de Justicia ha explicado que, adem�s de cognoscitiva, es hist�ricamente reconstructiva, a efectos de determinar si los hechos objeto de escrutinio penal, se adecuan a la descripci�n t�pica de la Ley.
En tal sentido esa Alta Corporaci�n ha dicho sobre este tema: �La sana cr�tica impone al funcionario judicial valorar la prueba contrast�ndola con los restantes medios, y teniendo en cuenta la naturaleza del objeto percibido, el estado de sanidad de los sentidos con los que se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi� y las singularidades que puedan incidir en el alcance de la prueba examinada. �El examen probatorio, individual y de conjunto, adem�s de los criterios se�alados, acude a los supuestos l�gicos, no contrarios con la ciencia, la t�cnica ni con las reglas de la experiencia, para inferir la soluci�n jur�dica que la situaci�n examinada amerita. �En consecuencia, el razonamiento para determinar en un proceso penal si un hecho dado ocurri� o no (facticidad), y, en la primer eventualidad, las posibilidades en que se ejecut�, solo puede apoyarse en premisas argumentativas que apliquen las reglas de la sana cr�tica, en los t�rminos que vienen de explicarse, no a trav�s de la personal o subjetiva forma de ver cada sujeto la realidad procesal examinada�.
La misma Corporaci�n, sobre la relaci�n entre la apreciaci�n probatoria y el grado de conocimiento necesario para dictar sentencia condenatoria, ha establecido: �El acto de apreciaci�n probatoria se erige en la operaci�n mental que tiene por fin conocer el m�rito que pueda inferirse del contenido de la prueba. De ah� que cuando se habla de apreciaci�n o valoraci�n probatoria se parte de un estudio cr�tico individual y de conjunto de los elementos de juicio allegados v�lidamente al proceso, motivo por el cual el funcionario judicial debe examinar la credibilidad, fiabilidad o confianza que le merece la probanza y, posteriormente, examinarla en su conjunto. �Dicho de otra manera, en la apreciaci�n de los medios de prueba solamente se deben estimar aquellos en cuyo proceso de aducci�n y producci�n se respetaron todos su ritos, luego se debe verificar su pertinencia, conducencia y utilidad frente al convencimiento del funcionario judicial, para seguidamente proceder a realizar una reconstrucci�n hist�rica del acontecer f�ctico en discusi�n, teniendo como �nicos par�metros los postulados que informan la sana cr�tica, formando de esa manera un todo sint�tico, coherente, l�gico y concluyente. �En lo que respecta a la sentencia la ley exige que para dictar fallo de condena se requiere el grado de conocimiento de certeza, grado al que se llega luego de apreciar de manera individual y mancomunada todos los elementos de juicio allegados v�lidamente al proceso. �La certeza implica que el funcionario judicial est� fuera de toda duda, es decir, que acepta la existencia de unos hechos con criterio de verdad desde dos planos a saber: (i) Subjetivo.
Consistente en la manifestaci�n de aceptar el hecho como cierto y (ii). Objetivo. Son los fundamentos probatorios que se tienen para concluir en la existencia de dicho hecho. �En otras palabras, la certeza no es otra cosa que la convicci�n del hecho. Conocimiento al que se arriba luego de concluir que �ste encuentra cabal correspondencia con lo que revelan los medios de prueba incorporados al tr�mite, luego de ser examinados de acuerdo con los postulados de la l�gica, de la ciencia o de las m�ximas de la experiencia, excluy�ndose de esta manera las ideas contrarias que se ten�an de �l.� �En ese orden, el juez adoptar� fallo condenatorio s�lo cuando, luego de hacer la valoraci�n del material probatorio, llegue internamente a la convicci�n en grado de certeza sobre la materialidad del hecho punible y sobre la responsabilidad del procesado.
Si no alcanza ese nivel de convencimiento, de modo que tenga incertidumbre sobre alguno de los mencionados elementos, es preciso acudir al principio de in dubio pro reo. Esa duda -ha reiterado la Corte- debe ser trascendente, esto es, de una entidad suficiente que no permita tener certeza en relaci�n con el aspecto objetivo o subjetivo del comportamiento punible�. Expuesto lo precedente, aparece entonces que los medios de prueba deben apreciarse individualmente y en conjunto conforme al principio de an�lisis sistem�tico, en busca de una reconstrucci�n coherente de los hechos relevantes con apoyo en los postulados de la l�gica, la ciencia y las reglas de la experiencia, todo lo cual significa que para proferir un fallo condenatorio es necesario por parte del operador judicial el convencimiento o grado de convicci�n adecuada -contrario al capricho, la arbitrariedad, los prejuicios y la opini�n privada- de que los hechos objeto de estudio encuadran en la descripci�n delictiva establecida por el legislador y sobre los mismos puede predicarse la responsabilidad penal del procesado, gracias a una certidumbre producto de an�lisis objetivos y razonables.
Y a la sana cr�tica que venimos refiri�ndonos, claramente, no escapa la prueba testimonial, en tanto deber� el Juez verificar la credibilidad de la versi�n vertida por los testigos a partir de una confrontaci�n de las respuestas ofrecidas con la l�gica, la experiencia y la ciencia. Precisamente la verosimilitud del testimonio depende de su concordancia con el universo de lo probable, con lo usual y con leyes de raigambre cient�fico, teniendo siempre presente que al conformarse de las palabras de un sujeto con intereses y pasiones, no siempre estar� dispuesto a decir la verdad.
Al fin y al cabo, la mentira es un componente de la condici�n humana. En tal sentido la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, ha dicho: �La sana cr�tica se identifica con los ejercicios de verificabilidad del conocimiento hacia la aprehensi�n de la verdad, proceso en el que los jueces deber�n ser respetuosos de las m�ximas generales de experiencia, leyes de la l�gica, la ciencia, y de los criterios t�cnico-cient�ficos estatuidos para valorar determinado medio de prueba que para el caso del testimonio se hallan consagrados en el art�culo 403 de la ley 906 de 2004, que al ser correctamente aplicadas permiten efectuar inferencias acertadas, llegar a conclusiones y otorgar credibilidad a los distintos medios de convicci�n habida raz�n de la verosimilitud de los mismos.(�) �Las contradicciones sobre aspectos accesorios no destruyen la credibilidad del testimonio aunque s� la aminoran, sin que ello traduzca ruptura de la verosimilitud, pero al recaer sobre contenidos secundarios terminan siendo un desacuerdo aparente, esto es, no real y por ende conciliable que habr� de ser valorado con ponderaci�n y razonabilidad adoptando una especie de hermen�utica de favorabilidad apreciativa al interior de las expresiones f�cticas dispares en lo no esencial. �Lo que destruye el valor y la credibilidad de los testimonios vistos en su unidad o con relaci�n a otros, es la verdadera contradicci�n sobre aspectos esenciales relevantes y esa depreciaci�n ser� mayor cuando sea menos explicable la contradicci�n. �Es cierto que uno de los presupuestos para la eficacia probatoria del testimonio es su claridad, precisi�n y conformidad, es decir, que no comporten contradicciones internas en sus expresiones, ni externas en relaci�n a otros medios de convicci�n. (�)� Con lo anterior, aparece entonces como un imperativo para el operador judicial llevar a cabo una detallada labor de verificaci�n de todas y cada una de las respuestas ofrecidas por el testigo, para avistar tras la informaci�n aportada, alg�n posible inter�s de tergiversar la verdad, prejuicios, afectaci�n de la percepci�n o defectos en el proceso de rememoraci�n, todo ello sin pasar de soslayo su condici�n social, cultural y acad�mica, que ser�n indicativas de su idiosincrasia y personalidad, y ello a su vez, se tornar� en derrotero para colocar en contexto las respuestas ofrecidas y la forma como se ofrecen. �De manera que no es la calidad misma del declarante sino su situaci�n personal, sus facultades superiores de percepci�n, retentiva y recordaci�n, la ausencia de intereses en el tr�mite o de circunstancias que afecten su imparcialidad, y las restantes peculiaridades de las que pueda precisarse la correspondencia y credibilidad de su dicho, las que resultan relevantes para determinar la ocurrencia de una determinada situaci�n desde el punto de vista probatorio�.
Todo lo anterior acompasado con aquel criterio jurisprudencial, que reza que el cr�dito a asignar a la v�ctima o al testigo presencial solitario que fungen como conocedores �nicos de los precisos hechos investigados, est� directamente relacionado con: (i) la verosimilitud de sus atestaciones, (ii) que el se�alamiento haya sido consistente y no se encuentre maculado por contradicciones, y (iii) que las condiciones particulares del testigo indiquen su capacidad de aprehender la realidad y que no le asiste ladino inter�s en alterarla en disfavor de una persona respecto de la cual tiene una aversi�n u ojeriza. 6.2.
Valoraci�n probatoria. Caso en concreto. 6.2.1. En tal cometido comi�ncese por recordar que por estrados desfilaron cuatro gendarmes con funciones de polic�a judicial que, por tanto, tuvieron a cargo labores de indagaci�n e investigaci�n en los hechos de sangre que aqu� nos convocan. Gendarmes testigos que, tal como fue adverado desde el tr�mite de primera instancia, poca fue la informaci�n que tuvieron para aportar para dar luces acerca de las circunstancias en que se desarroll� el episodio letal que nos convoca y, menos a�n, para permitir elucidar quienes fueron sus autores, limit�ndose su gesti�n a la acreditaci�n de la existencia de la muerte violenta.
Lo anterior atendiendo a que su labor se contrajo a realizar inspecci�n t�cnica del cad�ver, a fijar mediante fotograf�as la escena del crimen, y a tomar con prontitud las entrevistas de testigos aparentemente presenciales de los hechos, sin que ahondaran en las pesquisas, quedando as� como primeros respondientes de un caso en el que, r�pidamente, qued� al descubierto que no se soportar�a en un trabajo de indagaci�n exhaustivo desarrollado a partir de la ocurrencia del hecho, sino que se valdr�a y respaldar�a en lo que los testigos entrevistados tuviesen para testificar.
En efecto, a partir de la informaci�n que los entrevistados les entregaron a las autoridades de investigaci�n, no aparecen en el plenario, averiguaciones, sondeos o exploraciones profusas para respaldar los primigenios se�alamientos, lo cual se tradujo, como efectivamente ocurri�, en que los agentes de la SIJIN en el juicio oral �nicamente dieron cuenta de los actos urgentes de indagaci�n, sin aportar informaci�n de fondo en torno al delito acaecido y sus autores responsables, manifestando as� que respecto a tales t�picos lo mejor era interrogar directamente a quienes ellos en su momento entrevistaron.
Luego, se avizoran desde estos gendarmes testigos las limitaciones de la investigaci�n, perfil�ndose como realidad apod�ctica que en pos de saber qui�n o quienes segaron la vida del se�or Yimi Hern�n Arciniegas, indispensable aparec�a y aparece lo que los testigos presenciales dijesen, �nicos habilitados para ello, pues la gesti�n investigativa se limit� a determinar que tales testigos exist�an, sin ahondar en la informaci�n que les ofrecieron para consolidarla y respaldarla en el juicio oral.
Diligencia judicial en la que -es bueno referirlo para dejar al descubierto los vac�os de la investigaci�n- sorprende como nunca de parte de los gendarmes se escuch� la forma c�mo se lleg� a la vinculaci�n al proceso del se�or OBDULIO ENCISO OSORIO, ya que apareci� como por arte de magia, llamado a la formulaci�n de imputaci�n y acusado en la audiencia subsiguiente, pero sin siquiera un elemento probatorio que �hablara� de su compromiso en el reato contra la vida, lo que parece no inquiet� a la Fiscal�a que, de manera intr�pida, se permiti� llevar a un procesado a juicio, gener�ndole una �pena de banquillo� sin darse cuenta que ning�n elemento de convicci�n respaldaba tan grave se�alamiento.
Se�alamiento que se direccion� tambi�n en contra de los alias �Caim�n Moyero� y �Pata Limpia�, lo cual suger�a una labor de indagaci�n que permitiera comprender y adquirir certeza de qui�nes eran las personas que respond�an a tales apodos, lo que no fue ventilado durante la pr�ctica de pruebas en la que, por consiguiente, qued� develado que para clarificar el nexo entre los procesados y tales seud�nimos con ninguna gesti�n formal y conocida de investigaci�n se contar�a (m�s all� de unos reconocimientos fotogr�ficos excluidos desde la audiencia preparatoria), limit�ndose la Fiscal�a en torno a t�pico tan importante a lo que la testigo presencial clarificara, en una muestra de vac�os en la construcci�n de una verdad s�lida.
Tal y como lo evidenci� cuando en pro de la acreditaci�n de uno de los dos delitos por los que acus� (art. 365 C.P.) no se preocup� por adquirir la prueba de que ninguno de los tres procesados contaba con permiso de parte de las Fuerzas Militares para el porte o tenencia de elementos b�licos, lo que aparec�a indispensable en este asunto, gener�ndose as� por el mismo �rgano persecutor las condiciones para una absoluci�n parcial a ra�z de un abandono que, se insiste, qued� clar�simo con la formulaci�n de acusaci�n infundada probatoriamente del se�or OBDULIO ENCISO y, de otra parte, con las limitaciones mostradas respecto a la identificaci�n de quienes respond�an a los alias ya mentados, para lo cual s�lo se cont� con la testigo Ver�nica Johana Moreno, como a continuaci�n se referir�. 6.2.2.
Como correlato de las carencias en la tarea de investigaci�n, deber� procederse pues al an�lisis de los testigos presenciales del il�cito, frente a lo cual habr� de comenzarse recordando que, en correspondencia con el Juez de primera instancia y las partes, en este caso hubo varias personas que se encontraban en zona aleda�a al punto en el que el se�or Yimi Hern�n fue baleado, pero s�lo una testigo pudo, aparentemente, observar e identificar a los atacantes.
En efecto, a estrados asisti� Germ�n Camilo Alcal�, arenero y empleado del occiso, quien adujo que no vio el momento consumativo del delito porque se encontraba a considerable distancia almorzando en un restaurante de la zona, como tampoco lo pudo ver el otro empleado Jos� Dar�o Sep�lveda, quien admiti� �yo no vi quien mat� a Yimi�, lo que tambi�n podr�a predicarse del pap� de la v�ctima que no estuvo en el lugar de los hechos para el momento del atentado, como s� lo estuvo el testigo Iv�n Dar�o Mej�a, quien al escuchar los disparos observ� a dos personas que se montaban a una canoa que manejaba un tercer individuo, sin poder identificar a alguna de las tres personas que emprend�an la huida.
Ahora bien, informaci�n m�s detallada s� ofreci� el se�or Cristian Johan Caro, �balastrero� de la zona que se encontraba lavando ropa en punto aleda�o al del hecho de sangre, exponiendo que uno de los homicidas ten�a camisa verde, mientras que la de otro era roja, adicionando que se trataba de tres personas, uno alto, flaco y moreno, otro de mediana estatura y trigue�o, mientras que el m�s bajo era gordito y de tez blanca, llegando y partiendo todos en una canoa de color blanco con azul, sin que pudiera identificarlos porque no los conoc�a, no los hab�a visto con anterioridad, no sab�a de quienes se trataba.
Se llega as� entonces a la declaraci�n en estrados de la d�cima y �ltima testigo de cargo: Ver�nica Johana Moreno, de la cual habr� que predicarse que al declarar s� ha ofrecido informaci�n m�s concreta, lo cual ser�a favorable para los intereses de la Fiscal�a, sin embargo, al hacerlo ha presentado inconsistencias internas y externas que impiden convertirla en fundamento de un fallo de condena.
En cuanto a las inconsistencias internas t�ngase presente: (i) Ver�nica siempre fue oscilante en lo relacionado con el n�mero de personas que avist� participando de la ilicitud, pues en momentos adujo que se trataba de tres personas y en otros puntos de la deponencia expres� que fueron cuatro, diferencia ostensible que al quedar al descubierto la condujo a aclarar que cuando hablaba de tres personas se refer�a a aquellos que bajaron de la embarcaci�n, lo que por ser una explicaci�n tard�a deja amplias dudas sobre su veracidad, m�xime cuando al inicio de su testimonio expres� que llegaron tres personas en la canoa, debi�ndose cuestion�rsele ahora entonces: �de d�nde sali� o result� el cuarto integrante del grupo que no arrim� al puerto en la canoa? Tal pregunta ha quedado sin respuesta y ha dejado la credibilidad de la testigo minada por una considerable duda de la cual se desprende que, quiz�, la testigo habl� de cuatro personas para poder incluir a todos aquellos que deb�a se�alar como responsables del il�cito.
(ii) De otra parte, afirm� Ver�nica Johana Moreno que ya hab�a tenido la oportunidad de observar a los atacantes durante la semana en cercan�as al puerto y que, de acuerdo a la forma de vestir de ellos, cre�a que se trataba de simples turistas, lo que discurre la Sala que solamente podr�a reflexionar si no tuviera idea de qui�nes eran, pero parad�jicamente luego en su testimonio expuso que dos de ellos eran conocidos suyos de tiempo atr�s, lo que a todas luces constituye una incompatibilidad que resquebraja en forma suma su credibilidad.
En verdad constituye un il�gico que la testigo viera por varios d�as (previos) a dos personas conocidas suyas y les calificara como turistas, por lo que el que as� lo manifestara en la vista p�blica sugiere que, en realidad, no ten�a conocimiento de quienes fueron los atacantes, lo que luego debi� corregir cuando cay� en cuenta que para sacar avante su incriminaci�n no podr�a aducir que pens� que eran turistas.
(iii) Ahora bien, en disfavor del real conocimiento de la testigo de todos los pormenores, de principio a fin, del fatal episodio, h�gase notar que ninguno de los testigos que estaban en cercan�a del punto en que Yimi fue atacado percibi� alguna circunstancia especial que les llamara la atenci�n hasta cuando se oyeron los disparos, lo que implica que no hab�a motivo alguno para que Ver�nica estuviese husmeando por una rendija de la puerta de su casa, por lo que su manifestaci�n en este sentido queda en entredicho, por la improbabilidad de que ocurriera la coincidencia que justo cuando opt� por mirar por el ojal de la puerta llegaron los atacantes a la orilla del puerto, perfil�ndose m�s ajustado a la l�gica que fue cuando escuch� los disparos que intent� mirar qu� hab�a ocurrido; momento desde el que menos detalles pod�a avistar, pero que ella no quer�a reconocer.
(iv) Tambi�n la testigo quiso perfilarse como conocedora de pormenores y detalles del episodio fat�dico, siendo as� como se refiri� a las caracter�sticas de los atacantes, al igual que lo hizo respecto a la v�ctima, de la cual dijo que cuando fue atacada estaba vestida con un jean y un esqueleto blanco, lo que se ha constatado a trav�s de las fotograf�as adosas y de la inspecci�n a cad�ver que no era as�, puesto que se observa y se lee que el se�or Yimi Hern�n llevaba consigo una camisa de jean color negro y que por debajo ten�a una camiseta igualmente negra, con un estampado.
Se encuentra as� otro motivo para dudar de la observaci�n certera por parte de la testigo que, aunque en el teatro de los acontecimientos, estaba a aproximados 80 metros del punto en que cay� Yimi Hern�n Arciniegas, distancia considerable para gozar de una observaci�n clara, lo cual comprend�a a plenitud la se�ora Ver�nica Johana, quien por tal adujo que vio perfectamente a los homicidas s�lo cuando fueron hasta su casa a preguntar por otras personas; forma de actuar de �stos que, aunque posible, como primera medida no fue relacionada por el otro testigo de viso (Cristian Johan Caro) y que, adicionalmente, aparece como de dif�cil ocurrencia desde el plano de la l�gica y la experiencia, en tanto si luego de disparar adoptaron una actitud de huida, no era de esperar que no pretendieran escapar sino que se dirigieran hacia una de las casas m�s cercanas del punto en el que acababan de atacar, como tampoco era l�gico que no realizaran personalmente la b�squeda y se expusieran de forma directa ante una potencial testigo, la que supuestamente conoc�a a varios de ellos.
A tono con el anterior punto, p�sese ahora a la rese�a de las inconsistencias externas, las que se aclara que aparecen al realizar una confrontaci�n con el testimonio del se�or Cristian Johan Caro, quien como acaba de referirse, fue la otra persona que observ� algunas caracter�sticas de los atacantes, sin que ellas se correspondan con lo que Ver�nica le ha expresado a la audiencia. Se pasa a explicar: (i) Cuando al testigo se le pregunt� por el recorrido de los atacantes indic� que �stos se bajaron de la canoa y entraron a la vereda �Santa B�rbara�, dirigi�ndose hacia una tienda, devolvi�ndose luego, por lo que pasaron dos veces por su lado, posterior a lo cual se hicieron detr�s de Yimi y ah� fue que lo atacaron y tomaron las de Villadiego, lo que no compagina con lo dicho por Ver�nica Moreno, quien relat� que cuando los atacantes llegaron en la canoa, inmediatamente saludaron al se�or Yimi, luego de lo cual uno de ellos se hizo detr�s de �l y le dispar�, posterior a lo cual se montaron a la canoa, no para huir sino para dirigirse hasta su casa, a pocos metros, a preguntar por otras personas.
(ii) En ciertas partes del testimonio de Ver�nica ella manifest� que cuatro eran las personas que hab�an perpetrado el il�cito, siendo tres los que se bajaron de la canoa, sin que el restante (Caim�n Moyero) se bajara, lo cual no compagina con lo dicho por el mentado testigo que declar� que todo el despliegue delictual fue desarrollado por tres personas, dos que se bajaron de la embarcaci�n y una que se mantuvo en ella.
(iii) El testigo Cristian Johan neg� haber visto que alguno de los atacantes tuviese guantes, poncho o chaqueta, las cuales fueron prendas que Ver�nica se�al� que les observ�, as� como igualmente se�al� que �Caim�n Moyero� ten�a el uniforme de la empresa petrolera aleda�a en la que laboraba y el casco que sol�an utilizar los empleados de all�, tipo de indumentaria que, dif�cilmente, habr�a de utilizar quien quisiera pasar inadvertido y que, en todo caso, no se compadece con lo visto por Caro, pues �ste dijo no haber visto alguna prenda de vestir particular que le llamase la atenci�n, como tampoco que alguno de los atacantes tuviese alg�n elemento en su cabeza.
De hecho lo neg�. 6.2.3. Se perfila as� que el respaldo testimonial de la Fiscal�a para soportar su acusaci�n no goz� de la contundencia requerida, a lo que habr�n de sumarse otros factores que ratifican que la decisi�n absolutoria fue acertada y, sobretodo, respetuosa de la garant�a a la presunci�n de inocencia que en el sub judice imperaba que quedase indemne respecto a todos y cada uno de los procesados.
Se exponen las razones de tal conclusi�n: (i) Ausencia de motivos (acreditados) para que los procesados participaran del homicidio de Yimi Arciniegas. En nuestra condici�n de seres humanos, con una existencia fr�gil y siempre en vilo por el eventual accionar de terceros, poseemos conciencia del inconmensurable valor que la vida tiene en el plano natural, movi�ndonos ello a que, partiendo del reconocimiento de los dem�s como un otro yo, haya una tendencia a no atentar contra la vida de otros, salvo cuando haya alg�n motivo sensible y suficiente (Independiente de que el motivo sea balad� o f�til ante los ojos de los dem�s) para quebrar tal concepci�n. M�xime cuando el reconocimiento natural de la vida est� auspiciado por el ordenamiento jur�dico que establece dr�sticas sanciones para quien mate a sus semejantes, constituy�ndose la pena en factor disuasivo que acent�a el originario principio de respeto de la existencia ajena.
Luego, cuando existe un homicidio, se perfila il�gico creer que ello ha ocurrido sin una causa motivacional que lo patrocine, por lo que para esclarecer qui�n lo ha llevado a cabo, importante se torna buscar qui�nes ten�an una raz�n o motivaci�n para el letal acto. Es as� como surge la cuesti�n �hab�a alg�n motivo para que los se�ores CARLOS MARIO SABOGAL y/o LLENIER S�NCHEZ VANEGAS quisieran segar la vida del aqu� v�ctima?, apareciendo para la Sala imperativo, conforme a la prueba practicada, responder de manera negativa, puesto que, m�s all� de la ausencia de alg�n elemento de convicci�n que diera cuenta de una situaci�n especial de hostilidad, enemistad o reyerta entre los implicados, se cont� con prueba s�lida indicativa que no hab�a factor motivacional que condujere al par de procesados a acto tan gravoso.
Lo anterior por cuanto en el presente asunto se escuch� al padre de la v�ctima y varios de los empleados suyos que negaron que entre los procesados y el se�or Yimi Hern�n Arciniegas hubiera alg�n tipo de relaci�n, aventurando decir que cre�an que ni siquiera se conoc�an, por lo que se deduc�a la ausencia de un ladino inter�s en acabar con la vida de aqu�l. Lo que se alzaprim� con las palabras en concreto del se�or Arciniegas (padre) cuando dijo que desconoc�a a CARLOS MARIO SABOGAL y al se�or LLENIER y que, adicionalmente, ellos no eran conocidos en el sector de la extracci�n de arena y gravilla, por lo que �l no se explicaba la muerte de su hijo a partir de un problema con aquellos, apareciendo como explicaci�n para �l que la muerte se debi� a la envidia que generaba que �l y su hijo tuvieran t�tulo minero para tal actividad de extracci�n que, por tal, denunciaban que realizaran otras personas sin el cumplimiento de los permisos.
En tal sentido fue que se le escuch� decir que, en realidad, el ambiente en la miner�a en �Santa B�rbara� estaba algo caldeado, siendo �sta la �nica causa con la que explicaba que su hijo fuese asesinado de manera violenta, por lo que cre�a que los responsables deb�an ser aquellos que realizaban miner�a ilegal y ve�an estropeada tal labor por el fallecido Yimi, de quien se conoci�, a trav�s de los dem�s testigos, que hab�a tenido enfrentamientos verbales con mineros ilegales, en los que aparecieron amenazas, germin�ndose as� un ambiente hostil del que, se insiste, no eran parte SABOGAL VIZCA�NO como tampoco S�NCHEZ VANEGAS.
Pero cabe preguntar en este punto: �Ser� que tales personas fueron contactadas por los verdaderos interesados en el homicidio para encomend�rseles la fatal tarea? Para arrimar a una respuesta afirmativa, importante ser�a identificar que los procesados fung�an como sicarios o similar; hip�tesis que nunca se plante� durante el juzgamiento y que no cont� con alguna probanza que la respaldara.
Cont�ndose s� con prueba que mostraba al se�or CARLOS MARIO SABOGAL, antes que como un sicario a sueldo, como un hombre trabajador que ya ten�a una trayectoria en la extracci�n petrol�fera, teniendo v�nculos laborales con la empresa ��JJ Empleos Temporales� desde el 16 de diciembre de 2009, v�nculo que existi� tambi�n entre el 13 de enero de 2012 y el 4 de junio de la misma calenda, interregno durante el cual deveng� un salario mensual aproximado de $ 2�117.490, monto considerable que le significaba poseer un sustento econ�mico que, es dable predicar, lo alejaba del querer participar de homicidios por alguna recompensa, �nico motivo por el que ser�a explicable que �l fuera qui�n mat� a Yimi Arciniegas.
(ii) Dicho lo anterior, sea el punto para pasar al segundo de los motivos para alzaprimar el fallo absolutorio, tal y como lo es la contundencia de la teor�a del caso defensiva. En tal sentido d�gase que cuando una persona es vinculada a un proceso penal es com�n y hasta esperable que, en pro de evitar las graves consecuencias punitivas de un fallo de responsabilidad, si ha tenido participaci�n en el delito acuda a la mentira para forjar una hip�tesis de lo ocurrido que lo aleje del escenario il�cito, vali�ndose para ello de su propio dicho y el auspicio testimonial de todas aquellas personas cercanas que, por tal, tambi�n quieren evitar ver tras rejas a su ser querido.
Y aunque ello no es poco com�n, no es una constante invariable, encontr�ndose casos en los que, paralela a los vac�os de la prueba de cargo, aparece una teor�a de lo ocurrido seria, bien fundamentada y respaldada en pruebas objetivas, libres de vicios; tal y como discurre esta Sala que ha ocurrido en el caso de autos, por cuanto no se est� ante una improvisada o burda versi�n, sino una plausible en la que las palabras se sustentan en las probanzas aportadas.
Y es que el se�or CARLOS MARIO SABOGAL, renunci� a su derecho a guardar silencio, para exponer que en el momento en que el homicidio ocurri�, �l se encontraba laborando, lo cual hizo a trav�s de un relato coherente, consistente, espont�neo y claro que daba cuenta de su credibilidad. La que no ser�a dable certificar �con ojos cerrados� por la sola suficiencia verbal del interesado en defenderse, lo cual comprendi� la Defensa que no limit� su labor y, en esa medida, se preocup� por traer a estrados a dos compa�eros de trabajo de SABOGAL y su supervisor de labores, quienes dejaron entrever ante la audiencia que no sosten�an una amistad o cercan�a acentuada con aqu�l, trat�ndose s�lo de un colega con el que realizaban la tarea de cargue, la cual tambi�n recordaron haber realizado el d�a 24 de marzo desde las 7:00 am hasta las 7:00 pm, teniendo como descanso �nicamente el tiempo para almorzar que se daba entre las 11:30 am y las 12:30 pm, estando durante toda la jornada al lado de CARLOS MARIO, quien no pidi� permisos ni se ausent� de manera injustificada.
Claras manifestaciones que denotaban que el procesado, antes que participar de un homicidio a las 2:00 pm, hac�a parte de una larga jornada de trabajo en la que desarrollaba labor necesariamente mancomunada (los testigos certificaron que no pod�a faltar ninguno de los tres encargados del cargue), lo que tampoco fue respaldado de manera exclusiva en las declaraciones de los compa�eros de trabajo, ya que tanto lo que dijeron �stos como el implicado SABOGAL VIZCA�NO, cont� con el apoyo de la prueba documental adosada, la cual no se restringi� a la planilla de labores, sino que se trat� de todo un c�mulo de documentos que, en conjunto, muestran que aqu�l s� estaba laborando.
Es que, en honor a la verdad, si �nicamente se hubiera presentado la planilla con los turnos desarrollados por el procesado era dable creer que ella pudo ser objeto de alguna modificaci�n o �maquillaje�, pero en el presente caso estuvo acompa�ada por (i) el contrato de trabajo suscrito por el procesado en el que aparece que estaba vinculado como trabajador para el d�a de los hechos, sujeto a los turnos y horarios determinados por la empresa empleadora;
(ii) un desprendible de n�mina que ratifica lo precedente y, para ahondar en pruebas objetivas, tambi�n se ados� (iii) certificaci�n expedida por la Directora de Talento Humano de �JJ Empleos Temporales S.A.S.� en la que se lee: �De acuerdo a los soportes de programaci�n de turnos y pagos de n�mina, el se�or Sabogal el d�a 24 de marzo de 2012, se encontraba realizando el turno de 7:00 am a 7:00 pm�. Mayores y mejores pruebas le resultaba casi imposible aportar al procesado, el que considera la Sala, en correspondencia con el Juez a quo, ha ofrecido la prueba testimonial y documental id�nea para que su versi�n, seg�n la cual, estaba laborando, sea acogida, cuando menos para generar el estado de dubitaci�n acerca de su participaci�n en un il�cito en el que, para su fortuna (y la de LLENIER S�NCHEZ), la prueba de cargo ha presentado importantes inconsistencias que, valga insistir, no han podido superarse por las limitaciones de la gesti�n investigativa. 6.3.
Conclusi�n. Que el se�or OBDULIO ENCISO fuera absuelto era soluci�n ineludible en este asunto, lo cual se refiere ahora para insistir en el hecho que aqu� la Fiscal�a no ha obrado con la diligencia que le es exigible y, puede decirse, tampoco con el humanismo que debe servir de norte para sus actuaciones, puesto que se ha permitido llevar a juicio a una persona de la que, de forma llana es predicable, termin� la Agencia fiscal por no saber las razones por las que lo estaba acusando.
Muchas otras deficiencias y limitaciones de la gesti�n de persecuci�n han sido despuntadas, lo que ha conducido a que el encausamiento de los otros procesados tambi�n quede en vilo, tal y como de manera diamantina se puede predicar respecto al se�or LLENIER S�NCHEZ VANEGAS, por cuanto nunca �l fue se�alado por alg�n testigo como el responsable del homicidio del se�or Yimi Hern�n Arciniegas.
En efecto, en este proceso ning�n testigo -ni siquiera la se�ora Ver�nica Johana Moreno- afirmaron durante la fase probatoria que uno de los homicidas fuese LLENIER, dici�ndose s� por parte de aquella que uno de los atacantes era quien respond�a al alias de �Pata Limpia�, seud�nimo que ninguna prueba ha dejado al descubierto fuese con el que se conoc�a a tal procesado, al que por nombre dijo la testigo Ver�nica no conocer.
As� las cosas, a lo sumo podr�a admitirse que una persona denominada �Pata limpia� fue coautora del homicidio (lo que tampoco fue clarificado debido a las deficiencias de la testigo), pero ello no conduce a la condena del procesado S�NCHEZ VANEGAS, por la ausencia de elemento de convicci�n que diga que �ste posee el referido alias, imperando as� entonces tambi�n su absoluci�n, la cual se soporta adicionalmente en todas las consideraciones en este prove�do desarrolladas y, en una m�s, como lo es que la testigo mencionada ofreci� como referente de alias �Pata Limpia� que lo conoc�a de antes porque se trataba de un ex integrante de las AUC desmovilizado, lo que certific� el Alto Comisionado para la paz, no era predicable respecto del se�or LLENIER S�NCHEZ VANEGAS, pues no aparec�a en las bases de datos como subversivo separado de las filas a trav�s de alguna desmovilizaci�n colectiva ni alguna entrega individual.
Ahora bien, respecto al se�or CARLOS MARIO SABOGAL la determinaci�n de su responsabilidad era m�s compleja, como quiera que �ste s� fue expresamente se�alado por la testigo �nica, y aunque en abstracto ella como testigo �nica era asaz para derruir la presunci�n de inocencia, tal cometido no se ha conseguido en el sub examine, por cuanto la declarante, m�s all� de su insolencia en juicio, ha sido vacilante, inconsistente y, en s�, no meritoria del cr�dito necesario para dar cuenta que el procesado particip� de la obra criminal que aqu� nos convoca, menos aun cuando a tan deficitaria deponencia se opone importante prueba testimonial y documental de descargo que, con suficiencia y objetividad, permiten forjar la idea seg�n la cual, SABOGAL VIZCA�NO no ten�a la necesidad de segar la vida del se�or Yimi Arciniegas y que para el momento del ataque violento de �ste se hallaba laborando.
Lo cual posee mayor poder suasorio cuando se advierte que se torna bastante dif�cil creer que en escas�simos minutos escap� de su sitio de labores, tom� su canoa, recogi� a sus compinches, arrim� al puerto de la �arenera�, atac� mortalmente a quien no ten�a necesidad de segarle su vida y, r�pidamente, regres� como si nada hubiese ocurrido a seguir cumpliendo su turno laboral.
Ello aparece poco probable, como tambi�n que el procesado pudiera obviar sus horarios de trabajo y, por tal, una semana antes del homicidio tuviese la posibilidad de estar dando ronda en su canoa por la �arenera�, tomando pistas de la persona a la que habr�a de arrebatarle la vida. En consecuencia, concluye esta Colegiatura que proferir un fallo de condena ser�a forzar las pruebas y �hacerles decir lo que no dicen�, lo cual quiz� aliviar�a el reclamo exacerbado de justicia respecto a un obrar criminal tan grave, cuando en realidad se estar�a concretando una injusticia, en la que la carencia de fundamentos s�lidos de la acusaci�n, dejar�an desaz�n absoluto al sentenciador, quien no recuperar�a la tranquilidad al ordenar la reclusi�n de quienes no fue clarificado fuesen autores de un hecho criminoso, existiendo no despreciables dudas para creer, al contrario, que su obrar ha sido impoluto.
Dudas que conducen a la absoluci�n de quienes, se resalta, no ha relucido sin ambages su inocencia, pero que, al igual que lo determin� el a quo, deb�an y deben beneficiarse de la m�xima del in dubio pro reo, garant�a que no debe lacerarse para evitar, a toda costa, que un delito no quede entre sombras o impune, pues de esta manera se duplicar�a la injusticia. 7.
DECISI�N Por todo lo precedentemente discurrido, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:
PRIMERO: CONFIRMAR en su integridad la sentencia proferida el d�a 21 de abril de 2015 por el Juzgado Penal del Circuito de Puerto Boyac�, Boyac�, mediante la cual los se�ores CARLOS MARIO SABOGAL VIZCA�NO, LLENIER S�NCHEZ VANEGAS y OBDULIO ENCISO OSORIO fueron absueltos de las conductas punibles de �Homicidio agravado� y �Porte ilegal de arma de fuego de uso personal� que la Fiscal�a les atribuy� en concurso heterog�neo.
SEGUNDO: INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y C�mplase: Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOS� FERNANDO REYES CUARTAS Daniel Ortega Cortes Secretario Confrontar los folios 12 y 13 del cuaderno No. 1. El acta de la audiencia de formulaci�n oral de la acusaci�n se encuentra entre los folios 37 y 40 del expediente, mientras que el escrito de acusaci�n obra entre los folios 1 y 8. Ver entre los folios 178 y 181 del cuaderno No.1. El acta del juicio oral se avizora a partir del folio 204 del cuaderno contentivo de lo actuado. C.S.J. Sala de Casaci�n Penal.
Rad. 21068 del 25 de mayo del a�o 2005. C.S.J. Sala de Casaci�n Penal. Rad. 30443 del 25 de mayo de 2011. M.P. Augusto Ib��ez Guzm�n. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal. Sentencia del 17 de junio de 2010; Radicado 33734. Corte Suprema de Justicia. Decisi�n del 23 de febrero de 2011. Radicado: 32996. Todo lo relacionado en este ac�pite se condensa en las consideraciones que sobre la prueba testimonial se encuentran en la decisi�n de la Corte Suprema de Justicia 40105 del 28 de mayo de 2014.
MP: Eugenio Fern�ndez Carlier. (SP-6700-2014). Factor esencial para elucidar el cr�dito de un testigo. Tr�igase a colaci�n sentencia del 8 de agosto de 2010, en la que la Corte Suprema de Justicia dijo: �72. De tal manera, como cada testigo le imprime a su testimonio una parte de su mundo esencial, particular escala de intereses, habilidades, facultades f�sicas y valores morales, el cr�dito de su atestaci�n est� sometido a la condici�n de que, conforme a criterios l�gicos y experiencia comprehensiva, raz�n aplicada a la pr�ctica, se acompase objetivamente con s� mismo, pero adem�s como elemento de un sistema dentro de la masa del conocimiento del que hace parte, en lo que se ha dado en llamar �razones intr�nsecas y extr�nsecas que conducen a aumentar, a disminuir o a destruir su valor probatorio�, sin que pueda ser atendible un descr�dito general con solo mirar a contraluz disonancias entre una prueba y otra, o entre uno de sus momentos y el siguiente.� Confrontar folio 3 del cuaderno de pruebas. Confrontar el cuaderno de pruebas entre los folios 29 y 36. PAGE P�gina PAGE 21 Sentencia Ley 906, 2012-80508-01 CARLOS MARIO SABOGAL y Otros Homicidio agravado y Porte ilegal de arma Confirma sentencia absolutoria Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal P�gina PAGE 1 Sentencia Ley 906, 2012-80508-01 CARLOS MARIO SABOGAL y Otros Homicidio agravado y Porte ilegal de arma Confirma sentencia absolutoria Rep�blica de Colombia Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67IJKftx{��������+ - 7;
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