��ࡱ�>�� HJ����G��������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������g� ��E;bjbjVV BLr<r<3D���������RRRRR����fff8��,f,2��"����������$^���R������RR��www��RR�w��www������ւ�������y�w��0,w��|�w�Rw ��w�������w���,�����������������������������������������������������������������������������������$: $TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE CUNDINAMARCA Sala Civil � Familia Magistrado Ponente: Germ�n Octavio Rodr�guez Vel�squez Bogot�, D.C., treinta (30) de agosto de dos mil diez (2010).
Ref: Exp. 25754-31-03-002-2000-00308-01. Pasa a decidirse el recurso de apelaci�n interpuesto por los demandantes contra la sentencia proferida el 11 de septiembre de 2009 por el juzgado segundo civil del circuito de Soacha dentro del proceso ordinario de Jaime Tocancip� Matiz y Mary Nubia Soto Leal contra Alfredo Avil�s Salazar, teniendo en cuenta los siguientes, I.- Antecedentes La demanda solicit� declarar que el demandado es poseedor del �lote de terreno No. 2�, ubicado en la vereda de �Panam� de Soacha, cuyos linderos y especificaciones se registran en la demanda; en consecuencia, reivindicarlo a los demandantes en el porcentaje de copropiedad respectivo, junto con los frutos producidos tanto por el inmueble pretendido como por el predio de mayor extensi�n denominado �El Tesoro�.
Tal pedimento lo fundan alegando que son due�os del inmueble objeto de reivindicaci�n en proporci�n del 75.83% y 24.17%, respectivamente; ella en raz�n de la adjudicaci�n efectuada a su favor dentro del proceso divisorio del predio �El Tesoro�; �l producto de los contratos de compraventa de derechos de cuota y daci�n en pago que celebr� tanto con la demandante como con Roberto, Alonso y Fabi�n Soto Quemba, tambi�n adjudicatarios del inmueble.
Alfredo Avil�s Salazar ha sido poseedor de mala fe del bien objeto del proceso y de la totalidad del predio �El Tesoro� durante 17 a�os. El demandado se opuso y al paso reconvino en pertenencia, dirigiendo la demanda tambi�n la demanda contra Absal�n Soto Jim�nez, Luis Enrique y Aura Jenny Soto Leal, H�ctor Andr�s, Zoraida, Roberto, Alonso y Fabi�n Soto Quemba e indeterminados, sobre la base que ha ganado mediante prescripci�n ordinaria el dominio de la totalidad del bien �El Tesoro�.
Adujo como fundamento de tal aspiraci�n, que ha venido ejerciendo la posesi�n del predio desde 1982 con fundamento en el contrato de promesa de compraventa celebrado el 20 de noviembre de ese a�o con Fermina Jim�nez viuda de Soto, Absal�n Soto, Aura Mary Leal viuda de Soto como representante de sus hijos Luis Enrique, Aura Yenny y Mary Nubia Soto Leal, Griselda Quemba viuda de Soto como representante de H�ctor Andr�s, Zoraida, Roberto, Alonso y Fabi�n Soto, desplegando actos de se�or y due�o en forma pac�fica, p�blica e ininterrumpida, defendi�ndolo de perturbaciones de terceros y explot�ndolo econ�micamente; enfatiz� en la mala fe de los actores al demandarle, no obstante conocer el derecho que sobre el bien le asiste.
Los demandados en reconvenci�n duplicaron formulando las excepciones que denominaron �[p]etici�n antes de tiempo o de un modo indebido� y �[f]alta de legitimaci�n o carencia de la acci�n legal para demandar la pertenencia�, haci�ndolas consistir, b�sicamente, en que la posesi�n alegada es irregular, por lo que el demandado no puede adquirir el dominio.
As� mismo, postularon la excepci�n previa de �pleito pendiente� fundada en que entre �l y Mary Leal viuda de Soto, Griselda Quemba viuda de Soto, Aura Jenny Soto Leal y H�ctor Andr�s Soto Quemba, donde �stos piden la resoluci�n de la promesa de compraventa por la cual recibi� la posesi�n del bien objeto de en reivindicaci�n. La curadora ad-litem de los demandados en pertenencia Absal�n Soto Jim�nez, H�ctor Andr�s, Zoraida, Roberto Fabi�n y Alonso Soto Quemba, Luis Enrique y Aura Yenny Soto Leal y personas indeterminadas, formul� la excepci�n que denomin� �falta de legitimaci�n en la causa por parte de la demandante para deprecar la prescripci�n ordinaria� La primera instancia desestim� tanto la reivindicaci�n como la pertenencia, decisi�n que, apelada por los demandantes, se apresta el Tribunal a resolver.
II.- La sentencia apelada Descart� primeramente la prosperidad de la reivindicaci�n al no existir identidad entre el bien pose�do y el pretendido, patente en la disonancia entre los linderos del bien referidos en la demanda y los que se verificaron en la diligencia de inspecci�n judicial practicada. Y lo mismo dio en hacer relativamente a la pertenencia deducida en reconvenci�n, al comprobar, como lo plante� la curadora ad l�tem, que el demandado carece de �legitimaci�n en la causa� para ganar por �prescripci�n ordinaria� el predio objeto de sus pedimentos, pues que la promesa de compraventa invocada como justo t�tulo para ello no tiene tal calidad.
III.- El recurso de apelaci�n Dice que, a pesar de lo expresado por el fallo, la prueba testimonial y documental son bastantes para concluir en la identidad del bien reivindicado con el pose�do por el demandado. Consideraciones Al fin de cuentas, lo que impide la reivindicaci�n en este caso no es tanto el problema de identidad en que puso acento el a-quo para desestimarla, sino el hecho de que la posesi�n que ejerce el demandado tiene venero en un contrato, desde luego que, en esas condiciones, seg�n criterio decantado de hace tiempo por la doctrina jurisprudencial, la acci�n de dominio no tiene vocaci�n de �xito.
Ciertamente, de anta�o ha sostenido la doctrina jurisprudencial, en criterio que mantiene vigencia, que la reivindicaci�n �excluye de suyo todos los casos en que la posesi�n del demandado sea de naturaleza contractual, es decir, se rija por un contrato celebrado entre el due�o y el actual poseedor. En tales casos, mientras el contrato subsista constituye ley para las partes (art�culo 1602 del C�digo Civil) y como tal tiene que ser respetado por ellas.
Entonces, la restituci�n de la cosa pose�da, cuya posesi�n legitima el acuerdo de voluntades, no puede demandarse sino con el apoyo en alguna cl�usula que la prevea, mientras el pacto est� vigente. La pretensi�n reivindicatoria s�lo puede tener cabida si se la deduce como consecuencia de la declaraci�n de simulaci�n, de nulidad, o de resoluci�n o terminaci�n del contrato, es decir, previa la supresi�n del obst�culo que impide su ejercicio� (Cas.
Civ. sent. de 12 de marzo de 1985, entre otras que son muchedumbre). Esa circunstancia es exactamente la de ocurrencia en esta especie litigiosa, as� los demandantes pretendan desconocer el m�rito de esa promisi�n alegando que ni Roberto, Alonso o Fabi�n Soto Quemba, ni la demandante, firmaron o autorizaron a persona alguna para suscribir el mencionado documento, pues qui�rase o no, lo que determin� el ingreso de Avil�s Salazar al predio fue esa promesa suscrita el 20 de noviembre de 1982 por Fermina Jim�nez viuda de Soto, Absal�n Soto, Aura Mary Leal viuda de Soto en representaci�n de su hija menor Mary Nubia Soto, Griselda Quemba viuda de Soto en representaci�n de sus hijos menores Roberto, Alonso y Fabi�n Soto Leal, Luis Enrique, Aura Yenny Soto Leal y H�ctor Andr�s y Zoraida Soto Quemba, y Alfredo Avil�s, por virtud de la cual los unos prometieron vender al otro el predio �El Tesoro�, lo que supeditaron al hecho de que las escrituras de la sucesi�n de Jorge Enrique Soto S�nchez (folios 6 a 10 del cuaderno 2).
Promesa en cuya cl�usula octava estipul�se que �[e]l prometiente comprador ingeniero Alfredo Avil�s Salazar entrar� de inmediato en posesi�n de la finca y proceder� a explotarla tan pronto como se firme esta promesa de compraventa�, naturalmente que si se habla de una posesi�n contractual, la acci�n reivindicatoria, cual acaba de apuntarse con apoyo en la doctrina jurisprudencial vigente, no tiene vocaci�n de prosperidad.
Y d�cese que los efectos de la promesa siguen cobijando a los demandantes, porque con prescindencia de las razones que exponen al replicar la contestaci�n del demandado, lo cierto es que tanto Mary Nubia Soto como el otro demandante s� fueron part�cipes del mismo; ella representada por su progenitora, Aura Mary Leal viuda de Soto, quien al suscribir la promesa dijo expresamente que en representaci�n de su hija menor Mary Nubia, y �l por raz�n de la participaci�n que en la promesa tuvieron sus causahabientes, por supuesto que si la promesa fue suscrita por la progenitora de estos, esto es, Roberto Alonso y Fabi�n Soto Quemba, quien al efecto manifest� en el documento que estos eran sus hijos y a la vez menores, mal podr�a aceptarse ese argumento de los actores tratando de desconocer la fuerza vinculante que frente a ellos deriva del contrato.
Cierto es que con posterioridad a la promesa se liquid� la sucesi�n de Soto S�nchez qued�ndole hijuelas sobre el predio a Mary Nubia y a los causahabientes de Tocancip� Matiz; mas eso no tiene la virtualidad de deshacer los efectos del contrato que hab�an ellos celebrado con Avil�s representados por quienes dijeron all� ser sus progenitoras, pues n�tese que, independientemente de las voces algunas veces equ�vocas de la promesa, debe admitirse que la posesi�n que por virtud de ella se le entreg� Avil�s fue una posesi�n de herederos, lo que de suyo est� diciendo que, enfrentada aquella a la acci�n de dominio, debe mantenerse como que sobre ella se decidir� en el pleito que se adelanta con miras a su resoluci�n o a su anulaci�n. Acaso sea conveniente traer a cita ese criterio tambi�n jurisprudencial seg�n el cual se habla de �posesi�n a t�tulo de propietario, para diferenciarla de la del usurpador o ladr�n, y sin consideraci�n a la calidad de una y otra, la que se tiene en virtud de un t�tulo que autoriza y legitima el �nimo del due�o sobre la cosa que mantenemos en nuestro poder.
No desvirt�a ese car�cter la circunstancia de que el t�tulo sea anulable, rescindible o resoluble, como tampoco que a consecuencia de ello el acto se haya anulado, rescindido o resuelto. En tales casos el t�tulo no es suficiente para convertir en due�o al ocupante de la cosa, pero s� lo es para calificarlo como poseedor de ella a t�tulo de propietario, sin que sea preciso tener en cuenta para ese efecto las condiciones legales de regula o irregular� (Cas.
Civ. sentencia de 25 de noviembre de 1938). Porque, justamente, eso es algo que tambi�n se advierte con nitidez en este caso, pues persuadidos del incumplimiento del prometiente comprador, los herederos y adjudicatarios de Jorge Enrique Soto S�nchez, [Aura Mary Leal viuda de Soto, Griselda Quemba viuda de Soto, Aura Jenny Soto Leal, Zoraida Soto Quemba, Absal�n Soto Jim�nez, Luis Enrique Soto Leal y H�ctor Andr�s Soto Quemba, representados judicialmente por el propio Tocancip� Matiz, abogado inscrito �seg�n lo atestiguan las copias incorporadas en el cuaderno 6- formul� demanda contra Avil�s solicitando declarar resuelto o nulo en su defecto, la promesa, hecho que, por cierto, a pesar de que fue alegado por el demandado al replicar la demanda inicial, enarbolaron los actores como fundamento de la excepci�n previa de pleito pendiente que propusieron cuando duplicaron ante la demanda de mutua petici�n del demandado.
Proceder que, bien mirado, as� los demandantes de este proceso no hayan concurrido a ese otro juicio [circunstancia que no est� del todo clara], luce contradictorio, pues no resulta l�gico que mientras por un lado, all�, en el otro proceso, unos de los prometientes vendedores persigan la restituci�n del bien a cuenta de la resoluci�n o la nulidad que se piden, ac� se trate de esquivar el tema contractual sin m�s justificaci�n que ese alegato de que los reivindicantes no fueron parte en la promesa, apelando derechamente a la acci�n de dominio, como si lo uno no tuviera una necesaria interdependencia con lo otro.
Ahora. Que el tema contractual tenga todos esos ingredientes que revela el litigio, particularmente las circunstancias acaecidas despu�s de la liquidaci�n de la herencia de Jorge E. Soto S�nchez y luego de la de Fermina Jim�nez de Soto, matizada por ese enfrentamiento que se aprecia entre los herederos que terminaron siendo adjudicatarios del bien, no autoriza de ninguna manera a desbordar esos confines del contrato para imponer el dominio como f�rmula de soluci�n al conflicto de casi tres d�cadas que tienen esos herederos con el prometiente comprador.
Precisamente ese pleito en que se decidir� sobre la resoluci�n o, en su caso, la nulidad de la promesa, va a ser el que, en el marco de las prestaciones que derivaron para los contratantes, resuelva sobre todas y cada una de esas cuestiones. Corolario de lo dicho es que la sentencia apelada habr� de confirmarse. IV.- Decisi�n En m�rito de lo expuesto, la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, resuelve confirmar en todas sus partes la sentencia apelada, de fecha y procedencia preanotadas.
Costas del recurso a cargo de los demandantes. T�sense. Oportunamente, vuelva el proceso al juzgado de origen para lo de su cargo. Esta decisi�n fue discutida y aprobada en sesi�n de la Sala Civil-Familia de decisi�n de 5 de agosto de 2010, seg�n acta n�mero 44. C�piese, notif�quese y c�mplase, MYRIAM �VILA DE ARDILA PABLO IGNACIO VILLATE MONROY GERM�N OCTAVIO RODR�GUEZ VEL�SQUEZ PAGE PAGE 8 grv. exp. 2000-000308-01 c���6 7;
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