Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Cundinamarca

Radicado: 25843-31-03-001-2007-00108-01

Sala: SALA CIVIL - FAMILIA

Ponente: / Germán Octavio Rodríguez Velásquez

Fecha: 2010-06-09

Sujetos procesales: DEMANDANTE: Silveria Rodero de Contreras \ DEMANDADO: indeterminadas

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Ref: Exp. 25843-31-03-001-2007-00108-01 Pasa a decidirse el recurso de apelaci�n interpuesto por Blanca Yeny Contreras Ar�valo y los menores hijos Jos� Luis Alberto, Jhon Fredy, Henry Alfonso y Duban Yesid Contreras Arevalo, contra la sentencia de 21 de julio de 2009 proferida por el juzgado civil del circuito de Ubat� dentro del proceso de pertenencia agrario de Silveria Rodero de Contreras contra indeterminadas, teniendo en cuenta los siguientes, I. � Antecedentes El referido proceso fue promovido para que se declarara que la actora ha ganado, mediante usucapi�n, el dominio del predio rural denominado �Alto Blanco�, Vereda La Loma del municipio de Cucunub�, y en consecuencia se ordenara la inscripci�n inmobiliaria correspondiente.

Ad�cese como fundamento de tal aspiraci�n, que la demandante viene poseyendo con animo de se�ora y due�a del predio pretendido por m�s de veinte a�os en forma quieta, pac�fica, p�blica e ininterrumpida, defendi�ndolo de perturbaciones de terceros; lo explota econ�micamente con labores de pastoreo y ha cancelado el impuesto predial del mismo.

Acreditadas las publicaciones, se design� curador ad-litem a los indeterminados emplazados, quien contest� sin oponerse. Dentro del t�rmino del llamamiento, comparecieron Blanca Yeny Contreras Ar�valo y Mar�a Rosalba Ar�valo obrando �sta en representaci�n de sus menores hijos Jos� Luis Alberto, Jhon Fredy Henry Alfonso y Duvan Yesid Contreras Ar�valo, oponi�ndose sobre la base de que el tiempo de posesi�n de la demandante es insuficiente para usucapir, espec�ficamente porque el bien era pose�do por Isa�as Contreras hasta el 31 de mayo de 1970, fecha de su fallecimiento; a partir de ese momento continu� con la posesi�n su esposa Dioselina Palomares hasta el d�a de su deceso, el 25 de diciembre de 1976, fecha en la cual pas� a su hijo y heredero, Damian Contreras, esposo de la demandante, hasta que muri� el 16 de agosto de 2005, posesi�n que ejerci� el causante conjuntamente con su hijo Luis Armando Contreras Rodero, padre de los opositores y esposo de Mar�a Rosalba, que hab�a fallecido el 1� de enero del mismo a�o. De all� que s�lo desde esa fecha Silveria ha ejercido posesi�n. Ante ello, la actora reform� la demanda adicion�ndola en cuanto al hecho de que la posesi�n la ejerci� en conjunto con su extinto esposo Damian Contreras desde el a�o 1976 hasta el 2005, aportando para el efecto el certificado matrimonio expedido por la Di�cesis de Zipaquir�.

Llevada a cabo la audiencia de que trata el art�culo 45 del decreto 2303 de 1989 y una vez practicadas las pruebas decretadas en aquella oportunidad, se clausur� la fase probatoria y se profiri� sentencia estimatoria, decisi�n que apelaron los opositores en recurso que se apresta a desatar esta Corporaci�n. II.- La sentencia apelada Persuadido de que los art�culos 778 y 2521 del c�digo civil, facultan a quien alegue posesi�n, a�adir a su �tenencia� per�odos de posesi�n ejecutados por sus antecesores para completar el t�rmino prescriptivo, acentu� primeramente que el predio fue pose�do en un comienzo por Isa�as Contreras y su esposa Dioselina Palomares y que a su muerte, en la d�cada de 1970, �sta fue continuada por su hijo Damian Contreras, posesi�n de la que fue participe su esposa Silveria Rodero de Contreras; al momento del deceso de Contreras, fue la demandante quien asumi� el control, direcci�n y disposici�n del predio objeto de las pretensiones.

Sin que al efecto exista prueba de que esa posesi�n fue ejercida por el causante conjuntamente con su hijo Luis Armando Contreras Rodero; los testimonios que respaldan esa posici�n, no dan certeza de ello, especialmente del se�or�o que pudiera haber en el hijo al laborar en el predio, quien lo hac�a m�s con anuencia de Damian Contreras. Y si bien se trajo copia de un documento en que el padre le vendi� al hijo la posesi�n, �ste carece de los requisitos del art�culo 277 del c�digo de procedimiento procesal civil, como que se trata de �documento dispositivo de derechos reales�, que no fue reconocido ante notario - en lo atinente a las firmas de quienes lo crean - y su efecto como es la tradici�n de la posesi�n, no figura registrado en el folio de matr�cula inmobiliaria de bien.

As� que, acreditada la suma de posesiones con el registro civil de matrimonio entre Damian y Silveria, demostrado que la posesi�n inici� antes de las nupcias precitadas, la pertenencia se impone. III. � El recurso de apelaci�n Se funda b�sicamente en que no se le dio el valor demostrativo que le asiste al documento contentivo del contrato de compraventa celebrado entre Damian y Luis Armando, am�n de que no se advirtieron las contradicciones en que cayeron los testigos de la demandante, lo que les resta credibilidad, sobre todo porque la eventual posesi�n Silveria, en caso de haber sido posesi�n, no fue exclusiva sino indivisa, por lo cual no ten�a virtualidad para la pertenencia. Consideraciones El tropiezo de la pertenencia, que se advierte desde muy temprano, no est� tanto en la existencia de ese contrato suscrito entre uno de los antecesores en la posesi�n del predio objeto de las s�plicas de la demanda y su hijo, por el cual habr�a de predicarse que la posesi�n pas� a las manos de este �ltimo, pol�mica cuyos resultados, a la final, no demarcan la suerte de los pedimentos de la demanda, sino el hecho de que esa suma que pretendi� hacer el juzgado entre la posesi�n del difunto Dami�n Contreras y su esposa, la demandante, no pod�a hacerse de esa manera como lo pretendi� hacer, a tal punto que eso mismo encarna un obst�culo insalvable para la usucapi�n. Ciertamente, la jurisprudencia admite que para sumar posesiones, cuando el v�nculo jur�dico que ata la posesi�n anterior con la nueva es la sucesi�n por causa de muerte, no es imprescindible que al heredero que propugna por la agregaci�n a la suya de la posesi�n de su causante le haya sido adjudicada aquella; basta, pues, acreditar esa condici�n de heredero para que puedan una y otra a�adirse, caso en el cual, como es apenas natural, la pesquisa en que ha de concentrarse el juzgador estar� encaminada a determinar si juntadas una con otra se alcanza el t�rmino prescriptivo necesario para ganar el dominio por este medio adquisitivo.

En tal sentido ha dicho la doctrina jurisprudencial, en efecto, que �para los prop�sitos de sumar a la posesi�n de unos herederos demandantes la ejercitada por el de cujus, no necesariamente debe demostrarse, y menos exigirse, la respectiva adjudicaci�n a aqu�llos en la sucesi�n de �ste para tener por cumplido el presupuesto relativo a la vinculaci�n de los diversos actos posesorios que se pretendan a�adir, como quiera que, conforme a los art�culos 778 y 2521 ib�dem, cuando en las circunstancia anotadas se aspire efectuar esa especie de agregaci�n basta acreditar que los actores, a ra�z del deceso del antecesor, adquirieron la posesi�n que ese causante ven�a ejecutando por haberles sido transmitida �a t�tulo universal, por herencia, o singular, por contrato�(G. J., t. LX, pag.810), de donde resulta palmario que, evidenciada la calidad de heredero de quien sumando posesiones depreca para s� la declaraci�n adquisitiva del dominio por el modo de la prescripci�n, queda demostrado �el v�nculo por el cual el causante transmiti� a la demandada, al t�tulo indicado, los derechos derivados de la posesi�n ejercida sobre el bien perseguido, habilit�ndola para agregar al tiempo de su posesi�n personal, el per�odo durante el cual lo posey� aquel� (G. J., t. CCLVIII, pags.327 y 328). �El criterio que se viene comentando, la Sala lo reiter� recientemente al se�alar que, en trat�ndose de la suma de posesiones, aducida con fundamento en el deceso del poseedor anterior, el mentado v�nculo �lo constituye, de un lado, el fallecimiento del poseedor anterior y, del otro, la inmediata delaci�n de la herencia a sus herederos (art. 1013 C.C.), porque es, en ese preciso instante, en que el antecesor deja de poseer ontol�gica y jur�dicamente y en el que sus causahabientes, seg�n sea el caso, contin�an poseyendo sin soluci�n de continuidad, merced a una ficci�n legal, vale decir sin interrupci�n en el tempus� (sentencia n�mero 171 de 22 de octubre de 2004, exp.#7757, no publicada a�n oficialmente)� (Cas.

Civ. sent. de 30 de junio de 2005. Exp. 7797 � subl�neas ajenas al texto). Ac� el nudo lo hall� el a-quo en el v�nculo matrimonial que mantuvo la demandante con Dami�n, v�nculo del que dedujo que hab�a lugar a a�adir su posesi�n a la de ella, cosa en la que no estim� necesario exigir que entrambas posesiones mediara la adjudicaci�n de la que ten�a Dami�n a su esposa, acaso porque, es natural, a la mortuoria de aqu�l hab�a de concurrir ella quien, por ende, hab�a de sucederlo en la posesi�n. Lo que es hasta cierto punto acertado, pues �c�mo negar que esa posesi�n que otrora ten�a Dami�n es parte del activo de la sociedad conyugal cuya disoluci�n advino con el deceso de �ste? Mas, aunque tal cosa es inobjetable, lo que s� carece de logicidad es lo tocante con la sucesi�n propiamente dicha, porque si los herederos del hijo de la pareja, premuerto, est�n llamados a recoger la herencia de su abuelo que hubiera podido corresponder a su padre en caso de estar vivo, no luce muy acorde con eso el resultado en que dio el juzgador al sumar posesi�n s�lo con la c�nyuge superstite y no con los herederos.

Ah�, en buenas cuentas, lo que hay es una posesi�n equ�voca y, m�s que eso, ambivalente, porque aleg�ndose exclusividad en la misma [pues de hecho cuando Silveria le disputa a sus nietos derechos herenciales sobre el bien no est� haciendo otra cosa que tratando de excluirlos], se est� reconociendo parejamente que los llamados a sucederla son los herederos, todos, que no unos con exclusi�n de otros, si es que a la c�nyuge, en una eventualidad como la que acaece en esta especie litigiosa, puede considerarse heredera, como que la comunidad que surge entre ellos por cuenta de la delaci�n tiene justamente ese efecto, valga recalcarlo, la de crear entre los llamados a recoger la herencia una comunidad universal con vocaci�n de ser repartida entre quienes la conforman.

Pero sucede que la posesi�n del comunero, para que sea exclusiva, seg�n lo ha dicho inveteradamente la doctrina jurisprudencial, ha de ser inequ�voca, raz�n por la cual al poseedor no le basta afirmarla ensimism�ndose para hacerse a sus efectos jur�dicos; antes bien, para que tenga esos alcances, ha de rebelarse expl�citamente contra los dem�s comuneros, ejerciendo de all� una posesi�n que, por supuesto, �ha de estar muy bien caracterizada, en el sentido de que, por fuera de entra�ar los elementos esenciales a toda posesi�n, tales como el desconocimiento del derecho ajeno y transcurso del tiempo, es preciso que se desvirt�e la coposesi�n de los dem�s copart�cipes.

Desde el punto de vista la exclusividad a toda posesi�n caracteriza se torna m�s rigurosa, si se quiere: as�, debe comportar, sin ning�n g�nero de dudas, signos evidentes, de tal trascendencia que no quede resquicio alguno por donde pueda calarse la ambig�edad o la equivocidad. Es menester, por as� decirlo, que la actitud asumida por �l no d� ninguna traza de que obra a virtud de su condici�n de comunero, pues entonces refluye tanto la presunci�n de que s�lo ha pose�do exclusivamente su cuota, como la coposesi�n. Acaso ello explique las especiales previsiones tomadas por el legislador, cuando exige que el lapso de tiempo no puede ser otro que el de la prescripci�n extraordinaria, y que la � explotaci�n econ�mica no se haya producido por acuerdo con los dem�s comuneros o por disposici�n de autoridad judicial o del administrador de la comunidad� (Cas.

Civ. sent. de 4 de abril de 1994). Nada de eso se atisba en la posici�n esgrimida por Silveria en el litigio. Antes bien, al decirse sucesora del causante en la posesi�n, est� admitiendo que quiere sumar a su posesi�n la que por herencia corresponde a la sucesi�n que dej� Dami�n, de la que, por lo menos de acuerdo con la prueba documental arrimada a los autos, esto es, los registros civiles de nacimiento y defunci�n de Luis Armando, y los de nacimiento de sus hijos, Jos� Luis Alberto, Jhon Fredy, Henry Alfonso, Duban Yesid y Blanca Yeny, quienes han blandido esa condici�n para oponerse a la pertenencia, son por ellos part�cipes de la misma.

Es bastante lo dicho para revocar el fallo apelado. Las costas en ambas instancias se impondr�n a cargo de la demandante seg�n lo impera la regla 4� del art�culo 392 del estatuto procesal civil. IV.- Decisi�n En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, Sala Civil � Familia, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, revoca en todas sus partes la sentencia de fecha y procedencia preanotadas para, en su lugar, denegar las s�plicas de la demanda.

Costas en ambas instancias a cargo de la demandante. Las de primera, t�sense por la secretar�a del a-quo; las de segunda, por la secretar�a del Tribunal. Oportunamente, vuelva el proceso al juzgado de origen para lo de su cargo. Esta decisi�n fue discutida y aprobada en sesi�n de la Sala Civil-Familia de decisi�n de 13 de mayo de 2010, seg�n acta n�mero 31.

C�piese, notif�quese y c�mplase, MYRIAM �VILA DE ARDILA PABLO IGNACIO VILLATE MONROY GERM�N OCTAVIO RODR�GUEZ VELASQUEZ     PAGE 8 grv. exp. 2007 � 00108-00 8cd�����������E G W h j t u � � � � � � � �  0 2 R W e � ���ǵ������������~�~v~�v~k~�������\�h�m�h�&�CJ aJ mH sH h�m�hgCJ aJ h�G�CJ aJ h�m�h�.<CJ aJ h�m�h$u�CJ aJ "h�m�hg6�CJ ]�aJ mH sH hb+6�CJ ]�aJ mH sH "h�m�h�[�6�CJ ]�aJ mH sH h�m�h�[�>*CJ aJ mH sH h�m�h$u�CJ aJ mH sH h�m�h�[�CJ aJ mH sH h�m�h�[�CJ aJ $8MNOd�������� � � � � � ������������������ $��`��a$gd�m�$a$$��`��a$$��`��a$��5$7$8$H$`��gd$u� $��`��a$gd�.< $��`��a$gd$u�$a$d�� � � � � � � �  / F k | � � � �  = E F g � � � � � � � � � � � � � � � 2Rlx������Nf��������+,2;i�����������������������ϼϼϼϱϼϼ�ϼ������ϼ�ϼϩϼϩϩϩϼ��ϩ�h`�CJ aJ h�m�hgCJ aJ h�m�h�.<CJ aJ h�m�CJ aJ h�m�h�[�CJ aJ h�m�h�m�CJ aJ h�m�h�[�5�CJ \�aJ h�m�h�[�>*CJ aJ B� UVlm����67NO8 ���������������������$a$gd'_� $��`��a$gd'_�$a$$1$a$ $1$a$gd�.<d� ��d�1$`�� $��1$`��a$ivz���������!#,06>[]ku��� 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